Gandhi: Reflexiones sobre la No Violencia

LA NO VIOLENCIA . Reflexiones de Mahatma Gandhi

Presentación de Miguel Grinberg.

Ahimsa, concepto hindú traducido habitualmente como no violencia y que es central en el pensamiento gandhiano, resume la vocación de absoluto respeto hacia toda entidad viviente, ya sea humana o animal, pues la vida es considerada como Una y Sagrada.
Expandido y enriquecido a través de la historia, equivale a un estado moral que inhibe todo acto que pueda perjudicar a cualquier criatura.
 Mohandas Karamchand Gandhi (1869-948) no sólo llevó los principios de la ahimsa a su mayor expresión dinámica sino que la expandió hacia la sathyagraha (sostenimiento de la verdad, el resistir la ignominia mediante recursos no violentos).

Ambos términos aparecen en todo su activismo político-espiritual enfocado en la lucha contra el dominador británico de la India. Sus alocuciones, escritos y plegarias los convocan sin cesar, como parte de una visión tras formadora de la realidad individual y social. En sánscrito, sathya significa “verdad” y toda la existencia de Gandhi fue una batalla por la conquista de la verdad.

La no-violencia es la piedra fundamental de toda la doctrina yóguica, que la considera como una purificación externa basada en el no causar dolor a otros ni siquiera con el pensamiento ni con la palabra ni con cualquier acción, en referencia a todo lo viviente. El líder nacionalista y reformador religioso, recibió un gran impacto intelectual causado por la obra literaria del pacifista ruso León Tolstoi y por la esencia del pensamiento cristiano.

La secta fundamentalista que decidió su eliminación no le perdonó que defendiera a los “intocables” (casta Sudra de la India, considerada “sucia” y con la cual todo contacto es una profanación, según las clases “altas” hindúes), que promoviera la elevación de la edad para el casamiento o que proclamara el derecho de las viudas jóvenes a contraer matrimonio nuevamente.

La sathyagraha, decía Gandhi, “es la reivindicación de la verdad, no mediante el infligir padecimientos al contrincante sino sobre el propio ser”. Tal activismo ascético exige ante todo un potente autocontrol, pues las “armas” que lo tornan sathyagrahi residen en el alma.

Es una herramienta pacífica: cuando las palabras no alcanzan para convencer o disuadir al adversario, se recurre a la pureza, la humildad y la honestidad. No se trata de comprimir, convertir o aniquilar al oponente, sino de “redimirlo del error, mediante la paciencia y la simpatía”. Hasta las últimas consecuencias.

Louis Fischer, biógrafo de Gandhi, resaltó que la sathyagraha “es el opuesto exacto de ese ojo por ojo que a la larga deja ciego a todo el mundo. No es posible introducirle nuevas ideas a un hombre si se le corta la cabeza, ni se infunde un nuevo espíritu a su corazón, clavándole una daga. Los actos de violencia crean amargura en los sobrevivientes y brutalidad en los destructores: la sathyagraha apunta a exaltar a ambas partes”.

Con sus prolongados ayunos, con los actos de desobediencia civil frente a los soldados británicos o las fuerzas locales que cooperaban con el invasor (y el sobrellevar estoicamente la represión), o con el consejo de que los niños hindúes no asistieran a las escuelas inglesas, Gandhi corporizaba una integridad espiritual apuntada a vencer el mayor pecado de todos los siglos: la tentación del homicidio.

El ejemplo de Gandhi inspiró al reverendo Martin Luther King (hijo) durante los años ’60, en Estados Unidos, para la resistencia “pasiva” por los derechos civiles de los ciudadanos negros; también fue asesinado. En tal misión, la no violencia está siempre presente no como una política para la toma del poder sino para la restauración de la naturaleza humana real, único medio capaz de instaurar la plena justicia y un genuino orden social sin excluidos.

Deber Sagrado

La no violencia implica una autopurificación completa, tanto como resulte humanamente posible, del hombre para el hombre.
La no violencia se encuentra en proporción exacta a la idoneidad -y no a la voluntad- de la persona no violenta para infligir violencia.
El poder a disposición de la persona no violenta es siempre mayor que el que poseería si fuese violenta. En la no violencia no existe nada que sea derrota.

La no cooperación con el mal es un deber sagrado.

La adquisición del espíritu de no resistencia es cuestión de un largo entrenamiento en la abnegación y de la apreciación de los potenciales ocultos en nosotros mismos. Cambia la perspectiva de la propia vida…
Es el potencial más poderoso porque es la expresión más elevada del alma.

La resistencia pasiva es una espada de múltiples virtudes. Se la puede usar de maneras distintas. Atrae bendiciones sobre quien la usa y también sobre aquel en quien se emplea.
Sin derramar una sola gota de sangre, obtiene resultados extraordinarios. Es un arma que jamás se oxida y que nadie puede robar.

