Educación para la Paz y Educación Ambiental. Alea García

LA EDUCACIÓN PARA LA PAZ Y LA EDUCACIÓN AMBIENTAL 

Alina Alea García

Existe una estrecha relación entre la educación para la paz y la educación ambiental. Estos campos relativamente jóvenes en las ciencias de la educación, poseen un lenguaje, un discurso científico con múltiples puntos en común; comparten una visión integradora de la realidad; del ser humano y de sus relaciones con el medio ambiente social y natural; reconocen ambas la importancia del desarrollo de cambios sustanciales en la subjetividad humana, y en el estilo de relación entre los seres humanos, y de estos con la naturaleza, para contribuir a la solución de los graves problemas que enfrenta la humanidad en la contemporaneidad; la necesidad de considerar a toda la sociedad como un espacio educativo.

Coinciden en que para lograr sus propósitos, es preciso partir de la deconstrucción de determinados símbolos y sentidos culturales instituidos, que han condicionado el establecimiento de relaciones de sometimiento, tanto entre los propios seres humanos, grupos sociales y naciones, como con el entorno natural; para promover el desarrollo de nuevos sentidos y valores verdaderamente democráticos y afines al modelo de la sostenibilidad.

Educación para la paz y educación ambiental. Sus relaciones en el proyecto educativo

Durante las décadas de 1970 y 1980 comenzó a evidenciarse el proceso de degradación del medio ambiente, la ocurrencia de cambios sustanciales en el estado y funcionamiento de los sistemas ambientales, y el deterioro de los recursos naturales, como resultado fundamentalmente de la acción humana.
Se reconoce la existencia de serios problemas medioambientales, tales como la contaminación y el calentamiento global de la atmósfera, la degradación de los suelos, el agotamiento de la cubierta forestal, la contaminación y el agotamiento de los recursos hídricos, la pérdida de especiales vegetales y animales, entre otros.

En la actualidad, resulta claro que la crisis ambiental implica todas las dimensiones del medio ambiente.
En el ámbito socioeconómico y político, se manifiestan problemáticas que afectan las condiciones de vida de una parte considerable de la población del planeta, tales como la pobreza, las inequidades, el aumento del desempleo y de los fenómenos de exclusión, el irrespeto a los derechos y a la identidades culturales, religiosas y étnicas de las minorías, la persistente desigualdad de género en los ámbitos públicos y privados, la pobreza, la desintegración social y el analfabetismo, así como significativas carencias en materia de salud, educación, esperanza de vida y alimentación.

Otro de los problemas fundamentales que enfrenta la humanidad, está relacionado con la elevada cifra de conflictos bélicos, fenómenos gravemente lesivos a la esencia y a la dignidad humana.
La guerra ha desgarrado países enteros, como Bosnia, Camboya, el antiguo Zaire, Angola, Afganistán, Sri Lanka, Somalia, Colombia, entre otros.
La misma, provoca, además de las dolorosas perdidas de vidas humanas; otras manifestaciones no menos preocupantes, como los desplazamientos masivos de población, las serias perturbaciones socioeconómicas, la ruptura de los instrumentos y estructuras gubernamentales, la pérdida de recursos naturales y materiales, el trasiego de armas y drogas, la corrupción, la criminalidad, la marginalidad y la generalización del clima social de intolerancia y hostilidad exacerbada.

La educación, al ocuparse del proceso formativo de los individuos y grupos humanos, constituye una herramienta indefectible en la contribución a la solución de las numerosas problemáticas actuales, desafíos futuros y retos para el desarrollo que enfrenta nuestro planeta.
Como afirma Delors, (1999)
” la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. La función esencial de la educación es el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso el «Abrete Sésamo» de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc” .

La función social de la educación incluye tanto la transmisión de conocimientos, la integración cultural en sus múltiples dimensiones (costumbres, tradiciones, lenguaje, valores éticos, creencias, actitudes, estilos de vida), como la capacidad de convivir armónicamente con el entorno, incluyendo tanto los recursos naturales, como al resto de los individuos de nuestra propia especie.

