Comunicación 6. Los afectos condicionan. Conciencia crítica. Prejuicios. Tolerancia

Tema 6

LOS FACTORES QUE CONDICIONAN LA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD

Entremos ahora al tema de fondo: qué sucede cuando interpretamos la realidad y qué es lo que hace que la interpretemos de una manera o de otra.

Cuando percibimos e interpretamos la realidad, estamos condicionados por muchos factores, de modo que ciertos mensajes serán interpretados de cierta manera por ciertas personas y según ciertas situaciones personales y culturales

Estos factores los podemos dividir en:

-Psico-somáticos que:influyen desde el interior del sujeto (sensaciones, memoria, afectividad, criterio personal, etc.) y

-Culturales/sociales que están dados por el grupo de pertenencia del sujeto, como las costumbres, historia nacional y especialmente los preconceptos y prejuicios.

1-Factores sensoriales y Memoria
a)Factores sensoriales

La percepción depende primeramente del buen funcionamiento de los sentidos y de las condiciones físicas a ellos relacionados, tales como la distancia del objeto, la claridad del medio ambiente, el tiempo de exposición, etc.

De allí la importancia del sistema de sonido, del tipo y tamaño de letra y de otras variables, no fundamentales, pero sí influyentes a la hora de la percepción. Cuántos maestros tardan en descubrir que el problema de aprendizaje de tal alumno es sencillamente su falta de anteojos…

b) Cadena asociativa de la memoria

Al percibir, el sujeto inmediatamente asocia el nuevo elemento con los recuerdos de su memoria, provocándose una cadena asociativa que facilita la interpretación. Así cuando alguien nos dice que es peronista, inmediatamente lo asociamos con todo lo que ya sabemos sobre el peronismo. Pero si el estímulo es nuevo y no se encuentra con qué relacionarlo, el sujeto necesita más tiempo y más información para captar su significado.Y podrá abandonar un programa de TV o un discurso, si su contenido le resulta incongruente con su memoria o desconocido.

En la memoria se tienen almacenados una serie conocimientos previos (preconceptos) desde donde el sujeto interpretará la nueva realidad, como veremos en los puntos siguientes.

De allí surge una conocida ley en el campo de la persuasión y de la educación: partir siempre de los elementos conocidos por el interlocutor, y desde allí avanzar lentamente hacia los desconocidos. Algo que los maestros aplican constantemente en su metodología de enseñanza, pero que muchos políticos, economistas y comunicadores sociales violan a diario cuando hablan con términos incomprensibles para la mayoría del público.

c) La historia, memoria de un pueblo

A nivel sociopolítico es importante recordar que la historia es la memoria de un pueblo, motivo más que suficiente para profundizar en ella como encuadre general para interpretar nuestro hoy.Un pueblo que pierde su memoria, no solo pierde su pasado sino su identidad presente, pues se transforma en un sujeto vacío de raíces y de contenido. La memoria es la tradición cultural, que debe abrirse al futuro pero desde sus propias raíces.

Apelar a la memoria es un recurso típico de la propaganda política, sea para recordar los hechos lamentables del adversario, sea para apelar a los hechos positivos del propio partido o gobierno.

Toda organización tiene, a su vez, su memoria, especialmente conservada por los fundadores y por ciertos documentos básicos. Conocer esa historia y esos documentos esenciales arroja mucha luz a la hora de resolver conflictos y tomar decisiones. Baste pensar en qué nos sucedería a los argentinos si “recordáramos” la Constitución Nacional y sus artículos que defienden la seguridad social de la población.

2 La afectividad

a)La coloración afectiva

El objeto percibido siempre aparece teñido o vivenciado con alguna coloración afectiva y en la interpretación del mismo el sujeto proyecta sus propios sentimientos.Esto no sucede sólo con los niños; también con los adultos. En el campo político (como en el deportivo) esto suele ser una constante, y tenemos ejemplos abundante en la historia de nuestro país.