Necesidad cotidiana de la no violencia

Dejé que mis amigos dijeran que la verdad y la no violencia estaban fuera de lugar en la política o en las demás cuestiones temporales. Pero no comparto tal opinión. No utilizo esos métodos para asegurar mi salvación personal.
Trato de recurrir a ese principio en todas las situaciones de mi vida cotidiana.

La no violencia no es una vestimenta que uno se pone y saca a voluntad. Su sede se encuentra en el corazón, y debe ser una parte inseparable de nuestro ser.
En nuestra condición actual -nos enseña la doctrina hindú- no somos más que mitad hombres. La parte inferior de nuestro ser todavía es animal. Sólo el dominio de nuestros instintos mediante el Amor puede sujetar a la bestia que existe en nosotros.

Qué se propone Gandhi

Si uno va a combatir el fetiche de la fuerza, será por medios totalmente distintos de los que están vigentes entre los puros adoradores de la fuerza bruta.
El fin que me propongo alcanzar, cueste lo que cueste, responde al término moksha, que es el desapego de todo vínculo terreno y la liberación del ciclo de las reencarnaciones. Se trata de la realización de uno mismo, con la visión de Dios cara a cara.
Tiendo a este fin con todo mí ser, por medio de mi vida y de mis actos. Todo converge en ello: mis palabras, mis escritos y todos mis emprendimientos en el terreno político.
Y bien, siempre estuve convencido de que lo que puede hacer uno de nosotros pueden hacerlo todos los demás. Por eso, en vez de actuar a escondidas, he emprendido mis experiencias a la vista de todo el mundo. Creo que eso no le quita nada a su valor espiritual.
Es evidente que no se puede dar cuenta de ciertas cosas que sólo conocen uno mismo y su Creador.

Buda y Cristo

Creo en el mensaje de verdad que nos traen los fundadores de todas las religiones del mundo. Rezo sin cesar para no sentir jamás ningún resentimiento contra los que me calumnian y para que pueda morir con el nombre de Dios en los labios, aun cuando caiga víctima de un atentado.
Que se me recuerde como un impostor, si en el último momento tengo alguna palabra de odio contra mi asesino.

Sin temor alguno, Buda emprendió la batalla contra sus enemigos y logró que capitulara una casta sacerdotal arrogante.
Cristo echó del templo a los mercaderes y denostó a los hipócritas y fariseos. Aquellos dos grandes maestros eran partidarios de la acción directa y enérgica.
Pero, simultáneamente, en cada uno de sus actos evidenciaron una bondad y un amor indiscutibles. No habrían alzado un solo dedo contra sus enemigos, prefiriendo mil veces morir antes que traicionar la verdad que vinieron a trasmitir.

Buda habría muerto luchando contra los sacerdotes si la grandeza de su amor no se hubiera revelado igual que sus esfuerzos para reformarlos.
Cristo murió en la cruz, coronado de espinas, desafiando al poder de todo un imperio.
Si yo, a mi vez, opongo una resistencia de naturaleza no violenta, no hago más que seguir humildemente las huellas de esos grandes maestros

El credo de la no violencia.

El credo de la no violencia se basa en asumir que, en su esencia, la naturaleza humana es una sola y por lo tanto responde infaliblemente a los avances del amor…
Para su éxito, la táctica no violenta no depende de la buena voluntad de los dictadores, pues el resistente no violento depende de la infalible asistencia de Dios que lo sustenta a través de las dificultades que, de otro modo, serían insuperables.

Con un entrenamiento apropiado y técnica adecuada, la no violencia puede ser practicada por masas humanas.En la no violencia, las masas humanas tienen un arma que le permite a un niño, a una mujer e inclusive a un hombre decrépito, resistir exitosamente al gobierno más poderoso.
Si tu espíritu es fuerte, la simple carencia de fortaleza física deja de ser una desventaja.

Nada justifica la violencia 

Para alcanzar una victoria, no acepto el más mínimo acto de violencia…
A pesar de mi simpatía y admiración por la nobleza de algunas causas, estoy completamente en contra de que se las defienda por métodos violentos.
En consecuencia, no existe ningún acuerdo posible entre la escuela de la violencia y mis concepciones.

La primera condición de la no violencia es la justicia expandida a todo territorio de la vida.
Quizás es esperar demasiado de la naturaleza humana.
Sin embargo, no creo que sea así.
Nadie debería dogmatizar sobre la capacidad de la naturaleza humana para la degradación o la exaltación.

La historia enseña que nos vemos agobiados por los males que sufren los vencidos cuando son oprimidos brutalmente, aun con las mejores intenciones, cuando se encuentran bajo el fardo de la miseria.
A la dignidad humana se la preserva mejor no mediante el desarrollo de la capacidad para manejar la destrucción, sino por el rehusarse a la represalia. Es posible entrenar a millones en las oscuras artes de la violencia, lo cual viene a ser la ley de la bestia.
Resulta más factible capacitarlos en las artes claras de la no violencia, que es la ley del hombre regenerado.