La educación debe contribuir al desarrollo de los seres humanos, combinando la transmisión de una cultura general suficientemente amplia, con competencias que le permitan al individuo solucionar situaciones problemáticas y el trabajo en equipos; la capacidad de comprender la realidad medioambiental, incluyendo los elementos y fenómenos naturales, físicos, tecnológicos, políticos y sociales, así como la sensibilización y el compromiso de la acción respecto a las problemáticas de esta realidad, de por sí, compleja y conflictiva; ganar en habilidades para la solución de problemas y conflictos, de manera pacífica, respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz, y con la estimulación del adecuado desarrollo de la personalidad y la capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal.

A consecuencias de la compleja realidad medioambiental que caracteriza la contemporaneidad, y teniendo en cuenta el papel de la educación en la formación del ser humano, y en el desarrollo de las posibilidades de afrontamiento de esta realidad; en los últimos años han surgido nuevas tendencias en el desarrollo de las ciencias de la educación.
Estas tendencias hacen referencia a aspectos de elevada importancia en el desarrollo, dentro de ellas se encuentran la Educación moral y cívica, la Educación para la Salud, la Educación sexual, la Educación para la paz y la Educación ambiental, entre otros.

LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

Desde la antigüedad, ha constituido una preocupación de muchas civilizaciones preparar a los seres humanos para vivir en estrecha y armónica vinculación con su medio ambiente; pero fue a fines de la década de los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo que comienza a usarse el término educación ambiental en el ámbito científico y político, como muestra de la creciente preocupación mundial por las graves condiciones ambientales del planeta.

Aunque el término educación ambiental ya aparece en documentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (UNESCO), datados de 1965, no es hasta el año 1972, en Estocolmo, durante la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Medio Humano, cuando se reconoce oficialmente la existencia de este concepto.

Desde entonces, se han realizado diferentes eventos internacionales en los cuales se ha abordado la temática de la educación ambiental, enriqueciendo el debate en esta corriente del pensamiento educativo, entre los que se encuentran:
El Coloquio Internacional sobre la Educación relativa al Medio Ambiente, realizado en Belgrado en el año 1975, donde se definen los objetivos de la educación ambiental, que se orientan a la estimulación de la concienciación, a la adquisición de conocimientos, actitudes, aptitudes, capacidades de evaluación, y de participación de los seres humanos en favor del medio ambiente;

la Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental, organizada por la UNESCO y el PNUMA en Tbilisi, antigua URSS, 1977; el Congreso sobre Educación y Formación Ambiental, Moscú, 1987;

la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, 1992, la cual aportó significativos acuerdos internacionales, e importantes documentos, tales como la Agenda 21, en la que se dedica el capítulo 36, al fomento de la educación y a la reorientación de la misma hacia el desarrollo sostenible, la capacitación, y la toma de conciencia; paralelamente a la Cumbre de la Tierra se realizó el Foro Global Ciudadano de Río 92, en el cual se aprobaron 33 tratados, uno de los cuales lleva por titulo Tratado de Educación Ambiental hacia Sociedades Sustentables y de Responsabilidad Global;

el Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, Guadalajara (México, 1992) y la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible (Río + 10), realizada en el año 2002, en Johannesburgo, Sudáfrica.

Como resultado del debate ambiental, y de las aportaciones realizadas tanto en el marco de estos eventos, como fuera de ellos, la educación ambiental ha evolucionado considerablemente rápido, pasando de un enfoque inicial predominantemente naturalista, centrado en cuestiones tales como la conservación de los recursos naturales, así como de los elementos físico – naturales, y la protección de la flora y la fauna, hacia un enfoque más integral que se propone como objetivo educar para la sustentabilidad, y que toma en cuenta las dimensiones tecnológicas, socioculturales, políticas y económicas del medio ambiente, las cuales son fundamentales para entender las relaciones de la humanidad con el entorno y así poder gestionar adecuadamente los recursos del mismo.

Según esta concepción, “la educación ambiental, se ocupa del proceso formativo integral del hombre, del desarrollo del mismo, es decir, del cómo este se prepara a lo largo de su vida para interactuar con el medio ambiente.
Esta educación debe promover la formación de una conciencia ambiental en los seres humanos que les permita convivir con el medio ambiente, preservarlo, transformarlo en función de sus necesidades, sin comprometer con ello la posibilidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas; desarrollar la riqueza cultural de la humanidad, producir bienes y riquezas materiales, incrementar el potencial productivo, asegurando oportunidades equitativas para todos, sin que ello implique poner en peligro nuestro ambiente, incluidos los diferentes sistemas del mismo”. Alea, (2005).

La educación ambiental se propone la estimulación de cambios sustanciales en la subjetividad humana, de modificaciones en los conocimientos, estilos de pensamiento, percepciones, valores, actitudes, y concepciones del mundo de las personas, para lograr su formación como seres activos en la solución de los problemas socioambientales que enfrenta nuestro planeta.

La educación ambiental, “…intenta la socialización de las personas mediante un proceso de deconstrucción de símbolos y sentidos compartidos que se encuentran en la base de las relaciones sociales actuantes sobre el medio ambiente, que tradicionalmente han sido la causa del inadecuado uso y gestión de los recursos medioambientales, para, posteriormente, proponer nuevos sentidos y significados, que puedan ser compartidos por diferentes culturas y grupos sociales, coherentes con el modelo de la sostenibilidad”. Alea, (2005).

La educación ambiental debe facilitar los procesos de aprendizaje y comprensión de las realidades socioambientales, de las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, de la importancia de los factores socioculturales en la causalidad de los problemas ambientales, tanto mediante el ofrecimiento de informaciones que incrementen los conocimientos de las personas sobre el medio ambiente, de la promoción de la reflexión profunda acerca de la realidad medioambiental y sus múltiples interdependencias, así como de la estimulación de la formación de nuevos valores, sensibilidades y actitudes positivas hacia el entorno, y la orientación hacia acciones favorables al medio.

La educación ambiental así entendida, “debe ser un factor estratégico que incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sostenibilidad y la equidad, una educación en la que se incluyen tanto la adquisición de conocimientos y destrezas como una formación social y ética que está referida al entorno natural o construido y que tiene como finalidad la sensibilización para lograr que los seres humanos asumamos la responsabilidad que nos corresponde. Martínez, (2001).

La educación ambiental se orienta hacia la estimulación de la adopción por parte de las personas de un modo de vida compatible con la sostenibilidad, a su vez, uno de los retos principales del modelo del desarrollo sostenible, “implica la necesidad de formar capacidades en las personas y la sociedad, para orientar el desarrollo sobre bases ecológicas, de diversidad cultural, y equidad y participación social.
Para ello han de tenerse en cuenta los comportamientos, valores sociales, políticos, culturales y económicos en relación con la naturaleza.
De igual forma, ha de propiciar y facilitar herramientas para que las personas puedan producir y apropiarse de saberes, técnicas y conocimientos que les permitan una mayor participación en la gestión ambiental, decidir y definir las condiciones y calidad de vida”. Muñoz, (2003).

Para contribuir al logro de esta aspiración, es necesario concebir toda la sociedad como un espacio educativo, determinar las necesidades y potencialidades de aprendizaje de los ciudadanos, grupos, agentes y actores sociales, para diseñar e implementar programas educativos que se orienten hacia el desarrollo íntegro de los mismos, al logro de una socialización comprometida con las diversas problemáticas socioambientales que enfrenta la humanidad.

