Psicología de la espiritualidad … IV- Sentido de la vida, experiencia espiritual S Benetti

PSICOLOGÍA DE LA ESPIRITUALIDAD Y RELIGIOSIDAD :IV- SENTIDO DE LA VIDA, EXPERIENCIA ESPIRITUAL Y/O RELIGIOSA

Lic. Santos Benetti

1. Cuando hablamos de la dimensión más profunda del ser humano nos estamos refiriendo a una “experiencia” espiritual y/o religiosa.
Decimos “experiencia”, con sentimientos, emociones, vivencias, por medio de los cuales nos conectamos con algo que nos trasciende, no sólo en el tiempo (post mortem) sino en esta vida misma.
Se supone que en algún momento nos encontramos con esta “hierofanía” y sentimos lo sagrado como algo esencial en la vida, algo que le da sentido al hecho mismo de vivir, algo que está más allá de la cotidianidad rutinaria.
En teoría, participar de un rito religioso debiera ser esta experiencia, pero no siempre es así ya que muchas veces se viven los ritos como simple obligación, o algo de costumbre o vacío de sentido.
Esta experiencia puede vivirse como una “iluminación” que sentimos en el interior y que nos hace cambiar o tomar cierta decisión (perdonar, elegir tal rumbo en la vida, por ejemplo), o como un acontecimiento que nos sorprende y embarga de un sentimiento que lo sentimos trans-humano (como el embarazo largamente esperado, un amor profundo, un éxito inesperado, una curación inexplicable, etc.) o simplemente como un vivir en plenitud, sencillamente, amando y disfrutando…

Es el sentimiento de “asombro” ante la maravilla del cosmos y de nuestra vida, del cuerpo humano, del cerebro y de psiquis, del amor, del heroísmo por los otros, de una amistad incondicional, de una obra de arte o de una maravilla de la naturaleza.Lo “sagrado” está en la profundidad de la experiencia de la vida, no en rarezas o hechos milagrosos.El ser humano se transforma en su propia hierofanía. No mira afuera, arriba, más allá… sino dentro, aquí, ahora.

Estas experiencias, por lo tanto, son siempre sujetivas, válidas para el sujeto que las vive o la comunidad que las acepta o experimenta, pero no tienen valor universal ni científico.Por otra parte, los niveles de estas experiencias varían muchísimo de una persona a otra; desde alguien que contempla un huracán o un cielo estrellado, hasta el éxtasis de un artista o el sentimiento de quien se siente llamado a una misión importante o el darse cuenta que «se está viviendo».. Y no siempre estas experiencias trascendentales para el sujeto desembocan en un encuentro con la divinidad.

Como bien lo expresa Damasio en “Neurobiología de la emoción y los sentimientos”:

“En primer, yo asimilo la idea de lo espiritual a una intensa experiencia de armonía, al sentido de que el organismo está funcionando con la mayor perfección posible. La experiencia se despliega en asociación con el deseo de actuar hacia los otros con amabilidad y generosidad.Así, tener una experiencia espiritual es poseer sentimientos sostenidos de un determinado tipo, dominados por alguna variante de alegría, por serena que sea.
El centro de gravedad de los sentimientos que denomino espirituales está localizado en una intersección de experiencias: la suma belleza es una de ellas.La otra es la anticipación de acciones conducidas con “un temple de paz” y con “una preponderancia de afecciones de amor”, como dice W. James.

Concebido de esta manera, lo espiritual es un índice del esquema de organización que hay detrás de una vida que está bien equilibrada, bien templada y bien intencionada. Se podría aventurar que, quizá, lo espiritual sea una revelación parcial del impulso en marcha que hay tras la vida en algún estado de perfección.Si los sentimientos dan testimonio del estado del proceso vital, los sentimientos espirituales excavan bajo dicho testimonio, profundamente en la substancia de la vida.