La ley del hombre regenerado

La no violencia actúa de manera altamente misteriosa. Frecuentemente, en los términos de la no violencia, los actos de un hombre se resisten a todo análisis.
También resulta frecuente que sus actos tengan la apariencia de violentos, a pesar de ser él totalmente no violento en el sentido más elevado de la palabra; su postura se verá confirmada tarde o temprano.

El primer principio de la acción no violenta consiste en no cooperar con cualquier cosa que sea humillante. La única virtud que procuro reivindicar es la verdad y la no violencia.
No pretendo asumir ningún poder sobrehumano.
No sabría qué hacer con él. Soy de carne y hueso como el más pequeño de mis semejantes; débil y falible como cualquier hombre. Los servicios que practico están muy lejos de ser perfectos; pero hasta ahora, Dios ha querido bendecirlos, pese a sus deficiencias.

Incapacidad para odiar

La no violencia, que es una cualidad del corazón, no puede surgir mediante una apelación al cerebro. Me considero incapaz de odiar a nadie. Hace más de cuarenta años que, gracias a la oración y a un prolongado trabajo sobre mí mismo, no he sentido odio hacia nadie.
Advierto perfectamente que es una confesión presuntuosa, pero la hago con plena humildad. Al mal sí lo odio con todas mis energías.
Siento horror por el régimen que los británicos han establecido en la India.
Odio la manera despiadada con que se explota a nuestro país… Pero no siento ningún odio por los ingleses que nos oprimen, ni por los hindúes que no tienen piedad con sus hermanos. Procuro reformarlos con la ayuda de todos los medios que el amor pone a mi disposición.

Misión en la vida

Mi alma resistirá todo reposo mientras asista impotente a un solo sufrimiento o a una sola injusticia. Pero débil, frágil y miserable como soy, no sabría remediar todos esos males y no podría en adelante lavarme las manos.
El espíritu me tironea desde un lado, y la carne desde el otro.
La libertad emana de la acción conjunta de esas dos fuerzas; pero sólo se llega a ella lentamente, tras prolongadas etapas y penosas dificultades.
No conseguiré la libertad por medio de una negativa sistemática a actuar, sino por una acción reflexiva y llevada a cabo en medio de un completo desprendimiento.
Esta lucha lleva constantemente a una crucifixión de la carne para dar mayor libertad al espíritu.

Jesús redentor del mundo

Jesús habría vivido y muerto en vano si no nos hubiera enseñado a regular la totalidad de la vida mediante la eterna ley del amor.Jesús fue tal vez el más activo resistente que se haya conocido en la historia. La suya fue no violencia por excelencia. Jesús, un hombre que era completamente inocente, se ofreció a sí mismo por el bien de otros, incluidos sus enemigos, y se volvió la redención del mundo. Fue un acto perfecto. Quien encuentra la muerte sin dar un solo golpe, cumple con su deber en un ciento por ciento.

El resultado está en las manos de Dios. No corro tras el martirio. Pero lo habré de merecer si se me presentase como la consecuencia suprema del testimonio que hay que dar a veces para defender la fe.
Ningún hombre, si es puro, tiene algo más precioso que ofrendar que su propia vida.
No quiero renacer. Si ello debiera suceder, me gustaría encontrarme entre los agobiados intocables hindúes, para compartir sus preocupaciones, sus sufrimientos y las afrentas que les asestan. De ese modo, tal vez se me ofreciese la ocasión de liberarlos y liberarme de esa miserable condición.

La no violencia es para todos

A nadie le pido que me siga. Cada cual debe seguir su propia voz interior.
La no violencia es un instrumento al alcance de todos: niños, jóvenes o adultos, con tal que crean efectivamente en el Dios del Amor y extraigan de esa fe un amor igual para con todos.
Si se acepta la no violencia como ley de vida, afectará a todo el ser y no apenas a unas cuantas acciones aisladas.
 Una revolución no violenta no es un programa para la toma del poder.
Es un programa para la trasformación de las relaciones, de modo tal que se desemboca en una trasferencia pacífica del poder

Servir a mi patria

Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por mi país, excepto dos cosas y solamente esas dos: la verdad y la no violencia.
Por nada del mundo las sacrificaría por cualquier otra ventaja.
Porque para mí, la verdad es Dios y no existe ningún otro medio para encontrarla que seguir el sendero de la no violencia. Me niego a servir a la India a costa de la verdad o de Dios.
Pues quien empieza por sacrificar la verdad termina traicionando a su país y abandonando inclusive a sus propios padres y a los seres más queridos por su corazón.
 Aspiro a que en los niños se desarrollen las manos, el cerebro y el alma. Las manos casi han quedado atrofiadas; y también el alma ha quedado muchas veces en algún rincón. Si la no violencia no apela a tu corazón, deberías desecharla. Los hombres se encuentran ante una encrucijada: tienen que elegir entre la ley de la jungla y la ley de la humanidad.