LA EDUCACIÓN PARA LA PAZ

La cultura y la educación para la paz, son ideales tan antiguos como la concepción de la guerra misma, fundados en el derecho y la necesidad de convivir juntos.
El hombre se desarrolla como tal, gracias a su naturaleza social, y esto depende de la calidad del sistema de relaciones sociales y prácticas socializadoras del medio que lo circunda. Es precisamente en el marco de esta convivencia, y de las relaciones interpersonales que se establecen a partir de ella, que se trasmite al ser humano toda la cultura material y espiritual de la sociedad, necesaria para la adaptación al medio natural y social, y la interacción activa y dinámica con el mismo.

Desafortunadamente, y como afirma Pascual, (2004), “este amplio legado ha sido relegado y ocultado, ya que la historia siempre se ha escrito desde la perspectiva de los guerreros y poderosos, razón por la cual, se hace necesario en la actualidad, analizar la historia desde la perspectiva creadora, no desde las guerras y el poder de los vencedores”

A inicios del pasado siglo, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, el movimiento de la Escuela Nueva señaló la necesidad de que la educación contribuyera al entendimiento entre las naciones, y a la superación de las hostilidades entre los países.
Al concluir la contienda, se produce una corriente educativa que se propone la estimulación de la concienciación de la necesidad de evitar la guerra, así como de los ideales de internacionalismo y solidaridad. En los años treinta, estos esfuerzos se ven obstaculizados por el ascenso de las ideas totalitarias y xenofóbicas del fascismo y el nazismo.

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las Naciones Unidas y específicamente de la UNESCO con su Proyecto de Escuelas Asociadas, se incorporó la educación para el respeto a los derechos humanos y para el desarme, al proyecto educativo mundial.

En los años 60, surge la Investigación por la Paz como disciplina científica. En 1959 se funda el Instituto de Investigación Social y en 1964 el IPRA (Asociación Internacional de Investigación por la Paz), que difunde las ideas de Johan Galtung sobre violencia estructural y las concepciones de Pablo Freire que vinculan la educación con la emancipación de los pueblos, con el desarrollo y la eliminación de las inequidades sociales.

A finales de los años 80, la educación por la paz se concentra en enfoques prácticos, y en la convivencia en los espacios sociales más cercanos, tales como la familia, el aula, el barrio, así como otros grupos de pertenencia de los individuos. Se pretende formar a las personas para la participación en la construcción de una cultura de paz, accionando desde estos niveles de base, a través del tratamiento no-violento de los conflictos.

Ya en los años 90, y debido a la mundialización, la educación por la paz comienza a orientarse hacia un enfoque intercultural, y a la formación en los individuos de capacidades, habilidades y voluntad de convivencia armónica entre personas y grupos sociales de diferentes pueblos, con culturas y experiencias diversas.

El año 2000, se declara por parte de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), el Año Internacional de la Cultura de Paz, dando inicio al Decenio Internacional de la Cultura de Paz y No Violencia para la Niñez del Mundo (2001-2010). En este marco, un grupo de Premios Nobel de la Paz, iniciaron una petición llamada Manifiesto 2000.
Este documento, firmado por más de 75 millones de personas, constituye un llamado a la humanidad a participar y hacerse responsable con su futuro, al comprometerse con:

  • Respetar todas las vidas y la dignidad de cada persona sin discriminación ni prejuicios.
  • Rechazar la violencia en todas sus formas practicando la no-violencia activa.
  • Liberar la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la injusticia, la opresión política y económica.
  • Escuchar para comprenderse al defender la libertad de expresión y la diversidad cultural, privilegiando siempre la escucha y el diálogo.
  • Preservar el planeta al promover un consumo responsable y un desarrollo que respete el equilibrio de los recursos naturales.
  • Reinventar la solidaridad al propiciar la participación de todos y todas.

Como se afirma la Declaración y el Programa de Acción para una Cultura de Paz, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, (1999)…
“La paz no es solo la ausencia de conflicto, ella también requiere la existencia de una dinámica positiva y un proceso participativo, donde el diálogo es estimulado y los conflictos son resueltos en un espíritu de mutuo entendimiento y cooperación”.

