Drogas: Prevención del consumo. a- Problemática. Preconceptos. Información científica. Touzé

PREVENCIÓN DEL CONSUMO DE DROGAS  EN LA C0MUNIDAD EDUCATIVA.

A- Problemática. Preconceptos, Prejuicios, Información Científica

Graciela Touzé. Edición especial on line por el Ministerio de Educación, Argentina. Ofrecemos este magnífico trabajo que nos da una visión integral de la problemática de las drogas y su adicción, con énfasis en la acción de la comunidad educativa.

PRESENTACIÓN

Este material se inscribe en el marco de las acciones que estamos desarrollando ante un nuevo desafío que asume el Ministerio de Educación: la prevención del consumo problemático de drogas desde el ámbito educativo, con un enfoque integral que promueva la salud de todos.

Nuestro objetivo es hablar de salud, de proyectos, de realizaciones individuales y colectivas. No queremos referirnos específicamente a las sustancias, porque entendemos que no es ése el camino.
Las aproximaciones y herramientas habituales de prevención basadas en un prohibicionismo a ultranza, que promueven el miedo, tanto a perder la libertad como a perder la salud y aun la vida, han demostrado ser ineficaces a la luz de los resultados obtenidos hasta el momento.

Sabemos que la exclusión social, económica y cultural generan condiciones que claramente predisponen para el abuso y la dependencia a las drogas. Desde el Estado nacional junto con los Estados jurisdiccionales estamos luchando contra estas condiciones.

El trabajo por la inclusión educativa se inscribe en ese proyecto de país, y para ello resulta vital avanzar en la construcción de vínculos significativos con los niños y jóvenes que posibiliten que los adultos construyan una escuela donde se expliciten los problemas, los intereses y las necesidades juveniles. Sólo así podremos desarrollar prácticas de cuidado de cada uno y de todos.

Para ello privilegiamos tener hacia cada niño, niña y adolescente una mirada y una escucha activas. Se trata de percibir las necesidades que se plantean en cada uno de ellos, en la escuela y en la comunidad donde ésta se halla inserta,reflexionar sobre demandas y trabajar en las dificultades a partir de la participación de los jóvenes y de los adultos en proyectos de realización individual y colectiva.

Queremos llegar a ustedes, con información cierta y confiable sobre las sustancias, sobre los factores que intervienen en un uso problemático y con propuestas sobre lo que todos nosotros, como parte de la comunidad, podemos hacer.
Necesitamos hablar del tema, sin prejuicios ni tabúes, desarmar preconceptos que nos inhabilitan para entender y, por lo tanto, reducen nuestra capacidad de promover en los niños y jóvenes conductas saludables, para ellos y para toda la comunidad.

UN ACERCAMIENTO A LA PROBLEMÁTICA DEL CONSUMO-DE DROGAS.

El consumo de drogas es un tema que presenta múltiples aristas, y en tanto tal requiere ser abordado en forma interdisciplinaria, desde los distintos campos del saber involucrados, evitando caer en explicaciones simplistas o deterministas, cuando no fuertemente connotadas por representaciones y prejuicios propios del “sentido común”.En sus problemáticas, intervienen factores de orden individual y social, que no pueden ser considerados en forma aislada, sino que requieren una mirada integral.
Aspectos tales como las diferentes subjetividades y las condiciones en las que ellas se producen, marcos éticos y culturales, conocimientos científicos socialmente disponibles, marcos jurídicos, condiciones socioeconómicas, entre otros, no pueden ser soslayados si se desea trabajar la problemática con la complejidad que merece y exige.

De ello se desprende que es necesario superar, de manera crítica, las representaciones y los prejuicios sociales con los que habitualmente se tiñen los discursos sobre las drogas y sobre quienes las consumen., ya que suelen sustentarse en concepciones irracionales que, a su vez, generan discriminaciones de diversa índole.

Resulta imperioso reconocer que existe desinformación sobre esta problemática en la población en general, pero también entre docentes y profesionales de la salud, lo que conduce muchas veces a prácticas e intervenciones que pueden ser profundamente discriminatorias, estigmatizantes,inconducentes, cuando no iatrogénicas.

En primer lugar, consideramos que debemos cuestionar la relación mecánica y directa que se establece entre el consumo de drogas y la adicción, como así también la idea de que el consumo de drogas genera necesariamente problemas para el usuario o en su grupo o comunidad.