Sucede que la percepción de la realidad llega impregnada con la afectividad del sujeto, aún con la indiferencia que también es un sentimiento, al igual que el tedio o el aburrimiento.

En este tema hay dos peligros a evitar, uno por carencia y otro por exceso. Está el discurso excesivamente frío y racional, carente de emoción; y el exceso emocional típico de la demagogia con los consabidos recursos puramente emocionales y sugestivos (gritos, luces, lágrimas, aplausos, etc.). Lo mismo sucede en la vida de los grupos y en sus reuniones.

Por otra parte, hay ciertos conceptos, palabras o gestos que en determinada circunstancia pueden tener una fuerte carga emocional, o para determinado público (así el tema del aborto ante una visita del Papa, especialmente para grupos feministas; o una represión policial que recuerda viejos tiempos de la dictadura y otros casos similares).

En todos estos casos, la tarea de interpretar la realidad se vuelve difícil porque cada uno se siente íntima y emocionalmente implicado en los temas a tratar; y más que reflexionar sobre el asunto, lo que se hace es defender una postura personal, ya que el sujeto “se confunde” con el problema, se siente tocado y herido (baste pensar en las discusiones futbolísticas o entre gobierno y oposición) y en consecuencia se atacan a las personas en lugar de resolver el conflicto temático.

b) Hay sucesos que elevan la temperatura emocional

Los sentimientos no son estables: ciertas fiestas, la muerte de un ser querido, una catástrofe, una crisis grave, un triunfo deportivo o político, no sólo generan cierto sentimiento sino que pueden modificar la disposición afectiva hacia determinado estímulo.

Por ejemplo, cuando el estado anímico de la población es de tono bajo y depresivo, todas sus percepciones se contaminan; entonces surge una lectura pesimista de la realidad aún cuando existan sucesos relativamente positivos.Y a la inversa.

En las campañas políticas esta temperatura emocional impide procesos constructivos y se tiende a una verdadera batalla, no tanto de ideas contrapuestas, cuanto de sentimientos heridos.

En definitiva, el factor emocional es clave en las relaciones humanas y en la vida de grupos y organizaciones, especialmente en debates y discusiones, ya que la mente queda obnubilada y se hace difícil una búsqueda tranquila de soluciones. Por otra parte, la simpatía o antipatía hacia personas o situaciones suele impedir una interpretación correcta de la realidad.

En todos estos casos, no queda otra alternativa que “enfriar” el ambiente, calmar los ánimos y buscar otra oportunidad para el debate y la toma de decisiones.

Lo cierto es que, en la práctica, pocas son las discusiones llevadas a cabo en un clima sereno y, más que buscar la verdad lo que se hace es defender trincheras.

3 Juicios de valor.

a) La conciencia crítica

En la interpretación de un hecho también juegan su rol los procesos más evolucionados del psiquismo que emite juicios de valor, analiza conceptos, piensa, reflexiona, compara, etc. A todos estos elementos los podemos llamar conciencia crítica.

No hay duda de que los seres humanos “también” pensamos y razonamos, aunque es casi imposible discernir si lo hacemos desde nosotros mismos en un análisis sereno y crítico de la realidad o más bien nos manejamos con pensamientos de otros o con actitudes y pre-conceptos aceptados sin mayor análisis, pero que consideramos “los verdaderos” simplemente porque son los nuestros o porque nuestra cultura así los considera.En las relaciones de pareja o en temas de fútbol y de política, cuando alguien nos jura que ha analizado las cosas sin dejarse llevar por las emociones, aún los más ingenuos desconfían.

Teóricamente también pertenecen al ámbito de los juicios las llamadas convicciones políticas, ideológicas, religiosas y científicas. Pero cuando se hace el análisis de cada una de ellas, nuestra autoestima puede sufrir un duro golpe.

