Bulling, Indisciplina y humillaciones en escuelas argentinas. Opiniones de docentes y alumnos. Varios autores

ALUMNOS ARGENTINOS, LOS MÁS INDISCIPLINADOS

El último informe PISA arrojó que los estudiantes nacionales se encuentran últimos en la lista de buen comportamiento en clase. Japón, al tope del ranking.Los resultados del último informe PISA (Programa Internacional de Evaluación de Alumnos) no dejan de sorprender. A lo difundido la semana pasada, que consideró a la mitad de los alumnos argentinos de 15 años con deficiencias a la hora de comprender lo que leen, ahora se sumó otro dato alarmante: el país se encuentra último en disciplina dentro del aula.Los 75 países que participaron del estudio fueron analizados, entre otros aspectos, desde el punto de vista del comportamiento de los adolescentes en la escuela. Y los argentinos fueron los que más interrumpieron a los docentes durante las clases en 2009.

En el top ten de disciplina se encuentran siete países asiáticos y tres de Europa del Este. Estos son Japón, Kazajstán, Shanghai-China, Hong Kong-China, Rumania, Corea del Sur, Azerbaiyán, Tailandia, Albania y Rusia.

En tanto, entre los últimos se ubican varios países escandinavos, que son considerados en otros aspectos como ejemplos de calidad educativa. Los diez del final de la lista son Qatar, Túnez, Noruega, Chile, Luxemburo, Francia, Holanda, Finlandia, Grecia y

La  Argentina.

Los expertos, no obstante, señalaron que la mayoría de los alumnos mostraron avances a la hora de calificar su comportamiento en clase, si se comparan estos últimos registros con los de 2000.

Según indicaron, un factor clave en este cambio fue la mejora de la relación estudiante-docente, que permitió que el ambiente de clase fuese más amenos y fomentaran ambiente de aprendizaje.

LA HUMILLACIÓN ES HOY EL MAYOR PROBLEMA EN EL AULA

 

Lo asegura un informe de UNICEF basado en el testimonio de autoridades y estudiantes de escuelas secundarias de la Ciudad y el GBA. La discriminación entre estudiantes se da más en las privadas. Por Sibila Camps

Abusador y abusado en el aula:

Han Cometido algún abuso
Maltrato: 33%
Burla por característica física: 29,3
Negación a compartir una actividad: 21,8
Decir cosas que lastiman: 21

Han Sufrido algún abuso:
Burla por característica física: 18%
Comentario desagradable en público: 16,4
Negación a compartir una actividad: 10,2
Maltrato. 9,5
El 66% de los alumnos del secundario conoce sobre situaciones constantes de humillación, hostigamiento o ridiculización entre compañeros o compañeras.
Más que las agresiones físicas, éstos son los casos más frecuentes de violencia en las escuelas de la Ciudad y el conurbano bonaerense, según un estudio que presentó ayer UNICEF.
Se basó en una encuesta a 1.690 alumnas y alumnos de los tres años superiores del secundario, que concurren a 93 escuelas públicas y privadas, cuyos directivos fueron también entrevistados. Las preguntas se hicieron en relación con lo ocurrido durante 2009. La muestra es representativa de los más de 600.000 estudiantes de la Ciudad y el Gran Buenos Aires.

El trabajo desnuda prejuicios y derriba preconceptos. Mientras los directores de escuelas privadas creen que hay mayor conflictividad y violencia en el ámbito de las escuelas públicas – y lo mismo piensan los padres que costean los estudios de sus hijos –, los hechos demuestran otras realidades.En el nivel privado, el 13,2% de los chicos dice que más de una vez sus compañeros fueron crueles con él (en escuelas públicas, 4,3%); el 17,1%, que más de una vez dijeron en público cosas feas sobre él o ella (en públicas, 11,3%); el 15,1% que se burlaron por alguna característica física (12,9% en escuelas públicas).Además, “los chicos no tienen temor a manifestar si son ellos los agresores o forman parte de conductas violentas.Esto habla de un fuerte proceso de discriminación”, subraya Elena Duro, la especialista de UNICEF que coordinó la investigación. En las escuelas privadas, el 36,2% de los chicos admitió haber tratado mal más de una vez a un compañero, mientras que en las públicas es el 23,1%.
Las burlas por cuestiones étnicas, raciales o religiosas, por la vestimenta o la apariencia, también son más frecuentes en los colegios pagos, y por parte de adolescentes de nivel socioeducativo más alto.