Del universo de personas que consumen sustancias, una inmensa mayoría no incurrirá en consumos problemáticos, sólo en un grupo relativamente pequeño en proporción al universo de consumidores el uso adquiere características problemáticas.
( Documento sobre Usuarios de Drogas y las Políticas para su Abordaje, del año 2009, elaborado por el Comité Científico Asesor en Materia de Control del Tráfico Ilícito de Estupefacientes, sustancias psicotrópicas y Criminalidad Compleja, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos)

Y es precisamente en este grupo donde el consumo atenta contra la salud y la construcción de proyectos de vida.
Esta perspectiva reconoce que existe un uso que puede ser problemático.
Tales son los casos de consumos compulsivos, (un impulso irresistible por consumir, que no puede dejar de realizarse y cuyo correlato es la adicción), pero también otros usos en los cuales no hay compulsión ni adicción, como por ejemplo el simple hecho de probar sustancias de alto nivel de riesgo para la salud, sin información y sin precauciones, o la exposición a situaciones en las que el consumo de por sí no sería problemático, pero que por la situación en la que se realiza o por la cantidad que se consume termina siéndolo, como, por ejemplo, el conducir un vehículo en estado de ebriedad.

Ahora bien, así como con toda evidencia existe un consumo-problemático, no necesariamente todo consumo tiene estas características, porque no se trata únicamente de las sustancias consumidas, sino del vínculo que los individuos establecen con ellas en un contexto determinado.

Y en este sentido, es preciso considerar con especial énfasis a los sujetos y ya no las sustancias, lo que permite inferir que la probabilidad de que se establezca una relación problemática con las drogas aumenta considerablemente en sujetos que se hallan en situación de vulnerabilidad bio-psico-social.
Si se aborda la adolescencia en su dimensión de construcción de identidad, autonomía y ejercicio de la ciudadanía puede afirmarse que los jóvenes atraviesan una particular etapa de transición que los hace particularmente vulnerables y esta vulnerabilidad es mayor en los miembros de este grupo etario que además son pobres.

Entre estos últimos, las carencias y desventajas que son transitorias para otros se convierten en definitivas (exclusión de servicios de salud, de educación, de acceso a bienes culturales y de acceso al mercado formal-de trabajo entre otras) y el vacío de derechos que enfrentan impiden la construcción de un proyecto de vida. La realidad nos muestra que la población más expuesta o vulnerable al consumo problemático es cada vez de menor edad, más pobre y más des-protegida socialmente, y es la que padece mayor aislamiento social.
El reconocimiento de su situación de vulnerabilidad de ningún modo implica afirmar que el consumo problemático de drogas es un asunto exclusivamente de los jóvenes, ni de los pobres, ni de los jóvenes pobres.
Por otra parte, no pueden estar ausentes a la hora de pensar esta problemática algunas reflexiones acerca de las condiciones de producción de subjetividad en nuestra época actual.

En las últimas décadas, la aplicación de políticas neoliberales produjo procesos de exclusión que trajeron aparejada una importante fragmentación social y el aumento de la violencia estructural. Esto impactó en las instituciones propias de la modernidad: el Estado, la escuela y la familia, y en los modos en que sus actores se relacionan entre sí.Estas instituciones tuvieron en su momento alta eficacia en tanto reguladores simbólicos de los vínculos sociales.

Tomemos por ejemplo la escuela. La escuela de antes, en tanto que significaba la promesa de un futuro mejor, tenía un alto valor simbólico que otorgaba autoridad a la figura del docente.
En la escuela de hoy, las bases mismas del ejercicio de la autoridad de los adultos están siendo cuestionadas. Los dispositivos que regulaban las relaciones entre los adultos y las nuevas generaciones han dejado de ser significativos y, por lo tanto, efectivos.

Desde los años 60, el consumo de sustancias psicoactivas ha ido en continuo aumento.
Sin embargo,es a partir de los años 90 que esta problemática se convierte en una clara manifestación sintomática de malestar, asociándola progresivamente y cada vez con más fuerza a otros conflictos sociales, tales como la violencia, la deserción escolar, la delincuencia, el VIH SIDA.

La forma que asume el rechazo social al aumento del consumo de drogas en la población juvenil surge de analizar el fenómeno de manera aislada y parcial, sin considerar que el mismo se da en un contexto caracterizado por el estímulo de prácticas de consumo desenfrenado e indiscriminado, en el seno una sociedad que precisamente tiene al consumo de bienes y servicios como base de sustento económico y como fuente de su crecimiento.