El problema radica en que tales convicciones y, por tanto, “verdades”, son el resultado de tantas influencias culturales y educativas mamadas desde el nacimiento, entremezcladas con intereses raciales, étnicos y políticos, con miedos, culpas y presiones de todo tipo que, dando por descontado que el sujeto es honesto en lo que dice, aparecen mucho más como expresión de la influencia de los otros que no de un razonamiento medianamente objetivo y personal.

b) La capacidad crítica: un arma poderosa

Al percibir e interpretar la realidad, los estímulos externos son “filtrados” por la capacidad intelectual y crítica del sujeto, el cual, no sólo piensa, percibe y vivencia, sino que piensa lo que piensa, o sea, reflexiona.De esta forma enfría el proceso interpretativo y lo somete al análisis y a la comprobación; y puede ejecutar esta operación recabando más información tantas veces lo crea conveniente.

La conciencia crítica es el mejor instrumento para resolver conflictos de interpretación de la realidad.

Y también es el arma más poderosa que se tiene frente a cualquier estímulo o invasión ideológica, propaganda, publicidad o estrategia de seducción, persuasión o manipulación que llegue del exterior.

La conclusión es entonces lógica: los mecanismos de propaganda o publicidad, y cuantos quieran presionar sobre las decisiones de la gente, procurarán que no se utilice esa arma. Para conseguirlo apelarán a las emociones del sujeto, a sus prejuicios culturales, al ocultamiento de información y a otras instancias no racionales que hacen al sujeto más vulnerable, para lograr la mínima distancia entre sujeto y objeto.

Si el interlocutor maneja su capacidad crítica y no se deja seducir o embaucar, entonces tiene buenas posibilidades de llegar a conclusiones acertadas.Pero un buen persuasor, y más en el caso de un manipulador, no puede otorgar esa ventaja. Lo que sí hará es una “alianza” con aquellos elementos del sujeto que aparecen sintonizados con su producto u oferta.

c) Una tarea política y educativa: desarrollar el espíritu crítico

La capacidad crítica y la reflexión necesitan un clima sereno y confiable, sin apresuramientos ni presiones, amenazas o castigos. En las organizaciones hay que crear un ambiente que permita pensar, discutir ideas, investigar y disentir en un clima de libertad y respeto.Es fundamental que cada uno piense desde su propio esquema (con su propia cabeza), se exprese con su lenguaje, defienda sus puntos de vista y respete el pensamiento de los otros.

El elemento afectivo no debe ser dejado de lado como algo peligroso, pero tampoco debe ser potenciado demagógicamente, y menos utilizarlo como un soborno para la persuasión (“Si me quieres, tienes que pensar como yo“).

Aunque el momento actual nos pueda volver pesimistas sobre el sentido crítico de los partidos y de sus líderes, más preocupados por imponer ideas y ganar votos a cualquier precio que por entablar un debate serio desde un diálogo mínimamente constructivo, sin embargo hay que hacer el esfuerzo para que en todas nuestras organizaciones sociales y políticas aprendamos a actuar con una conciencia crítica, buscando entre todos la verdadera solución de nuestros problemas.

4 La muralla de los prejuicios: “Esto es lo más natural del mundo”

a) Los estereo-tipos: conceptos rígidos

Una tremenda barrera para la conciencia crítica son los estereo-tipos ( del griego: estereos que significa piedra, y tipos, gráfico, idea) o conceptos rigidizados y prejuiciosos sobre la mujer, los otros partidos políticos, los sajones, los militares, los indios, los comunistas, los negros, etc. Sucede que por una tendencia casi incontrolable, cuando nos comunicamos suponemos que el otro tiene que tener nuestros esquemas culturales y nuestra forma de pensar a los que consideramos como “los más naturales del mundo”.

