Poemas de Protestas contra Dios

Poemas  DE PROTESTAS CONTRA DIOS

Ya no…
Ya no crees tanto en mí
, hijo, por culpa de mis fallos…
Ya no crees en mí, hombre, por culpa de tus hermanos que me salieron mal, a veces pasa.
¿Qué te habré hecho yo sin darme cuenta, hijo, que tan mal te sentó, que no perdonas?
¿Qué voy a hacer ahora yo, tu Dios y Padre, si ya no crees en mí,
si vas de luto, tú que al nacer te puse un traje elástico, suave y a penas rosa?
¿Y qué voy a hacer yo,
Por muy Dios que yo sea, Hombre, Si no me amas?
Gloria Fuertes

Ausencia de Dios
Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Mario Benedetti

¿Te importa mucho que dios exista?
¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?
¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?
¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?
¿que los torturadores puedan ser hijos de dios?
¿que haya que amar a dios sobre todas las cosas
y no sobre todos los prójimos y prójimas?
¿Has pensado que amar al dios intangible
suele producir un tangible sufrimiento
y que amar a un palpable cuerpo de muchacha
produce en cambio un placer casi infinito?
¿acaso creer en dios te borra del humano placer?
¿habrá dios sentido placer al crear a eva?
¿habrá adán sentido placer cuando inventó a dios?
¿acaso dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre?
¿o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para ti una catástrofe
más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importará si te enteras que dios existe
pero está inmerso en el centro de la nada?
¿te importará que desde el centro de la nada
se ignore todo y en consecuencia nada cuente?
¿te importaría la presunción
de que si bien tú existes
dios quién sabe?
Mario Benedetti

Preguntitas sobre Dios
Un día yo pregunté:
«Abuelo, ¿dónde está Dios?»
Mi abuelo se puso triste y nada me respondió.
Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión
y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.

Al tiempo yo pregunté,
«Padre, ¿qué sabes de Dios?»
Mi padre se puso serio y nada me respondió.
Mi padre murió en la mina,
sin doctor ni protección
color de sangre minera
tiene el oro del patrón.

Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria y serpiente
es la vida del leñador.
Y que naide le pregunte
si sabe dónde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.

Yo canto por los caminos
y cuando estoy en prisión.
Oigo las flores del pueblo
que canta mejor que yo.

Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios
y es que naide escupa sangre
pa’ que otro viva mejor.

Que Dios vela por los hombres,
tal vez sí, y tal vez no,
pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.
Atahualpa Yupanqui

Salmo 10
¿Por qué, Señor, te quedas lejos
y te escondes en la hora de angustia?
Con su orgullo el malvado oprime al desgraciado.
El impío se jacta de sus caprichos, el avaro blasfema y desprecia a Dios.
El impío en su orgullo se burla:“no hay Dios”, es todo lo que piensa.
Tonto es su proceder en todo tiempo  y de todos sus vivales hace burla.
Y dice en su corazón: “Yo no vacilo, seré siempre feliz, nunca en desgracia».
Su boca está llena de violencia y fraude, bajo su lengua sólo vejación y mentira.
Al acecho se aposta junto a los poblados, a escondidas mata al inocente…
El desvalido cae en sus garras y dice en su corazón:
“Dios se ha olvidado, ha escondido su rostro. No lo veré jamás”:
¡Levántate, Señor, alza tu mano! No te olvides del pobre!
¿Por qué el impío desprecia a Dios y dice en su corazón: “El no se cuida de esto”?
Pero Tú ves la pena y los lamentos, Tú los miras y los tomas en tus manos.
El desvalido confía en Ti, Tú eres el refugio del huérfano.
¡Quiebra el brazo del impío y del malvado, destruye su impiedad, no quede rastro!
Tú escuchas, oh Señor, el deseo de los pobres, su corazón confortas
para hacer justicia al huérfano, al vejado,
¡y no haya más terror del hombre nacido de la tierra!

Salmo 42
Como anhela la cierva

estar junto al arroyo, así mi alma dese, Señor, estar contigo.
Lágrimas son mi pan durante noche y día,
cuando oigo que me dicen: “¿Dónde quedó tu Dios?”
Yo me acuerdo, y mi alma dentro de mí se muere por ir hasta tu templo, mi Dios,
entre vivas y canto del pueblo feliz.
¿Qué te abate, alma mía? ¿Por qué gimes en mí?
Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré a mi Dios Salvador.
Mi alma está deprimida, por eso te recuerdo…
Quiera Dios dar su gracia en la hora del día.
Yo contaré de noche al Dios que da la vida.
A Dios, mi roca, le hablo:
“¿Por qué me has olvidado?¿Por qué debo andar triste, cuando el rival me abruma?»
Mis enemigos me insultan y se quiebran mis huesos
al oír que me dicen:”¿Dónde quedó tu Dios”?
Hazme justicia y defiende mi causa del hombre sin piedad.
De la gente tramposa y depravada, líbrame, Señor.Si tú eres, oh mi Dios, mi fortaleza,
¿por qué me desamparas?¿Por qué tengo que andar tan afligido?
Envíame tu luz y tu verdad, que ellas sean mi guía…
¿Qué tienes, alma mía, qué te abate, por qué gimes en mí?
Confía en Dios, que aún le cantaré a mi Dios, el Salvador.

 

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