Forman la base de una intuición del proceso de la vida. En segundo lugar, las experiencias espirituales son humanamente nutricias.
Creo que el filósofo Spinoza acertó de pleno en su visión de que la alegría y sus variantes conducen a una mayor perfección funcional. El saber científico actual en relación con la alegría apoya la idea de que debe buscarse de manera activa porque contribuye, efectivamente, a la prosperidad; del mismo modo que la aflicción y los afectos asociados deben evitarse porque son malsanos…

En tercer lugar, tenemos la capacidad de evocar experiencias espirituales.
La oración y los rituales, en el contexto de una narración religiosa, están destinados a producir experiencias espirituales, pero hay otras fuentes.

A veces se dice que la superficialidad y el mercantilismo de nuestra época han hecho que sea muy difícil alcanzar lo espiritual, como si los medios para inducir lo espiritual faltara o se hubieran hecho escasos. Creo que esto no es totalmente cierto.
Vivimos rodeados de estímulos capaces de evocar la espiritualidad, aunque su prominencia y efectividad se vean disminuidos por la barahúnda de nuestro ambiente y por la falta de marcos de referencia sistemáticos dentro de los cuales su acción pueda ser efectiva.
La contemplación de la naturaleza, la reflexión sobre los descubrimientos científicos y la experiencia del gran arte, pueden ser, en el contexto apropiado, efectivos estímulos emocionalmente competentes tras lo espiritual…

Es claro, sin embargo, que el tipo de experiencias espirituales a las que aludo, no son equivalentes a una religión.Carecen del armazón, como resultado de lo cual carecen también del alcance y la grandeza que atraen a tantos seres humanos a la religión organizada.Los ritos ceremoniales y la congregación compartida crean efectivamente gamas de experiencia espiritual diferentes de la de la variedad privada”.

Al describir su propio sentimiento religioso Einstein escribió que“un tal sentimiento toma la forma de una estupefacción extasiada ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparados con ella, todo el pensamiento y actuación sistemáticos de los seres humanos es un reflejo absolutamente insignificante” (The World as I see)

Como ya lo hemos expresado: Esta búsqueda de sentido y de armonía constituye el elemento “espiritual” y auténticamente religioso del hombre, que no incluye necesariamente y concientemente un Dios personal o una religión.La plenitud humana integra lo somático, lo psíquico y lo espiritual, no basta lo psicosomático.

Según Víctor Frankl y otros, la experiencia específicamente religiosa la pueden vivir todos los hombres y nace del “inconsciente religioso” que todos tendríamos. El ateísmo sería como un mecanismo de “negación” de Dios y de la experiencia religiosa.
Pero esto es muy discutible. Debemos aceptar la realidad del ateísmo o del agnosticismo, que son tan lógicos como el teísmo. En definitiva, se cree o no se cree, se puede tener la experiencia religiosa o no tenerla. Se puede encontrar un sentido de la vida desde la fe religiosa o sin ella.Y esto lo decimos desde el respeto a la sinceridad de quienes viven sin fe religiosa, pero con valores auténticos como el amor, la misericordia, la justicia, la lucha por la paz, etc.

Pareciera, pues, que lo importante no es creer o no creer en Dios, sino vivir una vida digna del ser humano, en el respeto de los otros y de su cultura y creencias, y en una actitud positiva cuyo centro es el amor, algo en lo que todos los seres humanos coinciden.

Como nos recordaba un antiguo profesor:  “Lo importante no es creer en Dios sino en qué Dios creemos”.
Si se cree en Dios, preguntarse “en qué Dios se cree”, si en el Dios del amor, de la justicia, de la libertad, del respeto y de la igualdad humana, o en el Dios de la represión, de los castigos y del miedo, de la intolerancia, de las conquistas y guerras santas…
Y entender que no hay un solo camino para llegar a Dios o a la experiencia religiosa, que tiene múltiples manifestaciones a lo largo de los tiempos y de los espacios.

Cada religión tiene el derecho de considerar “verdadera” su forma religiosa, pero “para esa cultura o esos creyentes”, respetando el mismo derecho a otras religiones y formas religiosas.Bien sintetiza todo esto el poeta español León Felipe cuando dice: “Nadie va a Dios por el mismo camino que voy yo” Al fin y al cabo, desde el punto de vista psíquico, toda verdad es sujetiva, y es la coherencia entre la vida con esas verdades, lo que les da validez.

