Educación Integral de Emociones y Sentimientos en la Escuela. Conceptos y Práctica. S Benetti

EDUCACIÓN  INTEGRAL  DE  LAS EMOCIONES Y DE LOS  SENTIMIENTOS  EN LA ESCUELA. CONCEPTOS BÁSICOS Y PRÁCTICA. Versión reducida de:”Educación Integral de Emociones, Sentimientos y Derechos Humanos”

Lic. Santos Benetti

 

 TEMARIO

I-Todo comienza con las emociones

II-El ser humano en armonía con el cosmos

III-   El ser humano, ser viviente en  armonía con la vida

IV-El ser humano en armonía con la comunidad humana. Sentimientos y Ética

Dos Artículos complementarios:

I-Dos estrategias para la Convivencia

II-Vivencia de los Derechos Humanos

 

CAPÍTULO I- TODO COMIENZA CON LAS EMOCIONES

Cuando se nos pregunta por el ser humano, solemos responder simplemente que es “un animal racional”, aunque rápidamente pasamos por alto su animalidad y lo vemos simplemente como “un ser racional”. Tendemos a negar su animalidad y por tanto a negar que un elemento clave de los animales es que perciben la realidad a través de las emociones. En el proceso evolutivo las emociones, especialmente en los mamíferos que nos incluyen a todos los seres humanos, son varios cientos de millones de años anteriores a la razón, que apenas lleva algunos miles de años.

Pero las emociones no solamente son anteriores a la razón en la evolución, sino que también preceden siempre a la razón en cualquier percepción que hoy hacemos de la realidad interior y exterior, pues se originan en el sistema límbico del cerebro que en su formación es anterior al lóbulo frontal, sede de la racionalidad.

En consecuencia, son las emociones (y los sentimientos que las prolongan y desarrollan en el tiempo) las que orientan a la razón y condicionan su accionar. Pero lamentablemente, especialmente en Occidente, el racionalismo y la educación racionalista nos llevó a olvidar, negar o reprimir el mundo de las emociones.

Digamos antes que nada, como lo analizaremos en el próximo capítulo, que el ser humano es, ante todo, un ser cósmico o natural, que luego evolucionó hacia la vida o animalidad, y dentro de ella se especifica como mamífero, y finalmente accede a la racionalidad. Este es, pues, el sujeto de la educación, el ser humano cuyas virtualidades vamos a desarrollar: -Un ser cósmico, conformado con los mismos elementos de la naturaleza, -Un ser viviente, emparentado con vegetales y animales, -Un ser animal mamífero y finalmente -Un ser racional.

Cuando nace un bebé, reproduce todas estas etapas en el mismo orden, comenzando por su cuerpo físico formado por los elementos de la naturaleza y que siente en primer lugar la necesidad de respirar el aire en un ambiente cálido y de sentir los reclamos (emociones) de su animalidad y de su ser mamífero (mamar, defecar, dormir, mimar). Muy lentamente emergerá su ser racional. Este esquema lo acompañará toda su vida y si lo integra armónicamente, encontrará la felicidad de una vida plena.

Lo primero es lo primero: el ser humano es un ser totalmente dependiente de los elementos cósmicos que lo constituyen (su materia corpórea, oxígeno, agua y unos 60 elementos mas) sin los cuales desaparece automáticamente.

Lo segundo: su materia es cuerpo orgánico-viviente que se desarrolla no en un huevo externo sino dentro del seno materno en íntimo contacto y luego reclama leche y otros elementos nutritivos para seguir viviendo, descubriendo que la mejor manera es por el contacto con el pecho de su madre, integrando alimento con el contacto físico-emocional, el alimento, el afecto y el placer.

Así, pues, antes de encarar en el libro cómo podemos hacer una educación integral a partir de las emociones y sentimientos, vamos a reflexionar sobre su significado y finalidad, y su importancia fundamental en la vida de todos los individuos, en la educación y en la ética.

Ofreceré algunas ideas partiendo, en este caso, de los aportes de la Neurobiología, siguiendo el excelente libro:“En busca de Spinoza.  Neurobiología de la emoción y los sentimientos” (Crítica, Barcelona, 2005) de Antonio Damasio, uno de los más importantes neurobiólogos de la actualidad. Transcribiremos parcialmente algunos textos, los comentaremos y extraeremos las consecuencias pedagógicas.

Emociones y Sentimientos. Conceptos básicos

Las emociones están constituidas por reacciones simples que promueven sin dificultad la supervivencia de un organismo y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evoluciónLas emociones proporcionan un medio natural para que el cerebro evalúe el ambiente interior y el que rodea al organismo, y para que el organismo responda en consecuencia y de manera adaptativa.

Las emociones son, pues, reacciones o sensaciones de animales y humanos que aparecen inmediatamente ante ciertos estímulos o situaciones frente a las cuales hay que dar una respuesta, especialmente si está en riesgo la vida y la supervivencia. Esas son las emociones más primitivas y demandantes, como el hambre o el miedo, por ejemplo. Así, un gatito huye espantado ante un estruendo, en forma similar al ser humano…

“Todos los organismos vivos, desde la ameba hasta el ser humano, nacen con dispositivos diseñados para resolver automáticamente los problemas básicos de la vida, sin que se requiera el razonamiento adecuado. Dichos problemas son: -encontrar fuentes de energía,-mantener el equilibrio químico del interior compatible con el proceso vital;-conservar la estructura del organismo mediante la reparación del desgaste natural; y detener los agentes externos de enfermedad y daño físico”.

En esta regulación homeostática (de estabilidad y equilibrio), para resolver los problemas anteriormente dichos (conseguir alimentos, funcionamiento equilibrado de los órganos vitales, descanso, autoconservación, respuesta a elementos patógenos y dañinos…) hay varios niveles, de menor a mayor, de lo más primitivo y automático a lo más evolucionado y necesitado de constante aprendizaje. A cada nivel corresponden algunas  e-mociones, o sea, reacciones automáticas ante los estímulos. Le damos, pues, a la palabra “emoción” un sentido amplio: es toda sensación que nace de nuestra ser corpóreo-viviente-fisiológico y que nos permite reaccionar automáticamente ante un estímulo interno o externo.

En este sentido, es emoción el hambre, la sed, el deseo de excretar, el sueño, un dolor físico, el miedo ante un peligro, los reflejos ante un estruendo o una luz intensa, etc. hasta llegar a las emociones sociales más evolucionadas.

En el nivel básico están: 1.La Regulación metabólica de los órganos y sentidos, como ritmo cardíaco, respiración, digestión, equilibrio, etc. 2.Reflejos básicos ante un peligro o elementos extraños, como calor o frío extremos, exceso de luz, golpes… 3.Sistema inmune que detecta y combate virus y substancias tóxicas.

En el nivel medio: 4.Comportamientos de placer y dolor (recompensa y castigo) ante determinados objetos o situaciones… que significan beneficios, peligro o enfermedad. 5.Instintos básicos: hambre, sed, sexo, fuga, ataque, curiosidad, exploración…

En el nivel superior: 6. Emociones propiamente dichas: tanto las básicas: miedo, ira, asco, sorpresa, placer, felicidad; como las sociales: simpatía, turbación, vergüenza, orgullo, celos, envidia, gratitud, admiración, indignación, desdén. 7. Sentimientos: que son la expresión mental y constante de todos los niveles anteriores. Es la cumbre del equilibrio homeostático y de la armonía vital. Son específicos del ser humano que no solo siente, sino que “siente lo que siente”, que toma “conciencia” de sus emociones y las orienta adecuadamente.

En la larga evolución desde el origen de la vida hace 3.500 millones de años, cada nivel superior no eliminó al anterior, sino que lo asumió y mejoró para una mejor adaptación. Por eso vemos, por ejemplo, que instintos y emociones comunes a los animales (fases 1 a 6) y sentimientos (fase 7) están íntimamente unidos en el ser humano y tienden a confundirse en sus manifestaciones psicosomáticas.

La paradoja del ser humano es que habiendo logrado la culminación evolutiva con el desarrollo de la mente, de la razón, de la conciencia y de los sentimientos,  no deja de estar dependiente de los procesos de las etapas anteriores, no sólo de los mecanismos de organización bio-fisiológica (fases 1, 2 y 3) totalmente automatizados y necesarios para vivir, sino en particular de los instintos y emociones propias de ciertas especies animales, como la sexualidad y la agresividad.

Este aspecto de “animalidad” e “instintividad” fue lo que sorprendió a la filosofía griega y a la religión cristiana que no encontraron el modo de conjugar armónicamente los instintos con la mente racional, estableciendo entonces a la razón como valor absoluto. Y aún hoy padecemos este “dualismo” cuerpo-espíritu, del que Descartes fue un típico representante  racionalista, en la línea de gnósticos, estoicos y del dualismo greco-cristiano.

En síntesislas emociones, como las de felicidad, alegría, placer, tristeza, dolor, miedo, etc. son un “conjunto complejo de respuestas químicas y neurales” o impulsos producidos por el organismo (cerebro) cuando éste detecta un estímulo emocionalmente competente, o sea, un objeto o acontecimiento cuya presencia real o de recuerdo, desencadena la emoción.

Las respuestas son automáticas y siempre tienen manifestaciones somáticas (tensión muscular, palidez, gritos, alteración del ritmo respiratorio, digestivo y cardíaco, etc.) y síquicas (euforia, miedo, culpa, rabia, vergüenza, tono de voz…)

Hay que tener en cuenta que las emociones evalúan de forma natural y automática; así un estampido provoca inmediatamente sobresalto o miedo porque se interpreta “peligro”; en cambio un rostro sonriente y amable, se lo interpreta benigno. Según sea esa evaluación primaria, se actuará aceptando el estímulo, o rechazándolo, etc. En los seres humanos (y aún en muchos animales), basta un recuerdo para que se genere la emoción similar a la primera vez en que se tuvo la experiencia del estímulo.

Es un dato muy importante a tener en cuenta en la educación: el gran valor de las primeras emociones positivas (infancia con padres afectivos, con hermanos o  vecinos, etc.) cuyo recuerdo perdurará en el tiempo y cuyo “mapa cerebral” se disparará ante una situación nueva similar. Pero ¿qué sucederá si las primeras emociones ligadas a las experiencias de la vida (familia, vecinos, sexualidad, trabajo, etc.) son negativas?

En todos los casos siempre disponemos de un instrumento regulador:

Podemos modular nuestra respuesta emocional. En efecto, uno de los objetivos clave de nuestro desarrollo educativo es interponer un paso evolutivo no automático entre los objetos causativos y las respuestas emocionales. Intentamos, al hacerlo, modelar nuestras respuestas emocionales y adecuarlas a los requerimientos de una cultura determinada…” 

O sea, los seres humanos no somos esclavos de las emociones y a través del “desarrollo educativo” (lo dice un bioneurólogo…) podemos modularlas (no reprimirlas o negarlas…), socializarlas y controlarlas adecuándolas a nuestros objetivos, salud, conveniencia y valores culturales.

Entre la emoción impulsiva-instintiva y la acción a la que tienden hay una distancia. Una cosa es sentir un impulso (sexual, agresivo, por ejemplo) y otra cosa es llevarlo a cabo inevitablemente. En esto los humanos nos distinguimos de los animales. Si bien el ser humano no es responsable de sus emociones e impulsos instintivos y de sentirlos, porque surgen automáticamente de su inconciente (con sede en el cerebro), sí es responsable de lo que decide y hace con ellos. Esta es la cuestión clave para educadores y psicólogos, para la formación familiar y escolar y para la psicoterapia: ayudar a los educandos a modular sus emociones.

Y la gran pregunta: ¿cómo se hace?

Tradicionalmente ciertas emociones e instintos fueron considerados en muchas culturas como “tentaciones del demonio” y, por tanto, venidos de afuera del sujeto y malos de por sí.

Hoy entendemos que nacen de nuestro interior-inconciente (del cerebro más primitivo) y que de por sí tienen una finalidad necesaria para la vida (mantenerla, continuarla, defenderla). Pero el ser humano tiene la  insólita capacidad (libertad) de emplearlos “adecuadamente” para la vida y el bien social, o para la destrucción de sí mismo o de los otros.

Cómo lograr en la adolescencia esta regulación o equilibrio, cuando las emociones ligadas a los instintos surgen con fuerza espontánea y arrolladora, es sin dudas la gran preocupación de padres y educadores. Pero es una tarea que no termina al final de la adolescencia sino al final de la vida…

Sede de las emociones y sentimientos

Emociones e instintos tienen su sede en el sistema límbico ( segundo cerebro)  y muy especialmente en la amígdala que está relacionada con el miedo, la cólera y el sexo, y con las emociones más primarias y más necesarias para la conservación de la vida. Así el miedo es la “emoción que mueve” a la fuga ante el peligro;  la cólera moviliza hacia el ataque al agresor; el sexo hacia la perpetuación de la vida y el placer. De por sí son tres emociones necesarias y positivas, aunque no suficientemente controladas o moduladas pueden transformarse en individual y socialmente negativas; por ejemplo, miedo excesivo, fobias, baja estima; cólera desmedida, ataque indiscriminado a todo lo extraño o distinto, paranoia; sexualidad egocéntrica, dominante, abusiva, sin sentimientos ni respeto al otro.

Los sentimientos, por su parte, se registran en la mente cuando las emociones persisten y el sujeto toma conciencia de que “siente lo que siente”. Son imágenes mentales, invisibles a todos los que no sean su legítimo dueño, pues son la propiedad más privada del organismo en cuyo cerebro tiene lugar. 

La mente, la razón, desde la corteza cerebral y el  lóbulo frontal, no sólo modula y controla las emociones  básicas, sino que detecta y procesa estímulos más complejos relacionados con las emociones sociales, base de los sentimientos respectivos: empatía, compasión, afecto, tristeza, admiración, asombro, gratitud, felicidad, culpabilidad, vergüenza, indignación, desprecio. Hablamos de sentimientos cuando se siente que se siente y esa sensación permanece largo tiempo, aún toda la vida.

  1. Desde el punto de vista educativo: los seres humanos que reaccionamos automáticamente frente a ciertos estímulos (sexuales, de miedo, de ira), podemos regular y modular esas reacciones y la consiguiente respuesta.

Para esto, antes que nada, el ser humano debe tomar conciencia de sus emociones y sentimientos. Ponerle nombre a sus emociones, sean agradables o molestas, llámense ira, envidia, avaricia o deseo de dominar. Una tarea que no es, de por sí, automática, sino fruto de reflexión, aprendizaje y educación.

Ser concientes de las propias emociones y de su causa u origen. Asumir esas emociones como propias y decidir qué trámite darles, sea expresándolas verbalmente, sea actuándolas en forma conveniente.
Y estamos de lleno en la tarea de educar emociones y sentimientos
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Si los instintos y emociones básicos tienen sede en los dos cerebros primitivos animales, la conciencia la tiene en el lóbulo frontal y en la corteza cerebral; y por la interrelación de los circuitos neurales de todo el cerebro, mediante billones de conexiones entre el sistema límbico y la corteza, se puede producir un equilibrio individual y social. El desarrollo de este complejo equilibrio es la tarea de padres y educadores. La dificultad está en que el sistema límbico reacciona más rápidamente que la corteza, y en forma autónoma, de modo que la razón recibe el mensaje milésimas de segundo después, cuando ya los efectos se han producido, especialmente ante emociones fuertes e imprevistas, como ante ciertos ataques de ira o pánico, por ejemplo.

Repasemos lo visto hasta ahora:

– Determinados estímulos producen la reacción de las emociones que siempre se sienten y expresan en el cuerpo automáticamente.

– Las tempranas emociones conducen a la construcción de un conjunto concreto de mapas o estructuras neurales.

– Los mapas son la base del estado mental que pueden transformarse en sentimientos, sean positivos  de alegría, felicidad y sus variantes, o sean sentidos como negativos tales como angustia, miedo, culpabilidad y desesperación; sean constructivos de uno mismo y de los otros, o sean destructivos; sean de acercamiento y unión, o sean de rechazo y agresión.

Ahora bien, y muy importante: Los mapas asociados a la alegría, placer (felicidad) significan estados de equilibrio para el organismo y otorgan una mayor facilidad en la capacidad de actuar. Se hace fácilmente todo lo que agrada y otorga placer y felicidad.

