Democracia Liberal Economicista. Varios

LA DEMOCRACIA  LIBERAL  ECONOMICISTA

 En este capítulo se profundiza en un típico componente político y económico del actual escenario globalizado posmoderno: el Neoliberalismo, de tanta incidencia en nuestro país especialmente a partir del gobierno de Menem. La democracia liberal o Neoliberalismo, hoy en vigencia pero con muchas variaciones según los países y autores teóricos, sigue los lineamientos elaborados por los filósofos ingleses de los siglos XVII y XVIII (Locke, Adam Smith, Bentham, Stuart Mill, etc.), con las adaptaciones necesarias a democracias muy complejas instaladas en países de gran población y, a menudo, gran extensión territorial.

Este nuevo escenario condiciona un estilo de democracia para grandes y complejas sociedades-burocráticas de masas que casi nada tienen que ver con el ideario del “mito democrático” de Rousseau, con las grandes revoluciones populares  y ni siquiera con la letra de las Constituciones, como es el caso argentino.

En líneas generales, se trata de una democracia más bien nominal y legal, con mínima participación y control del pueblo, en manos de partidos y élites que pujan por el poder para el beneficio propio, en primer lugar, y de la ciudadanía después. Su ley y estrategia básica: la pura competitividad.

Y una ciudadanía reducida también al mínimo con sus ya clásicos derechos y deberes: votar en forma regular, delegar el poder “sin mandato”, pagar los impuestos y consumir. Esta democracia no hace más que adaptar la filosofía democrática liberal a los grandes y complejos Estados modernos, con aportes teóricos de numerosos autores, entre otros Schumpeter (fue de los primeros), Downs y Dahl.

1.  Pensmiento de Friedman

Pero antes de analizar los elementos de la democracia liberal, no está demás repasar losprincipios de la economía neo-liberal, tal como los presenta Milton Friedman enCapitalismo y Libertad (cap. 1, “La relación entre libertad económica y libertad política”. Los subrayados nos nuestros, las cursivas del autor), ya que para el neoliberalismo la política se hace a imagen y semejanza de la economía, a la que está subordinada.

“Las organizaciones económicas tienen una doble función en la promoción de una sociedad libre. Por una parte, la libertad en las organizaciones económicas es en sí una parte de la libertad en términos generales; así que la libertad económica es un fin en sí misma”.

Este axioma de ninguna manera queda demostrado. Por otra parte, esta total libertad económica ¿significa simplemente la total competitividad o tiene alguna función social de beneficio para toda la sociedad?

“En segundo lugar, la libertad económica es también un medio indispensable para la consecución de la libertad política…. La evidencia histórica muestra decididamente una relación entre la libertad política y el mercado libre. No sé de ningún ejemplo de una sociedad que en algún momento haya mantenido la libertad política y que no haya usado también para organizar el grueso de la actividad económica, algo comparable a un mercado libre…

Está claro que la libertad política llegó con el mercado libre y el desarrollo de las instituciones capitalistas. Lo mismo ocurrió con la libertad política en la edad de oro de Grecia y en los primeros días de la era romana…”

Se trata de apreciaciones apresuradas que de ninguna manera están acordes con los datos de la historia. Parece, por otra parte, muy sugestivo, comparar el mercado libre con el sistema esclavista de Grecia y Roma…

“La historia sugiere solamente que el capitalismo es una condición necesaria para la libertad política. Pero no es una condición suficiente… (El autor trae ejemplos de países totalitarios con sistema capitalista) Por tanto, está claro que no se pueden tener organizaciones económicas fundamentalmente capitalistas, y organizaciones políticas que no sean libres, en una misma sociedad… “

Hay una evidente confusión entre libertad, propiedad privada y capitalismo. Al mismo tiempo se desconocen otros sistemas de economía, como en pueblos indígenas o de economía social y de bienestar, que se compaginan al mismo tiempo con la libertad.

“Como liberales, consideramos la libertad del individuo o de la familia, al juzgar las organizaciones sociales, como fin último.”

Otra apreciación que de ninguna manera se demuestra. La libertad es parte de un conjunto de bienes y valores que constituyen el verdadero fin último de toda sociedad. La libertad no es un fin sino un medio para la consecución del desarrollo pleno del individuo y de la sociedad. Si no es una libertad dispuesta a compartir solidariamente con otras libertades, entonces termina en un individualismo competitivo que niega los mejores valores humanos. Nadie es libre para ser libre sino para cumplir un proyecto.

