El Fanatismo. Conceptos y Consecuencias. Varios

EL  FANATISMO. CONCEPTOS. IMPLICACIONES. Varios

José Ángel Martos, Rodrigo Contero Peñafiel y otros

El fanatismo es sin duda uno de los mayores peligros con los que se encontraron todas las sociedades, incluyendo la actual. Desde el fanatismo religioso y político al deporte, el fanatismo ha sabido movilizar las pasiones e instintos más profundos de los individuos.

Significado de fanatismo

Fanatismo significa el seguimiento y defensa vehemente de una persona, doctrina o religión de una manera extremadamente pasional, al perder así cualquier sentido crítico sobre lo que se es fanático.

Generalmente, el fanatismo rompe las barreras de la racionalidad y lleva a las personas a tomar acciones que pueden atentar incluso contra el sentido común. Es importante aclarar que la persona fanática es muy distinta de un seguidor fiel o de aquellos que poseen un gusto muy marcado sobre determinada persona o cosa.

El fanatismo se caracteriza por su vehemencia y discurso, generalmente violento, que tiende a defender y exacerbar la posición propia contra cualquier opinión contraria. Es por esto que atentan contra los valores democráticos de diálogo y tolerancia.

Para llegar al extremo del fanatismo, la persona debe contar con una estructura psicológica apropiada para esto; sin embargo, el objeto del cual la persona se vuelve fanático debe tener ciertas características particulares, de hecho no es posible ser fanático de una obra de arte o una innovación tecnológica.

El fanatismo requiere de una doctrina o institución con el que se sienta totalmente identificado, que trascienda el plano meramente individual, que penetre en la totalidad de su esencia y sienta que ésta última gira en torno a lo que adscribe. Se suele utilizar la expresión filosófica clásica: “como si detentara la llave del mundo” para describir este sentimiento. Por eso, los fanatismos suelen ser religiosos y políticos, principalmente.

La idea principal del fanatismo es que toda acción que se haga o se defiende se debe hacer con pasión extrema y esmero. El fanatismo es el apasionamiento del fanático, una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias u opiniones. Un fanático también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo.

El fanatismo supone una adhesión incondicional a una causa. La mencionada ceguera que produce el apasionamiento lleva a que el fanático se comporte, en ocasiones, de manera violenta e irracional. El fanático está convencido de que su idea es la mejor y la única válida, por lo que menosprecia las opiniones de los demás.

De esta manera, podríamos determinar que el fanatismo se sustenta o identifica por cinco principales señas de identidad: el deseo de imponer sus propias ideas, el despreciar a quienes son diferentes, el basarse en una serie de ideas que son incuestionables, el tener una visión “cuadriculada” de las cosas pues todo es blanco o negro, y finalmente el carecer por competo de todo espíritu crítico.

La falta de racionalidad puede llegar a tal extremo que, por el fanatismo, una persona mate a otra o se inmole suicidándose

Cuando el fanatismo llega al poder político, suele desarrollar todo un sistema para la imposición de sus creencias, castigando a los opositores con la cárcel o incluso la muerte.

La psicología afirma que el fanatismo surge a partir de la necesidad de seguridad que experimentan las personas que, justamente, son inseguras. Se trata de una especie de compensación frente a un sentimiento de inferioridad.

Historia y origen del fanatismo

Los fanatismos religiosos aparecen como los más antiguos y controvertidos. En ellos se destaca la falta de cuestionamiento absoluta, ya que son creyentes ortodoxos, y aceptan sus creencias o dogmas a un punto extremadamente peligroso. Desde autoflagelación a grandes masacres, los fanatismos religiosos son hoy en día vistos como uno de los grandes males con los que debe enfrentarse la humanidad.

Los fanáticos religiosos no sólo creen que sus creencias son las únicas válidas, sino que también persiguen y castigan a los que no creen lo mismo

El fanatismo religioso es el que más daño ha ocasionado a lo largo de la historia de la humanidad pues el mismo ha dado lugar a un sinfín de guerras, de holocaustos e incluso de actos terroristas y asesinatos. La vertiente fanática ya la observamos en la misma Biblia en la que Dios aparece con una imagen de un cruel y vengativo dictador. El fanatismo bíblico fue lamentablemente heredado por cristianos y musulmanes.

Otros ejemplos de ese horror religioso también los tenemos en el cristianismo cuyo peor exponente fue la Santa Inquisición durante la Edad Media. Se trata de una institución que tenía como clara misión acabar con la herejía y para ello recurrió a crueles torturas y muerte para quienes se alejaban de su ortodoxia.