Los mapas negativos relacionados con la tristeza, depresión, abulia, desinterés están asociados a un cuadro de desequilibrio funcional. Se reduce la facilidad de acción y aparecen síntomas de dolor, desgano, rechazo, malhumor, enfermedades o señales de conflicto.
Aquí tenemos una indicación muy importante para la educación, el estudio, la salud y el desarrollo de la personalidad:

–  Cuando se actúa con sentimientos de alegría, entusiasmo, placer y bienestar se logra el punto óptimo para mantener la salud y para cualquier actividad vital, desde las más primarias (comer con apetito, hacer deporte, dormir, tomar una medicación) hasta las más secundarias: estudiar, trabajar, cooperar, etc.

– Cuando los sentimientos son negativos (desestima, aburrimiento, apatía, agresividad, etc.) estamos en una situación de depresión, abulia y enfermedad. La vida pierde interés… Por eso, si no hay asombro por nuevos conocimientos, entusiasmo por aprender, vínculos agradables, ganas de triunfar, amor por lo que se estudia o se hace… la inteligencia no se moviliza (no se motiva) y cuánto más se le exige o castiga, menos responde. Es lo que se llama la “contra-inteligencia”: los sentimientos negativos bloquean el flujo de la energía psíquica que se vuelve contra el individuo y le provoca abulia, cansancio, stress, neurosis y otros síntomas de enfermedad síquica. O sea, el sujeto se auto-boicotea.

Entonces, ¿qué se puede hacer cuando los adolescentes y niños viven sentimientos negativos en la escuela o cuando “la clase es aburrida”? Es inútil exigirles que “estudien más y se porten bien” o darles técnicas de estudio o enviarlos al psicólogo o al psicopedagogo… El problema no es de falta de inteligencia. Es la falta de emociones y sentimientos positivos lo que provoca esos síntomas. Sin sentimientos positivos ni la inteligencia ni la voluntad (toma de decisiones) se estimulan lo suficiente.

Sólo hay, entonces, un camino para mejorar el nivel de aprendizaje: educar desde  sentimientos positivos. Educar desde vínculos positivos, con alegría y placer, con la dinámica del juego, desde la curiosidad y el asombro. Educar en una escuela “interesante” (que responda a los intereses de los educandos), con respuestas a los problemas de los chicos. Una escuela con contenidos “comestibles”.

Por lo tanto, una tarea fundamental de los educadores es la de corregir ciertos mapas cerebrales distorsionados, por ejemplo por una educación en el miedo (tan común en muchas familias y religiones) o por situaciones sociales, históricas y políticas que alimentaron descalificaciones, prejuicios,  odios “justificados”, y conflictos hipotéticos que generan un estado general de intranquilidad, miedo, depresión o rabia y violencia generalizadas.

En un terreno más cotidiano, todo maestro de los primeros ciclos y profesores de adolescentes saben con cuántos mapas distorsionados llegan los alumnos sobre la misma función de la escuela, o sobre tal profesor, o sobre temáticas como sexualidad,  convivencia, etc. que hacen tan difícil la tarea educativa que primero tiene que modificar esos mapas cerebrales y percepciones ya incorporadas.

Y por eso es tan difícil la reeducación de niños y adolescentes que transitan por el camino de la delincuencia, desde familias con situaciones de violencia o con experiencia de la droga desde temprana edad.

Corregir los mapas distorsionados de los educandos, pero también los nuestros, como que “sólo se educa con disciplina… el que no estudia es un vago… respeto y obediencia es lo que hace falta…” y muchos etcéteras más que nunca hemos cuestionado.

Lo mismo sucede con los mecanismos de los prejuicios de género, étnicos, religiosos o culturales. Mapas cerebrales (percepciones y juicios de valor) que llegan intactos desde siglos o milenios, son muy difíciles de modificar, y exigen nuevas percepciones, apertura mental, mucho diálogo y decisión para cambiar. Y sobre todo, tiempo y paciencia…

Concluimos entonces con Damasio: La reflexión inteligente sobre la relación entre fenómenos sociales y la experiencia de los sentimientos de alegría y pena (felicidad y dolor) parece indispensable para la actividad humana de diseñar sistemas de justicia y organización política.

Quizás más importante todavía, los sentimientos, en especial alegría y tristeza, pueden inspirar la creación de condiciones en ambientes físicos y culturales que promuevan la reducción del dolor y el aumento del bienestar para la sociedad.

      

CAPÍTULO II-  EL SER HUMANO EN ARMONÍA CON EL COSMOS

  1. TODA LA REALIDAD ES COSMOS EN EVOLUCIÓN

Como sabemos por  la evolución cósmica, el ser humano se halla en la tercera gran etapa de esa evolución que se inicia hace unos 14 o 15 mil millones de años en el big bang con la formación simultánea del espacio, el tiempo, la materia (especialmente átomos de hidrógeno y helio) y la energía (las observables y las oscuras); y se prolonga después con  la formación de las estrellas, galaxias y planetas, continuando con el origen de los seres vivos (hace 3.500 millones de años), su desarrollo y organización, para desembocar en el ser humano (hace unos 400.000 años) y quizás en otros seres inteligentes que desconocemos. Una evolución que lejos de haber finalizado, continúa constantemente en todos los niveles, incluidos en nosotros.

El Universo aparece como una gran familia originada del mismo huevo, de tal modo que todos los seres están constituidos por los mismos elementos aunque con distinta y variada organización. Desde el helio y el hidrógeno hasta la conciencia humana… todo se origina por un mismo proceso, derivando primero en seres inanimados y después en seres con vida, y éstos a su vez en monocelulares y policelulares,  y éstos en vegetales y animales; los animales en invertebrados y vertebrados, y estos últimos desembocando en una rama de mamíferos-simios que cristalizan en el ser humano.

Esta unidad del Universo que se desarrolla  en una múltiple Diversidad, hace que los seres humanos no solamente formemos parte del mismo sino que debamos asumir nuestra responsabilidad en su conservación y su perfeccionamiento. Pues, como bien dice La Conferencia de Estocolmo (1972):  “El hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente”.

Así el ser humano participa y trata de integrarse lo más armónicamente posible en tres dimensiones o círculos:

  1. a) lo cósmico o natural, desde hace 15.000 millones de años,
  2. b) lo biológico, hace 3.500 millones de años y
  3. c) lo específicamente humano o social, muy reciente hace unos 400-100 mil años.
  4.  EL HOMBRE, SER CÓSMICO EN ARMONÍA CON LA  NATURALEZA 

El cosmos  se nos presenta como un gran y misterioso proceso que avanza en el tiempo y en el espacio, no de una forma caótica sino condicionado por determinadas leyes universales (gravedad, electromagnetismo, etc.) que le permiten crecer y expandirse hacia la armonía, de lo contrario se produciría un  des-astre , un “caos” que destruiría el orden cósmico.

No se trata de un cosmos perfecto ni acabado, sino que se está haciendo en una permanente evolución que continúa en todos sus niveles, con un desarrollo marcado por una constante bipolaridad: con orden y desorden, construcción y destrucción, con elementos positivos y otros negativos, pero buscando siempre la armonía en la totalidad de todos sus componentes, y moviéndose constantemente… ¿hacia dónde?

Existe, pues, una permanente tendencia a la búsqueda de la armonía de los múltiples y distintos componentes (astros, vivientes, humanos), de acuerdo a ciertas leyes, asumiendo la condición bipolar.

Desde la física cuántica, sabemos que se trata de un universo misteriosamente interconectado como un gran organismo en el que las partículas sub-atómicas (cuantum) son los ladrillos con los que se construye absolutamente toda la realidad, incluida la humana. Somos parte de un Todo y sin ese todo no tenemos explicación de nuestra existencia.

El ser humano, pues, está sometido a ese gran proceso; no está afuera del Universo, es parte integrante de él. Y está sometido a las grandes fuerzas cósmicas: la gravitatoria, la electromagnética y las nucleares. Por ejemplo, la gravitatoria nos mantiene sobre la Tierra o nos hunde en el agua si no nadamos; la electromagnética tiene que ver con los fotones de luz que llegan a mi ojo y que excitan a los electrones de mi retina; la nuclear en los protones y neutrones que forman los núcleos de los átomos con los que estamos formados.

Y con la creación del cerebro, obra maestra del cosmos, el hombre resulta ser el mismo cosmos evolucionado que toma conciencia de sí mismo. Somos, pues, la conciencia del universo, y con ella podemos sentirlo y pensarlo, darle color y sonido.

Somos hijos del universo y al mismo tiempo sus “creadores” mediante la percepción subjetiva del mismo. Un cosmos interpretado desde nuestra mirada individual y cultural, y desde las muchas miradas culturales. Y también somos quienes podemos modificar a la naturaleza cósmica mediante la tecnología, la ciencia  y el trabajo. Es el ser humano, polvo de estrellas que ha adquirido dos cualidades esenciales y distintivas:

– conciencia (con un cerebro privilegiado de aproximadamente 1,300 kg)

– creatividad en libertad, que le permite escaparse de la pura vida automática e instintiva y crear esta maravillosa cultura en varios miles de años.

Somos un objeto del universo, compuesto de los mismos elementos cósmicos que toman forma en nuestro cuerpo físico y también en nuestra mente psíquica como una unidad. Cuerpo-materia que se transforma en energía-psiquis; cuerpo psíquico o cuerpo espiritualizado.

Por lo tanto, lo material y lo psíquico-espiritual no se oponen sino que se complementan, pues son las dos caras o aspectos bipolares de la misma realidad cósmica: lo psíquico emerge de lo físico, y lo físico se manifiesta en lo psíquico. Lo físico en movimiento genera energía, toda la energía, incluida la psíquica, mental y espiritual que surge de la materia cerebral.

Que ahora estemos leyendo y pensando es porque estamos conectados con las corrientes eléctricas de nuestro cerebro, pero también con la energía recibida en la comida, con los fotones del sol que la permitieron ser, con los átomos de hidrógeno explotando en el Sol y con una innumerable lista de otras relaciones. Ahora tomamos conciencia de la interconexión de todo.

En definitiva, los humanos somos seres surgidos de una evolución que aún no ha terminado, que nos preguntamos de dónde venimos pero también hacia dónde vamos, con una historia indisolublemente  unida a la historia del cosmos en la vida y en la muerte. Nacimos con el cosmos, con él crecemos y con él moriremos.

En este primer plano o círculo cósmico: los seres humanos

– somos todos iguales, con los mismos componentes y con el mismo origensin diferencias entre ricos y pobres, blancos o negros; con más de 60 elementos químicos (oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, azufre, sodio, cloro, hierro, cobre, zinc, yodo, aluminio, plomo, etc. etc.), que conforman el agua, las proteínas, los glúcidos y lípidos de nuestro cuerpo-materia. Un cuerpo que ocupa espacio, con peso y volumen, sometido al tiempo.

– con las mismas necesidades fundamentales, de aire (oxígeno), agua, calor (sol), nutrientes, etc.

– y sometidos a las mismas leyes cósmicas: de la gravedad, de la presión, de la fuerza, de la velocidad y movimiento, etc. y las de la física cuántica.

– y con los mismos derechos y deberes. Por lo tanto: con los mismos principios éticos. Estamos en unión con el cosmos, la madre original, no como simples observadores sino como parte integrante de esta gran familia. Somos, pues, responsables de nuestro macro-cuerpo-cósmico, hoy en deterioro constante. Así aparece nuestro primer derecho y primer deber:

–  derecho a existir con nuestra estructura cósmica (natural) utilizando los insumos que el mismo cosmos nos proporciona (agua, oxígeno, tierra, vegetación, etc.), y

–  deber de cuidar ese ambiente sano para nosotros y otras generaciones. Deber de cuidar y cuidarnos. Sin ese derecho morimos al instante; sin ese deber nos destruimos y comprometemos la vida de las futuras generaciones.

  1. UNA ESCUELA Y EDUCACIÓNEN ARMONÍA CON EL COSMOS

3.1.  En consonancia con las reflexiones del punto anterior, proponemos una escuela y una educación con estas características:

– Como todo el cosmos, también la educación se da a lo largo de un continuo proceso que busca un final, pero que se desarrolla en etapas evolutivas donde abundan los aciertos y desaciertos, los errores y éxitos, y las metas logradas o abortadas.

La bipolaridad está siempre presente en la educación y en la vida de cada uno, pues avanzamos de lo más informe a lo más formado, de lo menos desarrollado e incompleto a lo más desarrollado  y completo.

Por lo tanto, es una educación que “permite” el error (tenemos derecho a equivocarnos…) y respeta los tiempos de maduración de cada educando, tiempos que nunca son los mismos para cada uno. Una educación siempre en construcción, nunca acabada, en evolución constante.

Y también como sucede en la gran evolución, hay muchas maneras de realizarse, no existiendo un solo modelo. No hay modelo a repetir,  hay identidades que se van construyendo. Los educandos, al igual que los innumerables seres del cosmos, son muy variables en sus formas, características, capacidades y virtualidades; son únicos en su identidad, pero están al mismo tiempo interrelacionados en una comunidad (constelación, armonía de estrellas) por una trama compleja, jamás uniforme, que se integra a su vez con la galaxia de los educadores, también ellos distintos y únicos, pero interrelacionados.

Hay pues, una profunda interdependencia entre un individuo y otro, entre unos y otros; interdependencia que nunca suprime la originalidad de cada uno y siempre debe abstenerse de pretensiones de dominio sobre los otros masificando el conjunto. Y como mamíferos que somos…, nuestra interdependencia es más profunda y duradera.

-Y así como el Universo está regido por leyes que armonizan elementos tan dispares para que actúen solidariamente formando sistemas solares, galaxias, etc., así el conjunto de educadores y educandos tiene que aprender a regirse por leyes que no tengan más objetivo que armonizar las individualidades e intereses personales con el bien social.

En el cosmos observamos, por ejemplo, que el sol distribuye su luz  y su energía permitiendo la vida en la tierra, colaborando en ese proceso el aire con el oxígeno, las fuentes de ríos con sus aguas, la tierra con la riqueza de sus ingredientes, y así sucesivamente. Al mismo tiempo el sol se armoniza con los planetas que un día se desprendieron de su cuerpo formando un único “sistema” que nos señala las leyes físicas del movimiento, de las distancias,  los tiempos y las velocidades.

Este proceso cósmico demandó millones de años y se hizo con errores y desaciertos a los que llamamos precisamente “desastres”… No hace falta insistir, pues, que el proceso de armonizar a los seres humanos estará jalonado de continuos “desastres” tanto en la gran historia humana como en la pequeña historia de cada uno, de la  comunidad y también de la escuela.

La misma tierra en su proceso de 4 mil millones de años sufrió grandes cataclismos, exterminios de la vida y destrucciones constantes hasta lograr, por ejemplo, este período de relativa armonía y clima que nos permite precisamente vivir entre agradables primaveras y otoños, fríos inviernos y veraniegos calores, pero siempre amenazados por terremotos, volcanes, huracanes y tsunamis. Esa es la condición cósmica, y esa es la condición humana.

Armonizarnos nos cuesta el largo proceso de la educación, cuyo objetivo es precisamente ese: lograr nuestra armonía interior (entre fuerzas del instinto, sentimientos y dictados de la conciencia…) y la armonía con nuestros compañeros de viaje que muy a menudo más que compañeros parecen adversarios o enemigos.

En el cosmos nada es perfecto… no pretendamos la perfección en nosotros y en nuestro sistema educativo.

El cosmos, por lo tanto, no sólo es un objeto de conocimiento sino y, antes que nada, es la realidad que nos permite darnos cuenta de quiénes somos y cuál es el sentido de estar aquí con un cuerpo y una energía síquica que nos llega desde el origen mismo del universo. El devenir del cosmos nos abre a la esperanza y nos indica vagamente que puede haber un sentido con un final feliz.

Sintiendo al cosmos (a la naturaleza), emocionándonos y disfrutando de él, experimentándolo en su maravillosa expresión, variedad y unidad (por eso se la llama “uni” verso), es como iremos “aprendiendo” a ser personas humanas con nuestra propia identidad e íntimamente interconectados a la gran comunidad humana y cósmica.

En definitiva, tal como lo hizo la humanidad por miles de años conformando múltiples culturas, para educarnos no necesitamos edificios cerrados, libros ni computadores (simples medios auxiliares de apoyo para el conocimiento): nos basta observar nuestro cuerpo que lleva en sí todos los elementos cósmicos, y abrir el corazón con sus sentimientos y la mente con los sentidos para disfrutar y aprender del gran libro de la Naturaleza. No tapemos el sol ni obscurezcamos la naturaleza con techos y paredes… al menos abramos las ventanas para que la madre natura nos muestre sus encantos y secretos.

En síntesis: Haremos una Escuela y Educación:

– Abierta al cosmos, que vive la naturaleza, con asombro, curiosidad y amor. Que refleja el cosmos, que crece y se expansiona lo más armónicamente posible  pero asumiendo las tensiones y constante bipolaridad (salud y enfermedad, conocimiento e ignorancia, verdad y error, orden y desorden)

– Escuela que piensa y elabora una educación compleja en armonía con el cosmos, con nuestra naturaleza ambiental y corpórea, con leyes que impidan la autodestrucción, y con previsión del futuro; leyes que desarrollan la vida, y al mismo tiempo la protegen.

– Con una concepción holística, compleja e integral del universo; por tanto de la ciencia, de la antropología y de la educación. Es el final de todo reduccionismo y de toda arbitraria separación de los elementos que deben estar unidos. Es la relación de lo físico (macro y cuántico) con lo psíquico y social, de lo humano con lo cósmico, de lo individual con lo universal.

– En la búsqueda de un sentido a la vida y al universo todo. Es responder a un para qué del universo y de nuestra existencia en él. Esa es  la tarea de cada hombre y de la comunidad humana a lo largo de toda su existencia: armonizarse consigo mismo (cosmos interior), con la creación toda y con sus semejantes.

A esto llamamos Sabiduría de la vida o Espiritualidad

3.2.  Sugerencias y experiencias

  1. a) Todo comienza con emociones y sentimientos

Lo primero en educación es despertar y desarrollar las grandes Emociones, Sentimientos y después Actitudes que deben acompañar al proceso educativo y que son la base de las expresiones y conductas éticas. La contemplación de la naturaleza, lo más directa posible, ya desde el ambiente familiar, es la experiencia primaria más eficiente para este despertar y desarrollo:

.   Asombrarse y Emocionarse ante la naturaleza, sentirse invadidos por su grandiosidad, belleza y misterio. Develar ese misterio será el objetivo de las ciencias naturales.

Los niños son especialmente receptivos al misterio del cosmos expresado en el agua, el sol, la playa, las montañas, el cielo estrellado, la noche, los colores… Viven esos elementos y se mimetizan con ellos. Felizmente hoy vemos un gran despertar en los jóvenes y adultos por este contacto directo con la naturaleza, experiencia que nos armoniza y llena de paz y bienestar.

.  Desarrollar el amor a la naturaleza, comenzando por nuestro propio cuerpo y por el hábitat donde vivimos. Amor que es sentimiento de gratitud por todo lo que nos brinda (estamos  formados y nutridos por sus elementos) y que se traduce en el cuidado y protección de la misma.

Amor y cuidado de nuestro ser cósmico integral (cuerpo-psíquico), con salud integral, higiene corporal y ambiental. El amor a uno mismo y a la naturaleza, principio básico de una vida armoniosa.

.   Asombro ante la estética y belleza del cosmos que deriva en  la estética de la casa familiar y de la escuela. Casa y Escuela, nuestro hábitat, que sean reflejo de la armonía del universo, de su belleza, de su silencio, de sus sonidos y colores. Qué importante es un hábitat agradable, bello y placentero; una escuela hermosa en sus formas y colores, a lo que contribuyen los propios educandos con sus ideas y aportes.

La educación estética comienza allí en el disfrute de la belleza de la naturaleza, en sus formas caprichosas, en sus variadísimos colores y sonidos, y en sus llamativos contrastes de luz y sombra, sonidos y silencio, dia y noche.

. Estos sentimientos profundos son la base de las actitudes éticas que hay que desarrollar en la educación. Hablamos de la educación ambiental, de la Ética cósmica o ambiental, un tema harto descuidado en Occidente (gran destructor de la naturaleza) y que hoy es prioritario y sobre el que existen importantes documentos de Naciones Unidas con objetivos y sugerencias concretas.

Para estos puntos:

– Reconocer nuestro cuerpo y los cuidados necesarios para mantener la salud con aire puro, agua no contaminada, alimentación sana, higiene, ejercicio corporal y aprendizaje intelectual, etc. Algo muy descuidado en familia y escuela: aprender a respirar diafragmáticamente tal como lo hacen los animales mamíferos y los bebés: el oxígeno es nuestra vida y equilibra tanto el sistema nervioso como todo nuestro organismo.

Prevenir sobre riesgos físicos y ambientales. Ver esto según las diversas edades, sexo y ambiente cultural.

Desarrollar diversas actividades en las que todo esto se aprenda lo más espontáneamente posible; por ejemplo, mediante campamentos educativos en medio de la naturaleza, con observaciones de la naturaleza aún del cielo nocturno.

Recordar que lo primero es despertar el sentimiento que inspiran, lo que lleva a interiorizarse por los respectivos secretos, leyes y demás conocimientos. En las ciudades siempre existen plazas, jardines, parques, etc. que cumplen muy bien estos objetivos propuestos.

Los campamentos también brindan la ocasión para sentir las emociones de la convivencia y descubrir las muchas necesidades corporales y dificultades en el trato corporal.

– Desarrollar  en todas estas actividades escolares o extra-escolares  la respiración y relajación acompañadas con la reflexión y la meditación. En la naturaleza hay silencio: mimetizarse con él y aprender a escuchar ese silencio, a sentir y expresar lo que se siente. Tener en cuenta que los niños aún los más pequeños son capaces de meditar, sentir y expresar sus emociones.

En fin: que los educandos aprendan a observar, a admirar, a contemplar, a sentir, a sentir que sienten, a quedarse en silencio contemplando, a mirarse a sí mismos, a sentirse integrados con toda la naturaleza cósmica y humana.

– Realizar un diagnóstico ambiental tanto de la escuela como del barrio o ciudad de los educandos. Tener en cuenta sobre todo los muchos elementos del medio ambiente que no son renovables, por ejemplo, el agua, la tierra fértil, los bosques, etc.

– Después analizar con los educandos las variadas formas de cuidar el medio ambiente, la flora y fauna, el agua y el aire, comenzando por la propia casa, barrio y escuela. Cuidar el medio ambiente es cuidar la propia vida y la vida de las generaciones futuras.

  1. b) Interiorizar la naturaleza y el cosmos mediante reflexión y conocimientos

De esta contemplación que despierta el asombro y de tantos sentimientos positivos surgen naturalmente en la escuela los Temas de conocimiento y asombro (las Asignaturas o Materias) que van reconociendo diversos aspectos del cosmos, de su constitución y de sus leyes. No son temas impuestos por un frío programa… son temas motivados por las emociones, sentimientos y actitudes que inspiran la contemplación de la naturaleza, incluido el propio cuerpo.

Del amor a la naturaleza surge el deseo (motivación) de comprenderlo y develar sus secretos. Recordar que el cuerpo humano, es materia cósmica, cuyas leyes y secretos nos permiten vivir más sanamente.

Varias son las asignaturas que ayudan en este proceso. Por ejemplo (con conocimientos adaptados a cada edad):

La geografía y las ciencias naturales que ayudan a reconocer el medio ambiente, nuestro hábitat. Además, las ciencias naturales nos orientan al conocimiento del cuerpo, sus componentes y elementos; sus órganos y funciones; su conexión con la naturaleza que provee de alimentos indispensables: oxígeno, aire, agua, nutrientes de la tierra… Descubrir al cuerpo como un microcosmos, polvo de estrellas en evolución.

La cosmología y astronomía, la física macro y la física cuántica introducen al maravilloso mundo del macro y microcosmos;

Las matemáticas y geometría surgidas de la milenaria observación del universo, descubriendo sus leyes organizadoras; leyes sobre el tiempo y el espacio, sobre sus formas y dimensiones, cantidades, peso y volúmenes de los objetos, etc.

El análisis y estudio del espacio cósmico nos hace descubrir que todo es Uno, que la materia y la energía son faces de la misma realidad, como también el cuerpo y el espíritu humano son dos formas de una misma realidad cósmica vital. Del cuerpo material (especialmente del cerebro) surgen las percepciones visuales y auditivas; también las emociones y sentimientos, aún los más profundos, como incluso nuestras ideas y el mismo lenguaje. Si todo el universo es materia y energía en unidad e interrelación, también el ser humano es cuerpo y psiquis, materia y energía o espíritu en constante interdependencia.

Las actividades artísticas surgen espontáneamente de la percepción sensorial y emotiva de los colores, formas y sonidos de la naturaleza. El arte no es una copia de la naturaleza sino una expresión subjetiva de la misma; y es el fruto de las emociones y de la creatividad expresiva.

-Todo esto requiere: Una educación en la complejidad (la realidad natural y cultural es compleja) con trabajo en equipo, inter-disciplinario, en diálogo constante, en una tarea creativa, con un proceso de unificación e integración de los sentimientos, conocimientos y experiencias.

Recojamos, finalmente esta recomendación del año 2000 de la Carta de la Tierra: El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos    con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y    con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.

 

CAPÍTULO III- EL HOMBRE, SER VIVIENTE EN  ARMONÍA CON LA VIDA

A-  LA SEGUNDA ETAPA EN NUESTRA EVOLUCIÓN: LA VIDA

Los humanos somos seres vivientes, de la gran familia biológica, hermanos de vegetales y animales. La vida, surgida en la tierra hace 3.500 millones de años (cuando ya el cosmos llevaba unos 10 mil millones de años), es un maravilloso misterio que aún la ciencia no ha develado, aunque conocemos sus expresiones. Y los seres humanos formamos parte de ese misterio…

Y como no hay seres vivientes aislados, ya que necesitan de otros para nacer, crecer, alimentarse, defenderse y desarrollarse, lo distintivo de los seres vivos en cuanto tales es que son necesariamente sociales, interrelacionados, altruistas y solidarios entre sí.

Hay, pues, una ética biológica que tiene este principio fundamental: cuidar y defender la propia vida y la de los “otros” con quienes existe una mutua dependencia.

Sin armonía en esa organización social los seres vivientes se destruyen y mueren. La esencia de la vida es, pues, la intercomunicación en un conjunto armónico. De esta manera  la comprensión del mundo biológico nos muestra que también la vida humana está sostenida por la misma concepción ética, pues nuestra condición humana sólo se realiza en el encuentro del ser individual con otros con quienes se conforma un ser social. Somos individuos  interrelacionados; somos persona humana en la medida en que nuestra sociabilidad aparece y se desarrolla.

Por lo tanto, si el nacimiento y el desarrollo individual dependen de la interacción social, también la formación y la educación de las etapas sucesivas sólo puede existir en la interconexión social cuya primera expresión humana es la familia, cualquiera sea su forma cultural, ese lugar donde debiera aprenderse a relacionarse desde vínculos afectivos y sentimientos positivos. Allí se aprende que nuestra vida sólo es posible si se vive armónicamente con los demás y para los demás.

Y este es un mandato biológico anterior a cualquier otra instancia cultural, espiritual o religiosa. Como seres dotados de vida, somos necesariamente sociales, y la sociabilidad marca nuestro ser como personas humanas. La cultura y la educación desarrollan esa sociabilidad, profundizando en el amor biológico y dotándolo de aquellas características propias de cada  comunidad.

Bien lo expresa el biólogo y educador chileno Humberto Maturana, cuyas ideas retomamos en estas reflexiones: “El amor, o si no queremos usar esta palabra fuerte, la aceptación del otro junto a uno en la convivencia es el fundamento biológico del fenómeno socialSin amor no hay socialización ni hay humanidad.”

El amor al otro “aceptándolo en la convivencia”, comienza a aflorar entonces como  una expansión de los impulsos naturales de altruismo comunitario, precisamente como la condición necesaria de lo social. Los seres vivos son necesariamente solidarios como condición absoluta para existir y desarrollarse.

Los estudios científicos confirman que ni la comunicación, ni los símbolos, ni los rituales, como tampoco las emociones,  son exclusivamente humanos sino que tienen raíces que se remontan a etapas lejanas de la evolución de las especies. Basta observar el comportamiento de numerosas especies de animales, especialmente mamíferos, para darnos cuenta de que existe un “amor biológico” que en muchos casos supera ampliamente ciertos comportamientos humanos.

Por cierto, la sociabilidad humana tiene una mayor complejidad, no sólo porque el ser humano es consciente de sus procesos, sino también porque al no regirse exclusivamente por el solo dictado de los instintos, tiene la opción libre de alterarlos, sea perfeccionándolos sea, lamentablemente, deteriorándolos mucho más allá del mandato instintivo.

Por eso, hoy, la sociabilidad y el altruismo, de por sí frutos del amor y del respeto al otro, se han transformado en uno de los problemas más complejos de la educación y de la vida misma de la humanidad.

Hoy comprobamos que a medida que avanza la evolución hacia el ser humano desde los reptiles, mamíferos y simios, cada etapa evolutiva mantiene las características anteriores y avanza al mismo tiempo hacia una nueva. Así tenemos prácticamente el mismo cuerpo biológico-orgánico que nuestros antecesores animales, y mantenemos sus instintos, tanto los de conservación de la vida como de la especie, y sus emociones básicas (de defensa y ataque, miedo, tristeza, alegría). Todo lo cual se traduce en nuestro cerebro triúnico que conserva las grandes etapas evolutivas:

-la instintiva y la emocional, comunes a los animales, en el cerebro más primitivo o reptiliano y en el sistema límbico de los mamíferos.

– en el cerebro racional –lóbulo frontal y corteza cerebral- elaborando sentimientos, razonamientos y decisiones.

Armonizar esas instancias (instintos, emociones, sentimientos, razón) es la difícil tarea que nos ocupa durante toda la vida. Y es el gran aprendizaje humano. Tal como lo observamos en el punto anterior sobre la evolución cósmica, también la evolución biológica, social y humana está lejos de ser perfecta y siempre positiva, pues la bipolaridad es una constante que nos acompaña y nos complica la vida.

Por eso el ser humano no se rige solamente por el instinto de vida y conservación, pues tiene la capacidad de construir pero también de destruirse y destruir a los otros; de amar y odiar; de comunicarse sexualmente desde el amor y la ternura u oprimir, prostituirse o ser esclavizado; de buscar la verdad o esconderse en la mentira; de organizarse socialmente en forma armónica o de entrar en una espiral de incomprensiones, odios, guerras y destrucción.

Por todo lo cual, la sociabilidad humana tiene la característica de algo que se debe aprender. Es la tarea que ya lleva invertidos varios miles de años, pero ¿ha aprendido el ser humano a vivir con los otros en armonía, a pesar de las diferencias étnicas, culturales, de sexo, religión o lengua? ¿Cuál es la realidad que nos muestra el mundo actual?…

¿Y han comprendido los educadores que éste es el principal aprendizaje de toda educación, escolar o no escolar? Toda nuestra educación tradicional que aún está presente con sus mandatos en la mayoría de las instituciones de educación primaria, secundaria y terciaria, confunden, a pesar de sus declamaciones teóricas, la instrucción y la simple transmisión de conocimientos con la “educación”.

El resultado está a la vista: aumentan los conocimientos y las tecnologías pero la educación para vivir armoniosamente, o sea para VIVIR, sigue ausente. Se enseñan ciencias, pero los educandos no aprenden a vivir desde los buenos sentimientos; y en todo caso la única preocupación está en evitarse y reprimirse las constantes expresiones negativas de agresividad social, cada día más frecuentes y más graves, incluso entre niños y adolescentes, aún dentro de la misma escuela.

Lo increíble de esta paradoja que se plantean muchos educadores que imaginan a la escuela como una “empresa” de repartir conocimientos y recelan de todo lo que suene a emocionalidad, alegría y afectos, es que la educación para la vida armónicamente sociable y desarrollada afectivamente, lejos de oponerse a los conocimientos racionales y a las ciencias, es la mejor motivación para adquirirlos. Porque el educando que goza al vivir en la escuela y se mueve con sanos sentimientos altruistas tiene la mejor motivación para cuidar su vida y para sentirse útil socialmente desarrollando todas sus capacidades.

De esta forma los conocimientos y las tecnologías (obsesión de tantas escuelas y gobiernos) se transforman en Medios o Instrumentos para vivir mejor, y no en fines de la educación. No estamos en el mundo para estudiar… y llenarnos la cabeza de nociones y conceptos, tecnologías y aparatos; en todo caso, estamos para aprender a vivir, desarrollarnos y ser felices, y a ese fin contribuyen también los  conocimientos, los estudios, las técnicas, etc.

De allí mi propuesta de educar para la “vida” y en armonía con la vida, comenzando por la misma vida “biológica natural” que es la base y el sustento de la vida social, psíquica, racional y espiritual.

Los seres humanos no somos racionalidades abstractas; somos antes que nada seres de la familia biológica, con un cuerpo orgánico que tiene sus leyes y necesidades; leyes y necesidades que hoy la vida “moderna” viola sistemáticamente, lo que se traduce en un sinfín de enfermedades psico-somáticas y conflictos.

Y dentro de la gran familia biológica animal, pertenecemos a la especie de los mamíferos, cuya reproducción basada en la placenta permite una más larga e íntima asociación entre la cría y la madre. Relación íntima que se prolonga en el amamantamiento por el cual no solo maman y se alimentan cuando pequeños, sino que aprenden e incorporan al mamar de su madre ese vínculo que se sostiene en el afecto y en el alimento.

El dar la mama a los bebés, es mucho más que dar la leche; es establecer las bases de un vínculo afectivo que perdurará para siempre y que será el modelo o matriz de todos los vínculos futuros. Los mamíferos nos alimentamos y crecemos vinculados por el contacto físico afectivo y sintiendo la emoción del placer en ese vínculo.

Y este es el esquema básico de la educaciónalimentar el cuerpo físico-psíquico-espiritual desde un vínculo afectivo que provoca placer.

Curiosamente el término alumno proviene de la palabra latina alere (alumnus) que significa alimentar, nutrir. Por eso siempre necesitaremos ese vínculo y esa relación social mientras crecemos,  nos educamos y durante toda la vida: recibir alimentos, protección, educación,  conocimientos,  y relacionarnos con los otros siempre desde un vínculo afectivo, desde un contacto físico, con acercamientos, con miradas, con lenguaje, con símbolos. Al aprender a recibir desde el vínculo afectivo, aprendemos también a dar desde ese mismo vínculo.

De allí la importancia que tiene la familia y la escuela como lugares de experiencias mamíferas, donde el afecto sano y bien expresado se aprende no desde una teoría sino en la misma relación vincular. Educadores (padres o docentes) con buenos sentimientos y sanamente afectuosos, generan educandos con buenos sentimientos. Así de simple. Esta es la ley fundamental de la pedagogía, ley que no está escrita en los libros sino inserta en nuestra misma naturaleza humana de seres biológico-sociales-mamíferos.

Precisamente nuestros hermanos (olvidados), los vegetales y animales, nos muestran ese camino sano de la vida: bien vinculados con los otros se vive mejor. Un vivir cuyas leyes fundamentales ellos saben cumplirlas: sin apuros, sin ansiedades, sin tensiones, respetando los ritmos vitales y los tiempos diurnos y nocturnos; alimentándose sanamente y dejando alimentos para los otros, sin acumular de más; durmiendo las horas necesarias, resguardándose de las inclemencias del tiempo, protegiéndose mutuamente, etc.

Hemos olvidado lo esencial de la vida de los mamíferos, tal como lo vemos en gatitos, perritos y en nuestros bebés. Hay 5 actividades fundamentales que realizan para su vida armónica, las cinco con placer y produciendo placer. Sin esa base biológica no hay felicidad posible. Las cinco son:

  1. La más importante: respirar lentamente en forma abdominal o diafragmática, para absorber nuestro elemento vital: el oxígeno. Toda nuestra vida y el equilibrio orgánico y cerebral dependen de ese oxígeno. Esa respiración es nuestro primer gran placer.
  2. Alimentarse (líquidos y sólidos) en forma tranquila y placentera. Y qué placer …
  3. Eliminar del cuerpo lo que no se absorbe y es tóxico: excretar, orinar, sudar.
  4. Dormir las 8 horas necesarias para obtener el descanso necesario … Y qué placentero …
  5. Finalmente: vida afectiva con la madre y demás miembros de la familia desde el contacto, la palabra, etc. Y de mayores: vida sexual plena … Culminación del placer mamífero …

 

Lamentablemente hoy estamos perdiendo lo más elemental de la vida biológica: la mayoría de la gente respira ansiosamente, no sabe dormir salvo con pastillas, no descansa lo suficiente porque se tienen “tantas ocupaciones”; se come mal y a las apuradas con graves problemas gastrointestinales, e incluso hasta la vida sexual merma o se sostiene por la simple ansiedad;  y aún la más elemental convivencia se vuelve “insoportable”. Por su parte, las relaciones humanas de encuentro se transforman en simples “contactos virtuales” tan intrascendentes como anodinas.

Enfermedades del corazón, del estómago, del hígado, de la columna, etc. nos indican a gritos que estamos descuidando gravemente nuestra vida “biológica”, lo más elemental y básico del ser “humano”, vida biológica que a su vez nos permite desarrollar nuestra vida sentimental, intelectual, artística, etc. y, por supuesto, también la espiritual en su máxima expresión.

No olvidemos que el cerebro es parte esencial de nuestra biología, y toda nuestra vida depende de su buen funcionamiento, que a su vez depende de una buena respiración, irrigación sanguínea, alimentación sana, descanso y vida afectiva y sexual. Cuando el cuidado corporal se descuida, automáticamente se descuida el crecimiento psíquico y espiritual.

Bien recordamos un lema de la sabiduría romana: Mens sana in corpore sano… En realidad el poeta  romano Juvenal en el siglo I  escribió: “Se debe orar para que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano” Todo un ideario de vida de la antigüedad clásica… ¿podrá ser el nuestro?

Desde mi rol de psicólogo cada día constato más que el vértigo y la ansiedad de la sociedad moderna y los siempre continuos conflictos sociales y económicos atentan gravemente contra el sistema biológico humano provocando el mal de nuestra época: ansiedad, stress, pánico, mal humor, desgano, falta de sentido de la vida. Nuestra biología ya no soporta tantas exigencias y presiones, pues la misma sociedad que debiera protegernos es la que nos agrede y enferma con sus continuas demandas para el exclusivo servicio del “estado” (los pocos dueños del poder) con sus exigencias, urgencias, horarios, fiscalizaciones y reclamos de nunca acabar.

Porque lo dramático es que la misma sociedad, el mismo Estado que proclama los derechos humanos y los derechos del niño es el que viola sistemáticamente esos derechos de tantos niños y adolescentes que nacen y crecen sin alimentación sana, sin protección social, en barrios y casas altamente contaminados y antihigiénicos, en medio del ruido y de la vorágine ininterrumpida, cuando no viviendo en la calle y víctimas de la violencia y de los vicios que asolan nuestra sociedad.

Cómo pedirles que concurran a la escuela “para educarse” si han sido agredidos por la sociedad desde su nacimiento; cómo pedirles que crean en los adultos, si son los adultos los que maltratan su inocencia y generan una sociedad donde solo vale la competencia, la rivalidad y las agresiones, sin el menor aprecio por los sentimientos y las actitudes de solidaridad y justicia. Y no estoy hablando del respeto a los altos valores culturales o religiosos, estoy pidiendo simplemente que nuestros niños y adolescentes sean tratados según su naturaleza biológica, al menos como las flores silvestres y los pajarillos del bosque.

El mismo sistema pedagógico suele atentar a menudo contra el orden biológico de múltiples formas. Por ejemplo:

  • Atendiendo casi exclusivamente al desarrollo mental y racional, desvalorizando las instancias biológicas-animales-instintivas.
  • Exigiendo horarios incompatibles con los niños para levantarse, acceder a la escuela, o permanecer un tiempo excesivo en la misma.
  • No contemplar las inclemencias del tiempo (frío, calor, tormentas, etc.), pues todo se subordina a la disciplina institucional. ¿Tiene sentido ir a la escuela con temperaturas que rondan los cero grado o se acercan a los 40 como sucede en nuestros países?
  • Descuidar las necesidades emocionales y lúdicas de los educandos, consideradas más bien como estorbos para el aprendizaje escolar.
  • O exigiendo a los niños y adolescentes pasar largas horas sentados e inmóviles en sus pupitres..

El sistema educativo no necesita grandes revoluciones tecnológicas, aulas super-especializadas ni sofisticadas computadoras en manos de los educandos. El gran cambio que se necesita es que los educandos sean reconocidos como lo que son: cuerpos vivientes cuyo alimento fundamental es el afecto en un ambiente sano y placentero.

B- UNA EDUCACIÓN Y UNA ESCUELA EN ARMONÍA CON LA VIDA Y CON TODOS LOS  VIVIENTES 

  1. a) Educación de losSentimientos y actitudes ante la vida

Como en todos los demás aspectos y contenidos de la educación, también en una educación armoniosa con la Vida, lo primero es despertar y desarrollar los sentimientos que nos inspira la vida en sus muchas variables, y en especial ante el propio cuerpo viviente. Los sentimientos nos mueven a actitudes positivas y al deseo de conocer más todo eso que nos asombra y a lo que amamos. Y los sentimientos se despiertan y desarrollan,  no desde discursos y teorías, sino desde una experiencia que se vive. Por lo tanto:

– La Escuela (y la Familia) se debe presentar ante el educando como un ambiente que ama la vida, respetuosa de vegetales, animales y de toda forma de vida. Que disfruta de los árboles, del bosque, de las flores; que los protege y cuida. Que tiene su jardín o huerta a cargo de los educandos. Que cuida y protege a los animales domésticos y a toda expresión de vida.

En esa escuela los niños y adolescentes aprenden a vivir con la serena compañía de plantas y flores de cuyo cuidado se ocupan, admirando desde la pequeñez de las semillas hasta el milagro de su nacimiento y toda la evolución que culmina en algo bello y agradable, colorido y perfumado, flores y frutos.

Y cómo se desarrollan sus sentidos al percibirlos, cuántas emociones sienten y cuántas preguntas se hacen para comprender sus procesos físico-químicos. No es ningún misterio que especialmente los niños son particularmente sensibles ante la naturaleza viva, particularmente ante los animales y el follaje florido.

Ahora que las ciencias y las tecnologías informáticas (incluidos muchos programas televisivos) nos permiten observar la infinita variedad de especies vegetales y animales de todas las geografías, qué maravilloso y asombroso aparece su mundo, cuánta variedad de formas, colores y sonidos; y qué increíbles los aprendizajes que los animales tuvieron que hacer en millones de años para desarrollarse, para aprender a caminar o volar, para ver o detectar alimentos y peligros, para percibir colores o sonidos que ni el mismo ser humano registra; para adaptarse al frío, a la humedad, al calor, a las aguas profundas de los océanos o al desierto, etc.

Es un mundo maravilloso ante el cual sólo nos queda sentirlo desde el asombro… sorpresa, admiración… esa emoción que nos moviliza para apreciarlo, amarlo,  cuidarlo, descubrirlo  y conocerlo. Sin asombro no hay preguntas ni deseo de conocer, no hay una visión personal e íntima del mundo. Sin asombro no hay ciencia ni filosofía, no hay verdadero conocimiento. Hay repetición y aburrimiento.

Reitero: lo importante no es el conocer racional y abstracto, el conocimiento por el conocimiento, el conocer para el examen, sino el asombro, la empatía, la emoción en la cercanía y en el mismo proceso de una evolución cuyo éxito depende de todos, vegetales, animales y humanos.

Las plantas y los eventuales animales que nos rodean (gatitos, perritos, pececillos, pájaros, tortugas, conejos, etc.) son el espejo de nuestra propia existencia como seres biológicos, al margen de que se los tenga como “mascotas” de compañía. No sólo los vemos comer y respirar como nosotros (en realidad respiran mejor que nosotros… diafragmáticamente), sino que nos sorprendemos al detectar su rica sensibilidad, sus emociones de alegría o tristeza, el deseo de acompañarnos y el sufrir en las despedidas, cómo aprenden a cuidarnos e incluso defendernos.

Sólo amándolos es como aprendemos a conocerlos y cuidarlos. Amándolos y conociéndolos, aprendemos desde esa experiencia a amarnos y conocernos, porque el objetivo de las llamadas ciencias biológicas no es “conocer la biología” de vegetales, animales y humanos, sino amarlos y respetarlos, porque somos hermanos de la misma familia. Podemos interconectarnos para un beneficio común, e incluso alimentarnos de los vegetales y de ciertos animales, mientras que los cuidamos y procuramos su sustento.

Y toda la gran familia biológica tiene su futuro ligado a esta sana armonía; descuidándola y destruyéndola, nos destruimos inexorablemente, como ya está sucediendo por la interconexión entre los vegetales y la atmósfera, por ejemplo. Lamentablemente los humanos hemos sido y aún somos los grandes depredadores y destructores de la vida vegetal y animal, y ya sufrimos sus graves consecuencias.

– La Escuela (en sus varios niveles, y la familia) para poder educar tiene que ser la comunidad que ama, respeta y valora al educando “como un cuerpo vivo y viviente”, que hoy llega después de una larga evolución de millones de años. Llega después de 14 mil millones de años, no como uno más, sino como un actor único que tiene algo que decir y hacer.

Admiración y asombro ante esta maravilla que demandó varios miles de millones de años para llegar a ser, de un simple polvo cósmico, un organismo que supera a todos los otros seres vivientes, cuyas virtualidades posee, alcanzando el desarrollo biológico en su máxima expresión con un cerebro cuya organización recién estamos descubriendo; cerebro con sus más de diez mil millones de neuronas necesarias e imprescindibles para un sin número de funciones, disponiendo cada neurona de mil a diez mil sinapsis o conexiones con las neuronas adyacentes. Un cerebro que nos permite desde sentir un perfume hasta lograr los más profundos pensamientos filosóficos y religiosos o descubrimientos científicos; desde percibir el calor ambiental hasta formular  emociones y sentimientos con un lenguaje múltiple y variado en sus formas.

Este maravilloso cuerpo viviente tiene determinadas necesidades específicamente corporales-materiales y otras necesidades psíquicas-sociales (que analizaremos detenidamente en el próximo capítulo). Entre ellas, respiración pura y abundante (es lo primero) de alimentación sana, de vestimenta y vivienda adecuadas, etc. pero siempre y en todo caso de un ambiente afectivo “social” sano de vida adulta, a cuya imagen se irá desarrollando.

En ese ambiente los niños (nenes, pequeños…) y adolescentes (“los que están creciendo”) aprenderán a vivir según el modelo o estilo de vida que experimenten diariamente. Pero  no recibirán pasivamente ese modelo de vida, sino que tienen la capacidad de descubrir por sí mismos las ventajas y desventajas de la impronta adulta, haciendo sus propias correcciones y adaptaciones.

Sobre la base de lo heredado por el desarrollo biológico y de los primeros influjos del ambiente cultural, los educandos construirán su propio proyecto de personas, aunque ciertos modelos educativos harán esfuerzos increíbles para “uniformarlos” en un único modelo standard.

El cuerpo vivo de los educandos procesa todo lo que recibe del exterior, y los niños y adolescentes actuales lo hacen en un grado muy relevante, con un gran sentido de autonomía e incluso de rechazo que nos sorprende.

Como también procesan lo que les llega de su interior, sensaciones corporales, estados de salud o enfermedad, emociones agradables y desagradables, sentimientos variados y más profundos y permanentes, y deseos instintivos que los confunden y confunden a los mismos educadores, cuya primera tarea será ayudarlos, desde su propia experiencia, a reconocerlos, interpretarlos y armonizarlos.

Los educandos son cuerpos vivientes en constante evolución y ebullición, con leves mesetas de tranquilidad que se rompen con picos de crisis que generan esa típica ansiedad de existir como seres humanos crecientes, a los que la psicología evolutiva intenta describir acertadamente, aunque nunca definitivamente; porque la misma cultura al evolucionar genera cambios en las etapas madurativas de los educandos, sea acelerando esos cambios, sea retardándolos, sea modificándolos significativamente.

Baste observar la influencia determinante de los medios masivos de comunicación, las redes sociales y los aparatos electrónicos en el habla de los niños y adolescentes, en sus juegos y diversiones, en sus fantasías, en sus relaciones intersexuales o en la valoración y cuidado de sus cuerpos, como también en su mayor espontaneidad, autonomía y desparpajo.

Así la escuela, lejos de ser una institución definitiva y conservadora es más bien un tren con un andar permanente que se mueve a muy variadas velocidades y que recorre las diversas estaciones hacia un lejano final que parece nunca alcanzarse. Paradójicamente, lo único “conservador” es el cambio y el movimiento constante.

–  El educando es un cuerpo vivo que habla y se expresa a través de todo su cuerpo. La escuela debe escucharlo en todos esos lenguajes y aprender a interpretarlos correctamente. Reconocer al educando como un cuerpo viviente significa aprender a escuchar a ese cuerpo en todos sus lenguajes específicamente biológicos. Antes que el niño aprenda el lenguaje cultural y sus reglas de dicción o escritura, ya desde su nacimiento tiene un rico abanico de expresiones para comunicarse. Entre ellas:

El cuerpo en su expresión externa es el primer lenguaje cuyos significados aprendemos: si está relajado o tenso, si cálido o frío, si se mueve o está inmóvil. Los educandos expresan el tedio o aburrimiento con un esquema corporal; como también el no querer comunicarse, el aislarse, el estar ansiosos, cansados, exultantes, tristes o alegres.

Los educadores deben entender ese lenguaje y no reprimirlo, exigiendo posturas que no corresponden a la realidad interna que el sujeto vive. No exigir, por ejemplo, el “demostrar interés” cuando el cuerpo señala aburrimiento o cansancio. Si se lee ese mensaje, es el educador quien debe cambiar su forma de relacionarse para provocar el cambio correspondiente.

En este sentido el “silencio” del cuerpo puede tener muchos significados: atención o reflexión, pero también miedo o desinterés. Los grupos y sociedades que “no expresan lo que sienten”, en realidad pueden estar expresando resignación, rabia contenida o profundo desinterés, miedo a las amenazas y reprimendas, etc.

. El cuerpo se expresa mediante el lenguaje de las emociones, siendo el llanto y la sonrisa las primeras manifestaciones que revelan el estado de ánimo del sujeto. También en este caso, el lenguaje debe ser interpretado, pues el llanto, por ejemplo, puede expresar dolor físico, hambre o sed, sueño, cansancio, pero también emoción profunda, pérdidas, crisis nerviosas, etc. También registramos llantos de rabia, de impotencia, de odio, pero también de soledad y carencia afectiva.

Las emociones siempre se expresan externamente a través del cuerpo de muchas maneras: tensiones físicas (en el rostro, en las manos, en hombros y espaldas, en el estómago o intestinos, etc.), ademanes, tonos de voz, gritos, saltos, inhibiciones, rubor de la piel o palidez, etc. etc.

Una escuela o familia que no sabe leer todos estos signos nunca entenderá a los educandos que se sentirán abandonados e incomprendidos a pesar de las muchas palabras que se les digan.

. Al mismo tiempo los educadores deben aprender a expresarse ellos mismos con todo su cuerpo para que su “mensaje” verbal, si existe, sea coherente con el mensaje corporal. Y también expresarse verbalmente en silencio, pero con un mensaje corporal afectivo mucho más eficiente, como puede ser una mirada comprensiva, tierna y atenta, un abrazo, etc.

Insisto en la mirada y en la postura corporal del educador: todo reflejando interés, respeto, empatía. Conocemos de sobra posturas, ademanes y tonos de voz específicos de los cuarteles y de las cárceles que todavía se emplean en ciertas escuelas.

También la imagen corporal del grupo transmite un mensaje: no es lo mismo hablar de pie a los educandos sentados en filas, que estar todos sentados en un círculo expresando así mayor igualdad, cercanía y participación. La disposición de las “aulas” y su imagen física no es un dato menor en educación, como asimismo su forma y colorido, o su falta de color, etc. El aula física, cuerpo integral, puede expresar alegría, serenidad, acogida o indiferencia, anonimato, familia o cuartel.

. Hoy, si queremos hacer una educación integral, debemos incorporar a la educación todos los lenguajes del cuerpo viviente que, a su vez, encontrarán una traducción en las lenguas culturales, orales y escritas, que conforman la base convencional-unificada para el intercambio y la vida social.

Pero si queremos que el lenguaje verbal o escrito sea expresivo del ser humano, debemos primero aprender el lenguaje del cuerpo con sus expresiones, emociones y sentimientos, que en los seres humanos (no así en los animales) encuentra después una determinada re-formulación específica en cada cultura o subcultura particular por medio del “habla”. Mientras que el lenguaje corporal es universalmente comprendido en sus expresiones y significados sin un aprendizaje previo, el habla o lenguaje cultural es convencional y comprendido por cada grupo que aprendió su estructura específica.

. El cuerpo viviente expresa tanto el bienestar como el malestar, la salud como la enfermedad mediante las sensaciones corporales y el funcionamiento de los órganos. Todos conocemos las sensaciones de bienestar, ese termómetro que señala el buen estado de nuestro cuerpo. Pero tenemos más dificultades en comprender que la mayoría de los dolores, sensaciones displacenteras y enfermedades expresan un mensaje de alerta que generalmente no tiene un origen exclusivamente físico sino que son “psicosomáticas”, o sea, expresiones de un malestar psíquico mediante los síntomas corporales.

Los psicólogos estamos acostumbrados a atender niños y adolescentes (también adultos) que sufren problemas físicos, aparentemente sin una causa justificada desde el punto de vista médico, pero cuyo origen está en algún conflicto emocional, en agresiones de las que no sabe defenderse, etc.

Hoy es sobre todo el cuerpo el que se está haciendo cargo y enviando repetidos mensajes sobre el malestar social, problemas conyugales y familiares, conflictos sentimentales de todo tipo, tensiones laborales y muchos problemas más que, al no resolverse adecuadamente, se expresan y localizan en el cuerpo.

. Muchas conductas de niños y adolescentes consideradas inapropiadas o antisociales, expresan conflictos afectivos o vinculares no resueltos. Cuando un educando “se porta mal”, es desobediente o agresivo, no estudia ni hace sus deberes escolares, no retiene o no entiende determinada asignatura, abandona la escuela, etc. etc., es muy tentador tratar dichos comportamientos desde el punto de vista disciplinar, con lo cual se agrava más el problema, porque no se trata de un problema disciplinar sino “biológico”.

Como en el caso de las somatizaciones,  nuevamente debemos escuchar esas conductas antisociales como lenguajes psico-corporales que quieren expresar algo que no se sabe expresar verbalmente o se lo expresa pero no se es escuchado. Cuando un niño o adolescente no se siente suficientemente amado, o sufre por sentirse aislado o por celos, o no se siente “aprobado” en la estima de padres, educadores o sus pares, al no poder enfrentarlos verbalmente para solucionar el conflicto, toda la agresión reprimida se expresa justamente hiriendo a padres y educadores en lo que más les duele, no estudiando, abandonando la escuela, siendo socialmente agresivos, etc.

Hoy se habla mucho de la agresividad de niños y adolescentes entre ellos mismos, pero no se acierta en comprender y descifrar ese lenguaje. Si no se mejoran los vínculos, si en la familia y en la escuela no se priorizan los sentimientos positivos, no solamente los adolescentes y niños no los pueden incorporar, sino que como forma de protesta actúan agresivamente.

No hace falta ser un genio para comprobar que el desinterés de los adolescentes por la escuela y todo lo que signifique deberes escolares tiene su origen en que la escuela con sus educadores no establece un vínculo positivo con ellos y sus necesidades, vínculo sobre el que ampliaremos en próximos capítulos.

Si se rechaza el vínculo propuesto, si no hay un ambiente sereno, alegre y placentero, no pretendamos una respuesta positiva. La inteligencia y la memoria sólo funcionan bien cuando reciben los contenidos desde un mensaje emocional positivo. ¿Y esto por qué? Porque somos mamíferos… La biología es anterior a toda norma cultural y rechaza toda estructura social que viola sus milenarios principios. Disciplinas, reglamentos, premios y castigos pueden servir para que los educandos “estudien para aprobar”, pero nunca para “aprender” a vivir. La protesta del organismo se registrará, cuando no hay cambios en la estructura social, en enfermedades e inconductas.

. El cuerpo de los educandos-mamíferos tiene un lenguaje privilegiado en los juegos, que son mucho más que pasatiempos, como sucede en los adultos. Los niños, desde la más primitiva infancia, juegan todo el tiempo experimentando ese mundo nuevo en el que se encuentran y abriéndose a los sentidos y al placer que les provocan.

Al jugar, los niños exploran el mundo externo y el propio desde el contacto físico y descubriendo sus muchas virtualidades como elementos para ser disfrutados desde la vista, el olfato, el gusto, el contacto, el sonido, etc. Es el primer aprendizaje y prototipo de todos los aprendizajes: experiencia y placer. El aprendizaje racional se abrirá paso lentamente sobre esta experiencia primaria.

Esta matriz primitiva de conocer la realidad desde el contacto corporal y desde el placer que les provoca, permanecerá para siempre como el conocimiento de la realidad por excelencia. Al jugar de esta manera, el niño simboliza la realidad que va adquiriendo determinado significado y valor. Así en sus dibujos, objetos grandes representan personas importantes; objetos coloridos significan personas o situaciones afectivas y así sucesivamente.

Durante la adolescencia el juego de reconocimiento que otorga placer se ejerce en el contacto con el propio cuerpo y con el cuerpo de los otros, hasta llegar a su máxima dimensión en las relaciones sexuales que nunca pierden su esencia lúdica. Ese es el camino de la biología, camino espontáneo y sano de por sí que se irá aprendiendo a transitarlo sin riesgos para uno mismo y para los otros, respetando la intimidad de los demás y defendiendo la propia intimidad. También los animales no humanos lo saben hacer así…

Por eso propiciamos una escuela que enseñe desde el juego, lo que no significa que los educandos tengan muchos “recreos” para jugar, sino que todo el aprendizaje se realice con la dinámica del juego: experiencia lo más directa posible con la realidad desde todos los sentidos y lenguajes, lo que se traduce en un aprendizaje gozoso y placentero.

Lamentablemente la escuela tradicional está en las antípodas del gozo y del placer que son reprimidos en aras del estudio disciplinado, de la seriedad y del temor; basta pensar en las sensaciones y emociones que provocan los “exámenes” y todo lo relacionado a las calificaciones. La experiencia nos demuestra que lo aprendido con entusiasmo, alegría y placer es un aprendizaje incorporado que dura toda la vida; en cambio “lo que se estudia” sin alegría se lo olvida después de dar los exámenes…

También los juegos espontáneos u organizados desde ciertas reglas son la mejor oportunidad para el desarrollo de los sentimientos en las relaciones humanas. Observando los juegos vemos cómo el educando organiza su cuerpo, vive sus destrezas y aprende otras, acepta las reglas sociales, enfrenta sus fracasos o disfruta sus éxitos, se relaciona con sus pares; cómo incluye a los nuevos o a los menos aptos, cómo vence su timidez, cómo controla sus emociones negativas, etc. etc.

La educación de las emociones y de los sentimientos no se aprende sentados cómodamente en un pupitre escuchando buenos consejos, sino simplemente relacionándose con los otros y aprendiendo a modular las emociones, a gritar o callar, a establecer contactos positivos, a defenderse de situaciones adversas, a lograr objetivos en común, a ejercer ciertos liderazgos, a ayudar al necesitado, a poner límites al invasor, a expresar  emociones sin herir a los demás, etc.

En los niños mayores y en los adolescentes el juego incorpora otras modalidades que también generan placer y disfrute: son los trabajos en equipo, las discusiones y debates sobre un problema, las diversas tareas investigativas, las dramatizaciones, las múltiples expresiones artísticas, el teatro o video, las salidas y excursiones y muchas actividades más que tienen lugar en el ámbito escolar.

Lentamente las actividades superiores del cerebro pasan a ser juegos interesantes, como la lectura (hoy tan devaluada), la reflexión, los debates, actividades sociales y culturales y otras más destinadas a crecimiento personal y a una mejor comprensión de la realidad.

Si bien es cierto que las computadoras, televisores  y teléfonos móviles son hoy una fuente importante de juego y pueden ser correctamente empleados en la educación sea para la comunicación, como para investigar, etc., jamás se debe olvidar que  siempre habrá un juego prioritario cuando hablamos de educación: el encuentro personal con los otros, sea con amigos, con novios o compañeros de aprendizaje. Nada puede reemplazar a este juego que, por cierto, implica también a los educadores, docentes o padres; un juego que nos libra de la soledad y del autismo y nos abre necesariamente a los otros con lo más íntimo y personal de cada uno.

-Si hemos seguido estas reflexiones con cierto interés, habremos observado que una educación que armoniza con la vida se vuelve necesariamente integral porque la vida es sólo una y articula muchas dimensiones, a las que el mismo cuerpo y el desarrollo del cerebro se encargan de expresar. Desde el aspecto más primitivo o “animal” con sus instintos aprendidos en millones de años, con la armonía de los diversos órganos y sentidos que exigen desarrollo y crecimiento, y el despertarse de tantas emociones heredadas de nuestros hermanos mamíferos hasta los más elevados sentimientos y pensamientos, decisiones y proyectos, todo forma parte de la vida humana y todo exige ser aprendido y desarrollado.

Nada es malo en el cuerpo ni despreciable; nada es superior a lo otro, pues el Todo existe en la armonía de todos sus componentes; y los tres grandes niveles del desarrollo humano (cerebro instintivo, cerebro emocional y cerebro racional) existen para armonizarse en lo que les da unidad y sentido: el ser humano, la persona, el Yo unificador.

Y aún las instancias llamadas “superiores” como la razón, el conocimiento, la lógica, la espiritualidad… no existirían sin la materia orgánica del cerebro. Las podemos llamar perfectamente “energías” del cuerpo viviente que llega a su final atravesando necesariamente las etapas anteriores, y hasta podemos suponer que esa evolución continuará en los próximos millones de años.

  1. b) La escuela produce conocimientos que profundizan la experiencia de la vida

Si la educación parte en primer lugar de las emociones, sentimientos y actitudes que nos provoca el encuentro con la vida, entonces los diversos conocimientos desde las ciencias biológicas (zoología, botánica, anatomía, fisiología, etc.) retoman esa experiencia vital, la profundizan, “le ponen nombre”, analizan sus leyes y evolución, su conservación y sus riesgos de enfermedad o destrucción, pero siempre con el objetivo de vivir mejor la vida, de tratar mejor a la naturaleza viviente, de comprender el propio cuerpo integral para disfrutarlo sanamente y crecer en armonía.

Reiteramos lo ya dicho: el conocimiento no es un fin sino un medio para vivir mejor; desarrollamos nuestra comprensión de la naturaleza para crecer en una vida integral.

La motivación para el estudio de las ciencias biológicas (en general muy poco agradables y simpáticas, con sus largos y tediosos enumerados de clases de animales, especies botánicas, nombres de huesos, músculos y nervios…) es el asombro y el amor a la vida, el cuidado hacia nosotros mismos, el desarrollo de nuestras capacidades orgánicas, mentales y culturales de todo tipo. Conocer más para vivir y gozar mejor. Estudiar, cuando hace falta como método, para aprender a vivir.

En las culturas antiguas los niños aprendían sin estudiar, sin escuelas y sin libros. Simplemente aprendían por el contacto con la vida natural y social y el acompañamiento de su familia. Nosotros hemos confundido los dos términos: estudiar y aprender. Pero basta preguntarnos cómo hemos aprendido a andar en bici o en patines, para darnos cuenta de que se puede aprender sin estudiar. El “estudio” es un simple método y tiene a su vez muchas posibles estrategias.

El aprendizaje de vivir sana e integralmente como seres biológicos es nuestro objetivo.

Algunas actividades

-Descubrir qué derechos humanos y qué deberes tenemos en relación con el respeto de todas las formas vivientes y con la integración vital-social.

Ver cómo nos cuidamos y cuidamos a los otros: en los deportes, en la calle, en el respeto a las normas de tránsito, en la convivencia cotidiana…

Analizar las formas de violencia entre niños y adolescentes dentro y fuera de la escuela, formas agresivas de relación a menudo fomentadas desde los medios de comunicación e internet.

-Descubrir y analizar con qué facilidad hoy se viola en la sociedad el derecho a la vida y a la integridad física: guerras, asesinatos, peleas sangrientas, abortos, esclavitud sexual, agresiones de todo tipo, desprecios, humillaciones…

– Descubrir entre todos los Valores sobre los cuales queremos construir nuestra ética biológica y la armonía social. Y qué antivalores y formas de ser atentan contra la vida. Cómo la destruimos y nos destruimos.

– Todas estas actividades realizarlas en trabajo en equipo de educadores y educandos que van configurando la estructura social y las normativas según las cuales quieren vivir y relacionarse.

Toda esta problemática la ampliaremos en el capítulo siguiente sobre la convivencia social.

 

CAPÍTXULO IV- EL SER HUMANO EN ARMONÍA CON LA COMUNIDAD HUMANA: SENTIMIENTOS Y ÉTICA

  1. Un problema complejo

Es evidente que el ser humano, dotado de conciencia, inteligencia y libertad, que puede gozar de su armonía y relación con el cosmos y con la vida, tiene la tremenda urgencia de poder vivir en armonía con sus semejantes.  Este tercer nivel de la integralidad de la vida humana es, sin duda, el más complejo y parece ser el más difícil de lograr.

Cuando hablamos de armonía social estamos hablando simultáneamente de ética, de convivencia y de derechos humanos, todos puntos de vista de interpretar una misma realidad: el carácter social del ser humano, pues estamos hablando de un modo de ser y vivir en el mundo, una forma de ser con nosotros mismos y con todos los otros seres humanos. Desde esta perspectiva nos proponemos : – diseñar un estilo de  comunidad educativa como matriz social armónica, – que viva los derechos humanos en la cotidianidad, – en su estructura y en todas sus instancias, – como un modelo ético de convivencia.

La problemática de la armonía y convivencia social (Ética, Derechos Humanos) es, sin dudas, la más conflictiva en esta etapa posmoderna que nos toca vivir a tal punto que podemos afirmar que hoy vivimos una situación casi pre-ética con grandes signos de psicopatía generalizada que ya se extiende incluso al terreno de los adolescentes y de la escuela, con actos antisociales, abusos y desórdenes de todo tipo, incluso con actos brutales y asesinatos alevosos de inusitada crueldad, a  los que parece hay que acostumbrarse.
Mi preocupación es la de encontrar una estrategia o metodología educativa que desarrolle el sentido ético, o lo que es lo mismo, sentimientos, actitudes y valores positivos hacia uno mismo y hacia los demás.

Para eso, debemos encontrar un fundamento, un porqué de la ética que signifique un punto universal de reflexión y de práctica, prescindiendo de la cultura,  religión, raza, sexo o categoría social de la persona.

Sabemos que en todas las culturas, la ética se regía por el principio de autoridad, un principio heterónomo, o sea, al exterior del propio ser humano que nacía y vivía bajo una ley anterior y fuera de sí mismo.

Pero el hombre de nuestra cultura, posmoderna y secular, y por sobre todo autónoma, necesita elaborar hoy una Ética estrictamente humana (humanista y secular) y de características universales en sus fundamentos que emerja de la misma naturaleza humana  psico-biológica.

Y los responsables de la Educación, ¿se han percatado de que el cultivo de la tecnología, de la información y de la pura racionalidad en la escuela no es suficiente para generar una conducta ética?

Y si la escuela-educación no desarrolla conductas éticas, conductas sanas y positivas hacia uno mismo y hacia los demás… ¿para qué sirve? Fracasa en lo más importante de su cometido, porque si no se aprende a vivir armónicamente, ¿de qué aprendizaje estamos hablando?

  1. Sentimientos y comportamiento social.

“Existen pruebas crecientes de que los sentimientos  y las emociones, desempeñan un papel decisivo en el comportamiento social”  (Damasio)
Esto es clave en la educación. Por más “inteligente” que sea el sujeto, su sentido ético y social no está primeramente ligado a sus conocimientos y razonamientos, sino a determinados sentimientos (y emociones) relacionados con ciertas situaciones, objetos o personas: qué sentimientos asoció con mujer o varón, sexo, dinero, vecino, anciano, extranjero, trabajo, etc.

Si los “mapas” del cerebro son de emociones negativas (maltrato, violencia, desprecio…) ante una nueva situación similar a las vividas, se “dispara automáticamente” el sentimiento negativo. Si el sujeto “no conoció”, no experimentó un ambiente de afecto, respeto, amor, cooperación… ante una nueva situación su cerebro no tiene “mapas positivos” con qué relacionarla, y la sola explicación “racional-verbal” (esto es bueno, es malo) no le significa absolutamente nada, porque no hay experiencia de sentimientos de base para esas elaboraciones racionales.

Es obvio, entonces, que la educación ética (social, de convivencia) no consiste en clases teóricas sobre lo que es bueno o malo, sobre valores y dignidad de la persona, sobre derechos y deberes humanos. La ética sólo se construye y aprende en una comunidad que vive y goza emociones y sentimientos positivos asociados a eso bueno, a ese valor o a esa dignidad, a la vivencia de ese derecho o deber. Si no hay sentimientos, sólo quedan palabras huecas y vacías.

Pero si hay sentimientos, si hay experiencias emocionales positivas, entonces la razón que ya tiene ese mapa positivo “completa” el trabajo, perfecciona, desarrolla y aplica a la realidad el sentido ético.  Si un sujeto fue amado y valorado por sus padres, “sabe” lo que es el afecto y la valoración de la persona. “Sabe”, siente, vive, experimenta. Y la emoción sentida es el mejor signo de que “sabe”. Si el educando vive en su casa y escuela la emoción agradable de vivir sin gritos ni agresiones, sin castigos ni amenazas sino en un clima sereno y agradable, en el que se siente querido y respetado, ese niño o adolescente “sabe” lo que es un vínculo social positivo.

La educación debe estructurarse sobre experiencias emocionalmente positivas (compañerismo, solidaridad, afectos, trabajo en equipo, diálogo) para que en el futuro ante situaciones similares el cerebro se conecte con ese mapa positivo que impulse hacia una buena elección. Lo mismo dígase para experiencias emocionales que “parecían agradables” pero que causaron posteriormente dolor o insatisfacción: preparan para evitar en el futuro experiencias iguales o similares. En el futuro se rechazarán acciones o circunstancias que una vez provocaron emociones erróneamente positivas, sea por comer comer en exceso o por tomar un riesgo excesivo al conducir en una carretera.

El sujeto anti-social en diversos grados, carente de emociones y de sentimientos de empatía y dolor por el prójimo necesitado, de culpa y responsabilidad ante el mal realizado, de ausencia de experiencias de solidaridad y amor hacia el prójimo, es fruto de una educación y un ambiente socialmente enfermos, y especialmente carente de emociones y sentimientos positivos, o con exceso de autoritarismo, violencia física o síquica o frialdad, sin descartarse influencias del alcohol o de psicotrópicos que dañan al cerebro. Es un tema sobre el cual hay aún mucho que investigar.

Sólo nos queda una inquietante pregunta: ¿Nos estamos acercándonos a una sociedad sin emociones y sentimientos positivos? ¿Y qué podemos hacer en la familia, en la educación, en el campo político, social y religioso para revertir esta peligrosa situación?

  1. Comportamientos éticos  “humanos”

 Es evidente que emociones y sentimientos juegan un papel “fundamental” (de fundamento) en el desarrollo ético. Las emociones aparecieron antes de la existencia de los seres humanos, formando reacciones emocionales sociales automáticas y estrategias de cooperación entre las especies animales, tal como lo han comprobado diversos especialistas, y como lo observamos cotidianamente en hormigas, abejas, pájaros, lobos, murciélagos, monos y múltiples especies más.

 “Pero el comportamiento ético humano posee un grado de complejidad y complicación que lo hace distintamente humano. En efecto, las normas éticas-sociales crean obligaciones únicamente para los individuos que están al corriente de dichas normas” (Damasio). La codificación es, pues, cultural. Aunque hay un fundamento biológico de lo social anterior a lo humano, cada sociedad o cultura interpreta y codifica de una determinada manera el impulso social.

Al mismo tiempo observamos que en el comportamiento social existen tanto el rasgo de dominación como su complemento de sumisión, pues también existen muchas emociones sociales negativas que hacen que el mandato humano sea difícil de implementar y mejorar.

La dominación, si bien  posee cierto rasgo positivo en el sentido de que los individuos dominantes tienden a liderar a la comunidad y proporcionar soluciones, también tiene un rasgo negativo, pues pueden convertirse en tiranos y déspotas, o pueden conducir a la comunidad para su provecho personal o llevarla a una guerra desastrosa. Es el esquema de la mafia, las dictaduras, de los autoritarismos de todo tipo y de las democracias populistas.
De igual modo, los rasgos de sumisión o de no-agresión, necesarios para conseguir acuerdos  y consensos acerca de un conflicto, pueden hacer que los individuos sumisos se dobleguen ante los opresores y violentos, sometiéndose con un exceso de  obediencia, miedo y resignación. ¿Necesitamos dar ejemplos, o nos basta analizar nuestra historia reciente y actual?

El yo, los otros y la socialización

La vida humana, mucho más compleja por la variedad de conflictos que surgen, necesita ser regulada por dispositivos que dependen de la relación con los otros y de la creación de instrumentos consensuados de normas éticas y de justicia. No estamos solos, y la convivencia social con el descubrimiento de “los otros” abre un nuevo frente en el proceso ético. Nuestro bienestar está asociado al bienestar de los otros. Y buscar este bienestar individual y social constituye la esencia del bien-actuar.
Nuestra vida debe regularse no solo por nuestros propios deseos y sentimientos, sino también por nuestra preocupación por los deseos y sentimientos de los demás, expresados como convenciones y normas sociales de comportamiento ético. Las instituciones que las hacen cumplir tienen como finalidad promover la vida y evitar la muerte, y aumentar el bienestar y reducir el sufrimiento”.

Esta es la gran tarea de toda la sociedad y de la educación ética en particular: elaborar un sistema armónico de convivencia desde la razón autónoma en diálogo con los otros para asumir decisiones con plena libertad, respetándose las razones y las libertades de todos los miembros sociales. Y nadie ha dicho que ésta sea una tarea fácil.

Los sentimientos tan relacionados con los valores, pueden ayudar a encontrar objetivos y fines, pero no los medios y  estrategias tan dependientes de muchos intereses y circunstancias personales o grupales. Una cosa son los objetivos y fines, y otra las estrategias, metodologías y caminos para lograrlo. ¿Cómo conseguir los éxitos necesarios, cómo conservar el medio ambiente, hacer respetar nuestros derechos, o combatir una enfermedad o hacer frente a un enemigo que intenta destruirnos, o eliminar la pobreza o la delincuencia?

Entonces, las emociones y los sentimientos que nos orientan hacia los fines, necesitan del trabajo de la razón en diálogo con toda la comunidad para encontrar las formas concretas de llegar a esos fines. Y esto es la ética.

La conciencia, a pesar de sus limitaciones,  mediante el conocimiento y la razón permite a los individuos descubrir qué es bueno y qué es malo, qué es sano y qué es dañino, aquí y ahora. El bien y el mal, lo sano y lo conveniente, no son revelados sino descubiertos y aprendidos, individualmente o por acuerdos. La conciencia valora como objetos buenos a los que promueven, de manera fiable y sostenida, los estados de felicidad (que a su vez aumentan el poder y la libertad de acción) tanto en el individuo como en el grupo social. Y como objetos malos a los que producen el resultado opuesto, conduciendo a la infelicidad y la muerte.

En consecuencia, “las buenas acciones son las que, al tiempo que producen un bien al individuo, no causan daño a otros individuos”. Este es el antiquísimo mandato ético básico o Regla de Oro: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. O en su formulación positiva: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos” en un dicho de Jesús (Mt 7,12)

Más allá de las raíces biológicas de lo social, existe un mandato humano que sólo surge en el entorno social y cultural, como un producto intelectual del saber y la razón. Toda la sociedad ha de trabajar intensamente a la hora de formular y perfeccionar el mandato social, y nuestro cerebro está constituido para cooperar con otros en el proceso de hacer que el mandato sea posible.

Siempre hay un “egoísmo” biológico y psicológico en los seres humanos, o  sea, siempre cada uno busca conservar su vida y acrecentarla con felicidad, y aprende que su felicidad depende de su buena relación con los otros. Necesitamos de los otros para vivir y vivir con bienestar.

Por eso hasta el viejo mandato de la sabiduría humana que a través de la Biblia nos llegó, lo dice claramente: “Ama a tu prójimo como ya te amas a ti mismo” (Lev 19,18 y Mt 22,39)

Lo primero es amarse a uno mismo, buscar nuestra vida y bienestar. Lo segundo, el mandato, es amar al otro. Lo dado y natural, lo obvio es que uno se ame a sí mismo. Pero si no podemos amarnos (vivir, crecer y desarrollarnos sana y felizmente) sin el amor del otro, también el otro  necesita nuestro amor. Podríamos modificar el dicho bíblico de esta forma: “Porque te amas a ti mismo, ama también a tu prójimo”… Y el prójimo dirá lo mismo…
En esto también radica el fundamento de la autoestima, tan importante para construir nuestra identidad. El que ama al otro más que a sí mismo, el que se pospone, pierde su identidad y va camino a la eterna dependencia, la sumisión y el masoquismo.

El que se ama a sí mismo (el que lucha por vivir sanamente y crecer con autonomía, libertad, armonía y felicidad) es el que está en mejores condiciones para amar al otro y darle felicidad. Cuando “estamos bien”, cuando estamos plenos de felices sentimientos, qué profundo y auténtico es nuestro amor al otro, y cómo ese amor nos enriquece y nos sostiene. Esto es lo que los antiguos llamaban “sabiduría”, o sea, el arte de “saborear” y disfrutar la vida.

Tal el sentido de la ETICA, con mayúsculas, o sea, el ARTE DE VIVIR con plena felicidad individual y social.

Si las emociones y los sentimientos son el fundamento de las conductas sociales y éticas, será la educación de las emociones y sentimientos el primer y fundamental paso para construir una conciencia ética.

  1. Consideraciones pedagógicas sobre la educación ética-social

a- Lo primero que tenemos que revisar es precisamente el concepto de “ética” a la que comúnmente se la considera como un conjunto de normas emanadas por otros y se la identifica sin más con la moral, la que en realidad refleja las costumbres (mores) propias de cada cultura. De acuerdo a lo que vamos viendo entendemos a la ética como la postura del ser humano frente al cosmos, a la vida, a sí mismo y a sus semejantes.

La ética, surgida desde los más profundos sentimientos humanos, está íntimamente relacionada con el sentido de la vida, con la forma como queremos vivir, con la armonía en nuestro interior, la armonía con la naturaleza, con los seres vivientes y con toda la sociedad.

Por lo tanto, la formación ética no consiste en un teórico aprendizaje en alguna hora de clase, considerada por docentes y alumnos como “materia aburrida”. La ética (del griego ethos que significa comportamiento humano, actitud humana) define nuestra forma de vivir, de vivir con bienestar, de vivir disfrutando y gozando la vida, de convivir placenteramente con los otros, de vivir en constante crecimiento. Por eso pienso que la otra palabra que la define es “Sabiduría”: el arte de vivir.

b- Por lo tanto, y como primera consecuencia, la educación ética es el aprendizaje de vivir, aprendizaje que se inicia con el nacimiento y finaliza con la muerte. La educación ética es una experiencia de vida, una experiencia de emociones y sentimientos que dan sabor a la vida y a todas las relaciones del ser humano consigo mismo, con el cosmos y con la sociedad.

. Es simplemente la experiencia gozosa, sana, agradable, profunda, total de vivir, y de vivir con el mayor bienestar integral (físico, síquico, social, espiritual) para cada uno y para los otros.
¿Y dónde se aprende a vivir así? Sabemos la respuesta: primero en la familia, que junto a la escuela, nos abre a la sociedad preparándonos para una vida adulta. La familia es la matriz ética, no por medio de conceptos, retos y castigos (algo que sucede con mucha frecuencia) sino por medio de un trato afectuoso, por la experiencia del amor, de las relaciones cálidas, de vínculos positivos, de un diálogo confiado. Ese “ambiente familiar” (cuando decimos “familiar” ya decimos algo hermoso) en el que se viven las primeras y más profundas emociones es, como lo estamos reflexionando, la condición básica para una conducta ética. Allí se forman los primeros y definitorios mapas cerebrales sobre las experiencias vitales. Mapas afectivos que se harán presentes en circunstancias similares del futuro.

Los docentes saben que los alumnos no vienen a la escuela como una “tábula rasa”, como una página en blanco. Vienen con sus mapas, a menudo distorsionados y falseados por su experiencia familiar. Por tanto, la primera tarea es conectarse con la familia, y trabajar juntos sobre los mismos sentimientos que fundamentan una conducta ética, sentimientos que se transforman en “valores” permanentes. Desde esa conexión trabajar juntos para revisar los mapas de los educandos-hijos a fin de que no haya contradicción entre la escuela y la familia.

Los valores son el concepto mental de los sentimientos. Sentimientos y valores no se enseñan con conceptos y palabras. Se viven y así se los aprende, aprehende, asimila o incorpora.

En una segunda instancia, los mismos padres, y especialmente la escuela, profundizan esas experiencias mediante la reflexión y les dan formas concretas y puntuales según las muchas situaciones e instancias de la vida y dentro del estilo propio de cada comunidad. ¿Acaso no es ésa nuestra propia experiencia?

c- Y así llegamos a la escuela y nos preguntamos: ¿Cómo hacer educación ética?
Y damos la misma respuesta que para la familia, sólo que su aplicación resulta más compleja. La escuela es la primera experiencia grande de socialización de los niños: allí se encuentra con muchos “otros”, tanto de su misma edad como otros mayores o menores, y se encuentran con otros adultos que no son sus padres…

Por lo tanto, preguntamos: ¿la escuela se define por la vivencia de sentimientos positivos en primer lugar, o por un conjunto de instrumentos institucionales y formales construidos de espalda a los sentimientos? Qué debe priorizar la escuela: ¿el estudio de conceptos y teorías, de conocimientos y técnicas, o la experiencia de buenas relaciones entre compañeros, de los docentes entre sí y con los alumnos, de los directivos con alumnos y docentes?

Por lo tanto: educar en la ética es educar en las emociones y sentimientos. Eso es lo primero. Después se reflexiona y se hacen las aplicaciones concretas a situaciones puntuales de la vida, tanto sobre ejes transversales como en momentos especiales; por ejemplo, debates sobre normas de convivencia, derechos y deberes humanos, análisis de la Constitución, encuentros sobre valores o actitudes políticas o religiosas, etc.

Este es el gran cambio educativo que se necesita: crear una escuela que en su misma estructura y en todos sus vínculos  viva los buenos sentimientos, viva los derechos humanos, viva los valores éticos proclamados.

Es importante que la escuela tenga una estructura afectiva y afectuosa, serena, alegre, creativa, espontánea, dialogante. Que docentes y alumnos se expresen; que expresen sus emociones y sentimientos, también los varones; que lo hagan con gestos, con palabras y por un medio muy descuidado: el arte. A través de un arte creativo (danzas, canto, música, dibujos y pinturas, artes audiovisuales, radio) los chicos aprenden a expresarse, a sacar afuera lo que sienten y a tomar conciencia de lo que sienten, a ponerle nombre a sus emociones (“esto es miedo, ira, celos, amor, compasión, vergüenza…”)  

Por lo tanto, el instrumento clave de educación ética que tiene la escuela es la convivencia de docentes y alumnos durante largos años. En esa convivencia social se aprende a vivir con los otros, a respetarlos, escucharlos, amarlos y ayudarlos.

Las emociones corporales nos dicen cómo nos relacionamos con los otros, con simpatía o indiferencia, cómo nos alegramos con los compañeros, cómo sufrimos por ellos, cómo vivenciamos ganar o perder en un deporte, cómo reaccionamos con ira o paciencia, con orgullo o sumisión… En fin, que las emociones y sentimientos se hacen vida en esas experiencias. Y esas experiencias son la mejor “materia” para aprender y evaluar.

  1. Señalemos algunas metas a conseguir en la educación ética:
  2. a)  Que niños y adolescentes (también los educadores) tomen conciencia de sus emociones y sentimientos, que los expresen, los reconozcan como propios, que descubran su valor positivo, que los sientan como aliados para conocerse, para detectar conflictos internos y externos, y como guía para posibles soluciones.
  3. b)  Que aprendan a modular las reacciones emocionales instintivas, a distanciar la emoción de los actos a los que tienden, a enfriar impulsos mediante la reflexión y el análisis de los efectosde un impulso no controlado. Tarea difícil, pero no imposible y muy necesaria. Ser responsables de emociones y sentimientos, aprendiendo a expresarlos, pero adecuadamente y sin herir a otros.
  4. c)  Que aprendan a llegar a los objetivos y finesa los que tienden emociones y sentimientos positivos mediante el análisis racional de los medios más adecuados: cómo expresar mi sexualidad, cómo saber defenderme cuando me siento herido o atacado, cómo resolver conflictos con los otros, cómo vincularme con los padres que me tratan como un niño, cómo hacer respetar mis derechos… Tomar siempre decisiones “a favor de uno”, de la propia salud y vida; no contra otros.
  5. d)  Que aprendan a vincularse sanamentecon los otros: padres, hermanos, compañeros, pareja. Es aquí donde nuestra sociedad se halla más en falta. Desarrollar, por tanto, los sentimientos específicamente sociales y vinculares: empatía, dolor por el que sufre, alegría por los éxitos, responsabilidad reparatoria
  6. e) La formación de la conciencia, ética, crítica y autónoma,es uno de los objetivos ineludibles de educadores y psicopedagogos, transformando la conciencia heterónoma (la ley viene de afuera) en una conciencia autónoma (la ley surge de dentro de uno mismo) Ello implica:

– Desarrollo de la libertad del sujeto y de su autonomía, de tal modo que sea el sujeto a lo largo de su maduración quien decida en diálogo con los otros aquellas conductas y normas que son sanas y convenientes en cada caso. No es una libertad individualista y egocéntrica sino una libertad condicionada por la misma sociedad, donde todos tienen derechos y deberes mutuos; de allí la necesidad de un consenso constructivo. Niños y adolescentes tienen el derecho de opinar con libertad sobre cualquier situación que les atañe, de expresar sus dudas y preguntas y de aportar sus puntos de vista.

– Para ello, desarrollar la racionalidad inherente a toda norma, ver sus porqués y para qué. No hay normas válidas “porque sí, porque están mandadas”, sino que surgen como una necesidad para el vínculo sano y la convivencia armónica. Esto implica crear un grupo o comunidad sanos, donde cada sujeto conozca sus derechos y los derechos ajenos; luego sepa defender los propios sin violar los ajenos desde el principio de igualdad y tolerancia. Importancia en esto de los Derechos y Deberes Humanos.

Por tanto, no basta enunciar principios morales (esto es bueno o malo) sino que hay que mostrar su racionalidad, apelando fundamentalmente al criterio de lo que es sano y conveniente para el sujeto y para la comunidad. A veces lo que de por sí es sano, por ejemplo una relación afectiva o sexual, puede no ser conveniente por la diferencia de edad. De la misma manera, existen normas sociales o costumbres comúnmente aceptadas que no son sanas, como callar ante la injusticia.

– Si estas bases existen, entonces sí se puede apelar a la responsabilidad del sujeto, ya que aceptando como propios los sentimientos, valores y las normas es capaz de ser responsable de su cumplimiento. Una responsabilidad que supone la reparación si el sujeto ocasiona daño a otros o a sí mismo.

– Al mismo tiempo, a nivel práctico es fundamental distinguir entre corregir y retar, corregir y castigar, castigar y reparar. La corrección (siempre necesaria en la sociedad) no debe ser humillante ni vengativa, sino un medio para que el sujeto comprenda su inconducta, evite riesgos y peligros y repare el mal realizado, ya que otros han sido heridos en sus derechos. Recordar que “co-rregir” es acompañar a otro para que sepa regirse (como rey, hombre recto) o auto-gobernarse, como hacía el adulto que acompañaba al niño rey hasta su adultez.

Los castigos, humillaciones y descalificaciones siempre logran el resultado contrario al deseado: fortalecen las inconductas y vuelven rebeldes a los sujetos que buscarán la forma de vengarse con nuevas inconductas o bien tratarán de evitar el castigo adoptando conductas simuladas e hipócritas.
En lugar del castigo, cuando hubo una falta, corresponde la reparación del mal hecho o la corrección de la conducta incorrecta. Sin corrección y sin reparación se propicia la impunidad.

Y en lugar de los premios para lograr resultados, lo que genera una conciencia deformada y una moral de la conveniencia, los padres y educadores pueden recurrir a ciertas “gratificaciones”, o sea, detalles, atenciones, palabras y gestos, que expresan “gratis” el afecto o subrayan el esfuerzo realizado.

– La madurez de la personalidad exige ineludiblemente esta formación de un “sujeto” crítico, libre y dialogante con los otros. Y solo una comunidad crítica y dialogante puede lograr estos resultados. Una comunidad que no busca la perfección (imposible en el ser humano) sino la salud armónica, lo que supone la posibilidad de “enfermarse” y de “curarse”. No hay modelos de perfección ni leyes absolutas, sino un continuo encontrar formas de mejor convivencia y respeto al otro, teniendo en cuenta diversas circunstancias.

 

ARTÍCULOS COMPLEMENTARIOS

I- LAS DOS ESTRATEGIAS PARA LOGRAR UNA CONVIVENCIA ARMÓNICA

Teniendo en cuenta el Escenario global de todo el panorama educativo, especialmente de América y Europa, y una extensa bibliografía existente, desde mi experiencia personal formulo dos estrategias generales que creo permitirán abordar todos los problemas en su raíz y en su conjunto.
Estas estrategias deben ser compartidas y llevadas a cabo por toda la comunidad educativa que las revisa constantemente y las adapta a nuevos cambios de escenario.

Las estrategias son la clave del éxito. Si son inadecuadas, todo el proyecto educativo fracasa. Si son las correctas, sólo queda esperar los resultados positivos. 

  1. Primera estrategia: ACTUAR SIEMPRE DESDE UN VÍNCULO SANO Y POSITIVO.

Por lo tanto, más importante que LO QUE se dice o se hace, es el VÍNCULO desde el cual se dice o se hace. El Diálogo es  siempre la forma normal de comunicación educativa. 

Esta estrategia es la “Primera” porque entendemos que si fracasa esta estrategia, todo el proceso educativo se viene abajo. Sólo se educa desde el diálogo en un vínculo sano.

Por lo tanto: lo primero (antes que nada y constantemente, siempre y en todas partes) a lograr es un estilo vincular entre el cuerpo directivo y el resto de la comunidad; entre los educadores, entre educadores y educandos, y entre educandos entre sí; entre educadores-educandos y familia, basado en sentimientos positivos de respeto, de confianza, de afecto y de solidaridad.
Entendemos que no se puede enseñar ni aprender si no hay un buen vínculo, porque el vínculo positivo es el puente sobre el que se deslizan conocimientos, acciones y normas educativas, de tal manera que si se rechaza el vínculo, automáticamente se rechaza a la persona y se rechazan conocimientos, acciones y normas. Los vínculos son como los rieles sobre los que se desplazan los vagones de contenidos educativos. Por eso se dice “En el vínculo está el mensaje”.

Es probable que especialmente los adolescentes (escuela secundaria) vengan con un preconcepto o prejuicio negativo respecto a toda la escuela o respecto a tal profesor o directivo. Motivo más para  enviar claros mensajes vinculares positivos que contrarresten el prejuicio, sin enfadarse por ciertas actitudes de los chicos y sin ponerse a la defensiva o asumir un papel de víctimas.

Por todo ello es aconsejable que en las primeras semanas de escuela toda la comunidad educativa realice actividades encaminadas a lograr un buen vínculo, comenzando por crear un clima sereno y alegre, realizando actividades no tradicionales como pueden ser deportes, actos musicales, jornadas reflexivas con proyección de películas, algún campamento, etc.

Y es el lenguaje del cuerpo: lenguaje pre-verbal (postura corporal, gestos, mirada, silencios) y para-verbal (entonación de la voz) lo que expresa en todas las culturas el estilo vincular. Cuando las palabras o el mensaje explícito no coinciden con el mensaje pre y para verbal, lenguaje de los sentimientos, tenemos una ruptura llamada “doble mensaje”. En tal caso, siempre se atiende al lenguaje vincular del sentimiento y se desecha el mensaje verbal. De allí la importancia de que los educadores se conozcan a sí mismos, sepan expresarse con lenguaje armónico que diga lo que se siente y que sea recibido en la misma sintonía.

El vínculo positivo se transforma en estrategia si se aplica a todas las actividades escolares sin excepción, tanto al dictado de clases como a la elección de las normas de convivencia, etc.

a- Esto quiere decir que los docentes practicarán el diálogo amigable durante la enseñanza de cualquier contenido, promoviendo la investigación y los aportes individuales, el trabajo en equipo y facilitando la expresión de ideas y sentimientos. También pueden realizar consultas a los alumnos sobre los temas a tratar o sobre la incorporación de nuevos temas, sobre la metodología a emplear, sobre los momentos de descanso, sobre las formas de evaluación, etc.

Y hablando de evaluación o de exámenes, no borrar con el codo lo que escribimos con la mano. El momento de la evaluación está comprendido dentro de la estrategia primera. Por tanto debe ser realizada en un clima sereno y amigable, como parte del aprendizaje.  No es un misterio que muchos alumnos (chicos y grandes) se bloquean con sólo ver la cara del profesor…

Suelo enunciar este axioma: Lo que se estudia con alegría, se aprende; lo que se estudia sin alegría, se estudia para el examen. He allí la diferencia.

b-  Pero donde más debe aplicarse la estrategia del diálogo y del vínculo positivo es en la elaboración de las normas de convivencia. Estas no vienen dadas a priori por la autoridad sino que constituyen el ejercicio de una ética autónoma y democrática. Niños y adolescentes deben reunirse y elaborar las normas de convivencia, en forma separada y luego en conjunto con los padres y educadores.
La sana convivencia es responsabilidad de toda la comunidad, y por lo tanto toda la comunidad es quien elabora el estilo de convivencia que se quiere disfrutar y las normas sobre lo que es “conveniente y adecuado” en “esta circunstancia” escolar en que se vive.

Tras varias reuniones tanto de padres, como de educadores escolares como de alumnos, se pueden nombrar delegados que armonicen todas estas normativas de convivencia, las redacten y las presenten a toda la comunidad para su posible corrección y su aplicación.

Respecto a la supervisión del cumplimiento de las normas de convivencia, lo mejor es que los propios educandos se responsabilicen de ello, por ejemplo mediante una comisión elegida ad hoc que puede ser mixta (alumnos y educadores) Si no hay control, todo puede quedar en el vacío. Cuando exista incumplimiento de las normas democráticamente asumidas, el equipo responsable aplica sanciones reparatorias previamente fijadas por la comunidad

  1. Segunda estrategia: COMPARTIR EL PODER con la PARTICIPACIÓN DE TODA LA COMUNIDAD, siendo los educandos los Protagonistas. 

Esta segunda estrategia general complementa a la primera y es su consecuencia. Será falso todo diálogo educativo que no cambie la estructura de poder de  la escuela. Seguramente esta estrategia podrá ser resistida por muchos directivos y docentes que le tienen miedo a la democracia “dentro de la misma escuela”. Y este es el problema.

Es evidente que el conocimiento otorga poder y que el controlar a los demás, el educarlos, el dirigirlos, el sancionarlos, otorga un gran poder. Por lo tanto, podemos hablar del Poder Educativo.
Pero la pregunta es dónde reside o debe residir el poder educativo. En el viejo esquema modernista-militarista-enciclopedista era evidente que el poder educativo residía en la Institución Educativa del Estado o de la Iglesia, en la gente que sabía y que enseñaba y orientaba la vida de los que no sabían, de los que no tenían la palabra (in-fantes), de los que no eran maduros porque estaban creciendo hacia la adultez (adolescentes).

Pero hoy vivimos, al menos teóricamente, en democracia y la escuela debe democratizarse, ya que el poder educativo reside en toda la comunidad educativa: padres-educandos- educadores-directivos.

Y lo que resulta más significativo es que este poder reside fundamentalmente en los propios padres e hijos que llegan a la escuela para ejercer su derecho y hacer efectivo ese poder que ya lo tienen desde el momento en que deciden educarse en tal escuela, para lo cual pagan sus impuestos o sus cuotas en escuelas privadas. El resto -docentes, preceptores, administrativos y directivos- están al servicio de la familia y de los niños y adolescentes, aunque generalmente de servidores de la familia-hijos se transforman en dueños del saber y de la educación.

Los educandos son, si se me permite la expresión, “el pueblo educativo” que tiene el derecho y el poder de aprender, de desarrollar sus capacidades, de elegir tal o cual escuela, y por lo tanto, tiene el poder de organizar su modelo educativo en conjunto con el resto de la comunidad educativa, conformando todos un solo Cuerpo Colegiado.

Lograr esta estructura democrática de la escuela es nuestro gran desafío, superando un estilo escolar autoritario, antidemocrático, impositivo con una radical división entre Educadores y Educandos, unos arriba y otros abajo. Directivos, profesores, preceptores, administrativos son los aliados de los educandos-familia para que logren su objetivo con el menor costo posible y de la manera más eficaz.
Los niños y adolescentes no son súbditos de los educadores, no son miembros pasivos frente a la actividad docente, sino que son Sujetos de Derecho con el derecho prioritario de desarrollarse plenamente según indica la Convención de los Derechos del Niño: Artículo 29. 1. Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a: d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena.  

Pero mal puede la escuela “preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia” si esa responsabilidad el niño no la ejerce en la propia escuela en la que no asume una vida responsable ni se siente libre ni vive un espíritu de comprensión, paz y tolerancia.

La escuela debe ser una “escuela de aprendizaje democrático” no para el futuro, sino ya desde el presente.
La democracia y la responsabilidad ciudadana, como la ética y los derechos humanos, no se aprenden con clases teóricas y lectura de libros sino sólo desde el ejercicio actual en una estructura educativa que vive la democracia, que reparte y comparte el poder y por lo tanto la responsabilidad, que vive todos y cada uno de los derechos humanos.

Reitero: el poder reside en toda la comunidad y por tanto, la responsabilidad educativa es compartida por toda la comunidad. Lo que es distinto en cada estamento de la comunidad es el rol o la función que se le asigna a cada uno. Se delegan funciones; no se delegan responsabilidades ni poder.
En el esquema que propongo, los docentes asumen la función de la docencia, valga la redundancia, los aprendices la del aprendizaje, y los padres la supervisión y gestión general junto a los directivos institucionales. Y todos asumen la responsabilidad del desarrollo integral de los educandos.

Finalizo con un texto Sun Bin, discípulo de Sun Tzu, que dejo para la reflexión de todos los que creemos en la participación de toda la comunidad: Mira con los ojos de todo el mundo y no habrá nada que no puedas ver. Escucha con los oídos de todo el mundo y no habrá nada que no puedas oír. Piensa con la mente de todo el país y no habrá nada que no puedas conocer.

II- LA VIVENCIA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Ver: Escuela que vive los Derechos Humanos

A- Conceptos generales 

Seguramente que todos ya estamos de acuerdo en que son las emociones y los sentimientos el fundamento de la armonía social y de la ética de la convivencia.

Pero cuando hablamos de sentimientos positivos no nos referimos a cierto concepto popular de que se trata de un estado de ánimo interno sin mayor incidencia en la vida social, sino que entendemos que tanto las emociones como los sentimientos sólo son tales cuando provocan acciones correspondientes a esos impulsos.

Nadie puede decir, por ejemplo, que tiene el sentimiento del amor si no ama a nadie en particular y no está abierto efectivamente al respeto hacia cualquier otro ser humano. Las emociones y los sentimientos se reconocen en las acciones que proyectan, no en simples enunciados teóricos o impulsos internos. Bien lo expresa el biólogo y educador chileno Humberto Maturana: “El amor, o si no queremos usar esta palabra fuerte, la aceptación del otro junto a uno en la convivencia, es el fundamento biológico del fenómeno social.”

Por lo tanto, si es necesaria la educación de los sentimientos, decimos al mismo tiempo que esa educación solamente puede realizarse en acciones y tareas que efectivamente reflejen y actúen esos sentimientos.

Es inútil enseñarles a los educandos a que sean concientes de sus emociones si no les damos la oportunidad de sentirlas en situaciones concretas; y es inútil enseñarles que hay que expresar las emociones si la escuela no brinda la oportunidad concreta de expresarlas; y es inútil enseñarles que tengan buenos sentimientos mientras están sentados pasivamente en sus pupitres, porque la educación de los sentimientos se ejerce precisamente en todas las instancias de la vida social y en el encuentro real con los semejantes.

Insistimos en que los sentimientos y la ética no se enseñan sino que se aprenden solamente desde la práctica. Se aprende a amar amando a alguien concreto; se aprende el respeto, respetando a los seres humanos con quienes se convive; se aprende la solidaridad solamente siendo solidarios y así sucesivamente. Los llamados “valores” de la vida no se enseñan: se los vive y así se los aprende para luego poder reflexionarlos y profundizarlos.

Por eso hoy toda la educación de todos los países del mundo tiene la oportunidad de aplicar la buena estrategia de aprendizaje de los sentimientos poniendo en práctica  el conjunto de los Derechos Humanos que aparecen justamente como una base concreta de convivencia entre los seres humanos, grupos sociales y naciones. Practicando ese complejo conjunto de derechos y consiguientes deberes en el que todas las naciones del mundo se han puesto de acuerdo es como todos aprenderemos a educar y desarrollar sanamente nuestros más valorados sentimientos.

La vivencia de los Derechos Humanos nos orientará para el ejercicio total y armónico no solo de la convivencia escolar, sino del ejercicio de la paz, de la justicia, de la democracia, del respeto, de la libertad y de todos nuestros valores en nuestra comunidad local, nacional y mundial.

Y así como la sana y amónica convivencia es imposible sin el respeto y la vivencia de los derechos humanos, derechos que responden a las necesidades básicas de todo ser humano, también es cierto que todos los derechos humanos se resumen y concretan en uno solo y fundamental: el derecho a un Desarrollo Integral de la Persona y de la Comunidad.

B- Una escuela y educación que se estructuran  desde la vivencia  de  los ddhh  en  armonía social

Nuestro objetivo es pensar entre todos cómo generar una Escuela y una Educación que viva los derechos-deberes humanos en su misma estructura, no como una declamación o una enseñanza racional, sino como una vivencia. Para esta  tarea sintetizamos algunas pistas que básicamente ya hemos desarrollado:

-Es evidente que tratamos a los DDHH en su sentido amplio e integral, incluyendo también la vivencia de la democracia y la búsqueda de una auténtica paz social.

– Al mismo tiempo recordamos que tratar de los derechos humanos es atender a las Necesidades fundamentales del ser humano, en nuestro caso de niños y adolescentes.

¿Cómo realizar una educación en los derechos humanos?

–  Es evidente que pedagógica y estratégicamente es mejor partir de las necesidades-emociones hacia los derechos y no viceversa, ya que las necesidades son situaciones vitales concretas que se sienten y se expresan emocionalmente mientras que los derechos son elaboraciones más racionales, un tanto abstractas y jurídicas.

La primera tarea, pues, es partir de las necesidades que siente o sufre el grupo o comunidad, elaborándose  lentamente un diagnóstico. No se trata de hacer un inventario estadístico sino vivenciar las emociones y sentimientos frente al dolor propio y ajeno y a tantas situaciones diarias que se viven como fuentes de sufrimiento. Sentir las necesidades es abrirse a la compasión, al amor, al compartir, al acompañar, a reparar, etc.

– Los DDHH, por lo tanto, se deben reconocer, aprender y vivenciar desde la vida real y cotidiana de los educandos, tanto en la familia, como en la escuela y en otros ambientes. Descubrir en el diagnóstico la conflictividad inherente en esos ambientes, los problemas que se plantean para la vivencia de los DDHH: falta de afecto, discriminación, violencia, abusos, castigos, indiferencia, descontrol,   acoso escolar (bullying)  etc.

– El educador ayudará luego a reflexionar sobre esas situaciones emocionales, y podrá leer y comentar con el grupo los artículos de los derechos del Niño ampliando la perspectiva y tomando conciencia de todo lo que implica el derecho humano correspondiente.

– Finalmente, y casi sin darse cuenta, el grupo busca entre todos las propuestas de solución, especialmente dentro de la escuela y de la familia; propuestas que significan el compromiso de cada uno. Así el educando aprende a reparar y a construir un modelo digno de vida.

Un buen método para buscar formas de reparación y construcción es tener en cuenta 3 variables:

– Lo que se necesita Hacer, como aprender, trabajar, jugar, compartir, etc. Es lo más importante: qué compromiso personal y comunitario implica vivir los DH.

– Lo que se necesita Tener, como alimentos, trabajo, remedios, juguetes, etc.

– Lo que se necesita desde el Estar, como en una casa, escuela, club, playa, etc.

– Por cierto, este trabajo se amplía en los cursos superiores con una visión más integral de todo el país y de otros países y continentes. Internet brinda infinidad de documentos y estadísticas al respecto sobre cada uno de los derechos violados en el mundo y dentro de cada país.

En síntesis: en el centro del proceso educativo está siempre la totalidad de la Persona, como sujeto de derechos y deberes, y como miembro activo de la comunidad humana. Una persona integral, autónoma, libre, creativa y social. Es integralidad de lo corpóreo, de lo afectivo, de lo psíquico, de lo racional, de lo social, cultural y político, de lo moral y espiritual.

C- Toda la estructura educativa-escolar debe reflejar la vivencia de los ddhh. Reflexiones y sugerencias

Es una escuela coherente que vive los valores que proclama. Es la tarea conjunta más compleja y que refleja la sinceridad de las declamaciones. Al respecto señalamos que:

Toda la organización  de la escuela, los vínculos entre directivos y docentes, entre educadores y educandos, educandos entre sí y con su familia; todas las normas disciplinarias, administrativas y de convivencia (elegidas éstas desde el consenso), metodologías y didáctica del aprendizaje: TODO debe ser una vivencia coherente con los DDHH.

  1. a) El mejor termómetro de la coherencia educativa está en el sistema vincular, pasando del modelo autocrático autoritario al modelo democrático, en respeto, igualdad, diálogo y cooperación (Art. 12-14 de Derechos del Niño)

-Normas disciplinarias o de convivencia que deben ser necesariamente generadas por toda la comunidad: padres con los hijos, educadores con los educandos. Normas racionales, las básicas y las necesarias, que tienen razón de ser, internalizadas en cada uno y consensuadas por todos. Así se ejerce el derecho de participación, creatividad, autonomía, expresión.

  1. b) La organización escolar y sus componentes administrativosdeben favorecer y ejercerse desde la autonomía, participación y creatividad de los educandos y sus educadores, y no entorpecerlas como sucede tantas veces . La burocracia administrativa es un medio para educar, no un fin…!Todo debe estar al servicio del desarrollo integral de los educandos (y también de los educadores): la organización institucional, normas administrativas, disciplina, métodos, etc. Este es el gran desafío de una escuela sana asentada sobre el eje de los derechos humanos.
  2. c) Favorecer todas las formas de expresión corporal y artística(música, coros, danza, pintura, poemas y escritos, cerámica, audiovisualismo, teatro, etc.) y ya desde la temprana edad.
  3. d) Capítulo especial merece el desarrollo de todo lo lúdico(necesidad 5, del ocio): juegos, deportes, fiestas, excursiones, campamentos. Son los instrumentos privilegiados para la socialización y la creación de un clima agradable en la comunidad. La mejor forma de aprender es aprender con alegría y humor.

En síntesis “La educación en materia de derechos humanos debe abarcar la paz,  la democracia, el desarrollo y la justicia social, tal como se dispone en los instrumentos internacionales y regionales de derechos humanos, a fin de lograr la comprensión y sensibilización de todos acerca de los derechos humanos con objeto de afianzar la voluntad de lograr su aplicación a nivel universal” ( Conferencia mundial de Derechos Humanos de Viena (1993.  Art. 80).

D-  Las asignaturas sociales: conocimientos y reflexión

Esta educación en los derechos-deberes se realiza sobre un eje transversal de todo el proceso educativo en el que “todos” los educadores (directivos, profesores, administrativos, preceptores) realizan su actividad en cumplimiento de los derechos humanos. Todo lo cual no excluye encuentros especiales para conocer mejor, analizar y profundizar los derechos humanos en sus documentos e historia. Cotejarlos con la respectiva Constitución de cada país, ideologías dominantes, religiones y con los mensajes de los medios de comunicación. Hay también circunstancias de la vida local o nacional que reclamarán un análisis especial, como elecciones, actos de violencia o corrupción, guerras, etc.

Pero es evidente que los docentes, a través de sus respectivas asignaturas desempeñan un rol muy especial desde diversos puntos de vista de los derechos humanos, reflejando toda la dinámica de la convivencia humana a través de los siglos, de las emociones y sentimientos de antiguas civilizaciones a menudo consideradas bárbaras; de la cultura, de la ética y del desarrollo de los derechos humanos a lo largo de la historia.

Por las ciencias sociales se descubre que siempre los pueblos tuvieron sus normas de convivencia, sus códigos logrados tras larga búsqueda de siglos, y que aún cuando el concepto de “derechos humanos” es muy reciente, la conciencia y vivencia de esos derechos siempre estuvo presente en sus creencias y religiones, códigos orales o escritos, porque así lo requería el simple hecho de vivir en sociedad. Basta leer algunos párrafos del Código de Hammurabi (s XVIII a C) o ciertas páginas de la Biblia, el Corán, el Tao Te King, etc.

Los conocimientos de estas asignaturas sociales no surgen como un mandato a priori de los programas, sino como una necesidad de los educandos de clarificar y profundizar sus emociones y sentimientos surgidos de la violación de los derechos y de las muchas necesidades humanas insatisfechas en su casa, dentro de la escuela y en su país.

Mediante el estudio de todas las Ciencias Sociales, los educandos aprenden cómo sus problemas de convivencia social se registraron de muchas formas tanto en el propio país como en el resto de la humanidad a lo largo de muchos siglos, con épocas de bonanza y equilibrio, y otras de terribles opresiones, esclavitud y discriminaciones, siendo las mujeres, los niños y los pobres (tal cual todavía sucede hoy) las principales víctimas de la violencia, esclavitud y prostitución.

También aprenden el largo proceso que significó vivir en democracia y conquistar el ejercicio de los derechos humanos, de la libertad, de la justicia y de la participación igualitaria. Descubren a millones de personas de distintos continentes, razas, colores y religiones víctimas de la opresión, de la conquista y del coloniaje; de sistemas absolutistas y totalitarios al servicio de unos pocos; y se dan cuenta de que los valores sociales y políticos que hoy gozamos costaron muchos sufrimientos, rebeliones, guerras, cárceles y muerte. Aprenden así a ser agradecidos a tantos seres humanos que, sin conocernos, dieron su vida para que otras generaciones vivan mejor que ellos.

Y aprenden que cada cultura tiene su punto de vista sobre el ser humano y sobre la vida, siempre valioso pero siempre relativo, pues existen otras formas de vivir tan valiosas como la propia y también tan relativas. Aprenden, entonces, a valorar su propia cultura que los identifica en el mundo entero como miembros de tal país y tal cultura a través de su lengua materna que saben pronunciar, escribir, leer y comprender adecuadamente; leyendo y valorando a sus poetas, dramaturgos y novelistas, y conectándose con todos los medios de comunicación social cuyos códigos desentrañan desde muy pequeños.

En todas las expresiones de las ciencias sociales (lengua, idiomas, historia, ética, psicología, filosofía, educación artística, educación física, educación ciudadana, religión, economía, tecnología, comunicación, industria, agrotecnología, etc.) siempre la persona humana está en el centro y siempre deben ser analizadas desde el punto de vista del educando, según su edad y madurez.

En una palabra, las ciencias sociales profundizan y amplían la inserción social del educando; le muestran un camino óptimo de inserción emocional (amistades, sexualidad) y profesional; y, en definitiva, lo introducen al mundo de los adultos con la mejor preparación posible, una preparación integral que desarrolla su interioridad y sus vínculos, su ser individual y su ser social-histórico.

 

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