Espiritualidad laica no confesional. Martinez Sotela

ESPIRITUALIDAD-RELIGIOSIDAD LAICA  NO CONFESIONAL

Víctor Enrique Martínez Sotela. Estudiante de la carrera de Teología. Universidad Estatal a Distancia UNED   . Costa Rica

Monografía

“…El drama de los Hombres es que siendo libres, no lo saben” Amicus (JM Chartier)

Introducción

Para abordar este tema me voy a valer de laicismo como una rama de la laicidad, no solo en su sentido estricto de la defensa de las cuestiones del estado y las religiones, sino en su sentido más amplio, cual es la lucha de la libertad que tiene el ser humano de configurar su propio destino, siendo la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la  sociedad, y más particularmente, del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa.

Pasaré luego a reflexionar sobre la religiosidad y espiritualidad para desembocar en o que considero una espiritualidad laica no confesional.

Este  trabajo  es  el  resultado  de  contestar  una  pregunta  que  hace más  de  25  años me planteé y que ahora con esta monografía paso a exponer.

¿Será posible que siendo Dios, esa conciencia suprema universal, plenitud de  todas  las cosas,  la esencia  del amor; entre otras definiciones que no trataré en este trabajo, pueda condenar  eternamente  a  hombres  creados  por  él  a  su  imagen  y  semejanza  al  castigo eterno  por  no  seguir  una  doctrina?    ¿Será  posible  que  solamente  los  cristianos  estén incluidos en el plan de redención?

La respuesta que salta a la vista es que no.

Durante  la  historia,  el  querer  imponer  el  punto  de  vista  religioso  a  los  demás,  ha causado infinidad de luchas y muertes, nada más alejado de esa armonía universal, con que todo fue creado.

En  la  naturaleza  si  algo  se  destruye  no  es  para  poner  fin,  sino  que  su  fin  es  el  de  la transformación.  No  cabe  duda  de  que  nuestro  planeta,  como  lo  han  manifestado infinidad de científicos, está pasando por un proceso que podría destruir a la humanidad.

Citaré las palabras de  Leonardo Boff en una conferencia dictada en  la Universidad de Costa Rica.

“…Esta realidad nos hace pensar. No basta solamente como sugiere el documento de esos científicos que es adaptarse a la nueva realidad, ni es suficiente aminorar los efectos dañinos del calentamiento global, sino que hay que ir a algo más profundo: hay que refundar el sentir de la vida, hay que recrear una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo sentido más amplio de nuestro pasar por este mundo, de nuestra   coexistencia  como  seres  humanos,  para  hacer  que  la  Tierra,  la  humanidad,  puedan, sigan teniendo futuro.”

Si el ser humano no toma conciencia de que no es un ser aislado de la sociedad, y que el daño que hagamos  al prójimo o nuestra naturaleza  se devolverá  como un boomerang, acelerado  por  la  inercia  de  su  propio  peso,  seguiríamos  por  el  mismo  camino  de destrucción que por  inconciencia, negligencia,  intereses  económicos de unos pocos, o desconocimiento, la humanidad se ha trazado.

Cito nuevamente a Leonardo Boff en su conferencia: “Cuando hace 5 o 6 millones de años atrás, nuestros ancestros antropoides salían a recolectar alimentos y cazar para comer, no comían como hacían los animales para sí, sino que lo traían todo para el grupo y lo repartían fraternalmente y cooperativamente entre ellos. Ese gesto de cooperación es fundador de la humanidad.
Permitió el salto de la animalidad a la humanidad.
Por eso es que la cooperación, la solidaridad, la interdependencia de unos y otros no es una ley entre otras; es la ley fundamental del universo y de la vida humana.”

¡Cuanta carencia de esa solidaridad de que nos habla Leonardo Boff existe hoy día!

La moral es un hecho dinámico, no podemos pensar que la moral de los costarricenses, en nuestros días es  la misma moral que  la moral de hace 150 años, ni podemos pensar que la moral de los musulmanes sea igual que la nuestra, sin embargo existen puntos de encuentro, o lo que se ha dado por llamar la moral universal y que yo prefiero llamar la moral más pura.

Por ejemplo, matar a su propio hijo, sin mediar ninguna enfermedad mental del padre, o razón psicológica alguna, es un hecho inmoral en cualquier cultura de este planeta.

