Biofísica de la Conciencia. Conciencia individual y universal. El orden implicado. Ideas de Bohm

LA BIOFÍSICA DE LA CONCIENCIA.

CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA UNIVERSAL. EL ORDEN IMPLICADO según DAVID BOHM

Artículo elaborado por Manuel Béjar, investigador en la Cátedra CTR, con el objetivo de presentar una semblanza general del pensamiento físico-filosófico de David Bohm (1917-92), físico estadounidense que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y la neuropsicología.

David Joseph Bohm (20 de diciembre de 1917, Pennsylvania27 de octubre de 1992, Londres) fue un físico estadounidense, que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y la neuropsicología
David Bohm, experto en teoría cuántica, descubridor del efecto Bohm-Aharonov y colega de Einstein en Princeton, es uno de los pensadores más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Su espíritu siempre joven le ha conducido a reformular el modo de comprender la naturaleza cuántica del mundo, con vistas a atender una realidad fenomenológica mayor, el psiquismo, que trata de explicar en sus últimas investigaciones. El conjunto de su obra ofrece una cosmovisión coherente, rica y dinámica, que integra la conciencia en una unidad de energía, mente y materia.
Para Bohm, desde un punto de vista religioso, la conformación de un estado cerebral cuántico tras la acción de fuerzas no-locales, permitiría explicar la experiencia mística como la acción directa de la mente cósmica sobre una mente individual

Teoría cuántica

Durante su primera etapa, Bohm hizo una serie de importantes contribuciones a la física, particularmente en el área de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad.

“La capacidad de percibir o pensar, de manera diferente es más importante que el conocimiento adquirido”. David Bohm
La ciencia también nos puede aportar algo al tema de los sentimientos en particular y de la conciencia en general, considerando que ésta incluye el pensamiento, el sentimiento, el deseo, la voluntad, etc.

La Física moderna en su búsqueda de la verdad ha llegado muy lejos y se han formulado teorías que no solamente son válidas para el mundo inanimado sino que pueden aplicarse a los seres vivos y aún al hombre, llegando a alcanzar su propia conciencia.


David Bohm
, discípulo de Einstein y amigo personal de Krishnamurti, en su intento de conjugar la física relativista ( velocidades cercanas a la luz, espacio y tiempo ) con la física cuántica ( el átomo y las partículas en que se puede dividir) , ha elaborado una teoría : el orden implicado y la totalidad.
Sin embargo esto no es para él más que una excusa, en realidad el propio Bohm reconoce que lo que el intenta es llamar la atención y encontrar una explicación al problema general de la fragmentación de la conciencia humana y aunar materia y conciencia.Cuando se estudia en profundidad la relatividad y la física cuántica se encuentra un punto de coincidencia.

Tanto una como la otra coinciden en la necesidad de mirar el mundo como un todo continuo, en el cual todas las partes del universo, incluyendo el observador y sus instrumentos se mezclan y se unen en una totalidad.
David Bohm considera que en realidad todo está ordenado según un orden preestablecido.
De este orden nosotros podemos conocer a través de nuestros sentidos e instrumentos el orden que él llama Explicado.
Sin embargo subyacente a este orden existe otro orden que el llama orden Implicado.
Lo llama así porque considera que esta plegado sobre si y mientras no se despliegue no podemos conocerlo.

La suma de los dos formaría la Totalidad.
Para ilustrar esto propone varios experimentos, algunos de ellos bastante complejos y que sería bastante difícil exponer aquí. Sin embargo hay un experimento que nos puede aclarar un poco estos conceptos de orden Implicado y orden Explicado.

Partimos de un recipiente transparente lleno de un fluido muy viscoso, como melaza, y equipado con un rotor mecánico capaz de “remover” el fluido muy lentamente, pero en todo su volumen. Si dejamos caer una gota de tinta insoluble en el fluido y ponemos en movimiento el aparato removedor, la gota de tinta se irá transformando gradualmente en una hebra que se irá extendiendo por todo el fluido.
Al final, aparecerá como distribuido más o menos “al azar” de modo que se verá como una cierta sombra gris. Pero, si hacemos girar ahora el rotor mecánico removedor en la dirección opuesta, la transformación se hará a la inversa, y la gota de tinta aparecerá de repente, reconstituida.
Aunque la tinta estaba distribuida en lo que parecía ser al azar, sin embargo tenía cierta clase de orden que era diferente, por ejemplo, del que obtendríamos con otra gota que se colocara al principio en una posición diferente. Pero este orden está plegado o implicado en la “masa gris” que era visible en el fluido.

Al Intentar adentrarse en este orden implicado los físicos han descubierto que en realidad en cada átomo de este orden implicado hay la información de la totalidad. Es como si cada átomo tuviera una imagen holográfica de la gota. También han descubierto, cuando han intentado rastrearlo en las partículas más pequeñas en que se puede dividir el átomo: los hadrones y los quarks, que este orden Implicado es multidimensional o sea que tiene acceso a otras dimensiones que no conocemos.

Si ahora nos centramos en nuestra conciencia (como suma de nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, voluntad, etc…) vemos que en ella también hay un orden Explicado y un orden Implicado. Nuestros pensamientos, sentimientos y deseos corrientes forman parte de este orden Explicado. Pero por debajo de ellos subyace el orden Implicado.
Llegados aquí nos podríamos hacer las preguntas: nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, etc.., ¿son buenos o malos? ¿Podemos cultivar nuestros pensamientos, deseos o sentimientos y llevarlos a la perfección?
La física moderna es rotunda: nuestros pensamientos, deseos, sentimientos, etc., la propia conciencia son fracciones, pequeñas partes de una totalidad, una minúscula parte, nuestra consciencia es una pequeña fracción de una totalidad multidimensional.
Nuestros sentimientos, deseos, no son buenos ni malos, sencillamente son limitados y por ello buscamos fuera, en otras personas esta totalidad, con la esperanza de que ellas nos desplegarán este orden implicado que nos lleve a la totalidad, a la unidad.
Buscamos la unión con nuestros semejantes, pero esta nunca llega porque todos somos fracciones, solamente cuando hayamos desplegado este orden implicado que duerme en nuestra conciencia y formemos parte de la totalidad dispondremos de los verdaderos sentimientos, deseos, voluntad y de un pensamiento no fraccionado.
Cuando llegamos a tomar conciencia de nuestro estado fraccionado y de sus limitaciones entonces estamos capacitados para preguntarnos:
¿Pero cómo acceder a la totalidad, a la unidad, a Dios?

La física nos dice que en un átomo de este orden Implicado, por sus características holográficas, se halla inscrita la información de la totalidad.
Si dirigimos nuestro foco hacia el punto de donde emanan todos los sentimientos, nuestro corazón, hallaremos allí un átomo que contiene toda la información. Solo falta conectar con él o mejor dejar que él conecte con nosotros. Este es el camino interior que nos llevará a la Totalidad, a la Unidad.

LA BIOFÍSICA DE LA CONCIENCIA

La teoría de variables ocultas desarrolla la unidad holística de la experiencia psíquica consciente

El estilo científico de David Bohm no es el de aquéllos que acaban enfrascándose en un reducido espacio de investigación. Es un hombre de pensamiento, bien formado en teoría cuántica, avezado conocedor de los pensamientos de Einstein (Special Theory of Relativity, 1965) y profundo filósofo de la naturaleza última de la materia (La totalidad y el orden implicado, 1980).

Es un pensador con espíritu libre, capaz de captar la realidad holística del ser tal y como refleja en su obra póstuma The Undivided Universe, publicada en 1993. La muerte le sorprendió retocando el manuscrito final.

Durante sus últimos quince años de vida, Bohm ha publicado varios escritos que apuntan hacia una descripción única y unificada de la realidad, promovida por una mente material cósmica.
The Undivided Universe es una síntesis global del pensamiento científico-filosófico del autor donde se formalizan matemáticamente algunos conceptos físicos polémicos.

Nuevos horizontes

Es la obra final de un físico heterodoxo, consciente de la necesidad de abrir nuevos horizontes en las ciencias físicas para ofrecer una visión más completa y consistente de la experiencia psíquica. Se trata de la obra de madurez que, desde la base de su archicomentada teoría de variables ocultas (1952), da consistencia matemática a sus ideas físico-metafísicas relacionándolas con el fenómeno de la conciencia.

En este artículo analizamos el pensamiento de conjunto de David Bohm en torno al fenómeno de la conciencia.
Al carecer de un modelo concreto y pautado de la conciencia, el alcance de su obra sólo puede contemplarse tras haber explicado y relacionado aspectos conceptuales sobre física, matemática, metafísica y psiquismo.

Es en la confluencia de estos frentes del pensamiento donde Bohm encuentra una
propuesta ontológica que explica la conciencia como una mente individual, unificada por acciones físicas no-locales, que se mantiene unida a una mente cósmica.

El orden implicado y el orden explicado

La característica fundamental del pensamiento de Bohm es la unidad múltiplemente conexa de la realidad. El mundo físico posee una estructura dinámica que produce la enorme diversidad de seres y fenómenos que constatamos por los sentidos.
Es un sistema plural en continuo cambio que, sin embargo, goza de un substrato interno que lo sustenta, rige y unifica.

El conjunto de fenómenos físicos, biológicos y psíquicos que acontecen en la realidad sensible y perceptible conforman el orden explicado de Bohm.
Es la realidad temporal que los físicos describen mediante cuatro interacciones fundamentales. Por tanto, el orden explicado está constituido por el conjunto de sucesos susceptibles de comprobación experimental por alguna disciplina científica.

Este orden explicado carece en sí mismo de una razón suficiente de ser.
Se trata de un orden contingente de la realidad que, sometido a las leyes de causa-efecto, no puede últimamente explicarse a sí mismo. Es una realidad dada y limitada por su dimensionalidad temporal. Hablamos del continuo devenir donde se han dado la materia física, la vida y el psiquismo.

Explicación del orden fenomenológico

Bohm propone el orden implicado como fundamento ontológico del orden fenomenológico explicado.
Más allá de las leyes físicas mecanicistas propias del orden sensible, existe una totalidad primaria, indivisible y atemporal que unifica, ordena y causa el orden explicado.
Este orden implicado, multidimensional, permite explicar ontológicamente la contigencia, más o menos azarosa, del mundo físico fenoménico y dotarlo de una unidad psicobiofísica que suprime cualquier fragmentación aparente.

No existen dos órdenes distintos de realidad, sino una única totalidad implicado-explicada.
El orden explicado es parte constitutiva del orden implicado, que le da razón de ser. Como consecuencia del dinamismo inherente del orden implicado se constituyen estructuras explicadas que mantienen una morfología más o menos invariante frente al movimiento del todo. La consolidación de estas formas explicadas por agentes del orden implicado conforma el orden temporal de seres diferenciados, parcialmente autónomos, que mantienen una conexión ontológica con el orden subyacente.

El holomovimiento causal

En La totalidad y el orden implicado detalla una construcción metafísica de la estructura ontológica de la realidad. Tras renovar los cánones epistemológicos de las teorías clásica y cuántica, Bohm se adentra en las profundidades de la realidad que hacen aflorar los objetos cuánticos y su manifestación macroscópica.

La teoría de variables ocultas conduce a un estrato de actividad cuántica causal, fluctuante e incontrolable. Es el hábitat natural de las partículas cuánticas sometidas a complejos campos cuánticos que producen su extraño comportamiento físico.

En este frenesí de dinamismo cuántico emergen las estructuras estables e individualizadas del régimen clásico. La acción dinámica conjunta de esta actividad cuántica genera el orden clásico de los fenómenos físicos, biológicos y psíquicos.

Más allá de lo cuántico Bohm se cuestiona el fundamento ontológico de su teoría de variables ocultas. El orden campal cuántico es consecuencia del dinamismo esencial de un substrato subcuántico. La física cuántica es el resultado del movimiento holístico del orden implicado.

Los fenómenos como estructuras

Lo físico, el orden explicado, es el producto consecuente al desdoblamiento de una actividad primordial plegada en un orden ontológico primario. Los fenómenos son las estructuras, más o menos individualizadas, que han surgido tras el despliegue ordenado de un orden implicado campal y holístico.

En síntesis, toda la realidad explicado-implicada es la existencia promovida por un fondo de energía en incesante actividad, un holomovimiento causal que todo lo genera y sustenta. Este movimiento holístico incluye también una dimensión psíquica de la materia. Es un todo dialéctico de energía y mente que causa el orden explicado físico y psíquico.

Pensamiento y conciencia

Tras el encuentro intelectual con el filósofo oriental Jiddu Krisnamurti, Bohm se percata del complemento metafísico a su teoría física y comienza a preguntarse por la explicación científica de la conciencia. Ambos pensadores se encontraron por primera vez en 1961.
Fruto de sus diálogos han surgido diversas publicaciones. Destacamos: The ending of time (1985), El futuro de la humanidad (1987) y Los límites del pensamiento (1999).

Bohm distingue entre pensamiento y conciencia.
El pensamiento es la facultad mental adquirida y consolidada que rutinariamente nos permite actuar adecuadamente en un medio. Lo constituyen tanto el conjunto de destrezas físicas como psíquicas. Es el modus operandi ordinario. El pensamiento habilita un proceso psíquico para construir una imagen coherente del mundo, útil para la supervivencia.

El pensamiento es el resultado de la acción conjunta de la mente y las percepciones.
La mente abstrae las estructuras estables de la totalidad y las dota de una existencia independiente. Es así como distinguimos los objetos físicos. Las percepciones son constantemente ordenadas por el pensamiento y adecuadas al marco epistemológico previamente construido. Podríamos decir que, habitualmente, percibimos lo que pensamos.

Percepción directa

Sin duda, actuar conforme al pensamiento supone un comportamiento individualista en tensión con el de otros individuos.
Como fruto de este modo psíquico de acción se producen todas diferencias y fragmentaciones que observamos en nuestras sociedades.
En On Dialogue (1997) se recogen una serie de conferencias que buscan paliar este mal disgregador, a partir de un nuevo funcionamiento de la mente: el pensamiento consciente o conciencia.

El pensamiento es limitado por definición al tratar con abstracciones de una realidad global en sí misma.
La conciencia es el modo complementario del funcionamiento psíquico.
Es capaz de percibir sin la habituación cultural propia del pensamiento. En el pensamiento consciente es posible contemplar la realidad directamente, sin mediaciones, y lograr percibir la realidad en su conjunto tal cual es.

La conciencia, en definitiva, es la capacidad de la mente para percibir directamente.
Es la dimensión psíquica que nos abre a lo nuevo y, por tanto, es fuente de creatividad.
La originalidad propia del modo consciente del psiquismo permite romper con la superficialidad del pensamiento y sumergirse en las profundidades ontológicas de la realidad.

Mente individual y mente cósmica

Gracias a la conciencia el hombre puede religarse a la realidad en su conjunto. Más allá del pensamiento funcional, la conciencia permite contactar directamente con el fundamento dinámico del ser.

El origen causal de la conciencia lo sitúa Bohm unido a la causa primordial del ser: una mente-energía cósmica que todo lo fundamenta.
De la mente cósmica emerge todo el orden explicado psicobiofísico. Es el origen del ser, material y psíquico, que posibilita el pensamiento consciente.

El hombre es una mente individual.
Es un ser material individualizado con capacidad para percibir conscientemente la realidad última. Fundamentado en la mente cósmica originaria, el hombre es un ser material psíquico con relativa independencia del todo capaz de sentir físicamente y pensar conscientemente la realidad.

Como sujeto autónomo el hombre puede aislarse de la dinámica cósmica y funcionar en un reducto de la creación con el modo pensamiento.
El pensamiento, básicamente algorítmico, es suficiente para subsistir con relativo éxito en nuestra sociedad.
Sin embargo, el hombre, como mente individual ligada al cosmos, está llamado a un comportamiento consciente superior.

La mente cósmica es una presencia agente constante. La mente individual es susceptible siempre de ser activada conscientemente y salir del modo pensamiento.
La conexión entre la mente cósmica y la mente individual produce, según Bohm, la experiencia de la percepción directa consciente. El hombre se hace consciente de su dimensión psíquica superior y alcanza una visión más íntegra y ajustada de la realidad global. Es el denominado insight, percepción directa o contemplación consciente.

El holomovimiento consciente

La física de Bohm es profundamente ontológica. Su concepción de la conciencia es psicobiofísica y holística. Es la acción de la mente cósmica sobre las mentes individuales; pero Bohm trata de integrar este espíritu cósmico en la dinámica causal del orden físico.

Hablamos, pues, de una misma realidad ontológica de materia-energía y conciencia.
Todo es el resultado de la acción dinámica de un solo todo de energía-mente.
El orden psicobiofísico explicado y el orden implicado son parte últimamente indiferenciada de un todo material consciente que lo causa. Para Bohm, este movimiento global coherente, es el fundamento causal de todo ser, orden y estructura.
El holomovimiento es la realidad última.

El holomovimiento es materia-conciencia en movimiento.
Desde el orden implicado la incesante actividad psicofísica emerge hacia órdenes cada vez más explicados hasta constituir el ser consciente fenomenológico.
El fenómeno de la conciencia es, pues, la esencia desplegada de mente y materia.
Cada ser consciente es una realidad material con actividad psíquica, capaz de explicitar las propiedades intrínsecas del ser último de mente y energía.

La teoría no-local de la conciencia

La conciencia es el elemento integrador que dota de unidad a cada ser. El ser consciente se percibe como una unidad de materia y psiquismo. Un solo ser, un sujeto psicobiofísico.

La conciencia es un fenómeno emergente.
El cerebro es una estructura material susceptible de generar conciencia. La ordenación adecuada de la masa cerebral a través de interacciones físicas produce la experiencia consciente.

Bohm propone que al igual que la materia genera estados macroscópicos de coherencia cuántica, el cerebro podría aprovecharse de estas propiedades físicas y cohesionarse formando un todo. Esta hipótesis científica requiere buscar interacciones físicas no-locales tipo Aspect-Bell que, ajustadas al cerebro, permitan engarzarlo cuánticamente.

Del mismo modo que un conjunto de partículas pierden su identidad al formar un sistema cuántico coherente, las interacciones cuánticas no-locales harían que las neuronas dejasen de comportarse como elementos individuales en favor de una sinergia neurológica.

Posible explicación de la experiencia mística

Este comportamiento holístico del cerebro explicaría mejor el conjunto de fenómenos relativos a la experiencia intersubjetiva consciente.
Para Bohm, desde un punto de vista religioso, la conformación de un estado cerebral cuántico tras la acción de fuerzas no-locales, permitiría explicar la experiencia mística como la acción directa de la mente cósmica sobre una mente individual.

Aun conscientes de que no existe constatación experimental de esta teoría no-local de la conciencia, sin duda, la propuesta de Bohm es una tentativa científica para explicarla físicamente. La conciencia, como fenómeno indubitable presente en el mundo físico, precisa ser explicada científicamente.

En el futuro, como ya pasa en la actualidad, la teoría física de la mente abrirá nuevos posibilidades de diálogo entre ciencia y religión.
Las propuestas especulativas de Bohm representan un hito en la historia, ya clásico, de este diálogo de la física con la metafísica hacia una dimensión física fundante donde muchos atisbarán, aunque no necesariamente, la presencia de la Divinidad.

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