No alimentar el odio

La no violencia alcanza toda su eficacia cuando extrae su fuerza del espíritu. La no violencia que no requiere más que la participación del cuerpo es propia de los débiles y de los cobardes.
Y entonces resulta absolutamente inoperante.
Si guardamos en nuestro interior el veneno del odio, asegurando que no queremos vengarnos, nuestro veneno se vuelve contra nosotros y nos conduce a la perdición.
Si no tenemos un amor fuerte y generoso, por lo menos deberemos evitar que nuestro odio sea alimentado, para no soportar las terribles consecuencias de una falta de violencia meramente física.

Vivir en actitud religiosa

No concibo la religión como una de las tantas actividades del hombre. La propia actividad puede hacerse con un espíritu religioso o irreligioso.
Mi concepción de la religión no tiene por qué hacerme abandonar la política. Para mí, el más pequeño de mis actos está regulado por lo que considero que es mi religión.

La no violencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su alcance.

Es más poderosa que el arma más destructiva inventada por el hombre. La destrucción no corresponde en nada a la ley de los hombres.
Vivir libre es estar dispuesto a morir, si es preciso, a manos del prójimo, pero nunca a darle la muerte. Sea cual fuere el motivo, todo homicidio y todo atentado contra la persona es un crimen contra la humanidad.

La verdad 

El primer paso hacia la no violencia es resolver con firmeza que toda la falsedad y la violencia deben ser para nosotros un tabú, sea cual fuere el sacrificio que ello nos demande. La verdad reside en el corazón de todo hombre.
Allí es donde hay que buscarla para ser guiados por ella, tal como, al menos, se nos presente. Sin embargo, no tenemos derecho a obligar a los demás a obrar según nuestra propia manera de ver la verdad.
Es preciso distinguir entre el hombre y sus actos.
Puede pensarse muy bien en una oposición y en un ataque a un sistema. Pero querer atacar directamente al autor de ese sistema equivale a querer emprender un ataque contra uno mismo.
¿Dios no nos ha hecho idénticos? ¿No somos todos hijos de un mismo y único Creador?
Y en cuanto tales, ¿por qué nos vamos a atrever a afirmar que los poderes divinos que hay en nosotros son infinitos? Violentar a un solo ser humano es profanar esos poderes divinos y perjudicar no sólo a ese adversario sino, a través de él, a toda la humanidad.

Confrontación de las virtudes

Sé que el progreso de la no violencia es aparentemente un progreso muy lento.
Pero la experiencia me ha enseñado que es el camino más acertado para una meta común.
 En cualquier hombre, las virtudes de la misericordia, la no violencia, el amor y la verdad sólo pueden ser auténticamente puestas a prueba cuando se confrontan con la crueldad, la violencia, el odio y la falsedad.

La no violencia es un principio universal que debe triunfar inclusive en la adversidad. Su eficacia puede medirse precisamente cuando hay que enfrentarse con un ambiente hostil.
Nuestra no violencia no conduciría a nada si su éxito tuviera que depender de la buena voluntad de las autoridades que nos gobiernan.

Es injusto todo orden económico que ignore o que desprecie los valores morales.
El hecho de extender la ley de la no violencia al terreno de la economía significa nada menos que considerar los valores morales en la fijación de las reglas del comercio internacional

Amor por la humanidad

Adoptar el principio de la no violencia obliga a separarse de toda forma de explotación.
Mi vida constituye un todo indisoluble: un mismo vínculo es el que enlaza cada una de mis acciones.
Todas ellas tienen su fuente en un amor inextinguible por la humanidad.

Sólo Dios conoce la mente de una persona; y el deber de un hombre de Dios es proceder tal como lo indica su voz interna. Proclamo que acciono de acuerdo con ella.
Quienes se sientan atraídos por la no violencia debieran, según sus dones y sus oportunidades, unirse al experimento. Creo que la verdadera democracia sólo puede ser resultado de la no violencia.
No se puede organizar ninguna federación mundial salvo si su estructura tiene como base la no violencia. En tal caso, habrá que renunciar a toda violencia en los asuntos internacionales.

El Estado no violento

Un estado no violento deber tener una base amplia fundada en la voluntad de un pueblo inteligente, capaz de conocer su mente y actuar de acuerdo con ella.
La ahimsa (no violencia) es uno de los mayores principios del mundo que ninguna fuerza de la tierra puede erradicar.
Millares como yo pueden morir reivindicando el ideal, pero la ahimsa jamás morirá.
Y el evangelio de la ahimsa puede expandirse sólo a través de creyentes que mueren por la causa.

