Lo importante en la escuela. Benetti

LO IMPORTANTE EN LA ESCUELA

Falta una cosa importante

Para el día del niño, el padre le ha regalado a su hijo una hermosa nave espacial. El aparato es realmente imponente y fantástico. El niño lo observa cuidadosa­mente, ve a los astronautas con sus trajes espaciales, los mandos electrónicos, las luces, las lanzaderas de cohetes, todo. El padre, más que satisfecho porque ha impactado a su hijo.

– Papá, le dice de pronto el niño, aquí falta una cosa muy importante.

– ¿Qué?, responde el padre azorado.

– Papá, esta nave espacial no tiene servicios. ¿Dónde van a hacer sus necesidades los astronautas? Y ríe triunfalmente.

Cuando pensamos en el sistema educativo para nuestros niños y adolescentes, podemos suponerlo como esa nave espacial, tan moderna, tan superdotada de instrumentos, con tantos controles … pero se olvida que será habitada por seres humanos de carne y hueso.

Pensemos en la organización de nuestro sistema educa­tivo, en la universidad, en los programas de estudio, en técnicas modernas de aprendizaje, en sistemas de evalua­ción, en fin, en todo eso que constituye el aparato educativo del país y puede ser muy probable que olvidemos, por ejemplo, que los niños y adolescentes sienten.

Sí, sí… sien­ten, tienen sentimientos y necesitan expresarlos.

¿Y hay lugar en nuestra escuela para los sentimientos?

También nuestros chicos quieren pensar cosas nue­vas con sus cabezas, cosas que no están en los progra­mas… «programas» … porque tienen ganas de progra­marse a sí mismos.

Necesitan pensar y sentirse creativos.

Y como si esto fuera poco, también quieren hacer. Hacer… Algo difícil cuando se está encerrado en una cápsula con tantos telecomandos. Y hacer lo que no está escrito ni prescrito, ni mandado ni ordenado. Porque eso es «hacer»…

Sentir, pensar, hacer: tres necesidades fundamenta­les de todo niño y adolescente que quiere aprender a ser adulto, ¿tienen su lugar en nuestro sistema educativo?

Recordemos sin más lo que fue nuestra escuela pri­maria y secundaria y la alucinante cantidad de datos que tuvimos .que almacenar; pero, ¿se acuerda usted si alguna vez se le preguntó por sus sentimientos?

Y ¿cuán­tas veces, inclusive en la universidad, se le permitió pensar originalmente apartándose del pensamiento que había que aprender?Es increíble, pero es así..

Tenemos que aprender lo que pensaron tantos filósofos y científicos, pero es muy raro que se nos permita pensar por nuestra propia cuen­ta… que eso es pensar. Y aprendimos lo que hicieron tales jefes de estado o generales, aquellos artistas o estos inventores. Pero ¿qué espacio tuvimos para inventar, para desarrollar nuestras capacidades artísticas, para hacer lo que nosotros podíamos hacer?

Es fundamental que repensemos nuestro sistema edu­cativo.

Pero, por favor, una educación para seres humanos de carne y hueso, con corazón, con imaginación, con fanta­sía, con sexo, con capacidad de hacer y de pensar, con crisis de crecimiento, con necesidades propias, porque si las necesidades no son» propias», ¿pueden acaso ser necesida­des?

No hay nada más subjetivo que una necesidad. ¿Será por eso que nunca nos damos por enterados de tantas necesidades de nuestros niños, adolescentes y jóvenes?

Y cómo nos vamos a enterar si no les preguntamos …

Y para qué les vamos a preguntar si ya todo está programado, escrito y preescrito de antemano, como si las necesidades surgieran por arte mágica ante el conjuro de nuestras programaciones.

– Usted tiene razón en lo que dice, pero es imposible de aplicar en la educación. Nosotros les damos a los chicos lo que sabemos, no lo que ellos… ¿cómo decirle?…

– No lo que ellos necesitan, ¿verdad? Y ¿podría decirme usted para qué sirve una escuela si justa­mente no responde a lo que los clientes necesitan?

– Lo que pasa es que no estamos prepa­rados para eso. Si ni siquiera nosotros, que somos los educadores, podemos expresar nuestros sen­timientos, y no le digo «pensar». Si los alumnos son robotitos, nosotros también lo somos. y cómo puedo yo ser creativo si tengo más controles que un astronauta. ¿Se da cuenta?

– Creo que todos nos estamos dando cuenta, lo cual ya es un paso muy importante, como el niño ante la nave espacial. Y alguna fórmula inventaremos para que los astronautas hagan sus necesidades.

Por algún lado hay que romper esa cadena de pro­gramaciones, tan plagada de palabras huecas y aburri-­das, que dejan tan insatisfechos a los alumnos educandos, y más insatisfechos aún a los educadores, conscientes de su propia frustración, tanto como profesionales educa­dores, como en su calidad de personas; seres humanos también ellos de carne y hueso, necesitados como el que más de sentir con fuerza y pasión la vida, de pensar con audacia y de inventar, sí señor, inventar nuevas fórmulas para que nuestra educación, «sublime vocación», ya que es mal paga, al menos nos resulte divertida y útil.

Y esta es mi propuesta:

una educación divertida, audaz, creativa, llena de imaginación, de vida,

de cora­zón, de gente pensante. Pensante y atrevida.

Imaginemos un nuevo modo de educar cuyo centro sea la vida real, la del siglo XXI, en este lugar concreto, con esquemas culturales y formas de vivir y pensar muy distintos a los de hace diez años.

Gracias a Dios, y quiero pensar bien, nuestras escue­las todavía tienen servicios (¿higiénicos?) donde todo el mundo, desde el rector hasta el último alumno de la lista, puede cumplir y satisfacer sus necesidades fisiológicas.

Pero (y ya que tanto hablamos de «educación inte­gral», del «ser en plenitud», del «hombre completo» y de tantas otras cosas tan huecas como las palabras emplea­das), ¿hay un lugar para las necesidades del corazón? O nuestros educandos rompiendo todas leyes de la psicología, carecen de sentimientos?

Y ¿hay cabida para la imaginación creativa y para el pensamiento origi­nal?, ¿o tenemos educandos descerebrados? Estos robotitos que vienen a ocupar un banco en nuestras aulas espaciales, ¿tendrán tiempo y permiso para pensar irrigando con fIujo propio sus bellas neuronas, cuyo funcionamiento aprenden en las lecciones de anato­mía? Pero, ¿qué es más importante: que sepan cómo funcio­nan o que las hagan funcionar?

Que nuestros hijos no tengan que decir: Papá, me mandaste a una escuela muy moderna, con tizas de colores y hasta una computadora, pero no me-dejan sentir ni pensar ni inventar nada. Dicen que eso lo voy a hacer cuando sea grande…

En estos artículos iremos reflexionando sobre estos y muchos otros temas más, los temas de hoy, los problemas de hoy, para buscar soluciones hoy.

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