Nuestra cultura nos da conceptos tan internalizados y profundos (y nunca cuestionados) que nos hace suponer que nuestros símbolos y conceptos son universales y casi emergentes de la misma naturaleza humana (como sucede con la cruz como símbolo religioso cuando en otras culturas es signo del cruce de los cuatro puntos cardinales) o que la forma “normal” de comer o de vestir o de casarse es la nuestra, casi como un mandato de ley natural;o que la única forma de economía es la de libre mercado.

b) Los preconceptos: percepciones previas de la realidad

Lo cierto es que todos tenemos pre-conceptos (conservados en la memoria) sobre infinidad de temas y no necesariamente rígidos, según aprendimos en la escuela y en la familia, o sea percepciones previas de la realidad que se proyectan automáticamente en la interpretación de una nueva realidad o aspecto de la misma. Sin estos preconceptos acumulados en años de educación y experiencia, la comunicación sería imposible. Esto lo vemos claro cuando nos encontramos con un mensaje cuyos elementos no tienen registro alguno en nuestro psiquismo.

Por lo tanto, al hablar de pre-conceptos, simplemente aludimos a conceptos (percepciones, valoraciones) que ya están incorporados y que disparamos automáticamente ante una nueva situación a ellos relacionados (Por ejemplo, si alguien nos dice “España”,inmediatamente asociamos con el descubrimiento de América, guerras de la independencia, conflicto de Aerolíneas, etc)

c) Los prejuicios.

Pero sucede que algunos de estos preconceptos se transforman en prejuicios, porque se vuelven estereotipados y rígidos, sobre los que el sujeto no ha hecho ningún tipo de control o análisis, pues fueron aceptados desde siempre como verdades fuera de discusión.

Estos prejuicios (por ejemplo sobre la familia o sobre la sexualidad) funcionan como criterios de normalidad desde donde se juzgan otras formas de relación diferentes.

Los prejuicios se forman por una apreciación ligera, parcial, superficial y cómoda de la realidad, sin el esfuerzo de analizar los datos, de recabar información suficiente o de comparar con otras percepciones. Simplemente se los acepta como un lugar común del grupo social al que se pertenece, pues como dice un autor “quien nunca ha salido de su país, seguramente tendrá prejuicios”.

d) Cómo modificar los prejuicios

Una pregunta clave para los líderes, coordinadores de grupos, educadores, publicistas y políticos, cuya tarea consiste en modificar actitudes y conductas de los demás, es cómo modificar los prejuicios. Los especialistas que han profundizado en este tema (especialmente la Escuela de New Look) describen el funcionamiento de los prejuicios en tres fases:

-En la primera, el sujeto se dispone para percibir una realidad o una información “de una determinada manera” o con cierta preferencia, de acuerdo a sus preconceptos o prejuicios. Así, un católico se dispone de cierta manera ante una posible visita del Papa, y un protestante, de otra. El oficialismo se prepara para evaluar de cierta forma un paro en vista, y la oposición, de otra.

-En la segunda, entra la nueva información por diferentes canales.

-En la tercera, el sujeto confirma automáticamente lo que ya pensaba previamente, sin tomarse el trabajo de verificar si es cierto o no. Termina afirmando: “Ya lo decía yo que…”

Como vemos, lo que falta es la etapa reflexiva, o sea, la toma de distancia de la información y de los propios preconceptos, y una tarea consciente de análisis.

Ahora bien, cuanto mayor sea la fuerza del prejuicio, mayor es la posibilidad de que surja durante la interpretación y de que sea confirmado. Y por lo tanto, el sujeto necesitará menos esfuerzo informativo y reflexivo.Dicho de otro modo: a mayor fuerza del prejuicio, más posibilidades de que se mantenga sin variación.

En consecuencia, mayor es la información que se necesita para debilitarlo o modificarlo, lo que demandará más tiempo para conseguirlo.Por ejemplo, si alguien tiene un fuerte prejuicio sobre las mujeres, necesitará mucho tiempo y muchos datos e informaciones nuevas de tipo positivo para modificar su actitud prejuiciosa, siempre y cuando haya mínima voluntad para ello. Pensemos lo que esto significa en la práctica social y política en las que hay que modificar esquemas profundos desde años y años.

Por tanto, se trata de una ley de incalculable valor en la educación y en la práctica social y política: si el prejuicio está muy anclado, se necesita (además de paciencia) mucho tiempo para lograr el cambio y dar mucha nueva información al sujeto para que modifique su punto de vista.Pensemos en lo que cuesta superar la desvalorización, asumir la palabra, creer en nuestras posibilidades, darle un lugar a la mujer, no esperar mesías salvadores, etc.

e) Cuándo los prejuicios son más fuertes

Es la pregunta que ahora nos tenemos que hacer: en qué circunstancias los prejuicios están más anclados en un sujeto. Se dan dos criterios:

-Primero, cuanto más conduzcan a la satisfacción de necesidades. O sea, cuanto más ventajas saque el sujeto de su prejuicio, más lo defenderá. Así en una sociedad oligárquica como la nuestra, las elites de poder tienen muchos “motivos” para no reconocer que el pueblo tiene derecho a opinar y decidir, y se seguirá “demostrando” que en realidad no tiene capacidad para ello. Lo mismo le sucede a un marido dispuesto a sacar partido de su supuesta superioridad sobre la mujer.

-Segundo, cuanto más concuerden con el grupo social y cultural del sujeto.

Es en este campo donde los prejuicios se dan como verdades sobreentendidas internalizadas y aprendidas desde el nacimiento.Por ejemplo: allí donde el grupo espere un mesías salvador, con mucha facilidad y escasa información aceptará como tal a quien parezca responder a esa expectativa.Quien ha nacido en EEUU, más fácil y profundamente tiene un prejuicio racial.El argentino, “naturalmente” desvaloriza al boliviano o paraguayo, y se supone que ama el fútbol y baila tango, etc.

He allí la ley de una buena publicidad o discurso demagógico: averiguar las necesidades de un grupo y sus prejuicios más potenciados, y después presentarse con una propuesta que responda a dichas necesidades y prejuicios.

f)Todos tenemos nuestros preconceptos y prejuicios

Es fácil descubrir los prejuicios de los otros, pero es muy difícil darse cuenta de los propios (las famosas convicciones) y aceptar someterlos a un juicio crítico. Como suele decirse: “Las verdades de los otros son prejuicios, y nuestros prejuicios son verdades”. Entonces surgen estas preguntas: ¿Qué sucedería si sometiéramos al análisis crítico nuestros preconceptos culturales, ideológicos y religiosos? ¿Y con qué los reemplazaríamos? ¿No correríamos el riesgo de caer en un abismo de dudas e inseguridades?

Hay un hecho cierto: cuanto más cerrada es una institución o un grupo social, cuanto más autoritaria sea y más seguridad ofrezca a cambio, más fuertes son los prejuicios y mayor es el miedo al cambio. Por su parte, en una sociedad madura democrática y pluralista existe menos miedo de perder la propia identidad por tener opiniones diferentes; y, por otro lado, la seguridad no se da a cambio de una opinión favorable. Al mismo tiempo, la sociedad pluralista le presenta al sujeto otras alternativas de interpretación diferentes, de modo que puede re-construir una nueva opinión sin la sensación de quedarse colgado en el vacío.

Conclusiones finales:

Primero, sólo desde afuera de uno mismo se puede ver los propios prejuicios. De allí la importancia del diálogo y de la apertura a otras formas de pensamiento y cultura, sea por viajes, lecturas u otros medios.

Segundo, el sujeto pierde el miedo a superar su prejuicio (que le da seguridad) cuando descubre que puede suplantarlo por algo mejor. Esta tarea demanda información y tiempo.

ACTIVIDAD Nro. 6

1.Busque algún ejemplo en que el factor memoria impide una buena interpretación de un hecho.

2.Busque ejemplos en que la afectividad determina una interpretación.Busque situaciones a las que hoy es particularmente sensible nuestro pueblo o comunidad local.

4.A qué llamamos “conciencia crítica” y por qué es importante. Qué implica desarrollar la capacidad crítica y con qué medios hacerlo.Desarrolle este tema.

5.Qué son los prejuicios. En qué consiste su peligro.

6.Explique la ley de la Escuela de N. Look. Desarrolle sus pasos con ejemplos. Por qué es importante esta ley. Aplíquela al campo de su organización o comunidad.

7.Cuándo los prejuicios son más fuertes. Dé ejemplos de su medio ambiente.

8.Haga un listado de los prejuicios más comunes dentro de su quehacer social y político y en la realidad de su región.

Tema 7

RELATIVIDAD Y TOLERANCIA

El estudio del proceso de nuestras interpretaciones o percepciones de la realidad, condicionado por tantas variables, nos lleva a dos conclusiones importantes que hacen a la comunicación y a la convivencia entre los seres humanos.

– La primera es la relatividad de nuestras percepciones, que son simples “aproximaciones” a la incógnita de “la Realidad”. Nuestras interpretaciones son una forma de ver la realidad, nunca la verdad absoluta.

– La segunda es consecuencia de la primera: sólo un amplio sentido de la tolerancia hacia los otros y de respeto de su visión de la realidad, permite la sana convivencia humana, al menos en los mínimos límites civilizados.

En estos dos principios, relatividad y tolerancia, se funda la democracia y la sana comunicación.

1 Nuestra visión de la realidad siempre es “relativa”.

a) Nuestra percepción, “una imagen” de la realidad. No la realidad.

El resultado de nuestra percepción no es la realidad sino una imagen personal de la realidad.

Esta imagen perceptual puede corresponder o no a la realidad; la puede distorsionar, falsear e incluso alucinar… pero en cualquier caso el sujeto asume la realidad tal como él la percibe y de aquí en más se manejará en la vida conforme a esa percepción hasta tanto no la modifique. Por ejemplo, si un niño percibe a su padre como un ser temible y severo, actuará en consecuencia, cualquiera sea la realidad del padre. En las organizaciones esto es clave: actuamos desde cómo sentimos e interpretamos al otro. ¿Y qué sucede cuando estas percepciones son falsas..?

Nunca se insistirá lo suficiente sobre este punto: cada uno piensa, siente y actúa de acuerdo a cómo percibe e interpreta la realidad, y no a cómo “es” la realidad, que siempre permanece como una incógnita.

Por tanto, si deseo un cambio en la conducta de alguien, necesito primero cambiarle su punto de vista, su interpretación y su valoración: para eso necesito el lenguaje de la persuasión, tema fundamental que estudiaremos en la segunda parte de este Curso.

b) Nuestra forma de percibir la realidad define nuestra personalidad y nuestra cultura.

Si somos capaces de aceptar esta limitación de nuestra interpretación de la realidad, entonces tendremos una mentalidad abierta, flexible, tolerante, democrática y dialoguista.En caso contrario se cae en esquemas rígidos, cerrados, intransigentes, intolerantes, autoritarios y dogmáticos.

De esta manera, nuestra forma de interpretar la realidad define nuestra personalidad, nuestra cultura, nuestro sistema político, religioso y educativo.

Para unos R (la realidad) siempre es una incógnita que se va develando con el aporte de todos.

Para otros, es la verdad absoluta que unos pocos “poseen” para imponerla a los demás (los ignorantes).

c) Relatividad y “verdad”

La relatividad de nuestras percepciones e interpretaciones nos plantea la relación entre interpretación de la realidad y verdad.

La verdad sería la plena adecuación o igualdad entre la percepción de la realidad y la realidad misma.Cuando no se da, hablamos de error o de falsedad, parcial o total.

El análisis del proceso perceptual nos habla de la imposibilidad de estar seguros de que nuestra percepción de la realidad sea la única posible y verdadera.En teoría todos decimos estar de acuerdo con este principio, pero en la práctica actuamos pensando que la relatividad sólo afecta a la percepción de los otros.

Si somos honestos y consideramos que los otros también son honestos, la conclusión es que tanto nuestra percepción (nuestras verdades) como la de los otros es relativa y siempre sujetiva.

Es el contexto cultural y el común acuerdo de los seres humanos el que hace que cierta interpretación sea considerada razonable o “verdadera”… hasta que alguien u otra cultura no diga lo contrario, como hizo Galileo Galilei* cuando dijo que era la tierra la que giraba alrededor del sol y no viceversa, y ya conocemos su historia que se irá repitiendo incesantemente a lo largo de los siglos. En las religiones pasa otro tanto; cada una considera a su libro sagrado como el inspirado por Dios y declara falso el de otros credos.

d) La humildad y “los dueños de la verdad”

El reconocimiento de esta relatividad se llama humildad, palabra que deriva de “humus” y que significa tierra-terreno-homo-hombre-humano.Por tanto, la humildad es el reconocimiento de nuestra condición humana con todas sus limitaciones.

En cambio, cuando en lugar de esta “humana humildad”, el hombre “se cree dios” con una ambición y hambre de poder desmedido, entonces aparecen los “dueños de la verdad”, los que se consideran que “tienen” toda la verdad y, por lo tanto, toda la palabra y todo el poder.Los demás hombres son tratados como vacíos de verdad, de palabra y de humanidad.

Las doctrinas totalitarias y dogmáticas son el lenguaje del poder opresor y representan la cruel caricatura de la verdad, porque parcelan la realidad y la consideran absoluta, y porque intentan reducir toda la Realidad al estrecho ángulo de su avaricia y ambición.

e) La tarea de siempre “descubrir”, buscar, revisar e integrar “verdades” en el encuentro con los otros

Lo apasionante de la aventura humana consiste en “descubrir” y siempre descubrir; en buscar un sentido y siempre buscarlo; en revisar e integrar una y mil veces las “verdades” que tenemos y las que tienen otros, y las que llegan desde hace miles de años.

Y cada día abrir los ojos para descubrir algo nuevo o una nueva forma de mirar lo viejo.

El encuentro con los otros y el diálogo en grupos y organizaciones nos permite ampliar nuestro punto de vista, levantar la mirada y tener una perspectiva más abarcadora de una realidad que siempre está allí como una incógnita.

2 Honestidad, veracidad y convivencia

Si los seres humanos tenemos motivos para dudar de nuestras percepciones, interpretaciones o “verdades” (y lo que se opone a verdad es error), también es cierto que sólo la honestidad con que nos acerquemos a la realidad es lo que permite la convivencia con los otros.

A esta actitud honesta la llamamos veracidad.Su opuesto es la mentira, la hipocresía o la falsedad. La veracidad es la actitud honesta con la que valoramos la realidad y expresamos esa valoración como “la correcta para nosotros”.

Con veracidad debemos hacer nuestro acercamiento a la realidad y buscar la solución de nuestros problemas y conflictos, pero dando por sentado que también los que no piensan como nosotros son veraces, salvo que tengamos motivos sólidos para suponer lo contrario, lo que no nos exime de actuar con suma cautela.

En consecuencia, una percepción puede ser errónea, aunque veraz y sincera. O sea, se puede estar muy convencido de algo, pero equivocado al mismo tiempo. Lo que funda la convivencia humana, y por tanto la comunicación creíble, es la veracidad. La veracidad genera confianza y credibilidad.Somos creíbles y dignos de confiar, no porque tengamos la verdad, sino por la honestidad de nuestra búsqueda y propuesta.

Cuando en una sociedad o grupo se pierde la credibilidad (no hay honestidad ni veracidad) y, por tanto la confianza, entonces no hay posibilidad de construir nada sobre bases sólidas. Solo resta recuperar la credibilidad, pero esto lleva mucho tiempo y sólo se consigue con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace… una coherencia demostrada a lo largo del tiempo. O sea:

La verdad se opone al error.