Parece ser que el ser humano va olvidando poco a poco estos principios de solidaridad, interdependencia,  y  esa  ley  fundamental  universal  de  que  habla Boff,  y  encontramos hechos que atentan contra esa  ley  fundamental de  la vida, es notorio esto en casos  tan trascendentales como la necesidad imperante de combatir el cambio climático y vemos que para algunos de nuestros gobernantes, el poner en  riesgo a  toda  la humanidad por razones  simplemente  de  producción,  que  no  son más  que  la  avaricia  de  unos  cuantos explotadores de nuestra humanidad, con el miserable fin de enriquecerse cada vez más, como lo pudimos constatar en la reunión organizada por la ONU en Copenhague, donde pudimos ver claramente el  fracaso, de  la misma, ya que países como Estados Unidos, que  representa  solamente  el  4%  de  la  población  mundial,  y  produce  el  25%  de  la contaminación por emisión de dióxido de carbono, se negaron a firmar, y solamente, a última hora, luego de finalizar dicha reunión el señor Obama, se reunió con algunos de sus cómplices depredadores, y firmaron un “acuerdo de buena voluntad”, sin imponerse meta alguna para reducir dichas emisiones, que como sabemos, producen calentamiento global,  lo  que  origina  el  desequilibrio  climático,  produciendo  episodios  extremos  de calor,  lluvias, ciclones  tropicales, huracanes y  tifones, sequías  intensas e  inundaciones, pérdida de  la  flora y  fauna del planeta, escasez de alimentos, derrumbes, extinción de ecosistemas, hambruna, enfermedades; en suma; ¡muerte!

¿No es esto inmoral?

Leonardo Boff da respuesta a este problema y me dará pie para desarrollar mi punto.  “Yo creo que hay que desarrollar una visión espiritual del mundo, como la manera más corta, más inmediata de encontrar una solución. Cuando yo hablo de encontrar una visión espiritual del mundo, no estoy hablando de una visión religiosa del mundo. Las religiones no tienen el monopolio de la espiritualidad.”

¿Cuál es esta alternativa nueva de espiritualidad donde puedan converger personas de distintos  credos  religiosos,  compartiendo  fraternalmente,  desarrollando  una  nueva visión e interpretación de su religión libremente, identificándose como parte de un todo  con  el  universo  y  con  ese  Dios  o  principio  creador  que  nos  ha  hecho  a  todos hermanos?

1.  Laicismo

Primeramente  comenzaré  definiendo  algunos  conceptos  que  serán  de  utilidad  para  la comprensión de esta monografía:

1.1.1  Laicismo: Según el diccionario de la Real academia de la Lengua española, se define como la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la  sociedad,  y  más  particularmente,  del  Estado,  respecto  de  cualquier organización o confesión religiosa.

1.1.2  Libertad : Facultad natural que tiene el hombre de obrar  de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

1.2  Antecedentes Históricos

Desde su inicio en el XVIII, el laicismo ha tenido varias transformaciones, marcadas según los contenidos que el concepto ha tenido a través del tiempo.  Se puede hablar que ha sufrido tres etapas que pasamos a describir:

1.2.1 Laicismo temprano

El laicismo temprano es aquel que surge como respuesta al clero omnipresente, que regula la sociedad desde el plano de las conciencias, y que se manifiesta también en el ámbito de  la cultura y el poder, y que por medio de  la actitud confesional busca controlar la vida común de los individuos.

Con el Papa Gelasio  I, aparecen  los primeros antecedentes cuando  se  incorpora el concepto “las dos espadas que no pueden ser empuñadas por una sola mano”. Con esto se establecen dos jurisdicciones, las del clero, que ejerce autoridad espiritual y las de la autoridad civil, reducida al ámbito de la justicia, pues se creó para evitar el juicio de los clérigos, por parte de lo que se llamó el “poder temporal”

Con  la  reforma  surgen  las  ideas  de  libertad  religiosa,  y  conceptos  como  el  de tolerancia desarrollado por John Locke.

Surgen  con  esto  nuevas  ideas  de  “asociación  voluntaria”  a  la  iglesia,  que  con  el enciclopedismo adquirió mayor fuerza.

También  en  ese  período  podemos  encontrar  la  influencia  de  las  guerras  religiosas entre católicos y protestantes en Inglaterra y países centro- europeos.

Esto  lleva  a  muchos  intelectuales  a  desarrollar  nuevas  ideas  de  tolerancia,  y  en especial a darse cuenta del riesgo de  la supremacía confesional.

1.2.2 Laicismo medio

Tras la maduración de estos dos conceptos, en 1791 se plasman estos en ideas concretas contra el poder confesional, por ejemplo con las luchas por las leyes laicas, estas nuevas ideas se desarrollan como alternativas de diversos planos, pero es en educación donde tienen mayor desarrollo.

Con la declaración de derechos (1791), complementaria a la constitución de los Estados Unidos,  se  separa  el  Estado  de  cualquier  religión.  En  1793  de  la  misma  forma,  se proclama la libertad religiosa por parte de Francia revolucionaria.

