Educación y vínculo.. . En el vínculo está el mensaje. Benetti

EN EL VÍNCULO ESTÁ EL MENSAJE  EDUCATIVO
Dialogando con los educadores

Dos amigos míos han decidido, cada uno por su cuenta, poner un pequeño negocio de artículos alimenti­cios. Esta noticia no sorprende a nadie. Pero usted seguramente se quedará sorprendido si le digo que estos dos amigos míos son profesores de enseñanza media con más de quince años de antigüedad, y al comprobar que con sus magrísimos sueldos no pueden sostener a sus familias, han debido renunciar a su profesión docente para vender alimentos.

Si yo ahora pretendiera convencerlo a usted de que en nuestro país la docencia y
la educación están sumamente valoradas, ya que los argentinos las consideramos como “la más sublime vocación, para educar al hombre y preparar las futuras generaciones que harán la grandeza de nuestra patria”, seguramente no solamente no lo voy a convencer sino más bien todo lo contrario.
Porque un país que no valoriza el trabajo de una persona
, tampoco puede decir que valoriza a esa persona ni la función que desempeña. Lo demás, o sea, ese discurso sobre la sublime vocación del educador, es mentira pura.
Como también es hipócrita falacia decir que ya que se trata de un trabajo “por vocación”
, la remuneración no es lo importante sino el interés de los miles de educandos, porque esa misma gente que hace tan desinteresado discurso es la misma que habla de su propia “vocación política al servicio del país”, lo que no es obstáculo alguno para asignarse a sí mismos fabulosos sueldos, jubilaciones de lujo y un sinfin de privilegios más, que tienen que ver muy poco con la vocación de servir al país y con la democracia.

Evidentemente hay un doble discurso en todo esto. Se afirma algo con las palabras, pero con las acti
tudes y los gestos se dice todo lo contrario.
Justamente a eso quería llegar y, partiendo de los ejemplos dados, plantearnos por dónde pasa el mensaje educativo en las escuelas, colegios, universidades, familia, etc. Nos resulta fácil, o relativamente fácil, cuando la mentira se reitera, descubrir el doble mensaje en el otro, pero nos cuesta más entender que estamos inmersos en una institución o empresa educativa que se halla sujeta a las mismas reglas de juego del proceso de la comunicación.

Si la valorización del rol y de la función educativos no pasa por el discurso y las declamaciones retóricas sino por una estructura del estado que garantice sueldos justos y un presupuesto educativo acorde con los tiempos y con la función de formar al país de mañana ¿por dónde pasa a su vez el mensaje educativo dentro de las instituciones educativas? ¿Por dónde pasa (por qué canal) el discurso educativo?
Conocemos la respuesta tradicional e imperante casi como norma: la comunicación se da a través de los canales de comunicación: la clase, la instrucción, normas de convivencia, temas de moral, etc. O sea, el mensaje educativo llega al educando a través de los llamados “contenidos de la educación”. El rol docente consistiría en desarrollar ese contenido en forma más o menos sistemática y articulada.
– Y usted diría que no es así, que no hay que desarrollar esos contenidos, que tendríamos que inventar otros ...
Lo que diría es que los contenidos del mensaje o el mensaje explícito, como también podemos llamarlo, son solamente una parte del mensaje y la parte menos importante. Y si sólo nos quedamos en ellos corremos el riesgo de hablar de la sublime vocación docente pagando los sueldos más miserables …
-O sea que habría dos mensajes: uno, más explícito, por las palabras; y otro, por los hechos concretos, por la realización de ese mensaje verbal.
Más todavía: por la forma de vincularme con el otro, por cómo me siente, por cómo recibe mi mensaje o desde dónde lo recibe … ¿Desde el respeto, desde el afecto, desde la prepotencia, desde el desprecio?

Dia del Niño, Juancito 013 041
En una palabra
, lo que estamos planteando es que el mensaje educativo se da a través de toda la estructura educativa, y sobre todo, a través de dicha estructura. Y la estructura está formada por un sinfín de vínculos, vinculaciones, relaciones, encuentros personales que filtran el mensaje. Y, de más está decir, esto es lo más difícil de lograr. Así, por ejemplo, hablar del respeto al otro es relativamente fácil, pero respetar al otro, nos cuesta más.
En caso contrario caeríamos inevitablemente en el doble discurso: mientras hablamos de la importancia del diálogo y de la comunicación, estamos imponiendo rígida y autoritariamente nuestras ideas.
El defecto típico de las instituciones educativas (familia, escuela, Iglesia), digamos que su enfermedad profesional, es el doble discurso, o la falta de sincronía entre lo que se dice y lo que se hace, entre los ideales proclamados y la praxis vividaLo mismo sucede con la política en la que el doble discurso, cuando no la mentira intencional, es la norma permanente, al menos entre nosotros.

decimos enfermedad “profesionalporque los educadores nos sentimos como obligados a hablar de valores, de cosas buenas, de ideales, y hemos reducido nuestra profesión al discurso hablado “sobre temas importantes”.
Así se llega al discurso hipócrita (hypó: por debajo; crinein: pensar, discernir): el verdadero mensaje va por debajo de las palabras o de los gestos. El que lo emite esconde por debajo su verdadero mensaje, que por arriba es disfrazado generalmente con palabras más o menos bellas. No me refiero a una hipocresía ética, a una mala voluntad de engañar al otro, sino a la hipocresía psicológica de la cual puede hasta ser inconsciente el mismo mensajero-emisor.
¿Quién puede decir que siempre su mensaje es totalmente coherente? Con qué facilidad nos sale un tono autoritario o un gesto demasiado duro mientras estamos hablando sobre la importancia de la democracia y de los derechos humanos. Todo esto nos lleva a comprender por qué hoy se afirma – y adhiero a esa afirmación- que en una pareja o en un grupo: todo es comunicación.

O dicho por la negativa: es imposible que no haya comunicación.
Por lo que se dice o se calla, por lo que se hace o se deja de hacer, por las palabras o por los gestos, por las ideas que vertemos o por los sentimientos con que actuamos… siempre estamos emitiendo mensajes y el otro siempre los está recibiendo. La cuestión, espinosa cuestión, es si el otro recibe el mensaje que yo le quiero transmitir o no se me está escapando otro mensaje que ni yo mismo controlo o del cual no soy consciente, pero que en definitiva es el que el otro capta y desde el cual va a actuar.
En toda comunicación tenemos como dos niveles de mensajes, o directamente dos mensajes: uno, por lo general explícitamente verbalizado, puntual, consciente, al que comúnmente llamamos “contenido” o mensaje a secas.
Otro, expresado por el lenguaje paraverbal (entonación, silencios), gestos, y esa misteriosa transmisión de sentimientos que llega por vía inconsciente, y al que podemos llamar relación o vínculo. En el primero, sé lo que el otro me dice.
En el segundo, siento al otro y lo percibo desde dónde me dice y habla (como amigo, como padre, como autoridad, con amor, con odio, con indiferencia ... ) .

Ahora bien, lo importante es que siempre vamos a interpretar la totalidad del mensaje, en particular el primer-mensaje o contenido, desde el segundo mensaje, o sea desde la vinculación que sentimos con el otro. 
– ¿No podría darnos algún ejemplo?
– Piénsese como alumno. Si un profesor de geografía establece con usted un buen vínculo, una relación positiva y agradable, ¿acaso no está ya predispuesto a aceptar positivamente sus clases de geografia? Si un colega suyo, al que usted mucho aprecia y de quien se siente usted muy apreciado, le hace alguna observación o crítica, la aceptará gustoso y hasta dirá; “Qué buen amigo tengo”. Pero si la misma crítica la recibe de ese otro colega al que usted considera envidioso o de un superior que a usted lo tiene entre ceja y ceja … ¿cuál será su comentario? I

O sea, que no tenemos más remedio que establecer vínculos positivos con los educandos si queremos que nuestro mensaje les llegue. Esto no estaba en mis cálculos ...
– Creo que es más todavía.
– ¿Más todavía?
El verdadero mensaje está en el vínculo que usted establece con los educandos. Un vínculo sano es un mensaje de salud. Un vínculo autoritario es un mensaje de autoritarismo, y así
suce
sivamente. Y puede usted decir cualquier cosa distinta de ese mensaje vincular, y nadie le va a creer. Pero me llamó la atención lo que usted decía: ”No tenemos más remedio que establecer vínculos positivos”.
En realidad, no tenemos más remedio que establecer, nos guste o no, queramos o no queramos, algún tipo de vínculo. Es imposible que no nos vinculemos de alguna manera con el otro. Yo mismo, al escribir, establezco con usted un tipo de vínculo, que espero le resulte positivo y agradable. 

