Lenguaje religioso, Mitos, Fe, Magia

PSICOLOGÍA DE LA ESPIRITUALIDAD  Y RELIGIOSIDAD III- FE, MAGIA, MITOS, LENGUAJE SIMBÓLICO, RITOS

 

 Lic. Santos Benetti

 I. FE O  MAGIA

Es comprensible que en este largo proceso interpretativo del hombre sobre su existencia surgieran imperfecciones, errores, impurezas, mezclas de lógica con emociones y sentimiento puro, falta de separación entre la imaginación y la razón, etc. Por eso distinguimos entre fe religiosa y magia, dos formas religiosas, antiguas y actuales, semejantes y distintas al mismo tiempo.

La Fe religiosa (religiosidad) la podemos concebir en general como la conciencia y experiencia de un ser supremo (o varios) que conduce el mundo conforme a ciertas leyes misteriosas que el hombre debe acatar, ocupándose por su parte éste en desarrollar una vida digna conforme a los mandatos divinos. El hombre deposita su confianza en Dios y decide con libertad su destino conforme a ciertos valores como el amor, la misericordia, la justicia, la paz, etc.
Los dioses o Dios son concebidos como luminosos, sabios, poderosos, totalmente distintos al ser humano. Por cierto, es la forma de percepción religiosa que se expresó en las tradicionales religiones de Oriente y Occidente.

La Magia (el pensamiento mágico) en cambio, es la creencia de que hay objetos, animales, ritos, artes, prácticas o palabras que tienen en sí mismos un poder o “mana” sagrado o divino, o que pueden conceder ese poder..Se supone que ciertas personas (magos, brujos, sacerdotes, chamanes…) tienen la capacidad de apoderarse de ese poder en beneficio propio o de otros, o para hacer ciertos males a sus semejantes (brujería). El poder divino “está en la cosa” y existen rituales o palabras “mágicas” para apoderarse de ese poder.

La magia funciona automáticamente si, guiados por el mago, se cumplen los rituales “secretos” (conocidos por los “iniciados”) con exactitud (tantas oraciones, tal rito señalado, decir tales palabras, tocar cierta imagen, etc.) prescindiendo incluso de la voluntad, intención o buena fe del hombre.

Rituales mágicos los encontramos aún hoy en muchos cultos (afroamericanos, vudú, etc.) y aún en las religiones evolucionadas, como los vemos hoy en día en muchos cultos cristianos populares y no tan populares. La magia se mezcla con la fe religiosa y aparece como su deformación o patología.En la magia, el interés del hombre ya no está en el encuentro con Dios o en la modificación de su conducta sino en conseguir tal beneficio con cierto ritual mágico.

Por supuesto que tanto en las culturas primitivas como hoy se apela a la magia cuando no se pueden resolver ciertos problemas por uno mismo, o sea, en situaciones particularmente difíciles o comprometidas (sanar un enfermo, ganar una guerra, salvar una vida, tener una buena cosecha a pesar del mal clima, conquistar un amor imposible, etc.). En las culturas primitivas el origen de los ritos mágicos y de su poder se halla en los mitos correspondientes.

Y hoy es interesante constatar que la mayoría de los rituales religiosos y oraciones de los fieles son para “pedir” favores, a menudo milagrosos, existiendo cierta competencia entre qué imágenes o santos o vírgenes son las más “milagreros”.Un culto que sólo pide favores para cubrir «necesidades» siempre estará rozando a la magia.

Frazer entiende a la magia como la expresión de reglas que determinan la consecución y el curso de acontecimientos en todo el mundo (magia teórica); y también como una serie de reglas que los humanos cumplirán con objeto de conseguir sus fines (magia práctica).Esta se divide en dos tipos, según los principios de semejanza o de contacto:

Magia imitativa. Relacionada a que lo semejante produce lo semejante ( Homeopatía). Esto se refiere a que los efectos provocados a algo o a alguien son semejantes a las causas que lo provocaron (si clavo una aguja en la foto de alguien, es como clavársela en persona)

Magia contaminante. Se refiere a que las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia uniéndolos por siempre un lazo, después de haber sido separados (si coloco un sapo, animal acuático, en tal lugar y forma, se atrae la lluvia)

La magia también actúa simbólicamente por cercanía (tener una imagen religiosa en la casa, una prenda de ropa del beneficiario o víctima), y por parecido u oposición (comer un tigre para tener su fuerza, beber agua bendita para curarse…). La magia es la gran tentación de toda religión: tenerlo a Dios al servicio de uno mismo…
En la Biblia hay situaciones y milagros con elementos mágicos en el ciclo de Eliseo (2 Reyes 2, 23; 6, 1 y sig) y en otros lugares, como la caída de Jericó (Jos 6)

Muy relacionada con la magia está la Superstición que es la creencia, no fundamentada, o asentada de forma irracional en el hombre, de que ciertas acciones voluntarias como: rezos, ensalmos, conjuros, hechizos, maldiciones u otros rituales, o involuntarias: como la caída de sal al suelo o la llegada de un martes 13, pueden alterar el destino o la suerte de una persona.Se incluyen entre las supersticiones la adivinación con diversas técnicas muy popularizadas aún hoy.

Respecto a las curaciones de la magia (siempre actuales) pareciera que dan resultado dentro de ciertas condiciones:
a) que la enfermedad sea curable por sugestión,
b) que el sanador tenga fe en sus poderes,
c) que el enfermo crea en su curación,
d) que la comunidad apoye esa creencia.

Si no hay resultados, la falla se explica por la falta de fe del enfermo, generalmente.Es evidente que muchas complicaciones síquicas y somáticas pueden curarse con la confianza del paciente y con su actitud positiva, y con la ayuda de ciertas medicinas naturales que acompañan el rito mágico. La mente actúa sobre el cuerpo tanto negativamente (así en las somatizaciones) como positivamente (en las curaciones). De esta manera funcionan las psicoterapias científicas… y también la magia.

El Tabú, muy relacionado con la magia, es un objeto, persona o palabra que al tener cierto poder divino en sí mismo, queda prohibido al uso profano (no tocarlo, no pronunciar tal palabra, por ejemplo el nombre del Dios). Quien viola esta prohibición, o muere o merece la muerte. Ejemplo bíblico: tocar el Arca provoca la muerte (2 Samuel 6,6…) El tabú funciona automáticamente aún si la persona no tiene intención o incluso sobre animales.

Algunos objetos tabúes producen impureza, una especie de mancha ritual que aparta al sujeto de la comunidad hasta tanto no haga los rituales purificatorios.

En la Biblia tenemos muchos ejemplos de tabúes de impureza, como animales impuros (Lev.11), el parto de la mujer (Lev 12), la lepra (Lev 13), el sexo, la menstruación (Lev 15, especialmente 15,31)En ciertas culturas el homosexual es tabú (se lo destina a ser chamán, por ejemplo), la mujer menstruante es tabú, etc. Es difícil saber el origen de estas prescripciones que se prolongan en el tiempo más por costumbre que por una explicación racional, pero siempre aluden a algo desconocido o de efectos perjudiciales.

En todas estas situaciones vemos actuar el poder de la mente de una forma muy intensa: emociones fuertes y primarias (miedo, repulsión), sentimientos variados como asombro, curiosidad, alegría, tristeza, desesperanza y esperanza, dependencia, confianza, con una imaginación que anula u obnubila la tarea racional de la mente y el juicio crítico. El ser humano pierde su autonomía y entra en una peligrosa dependencia.
Y todo esto se reactiva ante situaciones críticas y necesidades imperiosas, cuya única resolución parece encontrarse en un “poder” extrahumano. Cuando falla el factor humano (una curación imposible por la ciencia) es comprensible que se apele a ciertos rituales o personas que significan una última esperanza. He visto cómo hasta los propios médicos aconsejan a sus pacientes recurrir a un curandero en estas circunstancias.

II. EL LENGUAJE RELIGIOSO: SÍMBOLOS, MITOS, RITOS. SABIDURÍA DE VIDA

1. LENGUAJE SIMBÓLICO

El lenguaje y la expresividad religiosos son sumamente variados y abarcan una rica gama de situaciones que pasamos a describir, desde su lenguaje simbólico hasta un estilo sabio de vivir.

Ante todo, el lenguaje religioso es necesariamente simbólico, ya que el hombre no puede percibir directamente lo sagrado, por propia definición de lo sagrado o epifánico que está “más allá” de toda percepción sensible y comprensión humana. El hombre “intuye” o imagina que “más allá” de la realidad física hay “Otra” realidad cuyas manifestaciones y efectos parece percibir o intuir. Y tal como lo hace el arte, la comprensión y expresión religiosa es necesariamente simbólica.

La racionalización que hace la teología es una etapa muy posterior y generalmente ignorada por la mayoría de los creyentes.
Racionalización sobredimensionada en Occidente desde claves griegas y que transformó al cristianismo en una religión de creencias dogmáticas con grave riesgo de ahogar la espiritualidad y creatividad de la comunidad.

El Símbolo es, precisamente, una realidad (objeto, persona) que, además de su sentido propio (1), “remite” a otra realidad que la trasciende (2), pero con la cual tiene alguna relación de semejanza (3) Así el agua como elemento natural necesario para la vida y la limpieza (1) nos remite a la nueva vida o a la purificación interior (2), dada la relación que tiene el agua con la vida y la limpieza (3)Lo mismo sucede con el fuego (calor), con la luz, con el vuelo de los pájaros, con la altura de las montañas o la blancura de la nieve, con la desnudez, etc.

En realidad, cualquier realidad cósmica y humana puede ser símbolo de algo. Aún en el lenguaje corriente utilizamos gran variedad de símbolos, como cuando decimos que “esto es divino”, que “alguien se arrastra por el vicio”, que “escalamos la altura del éxito o de la virtud”, que “el odio nos enceguece”, que “debemos mirar en nuestra profundidad”, etc. Incluso cada parte del cuerpo humano tiene un valor simbólico (cabeza, manos, ojos, corazón, piernas, etc.)Recordemos, de paso, los dos movimientos de la simbolización según Freud: el desplazamiento del sentido de un objeto hacia otro (vida-agua), y la condensación en uno solo (agua).

Por su puesto, que estas relaciones no son universales ni dogmáticas, sino que dependen de cada cultura o grupo humano.
Así la grandeza y fuerza de Dios puede simbolizarse en el toro (cananeos), en el elefante (africanos), en el sol (egipcios, incas, mayas), en el tigre (guaraníes), en la pareja hermafrodita yin-yan (hindúes, budistas), en el padre o en la madre, etc.
Por tanto, el símbolo es universal en cuanto lenguaje humano (presente en los sueños, mitos, arte y vida cotidiana) pero su sentido es particular a cada cultura.El símbolo es una metáfora condensada y lo utilizamos siempre que el leguaje verbal corriente o racional nos parece imperfecto, como sucede con la experiencia del amor o de la belleza.

Los símbolos son “polisémicos” (“poli”, muchos: “semeion”, significado), pues pueden tener varios significados y aún sentidos opuestos, como el agua, signo de vida, pero también de muerte (ahogarse, inundaciones), de purificación, de energía o de frescura. Todo depende de la mirada de quien interpreta, de su situación, circunstancias y experiencias; así en países desérticos como Palestina la lluvia es vista por los cananeos como el dios supremo benefactor (Baal).
Por tanto, el símbolo de por sí es “abierto” a muchas interpretaciones, algunas de ellas muy sujetivas, pero cada cultura “cierra el sentido” de los símbolos empleados, como sucede en los mitos y en las religiones. Es interesante el ejemplo de la cruz, antiquísimo símbolo de la totalidad de la tierra con los cuatro puntos cardinales, y símbolo para los cristianos de la redención por el sacrificio.

En las religiones, el riesgo del empleo del lenguaje simbólico es que se haga una interpretación literal “realista” del símbolo (como hace el “fundamentalismo”) y así se pierda su verdadero sentido y se llegue a grandes contradicciones con la ciencia y a una interpretación cerrada y dogmática.Baste pensar en la interpretación literal de los mitos de creación del mundo del Génesis que llevó a las Iglesias a una posición anticientífica y absurda.
El lenguaje simbólico no es contrario al científico, sino que es “otro lenguaje”, así como la poesía no se opone a la prosa, sino que es otra dimensión y otra mirada de la realidad.En síntesis; la experiencia religiosa, “necesariamente” utiliza el lenguaje simbólico.

Nuestra tarea, es interpretar correctamente ese lenguaje. En esta interpretación es importante encontrar el significado que la cultura le da a los signos, la cultura de la época del origen o redacción del símbolo. En eso se diferencia de la interpretación de los sueños, en que se busca el significado desde la sujetividad y el inconciente de cada soñante.
Un ejemplo interesante es el símbolo de la serpiente que en nuestra cultura y en casi todas las personas es símbolo muy negativo de traición y maldad; en cambio tanto entre los semitas como en otras culturas (como la incaica) es símbolo de la sabiduría. Así en el conocido relato del Génesis, capítulo 3, la serpiente tentadora representa la cultura cananea que se opone al culto a Yahvé.

El problema que tenemos hoy con las antiguas religiones es que sus simbolizaciones nos resultan totalmente extrañas y demandan estudios de arqueología, lingüística, sociología, antropología, etc. para darles el verdadero sentido de esa cultura.
Pensemos sin más en el concepto judeo-cristiano de “resurrección de los muertos o de la carne” para expresar simbólicamente el concepto de trascendencia. Un tema tan importante en el cristianismo resulta absolutamente incomprensible y hasta absurdo desde la actual cultura. Pero para el judaísmo del siglo segundo antes de Cristo que desconocía el concepto de alma espiritual e inmortal, fue la única manera de sentir que todo el ser humano (cuerpo viviente) transciende a la muerte.

2) LOS MITOS

a) A medida que la percepción de lo hierofánico y epifánico se va desarrollando, los símbolos no aparecen “sueltos” sino que se van organizando como un pensamiento integral: son los mitos que intentan dar una “explicación” global de toda la realidad. Es una tarea que se desarrolló a lo largo de milenios de vida de la humanidad y que no conoce un autor particular sino que es el producto de toda una cultura.

Los mitos son, por tanto, anónimos, y sólo fueron escritos posteriormente en algunas culturas, pues su transmisión fue oral, de boca a boca. En los pueblos antiguos los mitos, en tanto narraciones sagradas, sólo podían ser recitados (a menudo en verso para facilitar su memorización) por personas sagradas o ancianos y dentro de ciertos espacios y ritos especiales.

