Suicidio en adolescentes: a- Comportamiento suicida. Factores de riesgo. P Barrero

SUICIDIO EN ADOLESCENTES: CÓMO PREVENIRLO

a- Comportamiento suicida. Factores de riesgo

Sergio Andrés Pérez Barrero

El doctor cubano Sergio A. Pérez Barrero es un experto mundial en el tratamiento y prevención del suicidio.  Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría y de la Red Iberoamericana de Suicidiología.Además de autor de varios libros sobre el tema, es asesor de la Organización Panamericana de la Salud en la prevención del suicidio en Las Américas.

Publicamos los conceptos que consideramos  más importantes de su libro  “”Cómo evitar el suicidio en adolescentes””

1. Introducción

Aprender a cuidar la única vida que tenemos los seres humanos es una cualidad que debe ser desarrollada desde la más temprana infancia, pues si no se tiene vida no se puede llevar a cabo proyecto alguno. Aprender a amarse racionalmente incrementará la capacidad de amar a otros, aprender a respetarse hará que seamos respetados.

A pesar nuestro, el suicidio en la adolescencia es una trágica realidad, ocupando un lugar entre las tres primeras causas de muerte en la mayoría de los países y en algunos, sólo le supera otro tipo de muerte violenta: los accidentes de vehículos de motor. Y lo peor es que la tendencia es a incrementarse según los estimados de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

2. Generalidades

La adolescencia es definida como una etapa del ciclo vital entre la niñez y la adultez, que se inicia por los cambios puberales y se caracteriza por profundas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales, muchas de ellas generadoras de crisis, conflictos y contradicciones, pero esencialmente positivos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es la etapa que transcurre entre los 10 y 19 años, considerándose dos fases: la adolescencia temprana de 10 a 14 años, y la adolescencia tardía de 15 a 19 años.

Los aspectos psicosociales de la adolescencia están integrados en una serie de características y comportamientos que en mayor o menor grado estarán presentes durante esta etapa de la vida y que pueden resumirse de la siguiente manera:

    • Búsqueda de sí mismo y de su identidad.
    • Necesidad de independencia.
    • Tendencia grupal.
    • Evolución del pensamiento concreto al abstracto.
    • Manifestaciones y conductas sexuales con desarrollo de la identidad sexual.
    • Relaciones conflictivas con los padres que fluctúan entre la dependencia y la necesidad de separación de los mismos.
    • Actividad social reivindicativa, tornándose más analíticos, con pensamientos simbólicos, en los que formulan sus propias hipótesis y llegan a conclusiones propias.
    • Eligen una ocupación para la que necesitarán adiestramiento y capacitación para llevarla a la práctica.
    • Necesidad de asumir un nuevo rol social como partícipe de una cultura o subcultura específica.

3. El comportamiento suicida

El comportamiento suicida abarca las siguientes manifestaciones:
El deseo de morir. Representa la inconformidad e insatisfacción del sujeto con su modo de vivir en el momento presente y que puede manifestar en frases como: “la vida no merece la pena vivirla”, “lo que quisiera es morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto” y otras expresiones similares.

La representación suicida. Constituida por imágenes mentales del suicidio del propio individuo, que también puede expresarse manifestando que se ha imaginado ahorcado o que se ha pensado ahorcado.

Las ideas suicidas. Consisten en pensamientos de terminar con la propia existencia y que pueden adoptar varias formas de presentación.

La amenaza suicida. Consiste en la insinuación o afirmación verbal de las intenciones suicidas, expresada por lo general ante personas estrechamente vinculadas al sujeto y que harán lo posible por impedirlo. Debe considerarse como una petición de ayuda.

El gesto suicida. Es el ademán de realizar un acto suicida. Mientras la amenaza es verbal, el gesto suicida incluye el acto, que por lo general no conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero que hay que considerar muy seriamente.

El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada. Es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo.

El suicidio frustrado. Es aquel acto suicida que, de no mediar situaciones fortuitas, no esperadas, casuales, hubiera terminado en la muerte.

