Pensamiento Biblico f Mesianismo y Apocaliptismo, esperanza de los pobres

12. UNA ESPERANZA PARA LOS POBRES:MESIANISMO Y APOCALIPTISMO

Mientras el sacerdocio concentra todo el  poder y la comunidad queda relegada en cuanto sujeto protagonista de sí mismo y de su destino, el antiguo y nunca desaparecido ideal de pueblo liberado y autónomo toma nuevas formas, fruto del abandono de sus conductores y de la firme convicción de que nada se podía esperar de ellos.

Como ya lo hemos adelantado, va surgiendo un amplio movimiento popular conocido generalmente como “mesianismo”, un concepto de por sí ambiguo y confuso, pero que en síntesis significa que el pueblo espera en una liberación de Dios, única garantía para quienes se sentían sometidos al poder extranjero y al poder interno sacerdotal.Obligado a los tributos internos y a tributos externos, siempre crecientes, la situación de la mayoría de la población era de extrema pobreza e inestabilidad.

Por eso, ellos mismos se autotitulaban “Los Pobres de Yavé”, pues seguían confiando en el Dios liberador del Éxodo, única garantía de su libertad.Su situación era casi desesperante, desilusionados con sus líderes y dominados por los imperios de turno, a menudo perseguidos por su fe. Por eso reflexionaron una vez más en las raíces de sus creencias, releyeron a los profetas y afirmaron su confianza en el Dios del Éxodo, el liberador de esclavos y pobres.Es importante que podamos comprender este movimiento dentro del cual será enmarcada la figura de Jesús y cuyos elementos constituirán la esencia misma del cristianismo.

1. La escatología y la esperanza futura. El mesianismo.

1.1 Mientras la comunidad judía había logrado reorganizarse en torno al cumplimiento de la Ley, para prolongarse en un largo período gris, carente de ideas originales, el problema histórico-político seguía sin resolución a pesar de ser un eje fundamental de su fe y del plan divino.

Fracasado un intento restaurador davídico promovido por los profetas Ageo y Zacarías, tras la muerte de Cambises, el Tercer Isaías (Is. 56-66) hacia el 450, intenta mantener la esperanza, anunciando una Nueva Jerusalén, “Ciudad del Señor, Sión del santo de Israel”, a la que acuden todas las tribus reunidas y dominando sobre los pueblos paganos (Is. 60 y 62). Entonces Dios crearía nuevos cielos y una nueva tierra (Is. 65,17s). En el capítulo 61 proclama la liberación de los cautivos y prisioneros, y la buena noticia a los pobres, con un texto que tendría gran gravitación en los evangelios sinópticos como imagen de Jesús, el ungido de Dios:

“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me ha enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación de los cautivos y la libertad a los prisioneros; a proclamar un año de gracia del Señor para consolar a todos los que están de duelo y cambiar su abatimiento por un canto de alabanza…”

Como vemos, es un claro retorno a la teología de la liberación y a la alianza de Dios directamente con el pueblo.La historia es vista cada vez más desde un final (“ésjaton”, escatología) con grandes y espectaculares intervenciones de Dios.

En esta época  y siguientes van surgiendo varios profetas que insisten en las ideas mesiánicas:

– Joel, escrito hacia el 400, habla de la emisión del Espíritu en el Día de Yahvé (3,1-2), texto importante en los Hechos al narrar la efusión del Espíritu en Pentecostés.
– Abdías, hacia la mitad del 500, es el libro más corto del A.T.
– Malaquías, hacia el 440, ya reconstruido el Templo, insiste en el Dia del Señor (3,1-21) y anuncia la llegada de Elías como precursor (3,22-24), tema al que aludirá Jesús.
– El Déutero Zacarías (cap. 9-14) habla del Mesías humilde y pacífico (9,9-10), de los malos y buenos pastores (11 y 13,7-9) y del misterioso Traspasado (12), todos textos de influencia posterior en los evangelios.