La paz, en su concepción positiva, implica la construcción de la justicia en las relaciones entre los individuos y las sociedades, el reconocimiento de la igualdad de derechos todos los pueblos y culturas, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, de la libre determinación de los pueblos.

La paz implica la ausencia de cualquier forma de discriminación, incluidas las basadas en la raza, el color, el sexo, idioma, religión, opiniones políticas, origen social o étnico, discapacidad, nacimiento o cualquier otro estatus. Implica el completo respeto a los principios de soberanía, integridad territorial, independencia política.
Respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. El esfuerzo para satisfacer las necesidades ambientales y de desarrollo de las presentes y futuras generaciones. Respeto al derecho al desarrollo de todos los individuos, grupos y naciones.

Y la adherencia a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y comprensión a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones.
El progreso de un íntegro desarrollo de la cultura de paz, se alcanza a través de la promoción de los valores, las actitudes, modos de actuación y estilos de vida que conduzcan a la promoción de la paz entre los individuos, grupos y naciones.

En la Declaración y el Programa de Acción para una Cultura de Paz, la Asamblea General de las Naciones Unidas, (1999), reconoce que el desarrollo integral de una cultura de paz, está estrechamente relacionado con: la promoción de la solución pacífica de conflictos, el respeto mutuo, la comprensión y la cooperación internacional; el cumplimiento de las obligaciones y las leyes internacionales; la promoción de la democracia, y el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; la estimulación del desarrollo en todas las personas de habilidades para el diálogo, la negociación, el consenso, y la resolución pacífica de las diferencias; el fortalecimiento de las instituciones democráticas y el aseguramiento de la participación de todos en los procesos de desarrollo; la erradicación de la pobreza, y el analfabetismo, de las inequidades dentro de las naciones y entre ellas; la promoción del desarrollo sostenible; la eliminación de todas las formas de discriminación, racismo y xenofobia; el entendimiento, la tolerancia y la solidaridad entre todas las civilizaciones, pueblos y culturas.

La educación en todos los niveles es uno de los principales medios para construir una cultura de Paz. Así mismo, los gobiernos, la sociedad civil, los medios masivos de comunicación, la familia, los maestros, políticos, los grupos religiosos, los intelectuales, científicos, artistas, trabajadores sociales, así como las organizaciones no gubernamentales, deben estar completamente implicados en la educación, y en la promoción de una cultura de paz.

La educación para la paz implica, como afirma Freire, (1993) “desplazar la pedagogía autoritaria por una pedagogía de la pregunta, por una pedagogía problematizadora y democratizante del cuestionamiento, del atrevimiento, del disenso y de la audacia. Por una pedagogía de la esperanza que, desde el imperativo existencial e histórico contribuya a viabilizar nuestros sueños edificantes”.

La educación en y para la paz, requiere la promoción y el total respeto de los derechos humanos, y los valores asociados a los mimos; el compromiso con el derecho a una vida digna; la justicia social y la igualdad de oportunidades para todos; el rechazo a todas las manifestaciones de la violencia, estructurales, sociales e interpersonales, y de la utilización de la misma como estilo e instrumento para resolución de conflictos sociales, interpersonales, políticos y familiares; la lucha contra la corrupción y el caudillismo político; el fomento de nuevos valores de generosidad, diálogo, escucha, entendimiento, participación y solidaridad; la preservación de los recursos naturales y la estimulación de conocimientos, actitudes, valores y comportamientos favorables hacia el medio ambiente en todas sus dimensiones.

Desde la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, de la Universidad de Puerto Rico, (2004), se proponen ciertas pautas para educar efectivamente para la paz en convivencia solidaria.

1.       Clima de seguridad, respeto y confianza.
Se hace indispensable articular un espacio educativo seguro, lo cual implica una visión de seguridad basada en la apertura, la prevención y la atención inmediata a los incidentes de violencia desde temprana edad. Se busca proporcionar un espacio para la no-violencia, y la seguridad afectiva, a partir de la construcción de un clima social de respeto y confianza. Se parte del trato afectuoso y las expectativas positivas para potenciar la autoestima de los integrantes de la comunidad escolar.

2.       Relaciones de apoyo con las familias y la comunidad.
La escuela como agente socializador, debe proveer una red de apoyo social al estudiante, en relación con su familia y la comunidad. Al brindar acceso a los miembros de la comunidad inmediata, la escuela puede servir para articular servicios que las familias necesitan para una mejor calidad de vida.
La familia y la comunidad deben percibirse como una oportunidad para el crecimiento mutuo y la convivencia. Se requiere articular esfuerzos para prevenir la violencia en y con los integrantes de las familias y comunidades de los estudiantes. Es importante conocer y aunar esfuerzos con la mayor cantidad de actores y entidades sociales – comunitarias o estatales – en la aspiración a la convivencia pacífica.

3.       Educación emocional.
La educación debe promover la competencia social y emocional de los estudiantes al integrar destrezas de vida a su experiencia educativa. Es necesario educar para el reconocimiento, la expresión, el manejo y el auto-control de las emociones. En la educación emocional se enseña a comunicar sentimientos, experiencias y preocupaciones; se desarrolla la empatía por los sentimientos y situaciones de vida de los demás.

4.       Prácticas para el crecimiento, la apertura y la tolerancia.
La experiencia educativa tiene que partir de la realidad de los estudiantes y propiciar el aprendizaje activo y con sentido, en otras palabras “aprendizaje auténtico” para el conocimiento y la transformación. Es necesario privilegiar el aprendizaje cooperativo y colaborativo para aprender a vivir y trabajar con otros. Además, propiciar la adquisición de herramientas para comprender los prejuicios, apreciar la diversidad y practicar la tolerancia.

5.       Resolución no violenta de conflictos.
Es necesario asumir la “pedagogía del conflicto” en contraposición a la educación tradicional que persigue evitar o anularlo. En la perspectiva tradicional, cuando los conflictos surgen, no se tratan, ni solucionan, por otro lado se sancionan con castigos. Se entiende la disciplina como un fin. En la pedagogía del conflicto, éste se asume y se entiende como eje de la convivencia.
Es base para la discusión y promoción de formas no violentas de abordarlo. La disciplina no es un fin, si no un medio para la convivencia. Es importante recalcar que la mediación y la resolución no violenta de conflictos debe ser medio para la convivencia entre todos los actores y sectores de la comunidad escolar.

6.       Participación democrática.
Una escuela promotora de derechos y convivencia pacífica tiene que ser una escuela participativa que fomente la ampliación progresiva de la autonomía de los estudiantes.

Relaciones entre la educación para la paz y la educación ambiental en el
proyecto educativo contemporáneo.

Como se puede apreciar, existe una estrecha relación entre la educación para la paz y la educación ambiental. Estos campos relativamente jóvenes en las ciencias de la educación, poseen un lenguaje, un discurso científico con múltiples puntos en común; comparten una visión integradora, holística de la realidad; del ser humano y de sus relaciones con el medio ambiente social y natural en el cual transcurre su vida y su desarrollo social e individual; presentan considerables interdependencias entre sus campos, objetos de estudio y objetivos, en el abordaje de los fenómenos de interés y en los propósitos de comprender y modificar los actuales estilos de relación sociedad – naturaleza.

La educación para la paz y la educación ambiental reconocen ambas la importancia del desarrollo de cambios sustanciales en la subjetividad humana, y en el estilo de relación entre los seres humanos, y de estos con la naturaleza, para contribuir a la solución de los graves problemas que enfrenta la humanidad en la contemporaneidad. Estos cambios deben operarse tanto en los conocimientos, estilos de pensamiento, procesos de aprendizaje y en la comprensión de las realidades socioambientales, como en los valores, las actitudes, las percepciones y los afectos humanos; para lograr modificaciones en los comportamientos, en los estilos de vida, de afrontamiento y solución de conflictos, y contribuir con ello a una mayor calidad ambiental y de vida.

Reconocen también la necesidad de considerar a la sociedad toda como un espacio educativo, de implicar los diferentes actores sociales en los procesos educativos, y en la promoción del cambio social. Coinciden en que para lograr sus propósitos, es preciso partir de la deconstrucción de determinados símbolos y sentidos culturales instituidos, que han condicionado el establecimiento de relaciones de sometimiento, tanto entre los propios seres humanos, grupos sociales y naciones, como con el entorno natural; para promover el desarrollo de nuevos sentidos y valores afines al modelo de la sostenibilidad.

Ambas se proponen la optimización del proceso de socialización de los individuos y los grupos sociales, a lo largo de la vida; con el objetivo de que se desarrollen patrones y normas de convivencia e interacción adecuadas con el entorno.
Tienen la finalidad de contribuir al desarrollo de capacidades y habilidades necesarias para el desempeño de los seres humanos como ciudadanos con plenos derechos y deberes en la sociedad y en el planeta en el que viven; posibilitan el entendimiento de los problemas cruciales que enfrenta nuestra civilización, y la elaboración de un juicio crítico respecto a ellos, así como actitudes y comportamientos favorables al medio natural y social.

La esencia de la educación ambiental y de la educación para la paz, es dinámica, abierta, participativa, creativa, orientada hacia el compromiso y la acción a favor de la construcción de un mundo más justo y armónico, en el que tanto los recursos, los bienes como el poder estén distribuidos de forma equitativa.

Ahora bien, ¿a qué retos pedagógicos nos enfrentamos cuando nos proponemos desarrollar de manera efectiva la educación ambiental y la educación para la paz?
El principal desafío es el de la integración de estas tendencias en marcos educativos comprehensivos, la cual , como afirma Sauvé (1999), “evita la fragmentación de los objetivos de la educación, e integra las diferentes preocupaciones educativas; para ello, se debe partir de una concepción amplia de educación que posibilitará la aproximación a las diversas problemáticas mundiales, el establecimiento de un marco integrador que no debe ser percibido como un molde sino que como una propuesta hacia la búsqueda de sentido, de consistencia y de relevancia, basada en la reflexión ética y epistemológica”.

En este sentido, se impone encontrar espacios apropiados para la educación ambiental y la educación para la paz dentro del proyecto educativo contemporáneo, que les permita alcanzar sus propios objetivos, así como esclarecer y fortalecer las relaciones entre ellas.

Esta integración se puede alcanzar aplicando adecuadamente la concepción de transversalidad educativa. Esta “es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más innovadores de las actuales reformas educativas y el elemento básico de la llamada Educación Global sostenida por los siguientes ejes: la globalización de la cultura, la educación integral de la persona, la organización democrática de la escuela y el compromiso de la educación con la problemática socio-natural” Yus, (1997).

Para lograr una adecuada integración transversal de la educación ambiental y la educación para la paz en el proyecto educativo contemporáneo, se deberán abordar los contenidos que propicien la adecuada comprensión de la realidad y las problemáticas socioambientales, desde su complementariedad e interrelación; introducir nuevos contenidos curriculares, pero sobre todo, reformular los existentes desde una nueva orientación transdisciplinar; abordar tanto los aspectos intelectuales de la educación, como los morales; reconceptualizar el conocimiento y conectarlo con la realidad social, estimular la preocupación por los problemas sociales y naturales, asumir una perspectiva crítica con respecto a ellos; apostar por la educación en valores, a través del desarrollo de estrategias socio-morales y socio-afectivas; proponerse una educación que se oriente hacia el desarrollo íntegro de la personalidad de los individuos, en una inserción consciente y comprometida en el medio ambiente en el que viven.

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