Sexualidad en los animales. Sentimientos? Comparación con la sexualidad humana. Varios

Ofrecemos varios artículos de recientes investigaciones sobre la problemática de la Sexualidad de los Animales.

SEXUALIDAD ANIMAL

El reino animal es capaz de desarrollar una sexualidad mucho más compleja de lo que se creía hace unos años.
La antropóloga y sexóloga Pilar Cristóbal recalca que no se puede comparar la sexualidad humana y la del mundo animal, aunque afirma que “Los animales hacen de todo, mejor y más que los humanos”. De manera similar se manifiesta el zoólogo Robert Wallace, especialista en Ecología del Comportamiento y profesor visitante en la Universidad Estatal de Florida, que se sorprende por la diversidad del sexo en el reino animal: “Cualquier cosa imaginada por nosotros es superada en alguna parte. Y hacen muchas cosas con las que nosotros ni siquiera soñamos”.

En su libro “Cómo lo hacen ellos”, el doctor Wallace cita algunos de los más extraños hábitos del apareamiento animal. La hembra de la mantis religiosa sujeta con frecuencia a su pretendiente contra el tórax y comienza a devorarlo, empezando por los ojos y guardando los órganos sexuales para el final.
Otros animales pueden llegar a ser “viciosos”, asevera Wallace: Los puercoespines macho, por ejemplo, orinan sobre la hembra antes de la cópula, y las hembras solitarias suelen estimularse con un palo.

El onanismo o masturbación aparece en muchos animales, tanto machos como hembras, y tanto en solitario como en grupo. Ya en 1927, el sexólogo Havelock Ellis identificó en su obra “Estudios en la Psicología del Sexo” prácticas de autoerotismo en toros, cabras, ovejas, camellos y elefantes.
En la actualidad, está documentado en felinos, cánidos, roedores y en todos aquellos animales flexibles capaces de doblarse sobre sí mismos.

Las técnicas empleadas para auto-excitarse son muy diversas: Los ciervos rozan su cornamenta, los burros arrastran su pene contra el suelo, los primates o leones estimulan sus genitales con sus manos o palmas, los murciélagos hacen lo propio con sus patas, los macacos rhesus o bonobos estimulan sus pezones, muchos pájaros se rozan con hierba o tierra, etc. Asimismo, la práctica de utilizar objetos inanimados para masturbarse es utilizada de forma habitual por primates.

En cuanto a los estímulos visuales de tipo sexual, un estudio de la Universidad de Duke en Carolina del Norte afirmaba que los monos machos están dispuestos a sacrificar un privilegio, en este caso alimentos, optando por la opción de ver el trasero de una hembra de su especie. Los investigadores subrayaron la utilidad social de este comportamiento, porque no hay evidencias científicas que demuestren que los animales utilicen imágenes para disfrute sexual. No obstante, se han utilizado con éxito vídeos de hembras de panda en actitudes sexuales para alentar el apetito sexual de los machos de esta especie en peligro.

El sexo oral o las autofelaciones han sido documentados en animales de varias especies, como cabras, primates, hienas y ovejas, y también se han registrado casos de eyaculaciones espontáneas en ovejas de monte o hienas moteadas.

Asimismo, los animales también mantienen sexo entre distintas especies, dando en ocasiones descendientes híbridos. Por ejemplo, la mula, normalmente estéril, surge del cruce entre un caballo y un burro, mientras que la unión de un león y un tigre produce un “ligre”, algunas veces fértil, como el del zoológico de Novosibirsk (Rusia).

El apareamiento entre adultos y jóvenes se produce en ciertas especies de topo, que puede aparearse con los recién nacidos de su especie, o en el caso de la comadreja, con las hembras jóvenes. Los científicos consideran que forma parte natural del periodo de retraso de su biología reproductiva: Estas hembras dan a luz al año siguiente, cuando son totalmente maduras.
Y según el antropólogo Martin Muller, de la Universidad de Boston, los chimpancés machos prefieren a las hembras más mayores. Este hecho podría deberse, según este investigador, a que las hembras de esta especie son fértiles más tiempo, tienen más experiencia como madres y una posición social más acomodada.

Por otra parte, también se ha descubierto que algunos insectos macho llegan a ceder la mitad de su masa proteínica a cambio de sexo. En un zoológico de Pekín, se contempló el caso de una hembra de primate que conseguía los cocos del macho dominante gracias a sus encantos. También hay casos de cabras machos que consiguen de una hembra comida a cambio de una cópula.

Y los comportamientos transexuales son comunes en más de una especie, para adaptarse a su entorno. En los arrecifes de coral, el 25% de los peces cambian de sexo a lo largo de su vida, mientras que el lenguado o algunos invertebrados como las gambas o las ostras también pueden cambiar de género.

Asimismo, algunos peces son hermafroditas, siendo capaces de producir esperma y óvulos. Incluso, en algunas especies se producen “nacimientos virginales”, como algunos lagartos unisexuales, hembras que se reproducen por clonación.

Penes gigantes y cópulas eternas

El tamaño del órgano sexual no siempre es proporcional a las dimensiones totales del animal. Una ballena puede ostentar un pene de tres metros de largo y una circunferencia de un metro, mientras que un gorila macho apenas cuenta con un pene de cinco centímetros de largo.
Por su parte, los caracoles tienen penes extraordinariamente largos, mientras que el del delfín también le sirve para revisar el fondo del océano. Aunque quien tiene el pene más grande con respecto a su cuerpo es el piojo: 50 veces su tamaño.
Asimismo, los tamaños y formas son también muy variados; algunos tienen plumas, otros se dividen en dos, etc.

En cuanto a las posturas, los animales con columna vertebral se colocan encima de la hembra, y muchos reptiles tienen dos penes dependiendo de la postura de la hembra. Por otra parte, algunos insectos fabrican para la hembra una especie de cera que sella el orifico sexual, mientras que otros rocían de un líquido químico a la hembra para que repela a otros machos.

Asimismo, el tiempo empleado en el apareamiento también varía mucho entre especies. Las cópulas con los tigres duran segundos, los rinocerontes emplean hora y media en el acto central del apareamiento, mientras que el león dedica todo el día, haciéndose servir incluso la comida. 

OTRAS INVESTIGACIONES 

La mayoría de los animales son promiscuos, lo cual rompe el mito de la monogamia entre ellos. David Barash y Judith Lipton comentan en su libro ‘The myth of monogamy’: “El estudio de la conducta animal se ha visto revolucionado por la posibilidad de hacer pruebas de ADN”. Se ha descubierto que las crías de algunos animales tenían un padre distinto al que las cuidaba desde el nacimiento.
Con esto se marca la diferencia entre monogamia social y monogamia sexual. Este fenómeno se ha observado en águilas, gansos, cisnes, gibones, castores y distintas especies de aves, a pesar de la creencia tradicional de que todos éstos eran monógamos.

Un hecho menos conocido es el del fetichismo. Primates que utilizan de forma habitual objetos inanimados como fetiches para masturbarse. Bert Barrera, del Southwest National Primate Research Center, afirma: “Un macho chimpancé que se crió en cautividad desarrolló un fetiche con un zapato de piel, el cual solía emplear para sus prácticas masturbatorias”.

En cuanto a la imaginería sexual, un estudio por Platt y Deaner de la Duke Universtiy de Carolina del Norte demostraba que: “Virtualmente todos los monos machos están dispuestos a sacrificar un alimento o una bebida importante por tener la oportunidad de ver el culo de una hembra de su especie”. Los machos de esta especie realmente valoran los estímulos visuales eróticos.

Los bonobos son los primates más próximos genéticamente a la especie humana. Viven en Zaire y su sexualidad es muy variada. Tienen relaciones con individuos del mismo sexo o del sexo opuesto, de mayor o de menor edad. Además es el único animal que copula cara a cara −además del humano−.
Algunos cambian de pareja sexual frecuentemente, mientras que otros establecen relaciones de pareja duraderas.
Las parejas homosexuales entre bonobos suelen adoptar y criar a miembros huérfanos de su especie.
En una misma comunidad, conviven bonobos homosexuales, bisexuales y heterosexuales sin conflictos aparentes por ello.
Janet Mann, profesora de biología y psicología de la Universidad de Georgetown, está convencida de que por medio de la conducta bisexual −común entre delfines machos− se crean vínculos que favorecen la búsqueda y la protección de las hembras.
Los delfines forman parejas, tríos, cuartetos…

El modelo de pareja “macho-hembra” es uno más entre ellos.Masturbación, heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, intersexualidad, monogamia, poligamia, fetichismo, sexo oral, promiscuidad, coerción sexual, necrofilia… Son formas de conducta sexual manifiesta entre distintas especies animales.