No tengo nada de visionario. No tengo ninguna pretensión de santidad. Soy un ser terrenal y con los pies en la tierra. Me siento inclinado a las mismas debilidades que ustedes. Pero he visto el mundo. He vivido con los ojos bien abiertos. He atravesado las pruebas más duras que pueden sacudir a un hombre. Y eso es lo que me ha formado.

La  caridad

La ahimsa es imposible sin caridad; no sucede, salvo que se esté embebido de caridad. Sólo quien se siente uno con su oponente puede recibir sus golpes como si fueran flores.
Inclusive ese hombre, si Dios lo favorece, puede realizar la obra de mil.
Eso requiere energía del alma -coraje moral- de la especie más elevada.

No hay ninguna valentía mayor que la de negarse hasta el fin a doblar la rodilla ante un poder terrenal, sea cual fuere su grandeza, haciéndolo sin agresividad alguna, con la fe cierta en que es el espíritu -y sólo él- lo que vive. 
Un reformador no tiene que navegar a favor de la corriente. Muy a menudo debe navegar en contra de ella, aunque eso le cueste la vida.  Ya atentaron varias veces contra mi vida.
Hasta ahora Dios me ha librado y mis agresores se han arrepentido de haber obrado de esa manera.

Cómo concretar la libertad 

Si alguno tuviera que matarme, creyendo que se libraba de un canalla, no habría matado al verdadero Gandhi sino a otro que él se imaginó por equivocación. Si la libertad tiene que concretarse, debe ser obtenida mediante nuestra fortaleza interna, mediante nuestras filas compactas, mediante la unidad entre todos los sectores de la comunidad. La vida es una aspiración a la perfección, a la realización de sí mismo.
No hay que rebajar ese ideal, por culpa de nuestras debilidades o nuestras imperfecciones. Las mías las tengo muy presentes y me llenan de desconsuelo. Todos los días le suplico silenciosamente a la verdad que venga en mi ayuda para librarme de ellas.

Energías benéficas y maléficas

Conozco el sendero. Es estrecho y sin rodeos, como el filo de una espada. Me lleno de gozo cada vez que avanzo por él y me agobio cuando doy un paso en falso. Según la palabra de Dios, “quien lucha sin descanso tendrá la vida eterna”. Tengo fe implícita en esta promesa.
Es verdad que he caído mil veces por culpa de mi debilidad, pero sigo manteniendo la esperanza de ver la luz, el día en que la carne quede perfectamente rendida.

De un mal nace, muchas veces, un bien. Pero esto depende de Dios, no del hombre. El hombre tiene que saber sencillamente que el mal viene del mal.
Lo mismo que el bien, por su parte, se explica por el bien.

La lección que hay que sacar de esta tragedia de la bomba atómica es que no nos libraremos de su amenaza fabricando otras bombas todavía más destructoras, puesto que la violencia no es capaz de hacer desaparecer la violencia.
La humanidad no puede librarse de la violencia más que por medio de la no violencia. Sólo el amor es capaz de vencer al odio. Responder al odio con el odio equivale a agravar más todavía sus efectos.

El mal viene del mal

El no violento tiene que disponerse a los sacrificios más exigentes, para superar el miedo. No se pregunta si va a perder su casa, su fortuna o su vida.
Hasta que no supere toda aprensión, no podrá practicar la ahimsa en toda su perfección.
El único temor que conserva es el de Dios.
El que busca refugio en Dios no tarda en vislumbrar el Atman (alma o ser trascendental) que trasciende el cuerpo. Y es entonces cuando no hay nada que nos ate al cuerpo.

Por consiguiente, según se entrene uno en la violencia o en la no violencia, tendrá que apelar a técnicas diametralmente opuestas. La violencia es necesaria para proteger los bienes temporales. La no violencia es indispensable para asegurar la protección de nuestro honor y del Atman.

Este sorprendente siglo

En este siglo lleno de sorprendentes inventos, nadie puede decir que una cosa o una idea carezca de valor por el hecho de ser nueva. Afirmar que una empresa es imposible, por ser difícil, sería obrar en contra del espíritu de nuestra época.
Todos los días vemos realizarse cosas que no podían imaginarse el día anterior. Lo imposible no cesa de ceder terreno a lo imposible.
En el campo de la violencia, los más recientes descubrimientos son especialmente asombrosos. Pero estoy seguro de que todavía se harán descubrimientos más maravillosos en el terreno de la no violencia.
 Es tan estrecho el vínculo entre el cuerpo y el espíritu que, cuando uno de los dos pierde el equilibrio, todo el sistema sufre las consecuencias.

