Camino a la Espiritualidad según Sri Aurobindo. Benetti

Camino hacia la espiritualidad

Santos Benetti según ideas de “LA EVOLUCIÓN FUTURA DEL HOMBRE” de  Sri Aurobindo

Sri Aurobindo  (Calcuta 1872Pondicherry 1950) filósofo, teólogo místico, yogui, educador, líder político revolucionario y poeta, fue uno de los escritores más prolíficos en toda la historia de su país, la India. Fue propuesto para el premio Nobel de literatura en 1950. Sus obras capitales son La Vida Divina, La Síntesis del Yoga, El Ideal de la Unidad Humana, El Ciclo Humano, Ensayos sobre la Gita, y el poema épico Savitri, un relato en clave poética de su propia experiencia espiritual. En ellas se encuentra el núcleo de su legado intelectual y espiritual.

Desarrolló una doctrina metafísico-teológica llegando a una gran síntesis entre la tradición hindú y la tradición de Occidente. Sri Aurobindo mostró con su visión inspirada que la humanidad no sólo necesita un cambio político, económico o social, sino un cambio psicológico profundo, un cambio interior, una reorganización radical de su naturaleza que le ayudará a resolver sus problemas.

 Considero que el pensamiento de Aurobindo que trataré de exponer en forma sencilla puede ayudarnos a los occidentales, demasiado influidos por el materialismo y el economicismo posmoderno, en este camino de búsqueda de una formación espiritual que desarrolle lo mejor de nosotros mismos.

Al decir “espiritual” no entendemos esta palabra como “religiosa” (prescindimos de cualquier religión) sino como la esencia última y más profunda de la aspiración y de la vida humana, de cualquier ser humano.

Con este trabajo sólo pretendo que los lectores se animen a buscar su propio camino de espiritualidad, que es lo mismo que buscar el camino de Sí mismos.

 La Aspiración Humana

 Aurobindo comienza planteándonos que la más elevada aspiración del hombre tiene como contraparte una existencia que parece contradecir las aspiraciones de nuestro ser profundo, algo que todos constatamos en nuestra vida diaria como un “conflicto” y que tanto la pedagogía como la psicología intentan resolver: armonizar nuestros altos ideales con los reclamos del instinto y de una sociedad que sólo exige eficiencia material a cambio de éxitos fáciles, dinero y placeres a cualquier precio.

Bien dice Aurobindo:

 La más elevada aspiración del hombre,

– su búsqueda por la perfección,

– su anhelo de libertad y

– su búsqueda de la verdad total y del placer puro,

es una contradicción evidente con su existencia presente y su experiencia normal.

Pero, significativamente, esta experiencia de una suprema aspiración que contradice a la experiencia dolorosa diaria manifiesta en sí misma al Espíritu divino, al impulso hacia la perfección, a la búsqueda hacia la verdad pura y la felicidad armónica, y al sentido de una secreta inmortalidad. Los inicios del conocimiento humano nos han dejado su testigo en esta constante aspiración; y hoy vemos a la humanidad saciada pero no satisfecha por un dominio victorioso de lo externo de la Naturaleza, preparándose para volver a sus primitivos anhelos. La antigua fórmula de la sabiduría promete ser la última (Dios, Luz, Libertad, Inmortalidad).

Para la mentalidad de Oriente (hinduismo, budismo) el Ser Total, al que podemos llamar Dios, Espíritu, Energía, etc. no es una realidad externa al universo ni está afuera del ser humano y de las realidades de la naturaleza, sino que anida en su interior aunque de una forma velada que es necesario descubrir. Así lo vivieron los pueblos primitivos que se sentían integrados en un mundo “espiritualizado” (habitado por muchos espíritus o un Gran Espíritu) y así hoy lo vamos descubriendo en este siglo.

Cuanto más ahondemos en nosotros mismos, especialmente por la meditación, la reflexión y el Conocimiento de nosotros mismos en un clima de gran sinceridad, más descubriremos ese “espíritu” y más nos identificaremos con él, y ya en esta vida sin esperar otra. Se trata de un pensamiento que también aparece en muchos místicos y escritos cristianos, si bien la religión cristiana terminó por excluirlos del pensamiento ortodoxo…

Lo que se nos ofrece como la manifestación de Dios en la Materia y la meta de la Naturaleza en su evolución terrestre es:

– el saber, el poseer y el ser divino en una conciencia animal y egoísta,

. el convertir nuestra oscura mentalidad física en una mentalidad iluminada plenamente,

. el construir paz y felicidad perfecta donde hay solamente tensión y felicidad transitoria acompañada  de dolor físico y sufrimiento emocional,

. para establecer una libertad infinita en un mundo que se presenta él mismo como un grupo de necesidades mecánicas,

. para descubrir y realizar la vida inmortal en un cuerpo sujeto a la muerte y a la constante mutación.

Por lo tanto, El Espíritu, la Energía Divina, la Mente Suprema, que se halla presente desde siempre o desde el inicio del universo, no solamente motoriza y promueve la gran evolución cósmica que se inició hace 15 mil millones de años sino que actúa especialmente en la conciencia humana, aún muy imperfecta y a menudo dominada por la animalidad, generando esos deseos profundos de ser, de inmortalidad, de vida plena, de felicidad, de sentirse “partícipe de la vida divina”.

Por este motivo, lo que parece ser un conflicto (entre materia y espíritu…) resulta ser el camino o método que emplea la Naturaleza en su larga evolución, pues así como de los seres inanimados hizo surgir la vida hace 3.500 millones de años, y de la vida vegetal y animal hizo surgir la vida mental y psíquica, hace aproximadamente un millón de años, así también de la actual vida humana puede hacer surgir la conciencia espiritual, que todavía hoy está en sus comienzos pero que está llamada a evolucionar en un constante proceso de perfeccionamiento.

La evolución aún no ha concluido, el universo no está terminado, el actual ser humano no es la meta final evolutiva, es solamente una etapa…

Y la biformidad del ser humano que es cósmico y es viviente, que es viviente animal y viviente psíquico, biformidad que parece constituir un conflicto sin solución (al menos en Occidente) es un camino por medio del cual llegaremos a armonizar todos los elementos en un ser humano integral:

Tal contradicción es parte del método general de la Naturaleza: es un signo de que ella está trabajando hacia una mayor armonía.

La reconciliación (de los elementos contradictorios) será lograda por un progreso “revolucionario”.

Mientras que Occidente, dominado por el racionalismo (Descartes) nunca pudo conciliar los opuestos, eligiendo un término para desechar al otro (mente o cuerpo, razón o sentimientos, cosmos o Dios, hombre o mujer, externo o interno) el Oriente siempre buscó la reconciliación de los opuestos (el yang y el ying) hacia la unidad, pues el ser perfecto es Uno, como el ser humano perfecto combina tanto el principio masculino como el femenino.