Cotidianamente, desde los medios masivos de comunicación y desde los grupos de pertenencia, se fomentan la compra y el uso de bienes no estrictamente necesarios, si no a efectos de “ser”, “pertenecer”, en síntesis, “tener para ser”.
Así, se promueve la satisfacción individual a partir de prácticas regidas por la inmediatez, que cobran mayor envergadura ante un contexto de crisis de las figuras de autoridad y ante la dificultad de los sujetos para encontrar y orientarse por ideales.

Por un lado, entonces, experimentamos esa presión, la presión para consumir cada vez más, pero por el otro, se pretende impedir un consumo en particular, por juzgarlo como malo o dañino para el individuo, para la sociedad toda.
Esta actitud resulta claramente contradictoria, produciéndose en consecuencia una evidente fractura entre un discurso y otro.
Como sociedad, estamos alentando el consumo generalizado de todo tipo de bienes y servicios pero al mismo tiempo intentamos prescribir el no consumo de las drogas, bajo el alerta permanente sobre los riesgos y daños de todo calibre que trae aparejado, además de los castigos de toda naturaleza.

Y para ello, hacemos foco en los jóvenes sin considerar lo involucrados que estamos los adultos en esta contraposición entre el decir y el hacer, entre el prescribir hacia los jóvenes el no consumo, en tanto éste se realiza en la población adulta.

Por otra parte, el aumento continuo del uso de drogas se ha visto agravado con la búsqueda de salidas a través de respuestas penales y represivas, estigmatizando como delincuente a la persona consumidora, lo que conduce a mecanismos que en nada ayudan a una toma de con-ciencia global, porque sitúan el tema de tal manera que permite que se lo considere como un problema de otros, alejado de lo cotidiano, sobre el cual la sociedad en general no tiene nada que ver o,nada puede hacer .

En cambio, si se toma en cuenta el consumo problemático de drogas en el día a día y se reconoce su difusión en distintas clases y estamentos sociales, éste se convierte en un verdadero problema social en el cual todos podemos y debemos tener participación.
Con el fin de colaborar en la toma de conciencia crítica por parte de la comunidad educativa sobre el consumo problemático de drogas,iniciamos una serie de actividades entre las cuales se encuentra la de difundir conceptos que creemos centrales a la hora de promover un espacio saludable para los niños y jóvenes de nuestro país.

CAPÍTULO 1: ALGUNOS PRECONCEPTOS Y PREJUICIOS

Para poder pensar el tema del consumo de drogas en toda la complejidad que posee y aportar luego, desde el lugar que nos toca ocupar en la comunidad educativa, ideas y comportamientos que colaboren a reducir la problemática, debemos primero despojarnos de ciertos prejuicios y preconceptos muy arraigados en la sociedad.
Éstos surgen de un gran desconocimiento, agravado por conocimientos falsos presentados como validados, y por una aproximación superficial y prejuiciosa a la temática. Lo grave de ello es que estas representaciones sociales terminan marginando y responsabilizando a los individuoso a las familias de comportamientos de los que, como sociedad,también somos responsables.

Estos estereotipos y prejuicios se encuentran presentes y se sustentan en los diferentes enfoques teórico ideológicos,–que abordaremos y desarrollaremos más adelante en este material- y se trasuntan lógicamente en las estrategias de prevención que cada uno de ellos presenta.
El objetivo de este primer capítulo es que la comunidad educativa adulta logre identificar los prejuicios y preconceptos articulados en los distintos discursos y en las diferentes prácticas, para reflexionar acerca de las propias actitudes y dirigirlas a integrar y no a discriminar,
a aclarar y no ocultar.

Se entiende por prejuicio a un juicio emitido con anterioriodad a la consideración del conocimiento cabal de un tema.
Sabemos que muchos de los obstáculos que debemos enfrentar para modificar las prácticas que no son efectivas a la hora de prevenir el consumo problemático de drogas se relacionan con nuestros propios prejuicios respecto del tema.
Por ello, entendemos que es necesario reconocerlos y trabajar con nosotros mismos a partir de su puesta en cuestión, de someterlos al más riguroso análisis a la luz de información científicamente validada.
Revisemos entonces, siquiera brevemente, los prejuicios y estereotipos más comunes y muy fuertemente arraigados que existen respecto del consumo de sustancias.