Por consiguiente, para estar sano en el verdadero sentido de la palabra, hay que ser muy puro. Los malos pensamientos y las pasiones desordenadas no son más que formas diversas de enfermedad.
Por ejemplo, no es que yo sea incapaz de encolerizarme, pero casi siempre he logrado dominarme. Puedo dejarme sorprender, pero siempre procuro de forma consciente y deliberada seguir siendo fiel continuamente a las exigencias de esos combates interiores.
Cuanto más me esfuerzo en ello, más gozo tengo de vivir.
Es la prueba de que esa ley está en conformidad con el plan del universo. Encuentro allí una paz y un sentido de los misterios de la naturaleza, que desafían toda descripción

El gozo de vivir

Si soy un verdadero maestro de la ahimsa, estoy seguro de que pronto dejarás a tu maestro. Si eso no sucede, sólo significará que soy un maestro incompetente. Pero si mi enseñanza fructifica, habrá maestros de la ahimsa en cada hogar. En la no violencia pueden existir vetas de violencia.
El esfuerzo constante del devoto, hacia la no violencia, consiste en purgarse del odio por el así llamado “enemigo”. Eso de disparar un arma por amor, no existe.

Para un creyente en la ahimsa resulta permisible y hasta constituye, un deber, distinguir entre el agresor y el defensor. Habiéndolo hecho así, se alineará con el defensor, de un modo no violento, o sea, dará su vida para salvarlo.

Paz en la familia

El mejor campo para una operación de no violencia es la familia o la institución considerada como familia. La no violencia entre los miembros de tales familias debería ser fácil de practicar. Si eso falla, significa que no hemos desarrollado capacidad para la no violencia pura.

No violencia no es cobardía

Mi fe en la no violencia me da mucha fortaleza para obrar. Hay que rechazar por completo toda cobardía y hasta la más pequeña debilidad.
No es posible esperar que un cobarde se convierta en no violento, pero sí cabe esperar esto de un violento.
Por eso, nunca lo repetiré bastante: si no sabemos defender por nosotros mismos a nuestras esposas y nuestros templos, recurriendo a la fuerza que brota de la renuncia; o sea, si no somos capaces de no violencia, debemos por lo menos, si somos hombres, atrevernos a emprender la lucha para defendernos.


Quien no puede protegerse a sí mismo ni proteger a sus seres más cercanos y más queridos, o su honor, enfrentando la muerte mediante la no violencia, debe y tiene que hacerlo encarándose violentamente con el opresor.
Quien no puede hacer una de ambas cosas, resulta una carga.

La no violencia no es una pantalla para la cobardía sino que es la virtud suprema del valiente…
La cobardía es enteramente incompatible con la no violencia… La no violencia presupone la capacidad de golpear.


La ahimsa es un atributo de los bravos. La cobardía y la ahimsa no van juntos mucho más de lo que van el agua y el fuego.
Permitir que, en nombre de la ahimsa, los cultivos sean comidos por los animales, mientras existe una hambruna, es por cierto un pecado. En la sathyagraha, la causa tiene que ser tan justa y clara como los medios.

La falla no está en la no violencia

La violencia de los motines populares no significa que la no violencia haya fallado. Lo mejor que podría decirse es: no encontré todavía la técnica requerida para la conversión de la mente masiva.
No tengo deseos de vivir, si la India se sumerge en un diluvio de violencia, como amenaza hacerlo. Estoy en el medio de las llamas. Que el fuego no me consuma, ¿es la bondad de Dios o es su ironía ?
Si no tengo nada que ver con la violencia organizada que promueve el gobierno, tampoco tengo nada que ver con la violencia desorganizada del pueblo. Antes que verme en la necesidad de elegir entre las dos, preferiría más verme aplastado por alguna de ellas.

La ley de la especie humana

La no violencia es la ley de nuestra especie, por la misma razón que la violencia es la ley de los brutos. En el hombre brutal todavía no se ha despertado el espíritu: no conoce más ley que la fuerza física.
La dignidad humana exige que el hombre se refiera a una ley superior que haga vibrar la fuerza del espíritu.

No se puede ser genuinamente no violento y permanecer pasivo ante las injusticias sociales.
Tengo la firme certeza de que la ética constituye la base de todo y tiene como sustancia la verdad.
Por otra parte, asumí la verdad como mi único objetivo.
Día tras día aumentaba su importancia ante mis ojos, mientras le otorgaba a esa palabra un significado cada vez más profundo.

Resulta imposible identificarse con todo lo viviente, sin una purificación personal. Si uno no se purifica, es inútil y quimérico observar la ahimsa.
Si uno no es puro de corazón, nunca podrá realizar a Dios.
Dicha purificación debe ejercerse en todos los planos. Y entonces, gracias a su virtud eminentemente contagiosa, conduce a una purificación de todo lo que nos rodea.

La ley suprema

Considero que la no violencia no tiene nada de pasivo. Todo lo contrario: es la potencialidad más activa del mundo… Es la ley suprema.
En los términos de la no violencia nunca encontré alguna situación que me haya desconcertado por completo.
En algún momento, siempre se presentó el remedio.
 La genuina moralidad consiste, no ya en seguir caminos trillados sino en encontrar por nosotros mismos el verdadero camino que nos conviene, y en seguirlo de modo intrépido.

Lo que debe prevalecer

La luz que hay en mí brilla con todo su esplendor, sin desfallecer jamás. No hay ninguna salida posible, fuera de la verdad y de la no violencia. Sé que la guerra es un mal, un crimen que no admite excusas.
Sé igualmente que debe ponerse todo el empeño en que no reaparezca este azote de la humanidad. Estoy convencido de que una libertad obtenida por medios poco honrados o gracias a la sangre de los demás, no es libertad…
Ni la falta de la verdad ni la violencia, sino únicamente la no violencia y la verdad pueden responder a la ley de nuestro ser.

Las armas y la cobardía

La no violencia y la cobardía se excluyen mutuamente. Imagino con facilidad a un hombre armado hasta los dientes, pero sin valentía alguna.
El hecho de poseer un arma supone cierto miedo, por no decir cierta cobardía. Si no hay genuina intrepidez, tampoco hay auténtica no violencia.

`La vida alimenta a la vida”

La tolerancia está implícita en la no violencia. No somos otra cosa que unos pobres mortales, expuestos a las contradicciones de la violencia.
En el dicho “la vida alimenta a la vida” hay un significado muy profundo.
El hombre no puede vivir un solo momento sin cometer -consciente o inconscientemente- una violencia física.
El hecho de comer, beber, vivir, caminar, lleva necesariamente consigo la destrucción de ciertas formas de vida, por muy pequeñas que sean.

El mayor error es creer que no hay ninguna relación entre el fin y los medios. Esa equivocación ha hecho cometer crímenes innumerables a  personas que eran consideradas como religiosas.
Es como si pretendiesen que de una mala hierba brotara una rosa.

El único medio para atravesar el océano es un barco. Si, en su lugar, toman un coche, no tardarán en hundirse.
Según una máxima digna de consideración, “el discípulo toma como modelo al Dios que adora”.
Se ha trastocado el sentido de estas palabras y se ha caído en el error. Los medios son como la semilla y el fin como el árbol.
Entre el fin y los medios hay una relación tan ineludible como entre el árbol y la semilla.

El poder político

Para mí, el poder político no es un fin, sino uno de los medios que permite a los hombres mejorar sus condiciones de vida en todos los planos.
El poder político es lo que permite dirigir los asuntos de un país, por medio de los delegados de la nación.
Si las ruedas del engranaje de la vida nacional alcanzasen tal grado de perfección que les permitiese funcionar automáticamente, no sería necesario tener delegados. Sería entonces un estado de anarquía ilustrada.

En ese país, cada uno sería su propio amo. Se dirigiría a sí mismo, sin molestar para nada a sus vecinos. Soy un simple aprendiz. No poseo erudición profunda.
Acepto la Verdad donde quiera que se encuentre, y trato de vivir de acuerdo con ella.

En nuestro estado actual somos en parte hombres y en parte bestias.
En nuestra ignorancia, que llega inclusive a la soberbia, sostenemos que cumplimos acabadamente el fin de nuestra especie cuando devolvemos golpe por golpe, y desarrollamos la ira requerida por dicho propósito.
Suponemos que la represalia es la ley de nuestro ser, pero en ninguna escritura encontramos que la venganza sea obligatoria sino que apenas es permisible. Lo obligatorio es la restricción.

No violencia y cobardía

Para que sea civil, la desobediencia tiene que ser sincera, respetuosa, mesurada y carente de cualquier recelo.
Debe apoyarse en principios muy sólidos, no verse jamás sometida a caprichos y, sobre todo, no dejar que la dicte nunca el rencor o el odio.

En la democracia que imagino -una democracia establecida por la no violencia- habrá idéntica libertad para todos. Cada cual será su propio amor

La mejor alianza 

La religión de la no violencia consiste en brindarles a todos los demás el máximo de comodidad con el máximo de incomodidad para nosotros, aun a riesgo de nuestras vidas.
Debemos elegir entre aliarnos con las fuerzas del mal o con las fuerzas del bien.
Rezarle a Dios no es más que una alianza sagrada entre Dios y el hombre.
Alianza por medio de la cual el hombre consigue librarse de las garras del príncipe de las tinieblas.

La auténtica moralidad consiste, no ya en seguir caminos trillados, sino en encontrar por nosotros mismos el verdadero camino que nos conviene y en seguirlo de manera intrépida.
La vida humana es una serie de responsabilidades: no siempre es sencillo llevar a la práctica lo que fue discernido como verdad.
No soy más que un humilde pionero de la ciencia de la no violencia. Su profundidad oculta me causa escalofríos a veces, así como hace temblar a mis compañeros de tareas.

Error y verdad

Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él. Tampoco una verdad puede convertirse en error cuando nadie adhiere a ella.