Ya el gran psicólogo Carl Jung (1875-1961) gran conocedor de la cultura oriental, estableció y desarrolló este criterio unificador en su psicología, tal como hoy lo hacen la nueva psicología y los nuevos métodos pedagógicos integradores u “holísticos”. La actual neurobiología confirma esta integralidad con resonantes descubrimientos, como la unidad del hemisferio derecho (el sentimiento) e izquierdo (la razón) del cerebro, compuesto a su vez por tres unidades (cerebro reptil, cerebro mamífero y cerebro racional) que componen el cerebro triúnico.

Por lo tanto, nuestro problema sicológico y educativo, es incorporar en una unidad armónica todos los elementos presentes en el ser humano, tal como la evolución los ha producido, no por un capricho, sino por una “necesidad”. La esencia del ser humano es la multiplicidad de sus componentes (natural-viviente-racional-social) en una unidad armónica.

Pues todos los problemas de la existencia son esencialmente problemas de armonía. Ellos surgen de la percepción de un conflicto sin resolver y de la intuición  de un ajuste escondido.

Descansar feliz y contento con un conflicto sin resolver  le es posible a la parte más animal y práctica del hombre, pero es imposible para una mente despierta.

Porque esencialmente, toda la Naturaleza busca la armonía: la vida y la materia en sus propias esferas, así como también la mente en sus percepciones y sentimientos. A medida que el desorden parece mayor y el disparate parece más grande,  mayor será el aguijón y más fuerte su embestida tornándose hacia una solución más delicada que normalmente resulta en un intento o esfuerzo menos dificultoso.

De los opuestos de una naturaleza inanimada surge la vida, y de la vida animal surge el hombre conciente. Así la Naturaleza supera los opuestos y de esta manera nos enseña su método de superación constante. Toda la ciencia moderna, tanto la cosmológica como la biológica y la psicológica, constata que en la evolución cada etapa que es superada no es totalmente abandonada sino que se incluye en una unidad superior. Los seres vivientes no dejan a un lado sus componentes naturales (oxígeno, agua, etc en moléculas y átomos) sino que los organizan de otro modo y se nutren permanentemente de ellos. Del mismo modo el hombre que es un ser racional y dotado de nobles sentimientos, no por eso abandona sus características animales, tanto en su vida biológica (respiración, digestión, etc.) como en la presencia de los instintos y emociones propios de las especies animales, lo que hace tan difícil la armonía interior.

El argumento de Aurobindo es claro: si la vida pudo surgir de lo no-viviente es porque lo no-viviente tenía una capacidad oculta de vida; y si la psiquis humana (racionalidad y sentimientos) pudo surgir de la animalidad es porque la animalidad tenía oculta en sí la  capacidad de evolucionar hacia otra forma superior de vida. ¿Porqué negarnos a admitir la posibilidad de que de esta forma humana actual pueda surgir otra forma superior?

En efecto, dice Aurobindo,

– La Vida se desarrolla fuera de la materia, y

– la Mente fuera de la Vida, porque ellos están ya allí en potencia:

– La Materia es una forma de Vida encubierta, y

– La Vida es una forma de Mente encubierta.

– ¿No podría ser que la Mente humana fuera una forma encubierta de un gran poder, el Espíritu, que podría ser supra-mental en su naturaleza?

La aspiración más grande del hombre podría entonces solamente indicar el gradual descubrimiento del Espíritu dentro de sí mismo, la preparación de una elevada vida sobre la tierra.

Nosotros hablamos de la evolución de la Vida en la Materia, de la evolución de la Mente en la Materia; pero evolución es una palabra que sólo declara el fenómeno sin explicarlo.

Porque parece no haber una razón del por qué la Vida debería evolucionar fuera de los elementos materiales o la Mente fuera de la forma viviente, a menos que aceptemos la solución de que la Vida ya está inmersa en la Materia y la Mente en la Vida, pues la Vida es una forma de Conciencia encubierta o velada.

Y entonces parecería no haber objeción para dar un paso más allá… y aceptar que la conciencia mental (la psiquis actual) puede en sí misma ser solamente una forma y un encubrimiento de un estado más elevado.

En ese caso, el inconquistable impulso del hombre hacia “el Ser total, la Felicidad y la Inmortalidad” (o sea, Dios, la Luz, lo Absoluto) se presenta a sí mismo en su lugar debido en la cadena evolutiva… manifestándose tan natural, verdadero y justo como el impulso de la naturaleza física  hacia la Vida  que emerge de la materia, o el impulso de la Mente humana que emerge de formas inferiores de vida.

El impulso hacia la Mente va desde las más sensitivas reacciones de la Vida en el metal, la planta y el animal hasta su máxima organización en el hombre, de manera que en él mismo se demuestren esta serie de ascensiones que preparan para una vida superior y divina.

El animal es un laboratorio viviente en el cual la naturaleza ha construido, por decirlo así, al hombre.

El hombre mismo puede bien ser, un laboratorio viviente y pensante en el cual con la cooperación de su conciencia podrá construir al “super” hombre, al hombre divino… ¿O no deberíamos decir mejor que en ese proceso ascendente manifestará a Dios?

Porque si la evolución es una manifestación progresiva de la naturaleza de “Eso” que duerme o trabaja en ella, elevándola constantemente, es también la evidente realización de lo que la Naturaleza secretamente es.

Recordemos que en nuestra cultura afirmamos con relativa facilidad y convicción que el hombre está hecho “a semejanza de Dios”, tal como lo indica el cap. Uno del Génesis. ¿Por qué no aceptar que en realidad todo el cosmos está hecho a semejanza del Ser Absoluto y que la imagen divina presente en el ser humano, tanto varón como mujer, se revelará en todo su esplendor al punto de ser “una” con Dios y en Dios? No otra fue la aspiración de los más grandes espíritus humanos de todas las grandes culturas y religiones y que tan bien expresaron los llamados “místicos”.

Todo esto tiene una importancia fundamental en la Educación:  educar nos es llenar la cabeza de niños y adolescentes de ciertos  conocimientos, sino principalmente ayudarlos a desarrollar en ellos la “infinita capacidad” que necesita ser despertada hasta alcanzar las mayores metas posibles. Los conocimientos (ciertamente necesarios para una vida social) son medios para saberse miembros vivos  y concientes del universo y del Espíritu que lo anima (cualquiera sea su nombre y esencia), y llamados a integrarse en ese torrente infinito de vida que parece no tener fin y que surgió hace millones de años. Es el largo proceso que también podemos llamar “la búsqueda de sentido” de nuestra vida dentro del útero del Universo que nos cobija y alimenta.