“La libertad, como valor en este sentido, se refiere a las relaciones entre la gente… En realidad, uno de los objetivos principales del liberal es dejar los problemas éticos al individuo para que él se las entienda con ellos. Los problemas éticos realmente importantes son los que se le presentan al individuo en una sociedad libre, o sea, qué debe hacer con su libertad. Así es que hay dos grupos de valores a los que el liberal da importancia: los valores que se refieren a las relaciones entre la gente, y los valores que se refieren al individuo en el ejercicio de su libertad, que es el dominio de la ética y filosofía individuales. El liberal considera al hombre como ser imperfecto. Y considera el problema de la organización social tanto un problema negativo de impedir que la gente “mala” haga el mal como de permitir que la gente “buena” haga el bien. Y claro, la gente buena y mala puede ser la misma gente según quien sea el que juzgue.”

Se habla de valores en la relación entre las personas: ¿cuáles son esos valores y quién los determina como tales? Por otra parte, hay un concepto excesivamente negativo de la ética y de la libertad (impedir que los malos hagan el mal). Se desconoce la función social de la libertad. Además, el autor no tiene claro el concepto de ética que parece no referirse a “las relaciones entre la gente”.

“El problema básico de la organización social es cómo coordinar las actividades económicas de gran número de gentes… La tarea del creyente en la libertad es saber reconciliar esta amplia interdependencia con la libertad individual…

Esencialmente, sólo hay dos maneras de coordinar las actividades de millones de personas. Una es la dirección central, que implica el uso de la fuerza (la técnica del ejército y estado totalitario). La otra es la cooperación voluntaria de los individuos (la técnica del mercado)”.

Principio clave del liberalismo: la sociedad organizada “sólo existe” para ordenar el mercado y hacer respetar la iniciativa económica privada. Por otra parte, se vuelve a confundir sin más cooperación voluntaria con técnica de mercado, olvidándose que en la historia hubo muchas otras formas de coordinar actividades de millones de personas, y seguramente surgirán otras. Hay un enfoque simplista de la historia y de la sociedad, y reconocida mala intención al declarar totalitaria cualquier otra teoría político-económica que no sea liberal (ya lo hizo Hayeck en 1946).

“La posibilidad de coordinación mediante cooperación voluntaria se basa en la proposición elemental… de que en una transacción económica ambas partes se benefician, con tal de que la transacción sea voluntaria e informada bilateralmente. Por tanto, el intercambio puede producir coordinación sin usar la fuerza. El modelo que funciona en una sociedad organizada sobre la base del intercambio voluntario, es una economía de intercambio con libre empresa privada -lo que llamamos capitalismo competitivo-…”

El autor confunde el plano ideal (todos son libres en igualdad de condiciones) con el plano real. En la realidad, una gran mayoría de intercambios de mercado no respetan la libertad de la gente, ni se les pide opinión o simplemente se mal informa o manipula de manera intencional. Para el autor, sólo el uso de la fuerza física viola la ley de la libertad. Pero, ¿no existen otras formas de violencia sobre la gente y sus derechos? Basta pensar en los contratos de hambre, tan de moda hoy en día, o en la falta de libertad de quien se ve obligado a comprar el peor producto alimenticio por falta de medios, o no poder comprar ninguno. Y esta realidad llega a la inmensa mayoría de la raza humana.

“En la compleja economía de empresas y cambio monetario, la cooperación es exclusivamente individual y voluntaria con tal que a) las empresas sean privadas, para que las partes contratantes últimas sean individuos, y b) que los individuos sean efectivamente libres de participar o no participar en cada intercambio concreto para que cada transacción sea completamente voluntaria…”

Ver las críticas anteriores. No se ve por qué la cooperación tenga que ser exclusivamente individual.

“El requisito básico es el mantenimiento de la ley y del orden, para impedir que un individuo use la fuerza física sobre otro, y para hacer cumplir las obligaciones contraídas voluntariamente, dando sentido de esta manera a la palabra “privado”.”

El problema que no se explica es cómo se llega a esa ley y a ese orden. ¿Se llega por el consentimiento y debate libre de todos los implicados o es impuesto por una pequeña minoría que tiene el poder político y/o económico? Por otra parte, se insiste con un concepto unilateral de libertad negativa: impedir que alguien use la fuerza contra otro.