El mundo de la no violencia 

En la autonomía basada en la no violencia, nadie será enemigo de nadie, cada cual contribuirá en su medida al bienestar común.
Todos sabrán leer y escribir, y sus saberes aumentarán días tras día.
La enfermedad y los males estarán reducidos a un grado mínimo.
Nadie será indigente y el trabajador siempre encontrará empleo.
Bajo tal gobierno no habrá lugar para el juego por dinero, la bebida, la inmoralidad ni el odio clasista.
 Jamás se realizarán suficientes experiencias y sacrificios para alcanzar el grado de perfecta armonía con la naturaleza.

Infortunadamente, en nuestros días la corriente va en sentido contrario, con una fuerza tremenda. No se vacila en sacrificar montones de vidas para rodear de comodidades y de obsequios a un cuerpo perecedero, o para prolongar durante algunos instantes su efímera existencia.
De este modo, condenamos nuestro cuerpo y nuestra alma a la perdición.

Qué provoca todo movimiento renovador

Todo movimiento que merezca de verdad ese nombre pasa por cinco fases sucesivas: la indiferencia, las burlas, las injurias, la represión y la estima.
Para resultar eficaz, la no violencia exige una voluntad decidida a aceptar el sufrimiento.
No se trata para nada en un someterse servilmente a la voluntad del tirano sino de oponerse con toda el alma a sus abusos.
Respetando esta ley de nuestro ser, un solo individuo puede llegar a desafiar todo el poder de un imperio basado en la injusticia y -dejando a salvo su honor, su religión y su alma- logrará fracturar los cimientos de tal imperio, o promover su regeneración.

Todo movimiento que sobrevive a la represión -moderada o cruel- impone invariablemente el respeto, lo cual es sinónimo de éxito.
Si somos fieles, esa represión puede ser considerada como signo precursor de la victoria. Pero para ser fieles, no debemos dejarnos intimidar en ningún caso.
Mucho menos debemos dejarnos llevar por la cólera, a un acto de venganza o de violencia. La violencia es un suicidio.

No colaborar con la injusticia

Si un padre se hace culpable de injusticia, sus hijos tienen la obligación de abandonar el techo paterno. Si el director de una escuela dirige su colegio sin respetar las reglas de la moral, los alumnos deben abandonar esa institución.
Si el presidente de una sociedad se dejara corromper, los miembros de la misma que no quieran ensuciarse las manos tienen que dimitir.

Del mismo modo, si un gobierno cometiera una injusticia grave, el ciudadano tiene que retirarle su colaboración en todo o en parte, impidiendo que los dirigentes cometan sus fechorías.
En todos estos casos, nos encontramos con un elemento de sufrimiento moral o físico.
Sin ese sufrimiento, sería imposible llegar a la libertad.
Si estuviese seguro de encontrar a Dios en una caverna del Himalaya, iría hacia allí de inmediato. Pero sé que sólo se encuentra en el corazón de la humanidad.
Dios no es una persona. Es la potencia misma, la esencia de la vida, conciencia pura e inalterable. Es eterno. No obstante, resulta curioso cómo algunos son incapaces de recibir de esta presencia viva y omnipresente todo el provecho y la ayuda que ella irradia.

Tradición y reforma

El hombre de verdad no está obligado a ajustarse siempre a la tradición.
Debe estar dispuesto a convertirse en reformador y, si él mismo descubre que cometió errores, tiene que reconocerlos públicamente, sean cuales fueren las consecuencias, y hacer lo posible para corregirlos.
 No soy un visionario. Intento ser un idealista con sentido de la realidad.

La religión de la no violencia no está reservada únicamente a los rishis (visionarios) y a los santos. Está destinada a todo el mundo. Debemos hacer que la verdad y la no violencia sean practicadas por grupos y comunidades, no apenas por individuos. Tal es mi sueño: viviré y moriré tratando de llevarlo a cabo. Mi fe me ayuda a descubrir verdades nuevas todos los días.

No violencia es norma de conducta

La no violencia no es una virtud monacal orientada a procurar la paz interna y a garantizar la salvación individual, sino una norma de conducta necesaria para vivir en sociedad, pues garantiza el respeto a la dignidad humana y permite que progrese la causa de la paz, sobre la base de los anhelos más fervorosos de la humanidad.

Muy poco sabe el mundo lo mucho que mi llamada grandeza depende de las incesantes labores y de los sufrimientos de silenciosos trabajadores, hombres y mujeres, devotos, eficientes y puros.

Gandhi por Gandhi 


Lo que hago, puede ser realizado por todos. Porque no soy sino un mortal común, sujeto a las mismas tentaciones y propenso a las mismas debilidades de los mejores entre nosotros.
Cuando yo sea incapaz de practicar el mal, cuando no emita ninguna palabra áspera o arrogante (por un instante siquiera) mi mundo mental -sólo entonces y no antes y mi no violencia conquistarán el corazón del mundo entero.

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