El camino de la Sabiduría de vivir según Lao Tse

EL CAMINO DE LA SABIDURÍA DEL  VIVIR SEGÚN  según LAO TSE

Ofrecemos este compendio de máximas del sabio oriental Lao Tse (siglo V a C) que, increíblemente, consideramos son de gran vigencia en los tiempos actuales.

Los textos que ofrecemos están extraídos del libro » Wen-Tzu,» escrito por los discípulos de Lao Tse ( entre ellos el propio Wen Tzu) que recogen las enseñanzas del maestro.

Lao Tse nos ofrece el “Camino” de la naturaleza, del cosmos y de la vida humana para lograr un estado perfecto individual y social.

La palabra Camino o «Tao»  indica el orden fundamental, la «Ley» que todo lo rige para conseguir la armonía, la energía original que se desarrolla en el cosmos y en la vida y nos guía hacia la perfección.
Es como un río que fluye lentamente, que nunca se detiene y que es increíblemente poderoso pues mantiene al universo físico y humano en orden y equilibrio.

Por eso la vida humana no es estática sino que está en permanente cambio y entre grandes fuerzas opuestas o complementarias (positivas y negativas) y notables contradicciones, tal como sucede en el Universo.

El hombre sabio acepta esta condición y va pasando del no ser al ser, de la imperfección a la perfección, del desorden al orden, de lo posible a lo real, de la mente a la acción, de la pasión al sentimiento, buscando siempre la integralidad armónica  del Todo, de las fuerzas masculinas con las femeninas, del yan con el yin.
Evita los extremos y llega a una síntesis armónica de los elementos opuestos.

En cambio, como dice Lao Tse,
cuando se olvida la Sabiduría del Tao,
la justicia se degenera
y la sabiduría  se transforma en necedad
”.

El camino humano es, pues, la búsqueda del Camino de la Armonía y de la Sabiduría.  

MÁXIMAS SOBRE  LA SABIDURÍA

La  sabiduría  no tiene nada que ver con el gobierno de los demás,
sino que es un asunto de ordenarse a sí mismo.
La nobleza no tiene nada que ver con el poder y el rango,
sino que es un asunto de autorrealización;
se logra la autorrealización, y el mundo entero está dentro de uno mismo.
La felicidad no tiene nada que ver con la riqueza y la condición social,
sino que es un asunto de armonía.

Los hombres sabios son humildes y modestos,
puros y tran­quilos, deferentes en su hablar.
Tienen mentes abiertas y no posesivas.
Porque ven lo humilde, pueden alcanzar las alturas;
porque ven lo que falta, pueden alcanzar la bondad y la sabiduría.
Por ello, los sabios se mantienen en lo femenino
y se apartan de la extravagancia y de la arrogancia;
y no se atreven a actuar violentamente.
Porque se mantienen en lo femenino, pueden establecer lo masculino;
por­que no se atreven a ser extravagantes y arrogantes, pueden resistir mucho tiempo.

Cuando los sabios quieren ser valorados por otros, primero valoran a los demás;
cuando quie­ren ser respetados por los demás, primero los respetan.
Cuando quieren superar a otras personas, primero se superan a sí mismos;
cuando quieren corregir a los demás, primero se corrigen a sí mismos.
Así, son al mismo tiempo nobles y humildes, utilizando el Cami­no para ajustar y controlar esto.

Los sabios no dejan que los negocios per­turben su vida
y no permiten que los deseos con­fundan sus sentimientos.
Hacen lo que es apropiado sin artimañas; se confía en ellos aunque no hablen.
Tie­nen éxito sin pensar en él, logran sus metas sin estrata­gemas.
Por lo tanto, cuando están arriba, la gente no lo toma a mal;
y cuando no están al frente, los demás no les atacan.
Todo el mundo recurre a ellos, los traicio­neros le temen.
Como ellos no luchan con nadie, nadie se atreve a luchar con ellos.

La luz espiritual es el logro de lo interno.
Cuando las personas alcanzan lo interno, sus órganos interiores están en calma,
sus pensamientos son ecuánimes, sus ojos y oídos están claros,
y sus nervios y huesos son fuertes.
Son poderosas pero no belicosas, firmes y fuertes pero nunca temerarias.
No son excesivas en nada, ni inadecuadas en ninguna cosa.
Así pues, los castigos no son suficientes para cambiar las costumbres,
las ejecuciones no son suficientes para detener la traición.
Sólo la influencia espiritual es válida.

El cuerpo es la morada de la vida, la energía su fundamento, el espíritu su controlador:
si se pierde su respectiva posición, los tres son perjudicados.
Por ello, cuando el espíritu es el que conduce, el cuerpo le sigue,
produciéndose resultados beneficiosos;
cuando el cuerpo es el que conduce, el espíritu le sigue,
pro­duciéndose resultados dañinos.

Quienes alcanzan el Camino de la sabiduría
son débiles en la ambición pero fuertes en la acción;
sus mentes son abiertas y sus respuestas ajustadas.
Quienes son débiles en la ambición
son flexibles y complacientes, pacíficos y tranquilos;
se ocultan en la actitud de no adquirir y aparentan ser inexpertos.
Tranquilos y sin estratage­mas, cuando actúan lo hacen a tiempo.

Por ello, la nobleza debe estar enraizada en la humildad,
el espíritu elevado debe estar basado en la modestia.
Utiliza lo pequeño para contener a lo grande;
permanece en el centro para controlar lo exter­no.
Quienes practicaban antaño el Camino,
ordenaban sus sentimientos y su naturaleza
y gobernaban sus fun­ciones mentales,
alimentándolas con armonía y conser­vándolas proporcionadamente.

El Camino del Cielo no tiene parientes; sólo se asocia con la virtud.
Cuando el logro de la fortuna no es el efecto de la propia ambición,
uno no está orgu­lloso de sus logros.
Cuando el que ocurran calamida­des no es obra de uno,
no se lamentan las propias acciones.

La con­fianza constituye la cualidad de la persona ideal,
la fide­lidad
constituye la voluntad de la persona ideal;
cuan­do la fidelidad y la verdad se forman dentro,
su influen­cia origina una respuesta externa.
Ésta es la cultura del sensato y el sabio.

Existe una lógica consecuente para los hombres sabios:
no necesitan autoridad para ser nobles,
no necesitan riquezas para ser prósperos,
no necesitan fuerza para ser poderosos.
No explotan los bienes materiales, no ansían reputación social,
no consideran que una elevada condición social sea segura,
ni que una humilde condición social sea peligrosa:
su cuerpo, su espíritu, su energía y su voluntad permanecen en su propio lugar.

No persigas acciones que puedan ser repudiadas,
pero no tomes a mal si las personas te repudian.
Culti­va virtudes dignas de elogio,
pero no esperes que las personas te elogien.

Hablar es una manera de expresarse con los demás;
escuchar es una manera de comprender a los demás en uno mismo.
Conseguir un ejército de diez mil hombres
no es tan bueno como escuchar una única palabra adecuada.
Conseguir una perla preciosa
no es tan bueno como averiguar de dónde proceden las cosas.
Conseguir una joya valiosa
no es tan bueno como averiguar dónde encajan las cosas.

El aprendizaje de aquellos que escuchan con sus oídos está en la superficie de su piel.
El aprendizaje de aquellos que escuchan con sus mentes está en su carne y en sus músculos.
El aprendizaje de aquellos que escuchan con su espíritu está en sus huesos y en su médula.

Los principios generales para escuchar
son vaciar la mente de manera que esté clara y en calma:
por eso abandona los estados de humor y no estés lleno de ellos,
no ten­gas pensamientos vanos ni les des vueltas.
No dejes que los ojos miren al azar, no dejes que los oídos escuchen al azar.
Concentra la vitalidad de la mente de manera que ésta se refuerce
y la atención interna se consolide plenamente.
Una vez que lo hayas obtenido,
debes estabilizarlo y preservarlo, extenderlo y per­petuarlo.

Las personas de miras estrechas emprenden cosas para obtener provecho,
la gente ejemplar emprende cosas basándose en la justicia.

Aquellos que pueden ganar los corazones de los demás
son siempre personas que están en paz consigo mismas.
Aquellos que están en paz consigo mismos son flexibles y complacientes.

Cuando Wen-tzu preguntó acerca de la Virtud, Lao Tse dijo:
Desarróllala, aliméntala, fortalécela, madúrala.
El beneficio universal sin discriminación es uno con el cielo y la tierra;
a esto se le llama virtud.

Cuando Wen-tzu preguntó acerca del Humanitarismo, Lao Tse dijo:
Si estás en una posición superior, no estés orgullo­so de tu éxito;
si estás en una posición de subordina­ción, no te avergüences de tus problemas.
Si eres rico, no seas arrogante; si eres pobre, no robes.
Conserva siempre el amor universal imparcial y no dejes que se marchite.
A esto se llama humanitarismo.

Cuando Wen-tzu preguntó acerca de la Justicia, Lao Tse dijo:
Si estás en una posición superior, ayuda al débil;
si estás en una posición de subordinación, mantén el con­trol sobre ti mismo.
No te complazcas en tus antojos cuando tienes éxito,
y no te pongas ansioso cuando estés en una situación apurada.
Sigue uniformemente la razón, sin torcerla de manera subjetiva.
A esto se le llama justicia.

La justicia superior consiste en gobernar a la nación y establecer el orden doméstico,
practicar la humanidad y la justicia, extender la benevolencia y dis­pensar la caridad,
establecer simplemente las leyes y detener el comportamiento equivocado

Nunca ha habido nadie en la historia que pudiera hacer que su conducta fuera perfecta.
Por ello, las personas superiores no ejercen presión sobre un individuo para que sea perfecto.
Son justos sin humillar, honra­dos sin ser cortantes, directos sin ser extremos,
llenos de dominio sin ser censores.

Quienes vencen a los demás tienen poder, pero quienes se vencen a sí mismos son fuertes

Finalizamos esta sección con algunos  versos del Tao Te Kin, de Lao Tse:

El camino del cielo semeja a quien tensa el arco.
Humilla lo alto y alza lo bajo.
Rebaja lo que sobra y completa lo que falta.
El camino del cielo es quitar al que le sobra y dar al que le falta.
El camino del hombre, sin embargo, es muy distinto:
quita al que le falta y añade al que le sobra.
¿Quién ofrece al mundo todo lo que le sobra? Sólo quien tiene el Tao.
El sabio hace y no retiene, nada exige por su obra y oculta su sabiduría.

No hay peor desgracia que dejarse arrastrar por los deseos.
No existe mal mayor que estar insatisfecho.
No hay daño mayor que ser codicioso.
Por eso: Solo el que sabe lo que es suficiente, tendrá siempre lo suficiente.

Yo poseo tres perlas preciosas que tengo ocultas como tres tesoros.
La primera se llama «compasión”.
La segunda se llama «moderación».
La tercera se llama «humildad».
Porque tengo compasión, es que soy valiente.
Porque tengo moderación, es que soy activo.
Porque tengo humildad, soy señor de los vasallos.

Sin embargo hoy día, se pretende ser valiente sin compasión.
Ser activo sin moderación.
Dominar al pueblo sin humildad.
Esto en verdad es la muerte.
Solo vence el que combate con compasión.
Solo defiende el estado quien tiene compasión.
Cuando el cielo quiere salvarnos,
nos protege mediante la compasión.

El sabio se mantiene en armonía en su sitio,
ama lo profundo en sus pensamientos,
ama la bondad en su trato con la gente,
ama la veracidad en sus palabras,
ama el justo orden en el gobierno,
actúa conforme a como debe actuar,
actúa en concordancia con el ritmo del tiempo.
Porque no se impone, ningún reproche le cabe.

E l sabio está consigo mismo y se vuelve arquetipo del mundo.
No se luce y por eso resplandece.
No se justifica y por eso brilla.
No se alaba y por eso es alabado.
No se exalta y por eso es exaltado.
Como no discute con nadie,en el mundo no hay quien discuta con él.

El sabio elige ayudar a los hombres. No rechaza a ninguno.
Prefiere aceptar todo y no perder nada.
Por lo tanto el hombre bueno es maestro del hombre no bueno
y el hombre no bueno es su buen material.
Porque el buen maestro no tiene interés, porque a su material no le tiene apego.
Permanece oscuro a pesar de ser resplandeciente.
Este es el secreto esencial del Tao.

El sabio es constante en su mente.
Hace de la mente del pueblo su propia mente.
Es bueno con el bueno. Es bueno con el no bueno.
Esa es la virtud de la bondad.
Es sincero con el sincero. Es sincero con el no sincero.
Esa es la virtud de la sinceridad.
La existencia del sabio no inspira temor a los hombres, permanece abierto a todo el mundo.
Mientras el pueblo lo contempla, él trata a todos como a sus propios niños

El sabio no actúa para acumular.
Cuanto más entrega a los demás,
tanto más posee para sí.
Cuanto más dones ofrece a los demás,
tanto mas consigue para sí.
La norma del cielo es dar beneficios y no dañar.
El proceder del sabio es actuar sin violencia.

El hombre sabio:se conoce a sí mismo, pero no se muestra.
Se quiere a sí mismo, pero no se exalta.
Prefiere lo que está adentro a lo que está afuera.
El sabio no es enemigo de sí mismo porque mantiene la misteriosa comunicación
entre el cielo y la tierra, y se nutre en el seno de la madre.
Se ama, pero no se cree precioso;
se conoce pero no busca la estimación ajena.
Deja lo exterior por lo interior.
Vive en paz consigo mismo y con los demás.

El que conoce a los hombres es sabio;
El que se conoce a si mismo está iluminado.
El que vence a los otros es fuerte;
El que se vence a sí mismo es poderoso.
El que se contenta con lo que tiene es rico;
El que obra con determinación tiene voluntad.
El que es capaz de mantener su posición resistirá mucho tiempo;
El que es capaz de mantener su influencia vivirá después de su muerte.

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