1.2 Tal restauración se haría en el llamado Día de Yahvé, que sería un corto tiempo de castigo de pecadores y paganos, de juicio universal a las naciones, de renovación del mundo y de retribución a los piadosos. Tal Día, descrito en general con un estilo amenazador y terrorífico, significaba que la historia como tal va perdiendo sentido, pues todo depende de ese próximo final liberador-milagroso con rasgos muy idealizados.Pueden verse los textos de Mal. 3-4; Joel 2-3; Zac. 9-14 (segundo Zacarías); Abdías; los apocalipsis de Isaías (una interpolación posterior) en Is. 24-27 y 34-35: escritos de la época persa y período helenista.

“Porque llega el Día de Yahvé, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los malvados serán como la paja: el Día que llega los consumirá hasta no dejarles raíz ni rama.Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salvación en sus rayos, y saldrán brincando como terneros bien alimentados. Ustedes pisotearán a los impíos que serán ceniza bajo sus pies, en el Día que yo preparo, dice el Señor de los Ejércitos” (Mal. 3,19-21).

“Porque en aquel Día, cuando yo cambie la suerte de Israel, congregaré a todas las naciones en el valle de Josafat. Allí les haré juicio a favor de mi pueblo Israel, porque lo han dispersado y se han repartido mi tierra” (Joel 4,1-2).

1.3 Gran parte de esta escatología tenía sentido davídico, uniendo la esperanza futura con el restablecimiento de un rey ideal, el “ungido” o mesías, quien lleno del espíritu divino y con todos los poderes  restauraría el reino de David, de quien era su descendiente. Por eso se la llama “mesianismo”, pues los reyes eran “ungidos” con el aceite ritual.Ver los textos de Abdías 15-21; Zac. 9, 9s y 12,1-13, etc.

¡Alégrate mucho, hija de Sión, grita de júbilo, Jerusalén!!Mira que tu rey viene hacia ti; él es justo y victorioso; es humilde y montado sobre un asno. El suprimirá los carros de guerra de Efraim… y proclamará la paz a las naciones. Su dominio se extenderá de un mar al otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra” (Zac.9,9-10).Texto de gran resonancia en los sinópticos que lo refieren a la entrada triunfal de Jesús, como rey  de paz. ( Mt. 21,1s).

Se trata de un tiempo especial, a corto plazo, en que Dios haría justicia y tomaría venganza: Israel sería restaurado, mientras que los pecadores y las naciones paganas serían castigadas. El nuevo reinado estaría “dentro de la historia”, aunque como su etapa definitiva, con un gran imperio bajo la corona de Jerusalén. Estas ideas serán asumidas con entusiasmo por el pueblo desesperanzado, quien ahora pone su confianza en un futuro próximo y con rasgos definitivos.

2. Apocaliptismo

2.1 Pero estas características comienzan a acentuarse y cargarse de nuevos contenidos, a medida que los viejos oráculos no se cumplían y que el helenismo hacía su avance (helenismo introducido por los ejércitos de Alejandro Magno desde el 303 aC. ), tras hacerse dueño de los dominios del imperio persa.

La gran eclosión vendrá a partir de la persecución helenista de Antíoco IV que quiso imponer formas de paganismo, provocando en el año 167 la revuelta de los hermanos Macabeos que, tras largos años de lucha, consiguieron una relativa independencia. (Los dos libros de Macabeos fueron escritos hacia el año 100)
Mientras la alta dirigencia sacerdotal se pliega a los invasores y compra el sumo sacerdocio, los pobres de Yahvé (también llamados asideos) resisten decididamente, y parte de ellos se une a los rebeldes armados.Surgen a partir de entonces infinidad de ideas teológicas, frutos tanto de la desesperación como de la confianza irrenunciable en Dios, aunque sobre la base de las ideas tradicionales.Se amplía el horizonte escatológico, pues abarca a todos los pueblos y naciones del mundo y al cosmos entero. Se discrimina dentro de Israel a los que cumplen la ley y merecen premio, y a los que no la cumplen mereciendo castigo. El Mesías sería juez universal de todas las naciones del mundo y de cada hombre en particular.

