Drogas: Prevención del consumo. b- Propuestas. Rol de la comunidad educativa. Touzé

DROGAS: PREVENCIÓN DEL CONSUMO. Touzé

B. Diferentes propuestas. Rol de la Comunidad Educativa

CAPÍTULO 3: DIFERENTES MIRADAS, DIFERENTES PROPUESTAS.

Hemos visto los prejuicios y estereotipos que existen en torno al consumo de drogas, y hemos revisado brevemente información científica sobre las sustancias y el vínculo que los sujetos establecen con las mismas.

Analizaremos ahora seis modelos en  conceptualización de la problemática del consumo de drogas, junto con las estrategias de prevención que se desprenden de cada uno de ellos.

Los cuatro primeros son los modelos clásicos o sectoriales;
los dos últimos realizan, a partir de los anteriores una síntesis o propuesta superadora.
La revisión de estos modelos nos permite adentrarnos en las distintas estrategias que la sociedad ha adoptado para abordar el tema.

Es necesario reconocer que se trata de temas polémicos, sujetos a diversas opiniones y ante los cuales, las propuestas de acción son no sólo múltiples, sino por lo general, divergentes.
Estos modelos analizan, cada uno desde su perspectiva, la interacción de tres elementos que intervienen en el consumo: la sustancia, la persona y el contexto.

1. Modelo Ético Jurídico.

El Modelo Ético Jurídico asigna a la sustancia un lugar preponderante en la configuración del problema. La droga es pensada como sujeto, como elemento activo y es definida a partir del criterio de legalidad.

Este modelo reconoce como droga sólo las sustancias ilegales, a las que asigna el rol de agente causal del “problema drogas”. Se hablade “la droga”, y la sustancia es vista casi como un ser poderoso con capacidad de captar consumidores.
Mensajes como “no te dejes atrapar por la droga”  responden a este modelo.

Así caracterizado el problema, las acciones se orientan por lo tanto a controlar al agente causal
“la droga”.
Este modelo tiene como ejes tanto el estereotipo del concepto monolítico de droga como el de la demonización o fetichización de la sustancia.
No es el sujeto que se dirige a las drogas, sino que son las drogas, las que poseerían el “poder en sí mismas de dirigirse y atrapar,  de poseer al individuo”.

Desde esta perspectiva la persona, colocada en un segundo plano, pasa a ocupar el lugar de objeto.
Se produce una inversión lógica:
Las drogas son vistas como sujetos y las personas pasan a ser vistas como objetos.
El objeto droga pasa a ser sujeto y el sujeto persona pasa a ser objeto.

A las personas se las categoriza según entren o no en contacto con “la droga”. Bajo el criterio de legalidad.
El consumidor de drogas (siempre ilícitas) viola la ley, y es por lo tanto un trasgresor.
En lo que concierne al contexto, éste se encarna en la norma, vale decir que lo social se subsume a lo normativo, y así quedan claramente delimitados dos ámbitos: el de los “normales” y el de los “desviados”.Términos como ‘flagelo’, ‘delincuente’, ‘vicioso’ pertenecen a esta visión conceptual.

Este modelo se denomina ’ético’ pues de las máximas que lo componen se desprende una valoración de la conducta: prescribe lo que está bien y lo que está mal.Si uno asume la perspectiva de este modelo, afirmará: CONSUMIR DROGAS ESTÁ MAL.

El término ‘jurídico’ alude al mandato social encarnado en la norma, cuya trasgresión implica una sanción: el consumidor se convierte, en-tonces, en delincuente.Pero surge aquí una paradoja.
Ya vimos que la droga es el sujeto activo y la persona, una mera víctima de esa sustancia poderosa. Sin embargo, al violar la norma, el consumidor de drogas es considerado culpable.

Por lo tanto, una persona es víctima (en tanto objeto) y culpable (en tanto sujeto de la trasgresión)  de la misma situación. Ésta es una contradicción interna del modelo.

Otra característica de este modelo es que se maneja con pares antitéticos absolutos: bueno/malo, sano/enfermo, permitido/prohibido y normal/desviado.
En efecto, el discurso preventivo que resulta de este enfoque enfatiza que el uso de drogas es ilegal y moralmente malo.
Se propugna la prohibición, se orienta directamente a evitar el consumo de drogas prohibidas, es decir, es una propuesta abstencionista. Se enseña sobre las penalidades para el trasgresor centrándose en la información acerca de las sanciones jurídicas y morales.
En consecuencia, el elemento disuasorio para el consumo será el miedo: “Miedo a la sanción, miedo a perder la libertad”

Se refuerza el concepto de autoridad que legisla y sanciona, y bien puede tratarse de la autoridad del Estado, o de la del grupo social o la familia. La prevención se asimila al control: “¿Sabe usted donde está su hijo ahora?”.

Para graficar las prácticas de prevención de este modelo, podríamos mencionar la realización de conferencias en los colegios coordinadas por personal policial, dónde se explican los alcances de las leyes, se habla de los trasgresores y de las sanciones de las de que son pasibles. Los preventores más prototípicos de este modelo son los agentes de seguridad.

2. Modelo Médico Sanitario

El Modelo Médico Sanitario, al igual que el anterior, también pone el acento en la sustancia, pero entendida ahora como agente causal de enfermedad.
El consumidor de drogas ya no es visto como delincuente, sino como enfermo.
Se trata de una persona que estaba sana, y que se enfermó a causa de las drogas.
La identificación del agente ya no se producirá por criterios normativo – morales, sino en función de su toxicidad o potencial adictivo.

Bajo este modelo se consideran drogas tanto las ilegales como las legales, por lo que incluye también como problema el consumo de tabaco, alcohol y medicamentos. La distinción que se hace de las sustancias tiene que ver con sus efectos y se diferencian entonces las drogas blandas de las duras, de acuerdo a su mayor o menor toxicidad.

Desde el punto de vista preventivo se aborda el tema desde una perspectiva médico epidemiológica, analogando la drogadicción con una enfermedad infectocontagiosa, donde la droga es el agente causal, como si fuera un ser vivo capaz de contaminar al sujeto (huésped) en caso de que el contexto lo torne vulnerable.

Siguiendo la lógica habitual de prevención de las enfermedades infectocontagiosas, nos remite a la tríada ecológica constituida por el agente, el huésped y el contexto.
Esta perspectiva está presente en el imaginario colectivo y se expresa  en frases tales como:
“El problema son las malas juntas…” o “la manzana podrida…”

Por otra parte, este modelo, al igual que el Ético Jurídico, tiene como eje el estereotipo de demonización o fetichización de la sustancia.

En relación con el contexto, lo que interesará determinar son los grados de vulnerabilidad, por lo que se introduce la preocupación por los factores de riesgo y se identifican algunas poblaciones de riesgo, los niños y jóvenes, por excelencia. De esta manera llegamos al tercer estereotipo ya mencionado, el estereotipo que considera que éste es un de problema de jóvenes.

Este modelo inscribe a la prevención en el campo de la salud pública y su objetivo es evitar el consumo de drogas al igual que el anterior es abstencionista.
El elemento disuasorio vuelve a ser el miedo, pero no ya a través de la amenaza de sanción, sino mediante la información de los daños producidos por el uso de drogas.

En efecto, en este modelo el mensaje da gran importancia a una exhaustiva descripción de los efectos de cada una de las sustancias en el organismo, su aspecto, la forma de presentación, el color, el olor, los peligros.
La amenaza no se cierne ya sobre la libertad, sino sobre la vida misma. Por lo tanto, las frases representativas serán del tipo: “vida o droga”, “la droga mata”.
Se recomienda que las personas reconozcan las sustancias, y también que detecten la presencia de un consumidor. “¿Cómo me voy a dar cuenta si mi hijo se droga?”

La actividad preventiva típica de este modelo es la charla o conferencia dictada, en general, por un médico que marca con claridad su lugar de especialista, “el que sabe”, en relación asimétrica con un público que “no sabe”, asumiendo ante todos su rol del experto en drogas.Si se asume la perspectiva de este modelo, se afirmará: CONSUMIR DROGAS HACE MAL.

Uno de lo peligros en este enfoque consiste en que con frecuencia al sobredimensionar los efectos tóxicos de las sustancias con el objetivo de asustar más para disuadir más, lo que se obtiene es la pérdida de credibilidad del mensaje.
Cuando una persona consume sustancias desde hace un cierto tiempo, sin sentirse mal, y escucha “la droga mata”,  considera que se le ha mentido.
Cuando se dice por ejemplo que consumir un cigarrillo de marihuana produce esterilidad, en lugar de decir que años de consumo crónico de marihuana la pueden producir, los jóvenes sienten que se les miente.
El efecto de esto es que el mensaje pierde credibilidad, lo cual dificulta entonces la posibilidad de comunicación.Si el emisor “miente” el receptor “no escucha”.

3. Modelo Psico-Social

El Modelo Psico Social es mucho más moderno que los dos anteriores, ya no pone el acento en las sustancias, sino en el sujeto que la consume.
Introduce un ordenamiento distinto en la interacción sustancia – persona – contexto.
El eje de la causa del problema es desplazado de las drogas a la personas: el protagonista es ahora el sujeto, es el individuo.Al no poner el acento en las sustancias, no se distingue entre sustancia lícitas e ilícitas, ni entre drogas blandas y duras.

Aquí, lo importante será el tipo de vínculo que una persona establece con la sustancia, cualquiera sea su status legal o farmacológico.Al poner el énfasis en la relación de las personas con las drogas, son considerados los conceptos de uso, abuso y adicción, reconociendo como uso problema a las dos últimas categorías.

Es decir que en el Modelo Psico Social no se considera especialmente si una persona consume cocaína o alcohol, sino que se presta atención a si ese consumo es esporádico, ocasional, reiterado o compulsivo.

Al igual que en el modelo anterior, se considera enfermo al consumidor abusivo o compulsivo, pero una persona ya no se enferma por consumir drogas, sino que la enfermedad es previa al consumo: porque estaba enfermo consume drogas.
Aquí, entonces, el consumo será leído como síntoma de una enfermedad previa.

Recordemos que los dos modelos anteriores consideraban que el consumo se producía por haber entrado en contacto con las drogas; en cambio en este enfoque la causa del consumo es la existencia de conflictos del sujeto con su medio microsocial, los grupos de pertenencia y de referencia, con especial énfasis en la familia y el grupo de pares.
El sujeto corta los canales de comunicación, se aísla y en ese aislamiento expresa su enfermedad a través del consumo desustancias. La adicción no es la enfermedad, sino la manifestación de un  trastorno psíquico.