Solía pensarse que los seres humanos eran los únicos que realizaban actos sexuales que no iban destinados a la procreación y que la sexualidad animal era totalmente instintiva. En muchas especies, los animales dan y reciben estimulación sexual sin que el objetivo sea la reproducción. Se han documentado conductas homosexuales en más de 450 especies.

La homosexualidad parece común entre mamíferos, aves, insectos…Especialistas de algunos zoológicos de USA, Japón y Alemania han documentado casos de pingüinos machos que copulan con otros machos, y que rechazan el apareamiento con las hembras de su especie. Investigadores de la Universidad Rikkyo en Tokio hallaron 20 parejas homosexuales en Japón como ejemplo de esta práctica.

Ya en 1927, Havelock Ellis hablaba de la masturbación en toros, cabras, ovejas, camellos y elefantes. Actualmente, la lista de especies animales que se masturban es demasiado larga para incluirla en este espacio.

Hay machos que han intentado aparearse con hembras humanas. Birute Goldikas comprobó cómo algunos orangutanes de Borneo se aproximaron a algunas mujeres con intenciones sexuales −a juzgar por las erecciones que presentaban en esos momentos−. El mismo tipo de comportamiento se ha observado en delfines.

Los zoólogos y biólogos diferencian entre monogamia social, sexual y genética. Así, son muy frecuentes las relaciones “extra-matrimoniales” en parejas monógamas. Según los investigadores David Barash y Judith Lipton, la promiscuidad es mayoritaria en los animales.
En su libro “El mito de la monogamia” afirman que, gracias a las técnicas de ADN, se han encontrado águilas, gansos, cisnes, gibones, castores y distintas especies de aves, hasta ahora consideradas monógamas, con padres distintos a los que las cuidaban desde el nacimiento. Por ejemplo, un estudio de 180 especies de pájaros cantores socialmente monógamos descubrió que sólo el 10% era sexualmente monógamo.

Las relaciones poligámicas también son muy frecuentes, y se producen en todas sus combinaciones posibles, como la poliandria (una hembra se relaciona con dos o más machos) o la poliginandria (dos o más machos con dos o más hembras).
La poliginia (un macho con dos o más hembras) es la poligamia más común entre vertebrados, y es por ejemplo el “estilo de vida” del ciervo, capaz de reunir a su alrededor un auténtico harén. No obstante, también hay espacio para la fidelidad absoluta: El albatros jamás vuelve a emparejarse si muere su pareja, al igual que la cigüeña blanca.

Y no todo es lujuria y desenfreno. Una especie de tortuga, por ejemplo, junta las patas si no desea aparearse. Si una delfín hembra no está dispuesta puede darle un golpe corto y seco en la cabeza o en el pene a su pretendiente. El “aquí te pillo y aquí te mato” tampoco es del agrado de la rana venenosa, que sólo cohabita debajo de un lecho de hojas, o de la hembra de un tipo de mosca que sólo satisface a su amante si ha ejecutado una danza nupcial con un velo hilado por él.

Y en ocasiones, el incesto es el único sistema de procreación en especies como conejos o ratas o chimpancés. Asimismo, también hay cabida para todo tipo de conductas maternales.
La adopción de cachorros por hembras o incluso por machos, y a veces de especies distintas. Los cocodrilos son los mejores padres, encargados de llevar con la boca a sus crías de una en una hasta el nido previamente fabricado por él. Incluso hay tortugas que dejan que el cocodrilo lleve a sus crías al nido. Por su parte, las manadas de elefantes asumen un duelo colectivo cuando alguna de ellas pierde una cría.

Los científicos no pueden afirmar de manera concluyente que los animales encuentran “placentero” el sexo Según Pilar Cristóbal, que acaba de publicar su octavo libro de ensayo “También los jabalíes se besan en la boca, y otras curiosidades sexuales del reino animal”, “cuando son conductas agresivas se tiende a generalizar a todos los individuos de la especie. Cuando son tiernas, solidarias, cariñosas, se dice que es ese ejemplar concreto. Nos da miedo atribuir a los animales conductas que entendemos sólo humanas”.
Las épocas de celo o periodos en los que las hembras están más mental y físicamente proclives al apareamiento, son comunes en muchas especies, aunque los comportamientos sexuales en estos animales también se producen fuera de estas épocas.