A esta época pertenece la novela didáctica de Judit, siglo II, de fuerte tono nacionalista y lucha contra los paganos. Sigue la tónica del libro de Ester (entre siglo IV y III, a comienzos de la era griega) que proclama la victoria del Señor contra los pueblos no judíos.

En tanto el libro de Baruc (siglo II) insta a mantenerse firmes a la Ley hasta que llegue la Salvación definitiva.

El libro didáctico-sapiencial de Tobías, hacia el siglo 200, consuela a los que viven dentro del ambiente pagano y da importantes normas sobre el matrimonio y virtudes básicas del judaísmo.

2.2 Aparece así la idea de una vida ultraterrena, concepto extraño en la fe bíblica tradicional. La desgraciada suerte de los mártires en la época macabea sugiere la idea de una resurrección de los justos que mueren a manos de los impíos (Dn 12,2; 2Mac  7, 9.11. 14.23.36; 12,43-45) Esta creencia, que se irá haciendo tradicional entre los fariseos, permite soportar mejor la actual situación de opresión, confiando en un premio futuro de justicia.

Cuanto más penosa era la situación del pueblo, más fuerte se hacía su esperanza en un futuro promisor o Reino de Dios (Se introduce así el tema de Reino futuro y cercano de Dios, tema central del mensaje de Jesús)
Lentamente, como observamos, la esperanza es proyectada a un mundo sobrenatural, fruto de grandes intervenciones milagrosas de Dios, y situado más allá de la actual historia. En el gran Día, tras la batalla victoriosa y el juicio de los pueblos hostiles, se destruirá el actual mundo y se iniciará la nueva era o Reinado de Dios.

Ejemplos de esa batalla se los puede ver en Zac. 14, Hab. 3, Dan. 12. En el N. Testamento: Apoc. 19,11-20,14 y Carta de Judas. Al mundo nuevo ya aludió Is. 65, 17s., en un texto retomado por el Ap. 22. 2.3

Durante la gran crisis del helenismo y de la lucha macabea contra Antíoco, el libro de Daniel ( anónimo del 167-165) comienza a ejercer una gran influencia, y será imitado por muchos otros. Su anónimo autor (un asideo que concluye el libro sin conocer todavía la muerte de Antíoco) concibe la historia como una sucesión de imperios impíos y nefastos, el último de los cuales es el de Antíoco IV, destinado a ser destruido muy pronto por una intervención milagrosa de Dios.

El intermediario divino es el Hijo del hombre, un ser humano-divino que llega del cielo para hacer justicia y asumir el poder universal (Dn. 7). Es muy probable que dicho personaje sea una personificación de los hombres piadosos del judaísmo. También aparece el arcángel Miguel como jefe de las milicias celestiales (Dn. 12).Este asideo pone su confianza en la resurrección de los judíos fieles a Dios (Dan. 12) y en su intervención milagrosa más que en la lucha armada de los macabeos a los que ignora.

El concepto de Hijo de Hombre será aplicado por los cristianos a Jesús, con la esperanza de su segunda venida gloriosa como juez del mundo.Vemos también cómo aumenta la creencia en los ángeles (el ejército de Dios, cuyo jefe era Miguel) y de los demonios, cuyo jefe, Satán, es el actual Príncipe del mundo, o sea, dominador de los pueblos frente al dominio de Dios.

2.4 La abundantísima literatura extra canónica (judía y después cristiana) reafirma estas ideas y las retoca con infinidad de modalidades. Sus autores las rellenan con conceptos fantasmagóricos, en un lenguaje esotérico y muy cargado de símbolos; les agregan cálculos sobre la hora exacta de dicho día e hipótesis sobre el surgimiento del mesías y de cómo intervendría; describen grandes batallas mitológicas en las que intervienen reyes, demonios y ángeles; teorizan sobre la supuesta duración del reino mesiánico; y refuerzan aún más  el dualismo y la oposición entre esta historia (esta política, este poder en el mundo) y el nuevo eón o tiempo de Dios. También agregan teorías astrológicas y cálculos matemáticos sobre una posible división del tiempo en diversos períodos.

La idea de un reino de mil años (milenarismo) será retomada por el Apocalipsis de Juan, y tendrá incidencia en la era cristiana.El pesimismo llega a tal punto que se supone que esta realidad histórica, esta política nacional e internacional, están sometidas al Demonio “Príncipe de este mundo” y a sus espíritus subordinados.

Recién en este período, como ya lo sugerimos, comienza a tomar importancia la figura del Demonio o Satanás, no sólo tentador del hombre, sino dueño de los imperios y naciones, de quienes se sirve para su lucha contra Dios; pero también un Satanás señor del cosmos. Se trata de una mitología persa-gnóstica que ahora es adoptada por el yavismo, como después lo será por el cristianismo especialmente desde los escritos de Pablo y Juan. Es evidente la influencia persa con su dualismo típico (bien y mal, luz y tinieblas) y sus elementos angélicos y demoníacos, profusamente introducidos en los libros de la época.A título de ejemplos de esta literatura, transcribimos algunos textos:”Y aparecerá entonces su Reino entre todas las criaturas. Y Satán ya no existirá y con él desaparecerá la tristeza… Porque el Celeste se levanta del trono de su reino y sale con indignación e ira por amor de sus hijos. Y temblará la tierra y será sacudida hasta sus extremos… El sol y la luna no darán luz y se convertirán en sangre, cayendo en desorden las estrellas… Entonces surgirá Dios y avanzará y azotará a las naciones y destruirá sus ídolos. E Israel será feliz y volará sobre las alas del águila…” (Libro de la Asunción de Moisés, de inicios de la era cristiana).

El Libro de los Jubileos describe la vida en el nuevo reino:
“Se multiplicarán los días de los hombres y llegarán hasta los mil años. No habrá viejos ni cansados de vivir… y todos vivirán en paz y alegría, pues no habrá Satán ni maligno alguno… Entonces el Señor sanará a sus siervos y ellos conocerán una paz profunda y expulsarán para siempre a sus enemigos… Vigor y fuerza le dé Dios a Judá para hollar a cuantos le odian… Entonces temerán los paganos y todas las naciones se sentirán abrumadas… Y cuando Judá se siente en el trono de la justicia, honda paz reinará sobre todos los hijos del amado (Abraham)”.

La solución de los problemas del mundo ya no surge, por lo tanto, desde la tierra y del esfuerzo político de los hombres, sino de una intervención directa desde lo alto.A los piadosos les queda la tarea de esperar dicho día con confianza y fortaleza, procurando en el ínterim mantenerse recluidos y separados del mundo, cumpliendo con exactitud la voluntad divina, tal como harán los asideos, fariseos y esenios.Los esenios son un desprendimiento de los pobres de Yavé que se repliegan   junto al mar Muerto, llevando una vida casi monacal y esperando al mesías.

2.5 A este género literario y a esta concepción se la llama Apocalíptica, pues se utiliza la forma de “revelación” de estos “secretos” en forma de profecías a ciertos personajes que aparecen como sus autores, figurando entre ellos Moisés, el patriarca antediluviano Henoc y el mismo Adán.Entre los libros apocalípticos canónicos tenemos el de Daniel y textos  interpolados en escritos proféticos anteriores.

Entre los no canónicos precristianos, podemos citar El libro de Henoc, La Vida de Adán y Eva, el Henoc etiópico, Los Salmos de Salomón, los Oráculos Sibilinos, La Asunción de Moisés y El Libro de los Jubileos. Posteriormente, entre el 70-140 de la era cristiana: el Apocalipsis de  Esdras IV (después del 70, de gran influencia en la Iglesia), el de Baruc , el Henoc eslavo y el Testamento de los Doce Patriarcas. En el nuevo testamento, tenemos algunos textos en los Evangelios (Marcos 13 y paralelos) y el canónico Apocalipsis de Juan (100-110) y gran cantidad de apócrifos.

2.6 Si tomamos el conjunto de estos escritos que se copian y se repiten constantemente, observamos que este tiempo final es descrito en varias etapas:primero, un tiempo de perversión general, de apostasía, crímenes y guerras bajo el dominio de Satán por medio de los grandes reyes; después, la llegada de Elías como precursor del Mesías; el advenimiento del Mesías, al que se suele suponer como preexistente, llegando en forma espectacular sobre las nubes del cielo o de otras formas; el gran ataque de las potencias enemigas, humanas y demoníacas; su destrucción total y la victoria del Mesías y de los piadosos; el descenso de la Jerusalén celestial o su reconstrucción milagrosa; la reunión de todos los judíos dispersos por el mundo; el inicio del nuevo reino de mil o dos mil años, o eterno; la destrucción del mundo actual y la creación de uno nuevo; la resurrección general de todos los muertos, buenos y malos; el juicio final universal con la bienaventuranza para los justos y el castigo eterno para los pecadores.

Con aportes del profetismo y de ideas provenientes del pensamiento religioso de Persia, del gnosticismo y de variadas mitologías, sus autores intentaron dar esperanza en una época de grandes calamidades, aunque con especulaciones a menudo extravagantes y utópicas que, si bien pudieron alentar a sus contemporáneos, sólo provocaron vanas esperanzas y promesas jamás cumplidas.

2.7 Es una típica literatura “de resistencia” al opresor y de protesta contra la incompetente o corrupta conducción sacerdotal (hierocracia) que, por cierto, nunca aceptará estos escritos como inspirados.

Sólo quedaba una esperanzada confianza en Dios, salvador de los pobres y una actitud religiosa siempre ligada con la política y con la cuestión social, agravada cada vez más por las injusticias y por nuevos impuestos, sea para el culto, sea para los dominadores de turno.Ver los salmos que expresan esta confianza en Dios salvador y juez, y exaltan su realeza universal: 9, 11, 37, 64, 73, 75, 82, 92, 94, 99

2.8 En muchos casos, la resistencia asume las características de la guerra santa, como la guerra macabea o como lo expresan las novelas ideológicas de Ester y Judit.
En otros, el sentimiento nacionalista, lindante con el fanatismo, llevó a sus partidarios al odio contra las naciones extranjeras y a revueltas o guerras insensatas, especialmente a partir de la dominación romana.

El lector no desconocerá cómo todavía hoy surge este pensamiento apocalíptico, acuciado por la cercanía del tercer milenio, con personajes enfermizos y psicópatas que llevan a sus partidarios, en medio de un fanatismo ciego, a verdaderas autoinmolaciones. Tal el líder Jim Jones en 1978, cuando 900 de sus partidarios se suicidaron; o David Koresch que resistió en Waco a los agentes federales de los EEUU para terminar con el incendio de su residencia, llamada precisamente “Apocalipsis” y la muerte de 80 partidarios en abril de 1993.
En octubre de 1994 hubo otro suicidio colectivo en Cheiry, Suiza, con 50 miembros de la Orden del Templo Solar.

El “apocaliptismo” actual, tomando frases bíblicas fuera de todo contexto y con una interpretación fundamentalista, se nos presenta como una forma enfermiza y antisocial de vivir en el mundo, que hace estragos entre las sectas, lideradas por hombres fracasados y supuestamente iluminados.

2.9 Este fenómeno religioso-sociológico, al que vulgarmente llamamos “mesiánico”, se  concentra en un personaje, fruto de la imaginación y de la desesperanza, lleno de todas las virtudes y capaz de responder por sí solo a todas las necesidades humanas, frente a una actitud pasiva y expectante del pueblo. Si el mesías es el salvador omnipotente, el pueblo es el polo de la dependencia y de la pasividad.

En el “mesianismo” profético-tradicional, la palabra mesías indicaba el elegido y ungido de Dios, un rey humano, que liberaría desde la situación política y desde la historia, en consonancia con la liberación del éxodo y con la ayuda divina.En los escritos de la época hay muchas variables del “mesianismo”, como sucederá en tiempos de Jesús, y formas diversas de entender la salvación de Dios y la posible instalación de un Reino divino.

2.10 Desde el punto de vista de la relación entre fe y política, el lector puede adivinar las consecuencias de estas ideas que impregnaron aquellos siglos: mientras el judaísmo seguía replegándose en el cumplimiento de la ley y del culto, se produce una ruptura entre la historia real de los hombres y las perspectivas salvadoras de la fe, ahora puestas en el otro mundo.

El hombre se va sintiendo impotente para solucionar sus problemas y deposita toda su esperanza en un futuro liberador, Dios o algún intermediario, quien sólo con grandes milagros, podría resolver la situación de los sufrientes y oprimidos.

Por todo esto, el movimiento mesiánico-apocalíptico tiene, a nuestro juicio, una valoración ambigua, sin un claro proyecto político y con exceso de imaginación.

Pero debe reconocerse que es una ilusión salvadora totalmente “comprensible” en quienes se sienten traicionados por sus jefes y a punto de ser exterminados por fuerzas opresoras.La aparición del “mesianismo”, un fenómeno típico de países tercermundistas, acuciado por caudillos demagógicos, siempre refleja una grave crisis político-social-moral que no encuentra respuestas.

Es el síntoma de una tremenda frustración popular y de una justicia largamente esperada; frustración que volverá a repetirse ante el fracaso de los mesías idealizados, que, aunque se presenten como tales, nunca podrán responder a las expectativas en ellos depositadas.

Este dualismo entre el mundo y Dios (exacerbado en la era cristiana por la gnosis y el maniqueísmo) creará una falsa concepción de la historia humana entendida como algo demoníaco y perverso, frente a la postura pietista y espiritualista de los justos alejados del mundo y de sus circunstancias.Todavía hoy heredamos ese dualismo pesimista, como si el plan de Dios fuera sacar al hombre de la historia. Algo en total contradicción con la más pura tradición bíblica, en la cual, el cosmos aparece como obra buena de Dios y la historia como su proyecto; en tanto, los hombres son llamados a dominar el cosmos y a crear la historia. Pero la cuestión es cómo hacerlo… y a esto llamamos “política”.

2.11 Resumiendo:

– Para la escatología tradicional, la salvación mesiánica se realizaría dentro de la historia y como su realización final; sea directamente por Dios, sea por un ungido o mesías davídico que gobernaría al mundo desde Sión, sea por el mismo pueblo.

– Para los apocalípticos, la historia está destinada a un final trágico, con la destrucción de este mundo y la creación de otro nuevo, tras el juicio y castigo de las naciones no judías y de los judíos infieles que sucumbirían en una guerra entre Dios y sus ángeles contra todas las fuerzas del mal, humanas y demoníacas. Entonces comenzaría el Reino o reinado de Dios.Entre ambas posiciones, se dan infinidad de matices y modalidades.

No hace falta subrayar la importancia de este tema en orden a la comprensión de Jesús, quien anunciará la llegada del Reino de Dios, al que le da un sentido especial, que analizaremos próximamente.Entre tanto la historia continúa, ajena a estas especulaciones; y Dios, pacientemente, espera que los hombres trabajen por una sociedad justa, bajo su guía silenciosa. Y en eso estamos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *