Visión integral del ser humano. Ideas de “Teoría del Todo” de K Kilber

VISIÓN INTEGRAL DEL SER HUMANO.

IDEAS CENTRALES DE “LA TEORÍA DEL TODO “ de Wilber Ken

En este artículo ofrezco algunas ideas centrales del extenso libro “Teoría del Todo” de Kilber Ken (autor muy conocido por sus escritos de psicología integral y espiritualidad) referidas a una visión integral del ser humano y, por lo tanto, de consecuencias importantes para el desarrollo de la educación y de la salud integral.
Los textos respetan la traducción original con algunos arreglos para una mejor comprensión del público iberoamericano que desconoce a este importante autor. También los subrayados son míos.

En nuestra página web ofrecemos otros modelos similares como el de Edgard Morin y el mío propio, con muchos puntos en común y algunas diferencias.

Importante tener en cuenta que no existe un único modelo de holismo integral y todos estos “modelos” son aproximaciones para descubrir y entender ese “TODO” (holos) que es el ser humano (conciencia, interioridad, cerebro, psiquis, sentimientos, acción, espíritu) íntimamente relacionado con el Cosmos, los seres biológicos y toda la humanidad. Lic. Santos Benetti.

1. Visión integral

Una verdadera visión o teoría integral del ser humano debería incluir el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu tal y como se nos presentan en su despliegue a través del yo, la cultura y la naturaleza. Debería tratarse de una visión comprehensiva, equilibrada e inclusiva, una visión que abrazase la ciencia, el arte y la ética, una visión que englobase todas las disciplinas (desde la física hasta la espiritualidad, la biología, la estética, la sociología y la oración contemplativa) y se expresase a través de una política integral, una medicina integral, una educación integral, una espiritualidad integral…

El término integral significa reunir, unir, relacionar, abrazar, pero no en el sentido de uniformar o eliminar las fecun­das diferencias, matices y tonalidades que colorean nuestra plu­ral humanidad, sino para llegar a reconocer la unidad-en-la-di­versidad y tener así en cuenta tanto los factores comunes que compartimos como las diferencias que nos enriquecen. Y lo di­cho no sólo es aplicable exclusivamente a la humanidad, sino al Kosmos en general, ya que debemos encontrar una visión más comprehensiva en la que quepan tanto el arte como la ética, la ciencia y la religión y no pretenda reducirlo todo a un fragmento favorito del gran pastel kósmico.

Cultura del narcisismo y cultura de la integralidad
Como cualquier otra, la generación posmoderna de los sesenta y siguientes (llamados los baby boomer) tie­ne sus ventajas y sus inconvenientes.

Entre las ventajas cabe destacar una vitalidad, creatividad e idealismo extraordinarios, amén de una gran disposición a experimentar con nuevas ideas que trascienden los valores tradicionales. Algunos observadores sociales la han considerado como una “generación del despertar”, algo que se evidencia por una extraordinaria creativi­dad que se expresa en todos los campos, desde la música hasta la informática, la actividad política, los estilos de vida, la sensibili­dad ecológica y los derechos civiles y, en mi opinión, creo que hay mucha verdad y bondad en todos esos esfuerzos.

Entre sus debilidades, se cuenta una buena dosis de individualismo y narcisismo, tanto que muchas personas asienten con la cabeza en cuanto oyen mencionar el término “generación del yo”.Mi generación, pues, tiñe de una extraña mezcla de generosi­dad y narcisismo casi todo lo que hacemos…

La tesis es tan sencilla que puede formularse en una sola frase: la cultura del narcisismo se opone a cualquier visión integral (por el simple hecho de que el yo narcisista y aislado se resiste a la relación). Así es como surge nuestra pregunta: ¿Se halla el mundo en condiciones de admi­tir la posibilidad siquiera de una visión integral? y, en caso con­trario, ¿qué es lo que se lo impide?…

2. Un modelo integrador

Actualmente existen varios modelos de integralidad total, que tienen grandes semejanzas entre sí.Permítaseme ejemplificar este punto con el modelo denomi­nado Spiral Dynamics (basado en la obra pionera de Clare Graves), modelo transdisciplinario bio-psico-socio-cultural diseñado para la transformación cultural y la gestión integral basada en valores que aborda desde las llamadas “teorías” de la complejidad el desarrollo de la humanidad , un sistema profundo y muy sofisticado del desa­rrollo humano que la investigación subsiguiente no sólo no ha re­futado sino que ha seguido corroborando y perfeccionando.

«Lo que propongo, dicho en dos palabras, es que el psiquismo del ser humano maduro atraviesa un proceso de desarrollo emergente y espiralado que se ve jalonado por la progresiva subordinación de las conductas más rudimentarias e infraordenadas a nuevas con­ductas supraordenadas, al tiempo que van transformándose los problemas existenciales que le aquejan.

Cada uno de los estadios, olas o niveles de la existencia sucesivos constituye así un estado que la persona atraviesa en su camino hacia otros estados de ser. Cuando el ser humano se halla centrado en un determinado esta­do de la existencia, es decir, cuando el centro de gravedad del yo gira en torno a un determinado nivel de conciencia, todo su mun­do psicológico -es decir, sus sentimientos, sus motivaciones, su ética, sus valores, su sistema de creencias, su visión acerca de la salud y de la enfermedad mental, así como del modo más adecua­do de tratarla, sus concepciones y preferencias en torno a la ges­tión empresarial, la educación, la economía y la teoría y práctica política- asume también el aspecto propio de ese estado.»

Tal vez convenga señalar que esta investigación constituye una especie de correlato psicológico del proyecto del genoma hu­mano (el proyecto que se ocupa de cartografiar científicamente todos los genes del ADN humano) a la que bien podríamos deno­minar proyecto de la conciencia humana.
Su objetivo, pues, con­siste en llevar a cabo un proceso de cartografiado intercultural de todos los estados, estructuras, memes, tipos, niveles, estadios y olas de la conciencia humana  que com­plemente estos hallazgos con los resultados obtenidos en las di­mensiones físicas, biológicas, culturales y espirituales. a y la teoría y práctica política- asume también el aspecto propio de ese estado.Como veremos en un momento, Graves esbozó la existencia de unos ocho grandes “niveles u olas de la existencia humana”…

La Spiral Dynamics considera que el desarrollo humano pro­cede a través de ocho niveles de conciencia o estadios generales (a los que también deno­mina memes), a los que se asigna un color,  que no son niveles rígidos, sino olas fluidas, solapadas e interrelacionadas que dan lugar a la compleja dinámica espiral del desarrollo de la conciencia…

Los seis primeros niveles son “niveles de subsistencia” y están marcados por lo que Graves denomina “el pensa­miento de primer grado”.
Luego tiene lugar una revolucio­naria transformación en la conciencia que implica la emer­gencia de los “niveles de ser” y del “pensamiento de segundo grado”, del cual hay dos grandes olas. Veamos ahora una breve descripción de las ocho olas, del porcen­taje aproximado de población mundial que se halla en cada una de ellas y de la tasa de poder social de la que goza”

1. Beige: Arcaico-instintivo.
Se trata del nivel de la su­pervivencia básica, un nivel en el que resultan prioritarios el alimento, el agua, el calor, el sexo y la seguridad y en el que la supervivencia depende de los hábitos y de los ins­tintos. Apenas si existe yo, diferenciado y la perpetuación de la vida requiere de la agrupación en pequeños grupos u  hordas de supervi­vencia.
Se halla presente, por ejemplo, en las primeras sociedades humanas, en los recién nacidos, los que vagabundean por las calles y las masas hambrientas. (Porcentaje aproximado de la población adulta que se ha­lla en este nivel: 0,1 %. Tasa de poder que posee: 0%.)

2. Púrpura: Mágico-animístico.
Está determinado por el pensamiento animista y por una extrema polarización entre el bien y el mal. Los espíritus mágicos pueblan la tierra y a ellos hay que supeditarse apelando a todo tipo de bendicio­nes, maldiciones y hechizos. Se agrupa en tribus étnicas. El espíritu mora en los ancestros y es el que cohesiona a la tri­bu.
Los vínculos políticos están determinados por el paren­tesco y el linaje. Se halla presente en la maldición vudú, los juramentos de sangre, el rencor, los encantamientos, los rituales fami­liares, las creencias y las supersticiones mágicas de la et­nia. Fuertemente implantado en  asentamientos del Ter­cer Mundo, las bandas, ciertos equipos deportivos y las tribus. (10% de la población, 1% del poder.)

3. Rojo: Dioses de poder.
Comienzo de la emergencia de un yo ajeno a la tribu: poderoso, impulsivo, egocéntri­co y heroico. Espíritus míticos, dragones, bestias y perso­nas poderosas. Los señores feudales protegen a sus subor­dinados a cambio de obediencia y trabajo. Fundamento de los imperios feudales (el poder y la gloria).
El mundo se presenta como una jungla llena de amenazas y de todo tipo de predadores. Dominantes y dominados.
El yo campa a sus anchas sin cortapisas de ningún tipo.
Se halla presente en el rebelde sin causa, la mentalidad fronteriza, los reinos feudales, los héroes épicos, los líde­res de las bandas, los malvados de las películas de James Bond, los mercenarios, las estrellas del rock, etc.. (20 % de la población y 5% del poder.)

4. Azul: Orden mítico.
La vida tiene un sentido, una di­rección, un objetivo y un orden impuesto por un Otro to­dopoderoso. Este orden impone un código de conducta ba­sado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está “bien” y de lo que está “mal”.
El acatamiento de ese códi­go y de esas reglas se ve recompensado, mientras que su violación, por el contrario, tiene repercusiones muy graves y duraderas. Fundamento de las antiguas naciones. Jerar­quías sociales rígidas y paternalistas, sólo hay un modo correcto de pensar.
Ley y orden, control de la impulsividad a través de la culpa, creencias literales y fundamentalistas y obediencia a una ley impuesta por un Otro fuertemente convencional y conformista.

Generalmente asume un aspecto “religioso” o “mítico” [en el sentido mítico-pertenencia, motivo por el cual Graves y Beck se refieren a él como ni­vel “santo/absolutista”], aunque también puede asumir el aspecto de un Orden, Movimiento o de una misión secular o atea.Se halla presente en la América e Inglaterra puritanas, en la China confuciana, en los códigos de honor de la caballería, en los fundamentalismos cristianos e islámicos, en el patriotismo nacionalista, y en general en las grandes religiones (40% de la población y 30% del poder.)

5. Naranja: Logro científico.
En esta ola, el yo “esca­pa” de la “mentalidad del rebaño” y busca la verdad y el significado en términos individuales. Es un nivel hipo­tético-deductivo, experimental, objetivo, mecánico y ope­rativo, o lo que es lo mismo, nivel científico.
El mundo se pre­senta como una maquinaria racional bien engrasada que funciona siguiendo leyes naturales que pueden ser apren­didas, dominadas y manipuladas en propio beneficio. Muy orientada hacia objetivos  pragmáticos y hacia el beneficio material.

Las leyes de la ciencia gobiernan la política, la economía y los asuntos humanos. El mundo se presenta como una especie de tablero de aje­drez en el que destacan los ganadores. Alianzas comercia­les y explotación de los recursos de la Tierra en beneficio propio. Fundamento de las sociedades de estados modernos.

Se halla presente en el colonialismo, la guerra fría, el materialismo y el liberalismo centrado en uno mismo, en Wall Street, la Costa Azul, la clase media emergente de todo del mundo, la industria de la moda y de la cosmética, la búsqueda del triunfo y del éxito material y de la fama como ideal supremo. (30% de la población y 50% del poder.)

6. Verde: El Yo sensible.
Centrado en la comunidad, en la relación entre los seres humanos, en las redes y en la sen­sibilidad ecológica. El espíritu humano debe ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra y la vida.
Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a las jerarquías. Yo perme­able y relacional centrado en redes. Ënfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos).

Toma de decisiones sustentada en la conci­liación y el consenso (desventaja: dilación “interminable” del proceso de toma de decisiones). Presta atención a la es­piritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano.
Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción social de la reali­dad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativiza­ción de los valores, una visión del mundo a la que habi­tualmente se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no line­al; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes.

Se halla presente en la ecología profunda, los derechos humanos, el idealismo, en terapias humanistas y alternativas, el cuidado integral por la salud, la psicología humanis­ta, la Teología de la Liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, Greenpeace, el eco­-feminismo, el postcolonialismo, lo polí­ticamente correcto, los movimientos en pro de la diversi­dad, los derechos de los animales y la ecopsicología. (10% de la población y 15% del poder.)

Con la actualización de la etapa verde, la conciencia humana experimenta un verdadero salto cuántico hacia “el pensamiento de segundo grado”, un salto que Clare Graves califica de “avan­ce trascendental” que permite “llegar a profundidades de signifi­cado anteriormente insondables”.

Dicho en dos palabras, con la emergencia de la conciencia del segundo grado, el ser humano puede pensar tanto vertical como horizontalmente, con lo cual puede abarcar, por vez primera, el espectro completo del desarrollo in­terno y advertir la importancia crucial que tiene cada nivel, y cada ola en la integralidad (holismo) de todo el proceso espiral del desarrollo.

Así pues, cada ola o etapa superior “trasciende e incluye” a sus pre­decesoras, lo cual quiere decir que va más allá de ellas (las tras­ciende), al tiempo que las engloba en su misma estructura (las in­cluye).
En la evolución cada etapa no abandona la anterior sino que la incluye y la trasciende, y esto sucede tanto a nivel biológico (el hombre racional no deja de ser animal) como cultural (siempre está presente, por ejemplo, el primer nivel de supervivencia)

Una célula, por ejemplo, trasciende pero incluye a las moléculas que, a su vez, trascienden pero incluyen a los átomos. Decir que una molécula trasciende a un átomo no es decir que las moléculas odien a los átomos, sino que los aman, los incluyen en su propio entramado, los abrazan, no los marginan.

Por ello cada ola de la existencia constituye un ingrediente esencial de todas las olas subsiguientes, y todas deben ser, en consecuencia, ade­cuadamente respetadas e incluidas.

Además, cada una de las olas puede verse activada o reactiva­da en respuesta a distintas circunstancias que nos depara la vida. Así, las situaciones de emergencia estimulan los impulsos rojos del poder; el caos reactiva la necesidad azul del orden; la bús­queda de un nuevo trabajo incentiva los impulsos naranja del lo­gro, mientras que el matrimonio y la amistad ponen en marcha la ola verde de la intimidad. Todos los niveles, pues, aportan algo sumamen­te importante.

Lo que ninguno de esos niveles puede hacer, no obstante, es darse plena cuenta de la existencia del resto de los otros niveles.
En consecuencia, cada uno de los niveles del primer grado considera que su visión del mundo es la única adecuada y, por tanto, reacciona negativamente cada vez que se siente amenazado. Por ello también el nivel azul del orden se siente muy incómodo con la impulsividad roja y con el individualismo naranja, y el naranja del logro considera que el orden azul es cosa de personas muy rígidas y que la vinculación propia del verde es cues­tión de gente muy blanda.
El igualitarismo del nivel verde, por su parte, no admite fácilmente la excelencia, el ordenamiento jerár­quico de valores, las grandes imágenes ni nada que pueda parecer “autoritario” y por ello también suele reaccionar con mucha viru­lencia en contra del nivel azul, del naranja y de cualquier otro nivel posterior al verde.

Este estado de cosas empieza a cambiar con la emergencia del “pensamiento de segundo grado”, una modalidad plenamente consciente de los estadios interiores del desarrollo que permite mirar hacia atrás y asumir una visión más global.
Por ello el pensa­miento de segundo grado reconoce y comprende el papel que de­sempeñan -y, en consecuencia, la necesidad- del resto de los niveles o memes. Por esta razón la conciencia de segundo grado no sólo piensa en términos de un determinado nivel sino de la espiral completa de la existencia.

Así, cuando el nivel verde comienza a aprehender los mu­chos y muy diversos sistemas y contextos que existen en las di­ferentes culturas, entonces este pensamiento de segundo grado, que no en vano es conocido también con el nombre de “nivel sensible” (es decir, sensible a la marginación de los demás) va un paso más allá y, al advertir los ricos contextos que vinculan estos sistemas plurales, comienza a integrar los sistemas separados en espirales y holoarquías integrales y holísticas.
El pensamiento de segundo grado, dicho en otras palabras, resulta útil para pasar del relati­vismo cultural al holismo o, lo que es lo mismo, del pluralismo al inte­gralismo. La extraordinaria investigación llevada a cabo por Graves, Beck y Cowan señala que la conciencia integral de segundo gra­do se despliega, al menos, a través de otras dos grandes olas:

7. Amarillo: Integrador.
La vida se presenta como un ca­leidoscopio de jerarquías [holoarquías], sistemas y formas naturales cuya prioridad principal gira en tomo a la flexibi­lidad, la espontaneidad y la funcionalidad. Las diferencias y las pluralidades pueden integrarse naturalmente en corrien­tes interdependientes.
El igualitarismo puede complemen­tarse, cuando es necesario, con grados naturales de ordena­miento y excelencia, con lo cual el rango, el poder, el estado y la dependencia del grupo se ven reemplazados por el co­nocimiento y la idoneidad.
El orden mundial prevalente es el resultado de la existencia de diferentes niveles de realidad (memes) y de las inexorables pautas del movimiento de as­censo y descenso en la espiral dinámica.
El gobierno ade­cuado facilita la emergencia de entidades pertenecientes a niveles de complejidad cada vez mayor (jerarquía anidada). (1% de la población y 5% del poder.)

8. Turquesa: Holístico.
Sistema holístico universal, ho­lones/olas de energías integrativas; integra el sentimiento y el conocimiento y los múltiples niveles entrelazados en un sistema consciente. Orden universal consciente y vivo que no se basa en reglas externas (azul) ni en lazos grupa­les (verde).
Tanto teórica como prácticamente, es posible una “gran unificación” desde una visión o teoría del Todo.Hay ocasiones en que desencadena la emergencia de una nueva espiritualidad que engloba la totalidad de la existencia.
El pensamiento turquesa utiliza todos los niveles de la espiral, advierte la interacción existente entre múltiples niveles y detecta los armónicos, como también las fuerzas místicas y los estados de flujo que impregnan cualquier organización. (1% de la población, 1 % del poder.)

Con menos del 2 % de la población en el pensamiento de se­gundo grado, el pensa­miento de segundo grado es relativamente raro hoy en día y constituye una auténtica “vanguardia” de la evolución colectiva del ser humano.

Beck y Cowan ilustran este tipo de conciencia con ítems que van desde la noosfera de Teilhard de Chardin has­ta la emergencia y expansión de la psicología transpersonal, las teorías del caos y de la complejidad, el pensamiento sistémico integral-holístico, las integraciones pluralistas de Gandhi y Man­dela afirmando con toda claridad que se halla en marcha un pro­ceso de actualización de niveles todavía más elevados…

En nuestra página web también presentamos los trabajos, por ejemplo, de Edgard Morin y mi propia visión integral del hombre como ser cósmico, biológico, racional y social.

3. El salto a la conciencia de segundo grado

Pero la emergencia del pensa­miento de segundo grado debe vencer la resistencia que le ofrece el pensamiento de primer grado. De hecho, existe incluso una versión del nivel verde postmoderno (abiertamente pluralista y relativista) que se muestra francamente refractario a la emergencia de un pensamiento más integrador y holístico…

En consecuencia, por ejemplo, el materialismo científico (naranja) se muestra violentamente reduccionista con los constructos de segundo grado y trata de re­ducir todos los estadios interiores a fuegos artificiales neuronales objetivos; el fundamentalismo mítico (azul), por su parte, suele sentirse ultrajado, con lo que muy a menudo considera como un intento por derribar su Orden establecido; el egocentrismo (rojo) ignora por completo el pensamiento de segundo grado; la magia (púrpura) lo maldice, y el verde, por su parte, acusa a la conciencia de segundo grado de integrar niveles que considera definitivamente superados.

Desde esta perspectiva, el proceso entero del desarrollo humano puede ser considerado como una disminu­ción progresiva del egocentrismo.­
El desarrollo, en gran medida, supone una expansión de la conciencia y una disminución correlativa del narcisismo, que va acompañada de la capacidad de tener en cuenta -y, en conse­cuencia, de expandir la conciencia- hasta llegar a abarcar a otras personas, lugares y cosas…

La filósofa feminista Carol Gilligan, por ejemplo, descubrió que el desarrollo moral de las mujeres atraviesa tres grandes es­tadios generales a los que denomina egoísta, respeto y respeto universal, en cada uno de los cuales se amplía el círculo del res­peto y la compasión al tiempo que diminuye el egocentrismo.
Al comienzo, la niña se halla fundamentalmente preocupada por sí misma, luego comienza a preocuparse también por los demás (habitualmente su familia y sus amigos) y, finalmente, puede ex­pandir su preocupación y buenos deseos a toda la humanidad (y asumir así un abrazo más integral).
Y hay que decir que cada nue­vo paso hacia adelante en ese proceso no significa que uno deje de preocuparse por sí mismo, sino tan sólo que cada vez incluye más a los demás, por quienes llega también a sentir una preocu­pación y una compasión genuinas.

Digamos también, incidentalmente, en este mismo sentido, que los varones atraviesan estos mismos tres estadios generales aunque -según Gilligan- enfatizan más los derechos y la justi­cia que el respeto y la relación. Gilligan opina que, después del tercer estadio, ambos sexos pueden pasar por un cuarto estadio de integración que contrarresta esta tendencia, de modo que, en el estadio integral-universal, tanto los hombres como las mujeres integran las facetas masculinas y femeninas unificando así la jus­ticia y la compasión.

– Estos tres estadios generales son comunes a la mayor parte de las facetas del desarrollo y son conocidos con nombres muy di­versos, como preconvencional, convencional y postconvencio­nal; egocéntrico, sociocéntrico y mundicéntrico, o “yo”, “noso­tros” y “todos nosotros”.

a- El estadio egoísta suele denominarse preconvencional, porque el niño pequeño todavía no ha aprendido las reglas y roles conven­cionales o, dicho en otras palabras, porque todavía no se ha socia­lizado. No puede asumir el papel de los demás y, en consecuencia, tampoco puede experimentar un respeto y una compasión genui­nos.
Precisamente por esto sigue siendo egocéntrico, egoísta, nar­cisista, etc., lo cual no significa que no experimente ningún tipo de sentimientos hacia los demás, ni que sea completamente amoral, sino tan sólo que, comparado con los estadios posteriores del de­sarrollo, sus sentimientos y su moral se hallan todavía fuertemente anclados en los impulsos, los instintos y las necesidades fisiológi­cas.

b- En tomo a los 6 o 7 años de edad, aproximadamente, tiene lu­gar un cambio muy profundo en la conciencia y el niño comien­za a estar en condiciones de asumir el papel de los demás.
Dicho en otros términos, el niño de pocos años no ha desarro­llado todavía la capacidad cognitiva que le permita salir de su propia piel y colocarse provisionalmente en la piel de otro y, en consecuencia, nunca entenderá realmente su perspectiva, nunca le comprenderá y por lo tanto no será posible el reconocimiento mutuo.
Mal podrá, en tal caso, respetar su punto de vista (por más que emocionalmente puede amarle). Pero todo eso comienza a cambiar con la emergencia de la capacidad de asumir el papel de los demás, un avance denomi­nado “desde el estadio egoísta al del respeto”  (Gilligan).

El estadio del respeto es conocido también con los nombres de convencional, conformista, etnocéntrico y so­ciocéntrico, formas diferentes, todas ellas, de decir centrado en el grupo (ya sea la familia, el grupo de pares, la tribu o la nación).
En tal caso, el niño sale de su propia perspectiva limitada y empieza a compartir las visiones y perspectivas de los demás, hasta el pun­to de quedar muy a menudo atrapado en la perspectiva de éstos (de ahí el término conformista).

Este estadio suele ser conocido también como el estadio del “niño bueno” o la “niña buena”, “mi patria”, “esté en lo cierto o esté equivocada”, etc., reflejando, de ese modo, la intensa conformidad, presión de los pares y autoridad del grupo que normalmente le acompañan. Por otra parte, aunque el individuo que se halle en este estadio pueda salir, hasta cierto punto, de su propio punto de vista, no puede hacer lo mismo con la perspectiva del grupo. Ha pasado del “yo” al “nosotros” -y ex­perimentado, por tanto, una mengua del egocentrismo- pero toda­vía se halla atrapado en el “mi patria, en lo cierto o equi­vocado”.

c- Esta situación empieza a cambiar en la adolescencia, con la emergencia de la conciencia postconvencional y mundi-céntrica (el respeto universal de Gilligan), otro gran paso hacia delante en el proceso de disminución del egocentrismo porque, en esta oca­sión, es el grupo de pares el que se pone en cuestión.
¿Qué es lo correcto y justo, no sólo para mí, mi tribu o mi nación, sino para todos los seres humanos, independientemente de raza, religión, sexo o credo?

Éste es el momento en que el adolescente puede convertirse en un apasionado idealista, un cruzado de la justicia o un revolucionario dispuesto a poner al mundo patas arriba. Y aunque parte de esta situación se deba simplemente a un cambio hormonal, también tiene que ver con la emergencia del estadio del respeto, la justicia y la ecuanimidad universal que jalona el comienzo de la posibilidad de desarrollar un abrazo auténtica­mente integral.

Resumiendo, pues, en la medida en que el proceso de desa­rrollo avanza desde lo preconvencional a lo convencional y, pos­teriormente, hasta lo post-convencional (o, lo que es lo mismo, desde lo egocéntrico a lo etnocéntrico y, posteriormente, hasta lo mundicéntrico), el peso del narcisismo y del egocentrismo va disminuyendo de forma lenta pero segura.
En lugar de tratar al mundo (y a los demás) como una mera extensión del propio yo, el adulto maduro de la conciencia postconvencional trata al mun­do en sus propios términos, como un yo individualizado en una comunidad de otros yoes individualizados entre los cuales existe un respeto y un reconocimiento mutuo.

La espiral del desarrollo es, dicho en otras palabras, una espiral de compasión que se ex­pande desde el “yo” al “nosotros” y, posteriormente, hasta el “to­dos nosotros”, abriéndose cada vez más a un abrazo realmente integral…

4. Jerarquías de desarrollo versus jerarquías de dominio

Gran parte de esta confusión por abrirse a los últimos niveles de integración se origina en una erró­nea comprensión del término jerarquía y del papel que desempe­ña en el proceso de desarrollo natural.
Veamos ahora, para acla­rar este punto, cómo contempla cada uno de los niveles la noción de jerarquía.

El púrpura (mágico) reconoce la existencia de muy pocas jerarquías porque, es preformal y preconvencional.
El rojo (poder egocéntrico) reconoce las jerarquías que dependen de la fuerza bruta (fundamento de los imperios feudales).
El azul (orden mítico) reconoce nume­rosas y muy rígidas jerarquías sociales, como el sistema de cas­tas hereditarias, las jerarquías de la Religión (Iglesia) y la marca­da estratificación social de los imperios feudales y las naciones tempranas.
El naranja (logro individual) erosiona decisi­vamente las jerarquías azules en nombre de la libertad individual y de la igualdad de oportunidades, afirmando en todo caso la jerarquía del mérito personal y de la excelencia.
El nivel verde (comunitario, social), en general ataca o recela de  todo tipo tradicional de jerarquía, sospechosa de ser aliada de la opresión social.

Con la emergencia del pensamiento de segundo grado, sin embargo, las jerarquías resurgen de nuevo, pero esta vez de un modo más amable y anidado.
Se trata de jerarquías anidadas -que también se denominan jerarquías del desarrollo- como la que va desde los átomos hasta las moléculas, las células, los or­ganismos, los ecosistemas, la biosfera y el universo.
Cada una de esas unidades, no importa lo “humilde” que sea, es absolutamen­te crucial para la secuencia entera: destruya los átomos y acaba­rá simultáneamente con las moléculas, las células, los ecosiste­mas, etc.

Al mismo tiempo, cada ola superior envuelve y engloba a sus predecesoras -los ecosistemas contienen organismos que, a su vez, contienen células que, a su vez, contienen molécula-, en un proceso de desarrollo que es, al mismo tiempo, envolvente.
Por ello cada ola es cada vez más inclusiva, más abarcadora y más integral y, simultáneamente, menos marginadora, menos ex­clusivista y menos opresiva. (Cada ola sucesiva “trasciende a la vez que incluye”, es decir, trasciende su propia estrechez para in­cluir a las demás.) Como ocurre con los procesos de crecimiento naturales, la misma espiral del desarrollo constituye una jerar­quía anidada, una jerarquía del desarrollo….

Resumiendo, las jerarquías de desarrollo inte­gran los fragmentos, convierten los montones en totalidades y transforman la alienación en cooperación.

5. La transformación integral

Parece, pues, que entre el 1 y el 2% de la población mundial se halla en un estadio integral propio del pensamiento de segundo grado, pero que cerca del 20% está en el nivel verde, a punto de experimentar la transformación integral a la que Clare Graves ha calificado de auténtico “salto cuántico”.

¿Cuáles son las condiciones que pueden fomentar esa trans­formación?
Los teóricos del desarrollo han aislado decenas de factores que contribuyen a esta transformación vertical. Desde mi punto de vista, no obstante, para que realmente se produzca la transforma­ción deben hallarse presentes varios factores procedentes de di­ferentes dimensiones.

Digamos, para comenzar, que el individuo debe poseer una estructura orgánica (lo cual incluye una estructura cerebral) que pueda soportar esa transformación, un requisito que no suele su­poner ningún tipo de problema porque, a esta altura de la evolu­ción, la mayor parte de los individuos poseen las condiciones biológicas necesarias para soportar una conciencia integral.

Pero el sustrato cultural también debe estar en condiciones de sustentar tal transformación o, en el peor de los casos, de no opo­nerse a ella. Tal vez, hace treinta años, este requisito hubiera su­puesto un auténtico problema, pero son muchos los indicadores que parecen señalar que, en la actualidad, existe una predisposi­ción cultural hacia un abrazo más integral.

Debemos damos cuen­ta de que la globalización de las comunicaciones ha abierto la puerta a la posibilidad de una conciencia global e integral. Pero esta red tecnológica global, este nuevo sistema nervioso de la concien­cia colectiva, no garantiza, en modo alguno, el desarrollo del indi­viduo hasta el estadio integral. Es cierto que lo facilita, pero en modo alguno lo garantiza.

Además, global o planetario no significa necesariamente integral. Después de todo, el nivel rojo, el  azul y el  naranja también pueden utilizar Internet, pongamos por caso. Así pues, por más planetarios o globales que puedan ser los condicionantes externos, el nivel o estadio de conciencia no está exclusivamente determinado por ellos sino  por factores interiores.

Así es como llegamos a la última dimensión, la de la concien­cia individual, y a los factores que posibilitan la transformación personal.
Y es en este ámbito donde creo que debemos resal­tar cuatro factores
que, en mi opinión, son especialmente impor­tantes: el logro, la disonancia, la visión y la apertura.

1. Con el término logro me refiero al hecho de que el individuo tiene que haber satisfecho las exigencias básicas de un determi­nado estadio u ola, que haya consolidado ya una competencia bá­sica en cualquiera de las líneas del desarrollo propias de ese ni­vel. Y con ello no quiero decir que la persona tenga que dominar a la perfección un determinado nivel o estadio, sino simplemen­te que debe funcionar de un modo lo suficientemente adecuado como para poder dar un paso hacia adelante.
En el caso de que la persona no dé ese paso, experimenta un estancamiento evolutivo que torna improbable el salto. Desde una perspectiva más subje­tiva, podríamos decir que, para que el individuo esté en condi­ciones de dar un paso hacia adelante, debe haber degustado antes lo suficientemente el estadio en que se halla como para haberse hartado de él o, lo que es lo mismo, que quien todavía tenga ham­bre del alimento propio de un determinado estadio, estará en con­diciones de buscarlo en otra parte.

2. Disonancia: Quien, por el contrario, haya degustado lo suficiente un deter­minado estadio como para haberse hartado de él, estará en condi­ciones de aventurarse a sufrir una transformación y para que ello ocurra, debe experimentar algún tipo de disonancia.
Es como si la nueva ola estuviera luchando por emerger al tiempo que la vieja se esforzase en permanecer y el individuo experi­mentara, en consecuencia, la tensión de esos dos impulsos como una disonancia que lo empujase en direcciones diferentes. Así pues, la insatisfacción profunda, la desazón o incluso el hartazgo con el nivel presente genera una insidiosa y conflictiva disonan­cia.

3. Visión nueva: En cualquier caso, uno debe estar en condiciones de renunciar -o de morir- al nivel presente. Tal vez uno haya tropezado con sus limitaciones y contradicciones intrínsecas y haya comenzado a “desidentificarse” con él o quizás simplemente se haya cansado de permanecer en la misma situación.
Llegados a este punto, para que el individuo pueda dar un paso ha­cia delante es necesaria algún tipo de visión de la situación como, por ejemplo, la comprensión de lo que uno quiere y de lo que la re­alidad realmente ofrece.
Así pues, la afirmación, la volición y la in­tención de cambiar pueden ser elementos fundamentales de la vi­sión de la situación que alienten el proceso de desarrollo de la conciencia.

Esta visión, además, puede verse estimulada por la in­trospección, por las conversaciones con los amigos, por la terapia, por la meditación -o incluso, más frecuentemente de lo que cree­mos-, por el simple hecho de vivir.

4. Apertura: Cuando todos esos factores, finalmente, están a punto, se toma posible la apertura a la siguiente ola más profunda, más elevada, más amplia y más abarcadora del desarrollo de la conciencia.
Los factores, pues, que favorecen el “salto cuántico” a la si­guiente ola integral pueden resumirse en dos puntos fundamentales: una visión inte­gral y una práctica integral.
La visión integral nos proporciona una cierta comprensión y, en este sentido, nos ayuda a superar la disonancia y a aventurar­nos a experimentar una apertura más amplia y más profunda.

La práctica integral, por su parte, consolida más concretamente to­dos esos factores para que no terminen convirtiéndose en meras ideas abstractas y nociones vagas.
Debo señalar aquí que, en la medida en que la conciencia co­mienza a asentarse en el pensamiento de segundo grado, aparece la posibilidad de una auténtica Visión del Todo o, en el peor de los casos, se convierte en algo sumamente interesante porque suele expresar­se en los términos holísticos propios de la conciencia de segundo grado…

Los elementos constitutivos de estas jerarquías son los holo­nes, totalidades que, al mismo tiempo, forman parte de otras tota­lidades. La totalidad átomo, por ejemplo, forma parte de la totali­dad molécula; la totalidad molécula forma parte de la totalidad célula; la totalidad célula forma parte de la totalidad organismo. Del mismo modo, la totalidad letra forma parte de la totalidad pa­labra, que a su vez forma parte de la totalidad frase, que a su vez forma parte de la totalidad párrafo, etc.

Así pues, la realidad no está compuesta de totalidades ni de partes, sino de totalidades/par­te u holones. En cualquier dominio que la consideremos, la reali­dad está básicamente compuesta de holones.
Ése es también el motivo por el cual, como señaló Arthur Koes­tler, una jerarquía de desarrollo es, en realidad, una holo-arquía, puesto que está compuesta de holones  Y debo decir que las holoarquías constituyen el espi­nazo central del holismo, puesto que convierten a los “montones” en totalidades, que forman parte de otras totalidades, y así hasta el in­finito.

El Kosmos, pues, está compuesto por una serie de nidos que se hallan dentro de nidos, que a su vez se hallan dentro de otros ni­dos, expresando así un abrazo cada vez más holístico. Miremos donde miremos no veremos más que holoarquías de holones, por ello todas tienen su propio valor holoárquico y todas, en última instancia, se hallan interrelacionadas y ajustan perfectamente.

6. Un enfoque espectral global

Si observamos la evolución interna del ser humano, la vemos como un espectro completo de los ni­veles u olas del desarrollo que van desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu o, dicho de otro modo, des­de lo arcaico a la magia, el mito, lo racional, lo integral y lo transpersonal, pero no a modo de escalones dispuestos de un modo rígido, sino de olas que se solapan unas a otras.