En    Francia  en  esa misma  época  nace  el  concepto  de  “escuela  Laica”  obra  de  Jean Antonie  de  Condorcet,  quien  en  abril  de  1792  presenta  su  proyecto  de  Instrucción pública, a la Asamblea Nacional, donde su fundamento principal era el de  separar de la  moral  todos  los  principios  de  toda  religión  particular,  y  no  admitir  la  enseñanza  de ningún culto religioso.

En nuestro país esta  separación  fue  aún más  tajante con  la  “reforma  liberal”  solo que esta  se  efectuó  en  1880  y  formó  parte  de  todo  un movimiento  latinoamericano  en  el último  tercio  del  siglo  XIX.  Esta  reforma  se  dio  en  tres  ámbitos:  en  el  religioso,  el educativo y el  jurídico. Cito el siguiente párrafo de  la unidad V del Portal de Estudios Sociales de la Universidad de Costa Rica

“Reforma religiosa. Se manifestó a  través de  las  leyes anticlericales, mediante  las que se  prohibió  el  establecimiento  de  órdenes  religiosas,  se  dio  la  expulsión  del  obispo Thiel y de la Compañía de Jesús, se secularizaron los cementerios y la enseñanza y se prohibieron las manifestaciones religiosas fuera de los templos”

1.2.3 Laicismo moderno

El  laicismo moderno del siglo XX se ocupa no solo del poder confesional ejercido por las  religiones,  sino  que  se  ocupa  también  del  poder  dogmático  (político,  ideológico, etc).

Para el  laicismo moderno  la  laicidad es un principio  inseparable de  la democracia,  ya que  las  creencias  religiosas  y  sus    dogmas  no  son materia  de  imposición  a  nadie,  ni pueden convertirse en leyes.

El  laicismo  considera  que  los  dogmas  son  manifestaciones  de  la  racionalidad  del hombre, para explicar algunos conceptos que se intuyen y dan por un hecho. Lo que no acepta  el  laicismo moderno,    es  que  estos  dogmas  se  utilicen  como mecanismos  de poder.

El  Laicismo  se  ocupa  como  lo  vimos  en  párrafos  anteriores  de  la  salvaguarda  de  la libertad  de  la  sociedad  frente  a  las  influencias  religiosas,  dogmáticas,  ideológicas, políticas, que pretenden o que ejercen coerción sobre  la conciencia del  individuo o  las instituciones.

No es anticlerical ni antirreligioso, no proclama el ateismo. Es espíritu de libertad, nace de  la necesidad de que  la ciencia,  la filosofía,  la historia, mantengan  independencia de los asuntos religiosos.

Procura la racionalidad ante el dogma.

Sostiene  que  el  Estado  debe  tener  independencia  de  criterios,  por  lo  que  no  puede profesar culto alguno, especialmente en la democracia.

Esta independencia del Estado obliga a este a brindar también una  libre educación para su  pueblo,  lo  que  formará  hombres  libres,  ciudadanos  y  no  súbditos,  personas independientes, que se podrán informar libremente en los distintos campos del saber sin mediar una intromisión de la religión, a veces con la mejor intención pero causando por lo  general  graves  problemas  sobre  todo  cuando  la  lectura  de  los  tiempos  se  basa  en épocas y realidades diferentes a nuestras  latitudes, o realizadas por personas que viven aisladas  del  contexto  cultural  actual,  así  vemos  ejemplos  como  el  de  las  guías  de educación sexual en Costa Rica.
Guías que fueron realizadas con una visión más real de nuestra  situación  actual  y  que  fueron objetadas  por  el  clero  acarreando  los problemas sociales que tenemos hoy día, en que una gran población de nuestra sociedad, comienza su actividad  sexual a  los 12 años; como  se puede  leer en un artículo del periódico La Nación   publicado en diciembre pasado.

El laicismo pretende una nueva relación de la sociedad con el mundo y la religión, y en lugar  de  ocupar  esta  el  centro  dominante  de  todas  las  actividades,  se  circunscriba solamente  a  su  campo,  y  que  esté  dirigida  solamente  al  individuo  y  su  conciencia personal, para que éste libremente, acepte o no sus postulados.

El  ser  humano  desde  su  creación  tiene  naturalmente  la  facultad  de  ser  libre,  sin embargo, a lo largo de nuestra historia personal, esta se ha venido modificando por las tradiciones  religiosas,  que  en  muchos  de  los  casos  no  hacen  más  que  transmitir  de generación  en  generación,  el  pensamiento,  y  los  criterios  que  otras  personas  en  otro contexto histórico y otra realidad social, nos han impuesto.