Por su parte, para demostrar que los animales tienen orgasmos, se han utilizado medidores para comprobar la aceleración de la respiración y del ritmo cardiaco. En cualquier caso, los científicos no pueden afirmar de manera concluyente que los animales encuentran “placentero” el sexo.

COMPARACIÓN ENTRE SEXUALIDAD HUMANA Y ANIMAL

Francisca Martín-Cano Abreu

Las dos características que diferencian profundamente la conducta sexual entre humanos y entre animales mamíferos, son la frecuencia de actos sexuales y la posibilidad de violencia sexual.
1. De forma que mientras que entre los humanos, las relaciones sexuales son muy frecuentes y reiteradas, característica que compartimos con otra especie animal: los bonobos, en la mayoría de especies animales las relaciones sexuales son inusuales.
2. y mientras que entre los animales no existe violencia sexual del macho sobre la hembra, en la especie humana existe en exclusiva la posibilidad de violencia sexual: el varón puede violar a la mujer.
En las diferentes especies animales no existe violación: el macho nunca se impone sexualmente a su posible pareja [y sirva de ejemplo la paciencia que ha de desplegar el pretendido rey de la selva: el león macho, para copular con la hembra, que sólo le permitirá la cópula tras reiterados intentos (para asegurar una adecuada calidad del semen) que puede durar horas].

PRIMERA DIFERENCIA DE LOS HUMANOS CON LOS OTROS MAMÍFEROS

Al comparar la conducta sexual entre humanos y la mayoría de especies de mamíferos, se descubre que la principal característica que las diferencia es que, mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy singular.
Esta posibilidad exagerada de relación sexual en la especie humana, es consecuencia de que la sexualidad femenina no dependa de las hormonas: la mujer está dispuesta a copular en cualquier momento del día y del mes, ya que no tiene relación con la ovulación. Las mujeres no tienen período de celo, su sexualidad no está determinada por las hormonas.

Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de “atleta sexual”, según referencia de la antropóloga Helen Fisher.Mientras que las hembras de las diferentes especies animales mamíferos, sólo están dispuestas a copular en el período definido para la procreación: en el estro anual (o mensual).
De forma que en ciertas especies salvajes, los machos sólo copulan una vez al año, en la época de apareamiento, cuando las hembras tienen el estro. Incluso la mayoría de los machos lo hacen aún menos, ya que las hembras sólo se aparean con el macho que haya vencido en la contienda con otros. Por lo que sólo los más aptos, en ciertos períodos de su vida, tienen relaciones sexuales.
Y entre los animales domésticos, ya se sabe la vida reservada a los sementales, y por tanto la limitada vida sexual del resto de los machos: sufren una total abstinencia sexual.

PRIMATES

Las hembras de los primates salvajes (a excepción de los bonobos, en los que pasa otra cosa), tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia que las de otros mamíferos. Ello se debe a que, cuando las hembras maduran, sólo aceptan al macho durante el período mensual de celo (salvo excepciones, ya que se ha visto copular a hembras de algunas especies fuera del período de celo, lo que evidencia que no depende totalmente de las hormonas).

Pero dado que la supervivencia ha asegurado, que tras la cópula venga el embarazo, y dado que durante el período de embarazo y de lactancia, que dura un par de años, la actividad sexual de las mamíferas se paraliza, no volverá a entrar en celo y por tanto a copular, hasta pasados dos o más años, tras el destete de su bebé.
Así, que sólo se aparean durante un breve período, cada dos o más años.Los machos primates podrían copular en los períodos mensuales de la actividad sexual de las hembras.
Pero dado que el número de hembras maduras de los grupos es limitado, y dado que son ellas las que llevan la iniciativa en la elección de parejas, muchos machos tienen limitada la posibilidad de aparearse. Incluso los machos de ciertas especies, no tienen demasiado interés por el coito.

El hecho de que la hembra sea libre de elegir a su pareja para aparearse, también evidencia que la relación sexual primate, no depende totalmente de las hormonas: la hembra es la que elige a las parejas sexuales, que no pueden imponerse por la fuerza, a pesar del dimorfismo (los machos son mucho más grandes).

El dominio del macho primate nunca sirve para imponerse sexualmente a la hembra, sino en presencia de alimentos.Respecto a la elección femenina de la pareja sexual implica, que los machos que ocupan una posición de dominio en la jerarquía dentro de un grupo, no tienen asegurado la cópula, la jerarquía no se ejerce en el campo sexual.
De ahí que los machos han de aplicarse en atraer y convencer a las hembras para que los dejen aparear. He visto en un vídeo de Shierley Strum, que los machos babuinos (los estudió en 1976 en el rancho Kekopey junto a Gigil, Kenia), gastan enorme energía en atraerse las simpatías y amistad de las hembras, para que les otorgue en el futuro, un favor sexual. Como ejemplifica la conducta de niñera de un babuino macho, para tener contenta a la madre.

HUMANOS

Y esa mayor frecuencia de la relación sexual entre humanos, respecto a los otros mamíferos, manifiesta que la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la de los animales mamíferos está vinculada a la fecundación, a la supervivencia, es instintiva y está bajo control hormonal y con la finalidad exclusiva de la procreación. En el caso de los primates superiores, aún estando la relación sexual vinculada a la supervivencia, se ha observado que no depende totalmente de las hormonas.

BONOBOS Y PLACER

De forma extraordinaria, existe una especie animal, en la que la conducta sexual no depende ni de las hormonas, ni tampoco está vinculada a la supervivencia, al igual en los humanos. Son los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos. En esta especie, Nancy Thompson-Handler fue la primera que lo observó (en Lomako, República de Zaire, entre el río Zaire y Kasai en la década de los años 80s), que la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que en la especie humana.

Los bonobos “nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros” hacen muchísimo el amor. Y lo hacen porque las hembras bonobos no presentan estro (igual que la mujer) y siempre están dispuestas a la cópula, a excepción del tabú madre-hijo.
Quizás los bonobos sean los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer, como los humanos aún hacen.
Los bonobos forman parejas esporádicas de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencia que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso fundamento biológico a la conducta sexual homosexual.
Y justo es la conducta sexual de los bonobos, la que da idea de la conducta sexual en los inicios de la cultura humana, ya que algo parecido debió ocurrir con nuestros remotos antepasados homínidos, de los que descendemos: la relación sexual de los prehomínidos sería similar al de los primates no humanos como los bonobos.

O sea que las conductas de los bonobos nos muestran el comportamiento sexual de nuestros antepasados: nuestras ancestras serían muy promiscuas y harían el amor en cualquier momento del año, sin tener en cuenta la ovulación y sin atenerse a la monogamia, y los varones no tendrían conocimiento de cuándo ocurría su paternidad real.

Diamond nos aporta la teoría de la antropóloga Sarah Hrdy, de la Universidad de California en Davis, que da apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas. En (1999, 105) resume a Hrdy y reflexiona sobre las ventajas de una hipotética hembra prehomínida promiscua con sucesivos consortes y el porqué un varón le ayudaría a alimentar su cría, a pesar de que no estuviese seguro de su paternidad, dada la promiscuidad de su pareja:

“Supongamos, entonces, que la hembra tiene ovulación oculta y constante receptividad sexual. Puede explotar estas ventajas para copular con muchos machos, aunque tenga que hacerlo incluso solapadamente, cuando su consorte no preste atención. Mientras que ningún macho puede estar seguro de su paternidad, muchos machos reconocen que podrían ser los padres de la eventual cría de la hembra.
Si más tarde uno de esos machos tiene éxito en ahuyentar al consorte de la madre y en conquistarla, evita matar a su cría porque podría ser la suya propia. Podría incluso ayudar a la cría con protección u otras formas de cuidado paternal.
La ovulación oculta de la madre serviría también para disminuir las peleas entre machos adultos dentro del grupo, puesto que cualquier copulación aislada no es muy probable que resulte en concepción, y de ahí que no merezca la penar luchar por ello.”…

“En resumen, Hrdy considera la ovulación oculta una adaptación evolutiva llevada a cabo por las hembras tendente a minimizar la gran amenaza para la supervivencia de su prole que suponían los machos adultos. Mientras que Alexander y Noonan veían la ovulación oculta como clarificación de la paternidad y refuerzo de la monogamia, Hrdy la contempla como algo que introduce un factor de confusión en la paternidad y que arruina la monogamia de manera efectiva.”

