Gandhi: Fortaleza del espíritu en la Verdad y Democracia

REFLEXIONES DE GANDHI SOBRE LA FORTALEZA DEL ESPÍRITU EN LA VERDAD  Y LA DEMOCRACIA
Miguel Grinberg 

“Vendrán generaciones, puede ser, que difícilmente crean que un hombre como este caminó alguna vez en carne y sangre sobre la tierra.” 
Albert Einstein

Los historiadores suelen cristalizar la cás­cara de los grandes hombres en torno de alguna de sus obras cruciales, y dejan tras­papelada la pulpa de su existencia integral como si apenas importara: Mohandas K. Gandhi no se salvó de semejante escamo­teo.Se lo reconoce como político y estratega partidario de la no violencia para conquis­tar la independencia de la India dominada por el Imperio Británico durante la prime­ra parte del siglo XX.

Pero su influjo in­temporal y magnífico como sembrador es­piritual, activista visionario y paladín ético no ha merecido una apreciación análoga.Tanto sus compatriotas en una India ac­tual nuclearizada y propensa a la guerra total con Pakistán, como quienes tienen debilidad por las rutinas imperiales, prefie­ren inmovilizarlo en el bronce y pasan por alto su dimensión de arquetipo revolucio­nario inclasificable. Como era un indivi­duo religioso ajeno a los mitos del capita­lismo y del comunismo, se lo confinó en un mausoleo, como efigie, a fin de atenuar su incómoda y desafiante estatura huma­na.

La fortaleza de la verdad (satyagraha), fortalezaa adel espíritu,  guió los rumbos de Gandhi tanto durante sus primeras luchas en Africa del Sur como en toda la epopeya emancipadora de la in­dia, a la par de la no violencia (ahimsa). Su macroproyecto era la autonomía socio-po­lítico-económico-cultural (swaraj, o liber­tad). Pero fue todavía más lejos y bautizó su enorme desafío justiciero, su movimien­to de multitudes, como sarvodaya.
Un si­nónimo de “bienestar para todos”. Este otro término por él inventado unía dos palabras sánscritas: sarva (que significa “todo”) y udaya (que quiere decir “elevamiento”, bie­nestar o prosperidad).

Decía: “Se trata de valores humanos, de un desarrollo indivi­dual siempre consistente con su uso para el desarrollo de la sociedad; la promoción del altruismo en el grado más elevado; la inte­gración del individuo con la sociedad; el elevamiento de la sociedad humana entera hacia el plano más alto de la existencia donde el amor y el trato limpio jueguen pa­peles cruciales: tales son las características predominantes de sarvodaya”. Muchos de los que suelen denominarse hoy “no vio­lentos” en las tribunas proselitistas, ni si­quiera conocen los desafíos profundos de ese ideal.

Un estadounidense, David Henry Thore­au, y un ruso, león Tolstoi, fueron impor­tantes inspiradores de la monumental tarea emprendida por Gandhi en su amor, su de­ voción y su entrega a la causa de la justicia suprema
Rabindranath Tagore expresó: “Compara­do con esta alma iluminada, no soy nada… Cuando llegue el momento, Gandhi será conocido pues el mundo lo necesita con su mensaje de amor, libertad y herman­dad. El alma de Oriente ha encontrado un símbolo valioso en Gandhi, pues elocuen­temente está demostrando que el hombre es esencialmente un ser espiritual, que flo­rece mejor en el ámbito de lo moral y es­piritual, y que decididamente sucumbe en cuerpo y alma en una atmósfera de odio y pólvora humeante”.

Gandhi nació el 2 de octubre de 1869. Viajó a Inglaterra para estudiar Derecho y una vez recibido de abogado dedicó una buena cantidad de años a defender los de­rechos de la “gente de color” en la Sudáfri­ca racista, donde pasó mucho tiempo en­carcelado. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, regresó a la India y du­rante las tres décadas siguientes se dedicó sacrificadamente a la lucha por la inde­pendencia nacional. Un fanático lo asesi­nó el 30 de enero de 1948. No faltan bio­grafías sobre su titánica labor. Pero en ge­neral parecería que se trata de una obra terminada. No es para nada así.Gandhi fue un activista iluminado e ilu­minador que dinamizó como un imán gi­gantesco al pueblo hindú. Conocía hasta la médula los vicios y las virtudes de sus hermanos y hermanas, y movilizó a millo­nes para librarlos del yugo extranjero.