Si es verdad que el Espíritu participa en la materia y que en la naturaleza recóndita está el Dios secreto, entonces la manifestación de lo divino y la realización de Dios dentro y fuera del ser humano es la más excelsa y legítima meta posible para el hombre aquí en la tierra.

En numerosos mitos y escritos sagrados se habla de esta profunda y máxima aspiración humana, ser como dioses, algo que el cristianismo encarnó en la figura de Jesucristo, el plenamente hombre y plenamente Dios. Esta identificación o unión con Dios parece ser la meta final de todos los grandes movimientos religiosos de la historia humana. El Reino de Dios está “dentro de ustedes”, decía Jesús.

Así que, tenemos la eterna paradoja y eterna verdad,

–        de una vida divina en un cuerpo animal,

–        de una aspiración inmortal en una vivienda mortal,

–        de la conciencia única y universal representándose a ella misma en mentes limitadas y egos divididos;

–        de un Ser trascendente, indefinible, sin tiempo ni espacio, en seres limitados por el tiempo y el espacio en un cosmos perceptible;

–        y en todo esto se manifiesta la más excelsa verdad en verdades rudimentarias, tal como desde siempre lo intuyó la humanidad y lo vivió en experiencias espirituales.

Para el pensamiento oriental no existe problema en identificar la corriente de energía que sustenta al cosmos con Dios o el Espíritu Divino, Espíritu que es Uno solo y que se manifiesta en todos los seres del cosmos, sean estos simplemente naturales, biológicos (plantas, animales) o humanos. Un pensamiento que se halla presente también en muchos pasajes bíblicos, en textos del Nuevo Testamento  y en teólogos cristianos, pero que en definitiva a menudo fue considerado como herético por las autoridades de la Iglesia, siempre celosa y temerosa de los místicos.

Así, por ejemplo, el famoso dominico de la Edad Media llamado Maestro Eckhart (1260-1328) escribió entre otras cosas:

“ Yo he dicho también varias veces que hay en el alma una potencia que no es tocada ni por el tiempo ni por la carne; emana del espíritu y permanece en él y es completamente espiritual. Dentro de esta potencia se halla Dios exactamente tan reverdecido y floreciente, con toda la alegría y gloria, como es en sí mismo. Allí hay tanta alegría del corazón y una felicidad tan incomprensiblemente grande que nadie sabe narrarla exhaustivamente…

Lo único que Dios te exige, es que salgas de ti mismo, en cuanto a tu índole de criatura, y que permitas a Dios ser Dios dentro de ti…

Algunas personas opinan que deberían ver a Dios como si estuviera allá y ellas acá. No es así, Dios y yo somos uno. Mediante el conocimiento acojo a Dios dentro de mí; y  mediante el amor me adentro en Dios”.

Por otra parte, el pensamiento oriental no separa el mundo secular de lo divino, ni la espiritualidad o la religión de la psicología y de la vida diaria, tal como se hace en Occidente a partir de la Modernidad, pues su concepción es mucho más integradora y siempre tendiente a la Unidad del Todo. Por eso que la visión científica actual de un Universo único movido por una misma energía (divina o superior) se adapta mejor al pensamiento oriental y tiene grandes dificultades de ser aceptado por el cristianismo occidental que tiende a separar a Dios del Cosmos y del hombre, considerados como simples creaturas de Dios.

Por cierto que queda a criterio de cada uno darle un valor o un nombre a esa energía o Energía (minúscula o mayúscula) que según los mismos científicos explosionó en el Big Bang y que acompaña y orienta la evolución y que la sentimos presente con tanta fuerza en nuestra vida personal por medio de la Conciencia… que sería una expresión suprema de la energía cósmica, al igual que el pensamiento y el amor.

Una conciencia que nos hace la gran pregunta: Quién soy en lo más profundo de mí mismo… Y cuál es el motivo de mi existencia en el mundo… Y Qué se propuso la Naturaleza (Dios, la Energía…) al darme forma en el gran concierto de los seres que pueblan el cosmos…

Estas son las preguntas a las que Aurobindo prestará atención en los siguientes párrafos. Son las eternas cuestiones que siempre inquietaron e inquietan al ser humano. Responderlas es su tarea fundamental, y la respuesta constituye susabiduría.

El Hombre en la Evolución

El motivo central de la existencia terrestre del hombre es la evolución de la conciencia.

La evolución de la conciencia en la materia es la constante del desarrollo evolutivo, hasta que la forma material pueda revelar el espíritu que vive en ella. Este es el motivo significativo y central de la existencia terrestre.

Tal como lo señala la ciencia moderna, el hombre cumple en la evolución el gran objetivo de ser la conciencia del universo que se hace conciente a sí mismo desde la mente humana. El ser humano es el cerebro del cosmos. De los seres conocidos, el hombre es el único que existe y sabe que existe, que está en el mundo y es conciente de su presencia y de la presencia de todo el universo.

Como ya lo dijera Jung

“el hombre es un creador, el que le da sentido a las cosas…Es imprescindible para dar el último toque a la creación, pues es el segundo creador del mundo, pues si así no fuera, el mundo transcurriría inadvertido y silencioso…La conciencia humana ha creado al ser objetivo y su significado y mediante ello ha hallado el hombre su puesto imprescindible en el gran proceso del ser.

Es la conciencia reflexiva la que nos destaca del mundo animal; es la que nos permite adueñarnos de la naturaleza al permitirnos reconocer el mundo, y así el mundo se vuelve fenómeno de la reflexión, o sea, de la conciencia. La conciencia reflexiva se nos presenta como una segunda cosmogonía, donde es factible que se encuentre el elemento de sentido, sospechado, intuido, oculto en ella como “oscuro impulso”

“Nosotros no sabemos hasta dónde puede llegar el proceso del devenir consciente y hasta dónde desviará el hombre. Es algo nuevo en la historia de la creación, para lo que no existe término comparativo alguno. Por ello no se puede saber qué posibilidades le son inherentes y si es posible predecir a la especie del homo sapiens una plenitud y un ocaso semejante a las especies zoológicas arcaicas” (En Temas de Psicología Jungiana, Néstor Costa)

Aurobindo lo explica de esta manera:

Un velo de Materia insensible esconde la Fuerza de la Conciencia Universal, del Espíritu que trabaja de adentro, de manera que la Energía, la Fuerza creadora, se apropia del universo físico, apareciendo como inconsciente pero haciendo el trabajo de una inteligencia vasta y oculta.