“Aparte de esto, los problemas más difíciles son los que surgen con el monopolio -que coarta la libertad efectiva, al negar al individuo toda alternativa a un intercambio concreto- y, con los “efectos de vecindad” con efectos sobre terceras partes…”

El autor niega un sinnúmero de problemas sociales que para la mayoría de la gente son más importantes que los monopolios o los puros problemas legales de vecindad (cuando la acción de alguien puede perjudicar a un tercero). Por otra parte, es más que evidente que el neoliberalismo ha llevado al mundo hoy a una impresionante concentración oligopólica y monopólica.

“Mientras se mantenga la libertad efectiva de intercambio, la característica central de la actividad económica con la organización de mercado, es que impide que las personas interfieran unas con otras (ejemplos del autor: el consumidor está protegido por la variada demanda, y los vendedores por un variado consumidor, etc.) También el empleado está protegido contra la fuerza del patrón, porque puede trabajar para otros patrones.”

La realidad desmiente estas afirmaciones. La creciente desocupación le resta a los empleados y obreros toda posibilidad de negociación cuando el hambre los apremia. Desempleo, pobreza y hambre son las consecuencias lógicas del neoliberalismo.

“Y el mercado hace esta labor sin necesidad de tener una autoridad centralizada. En realidad, la causa principal de las objeciones a la economía libre es precisamente el hecho de que realiza tan bien sus funciones. Da a la gente lo que realmente la gente quiere, y no lo que un grupo determinado piensa que debiera querer. En el fondo de todas las objeciones contra el mercado libre hay una falta de fe en la libertad misma.

El cinismo de estas afirmaciones evita cualquier tipo de comentarios. La realidad desmiente cada una de las proposiciones.

“Claro que la existencia de un mercado libre no elimina la necesidad de tener un gobierno. Al contrario, el gobierno es necesario tanto en su función de foro para determinar “las reglas de juego”, como en su función de árbitro para interpretar y hacer cumplir las reglas establecidas. Lo que hace el mercado es reducir muchísimo el número de cuestiones que hay que decidir, y por tanto, minimizar la medida en que el gobierno necesita participar directamente en el juego…

La libertad política significa que ningún hombre ejerce la fuerza sobre el resto de los otros hombres. La principal amenaza contra la libertad es el poder de usar la fuerza, sea por parte de un monarca, dictador, oligarquía o una mayoría momentánea. La defensa de la libertad requiere la eliminación, en la medida de lo posible, de esas concentraciones de poder, y la dispersión y distribución de poder que sea imposible eliminar (un sistema de contención y equilibrio). Al hacer que la autoridad política pierda el control de la actividad económica, el mercado elimina esa fuente de poder coercitivo. Hace que la fuerza económica actúe de contención del poder político, y no de refuerzo… Si el poder político se une con el económico, la concentración de poder parece casi inevitable. Pero si mantenemos el poder económico en otras manos, separadas del poder político, puede servir para contener y contrarrestar el poder político…”

El autor, que solo conoce la libertad negativa, afirma en consecuencia la importante tesis liberal sobre el rol del Estado: arbitrar en los conflictos de intereses económicos. Por lo demás, no meterse. Pero olvida el principal rol estatal: salvaguardar la seguridad de los ciudadanos más débiles. Y lo peor: el autor “se olvida” de que el poder político, al que tanto teme, es fruto de la decisión del pueblo en una democracia como la que hoy vivimos. Por otra parte, la realidad muestra todo lo contrario a lo afirmado por el autor, obsesionado por una pura libertad negativa: nunca como hoy ha habido tanta concentración de poder en unos pocos, poder económico que no solo restringe la soberanía de los Estados (y de sus respectivos poderes políticos) sino que se ha tornado absolutamente ingobernable, oprimiendo despiadadamente a millones de seres humanos.

“En la sociedad capitalista, lo único que hace falta es convencer a unas cuantas personas adineradas para que den fondos para lanzar una idea, por extraña que sea, siempre hay personas así… De lo único que hay que convencerles es que la propagación de esas ideas puede financiarse con éxito, o de que tal periódico o revista o cualquier otro proyecto va a dejar un beneficio…”

Un nuevo caso de cinismo: son las personas adineradas las que pueden digitar la opinión pública, sin importar la bondad de las ideas, proyectos o los valores subyacentes. Basta el beneficio económico. ¿Y cómo harán las personas no adineradas para propagar sus ideas en un sistema democrático?