Los cuatro principios básicos de la resis­tencia no violenta son: respeto, entendi­miento, aceptación y apreciación. La rele­vancia de sus enseñanzas para el siglo XXI es innegable porque plantea el abandono de Ia codicia materialista, del egoísmo y de to­dos los atributos negativos que deforman al hombre moderno, a favor de atributos posi­tivos como el amor, la compasión, la com­prensión y el respeto. Más todavía: la re­nuncia al homicidio.

PENSAMIENTOS DE GANDHI

1. SOBRE LA VERDAD Y LA FORTALEZA

¿Qué es la verdad? El asunto contiene sus dificultades. En lo que me concierne, las he resuelto diciendo que es la voz interna que nos habla. Me preguntarán: ¿Cómo sucede entonces que hay diversos espíritus que conciben verdades disímiles y hasta opues­tas? Ocurre que el espíritu humano tiene que pasar por innumerables intermediarios antes de elaborar una conclusión, y su evo­lución no es la misma en todos.
La verdad jamás daña a una causa justa.
Sin duda, lo que a uno puede parecer un yerro manifiesto, a otro puede parecerle sabiduría pura. Y nada puede hacer, aun­que sea víctima de una alucinación.

* No tengo nada nuevo para enseñarle al mundo. La verdad y la no violencia son tan antiguas como las montañas. Todo lo que hice fue tratar de experimentarlas en la mayor escala posible.
La verdad es como un inmenso árbol que brinda más y más frutos cuanto más se lo nutre. Cuando más hondo se excava en la mina de la verdad, más ricos son los des­cubrimientos de las gemas allí existentes, lo cual abre todavía mayores variedades de servicio al prójimo.*
En todas partes veo que cunden la exa­geración y la mentira. Pese a todos mis es­fuerzos, no alcanzo a saber dónde se es­conde la verdad. No obstante, tengo la im­presión de que me aproximo a ella, a me­dida que disminuye la distancia que me separa de Dios.

REFLEXIONES SOBRE LA VERDAD 
No soy otra cosa que un buscador de la verdad. Considero que encontré un sende­ro que me conduce hacia ella, y hago todo lo posible para concretar mi propósito. Aunque confieso que no la alcancé todavía. El hecho en sí de descubrir la verdad signi­fica que uno ha alcanzado la perfección y ha cumplido su destino. Conozco bastante bien mis lamentables defectos, pero toda la fuerza me viene de tal conocimiento.
* No cooperar con el mal es tanto un de­ber como la cooperación con el bien. La acción no violenta sin la intervención del corazón y la cabeza no puede producir el resultado que se busca.
* La belleza verdadera consiste, sobre to­do, en la pureza del corazón. El arte, para ser arte, debe promover la serenidad. Quiero un arte y una literatura que puedan hablarles a millones de hombres.
Su yo fuera un dictador, exigiría la sepa­ración entre la religión y el Estado. Mi ra­zón de vivir emana de la religión. Por ella, estoy dispuesto a morir. Pero se trata de un asunto puramente personal. El Estado nada tiene que ver con ello. Su territorio es el del bienestar, la salud, las comunicacio­nes, los asuntos extranjeros, la hacienda y demás problemas netamente temporales. No tiene que preocuparse de tu religión o Ia mía. Este es un asunto de cada uno.

La vida es la mayor de todas las artes. Quisiera ir más lejos y decir que el hombre que más se acerca a la perfección es el mayor artista. Pues, ¿qué sería el arte si le faltaran el cimiento y la estructura de una vida noble?
* Estoy contra la violencia porque sus apa­rentes ventajas, a veces impresionantes, no son más que temporales, mientras que el mal que ocasiona deja sus huellas para siempre. Aunque se matase a todos los in­gleses sin excepción Ia India no sacaría de eso el mínimo provecho. No será la matan­za de todos los ingleses lo que librará de su miseria a millones de hombres. La respon­sabilidad de nuestra situación actual nos incumbe mucho más que a los propios in­gleses. Ellos no podrían hacernos el menor mal si en nosotros todo fuera bueno. De allí mi insistencia en que nos reformemos interiormente a nosotros mismos.   

* La verdad reside en cada corazón huma­no, y uno debe procurarla allí, dejándose guiar por la verdad tal como la percibe. Nadie tiene el derecho de aplicar coerción a otros para que actúen según su propia vi­sión de la verdad.
* Una convicción nueva viene apoderán­dose de mí. Todo lo que me resulta posible, le es posible inclusive a un niño: y tengo buenas razones para decirlo. Los instrumentos para procurar la verdad son a la vez sencillos y complicados. A una per­sona arrogante pueden resultarle inabor­dables. En cambio, no le plantean dificul­tad alguna a un niño inocente.
Un acto que no es voluntario no puede considerarse como moral. Mientras uno ac­túe como una máquina, resulta imposible hablar de moralidad. Para decir que una ac­ción es moral, resulta preciso haberla lleva­do a cabo conscientemente y sabiendo que se trata de un deber. Toda acción que haya sido dictada por el miedo o por la violencia, deja de ser moral automáticamente.

SATYAGRAHA
Satyagraha es gentil, jamás lastima. No puede ser resultado de la ira o la malicia. Ja­más hace estrépito, nunca es impaciente ni vocifera. Es el opuesto directo de la com­pulsión. Se concibió como sustituto com­pleto de la violencia
* La palabra satya (verdad) deriva de sat que significa “ser”. Nada es o existe real­mente, excepto la verdad. Tal es el motivo de que sat o verdad sea quizás el nombre más importante de Dios. En efecto, es más correcto decir que la verdad es Dios que decir Dios es la verdad.
* Satyagraha es una fortaleza que pueden ejercer tanto los individuos como las comu­nidades, tanto para cuestiones políticas co­mo domésticas. Su aplicabilidad universal demuestra lo perdurable e invencible que es. Pueden usarla indistintamente hombres, mujeres y niños. Y es absolutamente falso decir que a esta fuerza la utilizan solamen­te los débiles mientras son incapaces de en­frentar a la violencia con violencia.
La devoción a esa verdad es la única jus­tificación de nuestra existencia. Todas nuestras actividades deberían estar centra­das en la verdad. La verdad debería ser nuestro aliento de vida. Una vez que el pe­regrino llegue a esa etapa de su evolución, las demás reglas del correcto vivir surgirán sin esfuerzo, siendo instintiva la obedien­cia a tales reglas. Sin embargo, sin la ver­dad sería imposible observar ninguna regla o principio de vida.

* Verdad (satya), que implica amor, y fir­meza (agraha), confluyen y por lo tanto sir­ven como sinónimo de fortaleza. De ese modo comencé a llamar al movimiento hindú, es decir, satyagraha, la fuerza no violenta que nace de la verdad y el amor, y desistí de usar la denominación “resis­tencia pasiva”.
Al haberme iniciado en satyagraha, he advertido que si se quiere alcanzar la ver­dad, en vez de recurrir a la fuerza hay que apartar al adversario de su error, con pa­ciencia y bondad. Porque lo que a unos les parece verdad, a otros puede parecerles falso. Por otra parte, esa obra de paciencia significa que uno debe hacer recaer sobre todos los padecimientos necesarios. De este modo, la verdad se da a conocer, no por sufrimientos infligidos a los demás, si­no por los que uno se impone.

* Satyagraha, la desobediencia civil y los ayunos no tienen nada en común con el uso de la fuerza, velada o abierta.
* Satyagraha es un proceso de educar a la opinión pública, que abarca todos los ele­mentos de la sociedad y que al final se vuelve irresistible… Jamás promueve la venganza: sostiene la conversión, no la destrucción. Sus fracasos se deben a las fragilidades del satyagrahi [defensor no violento de la verdad), no a defecto algu­no de la ley en sí.

CONQUISTAR LA VERDAD
El sendero de la paz es el sendero de la verdad. Conquistar la veracidad es más importante que conquistar la paz. Por cier­to, la mentira es la madre de la violencia. El hombre veraz no logrará ser violento durante mucho tiempo: en el curso de su búsqueda advertirá que no precisa ser vio­lento. Después, descubrirá que mientras persista en él un mínimo rastro de violen­cia, no conseguirá encontrar la verdad que procura.*
No bien desaparezca el espíritu de ex­plotación, los armamentos se convertirán en una carga insostenible. El auténtico de­sarme no ocurrirá mientras las naciones del mundo no paren de explotarse entre sí.

  • Hay principios eternos que no admiten compromiso, y el hombre debe estar dis­puesto a sacrificar su vida en defensa de esos principios..
    La resistencia civil es una espada de mu­chos filos: puede usarse de infinitas mane­ras. Bendice a quien la usa, y bendice al que es su destinatario. Sin derramar una go­ta de sangre produce resultados sin paran­gón. Jamás se oxida ni puede ser robada.
    Estoy seguro de que hasta el corazón más pétreo será ablandado por esa resistencia. Es un remedio soberano y de alta efectivi­dad. Es un “arma” del tipo más puro. No es un recurso de los frágiles: para ser un resis­tente civil hay que tener mucho más coraje que para la simple resistencia física. .

