Gandhi: Pensamientos sobre Espiritualidad y religión

PENSAMIENTOS DE M. GANDHI

IMPORTANCIA DEL SILENCIO

* El silencio ayuda mucho a quien, como yo, procura la verdad. En un estado de si­lencio, el alma encuentra el sendero ilu­minado por la luz más clara, y lo que era esquivo y engañoso, es resuelto por una claridad cristalina. Nuestra vida es una prolongada y ardua búsqueda de la ver­dad. Y para alcanzar la cima más elevada, el alma requiere reposo interior.

* Para mí, el silencio se ha vuelto una ne­cesidad física y espiritual. Al principio, me quedaba en silencio para superar cierta sensación de apremio. En esos días anhe­laba tiempo para escribir. No obstante, después de practicarlo durante un tiempo, entendí su valor espiritual. De repente se me cruzó por la cabeza que en esos mo­mentos era cuando podía tener una mejor comunicación con Dios. Ahora, siento co­mo si estuviera naturalmente configurado para el silencio.

* No se es forzosamente silencioso por el hecho de tener la boca tapada. Hasta pue­den habernos cortado la lengua, sin que por ello hayamos conocido el silencio verdadero. El hombre silencioso es el que te­niendo la posibilidad de hablar, jamás pro­nuncia una palabra de más.La experiencia me enseñó que el silen­cio forma parte de la disciplina espiritual del devoto de la verdad. La propensión a exagerar, a suprimir o modificar la verdad -sea o no a sabiendas- es una debilidad natural del hombre.
Por consiguiente, pa­ra vencer dicha debilidad se hace necesa­rio el silencio. El hombre de pocas pala­bras raramente será descuidado con su habla, pues medirá sin falta cada sílaba que pronuncie

LA  ESPIRITUALIDAD  Y  LA RELIGIÓN

* Desconfío de quienes proclaman su fe a los otros, en especial cuando pretenden convertirlos. La fe no existe para ser predi­cada, sino para ser vivida. Es entonces cuan­do se propaga por sí misma. Las escrituras jamás pueden trascender la razón y la verdad. Existen precisamente para purificar la razón y para iluminar la verdad…
Tratándose de seres humanos, el sentido de la palabra va adquiriendo trans­formaciones progresivas. Por ejemplo, la palabra más rica, Dios, no posee el mismo significado para todos los hombres. Todo depende de la experiencia de cada cual.

* La identificación con todo lo que vive es imposible sin la autopurificación, y sin au­topurificación la observancia de la ley de la no violencia es un sueño sin contenido. Dios no será jamás percibido por quien no tenga el corazón puro. Por lo tanto, la au­topurificación se traducirá en purificación de todos los rumbos de la vida. Dado que la purificación es altamente contagiosa, la purificación de uno mismo conduce nece­sariamente a la purificación de lo que nos rodea.

La prueba de que uno experimenta den­tro de sí mismo la presencia real de Dios no procede de una evidencia extraña a no­sotros, sino de una transformación de nuestra conducta y de nuestro carácter. El testimonio nos lo brinda la experiencia ininterrumpida de sabios y de profetas, pertenecientes a todos los países. Quien rechace este dato tan certero estaría rene­gando de sí mismo.

* Ver cara a cara al universal y omnipene­trante espíritu de la verdad supone ser ca­paz de amar hasta a la criatura más insig­nificante como si se tratara de uno mismo. El hombre que a eso aspire no tiene que mantenerse alejado de ningún campo de la vida. Tal es el motivo de que mi devo­ción a la verdad me haya impulsado al campo político. Puedo asegurar sin la mí­nima vacilación -aunque con toda hu­mildad- que quienes afirman que la reli­gión no tiene nada que ver con la política no conocen el significado de la religión.

Si tuviéramos una visión plena de la ver­dad, ya no buscaríamos a Dios, sino que seríamos uno con él, porque la verdad es Dios. Mientras no lo logremos, seremos imperfectos. Por consiguiente, la religión -tal como ia concebimos- también tiene que ser imperfecta: está sujeta a evolución.

* Dios no se encuentra en el cielo ni en el infierno, sino en cada uno de nosotros. En consecuencia, podré ver algún día a Dios, si me consagro al servicio de la humanidad*Así como un árbol tiene un único tronco pero muchas ramas y hojas, así hay una sola religión -la humana- pero cual­quier cantidad de expresiones de fe.

El devoto de la verdad jamás debe hacer nada por mero acatamiento a las conven­ciones reinantes. Debe estar siempre pre­dispuesto a corregirse, y cuando descubra que está equivocado, tiene que confesarlo a toda costa y pagar por ello.

* La mayoría de los hombres religiosos con que me encontré, son políticos disfra­zados de religiosidad. En cambio, yo que parezco disfrazado de político, soy un hombre íntimamente religioso.

* Las cosas poseen dos aspectos: uno ex­terno, otro interno. El aspecto externo no posee valor, salvo que lo auxilie el interno. Por eso, todo el arte verdadero es una ma­nifestación del alma. Las formas exteriores sólo tienen valor cuando expresan el espí­ritu, la interioridad del hombre.