El oscuro misterio creador finaliza verdaderamente cuando libera la conciencia secreta fuera de su tenebrosa prisión.

Pero la liberación es lenta, poco a poco, en gotas infinitesimales,  en pequeñas concreciones de energía, de vida y de mente racional, como si eso fuera todo lo que ella pudiera obtener a través del espeso obstáculo de una existencia de materia prima inconciente.

Al principio tenemos algo así como las vasijas, ellas mismas en forma de Materia, que parecen ser del todo inconcientes; entonces luchan por una forma de Materia viviente y lo alcanzan imperfectamente en la conciencia animal.

Esta conciencia es rudimentaria, como instinto de conciencia; y se desarrolla luego despacio hacia una  forma mejor organizada de Materia viviente y llega a su clímax de inteligencia en el Hombre, el animal pensante que se desarrolla como ser racional mental, pero que lleva consigo inclusive en su más alta expresión, la animalidad original, el peso del cuerpo, el sentido de limitación, la ley de un desarrollo dificultoso y la inmensa fuerza de retroceso y frustración.

Por lo tanto, impedido y cargado, el hombre mental tiene todavía que evolucionar fuera de él, como hombre cada vez más conciente y completo, como humanidad divina o espiritual y supra-mental, que es el producto próximo de la evolución.

Esa transición marcará el paso de la evolución desde la “Ignorancia” (falta de conciencia y de sentido) a la gran evolución en el “Conocimiento” pleno de sí mismo, edificado y desarrollado con la luz de la Superconciencia y no en la oscuridad de la Ignorancia e Inconsciencia.

La “ignorancia” indica aquella vida humana que desconoce el sentido pleno de su existencia, que se contenta con “estar” en el mundo y acomodarse a las circunstancias casi simbióticamente siguiendo el ritmo que la sociedad le indica. No hay preguntas, no hay búsqueda de significado y de sentido de la vida. Una vida escasamente superior a la animal, preocupada por las necesidades del cuerpo y las exigencias sociales.

Este trabajo evolutivo de la Naturaleza aquí en la tierra, desde la Materia animada hacia la Mente y más allá, tiene un doble proceso: hay un proceso externo visible de evolución física,  mantenido y guardado por la herencia; y hay, al mismo tiempo, un proceso invisible de la evolución del espíritu con un constante renacimiento, en una escala ascendente.

El hombre está situado en la cresta de la ola de la evolución. En él ocurre la travesía desde lo inconciente a la conciencia.

Debe observarse que la aparición del cuerpo y de la mente humana en la tierra marca un paso crucial, un cambio decisivo en el curso y en el proceso de la evolución; no es meramente la continuación de los viejos patrones. En este advenimiento del desarrollo de la mente pensante en la Materia, la evolución fue afectada, por la automática operación y fuerza de la Naturaleza.

Pero en el hombre se hicieron los cambios necesarios y el ser se volvió más y más conciente de sí mismo; y así se manifestó en Mente, en voluntad de desarrollarse, de crecer en conocimiento, de profundizar su vida interior y ampliar su existencia exterior para incrementar las capacidades de la naturaleza.

El hombre descubre que puede haber un nivel mayor de conciencia en su mente y en su vida; con la aspiración para crecer él se ha vuelto conciente de sí mismo y de su espíritu. En él, entonces, la sustitución de una evolución inconciente por una evolución conciente ha llegado a ser concebible y practicable, y bien se podría decir que la aspiración, la urgencia, la misión persistente en él, es un signo seguro de la voluntad de la Naturaleza por una más elevada forma de realizarse, el surgimiento de un estado más grande  y más sublime.

En cada paso de la evolución, uno recibe un mensaje interno diciéndole cual será el próximo.

Al igual que la vida de la planta contiene en ella misma la oscura posibilidad de una conciencia animal; al igual que la mente del animal es agitada con los movimientos de las emociones que se harán sentimientos…. Así, el hombre, el ser mental es sublimado por la misión de la Energía evolutiva, para desarrollar al hombre espiritual, al ser completamente conciente, al hombre sobrepasándose y descubriéndose a sí mismo en su naturaleza superior.

La naturaleza del próximo paso está indicada por las profundas aspiraciones despiertas en la raza humana.

Suponiendo que el próximo paso fuera el ser espiritual y supra-mental, la fuerza espiritual en la raza humana podría ser tomada como el signo de que esa fue la intención básica de la Naturaleza, y el signo también de la capacidad del hombre para ayudar a la naturaleza a operar la transición.

Debe entenderse de una vez, que no hay ni la menor probabilidad o posibilidad de que la raza humana en su totalidad sea elevada de un tirón al nivel supramental; lo que se sugiere no es nada tan revolucionario y asombroso, sino solamente la capacidad en la mente humana, cuando haya llegado a cierto nivel o a cierto punto de fuerza evolutiva, de presionar hacia un plano más alto de conciencia en su ser.

El ser humano necesariamente pasaría por un cambio de la normal constitución de su naturaleza, por un cambio de su constitución mental y emocional y de sus sensaciones y también en gran parte un cambio de la condición física de su vida y energía; pero el cambio de conciencia seria el factor principal, el arranque inicial; la modificación física sería un factor subordinado, una consecuencia.

Lo que nos queda claro es la gran capacidad del ser humano de superarse constantemente tanto en el dominio de la naturaleza, lo que es más que evidente, como especialmente por un crecimiento en el nivel de conciencia de sí mismo, algo que también se constata a lo largo de la historia y que es más significativo en ciertas figuras que “traspasaron” el nivel normal de conciencia, como en el caso de Buda, de muchos místicos hindúes, de Jesús y de otros personajes altamente significativos en el desarrollo de la conciencia humana.

Por lo tanto, la aspiración espiritual es innata en el hombre; porque él es, a diferencia del animal, conciente de su imperfección y  limitación, y siente que hay algo que alcanzar más allá de lo que ahora siente y vive. Esta urgencia de superarse, que siempre existió a lo largo de la historia, es muy difícil de que alguna vez  muera totalmente en la raza humana.

El estado mental humano actual estará siempre ahí, pero no tanto como un nivel final en la escala evolutiva, sino como un pasaje abierto hacia el estado espiritual y supramental.

Un cambio de conciencia es la verdad primordial de la siguiente transformación evolutiva.

En el estado anterior de la evolución de la Naturaleza, el primer cuidado y esfuerzo tuvo que ser dirigido hacia el cambio en la organización física (de materia inanimada a materia animada), porque solamente allí podía darse posteriormente el surgir de la conciencia.

