Poemas sobre Confianza en Dios y Trascendencia

Poemas sobre CONFIANZA EN DIOS y TRASCENDENCIA 

(Carta escrita por soldado  que murió en la guerra)
¡Escucha Dios!

Yo nunca hablé contigo.
Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?
¿Tú sabes?  Me decían que no existes,
y yo, tonto creí que era verdad. Anoche vi tu cielo.
Me encontraba oculto en un hoyo de granada …
¡Quién iría a creer que para verte,
bastaba con tenderse uno de espaldas! No sé si aun querrás darme tu mano;
al menos, creo que me entiendes. Es raro que no te haya encontrado antes,
sino en un infierno como éste. Pues bien … ya todo te lo he dicho.
Aunque la ofensiva pronto nos espera,
Dios, no tengo miedo desde que descubrí que estabas cerca. ¡La señal! …
Tal vez llame a tu cielo.
Comprendo que no he sido amigo tuyo, pero … ¿Me esperarás si hasta Ti llego? ¡Cómo! …
¡Mira Dios! … ¡Estoy llorando! …
¡Tarde te descubrí! … ¡Cuánto lo siento! …
Dispensa … Debo irme …
¡Buena Suerte!
¡Qué raro, sin temor voy a la muerte! ..

Oración maya
Pronuncio tu nombre para hablarte, Señor,
De tu hijo que se encuentra sumamente grave de dolores.
Ya tengo arregladas, ya tengo preparadaslas nueve clases de sagradas flores,
de sagradas hojas para levantarle su espíritu, que ya tiene dias,
que ya tiene tiempo de estar enfermo, de tener dolores, Señor.
Está muy acabada su carne, está muy acabado su cuerpo.

Oración de una tribu africana 
Yo, el venerado de todas las naciones,yo, por siempre el mismo,
Yo, el que guía a los pastores
Y el regreso a la aldea,
Soy el origen de todo sustento,Soy la madre de todo alimento,
Soy yo que reino, padre de toda bondad,
Yo, el mugido del toro.Vosotros sois alimentados, sois saciados.
Yo, el gran elefante, soy vuestra madre.
Vuestra madre,  mirad cuán grandes son mis pechos!
Abrazo espacios infinitos.
No soy tan pequeña como vosotros,
Pilluelos que danzan alrededor de la olla,
Con los ojos fijos en la bóveda celeste.
Soy vuestra madre adoptiva.
Vosotros y yo somos cabeza y mejilla
Que no pueden separarse.
Soy la cuenta real en la sien de los reyes,
El hermoso ropaje,
El Preceptor Mayor arriba y abajo.
¡La Roca que ha resistido toda prueba!

Canto del fuego de los bantúes
Fuego que contemplan los hombres en la noche,
En la noche profunda.Fuego que ardes sin calentar,
Que brillas sin arder.
Fuego que vuelas sin cuerpo, sin corazón,
Que no conoces choza ni hogar.
Fuego transparente de palmeras,
Un hombre te invoca sin miedo.

Fuego de los hechiceros, ¿dónde está tu padre?
¿Dónde está tu madre? ¿Quién te ha alimentado?
Eres tu padre, eres tu madre,
Pasas y no dejas rastros.
La leña seca no te engendra,
No tienes por hijas a las cenizas,
Mueres y no mueres.
El alma errante se transforma en ti y nadie lo sabe.
Fuego de los hechiceros,
Espíritu de las aguas inferiores,
Espíritu de los aires superiores,
Fuego que brillas, luciérnaga que iluminas el pantano.
Pájaro sin alas, cosa sin cuerpo;
Espíritu de la fuerza del Fuego,escucha mi voz:
un hombre te invoca sin miedo.

Necesito tu ayuda
y mi corazón te la pide.
Necesito tu ayuda para nada pedirte sino tu ayuda misma.
Necesito tu ayuda, como el pordiosero que continúa su costumbre,
y aunque tenga algún tibio pan de tahona, por pura compasión nos necesita,
y con su mirada nos la pide, tomando vocación de su oficio
y anticipando a nuestro encuentro su mano.

Necesito tu ayuda para nada pedirte sino tu ayuda misma.
Todos los días necesito tu ayuda,
y hasta para llorar la necesita mi alma, y para mis palabras de dentro,
y para mi abundancia de pobre,
y la necesitaría más si fuera rico
o mi casa se quemara de pronto, cayendo sobre mí toda ella.

Pero ahora no hablo de eso, ni ambiciono cosa alguna del mundo.
Nada especial tengo para pedirte, sino tu ayuda de cristal en mi pecho,
para verte con mi mirada, para saberme libre y anticiparme a tu presencia,
para sentirme simplemente ayudado,
y, como el pordiosero con la mano asistido.

Necesito tu ayuda, para nada pedirte sino tu ayuda misma.
Necesito toda tu ayuda, y para ser yo mismo te la pido,
y hacerme a tu presencia en la tierra,
y que tu libertad se desate en mi alma,
y que el rocío en ella se mueva,
como la gratitud en la pupila del mendigo,
y que la ropa y la muleta del cojo,t enga un mismo nombre en mis labios.

Necesito tu ayuda, para nada pedirte sino tu ayuda misma.
Sólo tu ayuda misma, pequeña.
¡Si apoderándome del viento, y de todas las alas, con mis ojos,
el silencio tirara de mi espíritu!…
Si mi palabra ahora empujara su desnudez hasta hablarte,
y oliera a trébol de repente mi mano!
¡Si tu delgada noche, si tu soplo subiera a mis mejillas!…
Pero necesito tu ayuda, tu pequeña, tu suave fuerza,
y hoy mi corazón de la pide.
Leopoldo Panero

Cuando pensé hacer tu imagen con mi vida
Para que los hombres la adoraran,
Yo te di mi ceniza y mis deseos, mis ilusiones y mis sueños de colores.
Cuando te pedí que hicieras con mi vida la imagen de tu corazón,
Para que tú la amaras,
Tú me diste tu fuego y tu hierro,
tu verdad, tu hermosura y tu paz.…

Mi oración, Dios mío, es ésta:
Hiere, hiere la raíz de la miseria de mi corazón.
Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares.
Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles.
Dame fuerza para no renegar nunca del pobre ni doblar mi rodilla al poder del insolente.
Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana.
Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad.

Bajaste de tu trono y te viniste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo, cantando en un rincón, y mi música en cantó tu oído.
Y tú bajaste y te viniste a la puerta de mi choza.
Tú tienes muchos maestros en tu salón, que, a toda hora, te cantan.
Pero la sencilla copla ingenua de este novato te enamoró;
su pobre melodía quejumbrosa, perdida en la gran música del mundo.
Y tú bajaste con el premio de una flor, y te paraste a la puerta de mi choza.                                R. Tagore

El sol nuestro de cada día
Que no se nuble hoy
y que brille más que nunca para que canten los pájaros del cielo,
los pájaros de la mujer y los pájaros del hombre;
para que calienten los harapos de ese pobre de pedir limosna,
y los pies de ese niño descalzo y los pechos de esa muchacha.
El sol nuestro de cada día que no se nuble hoy
para que se calienten las manos de todos los hombres
y no se muerdan en el odio del frío en las noches sombrías de las guerras.
El sol nuestro de cada día que no se apague nunca.
Manuel Pacheco

Verdadero culto
No me traigas más dones vacíos, más incienso execrable.
Detesto sus solemnidades y fiestas, se me han vuelto una carga que no soporto más. Aunque multipliquen sus plegarias, no las escucharé.
Ustedes tienen las manos llenas de sangre.
Purifíquense y aparten de mí sus malas acciones.
Cesen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien.
Busquen el derecho, defiendan al oprimido y al huérfano,protejan a la viuda.
Entonces vengan a mí
pues aunque sus pecados sean como púrpura, quedarán blancos como la nieve.
Isaías  1, 13-20

Salmo 15
¿Quién entrará, Señor, en tu casa
y morará en tu santo monte?
El que camina sin tacha y obra la justicia, dice la verdad en su corazón
y con su lengua no difama.
Que no daña a su hermano ni hace agravio a su prójimo;
con menosprecio mira al criminal, pero honra a los que aman al Señor.
Que jura en su perjuicio y no se retracta,
no presta a usura su dinero ni acepta soborno en daño del inocente.
Quien obra así no vacilará jamás.

Mas sencilla…
Más sencilla… más sencilla.
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos, desnudos
y decididamente rectos.
«Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el ástil disparándose a los cielos.»
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto…
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla… más sencilla…
haz una cruz sencilla, carpintero. 
León Felipe

El sol nuestro de cada día
Que no se nuble hoy y que brille más que nunca para que canten los pájaros del cielo,
los pájaros de la mujer y los pájaros del hombre;
para que calienten los harapos de ese pobre de pedir limosna,
y los pies de ese niño descalzo y los pechos de esa muchacha.
El sol nuestro de cada día que no se nuble hoy
para que se calienten las manos de todos los hombres
y no se muerdan en el odio del frío en las noches sombrías de las guerras.
El sol nuestro de cada día que no se apague nunca.
Manuel Pacheco

Verdadero culto
No me traigas más dones vacíos, más incienso execrable.
Detesto sus solemnidades y fiestas,
se me han vuelto una carga que no soporto más.
Aunque multipliquen sus plegarias, no las escucharé.
Ustedes tienen las manos llenas de sangre.
Purifíquense y aparten de mí sus malas acciones.
Cesen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien.
Busquen el derecho, defiendan al oprimido y al huérfano, protejan a la viuda.
Entonces vengan a mí
pues aunque sus pecados sean como púrpura,
quedarán blancos como la nieve.
Isaías  1, 13-20

UN MUNDO NUEVO
ESPERA LA CONSIGNA DEL HOMBRE,
para que todo sea nuevamente iniciado.
Un mundo a cada instante, nace gozosamente para poder salvarnos
Guerreros de lo nuestro, nadie llore derrotas.
Que cada cual avance sobre sí, palmo a palmo.
Que cada cual se nombre castillo de sí mismo, CAPITÁN DE SUS ACTOS.
No importan los escombros.
Cada instante es un mundo que afirma la continua presencia del milagro.
¡Mirad los dulces ojos hechos a la esperanza,
creciendo siempre allí, sobre nuestros fracasos!
Trina Mercader
  

No voy más allá de mí misma.
Me circunda un muro espeso y gris.
Oigo a los lejos rumor de borrascas, de pájaros que baten alas de oro,
de líricas fuentes donde apagan su sed los amantes.
Escucho lamentos y canciones, risas de niños, ecos lejanos.
A veces, libres ráfagas de colores violentos me ciegan
y cruza ante mi éxtasis una verde bandada de laureles.
¡Yo no me quiero sorda al clamor de la vida!
Dame, Señor, el grito de las cosas como un puñal clavado hasta mi entraña.
Susana March

¡Espera, tiempo!¡Espera, carne!¡Vida, espera!
Ni el tiempo, ni la carne, ni la vida esperan.
Pasan a su destino con los astros, con las estaciones, sordos, divinamente sordos,
día y noche, sin sueño, sin descanso,
y no hay palabras, ni razón, ni lágrimas que los puedan torcer de su camino.
Ni Dios, hombre, podría desdecirse
Y acomodar su paso a tu fatiga, cambiar su exactitud por tu arrogancia,
romper el orden por salvar tu miedo.
Espera siempre. Espera trabajando serenamente, claramente.
Ahuyenta, deja lo que reblandece, lo que quiere cambiarte,
hacerte otro, a ti, que en libertad estás fundado.
Hasta tu cráneo viene el oleaje limpio de las ideas que los siglos rítmicamente mandan.
Solo, dudando a veces, hombre, espera.
Esperáis la verdad, y tú espera el tiempo, que al latir de su pulso os va creando.
Eres el hombre, el que no cede para que no se pare el mundo ni se detenga el crecimiento.
Estás en la batalla, en mi batalla.
No es hora de descanso aún.
El pan que nos comemos sabe a sangre; en la harina del trigo hay algo nuestro,
y pobres hombres vivos que se duelen con la espalda encorvada de gravitar a tierra.
Que se consuma el tiempo.
Que la carne muera.
Que la vida pase si no son como al hombre le apetecen, de su estatura y dignidad.
Que coma el cerdo sin ninguna duda, que emponzoñe la vida en su oficio,
que hiera el cardo a la caricia, que la sombra ciegue.
Tú eres el hombre.
No pidas, no te duelas, no supliques a la naturaleza indiferente.
Atiende, aprende, entiende, señorea.

¡Tiempo, vamos! ¡Florece, carne! ¡Vida, sigue!Ramón Garciasol

Salmo 23
El Señor es mi Pastor, nada me falta.
Por prados de fresca hierba me apacienta.
Hacia las aguas de reposo me conduce y conforta mi alma.
Me guía por senderos de justicia, por la fuerza de su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estás conmigo.
Tu cayado y tu vara me defienden.
Tú preparas ante mí una mesa, unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.
Sí, dicha y alegría me acompañan todos los días de mi vida.
Mi morada será la casa del Señor a lo largo de los días.

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