En la Biblia, el acontecimiento mítico esencial (liberación de la esclavitud de Egipto, descrita por el Éxodo) recién se comienza a redactar por escrito tres o cuatro siglos después. La gesta mítica de Jesús se escribe 50 años y más después de su muerte.

Pero hay que tener en cuenta que la Biblia enmarca en la historia esos hechos (en tiempos del faraón, en tiempos de Augusto, etc.) utilizando simultáneamente un lenguaje histórico y simbólico o mítico, e incluso elementos míticos de otras culturas y religiones. Todo lo cual dificulta su interpretación pues se hace casi imposible distinguir los elementos propiamente históricos de los míticos.Así en el Exodo, es histórico que algunas tribus hebreas huyeron de Egipto y recobraron su libertad, pero al analizar el marco milagroso de esa epopeya resulta imposible distinguir lo que sucedió realmente de lo que posteriormente el pueblo y los redactores imaginaron como grandes milagros divinos.

Pero, ¿qué es un mito?

Esta palabra tuvo a lo largo del tiempo sentidos diversos: en su origen significó “la historia real”, después fue visto especialmente por los filósofos griegos como historia fantaseada o leyenda, etc.La palabra proviene del griego mythos, ‘cuento’, y es un relato de hechos maravillosos protagonizado por personajes sobrenaturales (dioses, semidioses, monstruos) o extraordinarios (héroes).

Hoy la moderna ciencia, especialmente psicológica, antropológica y filosófica, revaloriza el mito como un lenguaje especial, que surge del inconciente humano y de su estructura cerebral, diferente del actual lenguaje científico o histórico, y cargado con una interpretación específica; un lenguaje ya presente en los sueños y en las manifestaciones del arte.

Los mitos forman el sistema religioso de una cultura, (son su misma esencia) la cual los suele considerar como historias verdaderas. Su función es otorgar un respaldo narrativo a las creencias centrales de la comunidad. Culturas que desconocen los discursos abstractos (al estilo de los filósofos griegos) sólo conocen los relatos como forma de transmitir mensajes. Se trata de una característica muy peculiar de los semitas hebreos.

Según Mircea Eliade, el mito es una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo primigenio, en el que el mundo no tenía aún su forma actual. Los acontecimientos de la naturaleza que se repiten periódicamente se explican como consecuencia de los sucesos narrados en el mito (por ejemplo, de la unión sexual de una pareja de dioses surge la primavera con sus brotes de vida, la lluvia como semen del dios, etc.)

Dice Mircea Eliade que el mito es una realidad extremadamente compleja, que podría abordarse e interpretarse de diferentes maneras, a menudo complementarias. El mito contaría, en general, una historia sagrada que relata un acontecimiento sucedido durante un tiempo primordial, la edad de oro, el fabuloso tiempo en el que todo comenzó.En este sentido, el mito cosmogónico es «verdadero» puesto que la existencia del mundo está ahí para demostrar que el mito ha sucedido y sucede; por ejemplo, el mito de la muerte existe puesto que la mortalidad humana así lo prueba.

Para el antropólogo Malinowski, el mito, enfocado en lo que tiene de vivo, no es una explicación destinada a satisfacer una curiosidad científica sino un relato que hace vivir una realidad original y que responde a una profunda necesidad religiosa, a aspiraciones morales, a imperativos de orden social e incluso a exigencias prácticas. Los mitos legitiman y explican los principios centrales que conforman los sistemas de creencias sobre los que se construye una sociedad.

Se distinguen varias clases de mitos.

· Mitos cosmogónicos: intentan explicar la creación del mundo. Son los más universalmente extendidos y de los que existe mayor cantidad. A menudo, se sitúa el origen de la tierra en un océano primigenio. A veces, una raza de gigantes, como los titanes, desempeña una función determinante en esta creación; en este caso, tales gigantes, que suelen ser semidioses, constituyen la primera población de la tierra.

Una antigua cosmogonía: El poema babilónico de la creaciónEntre las cosmogonías de la antigua Mesopotamia, se conserva el poema babilónico Enuma Elis (literalmente “desde lo alto”) que es una de las más grandes creaciones literarias de la cultura mesopotámica que fue copiada y estudiada dos milenios antes de la era cristiana. Se la considera una obra clásica de poesía religiosa científica y críptica.La figura central del poema es Marduk, a quien, entre otras cosas, se le atribuye la creación del mundo y del hombre. El poema se inicia con la existencia de la pareja divina primordial, Apsu y Tiamat, de la que nacerán otras parejas divinas. Todo ello en un tiempo en el que el mundo como tal no existía. Se describen también las luchas entre los dioses jóvenes y el nacimiento de Marduk que más tarde será llevado al trono como rey de todos los dioses.Marduk luchará contra Tiamat, a quien matará y vencerá. Se apoderará de las Tablas del destino, símbolo del poder celestial y creará el mundo.Ea será quien cree al hombre siguiendo las instrucciones de Marduk. El primer hombre será creado a través de una mezcla de arcilla y sangre divina (la del dios Kingú, condenado a muerte). El objetivo fundamental de la creación del hombre es la de servir a los dioses a través de su trabajo y ofendas rituales.Los autores bíblicos durante el exilio en Babilonia copiarán y “corregirán” este poema para elaborar el relato de la creación de Génesis 1.
· Mitos teogónicos: relatan el origen de los dioses. Por ejemplo, Atenea surge armada de la cabeza de Zeus.

· Mitos antropogónicos: narran la aparición del ser humano, quien puede ser creado a partir de cualquier materia viva (un árbol, un animal) o inerte (polvo, lodo, arcilla, etc.). Los dioses le enseñan a vivir sobre la tierra.

· Mitos etiológicos: explican el origen de los seres, los ritos y fiestas, las cosas, las técnicas y las instituciones.

· Mitos morales: explican la existencia del bien y del mal y de normas de conducta.· Mitos fundacionales: cuentan cómo se fundaron las ciudades por voluntad de dioses. Un ejemplo es el de la fundación de Roma por dos gemelos, Rómulo y Remo, que fueron amamantados por una loba.

· Mitos escatológicos: anuncian el futuro, el fin del mundo por el agua, el fuego, terremotos, etc. Siguen teniendo amplia audiencia. A menudo están vinculados a la astrología.

e) EN SÍNTESIS :  Todo Mito tiene estas 5 características:
1. tiene forma de relato histórico,
2. con un lenguaje simbólico,
3. que trata de los orígenes,
4. cuyos personajes son dioses o héroes fundadores, y
5. cuya finalidad es dar sentido a las realidades actuales y a la vida entera.

Como vemos, son las mismas características de los sueños, sólo que su interpretación depende de la cultura y no de la experiencia individual del sujeto (como sucede en los sueños, que también aluden a lo originario y profundo del ser humano). Podemos decir que los mitos son los sueños de la humanidad; y los sueños son los mitos de cada ser humano.

Desde esta definición de mito, se entiende que hoy descubramos también en la Biblia y en el Nuevo Testamento numerosos relatos míticos, no por legendarios y falsos, sino porque son relatos simbólicos de “corte histórico” que dan el sentido más profundo de la existencia humana, porque siempre el mito remite al ser humano, a su sentir más hondo, eso que llamamos su «espíritu».
El relato mítico, propio de las culturas antiguas, lejos de desvalorizar el sentido, lo fortalece y lo lleva a su plenitud. Poco importa la cáscara literaria, lo importante es el significado para la vida de cada individuo y de la comunidad. Lo importante es no quedarse en el sentido literal, sino descubrir su valor simbólico. Algo no tan fácil…

1. El mito es un Relato que tiene la “forma” de  Narración o Historia.

Todos los mitos tienen la forma lingüística de una historia o relato, de allí tantas confusiones cuando se los toma como una verdadera historia cronológica y científica.Parecen suceder en un tiempo y espacio original, pero en realidad están más allá del tiempo cronológico y en un espacio “mítico” trans-espacio-temporal y simbólico.

El tiempo y el espacio de la historia mítica no son los de la realidad cotidiana, sino los de una realidad más profunda y fundante de toda realidad. Por tanto, el mito utiliza las categorías de tiempo y espacio, pero con otra significación, simbólica e inconciente, pues no se trata de un tiempo-espacio sucesivo y continuo. El mito es el relato o historia de la actividad de los dioses creando el mundo y otras realidades necesarias para la vida humana.El mito le “revela” al hombre un modo de ser y de actuar, cómo vivir, como tener sexo, cómo trabajar la tierra, etc.

Como ya lo hemos dicho, el gran riesgo de los mitos es que se tome su redacción como un relato histórico documentado al estilo moderno, ya que es evidente que los pueblos míticos creyeron en sus mitos al pie de la letra y aún lo siguen haciendo en las religiones, provocando un conflicto profundo.

2. El mito utiliza un Lenguaje que hoy consideramos Simbólico

Hoy la ciencia entiende que el mito alude a significados profundos de la realidad y sólo puede referirse a ellos a través de los símbolos. Estos símbolos sólo pueden ser interpretados “desde esa cultura determinada”, desde la vivencia e historia de ese pueblo, desde su lengua, costumbres, forma de pensar.De allí la necesidad de conocer esa cultura (mediante la historia, la arqueología, la antropología, la lingüística, la geografía, la economía) para poder interpretar sus mitos y símbolos. Por tanto, no podemos leer e interpretar la Biblia desde nuestra realidad cultural, historia, antropología o ciencia, sino desde la experiencia viva del pueblo hebreo, antiguo, semita y con determinadas formas de pensar y sentir la vida.

Por lo tanto hay que conocer el estilo literario y los géneros literarios bíblicos (crónicas, novelas moralizantes, relatos épicos, midrash, relatos de nacimiento, de epifanías, de creación, parábolas, etc.) para interpretar correctamente sus textos.El estudio dedicado a interpretar estos textos se llama “hermenéutica”. Luego volveremos sobre este concepto.

El problema de las religiones míticas (hinduismo, judaísmo, cristianismo, islam) es que siempre interpretaron sus mitos en sentido literal y hoy no encuentran la forma de darles un sentido simbólico sin perder la esencia de sus creencias. Se trata de un verdadero drama: o pasar del sentido literal al simbólico, o bien, prescindir directamente de esos relatos míticos y “recrear” sus mensajes en otro lenguaje más comprensible.
Ejemplo: ¿se explica el nacimiento virginal de Jesús en sentido simbólico o se prescinde del relato evangélico? Lo mismo dígase de la resurrección de Jesús, de los milagros, de la creación del mundo y del ser humano, etc…

En síntesis, como expresa Mariá Corbí (resumen):
“Ahora centrémonos en una característica notable de los mitos. Como éstos son programaciones colectivas que nos permiten ser viables, es lógico que su función principal imponga una epistemología, es decir, una interpretación de lo que se dice de la realidad, tanto de la sagrada como de la profana.
En resumen: lo que dice el mito constituye la realidad, la describe tal cual es. Si no crearan la idea de que los mitos son ciertos, veraces, apegados a la realidad, no servirían, serían inútiles para programar a nadie, no programarían las acciones de ningún ser viviente necesitado. Así se les dio de una ayudadita extra: los mitos son revelaciones de los antepasados sagrados y de los dioses. Esa explicación (garantía epistemológica) es absoluta, inviolable.

Este asunto de la revelación es causa y efecto de la epistemología impuesta por los mitos como complemento de la programación genética. No sólo hablan de la realidad los mitos, sino que las afirmaciones que hacen se refieren a entidades reales. Incuestionables. Una persona que cree no te dirá que cree sino que sabe.

Esta condición (las mitologías y sus epistemologías) generaban sociedades estáticas, que vivían por mucho tiempo de la misma forma, viviendo esencialmente del mismo modo: sembrando, criando ganado… De hecho, este modo (siembra, ganadería…) que es el que permite la sobreviviencia, era la metáfora central del mito, de la cual dependían todas las demás metáforas que permiten el orden, el control, la organización social.

Las religiones tal cual las conocemos hoy, están construidas desde dichas metáforas centrales de las sociedades preindustriales, por tanto se hallan ligadas a los mitos que configuran -a la vez y como una unidad- la dimensión relativa y la absoluta de la realidad. Dichas sociedades requieren y exigen la interpretación de la realidad (la epistemología) que imponen esos mitos, la necesitan.

Pero cuando los mitos, que es lo mismo que decir cuando las religiones, no programan a los colectivos sociales, como empezó a ocurrir en las sociedades industriales, deja de estar vigente esta interpretación-epistemología de la realidad.
Las ciencias han invalidado y criticado esta epistemología, y al mismo tiempo, posibilitaron las tecnologías que dieron origen a las sociedades industriales. Estas mismas ciencias y tecnologías desencadenaron el nacimiento de las sociedades de información. En éstas últimas más que nunca no es posible dicha epistemología, y por ende, las religiones tampoco serán posibles.

Como resultado tenemos unas religiones actuales desfasadas que no han podido darnos lo que requerimos para volver a la cultura un medio de supervivencia, no han permitido tampoco cultivar, seguir asegurando, una experiencia absoluta de la realidad que esté acorde al medio en el cual se vive hoy.
¿Por qué? porque el mundo que nombraban, explicaban, organizaban y valoraban esos modelos se quedó atrás. El sentido de uno mismo, el sentido colectivo, el sentimiento de completud que daba el mito, se ha perdido, y con él también la axiología (valoración del mundo) operativa y pragmática que éste daba. Sin la vigencia de los mitos, las religiones pierden su humus cultural y social; y sin la epistemología mítica, los mitos, símbolos y narraciones sagradas se convierten sólo en puros sistemas simbólicos

3. El Mito es un relato que trata de los Orígenes.

El pensamiento primitivo del hombre antiguo considera que “conociendo los orígenes de su cultura, del mundo, del hombre, de sus actividades y herramientas, etc.” sabe cómo son las cosas, pues el origen divino determina la esencia misma de la cosa.“Si al principio fue así, así debe ser siempre”: si al principio el mundo vino de Dios, así debemos adorar a Dios como sus criaturas ante su creador; si al principio la mujer estuvo sometida al varón, así será ahora; si al principio así se fabricó una canoa, o se cultivó la tierra, así se hará ahora… y así sucesivamente.

Por tanto, el hombre primitivo, primero se pregunta por ciertas cuestiones actuales (trabajo, sexo, guerra, lluvia, sol, etc.) y luego busca su sentido e interpretación en “el origen” que funda la realidad actual conforme a un modelo originario que está más allá de esta realidad. Por eso los mitos inician su historia con la expresión “en aquel tiempo, in illo tempore, al comienzo de todo, cuando no había nada en el mundo”, etc. Ese tiempo y ese espacio del mito son sagrados, de otra dimensión, y pueden ser reversibles y hacerse actuales en los ritos, como veremos luego.

Por todo ello, los mitos son fijistas y conservadores, con el riesgo de perpetuarse estáticamente si no se hacen las debidas re-interpretaciones, algo que sucede en todas las grandes religiones, como pasa en el cristianismo.
Si ahora cambió la cultura, los mitos deben ser reactualizados y reinterpretados desde “esta” cultura; de lo contrario, el mito se anquilosa y petrifica, entrando en colisión con la cultura y la ciencia, o sólo se los recita por costumbre o mero ritual.Son los mitos “estereotipados” (“estereós”, piedra) que se siguen repitiendo por fuerza de la costumbre, pero ya sin significados actuales.

Tener presente que para el hombre moderno, los orígenes tienen un sentido muy distinto, como de algo inferior y antiguo que tiene que superarse; lo importante es “lo moderno”, o sea, lo nuevo y lo que se proyecta para el futuro. La ciencia y la técnica se esfuerzan por superar el pasado visto como algo caduco, viejo e inservible.El mito es el lenguaje de una cultura tradicionalista. Nuestra cultura «moderna» o sea nueva, mira hacia adelante y lejos de buscar en las tradiciones, busca en los nuevos conocimientos.

Finalmente, tengamos presente que en algunas culturas, como la judeocristiana, también hay mitos del final del mundo o escatológicos (“ésjaton”, último, final), como los mitos mesiánicos y apocalípticos, y los mitos de la vida del más allá (juicio final, cielo, infierno) Mitos, digamos de paso, que siempre despiertan la imaginacióny fantasía de la gente y de los que quieren ver profecías en cada uno de sus elementos, tomando sus relatos como verdad absoluta.

4. Los mitos son relatos donde actúan Dioses y Héroes Fundadores.

Desde el momento en que los hombres no logran dar sentido a su realidad, quienes lo hacen, revelan y enseñan son seres especiales como los dioses, espíritus, ángeles, semidioses intermediarios y héroes fundadores de la cultura. En algunos mitos, aún ciertos animales aparecen como actores fundadores (serpientes, tigres, yaguareté…) como especialmente entre los guaraníes, hablando y tomando parte en los orígenes de la cultura.
Lo importante es lo que los dioses y fundadores “hacen”, cómo actúan y cómo se manifiestan (hierofanías), ya que sus conductas y enseñanzas son fundantes y normativas de toda conducta humana.

Así las obras y palabras de Yahvé, de Moisés, de Jesús, son “modelos fundantes” de toda conducta judeo-cristiana. Si Jesús hizo así la última cena, así lo harán los cristianos; si así dijo, así se cumplirá.

Por lo tanto prima el criterio de autoridad y de tradición: los héroes fundadores son la máxima autoridad y criterio para las acciones humanas, y la razón humana no hace preguntas ni cuestiona validez.
Tengamos en cuenta que en nuestra cultura el valor de los principios y de las conductas se apoya en criterios de racionalidad y en consensos sociales. Se cuestiona el pasado y se buscan los cambios para mejorar día a día. Es una diferencia muy importante entre la mentalidad antigua y la nuestra.

5. El objetivo de los mitos es Dar Sentido a la Realidad Presente. El mito genera una Sabiduría. 

Esto es lo fundamental del mito y lo que generalmente olvidamos.En esto se diferencia de las leyendas, cuentos y de la historia cronológica.
Esta tarea mitificante tiene el solo objetivo y  finalidad de dar sentido a las “realidades presentes” de “nuestra” cultura.Eso es lo que interesa al hombre de siempre: qué sentido tiene “hoy y aquí” el universo, la vida humana, la sexualidad, el trabajo, etc.
En este sentido, gracias a los mitos, hoy sabemos cómo vivían y pensaban los pueblos que nos transmitieron sus mitos.  Por eso el mito es “verdadero” “para esa cultura”, no como historia o ciencia, sino como sentido de la vida; como conjunto de valores o paradigmas que intentan dar una “explicación” a los porqués de la vida.

Y aún hoy esos mitos podrían decirnos algo si somos capaces de preguntarnos por nuestros problemas y leerlos también desde la sabiduría de esos relatos antiguos. Desechar la sabiduría antigua no parece una buena elección, como tampoco  incorporarla sin sentido crítico. El lenguaje externo de relato mítico, que era el común en otras épocas pero extraño en nuestro mundo actual, es un simple ropaje. Por eso, cuando leemos los hechos bíblicos o la “vida de Jesús” como algo pasado o hermosas historias, pero sin actualizar los significados vitales, entonces esos hechos pierden valor y sentido.

Precisamente el mito leído simbólicamente valoriza o da sentido a esos hechos y los realza como algo valioso para el hombre de hoy. Por ejemplo: qué importa si Jesús dio de comer a los pobres en tal milagro si hoy quedamos indiferentes ante ellos… El mito nos interpela para que hoy demos sentido a las mismas realidades de siempre (la vida, la muerte, el sexo, el sufrimiento, la pobreza, etc.)

En definitiva, es la comunidad que vive los valores y mensajes del mito, en realidad la que ha creado los mitos, la que determina la validez, verdad y vigencia del mito. Su valor no es universal sino particular y para una determinada cultura.Así los mitos bíblicos valen para quienes viven la cultura bíblica; los mitos guaraníes, para los guaraníes, etc.
A menudo, los pueblos conquistadores intentaron “imponer su mitología” y valores correspondientes a los pueblos conquistados, con las desastrosas consecuencias por todos conocidas.

Así, pues, el mito genera una sabiduría
, una forma de vida y de conducta humana, una ética o norma de vida. Lo que el hombre descubre a través del lenguaje mítico es una manera digna de vivir, cómo vivir, cómo resolver sus dificultades y conflictos, cómo actuar, cómo relacionarse con otros: en suma, un conjunto de “valores” desde donde vivir y actuar.Incluso origina una “técnica” de hacer las cosas, como fabricar una canoa, una casa, un templo, cómo trabajar la tierra o cosechar, etc.

Sabiduría que da Sentido a la vida.  Desde siempre a eso se llamó “sabiduría”, darle gusto y sal a la vida. Los mitos son como el “catecismo” de los pueblos primitivos: allí encuentran sus normas de vida, el porqué de sus rituales y fiestas, cómo actuar en cada circunstancia, cómo organizar el tiempo.

Cuando el mito pierde esa dimensión esencial, entonces se vuelve algo vacío, hueco, sin sentido alguno. Pensemos en el sentido de la navidad (inicio de la liberación del hombre nuevo) y en la forma cómo hoy se la vive con rituales y símbolos disparatados (regalos, comilonas, fuegos de artificio, etc.

f) Por eso, a lo largo del tiempo, cada comunidad debe releer sus mitos y darle significados actualizados a través de la reflexión y de una nueva experiencia cultural.
O sea, generar un CÍRCULO HERMENÉUTICO o interpretativo: una reflexión circular que parte siempre del presente (vida, cosmos, sexualidad, trabajo, sufrimiento) para buscar su sentido. La realidad es la equis, la incógnita que tiene que ser despejada.

En esta búsqueda, se recure al mito que nos da un sentido, pero no en forma automática, o como pura historia pasada y cargada de dogmatismos, sino que tenemos que releerlo y reinterpretarlo mirándolo desde el HOY para hacer el esfuerzo de actualizarlo de acuerdo a nuestra vivencia y cultura, cuyo sentido buscamos. Qué sentido tiene hoy para nosotros la vida, la sexualidad, el trabajo, la muerte, el cosmos entero…Allí se cierra el círculo y se vuelve a abrir cuantas veces sea necesario.

De esta forma la realidad actual y su interpretación también iluminan al mito, y éste a la realidad. El mito tuvo una lectura desde su cultura de origen. Leído en nuestra cultura, debe ser reinterpretado.
Así el mito de origen del pueblo cristiano habla de una liberación o salvación… Muchas veces se lo interpretó como liberación del pecado. Pero ¿cómo entenderla hoy? ¿Liberarnos de qué y cómo? ¿Y qué entendemos por pecado?Como el mito de por sí es fijo, rígido, sin evolución (sobre todo si está fijado en «sagradas escrituras»), cada cultura, si quiere conservarlo como un valor, debe actualizarlo y reinterpretarlo.

De esta manera, el Mito enriquece al hoy, y el hoy reflexionado enriquece y le da nueva vida al Mito.El HOY nos da nuestra historia y cultura; EL AYER, el relato y la experiencia de un pueblo que se expresó en los mitos. NUESTRA TAREA es relacionar el Hoy con el Mito, “reconstruirlo” para que tengamos significados y sentidos actuales.
No nos interesa el pasado como pasado (como hace la ciencia histórica o arqueológica) sino el pasado relacionado con el presente de nuestra vida, con el HOY que vivimos.
El Mito reflexionado y actualizado nos puede dar algunas respuestas válidas desde una cultura antigua y desde eso eterno que tiene el ser humano y que siempre permanece en la pregunta:¿Qué sentido tiene la vida?

Toda la historia antigua en sus mitos, religiones y filosofías nos llegan cargadas de valores que aún hoy admiramos y sentimos.Pero si hoy no hay una pregunta, tampoco se buscará una respuesta; entonces el mito se transforma en un simple cuento o a lo sumo una historia con moraleja.
Al Mito hoy ya no lo podemos sentir atrás, en el origen, sino dentro de nosotros, en lo más profundo del inconciente; pues en definitiva del inconciente nacen los sueños y los mitos. Los sueños conforman nuestra mitología personal; y los Mitos conforman nuestro inconciente colectivo. Los mitos pueden ayudarnos, si aún están vivos, a mirar dentro de nosotros, a enfrentar esas preguntas molestas y a darles respuesta.

Un ejemplo indicativo: hoy nos preguntamos por el origen y el sentido del Universo.Los mitos religiosos (los hay en todas las religiones) nos dan una respuesta: hay una presencia divina detrás del fenómeno cósmico. Pero la forma en que se manifiesta la presencia divina depende en los mitos de los conocimientos y fantasías de la época.
Y hoy, desde una ciencia infinitamente superior, podemos descubrir esa presencia divina “de otra manera”, no como un Dios que terminó una obra en tantos días y de tal manera, o por medio de un acto sexual o el despedazamiento de una diosa, sino un Dios actuante en una evolución que tuvo comienzo, tiene un desarrollo aún no acabado, y tendrá un fin.Y habrá quienes encuentran el sentido del Universo sin recurrir a Dios…
Podemos decir, que si los mitos se originaron en una cultura, hoy pueden ser modificados y mejorados en sus respuestas en esta otra cultura. Nada es estático ni rígido en el devenir humano. Los mitos no son dogmas infalibles y eternos, son construcciones culturales de importancia relativa, más en una cultura o tiempo, menos en otros.

La formación ética, espiritual o religiosa en sus variadas formas no consiste en mirar el pasado, estudiar libros antiguos o mitos curiosos, leer libros sagrados o estudiar la historia judía o cristiana, o tal conjunto de dogmas y antiguas normas (dígase lo mismo de cualquier religión), sino en “aprender a vivir hoy y aquí” como personas plenas de dignidad que disfrutan de todos sus derechos y como creyentes comprometidos, si es el caso, convencidos y conscientes, miembros de esta cultura y no como extraños o como una secta esotérica. Se trata de “vivir más” y no tanto de cumplir ritos, recordar anécdotas o conocer personajes y doctrinas generalmente incomprensibles en sus conceptos y en su lenguaje.
Algo que la misma Biblia por medio de los Profetas y el propio Jesús enunciaron cuando dijeron: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí” (Is. 29, 13-14), “Amor quiero, y no sacrificios” (Os 6,8)

Que esta tarea no es sencilla ni fácil, lo comprobamos al ver cómo las religiones siguen atadas a viejas estructuras mentales y de lenguaje (viejos paradigmas), sin animarse a hacer este vuelco interpretativo.
El resultado es una incoherencia entre lo que se aprende en la escuela y lo que se aprende en la religión, entre lo que se vive en la sociedad y lo que se vive dentro de la comunidad religiosa; entre la moral predicada desde el clero y la moral vivida en la práctica real.

Otro ejemplo: es evidente que los mitos antiguos sobre la mujer reflejan una cultura donde los varones son absolutamente dominantes de las mujeres, tanto en los pueblos bíblicos como otros. Por tanto esos mitos sobre la mujer (como Génesis 3) interpretan que la mujer está sometida al varón “porque desde el principio así lo quiso Dios”. Y desgraciadamente esta mentalidad aún sigue vigente en muchas confesiones religiosas de origen bíblico.

Pero HOY, nuestra cultura, aún desde los Documentos de Naciones Unidas, expresa clara y tajantemente la igualdad entre varones y mujeres. Lo que rescatamos de los viejos mitos es que hay un designio (divino o de la naturaleza) sobre la mujer; pero hoy cambia el contenido de ese designio. Pero la ausencia de mujeres en la conducción de las religiones de origen bíblico (judaísmo, cristianismo e islam) muestra que hay una gran resistencia de los dirigentes varones en aceptar la igualdad proclamada de la mujer. Siempre hay un argumento de la Escritura en un viejo mito machista que contradice esa igualdad y mantiene el orden tradicional.

Otro claro ejemplo se refiere a la organización de la sociedad civil y de las religiones: los viejos mitos marcan una pauta monárquica autocrática centrada en el rey o en el Sumo Sacerdote.Y hoy, ¿por qué las organizaciones religiosas no incorporan el sistema democrático en su interior y continúan con un esquema monárquico y dogmático, sin abrirse al diálogo con la mayoría de la feligresía?Los viejos mitos nos dicen que toda autoridad viene de Dios y suponen que desciende directamente sobre el rey o el Sumo Sacerdote.
Hoy podemos afirmar que toda autoridad nace directamente del pueblo que elige a sus autoridades y representantes ¿Por qué no se aplica este principio democrático al interior de las Iglesias? Incluso hasta puede pensarse que la autoridad nace en Dios y se deposita en el pueblo o comunidad…

En conclusión: los relatos míticos, aún los más sagrados, tienen que ser releídos e interpretados desde los avances filosóficos, antropológicos, psicológicos, científicos y desde las nuevas experiencias religiosas de la comunidad para que nos devuelvan su profundo e inagotable valor. Y es una pena que en nuestro medio estemos tan atrasados en este aprendizaje interpretativo y nos quedemos en la pintoresca lectura literalista de viejos relatos cuyo profundo sentido se nos escapa totalmente. Es la muerte del mito.Porque si matamos al símbolo, matamos al mito.

3) Los RITOS dramatizan y actualizan la historia mítica.

En todas las culturas, las religiones se abren al lenguaje de acciones simbólicas a las que llamamos Ritos, Rituales o Culto. No sólo a nivel religioso sino también en lo social y político. Los rituales son las acciones correspondientes a los relatos míticos. Son acciones simbólicas que dramatizan y expresan al mito. Piénsese en las fiestas patrias, bodas matrimoniales de plata, etc.
El mito, al no ser algo cronológico, al expresar algún aspecto de la actualidad conciente o inconciente del ser humano, es “reversible” y puede ser actualizado en cada momento mediante los rituales que, leyendo los mitos y dramatizándolos “hacen presente el valor y el sentido del mito y hacen presente la historia creadora y salvadora de la divinidad”, de tal modo que cada época y cada comunidad pueden vivir la obra de los dioses o de Dios como algo presente y contemporáneo. Dios no está atrás de nosotros sino que es “Dios con nosotros” (el Emmanuel).

Por ejemplo, en la Eucaristía o Santa Cena se lee el relato original, se lo dramatiza con diversos gestos y el creyente “vive” el valor mítico, la comunión con la divinidad y con los hermanos en el gesto de comer juntos el mismo pan sagrado, darse el beso de paz, etc.
Curiosamente pude presenciar este mismo ritual en Nepal en una celebración a la diosa Kali. Los devotos ofrecen panes, un cabrito, etc. y luego lo comen junto a un arroyo.
En el bautismo (ritual de varias religiones) los gestos (sumergirse en el agua, cubrirse con un vestido nuevo, encender un cirio) expresan el nacimiento a la nueva vida por el agua, la iluminación de la vida por un nuevo sentido, el revestirse del hombre nuevo.

La predicación y las palabra que acompañan el ritual tendrían ese objetivo, sin quedarse en la historia pasada o en un gesto automático, sino hacer presente el valor o mensaje del mito: compartir el pan con los otros, iniciar una nueva vida, cómo hoy Dios nos libera, etc.También aquí hay una tarea de actualizar los gestos y adaptarlos a nuestra cultura, ya que muchos de los gestos heredados del pasado han perdido todo sentido para el hombre actual. Actualizarlos y variarlos, ya que hoy no se soporta la repetición rutinaria de los mismos gestos… La constante repetición “aburre” y mata la novedad del gesto.

Por medio de los ritos, el ser humano:
– actualiza y hace presente el mito- vive y festeja la experiencia comunitaria y social del mito, que nunca es individual.
– se conecta con el Dios fundante (con oraciones, plegarias, cánticos)
– se inicia en la nueva vida y en la comunidad, “se pasa” (ritos de pasaje o iniciación) de lo profano a lo sagrado y espiritual.
– agradece a la divinidad- pide perdón por las faltas cometidas contra los valores del mito (ritos expiatorios).
– expresa su fe con rituales, danzas, música, cánticos, plegarias y dramatizaciones.
– se compromete a vivir la sabiduría expresada por el mito en una conducta nueva.

En una palabra: celebra y festeja una vida plena, cargada de sentido.Todo lo cual no tiene sentido en una cultura individualista.El mito y el rito suponen siempre una comunidad que comparte valores, historia y cultura.

La validez del rito:en estos últimos tiempos hemos visto cómo algunos ritos se han perdido o se han modificado profundamente o perdido su significado, en un proceso que se desarrolla con mucha rapidez.Por otro lado oímos a muchos jóvenes manifestar que determinados ritos no les dicen nada (Entre los católicos: la misa, las confesiones, el bautismo de niños, el casamiento…).¿Qué se esconde detrás de estos fenómenos?

Se trata del problema de la relación entre el signo y el contenido o entre el significante y significado:
– En el rito el signo tiene que responder a una realidad que se celebra. De lo contrario solo seria como un cascarón vacío. Y tiene que representarla suficientemente. Si es confuso, opaco, si carece de transparencia corre el peligro de convertirse en algo vacío. Hablamos de “celebración”, no de “asistencia” o simple “escucha”, por simple obligación.¿Qué actualidad, qué novedad se celebra en los rituales?
– El rito debe ser fiel a sus destinatarios y ha de ser inteligible para ellos. Y su peligro es siempre hacerse excesivamente oscuro, racional, frío o anquilosarse.
De lo dicho anteriormente puede deducirse que hay gestos más universales (como darse la mano) que responden a un espíritu común de los hombres, y gestos más particulares, más cambiables y referidos a un momento cultural (como encender un cirio). Tarea del rito es acertar a expresar los sentimientos en gestos espontáneos y significativos. Se hace difícil “sentir” un ritual impuesto como algo mecánico y sin conocer su verdadero valor emocional y espiritual.

Las fiestas Dentro de los rituales ocupan un lugar muy especial las fiestas.

a) La fiesta en general.Siempre los seres humanos han celebrado fiestas sin reflexionar especialmente sobre ellas. En este tiempo de cultura urbana amenazada de permanente mecanización se ha despertado un interés por el fenómeno de lo festivo y de lo lúdico. Hay que distinguir en primer lugar la diversión de la fiesta.

La fiesta tiene siempre carácter de acontecimiento. Es algo que se espera, que se prepara, que exige una disposición, que rompe el ritmo de lo cotidiano y lo habitual…La fiesta es expresión comunitaria, ritual y alegre de experiencias y anhelos comunes centrados en un hecho histórico pasado o contemporáneo. En la fiesta se expresa el si de la vida, el sentido utópico, la gratuidad, la exhuberancia y el signo total.La diversión ocupa otro lugar en la vida: pasar un rato entretenidos, divagar, evadirse, reír…

El sí a la vida: los autores están de acuerdo en que la fiesta expresa un si a la vida. Quien celebra está afirmando por ese mismo hecho que la vida es digna de ser celebrada. La verdadera fiesta no es mera evasión o despreocupación para olvidar lo que la vida tiene de malo. Eso es una caricatura y un sucedáneo de la verdadera fiesta. Quien celebra festivamente no olvida que la vida esta jalonada de sombras, denegaciones y fracasos. Pero confía en que lo bueno es capaz de vencer al mal; en este sentido la fiesta es una expresión del si a la vida. La fiesta expresa el tiempo y el sentido ideal de la vida.

El sentido utópico: en esta capacidad de la fiesta de asumir lo negativo se manifiesta su orientación utópica. La fiesta es de algún modo reflejo de lo que se espera, de lo que vendrá al final, de lo que aun no se da pero que a la vez ya está presente. Por esta característica en la fiesta se igualan de algún modo las clases sociales, se admite la critica sin que esta suponga enfrentamiento, se da una alegría generalizada y una comunicación fácil y espontánea.

La gratuidad: en nuestro mundo casi cada cosa tiene su precio y si se da algo es con la esperanza de recibir una contrapartida. No es así la fiesta, por eso la fiesta tiene un sentido en si misma, en el propio goce que proporciona.

El símbolo total: como se deduce de todas las características anteriores la fiesta es el símbolo de lo mejor de la vida, de lo que esperamos, de lo que deseamos. En la fiesta se expresa la verdad, la bondad y la belleza. Ojalá siempre se pueda estar de fiesta…

b) La fiesta religiosa: las características de la fiesta coinciden en gran medida con la religión misma. La religión es decir si a la vida, posee un sentido utópico, expresar la gratuidad y es manifestación de la plenitud. Esto hace que las fiestas ocupen un lugar importante en las religiones.Es preciso distinguir: en las religiones agrícolas y cósmicas las fiestas están ligadas a los ciclos del campo; por el contrario en las religiones proféticas e históricas las fiestas se ligan siempre a acontecimientos históricos pasados.
Las fiestas rememoran el pasado, pero también se refieren al futuro que anuncian y en cierto modo anticipan. De esta suerte la fiesta no es mera rememoración del pasado sino cumplimiento de ese pasado en el presente y tensión hacia el futuro. En al fiesta religiosa, el hecho histórico pasado se considera como el centro de la historia y en ella se anticipa y hace presente un futuro definitivo y total. Lo importante es “vivir y festejar hoy” lo que nos indica el pasado y lo que esperamos para el futuro.

Pero ¿son las fiestas religiosas sentidas como verdaderas fiestas o como rituales estereotipados? En el caso cristiano: piénsese en la misa, la Pascua, la Navidad, Pentecostés, etc.Al menos las religiones de Occidente: ¿No han perdido el sentido festivo de la vida? ¿Qué lugar ocupan los sentimientos de alegría y felicidad en sus rituales y celebraciones? ¿No están excesivamente centradas en elaboraciones racionales de teologías y normativas ritualistas?¿Qué imagen de Dios se expresa si no es un Dios sonriente y feliz con su comunidad?

Concluyendo: qué importante son las fiestas desde el punto de vista educativo. Cuántos sentimientos se despiertan, cuántos valores se descubren y se viven: sentido de comunidad, convivencia, alegría, participación, esperanza, reflexión, optimismo, expresividad…

Las nuevas formas de espiritualidad (aún las llamadas “carismáticas”) han recuperado este sentido en encuentros más espontáneos, en lugares agradables e incluso naturales, con amplio recurso de formas artísticas (música, danza, expresión corporal) y un clima de igualdad entre los participantes. Es importante el encuentro con la naturaleza que tan bien expresa el dinamismo de la energía cósmica y vital.La educación espiritual y religiosa tiene que recuperar el sentido festivo de la vida y el placer de existir y de existir con los otros. Sabiduría… “saborear la vida”.

4) LA REFLEXIÓN y LA ÉTICA

En culturas y religiones más evolucionadas (judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo) los mitos fundantes son reflexionados, comentados, ampliados y aplicados a la realidad ritual y vital, y van constituyendo un corpus con tres componentes básicos: lo que llamamos “teología” (ciencia de Dios, qué y cómo creer), “teología moral” (cómo vivir) y “liturgia o culto” (cómo venerar a la divinidad). Esta tarea la hacen maestros, teólogos, rabinos, sacerdotes o chamanes, sea en el culto, sea en reuniones de formación.

Su peligro es racionalizar el sentimiento religioso y convertirlo en un “conocer y saber intelectual”, cuando en realidad la religiosidad y/o espiritualidad es una forma nueva de vida en una experiencia muy personal.
El grave error de tantas instituciones religiosas es transformar la experiencia religiosa en un simple saber intelectual (clases de religión, teología) y en una formalidad (generalmente obligatoria) de determinados ritos cultuales.

Nada más opuesto a la experiencia espiritual y religiosa cuando la religión se transforma en un conjunto de Creencias, que no nacen de la comunidad, que llegan por tradición y principio de autoridad, que en su dogmatismo no se abren al diálogo y que mantienen contenidos y formas literarias incomprensibles para el hombre moderno.

Para que la tradición religiosa no se transforme en algo vacío, se necesitan tres condiciones:
a) Que integre las nuevas experiencias de cada tiempo, personas y culturas.
b) Que vaya recreando los valores.
c) Que haya experiencia de lo sagrado. Es la gran tarea de las religiones tradicionales.

En toda esta tarea es importante aprender a “reflexionar” o meditar, algo que los occidentales en general desconocemos.Pensamos desde las palabras y los escritos de los otros, pero no desde lo que se siente en el interior. Meditar no es pensar lo que otros pensaron y repetirlo de memoria. Es una tarea creativa: es pensar desde uno mismo y convertirse en el pensamiento de uno. Ser lo que pensamos, decimos y sentimos. No separar lo que tiene que estar unido.
Es interesante descubrir que en muchas partes aparecen ya grupos de meditación (no necesariamente religiosos) aún entre los jóvenes. Es una buena noticia.

La ética.

El elemento más importante de la relación entre lo religioso y la vida está en el carácter totalizador que tiene la experiencia religiosa. Por su propia naturaleza la religión se dirige a todo el hombre e impregna también por tanto todo el actuar del hombre religioso. Esto explica que cada religión comparte junto a elementos mas especulativos un código de normas por los que se han de regir los fieles en su actuar. La ética expresa el mito y el rito en la vida cotidiana.Comparada con las otras manifestaciones de lo religioso, la ética constituye una manifestación cotidiana del hombre religioso.

La ética no es, como puede a veces pensarse erróneamente, un conjunto positivo o negativo legalista de normas sino un impulso que vertebra o da unidad y sentido a toda la conducta humana.
A través de la ética la vida entera en su cotidianidad y en sus momentos más fuertes, en su sencillez y a la vez en su entramado se hace manifestación de lo religioso.
Cuando una persona o grupo reflejan en su vida sus valores espirituales, se convierten en una llamada para toda la sociedad que recibe así su influjo y que asume por imitación alguna de sus valores.Es lo que Jesús quería expresar al decir “ustedes son la sal de la tierra”.

Podemos definir la ética como el talante de una persona, su manera de actuar, su forma de encarar la vida, sus costumbres. Para el hombre religioso la ética es ciertamente una forma de expresión de su experiencia religiosa. Por estos mismos motivos, nada “escandaliza” más al pueblo y nada aleja más a la gente de la religión que el no cumplimiento por parte de los dirigentes religiosos de las normas que ellos mismos predican.

La ética es la coherencia entre lo pensado, dicho y predicado… y lo practicado en la realidad. Hablamos de ética, no de listado de normas que se imponen. Las religiones han abusado del principio de autoridad al imponer normas “porque sí” y sin mayores fundamentos racionales.

El hombre moderno ya no acepta el criterio de autoridad para las normativas éticas y morales. Se necesitan razones, y nadie tiene más razón que otro por estar investido de autoridad. Los seres humanos actuales tienen derecho a buscar y elegir su propio código de ética.
Esto escandaliza a las instituciones religiosas, pero es una razonable tendencia irreversible.
Es el fruto de la autonomía, libertad e igualdad de todos los seres humanos, y fundamento de todos sus Derechos Humanos.Sobre este tema, me remito a los “Artículos” específicos de la sección de “Ética”

 

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