ParticipaciónSocial y Cultura solidaria. Maldonado

LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

COMO ELEMENTO FUNDAMENTAL DE UNA CULTURA SOLIDARIA.

Jorge Maldonado R., Profesor de Filosofía y Teología, Capacitador e Investigador Social (Fundación Feri, CINES), Docente y Coordinador Area Capacitación ICHEH.

Introducción

La breve reflexión que aquí presento, pretende enmarcar conceptualmente la relación que yo descubro entre las ideas de PARTICIPACION Y SOLIDARIDAD.

1. Una conceptualización básica.

Es necesario ser estrictos en el uso del lenguaje dada la gran variedad de interpretaciones y de percepciones que se refieren a los conceptos de Participación y Solidaridad.

En primer término, el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define que Participar es “tener uno parte en alguna cosa o tocarle algo de ella”.

Cuando analizamos el carácter esencial de la participación nos alejamos radicalmente de un concepto estático y por tanto la definición: “tener parte en alguna cosa” adquiere su sentido pleno al agregar los elementos activos que los dinamizan. De este modo, la participación deviene del carácter esencial del hombre que lo define como un ser “comunitario”. Es al parecer en esta idea del descubrimiento de los “otros” como “legítimos otros”, en que el hombre se encuentra a sí mismo verdaderamente (como dice la frase clásica: “nada humano nos debe alejar de ser ajeno”).

Esto nos permite decir que junto con tener parte en alguna cosa, la participación implica el “ser” parte de algo, lo que le da al acto de participar una intencionalidad expresada en la voluntad de personas de una comunidad que poseen un proyecto y que al proponerse un destino determinado, promueven y realizan una tarea aceptada colectivamente.

En este aspecto, la participación posee una característica especial que al realizarse en una persona, o sea, al darse ella misma “en” la participación, también se involucra con otros en un proyecto común.

Este proceso que es personal y comunitario a la vez, tiene también una raíz profunda y común con el concepto de PROMOCIÓN. El que participa se promueve a si mismo y promueve a los otros que participan del proyecto colectivo. Al mismo tiempo, cuando el proyecto busca el Bien Común, la persona adquiere, gracias a la participación, un estado superior de mejoramiento radical en que la voluntad de muchos se une en un plan en que todos se perciben involucrados.

a)Ahora, ¿qué es Participar?… hay varios conceptos de participación que se usan y hay varios niveles que se pueden distinguir en la participación, pero indudablemente, en el ámbito social hay un elemento que es definitivamente lo que determina si hay o no participación y se trata de involucramiento en las decisiones de ese proyecto del que hablamos.

Es decir, si un individuo está o se siente parte de un proyecto, pero no tiene ingerencia en las decisiones que determinan el rumbo de ese proyecto, entonces estará participando en alguna medida, pero la plentitud de la participación se da cuando hay decisión, cuando su opinión es parte de las opciones globales del proyecto y entonces podemos decir que esa persona está participando realmente.

Si para participar hay que ser parte de la decisión, esto supone primero el respeto a la diversidad, la aceptación de la diversidad, de que somos muchos los que estamos en un proyecto y que solo no podré alcanzar la realización plena de ese proyecto. En consecuencia se requiere que yo acepte la diversidad, que la permita, y lleve adelante el proyecto “con” esa diversidad.

b) El otro elemento clave en la comprensión del concepto de participación, es la permanencia de la cooperación sobre el individualismo. Es aquí donde nos vinculamos con el concepto de Solidaridad, es decir, la participación promueve la cooperación, y parece que no podría ser de otra manera. Si se participa de un proyecto común, se presupone aceptado el hecho de la diversidad; entonces, también se asume el compromiso de un trabajo colectivo en que se adquiere un sentido de pertenencia a la meta y a la tarea común.

Por su lado el concepto solidaridad en el diccionario de la Real Academia está definido así: “Adhesión circunstancial a la causa, a la empresa u opinión de otros”. Parece una definición insuficiente y simple, pero ahí está; eso es, según las palabras de ese texto.

Como se puede descubrir en el desarrollo de las ideas hasta aquí expuestas, las relaciones conceptuales y, por cierto prácticas, que se dan entre la Solidaridad y la Participación son numerosas e indisolubles. En efecto, el valor de la solidaridad encarna uno de los aspectos más representativos de la humanidad que se reconoce con un destino común y que descubre en cada hombre una parte indispensable e irreemplazable en el desenvolvimiento de su ser como aporte del desarrollo global.

En la medida que cada hombre se compromete con los demás en la lucha diaria por conquistar el Bien Común, se garantizan las razones que sustentan la esperanza de su realización. Es así como la solidaridad sólo cumple su rol de promotora del desarrollo humano en su dimensión ética. La solidaridad es un valor humano en que cada persona descubre su esencial relación con los otros y la inevitable responsabilidad de ser consecuente con ese descubrimiento.

Si retomamos la definición del diccionario, la adhesión de la que se habla es la consecuencia lógica de un proceso de autognosis en que cada persona reconoce su vinculación existencial con los demás.

Sin perjuicio de lo anteriormente dicho, cuando soy conciente de que un proyecto que reconozco como propio es también y al mismo tiempo de otros, soy capaz de adherirme a él bajo nuevos parámetros y según otras circunstancias, pues mi solidaridad no sólo es una cuestión de buenas intenciones o una mera filantropía, sino que de ella depende el logro de mi propia personal aspiración.

Entonces, se entiende que la solidaridad no es solamente un enriquecimiento de los otros, o sea, no es una donación de mí para los otros determinada por la gratuidad, sino que aquí hay una especie de amor propio disfrazado; yo, cuando me adhiero a ese proyecto de los otros y cuando soy solidario con los otros, estoy simplemente reafirmando lo que yo creo, lo que pienso y por eso es una reafirmación de mis propios proyectos, cuestión que no merece una descalificación moral, es simplemente un hecho humano.

2. Una mirada a las tendencias mundiales

Con lo que se ha dicho hasta ahora, se ha querido vincular conceptualmente los términos referidos de Solidaridad y Participación; sin embargo, esta relación la vemos reflejada de un modo muy claro, como se ha dicho, en los actuales procesos que se impulsan en nuestra democracia.

Una comprensión cabal de esta realidad supone conocer y hacerse cargo de las actuales tendencias que gobiernan el mundo y que muestran un panorama realmente nuevo y desafiante para toda la humanidad. Con esta intención, veamos algunas de estas tendencias:

a) La generalización de los problemas: Hoy, y cada día con mayor fuerza, somos testigos de cómo los problemas comienzan a romper las fronteras de lo personal, lo regional o lo nacional para caer en un terreno común en que ninguna persona, comunidad o gobierno puede sentirse ajeno. Como ejemplo de aquello tenemos los problemas ecológicos, del narcotráfico, de la pobreza, etc.

b) La consolidación de conglomerados económicos: En el mapa del poder, también comienzan a desdibujarse los límites geográficos y los países se ven en la necesidad de constituir conglomerados que consolidan poderes económicos que tiendan al equilibrio y a una nueva forma de desarrollo global. Aquí la cooperación se muestra más efectiva que las autarquías nacionales que tienden a desaparecer.

c) La aceleración de los cambios tecnológicos: la tercera revolución industrial. Este es tal vez uno de los signos más característicos de nuestra época, el desarrollo tecnológico nos obliga a aceptar los cambios de paradigmas personales, políticos, culturales, económicos, etc. con una rapidez nunca antes soñada. De hecho, la adaptación a los cambios parece ser la gran tarea del hombre contemporáneo.

d) La revaloración del espacio propio; identidad y desarrollo local: Junto a las tendencias globalizantes más arriba señaladas, se da la aparente paradoja de que en general hay un gran impulso de redescubrimiento del espacio local como el lugar de pertenencia y desde donde se puede provocar el desarrollo de un modo más cercano a la realidad de la gente. De acuerdo a esto, pareciera que lo único que está haciendo sustentable el desarrollo es que las propias comunidades locales reconozcan sus problemas y tengan la real posibilidad de superarlos. Por lo general, las políticas globales y centralistas de los gobiernos impiden el desenvolvimiento de las capacidades propias de las unidades administrativas al coartar la autonomía y la autogestión del desarrollo.

Estas realidades globales presentadas aquí someramente, nos enmarcan en el planteamiento que se pretende exponer. Los parámetros esbozados nos aclaran, de algún modo, lo que subyace a las realidades cambiantes que vive la sociedad moderna y nos introducen al análisis de nuestra propia situación de país.

3. La descentralización del poder: lo local como espacio de participación y solidaridad.

El proceso descentralizador que se comienza a dar en nuestros países de América Latina, está obligando a un profundo cambio de mentalidad. La progresiva autonomía decisional de las regiones, provincias y en especial de las comunas, suponen una disposición a asumir responsablemente las realidades locales y a buscar creativamente las mejores estrategias de solución. Este nuevo estado de cosas, significa una nueva percepción respecto de cómo se entiende y se utiliza el poder; significa también la adopción de nuevos estilos de ejercer la autoridad; pero sobre todo significa un rol absolutamente clave de la participación en este proceso. La diferencia entre el éxito y el fracaso en este ámbito está dado por la efectiva capacidad o incapacidad de lograr o no el involucramiento de la comunidad en las tareas propias.

La sentencia es clara: no hay desarrollo local sin participación, es decir, sin esa posibilidad de la gente de tomar decisiones e implementar las políticas consecuentes.

En definitiva, la tarea descentralizadora no es sólo una opción programática del gobierno sino una de sus prioridades, que si bien aun plantea grandes desafíos es una opción que ya no tiene vuelta atrás.

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