Emociones, Sentimientos, Etica. Neurobiología de los… Resumen del libro de A. Damasio. V Viciana

 “ NEUROBIOLOGÍA DE LA EMOCIÓN Y DE LOS SENTIMIENTOS”

RESUMEN DEL LIBRO DE ANTONIO DAMASIO realizada por Víctor Vallejo Viciana

1. EMOCIONES

Las emociones están ligadas al cuerpo y, por tanto, sus manifestaciones son visibles (gestos, tono de la voz, ritmo cardiaco…).
–          Preceden a los sentimientos y se dieron antes en nuestro proceso evolutivo. Ocurren de forma automática, sin necesidad de pensar.
–          Su objetivo es regular el proceso vital y promover la supervivencia y el bienestar (homeostasis).
“Desde los procesos químicos homeostáticos hasta las emociones propiamente dichas, los fenómenos de regulación vital, sin excepción, tienen que ver, directa o indirectamente, con la integridad y la salud del organismo” (p. 52).

“Las emociones proporcionan un medio natural para que el cerebro y la mente evalúen el ambiente interior y el que rodea al organismo, y para que respondan en consecuencia y de manera adaptativa” (p. 56).
Esta evaluación se puede hacer de manera inconsciente y de manera consciente.

“En efecto, uno de los objetivos clave de nuestro desarrollo educativo es interponer un paso evaluativo no automático entre los objetos causativos y las respuestas emocionales.
Intentamos, al hacerlo, modelar nuestras respuestas emocionales naturales y adecuarlas a los requerimientos de una cultura determinada” (p. 57).

PODEMOS CLASIFICAR LAS EMOCIONES EN TRES CATEGORÍAS:

1. LAS  DE FONDO:
reflejan el estado de ánimo momentáneo de una persona. Hay también personas que captan el estado de fondo de los demás de forma casi mágica: detectan entusiasmo, malestar, excitación, tranquilidad…, en sus amigos y colegas.

2. LAS PRIMARIAS/BÁSICAS:
nos referimos al miedo, ira, asco, sorpresa, tristeza y felicidad. “Dichas emociones son fácilmente identificables en los seres humanos de numerosas culturas, y también en especies no humanas” (p. 48).

3. LAS  SOCIALES:
“incluyen la simpatía, la turbación, la vergüenza, la culpabilidad, el orgullo, los celos, la envidia, la gratitud, la admiración, la indignación y el desdén” (p. 49).

“Una de las muchas razones por las que algunas personas se convierten en líderes y otras en seguidores, por que unas imponen respeto y otras se encogen, tiene poco que ver con el saber o las habilidades, y mucho con la forma en que determinados rasgos físicos y el porte de un individuo concreto promueven en otros determinadas respuestas emocionales” (p. 51).

El hombre posee la capacidad de intervenir sobre el mecanismo de la emoción:
Los organismos “pueden producir reacciones ventajosas que conducen a resultados buenos sin decidir producir tales reacciones, e incluso sin sentir el desarrollo de las mismas” (p. 54).

En el caso del hombre hay dos novedades:
La primera, “estas reacciones automáticas crean condiciones en el organismo humano que, una vez cartografiadas en el sistema nervioso, pueden representarse como placenteras o dolorosas y eventualmente conocerse como sentimientos”.

La segunda, “los seres humanos, conscientes de la relación entre determinados objetivos y determinadas emociones, podemos esforzarnos intencionadamente por controlar nuestras emociones, al menos en cierta medida. Podemos decidir qué objetos y situaciones permitimos en nuestro ambiente y sobre qué objetos y situaciones derrochamos tiempo y atención. (…)
En realidad, estamos anulando el automatismo y la inconciencia tiránicos de la maquinaria emocional” (p. 54).

LUGARES DEL CEREBRO QUE DESENCADENAN  Y  EJECUTAN  EMOCIONES:

A.     Desencadenantes:
–          La amígdala “es una importante interfaz entre los estímulos emocionalmente competentes (visuales y auditivos) y el desencadenamiento de emociones; en particular, el miedo y la cólera” (p. 62)
–     La corteza prefontal ventromediana (lóbulo frontal): esta región está especializada en disparar emociones sociales. Las cortezas frontales derechas están más asociadas a emociones negativas que las izquierdas.

B.  Ejecutores:
El hipotálamo, el cerebro anterior basal y algunos núcleos en el tegumento
de la médula espinal.
“El hipotálamo es el ejecutor maestro de muchas respuestas químicas que forman parte integral de las emociones. Directamente o través de la glándula pituitaria, libera al torrente sanguíneo sustancias químicas que alteran el medio interno, la función de las vísceras y la función del propio sistema nervioso central” (p. 64).
“La emoción tiene que ver con transiciones y conmociones, a veces con verdaderos trastornos corporales” (p. 65).

Las emociones provocan pensamientos y los pensamientos provocan emociones.
Nuestro aprendizaje asociativo conecta emociones con pensamientos “en una rica red de dos direcciones. Determinados pensamientos evocan determinadas emociones, y viceversa.
Los niveles cognitivos y emocionales de procesamiento están continuamente conectados de esta manera” (p. 72).
Es más, las propias expresiones faciales evocan sentimientos y pensamientos que se han aprendido como adecuados a aquellas expresiones emocionales” (p. 73).

2. SENTIMIENTOS

Definición: “Un sentimiento es ‘la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar y de pensamientos con determinados temas’” (p. 86).

Nuestro cerebro está continuamente cartografiando muchas partes de nuestro cuerpo de tal manera que podemos percibir, de forma consciente e inconsciente, estados corporales representados por los mapas que describen el cuerpo a lo largo de toda una gama de posibilidades (por ejemplo, la concentración de determinadas moléculas químicas de las que depende nuestra vida está representada, momento a momento, en regiones específicas del cerebro).

Como dice el autor, “literalmente todas y cada una de las regiones del cuerpo están siendo cartografiadas en el mismo momento, porque todas las regiones del cuerpo contienen terminales nerviosos que pueden enviar señales de retorno al sistema nervioso central acerca del estado de las células vivas que constituyen aquella región concreta” (p. 123).

“Puesto que el cerebro supervisa todo el organismo, local y directamente (a través de las terminaciones nerviosas) y global y químicamente (mediante el torrente sanguíneo), el detalle de estos mapas y su diversificación son muy notables.
Ejecutan muestreos del estado de la vida en todo el organismo vivo, y a partir de estas muestras asombrosamente extensas pueden destilar mapas de estado integrados” (p. 124).

“Los sustratos inmediatos de los sentimientos son las cartografías de innumerables aspectos de estados corporales en las regiones sensoriales diseñadas para recibir señales procedentes del cuerpo” (p. 87).

“En resumen, el contenido esencial de los sentimientos es la cartografía de un estado corporal determinado; su sustrato de sentimientos es el conjunto de patrones neurales que cartografían el estado corporal y del que puede surgir una imagen mental del estado del cuerpo.

En esencia, un sentimiento es una idea:
una idea del cuerpo y, de manera todavía más concreta, una idea de un determinado aspecto del cuerpo y, de manera todavía más concreta, una idea de un determinado aspecto del cuerpo, su interior, en determinadas circunstancias.
Un sentimiento de emoción es una idea del cuerpo cuando es perturbado por el proceso de sentir la emoción” (p. 88).

“Aquí solo quiero dejar claro que nuestro cerebro recibe señales procedentes de lo profundo de la carne viva y de este modo proporciona mapas locales, así como globales, de la anatomía íntima y del estado funcional íntimo de dicha carne viva.
Esta disposición, tan impresionante en cualquier organismo vivo complejo, es absolutamente asombrosa en los seres humanos” (p. 127).

Decimos que el contenido “esencial” de los sentimientos es la cartografía de un estado corporal determinado porque en algunas circunstancias el sentimiento no se limita a percibir estados corporales, sino también los estados mentales que los acompañan.
A mi estado de bienestar corporal le acompañan en paralelo pensamientos que concuerdan con dicha percepción y la mente también representa este mismo bien-pensar.

Y puede ocurrir también lo contrario, que determinados pensamientos influyan en mi estado emocional: sentirse triste, por ejemplo, a menudo tiene que ver con “un modo de pensar ineficiente que se atasca alrededor de un número limitado de ideas de pérdida” (p. 90).

“Los sentimientos pueden ser tan mentales como cualesquiera otras percepciones, pero los objetos que se cartografían son partes y estados del organismo vivo en el que surgen los sentimientos” (p. 90).
Las percepciones de los sentidos me informan de lo que me rodea, las percepciones sentimentales hacen que lo que me rodea me afecte (altera mi cuerpo) y actúe en consecuencia.
Tras los sentimientos vienen los deseos.
En el mecanismo del deseo interviene de manera especial la memoria: “hay una rica interacción entre el objeto del deseo y un cúmulo de memorias personales pertinentes al objeto: ocasiones pasadas de deseo, aspiraciones pasadas y placeres pasados, reales o imaginados” (p. 94).

Las emociones y apetitos vienen primero, luego los sentimientos.
Es decir, “el cerebro de un organismo que siente crea los mismos estados corporales que evocan los sentimientos cuando reaccionan a objetos y acontecimientos con emociones o apetitos” (p. 109).

¿Para qué sirven los sentimientos?

Antes de nada, “los sentimientos probablemente surgieron como un subproducto de la implicación del cerebro en la gestión de la vida.
Si no hubiera habido mapas neurales de los estados corporales, quizá nunca hubieran existido estas cosas que son los sentimientos” (p. 171).

“El hecho de que los sentimientos sean acontecimientos mentales es relevante por la siguiente razón: nos ayudan a resolver problemas no rutinarios que implican creatividad, juicio y toma de decisiones que requiere la presentación y manipulación de enormes cantidades de conocimiento” (p. 171).

“La maquinaria que hay tras los sentimientos permite las correcciones biológicas necesarias para la supervivencia al ofrecer información explícita y resaltada sobre el estado de los diferentes comportamientos del organismo en cada momento.
Los sentimientos etiquetan los mapas neurales asociados con un sello que reza:
‘¡Registra esto!’” (p. 172).

“Se podría resumir diciendo que los sentimientos son necesarios porque son la expresión a nivel mental de las emociones y de lo que subyace bajo éstas.
Sólo en este nivel mental de procesamiento biológico y a plana luz de la conciencia hay suficiente integración del presente, el pasado y el futuro anticipado.

Sólo a este nivel es posible que las emociones creen, a través de los sentimientos, la preocupación por el yo individual.
La solución eficaz de problemas no rutinarios requiere toda la flexibilidad y el elevado poder de recopilación de información que los procesos mentales puedan ofrecer, así como la preocupación mental que los sentimientos puedan proporcionar” (p. 172 y 173).

Mapas corporales modificados

La hipótesis del libro “es que cualquier cosa que sintamos tiene que basarse en el patrón de actividad de las regiones cerebrales que sienten el cuerpo” (p. 110).

Lo curioso es que, en algunas ocasiones, hay interferencias en el mecanismo de representación corporal que crean un “mapa falso” de lo que está ocurriendo al cuerpo de verdad.

En algunos casos, estas interferencias podrían ser las causantes de un cuadro patológico.
“Tal como ocurre con otras características valiosas de nuestra constitución natural, variaciones patológicas pueden corromper el uso valioso, como parece suceder en la histeria y demás trastornos parecidos” (p. 117).
“Pero las alucinaciones del estado del cuerpo, exceptuando las pocas condiciones psicopáticas que he señalado, son recursos valiosos para la mente normal” (p. 118).

Otro caso de creación de mapas corporales que no se corresponden exactamente a la realidad del momento del cuerpo es el que se da con la empatía: la capacidad de sentir en el propio cuerpo el dolor de un semejante. En este caso uno siente como si estuviese en el otro cuerpo que siente dolor.

“En resumen, las áreas de sensación del cuerpo constituyen una especie de teatro donde no sólo pueden ‘representarse’ estados corporales ‘reales’, sino que asimismo pueden ejecutarse surtidos variados de estados corporales ‘falsos’, por ejemplo, a modo de estados ‘como si’, estados corporales filtrados, por drogas, etc.
Es probable que las órdenes para producir estados ‘como si’ proceden de diversas cortezas prefrontales, según sugieren trabajos recientes sobre neuronas espejo tanto en animales como en seres humanos” (p. 116).

“Puesto que todos los sentimientos contienen algún aspecto de dolor o placer como ingrediente necesario, y debido a que las imágenes mentales a las que denominamos sensaciones y sentimientos surgen de los patrones neurales que aparecen en los mapas corporales, es razonable proponer que el dolor y sus variantes tienen lugar cuando los mapas corporales del cerebro presentan determinadas configuraciones.

Así mismo, el placer y sus variantes son resultado de configuraciones concretas de los mapas. Sentir dolor o sentir placer consiste en poseer procesos biológicos en los que nuestra imagen del cuerpo, tal como se refleja en los mapas corporales del cerebro, esté conformada en función de un determinado patrón.
Drogas tales como la morfina o la aspirina alteran dicho patrón.
Lo mismo hacen el éxtasis o el whisky. Y los anestésicos.
También determinadas formas de meditación.
Y los pensamientos de desesperación.
O, por el contrario, los de esperanza y salvación” (p. 122).

La negatividad o positividad de los sentimientos

Damasio afirma que “existen estados del organismo en donde la regulación de los procesos vitales se hace eficiente, o incluso óptima, fluida y fácil. Esto es un hecho fisiológico bien establecido.
No se trata de una hipótesis.

Los sentimientos que por lo general acompañan a estos estados fisiológicamente favorables se califican como positivos, caracterizados no solo por la ausencia de dolor, sino por variedades de placer.
Existen asimismo estados del organismo se esfuerzan por alcanzar el equilibrio y que incluso pueden hallarse caóticamente fuera de control.
Los sentimientos que suelen acompañar a dichos estados se califican como negativos, y están caracterizados no sólo por la ausencia de placer, sino por variedades de dolor.

Quizás podamos decir con una cierta confianza que los sentimientos positivos y negativos están determinados por el estado de la regulación vital. La señal viene dada por la cercanía a aquellos estados que son más representativos de la regulación óptima de la vida, o por la lejanía de ellos.

La intensidad de los sentimientos está asimismo probablemente relacionada con el grado de correcciones necesarios en los estados negativos, y con el nivel en que los estados positivos superan el punto homeostático establecido en la dirección óptima” (p. 129).

“El hecho de que nosotros, seres sentimentales y refinados, denominemos positivos a determinados sentimientos y negativos a otros está directamente relacionado con la fluidez o tensión del proceso vital.
Los estados vitales fluidos son preferidos de manera natural.
Podemos notar estas relaciones, y asimismo podemos verificar que en la trayectoria de nuestra vida los estados vitales fluidos que se notan positivos llegan a estar asociados con acontecimientos que calificamos como buenos, mientras que los estados vitales forzados que se sienten negativos se consideran asociados con el mal” (p. 130).

La alegría y la pena

“Los sentimientos son las manifestaciones mentales de equilibrio y armonía, o de disonancia y discordancia” (p. 135).
Pero de armonía o discordancia en lo profundo de la carne. “alegría y tristeza y otros sentimientos son en gran parte ideas del cuerpo en el proceso de maniobrar para situarse en estados de supervivencia óptima. Alegría y tristeza son revelaciones mentales del estado del proceso vital” (p. 136).

¿Cómo se forman los sentimientos?

1. Se presenta un estímulo emocionalmente competente.
2. Se procesa dicho estímulo, en el contexto específico que tiene lugar, y se selecciona y ejecuta un programa preexistente de emoción.
3. La emoción conduce a la construcción de un conjunto concreto de mapas neurales del organismo.
4. Los mapas de una determinada configuración son la base del estado mental que denominamos con un sentimiento (alegría, pena y sus respectivas variantes).

Alegría

“Los mapas asociados a la alegría significan estados de equilibrio para el organismo.
Dichos estados pueden suceder realmente o presentarse como si ocurrieran.
Los estados alegres significan la coordinación fisiológica lógica óptima y la marcha tranquila de las operaciones de la vida.
No sólo son propicios a la supervivencia, sino a la supervivencia con bienestar.
Los estados de alegría se definen así mismo por una mayor facilidad en la capacidad de actuar” (ps. 133-134).

Tristeza

“Los mapas relacionados con la tristeza, en los dos sentidos, amplio y estricto, del término, están asociados con estados de desequilibrio funcional.
Se reduce la facilidad de acción.
Hay algún tipo de dolor, síntomas de enfermedad o señales de conflicto fisiológico; todos ellos son indicativos de una coordinación menos óptima de las funciones vitales.
Si no se contrarresta, la situación es propicia para la enfermedad y la muerte” (p. 134).

Como insiste el autor, “los mapas de tristeza se asocian a la transición del organismo a un
estado de menor perfección.
El poder y la libertad de actuar disminuyen.
En opinión de Spinoza, la persona afligida por la tristeza queda desconectada de su conatos, de la tendencia a la autoconservación” (ps. 134-135).

“Alegría y tristeza y otros sentimientos son en gran parte ideas del cuerpo en el proceso de maniobrar para situarse en estados de supervivencia óptima. Alegría y tristeza son revelaciones mentales del estado del proceso vital” (p. 136).

3. SENTIMIENTOS Y TOMA DE DECISIONES

Los pacientes con lesiones cerebrales prefrontales son inteligentes en el sentido técnico del término, pueden resolver problemas lógicos y poseer una elevada puntuación en las medidas del CI, pero, sin embargo, se muestran torpes en el gobierno de su vida (pierden capacidad para tomar decisiones apropiadas en situaciones de incertidumbre y para mantener relaciones sociales).

Damasio llegó a la conclusión de que esta torpeza en el gobierno de su vida estaba relacionada con la emoción.
“En general hay que decidir entre opciones en conflicto, y en estas circunstancias las emociones y los sentimientos resultan útiles” (p. 141).
En otras palabras, “las emociones positivas o negativas y los sentimientos que de ellas se siguen se convierten en componentes obligados de nuestras experiencias sociales” (p. 142).

“¿De qué manera la emoción y el sentimiento desempeñan un papel
en la toma de decisiones?”.

Las emociones y los sentimientos son agentes indispensables en el proceso de razonar porque, a medida que se acumula experiencia personal, “se forman categorías diversas de situación social” (p. 141).

Este conocimiento almacenado en nuestra memoria incluye:
1. Los datos del problema presentado
2. La opción elegida para resolverlo
3. El resultado real de la solución
4. El resultado de la solución en términos de emoción y sentimiento (de manera notable)

“Nuestro bagaje de saber acumulado y nuestra capacidad de comparar el pasado con el presente han abierto la posibilidad de preocuparse por el futuro, de predecirlo, anticiparlo en forma simulada, intentar modelarlo de una manera tan beneficiosa como sea posible.
Canjeamos la gratificación inmediata y diferimos el placer inmediato por un futuro mejor, y hacemos sacrificios inmediatos sobre la misma base” (p. 142).-

“Cuando una situación que encaja en el perfil de una determinada categoría es revivida en nuestra experiencia, desplegamos de forma rápida y automática las emociones apropiadas” (p. 142).
–          “Una sensación visceral puede hacer que uno evite tomar una opción que, en el pasado, ha tenido consecuencias negativas, y puede hacerlo antes que nuestro propio razonamiento regular, que nos dice precisamente el mismo ‘No lo hagas’” (p. 143).
–          “Las emociones y los sentimientos no poseen una bola de cristal para ver el futuro. Sin embargo, desplegados en el contexto adecuado se convierten en presagios de lo que puede ser bueno o malo en el futuro cercano o distante. El despliegue de estas emociones/sentimientos anticipatorios puede ser parcial o completo, manifiesto o encubierto” (p. 143).

“La señal emocional no es un sustituto del razonamiento adecuado.
Posee un papel auxiliar, que aumenta la eficiencia del proceso de razonamiento y lo hace más rápido.
En ocasiones puede hacer que dicho proceso sea casi superfluo, como cuando rechazamos de inmediato una opción que conduciría a un desastre seguro o, por el contrario, nos lanzamos a una buena oportunidad que cuenta con una elevada probabilidad de éxito” (p. 144).

“La toma de decisiones normal usa dos rutas complementarias. (…)
Ante una situación que requiere una respuesta:

La ruta A
Sugiere imágenes relacionadas con la situación.
Sugiere las opciones para las decisiones y la anticipación de los resultados futuros.
Las estrategias de razonamiento pueden operar sobre este conocimiento para producir la decisión.

La ruta B
Opera en paralelo y promueve la activación de experiencias emocionales previas en situaciones comparables.
A su vez, la rememoración del material emocionalmente asociado, ya sea patente o encubierto, influye sobre el proceso de toma de decisiones al forzar la atención en la representación de consecuencias o interferir en las estrategias de razonamiento.
De vez en cuando, la ruta B puede conducir directamente a una decisión, como cuando una corazonada impele una respuesta inmediata” (p. 145)

En conclusión, las emociones más que racionales, son razonables, es decir, las emociones nos ayudan a tomar decisiones apropiadas ya que asocian acciones o resultados que resultan beneficiosos o perjudiciales.
“Las señales emocionales recordadas no son racionales en y por sí mismas, pero promueven consecuencias que podrían haberse obtenido racionalmente” (p. 146).

Las emociones y sentimientos en el origen de la ética, la religión e instituciones sociales

“Si las emociones y sentimientos sociales no se despliegan adecuadamente,
y se desbarata la relación entre las situaciones sociales y la alegría y la pena,
el individuo no va a poder categorizar la experiencia de los acontecimientos en el registro de su memoria autobiográfica según la nota de emoción/sentimiento que confiera ‘bondad’ o ‘maldad’, es decir, la construcción cultural razonada de lo que debiera considerarse bueno o malo, dados sus efectos positivos o negativos” (p. 149).

Como dice más adelante, “parece sensato sugerir que los sentimientos pudieron haber sido un cimiento necesario para los comportamientos éticos mucho antes de la época en que los seres humanos empezaron siquiera la construcción deliberada de normas inteligentes de conducta social” (p. 155).

“Si los sentimientos clasifican el estado de la vida dentro de cada organismo humano, también pueden clasificar el estado de la vida de cualquier grupo humano, sea grande o pequeño.

La reflexión inteligente sobre la relación entre fenómenos sociales y la experiencia de los sentimientos de alegría y pena parece indispensable para la actividad humana perenne de diseñar sistemas de justicia y organización política.

Quizá más importante todavía, los sentimientos, en especial la tristeza y el júbilo, puedan inspirar la creación de condiciones en ambientes físicos y culturales que promuevan la reducción del dolor y el aumento del bienestar para la sociedad” (p. 161).

“Nuestra vida debe regularse no sólo por nuestros propios deseos y sentimientos, sino también por nuestra preocupación por los deseos y sentimientos de los demás, expresados como convenciones y normas sociales de comportamiento ético” (p. 161).

“Los sentimientos pueden haber contribuido a articular los objetivos que definen la humanidad en su vertiente más refinada: no dañar a los demás, promover el bien del otro.
Pero la historia de la humanidad es una historia de lucha con el objetivo de encontrar medios y maneras aceptables para llevar a cabo dichos fines” (p. 163).

“Las convenciones sociales y las normas éticas pueden ser consideradas, en parte, como extensiones de las disposiciones homeostáticas básicas a nivel de la sociedad y de la cultura” (p. 164).

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