Siendo  que  en  la  democracia  se  practica  la  libertad,  (libertad  de  prensa,  libertad  de expresión,  libertad  de  conciencia,  libertad  de  información  en  el  amplio  sentido  de  la palabra) el Laicismo está íntimamente ligado a este concepto.

El  laicismo  no  solo  se  limita  a  la  relación Religión- Estado  en  la  que  se  pretende  un estado laico como un ente neutral entre las confesiones religiosas y tolerante con todas ellas, sino que  el ideal laico tiende a ir más allá, como el de construir una sociedad más racional,  justa  e  inclusiva,  donde  los  individuos  de  una  sociedad,  así  como  sus  gobernantes religiosos o políticos, mantengan una  independencia de criterios, para que no  se  corra  el  peligro  de  parcializar  los  criterios  administrativos,  educativos,  legales, normativos y de convivencia que regirán los destinos de nuestros semejantes.

Las  religiones  creen  poseer  una  verdad  absoluta  e  inmutable,  sin  embargo  ¿existe  tal verdad?

Si  juntáramos a  representantes de  toda   denominación  religiosa  en una  sala, cada uno defenderá  su  verdad,  y  esta  sería  la  correcta,  no  la  de  los  otros.  Entonces  ¿Quién miente?

La verdad absoluta es un objetivo inalcanzable, en nuestro plano actual.

La noción de libertad, natural del ser humano, de elegir sus sistemas de pensamiento, le permite encontrar su propia interpretación de su verdad, verdad que será solamente una búsqueda de ella.

Esta libertad de conciencia basada en el uso trascendental de la razón, es la herramienta indispensable  para  encontrar  por  medio  de  una  introspección  profunda  y  racional, nuestra propia esencia.

El  laicismo  pretende  transmitir  que  la  laicidad  es  un  principio  inseparable  de  la Democracia, ya que las creencias religiosas y sus  dogmas no son materia de imposición a nadie, ni pueden convertirse en leyes.

Fernando  Sabater  profesor  de  ética  y  filósofo,  dice  que  en  la  sociedad  laica,  tienen acogida  las  creencias  religiosas  en  cuanto  a  derecho  de  quienes  las  asumen,  pero  no como deber de imponerse a nadie.

El  laicismo no  se opone a  la vía  religiosa como  salvación personal, pero  se ocupa de defender el principio Bíblico de  la distinción entre  lo que es del César y  lo que es de Dios.

2.  Espiritualidad Laica

El  hombre moderno  en  su mayoría  no  es  un  hombre  religioso  pero  sí  un  hombre espiritual, con un conocimiento científico  tal que encuentra en  los viejos esquemas inconsistencias  que  lo  alejan  más  y  más  de  la  religiosidad  pero  que  lo  llevan inevitablemente a reflexionar y a buscar explicación a sus creaciones, a su destino, y a  su  futuro  como  raza  responsable  de  la  creación  compartida  con  el  principio creador del universo mismo.

En  el  libro  de  Francisco  Avendaño  Herrera  “Introducción  a  la  teología”  de  la editorial  UNED,  el  autor  cita  al  Teólogo  protestante  alemán  Jürgen  Moltmann, quién dice que el campo de  la  teología queda restringido a  la “búsqueda del  futuro de  la  salvación  o  perdición  del  todo  que  se  juzga  en  el  proceso  histórico  de  las relaciones del hombre en la sociedad y en la naturaleza”.

Para Moltman la teología debe salirse de la ortodoxia y convertirse en una teología experimental, “ …es necesario que  salga  la  teología de ese  status  tan  sui géneris en el que está encerrada  toda  la  ortodoxia  de  la  verdad  y  se  convierta  en  una  teología experimental  que  no  dude  en  someterse  juntamente  con  el  mundo  moderno  al experimentum veritatis. Es necesario que deje de reducirse a la Iglesia, a la fe y a la interioridad y se una a la humanidad para salir en busca de la verdad del todo y de la salvación que el mundo desgarrado está esperando.”

Debido  a  la  modernidad  y  al  conocimiento  tecno-científico  es  necesario  un replanteamiento de los fundamentos de la teología o un cambio de paradigma como lo menciona Torres Queiruga,  citado  por Avendaño  en  el  libro  antes mencionado (pag. 108).