    LA VERDAD ES UN PRINCIPIO SOBERANO  
    Todos tus estudios serán en vano si al mis­mo tiempo no edificas tu carácter y logras la maestría de tus pensamientos y acciones.*Cualquier coerción sólo puede desem­bocar en el caos: quien la práctica es cul­pable de violencia deliberada. La coerción es inhumana.
    * Para mí, la verdad es un principio sobera­no, que abarca una amplia variedad de otros principios. Esta veracidad no se refiere ape­nas a la palabra, sino también a los pensa­mientos, y no sólo a la relativa verdad de nuestra concepción, sino a la verdad abso­luta, el principio eterno, o sea, a Dios.
    * Resulta difícil definir a Dios, pero la de­finición de la verdad está inscripta en el corazón de cada cual. La verdad es lo que cada uno considera verdadero en este con­creto instante. Ese es su Dios. Si un hom­bre adora esa verdad relativa, con seguri­dad, al cabo de cierto tiempo, llegará a la verdad absoluta, o sea, a Dios. 
    *
     Estoy predispuesto a repetirlo mil veces para que todos lo sepan. Me identifico hasta tal punto con la causa de la no vio­lencia que preferiría el suicidio a la más íntima infidelidad. Cuando digo esto, no me olvido en absoluto del punto de vista de la verdad. Por cierto, la no violencia permite que la verdad se exprese plena­mente.

    * Tu carácter debe estar por encima de to­da sospecha, debes ser verídico y tener siempre autocontrol. La prueba más autén­tica de civilización, cultura y dignidad es el carácter, no las vestimentas. El lenguaje es un reflejo exacto del carácter y del índi­ce de crecimiento de quien habla.
    * Los hombres de carácter intachable inspi­ran confianza con facilidad y automática­mente purifican la atmósfera circundante.
    Tal vez sea digno de desprecio, pero dado que la verdad se sirve de para expresar­se, soy un ser invencible… Finalmente, se­senta años de lucha me han permitido rea­lizar el ideal de verdad y de pureza que me había fijado desde el comienzo.
    La fortaleza no brota de una capacidad física, emana de una voluntad indomable. Una persona que haya realizado el princi­pio de la no violencia, tiene como “arma” una energía concedida por Dios, y el mun­do todavía no conoció algo que pueda equipararla.*Olvidé casi toda la enseñanza que mis maestros sacaron de sus libros, pero re­ cuerdo muy bien todo lo que me enseña­ron fuera de sus manuales

    EL AUTÉNTICO CORAJE

     En verdad, un resistente perfecto basta para ganar la batalla de lo justo contra lo injusto.
    Jesucristo y Sócrates representa­ron la forma más pura de resistencia o for­taleza del alma. Todos estos maestros con­sideraban sus cuerpos como nada en com­paración con sus almas.
    * Resulta sencillo percibir que la fortaleza del alma es superior a la fuerza corporal. Si la gente que se opone al imperio del mal recurriera a la fortaleza del alma, se evita­ría mucho del sufrimiento actual.
    * En todo caso, el manejo de esta fortaleza nunca le causa sufrimiento a los otros. Hasta cuando se la aplica erróneamente. Solamente damnifica a quien la utiliza y no a aquellos contra los cuales se asume. Igual que la virtud, tiene su propia recom­pensa. No hay falla alguna cuando se re­curre a este tipo de fortaleza.
    * La regla de oro de nuestra conducta es la tolerancia mutua. En efecto, resulta evi­dente que jamás tendremos todos la mis­ma opinión y que la verdad se nos presen­tará de modo fragmentario según sus dis­tintos aspectos. La consciencia no nos ha­bla a todos de manera idéntica. Sin duda, es una excelente guía para cada uno. Pero querer imponer a los otros nuestra con­ducta individual sería una distorsión into­lerable de la libertad de consciencia.
    * La propagación de la verdad y la no vio­lencia puede realizarse mejor viviendo real­mente tales principios, que divulgándolos a través de los libros. La vida vivida realmen­te es más significativa que los libros.