El suicidio accidental. El realizado con un método del cual se desconocía su verdadero efecto o con un método conocido, pero que no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por el sujeto al llevar a cabo el acto.

Suicidio intencional. Es cualquier lesión autoinfligida deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de morir y cuyo resultado es la muerte. El intento de suicidio es muy común entre los adolescentes con predisposición para esta conducta y se considera que por cada adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca de trescientos.

4. Factores de Riesgo Suicida en la Niñez

Por lo general los niños han tenido alguna experiencia sobre el tema mediante la visualización de este tipo de acto en la televisión, sea a través de programaciones para los adultos o dirigidos a los niños y las niñas (muñequitos o comics).
Otras veces, el concepto se va adquiriendo mediante diálogos con compañeros de su propia edad que han tenido familiares suicidas o por conversaciones que escuchan a los adultos. En sus concepciones sobre el suicidio, en el niño se entremezclan creencias racionales e irracionales, articuladas y lógicas y poco coherentes y comprensibles.

En la infancia, como es lógico suponer, los factores de riesgo suicida deben ser detectados principalmente en el medio familiar. Por lo general, el clima emocional familiar es caótico, pues no hay un adecuado funcionamiento de sus integrantes y no se respetan los roles ni las fronteras de sus respectivos miembros. Los padres, cuando conviven juntos se enrolan en constantes querellas, llegando a la violencia física entre ellos o dirigiéndolas a los integrantes más vulnerables, en este caso los más jóvenes, niños y niñas y los más viejos, ancianos y ancianas.

Es frecuente que los progenitores padezcan alguna enfermedad mental, entre las que se citan por su frecuencia, el alcoholismo paterno y la depresión materna.
La depresión materna, además del peligro suicida que conlleva se convierte en un estímulo para el pesimismo, la desesperanza, la sensación de soledad y la falta de motivación.

Otro factor de riesgo suicida de importancia en la niñez es la presencia de conducta suicida en alguno de los progenitores. Aunque no está demostrado que el suicidio esté determinado genéticamente, es un hecho que el suicidio puede ser imitado, principalmente por las generaciones más jóvenes. En ocasiones este proceso no es plenamente consciente y el suicidio se produce por un mecanismo de identificación, proceso mediante el cual se incorporan a la personalidad algunos rasgos de la personalidad o formas de ser del sujeto identificado.

Otras veces lo que se transmite es la predisposición genética, no para el suicidio, sino más bien para alguna de las enfermedades en las que este síntoma es frecuente.
Entre estas enfermedades se encuentran las depresiones y las esquizofrenias en cualquiera de sus formas clínicas. Ambos trastornos están descritos como uno de los principales factores de riesgo suicida en la adolescencia.

Las relaciones entre los progenitores y sus hijos pueden convertirse en un factor de riesgo de suicidio cuando están matizadas por situaciones de maltrato infantil y de abuso sexual, físico o psicológico.
La violencia contra los niños y las niñas en cualquiera de sus formas es uno de los factores que entorpecen el desarrollo espiritual de la personalidad, contribuyendo a la aparición de rasgos en ella que predisponen a la realización de actos suicidas, entre los que se destacan la propia violencia, la impulsividad, baja autoestima, las dificultades en las relaciones con personas significativas, la desconfianza, por sólo citar algunos.

Los motivos que pueden desencadenar una crisis suicida infantil son variados y no específicos, pues también se presentan en otros niños que nunca intentarán contra su vida.
Entre los más frecuentes se encuentran:

    • Presenciar acontecimientos dolorosos como el divorcio de los padres, la muerte de seres queridos, de figuras significativas, el abandono, etc.
    • Problemas en las relaciones con los progenitores en los que predomine el maltrato físico, la negligencia, el abuso emocional y el abuso sexual.
    • Problemas escolares, sea por dificultades del aprendizaje o disciplinarios.
    • Llamadas de atención de carácter humillante por parte de padres, madres, tutores, maestros o cualquier otra figura significativa, sea en público o en privado.