Respecto a la función del Estado, a la que ya se ha referido, el autor concluye:

“Para un liberal, los medios apropiados son la libre discusión y la cooperación voluntaria, lo cual implica que toda forma de coerción es inapropiada. Lo ideal es que entre los individuos responsables haya unanimidad, conseguida a base de discusión libre y competitiva…

Igual que en un partido deportivo los participantes aceptan tanto las reglas de juego como los árbitros que las imponen, de la misma forma en una buena sociedad hace falta que sus miembros estén de acuerdo en las condiciones generales que van a regir las relaciones entre ellos, en los medios que van a juzgar las diferentes interpretaciones de esas condiciones, y en algún instrumento para imponer el cumplimiento de las reglas generales aceptadas… Así es que las funciones básicas del Estado en sociedad libre son: ofrecer un medio por el que se puedan modificar las reglas, mediar en las diferencias que surjan en cuanto al significado de las reglas e imponer el cumplimiento de las reglas sobre aquellos que decidieran romperlas…

En resumen: la organización de la actividad económica mediante el intercambio voluntario, presupone, a través del Estado, el mantenimiento de la ley y el orden para impedir el uso de la fuerza de un individuo sobre otro; hacer cumplir los contratos contraídos voluntariamente, definir el significado de los derechos de propiedad, interpretar y hacer cumplir esos derechos, y mantener la estructura monetaria…

Un Estado que mantiene el orden y la ley, que definiera los derechos de propiedad, sirviera como medio por el que se pudieran modificar los derechos de propiedad y otras reglas de la vida económica, hiciera cumplir los contratos, fomentara la competencia, proveyera un sistema monetario, se ocupara en actividades para contrarrestar los monopolios técnicos y los efectos de vecindad que se consideran generalmente como de importancia suficiente para justificar la intervención estatal y que suplementara la caridad privada y la familia en la protección de los irresponsables (niños y locos), semejante gobierno estaría realizando funciones importantes”

Para el autor, un creyente liberal, la sociedad se divide entre los ricos propietarios y los locos y niños. Los pobres son “irresponsables” o no existen, aunque constituyen el 80% de la población mundial que es literalmente explotada (en varias de nuestras provincias, más de la mitad de la población; y en Latinoamérica, según datos del PNUD de 1990, un 61,8%), y para ellos el Estado y el mercado no tienen respuesta alguna, como tampoco ese Estado mínimo que controla las reglas que han impuesto los que tienen el poder. Como ha podido comprobar el lector, tampoco existe el concepto de justicia o equidad, o desarrollo humano integral, ni se habla de igualdad de oportunidades o de una equilibrada repartición de bienes y servicios.

Se parte de la antropología restrictiva del “hombre económico” absolutamente competitivo que, como tal, no existe en ninguna sociedad mínimamente humana, un hombre sin lazos afectivos, sin solidaridad y sin valores sociales. Por eso concluye el autor que el Estado sólo está para defender los intereses de los propietarios capitalistas. El mundo actual es testigo de las consecuencias de esta postura, una ideología creada por unos pocos y para beneficio de muy pocos, como los siglos XVIII, XIX y XX fueron testigos de sus contradicciones y de la tremenda crisis humana y social que provocó. Todo lo cual no significa tampoco negar simplista y maniqueamente (como algo puramente malo) el valor del mercado, de la propiedad privada y de la sana competitividad. Pero una cosa es no negar su valor, y otra es poner al mercado libre como la panacea de todos los problemas humanos.

Aclarado el escenario político-económico neoliberal, veamos ahora a tres autores claves de la nueva teoría política neoliberal de la democracia.

2.  Pensamiento de Schumpeter (1883-1946)

Siguiendo la teoría elitista de Pareto, Mosca y Michels, según la cual “la función política de las masas en una democracia no es la de gobernar… pues siempre gobernará una pequeña minoría… Las masas tienen como función sólo intimidar al gobierno” (Ostrogorski, 1880), propuso en 1943 lo que llamó “otra teoría de la democracia”. Su objetivo fue traducir la tradición democrática en términos realistas, y adaptar la tradición a los niveles de complejidad y diferenciación que las sociedades habían alcanzado.