Así, pues, en el hombre el nuevo cambio es posible y de seguro inevitable; porque es a través de la conciencia, a través de su transmutación, y no a través del cuerpo de un nuevo organismo, que la evolución puede y deberá ser efectuada.

Se ha notado a lo largo de la historia (y mucho más ahora desde la modernidad) que la mente humana ya tiene la capacidad de ayudar a la Naturaleza en la evolución de nuevas especies o tipos de plantas y animales; la mente humana ha creado nuevas formas de vida en los diferentes ambientes, desarrollando con conocimiento y con disciplina considerables cambios en la naturaleza y en su mismo cuerpo. Por lo tanto, no es imposible que el hombre ayude a la Naturaleza concientemente en su propia evolución espiritual y física y en su transmutación.

La educación, la religión bien entendida, las ayudas psicológicas, la práctica de la meditación y del autoconocimiento ayudarán en esta tarea de evolución espiritual, tal como hoy ya se está haciendo en occidente y se hace desde siempre en oriente.

La urgencia para lograr ese cambio ya está ahí y parcialmente funcionando, aunque todavía no es del todo entendida y aceptada por la mentalidad superficial de tanta gente; pero un día la humanidad podrá reconocer y comprender, yendo profundamente dentro de sí mismo, la energía secreta, la intención profunda de la Fuerza Infinita de la Conciencia, que es la realidad escondida de lo que llamamos Naturaleza.

“Esa mentalidad superficial de tanta gente” no está solamente en la calle, sino desgraciadamente en nuestras mismas escuelas, abocadas casi exclusivamente al conocimiento científico y técnico, pero ignorantes de lo más esencial de la educación: la formación de la conciencia de niños y adolescentes, la formación de su espíritu, que incluye la educación en una ética interior y el desarrollo de la libertad y de los grandes sentimientos humanos. Muchas preguntas sobre tecnología pero ninguna sobre el sentido de la vida humana y del cosmos, o casi ninguna…

En esta progresión evolutiva, la Conciencia está todavía velada, inclusive en el ser conciente y mental que es el hombre, debido a la desarmonía que existe entre su mente y el cuerpo con sus instintos. Por eso la conciencia no puede brillar en todo su esplendor.

Pero en el hombre la parte psíquica de la personalidad es capaz de desarrollarse con mucha más rapidez que en la etapa anterior, y llegará el tiempo en que su alma o espíritu estará cerca del punto en el cual mirará detrás del  velo y descubrirá toda su amplitud y llegará así al culmen de la evolución de la Naturaleza.

Pero esto querrá decir que el espíritu secreto que vive dentro, el Dios interior, está a punto de emerger; y cuando emerja, la conciencia pasará a una existencia plenamente espiritual.

No hay razón para suponer que esta transformación sea imposible en la tierra. En verdad, ella dará el verdadero significado a la existencia terrenal del hombre. No hay razón válida para suponer que tal transformación pueda solamente ser alcanzada por un pasaje al cielo del más allá, o no pueda ser alcanzada de ninguna manera.

Se trata de un punto de vista eminentemente positivo sobre la naturaleza humana: su capacidad de alcanzar mayores niveles de conciencia aún en esta vida, acercándose lentamente a una identificación con la Conciencia Universal o con la Divinidad.

Y positivo, porque en lugar de insistir en el aspecto pecaminoso o deficiente del ser humano, alude a su poder transformador y al desarrollo de su capacidad energética.

Según Sri Aurobindo, esta evolución se hará en varios niveles de menor a mayor. Niveles superiores que  inclusive ya están apareciendo y manifestándose en grandes mentes superiores, en fenómenos que llamamos “súper o para normales” o mediante intuiciones o insinuaciones espirituales y grandes chispazos de iluminación o capacidad espiritual.

Todos estos niveles superiores son concientes de lo que está más allá de ellos, siendo el mayor de ellos él que está directamente abierto a la Mente Suprema, sabedor de la Verdad total,

La urgencia del hombre hacia la espiritualidad es una innegable indicación del impulso interno del Espíritu que trata de emerger, con su insistencia hacia el próximo paso de su manifestación o desarrollo.

Si el desarrollo espiritual en la tierra es la verdad escondida de nuestro ser en la Materia, si esto es fundamentalmente una evolución de la conciencia que ha surgido de la Naturaleza, entonces el hombre como es actualmente, no puede ser el ultimo producto: él es una imperfecta expresión del espíritu, y también una mente y una forma limitada de su instrumentación; el ser mental actual es solamente un nivel medio de conciencia, un ser transitorio.

Pero si la mente del hombre es capaz de abrirse a lo que le sobrepasa o excede, entonces no hay una razón por la cual el hombre mismo no pueda llegar a la súper-mente y al súper humano, o por lo menos ayudar con su mente, vida y cuerpo a evolucionar hacia el gran producto final del Espíritu que se manifieste en la Naturaleza.

Alguno preguntará: ¿cuándo se logrará semejante desarrollo de la conciencia?

Aurobindo, de acuerdo a la mentalidad hindú, responde que se hará lentamente a lo largo de los miles de años que el hombre vivirá sobre la tierra, y mediante las constantes reencarnaciones, pues el Renacer  o reencarnar es una condición indispensable de una larga duración y evolución de un ser individual en la existencia terrestre, el hombre. Cada grado de manifestación cósmica, cada tipo de forma que le da vivienda al Espíritu que vive en ella, se convierte, por el proceso de renacimiento o reencarnación en un medio para que el alma individual manifieste  más y más  la Conciencia escondida; cada vida llega a ser un paso más en la victoria sobre la Materia por un mayor grado de conciencia de sí misma, lo que hará que finalmente la Materia sea un medio para la completa manifestación del Espíritu.

Lo cierto es que, créase o no en la reencarnación, podemos estar seguros de que el nivel de autoconciencia podrá crecer constantemente hasta niveles muy superiores al actual, a través del trabajo formativo de dicha conciencia y a lo largo de miles o millones de años que aún quedan de vida humana.

Por mi parte, estoy convencido de que la evolución humana aún no se ha completado y que el ser humano seguirá perfeccionándose tanto en su cuerpo (especialmente en el cerebro) como en su mente.

En el siguiente apartado, Sri Aurobindo amplía el concepto de Espiritualidad y su desarrollo a lo largo de la vida. También distingue el concepto de espiritualidad (una cualidad humana propia del ser humano) de la religión.

LA  ESPIRITUALIDAD

Para Aurobindo en la espiritualidad,  en su verdadero sentido, debemos buscar  la luz que nos guíe y la ley que nos armonice.