Para el manejo de esta crisis suicida en la infancia es necesaria la participación de los padres y las madres en la terapia, lo cual no se logra en muchas ocasiones, pues el niño o la niña provienen de hogares rotos o con un clima emocional que impide tal procedimiento.

La atención psicoterapéutica a una crisis suicida infantil debe ir dirigida a la sensibilización de padres o tutores para que tomen conciencia de los cambios ocurridos en el niño o la niña, que presagian la ocurrencia de un acto suicida. Hay que insistir con ellos en el control de los métodos mediante los cuales el niño o la niña puedan autolesionarse y poner a buen recaudo sogas, cuchillos, armas de fuego, tabletas de cualquier tipo, combustibles, sustancias tóxicas y otros venenos, etc.

Si el niño o la niña realizan una tentativa de suicidio hay que investigar qué intención perseguían con este acto, pues necesariamente no tiene que ser el deseo de morir el principal móvil, aunque sea el de mayor gravedad. Los deseos de llamar la atención, la petición de ayuda, la necesidad de mostrar a otros cuán grandes son sus problemas, pueden ser algunos de los mensajes enviados con un acto suicida.

Se debe intentar realizar un diagnóstico correcto del cuadro clínico que está condicionando la crisis suicida, para descartar que este sea el debut de una enfermedad psiquiátrica mayor, como un trastorno del humor o una esquizofrenia, y en ello puede desempeñar un papel muy útil la observación de sus juegos y la entrevista médica, la cual debe correr a cargo de un especialista en psiquiatría del niño y el adolescente.

Es necesario que la familia comprenda que la conducta suicida siempre indica una adaptación inadecuada y requiere tratamientos psicológicos, psiquiátricos o ambos, según sea la gravedad del caso y nunca limitarlo a la resolución de la crisis suicida.

La hospitalización del niño o la niña que han intentado contra su vida puede ser una indicación válida si persisten las ideas suicidas, si el intento de suicidio es el debut de una enfermedad psiquiátrica grave, especialmente el consumo de drogas, alcohol u otras sustancias adictivas, si los progenitores padecen de trastornos mentales de importancia o si el clima emocional familiar no constituye un medio idóneo para que la crisis suicida sea resuelta.

De manera general, se puede dividir la biografía de los futuros adolescentes con conducta suicida en tres momentos.

    • Infancia problemática, caracterizada por un elevado número de eventos vitales negativos, tales como abandono paterno, hogar roto, muerte de seres queridos por conducta suicida, alcoholismo paterno, depresión materna, dificultades socioeconómicas, abuso sexual, maltrato físico o psicológico, etc.
    • Recrudecimiento de los problemas previos con la incorporación de los propios de la edad, como son las preocupaciones sexuales, los cambios somáticos, los nuevos retos en las relaciones sociales, la independencia, la vocación, etc.
    • Etapa previa al acto de suicidio que se caracteriza por la ruptura de una relación valiosa o un cambio inesperado de su rutina cotidiana, a la cual le es imposible adaptarse de una manera creativa, apareciendo los mecanismos autodestructivos.

5. Factores de Riesgo Suicida en la Adolescencia

Los adolescentes que intentan el suicidio o se suicidarán se caracterizan por tener diversos factores de riesgo para esta conducta, entre los que se encuentran:

  • Provenir de medios familiares con desventaja social y pobreza educacional
  • Estar más expuestos a situaciones familiares adversas que condicionan una niñez infeliz.
  • Presentar mayor psicopatología, incluyendo depresión, abuso de sustancias y conducta disocial así como baja autoestima, impulsividad, desesperanza y rigidez cognitiva.
  • Mayor exposición a situaciones de riesgo suicida o eventos vitales suicidógenos como las relaciones humanas tumultuosas, los amores contrariados o problemas con las autoridades.

Intentaré desarrollar cada uno de estos aspectos por separado para que el lector pueda conocerlos en detalle.

Factores culturales y sociodemográficos
Los problemas socioeconómicos, los bajos niveles educacionales y el desempleo son factores de riesgo para el comportamiento suicida pues limitan la participación social activa del adolescente, impiden la satisfacción de las necesidades más elementales y coartan la libertad de quienes los padecen.

