Ética en educación. Ruiz de Riquero

PRINCIPIOS ÉTICOS EN LA EDUCACIÓN

Liliana Ruiz de Riquero, profesora en Sociología. Mendoza.

Carlos Cullen (1997) afirma que educar no es una esencia o una idea arquetípica sino una historia de complejas prácticas sociales. La educación puede entenderse así como una práctica social discursiva que se desarrolla en un campo social problemático que ha sufrido transformaciones como consecuencias de los cambios sociales; sufre una crisis de la posmodernidad.

En su obra “Crítica de las razones de educar” expone que existe una crisis de lo público, de lo histórico y del tiempo lúdico; la escuela: sintomatiza esta crisis.Por lo tanto, en las razones de educar hay conflictos de interpretaciones, luchas por la hegemonía, imposiciones ideológicas, construcción de subjetividad y de realidad social.

La educación no tiene una razón única que defina su “objetividad”, sino que a su presencia dispersa la determinan “razones de educar”, que legitiman razones sociales, políticas, económicas y culturales.

En su obra “Perfiles ético- político de la educación” intenta indagar de qué manera la dimensión ético-política incide en las prácticas educativas y en el quehacer de los docentes.
La introducción (p.13-22), explicita un núcleo conceptual presente en toda la obra: La propuesta es reflexionar sobre el papel de las instituciones escolares como lugar social de la acción de educar, entendida como mediación normativa. La pregunta puede ser formulada en estos términos: ¿qué papel desempeñan las instituciones escolares en la formación de la subjetividad en tiempos de incertidumbres y fundamentalismos, globalizaciones y exclusiones, transformismos y clonaciones? (p.14).

Dos escenas – dice el autor – caracterizan la actual problemática de la educación,
una escena, donde rige una política educativa que intenta volver a regular y reconfigurar el sistema educativo “en pos de la modernidad” pero intentando ahora descentralizar el sistema educativo con lógica privatista, mercantilizar los contenidos, la capacitación y la investigación, y desregular y precarizar la situación laboral de los docentes (p.18).
La otra escena de la educación es, sencillamente, su campo ético-político, donde se juega la esperanza que la habita (p.21-22).

Cullen menciona como necesario tener un pensamiento crítico de la educación, reconociendo al sujeto como punto de partida para crear y recrear el mundo.
Considera necesario lograr un sujeto capaz de crear y recrear el mundo, capaz de transformar la realidad y construir una subjetividad solidaria y feliz es, precisamente, la razón que tenemos para educar en tiempos de escepticismo. La educación será la que permita que los sujetos puedan obtener los conocimientos necesarios para lograrlo, además de ser mediador entre desarrollo y socialización.

Trata de pensar la dimensión ética, del concepto de “desarrollo”. Afirma que la visión puramente economicista, que planteaba la ecuación: “a más educación, más desarrollo”, que primó fuertemente en la década del sesenta, fracasó abiertamente; hasta hoy día resulta altamente insuficiente. Reflexiona que es útil preguntarnos al plantear cuestiones relacionadas con el Desarrollo y la Ética.

La Ética – término que está expuesto al uso algo abusivo y superficial en estos tiempos de profunda crisis moral-, es una disciplina filosófica y, por lo mismo racional y crítica que intenta fundamentar las razones y argumentos que tenemos para actuar por determinados motivos, para elegir y comprometernos con determinados valores, que pretendemos que tengan alcance “moral”.

Existe una distinción entre ética y moral: La ética es, justamente, un campo de reflexión crítica sobre la moral. Es decir que nos permite hacernos cargo con razones, con argumentos de la “moral” que sostenemos o intentamos cambiar.
La ética consiste en recordarnos, como dice Kant, que el hombre no tiene precio, tiene dignidad.
Y esto es un punto de partida clave para pensar la dimensión ética del desarrollo e intentar ligarla a la educación en relación con el desarrollo. Esta reflexión debe exponer al razonamiento crítico,cualquier forma de fundamentalismo o actitud dogmática, que consiste en no aceptar otro modo de fundamentar las normas y los valores, que no sea el que provenga de la propia creencia, de los propios sentimientos o de la propia tradición.

El fundamentalismo no permite que surja la reflexión ética, no deja que emerja la ética, a pesar de estar movido por una moral. El fundamentalismo no está solamente refugiado en grupos religiosos o en algunos grupos “fanáticos”. El mercado salvaje es también un modo de fundamentalismo cuyo discurso persuasivo de convicción está minado de expresiones como: “a esto nos obligan las férreas leyes del mercado”. “Férreas”, eso no lo mueve nadie.

En segundo lugar, la ética tiene que enfrentar otra alternativa que no la deja emerger y que no es menos vigente hoy: se trata del escepticismo. Y esto para los educadores es particularmente importante.
El escepticismo en Ética es creer que no hay forma ninguna para fundamentar principios en las normas de la acción correcta y por lo tanto todo está permitido. Pero en el fondo en el escepticismo todo está permitido porque nada vale. El escepticismo moral resigna toda posibilidad de distinguir, con argumentos, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo. Hoy día el escepticismo suele ser una forma de reaccionar ante la enorme dispersión de valores que parece ofrecer la cultura contemporánea, y ante el extendido hábito de ser incoherentes entre lo que hacemos, lo que decimos y lo que sentimos. El escepticismo opera, por ejemplo, cuando uno termina convenciéndose de que actuar bien u obrar conforme a las normas es casi una ingenuidad. Y más radicalmente una imposibilidad.
Existe una dispersión enorme de valores, como consecuencia del escepticismo reinante que fácilmente confundimos con “crisis de valores”.

El primer problema que enfrentamos al pensar en un sentido Ético la educación y el desarrollo es: ¿Qué criterios tenemos para definir lo justo y lo correcto? Porque debemos procurar pensar un desarrollo que sea justo, porque si el desarrollo va a legitimar la inequidad y la desigualdad y la exclusión ¿para qué desarrollarnos? ¿Qué criterio tenemos para esto? ¿Qué alcance y qué validez tienen ciertos valores? ¿Cómo se forman y se sostienen lo ideales de vida buena, es decir de felicidad?

Tema clave de la ética, pues la ética tiene que ver con los ideales de vida buena. Es decir: ¿Cómo se contextualizan las normas? ¿Cómo juega la educación en la formación y conformación de los sujetos morales y responsables? ¿Cómo aplicamos los principios éticos a los diversos campos profesionales? ¿Cómo significamos la ciudadanía responsable?
¿Cómo organizamos socialmente los ideales de libertad e igualdad que parecen sostener la idea de justicia como equidad?
Desde esta aproximación sucinta de lo que la ética es en tanto disciplina filosófica, intentaremos construir metafóricamente el espacio de la ética.
Curiosamente la historia de la ética nos ha mostrado una cierta predilección por metáforas arquitectónicas.

Es decir, una forma de concebir la construcción de espacios vitales.
Afirma Cullen que existen tres espacios significativos en nuestra memoria histórica pero al mismo tiempo, revelan la estructura real de los problemas.

La primera escena,tiene por nombre: Nostalgias desde el ágora

El ágora es la palabra griega para mencionar la plaza pública donde los ciudadanos, que eran solo los varones libres y mayores de 18 años, deliberaban sobre el bien de la ciudad. O sea, es el espacio público-político. La mención del ágora, que dentro de la polis constituye el espacio constitutivo del debate público y de las decisiones relacionadas con el bien de la ciudad, que es el mismo que el bien del individuo sólo que “para todos”. Aristóteles sostiene que la política es la “arquitectónica” de la ética, -mucho antes de que se hablara de políticas públicas de educación, que fue más bien a partir del siglo XVII y XVIII- en la relación de la ética y la política con la temática de desarrollo y educación. Esta relación de ética y política es, sin duda, una de las que está más profundamente en crisis hoy día.

“La política es la más señorial y directiva arquitectónica –dice Aristóteles- porque es ella la que establece qué ciencias son necesarias en las ciudades, y cuáles ha de aprender cada uno y hasta qué punto (…) entre todas las ciencias prácticas, las disciplinas más estimadas,están subordinadas a la política”

Cuáles son las más estimadas? La estrategia, que es la ciencia de la guerra; la economía y la retórica. Y puesto que la política se sirve de las demás ciencias prácticas y legisla qué se debe hacer y de qué cosas hay que apartarse, el fin de ella es comprender a las demás ciencias de modo que constituirá el bien del hombre. Pues aunque el bien del individuo y el de la ciudad sean el mismo, es evidente que será mucho más grande y más perfecto alcanzar y preservar el de la ciudad porque ciertamente es apetecible procurarlo para uno solo, pero es más hermoso y divino para un pueblo y para las ciudades.”

La Ética tiene que ver sin duda, con la práctica de las virtudes “ciudadanas”.
En el debate ético contemporáneo de nuevo estamos discutiendo la categoría de virtud. Porque la categoría de la virtud se relaciona con los sujetos sociales. Las virtudes no son facultades naturales, son hábitos. Son disposiciones de un sujeto, producto de la educación, producto de la socialización. Es saber elegir el justo medio que tiene que ver con la deliberación, trabajo de la inteligencia educada, cuyo paradigma, es la virtud de la prudencia, justamente el rasgo que define al político.

La política es arquitectónica en tanto permite la deliberación racional, permite argumentar las decisiones, deja que las actividades sociales se ordenen por su propia excelencia entre el exceso y el vicio, y sirve de paradigma del saber prudente en las decisiones que se toman.

En este espacio podemos percibir el conocimiento concebido como “bien social porque actualiza y perfecciona la naturaleza humana y porque permite una realización mas plena del grupo social”. Que tiene carácter público porque “está expuesto a la crítica fundada, porque puede cambiar porque aparecen nuevos puntos de vista y nuevas teorías.

En el mundo antiguo el ágora quedó sustituida por otra metáfora o entró la pelea por otra manera de entender la ética: la plaza (el ágora) quedó sustituida por el pórtico, el pórtico es la palabra que traduce al castellano la palabra griega “stoa”.
La estoa es un espacio,un pórtico, un lugar de entrada a sí mismo.

Siempre se ha visto en el estoicismo un esfuerzo de interiorización. Es una forma de interiorizar las normas de la polis, en la comprensión de los principios de la naturaleza misma ordenada como cosmos, es necesario aprender a ser “ciudadano del mundo”, es decir cosmopolita porque la polis se derrumbó.
Es necesario obedecer a la ley de la naturaleza que rige el cosmos por encima de cualquier polis determinada. Y esa ley se descubre en la interioridad, no en el espacio público configurado para deliberar. Sino que es en la interioridad donde se encuentra ese principio del orden, al cual los estoicos llamaban el logos, la ley de la naturaleza. Obrar bien en este sentido es entonces seguir la ley de la naturaleza, que es el cosmos mismo.

El estoicismo cambia las cosas, es la moral interiorizada de la ley natural la que rige, al revés del planteo aristotélico, como arquitectónica a la política. No es la política la arquitectónica de la ética sino que esta ética interiorizada, como ley-norma de la naturaleza, es la que rige la política. El gran aporte del estoicismo que empezó a tener un cierto “realismo”, ser buenos, incluso, aunque la fortuna sea desfavorable. Empieza a desvincularse, el ideal del hombre sabio del ideal de la ciudad buena. La ética entonces empieza a depender más del contacto con el maestro sabio, que guía a descubrir la interioridad, que de la vida pública regida por la justicia.
Decididamente el ágora – la plaza – queda transformada. El espacio ético se configura en el pórtico, en el lugar que separa un adentro y un afuera. Ese adentro puede ser tan amplio como la totalidad del universo captado en el orden de la naturaleza, regido por la ley eterna, o bien puede ser, una nueva metáfora de espacio: el jardín.

Epicuro, es la otra gran corriente que emerge en la crisis helénica, el epicureísmo, postula “aléjate de lo público porque te perturba, vamos al jardín, convivamos con los amigos y disfrutemos bien de la vida”.El movimiento de Epicuro se lo conoce como la filosofía del jardín, porque filosofaban en un recinto que tenía que ver con un jardín, la gran tesis de Epicuro es que la felicidad consiste en el placer – hedonismo epicúreo- no en la virtud por la virtud como decían los estoicos, sino en el placer,en un placer calculado.
Entonces el ágora y sus reemplazos puestos en el pórtico y en el jardín, simbolizan las primeras tensiones del espacio ético, de este habitar de la ética.

El conocimiento es concebido como ”bien cultural, que tiene como finalidad o lógica de uso, el goce personal, interior” el conocimiento se desvincula de lo social como modo de construcción de lo público, lo político como búsqueda del bien común.

El mercado es también una imagen arquitectónica, es un espacio de intercambio que en realidad en cierto sentido reemplaza la plaza política.
En el mercado se intercambian “valores”, se vende y se compra, tiene que ver con la desconfiguración política del espacio ético. El primer espacio empieza configurando políticamente el espacio ético, el ágora es una configuración política de la ética. Tiene su crisis con el pórtico y con el jardín.

En esa segunda escena, el punto de partida es la desconfiguración política del espacio ético. Desvincula la razón del poder de la razón del bien y de la justicia. La lógica del poder no es la lógica del bien y de la justicia, según los primeros grandes politicólogos del Estado Moderno, La política se hace un saber instrumental, deja de ser un saber práctico regido por la ética y pasa a ser un saber instrumental orientado, a enseñar cómo adquirir el poder y cómo mantenerlo, la obra de Maquiavelo lo describe muy bien. Esta desvinculación entre ética y política privilegia como nuevo espacio social hegemónico el mercado.

Es el mercado en el estado moderno el espacio de las interacciones supuestamente libres donde todos y cada uno podemos intercambiar nuestras fuerzas de trabajo, independientemente de su relación con prácticas sociales significativas, simplemente como valor de cambio y con la doble finalidad de permitir por un lado la autorrealización del individuo y por el otro, generar las riquezas de las naciones. Esta es la idea originaria del mercado, entendido como lugar donde ejercemos nuestra libertad de trabajo, de autorrealización e intercambiamos socialmente desde ahí. Y generamos, encima, la riqueza de las naciones.

Esto está en los fundamentos teóricos de la economía moderna, por eso la economía deja de ser simple ley de la casa, (para los griegos la economía era la ley de la casa, oikos en griego quiere decir casa, de ahí viene la palabra economía). En realidad la economía moderna se llama a sí misma economía política y se la estudia así, como economía política porque el problema es cómo se relaciona el Estado con el mercado, como se relaciona lo privado con lo público o el trabajo con el poder.
Ahora en el mercado la preocupación ética parece ser cuestión de cada uno. La política es un saber meramente instrumental, en el cual cada uno se procura una moral provisoria hasta que la indagación científica sobre los fundamentos de la acción termine o hasta que se configure un nuevo espacio social que haga fácil el ejercicio de la virtud. La ética habita en un “mientras tanto”.
El conocimiento es concebido como un bien económico, es decir que la relación conocimiento–riqueza, conocimiento-trabajo, conocimiento–consumo son altamente determinantes. Poseer información se convierte en una fuente de poder, dominio y riqueza. Como bien cultural tiene que ver con lo ideológico que tiene como funciones: a) legitimar acciones de poder por medio del consenso. b) Distorsionar la realidad, generando conciencia falsa, para justificar imposiciones económicas, políticas o culturales.

Kant en el siglo XVII de plena Ilustración, procura construir otro espacio público diferente al del mercado, pero también diferente a las instituciones del estado moderno. Que por otro lado están tan alejadas del ágora porque en estas instituciones no se discuten principios sino beneficios. La construcción de este nuevo espacio Kant la buscará también, a la manera de los estoicos, en la interioridad. Pero no la del contacto con un orden racional del universo, sino la del uso público de la razón práctica, que no es sino la conciencia del deber como autonomía moral, que tiene que ver con la interioridad, con la autonomía moral y la posibilidad de un nuevo espacio ético que se configura como la recta intención de la conciencia del deber por el deber mismo, sin ninguna intención que lo adultere.
El argumento de Kant más profundo es: “el hombre tiene dignidad, no precio”. No puede ser tratado nunca como medio sino siempre como un fin en sí.
El conocimiento es concebido como un bien cultural, está relacionado con lo utópico que tiene que ver con los aspectos críticos y de resistencia al modelo hegemónico político y económico imperante.
Como parte de este espacio-moderno, habría que agregar los espacios que abren, ya en los inicios de la crisis de la modernidad, el utilitarismo y el positivismo.

Recapitulando el desarrollo del pensamiento ético podríamos establecer como:

a) Primera escena, el ágora, una configuración política ilusoria, y en el fondo excluyente. Porque en la idea del ágora es muy lindo que nos reunamos a deliberar pero al ágora no podían entrar ni las mujeres, ni los niños, ni los esclavos.

b) La segunda escena, el pórtico o el jardín, en la que existe una separación absoluta entre la ética y la vida pública, en la búsqueda interior de un orden natural, se construyen normas éticas personales, provisorias de la buena conciencia, y se persigue el disfrute de la vida.

c) La tercera escena, el mercado, cuya preocupación es contraponer la vida política al vivir tranquilamente y al actuar por deber, el disciplinamiento del deber,
Una nueva configuración de transición se percibe hoy, como resultado de un convulsionado siglo XX como proceso histórico Esta propuesta de nueva configuración puede llamársela en términos análogos de tarea: la necesaria reconfiguración política del espacio ético.

d) La cuarta escena, la autopista. Se desconfiguró la relación política-ética. El gran desafío que enfrentamos es la necesaria reconfiguración política del espacio ético. El mejor modo de metaforizarla es acudiendo a la idea del “vértigo en la autopista”.
Nostalgia del ágora. Preocupación en el mercado. Vértigo en la autopista.
Es decir, vivir casi en un no-lugar.Marc Auge es un antropólogo que reflexiona acerca de estas nuevas configuraciones del espacio denominándolos los no-lugares contemporáneos.
En el movimiento perpetuo, en espacios quizás cada vez más virtuales y simulados, no hay ágora, ni pórtico, ni jardín. No hay casa provisoria, ni buena conciencia. Ni siquiera es claro el cálculo de utilidades. Existe incertidumbre. Hay mutaciones, y serias. Hay temores, y profundos.

Eric Hobswan dice: “Sabemos que más allá de la opaca nube de nuestra ignorancia y de la incertidumbre de los resultados, las fuerzas históricas que han configurado el siglo XX siguen actuando, más allá de nuestras incertidumbres”(…) : no sabemos adónde vamos, sí sabemos que la historia nos ha llevado hasta este punto y porqué(…) Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos. Y el precio del fracaso, es la oscuridad.”

Vivimos en un mundo cautivo, desarraigado y transformado por el colosal proceso económico, técnico y científico del desarrollo del capitalismo que ha dominado los dos o tres siglos precedentes. Resulta razonable suponer, que este proceso no se prolongará ad infinitum. Podemos percibir síntomas externos e internos en que hemos alcanzado un punto de crisis histórica.

Optar por una sociedad transformada concibe indispensable reconfigurar políticamente el espacio ético.
Esto implica construir nuevos lugares en los no-lugares, nuevas articulaciones reformulando a fondo la relación entre el ágora y el mercado. Hoy día vivimos una hegemonía de un mercado salvaje del planeta en esa economía multinacional, que ha hecho que la deliberación del ágora parezca hasta insignificante. Es necesario permitir nuevas formas de entender las relaciones entre la opción por la justicia y la igualdad de oportunidades, de los proyectos de vida nueva y de felicidad que cada uno pueda forjarse.

En este sentido el desafío mayor de este tiempo tiene que ver con configurar el espacio ético.

– En una nueva e inédita definición del espacio público, de la ciudadanía responsable y participativa, de la posibilidad de generar proyectos comunes y solidarios.

– El de tratar de encontrar una forma de articular la búsqueda de la felicidad con la convivencia honesta y correcta y regida, sobre todo, por el respeto a los Derechos Humanos y a los principios de la justicia.

Y la educación, justamente, tiene que ocuparse de estas cosas. No se trata de preocuparnos en el mercado, sino de imaginar alternativas para el intercambio como reconocimiento mutuo, como posibilidad de colaboración y no de competencia salvaje; como construcción de normas justas para la producción y el consumo. Para no caer en la oscuridad terrible de no saber cómo detener el hambre, la miseria, la corrupción y hasta la destrucción del espacio habitable en el planeta. Somos responsables de reconfigurar políticamente el espacio ético, por esto, los educadores tenemos una labor protagónica política en la construcción de este nuevo espacio, que implica la reconstrucción de un nuevo sujeto,la resignificación y recreación del conocimiento.

Como conclusión:agregaría que para enfrentar esta “tarea” como desafío que nos propone enfrentar Carlos Cullen hoy, los educadores debemos en primer lugar reflexionar acerca de nuestro rol docente; esta reflexión debe ser un proceso socioeducativo que complementa el quehacer docente con el de la investigación educativa, que permite,abrir la posibilidad de generar “un campo de autoanálisis colectivo” que a través del intercambio pueda someter “a un análisis crítico lo más radical posible nuestras prácticas… proporcionar instrumentos de conocimiento diferentes que permitan a la vez orientar otras acciones y políticas educativas”. Entendiéndolo en términos de Bourdieu como un proceso sistemático/metódico/reflexivo/crítico de conocimiento basado en el esfuerzo por relacionar distintas dimensiones de una determinada problemática, analizando los procesos que se generan en sus interacciones dialécticas y condicionamientos contextuales.

Puesto que el ejercicio de la docencia o ser el docente – educador, para Cullen es”… entender, la docencia como virtud es calificar su profesionalidad como moralmente buena y el entender esta virtud como ciudadana es calificar su práctica como éticamente justa”.

La docencia como virtud, se presenta así, como una forma de resistencia, como un modo de saber diferenciar, por medio de la educación, lo que es justo y correcto de lo que es injusto o incorrecto:”La docencia enseña bien, porque enseña a pensar”.

Lo que implica también estar abiertos al diálogo, a la escucha, a la alteridad, a la construcción de un espacio público, en el cual se debe dar un proceso dialéctico de normalización e innovación, en que debe haber un tiempo autónomo de creación y producción social de reglas de comunicación, que facilite el desarrollo del pensamiento crítico, reconociendo en el sujeto que aprende: su bagaje cultural, sus hábitos, sus intereses.

Por eso enseñar bien es también:el reconocimiento de la libertad y el deseo de aprender concebido como tiempo de producción de sentidos diferenciados y comunicables, tiempo lúdico, creativo, integrador que permita la producción y comunicación de todos los alumnos. Entender la docencia como virtud en términos metafóricos de Carlos Cullen es dejar huellas en quien aprende.

Bibliografía

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CULLEN, Carlos “La escuela es un escenario de socialización y legitimación del conocimiento” Educere, Universidad de los Andes educere@ula.ve
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