Pensamiento Biblico g La Sabiduria en los libros sapienciales

13. EL MENSAJE DE LA SABIDURÍA . LIBROS  SAPIENCIALES

1. Literatura sapiencial

En la última etapa del judaísmo bajo dominio persa y especialmente griego y debido a la fuerte influencia del helenismo tanto en Palestina como en Alejandría, hubo un resurgir del pensamiento bíblico, distinto del profetismo y de la enseñanza teológica y jurídica de la Ley. Es la literatura sapiencial, característica de los pueblos antiguos, en especial de Mesopotamia y Egipto.Los “sabios” eran un sector importante de la sociedad, también llamados maestros o escribas, pero con características muy distintas del sabio occidental considerado como un científico.

Lo esencial del sabio oriental era vivir con prudencia y habilidad en la vida cotidiana, familiar, profesional, etc. para conseguir la felicidad. Esto supone una determinada visión del mundo, de la vida, del hombre y de la historia, y por cierto, una revisión del concepto tradicional de Dios.

También supone aplicar la fe a la vida diaria hasta en sus mínimos detalles, no solo como ley sino especialmente como una forma armoniosa y prudente de vida; más que como normas como “consejos” de un padre a su hijo.
Por su parte el hombre opuesto al sabio es llamado “necio”, siendo la necedad la antítesis de la sabiduría.

Los textos sapienciales aluden en general a dos temas fundamentales:
Primero: el arte de vivir bien, o sea, de cómo conducirse en la vida con sensatez, evitando los sinsabores y logrando la felicidad. Esto implica una sabiduría práctica basada en virtudes como la prudencia, el discernimiento y la mesura; en el buen uso de las cualidades y en las buenas relaciones en la familia, con los amigos, etc.

Segundo: una visión global de la problemática de la vida humana que hoy llamamos “antropología”, que intenta responder a los grandes interrogantes del ser humano: cómo se conjugan la bondad con la justicia divina especialmente en la retribución a los justos, una retribución distinta al castigo merecido por los impíos; lo que implica abordar el problema del mal, el sentido de la vida, el valor del ser humano y de la honestidad, la felicidad y el dolor, la muerte y el más allá.

Es decir, la sabiduría alude a un “humanismo” con orientación religiosa (pues toda sabiduría viene de Dios) y práctica para responder a cuestiones precisas y cotidianas. Pero el sabio no busca la respuesta exclusivamente en la Ley como lo hace el teólogo y el sacerdote, ni en un contacto directo con la Palabra de Dios como hace el profeta.

La busca más bien en la experiencia humana, a menudo iluminada por la fe, como también en la historia, aunque en menor grado. Es el fruto de la observación y la reflexión. El sabio está atento tanto a la cultura general actual y pasada, como a su experiencia personal y a la historia de su pueblo Israel.

Por cierto que esta reflexión sapiencial no es exclusiva de estos cuatro siglos finales del judaísmo, sino que la encontramos a lo largo de toda la Biblia, especialmente en el Pentateuco, sobre todo en el Deuteronomio.
También en los Salmos, en los capítulos de Proverbios 10-31 (de la época salomónica y de otras colecciones antiguas) y en la historia de José (Gn 37 y siguientes). Es la llamada sabiduría clásica.

La sabiduría reciente la encontramos en los libros de Job y del Eclesiastés con un planteo crítico de la imagen tradicional de Dios y de su justicia, ya que se constata que generalmente los impíos gozan de prosperidad mientras que los piadosos sufren dolor y miseria, en contra de toda la teología tradicional que afirmaba lo contrario. Hay que tener en cuenta que aún se desconocía la retribución del más allá, por lo que este problema se tornaba muy crítico.

En tanto los deuterocanónicos Eclesiástico y Sabiduría, más en contacto con la cultura helénica,  insisten en que la verdadera sabiduría de Israel es la Palabra de Dios y el cumplimiento de la Ley, y no la sabiduría griega. Pero mientras el Eclesiástico ataca más frontalmente al helenismo, la Sabiduría se adapta moderadamente asumiendo la separación del cuerpo y del alma, cuya inmortalidad se afirma. Ambos libros asumen también el concepto griego de “virtud”.Por su parte Proverbios, completa la colección de proverbios antiguos con los capítulos iniciales del libro, Prov 1-9, con temas similares a Eclesiástico y Sabiduría.

2. Job

El libro de Job, escrito hacia el siglo V, refleja la crisis en que ha caído la teología tradicional de un Dios que premia en esta vida a los buenos y castiga a los malos, crisis ya anticipada por Jeremías cuando le pregunta a Dios: “Por qué prospera el camino de los malvados y están en paz todos los traidores?” (Jer 12,1, ver Sal 73,2ss) y durante el exilio. Job se pregunta “por qué  viven los malvados y al envejecer se hacen más ricos” (21,7) y expresa toda su amargura diciéndole a sus amigos que intentaban consolarlo: “Qué inútil es el consuelo que ustedes me ofrecen, porque sus respuestas son puras falacias” (21,34).

El punto de partida es el sufrimiento del protagonista, un hombre piadoso y cumplidor de la Ley, a quien Dios prueba privándole de sus bienes, sus hijos y sometiéndolo a una grave enfermedad (1,1-2,10) Desde allí maldice el día en que nació y constata el sufrimiento de todo el mundo, el absurdo de la vida y la actitud incomprensible y hasta odiosa de un Dios que parece disfrutar haciendo el mal, pues “se burla de la desgracia del inocente” (9,23). Job no duda de que Dios sea inteligente y poderoso (12,13), pero esas cualidades las utiliza al servicio de la destrucción, la humillación y la muerte (12,14-25).

Desde esta crisis de la imagen tradicional de Dios, el autor se propone encontrar una nueva imagen que substituya a la anterior, como lo dice al final del libro: “Te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos” (42,15). Este nuevo conocimiento de Dios, poderoso pero misterioso en sus designios, le permite ver las experiencias negativas de la vida con aceptación, alegría y humildad.

Aunque la tradición presenta a Job como “el justo paciente”, es en realidad el “justo rebelde”; y porque se atreve a rebelarse contra una teología repetitiva, formalista y hueca, encuentra luz en su camino, aunque sin saber toda la respuesta frente a un problema que solo la tiene en la condición y libertad humana, y en la retribución del más allá.

El libro, en prosa y en verso, está estructurado en largos diálogos de Job con tres amigos que en vano intentan convencerlo con argumentos tradicionales que son ofensivos para quien sufre como el protagonista. Los amigos utilizan repetidamente en sus varias intervenciones los clásicos argumentos: Dios premia a los buenos y castiga a los malos; Dios te castiga porque has pecado; tienes que aceptar el castigo y arrepentirte; si te arrepientes, Dios te devolverá los bienes y la felicidad. Job rechaza esas soluciones e intenta dos salidas: pelear con Dios o discutir con él ante un tribunal para ver quien tiene razón.

Pero ya que ambas salidas son imposibles (Dios es más poderoso que él y no aceptará ir a un tribunal), sólo le queda la rebeldía, la protesta y la blasfemia ante un Dios silencioso: “Clamo a ti y no me respondes; me presento y no me haces caso. Te has vuelto despiadado conmigo y me atacas con todo el rigor de tu mano” ((30,20-21) Se declara inocente negando en todo caso que exista una proporción entre el castigo que ha recibido y sus posibles pecados. También rechaza que el mundo sea un orden perfecto. Tras el fracaso con los tres amigos y la decepción de Job, aparece un nuevo personaje (Elihú) que induce a Job a aceptar el sufrimiento con argumentos viejos y nuevos, y criticando su actitud orgullosa y rebelde.

Finalmente interviene Dios con dos largos discursos (38,1-42,6) en que le muestra a Job la sabiduría que hay en la naturaleza física y en los animales, lo que demuestra la ignorancia de Job y la sabiduría, providencia y el poder de Dios. En el segundo discurso Dios explica lo difícil que es acabar con la injusticia y los malvados. ¿Acaso lo puede hacer Job? El hombre no puede hacerlo, pero sí Dios.
Job descubre así a un Dios poderoso pero cuyos tiempos y forma de actuar ignora.Como es obvio, el libro no resuelve el problema. Lo presenta con una lectura crítica y exige un estilo de fe distinta, como también una actitud de humildad frente al poder misterioso de Dios (42,1-6) En el epílogo Dios devuelve a Job todos sus  bienes, lo llena de hijos y de le concede una larga vida (42,7-17)

3. Eclesiastés (Cohelet)

El autor de este libro, hacia el siglo III, no parte del dolor humano para hacer su crítica, sino del hastío, en una línea que podemos llamar “existencialista” y casi “nihilista”.Afirma contra toda la teología tradicional que los actos de Dios son inexplicables pues la misma suerte tiene el impío y el justo, el sabio y el necio, el hombre y el animal (2,12ss; 3,16-19: 7,15; 8,14), pues “todos van hacia el mismo lugar: todo viene del polvo y todo vuelve al polvo” (3,20). Esto se repite insistentemente como un leit motiv, pues en definitiva no hay tal justicia de Dios.

Más aún: no tiene sentido la creación ni la vida humana (8,17; 3,11): “todo es vanidad, pura vanidad y perseguir vientos, pues ¿qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza?” (1,1-3) ante una vida precaria y sin sentido; hasta la misma sabiduría es vanidad (1,16-17; 2,15; 9,1ss)

Pero, a pesar de este cuadro pesimista en que da lo mismo estar vivos que muertos (4,2-3) el autor no desemboca en el ateísmo ni se rebela blasfemando contra Dios. Al contrario, recomienda un culto sincero, el temor de Dios y el cumplimiento de sus mandamientos (4,17-5,6; 12,13)Y especialmente, dado que la suerte humana está en manos de Dios (9,1) lo mejor que se puede hacer es “aprovechar los días que Dios nos otorga” (5,17) pues la única felicidad consiste en gozar de la vida lo más que se pueda: “Ve, come tu pan con alegría y bebe con buen ánimo tu vino… Pasa la vida con la mujer que amas…Todo lo que se te ocurra emprender, hazlo mientras puedas, pues no hay obras ni saber ni sabiduría en el sheol (lugar de los muertos) hacia el que caminas” (9,7-10; 2, 24ss; 3,12ss)

Esto es lo que corresponde ante un Dios lejano e indiferente: aprovechar bien sus dones.
Al mismo tiempo, reconocer que en la vida “hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa” (3,1) y ese tiempo de nacer y de morir, de gozar y de sufrir, de amar y de odiar, etc. es la síntesis de la existencia humana, “sin pretender descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin” (Ecl 3)Como nunca en la Biblia, se llega con este libro y el de Job a una postura intelectual y de fe tan honrada y sincera.

4. Eclesiástico (Sirácida)

El libro fue compuesto entre los años 190-175 por Jesús Ben Sirá, patriota convencido de la pureza de la Ley, para la ilustración de los jóvenes deslumbrados por la sabiduría griega (Prólogo 30-35). No solo ataca a los ricos por ser partidarios del cosmopolitismo helénico,  sino que fundamentalmente se alza contra la ideología secular del helenismo, pues “toda sabiduría viene de Dios” (1,1ss), una Sabiduría que se identifica con la Torá (1,29-30; 15,1) y es fuente de felicidad (14,20-21).

La cumbre del libro es el elogio de la Sabiduría en el cap. 24, sabiduría que sale de la boca de Dios, que habita en Jerusalén y que se expresa en la creación del hombre (17-18,14) y en toda la creación (42,15-43,33), como también en la alianza (17,11-32), en la historia de la salvación y en los grandes protagonistas de la misma (44-50).

El verdadero sabio se concentra en el estudio de las Escrituras (39,1 sig.), pues el temor de Dios y cumplir su Palabra son la síntesis de toda sabiduría. Ben Sirá no reconoce sabiduría alguna fuera del judaísmo, pues Israel es la porción del Señor y su primogénito (17,17-18).Por lo demás se sostiene la teología tradicionalista, rechazando las ideas que encontramos en el Eclesiastés, afirmando la doctrina tradicional de la retribución y exaltando la perfección de la obra divina y la libertad humana para elegir entre el bien y el mal (14-17,10; 18,1-14; 39,16-35; 41,5-13).

En definitiva, no hay concesiones para el helenismo, no se acepta el dualismo cuerpo-alma y sólo resta buscar respuestas en la historia del pueblo (2,10) con varios capítulos que exaltan a los antepasados (44-50)El resto del libro  habla sobre diversos temas de la vida diaria: constancia ante las pruebas, deberes de los hijos y de los padres, diversas virtudes, amistad, vida pública, amigos, amor al prójimo y a los pobres; sobre las mujeres (a menudo con fuerte antifeminismo), el buen gobierno, la hospitalidad, la prudencia al hablar, el adulterio y la prostitución, los negocios, etc.

5. Sabiduría

El autor de Sabiduría, escrito hacia el 50 en Alejandría, se adapta al helenismo en forma moderada, aceptando la dualidad cuerpo-alma y, en consecuencia, la idea de la inmortalidad del alma y la retribución del más allá, convirtiéndola en uno de sus argumentos principales (2,1-3,8; 4,7-5,16; 5,15-16).

Es la primera vez que un libro bíblico habla claramente de este asunto, integrándose así la resurrección de los cuerpos (creencia que llega de la época de los macabeos) con el concepto griego de inmortalidad espiritual.El A.T. conocía como lugar de los muertos, tanto buenos como malos, el Sheol, un lugar oscuro bajo tierra.

A partir de la época del libro de Daniel (año 165), y de los Macabeos (120-100), surge el concepto de resurrección para una vida nueva y eterna para los justos, y de infierno de oprobio e ignominia para los malos: Dan 12,2-3; 2 Mac 7,9-23; 12, 43-45

Al mismo tiempo se realiza una amplia reflexión sobre la historia bíblica (11-19), motivo de alabanza y de aprendizaje. Lo novedoso del libro es la personificación de la sabiduría (1; 6-9), ya presente en Prov 1-9 y Eclo 24 y 51,13-20. La Sabiduría ya no aparece como un conjunto de conocimientos o experiencias sino como una persona concreta que llama, busca y enamora; existiendo desde antes de la creación y con vida propia. Ella es la fuente de todas las virtudes (8,7)

Se trata de una idea que tendrá repercusiones en el Nuevo Testamento también (1Cor 1,24; Col 1,15-17; Heb 1,3) Por eso el autor nos brinda la magnífica oración para obtener la Sabiduría en el capítulo 9.

Esta personificación es una de las creaciones más originales de esta época. Es la Sabiduría origen de la creación, rectora de la historia salvífica desde Adán en adelante (10-19) y mediadora entre Dios y los hombres. Una sabiduría que incluso puede ser descubierta por lo paganos, aunque no supieron hacerlo (13), “pues no fueron capaces de conocer a “Aquel que es”, y al considerar sus obras, no conocieron al Artífice” (13,1) tema que será retomado por Pablo en Rom 1,19-20.
Aún hoy se discute mucho sobre el origen de esta idea que personifica a la sabiduría de Dios.

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