Democracia y República. Álvarez

REPÚBLICA Y DEMOCRACIA.
De la ficción de la representación
a la profundización participativa.

Raúl Néstor Alvarez..

Introducción.

En el habla cotidiana, los términos república y democracia suelen utilizarse como sinónimos. En el discurso de los dirigentes políticos también, aunque en algunos casos es más notoria la tendencia a utilizar unos u otros. En el ámbito de la ciencia política y la teoría del estado, en cambio, el uso de uno u otro término se encuentra mucho más matizado. No obstante ello, tampoco resulta del todo claro a qué refieren uno y otro término, y qué diferencias tienen entre sí.

La pregunta central que nos hacemos en esta oportunidad es ¿Qué relación existe entre los conceptos de República y de Democracia? Como existe una diversidad de definiciones para cada término, depende del concepto que se aplique puede variar la respuesta. No vamos a recorrer aquí la historia de cada una de estas nociones, sino que nos vamos a limitar a las consideraciones necesarias para fijar una caracterización, y poder así responder a la pregunta que nos motiva. Adelantamos desde ya que en nuestro modo de ver, existe una tensión entre ambas nociones. Tensión ésta que puede ser zanjada mediante la democracia participativa.

Democracia.

Por democracia entendemos una forma de gobierno en la que el poder lo ejerce el pueblo. Existen múltiples caracterizaciones y clasificaciones posibles. Nos interesa resaltar la impronta de su origen: la Grecia clásica, que aportó a la historia política la concepción de un gobierno ejercido por todos los ciudadanos.
Es un concepto relativamente sencillo y nítido, aunque difícil de llevar a la práctica y de encauzar institucionalmente. Baste recordar por lo pronto que existen básicamente dos tipos de democracia: la directa que es aquella en la que gobierna el pueblo mismo reunido en asamblea. Y la indirecta o representativa, en la que el pueblo gobierna a través de un mandatario o conjunto de mandatarios, que es el gobierno propiamente dicho.

República.

El concepto de república, en cambio, es más inasible. Su origen se encuentra en Roma. La referencia de “res pública” o cosa pública, sirve para diferenciar esta forma de gobierno de la monarquía que le había precedido. ¿Por qué hacer hincapié en la cosa pública? Porque de este modo queda referido el interés común de los ciudadanos, que debe ser perseguido por el gobierno. Y con el objeto de asegurar esta orientación al interés común, se lo somete a leyes. Quien conceptualiza tempranamente esta forma de gobierno es Cicerón que la define como una sociedad formada bajo la garantía de las leyes y con el objeto de la utilidad común.

El aporte moderno a esta teoría del gobierno republicano lo podemos encontrar en Maquiavelo, que también retoma el tipo “república” para diferenciarlo del principado. Si lo propio del tipo monárquico es la concentración de poder en el Rey, lo característico de la República es la distribución de poder. Más allá de que esta pueda ser democrática o aristocrática.
Esta idea va a ser tomada por Montesquieu que especifica técnicamente la idea republicana de distribución de poder, en la definición de la “división de poderes”. A partir de aquí, el concepto de república va a ser asimilado, cada vez mas, a gobierno para el interés común, regido por leyes, que establecen la división de poderes. Pero ciertamente, el concepto no es tan nítido y simple como el de democracia.

Democracia y República: Poder y Derecho.

Digamos sintéticamente, que si democracia es gobierno del pueblo, república es gobierno legal y dividido, para el interés común. La democracia, de origen griego, hace hincapié en el elemento gobierno, en el poder. En tanto que la república, de origen Romano, pone más el acento en la ley que rige al gobierno, en el derecho.

La República Representativa moderna.

Lo cierto es que en el punto de llegada histórico de la modernidad, las sociedades capitalistas centrales tienden a adoptar formas de gobierno republicanas, legitimadas en tanto gobiernos democráticos. La confluencia de ambos conceptos estaría dada por la noción de representación política: como el pueblo está compuesto por millones de personas, y no puede reunirse en un solo lugar, mediante el acto del sufragio da mandato a unos gobernantes electos, que ejercen el gobierno en representación suya.

Representación vs. Democracia.

El problema es que en la práctica, esta representación no se verifica. En cambio, el componente republicano, la faz jurídico institucional de los gobiernos en los países capitalistas, tiende a entrar en conflicto con el componente democrático. Hay una dinámica descendente que se impone, a la que otra dinámica, ascendente, resiste.
El núcleo del conflicto está en el carácter acrítico de este modo de enunciar la teoría republicana. Se abstrae de las características reales de las sociedades, sus desigualdades y sus conflictos. Y termina plasmando una ficción jurídico política, como es la teoría de la representación.

La sociedad como red de relaciones.

La sociedad está compuesta de un conglomerado diferenciado de relaciones sociales. Dado que los medios de producción material, simbólica y política se encuentran desigualmente distribuido, estas relaciones sociales calcan un formato desigual y jerárquico, en el que la mayor parte de los medios del hacer social, son controlados por una minoría, que ejercen relaciones de explotación, dominación y sumisión sobre el resto de los individuos y grupos, que al estar desposeídos de estos medios, se ven obligados a entrar en relaciones sociales desventajosas con sus apropiadores. El poder jurídicamente organizado del estado, no determina las relaciones sociales sino que es la expresión institucional de éstas, con su impronta jerarquizante y desigualadora. De modo que por sobre el poder del estado, se edifica un poder (económico, comunicacional y político) superior al del propio gobierno, pero que permanece oculto, como modo de hacer perdurable estas relaciones de dominación.

Libertad formal y desigualdad real.