Rechazando los elementos de participación, representación y control de la ciudadanía (propios de la democracia clásica), define a la democracia, como ‘un método que compromete a los ciudadanos en el proceso formal de designar agentes que determinarán las cuestiones políticas’. Como en estas sociedades tan complejas, el pueblo “no es capaz” de ejercer la soberanía política, la delega en aquellos a quienes elige. Para Schumpeter el pueblo siempre se comporta de manera “irracional”, apático, desinformado y muy manipulable, por lo que nunca puede conocer cuál es el bien común ni menos gobernar. Por lo tanto:

a) Esta nueva democracia tiene estos  elementos primordiales:

  1. Un régimen es democrático por los procedimientos de la “producción del gobierno”; por lo tanto, no por sus  valores y objetivos.
  2. A diferencia de los gobiernos despóticos, esta producción del gobierno se realiza por medio de una lucha competitiva.
  3. Esta lucha se decide mediante una elección.

b) Se le agregan los siguientes puntos adicionales:

  1. El método democrático es el mejor porque todo lo subordina a la libertad individual.
  2. Debe haber una pluralidad de grupos interesados en obtener el liderazgo político (al menos dos partidos), y que someten sus productos al criterio selectivo del pueblo.
  3. Tiene que haber “libre competencia por un voto libre”. Esta libertad se refiere sobre todo a la prensa y expresión de todos.
  4. El liderazgo es una función primordial del sistema democrático. Corresponde a los líderes, y no a las masas, ser los protagonistas de la vida democrática.

Por lo tanto: la democracia es preferible por motivos prácticos funcionales: es la que mejor se adapta a la libre competencia de los grupos políticos y de los grupos económicos.

3.  Pensamiento de Anthony Downs

En “Teoría económica de la acción política en una democracia”(1957) propone un nuevo modelo democrático liberal. (Hacemos una fiel síntesis según la versión castellana en“Diez textos básicos de Ciencia Política”, de  Almond y otros. Ariel, Barcelona). A diferencia de Schumpeter, Downs parte de la idea de que el pueblo se comporta racionalmente en todo momento, sabiendo calcular el costo-beneficio en cada elección.

3.1  Tras criticar el sistema clásico en el que la política busca el bien común, y para ello subordina la economía al bienestar de la gente, continúa: se supone “que la función propia del gobierno es maximizar el bienestar social. Pero en estos casos, no está claro en qué consiste el bienestar social y cómo se lo podría maximizar. Pero aún suponiendo que hubiera acuerdo en esos puntos, ¿cuál es la razón para creer que los hombres que dirigen el gobierno tendrían motivaciones suficientes para intentar maximizarlo? Afirmar que deberían hacerlo, no significa que lo harán”

O sea, los políticos realizan sus funciones y tareas, no por el bienestar de la sociedad, sino por sus intereses particulares, sea en dinero, prestigio o poder. Por lo tanto, necesitamos una teoría que explique cómo los gobernantes actúan de acuerdo a sus propios motivos egoístas. Y este es el estudio que abordamos: un modelo de toma de decisiones gubernamentales basado en este enfoque.

3.2  Para construir este modelo utiliza las siguientes definiciones:

En la división de trabajo, el Gobierno es el agente que tiene el poder de coerción sobre todos los otros agentes de la sociedad; es el punto en que se concentra el poder último en un área determinada.

Una Democracia es un sistema político que tiene las siguientes características:

a)    Dos o más partidos compiten por el control del aparato gubernamental en elecciones periódicas.

b)    El partido o coalición que obtiene la mayoría de los votos, gana el control del aparato gubernamental hasta la siguiente elección.

c)     Los partidos perdedores nunca intentan impedir que los ganadores tomen el poder, ni los ganadores utilizan el poder adquirido para impedir que los perdedores compitan en la elección siguiente.

d)    Son ciudadanos todos los adultos sanos y cumplidores de la ley que son gobernados, y cada ciudadano tiene un voto, y sólo uno, en cada elección.

Aunque estas definiciones son algo ambiguas, bastarán para nuestros propósitos actuales.