ESTEREOTIPOS

  1. Concepto monolítico de droga

El primer estereotipo se basa en el:concepto de droga mismo.
Se trata de considerar a las drogas como si fueran una sola, sin distinciones, sin especificaciones, asignando una relevancia preeminente a algunas de ellas (marihuana, LSD, cocaína, etc.), y prácticamente excluyendo del concepto, a otras tales como el alcohol, los psicofármacos, el tabaco, etc.).

Se agrupa entonces a los distintos tipos de sustancias bajo el concepto único de “droga”, siendo ésta siempre prohibida.
Subyace a este prejuicio el criterio,de legalidad o ilegalidad de las sustancias, sin que tal distinción tenga fundamento científico alguno, ni contemple el daño personal y/o social que produce, ni su mayor o,menor capacidad de generar dependencia. Son vistas como drogas sólo a las sustancias ilegales y se las considera además en bloque como “la droga”.

La ruptura de este estereotipo debería lograr que no se hable de “la droga” sino, en todo caso, de diversas sustancias con efectos distintos sobre la salud y con formas de consumo perfectamente diferenciadas.

Incluso una parte de los expertos en el tema, incapaces de argumentar el absurdo que supone unir lo que debería estar separado, es decir,atribuir a todas las sustancias los efectos de los opiáceos, y separar lo que debería estar unido, esto es, no considerar drogas a sustancias tales como el alcohol o los psicofármacos, ha elaborado otro tipo de explicación para mantener el mismo equívoco: las drogas legales no producen desviación.
Tal como si la desviación fuese una cualidad, intrínseca a determinados actos humanos y no el producto de un proceso interactivo entre el sujeto y el contexto normativo que define sus acciones como aprobadas o desaprobadas.
(González Zorrilla, Carlos, “Drogas y control Social», en Poder y Control Nº 2, 1987,Barcelona, pp. 49 a 51)

La ruptura del bloque “droga” debería lograr también que se reconozca a las drogas legales (tabaco, alcohol, psicofármacos) como posibles causantes de consumos problemáticos. Se suele considerar que las drogas ilegales producen una desviación social,mientras que las legales, como por ejemplo el tabaco, no lo hacen. Bajo esta afirmación, es necesario ver que “el tabaco no crea dificultades a la socialización precisamente porque previamente ha sido declarado ‘dentro de la norma’, encontrándose socialmente aceptado”. (González Zorrilla)

2- Fetichismo o demonización de la sustancia

El segundo de los estereotipos es el así llamado “fetichismo o demonización de la sustancia”, y consiste en la identificación de “la droga” con una especie de ente mágico, con propiedades casi demoníacas.Ese ente aparece como algo externo a la sociedad e “infecta al cuerpo social sano”.

Por lo tanto, al tratarse de un mal que infecta a los sujetos, se produce la identificación de la “droga como enfermedad”, lo cual resulta tranquilizador para la sociedad, ya que visualiza como causa de sus problemas a un agente externo, un agente extraño, tanto para el cuerpo social como para los propios sujetos que “son infectados”.
Frente a la “epidemia” de la droga, la actitud natural, siguiendo este eje de razonamiento, es la lucha contra el mal, la guerra contra las drogas.

La droga ha asumido el mismo papel que en la Edad Media ocupaba la peste (la heroína ha sido definida como “la peste blanca”), esto es, la de un mal extraño, causante de un terror irracional que dirigía sus ataques contra el peligro del contagio, dando caza a los posibles portadores de la enfermedad…( González Zorrilla)

La identificación de la persona adicta a las drogas con el enfermo, con el “drogadicto”, muchas veces considerado incurable, tiene además,el efecto de situar al sujeto en un papel pasivo e irresponsable. Este lugar que se asigna al consumidor dificulta indudablemente su recuperación.
También es grave otro de los efectos que deriva de este estereotipo. Al considerar a las drogas como demonios que infectan a los individuos, se juzga que es necesario aislar, marginar y excluir a la persona que ha sido contaminada, lo que agrava –de más está decir- su problema.