También observamos muchas corrientes diferentes o líneas del desarrollo dimensiones o áreas del desarrollo, entre los que cabe desta­car el desarrollo cognitivo, el desarrollo ético, el desarrollo afectivo, el desarrollo lingüístico, el desarrollo kinestésico, el desarrollo somático, el desarrollo interpersonal, etc.); diferentes estados de conciencia (que incluyen la vigilia, el sueño, el sueño sin sueños y los estados alterados, no-ordinarios y meditativos), y diferentes tipos de conciencia o posibles orientaciones dentro de cada nivel (lo que incluye, entre otras cosas, los diferentes ti­pos de personalidad y estilos de género), todo lo cual se explica­rá en la siguiente sección proporcionando una visión integral ho­lodinámica y ricamente texturada de la conciencia.

Centrémonos, por el momento, en las olas, corrientes y tipos. Las olas son los “niveles” del desarrollo concebidos de un modo fluido e interrelacionado, que es como lo consideran hoy en día la mayor parte de los evolucionistas.
Se citan ocho niveles del desarrollo, pero creo que existen, al menos, cuatro olas superiores transpersonales o espi­rituales (psíquica, sutil, causal y no-dual).

Ahora nos referiremos a las cuatro dimensiones más importantes del Kosmos, es decir, el interior y el exterior del individuo y de la colectividad.
A través de estos niveles u olas del desarrollo discurren mu­chas líneas o corrientes diferentes del desarrollo.

Disponemos de la suficiente evidencia para afirmar que estas líneas, corrientes o módulos diferentes incluyen la cognición, la moral, la identidad, la psicosexualidad, las ideas acerca de lo bueno, la asunción de roles, la capacidad socioemocional, la creatividad, el altruismo, varias líneas que pueden denominarse “espirituales” (como el respeto, la apertura, la preocupación, la fe religiosa o los estadios meditativos, por ejemplo), la competencia comunicativa, las mo­dalidades espaciales y temporales, el afecto/emoción, las necesidades, las visiones del mundo, la com­petencia matemática, las habilidades musicales, la kinestesia, la identidad de género, los mecanismos de defensa, la capacidad in­terpersonal y la empatía.

Uno de los ítems más reveladores acerca de estos módulos o corrientes múltiples es que la mayor parte de ellos se desarrollan de un modo relativamente independiente.
En este sentido, por ejemplo, una persona puede hallarse en un nivel relativamente elevado del de­sarrollo de algunas corrientes, en un nivel intermedio en otras y en un nivel francamente bajo en unas terceras.

Dicho de otro modo, el desarrollo global puede ser completamente desigual.
Así, alguien puede estar muy desarrollado en el nivel cognitivo, y no en el emocional, poseer grandes valores éticos y déficit de identidad sexual, etc.
Y puesto que las olas del desarrollo son, en realidad, una holo­arquía, esta situación puede también representarse en cuatro grandes olas (cuerpo, mente, alma y espíritu) cada una de las cuales tras­ciende, a la vez que incluye, a sus predecesoras en un abrazo inte­gral cada vez mayor (una auténtica holoarquía de nidos que se ha­llan dentro de otros nidos, que a su vez se hallan dentro de otros nidos).

Y lo mismo puede ocurrir con las tradiciones espirituales -des­de el chamanismo hasta el budismo, el cristianismo y las religio­nes indígenas-, que pueden hallarse muy avanzadas en ciertos módulos, pero muy atrasadas en otros e incluso mostrarse fran­camente patológicas en unas terceras.
En consecuencia, una práctica transformadora más integral debería tener en cuenta un enfoque omninivel y omnicuadrante más equilibrado…

Recordemos, finalmente, que cualquier persona ubicada en cualquier estadio del desarrollo puede tener un estado alterado o una experiencia cumbre -incluyendo las llamadas experiencias espirituales- que tengan un efecto profundo en su conciencia y en su desarrollo.
Es incorrecta, pues, la idea de que el acceso a las experiencias espirituales sólo puede tener lugar desde los esta­dios más elevados del desarrollo. Pero hay que advertir, no obs­tante, que para que los estados alterados terminen convirtiéndose en rasgos (o estructuras) permanentes deben entrar en la corrien­te del desarrollo permanente.

7. Enfoque Omni-cuadrante

Pero la conciencia individual o subjetiva no existe en el vacío -ningún sujeto es una isla- y, en este mismo sentido, la concien­cia individual está inextricablemente unida: a- a Tipos o Niveles de conciencia (Son 8 desde el arcaico, mítico, científico al Integrador y Holístico)
b- al  organismo y al ce­rebro objetivo,
c- a los contextos culturales, los valores y las visiones colectivas del mundo.
d- al sistema social y al medio  Lo que conforma cuatro cuadrantes

 

Cuadrantes de Lo Interior, lo Sujetivo Cuadrantes de lo Exterior, lo Objetivo
a- Niveles de Conciencia.
El Yo
b- Organismo y cerebro
c- Cultura, valores, visiones del mundo.
El Nosotros
d- Naturaleza, Sistema Social,
Medio Ambiente

Y, una vez más, cada uno de estos cuadrantes experimenta un proceso de desarrollo que discurre a través de numerosas olas, corrientes y tipos.
Veamos ahora rápidamente unos pocos ejemplos.

El cuadrante superior derecho, b, (organismo, cerebro) nos proporciona una visión ob­jetiva, empírica y “científica” de lo individual, lo cual incluye los estados corporales orgánicos, la bioquímica, los factores neuro­biológicos, los neurotransmisores, las estructuras orgánicas del cerebro (el tallo cerebral, el sistema límbico, el neocórtex) etc. Pensemos lo que pensemos en torno a la relación existente entre la mente y la conciencia y entre el cerebro y el cuerpo, lo cierto es que se trata de dos ámbitos que se hallan indisolublemente unidos.
Así pues, cualquier modelo omninivel y omnicuadrante debería incluir las importantes correlaciones existentes entre los estados y los tipos de conciencia con los estados cerebrales, los sustratos orgánicos, los neurotransmisores, etc. Hoy en día está llevándose a cabo una ingente investigación en tomo a los estados orgánicos del cerebro y su relación con la conciencia.

Lamentablemente, sin embargo, la mayor parte de los investigadores ortodoxos tiende a reducir la conciencia a me­canismos puramente cerebrales y a caer así en un reduccionismo que resulta devastador para la conciencia, ya que reduce las experiencias del “yo” a los sistemas cerebrales, descuidando los otros enfoques.

El cuadrante inferior izquierdo (c) incluye todas aquellas pautas de la conciencia que son compartidas por quienes se hallan “in­mersos” en el seno de una cultura o subcultura particular.
Para que usted y yo nos comprendamos -para que exista siquiera la menor posibilidad de comunicación- necesitamos, cuanto me­nos, compartir cierta semántica lingüística, numerosas percep­ciones, tener visiones relativamente parecidas del mundo, etc. Y a estos valores, percepciones, significados, hábitats semánticos, prácticas culturales, ética, etc., compartidos es, precisamente, a lo que me refiero con el término cultura o pautas intersubjetivas de la conciencia ..