El testimonio de la coherencia entre lo que se cree y lo que vive es lo único que convence… “Miren cómo se aman” decía la gente de los primeros cristianos…
El problema del cristianismo, por ejemplo, no radica en lo que predica sobre Jesús, sino en la práctica del mensaje cristiano, sintetizado en las Bienaventuranzas. La “verdad” no está en predicar el amor, la sinceridad, la libertad, la justicia y la paz, sino en vivir y practicar esos valores, y sobre todo practicarlos dentro de la institución.

2. Experiencia espiritual y Religión

Como toda experiencia humana, el sentimiento espiritual va tomando también formas sociales, se organiza en una comunidad religiosa, se inserta y continúa en la historia, tiene su organización, roles, actividades y jerarquía, su doctrina, normas y rituales, y así se transforma en lo que comúnmente llamamos “Religión” o Iglesias (en Occidente).
La religión así institucionalizada debería estar al servicio de la experiencia espiritual y no transformarse en fin de sí misma, pues siempre en el centro de toda experiencia religiosa está el Hombre, su Sentido, la Humanidad, y a su servicio debe estar la organización religiosa, tal como lo expresó el mismo Jesús horas antes de morir (“No vine para ser servido, sino para servir” Mt 20, 24-28).

Por eso, es evidente que la organización de la comunidad religiosa depende de los factores sociales, culturales de cada pueblo, y en el fondo, es una necesidad psicológica, porque la comunidad organizada contiene a las personas y les da ciertas garantías y confianza.
Hoy, especialmente entre los jóvenes, hay un fuerte cuestionamiento a la religión organizada con sus creencias y dogmas, sus autoridades, rituales y normativas.Pero, mientras se cuestiona a las organizaciones religiosas, surgen al mismo tiempo nuevas formas de “experiencias espirituales”, y nadie puede predecir cuál será el futuro de dichas experiencias espirituales o religiosas en los siglos futuros.

3. LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL-RELIGIOSA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

El hombre en su quehacer, en sus relaciones con los demás, a la hora de optar de decidirse y comprometerse necesita saber a qué atenerse, saber que todo lo que hace y todo lo que pasa es por algo, para algo que merece la pena; en una palabra el hombre necesita dar sentido a la vida.

¿Pero que entendemos por sentido a la vida?
La palabra “sentido” puede entenderse de dos maneras:- como sinónimo de dirección, de rumbo, de camino por el que se a de ir.- como sinónimo de significación, valor, valoración, meta o fin. Cuando hablamos del sentido de la vida, no nos referimos al sentido concreto, inmediato, particular de cada una de las acciones o reacciones consideradas aisladamente.

Nos referimos a un sentido global, totalizador que el hombre descubre como un marco en el cual integra toda su vida, de manera que se sienta satisfecho e integrado.
Esta integración consiste en que los deseos y frustraciones, las aspiraciones y las decisiones, compromisos y opciones, en una palabra todos los componentes de la múltiple y diversa actividad de la vida quedan polarizados, finalizados y reducidos a una finalidad ultima trascendente.

Diversas posturas ante el sentido e la vida:
a) La vida humana carece de sentido: el hombre se concibe así mismo como pura libertad, como ser a realizarse pero encerrado en los límites de la condición finita del ser humano, cuya última frontera es la muerte.
Representantes de esta corriente: Albert Camus, Jean Paul Sartre.

b) La vida tiene únicamente un sentido inmediato: siempre han existido personas que han encarado la vida día a día sin otras preocupaciones que lo inmediato; es una actitud definible como “comamos y bebamos que mañana moriremos”.
La actual situación de crisis general y profunda, la falta de unos horizontes claros, etc. son factores que han contribuido a que la actitud que comentamos se generalice especialmente entre la juventud. Si consideramos al hombre como ser lanzado hacia el futuro podremos calificar de patológica o enfermiza la actitud que hemos descrito e igualmente los mecanismos sociales que la generan.

c) El sentido de la vida consiste en el tener.
Durante muchos siglos las posibilidades de las personas de poseer objetos han sido mínimas. La llamada sociedad de consumo ha traído por vez primera la posibilidad de adquirir bienes, dinero y propiedades y las ha puesto al alcance de un gran número de personas, fomentando una mentalidad consumista según la cual la calidad de la persona viene determinada por lo que posee.

d) El sentido de la vida es una existencia honrada.
Para muchos este sentido de la vida se reduce a un trabajo realizado con eficacia, a una vida sin excesos, a una familia en al que los hijos lleguen a ser más de lo que fue su padre y algunos amigos. Este ideal que se podría calificar de pequeño burgués esta ligado al capitalismo y su noción de bienestar, tolerancia e individualismo.

e) El sentido en una vida de valores: para todos, a fin de cuentas, la vida tiene sentido si se la vive conforme a valores que están más allá de uno mismo, como el amor, la solidaridad, la justicia, la paz, etc. Algo por lo que valga la pena vivir y aún morir.

La religión y el sentido de la vida:
La pregunta por el sentido de la vida recibe también una respuesta de la religión. Precisamente la experiencia de lo trascendente en que consiste la experiencia religiosa trae consigo una repuesta a los grandes interrogantes que el hombre se ha planteado desde siempre.¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos? ¿Qué hacemos en este mundo?

a) La trascendencia.

La respuesta que la religión aporta a estas grandes cuestiones puede resumirse en la palabra trascendencia. No es este un concepto puramente religioso por que quien escribe un libro, planta un árbol, o tiene un hijo experimenta en cierto sentido lo trascendente en la permanencia de sus obras o en su influencia bienhechora más allá de su muerte.

El marxismo ha usado también la palabra trascendencia para caracterizar la experiencia del que al dar la vida por un futuro mejor rompe los límites estrechos de su existencia individual.

Pero en la religión la “trascendencia” parece adquirir un sentido más pleno y totalizador.
En ella la totalidad de la vida humana, individual y colectiva encuentra su culminación y ello en un doble sentido:
– Por un lado, el creyente sabe que toda realidad, todo acontecimiento, el tiempo y el espacio están anunciando en esta vida el absoluto que habita en ellos. Si en un aspecto la religión muestra las realidades como relativas, no por ellos las desvaloriza. La vida es epifanía o manifestación de lo sagrado o trascendente.

– Por otro lado, el hombre religioso también espera “en otra vida”, en un cielo nuevo y una tierra nueva en que incluso los aspectos negativos de la vida sean recuperados. Aunque sin desvelar radicalmente su misterio, la religión está en condiciones de encontrarle un sentido total a la vida.
El creyente experimenta lo religioso como lo que orienta a todo el hombre y para el hombre, pero nunca sin el hombre. No anulándose ni mermando su capacidad sino afianzando su libre elección.

b) La religión busca dar sentido a la vida

Podemos afirmar que el hombre religioso vive en relación personal con un “mas allá de si mismo”, hacia lo cual tiende y se orienta.
Ese más allá generalmente se lo considera como algo personal y absoluto, con el que está íntimamente relacionado.

Busca, pues, la armonía con todo el universo, con la humanidad, consigo mismo, pues todo es manifestación de un ser divino.
La experiencia religiosa  aparece como una forma de vivir que desarrolla el ser humano cuando ha recorrido su existencia como don, tarea y despliegue ante alguien que no viene a suplantar nada de lo humano, ni a entrar en pequeños detalles, sino a iluminar todo colocándolo en una auténtica perspectiva.

La religión tiende a esclarecer el sentido de todo lo que existe y acontece, a iluminar el quehacer mismo del hombre, a proponer un destino existente pero desconocido, que al descubrirse libera y tiende también a dar cohesión al conjunto de la existencia humana procurando una orientación.

Pero siempre este recorrido de la experiencia religiosa transita por la búsqueda y la duda.
En la religión no hay certezas, hay esperanzas; no hay lógicas racionales, hay sentimientos.No hay argumentos para afirmar esto o aquello, hay experiencias personales, sujetivas, amasadas de emociones, de una forma de mirar la vida.Hoy el abanico de las experiencias religiosas se ha abierto y ha traspasado las formas institucionales de las religiones organizadas, y también se ha separado.

V- LA MADUREZ RELIGIOSA Y ESPIRITUAL

Finalicemos señalando elementos de una maduración de la fe religiosa, de la religiosidad en sus muchas formas y de la espiritualidad. Nunca hay que olvidar que el ser humano es una unidad bio-síquica-social- espiritual, y que la madurez alude a la armonía de esas dimensiones.

a) El concepto de madurez religiosa constituye solo un punto ideal de referencia para las conductas religiosas y no una definición estática o punto de llegada identificable o el logro de la edad adulta.No se puede fijar con generalidad un momento cronológico o estado concreto en que se alcance la madurez.
No coincide con una edad concreta ni con una conducta determinada; es mas bien una situación del individuo que solo se alcanza cuando existe una verdadera armonía en su interior, que se dará si se domina libre y responsablemente sus instintos e inquietudes y proyecta toda su existencia hacia lo sublime y trascendente.

La conducta religiosa aparece como un esfuerzo para dar significado a la propia existencia, como una de las soluciones posibles a los interrogantes que se le presenta al hombre en las diversas etapas de la vida.
La madurez es un concepto de la psicología que a su vez lo ha tomado de las ciencias de la Naturaleza; partiendo de esta base caben tres acepciones del concepto:- el sentido de coherencia entre lo que se cree y lo que se practica, entre las capacidades poseídas y los frutos dados.- el sentido evolutivo: es el grado de desarrollo posible por un individuo que crece progresivamente hacia un ideal.
Se es maduro no por haber llegado hasta el término del camino sino por haber recorrido el espacio justo que se requería hasta el momento presente.- el sentido ideal: es la meta máxima del desarrollo. Nunca se alcanza, se va realizando parcialmente en la propia existencia.

b) Religiosidad y Fe madura desde una perspectiva psicológica.

Autores varios coinciden en señalar que la religiosidad madura tiene ciertas notas psicológicas que podríamos sintetizar como sigue:

1. Una mirada unificadora de la vida.

Una persona madura sería aquella que tiene un conjunto de elementos afectivo-intelectivos que llevan a armonizar todos los datos que provienen del mundo exterior e interior en un todo armónico. La religión no es lo único que da este sentido unificador de la vida pero sí puede decirse que es la que ofrece la visión de la vida más comprehensiva y abarcante.

Una cosmovisión de este tipo ofrece orientación y sentido a la vida y, como dice Allport, incluye «todo lo que se experimenta y todo lo que va más allá de la experiencia… en una concepción unificadora de la naturaleza de toda existencia» (Mental health: a generic attitude Journal of Religion and Health)
Este sentido unificador está en crisis hoy porque muchas concepciones de la religión no coinciden con otras concepciones que llegan al sujeto desde las ciencias, los medios de comunicación, el estilo moderno de vida, etc. En muchos casos la religión, más que unificar y dar sentido al todo, se ha separado de la realidad cotidiana en una “burbuja” religiosa.

2. Fe con sentido crítico.

La religiosidad madura es aquella que sabe purificar y discriminar los motivos inmaduros, ya sean provenientes de la historia biográfica o las costumbres sociales, y mantiene la religiosidad y la experiencia religiosa en sus rasgos esenciales distintivos con criticidad y autoanálisis.
Dicha madurez religiosa es capaz de integrar la fe con el mundo de la ciencia y de las artes.Una fe madura no sólo es la que es capaz de integrar esos diversos aspectos sino también que es capaz de mantenerlos autónomos y diferenciados.

Allport ha sostenido además que, aunque el sentimiento o la experiencia religiosa haya surgido con motivos inmaduros, luego «ya no más guiado o estimulado exclusivamente por el impulso, el miedo o el deseo, tiende más bien a controlar y dirigir esos motivos hacia una meta que deja de ser determinada por los meros autointereses» (The individual and his religión)

Este sentido crítico abarca también la ética y sus normas a las que interioriza en forma autónoma, abandonando toda forma de infantilismo y dependencia externa.
El hombre de fe moderno debe aprender a mirar sus creencias, verdades y normas no como un dato absoluto sino como un punto de partida que necesita revisión constante, diálogo con los otros (creyentes o no), ensayo y error, tiempos de duda y de búsqueda.
Se abre al criterio de la tradición y de la autoridad, pero no con un sometimiento ciego, sino con una actitud crítica y racional que siempre busca la sinceridad de la conciencia y no el sometimiento servil.

3. Fe heurística.

Esto quiere decir que la auténtica fe funciona en el psiquismo humano con características parecidas a como funcionan las hipótesis en el conocimiento científico. Para Allport la fe es una arriesgada hipótesis que busca ser confirmada constantemente pero que siempre está abierta a la interrogación y a la búsqueda.
La religiosidad madura afirma ciertas creencias pero siempre buscando entender cada vez más y de forma más refinada nuevas preguntas, nuevas respuestas y nuevos desafíos.
Una fe madura sabe convivir con la ambigüedad y la paradoja, de la misma manera que un adulto maduro sabe vivir con la búsqueda de felicidad a través del amor, pero sabiendo que eso implica ambigüedad y paradoja. Una fe madura acepta que las contradicciones y las tensiones interiores son condición propia del ser humano y no pueden ser eliminadas. El creyente maduro no es precisamente aquel que ha encontrado la seguridad y el alivio.

4. Experiencia mística o espiritual.

Una fe madura implica un cierto nivel de experiencia de «lo Otro», de lo trascendente al individuo, y que él percibe como no manipulable por sus deseos o proyectos. Una suerte de percepción que ilumina la vida, con un sentido de misterio que trasciende el tiempo, a la vez que da permanencia significativa en el tiempo.Como ha dicho Kao «el estado místico expresa el ideal del alma humana en búsqueda de armonía con el universo y con lo Ultimo» (Psychological and religious development: maturity and maturation).

5. Apertura del yo hacia más amplias perspectivas.

Es un movimiento de apertura del yo, de lo que son intereses egocéntricos o narcisistas, a perspectivas más amplias. Esto lleva al individuo con religiosidad madura a adoptar una ética y una teología personal, amplia y generosa.
La capacidad de respetar la dignidad de los otros y ser compasivo con el prójimo es otra característica fundamental de la madurez religiosa. Los grandes santos y místicos se distinguieron siempre por un espíritu generoso y compasivo con el sufrimiento ajeno.La fe madura nada tiene que ver con el fanatismo ni con la imposición. Más importante que la ortodoxia de las ideas es la ortopraxis del amor.

6. Con una escala de valores.

El hombre maduro en su fe también posee una escala de valores en equilibrio, en que la vida emocional se estabiliza, donde la paz permite que los impactos que producen los acontecimientos sobre la vida emocional no alteren su equilibrio. Hasta los hechos más insignificantes se estiman desde una dimensión trascendente.
Una religiosidad madura produce en la experiencia del individuo un sentido lleno de alegría, entusiasmo o libertad interior y amistad universal que proviene de la convicción profunda de la presencia transformante del radicalmente Otro.
La admiración del universo, la necesidad de la relación unificante con el Todo, la serenidad y la paz interior, la convivencia fraterna con todos los seres humanos con un fuerte sentido de paz y justicia son características propias del hombre religiosamente maduro.Para los cristianos, Las Bienaventuranzas de Jesús expresan este conjunto de valores.

El objetivo de la Psicología de la Religión es, por tanto, prescindiendo metodológicamente de la verdad religiosa y de la existencia de Dios, analizar el fenómeno religioso (mitos, ritos, sabiduría de vida) desde la psicología, como una conducta humana inmersa en una cultura determinada.

No se trata de defender a la religión ni de atacarla, sino de entenderla como un fenómeno humano con un lenguaje particular, en una determinada cultura y contexto histórico.Por lo tanto, busca la maduración de la fe en consonancia con la madurez humana, de tal forma que si el hombre vive una experiencia religiosa, la viva con madurez y autenticidad, despojado de formas infantiles (falta de autonomía y libertad, por ejemplo), mágicas o degradantes (autoritarismo, castigos, represión…).

Y la tarea de la educación espiritual  o religiosa es lograr, a través de los años de formación, un nivel óptimo de coherencia y madurez, de crecimiento en los valores hoy asumidos por nuestra sociedad como el diálogo, la reflexión, la decisión libre, la ética autónoma, la empatía y el amor, la generosidad y el espíritu conciliatorio.
Se trata, como ya lo hemos señalado, de darle sentido a cada etapa de la vida y a toda la vida en su totalidad, un sentido que necesariamente nace y reproduce un sentimiento de alegría, de gozo y felicidad.Nuevamente recomiendo al lector remitirse a nuestra sección de Ética de la página web, íntimamente relacionada con lo que vamos diciendo en este artículo.

d) Elementos de Inmadurez Religiosa: señalamos algunos que prácticamente son consecuencias de todo lo ya dicho:

1. Pensamiento y ritos mágicos, devociones mágicas. Es la búsqueda del poder y del beneficio divinos en provecho propio, con el mínimo de esfuerzos, en una religión interesada en un Dios al servicio del capricho humano. Una religión que manipula a Dios y lo sagrado para convenienciasy necesidades personales o grupales. Una religiosidad externa que no realiza un cambio profundo del individuo, o puramente tradicional y por costumbre.

2. El autoritarismo y dogmatismo en las estructuras religiosas que fomentan el poder absoluto en unos y la dependencia y el infantilismo en otros.
También formas de Paternalismo que impiden crecer, dialogar, tomar decisiones y actuar con plena libertad y responsabilidad.
La vida religiosa no debe estar reñida con la democracia, ni con el diálogo, ni con la razón, con la duda y con la búsqueda.En este terreno hay mucho que hacer cuando las creencias, normas éticas y rituales son impuestos “desde arriba” y se mantiene a la feligresía en total actitud infantil y de sometimiento.

3. Formas de Heteronomía con leyes y normas exteriores que no son «interiorizadas» con criterio y autonomía personal…Por tanto, manipulación de las conciencias con miedos, amenazas, premios y castigos, y falta de madurez ética de la conciencia.Y manipulación de Dios a quien se le atribuyen sin más las decisiones humanas.

4. Todo ello dependiente de una imagen de Dios, autoritario, como rey absoluto, controlador, hacedor omnipotente, juez y castigador severo.Se contrapone con el Dios del amor, de la misericordia, de la libertad y de otros valores evangélicos.

5. En cuanto a los contenidos religiosos, está el Dogmatismo que exige una aceptación infantil y falta de crítica, una aceptación ciega de dogmas y creencias carentes de sentido para el hombre de hoy.

También una lectura Fundamentalista de los textos sagrados, literal y cerrada, sin tener en cuenta el género literario, los aportes de la historia, el marco cultural de las ideas, etc. Se toma cada frase separada de su contexto y con valor absoluto, y a menudo como argumentos contra otras creencias. Símbolos y mitos son interpretados en forma realista y material…

6. Dentro del cristianismo aún existen formas de desvalorización del cuerpo y de la sexualidad, dualismo de cuerpo y espíritu, falta de una mirada positiva del placer y de la relación sexual, etc. 7. Visión masculina o machista de Dios y de lo religioso con la correspondiente desvalorización de lo femenino y de la mujer.

8. En la práctica religiosa; formalismo, cultualismo (el culto por el culto), simple cumplimiento de normas y ritos, etc.

9. Religión que no se ha liberado de sentimientos negativos como miedos, culpabilidad excesiva, escrupulosidad, temor a la autoridad religiosa, sometimiento y servilismo.

En fin, que si buscamos una educación integral y madura, armónica y coherente, todo lo que atente contra estos aspectos, revela una religiosidad que deja mucho que desear.
Y lo lamentable es que las propias instituciones religiosas (iglesias, escuelas) mantienen estructuras que no sólo violan algunos de los derechos fundamentales del ser humano (igualdad, democracia, diálogo, libertad de pensamiento y de expresión) sino los mismos principios bíblicos y evangélicos que aluden a la autoridad como un servicio a los hermanos, a una comunidad abierta a los más débiles y vulnerables, a los principios de la sinceridad, del amor y de la lucha por la justicia y la paz.

 

 

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