Identificándose en el rol del enfermo, el toxicodependiente no se ve obligado a escindirse, toda su debilidad se proyecta hacia afuera, sobre el virus de la toxicodependencia, y él puede considerar su propia personalidad como unívoca e integrada en todas sus partes. Es así como el toxicodependiente (…) puede considerar sus propias acciones más allá del propio control (González Zorrilla)

3- Problema de jóvenes

Por último, el tercer estereotipo es el que considera que el consumo de drogas es un problema de jóvenes.
Asocia las drogas con la cultura juvenil y con la desviación social.
Este estereotipo identifica al consumo de drogas como la expresión de una actitud individual o colectiva de oposición a la sociedad y afirmación de una cultura propia contestataria y al margen de las normas sociales, actitud típica de la juventud.

Sin embargo, hoy, el consumo de sustancias psicoactivas se encuentra más relacionado con la pretensión de inclusión social en el marco delos discursos del mercado de una sociedad consumista. Por ello, con frecuencia el consumidor ha dejado de ser una persona contestataria, para convertirse en una persona “hiperadaptada” a las pautas de consumo del medio y a las normas sociales que exigen un mayor rendimiento por parte del sujeto.

Tal y como se afirma en el Correo de la Unesco, en el año 1975:
“No existen problemas de la juventud, sino la repercusión de los problemas globales de la sociedad en los jóvenes”.

La identificación de “las drogas” con los jóvenes oculta, además, el creciente consumo de sustancias psicoactivas en la población adulta,tanto el de las-legales como el de las ilegales.
Por ello, el discurso de los adultos “sanos” hacia los jóvenes “enfermos” es rápidamente decodificado por los adolescentes como una gran hipocresía, desaprovechándose, de esta manera, una excelente oportunidad de prevención.Esta situación profundiza aún más la fractura que divide  el discurso adulto del discurso juvenil. Estas posiciones, muchas veces encontradas, obstaculizan la posibilidad de que adultos y jóvenes construyamos juntos una propuesta mejor.

CAPÍTULO 2: INFORMACIÓN CIERTA Y CONFIABLE. 

Comencemos por definir científicamente el término droga.

Droga es toda sustancia, que poco tiempo después de ser incorporada en el organismo, produce una modificación de sus funciones.
(Organización Mundial de la Salud. OMS).

Por lo tanto y desde esta perspectiva queda claro que son drogas muchas más sustancias que las que habitualmente nombramos como tales.
A partir de ahora, y porque es lo que habitualmente se considera al referirse al uso problemático de drogas, nos referiremos a las drogas psicotrópicas, que son las sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central, modificando las percepciones y/o las conductas.
Si consideramos las sustancias psicotrópicas, psicoactivas o psicomoleculares (a veces mal llamadas estupefacientes, pues los estupefacientes son en realidad un tipo de drogas psicotrópicas con efectos depresores sobre el Sistema Nervioso Central) podemos afirmar que:

Existen muchos tipos de drogas.
Además de la marihuana, la cocaína, el paco, el LSD y otras.
También son drogas el tabaco, el alcohol, las pastillas para dormir, las anfetaminas.
Algunas drogas son de origen natural, producidas a par-tir de vegetales (marihuana, alcohol) y otras son de origen sintético o artificial (ketamina, éxtasis) sin que esto implique que causen mayor o menor problema al momento del consumo.

Clasificación social de las drogas

Por clasificación social de las drogas, se entiende aquélla que la sociedad en un determinado tiempo y lugar establece como tal. La clasificación social divide a las drogas en:

– LEGALES: son las socialmente aceptadas, de producción y distribución dentro del circuito legal. Ejemplos de ellas son: el café, el mate, el tabaco, el alcohol.
Dentro de las legales también se encuentran los medicamentos, pero dado que algunos de ellos tienen requisitos para ser adquiridos, se los diferencia como sustancias legales reguladas o bien intermedias (puesto que requieren de la Intermediación de una receta debidamente extendida por un profesional habilitado).

– ILEGALES: son las socialmente prohibidas. La producción y distribución de estas sustancias se realizan a través de un circuito ilegal clandestino.
En nuestra cultura, por ejemplo, son drogas ilegales la marihuana, el paco, el éxtasis, la cocaína, el LSD, entre otras.La clasificación social de la drogas no se encuentra vinculada con las propiedades farmacológicas que éstas tienen ni con sus efectos sobreel organismo. Es una clasificación cultural por lo que la distinción entre drogas legales o ilegales no es universal.