El hombre espiritual que puede guiar la vida humana hacia la perfección es tipificado en la antigua idea India en los grandes personajes sabios y santos ( los Rishi) que han vivido completamente la vida del hombre y encontrado la verdad espiritual. Ellos se han elevado por encima de las estrechas limitaciones y pueden ver todas las cosas desde arriba, mientras se compadecen de la gente con sus esfuerzos; ellos tienen el conocimiento interno supremo.

Entonces en la espiritualidad, entendida de esta manera, debemos buscar la luz que dirige y la ley que armoniza, y buscar la religión solamente en la medida en que ella se identifique con la verdadera espiritualidad.

Si la religión busca conducir a todos dentro de los límites de un credo, de una ley intransigente o de un sistema particular, ella debe de estar preparada para verlos sublevarse contra su control; porque aunque ellos puedan aceptar sus imposiciones por un tiempo y les haga cierto bien hacerlo, al final ellos deben avanzar, por la ley de su ser, hacia una actividad libre y una guía interna.

Esa mentalidad superficial de tanta gente” no está solamente en la calle, sino desgraciadamente en nuestras mismas escuelas, abocadas casi exclusivamente al conocimiento científico y técnico, pero ignorantes de lo más esencial de la educación: la formación de la conciencia de niños y adolescentes, la formación de su espíritu, que incluye la educación en una ética interior y el desarrollo de la libertad y de los grandes sentimientos humanos. Muchas preguntas sobre tecnología pero ninguna sobre el sentido de la vida humana y del cosmos, o casi ninguna…

La espiritualidad respeta la libertad del alma humana, porque ella misma es la libertad; y el profundo significado de libertad es el poder expandirse y crecer hacia la perfección por la ley de nuestra propia naturaleza.

Pero no se trata de una libertad encerrada en si misma sino abierta a los demás, pues la espiritualidad comprende que el hombre liberado está preocupado por el bien de todos los seres.

Para el individuo que ha despertado a esta conciencia espiritual, su primera búsqueda debe ser la realización de la verdad de su ser, la de su liberación interna y la de su perfección,  primero, porque eso es el llamado del espíritu interno en él; pero también porque solamente por la liberación, la perfección y la realización de la verdad del ser es que el hombre puede llegar a la verdad de la existencia.

Una perfecta comunidad puede existir solamente por la perfección de sus individuos, y la perfección solamente puede llegar  por el descubrimiento y la afirmación en la vida, por cada uno de sus seres espirituales y el descubrimiento de todos, en esa unidad y en esa vida resultante.

Qué somos, más allá de nuestro cuerpo, de sus limitaciones, de sus deseos e instintos, de los condicionamientos sociales, culturales y económicos.

No puede haber desarrollo humano social y político si los miembros de la comunidad no se desarrollan a sí mismos con una conciencia pura y transparente, amasada de verdad y de sinceridad.

El Desarrollo del Hombre Espiritual

La espiritualidad es algo diferente de la intelectualidad; su señal es el signo de que un Poder más grande que la mente está luchando por emerger en un momento preciso.

Esta afirmación es la que resulta difícil de ser aceptada por la psicología occidental que en general considera que los fenómenos llamados “espirituales” pertenecen al campo psíquico y son un producto  del Inconciente psíquico. Para la psicología tradicional (salvo la psicología Transpersonal y algunas otras en la misma corriente) la actual psiquis humana (en su plano conciente e inconciente) es la última etapa evolutiva de la conciencia, no reconociendo la existencia de un “alma” o “espíritu” distintos de la psiquis.

En cambio, para Aurobindo y el hinduismo, así como en el desarrollo evolutivo la vida emergió de la materia inanimada, y de la vida vegetal y animal emergió la mente humana, así  también la espiritualidad emergiendo en la mente es el signo de un poder que ha fundado y constituido la vida, la mente y el cuerpo y está ahora emergiendo como un ser espiritual en un cuerpo viviente y pensante.

E insiste en este concepto:

Cuan lejos  llegará esta manifestación es la pregunta obvia; pero es necesario primeramente comprender la existencia del espíritu como algo diferente y mayor que la mente psíquica; y  la espiritualidad como algo diferente de la mentalidad psíquica, y el ser espiritual por lo tanto como algo distinto del ser mental: el espíritu es la manifestación evolutiva final porque es el factor y elemento original involutivo.

En la psicología hindú encontramos varios elementos: la vida de los sentidos – la vida de la psique – y la vida del espíritu, el cual se desarrolla a su vez en varios niveles.

Al mismo tiempo, cualquiera sea la ideología de la que partimos, lo cierto es que la espiritualidad es un despertar progresivo a una realidad interna de nuestro ser, al espíritu, al yo más profundo…. Es una aspiración interna para saber y para entrar en contacto y unión con la gran Realidad más allá de la comprensión humana, la que penetra el universo y vive en nosotros; y el resultado de esa aspiración, de ese contacto y esa unión, es un cambio, una conversión, y el nacimiento de un nuevo ser.

Seamos creyentes en un Dios, ateos o agnósticos, entendamos que lo espiritual es algo distinto y separado de lo psíquico o una actividad profunda de la psiquis, lo cierto es que tenemos derecho a preguntarnos por la realidad más profunda e íntima de nuestro ser que no está aislado sino sumergido como parte integrante del cosmos, cuya creación y dinamismo aún es un misterio inclusive para la ciencia.

Aspiramos a la unidad con el universo y con toda la humanidad, para superar las limitaciones y los encierros y dualidades, y entendemos que lo espiritual es precisamente esa mirada de la totalidad del ser, de su unidad y universalidad, no solo como un simple conocimiento científico, sino como una experiencia y vivencia personal.

Por lo tanto, la espiritualidad es una mirada cada vez más profunda tanto hacia el interior de nosotros mismos, descubriendo toda su riqueza, como hacia los otros seres humanos que son carne de nuestra carne e hijos todos de la misma Naturaleza (cósmica o divina) como hacia la realidad última del Universo, siempre sorprendente en su accionar, como lo indican las ciencias cosmológicas y la Física Cuántica. E insiste el pensador hindú:

En el animal no hay diferencia entre su vida material y su vida real; sus movimientos están tan involucrados en los movimientos de la vida que el no puede separarlos  ni observarlos; pero en la mente del hombre eso ha podido realizarse, pues él puede llegar a ser conciente de sus operaciones mentales como diferentes de las operaciones de su vida; y sus pensamientos y su voluntad pueden desprenderse de sus sensaciones e impulsos; puede desprenderse de sus deseos y reacciones emocionales, puede apartarse de ellos, observarlos y controlarlos, sancionarlos o cancelar sus funciones.