En un contexto formal de estado de derecho, regido por una constitución, que garantice efectivamente las libertades civiles y politicas, subsiste una grave desigualdad social real, que tiene influencia decisiva sobre las relaciones de poder que se establecen en la sociedad. Si formalmente, un hombre vale un voto, en la práctica, la voluntad de quienes detentan los medios del hacer social produce efectos mucho más significativos que la voluntad de las mayorías, desapropiadas de estos medios. De modo que el entramado jurídico institucional estatal, que aparece como neutral, no lo es, sino que responde, de forma mediada y compleja, a la orientación estratégica de los grupos dominantes de la sociedad. Resumiendo: sin igualdad real de oportunidades, la libertad y la representación políticas son una ficción.

El sentido de Justicia.

¿Cómo resolver este problema? ¿Es mala la representación o es malo que sea una ficción? Lo que resulta reprochable es que se utilice la falaz legitimación de los gobiernos, por la vía electoral, para ejercer el poder en perjuicio de los desarrollos de relaciones sociales favorables a los sectores sociales populares. No criticamos el concepto de representación, sino el uso fetichizado y engañoso que en el juego político se hace del mismo.
Las relaciones sociales, al ser desiguales, tienen un aspecto de poder y de resistencia que marca el sentido de justicia de las luchas. En el enfrentamiento macro y micro político entre dominadores y dominados, entre explotadores y explotados, no caben duda cuál de ambas posiciones es valorativamente preferible. Un gobierno justo y democrático es aquel que utiliza su legitimación electoral para intervenir en las luchas sociales a favor de los sectores subalternos, de modo que como resultado de este proceso se vea fortalecida la autonomía y capacidad de despliegue de estos grupos.

Participación.

La senda para el procesamiento democrático y republicano de las luchas sociales, es la acción participativa de los ciudadanos y los grupos. La lucha misma, en tanto se organiza colectivamente, es participación política, y marca el sentido democrático de las luchas.Entendemos por participación la acción de organización y lucha que llevan adelante los grupos sociales, en defensa de sus intereses, en resistencia a los poderes que los dominan.Un escollo grave de la variante participativa de la democracia, es que supone centrar la iniciativa política en grupos socialmente postergados, culturalmente pobres, con bajos niveles de recursos económicos, simbólicos y políticos. He aquí el histórico problema del gobierno de los pobres.
En este punto, la democracia participativa tiene un importante aporte que realizar, dado que en su experiencia de acción, los sectores subalternos van cimentando una cultura de reivindicación y de lucha, que hace a la construcción de su identidad ciudadana, a la constitución de sus subjetividades, y en definitiva a su maduración responsable. La acción participativa de los sectores sociales subalternos es sistemáticamente desalentada desde los sectores que ejercen el poder social y político predominante, dado que al intervenir activamente en los conflictos que se dan en las relaciones sociales, tienden a cuestionar las relaciones de desigual apropiación de los medios de producción.

Aquí es donde los sectores dominantes tienden a desplegar políticas disuasivas, represivas y/o cooptativas de los grupos sociales más participativos. Y legitiman esta intervención “antipopular” en los principios republicanos y representativos del poder legal que ejercen.Así, en la “democracia” república representativa y democracia participativa quedan deliberadamente enfrentadas. Salen a relucir entonces los discursos en torno de la virtud republicana opuestos a la chusma ignorante del populacho, o acusaciones de ese estilo. ¿Cuál de ambos antagonistas está ejerciendo el “gobierno del pueblo”?

Populismo y Demagogia.

Si la democracia es el gobierno del pueblo, es decir, de la mayoría, que en las sociedades de clases, son los pobres, el quid de la acción política democrática pasa por cómo organizar la acción de estas mayorías. La comunicación y la cultura política cobran relevancia central en esta cuestión. Es característico entonces, la emergencia del discurso populista. Entendemos por populismo una estrategia discursiva en la que existe un líder que interpela a las masas en los términos de su propio lenguaje y sentir popular. La interpelación populista, en tanto mediación discursiva de la cultura popular, tiene un importante aporte que hacer al proceso de maduración y educación política de las masas populares. El populismo no es bueno ni malo en sí. Es un dispositivo que puede ser utilizado para el crecimiento del poder popular, o para su sumisión ideológica a la figura de un líder, que en vez de favorecer su crecimiento en la lucha, tienda a someternos, para mantenerlos en la situación de control y dominación en la que se hallan. El populismo no es antagónico a la republica democrática, en tanto no derive en demagogia. Pero la demagogia, por su complicidad estructural con los intereses de los sectores dominantes, si es afín a las formas republicanas vacías de participación social activa.

Democracia y República en la Constitución Argentina de 1853.

Esta tensión entre república y democracia, es apreciable en la redacción original de la Constitución Nacional Argentina. Tal como establece el artículo uno, adopta la forma Representativa Republicana. Pero no la forma democrática, que para los constituyentes de la época evocaba la brutalidad del gaucho, y no al ciudadano.

Para más precisión, el artículo 22 de la Constitución explicita que “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes.” Y que reunión y petición de personas, en nombre del pueblo implica delito de sedición. La democracia participativa está criminalizada en el propio texto constitucional.Un proyecto de reforma, debería contemplar la necesidad de cambiar el texto de la norma, y establecer que los derechos políticos se ejercen en forma indirecta, a través de la representación por el gobierno, y en forma directa a través de la acción participativa de los grupos sociales organizados.

Conclusión.

Como conclusión, podemos decir que democracia y república expresan la diferencia entre el poder del pueblo y la norma que lo estatuye como tal. En sociedades desiguales como la nuestra, los grupos dominantes se valen de la institucionalidad republicana para contener las luchas democráticas de los sectores subalternos. El sentido de justicia en este conflicto, está dado por la posibilidad de conjugar república con democracia, a través de la acción política participativa, que no es otra cosa que el fortalecimiento de la lucha social, que los sectores populares, llevan adelante contra la dominación.

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