Escuela “Interesante”. Benetti

UNA ESCUELA INTERESANTE
Dialogando con educadores …

Tengo muy presente una conversacn que tuve con dos profesoras que dan clases en dos colegios secundarios distintos, sobre todo la sensación de frustración en ambas al comprobar el poco eco que tiene la educacn en los adolescentes:
“Nos da la sensación que nada les interesa, que nada les motiva, y realmente no sabemos cómo llegar a ellos, si es que hay algún modo de llegar“, me decían.

Esta queja no es, por desgracia, una queja solitaria. Y casi me atrevería a suponer que es como una sensación general, pero no solamente en nuestro país.

Alguno podrá preguntar si esto es nuevo o ahora se esagravando, o si siempre fue más o menos así. Lo cierto es que la distancia entre nuestro sistema educativo y la mentalidad de los educandos tiende a ahondarse día a día. Como decía una de las profesoras, ya no es algún problema aislado de indisciplina o cierto escaso porcentaje de alumnos desinteresados: es como si de pronto descubriéramos que se trata de dos mundos distintos, y que más que indisciplina en el sentido tradicional de la palabra, tendríamos que hablar de indiferencia o apatía.

Hace años en España se acuñó una palabra para expresar esa actitud de los jóvenes hacia el valor de los adultos: “pasotismo, que deriva de cierta expresión muy en boga en los adolescentes españoles pasotas: Yo de esto paso”. Pasan de la autoridad, del orden, de las normas éticas, de la religión, como si estuviesen más allá de todo. Pasar de todo como algo inservible e itil.

Si a esto le agregamos los atractivos de una vida fácil y liviana (cultura light), la seducción de tantas adicciones escapistas más la tremenda inseguridad de los educadores en su propio sistema educativo y mundo de valores, digo que si juntamos todos estos elementos no deben sorprendemos las respuestas de los educandos ni la sensación de frustración de los educadores.

Desde que tengo uso de razón oigo hablar de reformas educativas y siempre me encuentro con pintorescos parchecitos más o menos formales (cambio de nombre a ciertas asignaturas, promedio de siete o de cuatro, evaluación con números o con letras, exámenes en diciembre o en marzo ... ), parches que son la cortina de humo de nuestra propia impotencia y falta de coraje para encarar la reforma desde donde debe hacerse.

¿Desde dónde? Pues, desde la realidad de nuestros niños y adolescentes. Es curioso pero en las últimas reformas educativas de nuestro país no se habla de posmodernidad, no se analiza el estilo de vida de niños y adolescentes, y hay más preocupación por demostrar que somos un país de primera línea con muchos estudiantes y pocos repitientes, que por pensar alguna idea realmente innovadora en educación. Una pobreza de ideas realmentealarmante que contrasta con supuestas tecnologías y un impresionante sistema administrativo y de control. Bien me lo dijeron hace poco varios directivos:
Un sistema que no nos deja tiempo ni para estar con los alumnos. Lo importante son las planillas


Enton
ces uno se hace preguntas: ¿será cierto que nada les interesa? ¿O no les interesa casi nada de lo que les brindamos? Porque ni les interesa a los educandos, pero tampoco a sus educadores.

No olvidemos que también la educación se rige por la ley de la oferta y de la demanda¿Y qué demanda nuestra juventud? ¿Y qué le estamos ofreciendo? ¿Y qué demandamos los docentes y educadores?

La lógica es una sola: escuchar la demanda y producir conforme a esa demanda. Si la escuela es una “empresa de servicios“, como se suele decir, ¿a quién queremos servir? ¿Al sistema, a los funcionarios, a las planillas, a los supervisores o a los clientesLas dos profesoras me dean: “nada les interesa, nada los motiva”.

He ahí dos palabras que tenemos que profundizar: interés y motivación. ¿Alguna vez nos detuvimos a analizar su verdadero sentido?

Yo estoy cansada de escuchar esas palabras, como también la consabida consigna: “Tenemos que motivar a los alumnos“. Pero el caso es que no se motivan.
Entonces voy a responder con una gran herejía, de la cual estoy más que convencido, y es ésta: nadie motiva a nadie. Y como ya advierto su cara de sorpresa, continúo: no hay peor absurdo que pretender motivar a otro. Y el que pretende educar motivando a los alumnos, lo que hace es poner los caballos detrás del carro.
– Ahora sí qu
e no entiendo nada. ¿No se estará burlando de nosotros?

Estoy hablando con total seriedad. Y vuelvo a repetir: nadie motiva a nadie.
– E
so es psicológicamente casi
imposible. Lo que usted afirma contradice lo que siempre se nos ha enseñado en nombre de la psicología y de la pedagogía. ¿Cómo que no podemos motivar a nadie?

Bien, comencemos por el concepto de motivación. Como es sabido esta palabra deriva del vocablo latino: motus. Y motus significa “movimiento”. Por tanto “motivar” significa poner en marcha el movimiento, moverse. Moverse ... Entonces, asociamos: motivacn, motus, movimiento, motor, motilidad, móvil, inmóvil, y todos loscompuestos: motonave, motocross ..Motus: movimiento. Motivación: lo que pone en movimiento.

¿Por qué no nos da un ejemplo, por favor?

Con mucho gusto. Yo tengo hambre y siento esa extraña sensación en mi cuerpo. Y el hambre me pone en movimiento ... ¿hacia dónde?; la respuesta es obvia. Entonces, ¿qué me ha motivado?
Pues el hambre y las ganas de comer. Esa necesidad que uno tiene de comer.
¡Fantástico! ¿Se fijó en la palabra que utilizó?: esa necesidadque uno tiene.

La necesidad es lo único que motiva, o al menos, lo que primero e inevitablemente motiva, o sea, que pone en movimiento a nuestro psiquismo, a nuestro cuerpo, a nuestro yo.

O sea que motivacn y necesidad son dos hermanas gemelas. Donde hay necesidad hay motivación, porque la necesidad nos mueve hacia la satisfaccn, satisfacción de la necesidad. Por eso las necesidades primarias, las que surgen del instinto y de la necesidad de vivir, son las más imperiosas y urgentes (comer, beber, respirar, tener sexo, huir ante el peligro, etc)

Si la satisfacemos nos sentimos satis-fechoses decir, “suficientemente hechos”, realizados, cumplidos. Si no las satisfacemos, nos sentimos frustrados, resentidos, vacíos.

En toda nuestra vida rige esta ley primordial; por ejemplo: si necesito un clavo, me movilizo (me motivo) hacia la ferretería. Si necesito expansión, me movilizo hacia el campo o el parque. Si necesito descanso, a la cama. Si necesito amor, también la cama puede ser útil, y así sucesivamente.

Ahora se entiende mi herejía: nadie motiva a nadie, porque yo no puedo hacer que alguien sienta necesidad de lo que no siente. La necesidad consciente o inconsciente es lo más íntimo y personal que uno puede tener. Es “mi hambre“, “mi sed”.

La necesidad funciona o se siente como una ansiedad, un cosquilleo, un cierto malestar que lo se calma con la satisfacción de ese “objeto” (estímulo) hacia el que se mueve (motiva)Si usted está harto de comer o sin apetito alguno, yo no puedo hacer que usted sienta hambre, o sea, no puedo motivarlo a comer. Podré estimularlo” mostrándole ricos manjares y haciéndole oler la sopa de verduras que estoy preparando, estimular cierta hambrecita pequeña o dormida, pero jamás haré que sienta hambre si no la siente. Y si no le gusta el fútbol, ¿qué puede hacer su marido para que usted vea el partido de la noche por televisión?

Sí, pero en los campeonatos mundiales veo los partidos, aunque el fútbol no me gusta.

Porque está motivada por su nacionalismo o patriotismo y ese fanatismo colectivo que tanto nos gusta, o por no sentirse afuera del entusiasmo nacional. Si ganan los nuestros decimos: “ganamos“. O sea, que cierta necesidad (de ganar y sentirse contenta) puede movilizada para ver un partido de fútbol.

si yo, cuando usted no tiene hambre, le prometo un premio de mil dólares si se toma la sopa, es probable que su necesidad de dinero hasta le haga tomar el plato de sopa con una sonrisa. Se trata de un estímulo económico que aligera el problema, como el sueldo mensual en un trabajo que no nos gusta. El estímulo es un aliciente, pero no una motivación, del mismo modo que el castigo es un esmulo para hacer lo correcto, pero tampoco es una motivación ética.

En definitiva, lo único que nos motiva o moviliza es la necesidad de algo. Por eso digo: nadie puede motivar a nadie, aunque sí puede obligarlo por la fuerza, o bajo el imperio de la ley o del castigo. O seducirlocon un premio (si estudias te regalaré una bicicleta) Pero entonces ya no hay motivación, porque el movimiento no surge del interior del sujeto sino que él se siente empujado o inducido o psicológica o moralmente obligado ..

La propaganda política y la publicidad comercial, como también la religión y la educación, han inventado muchos recursos para que el otro haga lo que los demás quieren e imponen, incluso generando “falsas necesidades” y motivos espúreos“, sin excluirse argumentos “de soborno sentimentalesdel estilo de tienes que hacerlo por amor a tus padres, a la patria, a Dios”

En todos estos casos los caballos van detrás del carro. Se pone adelante la obligación y atrás la supuesta motivación. ¿No es lo correcto poner los caballos delante del carro? Primero la motivación interior, esa motivación-necesidad moviliza y hace avanzar a la vida. En educación, muy a menudo primero se exigen conductas, y después se intenta motivarlas.

Hasta podemos utilizar cierta astucia como colocar delante una zanahoria como se hace con los caballos, pero entonces lo que importa es la zanahoria. En síntesis, que las necesidades están allí y son las que son. Unas biológicas, otras psíquicas, otras culturales (el que las tiene), pero siempre son las que están y yo no las puedo fabricar ni insuflar en nadie.

Pero ¿ acaso la publicidad no crea necesidades?

El buen publicista sabe que no; lo que hace es descubrir y atender a ciertas necesidades reales, y despertar las ocultas, sumergidas o quizás dormidas y prenderles la mecha, y puede ser que se encienda o que no. Pero siempre es más fácil responder o estimular necesidades fuertes y sentidas.

Muy bien, pero si no podemos motivar a nadie, ¿qhacemos? ¿Cómo hacemos para interesar a los alumnos?

¿Dijo “interesar“? He ahí la otra palabra que tenemos que interpretar. ¿Quiere que le diga otra herejía?

No hace falta, ya me la imagino: Nadie puede interesar a nadie”.

Correcto. Porque la palabra interés proviene del verbo latino: interesse, que significa “estar entre”. Entonces “interest” es lo que está entre ... dos objetos, personas o situaciones.

Así que interés significa: entreestá, o sea, estáentrePor ejemplo, el puente inter-nacional de Posadas está entre Argentina y Paraguay, por eso decimos que es de interés para ambos países. Todo lo que une A con B es interés o de interés. ¿ Qué es, entonces, el interés?

Es una necesidad común a dos personas, comunidades o instituciones.

Usted está relacionando interés con necesidad. No termino de entenderlo bien.

Supongamos a Daniel, joven soltero de veintidós años. Un día piensa: tengo necesidad de una mujer. Y, como ya sabemos, la necesidad lo mueve, lo motiva a buscar eso que necesita. Entre tanto y por el lado opuesto del parque, viene caminando Sandra, también joven soltera que hace tiempo se dice a misma: tengo necesidad de un hombre. Hete aquí que Daniel y Sandra se encuentran y, al verse, piensan: Este es el hombre que necesito, esta es la mujer que necesito. Charlando y charlando descubren que el amor es algo que interesa a ambos porque ambos están necesitados de lo mismo. Entonces Daniel dice: “Ya que tú me necesitas y yo te necesito, o sea, como ambos nos necesitamos, ¿qué estamos haciendo aquí parados?” y el interés común (siempre el interés es común) los mueve a vincularse.

Cuando dos personas tienen entre medio un interés, entonces se vinculan, se relacionan, establecen un pacto.
O sea que el interés nace de una necesidad común a, por lo menos, dos personas.
Exacto, y mientras que la necesidad siempre es personal y subjetiva, el interés siempre es interpersonal e intersubjetivo.

Veamos este caso. Yo tengo necesidad de un par de zapatos nuevos. Y salgo a caminar. De pronto me encuentro con un negocio y un señor me dice: “Tengo zapatos para vender”. “Qué bueno le respondoyo tengo necesidad de zapatos. Y después continúo diciendo: “Mi problema es que necesito que no cuesten más de cuarenta dólares. Y el otro me dice: “Amigo, tengo lo que usted necesita. Un hermoso par de zapatos por cuarenta dólares“. Lo que sigue es obvio. Nos vinculamos en un pequeño negocio porque tenemos “interés” (común): yo, de comprar zapatos, y él, de venderlos. Yo gano unos buenos zapatos, y él se gana sus dólares. “Trato hecho“, decimos. Y nos damos la mano.

Este ejemplo nos muestra que podemos tener el mismo interés (zapatos) aunque con funcionalidades distintas, que es el caso más corriente, donde A y B cumplen roles distintos y se vinculan desde necesidades complementarias. Todas las profesiones se manejan con este esquema, médicopaciente, instructorinstruido, gobernantegobernado, etc.

Y esto nos lleva de cabeza a la escuela con la dupla maestroaprendiz, y uno se pregunta: qué interés nos puede vincular, porque si hay interés entre ambos, podemos hacer un pacto con funcionalidades similares o complementarias y, por tanto, con roles apropiados a ese interés, que si es interés, es con.

Perfecto. Es usted un educador inteligente, creativo y audaz. Lo que falta ahora es ponerlo en práctica. También quedan clarificadas mis dos proposiciones que ...
Qu
e nadie motiva a nadie, ni nadie puede interesar a nadie, porque la motivación parte de una necesidad interna y personal, mientras que el interés es una necesidad compartida por dos.

Bien, ahora hagámonos la pregunta que ya surgió anteriormente: ¿Qué tiene que hacer el educador si no puede motivar ni puede interesar a nadie?

Mientras lo pensamos, apunto lo siguiente: Lo primero es conocer y tomar conciencia de mis propias necesidades y motivaciones. Por ejemplo, ¿qué me mueve a ser maestro o profesor? ¿Cuáles son mis verdaderas motivaciones? ¿Por qué quise tener hijos?

¡Esa sí que es una pregunta!
L
o segundo, averiguar cuáles son las necesidades y motivaciones de los niños y adolescentes: necesidades físicas, biológicas, psíquicas, culturales (curiosidades), sociales, artísticas ...
Pero no se le ocurra preguntarles a los chicos: ¿Cuáles son tus motivaciones? ¿Cles tus necesidades?, porque nos miran con cara más que rara como diciéndonos: ¿Y a usted quién lo entiende cuando habla?

Las necesidades son las curiosidades, los gustos, las cosquillas que tenemos, las ganas de, el hambre de, el deseo de. Las comunes y evidentes están a la vista y con sólo convivir y compartir las vamos detectando. Otras, más inconscientes y tapadas (aquello que real y profundamente nos mueve a hacer y vivir) pueden requerir cnicas de investigación especiales que, por ahora, no las expondremos.

Por lo tanto, el educador en lugar de pretender “motivar a los alumnos, lo que tiene que hacer es sentir las necesidades de los chicos y ver si él se puede enganchar o vincular con dichas necesidades. Si las necesidades de los chicos son también asumidas como necesidad de los educadores (a mí me interesa lo que a ti te interesa), entonces sólo queda poner manos a la obra y resolver el caso dando satisfacción a dichas necesidades.

Como en otras situaciones, son los publicistas los que nos dan el buen ejemplo: el publicista primero averigua la necesidad del cliente, y después se engancha con ella y ofrece un producto que puede satisfacer dicha necesidad. El efecto es mágico: “Oh, dice el cliente, qué empresa inteligente, me está ofreciendo justo lo que necesito. ¿Cómo lo habrán adivinado?”.

Servir al cliente, ofrecerle lo que necesita. He ahí lo que tiene que hacer el educador.

¿Y qué sucede si a un educador no le interesan las necesidades dé los chicos?

Si realmente no hay interés (con), lo mejor es cambiar de profesión. Si igualmente quiere o necesita seguir por los motivos que sea, que trate de enfermarse lo menos posible y de enfermar lo menos posible a sus educandos. Porque cuando dos personas tienen que estar unidas o juntas, pero nada hay que los vincule … significa que ese vínculo está muy enfermo. Lo que sucede en las parejas, también sucede en la escuela.

C
uántos vínculos enfermos (aburrimiento, haso, broncas, desorden, etc.) porque en realidad ¡no hay vínculo alguno! Y cuando estamos obligados “a vincularnos sin vínculo”, entonces el vínculo tiende a tornarse agresivo y destructivo. Y no está de más recordar que la indiferencia y el aburrimiento son formas de agresión. ¡Y cómo nos destruyen cuando somos sus víctimas o destinatarios!

Todo esto nos lleva a revisar la formación de los docentes, porque se nos prepara para repartir paquetes (temas, asignaturas, materias, contenidos) bajo el supuesto de que si sabemos motivar a los alumnos, terminarán por aceptar nuestro indigesto paquete. Pero, cuánto más fácil y simple es hacer el camino a la inversa, y cuánto ahorraamos en médicos y psicólogos. Cuánto s sano preparar docentes-sabios que se dejan guiar por la vida misma, atentos a las necesidades de los aprendices-clientes, y no obsesionados por las normas del Ministerio, las visitas de los inspectores y la cara de la directora.

Porque si estamos hablando de necesidad, motivación, interés, funcionalidad, la pregunta surge más que sola: ¿nuestra escuela está al servicio de las necesidades de la gente, o es una estructura que se satisface a sí misma, utilizando a los alumnos como un simple engranaje de una maquinaria que, en realidad, nadie sabe muy bien para qué sirve? (El alumno como objeto).

De allí mi propuesta: educadores audaces y creativos. La escuela, la educación, se define por el vínculo que se establece entre educadores y educandos. Según cual sea el nculo, así será la educación. Todo lo des vendrá por añadidura.

 Y el vinculo depende de que sintonicemos con las necesidades y motivaciones de los educandos. O sea que s bien somos nosotros, los educadores, los que tenemos que movemos o motivamos hacia las necesidades de los chicos. Y eso significa que tenemos que inventar una pedagogía opuesta a la que tenemos aprendida.

Quizás usted alguna vez la practicó casi sin darse cuenta. ¿Se acuerda de aquel tema que fue debatido con tanto entusiasmo por todo el curso? Seguramente ese día usted logró vincularse con lo que el grupo necesitaba. Y sin darme cuenta se me escapó la palabra entusiasmo.
No me dirá que es otra palabra latina que significa ... 

Esta vez es una palabra casi literal del griego: entousiasmós, palabra que refleja esa sensacn eurica que uno siente cuando está penetrado por la divinidad (enTeós-siasmós). Cuando sentimos que un “espíritu” nos arrebata y nos mueve, nos impulsa ... a hacer cosas maravillosas y con una fuerza arrolladora, y con esa sensación de placer, casi de locura … ¡Entusiasmo!
El entusiasmo del amor, de las vacaciones, del triunfo, de un bado a la noche. El entusiasmo es el signo de que nuestras necesidades son satisfechas. Lo opuesto a entusiasmo es aburrimiento, tedio, sopor, náuseas.
E
ntonces se me ocurre: una escuela entusiasta.

Creo que hoy hemos descubierto su rmula. Todo está en probar. Si nos gusta ... ¡a disfrutarlal

 

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