La veracidad se opone a la mentira.

3 Tolerancia e intolerancia.

a) In-tolerancia: no llevarse bien con los otros ni aceptarlos

En las sectas y en las instituciones totalitarias y dogmáticas se busca que el adepto acepte la verdad absoluta de la institución, aún cuando tenga que renunciar a su honestidad y veracidad. Quien tenga una percepción distinta, aunque honesta, es considerado “hereje” y debe ser separado o eliminado (en griego “héresis” significa separación).

A esta postura la llamamos in-tolerancia (palabra que deriva del latín y que significa no tolerar, no soportar, no llevarse bien con los otros).

b) Un Signo de madurez: la tolerancia como respeto hacia las opiniones y actitudes de los demás.

En las sociedades democráticas la tolerancia es el principio que funda la convivencia, aún y a pesar de las distintas lecturas de la realidad (pluralismo) que tengan los ciudadanos.

El Diccionario de la Real Academia así define a la tolerancia:

“Respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque repugnen a las nuestras”.

Este es el gran signo de madurez de la convivencia, tanto en una pareja, como en un grupo, institución o sociedad. El desacuerdo en las percepciones o en el contenido ideológico no sólo no debe impedir la convivencia sino que la enriquece y robustece. Es saber acercarse al otro precisamente porque es distinto (así en la relación varón-mujer) y porque desde esa diferencia la relación puede enriquecerse.

c) La intolerancia y sus frutos.

La intolerancia recorre la historia humana destruyendo sistemáticamente la comunicación en sus formas más puras y bellas. Sus frutos son los odios raciales, sociales, políticos y religiosos; los crímenes de todo tipo, las guerras y los genocidios; las injusticias sociales y la esclavitud; la marginación de la mujer y de numerosos grupos minoritarios.

De nada valen los posibles conocimientos sobre el psiquismo, el inconsciente y el lenguaje, la declamación de nuestros grandes principios o las depuradas técnicas de comunicación social si, finalmente, no somos capaces de acercarnos al otro como “otro”, es decir como distinto; de mirarlo y percibirlo como un ser humano tan digno como lo somos nosotros, tan veraz y tan coherente, tan razonable y tan rico en experiencias y valores como podemos serlo nosotros.

En síntesis: desde la veracidad tenemos el derecho a expresar nuestra concepción de la realidad y a defender nuestros puntos de vista.

Pero esa misma honestidad nos obliga a aceptar la honestidad y veracidad de aquellos que mantienen una lectura diferente de la realidad. Eso es la tolerancia. Y eso es la base de la democracia.

Con esa honestidad nos lanzamos a la apasionante aventura de vivir… juntos y armónicamente.

ACTIVIDAD Nro. 7

1.Explique por qué la realidad no coincide necesariamente con nuestra imagen de la realidad. Qué o quién garantiza que consideremos como verdadero cierto concepto o percepción.

2.Compare los conceptos de verdad y de veracidad.Ejemplifique.

3.Por qué son importantes la confianza y la credibilidad en la vida de un grupo humano.

4.Cuándo se produce la pérdida de credibilidad.Casos y ejemplos.

5.A qué llamamos “coherencia”.Ejemplifique. Busque casos de incoherencia en diversos campos: político, institucional, pedagógico, religioso, etc.

6.Diga con sus palabras qué es la tolerancia. Analice la definición que da el diccionario. Por qué dice “aunque repugnen a las nuestras”. Por qué es tan importante la tolerancia en una sociedad.

7.Busque ejemplos de intolerancia en nuestra historia y en la actual realidad sociopolítica.

8.Haga una síntesis final de los tres axiomas de la comunicación y explique por qué son importantes para hacer un diagnóstico y para resolver los conflictos en grupos y organizaciones.

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