3.3 Establece, a continuación, los siguientes axiomas:

a)      Cada partido político es un equipo de hombres que sólo desean sus cargos para gozar de la renta, prestigio y el poder que supone la dirección del aparato gubernamental.

b)     El partido o coalición ganador tiene el control total de la acción gubernamental hasta la elección siguiente. No existen votos de confianza entre elecciones, ni por parte de la legislatura ni por parte del electorado, por lo que el partido gobernante no puede ser sustituido antes de la elección siguiente. Tampoco es desobedecida ninguna de sus órdenes, ni es saboteada por una burocracia intransigente.

c)      El poder económico de los gobiernos es ilimitado. Pueden racionalizar cualquier cosa, pasar cualquier cosa a manos privadas, o adoptar cualquier medida intermedia entre estos dos extremos.

d)     El único límite al poder gubernamental es que el partido que lo ejerce no puede restringir de ningún modo la libertad política de los partidos de la oposición o de cada uno de los ciudadanos, a menos que busque ser derrocado por la fuerza.

e)      En el modelo, cada agente (sea individuo, partido o coalición) se comporta racionalmente en todo momento. Es decir, persigue sus fines con el mínimo empleo de recursos escasos y sólo emprende acciones en las que el ingreso marginal excede al coste marginal (o sea, aquí “racional” equivale a eficiente).

3.4  A partir de estas definiciones y axiomas puede obtenerse una hipótesis central:

en una democracia los partidos políticos formulan su política estrictamente como medio para obtener votos.

Son los llamados partidos catch all (“agarra todo”) o “de todo el mundo”, cuyo único objetivo es acaparar la mayor cantidad de votos, prescindiendo de ideologías, valores y propuestas. O sea, la política funciona como un mercado.

No pretenden sus cargos para realizar determinadas políticas preconcebidas o para servir a los intereses de cualquier grupo particular, sino que ejecutan políticas y sirven a grupos de intereses para conservar sus puestos.

Por lo tanto, su función social, que consiste en elaborar y realizar políticas mientras se encuentren en el poder, es un subproducto de sus motivaciones privadas (que buscan obtener la renta, el poder y el prestigio que supone gobernar).

En una democracia, esta hipótesis supone que el gobierno siempre actúa para maximizar su caudal de votos; es un empresario que vende política a cambio de votos, en lugar de productos a cambio de dinero. Además, debe competir con otros partidos para obtener esos votos, igual que dos o más oligopolios que compiten para vender en un mercado. Que el gobierno maximice o no el bienestar social depende de cómo la competencia influye sobre su comportamiento. No podemos suponer a priori que este comportamiento es socialmente óptimo, ni que una empresa determinada producirá bienes socialmente óptimos.

Si la competencia ayuda a la gente y eso le reditúa, hay que hacer lo mismo con tal de no perder votos.

4. Ahora examina la naturaleza de las decisiones del gobierno en el contexto de un mundo en que existe el conocimiento perfecto por parte de los ciudadanos y la información no es costosa (lo que sucede muy pocas veces). En tal caso:

a)      Las acciones de gobierno son una función de la forma en que espera que voten los ciudadanos y de las estrategias de sus opiniones.

b)     El gobierno confía en que los ciudadanos voten de acuerdo con: a) las variaciones que la actividad gubernamental provoque en su utilidad o renta, y b) las estrategias de los partidos de oposición.

c)      Los ciudadanos votan de acuerdo con: a) las variaciones que cause la actividad gubernamental en su utilidad o renta, y b) las alternativas ofrecidas por la oposición.

d)     La utilidad o renta que los votantes reciben de la actividad gubernamental depende de las acciones tomadas por el gobierno durante su mandato.

e)      Las estrategias de los partidos de la oposición dependen de su punto de vista sobre la utilidad o renta que los votantes obtienen de la actividad gubernamental y de las acciones realizadas por el partido en el poder.

Estas proposiciones forman un conjunto de cinco ecuaciones con cinco incógnitas: los votos esperados, los votos reales, las estrategias de la oposición, la acción gubernamental, y las utilidades o rentas individuales que produce. En consecuencia: la estructura política de la democracia puede ser considerada como si fuera un conjunto de ecuaciones simultáneas similar a las utilizadas para analizar la estructura económica.

Puesto que los ciudadanos de nuestro modelo de democracia son racionales, cada uno de ellos considera las elecciones estrictamente como medio para seleccionar el gobierno que más los beneficia. Cada ciudadano estima la utilidad o renta que obtendría de las acciones que espera de cada partido si estuviera en el poder en el siguiente período electivo, es decir, primero evalúa la utilidad-renta que le proporcionaría el partido A, después el B y así sucesivamente”. Todo esto en el supuesto de que los ciudadanos tienen perfecta información política.

5.  Pero si el pueblo no tiene buena información sobre el gobierno y los partidos (lo que sucede en la mayoría de los casos) , entonces para Downs el resultado inevitable es la persuasión, la manipulación y la ideología. Es decir, los grupos con poder persuaden y manipulan al pueblo para conseguir su voto, o bien lo sobornan con dinero y dádivas; y si hace falta “cada partido inventa una ideología para atraer lo votos” de los ciudadanos que necesitan votar ideológicamente, manteniendo al menos una aparente coherencia.

4. Pensamiento de Robert Dahl

A partir de 1957 en adelante, propone lo que él llama teoría pluralista de la democracia  o Poliarquía (muchos grupos de poder). O sea, en las democracias reales no existe el poder del pueblo ni el poder de una sola elite unida (oligarquía), sino varios grupos elitistas de poder (económicos, políticos, etc.) que se arreglan entre ellos como líderes para gobernar sobre un pueblo no-líder. Pero los líderes no pueden desentenderse totalmente de los ciudadanos, pues éstos los controlan a fin de saber  a quién votar en las próximas elecciones. Por su parte, los líderes (élites) negocian entre ellos para mantener el poder y atender, no al interés general de la masa de votantes, sino a los “intereses particulares” de sus respectivos grupos. Es decir, hay un doble control sobre los grupos poliárquicos; de los ciudadanos en las elecciones y de los diversos grupos entre sí. Por su parte, el Estado, pasivo y neutral, trataría de lograr mínimos acuerdos y algún tipo de compromiso entre los diversos grupos de poder.

En definitiva, concluimos nosotros, la característica fundamental de esta nueva democracia elitista es la falta de representatividad del pueblo, que elige el gobierno (que incluye a los parlamentarios) pero no decide ni tiene poder para darle mandatos, exigir planes y proyectos o controlarlo durante su ejercicio; y en consecuencia, la falta de participación del pueblo “soberano” en la toma de decisiones que tienen que ver con su destino histórico.

Por otra parte, todos estos autores hablan de la democracia tal como se da en la realidad, sin establecer pautas de “cómo debiera ser” una auténtica democracia. Por tanto, realismo y pragmatismo.

5.  Nuevos pensadores liberales

Esta visión positivista y pragmática de la democracia, carente de  toda reflexión y principios de razonamientos lógicos, pantalla política del neoliberalismo-económico-conservador, es desarrollada y ampliada por otros numerosos autores como Polsby, Raymond Aron, Giovanni Sartori, etc. Su principal característica siempre es el elitismo democrático’: la representación que las élites políticas son llamadas a ejercer en competencia unas con otras. Tal  es la esencia misma de la democracia. Sartoni la define como ‘un sistema basado en la voluntad ficticia de la mayoría y, en realidad, ideado y sostenido por un gobierno minoritario’ que lleva a remolque a la mayoría ciudadana. O sea: una nueva aristocracia oligárquica.

a) De estos principios, la escuela neoliberal extrae estos corolarios:

  1. La igualdad política solo supone tener derechos políticos y una igualdad “formal” de los ciudadanos adultos para votar y competir para los  cargos electivos.
  2. El Parlamento es un órgano más del poder, con procedimientos específicos ( no es representativo…)
  3. El sistema político es una estructura similar al mercado económico, dentro del organismo de la división social del trabajo. La función del Parlamento es ‘substitutiva’, pues sustituye a los demás ciudadanos que no tienen tiempo, aptitud o deseo de ejecutar esa tarea parlamentaria. Dada su especialización profesional, los parlamentarios constituyen “una clase política diferenciada”.
  4. Aunque la democracia necesita del pluralismo y de la competencia entre grupos políticos, también tiene un carácter oligárquico de las estructuras dentro de los grupos. La democracia no consiste en partidos, sino entre partidos que internamente no son democráticos pues son dirigidos por las élites oligárquicas.
  5.  La verdadera función del voto es la aceptación de un liderazgo, no crear una asamblea que represente las opiniones de los votantes. Conviene el método de mayoría simple porque es más eficiente.

