Democracia y República. Es lo mismo? Varios

DEMOCRACIA Y REPÚBLICA: ¿ES LO MISMO?

Hoy en dia, mucha gente no tiene en claro los conceptos “Democracia” y “República” y a menudo los confunde.

El término “Democracia“, se refiere a una forma de gobierno. Nuestro país, adopto la Democracia Representativa, por medio de la cual, las autoridades son elegidas por el voto directo de los ciudadanos (art. 1 y 22 de la C.N.)

En cambio, una “República” es un sistema político, que se fundamenta en el imperio de la ley (Constitución) y en la igualdad de todos sus habitantes ante la ley (art. 15 y 16 de la C.N.)

En la democracia moderna juega un rol decisivo la llamada “regla de la mayoría”, es decir, el derecho de la mayoría a que se adopte su posición cuando existen diversas propuestas.

Sin embargo esta posición nunca debe afectar los derechos fundamentales de las minorías o de los individuos.

Para que una verdadera democracia funcione, debe existir (por ejemplo): periodicidad en los cargos, publicidad de los actos de gobierno, responsabilidad de los políticos y de los funcionarios públicos, soberanía de la ley, respeto a las ideas opuestas, igualdad ante la ley, idoneidad como condición de acceso a los cargos públicos, etc.

Para que una verdadera república funcione, debe existir real independencia y control entre los poderes que lo componen: El poder Ejecutivo (Presidente), El poder Legislativo (Diputados y Senadores) y el Poder Judicial (Corte Suprema de Justicia y demás tribunales inferiores).

Esta División de Poderes, surgió como una forma de proteger al ciudadano frente al Estado.

En la antigüedad, estos poderes eran monopolizados por la monarquía absolutista a la cual se le atribuía el abuso de poder en el trato con las personas (despotismo).

Surgen ahora algunas cuestiones inquietantes.

Un gobierno puede ser elegido democráticamente (por ganar legítimamente las elecciones), pero su ejercicio puede no serlo si, por ejemplo, no atiende las necesidades de la población.

Asimismo, puede pasar que un gobernante sea democrático en su origen y en su ejercicio, pero no republicano en su gestión si, por ejemplo, no asegura o desconoce la división de poderes.

En nuestra realidad cotidiana, hay sobradas pruebas para preocuparse sobre el camino crítico que ha tomado nuestro país.

Estas son algunas de ellas:

el Congreso de la Nación delega facultades al presidente cuando esto está expresamente prohibido en la CN, el partido gobernante no respeta ni atiende las opiniones de la oposición, el poder ejecutivo no respeta los fallos judiciales y firma decretos estando en funciones las cámaras legislativas, se pagan subsidios y clientelismo con el aporte de los agónicos jubilados, se persiguen a los medios de comunicación y se atenta contra la libertad de expresión (del que piensa distinto al gobierno), se compran voluntades, se falsean los índices oficiales, se utiliza información confidencial y dinero público con fines políticos, se aplican impuestos confiscatorios, etc, etc.

Es lamentable observar cómo se desprecian las instituciones y, a la vez, se advierte cómo la justicia no está dispuesta a tomar intervención en estos temas mientras el Congreso de la Nacion permanece indiferente.

¿Puede entonces un gobierno ser democrático y no republicano?

Tenemos ejemplos contemporaneos como Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde los líderes populares que han llegado al poder mediante el apoyo de las mayorías en procesos democráticos, han acabado con el Estado de Derecho y han convertido al sistema judicial y a las fuerzas del orden en instrumentos de represión y persecución política.

Estrictamente, estos gobiernos no han dejado de ser democráticos. Después de todo, los atropellos que han cometido han tenido la aprobación tácita o explícita de la mayoría de sus respectivas poblaciones.

Es por ello, que siendo despóticos y antirrepublicanos se vanaglorian de ser democráticos. Y precisamente usan como argumento la democracia, en el sentido estricto de apoyo de las mayorías mediante las urnas, para acabar con la República.

Para que nuestro país no siga por ese camino, hay que “educar al soberano”, o sea, al ciudadano.

La población debería comprender que la democracia no se extingue en el acto de elección de una mayoría, sino que se debe practicar día a día respetando a las instituciones y a todos los sectores del pueblo, evitando que mayorías circunstanciales cometan abusos contra las minorías.

Es precisamente para evitar estos males, que se creó la República y la División de Poderes.

Actualmente el desconocimiento es tal, que la gente no sabe que los Diputados y Senadores Nacionales representan los intereses del pueblo de las provincias que los eligió (art. 45 y 54 de la CN). Una inmensa mayoría cree que la función de estos delegados es la de defender u oponerse al gobierno, levantando la mano y obedeciendo ciegamente al jefe de bloque.

Es la República la que da el marco para que la democracia funcione realmente y es la división de poderes lo que habilita para que los derechos y garantías de los ciudadanos sean respetados. Es de esta forma en que la Democracia puede actuar correctamente.

Hoy en dia, parece que no existe en la práctica otro poder que el ejecutivo gobernando a voluntad por decreto, y que la República es un simple eufemismo que únicamente sirve para justificar los excesos del gobierno de turno.

DEMOCRACIA Y REPÚBLICA

EduardoGarcía Gaspar

No son lo mismo. Pueden diferir en mucho. Una es considerada una vaca sagrada. La otra casi no se menciona. Me refiero a “república” y a “democracia”. La opinión general y la costumbre verbal colocan toda su atención en la democracia. A la república la hacen de lado y, lo peor, creen que es lo mismo que democracia..El asunto bien vale una segunda opinión para ver la definición de democracia, la definición de república y examinar las diferencias.

No son cosas complicadas y para hacerlas claras uso la explicación de un amigo, según recuerda él haberla leído en alguna parte. Supongamos que se comete un robo y el ladrón es capturado. El trato dado al ladrón será diferente en una democracia que en una república. Si el ladrón fuere juzgado en una democracia, su condena sería puesta a votación popular y, si la mayoría vota que lo ahorquen, eso se hará. La voz de la mayoría es la ley. Si, por el contrario, el ladrón vive en una república, una vez capturado se le lleva al juez y es sometido a un juicio en el que puede hacer jurados, y donde se aplica la ley: la sentencia estará predeterminada y seguramente no será el ahorcarlo si se le juzga culpable.

No es una diferencia pequeña. Veamos la diferencia entre democracia y república parte por parte. El principio central de la democracia es la mayoría. La mayoría tiene la razón y ejerce su voluntad. Todo el énfasis está en la expresión de la voluntad del pueblo, de la mayoría, de lo que diga los más numerosos. Es un sistema altamente dependiente de una opinión pública ilustrada y razonable (esa que no votaría por ahorcar al ladrón).

El principio central de la república es la ley, generalmente una constitución o carta magna nacional. En ella se establecen las grandes normas que regirán al país y desde las que se crean leyes más detalladas. Hay procesos de elección y votaciones, igual que en la democracia, pero el gran énfasis está en la gran ley primera.

Ahora entremos a las mentalidades que representan esas dos palabras, democracia y república. Una, la democrática, enfatiza a la voluntad mayoritaria y tiene sus frases comunes, como la voz del pueblo, la voluntad general y otras por el estilo. No es que se olvide de la ley, sino que la rebaja en importancia. La mentalidad democrática es la que intenta resolver todo por medio de diálogo y acuerdos entre partes, sin grandes principios que normen los asuntos. De aquí surgen los gobernantes que se sienten representantes de las mayorías y para quienes la ley suele ser un estorbo.

La mente republicana es, en cierto sentido, temerosa de las mayorías en quienes no confía totalmente. Consecuentemente se prefiere el imperio de la ley, el estado de derecho que emana de la gran ley superior aprobada por una mayoría de personas selectas, no por mayoría general ciudadana. Tiene su punto válido. No hay garantía razonable que impida que la mayoría vote por algo irracional e injusto.

En otras palabras, ser demasiado democrático es un peligro que llevaría a regímenes extremos de injusticia. No es que no se tengan votaciones, sino que todo se realiza bajo un marco legal que impida excesos mayoritarios.

Es decir, en resumen, una república es un sistema político que siendo democrático contiene frenos y limitaciones a la voluntad mayoritaria y que están contenidas en la gran ley general, de la que surgen el resto de las leyes. Es una buena idea. El miedo a las mayorías está bien justificado.

Una democracia en la que la gran ley no existe o se ignora llegará eventualmente a un régimen de abuso de poder e injusticia: el gobernante se legitimará con el respaldo mayoritario, real o imaginario, y gobernará de acuerdo con lo que él piense que quiere la mayoría (y que coincidirá lo que a él le dé más poder).

Estas consideraciones son las que hacen posible evaluar a, por ejemplo, el gobierno de Chávez/Maduro. La voz popular definida por el presidente y la violación sistemática de leyes. Jamás podrá decirse que es una república.

Visto de otra manera, en una república se protegen a las minorías tratándolas bajo la ley igual para todos. En una democracia las minorías cuentan poco o nada, porque lo importante  es la voz mayoritaria y lo que ella decida que deba hacerse.

En otras palabras, la república es un mejor sistema de gobierno que la democracia. La mentalidad republicana presenta mecanismos para evitar abusos de autoridad, cosa que en la democracia no existe.

Finalmente, un fenómeno actual. El caso de países en los que la vestimenta política formal es un sistema republicano, con ley mayor y representantes elegidos que juran trabajar dentro de ese marco legal, pero que en su operación diaria dejan llevarse por la mentalidad democrática que les hace saltarse a la ley. México, y muchos otros, son ejemplos de esta modalidad.

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