El consumo de drogas será entonces el síntoma de una enfermedad psíquica.
Si se asume esta perspectiva, se afirmará:CONSUME PORQUE TIENE PROBLEMAS FAMILIARES.

En consecuencia, la prevención no reconoce como propósito exclusivo evitar el uso de drogas, sino intervenir en la modificación deactitudes y comportamientos.
La propuesta no es abstencionista, sino que consiste en una prevención inespecífica, que incluye acciones tendientes al desarrollo de actitudes de autocuidado y al mejoramiento de las relaciones interpersonales. La prevención deja de apuntar únicamente al tema drogas para inscribirse en un marco más amplio, en el campo de la salud mental.

La transmisión de información no es la tarea principal, sino que se trabaja a partir de técnicas que mejoren la comunicación intra e intergrupal, que refuercen la autoestima y favorezcan la asunción de nuevos roles.
El supuesto que funda y sostiene estas prácticas de prevención inespecífica afirma que la disminución de las situaciones de conflicto individual y grupal reducirá la demanda de drogas junto con otras problemáticas (violencia, fracaso escolar, etc.).
Surge la figura del Tallerista, quien tendrá por función tender a facilitar la comunicación del grupo. En el caso de la institución educativa, el proyecto no se dirige a la comunidad educativa en su conjunto, sino a un curso en particular, ya que el universo de estas propuestas es micro grupal.

4. Modelo Socio-Cultural

Para el Modelo Socio Cultural, el contexto es el eje del problema y por lo tanto, la lectura se efectúa desde una dimensión macrosocial.
Es enel medio social donde deben buscarse las causales del consumo de drogas, entendiendo por social a la sociedad toda.

Aquí se toman en cuenta las características de la estructura social, señalando los rasgos de la sociedad contemporánea y definiendo como determinantes los factores culturales y socio-económicos.
Es la presión ejercida por estos factores sobre el individuo lo que conduce al consu-mo de drogas, leído éste como forma de evadirse de una realidad que es vivida como insoportable.
“La droga como evasión de la realidad”
Nuevamente aquí aparece la caracterización del uso de drogas como síntoma, pero no ya en términos psicopatológicos, sino sociales, como manifestación de las “disfunciones” del sistema.

El consumo de drogas será, entonces, un síntoma social.
Este enfoque comenzó a tener vigencia a inicios de los años ‘70, admitiendo dos vertientes, según se tratase de los países centrales o periféricos.
– En el caso de los países centrales, la lectura se circunscribe a los jóvenes, y el uso indebido de drogas constituye el síntoma evidente de una patología social característica de las sociedades industriales, cuyo desarrollo obstaculiza el verdadero florecimiento de la personalidad juvenil.
Se acuña el concepto de inadaptabilidad de los jóvenes a las condiciones sociales. Consumir drogas es síntoma de una sociedad en crisis. No se trataría de enfermos como en el modelo anterior, sino de individuos a los que la sociedad no les ha permitido desarrollarse plenamente.

– En el caso de los países periféricos, el modelo socio cultural no asoció las drogas a una actitud contestataria juvenil, sino las drogas a la pobreza.
Esta perspectiva remite la prevención al campo de la acción social, reivindicando el mejoramiento de las condiciones de vida.Si se adoptara este enfoque, se podría decir:
CONSUME PORQUE SE QUEDÓ SIN TRABAJO.

Este modelo es muy interesante porque cuenta con una rica y acertada fundamentación teórica de tipo sociológico, pero no es aplicable en pequeños grupos ya que apunta a condicionantes estructurales.

Un proyecto preventivo construido desde este enfoque tendría como objetivo mejorar las deficiencias de la calidad de vida de las personas desde una perspectiva macro-social, y requeriría por lo tanto, la intervención en las políticas globales del Estado,  orientándolas a mejorar las condiciones de vivienda, de empleo, de acceso a la salud, la educación, la cultura, etc.

El proyecto abarca a la sociedad toda y puede tratarse, por ejemplo, de un plan nacional de alfabetización, de planes de construcción de vivienda, de generación de empleos, etc. La propuesta de prevención en los países económicamente más desarrollados, en cambio, consiste en orientar o promover la búsqueda de estilos de vida alternativos.

5. El Modelo Ético Social

En 1975, Helen Nowlis sistematizó los cuatros modelos hasta aquí descriptos.
A partir de su trabajo, se inició en Latinoamérica un análisiscrítico de los enfoques vigentes.El FAT (Fondo de Ayuda Toxicológica) de Buenos Aires presentó ese mismo año el Modelo Ético Social a la UNESCO.

Su perspectiva, inscripta en una sociología crítica, no niega la validez de los enfoques parciales anteriores, sino que los integra en una síntesis superadora.
Este modelo se refiere a la problemática del uso indebido de drogas y toma en cuenta no sólo la interacción de la tríada sustancia-persona-contexto, sino también la preocupación por la existencia, por el sentido de la vida.Considera que la enseñanza para la prevención de la drogadicción necesita de un “hilo conductor” a partir del cual la complejidad delos análisis adquiera sentido.

Para determinar los alcances de una “ética social” afirma que es necesario  construir  un proyecto grupal.
Plantea una ética social a partir de la cual es factible conducir un fenómeno o proceso histórico, sin dejar de lado la multiplicidad de significaciones que de por sí implica el análisis de la drogadicción en el mundo actual.

Tiene como premisas:
1) La felicidad es producto del  tiempo creador.
2) La  enseñanza preventiva en drogadicción debe dirigirse, preferentemente, a los educadores y padres.
3) La metodología de enseñanza debe tender a un “circuito de aprendizaje” que posibilite el desarrollo de un proyecto común entre educadores y alumnos.

Un grupo de profesionales de FAT, bajo la dirección del Prof. Dr. Alberto I. Calabrese, desarrolló el «modelo ético social». Dicho modelo fue presentado ante la UNESCO y recomendado por este organismo internacional como modelo de prevención primaria aplicable a Latinoamérica, y en especial a la República Argentina, en lo concerniente a la educación relativa a las drogas.

6. Modelo Multidimensional

El Modelo Multidimensional considera el consumo como un proceso multidimensional en el que interjuegan la sustancia (elemento mate-rial), los procesos individuales del sujeto (su posición en relación con la sustancia) y la organización social en que se produce el vínculo delos dos elementos anteriores, incluyendo las dimensiones política y cultural.
Se analizan los factores de riesgo y de protección como condicionantes que pueden, aunque no necesariamente, incidir en el consumo.

Por lo tanto, el modelo preventivo apunta a la interrelación dinámica entre las características individuales, las del entorno cercano (familia,grupo de pares, etc.) y las del entorno macrosocial.
Siguiendo a estos dos modelos es que nuestro enfoque plantea para la prevención una intencionalidad transformadora al problematizar el significado social del consumo de drogas.

Incorpora así la necesidad de articular acciones interdisciplinarias e intersectoriales, reivindicando el protagonismo de todos los actores sociales.
La prevención no distingue entre “preventores y desprevenidos”; la trama social se fortalece o se debilita merced a una acción conjunta.

De allí que intentar una aproximación al tema implica necesariamente prestar atención a los diversos mecanismos sociales puestos en juego y develar qué hay “más allᔠde la percepción social generalizada.

Desde esta conceptualización, la prevención no se concibe únicamente como una actividad linealmente orientada a la búsqueda de un efecto (reducción del consumo de drogas), sino como un replanteo global del lugar desde el cual el conjunto social encara la comprensión y la re-solución de sus problemas.

Por esto la prevención no se postula como una “lucha en contra de”, sino como “promoción”: promoción de alternativas, de protagonismo, de fortalecimiento de redes sociales, sentando sus postulados básicos en:
– el compromiso ético.
– la participación.
– la recuperación del sentido, siendo el tiempo libre el ámbito privilegiado por su posibilidad creadora.
– la construcción de un proyecto personal y articulado en lo grupal y social.
– la escucha como posibilitadora.
– la responsabilidad individual y social.

La noción de prevención tradicional se amplía con la educación preventiva, que incluye la prevención no específica, entendida como promoción comunitaria.
En lo metodológico postula una dinámica eminentemente participativa, circular, tendiente a la elaboración de un proyecto grupal.
Esto sólo puede concretarse a partir de promover y potenciar los proyectos individuales, inscribiéndolos al mismo tiempo en un proyecto común.La propuesta de este modelo es la de operar sobre la comunidad fomentando su integración en un proyecto solidario, alentando el trabajo en red en beneficio de la comunidad toda.
Un proyecto preventivo construido desde este enfoque tiene como objetivo el logro de la participación de la comunidad en actividades tendientes a la autogestión.

CAPÍTULO 4: ¿QUÉ PODEMOS HACER?
Prevención en la escuela, prevención en la comunidad.

La prevención es la preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo.
Es anticiparse a la aparición de un fenómeno por medio de la intervención sobre sus causas.

Es por ello que las causas que sean asignadas a los usos problemáticos de drogas determinarán los modelos de prevención que las guían.

Las miradas parciales o clásicas de prevención se centran en la advertencia y basan la propuesta preventiva en informar sobre las consecuencias y los daños del consumo de drogas.
Es una prevención diseñada sobre la base de modelos cargados de prejuicios, que se viene utilizando desde hace más de 50 años y ha demostrado claramente su ineficacia: vemos que el consumo de sustancias psicoactivas continúa en aumento a pesar de los denodados intentos de advertir sobre “los males que las drogas causan”.

Justamente ante el rotundo fracaso que han tenido las estrategias prohibicionistas, realizamos otra propuesta.
Estrategias que podrían ejemplificarse a través de consignas tales como “Decile no a la droga”, “Droga o vida” o “Por un mundo sin drogas” implican un tratamiento indiferenciado sobre cualquier tipo de droga, sin tomar en cuenta  la relación que el sujeto establezca con la misma, terminan, como ya hemos señalado, conduciendo a la pérdida de  credibilidad delmensaje.

Nuestra tarea busca en definitiva desalentar cualquier tipo de consumo problemático pero, por sobre todo, promocionar la salud, el cuidado del cuerpo y la construcción de proyectos de vida significativos.
Para ello creemos que hay que desacralizar las drogas, ponerlas en su verdadera dimensión de objetos.
Una vez adquirido un conocimiento serio sobre las sustancias, podremos adentrarnos en las múltiples causales que inciden en el consumo, en los consumidores.

Los problemas relacionados con el uso de sustancias no deberían abordarse como problemas legales, ni médicos, ni psicológicos (aunque pueda ser necesario ahondar en éstas y otras perspectivas para comprenderlos) cuando el escenario en el que se despliegan es el comunitario.

Por esta razón, entendemos que nos hallamos frente a problemas que surgen y se expresan en la interacción entre personas, cuya dinámica está atravesada por factores personales, sociales, organizacionales.

De allí la necesidad de ejercitar prácticas de opinión, de escucha, de respeto por la palabra de otros, para poder pensar y aceptar propuestas diferentes a las propias, con distintos valores y creencias. Estas alternativas de acción brindan la posibilidad de construir respuestas institucionales coherentes que cuiden a las personas pertenecientes a la institución, saliendo de las habituales conductas de obedecer o transgredir.

En los últimos años se le ha asignado a la educación un lugar privilegiado en toda acción preventiva. En el caso del consumo problemático de drogas, también consideramos que la escuela es una institución que mucho tiene por hacer para el cuidado de los jóvenes, por ser el lugar donde niños y adolescentes pasan la mayor parte de su día, por ser el espacio en donde se vinculan socialmente con su grupo de pares y con los adultos, por ser un proyecto de realizaciones o fracasos, por ser en definitiva el sitio donde pueden empezar a construir proyectos de vida.

Y al entender el tema de las adicciones como una problemática social, construir y defender espacios de salud  se convierten en un verdadero desafío comunitario, del que la escuela debe ser protagonista.

Así entendida, la prevención es promoción:
se trata de lograr una situación útil para la satisfacción de la salud y de las apetencias en función de la posibilidad de construir un proyecto vital. Prevención no es prohibición ni advertencia, sino posibilidad.

¿Qué podemos hacer para prevenir?

Abordar las temáticas del consumo de sustancias no implica entonces, solamente actualizar información sobre las drogas, sino discutir ydar lugar a aprendizajes más globales e inespecíficos referidos a formas alternativas de organizar las experiencias de un modo más saludable.

Esto compromete procesos a más largo plazo, ya que incluye el trabajo con valores, actitudes, comportamientos. Se trata de la construcción deuna “cultura del cuidado”, como la instauración progresiva de reglas de juego que posibilitan una mejor calidad de vida institucional.

Es importante:

– conocer la problemática de las drogas.
– hablar del tema con nuestros alumnos.
– participar y fomentar la participación y el debate en todos los ámbitos donde desarrollemos  nuestras actividades.
– asumir y fomentar la asunción de un verdadero protagonismo.
– escuchar y tener en cuenta las demandas de nuestra comunidad.
– formar a los niños y jóvenes para que desarrollen un estilo de vida positivo, saludable y autónomo.
– fomentar en los jóvenes la autodeterminación, la responsabilidad y la confianza en sí mismos.
– ayudar a que desarrollen valores firmes y positivos.
– ofrecerles modelos saludables.
– fomentar que adultos y jóvenes formen parte del proceso de tomar decisiones.

La clave en cada caso se encuentra en una movilización solidaria, creativa, que recree lazos afectivos y aglutine transformando esta situación que, de no ser conjurada por propuestas de la comunidad, sólo daría lugar al miedo y a la inoperancia

.Necesitamos prestar atención a:
•  Saber escuchar para captar las verdaderas demandas.
•  Fortalecer nuestro criterio y el de todos aquellos que necesiten de este esfuerzo preventivo.

En cada comunidad encontraremos distintas pulsiones y necesidades que requieren tanto de la imaginación del docente como del alto gradode participación del grupo para elegir los tipos de acción que la comunidad necesita.

Puede tratarse de organizar un taller que libere a los participantes de ciertas maneras del prejuicio; de  un taller creativo, de una acción recreativa; de un microemprendimiento que canalice funciones laborales, o aquellos otros que surjan como demanda del grupo.

Esto no implica que dejemos de lado la respuesta adecuada a las preguntas concretas sobre las sustancias y su ingesta, pero lo que cambia es el marco. Y esto es muy distinto a empezar y terminar con las sustancias.
La clave más importante es que las drogas no deben ser las protagonistas.

El desafío mayor es la responsabilidad, la autodeterminación, el contacto con el otro, el compromiso con la realidad y con la gente y el darse cuenta, además, de que no hay una fórmula para hacerlo. Se trata de una prevención inespecífica que genere hábitos y conductas saludables y la posibilidad de establecer proyectos individuales y colectivos.

Todo ello combinado con el hecho de sostener nuestro rol de adultos, nuestro rol docente.
Escuchar y posibilitar no implica ser  “pares”, “compinches”, “amigos”, sino conservar un lugar de saludable asimetría. El rol del docente como guía, como maestro.

Principales agentes preventivos

Así como hay factores que predisponen y desencadenan el uso problemático de sustancias, también hay factores preventivos. Los principales son la familia y la comunidad.

– La familia:
•  Sirve de modelo para el aprendizaje de conductas, actitudes y valores.
• Orienta y apoya el proceso de desarrollo de la infancia, favoreciendo el proceso de crecimiento y maduración.
•  Coopera en las estructuras de participación para mejorar los recursos e intentar solucionar los problemas que surjan en la comunidad.

La clave es la comunicación familiar, por eso tengamos en cuenta:
•  la capacidad de escuchar.
• la expresión libre de opiniones y sentimientos.
• el respeto al punto de vista del otro.

– La comunidad:
La sociedad en su conjunto puede tomar medidas preventivas, porque las razones del consumo problemático de drogas están vinculadas con nuestras dificultades sociales, cotidianas y crecientes. La caída de valores, la falta de credibilidad en las instituciones, incluso la escolar, la incertidumbre laboral y el desempleo hacen mucho por la difusión y expansión del fenómeno.

Cada uno de nosotros tiene algo que aportar desde nuestro rol:
• Fomentar conductas saludables en la comunidad.
• Formar distintos agentes sociales en materia de prevención del consumo problemático de drogas.
• Mejorar, canalizar y aumentar las actividades de ocio y tiempo libre.
• Promocionar prácticas de cuidado de uno mismo y de los otros

Es interesante repensar como docentes términos tales como  salud, norma, utilización del tiempo libre.
La idea es abrir un espacio de reflexión para el docente, que muchas veces se siente solo, aislado y presionado, ante una sociedad con valores en crisis y con mensajes contradictorios, que, por un lado le exige que mantenga una tarea histórica que es la recreación y transmisión crítica de la cultura y de los valores, pero que por el otro, no se pone de acuerdo respecto de cuáles serían estos valores.

En esa encrucijada crítica en la que se encuentra la escuela, el docente, como adulto de nuestra comunidad, no puede recurrir a la formación académica que recibió, en el marco de la cual no se aborda en qué consiste la tarea del agente de salud. Entonces, la creencia es que hay que aprender algún contenido, o bien que tienen que venir los especialistas a decirles aquello que hay que hacer.

Pretendemos que los docentes puedan darse cuenta de que ésta es una tarea de todos y de la escuela –formando parte de ese todo-, diferenciando la actividad de prevención de la actividad de asistencia y analizando críticamente la creencia de que el único rol de la escuela es el de “detectar y derivar”, desvalorizando así la riqueza de posibilidades de promoción de la salud que tiene la actividad escolar en sí misma, en el día a día en el aula, incluso sin la necesidad de tener que hablar de las drogas.
Les proponemos adentrarnos en este desafío.

Para ello se requiere interactuar con los reales protagonistas de la prevención, la familia el joven y la comunidad, para el replanteo de susroles específicos y la valorización de sus propuestas, a partir de la circularidad del mensaje con plena participación de los interesados, para la comprensión del fenómeno, el cambio actitudinal ligado a lo afectivo y la participación en proyectos individuales y grupales.

Tal como plantea el Modelo Ético Social,
“El mensaje se construye en sucesivas elaboraciones del grupo.
No es vertical: el que ‘sabe’ informa a los que ’no saben’, sino circular en un mensaje en el que aprendemos todos”.
A partir de la posibilidad de escucharse, de confrontar y de ir elaborando grupalmente un saber que de algún modo es de todos y no es de ninguno, este modelo de experiencia compartida es con el que mejor se transfiere y es con el que mejor se toma conciencia de la posibilidad de construir juntos.

La escuela es un ámbito de prevención

La escuela constituye una parte fundamental de la experiencia de vida de los  niños y adolescentes. Por ese motivo, en la medida en que di-cha experiencia resulte significativa, en sí misma formará parte de lo que podríamos denominar “prevención inespecífica” o, en otros términos, aquella prevención que no alude directamente a un determinado objeto.

Se trata de promover condiciones que favorezcan el bienestar de todos sus miembros, de hacer de la escuela un lugar que efectivamente aloje a los jóvenes.
Tal como señala Rafael Gagliano (2005):
[…] Agasajar, dar la bienvenida, hacer lugar, ofrecer una silla a la mesa son todas actividades que involucran esfuerzos, tensiones, presupuestos, aprendizajes, reconocimientos.
Toda política para adolescentes se inicia con su reconocimiento, con la aceptación incondicional por el esfuerzo de renacer y ser otro, conservando la memoria del que fue niño.
Muchas adolescencias en la Argentina de hoy sencillamente no son reconocidas y los jóvenes atraviesan vidas devaluadas porque nadie los ve, nadie los inscribe y les hace pertenecer a un nosotros diverso y plural (…) la adolescencia es un sistema complejo de adioses, de dolorosas despedidas (…)  los adolescentes recorren angustiantes corredores de un laberinto en el que, muchas veces, están absolutamente solos (…) un adiós que conoce, una despedida fundada en el conocimiento, sólo es posible cuando aquel/aquello de quien nos separamos fue en su momento bienvenido.
(Gagliano, Rafael, «Esferas de la experiencia adolescente. Por una nueva geometría de las representaciones intergeneracionales» en Anales de la Educación Común.)

Hannah Arendt (2003) refiere al lugar de los adultos en relación con las nuevas generaciones:
La educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo dela ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes, sería inevitable.
También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, no quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la tarea de renovar un mundo común.
(Arendt, Hannah (2003). Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre reflexión política. Barcelona, Editorial Península. pp. 301)

Se trata de tender hacia la democratización de las relaciones sin por ello resignar la asimetría que implica el lugar de los adultos como responsables de la protección y el cuidado de niños y jóvenes. Todo ello en el marco de la reflexión acerca del lugar que hoy ocupa la experiencia escolar en la vida de los jóvenes ante las nuevas condiciones de producción de la subjetividad, y la conformación de nuevas identidades juveniles.

Tenemos la profunda convicción de que sólo desde una escuela en la que tengan lugar las problemáticas, inquietudes, necesidades e intereses de los jóvenes, será posible generar un ámbito propicio para la construcción de prácticas de cuidado de uno mismo y de los otros.

Justamente el camino de la promoción de la salud es aquel en el cual todos adquirimos protagonismo, tanto desde la tarea específica dirigi-da al problema (capacitación, cursos, jornadas, talleres, etc.) como desde la dimensión inespecífica, de promoción social, a través de mecanismos participativos en el ámbito laboral, cultural, comunitario. Sabemos que esto conlleva ir en contra del habitual mecanismo de una fórmula que acabe de una vez y por todas con el peligro, pero sabemos también que esas fórmulas han demostrado su inutilidad.

Por cuanto estamos ante a un verdadero problema social o ante un epifenómeno del mismo, las respuestas deben ser sociales.
Cuanto mayor sean la participación, el interés, el protagonismo, en definitiva, el hecho de sentirse parte desempeñando un rol activo, acariciando un proyecto y sabiendo que el mismo encaja en un esquema social, menores serán las posibilidades de consumos problemáticos.

Quienes somos responsables de llevar a cabo acciones preventivas debemos tener en cuenta que para asegurar su efectividad, hay que lograr comprometer al grupo, alentando y poniendo en juego  la necesidad de participación y pertenencia  grupal característica de los jóvenes. Los destinatarios, nuestros alumnos, desempeñarán un rol clave en la materialización de cualquier propuesta.

Es fundamental que compartan la tarea, se comprometan y puedan identificar que la situación en que se encuentra el problema del consumo de sustancias psicoactivas es parte de una problemática mayor.
La temática de las drogas deja así de ser el único foco de atención grupal y aparece como una problemática más.
“La droga” es desmitificada; se la despoja de sus mágicas propiedades.

La cohesión no se realiza a través del miedo frente a algo que se nos impone, sino a través de las potencialidades creativas del grupo.Lo que se busca es propiciar un espacio de prevención que no esté aislado de las actividades cotidianas, sino incorporado a todas las que se realizan.  La Prevención debe ser un hecho cotidiano.

Respecto a las Actividades

Las actividades para realizar con los jóvenes, deben seguir el modelo de la línea preventiva de nuestra propuesta. El coordinador analizará su realización en función del grupo y sus inquietudes.En ninguna de las actividades se pretende atemorizar, sino todo lo contrario. Tampoco se trabaja específicamente sobre las sustancias, no se las describe ni se habla de sus efectos (salvo que sea necesario)

Todas éstas son actividades que tienden a favorecer la reflexión y a estimular la participación grupal y la colaboración.
Se procura un análisis crítico de las situaciones planteadas, de consumo en general y de la ejercitación conjunta, consensuada y reflexiva en la construcción de proyectos.
En este sentido, se trata de alentar el desarrollo de actitudes y capacidades que promuevan la reflexión para la toma de conciencia respecto de la existencia de problemáticas que atraviesan a toda la sociedad, y por lo tanto también a la comunidad educativa.
Lo que aquí se pretende, a través de la acción preventiva, es valorar la escucha a fin de buscar valores potenciales, desestructurar modelos preexistentes, tomar conceptos, prejuicios y opiniones, mediante la utilización de un modelo de comunicación de tipo circular participativo, reelaborarlos.

Así se construye socialmente el conocimiento, y aquél que tiene la responsabilidad de llevar a cabo la acción preventiva abandona el lugar del saber absoluto, favoreciendo el protagonismo grupal, el reconocimiento de las potencialidades, la promoción de alternativas y el fortalecimiento de las redes sociales.Es también a través de la educación como espacio compartido que se transmiten y desarrollan valores.

Actividades sugeridas: (Sólo indicamos algunas y resumidas a título de ejemplo, extraídas del libro)

-Análisis de las publicidades que inciden en el consumo de drogas legales o sugieren las ilegales. Que reflexionen y consideren cómo el producto mismo genera esa necesidad insatisfecha, y que posiblemente no era tal antes de la publicidad.El Coordinador deberá juntar artículos de revistas o periódicos donde haya propaganda de remedios, alcohol, tabaco, café u otros.Dividirá a los alumnos en grupos, a cada uno de los cuales les entregará un anuncio para reflexionar acerca del mismo. –

– Análisis en grupos de las diversas necesidades de la comunidad y de las formas de colaborar para resolver ciertas situaciones. Fomentar el diálogo, la participación y el protagonismo desde valores de escucha, solidaridad, compromiso social, etc.

– Análisis del tema específico “drogas”. En esta actividad, deseamos que se pueda hablar muy cuidadosamente acerca del tema del consumo de las drogas, cuestionando algunos de los prejuicios abordados en este cuadernillo e informando sobre las drogas de mayor incidencia en la población.
Objetivo:. Que los alumnos comiencen a ejercitar una visión crítica de la realidad.. Que puedan reconocer preconceptos existentes en ellos o bien en la sociedad.. Que tomen conciencia de la posible peligrosidad de las drogas legales e ilegales.
– Se puede clasificar cada una de las siguientes frases según:. estás totalmente de acuerdo. acuerdas parcialmente. estás en desacuerdo
• La drogadicción es una problemática exclusivamente de los jóvenes.
• Los remedios no son drogas.
• Las drogas permitidas no hacen daño.
• La drogadicción es el mayor flagelo de nuestro tiempo.
• El alcohol es la droga de mayor consumo en nuestro país.
• El consumo de marihuana ya no es un delito
• Si un chico tiene problemas con las drogas es mejor que no siga viniendo al colegio.
Etc.

En la versión impresa del libro, editada por Troquel, se encuentra muchas actividades especiales para docentes, las que en general consisten en una reflexión sobre los conceptos del libro y análisis de la realidad local, con artículos y textos apropiados, ejemplos, etc.

BIBLIOGRAFÍA

Arendt, Hannah (2003). “Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre reflexión política” Barcelona, Editorial Península.
Barovero, Miryam, Seminaro Roxana M. y otros. “Prevención primaria para el uso indebido de drogas. Usos en las prácticas de las ONGs de laciudad de Córdoba”. Tesis de Grado. Universidad Nacional de Córdoba. 2003.
Boccia, Carlos y Calabrese, Alberto, “Apuntes sobre farmacoependencias”, en Publicación Técnica Nº 2 del Fondo de  ayuda Toxicológica. Buenos Aires, República Argentina.
Calabrese Alberto I. y profesionales del FAT (1976). “El Modelo Ético Social”, Boletín de la Comisión Nacional Argentina de Cooperacióncon la UNESCO (10).
Calabrese Alberto (1992). Una visión actual sobre los modelos   preventivos en en Publicación Técnica Nº 20 del Fondo de Ayuda Toxicológica. Buenos Aires, República Argentina.
Calabrese, A. y Ryan, S. (2001). “Las adicciones y su prevención, en un marco reflexivo y de derechos”. UNICEF.
Calabrese, Alberto (1992). “Una visión actual delos modelos preventivos”, en Publicación Técnica Nº 20. Fondo de Ayuda Toxicológica.Castel, Robert (2004). La Inseguridad Social. Editorial Manatial. Buenos Aires.
Carballeda, Alfredo (2004). La intervención en lo social y las nuevas formas de padecimiento subjetivo. Artículo publicado en la Revista Escenarios. ESTS. UNLP.
Carballeda, Alfredo (2002/2005). La Intervención en lo Social. Editorial Paidós. Buenos Aires.
De Olmo, Rosa (1996): “Prohibir o domesticar” Políticas drogas en America Latina. Debate en torno a la Legalización.  Editorial Siglo del Hombre.
Estévez, Miguel, “Las drogas psicoactivas” en Publicación Técnica Nº 27 del Fondo de Ayuda Toxicológica. Buenos Aires.
Gagliano, Rafael (2005). “Esferas de la experiencia adolescente. Por una nueva geometría de las representaciones intergeneracionales” en anales de la Educación Común.
González, José Luis (1988): Farmacodependencia: un recorrido en prevención. En: El Problema de la Drogadicción. Enfoque Interdisciplinario, 1á 1º edición. Paidós, Buenos Aires.
González Zorrilla, Carlos (1987). “Drogas y Control Social” en Poder y Control Nº 2, Barcelona, Pág. 49 a 51.
Kessler, Gabriel (2004). Sociología del delito amateur, Buenos Aires, Paidós.
Konterllnik, Irene (1998): “La participación de los adolescentes ¿Exorcismo o construcción de ciudadanía?”. UNICEF.
Nowlis, Helen, (1975). “La verdad sobre las drogas” Editorial de la UNESCO.
Pappalardo, Manuel H. (1988). “Drogas y otros artificios en el deporte”, en Publicación Técnica Nº 19 del Fondo de Ayuda Toxicológica. Buenos Aires, República Argentina
Rivero, Mónica; Ryan, Susana y Touzé, Graciela (1992). “La capacitación docente, como estrategia preventiva”, en Publicación Técnica Nº18 del Fondo de Ayuda Toxicológica. Buenos Aires,República Argentina
Rossi Diana (1990). “Informe de avance: Farmacodependencia y SIDA. Análisis de los proceso de rotulación de pacientes internados en institutos de menores”, Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
Ryan, Susana; Touzé, Graciela y otros (1990). Marco teórico “Adicciones”. Dirección de Capacitación, Perfeccionamiento y  Actualización Docente de la Secretaria de Educación. Munici-palidad de la Ciudad de Buenos Aires, Mimeo.
Touzé, Graciela (1992). “Modelos de prevención”, tomado del Primer Programa de Capacitación No Presencial “Modalidades de Interven-ción en la Prevención y Disminución del Uso Indebido de Drogas”. Fundación Convivir, Bue-nos Aires. Unidad temática: Modelos de Prevención.
Touzé Graciela (1992). “Prevención y alternativas de rescate del sentido de la vida” en La Calidad de Vida de la Persona: Desafío Actual del Nuevo Milenio. Santiago de los Caballeros, Editorial PUCMM
Touzé, Graciela (2005). “Prevención de adicciones. Un enfoque educativo” Ed. Troquel. Argentina.UNESCO (1973). Informe de; “Seminario sobre los jóvenes y el uso de las drogas en los países industrializados”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *