Necesidades, satisfactores y desarrollo. Alguacil Gómez

NECESIDADES HUMANAS Y SATISFACTORES. Sus límites

Julio Alguacil Gómez. Madrid.

Ofrecemos en forma abreviada este excelente artículo sobre las Necesidades humanas, las diferentes categorizaciones, los satisfactores correspondientes y los límites a los mismos en una sociedad capitalista neoliberal.

Introducción

En términos generales se tiene muy asumido que la naturaleza humana busca una continua superación. Tan es así que los procesos de satisfacción de las necesidades están continuamente abiertos, debido a la permanente emergencia de valores culturales en cada contexto y estadio de la evolución social, de tal forma que la satisfacción de una necesidad se viene a considerar como un punto de partida para acometer nuevas necesidades, aunque quizá, más que de nuevas necesidades habría que hablar mejor de satisfactores, aspiraciones y deseos.

Deben, por tanto, considerarse en todo momento las transformaciones culturales, los cambios sociales y los nuevos valores que también se construyen a partir de nuevos problemas que el propio sistema social va generando.

Generalmente se suele hablar de la aparición de nuevas necesidades, cuando con toda propiedad habría que hablar de nuevas condiciones en permanente cambio que hace que las necesidades sean satisfechas de formas diferentes a como se satisfacían en períodos históricos anteriores o culturas menos occidentalizadas.
Las nuevas relaciones de producción y su naturaleza inciden en las condiciones cambiantes que nos hacen pensar en nuevas necesidades, cuando en realidad se trata de los nuevos requerimientos necesarios para la reproducción del modelo económico. La división del trabajo y el sentido asignado a las innovaciones tecnológicas crean las condiciones ineludibles que hacen surgir nuevas problemáticas y nuevas formas de acceder a las necesidades humanas, a la misma vez que despejan el camino para una conciencia del deseo ilimitado.

Persisten, por lo tanto, las necesidades de siempre, pero aparecen otras nuevas formas sociales. Se establecen nuevos escenarios donde se precisan muy distintas maneras de satisfacer las necesidades humanas.
En las sociedades desarrolladas las nuevas manifestaciones como la complejización de los ciclos familiares, la tendencia al envejecimiento poblacional, la incorporación de la mujer al trabajo, la inmigración de extranjeros, la crisis estructural del empleo, la crisis del modelo educativo, la crisis urbana, la crisis ambiental, la crisis de los modelos políticos, etc. son fenómenos que se suceden con rapidez y que implican la necesidad de crear y reconvertir estrategias institucionales y asistenciales.

Pero también nuevos valores sociales y formas de vida que derivan en gran medida de esos fenómenos, precisan de nuevas formas de uso, de gestión de los recursos y de entendimiento de lo público. Para desentrañar lo confuso que resulta establecer una concreción de lo que son las necesidades en ese proceso dinámico que se expresa en el cambio social procederíamos con algunas preguntas:

¿son necesidades todo lo que referenciamos como necesidades?
¿Son diferentes las necesidades de ahora con respecto a las del pasado, y serán diferentes con respecto a las del futuro?
¿Existen categorías de necesidades?, y si así fuese,
¿son unas necesidades más elevadas que otras?
¿Quiénes son los que definen las necesidades, quienes ejecutan la satisfacción de las necesidades?
¿Hay distintos medios para lograr la satisfacción de una necesidad?
¿Debería haber unos valores éticos y universales en la satisfacción de las necesidades?

El filósofo Toni Domenech responde a esas preguntas:
«La moderna cultura burguesa ha despertado necesidades autodestructivas, incompatibles con la supervivencia de la especie -por motivos elementalmente ecológicos- en un futuro nada remoto, y con la justicia y la igualdad en el lacerante presente. Y ha arruinado la capacidad de los individuos para conocerse a sí mismos, para controlar sus deseos y satisfacer buena parte de sus necesidades…».

Esas “nuevas necesidades”, no son tales, son en todo caso nuevas expresiones del cómo satisfacer las necesidades humanas. Partimos de la idea de que las necesidades, aunque diversas, son interdependientes (sinérgicas) ; no así los satisfactores, las aspiraciones o las preferencias que se encuentran más circunscritos a estadios socio-culturales, a su vez determinados por estructuras económicas.

Apuntamos, por tanto, una primera distinción entre necesidades y deseos, y también a la oportunidad de un cierto sentido de las necesidades humanas orientado a la equidad y la reciprocidad.
Para ello debemos sumergirnos en el dilema de las necesidades:
¿son universales o son relativas? ¿Son subjetivas, pueden objetivizarse?
¿Se satisfacen desde estrategias de Estado, o de Mercado?

La falta de acuerdo en un sentido teórico determinado nos obliga a aproximarnos a distintas perspectivas cuyo objeto de atención han sido las necesidades.

La categorización de las necesidades

Las necesidades pueden desgranarse conforme a múltiples criterios, y las ciencias sociales ofrecen en este sentido una extensa y diversa literatura.
Recogemos aquí las que actualmente son más representativas.

De la confusión reinante respecto del concepto necesidad derivan las dificultades intrínsecas a la hora de establecer categorías. La categorización de las necesidades corre el riesgo de establecer esquemas de jerarquización, que suponen de facto un aislamiento de unas categorías de necesidades de otras, estableciendo, también, prioridades de unas sobre otras, tal como hace Maslow.

a- Maslow (1908-1970)

Establece cinco categorías de necesidades que se suceden en una escala ascendente.
Las organiza en dos grandes bloques que establecen una secuencia creciente y acumulativa de lo más objetivo a lo más subjetivo en tal orden que el sujeto tiene que cubrir las necesidades situadas a niveles más bajos (más objetivas) para verse motivado o impulsado a satisfacer necesidades de orden más elevado (más subjetivas).
En el primer bloque de necesidades establece cuatro tipos:

1. Necesidades fisiológicas.
Son las necesidades más básicas que precisan de elementos materiales para su satisfacción, sin su satisfacción no son posibles los impulsos para afrontar otras necesidades, y su ausencia amenaza la propia supervivencia humana.

2. Necesidades de salud y seguridad.
Una vida segura, ordenada y cierta, donde se encuentran ausentes los peligros y riesgos para la integridad personal y familiar.

3. Necesidades sociales de pertenencia y amor.
Representan la voluntad de reconocer y ser reconocido por los semejantes. Sentirse arraigados en lugares e integrados en grupos y redes sociales.

4. Necesidades de estima.
Condiciones adecuadas para la evaluación personal y el reconocimiento de uno mismo en referencia a los demás. La capacidad para sentirse miembro o parte de un cuerpo social de pleno derecho.

5. La quinta categoría es escasamente desarrollada en un segundo bloque, que denomina como necesidades de autorrealización.
Una vez cubiertas las demás necesidades, estaremos en condiciones de recibir impulsos hacia metas inagotables de corte espiritual e intelectual.
Se contemplan en esta categoría una mezcla de valores que podrían ser contradictorios entre sí, o con las propias necesidades satisfechas que les han abierto la puerta: moralidad, creatividad, espiritualidad, etc.

B- AGNES HELLER

Desde otra perspectiva, historicista y dialéctica, cabe reseñar la categoría de necesidades establecida por eta filósofa húngara nacida en 1929.
Las necesidades se desarrollan por la continua superación de estadios históricos. La dialéctica de las contradicciones en cada contexto se supera por la transformación de la sociedad en nuevas etapas donde se lograrían satisfacer las necesidades plenamente, un «nuevo modo de vida» que supere de una vez por todas la estructura de las necesidades de la sociedad burguesa.
Clasifica las necesidades según:

1. Necesidades existenciales:
necesidades básicas tanto materiales como no materiales (fisiológicas y de sociabilidad).

2. Necesidades alienadas:
de carácter cuantitativo, como la de poder, posesión, ambición y acumulación de riqueza.

3. Necesidades no alienadas:
de carácter cualitativo, como las de amor, estima, amistad, actividad cultural, de desarrollo personal.

4. Necesidades radicales:
generadas por el capitalismo, las necesidades radicales conllevan la necesaria superación del sistema capitalista, lo que implica una reestructuración global de la vida cotidiana en un sistema que genera necesidades a la vez que es incapaz de satisfacerlas («revolución de la vida cotidiana»).

Las necesidades según Heller «se refieren siempre a valores. Y son definibles sólo a partir de valores».
Para ella«sólo podemos considerar como necesidades aquéllas de las cuales somos conscientes», hay valores negativos (necesidades malas) que hay que superar, y valores positivos (necesidades buenas) que hay que alcanzar.
Se constituye, por tanto, una jerarquía de necesidades siempre relativas, ya que las necesidades universales se deben conseguir, pero sólo se pueden lograr tras una transformación revolucionaria del sistema capitalista.

Las necesidades radicales cuya satisfacción conforma un definitivo estadio histórico, comportan una reestructuración universal de las necesidades y de los valores de un sistema en el que predominan las necesidades alienadas.
Las necesidades radicales se expresan en términos de liberación como: la liberación del trabajo, la democratización de las instituciones, la mayor participación de los sujetos en las estructuras políticas y sociales.

C- Galtung (sociólogo noruego, nacido 1930)

Parte del supuesto de que por cada necesidad identificable existe algún medio que puede satisfacerla.
Cuando no se puede disponer de medios suficientes, cabe hablar de carencia e insatisfacción, cuando se dispone de los medios suficientes se pueden cubrir las necesidades de mínimo social (básicas), pero se aspira a superar el nivel mínimo de satisfacción (necesidades no básicas) siempre sin comprometer la satisfacción de las necesidades básicas en otros lugares, colectivos o tiempos. Él distingue entre:

1. Necesidades básicas materiales:
Fisiológicas, Ambientales, protección del grupo y de la familia. Salud, en el sentido de bienestar somático. Educación, en el sentido de autoexpresión/diálogo. Libertad de expresión y de impresión. Libertad de circular y para recibir visitas.

2. Necesidades básicas no materiales:
Creatividad. Identidad. Autonomía. Compañía. Participación. Autorrealización. Sensación de que la vida tiene un sentido.

3. Necesidades no básicas:
Optimización de las necesidades básicas a través de un uso solidario de la tecnología.
Cabe advertir cómo Galtung establece una diferencia de la satisfacción de las necesidades con respecto a lo que denomina como «desarrollo excesivo» cuando se consume por encima de un máximo social o nivel tope.

D-Doyal y Gough (sociólogos británicos)

Sostienen que las necesidades humanas se construyen socialmente, pero también son universales, al mismo tiempo desestiman que las aspiraciones que se derivan de preferencias particulares de individuos y de su medio cultural puedan considerarse como tales necesidades. La teoría de las necesidades de estos autores establece una distinción entre necesidades básicas y necesidades intermedias quedando clasificadas en dos grandes categorías:

1. Las necesidades básicas
son: la salud física y la autonomía de acción o de urgencia. Ambas son universales, aunque los satisfactores requeridos para satisfacerlas varían según las culturas.
El cumplimiento de ese nivel óptimo (condiciones sociales) lleva a un proceso de segundo orden emanado de esas necesidades básicas, lo que denominan los autores como «Autonomía Crítica», entendida como libertad de acción y libertad política (participación crítica de la forma de vida elegida).

2. Las necesidades intermedias
son satisfactores, pero satisfactores de carácter universal que se conciben como «aquellas cualidades de los bienes, servicios y relaciones que favorecen la salud física y la autonomía humanas en todas las culturas».

Establecen once necesidades intermedias que deben alcanzar un nivel óptimo para satisfacer adecuadamente las necesidades básicas:

    • Alimentación adecuada y agua potable.
    • Vivienda que reúna las características adecuadas.
    • Ambiente de trabajo libre de riesgos.
    • Medio físico sin riesgos.
    • Atención sanitaria apropiada.
    • Seguridad en la infancia.
    • Relaciones primarias significativas.
    • Seguridad física.
    • Seguridad económica.
    • Control de nacimientos, embarazo y parto seguros.
    • Enseñanza básica.

E- Max-Neef (pensador chileno, nacido 1932) y el grupo CEPAUR (Centro de Alternativas del Desarrollo) .
Distinguen entre necesidades, satisfactores y bienes económicos.

a) Las necesidades:
constituyen un sistema. No están ordenadas jerárquicamente y existe una reciprocidad simétrica entre ellas. Son finitas, pocas y clasificables, siendo las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos.
Se combinan dos criterios posibles de desagregación:

1. Según categorías axiológicas o necesidades humanas fundamentales:
Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad.

2. Según categorías existenciales o modos de experiencia:Ser, Tener, Hacer y Estar.

Ambas categorías de necesidades interaccionan entre sí y pueden combinarse para definir los satisfactores posibles en un contexto cultural determinado.

b)Los satisfactores (medios para satisfacer las necesidades)
son, por tanto, lo que varía en función del contexto cultural. Son el aspecto histórico de las necesidades. Max Neef propone para fines analíticos cinco tipos de satisfactores:

1. Los violadores o destructores.
Al ser aplicados con la intención de satisfacer una determinada necesidad (protección ciudadana, por ejemplo), terminan afectando negativamente a la satisfacción de esa necesidad en otros sujetos, y a la satisfacción de otras necesidades (por exceso de control policial).

2. Pseudo-satisfactores.
Estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada. (drogas, prostitución, etc.)

3. Inhibidores.
Sobresatisfacen una necesidad determinada dificultando seriamente la posibilidad de satisfacer otras necesidades (la sobreprotección que impide la autonomía).

4. Singulares.
Se dirigen a la satisfacción de una sola necesidad, siendo neutros respecto de la satisfacción de otras necesidades.

5. Sinérgicos.
Por la forma en que satisfacen una necesidad determinada, estimulan y contribuyen a la satisfacción simultánea de otras necesidades (como la participación, la educación, etc. que desencadenan otras satisfacciones de otras necesidades).

Las cuatro primeras categorías, por ser habitualmente impuestas e inducidas desde arriba hacia abajo son consideradas como exógenas.
Los satisfactores sinérgicos, en cambio, contemplan todas las categorías de necesidades interrelacionadas y se impulsan de abajo hacia arriba. Son endógenos, liberadores y contrahegemónicos.

c) Los bienes económicos
son los objetos (artefactos, tecnologías) que contribuyen a la competencia operativa de los satisfactores, es decir son la materialización de las necesidades.

Cuando se convierten en un fin en sí mismo se encuentran en disposición de no potenciar la satisfacción de necesidades y de crear dependencia y alienación de los sujetos.

La idea que se tiene de las necesidades se vincula estrechamente con el Desarrollo Humano, por lo que las necesidades humanas tienen un carácter universal que es equivalente para todos los seres humanos. Ello no excluye la idea de que las necesidades se construyen socialmente.

De una parte, la universalidad de las necesidades no implica la imposición etnocentrista de las culturas dominantes y espacios centrales sobre las otras culturas y las periferias.
De otra, la construcción social de las necesidades no implica la no-existencia de iguales necesidades para todos.

La explicación a esta presumible paradoja se expresa a través de la diferenciación que se hace entre las necesidades y los satisfactores de éstas, que son precisamente las formas y medios de satisfacer esas necesidades, que en definitiva son lo que varía de unos contextos históricos y culturales a otros.

En otro orden de cosas, la perspectiva eco-humanista, desde la distinción entre las necesidades básicas universales objetivas y los deseos de consumo relativos (los artículos de lujo no satisfacen las necesidades y no son generalizables), acepta en sus términos más genuinos la idea de sostenibilidad ecológica que viene a significar la confluencia de la solidaridad diacrónica (con las generaciones venideras) y sincrónica (con los excluidos de las periferias sociales).

Se trata de limitar, y evaluar, social y ambientalmente las consecuencias del exceso de consumo, la redistribución adecuada de los recursos y el tándem pobreza-externalidades ambientales.

La complementación de la idea de equidad con la idea de moderación nos lleva a la cuestión sobre los límites que implican el desarrollo de las formas de satisfacer las necesidades.
Se propone, en definitiva, responder a la doble pregunta: ¿qué es universalizable en términos de consumo? ¿Qué es universalizable en términos de necesidades básicas?

Las necesidades tienen sentido,si se consideran universales

No podemos entender la reproducción de la especie humana y de sus formas societarias sin la existencia de aquellos mecanismos que posibilitan permanentemente la satisfacción de las necesidades humanas.

Ahora bien, tenemos que establecer una diferencia entre necesidad (ausencia o carencia de algo imprescindible) y el hecho de satisfacerla (proceso a través del cual desaparece la ausencia o carencia). Un aspecto son las necesidades en sí, y otro, el cómo se satisfacen.

La no distinción entre ambos aspectos da pie a equívocos sobre el concepto de necesidad que le llevan por los derroteros del relativismo cultural y de la confusión entre las necesidades y las preferencias. La ausencia o carencia de algo que constituya un tipo de daño o de perjuicio grave es igual para todos los seres humanos sin distinciones de orden histórico o cultural.
En ese sentido, las necesidades no se construyen socialmente según el contexto, más bien se satisfacen socialmente (de una forma o de otra, con unos medios u otros, según el uso y abuso de recursos…).

La relación entre las necesidades en sí y la satisfacción de las mismas viene marcada por una tensión dialéctica y forman una unidad siendo la una el reverso de la otra.
Esa doble condición, contrariedad entre polos estrechamente interrelacionados, se debate permanentemente entre la carencia (necesidad en sí) y la potencia, o proyecto.
«En el primer caso -en palabras de Heller- sólo tenemos la conciencia de la existencia de la necesidad,
en el segundo se trata de la conciencia de las formas de satisfacción de las necesidades y de la actividad consciente dirigida a su satisfacción».

La visión aislada de cada una de las vertientes por separado conlleva implicaciones equívocas sobre las necesidades, una segmentación ideológica y estratégica que se encuentra muy extendida.
Si consideramos la necesidad exclusivamente como cualidad de la privación, nos inscribimos en el ámbito que la acepta como estado natural y cuya solución, exógena para los implicados, significa la institucionalización de la carencia.

En esta lógica el papel del Estado sería determinante para la satisfacción de las necesidades.
En esa cultura de la carencia, la satisfacción de las necesidades se hace inconsciente en la medida que el sujeto se encuentra separado de los procedimientos y es incapaz de identificar las necesidades.

Por el contrario, si consideramos aisladamente la necesidad como posibilidad ilimitada (aspiración) se requiere de una intervención del aparato productivo que también es ajena a los individuos y se produce una mercantilización de las aspiraciones (deseos).

El papel del mercado sería el determinante para la satisfacción de los deseos.
Sin embargo, la desigual accesibilidad al consumo hace de la satisfacción de las aspiraciones una quimera.
Las clases dominantes se presentan como el deseo ideal de consumo, pero debido a la innovación, diversificación y renovación permanente de las formas-objeto este modelo se hace constantemente inalcanzable para el resto de la sociedad.

En esa cultura del consumo es concluyente la pérdida del sentido de los límites de las aspiraciones y de las vinculaciones de los sujetos con los sujetos, y de los sujetos con la naturaleza.
«Se proclama la soberanía completa del ser humano entendido como individuo que no acepta lazos que limiten la búsqueda sin fronteras de su propia satisfacción (con la consiguiente entronización de la idea absoluta de propiedad individual). Y se rechaza la legitimidad de los límites que puedan imponerse a la acción humana» (Sempere).

La síntesis es, por lo tanto, que las necesidades entendidas simultáneamente (en un sentido sistémico) como carencias y como potencia, remiten a una dimensión de consciencia, de proyecto real de transformación. «Hay que recuperar esa dimensión porque en esas necesidades está el ejercicio más pleno de lo humano.

Y pasamos de ser un ser inerme y pasivo, a un ser activo, que puede construir, pues pueden surgir la actividad y la posibilidad.
Y de ella podrá surgir, el protagonismo, la participación» (V. Renes).

La tensión entre la acción del Estado y la acción del Mercado, entre la necesidad en sí, y las formas y medios de satisfacerse, precisan de una complementación que abra vías a nuevas estructuras que permitan la acción consciente y responsable de los sujetos.

El hecho de descubrir las necesidades, de gestionar los recursos y medios para satisfacerlas, por los propios sujetos y colectivos afectados, en un proceso de hacerse, es lo que se ha identificado por algunos teóricos como «la nueva organización de la comunidad» .
Ese es nuestro afán por demostrar cómo las necesidades son objetivas cuando las objetivizan los propios sujetos a través de procesos de participación activa, y son subjetivizadas cuando quedan fuera de su control, cuando son normativizadas por élites políticas y administrativas separadas de los individuos y/o inducidas por los mecanismos del mercado.

Las necesidades humanas son objetivas, intemporales, invariables, identificables, dependientes unas de otras, limitadas y universales, todo ello en cuanto que su reconocimiento teórico y empírico puede ser libre de las preferencias individuales condicionadas por la sociedad de consumo.

La condición subjetiva en la teoría de las necesidades viene marcada por la satisfacción de las mismas. Lo que varía son los medios por los cuales se satisfacen estas necesidades, sus satisfactores.

Identificamos las necesidades humanas fundamentales con una combinación híbrida de las dos categorías de necesidades básicas y las nueve necesidades humanas fundamentales establecidas por M.Neef; las necesidades básicas y universales serían:

  1. Relacionadas con La Salud integral: subsistencia, protección, afecto e identidad.
  2. Relacionadas con La Autonomía: comprensión, participación, creación, recreo, identidad y libertad.

La optimización en el grado de satisfacción de las necesidades en ambos grupos, considerando la mayor intensidad posible de sinergias entre sus componentes (cada una de las necesidades obtendría un nivel de satisfacción óptimo con la concurrencia de las demás), nos llevaría a evitar, con el mínimo riesgo, privaciones que se consideren una limitación fundamental y prolongada de la participación social.

A su vez, como proceso de ida y vuelta, la participación social es fundamental para evitar, con el mínimo riesgo, daños graves a las personas.

El acotamiento de las necesidades humanas y de los satisfactores, y las interacciones sinérgicas entre ambas dimensiones puede representarse con una matriz elaborada por Max-Neef y el grupo CEPAUR que le confiere un alto grado de operatividad.

Matriz de las necesidades y satisfacciones

Necesidades según categorías axiológicas Necesidades según categorías existenciales
SER TENER HACER RELACIONES
ESTAR
SUBSISTENCIA 1-Salud física, salud mental, equilibrio, sentido del humor, adaptabilidad 2-Alimentos, cobijo, trabajo 3-Alimentarse, procrear, descansar, trabajar 4-Entorno vital, marco social
PROTECCIÓN 5-Asistencia, adaptabilidad, autonomía, equilibrio, solidaridad 6-Sistemas de seguros, ahorros, seguridad social, sistemas sanitarios, derechos, familia, trabajo 7- Cooperar, prevenir, planificar, ocuparse de curar, ayudar 8- Espacio vital, entorno social, vivienda
AFECTO 9-Autoestima, decisión, generosidad, receptividad, pasión, sensualidad, sentido del humor, tolerancia, solidaridad, respeto 10-Amistades, relaciones familiares, relaciones con la naturaleza 11-Hacer el amor, acariciar, expresar emociones, compartir, ocuparse de cultivar, apreciar 12- Vida privada, intimidad, hogar, espacios de unión entre personas.
COMPRENSIÓN
CONOCIMIENTO
13-Conciencia crítica, receptividad, curiosidad, asombro, disciplina, intuición, racionalidad 14-Literatura, maestros, método, políticas educativas, políticas de comunicación 15- Investigar, estudiar, experimentar, educar, analizar, meditar 16- Marcos de interacción formativa, escuelas, universidades, grupos, comunidades, familia
PARTICIPAR 17-Adaptabilidad, receptividad, solidaridad, disposición, decisión, dedicación, respecto, pasión, sentido del humor 18- Derechos, responsabilidades deberes, privilegios, trabajo 19- Afiliarse, cooperar, proponer, compartir, disentir, obedecer, relacionarse, estar de acuerdo, expresar opiniones 20- Marcos de relaciones participativas, partidos, asociaciones, iglesias, comunidades, barrios, familia
CREACIÓN 21- Pasión, decisión, intuición, imaginación, audacia, racionalidad, inventiva, autonomía, curiosidad 22- Habilidades, oficios, método, trabajo 23- Trabajar, inventar, construir, diseñar, componer, interpretar 24- Marcos productivos y de reaprovechamiento de información, seminarios, grupos culturales, espacios para la expresión, libertad temporal
RECREO
OCIO
25- Curiosidad, sentido del humor, receptividad, imaginación, temeridad, tranquilidad, sensualidad 26- Juegos, espectáculos, clubes, fiestas, paz mental 27- Divagar, abstraerse, soñar, añorar, fantasear, evocar, relajarse, divertirse, jugar 28- Privacidad, intimidad, espacios de encuentro, tiempo libre, ambientes, paisajes
IDENTIDAD 29- Sentimiento de pertenencia, consistencia, diferenciación, autoestima, afirmación 30- Símbolos, lenguaje, religión, hábitos, costumbres, grupos de referencia, sexualidad, valores, hormas, memoria histórica, trabajo 31- Comprometerse, integrarse, enfrentarse, decidir, conocerse a uno mismo, reconocerse a uno mismo, realizarse, crecer 32- Ritmos sociales, marcos de la vida diaria, ámbitos de pertenencia, etapas de madurez
LIBERTAD 33- Autonomía, autoestima, decisión, pasión, afirmación, amplitud de miras, audacia, rebeldía, tolerancia 34- Igualdad de derechos 35- Discrepar, elegir, ser diferente de, asumir riesgos, desarrollar consciencia, comprometerse, desobedecer 36- Plasticidad espacio-temporal

Los satisfactores: como límite,o como potencia.

La oscuridad que envuelve el análisis de las necesidades humanas acaece por la deficiencia en la diferenciación básica entre lo que son propiamente necesidades y lo que son satisfactores de esas necesidades.

Mientras que la necesidad viene determinada por nuestra propia esencia, es decir, son atributos esenciales que evolucionan al ritmo de la evolución de la propia especie, los satisfactores son la forma de hacerse presente la necesidad diacrónicamente, y evoluciona al ritmo de la evolución cultural.

Los satisfactores se refieren a todo aquello que, por representar formas de ser, tener, hacer y estar, contribuyen a la satisfacción de las necesidades básicas. Se refiere a un conjunto de elementos instrumentales materiales y no materiales: a todos los objetos, actividades, relaciones, estructuras, prácticas, normas, soportes… que median en la satisfacción de nuestras necesidades y, por tanto, no se refieren exclusivamente a los bienes económicos materiales. Así pues, podemos dividir a los satisfactores en:

  1. Objetos obtenidos directamente del medio natural, o por transformación del mismo a través de la tecnología.
  2. Estructuras sociales que conforman sistemas de organización y de relaciones.

Cuando hablamos de satisfactores de actualización y apoyo a las necesidades universales hablamos de potencia. Cuando hablamos de los satisfactores como medios que se convierten en fines en sí mismos (sistema de consumo) habría que introducir el concepto de límite. Si los deseos son a la vez ilimitados y sujetivos, las necesidades son limitadas y de potencia continuada.

Los satisfactores como potencia, o si se prefiere como proyecto humano, deben ser susceptibles de aplicación en cualquier contexto cultural de tal forma que desarrollen las cualidades de los bienes y estructuras tendentes a satisfacer la salud física y la autonomía en todas las culturas. Los satisfactores como proceso de potencia tienen objetivos focales que al mismo tiempo sirven de medio hacia otros muchos fines diversos, es decir, son sinérgicos en el sentido de que la potencia emerge en función de la interacción de distintos satisfactores.

Por el contrario, se pueden desarrollar satisfactores que en vez de potenciar la satisfacción de las necesidades humanas, las desvirtúan, al desplegar las necesidades que el propio sistema productivo tiene para reproducirse.

Cuando la forma de producción y consumo de bienes conduce a erigir los bienes en fines en sí mismos, entonces se abona el terreno para la confirmación de una sociedad alienada que se embarca en una carrera productivista sin sentido humano. La vida se pone al servicio del aparato productivo en vez de establecer un modelo de desarrollo al servicio de la vida.
El sociólogo Joaquim Sempere establece tres límites del sistema de necesidades que apuntan a la quiebra del mismo:
El primero es el hecho de que sus sujetos y beneficiarios representan sólo entre un cuarto y un quinto de la humanidad: buena parte de las poblaciones del mundo industrializado y unas minorías del tercer mundo. La lógica de los hechos muestra que los niveles de consumo actuales en los países desarrollados no son universalizables a la totalidad de la población mundial, y crean conflictos y situaciones insostenibles.

No cabe duda de que los gastos energéticos y el consumo de recursos se dirige a la satisfacción ilimitada de deseos de unos pocos, y que ello significa la limitación de las necesidades humanas del conjunto de la población mundial. Esa lógica de la desigualdad procura que los beneficiarios de la situación –mientras no actúen en ellos otros valores éticos– aclamen, no a favor de rectificaciones, sino por el mantenimiento del status quo.
El segundo lo constituyen los límites ecológicos del planeta, inseparables de los procesos de desigualdad, que vienen a completar el binomio pobreza-crisis ambiental.
Es inaplazable la idea de que los satisfactores no pueden seguir siendo factores destructivos del equilibrio ecológico a costa de su utilidad para la satisfacción de las aspiraciones de minorías dominantes y el funcionamiento del sistema de mercado.
El tercer límite consiste en las contradicciones generadas en el seno de los países privilegiados. La tendencia a la creciente precarización (la no satisfacción de necesidades humanas) de minorías numéricamente relevantes en las metrópolis del primer mundo y, también, la emergencia de nuevos valores (solidaridad, protección del medio ambiente, de mayor democratización…) provocan situaciones de ingobernabilidad y conflictividad social de nuevo tipo.

«De la existencia de estos límites puede resultar un cambio en el sistema de necesidades, única garantía de supervivencia civilizada de la especie humana; pero sólo a condición de que la intervención consciente de los protagonistas enderece las cosas» (Sempere).

Tres principios se pueden contraponer a los tres límites del «sistema de necesidades dominante»: . Equidad-solidaridad, . Sostenibilidad-moderación y . Participación social-cooperación.

En primer lugar, el principio de equidad y solidaridad se trata de crear «las condiciones objetivas para que los hombres puedan preferir, saber y ser en vez de poseer» Se plantea una dimensión ética de las necesidades básicas que considerándolas legítimas para todos los humanos (universales) las hace extensibles a todos ellos. El reconocimiento de las necesidades de otras existencias humanas (alteridad) remite a una solidaridad sincrónica.

En segundo lugar, el principio de sostenibilidad introduce una nueva dimensión de la ética. La ética ecológica remite a una moderación en el consumo de los recursos naturales y una nueva gestión que no quiebre la armonía con los mismos, de tal manera que no se produzcan daños irreparables en los ecosistemas, o lo que es equivalente, que no se produzca una pérdida de la calidad de vida de cualquier ciudadano en cualquier parte del planeta, en el presente y en el futuro. Los recursos naturales entendidos como un patrimonio colectivo a nivel planetario implican una solidaridad diacrónica.

El tercer principio de participación social y cooperación, considerando también que tiene su equivalencia en una óptima democratización y descentralización política, remite a cómo los deberes implican derechos sólo en base a la existencia de unos valores éticos que desde la legitimidad de la autonomía individual y colectiva deben permitir la autonomía y la praxis política de los demás, y deben poseer la facultad emocional de actuar en consecuencia

Se confiere al individuo el papel de portador de responsabilidades en un contexto que implica una solidaridad orgánica.

Se trataría, como es obvio, de una profunda transformación que signifique el abandono del carácter limitativo de los satisfactores para pasar a desarrollar su carácter sinérgico, es decir, entendiendo a éstos como potencia y posibilidad.

Ese cambio radical es en esencia un cambio de valores éticos a los que se puede acceder a través de múltiples condiciones que podemos agrupar en torno a tres conceptos clave: conocimiento, consciencia y libertad de acción (autonomía).

Cada uno de esos conceptos nos hace posible el reconocimiento del resto, es decir, no es concebible la experiencia cognitiva sin libertad de acción, no es concebible la libertad sin el devenir consciente, no es concebible el devenir consciente sin una experiencia cognitiva.

Sólo a través del conocimiento, la consciencia, y la libertad se accede al reconocimiento de la necesidad, o lo que es lo mismo, sólo a través de la experiencia en la satisfacción de las necesidades se pueden reconocer éstas. La aceptación de la responsabilidad social, en términos plenos de derechos y de deberes, nos lleva a una idea de satisfacción óptima de las necesidades que va más allá de los propios postulados del Estado del Bienestar.

La participación social como expresión de la optimización de las necesidades

Hay tres variables clave, o tres momentos, que señalan los niveles de autonomía y que en conjunto nos permiten determinar la optimización de ésta:
– El óptimo grado de comprensión de la realidad social inmediata a los sujetos les debe encaminar a poseer el mejor conocimiento posible en lo relativo a las cuestiones técnicas a utilizar en las estrategias propias. En ese sentido los técnicos y expertos juegan un papel más interactivo con los sujetos afectados e implicados en la resolución de sus problemas, más como elementos de canalización de la satisfacción de las necesidades que como meros inductores de las demandas del sistema productivo.

-La mayor capacidad psicológica implica un conocimiento hermenéutico.
Es decir, mayor capacidad de autoaprendizaje interactivo (entendimiento recíproco entre las distintas partes que conforman la heterogeneidad social) en un contexto de diversidad social y cultural. Una mayor capacidad de comunicación induce una mayor confianza social y mayores posibilidades de consenso.

– La existencia de oportunidades que permitan la práctica de la acción de las capacidades disponibles significa el desarrollo de la mayor amplitud posible del modelo democrático que se aproxime a la igualdad de atribuciones en los distintos niveles de decisión de las estructuras institucionales y del denominado Tercer Sector.

La emergencia de iniciativas de base, en los últimos tres lustros, como proyectos conscientes y con voluntad de dar una respuesta activa a la satisfacción de sus propias necesidades precisan, para tener legitimidad y potencia en vigor, de una división social del poder y sus instituciones, en definitiva una distribución social del poder o desarrollo de necesidades radicales.

De aquí apremian otras orientaciones políticas que fueran dirigidas hacia una descentralización política en distintos niveles, desde los gobiernos centrales hacia los gobiernos regionales, de éstos hacia los gobiernos locales y de éstos a su vez a las expresiones, iniciativas y proyectos de la ciudadanía, de tal forma que se aprovechen óptimamente y sean capaces de complementar los recursos exógenos y los recursos endógenos (conocimientos y energías de las realidades cotidianas) contribuyendo así a la creación de satisfactores adecuados a las necesidades.

Para ello se necesita de la concurrencia de otro tipo de Estado al que conocemos.
El Estado alternativo habría de ser un estado sensible a una máxima descentralización y a una profunda cultura democrática hasta llegar al limite de cuestionar su propia pervivencia como estructura de poder, un «Estado social solidario”.

Se trata de hacer existir una sociedad civil más densa y de desarrollar espacios de cambio y de solidaridad que puedan ser encajados en su seno y no exteriorizados y proyectados hacia los dos únicos polos del mercado o del Estado. Se confiere al Estado un papel de descubridor, promotor, articulador y reforzador de iniciativas sociales participativas, más que de inhibidor o controlador de las mismas.

En definitiva, la participación social plena sólo es posible donde los sujetos pueden constituir y controlar las interacciones sociales (las redes sociales), donde los ciudadanos pueden formar parte de pleno derecho de estructuras organizativas (instituciones y asociaciones), donde los individuos pueden reconocer fácilmente el espacio y gestionar los recursos propios, donde se puede llegar a una disposición del uso y reparto del tiempo…

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