Y aquí radica el verdadero drama de la escuela como unidad educativa: siempre establecerá algún tipo de vínculo con los educandos. Y de ese vínculo depende todo el proceso educativo. Positivo o negativo; sano o enfermo; placentero o desagradable; creativo o represor …

Y si no tenemos más remedio que vinculamos de alguna manera, es de inteligentes tratar de establecer un vínculo positivo, sano, placentero y creativo.

De inteligentes y de santos, agregaría yo. ¡Lo que nos está pidiendo! Con la bronca que llevamos dentro, y la depresión colectiva, mire si estamos como para establecer vínculos tan sanitos, positivos, agradables, ¡ah!, y creativos. Hasta tenemos que establecer relaciones creativas.
Acepto su protesta. Sé que no es fácil y menos en los tiempos que vivimos. Pero ¿no le parece que vale el esfuerzo? Imagínese las cosas al revés: usted va a la escuela o a su colegio, y además de los problemas personales que ya tiene, digamos los normales de todo el mundo, se encuentra con unas caras …
– No siga, por favor … Lo que pasa es que usted ha puesto el dedo en la llaga y eso duele. Hace tiempo que nos estamos escapando de la verdadera reforma que nuestra escuela necesita. Hemos perdido el tiempo y las energías en parchecitos, y todo por no ir al fondo de la cuestión: reformar nuestro sistema de vinculaciones, de relaciones. ¡Hacer una estructura educativa sana! ¿Es eso, no?
Ni más ni menos y me doy cuenta de que nos hemos entendido muy bien. Crear una estructura educativa desde vínculos sanos, positivos, agradables, creativos. Crear esa estructura es hacer una educación sana, positiva, agradable y creativa.

Pero eso no lo podemos pedir desde el inicio. Esa estructura la vamos a ir construyendo entre todos, día a día. Esa construcción, costosa si se quiere, pero inmensamente gratificante para todos, es lo que llamamos educación; y al hablar de vínculos no me refiero solamente a las relaciones educador-educando.
¿Cómo andan las relaciones entre el cuerpo directivo y el cuerpo docente? ¿ Y cómo son las relaciones entre los mismos educadores o docentes? Cuando hablo de vínculos sanos, positivos, agradables y creativos, estoy pensando, en primer lugar, en la salud de los educadores. Se dice, se cuenta, que muchos maestros y profesores se enferman después de meses o años de dar clases. Y no sólo en nuestro país. Y es una gran pena educar a otros a ser sanos, a costa de nuestra propia salud.

En síntesis: la tarea más importante y más urgente de nuestra escuela (de nuestro sistema educativo) es inventar un sistema de relaciones institucionales que “diga” lo que nuestro discurso dice; que haga conforme son sus palabras. Todo el proceso educativo, todo el mensaje educativo, pasa por esa estructura.
En definitiva, no hago más que reclamar lo que siempre enseñamos: coherencia. Coherencia. Que no merezcamos aquel reproche que ya es antológico: “Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que hacen”. Si toda la educación es la búsqueda de coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace, ¿cómo no reclamar una escuela coherente entre lo que piensa, siente, dice y lo que
efectivamente hace?

Y eso es tan difícil como vivir. O tan fácil. Se nos reclama un mensaje coherente. En ello se juega nuestra credibilidad. Por eso he insistido en que los educadores digan “su” palabra y no la palabra del otro, esa palabra que se dice y no se vive. Mientras digamos nuestrapalabra, podremos ser coherentes con ella.
Por eso debemos abandonar la pedagogía desde lo perfecto, porque nunca podremos ser coherentes con ideales inalcanzables, y reclamo que seamos nosotros mismos, ni perfectos ni modelos, simplemente seres humanos que, al menos, puedan ser testigos veraces de su propia experiencia.

O sea
, que la propuesta que estoy haciendo no es una exigencia más a las muchas que ya tenemos, sino liberarnos de tantas exigencias simplemente para sentirnos bien.
Bajar ese nivel de normatividad, censuras, culpas, castigos, etc., etc. para damos el lujo, un lujo que no se paga con dinero, gracias a Dios, de crear un ambiente en el cual podemos respirar, reír, ser nosotros mismos, comunicarnos con placer, crear, pensar, sentir, amar …
En fin
, vivir.
Crear un sistema de vínculos que nos permita ser nosotros mismos.
¿Podría ser esa una definición de la escuela?

 

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