El cuadrante inferior derecho (d) nos dice que  estas percepciones culturales que se mueven en el es­pacio intersubjetivo de la conciencia tienen correlatos objetivos que pueden ser registrados de un modo empírico en tanto que es­tructuras e instituciones físicas, lo cual incluye las modalidades tecnoeconómicas (recolectora, hortícola, marítima, agraria, in­dustrial, informática), los estilos arquitectónicos, las estructuras geopolíticas, las formas de transmisión de la información (como las señales vocales, los ideogramas, la imprenta, las telecomuni­caciones, el microchip), las estructuras sociales (los clanes de su­pervivencia, las tribus étnicas, los ordenamientos feudales, las naciones antiguas, las agrupaciones de estados, las comunidades de valor, etc.) y las realidades interobjetivas, a todas las cuales me refiero, en general, con el término sistema social).

Los teóricos del cuadrante inferior-derecho, por su parte, se ocupan del exterior de lo colectivo, las ciencias sistémicas, la teo­ría sistémica, la red ecológica de la vida, las teorías del caos y de la complejidad, las estructuras tecnoeconómicas, las redes medio­ambientales y los sistemas sociales.
Los dos cuadrantes de la derecha se expresan en el lenguaje objetivo en tercera per­sona, y es precisamente por ese motivo que suelen ser calificados como “científicos” (el cuadrante superior-derecho co­rresponde a las ciencias individuales, mientras que el cuadrante inferior-derecho tiene que ver con las ciencias sistémicas).

Todos los “caminos de la mano izquierda” se centran en aspectos interiores.
Así, los teóricos e investigadores del cuadrante superior-izquierdo investigan la conciencia interior tal y como apa­rece en los individuos, lo cual ha dado origen al psicoanálisis, la fe­nomenología, la psicología introspectiva y los estados meditativos (desde Freud hasta Jung, Piaget y Buda).

Y estas realidades feno­ménicas no se expresan en tercera perso­na, sino en el lenguaje del “yo” (en primera persona).Los teóricos del cuadrante inferior-izquierdo investigan el in­terior de lo colectivo, los valores, las percepciones, las visiones del mundo y los sustratos y contextos compartidos que no se ex­presan tanto en el lenguaje del “yo” como en el lenguaje del “no­sotros”…

Así es como podemos llegar a simplificar los cuatro cuadran­tes hablando del “Gran Tres” (el “yo”, el “nosotros” y el “ello objetivo”), tres importantes dimensiones que pueden afirmarse de modos muy diferentes, como el arte, la ética y la ciencia; la Belleza, la Bondad y la Verdad, o el ego, la cultura y la naturaleza.
El hecho, en cualquier caso, es que cualquier abordaje omninivel y omni­cuadrante debería honrar por igual todas las olas de la existencia, desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el espíritu en su des­pliegue simultáneo a través del ego, la cultura y la naturaleza.

Y todavía me refiero de un modo más sencillo a este modelo con el apelativo de “holónico”. Recordemos que un holón es una totalidad que forma parte de otra totalidad. La realidad no está compuesta de totalidades ni de partes, sino de totalidades/parte u holones.
Como señaló Arthur Koestler, una jerarquía de desarro­llo es realmente un holoarquía, puesto que está compuesta de ho­lones (como la que va de los átomos a las moléculas, las células y los organismos). Este es el motivo por el cual la única vía para el holismo es la holoarquía, y también explica por qué quienes niegan las jerarquías no alcanzan el holismo sino que se conde­nan al “montonismo”…

Qué tipo de mapa podemos utilizar cuando pasamos del relativismo pluralista al integralismo universal?

Recordemos que un mapa más integral debería incluir:
·                                 múltiples niveles u olas de la existencia, mostrándonos así una gran holoarquía que abarque el espectro completo de la conciencia, desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu (o desde beige hasta púrpura, rojo, azul, naranja… lo sutil lo causal y lo no-dual). Desplazándose a través de esos niveles del desarrollo, existen:
·          muchas corrientes, módulos o líneas diferentes del desa­rrollo, entre las que cabe destacar la cognitiva, la moral, la espiritual, la estética, la somática, la imaginativa, la inter­personal, etc. (en este sentido, por ejemplo, uno puede ser cognitivamente naranja, emocionalmente púrpura, moral­mente azul, etc.). Además, en casi todos los estadios del desarrollo, uno tiene la posibilidad de acceder a:
·         muchos estados diferentes de conciencia, como la vigilia, el sueño, el sueño sin sueños y los estados alterados, no-ordi­narios y meditativos (muchos de los cuales pueden presen­tarse en cualquier nivel de cualquier línea, de modo que, en casi cualquier estadio del desarrollo, uno puede tener acce­so a una gran variedad de experiencias religiosas);
·         muchos tipos diferentes de conciencia, lo cual incluye los tipos del género, los tipos de personalidad..
·         muchos factores orgánicos y estados cerebrales (propios del cuadrante superior-derecho que hoy en día recibe una gran atención por parte de la psiquiatría, las ciencias cog­nitivas y la neurobiología, aunque debo destacar que, por más importante que sea, no es más que “una cuarta parte” de la historia);
·         el extraordinario impacto de muchos factores culturales, como la rica textura de las diversas realidades culturales, los contextos que operan a modo de sustrato, las percepciones plurales, la semántica lingüística, etc., ninguno de los cuales debe soslayarse sino que, por el contrario, debe ser incluido e integrado en el amplio marco de una visión aperspectivis­ta-integral. Por otra parte, “una práctica transformadora au-ténticamente integral” debería también conceder el adecua­do peso a las relaciones, la comunidad, la cultura y los fac­tores intersubjetivos, en general, no sólo como un reino de aplicación de la visión espiritual, sino como una herramien­ta de transformación espiritual.
·                            las fuerzas que se derivan del sistema social, en todos los niveles, desde la naturaleza hasta las estructuras humanas, como el fundamento tecnoeconómico y también la impor­tantísima relación que mantienen con los sistemas sociales no humanos, desde Gaia hasta los ecosistemas.

Transformar al cartógrafo

Una de las cuestiones con las que estamos tratando, dicho en otros términos, es el modo en que podemos implementar una for­ma más eficaz de alentar la emergencia de una conciencia autén­ticamente integral (e incluso transpersonal).
Porque para ello no basta, en mi opinión, con una nueva teoría integral, sino que tam­bién es necesaria una nueva práctica integral.

Aun cuando pose­yéramos el mapa integral perfecto del Kosmos, un mapa que fue­ra inequívocamente exhaustivo y holístico, ese mapa, por sí solo, no transformaría a las personas. No nos basta, pues, con un mapa, sino que también necesitamos herramientas que nos permitan transformar al cartógrafo.

Así pues, todas esas olas cumplen con funciones esencialmente importantes, todas ellas deben ser asumidas e integradas en las olas subsiguientes y, en consecuencia, no es posible eludir o relajar ninguna de ellas sin graves consecuencias para el yo y para la sociedad.

Así pues, la directriz primordial no aspira tanto a sanar un determinado ni­vel, sino a preservar la salud de la espiral completa del desarro­llo…

La visión integral en el mundo en general Permítanme concluir este ítemcon la siguiente estima­ción, realizada por el doctor Phillip Harter, de la Facultad de Me­dicina de la Stanford University.
Si consideramos a toda la po­blación de la tierra como una aldea de sólo cien personas, ésta se asemejaría a lo siguiente:

57 de ellos serían asiáticos
21 europeos14 americanos (tanto de Norteamérica como de Sudamérica)
8  africanos,
6 poseerían el 59% de la riqueza del mundo (y los 6 serían estadounidenses)
80 vivirían en condiciones infrahumanas
70 serían analfabetos
50 sufrirían desnutrición
1  tendría educación universitaria
1 poseería ordenador

Como ya he señalado, pues, la resolución de los problemas más urgentes que aquejan a nuestro planeta depende del desarro­llo de una visión integral. Por ello nuestra principal exigencia éti­ca consiste en sanar la espiral completa del desarrollo y, más con­cretamente, de sus olas más tempranas.

No obstante, la ventaja de la conciencia visión-lógica de se­gundo grado es que nos proporciona una visión más creativa para abordar esos apremiantes problemas, porque la comprensión de la imagen global puede ayudarnos a encontrar soluciones más in­teligentes.

En este sentido, es el cuerpo gobernante el que más necesita de un abordaje integral; son nuestras instituciones edu­cativas, desbordadas por el postmodernismo deconstructivo, las que necesitan desesperadamente de una visión más integral; es nuestra práctica comercial, centrada en los logros fragmentarios, la que requiere de un enfoque más equilibrado; son nuestras ins­tituciones sanitarias las que más podrían beneficiarse de la visión compasiva de un abordaje más integral; y son los gobernantes los que más claramente podrían advertir sus propias posibilidades. De todas estas formas -y de muchas otras más- podríamos utili­zar una visión integral para cambiar el rumbo de un mundo que está enloqueciendo poco a poco.

8. Breve vistazo a la religión.

Ya he­mos dicho que, al igual que ocurre con el caso de la ciencia, exis­te una religión estrecha (que sólo busca consolidar el yo separado) y una religión amplia o profunda (que aspira a trascenderlo).
Pero ¿qué es exactamente una religión o una espiritualidad profunda y cómo puede ser verificada? Porque el hecho es que, después de todo, la espiritualidad profunda no se refiere a estados emociona­les subjetivos, sino que despliega auténticas verdades sobre el Kosmos.

Y aquí es donde Ciencia y religión formulan su afirma­ción más radical:
La espiritualidad profunda es la ciencia amplia de los niveles más elevados del desarrollo del ser humano. Mi tesis es simplemente ésta: la espiritualidad profunda im­plica la investigación directa de la evidencia experiencial que se revela en los estadios más elevados de la evolución de la con­ciencia (estadios a los que he denominado psíquico, sutil, causal y no-dual y que, en las distintas figuras, se presentan de forma re­sumida como “alma” y “espíritu”)…

El hecho, en cualquier caso, es que el primer paso hacia una “tercera vía” y que subraye en consecuencia, tanto el desa­rrollo interior como el desarrollo exterior, consiste en reconocer la realidad e importancia tanto de los cuadrantes interiores como de los cuadrantes exteriores y en orientar nuestros esfuerzos tanto hacia los factores internos (los valores, los significados, la ética desarrollo de la conciencia) como hacia los factores externos (las condiciones económicas, el bienestar material, los avances tecnológicos, la seguridad social, el medio ambiente).

Así pues, el primer paso hacia una “tercera vía” auténtica­mente integral nos obliga a combinar adecuadamente lo interior y lo exterior (la Mano Izquierda y la Mano Derecha, lo subjetivo y lo objetivo), mientras que el segundo paso consiste en reconocer que lo subjetivo -es decir, la conciencia- se despliega a través de una serie de estadios.

Pero lo cierto es que la modernidad y la posmodernidad (en general, el liberalismo) emergieron en un clima al que he denominado mundo chato -o materialismo científico-, según el cual lo único real es la materia (o materia-energía) y en consecuencia la única verdad pertenece a la ciencia dura o estricta.
Pero, hoy en día, las agrupaciones de estados y comunidades de valor están dando lugar a los sistemas globales y las redes in­tegrales, sistemas interdependientes que re­quieren de un gobierno capaz de integrar (imponer) los grupos y comunidades de la espiral completa del desarrollo interior y ex­terior.

¿De qué sirve seguir centrando nuestra atención en las maravillas tecnológicas externas que se despliegan ante nosotros -desde la prolongación indefinida de la vida hasta la interrela­ción mente/ordenador, la energía ilimitada y el viaje interestelar por agujeros de gusano intergalácticos- si nuestra conciencia si­gue circunscrita al estadio egocéntrico o etnocéntrico?…

El ser humano forma parte de la totalidad espacial y temporal­mente limitada a la que denominamos universo y, en una especie de ilusión óptica de la conciencia, se experimenta a sí mismo, a sus pen­amientos y a sus sentimientos, como algo separado del resto.
Esta ilusión es un tipo de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos personales y al afecto por las personas que más cerca se hallan de no­sotros. Nuestra tarea es liberarnos de esa cárcel y ampliar el círculo de la compasión hasta llegar a abrazar a todas las criaturas viras y a la totalidad de la naturaleza, en todo su esplendor. (Albert Einstein)

9. La práctica transformadora integral

El término “omni-nivel” se refiere a las distintas olas de la existencia (que van desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu), mientras que el término “omni-cuadrante”, tiene que ver con las dimensiones del “yo”, del “noso­tros” y del “ello” (o del yo, de la cultura y de la naturaleza; del arte, de la moral y de la ciencia; de la primera-persona, de la se­gunda-persona y de la tercera-persona, etc.).

En este sentido, un abordaje realmente omninivel y omnicuadrante supone ejercitar las olas físicas, emocionales, mentales y espirituales en los ámbi­tos del yo, la cultura y la naturaleza.Comencemos con el yo.
Existe un amplio espectro de prácticas para ejercitar las distintas olas de la existencia (desde la física has­ta la emocional, la mental y la espiritual), como el ejercicio físico (levantamiento de pesas, dieta, jogging, yoga), ejercicios emocio­nales (counseling, psicoterapia), ejercicios mentales (afirmaciones y visualizaciones) y ejercicios espirituales (como la meditación o la oración contemplativa, por ejemplo).
Pero estas olas no sólo deben ejercitarse en el ámbito del yo  sino también en los de la cultura y la naturaleza.

Centrándonos en el ámbito de la cultura, ello podría significar algún tipo de servicio desinteresa­do a la comunidad, como trabajar en un movimiento de servicio, par­ticipar en el gobierno local, trabajar en la rehabilitación de la ciu­dad o ayudar a los “sin techo”, por ejemplo.
También puede implicar el uso de las relaciones (como el matrimonio, la amistad o el parentaje) para alentar el desarrollo de uno mismo y de los demás.

En este sentido, el diálogo respetuoso constituye, de he­cho, un método muy honrado por el tiempo de implicar al yo en una danza de comprensión con los demás que constituye un au­téntico catalizador para un abrazo realmente integral.

El ejercicio de las olas de la existencia en el ámbito de la na­turaleza, por último, nos lleva a considerar la naturaleza no como una especie de mero escenario en el que tienen lugar nuestras ac­ciones, sino como un elemento que participa activamente en nuestra propia evolución.
Comprometerse activamente a respetar la naturaleza, en cualquiera de sus múltiples formas (reciclando, protegiendo al medio ambiente, celebrando su existencia) no sólo supone honrar la naturaleza, sino que también alienta nues­tra propia capacidad curativa.

Resumiendo, una práctica transformadora integral debería ejer­citar todas las olas básicas del ser humano -física, emocional, mental y espiritual- en los ámbitos del ego, de la cultura y de la na­turaleza.   

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