    No hay un término medio entre la ver­dad y la falsedad, entre la no violencia y la violencia. Tal vez jamás logremos tanta fortaleza como para ser íntegramente no violentos en el pensamiento, la palabra y la acción. Pero tendremos que mantener la no violencia como meta y tratar de evolu­cionar en forma constante hacia ella.
    No es para nada censurable que un hom­bre persiga la verdad según sus propias lu­ces, todo lo contrario: su obligación es ha­cerlo. En consecuencia, si alguien que per­sigue de tal modo la verdad se equivoca, de inmediato se rectifica… En semejante búsqueda desinteresada de la verdad na­die puede andar desorientado durante mu­cho tiempo, pues al instante de tomar el rumbo errado tropezará, y luego retomará el sendero correcto. De ahí que la procura de la verdad sea su verdadera devoción. 

    CONTROLAR LA IRA
    Varias experiencias muy duras me ense­ñaron a no dejar que exprese mi ira. Así como comprimiendo el vapor se obtiene una nueva fuente de energía, también con­trolando la ira se puede lograr una fortale­za capaz de derribar al mundo por entero.
    * En la marcha hacia la verdad, la ira, el egoísmo, el rencor, etc…. deben quedar de lado, pues de otro modo sería imposible al­canzar la verdad. Un hombre a merced de sus pasiones puede tener muchas buenas intenciones, puede tener palabras verídicas, pero jamás descubrirá la verdad. Una bús­queda exitosa de la verdad exige liberarse por completo del tropel de dualidades tipo amor u odio, felicidad o desdicha

    QUÉ DEBEMOS CUSTODIAR
    Mi labor habrá concluido si consigo con­vencer a la humanidad de que cada hom­bre o cada mujer, sea cual fuere su poten­cialidad física, es el guardián de su digni­dad y de su libertad. Este amparo es posi­ble, aun cuando el mundo entero se vuelva contra el único que sea capaz de resistir.
    Si continúa la demencial carrera armamen­tista, desatará una matanza jamás vista antes en la historia. Si alguien resulta triunfante, esa victoria vana será como una muerte en vida para la nación que se alce como victoriosa.
    La vida es una aspiración. Su misión es es­forzarse por la perfección, que es la auto­rrealización. El ideal no debe ser rebajado por nuestra debilidad o nuestra imperfec­ción. Tengo dolorosa consciencia de que ambas se encuentran en mí. Diariamente, mi grito silencioso le pide a la verdad que me ayude a erradicar de tal debilidad y tales imperfecciones.
    El rumbo más seguro es creer en el go­bierno moral del mundo y, en consecuen­cia, en la supremacía de la ley moral, la ley de la verdad y del amor. 

    DÓNDE ESTÁ LA VERDAD
    La verdad se encuentra en cada corazón humano y tienes que buscarla allí. Debes dejarte conducir por la verdad, del modo en que la concibas. Pero ni tienes el dere­cho, de acuerdo con mis concepciones, para forzar a otros a que actúen.
    No quiero que mi casa esté amurallada por todas partes, y que mis ventanas perma­nezcan cerradas. En cambio, quiero que las culturas de todas las tierras soplen sobre mi casa del modo más libre posible. Pero me niego a que cualquiera me patee los pies.

    LA DESOBEDIENCIA NO DEBE SER DESAFIANTE 
    Para ser civil, la desobediencia debe ser sincera, respetuosa, restringida; jamás de­safiante. Debe basarse en principios bien entendidos, no tiene que ser caprichosa y, sobre todo, no debe fundarse en el resenti­miento o las malas intenciones.
    Nuestra lucha tiene como propósito la amistad con el mundo entero. La no vio­lencia ha alcanzado a los hombres, y per­manecerá: es la anunciadora de la paz en el mundo.
    La resistencia indiscriminada a la autori­dad conduce a la ilegalidad y a una per­misividad descontrolada y, consecuente­mente, a la autodestrucción. 