Pero él todavía no sabe lo suficiente de todos los secretos de su ser para estar totalmente consciente de sí mismo…

Así que también al principio, el espíritu (el alma) en el hombre no aparece como algo definitivamente distinto de su mente y de su vida mental; sus movimientos están involucrados en los movimientos de su mente, sus operaciones parecen ser actividades mentales y emocionales; el ser humano mental no está todavía conciente de un alma o espíritu profundo que hay en él.

Habrá un emerger, un surgir, en el cual el ser humano se separa él mismo de sus pensamientos y se ve en un silencio interno como el espíritu en la mente o se separa de los movimientos de la vida, deseos, sensaciones, energía cinética, impulsos y es consciente de ellos, como el espíritu que sostiene la vida, o se separa de su sentido corporal y conoce que él mismo es el espíritu – alma de la Materia: este es el descubrimiento de nosotros mismos como el Espíritu, el Ser, la Vida, el “Yo Soy” sutil que sostiene y anima el cuerpo de la Materia y del Universo entero.

Toda la naturaleza revela esta presencia de una Entidad “divina”, de la cual el cuerpo humano, la mente y toda la vida son solamente formas, manifestaciones e instrumentos. Nosotros los humanos somos la conciencia de la naturaleza entera, capaces de dar sentido al universo todo y a la vida humana, gracias a esta conciencia profunda o espíritu que es nuestro Yo mas profundo, más allá de la mente psíquica.

Cuando hay un completo silencio en el ser, una completa quietud o una tranquilidad no afectada por los movimientos superficiales, entonces nosotros podemos llegar a ser concientes de nuestro Yo profundo, de la sustancia espiritual de nuestro ser, de la existencia que excede inclusive al alma individual, dilatándose uno mismo en el universo, traspasando toda dependencia de cualquier forma o acción, expandiéndonos hasta trascender hasta donde los limites no son visibles.

Son estas liberaciones que el espíritu realiza en nosotros, los pasos decisivos de la evolución espiritual en la Naturaleza.

Por lo tanto, hay evidentemente una conciencia espiritual que no es la mental, y que testifica de la existencia de un ser espiritual en nosotros, ser que no es nuestra personalidad mental superficial.

Esta conciencia espiritual, según Aurobindo, al principio casi se identifica con la psiquis y está condicionada por el ritmo de la vida animal y psíquica, hasta que lentamente va emergiendo armonizando todas las instancias cósmicas, corporales y psíquicas del ser humano.

En este camino de apertura de la conciencia espiritual, dice Aurobindo que la Naturaleza a lo largo de la historia ha tomado varios diferentes caminos: la religión, el conocimiento, el pensamiento espiritual y la realización interna espiritual y experiencia: los tres primeros son acercamientos, el último es la avenida decisiva para entrar. Todos esos cuatro caminos han trabajado simultáneamente, más o menos conectados, algunas veces en colaboración, otras peleando los unos con los otros y muchas veces independientemente.

– La religión ha creído en  un oculto elemento en sus rituales, ceremonias y sacramentos; ella ha descansado sobre el pensamiento espiritual, algunas veces en forma de credo o de teología, y otras veces apoyando la filosofía espiritual. El primer caso, ordinariamente, es el método occidental, el segundo caso el oriental: pero siempre la experiencia espiritual es la meta y logro final de la religión, su cielo, su cima, su ápice.

– Por otra parte, el hombre  debe conocerse completamente a si mismo y al mundo, debe buscar en su interior y su exterior, debe ir a lo más profundo de su mente superficial y de su naturaleza física; y esto, sólo lo puede hacer, conociendo su ser interior mental, vital, psíquico y físico y los poderes y movimientos de lasleyes universales y de los procesos de la Mente,fuerzas y leyes que están detrás de todo ese frente material del universo: éste es el campo del que se ocupa elconocimiento, si nosotros tomamos esa palabra en su amplio significado.

– Pero este conocimiento debe ser algo más que un credo o una revelación mística; su mente pensante debe ser capaz de aceptarlo y correlacionarlo con el principio de las cosas y de la verdad observada del universo: este es el trabajo de la filosofía, y en el campo de la verdad del espíritu eso puede solamente ser hecho por una filosofía espiritual, ya sea intelectual en sus métodos o intuitivos.

– Pero todo conocimiento y esfuerzo puede  alcanzar su complacencia solamentesi es experimentado y llega a ser parte de la conciencia; en el campo espiritual todas estas religiones, el conocimiento y la filosofía, deben acarrear deleite y complacencia, finalizando en una amplitud de conciencia espiritual, en experiencias que mejoren y enaltezcan, que expandan y enriquezcan la conciencia: éste es el trabajo de la realización y experiencia espiritual.

Solamente la realización y experiencia espiritual pueden alcanzar el cambio del ser mental al ser espiritual..

La Religión y sus pensamientos, la ética y el misticismo oculto en los tiempos antiguos crearon al sacerdote y al mago, al hombre religioso, al hombre justo, en fin, muchos otros grados de elevación humana; pero es solamente después de la experiencia espiritual a través del corazón y la mente que vemos llegar al santo, al profeta, al rishi hindú, al Yogui, al buscador, al sabio espiritual y al místico.

La verdadera espiritualidad incluye, por cierto, los posibles aportes de la religiosidad sana, incluye la formación de una ética interior y autónoma, como incluye los aportes de los maestros, psicólogos, pedagogos, etc. Pero es más que todo eso, es un modo de vida que trasciende todos esos aspectos y que se manifiesta en una existencia plenamente integradora en la unidad, en la libertad y en el amor desinteresado. Todo fluye del interior, nada es mandado ni exigido. Simplemente se vive en el Ser pleno, en el Yo profundo, sin ataduras, sin obligaciones, sin exigencias. Una vida gratuita que no se debe a nada ni a nadie. Esa es la meta final.

La última y mayor liberación es el hombre liberado que ha realizado el Yo y el Espíritu en su interior, que ha entrado en la conciencia cósmica y pasado a una unión con el Eterno y que actúa por la luz y la energía del Poder dentro de él.

La mayor expresión del cambio y logro espiritual es una total liberación del alma, de la mente, del corazón y de la voluntad, fundidos todos ‘ellos’ en el ‘Yo cósmico’ y en la Divina Realidad.

La evolución espiritual del individuo ha encontrado entonces su camino y llegado hasta la cima de los grandes Himalayas de su suprema naturaleza. Más allá de esas alturas hay abierto solamente el ascenso supramental o la Trascendencia incomunicable.

Para finalizar esta breve presentación, es útil tener en cuenta dos objeciones que el mismo Aurobindo recoge al concepto de espiritualidad:

– La primera es la idea de que la espiritualidad es una huida del mundo o una vida solitaria al margen de la vida social y de la solución de sus problemas.

Aurobindo reconoce que tanto en Oriente como en Occidente (al que conoce bien pues estudió largos años en Inglaterra) es verdad que la tendencia espiritual ha sido más bien mirar más allá de la vida  que mirar a la vida misma. También es verdad que el cambio espiritual ha sido más bien individual y no colectivo; sus resultados han sido exitosos en el hombre, pero han fracasado o solamente han operado indirectamente en la masa humana.

Es la vida espiritual considerada como opuesta a lo corporal que fue casi exclusivamente practicada por monjes solitarios y en los conventos y monasterios, siendo su lema el separarse del “mundo” y de la “carne” y aspirar a una vida eterna en el cielo después de la muerte.

Pero cuando hoy hablamos de espiritualidad la entendemos como una cualidad netamente humana, como el desarrollo pleno del “espíritu humano”, como la esencia misma del ser hombre o mujer, más allá de toda contingencia limitativa. Y no hablamos de una meta de después de la muerte sino en esta vida terrenal, sin excluir por cierto la posibilidad de una inmortalidad del alma al estilo greco-cristiano-islámico o hindú.

Como dice Aurobindo, la verdadera tarea de la espiritualidad es   crear una nueva constitución de nuestro ser, de nuestra vida y de nuestro autoconocimiento.

Al mismo tiempo, el hombre espiritual no se aparta de la vida humana; porque el sentido de unidad con todos los seres, la fuerza del amor y compasión universal, la voluntad de dar las energías a todas las criaturas, son el centro de la dinámica que abarca el espíritu. En efecto, fue el espíritu quien ha guiado a los antiguos Rishis o los profetas, por ejemplo, logando resultados que han sido prodigiosos.

Pero la solución de los problemas que la espiritualidad ofrece, no es solamente una solución por medios externos, aunque esto también tiene que ser usado, sino que es un cambio interno, una transformación de la conciencia y de la naturaleza humana.

Y a través de esas transformaciones se proyectan las transformaciones de la vida social, cultural, económica y política.

Porque si la conciencia es nueva y se transforma en experiencia de vida nueva, entonces es una fuerza inigualable pues saca de sí el torrente de energía cósmica-divina para la transformación tanto del ser humano como de la naturaleza.

La espiritualidad se identifica con la libertad y con el amor, o sea, con ser plenamente Uno Mismo, Yo, y ser plenamente Para los demás en una unidad sin fronteras.

-La segunda objeción, como ya lo hemos adelantado, proviene del campo de la psicología que entiende que si bien existe una actividad espiritual y unos fenómenos llamados espirituales, no constituyen una realidad objetiva, sino que son proyecciones de la psiquis humana o actividades más profundas, tal como aparecen en los llamados fenómenos para-normales, en la intuición, o en estados de conciencia alterada.

Así, por ejemplo, cuando Jung habla de Dios se está refiriendo a la imagen arquetípica de Dios y no a un ente con una realidad ontológica, porque: “Es solamente a través de la psique que podemos establecer que Dios actúa en nosotros, pero no podemos distinguir si estas acciones emanan de Dios o del inconsciente. No podemos decir si Dios o el inconsciente son dos entidades diferentes. La imagen de Dios no coincide con el inconsciente como tal pero sí con el arquetipo del Self” (del “uno mismo” profundo). Jung entiende que como psicólogo el no puede hacer ningún tipo de declaración en torno a la realidad ontológica de Dios o de cualquier realidad espiritual, pero sí puede estudiar las “manifestaciones de la imagen de Dios” en la psique humana. En este sentido consideró que Dios es un arquetipo del Inconciente Colectivo y que por lo tanto se expresa por medio de símbolos.

Por su parte Víktor Frankl (1905-1997), el creador de la Logoterapia, critica a Jung y habla de un Inconciente Espiritual (distinto del Inconciente psíquico) que está abierto al sentido pleno de la vida o super- sentido y que es capaz incluso de abrirse a Dios y a la Trascendencia, pero en ningún momento lo identifica con Dios. Digamos que Frankl se halla en un punto intermedio entre Jung y Aurobindo.

Aurobindo responde a todo esto diciendo que una cosa es la actividad de la mente (psique) tal como se da en la vida corriente y en los conocimientos científicos, y otra cosa muy distinta es la actividad del espíritu que explora las profundidades del Ser, su fundamento y la realidad más profunda del ser humano, íntimamente conectado al Ser Total, a la Divina Naturaleza, al Espíritu o a Dios…

Personalmente entiendo que por ahora se trata de  una discusión sin solución, ya que nace de presupuestos ideológicos antagónicos y sobre todo porque se está hablando de una realidad que escapa de toda percepción comprobable según los cánones de la ciencia. Y mientras unos dicen que no se puede afirmar nada que no esté explicado científicamente, otros afirman que la ciencia no es la única fuente de experiencia y de conocimiento.

Pero, a mi humilde entender, esta discusión no tiene en la práctica mayor importancia, porque lo que sí es importante es que el ser humano llegue al mayor conocimiento de sí mismo, de su origen y de la meta de su existencia, del sentido último y pleno de su estar en el mundo tras un larguísimo proceso evolutivo. Se trata de un camino de búsquedas, no de certezas científicas ni de dogmas filosóficos o religiosos. Es una experiencia interior que se siente o no se siente, que no se puede imponer pero se puede manifestar y testimoniar. Si el origen de esas experiencias y búsquedas es el Inconciente, un Inconciente espiritual, una capacidad especial de la mente profunda o una manifestación de Dios, creo que poco importa si nos acercamos a la respuesta de la gran pregunta que nos hacemos: “Quién soy Yo?

Si no somos capaces de adentrarnos en este proceso de preguntas y de búsqueda de respuestas, nuestra vida es escasamente superior a la de una cucaracha.

Si no somos capaces de descubrir nuestra conexión con la energía cósmica o Energía Cósmica para desarrollar sus infinitas capacidades de creatividad y desarrollo personal y colectivo, razón tendrá la Madre Naturaleza de preguntarse para qué sirvieron los 15 mil millones de años de su parto que dio a luz millones de galaxias, una infinidad de seres vivos y esta maravilla que es su órgano de conciencia, el Cerebro y la Psiquis humana.

Como suelo decirles a mis alumnos, “seamos dignos de tan gran Madre”… tenga el nombre que tenga y sea cual fuere su última esencia.

En definitiva, lo realmente importante no es “conocer” sino vivir y experimentar plenamente esta única vida que tenemos, así como no conocemos qué es la electricidad y la luz pero disfrutamos de sus energías…


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