Dadas todas estas características de un realismo casi cínico, salta a la vista la inconsistencia teórica y la debilidad analítica de este sistema que, a pesar de todo, ha logrado la hegemonía a nivel mundial.

b) Hagamos nosotros unas observaciones finales:

  1. Al tomar a la competencia económica como una metáfora explicativa del proceso democrático, es evidente que se considera como un ideal la libertad del Mercado. Democracia neo-liberal  y neo-liberalismo económico son dos caras de la misma moneda.
  2. El mercado político maneja recursos y bienes (políticos) a ser distribuidos en un equilibrio entre los intereses de los productores políticos y los consumidores políticos.
  3. El consumidor político (la ciudadanía) debe tener la suficiente racionalidad (autonomía intelectual y moral)  en el mercado de proyectos y líderes para hacer una elección de acuerdo a sus preferencias particulares.
  4. Gracias a la libertad de prensa y expresión, las élites y los líderes pueden ejercer su tarea de persuasión sobre los ciudadanos para que hagan una buena elección. Esas formas de persuasión tienen el lógico permiso de utilizar técnicas psicológicas de propaganda para jugar un rol decisivo en la “libre decisión” de los votantes.

Todo lo cual nos lleva a pensar que si gran parte del poder político es ejercido dentro de circuitos invisibles apartados de toda lógica del mercado, que los ciudadanos están a merced de fuerzas incontrolables, que están sometidos a la apatía y a la falta de información y responsabilidad, y que son incapaces de motivarse a sí mismos, aún cuando sean física y legalmente libres, entonces será necesario preguntarnos dónde está la diferencia entre el elitismo democrático y el elitismo cabal, o sea, entre la democracia y su opuesto…

6.  Reacción democrática

Demás está decir que, frente a esta democracia elitista neoliberal conservadora, numerosos autores (entre ellos Pateman y Held) siguen proponiendo, en la línea de la democracia clásica griega y la de Rousseau, una democracia cuyo centro es la participación no sólo para votar sino en todo momento, significando por lo tanto el hecho de participar el pueblo en la toma de decisiones. Al mismo tiempo se tiende a buscar la participación más directa posible, especialmente en el Municipio y otras organizaciones sociales.

Esta democracia no es puramente descriptiva de lo que pasa en la realidad de nuestros países, sino que tiene una base ética, que es el derecho de la ciudadanía a poder tomar decisiones políticas en todo lo que atañe a su destino, su proyecto y su futuro. Un derecho que se asienta sobre la autonomía de la sociedad (ciudadanía o pueblo), autonomía que es la capacidad de los seres humanos “de razonar conscientemente, de ser reflexivos y autodeterminantes, como también la habilidad para deliberar, juzgar, elegir y actuar entre los distintos cursos posibles de acción tanto en la vida privada como en la pública” (Held).

Por eso el filósofo Habermas define a la democracia como “la forma política derivada de un libre proceso comunicativo dirigido a lograr acuerdos consensuados en la toma de decisiones colectivas”. En consecuencia: máxima participación en el diálogo por toda la comunidad y rechazo de una democracia como simples procedimientos electorales.

Por lo tanto, la Política “es la capacidad de todos los agentes sociales para mantener o transformar su medio, social o físico”, lo que es una característica de todos los grupos, instituciones y sociedades, privados y públicos, y se expresa en las actividades de cooperación, negociación y lucha por el uso y distribución de los recursos. Una actividad totalizante y total que “crea y condiciona todos los aspectos de nuestras vidas y es el centro del desarrollo de los problemas en la sociedad y de los modos colectivos de resolverlos” (Held)

Esta amplia concepción de la política (la desarrollamos en la Primera Parte) “significa nuevos horizontes para la teoría de la democracia y nuevos espacios de decisión democrática, lo que equivale a la búsqueda de principios colectivos de toma de decisiones que permitan la participación extensa de los ciudadanos en una también extensa variedad de problemas públicos, hechos ambos que condicionan la aplicación del principio de autonomía” (Sofía Respuela en La Democracia, una discusión sobre sus significados).

Y todo esto a pesar de las actuales circunstancias de desigualdad social y cultural, y a pesar de tantos otros condicionamientos negativos planteados por el neoliberalismo, y también a pesar de los efectos de un poder político globalizado que cercena la autonomía del Estado y de la sociedad.

Por supuesto, esto supone democratizar las instituciones del Estado y todas las organizaciones y aspectos de la vida civil. Es un derecho de la sociedad, pero también una responsabilidad que implica un largo y costoso aprendizaje. Aprender a vivir democráticamente.

 

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