Qué es eso de Resucitar … S Benetti

SIMBOLISMO DEL DOMINGO DE PASCUA: QUÉ ES ESO DE RESUCITAR …

Santos Benetti

El símbolo que suscita más resistencias en la mentalidad moderna es la resurrección de Jesús. El texto literal es bien conocido: Jesús muerto es depositado en una tumba aquel viernes de tarde, y al amanecer del tercer día (nuestro domingo, primer día de la semana) sus mujeres discípulas encuentran la tumba vacía. Los cinco relatos que la tradición nos ha legado (Pablo y los cuatro evangelistas) muestran contradicciones irreconciliables que hablan a las claras de diferentes interpretaciones de un suceso misterioso e inexplicable.

Una vez más debemos volver a preguntarnos si el relato debe ser entendido al pie de la letra, con todas las contradicciones y absurdos del caso, o es un antiguo símbolo de una cultura que así expresó el sentido “trascendente” de la vida.

El sentido de la muerte

Desde los orígenes de la humanidad y de la religiosidad el significado de la muerte fue lo que despertó en los seres humanos el mayor de los interrogantes. Así fue surgiendo la creencia en la existencia de las almas o espíritus de los difuntos y en la necesidad de rendirles cierto culto para mantenerlos propicios, ya que se suponía que seguían viviendo, aunque de otra forma, en medio de la comunidad. De todo ello dan fe numerosos estudios e investigaciones de los antropólogos e historiadores de las religiones. Misterio de la muerte que suscita temor y esperanza ayer y hoy.

Es curioso que los hebreos ignoraron el destino del más allá para sus muertos, a los que suponían vagando en el interior de la tierra en medio de tinieblas (el sheol) y sin esperanzas de una nueva vida. Pero a partir de la influencia de los persas y de la persecución a la que fueran sometidos los judíos por los helenistas (Antíoco) y de la muerte de los mártires, fue surgiendo la idea hacia el siglo II a.C., rechazada por los saduceos, de una resurrección de la muerte; y al ignorar aún la existencia de un alma inmortal de la filosofía griega, entendieron que toda la persona, o sea su “cuerpo”, adquiría nueva vida por la fuerza del espíritu de Dios: Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes (2 Mac 7,9) Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para el horror eterno (Daniel 12,2)

Por otra parte, la creencia en dioses o héroes míticos que mueren y resucitan (a imagen del sol en su transcurso cósmico) es relativamente común en todos los pueblos antiguos, entre ellos Osiris, en Egipto, o Mitra, el dios persa muerto y resucitado que competía con Jesús en el imperio romano.

Simbolismo de los relatos de la Resurrección

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado…  Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron… Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer.

Siguiendo exclusivamente el relato de Lucas en el capítulo 24 y final de su evangelio observamos que se trata de una historia claramente mítica cargada de símbolos con un mensaje cifrado:

– El relato se inicia con la frase el primer día de la semana, clara alusión a una semana de la nueva creación que se ha inaugurado con la misma fuerza del espíritu que aleteaba sobre las aguas primigenias del Génesis. Se sugiere, pues, una resurrección que llega a toda la humanidad como creación o vida “nueva”.

– El sepulcro vacío, que aparece en todos los relatos, es el más típico símbolo que alude a no vivir como muertos encerrados en una tumba. El sepulcro vacío es el nuevo útero de la madre tierra del que se levanta (re-surge) y eleva el hombre nuevo, aspiración máxima del espíritu humano, de las religiones y de toda espiritualidad.  De esta manera el símbolo original del útero de María y de la cueva de Belén se enlaza con la cueva del sepulcro. Resurgir, levantarse de las derrotas y aspirar a otro estilo de vida es una constante en los más de 500 mil años de historia humana. También el hombre nuevo fue la aspiración secular desde el Renacimiento hasta los mitos del hombre nuevo del socialismo y de la posmodernidad omnipotente.

– Como en el evangelio de los orígenes del nacimiento de Jesús aparecen los mensajeros divinos que explican el sentido de lo que está sucediendo: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.

Hay gente que vive entre los muertos y que aún no ha descubierto el mensaje de resucitar a una nueva forma de vivir; hay estructuras de muerte del espíritu que domestican y adormecen a millones de seres humanos en un mundo de sombras. Y cuánta muerte vemos hoy en nuestro mundo, muerte de los cuerpos y muerte de los espíritus, de los sentimientos y de los valores…

– Mientras que las mujeres que “amaban” a Jesús pueden  creer en el nuevo mensaje, los apóstoles desde su razón y celos no aceptan el testimonio femenino. El sentido es claro: sólo desde el amor se puede renacer a una vida nueva. El amor engendra hombres nuevos como también engendra la primera vida.

– El resucitado, el hombre regenerado, se expresa en un don: La paz esté con ustedes. Es el mismo símbolo anunciado por los ángeles a los pastores de Belén. Donde la gente busca y lucha por la paz, allí está Dios y se manifiesta en Jesús. La paz es la nueva vida que la humanidad no pudo conquistar hasta el día de hoy. La paz es el signo más evidente de que la liberación total ya es un hecho. Esa “Paz” interior y social es como la síntesis del espíritu del hombre nuevo re-nacido…

– Los apóstoles, como los pastores de Belén,  se quedaron  atónitos y llenos de temor, pero Jesús les dijo: Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. El símbolo de “tocarlo” indica que él está tan vivo en medio de ellos desde el amoroso recuerdo, el testimonio de vida nueva  y la vivencia de su propuesta, como si tuviera un cuerpo real. Todas las culturas viven la presencia de sus fundadores y héroes, vida que se prolonga en el compromiso de las comunidades.

– Esta presencia se la siente en una emoción similar a la de Belén: Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. La presencia invisible de las personas amadas y de la nueva vida nos produce una alegría serena, otro gran símbolo de los nuevos tiempos. Ya Jesús en las Bienaventuranzas del Reino introduce cada una de ellas con la palabra “felices”… los que antes estaban tristes y angustiados, hambrientos y oprimidos ahora son felices al gozar la experiencia de un mundo nuevo…

Observamos  cómo Lucas inicia y finaliza su evangelio con dos relatos profundamente míticos y simbólicos, y muy conectados entre sí. En uno, nos da cuenta del nacimiento de Jesús, el hombre nuevo; en el otro, de su final en un nuevo y total re-nacimiento y vida plena. En ambos casos los personajes humanos no entienden lo que está sucediendo y se sienten llenos de turbación y temor; entonces aparecen los mensajeros divinos que les dan el sentido espiritual de esto nuevo que tanto asombro causa, y les devuelven la alegría.

Este conjunto de símbolos, recreación y transformación de otros ya conocidos pero siempre con nuevos significados, nos interroga HOY a nosotros sobre lo que llamamos “el sentido de la vida”, esencia misma de toda espiritualidad humana o religiosa. Una sociedad sin este sentido está en la tumba … muerta.

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