Tras estudiar numerosas especies de primates, llega a la conclusión de que es la teoría de la promiscuidad la que explica el sistema de apareamiento que condujo a la ovulación oculta femenina. Y así manifiesta en (1999, 119):
“En resumidas cuentas, todo se reduce a que la ovulación oculta ha cambiado repetidamente y de hecho ha invertido su función durante la historia evolutiva de los primates.”…
“En aquellos momentos, la ovulación oculta permitió que la mujer-simio ancestral distribuyese sus favores sexuales a muchos machos, ninguno de los cuales podía jurar que era el padre de su hijo, aun cuando cada uno de ellos sabía que podría serlo. En consecuencia, ninguno de esos machos potencialmente asesinos querían hacer daño al bebé de la mujer-simio, y algunos de hecho lo habrían protegido o habría ayudado a alimentarle.”

Aunque citemos a Hrdy para dar apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas, no estamos en absoluto de acuerdo con sus reflexiones.

SEGUNDA CARACTERÍSTICA: VIOLENCIA. CONDUCTA SEXUAL APRENDIDA

Decíamos con anterioridad que la conducta sexual humana da idea en los inicios de la cultura humana se parecería a la de los bonobos. Sin embargo, como cualquiera puede ver, existe hoy día en occidente absoluta discrepancia sexual humana con respecto a los bonobos: las relaciones homosexuales han estado reprimidas, así como la conducta sexual libre femenina (hasta que hoy día, los seres humanos estamos reivindicando y consiguiendo la libertad sexual total).

Además, hay comportamientos violentos del varón sobre la libertad sexual femenina, como es la violación, conducta que no aparece en los bonobos, ni en otros primates, ni en ninguna especie animal: no se da imposición sexual.
Ni tampoco existió en los estadios mas arcaicos humanos, como cualquiera puede constatar estudiando las características de las sociedades matrilineales, a pesar de la idea estereotipada que ha sido divulgada, que proyecta sobre la Prehistoria al varón imponiendo de forma brutal la relación sexual a mujeres maltratadas.
Siendo como es un mito machista totalmente inexacto.
Lo constatan los contemporáneos descubrimientos de la Etología y de la Arqueología, Sociología y Antropología de Género (es decir no androcéntrica / no machista, como lo han sido estas disciplinas hasta hace poco), en las que se basan para afirmar que: serían las mujeres las que elegirían a sus parejas sexuales, que no se podrían imponer por la fuerza, al igual que ocurre en todas las especies de primates, en las que son las hembras primates, las que eligen a sus parejas sexuales.
La violencia sexual del varón sobre la mujer, surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana.

Fue justo con el advenimiento de la revolución patriarcal, que se extendió por todo el universo, hace varios miles de años.
A partir de entonces se instauró el matrimonio (que se estableció hace varios miles de años en la civilización griega, sobre la que se ha cimentado nuestra actual civilización patriarcal, que arranca de ella y es el origen de que seamos de esta manera).

El matrimonio en Grecia, se generalizó en la época de Cecrops, aproximadamente en el 1er milenio aC.Tal hecho se narra en el mito de la lucha de la Diosa Atenea y Neptuno / Poseidón para dar nombre a la ciudad de Atenas, y a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal. Ganó Atenea.

Victoria de la Diosa que provocó la ira de Neptuno. Para calmarlo, Cecrops, padre de Atenea, tomó la decisión, según los autores de la Encicl. Espasa, Tomo 33 (1988, 100) de castigar a las mujeres: “… y entonces, para desagraviar al dios se impuso a las mujeres los siguientes tres castigos: a) se les quitó el derecho de votar; b) se prohibió que en adelante los hijos llevaran el nombre de sus madres (matrilinealidad), y c) despojarlas del título de ciudadanas, de manera que quedaran reducidas a ser meras esposas de los atenienses.”