Otro tipo de fanatismo religioso se vive en la actualidad dentro del seno de la religión islámica. De esta manera existen grupos que cometen toda clase de actos delictivos contra quienes no creen o piensan como ellos.

Por su parte, el fanatismo político es una variante muy similar en la estructura propia del fanático, pero en este caso es en el partido (generalmente bajo la figura de un líder carismático) donde encuentra el sentido total y absoluto de su vida, donde se toma la causa como propia y la sostienen hasta las últimas consecuencias. La edad moderna y contemporánea es testigo de intensos fanatismos tanto de izquierda como de  derecha que llevaron a la humanidad a los peores crímenes y atrocidades.

Otros Tipos de fanatismos

Las distintas tipos de fanatismos que existen hoy en día pueden hacer alusión a una afinidad o contrariedad ya sea con una determinada persona, una ideología, una religión, un pasatiempo o un deporte en especial.

  • Un fanatismo a una persona en particular ocurre cuando el llamado “fan” o fanático admira o siente entusiasmo por aquel. Algunos claros ejemplos suelen ser cuando se es fanático de un actor, un músico o incluso cualquier celebridad por la que admiren su estilo de vida o forma de pensar y, en algunos casos, imiten algunas de sus características para poder asemejarse a la vida de esta persona.
  • En el caso de los deportes, el fanatismo puede llegar de forma positiva y también negativa. Si la persona es fanática de un determinado equipo, casi de manera automática estará en contra de los otros equipos que compitan con este. En este caso, el fanatismo puede llegar a tener ciertas negativas consecuencias ya que muchas veces, conllevan a actos violentos de diversa índole entre los mismos.
  • Por último, algunos consideran como fanatismo el hecho de defender de manera acérrima ciertos valores culturales contra una opción de cambio y pérdida de los mismos.

¿Cuáles son las características de un fanático?

El fanático suele tener estas características:

  • Cree poseer la verdad, y por lo tanto, no admiten que sea cuestionada por nadie.
  • No tiene la mente abierta hacia otras creencias u opiniones. Su mente se cierra, en un mundo de ideas contaminadas, que solo sirven para hacer crecer su ciego apasionamiento. Desprecian lo diferente.
  • No razona, lo que piensa se convierte en dogma de fe.
  • Intenta imponer sus ideas a los demás, en ocasiones incluso violentamente, quiere que cuantos le rodean piensen igual que él o ella.
  • No es raro que formen grupos para atraer a personas fanáticas que apoyen sus ideas.
  • Se alteran con facilidad, son irracionales y obsesivos.

Fanatismo Político

El fanático político defiende con tenacidad y vehemencia sus opiniones y creencias, defiende su propia verdad, su efímero poder. Su capacidad de razonamiento es escasa por eso es presa fácil de caudillos y politiqueros, defiende tesis falsas, es iracundo e irascible, su capacidad de reacción es violenta e irracional, el fanático cree saberlo todo, se siente portador del poder divino para resolver problemas, sancionar o castigar.

El fanatismo es patrimonio de sistemas autoritarios y dictatoriales donde el chantaje, la represión y el miedo son utilizados para someter a la gente. Quienes no pueden acomodar sus ideas al fanatismo son considerados enemigos y exponen su estabilidad psíquica, física y social a serios peligros que pueden terminar en la tortura, la cárcel o la muerte. En psicología a los fanáticos políticos se los ubican en el grupo de las personas inseguras que tratan de compensar sus sentimientos de inferioridad por la fuerza, el chantaje o la mentira, su escasa capacidad de razonamiento no les permite pensar, generar ideas ni respuestas, requieren de incondicionales para a través de un discurso ofensivo-burlesco y populista desviar la atención del fracaso.

 FANATISMO POLÍTICO
Todos tenemos una ideología política, y eso está bien, ya que ayuda a construir la personalidad y desarrollar nuestra autoestima; el problema surge con el fanatismo por dicha idea. Tal situación permite señalar la existencia de grupos Ultras; los que se sienten seguros con sus ideologías, porque son “perfectas” y los que ven como peligro a las otras ideologías que no sean la suya. Ambas condiciones generan violencia.

Ultra ideologías.
• Extrema derecha o ultraderecha: Describe movimientos y partidos políticos que sostienen un discurso ultranacionalista, xenófobo y autoritario, con una tendencia populista en defensa de la identidad nacional que puede no abogar por el mantenimiento de las instituciones y las libertades democráticas. También, se declaran democráticos y sus electores, en algunos casos, no asocian a estos partidos con posturas reaccionarias y antidemocráticas, aunque sus dirigentes puedan ser admiradores del fascismo, su estilo agresivo y su carácter excluyente.

La ultra izquierda o extrema izquierda: La extrema izquierda, izquierda revolucionaria y ultraizquierda son términos utilizados en política para describir movimientos, partidos políticos y gobiernos que promueven y sostienen posiciones radicales de izquierda. La extrema izquierda promueve el igualitarismo completo. Se opone a un sistema económico, social o político estratificado. El término se usa frecuentemente para dar a entender que una persona es extremista o que tiene una posición política extrema o muy a la izquierda. En algunos casos, el término sirve para describir posiciones radicales de izquierda fuera del marco institucional democrático, alegando hacerlo en beneficio del pueblo.

  • El anarquismo: Es una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado, entendido como gobierno y por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo, por considerarlas indeseables, innecesarias y nocivas. Sébastien Faure, filósofo anarquista francés, dijo: “Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista”. Esta ideología se centra en el individuo y en la crítica de su relación con la sociedad, su objetivo es el cambio social hacia una futura sociedad, “sin amo ni soberano”.
  • Consecuencia de la Ultra Política.

• La violencia: La violencia está presente en estos tres grupos. Ellos salen a “defender” su ideología, mediante golpes, disparos, insultos y desprecio por las cosas públicas como calles, plazas, parques, etc.).
• La discriminación: Esta se da en los dos primeros, ya que la ultra derecha discrimina lo no nacional, lo no perteneciente a su lugar (eso incluye personas, religión, etc.) y la ultra izquierda, que discrimina a aquel que no apoye su ideología, a quienes trata de fascista, nazi u otros insultos.
• La difamación historicista: Se da en los 3 grupos; esto es, la deformación de un hecho histórico o de alguien para manipularlo en su conveniencia: por ejemplo, Marx es difamado por los derechistas e idolatrado por los izquierdistas, pero la realidad es, que es un gran economista, filósofo, etc., cuya ideología no nos debe importar, si esto es para conocimiento de la

– Defensa de  una ideología, un partido, un movimiento o una opinión con gran vehemencia, apasionamiento, intolerancia y  violencia, contra  los que no opinan lo mismo.

– Actitud o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida y tenaz en defensa de una idea, un líder o un partido.

– Adhesión apasionada e incondicional a una causa.

– Entusiasmo desmedido y persistente hacia determinadas ideas, de modo obstinado, indiscriminado y algunas veces violento.

– Uno de los principales problemas que afronta la humanidad, ha sido la causa de diversas guerras, enfrentamientos, disputas y masacres a lo largo de la historia.

Características del fanático político

– Se aísla en sus propias posiciones políticas, inducidas por el fanatismo de algún líder político, entrenado para convencer y manipular a sus oyentes.

– Promueve el fanatismo, convenciendo a sus seguidores de que su ideología es la mejor.

– Sabe que mientras más encerrada esté una persona en sus ideas políticas más seguridad tendrá en su voto de apoyo. Para lograrlo usa la deslegitimación de su adversario, en frases prefabricadas, engaños y promesas que logran identificar y dar respuesta a las necesidades del pueblo.

– No ve falencias en sus convicciones.

– Se caracteriza por no aceptar otras posiciones y por ser enemigo de la pluralidad.

– No le gustan los puntos medios, siempre va a los extremos e incluso existen casos en los cuales un fanático político de izquierda se ha convertido en un fanático político de derecha.

– Asume las ideologías de su líder, adopta sus acciones, palabras, gestos y comportamientos.

– Considera que ellos están en el camino correcto de la historia, que es él quien tienen la razón y no los adversarios políticos a quienes discrimina calificándolos de ignorantes por no pensar como él.

Carisma personal

– Es cierta cualidad de una persona, en virtud de la cual se le considera dotada con poderes o cualidades sobrehumanas, o al menos excepcionales, y es tratada de forma especial por sus seguidores.

– Las personas ordinarias ven estos poderes o cualidades como de origen divino o al menos ejemplares, y aceptan a estas personas como caudillos.

Aportes de la Neurociencia

¿Qué tienen en común un ultra futbolero capaz de emprenderla a golpes con los aficionados del equipo rival, un cruzado medieval que recorrió Europa y atravesó el Mediterráneo para recuperar Tierra Santa espada en mano y, por último, una mujer musulmana que acepta convertirse en bomba humana para hacer explotar una escuela llena de niños?

Por muy diferentes que parezcan estas tres personalidades y sus motivaciones, todas tienen un aspecto en común: el fanatismo. Esto es, la adhesión incondicional a una causa, sin límites ni matices, hasta el extremo de realizar cualquier tipo de acción en su favor, incluso matar o morir por ella. Es un fenómeno tan viejo como la humanidad, pero no hace tanto que los científicos de diversas disciplinas se han dado cuenta de que hay mecanismos idénticos de asunción individual del fanatismo, más allá del contexto social, político o religioso en que actúa cada uno.

Por eso, existen varias especialidades que están investigando para saber más sobre un aspecto clave: cómo funciona el cerebro de un fanático. Algunas de las primeras hipótesis y conclusiones son sorprendentes.

Un neurotransmisor químico llamado dopamina podría jugar un importante papel en los procesos cerebrales que conducen a los comportamientos fanáticos, independientemente de la forma en que se expresen. Las neuronas que manejan la dopamina están muy relacionadas con las emociones que experimentamos y se activan cuando el organismo obtiene placer con alguna acción. Pero, y esto es un descubrimiento clave, lo hacen en mucha mayor medida cuanto más inesperada sea dicha recompensa, como la llama la neurociencia. Solemos pensar en el placer como algo muy vinculado a contextos como las relaciones sexuales o la buena comida, pero hay muchas más motivaciones, y algunas de ellas son las que lindan con el fanatismo.

Los aficionados de un equipo de fútbol, por ejemplo, obtienen un gran placer cuando su equipo gana, pero esta sensación se multiplica si la victoria es inesperada, ya sea porque el contexto racional invitaba a desechar la posibilidad –el equipo colista que vence por sorpresa al líder– o porque el transcurso del acontecimiento deportivo también había conducido a desestimar la posibilidad de victoria –la remontada final tras tener el partido perdido–. En esos momentos excepcionales se libera mucha más dopamina y se experimenta una felicidad considerablemente más intensa.

Pero quizá lo más importante de todo sea que el cerebro se acostumbra enseguida a esperar estas neurorrecompensas. Una de las zonas del sistema nervioso en las que más dopamina se produce es la llamada sustancia negra, que está situada en el cerebro medio y tiene como una de sus principales funciones el aprendizaje. La repetición de las recompensas acaba por crear una señal permanente en los circuitos cerebrales, que invita a los individuos que viven tales satisfacciones a buscarlas de nuevo. Serían, por tanto, sus sesos los que les dictan, desde las profundidades de las neuronas, la necesidad de volver a alcanzar estos impredecibles momentos de éxtasis a los cuales el deporte, por el azar que le es inherente, resulta más propenso que otras actividades.

Estas constataciones sobre el funcionamiento neuroquímico de nuestra materia gris podrían explicar en parte el comportamiento de los fans, término que vale la pena recordar que es el acortamiento de la palabra inglesa fanatic. Pero aunque quizá en las sociedades occidentales hoy se asocie a los fans con el deporte o la música, es evidente que otras actividades importantes para el ser humano como la religión y la política son una cantera para el fanatismo. “Mientras las personas no fanáticas tienen ideas, los fanáticos tienen creencias, que son funciones adaptativas para lograr certidumbre y seguridad”, dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, que ha estudiado los fenómenos del terrorismo y del suicidio en España. Echeburúa tipifica al terrorista suicida como “una variante del fanático político, sin duda la forma más extrema, y para llegar a ella hay que haber pasado por una situación muy intensa”.

La intensificación del terrorismo suicida yihadista, hoy máxima expresión del comportamiento fanático sin límites, está siendo analizada hasta la extenuación en clave política y religiosa. Pero los psicólogos y los expertos en el estudio de la violencia creen que hay también otros factores decisivos, que estarían más bien en el ámbito de la mente y que se manifiestan en fanáticos violentos de muy diversa índole. Echeburúa recuerda el caso de los religiosos vascos que en el pasado se convirtieron en terroristas de ETA para ejemplificar que “es más fácil pasar de ser fanático de una cosa a fanático de otra que pasar de fanático a tolerante”. Lo atribuye a que los fanáticos “ya han adquirido una estructura mental característica”.

Esta configuración del pensamiento fanático suele mostrar unas peculiaridades conocidas como distorsiones cognitivas. Se trata de errores en el procesamiento de la información característicos de muchos trastornos mentales, como los de personalidad o la depresión. “Una distorsión cognitiva muy común entre los terroristas –y, en general, entre las personas que hacen uso de la violencia para conseguir sus fines– es pensar dicotómicamente, en términos de blanco o negro. Así tienden a dividir el mundo entre nosotros y ellos”, explica el experto en estudios de la violencia José Sanmartín Esplugues, catedrático de la Universidad de Valencia y autor del libro El terrorista. Cómo es. Cómo se hace.

Es más habitual que el terrorismo suicida se dé cuando hay precedentes en la familia

Si no estás conmigo, estás contra mi. El pensamiento dicotómico suele ir acompañado de otra distorsión según la cual “los terroristas se perciben a sí mismos como víctimas”, explica Sanmartín, y por ello se ven obligados a luchar, ya sea por la presunta opresión que padece su pueblo, por el deterioro de su forma de vida a causa de los valores de la cultura occidental o por muchas otras razones que suelen aducir en cualquier parte del mundo. De esta forma, justifican ante los demás y ante sí mismos su apelación a la violencia como una autodefensa con base moral. La combinación de ambos factores los lleva a trasladar la responsabilidad de cuanto les afecta negativamente del nosotros –su etnia, su religión…– al ellos –los enemigos de la patria, los infieles, etc.–. El conjunto resulta un auténtico cóctel explosivo en la mente del terrorista, que acaba por desarrollar lo que se conoce como rigidez cognitiva.

Echeburúa añade a las distorsiones un rasgo mental común en los fanáticos: la sobrevaloración afectiva de sus creencias. Esta consiste en vivirlas con una intensidad muy alta. “Por eso se enfadan si los contradices, y esto puede llevar a actitudes violentas y a terrorismo, porque les hace ver a los discrepantes como enemigos”, explica Echeburúa. El tránsito del fanatismo hasta el terrorismo pasa entonces por la construcción del enemigo, que, como dice Echeburúa, “implica rebajarlo a la condición de cosa –cosificarlo–, y eso significa verlos como algo subhumano”. Ahí surge el menosprecio con el que clasifican a maricones, moros o infieles, por utilizar algunos de los adjetivos con los que despachan a sus enemigos.

La consecuencia principal de esta cosificación del enemigo es, según explica Sanmartín, que “les permite –y esto es algo terrible– tapiar con prejuicios y estereotipos sus reacciones naturales de compasión hacia las víctimas. Aprenden a despersonalizarlas y así pueden neutralizar sus reacciones ante el disparo a bocajarro en la cabeza de la víctima”. Y añade: “Al no ver personas, sino medios o instrumentos cuya destrucción los acerca algo más a la consecución de sus nobles objetivos, los terroristas no tienen, en definitiva, con quién empatizar, de quién compadecerse”. Echeburúa resume este concepto con una imagen: “La cosificación les ayuda a volver a casa y comerse una hamburguesa tranquilamente tras haber cometido una acción violenta o un asesinato”.

Para curarles hay que reconfigurar su cerebro.

En lo que coinciden ambos expertos es en que no estamos ante enfermos psiquiátricos que padecen un trastorno cerebral de origen biológico. “No suelen tener enfermedades mentales: ni esquizofrenia, ni psicopatías”, explica Echeburúa. Y pone el ejemplo de muchos terroristas que “dentro de su grupo son capaces de mostrar cariño, de divertirse… Un psicópata nunca se comportaría así con nadie”. Por su parte, Sanmartín añade que “si los terroristas fueran personas afectadas por graves trastornos mentales o de la personalidad de origen biológico, estaríamos quizá algo más tranquilos. Pero no. Su enfermedad es otra. Su trastorno ha sido culturalmente adquirido a través de un aprendizaje que, a menudo, se inicia en la propia cuna”.

Aquí volvemos a esas vivencias que van forjando la personalidad de los terroristas fanáticos. Por ejemplo, es más habitual que el terrorismo suicida se dé cuando hay precedentes en la familia, como ocurre con las viudas negras del Cáucaso, que se lanzan a inmolarse en acciones terroristas tras haber perdido a algún miembro varón de su familia a manos de las tropas rusas.

Con todo este trasfondo psicológico y de distorsiones cognitivas en el fenómeno del fanatismo y sus manifestaciones más graves, una de las potenciales soluciones que se plantean es si puede reprogramarse la mente de estas personas. Sanmartín opina que resulta difícil, porque “es preciso que dejen de ver el mundo al revés” y, para ello, hay que “reconfigurar su cerebro con un aprendizaje alternativo. Pero nuestro cerebro tiene una cierta dosis de plasticidad, y aprender tiene efectos que cada vez están concitando mayor atención”. La complicación es, aun así, mayor porque “el terrorista no solo tiene afectada la facultad intelectiva que le hace percibir el mundo como lo percibe. Además tiene profundamente afectada su esfera emocional. Es difícil hacerlo cambiar, muy difícil…, pero no imposible”.

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