Por una Educación y Escuela en armonía con el Cosmos. Santos Benetti

POR UNA ESCUELA Y EDUCACIÓN EN ARMONÍA CON EL COSMOS

Lic. Santos Benetti

  1. TODA LA REALIDAD ES COSMOS EN EVOLUCIÓN

Como sabemos por  la evolución cósmica, el ser humano se halla en la tercera gran etapa de esa evolución que se inicia hace unos 14 o 15 mil millones de años en el big bang con la formación simultánea del espacio, el tiempo, la materia (especialmente átomos de hidrógeno y helio) y la energía (las observables y las oscuras); y se prolonga después con  la formación de las estrellas, galaxias y planetas, continuando con el origen de los seres vivos (hace 3.500 millones de años), su desarrollo y organización, para desembocar en el ser humano (hace unos 400.000 años) y quizás en otros seres inteligentes que desconocemos. Una evolución que lejos de haber finalizado, continúa constantemente en todos los niveles, incluidos en nosotros.

El Universo aparece como una gran familia originada del mismo huevo, de tal modo que todos los seres están constituidos por los mismos elementos aunque con distinta y variada organización. Desde el helio y el hidrógeno hasta la conciencia humana… todo se origina por un mismo proceso, derivando primero en seres inanimados y después en seres con vida, y éstos a su vez en monocelulares y policelulares,  y éstos en vegetales y animales; los animales en invertebrados y vertebrados, y estos últimos desembocando en una rama de mamíferos-simios que cristalizan en el ser humano.

Esta unidad del Universo que se desarrolla  en una múltiple Diversidad, hace que los seres humanos no solamente formemos parte del mismo sino que debamos asumir nuestra responsabilidad en su conservación y su perfeccionamiento. Pues, como bien dice La Conferencia de Estocolmo (1972):  “El hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente”.

Así el ser humano participa y trata de integrarse lo más armónicamente posible en tres dimensiones o círculos

a) lo cósmico o natural, desde hace 15.000 millones de años

b) lo biológico, hace 3.500 millones de años y

c) lo específicamente humano o social, muy reciente hace unos 400-100 mil años.

2. EL HOMBRE, SER CÓSMICO EN ARMONÍA CON LA  NATURALEZA 

El cosmos  se nos presenta como un gran y misterioso proceso que avanza en el tiempo y en el espacio, no de una forma caótica sino condicionado por determinadas leyes universales (gravedad, electromagnetismo, etc.) que le permiten crecer y expandirse hacia la armonía, de lo contrario se produciría un  des-astre , un “caos” que destruiría el orden cósmico.

No se trata de un cosmos perfecto ni acabado, sino que se está haciendo en una permanente evolución que continúa en todos sus niveles, con un desarrollo marcado por una constante bipolaridad: con orden y desorden, construcción y destrucción, con elementos positivos y otros negativos, pero buscando siempre la armonía en la totalidad de todos sus componentes, y moviéndose constantemente… ¿hacia dónde?

Existe, pues, una permanente tendencia a la búsqueda de la armonía de los múltiples y distintos componentes (astros, vivientes, humanos), de acuerdo a ciertas leyes, asumiendo la condición bipolar.

Desde la física cuántica, sabemos que se trata de un universo misteriosamente interconectado como un gran organismo en el que las partículas sub-atómicas (cuantum) son los ladrillos con los que se construye absolutamente toda la realidad, incluida la humana. Somos parte de un Todo y sin ese todo no tenemos explicación de nuestra existencia.

El ser humano, pues, está sometido a ese gran proceso; no está afuera del Universo, es parte integrante de él. Y está sometido a las grandes fuerzas cósmicas: la gravitatoria, la electromagnética y las nucleares. Por ejemplo, la gravitatoria nos mantiene sobre la Tierra o nos hunde en el agua si no nadamos; la electromagnética tiene que ver con los fotones de luz que llegan a mi ojo y que excitan a los electrones de mi retina; la nuclear en los protones y neutrones que forman los núcleos de los átomos con los que estamos formados.

Y con la creación del cerebro, obra maestra del cosmos, el hombre resulta ser el mismo cosmos evolucionado que toma conciencia de sí mismo. Somos, pues, la conciencia del universo, y con ella podemos sentirlo y pensarlo, darle color y sonido.

Somos hijos del universo y al mismo tiempo sus “creadores” mediante la percepción subjetiva del mismo. Un cosmos interpretado desde nuestra mirada individual y cultural, y desde las muchas miradas culturales. Y también somos quienes podemos modificar a la naturaleza cósmica mediante la tecnología, la ciencia  y el trabajo. Es el ser humano, polvo de estrellas que ha adquirido dos cualidades esenciales y distintivas:

– conciencia (con un cerebro privilegiado de aproximadamente 1,300 kg)

– creatividad en libertad, que le permite escaparse de la pura vida automática e instintiva y crear esta maravillosa cultura en varios miles de años.

Somos un objeto del universo, compuesto de los mismos elementos cósmicos que toman forma en nuestro cuerpo físico y también en nuestra mente psíquica como una unidad. Cuerpo-materia que se transforma en energía-psiquis; cuerpo psíquico o cuerpo espiritualizado.

Por lo tanto, lo material y lo psíquico-espiritual no se oponen sino que se complementan, pues son las dos caras o aspectos bipolares de la misma realidad cósmica: lo psíquico emerge de lo físico, y lo físico se manifiesta en lo psíquico. Lo físico en movimiento genera energía, toda la energía, incluida la psíquica, mental y espiritual que surge de la materia cerebral.

Que ahora estemos leyendo y pensando es porque estamos conectados con las corrientes eléctricas de nuestro cerebro, pero también con la energía recibida en la comida, con los fotones del sol que la permitieron ser, con los átomos de hidrógeno explotando en el Sol y con una innumerable lista de otras relaciones. Ahora tomamos conciencia de la interconexión de todo.

En definitiva, los humanos somos seres surgidos de una evolución que aún no ha terminado, que nos preguntamos de dónde venimos pero también hacia dónde vamos, con una historia indisolublemente  unida a la historia del cosmos en la vida y en la muerte. Nacimos con el cosmos, con él crecemos y con él moriremos.

En este primer plano o círculo cósmico: los seres humanos

– somos todos iguales, con los mismos componentes y con el mismo origensin diferencias entre ricos y pobres, blancos o negros; con más de 60 elementos químicos (oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, azufre, sodio, cloro, hierro, cobre, zinc, yodo, aluminio, plomo, etc. etc.), que conforman el agua, las proteínas, los glúcidos y lípidos de nuestro cuerpo-materia. Un cuerpo que ocupa espacio, con peso y volumen, sometido al tiempo.

– con las mismas necesidades fundamentales, de aire (oxígeno), agua, calor (sol), nutrientes, etc.

– y sometidos a las mismas leyes cósmicas: de la gravedad, de la presión, de la fuerza, de la velocidad y movimiento, etc. y las de la física cuántica.

– y con los mismos derechos y deberes. Por lo tanto: con los mismos principios éticos. Estamos en unión con el cosmos, la madre original, no como simples observadores sino como parte integrante de esta gran familia. Somos, pues, responsables de nuestro macro-cuerpo-cósmico, hoy en deterioro constante. Así aparece nuestro primer derecho y primer deber:

–  derecho a existir con nuestra estructura cósmica (natural) utilizando los insumos que el mismo cosmos nos proporciona (agua, oxígeno, tierra, vegetación, etc.), y

–  deber de cuidar ese ambiente sano para nosotros y otras generaciones. Deber de cuidar y cuidarnos. Sin ese derecho morimos al instante; sin ese deber nos destruimos y comprometemos la vida de las futuras generaciones.

  1. UNA ESCUELA Y EDUCACIÓN EN ARMONÍA CON EL COSMOS

3.1.  En consonancia con las reflexiones del punto anterior, proponemos una escuela y una educación con estas características:

– Como todo el cosmos, también la educación se da a lo largo de un continuo proceso que busca un final, pero que se desarrolla en etapas evolutivas donde abundan los aciertos y desaciertos, los errores y éxitos, y las metas logradas o abortadas.

La bipolaridad está siempre presente en la educación y en la vida de cada uno, pues avanzamos de lo más informe a lo más formado, de lo menos desarrollado e incompleto a lo más desarrollado  y completo.

Por lo tanto, es una educación que “permite” el error (tenemos derecho a equivocarnos…) y respeta los tiempos de maduración de cada educando, tiempos que nunca son los mismos para cada uno. Una educación siempre en construcción, nunca acabada, en evolución constante.

Y también como sucede en la gran evolución, hay muchas maneras de realizarse, no existiendo un solo modelo. No hay modelo a repetir,  hay identidades que se van construyendo. Los educandos, al igual que los innumerables seres del cosmos, son muy variables en sus formas, características, capacidades y virtualidades; son únicos en su identidad, pero están al mismo tiempo interrelacionados en una comunidad (constelación, armonía de estrellas) por una trama compleja, jamás uniforme, que se integra a su vez con la galaxia de los educadores, también ellos distintos y únicos, pero interrelacionados.

Hay pues, una profunda interdependencia entre un individuo y otro, entre unos y otros; interdependencia que nunca suprime la originalidad de cada uno y siempre debe abstenerse de pretensiones de dominio sobre los otros masificando el conjunto. Y como mamíferos que somos…, nuestra interdependencia es más profunda y duradera.

-Y así como el Universo está regido por leyes que armonizan elementos tan dispares para que actúen solidariamente formando sistemas solares, galaxias, etc., así el conjunto de educadores y educandos tiene que aprender a regirse por leyes que no tengan más objetivo que armonizar las individualidades e intereses personales con el bien social.

En el cosmos observamos, por ejemplo, que el sol distribuye su luz  y su energía permitiendo la vida en la tierra, colaborando en ese proceso el aire con el oxígeno, las fuentes de ríos con sus aguas, la tierra con la riqueza de sus ingredientes, y así sucesivamente. Al mismo tiempo el sol se armoniza con los planetas que un día se desprendieron de su cuerpo formando un único “sistema” que nos señala las leyes físicas del movimiento, de las distancias,  los tiempos y las velocidades.

Este proceso cósmico demandó millones de años y se hizo con errores y desaciertos a los que llamamos precisamente “desastres”… No hace falta insistir, pues, que el proceso de armonizar a los seres humanos estará jalonado de continuos “desastres” tanto en la gran historia humana como en la pequeña historia de cada uno, de la  comunidad y también de la escuela.

La misma tierra en su proceso de 4 mil millones de años sufrió grandes cataclismos, exterminios de la vida y destrucciones constantes hasta lograr, por ejemplo, este período de relativa armonía y clima que nos permite precisamente vivir entre agradables primaveras y otoños, fríos inviernos y veraniegos calores, pero siempre amenazados por terremotos, volcanes, huracanes y tsunamis. Esa es la condición cósmica, y esa es la condición humana.

Armonizarnos nos cuesta el largo proceso de la educación, cuyo objetivo es precisamente ese: lograr nuestra armonía interior (entre fuerzas del instinto, sentimientos y dictados de la conciencia…) y la armonía con nuestros compañeros de viaje que muy a menudo más que compañeros parecen adversarios o enemigos.

En el cosmos nada es perfecto… no pretendamos la perfección en nosotros y en nuestro sistema educativo.

El cosmos, por lo tanto, no sólo es un objeto de conocimiento sino y, antes que nada, es la realidad que nos permite darnos cuenta de quiénes somos y cuál es el sentido de estar aquí con un cuerpo y una energía síquica que nos llega desde el origen mismo del universo. El devenir del cosmos nos abre a la esperanza y nos indica vagamente que puede haber un sentido con un final feliz.

Sintiendo al cosmos (a la naturaleza), emocionándonos y disfrutando de él, experimentándolo en su maravillosa expresión, variedad y unidad (por eso se la llama “uni” verso), es como iremos “aprendiendo” a ser personas humanas con nuestra propia identidad e íntimamente interconectados a la gran comunidad humana y cósmica.

En definitiva, tal como lo hizo la humanidad por miles de años conformando múltiples culturas, para educarnos no necesitamos edificios cerrados, libros ni computadores (simples medios auxiliares de apoyo para el conocimiento): nos basta observar nuestro cuerpo que lleva en sí todos los elementos cósmicos, y abrir el corazón con sus sentimientos y la mente con los sentidos para disfrutar y aprender del gran libro de la Naturaleza. No tapemos el sol ni obscurezcamos la naturaleza con techos y paredes… al menos abramos las ventanas para que la madre natura nos muestre sus encantos y secretos.

En síntesis: Haremos una Escuela y Educación:

– Abierta al cosmos, que vive la naturaleza, con asombro, curiosidad y amor. Que refleja el cosmos, que crece y se expansiona lo más armónicamente posible  pero asumiendo las tensiones y constante bipolaridad (salud y enfermedad, conocimiento e ignorancia, verdad y error, orden y desorden)

– Escuela que piensa y elabora una educación compleja en armonía con el cosmos, con nuestra naturaleza ambiental y corpórea, con leyes que impidan la autodestrucción, y con previsión del futuro; leyes que desarrollan la vida, y al mismo tiempo la protegen.

– Con una concepción holística, compleja e integral del universo; por tanto de la ciencia, de la antropología y de la educación. Es el final de todo reduccionismo y de toda arbitraria separación de los elementos que deben estar unidos. Es la relación de lo físico (macro y cuántico) con lo psíquico y social, de lo humano con lo cósmico, de lo individual con lo universal.

– En la búsqueda de un sentido a la vida y al universo todo. Es responder a un para qué del universo y de nuestra existencia en él. Esa es  la tarea de cada hombre y de la comunidad humana a lo largo de toda su existencia: armonizarse consigo mismo (cosmos interior), con la creación toda y con sus semejantes.

A esto llamamos Sabiduría de la vida o Espiritualidad

3.2.  Sugerencias y experiencias

a) Todo comienza con emociones y sentimientos

Lo primero en educación es despertar y desarrollar las grandes Emociones, Sentimientos y después Actitudes que deben acompañar al proceso educativo y que son la base de las expresiones y conductas éticas. La contemplación de la naturaleza, lo más directa posible, ya desde el ambiente familiar, es la experiencia primaria más eficiente para este despertar y desarrollo:

.   Asombrarse y Emocionarse ante la naturaleza, sentirse invadidos por su grandiosidad, belleza y misterio. Develar ese misterio será el objetivo de las ciencias naturales.

Los niños son especialmente receptivos al misterio del cosmos expresado en el agua, el sol, la playa, las montañas, el cielo estrellado, la noche, los colores… Viven esos elementos y se mimetizan con ellos. Felizmente hoy vemos un gran despertar en los jóvenes y adultos por este contacto directo con la naturaleza, experiencia que nos armoniza y llena de paz y bienestar.

.  Desarrollar el amor a la naturaleza, comenzando por nuestro propio cuerpo y por el hábitat donde vivimos. Amor que es sentimiento de gratitud por todo lo que nos brinda (estamos  formados y nutridos por sus elementos) y que se traduce en el cuidado y protección de la misma.

Amor y cuidado de nuestro ser cósmico integral (cuerpo-psíquico), con salud integral, higiene corporal y ambiental. El amor a uno mismo y a la naturaleza, principio básico de una vida armoniosa.

.   Asombro ante la estética y belleza del cosmos que deriva en  la estética de la casa familiar y de la escuela. Casa y Escuela, nuestro hábitat, que sean reflejo de la armonía del universo, de su belleza, de su silencio, de sus sonidos y colores. Qué importante es un hábitat agradable, bello y placentero; una escuela hermosa en sus formas y colores, a lo que contribuyen los propios educandos con sus ideas y aportes.

La educación estética comienza allí en el disfrute de la belleza de la naturaleza, en sus formas caprichosas, en sus variadísimos colores y sonidos, y en sus llamativos contrastes de luz y sombra, sonidos y silencio, dia y noche.

. Estos sentimientos profundos son la base de las actitudes éticas que hay que desarrollar en la educación. Hablamos de la educación ambiental, de la Ética cósmica o ambiental, un tema harto descuidado en Occidente (gran destructor de la naturaleza) y que hoy es prioritario y sobre el que existen importantes documentos de Naciones Unidas con objetivos y sugerencias concretas.

Para estos puntos:

– Reconocer nuestro cuerpo y los cuidados necesarios para mantener la salud con aire puro, agua no contaminada, alimentación sana, higiene, ejercicio corporal y aprendizaje intelectual, etc. Algo muy descuidado en familia y escuela: aprender a respirar diafragmáticamente tal como lo hacen los animales mamíferos y los bebés: el oxígeno es nuestra vida y equilibra tanto el sistema nervioso como todo nuestro organismo.

Prevenir sobre riesgos físicos y ambientales. Ver esto según las diversas edades, sexo y ambiente cultural.

Desarrollar diversas actividades en las que todo esto se aprenda lo más espontáneamente posible; por ejemplo, mediante campamentos educativos en medio de la naturaleza, con observaciones de la naturaleza aún del cielo nocturno.

Recordar que lo primero es despertar el sentimiento que inspiran, lo que lleva a interiorizarse por los respectivos secretos, leyes y demás conocimientos. En las ciudades siempre existen plazas, jardines, parques, etc. que cumplen muy bien estos objetivos propuestos.

Los campamentos también brindan la ocasión para sentir las emociones de la convivencia y descubrir las muchas necesidades corporales y dificultades en el trato corporal.

– Desarrollar  en todas estas actividades escolares o extra-escolares  la respiración y relajación acompañadas con la reflexión y la meditación. En la naturaleza hay silencio: mimetizarse con él y aprender a escuchar ese silencio, a sentir y expresar lo que se siente. Tener en cuenta que los niños aún los más pequeños son capaces de meditar, sentir y expresar sus emociones.

En fin: que los educandos aprendan a observar, a admirar, a contemplar, a sentir, a sentir que sienten, a quedarse en silencio contemplando, a mirarse a sí mismos, a sentirse integrados con toda la naturaleza cósmica y humana.

– Realizar un diagnóstico ambiental tanto de la escuela como del barrio o ciudad de los educandos. Tener en cuenta sobre todo los muchos elementos del medio ambiente que no son renovables, por ejemplo, el agua, la tierra fértil, los bosques, etc.

– Después analizar con los educandos las variadas formas de cuidar el medio ambiente, la flora y fauna, el agua y el aire, comenzando por la propia casa, barrio y escuela. Cuidar el medio ambiente es cuidar la propia vida y la vida de las generaciones futuras.

b) Interiorizar la naturaleza y el cosmos mediante reflexión y conocimientos

De esta contemplación que despierta el asombro y de tantos sentimientos positivos surgen naturalmente en la escuela los Temas de conocimiento y asombro (las Asignaturas o Materias) que van reconociendo diversos aspectos del cosmos, de su constitución y de sus leyes. No son temas impuestos por un frío programa… son temas motivados por las emociones, sentimientos y actitudes que inspiran la contemplación de la naturaleza, incluido el propio cuerpo.

Del amor a la naturaleza surge el deseo (motivación) de comprenderlo y develar sus secretos. Recordar que el cuerpo humano, es materia cósmica, cuyas leyes y secretos nos permiten vivir más sanamente.

Varias son las asignaturas que ayudan en este proceso. Por ejemplo (con conocimientos adaptados a cada edad):

La geografía y las ciencias naturales que ayudan a reconocer el medio ambiente, nuestro hábitat. Además, las ciencias naturales nos orientan al conocimiento del cuerpo, sus componentes y elementos; sus órganos y funciones; su conexión con la naturaleza que provee de alimentos indispensables: oxígeno, aire, agua, nutrientes de la tierra… Descubrir al cuerpo como un microcosmos, polvo de estrellas en evolución.

La cosmología y astronomía, la física macro y la física cuántica introducen al maravilloso mundo del macro y microcosmos;

Las matemáticas y geometría surgidas de la milenaria observación del universo, descubriendo sus leyes organizadoras; leyes sobre el tiempo y el espacio, sobre sus formas y dimensiones, cantidades, peso y volúmenes de los objetos, etc.

El análisis y estudio del espacio cósmico nos hace descubrir que todo es Uno, que la materia y la energía son faces de la misma realidad, como también el cuerpo y el espíritu humano son dos formas de una misma realidad cósmica vital. Del cuerpo material (especialmente del cerebro) surgen las percepciones visuales y auditivas; también las emociones y sentimientos, aún los más profundos, como incluso nuestras ideas y el mismo lenguaje. Si todo el universo es materia y energía en unidad e interrelación, también el ser humano es cuerpo y psiquis, materia y energía o espíritu en constante interdependencia.

Las actividades artísticas surgen espontáneamente de la percepción sensorial y emotiva de los colores, formas y sonidos de la naturaleza. El arte no es una copia de la naturaleza sino una expresión subjetiva de la misma; y es el fruto de las emociones y de la creatividad expresiva.

-Todo esto requiere: Una educación en la complejidad (la realidad natural y cultural es compleja) con trabajo en equipo, inter-disciplinario, en diálogo constante, en una tarea creativa, con un proceso de unificación e integración de los sentimientos, conocimientos y experiencias.

Recojamos, finalmente esta recomendación del año 2000 de la Carta de la Tierra: El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos    con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y    con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.

 

 

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