Los factores asociados a la cultura adquieren una importancia capital en la conducta suicida entre las minorías étnicas, quienes se ven sometidos a un proceso de coloniaje cultural con pérdida de la identidad y sus costumbres y también se hace patente entre los inmigrantes.

Situación familiar y eventos vitales adversos
La situación de la familia del adolescente suicida garantiza su infelicidad e impide su crecimiento emocional si son comunes:

  • Presencia de padres con trastornos mentales.
  • Consumo excesivo de alcohol, abuso de sustancias y otras conductas disociales en algunos de sus miembros.
  • Antecedentes familiares de suicidio o intentos de suicidio y permisividad o aceptación de esta conducta como forma de afrontamiento.
  • Violencia familiar entre sus miembros, incluyendo el abuso físico y sexual.
  • Pobre comunicación entre los integrantes de la familia.
  • Dificultades para prodigar cuidados a los que los requieren.
  • Frecuentes riñas, querellas y otras manifestaciones de agresividad en las que se involucran los miembros de la familia, convirtiéndose en generadores de tensión y agresividad.
  • Separación de los progenitores por muerte, separación o divorcio.
  • Frecuentes cambios de domicilio a diferentes áreas.
  • Rigidez familiar, con dificultades para intercambiar criterios con las generaciones más jóvenes.
  • Situación de hacinamiento, lo que en ocasiones se traduce por la convivencia de varias generaciones en un breve espacio, lo cual impide la intimidad y la soledad creativa de sus miembros.
  • Dificultades para demostrar afectos en forma de caricias, besos, abrazos y otras manifestaciones de ternura.
  • Autoritarismo o pérdida de la autoridad entre los progenitores.
  • Incapacidad de los progenitores para escuchar las inquietudes del adolescente y desconocimiento de las necesidades biopsicosociales.
  • Incapacidad de apoyar plena y adecuadamente a sus miembros en situaciones de estrés.
  • Exigencias desmedidas o total falta de exigencia con las generaciones más jóvenes.
  • Llamadas de atención al adolescente que generalmente adquieren un carácter humillante..

Psicopatología del adolescente que constituye una predisposición a cometer suicidio
Se considera que casi la totalidad de las personas que se suicidan son portadores de una enfermedad mental diagnosticable, lo cual ha sido ampliamente abordado en las investigaciones realizadas mediante las autopsias psicológicas.
En los adolescentes este postulado también se cumple y se considera que la mayoría de los que se suicidan pudieron haber padecido algunas de las siguientes enfermedades:

  • Depresión.
  • Trastornos de Ansiedad.
  • Trastornos incipientes de la personalidad.
  • Trastorno Esquizofrénico.
  • Abuso de alcohol.
  • Abuso de drogas

a- Depresión.
Entre los síntomas más frecuentes observados en los adolescentes deprimidos se encuentran los siguientes:

  • Tristeza, aburrimiento, tedio y fastidio.
  • Pérdida de los intereses y del placer en las actividades que anteriormente lo despertaban.
  • Trastornos del hábito de sueño, con insomnio o hipersomnia.
  • Falta de concentración.
  • Irritabilidad, disforia, malhumor.
  • Pérdida de la energía para emprender las tareas cotidianas.
  • Sentimientos de cansancio y agotamiento.
  • Preocupaciones reiteradas con la música, libros, y juegos relacionados con el tema de la muerte o el suicidio.
  • Manifestar deseos de morir.
  • Sentirse físicamente enfermos, sin tener una enfermedad orgánica alguna.
  • Falta de apetito o apetito exagerado.
  • Expresar ideas suicidas o elaborar un plan suicida.
  • Planificar actos en los que no se calculen de forma realista, las probabilidades de morir.
  • Llanto sin motivo aparente.
  • Aislamiento social evitando las compañías de amigos y familiares.
  • Pesimismo, desesperanza y culpabilidad.

Es de suma importancia el reconocimiento de la depresión en el adolescente, pues son más proclives a realizar intentos de suicidio que los adultos en condiciones similares.

b- Trastornos de Ansiedad. Diversas investigaciones han demostrado la correlación existente entre los trastornos de ansiedad y el intento de suicidio en adolescentes varones, no así entre los adultos. Se trata de un estado emocional en el que se experimenta una sensación desagradable de peligro inminente para la integridad física o psicológica del sujeto, quien puede temer a volverse loco, perder la razón o morir de un ataque cardíaco.

Las manifestaciones del Trastorno de Ansiedad son las siguientes:

  • Manifestaciones físicas que incluyen pulso acelerado, palidez facial o rubor, incremento de la frecuencia respiratoria y sensación de falta de aire, sudoración de manos y pies, temblor, tensión muscular generalizada, saltos musculares, dolor de cabeza, nauseas, dolores abdominales, diarreas, micciones u orinas frecuentes, salto de estómago, piel de gallina, frialdad de manos y pies, etc.
  • Manifestaciones psicológicas entre las que sobresalen el temor, la tensión, el nerviosismo, la sensación de estar esperando una mala noticia, la incapacidad para mantenerse quieto en un lugar y de relajarse.
  • Manifestaciones conductuales consistentes en timidez, aislamiento, evitación de aglomeraciones y actividades sociales, dependencia, intranquilidad motora, hiperactividad afanosa o necesidad de mantenerse ocupado

Existen formas particulares de este trastorno, con síntomas específicos que relacionaremos a continuación:

Ataques de Pánico. Manifestación extrema de la ansiedad con aceleración del pulso, hiperventilación o respiración rápida y superficial, miedo a perder el control y sensación de muerte inminente.

Fobia simple. Miedo exagerado a objetos o situaciones que no representan peligro alguno para la mayoría de los individuos. Un ejemplo es el temor a los espacios cerrados o claustrofobia.

Fobia social. Esta fobia es incapacitante para quien la presenta, pues el sujeto evita cualquier situación que signifique interactuar con otras personas por el temor a quedar mal paradas, a hacer el ridículo, a hablar en público o mostrarse incapaz de responder preguntas en un auditorio.

Ansiedad de separación. Para su diagnóstico se requieren al menos tres o más de los siguientes síntomas:

  • Preocupación y malestar excesivos al separarse del hogar o de las figuras vinculares principales.
  • Miedo a perder a los padres o a que les pase algo malo.
  • Miedo a ser secuestrado o a extraviarse.
  • No poder ir a la escuela o a cualquier otro sitio.
  • No poder quedarse sólo en casa.
  • No poder dormir alejado de los padres o fuera de la casa.
  • Tener pesadillas recurrentes de secuestros. Accidentes, etc.
  • Manifestar diversas quejas físicas como dolor de cabeza, vómitos, dolor abdominal antes de salir del hogar hacia la escuela u otro lugar alejado

c- Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Condición mórbida caracterizada por necesidad de realizar actos repetitivos o rituales de complejidad variada para mitigar la angustia surgida por la intrusión de pensamientos desagradables, persistentes a pesar de los esfuerzos del sujeto por desembarazarse de ellos y cuyo contenido es muy desagradable o absurdo, como por ejemplo estar contaminado, padecer una enfermedad, la muerte de un ser querido, profanación de imágenes religiosas, pensamientos de contenido sexual intolerables, etc.
En la adolescencia son frecuentes los sentimientos de culpabilidad, tendencia a mantener en secreto lo ocurrido, cuando esto es posible, conducta oscilante entre agresividad, violencia y deseos de venganza, actitudes de inhibición, pasividad y excesiva complacencia ante el medio ambiente y en ocasiones, episodios de aparente repetición del trauma con ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos con lagunas de memoria.

d- Trastorno Disocial de la Personalidad.
Es otro factor de riesgo de suicidio entre los adolescentes, que por sus rasgos clínicos tiene una elevada propensión al suicidio y a la realización de daños autoinfligidos.
Sobresalen en este trastorno las siguientes características:

Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes, propios de la edad, manifestándose por la presencia de los siguientes criterios durante los últimos doce meses y por lo menos de un criterio durante los últimos seis meses:
– Agresión a personas y animales
– Destrucción de la propiedad social: ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves, ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas
– Fraudulencia o robo
– Violaciones graves de normas: a menudo permanece fuera del hogar de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los trece años, se ha escapado durante la noche por lo menos en dos ocasiones, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustituto, suele tener

e- Trastorno de la Alimentación.
En la cultura contemporánea los medios de difusión masivos han globalizado un modelo de belleza femenina que en muchas ocasiones se convierte en un objetivo imitativo inalcanzable, este trastorno puede enmascararse detrás de esta propuesta de belleza y se caracteriza por un severo trastorno de la conducta alimentaria que puede adquirir las siguientes formas clínicas:

1- Anorexia nerviosa en la que se presentan los siguientes síntomas:

  • Rechazo manifiesto a mantener el peso corporal mínimo.
  • Un miedo intenso a ganar de peso o a convertirse en obeso, incluso cuando se está por debajo del peso ideal para la talla.
  • Alteración de la propia percepción del peso o de la silueta corporal, creándose una imagen negativa de sí mismo.

2- Bulimia nerviosa que se caracteriza por:

  • Atracones recurrentes, en los que el sujeto ingiere en un corto tiempo una cantidad superior de alimentos a los que ingeriría la mayor cantidad de personas en un tiempo similar y en similares circunstancias.
  • Sensación de pérdida de control sobre la ingesta de alimentos.
  • Conductas compensatorias inapropiadas, repetitivas, con la finalidad de no ganar peso, como son la provocación del vómito, el uso excesivo de laxantes, enemas, ayunos y ejercicios descontrolados.
  • Los atracones y las conductas compensatorias ocurren al menos dos veces por semana durante un período de tres meses.

La autoevaluación esta principalmente influida por el peso corporal del adolescente.

f- Trastorno esquizofrénico.
Enfermedad devastadora que puede en su debut, tener como primer y único síntoma evidente el suicidio del adolescente. Se piensa que la asistencia al derrumbe psicológico, a las diversas sensaciones y percepciones anómalas, el cambio del mundo circundante y del propio Yo, cuando aún se conserva algún lazo con el mundo no esquizofrénico, explicaría este desenlace en un adolescente “aparentemente normal”.Esta enfermedad no tiene un cuadro clínico homogéneo, pero algunos síntomas deben hacer que se piense en ella.
Entre estos, los siguientes son los más comunes:

  • Pensamiento sonoro, eco, robo, inserción o difusión de los pensamientos del sujeto.
  • Alucinaciones auditivas que comentan la actividad que realiza el individuo.
  • Ideas delirantes de ser controlado, de ser influido en las acciones, emociones o pensamientos desde el exterior.
  • Alucinaciones auditivas que comentan la actividad que la persona realiza.
  • Ideas de tener poderes sobrenaturales y sobrehumanos.
  • Invención de palabras nuevas que no tienen significado alguno para quienes le escuchan.
  • Asumir posturas corporales extrañas mantenidas o no realizar movimiento alguno.
  • Apatía marcada, pérdida de la voluntad, empobrecimiento del lenguaje o respuesta emocional inadecuada a los estímulos.
  • Pérdida de intereses, falta de objetivos, ociosidad y aislamiento social.
  • Lenguaje incapaz de servir de comunicación con los demás.
  • La vida laboral, las relaciones sociales y el cuidado personal están gravemente comprometidos.

Los siguientes rasgos o atributos de la personalidad del adolescente que se convierten en  factores de riesgo para cometer suicidio son:

  • Inestabilidad del ánimo.
  • Conducta agresiva.
  • Conducta disocial.
  • Elevada impulsividad.
  • Rigidez de pensamiento y terquedad de la conducta.
  • Pobres habilidades para resolver problemas.
  • Incapacidad para pensar realistamente.
  • Fantasías de grandiosidad alternando con sentimientos de inferioridad.
  • Sentimientos de frustración.
  • Manifestaciones de angustia ante pequeñas contrariedades.
  • Elevada autoexigencia que rebasa los límites razonables.
  • Sentimientos de ser rechazado por los demás, incluyendo los padres u otras figuras significativas.
  • Vaga identificación genérica y orientación sexual deficiente.
  • Relación ambivalente con los progenitores, otros adultos y amigos.
  • Antecedentes de haber realizado una tentativa de suicidio.
  • Frecuentes sentimientos de desamparo y desesperanza.
  • Frecuentemente se sienten heridos con la más mínima crítica.

g- Adicciones.
Además de los trastornos depresivos y de ansiedad, el abuso de alcohol constituye un importante factor de riesgo de suicidio en la adolescencia, pues se estima que uno de cada cuatro adolescentes que cometen suicidio lo realizan bajo los efectos del alcohol u otra droga o la combinación de ambos.Existen determinadas señales de peligro que deben hacer pensar a los padres, madres, tutores, maestros y médicos de la familia, que un adolescente está consumiendo drogas y son los siguientes:

    • Cambios bruscos de amistades.
    • Cambios en la manera de vestir y de hablar, utilizando la jerga propia de los toxicómanos.
    • Disminución del rendimiento académico y repetidas ausencias injustificadas a la escuela, sin que se conozca en qué ha empleado el tiempo.
    • Cambios en su comportamiento habitual en el hogar, tornándose irritables, aislados, huraños y sin deseos de compartir con el resto de la familia.
    • Realiza hurtos en el propio domicilio, o en el de otros familiares, amigos o vecinos para venderlos y adquirir el dinero con que comprará la droga. En ocasiones roban importantes sumas de dinero a los padres o les mienten sobre supuestas compras de artículos deseados pero inexistentes.
    • Cambios en los horarios de las actividades, predominando las que realiza en horarios nocturnos, lo cual altera su ritmo de sueño y alimentación.

Señales de quemaduras en las ropas, manchas de sangre, señales de pinchazos en antebrazos o resto de drogas en los bolsillos. Enunciaremos seguidamente aquellas
situaciones en las que los adolescentes vulnerables pueden desembocar en una crisis suicida:

  • Situaciones que pueden ser interpretadas a través del prisma del adolescente como dañinas, peligrosas, conflictivas en extremo, sin que necesariamente concuerde con la realidad, lo cual significa que hechos triviales para adolescentes normales, pueden tornarse potencialmente suicidógenos en adolescentes vulnerables, quienes los perciben como una amenaza directa a la autoimagen o a su dignidad.
  • Los problemas familiares que como es reconocido, se constituyen en uno de los motivos fundamentales de la realización de un acto suicida.
  • Separación de amigos, compañeros de clases, novios y novias.
  • Muerte de un ser querido u otra persona significativa.
  • Conflictos interpersonales o pérdida de relaciones valiosas.
  • Problemas disciplinarios en la escuela o situaciones legales por las que debe responder el adolescente.
  • Aceptación del suicidio como forma de resolución de problemas entre los amigos o grupo de pertenencia.
  • Presión del grupo a cometer suicidio bajo determinadas circunstancias y ante determinadas situaciones.
  • Situación de tortura o victimización.
  • Fracaso en el desempeño escolar.
  • Exigencia elevada de padres y maestros durante el período de exámenes.
  • Infección con VIH o padecer una infección de transmisión sexual.
  • Padecer una enfermedad física grave.
  • Violación o abuso sexual, con mayor peligrosidad si se trata de familiares.
  • Incumplir con las expectativas depositadas por los padres, maestros, u otras figuras significativas y asumidas por el adolescente como metas alcanzables.

Una vez que un adolescente vulnerable ante una situación psico-traumática inicia una crisis suicida, es necesario actuar con rapidez y asumir una postura muy directiva, ya que la característica principal de este tipo de crisis es que existe la posibilidad que el individuo intente afrontar la situación problemática mediante la autoagresión. Al existir esta posibilidad tangible el enfrentamiento a la crisis suicida tendrá como objetivo primordial mantener a la persona con vida mientras dure dicha crisis.

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