En las escuelas del Estado, en cambio, según los chicos, hay más peleas con golpes entre alumnos (71,5%, frente al 69,3%), y también con más frecuencia. En cambio, cuando se compara entre escuelas de la Ciudad y del conurbano, son las primeras las que muestran mayores niveles de agresión física.
“La violencia abarca todo este cúmulo de manifestaciones – explica Duro –. Las secuelas son mucho más graves cuando hay humillación y maltrato constante, porque pueden afectar el aprendizaje”.
Si bien los porcentajes son bajos, son más los alumnos del conurbano que denuncian que habitualmente algún profesor les gritó de modo intimidante frente a los compañeros (7,5%, contra 3,8%).A la inversa, los chicos también reconocen haber impedido al docente dar clase (6,5% en forma habitual) o faltarle el respeto, y en mayor medida en colegios pagos.
También a nivel privado son muchos más los alumnos que confiesan haber roto material de la escuela, incluso habitualmente: casi 30%, frente al 12,7% en establecimientos públicos.
Algo similar ocurre cuando refieren haber sido víctimas de hurto en el colegio.
“Las escuelas de élite suelen encapsular los problemas de violencia, vandalismo y venta de drogas. Con mayor frecuencia los resuelven con la expulsión o la no renovación de la matrícula – señala la experta –.Habrá que ver qué está pasando en las escuelas privadas.
En las públicas se trabaja mucho con los docentes, y la participación de los alumnos es mayor”.Hay una gran brecha entre la percepción de violencia en la zona de la escuela, y la violencia existente en el propio establecimiento. El 52% de los alumnos considera que es un problema grave o muy grave en los colegios de la zona, pero sólo el 19,2% cree que lo es en la propia escuela.
Y sólo el 8,7% había sido víctima de un robo – en cualquier escenario – durante 2009.
Duro destacó “el porcentaje alto, llamativo y preocupante” de armas de fuego que los chicos dijeron haber visto que otros alumnos llevaron a la escuela: 8,1% en las públicas y 2,5% en las privadas.En materia de armas blancas, la cifra es algo mayor en los colegios pagos: 26,8%, frente a 24,8%. También alarma la accesibilidad de los alumnos al alcohol y a las drogas en la zona de la escuela, y más en las públicas que en las privadas.

Cuando se registra violencia escolar (propia en las relaciones interpersonales o de los conflictos específicos de la escuela), la falta de comunicación aparece como una de las causas, junto con la baja participación de los alumnos en la elaboración y el control de las normas de convivencia.

Otro motivo que los expertos detectaron como muy conflictivo es la mala calidad educativa: cuando el profesor prepara sus clases y enseña bien, y los alumnos sienten que aprenden, prácticamente no hay disputas.Elena Duro puso esta conclusión en un marco más amplio: el 40% de los alumnos de secundario del país tiene sobre-edad, lo que habla de “historias de fracaso reiterado, y bajísimos niveles de autoestima”.


Otro factor de violencia, según coinciden estudiantes y docentes, es la ausencia de gestión , es decir, la falta de liderazgo por parte de los directivos de la escuela. Los mismos alumnos (un 60%) plantean la necesidad de límites. Además, 6 de cada 10 directores ignoran que existen programas de prevención de violencia y de prevención de adicciones.
 
CÓMO VEN LOS ESTUDIANTES A LOS PROFESORES

Falta de autoridad. Los estudiantes entrevistados por Unicef dicen que la tirantez del vínculo con los profesores se da por varias razones: una de ellas es la tendencia de los docentes a trasladar los asuntos de su vida privada al ámbito escolar o, también, al intentar generar complicidad con los alumnos. Así, los roles se desdibujan, lo que causa fastidio entre los adolescentes.
Intolerancia. Otra característica es que los encuentran malhumorados e intolerantes, lo que provoca que el maltrato sea una manera naturalizada de relacionarse entre docentes y alumnos. “Es difícil la relación con los docentes. Se piensan que son profesores y quieren hacer lo que quieren. Con el poder te aprietan y no es así”, afirma una alumna bonaerense de escuela privada.Cansancio. Perciben que para los docentes el colegio es más un espacio hostil que amigable. Los observan cansados y desbordados por la conducta transgresora o desobediente de los alumnos. Y en este sentido, reconocen cierta gratificación en demostrar rebeldía o maltratar a algunos docentes y preceptores. También reconocen que hay profesores que saben imponer su autoridad y lograr una relación respetuosa. “Todos sabemos a qué profesor molestar y a cuál no”, dice una alumna de una escuela privada porteña.


CÓMO VEN LOS PROFESORES A LOS ESTUDIANTES

Falta de integración. Las opiniones están divididas al momento de definir a la escuela como un espacio hostil para los alumnos. Los docentes de gestión pública de la Ciudad creen que la escuela es más bien un espacio amigable y que sólo aquellos alumnos que no logran integrarse o no dan con la escuela adecuada pueden sentir hostilidad. “Eso lo puede exclamar un chico que no se integra. Un marginal”. “Por ahí no es la escuela justa”.

Hostilidad. El resto de los grupos docentes consultados por Unicef creen que la escuela puede ser hostil para los alumnos por situaciones de discriminación, peleas y límites que tienen que respetar: se concentran varias de las tensiones de la vida escolar. “El tipo que quiere venir a joder, vos le pones límites y sí, va a ser hostil”, dice un profesor de una escuela privada porteña.
Otro agrega: “Discriminación, donde estoy yo una chica boliviana estaba en primer año, pobrecita sufría. Se resolvió con el departamento de psicología y los grupos que discriminaban tuvieron que entender qué era convivir con todo tipo de gente”.

Ayer y hoy. “La diferencia que hay ahora es que son cinco contra uno, en la época nuestra se agarraban a piñas uno contra uno. Es otro tipo de agresión y no hay nadie que ponga un límite”, agregan.

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