Creo que al  igual que  la ciencia descubre e  integra  sus nuevos  conocimientos,  los aplica al desarrollo de  la  técnica, para después con el auxilio de esta, hacer nuevos descubrimientos y repetir este ciclo (al que se ha llamado el ciclo tecno-científico), la teología  debe  valerse  de  este  cambio  de  paradigma  para  poder  desarrollar  nuevos postulados  y  nuevas  interpretaciones  de  su  entorno  social,  político  y  económico, desde la perspectiva de su análisis de la revelación de Dios, en esa realidad histórica y  evolutiva  actual.  Un  replanteamiento  de  sus  conceptos  ortodoxos  y  una  nueva visión desde el entorno actual, lo que llevará a hacer una mejor interpretación de la realidad y realimentar el proceso para analizarse nuevamente y corregir los cambios hechos a sus fundamentos o incorporarlos como nuevos.

Estos  cambios  son  sumamente  necesarios  para  poder  cumplir  con  las  necesidades que el hombre moderno demanda  en este momento de transición de la humanidad.

Partiendo de que todo conocimiento auténtico de Dios es conocimiento revelado, se integra la revelación divina como un hecho que se encuentra en todas las religiones, lo que acercará y propiciará un dialogo entre las mismas, y aunque suene utópico, el surgimiento  de  una  nueva  espiritualidad  universal  en  donde  se  respeten  las manifestaciones  simbólicas  de  cada  una  de  las  religiones,  partiendo  de  la inmanencia del Dios creador que nos hace a todos hermanos.

Para  construir  un  nuevo  paradigma  dice  Avendaño  es  imprescindible  hacer  una relectura de la Biblia y  de la Tradición.

Según  mi  criterio,  reconociéndome  neófito  y  partiendo  de  que  la  realidad  del hombre  es  cambiante,  evolutiva,  y  trascendente  a  lo meramente material,  es  una tontería aferrarse a viejos conocimientos que alejan al hombre moderno del disfrute de la presencia de Dios dentro de sí, más aún cuando se van derribando por medio del  conocimiento  creciente  de  los  distintos  campos  del  saber  humano,  las manipulaciones  de  las  religiones,  que  bajo  la  amenaza  del  castigo  eterno,  y  lejos atraer con esto al hombre moderno,  lo alejan aún más de  la  relación cotidiana con Dios y su creación.

2.1 Religiosidad o Espiritualidad
2.1.1 Religiosidad

Existe una gran diferencia entre religiosidad y espiritualidad.

La  religiosidad  se  refiere  a  la  práctica  puntual  y  el  esmero  de  cumplir  con  un conjunto  de  creencias  o  dogmas  acerca  de  la  divinidad,  de  sentimientos  de veneración  y  temor  hacia  ella,  de  normas morales  para  la  conducta  individual  y social, de practicas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto a esa divinidad.

Esa  práctica  religiosa  involucra  a  una  estructura magisterial, muchas  veces  hasta política,  no  en  la  denuncia  clara  y  franca  necesaria  para  la  defensa  de  los marginados,  o  los  pobres  del  señor,  sino  que movida  por  intereses  particulares  e incluso por la avaricia de sus dirigentes.

La  religiosidad  liga  al  hombre  a  una  estructura  religiosa  o  iglesia,  lo  obliga  a profesar  y  observar  un  conjunto  de  ideas    u  opiniones  religiosas,  filosóficas, políticas, etc., de una persona o un grupo, que  interpreta  la revelación divina y que ejerce el magisterio sobre él.

La revelación de Dios, está dirigida por el contrario para su pueblo quién debe ser el objeto de esa revelación, quien tiene ( bajo su perspectiva social, cultural e histórica) la  capacidad  de  realizar  dicha  interpretación,  siendo  que  el magisterio  se  debe  de ocupar  solamente  de  guiar  libremente  al  pueblo    para  la  realización  de  esta interpretación.  No  debemos  de  perder  de  vista  que  la  revelación  de  Dios  está dirigida al pueblo de Dios.

2.1.2  Espiritualidad

Para  hablar  de  la  espiritualidad  debemos  reflexionar  un  poco  sobre  lo  que entendemos por espíritu.

En hebreo la palabra espíritu (ruah) significa hálito, viento. La Biblia en el libro Génesis 2,7, nos muestra claramente este concepto, “ Entonces Dios el Señor modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente.”

El espíritu es ese aliento vital que mueve al hombre, lo convierte en un ser viviente, que actúa según ese hálito vital y lo diferencia además de las demás criaturas.

Para los indígenas latinoamericanos existía una fuerza espiritual,

“La mayoría de los grupos indígenas creía en una fuerza espiritual como origen de toda  la  vida.  En  muchas  áreas  del  continente  americano,  la  fuerza  divina  se plasmaba de diversas  formas: como  luz y  fuerza de vida, centrada en el Sol; como fertilidad y poder, ubicada en  la Tierra; como sabiduría y poder de  los dirigentes terrenales, reflejada en ciertas criaturas como el jaguar, el oso o las serpientes.”