A partir del castigo patriarcal los hijos llevarían el nombre de sus padres varones (patrilinealidad), lo que traduce la institución del matrimonio, de la herencia y de la familia patriarcal, establecido por primera vez entre los atenienses en época de Cecrops.
De forma que fue en Grecia donde tuvo su origen el matrimonio patriarcal de nuestra civilización occidental grecorromana.
En la civilización hindú o egipcia, tendría lugar en otra época.

Y en la civilización del pueblo mongol de Yunán, donde aún no existía el matrimonio al final del siglo XX, quizás se generalice el matrimonio patriarcal en el siglo XXI, por contacto con la civilización occidental (es una suposición, porque a lo “mejor” no sufre contaminación y la dejan subsistir en paz, sin que se iguale a los valores “civilizados” occidentales)].

Con la instauración de la institución del matrimonio, empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento. Y a partir de entonces, se fijó la conducta sexual adecuada de cada sexo y se enseñó de forma discriminativa las conductas sexuales. De forma que la conducta violenta sexual del varón es consecuencia del aprendizaje.

¿ TIENEN SENTIMIENTOS LOS ANIMALES?

En el zoo de Münster (alemania) vive una gorila que ha pasado varios días sin desprenderse del cuerpo sin vida de su bebé. Esta aparente muestra de sentimiento animal, y las impresionantes imágenes que muestran a la desesperada madre tratando de reanimar a su cría, han llamado la atención de medios de comunicación de todo el mundo y han desempolvado la vieja discusión sobre si los animales se emocionan como los seres humanos.

De lo que no dudan en el zoo alemán es que estos animales tienen y muestran sus sentimientos: “lo expresan en su rostro con un gesto parecido al nuestro”, afirma uno de los biólogos que cuidan a “gana”, nombre de la gorila.“Puede que llamarlo tristeza sea una manera de humanizarles, pero sólo así podemos entender su comportamiento ante la ausencia de una prueba empírica”, asegura el experto.

Conscientes de la muerte
El veterinario Gonzalo Fernández –director técnico de la empresa que gestiona del biopark de valencia y el zoo de Fuengirola– lo tiene claro: los grandes simios no sólo tienen sentimientos sino que son perfectamente conscientes de la vida y la muerte. “los homínidos [gorilas, orangutanes y chimpancés] sienten un afecto por sus crías más allá de lo hormonal y un cariño humano por sus compañeros de manada”, señala Fernández.

El veterinario, que lleva 20 años trabajando con estos animales, explica que lo ocurrido en Münster es bastante frecuente. “su comportamiento cambia al fallecer uno de ellos, y eso significa que entienden la muerte”, asegura. el biólogo cree que otros animales, como perros y gatos, también sienten la muerte de sus crías, pero las emociones de los homínidos se acercan más a las humanas: “los procesos son más complejos cuanto mayor es la inteligencia”, añade el experto.

Así lo cree también Enrique Sáez, biólogo y veterinario del zoo aquarium de Madrid. para él, la reacción de muchos animales ante la muerte de sus crías (dejar de comer, cargar con ellas o aislarse de la manada) implica que sienten su pérdida “y, probablemente, ese sentimiento sea muy parecido al nuestro”, afirma. “pero sería un grave error juzgar como acto de maldad que una gorila mate a su cría, porque no podemos extrapolar conceptos morales a la conducta animal”, sentencia.

También sienten empatía
Alegrarse por la suerte de otros, además, es algo que no sólo les ocurre a los humanos: también sucede entre primates. Así lo revela un estudio de investigadores del centro de investigación en primates yerkes de la universidad de Emory (EEUU), que muestra cómo a los monos capuchinos les satisface observar la felicidad de sus compañeros cuando éstos reciben comida, un comportamiento pro-social basado, según los investigadores, en la empatía.
Este trabajo, publicado en la revista Pnas, es por tanto uno más de los descubrimientos que muestran que, como asegura Fernández, “los animales son mucho más complejos de lo que creemos”.

Distintas reacciones ante la muerte

– cuando muere un miembro de la manada, los elefantes velan el cuerpo sin vida. A veces incluso se quedan con un pedazo de algún hueso del compañero que han perdido.
– los cetáceos (como las ballenas o los delfines) desplazan el cadáver y lo empujan para intentar mantenerlo a flote..
– las cebras, como otros muchos animales, huyen cuando uno de los miembros de su manada es asesinado, ya que temen perder también su vida.

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