* Nadie en este mundo posee la verdad ab­soluta. Es solamente un atributo de Dios. Todo lo que conocemos es una verdad re­lativa. Por lo tanto, sólo podemos perse­guir la verdad tal como la vemos. En tal búsqueda de la verdad, nadie puede per­derse. .

Un hombre de fe permanecerá aferrado a la verdad, aunque el mundo entero luz­ca absorbido por la falsedad.

Todo en el universo -incluidos el sol, la luna y las estrellas- obedecen a determi­nadas leyes. Sin la influencia restrictiva de tales leyes, el mundo no perduraría un so­lo instante. Ustedes, que tienen la misión de servir a sus semejantes, se verán muy confundidos si no se imponen algún tipo de disciplina.
Y no
olviden que la plegaria es una disciplina espiritual necesaria. La disciplina y las restricciones autoimpues­tas son lo que nos diferencia de las bestias.Puedo ser una persona despreciable, pe­ro cuando la verdad habla a través de mí, me vuelvo invencible…
No poseo otra for­taleza que la que emana de la insistencia en la verdad. La no violencia surge de la misma insistencia.

* Si sólo un hombre avanza un paso en la existencia espiritual, toda la humanidad se beneficia de ello. AI contrario, la marcha atrás de uno sólo implica un retroceso del mundo entero.

En el bruto, el alma permanece siempre dormida.
En el hombre, el raciocinio agudi­za y orienta la sensibilidad. Lo que le per­mite al alma salir de su sueño es despertar al corazón. También es lo que despierta a la razón y lo que la acostumbra a discernir en­tre el bien y el mal. Hoy, todo lo que nos ro­dea, nuestras lecturas, nuestros pensamien­tos y nuestras costumbres sociales, todo ello conspira generalmente para estimular nues­tro instinto sexual y facilitar su satisfacción. No resulta fácil liberarse de tal engranaje. Pero es una labor digna de nuestros más de­cididos esfuerzos.

* Muchas veces, se confunde el conoci­miento espiritual con el progreso espiri­tual. La espiritualidad no es cuestión de sa­beres escriturales ni de discusiones filosó­ficas. Mas bien, se trata de robustecer el corazón por encima de toda medida. La primera exigencia de toda espiritualidad es la intrepidez. Resulta imposible que un co­barde sea virtuoso.

Todas las creencias constituyen una re­velación de la verdad, pero todas son im­perfectas y están sujetas a errores. La reve­rencia que nos inspiran las religiones no debe cegarnos ante sus defectos. Igual­mente, debemos ser agudamente sensibles a los defectos de nuestra fe, no para dejar­los tal como están sino para tratar de su­perarlos. Al observar con ojo imparcial las demás religiones, no sólo no debemos va­cilar en incorporar a nuestra fe los rasgos aceptables de las otras creencias sino, por el contrario, pensar que ese es nuestro de­ber.

Una plegaria sincera está muy lejos de ser un recitado articulado con la boca. Es un anhelo interno que se expresa en cada palabra y en cada acto, en cada negación y en cada uno de los pensamientos del hombre. Si nos asalta con éxito un mal pensamiento, debemos saber que apenas ofrecimos una plegaria de los dientes para afuera. Otro tanto ocurre con las malas pa­labras que puedan escapar de nuestra bo­ca o de los malos actos que practiquemos. La plegaria genuina es un escudo y una protección total contra dicha trinidad de males.

No soy un sabio, pero humildemente as­piro a ser un hombre de oración. La ma­nera de orar importa poco. En este terreno, cada uno constituye su propia ley. No obs­tante, existen ciertos itinerarios con mojo­nes claros y que resulta más seguro seguir, sin apartarse de ellos, puesto que fueron trazados por maestros antiguos y expertos..

Cada cual le ora a Dios según su propia luz.

Cuando me inclino sobre la tierra, ad­vierto mi deuda con Dios y también que -si soy digno de esta morada- debo re­ducirme a polvo y regocijarme por enta­blar lazos no apenas con los seres huma­nos más inferiores sino también con las formas más bajas de la creación, cuyo sino -ser reducidas a polvo- debo compartir. Las formas más ínfimas de la creación son tan imperecederas como mi alma.

JESÚS
* En principio, debes buscar la verdad: la belleza y la bondad surgirán por añadidu­ra. Tal es la auténtica enseñanza de Cristo en el Sermón del Monte. A mi entender, Je­sús fue un artista inigualable, pues captó la verdad y supo expresarla.

Jesús expresó como nadie el espíritu y la voluntad de Dios. Por este motivo, Lo veo y Lo reconozco como Hijo de Dios. Pues­to que la vida de Jesús posee el significado y la trascendencia que he mencionado, creo que El pertenece no solamente al cris­tianismo sino al mundo entero, a todas las razas y gentes, sin que importe demasiado bajo qué bandera, denominación o doctri­na sirvan, profesen una fe o adoren al Dios heredado de sus antepasados.    

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