    SATYAGRAHA NO ADMITE
    * Muchas veces he planteado que satyagra­ha no admite la violencia, los saqueos, las acciones incendiarias; pero en su nombre se incendiaron edificios, se capturaron ar­mas por la fuerza, se extorsionó dinero, se detuvieron trenes, se cortaron líneas de te­légrafo, se mató a inocentes y se saquearon comercios y domicilios privados. Si haza­ñas como esas van a salvarme de la cárcel o del patíbulo, prefiero no ser salvado.
    * No logro entender la excitación y los dis­turbios que siguieron a mi último arresto. Eso no es satyagraha. Quienes se unieron al movimiento prometieron refrenar, bajo todo concepto, cualquier acto de violen­cia, no arrojar piedras y lastimar gente de cualquier manera. Pero en Bombay estuvi­mos tirando piedras. Estuvimos obstruyen­do a los trenes colocando obstáculos en su camino. Eso no es satyagraha. Hemos exi­gido la liberación de cincuenta hombres detenidos por actos de violencia. Pese a que nuestro deber es mayormente ser arrestados. Promover la libertad de gente arrestada por acciones violentas es que­brar los deberes religiosos.
    * No debe haber impaciencia, barbarida­des, insolencia o presión indebida. Si que­remos cultivar un verdadero espíritu de de­mocracia, no podemos permitirnos ser in­tolerantes. La intolerancia traiciona la fe en la propia causa.

    LA VERDAD SE HARÁ OÍR
    Jamás en mi vida fui culpable de decir cosas de un modo distinto del modo en que las veía: mi naturaleza me conduce en línea recta a la esencia de las cosas. Y si muchas veces me equivoco en este cami­no, tengo la certeza de que la propia ver­dad, en última instancia, se hará oír y sen­tir por sí misma, como ya ocurrió muchas veces en mi vida
    Quienes consideren que la no violencia es el único método para lograr una libertad ge­nuina, que mantengan encendida su lámpa­ra en el seno de la impenetrable tiniebla ac­tual. La verdad de unos pocos prevalecerá: la falsedad de millones se dispersará como una cáscara seca en el viento. 

    CÓDIGO DE CONDUCTA  Para los voluntarios, en 1930 redacté un código de conducta con nueve puntos:
    1. No albergues rencor y sufre la ira del opo­nente. Rehúsa responder a sus ataques
    2. No te sometas a orden alguna dictada por la ira, aunque haya algún serio cas­tigo a esa desobediencia
    3. Evita insultar o maldecir.
    4. Protege al oponente del insulto o el ata­que, aun a riesgo de tu vida.
    5. No resistas el arresto ni te aferres a propie­dades, salvo como delegado del dueño.
    6. Niégate a entregar la propiedad que te confiaron, aun a riesgo de tu vida.
    7. Si te toman prisionero, compórtate de modo ejemplar.
    8. Como miembro de una unidad satya­graha, obedece las órdenes de los líde­res satyagraha, y en caso de serio desa­cuerdo renuncia a integrar la unidad.
    9. No esperes garantías para el sustento de dependientes.

    * Los pasos siguientes rigen para toda campaña satyagraha, en la confrontación con un orden establecido:
    1. Negociación y arbitraje
    2. Preparación del grupo para la acción di­recta
    3. Agitación
    4. Emisión de un ultimátum
    5. Boicoteo económico y medidas de huelga
    6. No cooperación
    7. Desobediencia civil
    8. Usurpación de las funciones de gobier­no
    9. Gobierno paralelo

    SOBRE LA DEMOCRACIA

    El espíritu de la democracia no es una cosa mecánica que se obtiene mediante aboliciones formales. Es algo que exige un cambio en el corazón… Mientras uno se empeñe en conservar su espada, no ha conquistado en absoluto su intrepidez.
    El individualismo ilimitado es la ley de los animales de la jungla. Debemos apren­der a forjarnos un sendero entre la libertad individual y la restricción social. El some­timiento voluntario a las limitaciones so­ciales en pro del bienestar de la sociedad entera, enriquece tanto al individuo como a la comunidad que él constituye.
    Resulta imposible que un individuo robe y simultáneamente pretenda conocer la verdad o alimentar el amor. Sin embargo, cada uno de nosotros, consciente o in­conscientemente, es más o menos culpa­ble de robo.
    Para ser eficaz, la no violencia demanda la intrepidez y el respeto a la verdad. Es así: no es posible temer ni intimidar al que se ama. De todos los dones que nos fueron concedidos, sin duda alguna la vida es el más precioso
    Los siete pecados de la sociedad: políti­ca sin principios, riqueza sin trabajar, júbi­lo sin consciencia, conocimiento sin ca­rácter, comercio sin moralidad, ciencia sin humanidad, rezar sin sacrificio Le tengo miedo a la mayoría.
    Me da as­co la adoración de una muchedumbre ca­rente de juicio. Sentiría el terreno más fir­me bajo mis pies si ella me escupiera.
    Un error no se convierte en verdad como resultado de la propagación multiplicada, y tampoco la verdad se vuelve un error porque nadie la percibe.


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