Diferentes culturas permiten y prohíben drogas diferentes. Así, podemos ver que hay drogas que son legales en una cultura y se encuentran prohibidas en otra.
En los países islámicos es muy habitual fumar hachís, mientras que está prohibido tomar alcohol, vale decir, exactamente al revés de lo que ocurre en nuestra sociedad.
A veces tenemos la creencia de que si una droga es legal, no es dañina.

Sin embargo, las drogas socialmente aceptadas no siempre soninofensivas y pueden causar daño dependiendo de cuánto, cómo y dónde se las consuma. Además, es importante insistir y remarcar que  se puede padecer una adicción tanto a drogas legales como a drogas ilegales.

Clasificación científica de las drogas

Si bien en cada cultura existe una clasificación social de las drogas (permitidas y prohibidas), hay además una clasificación científica, queno se basa en las costumbres ni en las percepciones, sino en los efectos que las sustancias producen al consumirlas.

Todas las sustanciaspsicoactivas causan diferentes efectos en el organismo,
independientemente de que sean drogas prohibidas o permitidas.
Según esta clasificación farmacológica, las drogas pueden ser depresoras, estimulantes, alucinógenos o cannabinoides.

+Depresoras: las drogas depresoras son sustancias que deprimen el sistema nervioso central, lo lentifican, lo sedan y provocan sueño.Ej.: alcohol (legal), tranquilizantes (legal regulada), opio (ilegal).
+Estimulantes: las drogas estimulantes son sustancias que aceleran al sistema nervioso central. Provocan excitación, euforia y aceleramiento.Ej.: café (legal), anfetaminas (legal regulada), paco o pasta base de cocaína (ilegal).
+Alucinógenos: las drogas alucinógenas son sustancias que alteran las percepciones, provocan alucinaciones, pesadillas y desvaríos.Ej.: LSD (ilegal), cucumelo, peyote (plantas de crecimiento natural).
+Cannabinoides: las drogas de la familia de los cannabinoides son sustancias que se sitúan a medio camino del efecto del alcohol y de lasdrogas que afectan la percepción. Ej: marihuana, hachís (ilegales).

LOS CONSUMOS

Habitualmente tiende a identificarse al que consume una droga ilegal con un “adicto”. Sin embargo, hay diferentes tipos de vínculos de las personas con las sustancias, y no todos ellos son adicciones, ni necesariamente problemáticos.
Por otra parte, así como entre el consumo de drogas ilegales y la adicción o el consumo problemático no hay una relación directa necesaria, en el mismo sentido cabe destacarse que el consumo de drogas legales puede ser adictivo o bien llevar a situaciones problemáticas.

Ante un determinado consumo, la posibilidad de generar mayor o menor problema para la persona o para la comunidad está dada por elvínculo que la persona establece con la sustancia en un determinado entorno. Por ello es necesario preguntarse quién consume, cuánto con-sume, dónde consume, cuándo y por qué los hace.

Analizaremos ahora los diferentes niveles de consumo de acuerdo al vínculo que establece la persona con la sustancia: esta relación puede ser de uso, de abuso o de adicción.
El hecho de que la droga sea legal o ilegal tiene independencia respecto de esta clasificación.

– USO:
Todas las personas utilizamos drogas, cuando tomamos infusiones, cuando necesitamos medicamentos porque estamos enfermos e incluso cuando tomamos una copa de bebida alcohólica durante la comida. También se puede ser usuario de drogas ilegales. El uso de drogas es siempre esporádico y ocasional.
Como de cualquier otra cosa, de las drogas se puede hacer un uso correcto o incorrecto.
Ahora bien, es preciso considerar que el uso esporádico también puede ser problemático. Un ejemplo de ello lo constituye una persona queeventualmente consume alcohol y que luego conduce un vehículo.
Otro ejemplo es el caso de alguien que decide “probar” alguna sustancia alucinógena (droga ilegal), exponiéndose a los riesgos de sus efectos y a cantidades que podrían derivar en una sobredosis.

– ABUSO:
Mucha gente hace abuso de drogas sin saberlo o sin haber tomado conciencia de que lo hace. Abusar de drogas es, por ejemplo, tomar un medicamento no recetado o en dosis mayores que la indicada; o beber alcohol en exceso. Por lo tanto, el abuso puede darse consustancias tanto ilegales como  legales.

El abuso de drogas es, en general, consumirlas en exceso y con cierta periodicidad. Se caracteriza por la intencionalidad del vínculo, se consume “paralograr algo”, por ejemplo reducir la fatiga, mejorar el ánimo, divertirse, animarse.

– ADICCIÓN:
Cuando alguien siente o cree que no puede vivir sin una sustancia, y la utiliza en forma permanente y de manera compulsiva, sufre una adicción. T
ienen adicción las personas que no pueden parar de consumir, que viven por y para las drogas.

Existe drogadicción cuando se tiene la necesidad inevitable de consumir alguna sustancia y se depende física y/o psíquicamente de ella.
Se puede tener adiccióntanto a drogas ilegales como legales.No sólo se puede tener una adicción a drogas, también existen
otras situaciones que pueden ser consideradas adicciones: adicción a lavelocidad, a la comida, al juego, al trabajo, a comprar.

Así como hemos visto que el hecho de que una droga sea legal o ilegal tiene independencia respecto de la clasificación de acuerdo a los efec-tos, también es independiente del vínculo del sujeto con ella, y no se encuentra necesariamente relacionada con el consumo problemático, ya que el mismo puede darse con el consumo por única vez de una droga, por ejemplo una intoxicación aguda por alucinógenos, o por alcohol o por una reacción adversa a un medicamento.

Y en el sentido contrario, en las prácticas definidas  como uso y como abuso, se pueden verificar casos en los que no necesariamente seincurre en situaciones riesgosas.
Cuando hay adicción a una sustancia, se produce también dependencia a ella.
En estos casos, las drogas se tornan indispensables en la vidacotidiana de quienes las consumen, no ya por el placer de consumirlas, sino para evitar el displacer que su ausencia causa en la vida del consu-midor.

Dependencia es el estado psíquico o físico, provocado por el consumo continuo y reiterado en el tiempo de una sustancia.
Siempre que se haya generado dependencia a una sustancia, ante la supresión del consumo se hará evidente el síndrome de abstinencia o de retirada.

Síndrome de abstinencia, síndrome de retiro o estado de necesidad:
son los trastornos psíquicos y/o físicos que surgen al interrumpir la administración de una droga cuando existe en el sujeto un estado de dependencia.
De acuerdo a lo que venimos desarrollando hasta ahora, ya podemos ver que si bien consumidores de sustancias somos todos, algunos de estos consumos se pueden tornar problemáticos.

– ADICCIONES
Las adicciones siempre encubren situaciones de conflictos sociales, familiares y personales.
En general existen factores predisponentes y factores desencadenantes.
No es posible hablar de “un motivo” de este tipo de consumo problemático, sino que suelen incidir una  ultiplicidad de factores.

Entre los factores que predisponen a la adicción, podemos mencionar algunos, tales como:

– Factores sociales: indiferencia institucional, ausencia de proyectos, falta de compromiso, descreimiento.
– Factores familiares: dificultades para comunicarse, ausencia de pautas y límites claros, falta de momentos para compartir, poca contención.
– Factores individuales:   estructura psicobiológica de cada individuo.

La adicción, como fenómeno contemporáneo, a drogas no usuales (prohibidas) sólo puede ser revertida si se ofrecen alternativas de inserción adecuadas al adolescente, si éste percibe que su proyecto vital tiene medios y fines, y si toda la sociedad desea encontrar en sí y desde sí las respuestas adecuadas a este verdadero desafío por medio de la prevención primaria, el tratamiento adecuado y el conocimiento de que el adicto es un hombre con derecho a un lugar en la sociedad.
(Calabrese, Alberto. Extraído de la Conferencia dictada en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, julio de 2009)

El interjuego de los factores sociales, familiares e individuales puede predisponer para la emergencia de prácticas adictivas, pero en ge-neral es necesaria, además, la aparición de alguna situación de crisis, de un “factor desencadenante”.
Estas situaciones críticas pueden ser diversas: frustraciones, problemas, carencias afectivas, crisis evolutivas, pérdida del trabajo, mudanza,pérdida de un familiar, de un amigo, de la pareja, fracaso escolar, etc.

Los factores desencadenantes son situaciones que generan angustia y que si no se elaboran adecuadamente pueden llevar, como síntoma del problema no resuelto, a este tipo de consumo problemático de drogas.

Es necesario entonces reconocer que  la adicción es la expresión de una conjunción de factores. Tenemos que poder entenderla como el síntoma visible que apunta a otra problemática.

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