Nuestra existencia desde una visión cósmica y humanística. Noel Aniloc

LA EXISTENCIA DE NUESTRO SER DESDE UNA VISIÓN CÓSMICA Y HUMANÍSTICA

Por: Noel Aniloc 

De lo que realmente tenemos certeza es de la realidad indiscutible de la naturaleza, sus cosas, entes, seres y por supuesto, de que nosotros existimos. También podemos decir, que dentro de esa conciencia, nos reconocemos como integrantes de la misma realidad de la existencia. Sin duda, sabemos que existimos, el cómo y el porqué es otro asunto. Previamente apuntamos, que lo que se piense en torno a la existencia, que sea distinto a esa realidad, pertenece al campo de la metafísica espiritualista o teológica, pensamientos que sin duda son validos, son conceptos humanos y la humanidad es parte de la realidad de la existencia.

Sea cual sea el origen de la materia y como se conceptúe su origen, sea el de su perpetua existencia, la creación divina o el de su arranque desde el Big Bang, resulta indiscutible que la materia llena el universo hasta donde alcanza la visión humana, nosotros somos de esa sustancia material cuya visión grandiosa que nos vislumbra. Basta con observar al Sol o las estrellas, tal como lo hizo el hombre primitivo y lo hacemos los actuales. Visión que ahora ha sido potenciada por los telescopios supersensibles colocados más allá de la atmósfera y por las tele cámaras de las sondas exploradoras del espacio. Hoy podemos decir, cuán grande es el universo conocido. Se han fotografiado las galaxias y las nebulosas distantes a ocho mil años luz y mucho más. Si consideramos la velocidad de la luz, trasladados sus factores de ecuación a kilómetros y a segundos, resultarán inimaginables distancias astronómicas. Conceptuales sólo en cifras con exponentes cuyo valor sería el de: 10 a la yo no sé cuantas cifras positivas convertidas en kilómetros. Valor mínimo utilizado para determinar con nuestras posibilidades, las enormes distancias que separan a esas galaxias de nosotros.

Como producto de la finita o infinita materia, piénsese lo que se piense, indudablemente, que uno de los grandes logros de la masa conocida que contiene el universo y de las transformaciones logradas en su proceso expansivo y creativo, lo es sin duda, la materia orgánica y su producto final, la especie humana. Aunque podríamos pensar, quizás vanidosamente exagerando, que a lo mejor, sea su fin último, pero también parece ser, que la evolución transformadora es infinita, hay que todavía deducir y esperar a ver, a donde llegará el producto universal en su constante creación y desarrollo.

Veamos esto, desde el principio de la evolución transformadora de la materia, hasta el hombre. Comencemos ordenando la secuencia de ese gran proceso:

Partamos desde la formación del universo y luego las galaxias y de la galaxia a la cual pertenecemos. Prosiguiendo con la dinámica que dispuso el orden de las partículas elementales, la cuales dieron origen a los átomos que conforman la materia conocida; luego la agrupación del conjunto de las masas de gases galácticos conformándose en sistemas; la formación del sistema solar; la consolidación orbital de los planetas y enfriamiento del globo terráqueo; el encuentro y combinación de los componentes de la materia orgánica; la aparición de los seres vivos; la evolución de las especies, hasta la aparición de los homínidos y al fin como producto final, el hombre, capaz de pensar, conocer y descubrir lo existente en su entorno.

Al fin a nosotros, seres donde el cerebro puede generar la mente, si observamos nuestra evolución, desde el cerebro primitivo de los pluricelulares, hasta el cerebro ya formado, aumentado y desarrollado, el córtex, concluiremos que la naturaleza primitiva se tornó capaz de producir seres inteligentes y pensantes. Podríamos decir más bien, que somos seres capaces de utilizar correctamente (con logicidad) los sentidos y las extremidades; de almacenar memoria de los hechos y convertirlos en ideas, concatenarlas para producir lenguaje y de elaborar pensamientos simples o complejos. Qué más se le puede pedir a “los dioses” o las fuerzas cósmicas, que intervinieron en ese descomunal proceso. Somos el fenómeno de los fenómenos, somos fabulosos, somos naturaleza viva, un milagro viviente y pensante. Desde cierta visión espiritualista, diríamos que poseemos la esencia de los dioses y desde la científica, que somos el resultado final del prolongado trabajo del universo, somos su fin máximo por el momento. Sea como sea, aquí estamos pensando, bien o mal, pero pensando.

Desde ese principio material hasta el cerebro humano, cuánto cambio cuantitativo y sustancial ha sufrido la materia primitiva, desde aquel entonces, momento inmediato, al instante que dio lugar a la existencia cósmica, cuyo resultado, a través de billones de años generó la existencia humana. Cuánto tiempo ha pasado, la inmensidad de esos momentos tan extensos se mide en “eones” o billones de años.

Tiempos incalculables para la mente intuitiva, la cual por naturaleza es “apriorística”, capaz de conceptuar el tiempo y el espacio, pero ese otro tipo de razonamiento de profunda lógica, sólo es asimilable por cálculos físicos matemáticos mediante razonamientos “a posteriori” asunto que ha sido y es materia de los físicos puros, quienes han desarrollado al máximo la facultad de la mente analítica y deductiva.

Sin embargos, las explicaciones sobre el principio del universo siguen siendo teológicas o teorías científicas aproximadas a la realidad, pero hay muchos noúmenos que envuelven el asunto. Pero ese otro tema, por lo complejo lo dejaremos a los grandes pensadores, aquellos que estén capacitados para utilizar los instrumentos físicos necesarios y tengan los conocimientos suficientes para resolver grandes incógnitas.

Cómo se genero el todo … ¿Fueron factores aleatorios, programados algoritmos, casualísticos o causísticos encadenados, los que crearon y ordenaron la materia? ¿Fue el caos primario quién por propia necesidad o por casualidad generó el orden? ¿Es realmente la naturaleza inteligente? ¿Existe un ente desconocido, creador y ordenador de la materia? ¿Es ese ente abstracto un factor físico no descubierto o un ente metafísico?

Sea cual sea, el origen de la materia, sean ellos, imaginados tales como: El concepto cósmico científico o el concepto atribuible a su formación divina, cuya esencia en netamente metafísica, entes abstractos o aceptados como reales por la intuición primaria, denominada fe, la cual ha sintetizado en abstractos de las causas informes, ingénitas o ignotas, seres que ya tienen sus determinados nombre: Dioses, Dios, Divina Esencia, Causa Primaria, Causa Infinita Necesaria o Ser Primario? Dejemos esto a la física, la filosofía y la teología, esas disciplinas son las encargadas de tratar tan complejo asunto.

Tremenda interrogante arrojará siempre el mismo resultado sobre el asunto. Si pensamos siendo humildemente un tanto sincréticos y un tanto panteístas, tomaríamos en conjunto las creencias y las teorías relativas al asunto y diríamos: En conjunto, todas tienen algo de verdad, porque en todas se conjuga la interrogante humana en cuanto a la realidad existencial que nos atañe. Objetivamente somos y existimos, o como lo planteo Descartes, pensamos, luego existimos. En fin, pensamos, estamos, existimos y por lo tanto somos y sentimos. Tremendo enredo filosófico este problema que ha sido y sigue siendo consumidor de neuronas y dendritas.

La realidad que realmente conocemos y de la cual tenemos absoluta certeza, es la de nuestra existencia. Sintetizando, ella es la verdad innegable de que existimos. Si lo duda, deje de comer y beber agua, proporciónese un martillazo en un dedo o déselo a varios y aténgase a las consecuencias. Pensando así, entonces seríamos en suma, existencialistas o espiritualistas pragmáticos o materialistas puros, de una forma u otra, todos los que vivimos, existimos, tenemos humanas necesidades, las percibimos y los fenómenos que estimulan la conciencia refleja y reactiva nos producen emociones y nos provocan pensamientos negativos o positivos.

Asunto que poco o nada debe importarles a los dioses, ni a la materia. Es de suponer que, ni a los dioses, ni a la esencia constitutiva de la materia abundante en el cosmos, de seguro que no les afectan los pensamientos especulativos nuestros. Dirán, sigan pensando, mientras nosotros somos y actuamos.

¿Por qué el planteamiento cuasi filosófico y especulativo? Justamente para darle curso a un fenómeno real relacionado con la existencia, el cual es por lógica, la conciencia humana.

Esta conciencia, de la cual, debemos sentirnos orgullosos portadores, sin duda es distinta a la inteligencia animal y en especial la de los nuestros parientes inferiores en la escala evolutiva. Esos seres no tienen conciencia, para su felicidad y beneplácito, viven sin darse cuenta de su existencia, sencillamente viven.

Los animales tienen capacidades sensoriales, emociones y los más próximos parientes tienen limitadas capacidades intelectivas, pero es de presumir que no tengan conciencia de existir. La capacidad de sentir y adecuarse al mundo se podría considerar inteligencia básica y quizás sea el embrión de la conciencia superior, pero de allí a proponernos a pensar que un caballo, un perro o un primate se cuestionen: ¿Qué son ellos o el porqué existen? no es posible de creer, sería un absurdo, a menos que seamos perfectos fabulistas.

Sufren hambre, necesidad sexual; otros instintos que le garantizan la supervivencia y la conservación de la especie; desarrollan instinto grupal familiar o de manada; instintos de pertenencia territorial; bastante instinto proteccionista con sus cachorros; lógicamente se nota que sienten necesidad protección y de cobijo, viven en árboles, se establecen en madrigueras o en covachas. Poseen facultad de comunicación sensorial, se comunican aullando, relinchando, térmicamente o químicamente; mantienen despierta la reacción alerta ofensiva-defensiva y es posible, que los domésticos se decaigan fuera de su hábitat o tengan momentos de gozo sensorial al sentirse en su terreno; conocido son, sus afectos o desafectos instintivos.

Es fácil ganar la afectuosa sumisión condicionada de un caballo o de un can, pero muy peligroso es molestar a una tigresa recién parida en su territorio o por descuidos, posar nuestro pie sobre una serpiente venenosa.

El hombre primitivo, por necesidad de subsistencia hubo de conservar sus genéticas facultades animales para adecuarse al mundo hostil en el cual vivió, sobrevivió (y aún vive) como cualquier mortal criatura. Esas necesidades existenciales contribuyeron al desarrolló la mente. Lógicamente, su cerebro ya estaba capacitado por la evolución; dotado, con el ya perfeccionado instrumento de la memoria y con ella, naturalmente, de mantener ideas, lo que le dio la facultad de analizar y deducir, factores que como consecuencia le otorgaron la indispensable capacidad de razonar, aprovechó las determinantes y constituyentes básicos para desarrollar la inteligencia.

Pulió las piedras, trabajó el barro; creó armas defensivas y utensilios de trabajos; descubrió el fuego; con las rolas ideó y puso a funcionar la rueda, encontró y le dio utilidad a los metales; abandonó las cuevas; dejó de errar para buscar los alimentos; cultivó los campos; estableció aldeas, luego pueblos; sintió la necesidad de documentar sus pensamientos; concatenó grafos con sonidos e ideó la escritura. Así estableció su adecuación al mundo, paso a paso, hasta llegar a construir las primeras ciudades en donde palpó la necesidad de organizase, ocupó regiones propicias y fundó los estados.

El hombre aprovechó las funciones del cerebro a paso agigantado, agudizó el entendimiento, profundizó cada vez más y se hizo pensador descubridor de los abstractos. Transformó los fetiches y tabúes en mitologías y religiones; se convirtió en físico, filósofo y moralista, en fin se percató del universo, del mundo, de si mismo y de la necesidad de comprensión, adecuación y de convivencia social. Instituyó las artes, se convirtió en humano, filósofo, artista, ciudadano y político. Si existe pensamiento organizador, ya se puede utilizar la mente para sentar las bases de las ideas complejas, se crean mentalidades o productos de la mente, productos, a los cuales llamamos espiritualidades, ideas fuentes, proposiciones, ideologías, tendencias y doctrinas,

Estas son las bases, para que se vislumbren la esencia y la sustancia de las cosas del pensamiento humano. Sirven para que se conformen los axiomas; se establezcan las cualidades; las diferencias, las adiciones, las ecuaciones, las categorías, las constantes, las variables; los teoremas o postulados; se elaboren las teorías y los tratados. Esto ha sucedido en todos los campos del conocer organizado o el saber, cuyo principal fin y único objeto sería, el de legar esos conocimientos para que la posterior humanidad se base en ellos y camine hacia adelante en busca del progreso. La evolución universal de la materia alcanza a la humanidad por ser esta parte de ella y por lo tanto, como la evolución universal es constante, determina su desarrollo progresivo. Categóricamente la humanidad evoluciona creando sistemas cada vez más complejos, pues la humanidad está inmersa en el desarrollo evolutista del universo, para eso nos fue otorgado el cerebro y hemos desarrollado el pensamiento, motor que impulsa como un “elan vital” hacia el progreso de la humanidad.

El problema humano ha sido y sigue siendo, que desde un principio de la aparición del homínido sapiente o inteligente, llevó y lleva consigo la carga de su animal herencia, de la cual hasta el momento, no ha podido liberarse. El hombre actual ha alcanzado investigar profundamente el microcosmos y el espacio circundante; el átomo, las partículas. Ha creado instrumentos avanzados, domina el espacio con ondas de ultra frecuencia, vuela y navega con naves de alto desarrollo tecnológico.

Pero el hombre sigue siendo el mismo, primitivamente el mismo cazador depredador; “lobo del hombre”; buscador de posiciones, de posesiones territoriales que lo privilegien; fomentador de guerras para expandir dominios; animalmente excluyente y racista. Vean las noticias de la actualidad, revisen las recientes, investiguen la historia y me dirán si miento, este mundo humano sigue siendo primitivo, entre los humanos, hay el animal que abunda. Digo humanos para demarcar a la gran mayoría de la especie en su actual forma, sin el ánimo de establecer generalidades. Los humanos de conciencia desarrollada siempre han sido y todavía son una minoría, a pesar de que, desde la última centuria y en el presente la educación es casi masiva y el orbe está colmado de universidades.

La naturaleza humana, según la indiscutible evolución del mundo y su presumible fin, no puede estar llamada a vivir en total desarmonía con sus congéneres y con su mundo, alejado de su esencia cósmica o divina.

La generalidad humana, no tenemos conciencia de lo que realmente somos, ni de donde vinimos o hacia donde vamos. Somos, crecemos, comemos, excretamos, estudiamos, nos informamos, nos reproducimos, atesoramos bienes y dejamos algún día de ser, más o menos así son también los animales.

Les pregunto: ¿cuál debe ser nuestra diferencia, respecto a los animales. Aún dormimos, no hemos despertado, no nos hemos encontrado con nuestra real esencia y la verdad de nuestra existencia? Pensamos si, descubrimos, creamos productos de la mente para materializarlos y que nos ayudan a vivir, pero de ahí no pasamos. Todavía tenemos turbia la conciencia, unos más que otros, pero la razón universal del hombre como ser existencial, todavía no llega a toda la humanidad.

Ahora estamos peor que hace cuatro milenios, ahora poseemos proyectiles teledirigidos, arsenales nucleares y armas bacteriológicas capaces de extinguirnos totalmente. Existen naciones cuyos gobiernos, sea para la defensa o para el ataque, guardan celosamente el botón activador de esas armas capaces de extinguir la vida en el planeta. Tremendo desarrollo intelectivo hemos alcanzado, asombroso, espeluznante y terrorífico, la humanidad del presente tiene un futuro incierto.

Ya aceptado lo expuesto, supuestamente podríamos decir, que la anterior deducción es emanada de la verdadera conciencia humana materializada. Ella estriba en el hecho de tener certeza en que somos y deducir, que para algo estamos parados en el mundo. Es conocernos y conocer el universo físico, para ponerlo en función del desarrollo humano. En definitiva, tener conciencia es visualizar la vida a través de la existencia, es utilizar la inteligencia en beneficio de la existencia, de la cual formamos parte.

Comprender, por lo tanto, que si vivimos, vivamos colaborando en el desarrollo humano. No antepongamos posiciones para preservar nuestras ambiciones egoístas heredadas de nuestra anterior animalidad, no obstaculicemos el verdadero desarrollo humano. Desde hace milenios, de éticas y morales ha vivido el pensamiento humano, sólo mediante la conciencia realista se podrán llevar a la práctica sus postulados. El verdadero “imperativo categórico” del humano es el imperativo que le dio la naturaleza, el cual es vivir como ser racional entre los hombres, para cumplir con su supremo destino, vivir en armonía con la totalidad de lo que existe.

Humanos, participemos proactivamente siendo solidarios, luchando para que las riquezas materiales, las cuales, si son proporcionadas por esta tierra, nos pertenezcan a todos; participemos contribuyendo a nuestra existencia y la de otros, los que ahora vivimos y los vivientes del futuro.

Comprendamos, que tenemos, el necesario deber de trabajar por el mundo nuestro, el mundo de nuestros hijos y los hijos de los otros. Materializar en el mundo el cielo prometido por los religiosos o por las propuestas sociales y humanísticas de los hombres racionales. Sean los unigénitos, los ungidos, los místicos, los elegidos o aquellos seres que mediante sus racionales postulados han ampliado la conciencia humana, al final de cuentas, el pensamiento religioso y el pensamiento racional materialista han tenido la misma intención, mejorar la comprensión humana en busca de sentar las bases de la convivencia. Es el mismo pensamiento generado desde el mismo hombre, el hombre humano conciente de vivir con voluntad humana, la verdadera buena voluntad, no hay duda.

Noel Aniloc, desde un lugar de Los Altos Mirandinos.

leoncolinah@hotmail.com

 

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