Psicología de la Espiritualidad: I- La Religión como una forma de interpretar la realidad. S Benetti

PSICOLOGÍA DE LA ESPIRITUALIDAD Y RELIGIOSIDAD

 I- LA RELIGIÓN, COMO UNA FORMA INTERPRETATIVA DE LA REALIDAD TOTAL 
Lic. Santos Benetti

Introducción

Cuando hablamos de educación integral, no podemos dejar de lado la dimensión más profunda del ser humano: su dimensión “espiritual” que tuvo y tiene numerosas manifestaciones a lo largo del tiempo, de acuerdo a las circunstancias culturales.
Todos estamos de acuerdo en que en esta época de la posmodernidad se vive una crisis de las religiones y de la religiosidad, pero al mismo tiempo surgen nuevas formas de llevar al espíritu humano a su máxima dimensión por medio de nuevas formas de “espiritualidad”.Nadie duda de la fuerte crisis que al menos en Occidente viven las religiones tradicionales; pero tampoco nadie duda de que el ser humano de hoy sufre y busca con ansias un sentido integrador y amónico de su vida, de la historia humana y de la evolución cósmica del Universo.

A este sentimiento de integración y armonía lo podemos llamar dimensión espiritual, aunque la palabra “espiritual” pueda no ser la más adecuada. Al igual que la ética, el sentido de la vida atraviesa un momento dramático en nuestra cultura, y mucho más se nota en las nuevas generaciones de adolescentes.

Mientras se da un abandono de la religión tradicional, surge otra forma de vivir, más espontánea, más gozosa, más integral, más libre y creativa; una forma de vivir en la que el cuerpo es revalorizado, y donde los sentimientos y emociones juegan un papel fundamental, más allá de raciocinios, dogmas y cultos estereotipados.Algo muy importante ha cambiado en nuestra cultura vulgarmente llamada “occidental y cristiana”, un cambio que es irreversible porque significa un salto hacia otra manera de vivir que si rechaza vicios de tiempos pasados, todavía no encuentra un modo propio y coherente de vida.

Definitivamente estamos viviendo una “nueva era cultural”, generalmente llamada posmoderna, una de cuyas características es la ruptura de los viejos paradigmas culturales que incluye la concepción religiosa tradicional de la vida.

Con miras a ofrecer a educadores y padres, ideas de esta nueva forma de ver las cosas, avalada por múltiples investigaciones en varios campos del saber humano como antropología, filosofía, sociología y psicología, presentamos varios trabajos que tienen que ver con la dimensión espiritual y religiosa del ser humano, esperando que las reflexiones sobre los mismos ayuden a una mejor y más acabada educación “espiritual” que incluye para muchos la educación religiosa, pero que tiene un sentido más amplio y universal.En este trabajo presento consideraciones para una psicología de la religiosidad, de la religión y de la espiritualidad en general, como una búsqueda del sentido último de la vida humana.

I- LA RELIGIÓN, COMO UNA FORMA INTERPRETATIVADE LA REALIDAD TOTAL

1. Diversas búsquedas de significados

En los últimos siglos 19 y principios del 20 diversas ciencias y científicos, especialmente antropólogos y psicólogos, han intentado dar respuesta  al porqué de la religión en el mundo, especialmente en los pueblos primitivos.En gran medida el objetivo era demostrar la irracionalidad de la religión (“propia de pueblos primitivos y casi irracionales” que vivían una etapa mítica) frente a la racionalidad de la ciencia. Las teorías fueron reduccionistas y divididas en dos lotes: las psicologistas y las sociológicas. Hagamos un muy breve repaso de las mismas.

a) Entre las psicologistas señalamos
– La escuela alemana del mito natural (Max Muller, 1823-1900) según la cual los dioses son la personificación de los fenómenos naturales (sol, luna, etc.).
– Herbert Spencer (1820-1903): el hombre primitivo era racional, pero por escasez de conocimientos y por la experiencia de los sueños llegó a la idea de almas y espíritus, siendo el culto de los antepasados el origen de la religión.
– En forma parecida, Tylor Edgard (1832-1917) coloca como origen la creencia en el animismo que postula que todos los seres tienen su alma.
– Para James Frazer (1854-1941) la humanidad se desarrolló en tres etapas sucesivas: magia, religión y ciencia, y cada etapa fue superando a la anterior.

– Para otros, el origen se debe a sentimientos y profundas emociones, especialmente de miedo ante fenómenos de la naturaleza; o por tabúes que personifican el peligro; o por la omnipotencia del pensamiento que recurre a ritos mágicos (actos obsesivos) para liberarse de los peligros, de modo que la religión sería una neurosis obsesiva o comouna simple ilusión fruto de la imaginación que busca un padre protector en el cielo, proyección del padre humano (Freud Sigmund, 1856-1939).

b) Las teorías sociológicas (Malinowski Bronislao 1884-1942; Robertson Smith, 1846-1894; Durkheim Emilio, 1858-1917): presentan a la religión como fruto social que da seguridad y alivio de angustias, que cohesiona al grupo, refuerza su identidad, se transmite tradicionalmente, y en definitiva, se adora a la propia sociedad idealizada.

Hoy se han abandonado estas posiciones reduccionistas e ideologistas, y se ve a la religión y a la religiosidad y espiritualidad como un hecho mucho más complejo y profundo, y con muchas variables según cada cultura: así el precursor de la psicología de la religión, William James, 1842-1910; Jung Carl, 1875-1961; Fromm Eric, 1900-1980; Rudolf Otto, 1869-1937; Mircea Eliade, 1907-1986; Víctor Frankl, 1905-97; etc.) Veamos ideas de Jung y Frankl.

– La Religión en Carl Jung

Contrario a Freud, quien consideraba la religión como una neurosis y una ilusión, Jung, el creador del concepto de “Inconciente Colectivo” y orientador de la nueva era cultural del New Age sostuvo que la religión es esencial para la salud mental. Sobre este aspecto expresó lo siguiente: «Entre todos los pacientes que están en la segunda mitad de vida, no hay ninguno cuyo principal problema no sea religioso».

Cuando habla de problema religioso se refiere a un problema de significado que implica el buscar una razón por la cual vivir. Jung entendía que el rechazo del impulso religioso es la base de la neurosis de nuestro tiempo. Por esta razón, se dedicó durante varios años de su vida a escribir acerca del rol de la religión en el desarrollo humano.

Desde W. James y Jung aprendemos a distinguir entre sentido religioso o espiritual y religión como construcción institucionalizada. Para Jung la actitud religiosa debe estar basada en una experiencia personal y no en la especulación abstracta o en “creencias” y dogmas (aceptación de verdades de forma ingenua, sin espíritu crítico).
Es por eso que considera que aquella religión que se basa en dogmas y artículos de fe es una que estanca y no le facilita a sus seguidores el verdadero desarrollo espiritual que consiste en una búsqueda personal de sentido y en un crecimiento crítico de la persona que busca su “yo profundo” (el Self)

Cada persona tiene que relacionarse a lo sagrado de manera auténtica y única ya que no existen fórmulas preconcebidas que dicten el camino que lo lleva a conectarse con lo numinoso. Es por esto que expresa: «Yo no puedo creer en lo que no conozco y no necesito creer en lo que conozco».La actitud religiosa ayuda a experimentar la dimensión de lo «numinoso»; aquello que es independiente de la voluntad del individuo y tiene una fuerza de atracción significativa.Se utiliza para describir a las personas, cosas y situaciones que tienen una resonancia emotiva profunda.

Lo profundamente religioso se refiere a aquello que Rudolf Otto acertadamente ha llamado “lo numinoso” (sagrado, divino), una experiencia no racional ni sensorial sino un profundo sentimiento ante lo trascendente, sentimiento de atracción, de asombro y de respeto; sentimiento que se apodera y domina al sujeto humano, que siempre, más que su creador, es su posesión. Lo numinoso se muestra como una presencia invisible que producen una especial modificación de la conciencia (Jung, Psicología de la Religión)

Es importante señalar que cuando Jung habla de Dios se está refiriendo a la imagen arquetípica de Dios y no a un ente con una realidad ontológica.El arquetipo Dios representa nuestra necesidad de comprender el Universo; aquello que nos provee de significado a todo lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
Por eso expresa que: «Es solamente a través de la psique que podemos establecer que Dios actúa en nosotros, pero no podemos distinguir si estas acciones emanan de Dios o del inconsciente.

No podemos decir si Dios o el inconsciente son dos entidades diferentes. La imagen de Dios no coincide con el inconsciente como tal pero sí con el arquetipo del Self». O sea: del uno mismo totalmente desarrollado. Jung entiende que como psicólogo, él no puede hacer ningún tipo de declaración en torno a la realidad ontológica de Dios, pero si puede estudiar las manifestaciones de la imagen de Dios en la psique humana.

En este sentido consideró que Dios es un arquetipo que por lo tanto se expresa por medio de símbolos. Para Jung la única manera de relacionarnos con Dios es conociendo las imágenes y símbolos del inconsciente. Esto implica hacernos consciente del material psíquico que hemos heredado de nuestros antepasados (Inconciente Colectivo), incluyendo la imagen de Dios. La conciencia humana cambia la naturaleza de la imagen de Dios.

– Psicología  y  Religión en Erich Fromm (1900-1980).

En los aspectos éticos y religiosos Fromm, neofroidiano y psicólogo culturalista y humanista, descalifica la moral heterónoma como falsa moral, y, dentro del respeto a las diversas creencias religiosas, critica a toda práctica (interna y externa) de corte autoritario o sadomasoquista en sentido psíquico.
Fromm postula una religión humanista opuesta a la religión autoritaria, o a formas autoritarias dentro de cada religión, tal como sucede en la misma Biblia con la imagen de un Dios tremendamente autoritario y terrorífico y otra de un Dios del amor y la colaboración con el hombre.
La esencia de la religión humanista es la práctica del amor, de la justicia y la búsqueda sincera de la verdad desde una conciencia crítica y del sentido profundo de la vida.

“El hombre no es libre de elegir entre tener o no tener ideales, pero es libre de elegir entre distintas clases de ideales, entre la veneración del poder y de la destrucción, o la devoción al amor y a la razón” (Fromm, Psicoanálisis y religión)

Para Fromm, la religión es una devoción a algo superior, lo que no incluye necesariamente la existencia de un Dios personal.
“La cuestión no es religión o no religión. Sino qué clase de religión, sin es una que contribuye al desarrollo del hombre y de sus potencias específicamente humanas, o una que las paraliza”

La religión autoritaria  es el reconocimiento por parte del hombre de un poder superior e invisible que domina su destino, y al que debe obediencia, reverencia y veneración.”
Este “deber” obediencia, etc. es la esencia  del autoritarismo, ya que su virtud máxima es la obediencia servil y su principal pecado la desobediencia, y cuanto más crece la imagen de Dios (omnisciente, poderoso, etc), más se minimiza la del hombre, en una relación sadomasoquista.
A nivel político esto se expresa en los regímenes autoritarios dictatoriales como en el nazismo y en el comunismo estalinista.

La religión humanista tiene como centro al hombre y su fuerza. El hombre tiene que desarrollar sus poderes de razón con el fin de comprenderse y comprender su relación con los demás hombres y su posición en el Universo…
La experiencia religiosa en este tipo de religión es la experiencia de la unidad con el Todo, basada en la relación del uno con el mundo, captada a través del pensamiento y del amor… La finalidad de la religión no es la obediencia sino la autorrealización… La base de la experiencia mística no es el miedo ni la sumisión sino el amor y la afirmación de las potencias propias. Dios no es un símbolo de poder sobre el hombre sino de las mismas potencias del hombre”

Ejemplos de esta religión son algunos profetas, Jesús y el cristianismo primitivo,  y Buda, a quien Fromm admira profundamente como al budismo en general.

Esto lleva a revisar el concepto de pecado y culpa.
“En la religión autoritaria el pecado es principalmente la desobediencia a la autoridad y la violación de las normas éticas. En la humanista, la conciencia no es la voz de la autoridad interiorizada, sino la voz del hombre, el guardián de su integridad que nos da un toque de atención cuando estamos en peligro de perdernos. El pecado no es principalmente contra Dios sino contra nosotros mismos”

La experiencia religiosa
tiene tres aspectos fundamentales:
“El primero es el asombrarse, el maravillarse, el darse cuenta de la vida y de la propia existencia y de la relación de uno con el mundo…con el prójimo.. .
El segundo es la suprema preocupación por el significado de la vida, por la autorrealización y por el cumplimiento de la tarea que la vida nos impone…
El tercero es el más claramente descrito por los místicos: es una actitud de unidad no sólo con uno mismo sino con toda vida y con el universo”

Dadas estas características de la religión humanista, Fromm la ve con una gran semejanza con la terapia y por eso no ve contradicción entre ambas ramas de la experiencia humana, ya que se basan en el desarrollo libre del hombre, en la razón crítica y creativa y en los grandes valores del amor, la verdad y la justicia.

– La religión en Víctor Frankl

El fundador de la Logoterapia, psiquiatra existencialista, es quien más insiste en el valor religioso para alcanzar un sentido pleno de la vida.
Para él, los grandes valores de actitudes, de experiencias y creatividad que tienden a dar sentido a la vida y a cubrir el “vacío existencial”, son manifestaciones superficiales de algo más fundamental, el suprasentido.

Aquí podemos percibir la faceta más religiosa de Frankl: el supra-sentido es la idea de que, de hecho, existe un sentido último en la vida; sentido que no depende de otros, ni de nuestros proyectos o incluso de nuestra dignidad.
Es una clara referencia a Dios y al sentido espiritual de la vida.Esta postura sitúa al existencialismo de Frankl en un lugar diferente del existencialismo de Jean Paul Sartre (1905-80).Este último, así como otros existencialistas ateos, sugieren que la vida carece de sentido, y debemos afrontar ese sin sentido con coraje. Sartre dice que debemos aprender a soportar esta falta de sentido. Frankl, por el contrario, dice que lo que necesitamos es aprender a soportar nuestra inhabilidad para comprender en su totalidad el gran sentido último.

Al buscar un sentido a la vida, el hombre asume toda su libertad, creatividad y responsabilidad. “De hecho, el análisis existencial interpreta la existencia humana, y más allá, el ser humano, en términos de un ser responsable… No es el hombre quien hace la pregunta: Cuál es el sentido de la vida?, sino que es a él a quien se le hace la pregunta, ya que es la vida misma quien se encarga de hacer la pregunta.

Y el hombre tiene que contestarle a la vida con una respuesta que sea su vida misma; tiene que “responder” siendo responsable” (“El hombre en busca de sentido” ) Esta búsqueda de sentido constituye el elemento “espiritual” y auténticamente religioso del hombre, que no incluye necesariamente y concientemente un Dios personal o una religión.

La plenitud humana integra lo somático, lo psíquico y lo espiritual, no basta lo psicosomático.Y en los tres niveles puede darse lo conciente y lo inconciente, por lo que existe un inconciente espiritual en todo ser humano.

El hombre no-religioso es aquel que no reconoce esta cualidad trascendente… no se pregunta más allá de los hechos, ni de qué es responsable ni de dónde sale su conciencia..”“El no-religioso es aquel que toma su conciencia sólo a nivel de su facticidad psicológica, tomándolo como un simple hecho inmanente y se detiene al considerar la conciencia como el último “qué” ante el que debe ser responsable. Pero la conciencia es el penúltimo “qué”…porque no quiere perder el suelo firme bajo sus pies… esa incertidumbre… porque “la responsabilidad resulta incompleta sin un “hacia qué”

Existe, pues, una religiosidad inconciente que debe entenderse “como una relación latente con lo trascendente que hay inherente en el hombre… una relación entre el sí mismo inmanente y el Tú trascendente… o sea, “el inconciente trascendente” que forma parte del inconciente espiritual”

Eso significa que todo ser humano siempre tiene relación con lo trascendente aunque sea sólo desde lo inconciente. “Y si uno llama “Dios” a ese referente… entonces pasamos a hablar de un Dios Inconciente.
Lo cual no implica que Dios sea inconciente en sí mismo, sino que Dios es algo inconciente para el hombre, y que la relación del hombre con Dios puede ser inconciente”Esto no implica una visión panteísta (todo es Dios) o que Dios está adentro de cada uno o que habite en el inconciente, o que el inconciente del hombre sea divino u omnisciente…tampoco es una fuerza impersonal que opera en el hombre o un arquetipo.
Para Frankl “el inconciente religioso, o lo que viene a ser lo mismo, el inconciente espiritual, es un estado inconciente con capacidad decisoria…” con capacidad de elegir y comprometerse con el ser trascendente. Respecto al sentido de la vida insiste Frankl:

Cuando hablamos del sentido hago referencia al sentido en términos de algo terrenal. Sin embargo, no puede negarse que existe algún tipo de sentido entendido como “celestial”… una especie de sentido último, esto es, un significado del todo, del universo, o al menos, un sentido de la vida de cada uno entendida como un todo”.Si bien ese último sentido no se puede alcanzar por la ciencia, tampoco la ciencia puede negarlo.

Para Frankl, “la religión es el punto visible del más humano de los fenómenos humanos, el deseo de dar sentido a la vida.La religión se revela como la realización de lo que llamamos “el deseo de llegar a un significado último” (Todas citas de El hombre en busca de sentido)

2. Planteamiento actual de la ciencia

(Para este punto seguimos a Fernando Schwarz en “Mitos, Ritos, Símbolos”)

La ciencia actual, llamada “nueva ciencia”, trata el problema del hombre, como otros, desde un punto de vista integral. Hoy se ha superado la ciencia europea y blanca, racista y colonialista, racionalista y positivista, y nos hallamos con una “nueva ciencia”, pues “La nueva visión de la realidad se basa en una conciencia de la interdependencia esencial de todos los fenómenos, físicos, biológicos, psicológicos, socioculturales o espirituales” (Fritjpf Capra).

Hoy sabemos que “el hombre se ve inmerso en un crisol, donde se agitan las múltiples frecuencias de una misma energía “(Max Guilmot) “No somos un simple observador sino un verdadero participante en esto que observamos y representamos. Las leyes físicas son leyes de la materia y de la mente, y no leyes de la materia sola” (Charon)

Por eso los mensajes de unidad del universo de las antiguas sabidurías de Oriente y Occidente, hoy son actualizados por las ciencias físicas y biológicas, que redescubren un universo complejo donde todo está en todo, así como la interferencia de lo que está arriba con lo que está abajo.Nos alejamos cada vez más de la posición oficial del siglo 19 según la cual el hombre es un extranjero en el universo, y la aparición de la vida un fenómeno altamente improbable.“Somos los hijos del Universo, engendrados por él” (Jaques Menod)

Por eso, dice Edgard Morin (Pensamiento Complejo), que aparece la nueva ciencia “que deberá establecer la articulación entre la física y la vida, entre la complejidad microfísica y la complejidad biológica, entre lo viviente y lo humano. Es estimulante considerar el mundo, la vida, el hombre, como sistemas abiertos” “Por lo tanto ninguna teoría puede agotar la realidad que está condenada a quedarse abierta, inacabada” (Morin.)

Por lo tanto, el hombre no es pura racionalidad sino la relación compleja entre razón y sentimientos. Y la armonía pasa por la integración de los elementos que no son contrarios sino complementarios. Sin lo global que es lo único capaz de unirnos a lo universal, lo particular está desprovisto de sentido. Así, pues, hay una bi-unidad de materia y mente, materia y espíritu, mente y sentimiento que constituye el mundo de lo viviente.

Así la nueva ciencia (física cuántica, bioneurología) redescubre la “imaginación”, única capaz de simbolizar, globalizar y asumir las contradicciones del universo y del ser humano. Imaginación que surge después del aparecer de las emociones y sentimientos, que siempre anteceden a la razón.
Y si la razón se expresa por el concepto, los sentimientos y la imaginación lo hacen por el símbolo y por el mito, espiritual, religioso o mágico.Nadie dice “te amo con todo mi lóbulo frontal” sino “con todo mi corazón”, y hasta los deportistas cuando obtienen la victoria miran al cielo y señal con el dedo a un Dios invisible.

Los sentimientos y las emociones son un estado anterior al lógico y junto a la imaginación están presentes en el ser humano precediendo o acompañando a la lógica, tanto en el arte, la religión y en todas las manifestaciones de la cultura.

Al descubrir este sentido complejo y profundo del universo y de la vida, que conforman un todo único e integrado, tomamos contacto con la vieja sabiduría de los pueblos, con sus mitos y símbolos, sin que ello signifique creer en sus dioses.

Se trata de volver a enraizarnos en una visión eterna y renovada del cosmos: y eso es lo «sagrado», lo profundamente religioso o espiritual, y para ello necesitamos conciliar la mente con la imaginación profunda, la razón con los grandes sentimientos y el amor, la vida cotidiana con el sentido total de la vida.
No solo conciliamos tantos opuestos que conforman la totalidad, sino que buscamos “el centro”, ese lugar simbólico desde donde miramos tota la realidad y desde donde encontramos un sentido a la vida y al cosmos.

Y hoy pensamos que ese centro está dentro de cada uno de los seres humanos. No está afuera. Desde nuestro punto de vista, poco importa saber de las religiones primitivas, cuando hoy estamos ante nuestro más importante problema: qué sentido tiene nuestra vida dentro de este Universo.De modo que lo importante es analizar la religión actual y otras experiencias religiosas y espirituales, y ver su funcionamiento psicológico desde la actual experiencia.

3. Nuestra posición

Preocupados por explicar psicológicamente este fenómeno universal de la religión a lo largo de los tiempos, sin abrir juicio de valor sobe las diversas creencias, y seamos creyentes en Dios o no, seguimos una línea de pensamiento, que está bien descrita en “La experiencia religiosa en sí misma” del doctor uruguayo en medicina y especialista en psicología de la religión, Omar Franca Tarragó:

“La perspectiva de la psicología de la religión más actual nos aporta datos bien interesantes a propósito de cómo se da la religiosidad.
Nos indica que la experiencia religiosa tiene que ver con un fenómeno más amplio en el ser humano que es la búsqueda de significado. Sin lugar a dudas, la experiencia de fe está relacionada con múltiples dimensiones de la persona: aspectos biográficos, socio-históricos, etc.

Pero los estudios que va haciendo la psicología de la religión desde la perspectiva psicológica-social nos indican -por el momento-, que el factor que parece más decisivo en este proceso psicológico es la interpretación perceptiva respecto a la totalidad de la realidad en la que se sitúa el sujeto y por tanto con el cambio de la significación que esa realidad va adquiriendo para él.

El hecho religioso se insertaría pues, dentro de un hallazgo global de significado que sería el que en última instancia iría dirigiendo el proceso de maduración integral del individuo a lo largo de su vida. Para esta tradición psicológica, la experiencia religiosa hay que estudiarla como parte del proceso global cognitivo-emotivo humano.”

Analicemos, pues, lo que significa desde la psicología “interpretar la realidad”.

La Realidad externa e interna aparece ante el hombre como un “fenómeno” (de “fainein”: que aparece, que brilla ante uno), un “Significante” que debe ser interpretado para adquirir un “Significado”.Toda la realidad aparece como una incógnita: “Qué es esto?” Esto nuevo, caótico, desconocido…

El ser humano, a través del tiempo y trabajosamente fue dando sus respuestas, y fue dando sentido, fue interpretando la realidad según sus los datos de sus sentidos, emociones, sentimientos, imaginación y la razón lógica.Especialmente interpretó la realidad desde sus necesidades y vivencias dentro de un determinado contexto témporo-espacial.

El resultado de esas interpretaciones que aún hoy continúan y continuarán es la CULTURA y dentro de cada cultura encontramos elementos técnicos, científicos, artísticos, filosóficos y “religiosos”.¿Por qué este emergente de lo religioso especialmente en las culturas antiguas de hace 5000 años?

Porque el fenómeno (“fainómenon”) que es percibido puede ser:
Pro-fano: patente y explicable por mí y ante mí, manifiesto, comprensible: es lo Natural, Profano.
Epi-fano (de arriba) misterioso, explicable sólo por algo superior a mí, que me trasciende: es lo Sobre-natural, Sagrado o hiero-fano (manifestación sagrada).

“Sagrado” significa etimológicamente “algo separado”, que está en otra dimensión. Entonces la Hierofanía o Epifanía es la irrupción de lo sagrado en el mundo profano. El hombre se da cuenta y descubre que hay una realidad absoluta que trasciende a este mundo, pero que se manifiesta en él. La hierofanta manifiesta una nueva dimensión en la vida.

Obviamente este criterio dualista (profano-sacro) es una representación del mundo antiguo.

Pero ¿es la del mundo actual?

En cada cultura variará qué es considerado como hierofanta o realidad trascendente, aunque hay realidades que en todas las culturas y tiempos mantienen su rasgo epifánico y oculto, con una equis no despejada.
Tal es el caso, por ejemplo, de la muerte y qué hay después, y cómo apareció el universo.

Mircea Elíade (el más grande historiador de las religiones) acuñó el término hierofanía para referir la manifestación de lo sagrado aplicada a objetos diversos: una montaña, un árbol o un planeta.
Elíade observará que una hierofanía se produce cuando se da una experiencia de “algo” que se reconoce como una realidad distinta de la empírica (en el sentido de mundana, natural o profana).

Así pues, si una montaña o un rayo expresa un poder superior y sobrenatural, revela al hombre un modo de ser absoluto y diferenciando del espacio profano que lo rodea, ya que una de las funciones de la hierofanía es precisamente, separar a esos objetos considerados “sagrados” de los profanos.

En lo profano, el hombre se siente el centro de su pequeño mundo, y lo organiza a su imagen, generando una sociedad organizada.
En lo sagrado, el hombre toma conciencia de que el centro está en otro lado, allí donde se origina el cosmos, y de que puede relacionarse con ese otro mundo.

En el mundo primitivo: casi todo aparecía como epi-fano, hiero-fano, sagrado, “fan-tasticós”, sorprendente, no comprensible, misterioso, ine-fable (que no puede ser “fablado”, hablado) y por lo tanto, su explicación y origen se atribuía a fuerzas o seres de otro nivel, de arriba, espíritus y dioses.
Las explicaciones científicas o técnicas eran escasas, ya que todos los “fenómenos” naturales y biológicos tenían ese halo “misterioso”, como el trueno, el viento, los planetas, el embarazo y mil etcéteras más.

Porque sea como fuere, el ser humano “necesita” buscar explicaciones, interpretar y dar sentido a toda la realidad en su globalidad y en sus partes. Y cuando no tiene la evidencia, suple con la imaginación.

Y esto es así porque, desde el punto de vista psicológico, y en gran parte inconciente, el hombre “necesita” tener alguna explicación de la realidad para salir de la angustia que le provoca una realidad “caótica” e incierta. (El “caos” tiene que volverse “cosmos”)
Si el hombre pre-moderno no tenía esa explicación, la buscaba “arriba” porque arriba, símbolo de lo superior, está el Altísimo, el Gran Espíritu, Dios que nos domina y se manifiesta en esos signos misteriosos. Es lo epi-fánico (epi = sobre, arriba), el poder sobre-humano simbolizado en la montaña inaccesible, el sol, el rayo, el cielo concebido como una capa exterior sobre la cual moran los dioses expresados en los planetas…

Y además, si el hombre no interpreta las realidades que contempla, tampoco puede controlar ni predecir el futuro ni organizarlo. Su angustia lo destruiría. Pero su angustia se aplaca si sabiendo quién está detrás y quien tiene poder, él puede relacionarse para pedir ayuda y protección.

Por lo tanto, EL HOMBRE NECESITA UNA INTERPRETACIÓN DE TODA LA REALIDAD, como un conjunto integrado y armónico. Nada puede quedar afuera…La religión, especialmente en la antigüedad, cumplirá este cometido por medio de sus mitos, perfectamente ensamblada con lo que hoy llamamos “ciencia”, o sea, conjunto de conocimientos.Religión y Ciencia (elemental) estaban unificadas por las mismas personas que cumplían ambos roles: magos y sacerdotes, escribas y profetas.

Religión (y mitos) organizan toda la vida de la sociedad, incluida la guerra y la política, la ida social y la vida individual.Este “integrismo” desaparece desde la modernidad, y la ciencia (conocimiento racional) se separa definitivamente de la religión, no sin grandes polémicas que aún hoy continúan.

En resumen: la interpretación de la realidad pasa por varias etapas evolutivas:Cierto animismo primitivo – etapa mítica religiosa – etapa racional y conocimiento- etapa integral que hoy queremos construir.

Por tanto, la religión cumplió en su momento esta necesidad y este objetivo:
DAR SENTIDO A TODA LA REALIDAD y «organizar» la vida de la comunidad, darle un orden, unos valores, unas normas y una jerarquía de conducción.

Y es el resultado de un proceso interpretativo que puede ser correcto o padecer todas las deficiencias de la interpretación humana que incluye las tareas de percibir con los sentidos, procesar en el cerebro, imaginar, idear, juzgar, decidir.Y por supuesto, es una religión (organizada) que surgió no hace tanto, unos cinco mil años, y que intentó cumplir con esa pretensión: dar a los seres humanos el sentido total del Universo, de la Historia y de la Vida humana. Así la religión organizada asumió como propia la ética y la espiritualidad del ser humano y le dio una determinada dirección.

Alguno podrá pensar: “mi religión es fruto de una revelación divina, no de una interpretación humana”.
Pero en tal caso, siempre está en el ser humano interpretar si “eso que siente” es realmente una voz divina o algo de su inconciente que él siente o interpreta como divino.Porque en todos los casos nuestras ideas, provengan de los sentidos o de una «voz misteriosa» deben ser procesadas e interpretadas por los circuitos cerebrales.Y cada cultura, pueblo o religión puede “interpretar” que sus creencias son de origen divino y las de los otros son puras interpretaciones humanas.

Es decir, y resumiendo:La gente explica sus experiencias y sus acontecimientos vitales atribuyéndolos a determinadas causas naturales o seres sobre-naturales. En este caso, el ser humano tiende a imaginar a estos seres sobrenaturales a su imagen y semejanza, o sea, con características antropomórficas (masculinas o femeninas), y a darles un poder de decisión absoluta y omnipotente que empequeñece y casi anula al hombre.

El significado será percibido y elegido según algunas variables como:
a. fundamentalmente el contexto cultural ( semita, griego, hindú, chino, etc.) que incluye paradigmas, valores, prejuicios, instituciones…
b. las características personales del sujeto, edad, sexo, conocimientos, rasgos psíquicos, etc.
c. las variadas características del acontecimiento que se explica (desconocido, inesperado, provocativo…)

De allí que hoy asistamos a una profunda crisis religiosa dentro de este nuevo contexto de modernidad, posmodernidad, globalización, nuevos valores o antivalores con un nuevo modelo de interpretación de la realidadNuevos acontecimientos y experiencias humanas de todo tipo exigen una nueva explicación mientras parece derrumbarse todo un viejo sistema…Al no tener un nuevo sistema coherente de interpretación, nos domina la inseguridad, angustia, depresión, falta de sentido, etc.

Por eso, a medida que avanza la ciencia (el «conocimiento») que da sus explicaciones e interpretaciones racionales de toda la realidad perceptible, parece reducirse el campo de lo sagrado o sus explicaciones parecen inadecuadas… y entonces nos preguntamos: qué cosas existen como no explicables y sagradas… o si todo es explicable por la ciencia.Porque si hoy algo no tiene explicación, no pensamos que hay que buscarla “arriba” sino que hay que esperar hasta que la ciencia devele la incógnita.

Ejemplos de hierofanía y símbolo  sagrado

El Arbol : El respeto y la veneración por los árboles se halla muy extendido en todo el mundo, pues el árbol es como el punto central y el eje del mundo, estableciendo un punto de unión entre el cielo y la tierra ya que echa raíces en la tierra y abajo y sus ramas se extienden hacia el cielo.
También puede ser símbolo de inmortalidad por su duración.

En la Biblia encontramos también el árbol del conocimiento del bien y del mal y el árbol de la vida. O el árbol en que se manifestó Dios a Moisés (la zarza ardiente).Similar sentido tiene la montaña y todos los lugares altos (Sinaí, Sión, Gólgota)

Estos símbolos responden, por cierto, al dualismo abajo-arriba, tierra-cielo, hombre-dios, y expresan esa mentalidad cultural o paradigma interpretativo.

El siguiente símbolo alude al nivel que está debajo de la tierra: lugar de nacimientos y de muerte. Una zona desconocida que con el tiempo se transformará en los «infiernos» (ínferos: zona inferior, de abajo) y posteriormente en lugar de tormentos para los condenados.

Grutas: Las grutas y cuevas en las cuales se realizaban ritos sagrados, están relacionadas con la madre tierra, el útero, el origen de la vida y de la sabiduría (Jesús nace en una gruta, al igual que Mitra) En algunas culturas primitivas como en Indonesia se suponía que la primera humanidad mítica vivía bajo tierra y que por las grutas y cuevas ascendieron a la superficie. Del mismo modo las almas de los muertos descenderían bajo tierra y allí morarían.

4. Lo sagrado en las culturas antiguas y pre-modernas

Para una cultura religiosa antigua y pre-moderna siempre existe una división radical entre lo sagrado y lo profano.
Así hay un espacio sagrado creado por Dios o los dioses, que se recrea en multitud de espacios sagrados donde “habita” la divinidad o se manifiesta, y donde el hombre puede conectarse con lo divino (templos, piedras, fuentes de agua, montañas…)

Conforme a ese espacio sagrado (modelo original) se edifican la ciudad, las casas, los templos que simbolizan el espacio sagrado original, por ej. la catedral como imagen del ”cielo” hacia donde apuntan las torres, con la puerta de separación con lo profano, etc.Lo profano, en cambio, aparece como lo hecho simplemente por el hombre, y por tanto, como de menos valor y consistencia, como algo “efímero” (que dura un día), relativo y transitorio.

La verdadera realidad estaba en lo sagrado, a menudo simbolizado en la consistencia y eternidad de una piedra o montaña.

Del mismo modo existe un tiempo sagrado que actualiza las gestas de los dioses en los “orígenes” y que se expresa especialmente en las fiestas sagradas y en determinados ritos, actualización de los mitos de los orígenes, como luego veremos. El tiempo sagrado es cíclico o circular, de modo que se repite cada año en círculos sucesivos como símbolos de la eternidad.

En el cristianismo son los tiempos litúrgicos con sus diversas festividades.Espacio y tiempo sagrados no son comienzo ni continuidad del espacio y tiempo profano, sino diferentes, de otro nivel, verdadera ruptura de la profanidad, como algo totalmente distinto, con una realidad total y divina, “lugar y tiempo” donde la vida tiene total sentido…En realidad lo divino está fuera del tiempo y del espacio profano, es de otra dimensión, aunque simbólicamente se lo expresa como tiempo y espacio porque el ser humano no conoce otra dimensión.

Entre los primitivos todo podía ser sagrado o epifánico:el cielo, la tierra, los astros, eclipses, lluvias, truenos y rayos, el viento (algo “espiritual”, de donde viene el término “espíritu”, soplo, aliento) el fuego, las montañas, lo volcanes, las corrientes y fuentes de agua subterráneas, los mares, animales y plantas, los sueños, la muerte, el sexo, etc. etc.

Recordar que el cosmos o universo primitivo era pequeño, una tierra plana y pequeña (la extensión geográfica conocida) cubierta por el manto celeste (algo fijo, inmóvil), cuyas dimensiones también eran escasas (se podía llegar volando o con una gran escalera o torre…)Y la concepción de la humanidad y de la historia también era reducida.

Por lo tanto, un mundo familiar, donde todo podía tener una explicación “a la mano” y donde lo divino o sagrado se mezclaba con lo profano o cotidiano… hombres, dioses, espíritus y seres sobrenaturales convivían en un universo maravilloso y mágico.
Mundo animado poblado de espíritus (animismo) y dioses muy semejantes a los hombres o a los deseos de los hombres.

Mundo cultural que se consideraba a sí mismo como “el centro” del mundo pues allí se había manifestado y actuado la divinidad; afuera quedaban los extraños, los “bárbaros”, los demonios, los infieles… Un centro materializado en la capital, en el templo o en el palacio real. Así, Jerusalén, centro del mundo; o Babilonia, Nínive o Roma…
Desde ese centro sagrado del mundo, los pueblos se “orientaban” y orientaban incluso sus ciudades, templos y casas.La misma ciencia primitiva (agricultura, caza, cestería, cerámica, astronomía, curación…) era tarea religiosa de los chamanes y sacerdotes, sin mucha diferenciación entre religión y ciencia. Sacerdotes y astrónomos eran “magos”, conocedores del misterio del mundo revelado por los dioses.

Nuestra cultura actual (especialmente en Occidente), en cambio, conoce los espacios infinitos con millones de galaxias que se mueven constantemente a velocidades increíbles, mundo que sigue evolucionando y recreando constantemente hasta su muerte final y con una ciencia que parece no contener límites. Lo que hoy no se conoce, se supone que se conocerá mañana… sin necesidad de buscar explicaciones divinas…

Una cultura que “separa” la ciencia, la técnica y el arte de la religión, relegada al ámbito privado, algo inconcebible en el hombre pre-moderno. Por tanto, una cultura cada vez más desacralizada y más “secularizada”, profana o mundana, sin necesidad de Dios o dioses para buscar explicaciones de la realidad. Y un hombre que cree no necesitar de Dios para explicarlo todo y para dar sentido a la historia y a su existencia. Es una NUEVA cultura.

5. Ahora bien, ¿hubo algo que produjo originariamente la creencia en espíritus, dioses y un más allá del mundo actual, y aún lo hace hoy?
¿Qué provocó el nacimiento de las religiones y qué las mantiene en el tiempo?

Desde el punto de vista psicológico podemos ver que en cada cultura, antes y ahora, hay fenómenos externos o internos que “necesitan” la explicación religiosa o al menos la sugieren.
a) Así, la necesidad de protección ante el hambre, las enfermedades, la sequía, los peligros;o el sentimiento de dependencia por el desvalimiento y la debilidad natural del hombre y la búsqueda de quien cubra esa dependencia.
En otros, el miedo ante ciertos fenómenos (tormentas, inundaciones, guerras, muerte);en otros, la sorpresa y el asombro ante algo maravilloso, como la primavera, el arco iris, el mundo de las galaxias o un acontecimiento benéfico.
Aún hoy todas estas situaciones provocan en muchos un sentimiento sagrado, religioso o trascendente, y en esas situaciones se recurre con más asiduidad a la oración o a ciertos ritos.

Es interesante lo que dice uno de los más grandes neurólogos de nuestra época, Antonio Damasio en su libro “Neurología de la emoción y de los sentimientos”:
“No estoy a favor de neurologizar las experiencias religiosas, especialmente cuando los intentos toman la forma de identificar un centro cerebral para Dios y la religión, encontrando sus correlatos en los exámenes del cerebro. Y sin embargo las experiencias espirituales, religiosas o de otro tipo, son procesos mentales. Son procesos biológicos del más alto nivel de complejidad”.

Hoy se interpreta que el sentido espiritual, que sería la máxima elevación del espíritu humano, no está necesariamente ligado a un sentimiento religioso que alude a otra vida o a Dios.
Pero se entiende que este conjunto de experiencias, necesidades y sentimientos dieron origen en las culturas antiguas a religiones con dioses protectores (como un padre o una madre, como pastor) o dioses a los que hay que temer, o dioses maléficos (simbolizados en dragones y demonios…) según la experiencia de ese pueblo o cultura.

Estos dioses son como “proyecciones” de lo humano en lo divino; divino que aparece con características antropomórficas: como pareja sexuada, como rey, como padre, juzgando, castigando, premiando, bendiciendo, etc.Es decir que, en gran medida, el mundo religioso refleja un modelo de sociedad y una forma de vida (sociedad autoritaria, guerrera, desértica, urbana, esclavista, etc…)

b) De todos modos, pareciera que hubo un fenómeno más universal que provocó las primeras reacciones religiosas: es la muerte con la suposición de una existencia del espíritu del muerto en el más allá y la necesidad de un incipiente culto a los muertos para mantenerlos como protectores de la comunidad.

Se trata de una experiencia que aún hoy tiene vigencia. Es un hecho que en un momento dado de la evolución humana, se crea un umbral de comunicación entre el conciente y el inconciente del hombre, que permite la aparición de una intercomunicación entre la lógica y la afectividad, entre la imaginación y la realidad.

Estados de conciencia hasta ese entonces desconocidos (sueños, alucinaciones, visiones, éxtasis, etc.) aparecen y modifican de forma sensible el comportamiento de la especie. Gracias a la toma de conciencia de la muerte, se desencadena la actividad religiosa y la creatividad artística como lenguajes simbólicos.

La muerte no es vista solo como el fin o pérdida de algo, sino como el paso a otro estado donde la vida se transforma y se mantiene la identidad aún con la posibilidad de contacto con los humanos.
Es la toma de conciencia de “algo diferente”, es el despertar de lo sagrado, que interpreta el mundo desde el lenguaje simbólico.
Por el símbolo, el hombre capta lo distinto, lo otro, lo diferente.
Con el tiempo, cada pueblo aprenderá a mantener propicios a los espíritus y dioses benéficos mediante ruegos, dádivas y sacrificios (“hacer sagrado algo”), etc. o mantener alejados a los maléficos mediante ciertos rituales y ofrendas…

c) Por lo tanto, la experiencia del “homo religiosus” nace de esta experiencia de epifanía o hierofanía: se siente una manifestación de lo sagrado o divino (lo supremo y separado) aquí en la tierra, sea en una montaña (el Sinaí, por ejemplo), un cielo estrellado o en un niño al que se reconoce como expresión de lo divino.

Así la Iglesia cristiana celebra la fiesta de la Epifanía en el nacimiento de Jesús y en la adoración de los magos y pastores que ven en ese niño como la encarnación de Dios Salvador.
Esta epifanía cristiana se conecta con la antigua epifanía del nacimiento del sol, Mitra, (en el solsticio de invierno) calculado para el 25 de diciembre en Occidente y para el 6 de enero entre los griegos. Ahora el nuevo sol del mundo es Cristo…También son epifánicos en los evangelios el bautismo de Jesús (se manifiesta como hijo de Dios y Mesías), el milagro de las bodas de Caná, con el cambio de agua (lo viejo) en vino (lo nuevo) y prácticamente todos sus “signos” o “hechos admirables (milagros)”.
Los milagros son epifánicos en cuanto “signos” de lo sagrado o del hacer divino, y no necesitan ser cosas contrarias a la naturaleza, como se los concibe popularmente.Y es sobre todo epifánica la muerte y resurrección de Jesús, pues allí se manifestó, desde la fe cristiana, toda la divinidad y su obra salvadora.

En esas experiencias el hombre descubre lo sagrado como algo absolutamente distinto de lo natural, como “absolutamente Otro” (Rudolf Otto), como algo de índole “espiritual”, como “numinoso” (divino), como algo “viviente” y principio de vida total, como algo inmensamente poderoso.
Así lo sagrado aparece como lo que tiene valor total y como lo que da sentido a la vida humana y al cosmos, como la “verdadera realidad” (opuesto a lo aparente o efímero o profano) y fundamento de toda realidad. Sólo lo sagrado es verdaderamente Real. Por supuesto que a lo largo del tiempo varía esa realidad considerada sagrada y va sufriendo distintas transformaciones.
Dice Eliade.

“Religión podría ser un término útil siempre y cuando recordemos que ella no implica necesariamente una creencia en Dios, en los dioses o en los espíritus, sino que se refiere a la experiencia de lo sagrado, y por consecuencia está relacionada a las ideas de Ser, de significación y de verdad”Ser un hombre en todo el sentido de la palabra, eso es ser religioso. Al ser fenómenos “inefables”, su lenguaje es el símbolo, como luego veremos.

Lo sagrado, en definitiva, aparece con dos características: como un “misterio” “fascinans”, fascinante, asombroso, inmenso, y como “tremendum”, tremendo, poderoso, temible, que inspira respeto y temor reverencial (R. Otto).
El mismo templo o lugar sagrado estaba revestido de estas características; de allí el silencio, entrar descalzos, que no entren los profanos bajo pena de muerte; hasta el nombre del dios era sagrado y tremendo, no se lo podía nombrar por cualquier motivo (segundo mandamiento: “No tomar su santo nombre en vano”). Un respeto sagrado que aún hoy conservan muchas religiones, como el Hinduismo y el Islam.

6. Tipos de religiones epifánicas: cosmológicas e históricas

a) Una conclusión de lo dicho es que las religiones primitivas aparecen fundamentalmente como cosmológicas, o sea epifánicas a partir de la interpretación de los fenómenos cósmicos, con la adoración del sol (especialmente en los imperios pues el sol es símbolo de poder absoluto), la luna (generalmente su esposa) y demás planetas (Mercurio, dios mensajero; Venus, diosa del amor; Marte, de la guerra; Júpiter, del rayo y del trueno; Saturno, de las aguas profundas): recordemos que cada día de la semana estaba dedicado a uno de estos dioses-planetas y aún hoy conservan estos nombres.

Otros fenómenos cósmicos-divinos eran la lluvia (en los países desérticos), las montañas como morada de los dioses (el Sinaí y Sión entre los hebreos, el monte Olimpo entre los griegos), la tierra como gran madre, culto tan importante en la cultura andina incaica y vigente hasta el día de hoy. Árboles gigantescos, animales poderosos (león, tigre, toro, elefante…), etc.

Religión cosmológica que es necesariamente cíclica como es cíclico el movimiento astral, con planetas que nacen, mueren y renacen (especialmente la luna, cuyo ciclo fue la medida del tiempo y símbolo de los cambios vitales, como en la mujer, y de la resurrección), con las cuatro estaciones, etc.

De allí que sus grandes fiestas siempre estuvieran relacionadas con el ciclo de la naturaleza, con los equinoccios (primavera y otoño) y solsticios, con el comienzo del año astral, solar o lunar, con las siembras o cosechas, etc.

Vestigios de estas fiestas los encontramos aún en el culto hebreo y cristiano, como la Pascua, en su origen fiesta pastoril de la primera luna llena de Aries (primavera, nuevos nacimientos, flores, primeros brotes) reinterpretada luego como fiesta de la libertad y de la nueva vida.

b) Pero ya en tiempos cercanos, hebreos, cristianos y musulmanes desacralizan el cosmos que aparece como simple “criatura” de un solo Dios, el cual, manifiesta su presencia (hierofanía) en los acontecimientos de la historia que se vuelve “historia sagrada” o “historia de salvación”, obrando Dios mediante ciertos personajes como Abraham, Moisés, los Profetas, Jesús, Mahoma.Por lo tanto, el tiempo ya no es cíclico sino que tiene un comienzo divino, y luego de un camino providencial, desemboca en un final (´´ésjaton”, escatología).

Es un Dios que guía a su comunidad a lo largo de los “signos de los tiempos históricos”… y que en esta historia real (no sólo mítica) o en el más allá manifiesta su misericordia y su justicia.

De allí la importancia de la esperanza en un futuro apoyado en las promesas de Dios sobre el cual se deposita toda confianza, en El y en su Palabra.

Estos pueblos dieron importancia, por lo tanto, a los libros de su historia cultural (Biblia, Corán, etc.), considerados sagrados como palabra divina, pues aprendieron a leer el mensaje divino en su propia historia y cultura y en los ritos sagrados.O sea, interpretaron las palabras y enseñanzas importantes de sus líderes, profetas, sacerdotes o escritores como revelación o manifestación de Dios y de su Palabra, como si Dios hablara a la comunidad por medio de ciertos personajes.

Por lo tanto entendieron que Dios se revelaba (hierofanía) tanto en los acontecimientos históricos, que había que interpretar, como en los dichos y escritos de ciertas personas representativas y proféticas; palabras que también necesitan interpretación.Y como esas interpretaciones no siempre eran claras ni uniformes, también surgían diversas corrientes interpretativas no solo distintas sino aún opuestas.

En definitiva, fue la comunidad misma y sus dirigentes la que a lo largo del tiempo decidió qué interpretaciones eran “auténticas” y cuáles eran falsas o “heréticas” y disidentes.Pero aún en estas religiones históricas encontramos muchos restos de hierofantas cósmicas (piedras sagradas, montañas sacras, ríos, árboles, etc.) y un sinnúmero de símbolos cosmológicos (el cielo como lugar de lo divino; las tierras inferiores como el infierno; la luz, el sol, el agua, etc.)

c) Pero hoy, en esta nueva cultura posmoderna, se pone el acento en las manifestaciones divinas “dentro del ser humano”, en su inconsciente más profundo (como vimos en textos de Jung y Frankl), como si Dios bajara de las alturas para actuar desde lo más íntimo del ser humano.

Un Dios más sujetivo y personal, a menudo identificado con la energía cósmica en constante evolución y creación (cierto panteísmo) y con la síquica (con la conciencia y el inconciente) que “evoluciona” constantemente a lo largo de lo siglos.

Por lo tanto, para muchos creyentes modernos, un Dios muy distinto del antiguo, más íntimo y personal, y siempre creando y renovando el universo, y presente en todas las manifestaciones de la vida y en el equilibrio cósmico y ecológico.

Decididamente ha cambiado la imagen de Dios. La vieja imagen ha muerto.Y también una religiosidad-espiritualidad menos atada a estructuras eclesiásticas (Iglesias), más individual y sujetiva, más mística o carismática, con más importancia de los sentimientos y menos importancia en viejos mitos, teologías, templos y rituales o sacramentos.
Como vemos, el proceso interpretativo de la Realidad cósmica y humana, aún no ha finalizado, y adquiere nuevas formas en cada época.

Entre tanto, el hombre posmoderno ha asumido esta tarea interpretativa desde sí mismo, desde sus conocimientos y conciencia, buscando encontrar la unidad de todo, sin divisiones de profano y sagrado.Está naciendo una espiritualidad laica, no religiosa. E incluso una religiosidad sin religión institucionalizada o eclesializada.

(Continúa en II)

Integral © – 2011 –

 

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