(Steve E. Marcano “Bolivarianismo e integración latinoamericana” Monografía publicada en  http://www.monografias.com/trabajos65/integracion-latinoamericana/integracion-latinoamericana.shtml)

Dije anteriormente que el espíritu mueve al hombre, y este actúa conforme o según ese hálito de vida, configura su forma de pensar o de actuar, es el origen su propio ser,  de  sus  pasiones,  de  sus  ideales,  de  sus  motivaciones,  sean  buenas  o  malas, estemos de acuerdo con ellas o no.

Debemos  tener conciencia de que  tienen espíritu,  tanto  los que no estén concientes de que lo tienen, como los que no tengan un espíritu igual al nuestro.

Solemos decir de  las personas que  tienen un espíritu alegre, combativo, que  tienen un  espíritu  de  mortificación,  otras  veces  usamos  otros  adjetivos  como  dócil, vengativo, etc. , decimos que hay espíritus buenos o espíritus malos.

La  espiritualidad  está  relacionada  con  las  cosas  del  espíritu,  y  en  este  sentido podemos pensar que está separada de lo material. Creemos que una persona es muy espiritual cuando abandona lo material e incluso se despreocupa de su propio cuerpo para dedicarse a las cosas del espíritu.

Craso error.  La  espiritualidad  por  estar  relacionada  con  el  espíritu, mueve  al  hombre,  lo  hace actuar, es el origen de sus pasiones, motivaciones, etc. como indiqué anteriormente, y por tanto, siendo que el hombre está inmerso en la sociedad que es el conjunto de la comunidad  total de  los hombres,  se  relaciona no  solo con  su pensamiento en el espíritu,  sino  que  se  relaciona  con  el  pensamiento  de  los  demás  hombres,  con  la espiritualidad  de  los  demás  hombres  y  con  todas  las  actividades  que  este  realiza, incluso las materiales, en todos los campos de su acción y de su conocimiento, sean estas espirituales o no.

Decimos que el ser humano es un ser espiritual, pero ¿que queremos decir con esta aseveración?     El fundamento de la fe es el propio conocimiento de uno mismo y la experiencia de Dios en las historia.

El ser humano se va conociendo más a sí mismo a partir de su experiencia personal con Dios, de su propia introspección, y contacto con lo más íntimo de su ser.

Todo  lo que hacemos en nuestro entorno y nuestra propia historia, muestra nuestro propio carácter y por tanto son manifestaciones del espíritu.

La fe, o el conjunto de nuestras creencias, influencia de una manera u otra nuestras acciones o nuestra manera de pensar.

Al  darnos  cuenta  de  nuestra  trascendencia  y  establecer  un  vínculo  con  Dios, comprendemos que somos parte de ese todo.

Esta  nueva  conciencia  de  nuestro  ser,  hace  que  busquemos  constantemente responder  a  preguntas  sobre  nuestra  existencia  y  cotidiano  vivir,  lo  que  nos  lleva inevitablemente a comprender que simplemente somos seres necesitados de Dios.

En  otras  palabras,  volvemos  nuestra  mirada  hacia  nuestro  espíritu,  buscamos respuesta a nuestras dudas más íntimas, queremos encontrar nuestro propio sentido,

Las  clásicas  preguntas  existenciales:  ¿De  donde  venimos?  ¿Para  donde  vamos? ¿Qué  debe  el  hombre  a  Dios?  ¿Qué  debe  el  hombre  a  si mismo?  ¿Qué  debe  el hombre a la humanidad? … ¿Quién soy?.

Cuando más se acerca el hombre a la respuesta de esta última pregunta, cuanto más se va conociendo a si mismo, es que va tomando más conciencia de su espíritu, y de que sus conductas y su pensamientos responden a ese espíritu.

Se da cuenta de que actúa según el espíritu y   por  tanto actúa espiritualmente, o se mueve o piensa en el espíritu.

La  espiritualidad  no  es monopolio  de  las  personas  profesionalmente  involucradas con los temas del espíritu, como clérigos, pastores o religiosos, no es patrimonio de los creyentes.

Los seres humanos son seres espirituales no importando si son creyentes o no.

La espiritualidad también, por ser el hombre un ser gregario que vive en sociedad, es parte  de  la  conducta    de  una  comunidad,  de  un  grupo,  de  un  pueblo,  es  como  la conciencia, como la motivación de la sociedad total de los hombres.

Cada  comunidad  configura  con  cierta  libertad  su  idiosincrasia,  su  cultura,  y  cada cultura configura su propia espiritualidad.

Siendo que la espiritualidad es propia de los pueblos, debemos defender su libertad, en  el  más  amplio  sentido  de  la  palabra,  pero  sobre  todo  su  libertad  de  recibir respuesta a esas  inquietudes espirituales  sin  tener que adherirse,    si así  lo desea, a una estructura religiosa, para poder comprender y vivir esa espiritualidad.

Decía que el espíritu es ese aliento vital que mueve al hombre, lo convierte en un ser viviente,  que  actúa  según  ese  hálito  vital  y  lo  diferencia  además  de  las  demás criaturas.

Todas  las criaturas  responden a un  instinto con el que se desempeñan en  la vida y tienen un destino que no pueden cambiar.

Responden como autómatas a sus  instintos, pero sus acciones no cambian en nada su destino.

El ser humano por el contrario,  que tiene espíritu, que sus acciones y pensamientos responden a ese espíritu, tiene la capacidad de cambiar positiva o negativamente ese destino.

Está destinado, por ese don de Dios de  la  libertad o el  libre albedrío, de configurar su propia vida.

Este  destino  está  regido  por  su  conciencia,  inmerso  en  una  sociedad  y  en  una naturaleza  que  se  ve  afectada  por  sus  acciones,  debe  proyectarse  a  su  comunidad viviendo esa conciencia, esa motivación de la sociedad total de los hombres.

Pero debe tener claro que es en su individualidad, y mediante ese conocimiento de si mismo,  que  debe  proyectarse  al medio  social,  desde  su  propia  espiritualidad  a  la espiritualidad colectiva.

Esa  espiritualidad  laica,  libre,  no  dependiente  de  añejos  esquemas  y  teorías  de antaño, superadas muchas veces por los nuevos preceptos científicos, se contrapone a una autoridad  irracional que busca muchas veces el poder sobre  la colectividad y que se manifiesta en una gran cantidad de preceptos y prejuicios  religiosos, en  los que  se  hace  imposible  la  discusión  libre  y  soberana  propia  de  todo  ser  humano.

Estos preceptos y prejuicios hacen muchas veces que el hombre sea manipulado, so pena  de  que  si  no  obedece  estos  preceptos  se  condenará  por  toda  una  eternidad, castigo  merecido  por  desobedecer  lo  que  tal  o  cual  religión  interpretó  de  esa revelación divina.

Debe  ser  la    teología  laica  la  que muestre  al  hombre  libre,  desde  una  perspectiva universal,  integradora  y  abierta,  la  experiencia  de  Dios  en  su  vida  y  de  su manifestación en la historia.

La  teología  laica  debe  pues  con  ese  cambio  exigido  por  los  tiempos,  de  ocuparse primero  de  ese  cambio  de  paradigma  para  cumplir  con  las  demandas  de  nuestra época , pero también debe ocuparse de propiciar la formación de teólogos laicos que mantengan  una  autonomía  con  las  estructuras  jerárquicas  religiosas,  de  cualquier iglesia, que desarrollen un pensamiento propio de los laicos, dirigido a los laicos, y al hombre moderno.

El teólogo laico  debe ser un hombre de mundo en el corazón de la espiritualidad de su pueblo y un hombre espiritual en el corazón de su mundo y su entorno.

El  laico vive y  siente  la  realidad del mundo y del entorno en que está  inmerso, el teólogo laico debe pues vivir y sentir en carne propia esa realidad, hacer sus análisis hermenéuticos,  sus  discursos  de moral,  su  reinterpretación  de  los  textos Bíblicos, etc. a la luz de esa realidad del mundo en que está inmerso.

El teólogo laico debe comprender y vivir el ecumenismo como una experiencia de la espiritualidad  del  ser  humano,  debe  reformular  los  antiguos  análisis  teológicos  o religiosos que excluían a los grupos marginalizados en particular a las mujeres.

Su  reflexión  debe  contribuir  a  clarificar  todas  aquellas  acciones  que  humanicen  o deshumanicen  a  nuestra  sociedad,  orientándola  y  llenando  el  vacío  que  dejan  las religiones en algunos temas en los que  prefieren no hablar, o hablar a medias.

Debe mantenerse a  toda costa  la no  ingerencia en  las cuestiones de estado como  lo manifiesta el  laicismo, debe  tener siempre presente que ninguno de sus postulados, análisis o principios debe se impuestos a nadie, ni pueden ellos convertirse en leyes.

Debe desarrollar una visión espiritual del mundo para afrontar los problemas por los que nuestro planeta y nuestra sociedad están pasando.

El  nuevo  teólogo  laico  debe  salvaguardar  la  libertad  de  la  sociedad  frente  a  las influencias  religiosas,  dogmáticas,  ideológicas,  políticas  que  pretendan  o  ejerzan coerción sobre la conciencia de la colectividad.

Deberá  valerse  de  todas  las  áreas  del  conocimiento  científico,  para  poder comprender la realidad social de su entorno.

Su objeto de estudio debe ser la construcción de la realidad como tal, de la sociedad en que está inmersa, de la ecología de nuestro planeta, y de la relación de todo esto con nuestro Dios.

No debe oponerse la teología laica a la práctica religiosa de los hombres. No debe ser anticlerical ni antidogmática, si es que algunos hombres así lo deciden libremente.

Su necesidad de que la ciencia, la filosofía, la historia y todos los campos del saber humano  alimenten  sus  bases  de  conocimientos  para  mejor  reflexionar  en  sus asuntos, debe ser quien amplíe su rango de tolerancia, y su espíritu de libertad debe inspirarla  para  alcanzar  la  apertura  a  nuevos  conocimientos  para  así  desarrollar nuevas teorías o postulados incluso su nuevo paradigma.

3. Conclusión:

A través de este trabajo hemos visto que el desarrollo del pensamiento de la libertad de conciencia se ha venido estableciendo poco a poco, muchas veces costando, a partir de las  conquistas  de  la  libertad,  la  sangre  de  algunos  hombres  libres  y  de  buenas costumbres.

La laicidad como lo hemos visto, es la fuente inagotable de varios valores como el de la tolerancia,  la  justicia,  la  libertad  de  pensamiento,  el  respeto  por  los  demás,  muchas veces excluidos por  razones de  raza o género. Pretende  la  igualdad de derechos a una independencia de criterio y de conciencia, y exige la separación de dogmas y religiones que atenten contra esa independencia, especialmente si es en el Estado.

Hemos visto como el Laicismo  lucha por  lo nuestro, abre ventanas a  la comprensión y la  justicia,  y  lucha  constantemente  contra  los  fanatismos,  cáncer  que  corroe    a  la libertad.

La  laicidad  debe  protegernos  a  cada  uno,  para  que  según  nuestro  criterio,  podamos encontrar libremente nuestra propia verdad y proteger de la intromisión de los dogmas y las religiones, a los que nos gobiernan, en suma a nuestros Estados.
Con  esta  independencia  y  mediante  la  aplicación  de  la  tolerancia  alcanzaremos  esa nueva espiritualidad, en  la  que los seres humanos podamos coexistir armoniosamente unos con  otros,  no  importando  su  credo  religioso,  denominación  política,  rango  social,  o genero,  y  que  esta  armonía  se  traslade  nuestro  maltrecho  planeta,  y  así  asegurar  la posibilidad de existencia de las futuras generaciones.

Tratamos  de  hacer  ver  las  necesidades  del  hombre  moderno,  y  la  respuesta  que  la teología debe dar.

Expusimos la diferencia entre la religiosidad y la espiritualidad.

Analizamos  la  consolidación  de  una  forma  teológica  hecha  por  laicos  sin  injerencia jerárquica o del magisterio que no fuera apologética de ninguna  iglesia y que se ocupe de temas que las iglesias no hablan o que hablen a medias.

Esbozamos el perfil de un  teólogo  laico,  libre  y comprometido con  su  religiosidad,  la naturaleza y la de los pueblos.

Analizamos la necesidad de desechar viejos esquemas y hacer un cambio de paradigma de la teología para así poder cumplir la misión que tiene la teología en la sociedad.

Analizamos  la necesidad de que sea el hombre bajo su propia conciencia y en  libertad quién decida  si  sigue una  religión, o  en  forma  ecuménica participa  y vive  su  relación con Dios.
Me  queda  pues  la  tarea  de  seguir  investigando  en  este  campo  de  la  teología,  seguir construyendo  pensamiento, modificándolo  y moldeándolo  en  plena  libertad,  libre  de todo prejuicio, para poder aportar en este campo algunas de mis reflexiones, que si no son  útiles  a  los  demás,  serán  escalones  que  me  permitan  mi  propio  crecimiento intelectual,  mi  propia  realización,  serán  como  una  conversación  con  mis  propias convicciones, con mis propios fundamentos espirituales, éticos y morales.

¿Quien  sabe?  Talvez  pueda  en  un  futuro  ser  parte  de  la  construcción  de  este  nuevo paradigma, y de una nueva  teología, no  lejana y circunscrita a  la nube academia,  sino más  cercana,  más  inclusiva,  aterrizada  en  las  exigencias  de  nuestros  tiempos;  más fresca… más nuestra.

4. Bibliografía

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