Las Religiones Hoy … ¿tienen futuro? S. Benetti

LAS RELIGIONES HOY … ¿tienen futuro?...

Lic. Santos Benetti

Me gustaría hacer unas reflexiones  sobre el momento que viven hoy las religiones tradicionales que, en muchos casos, son cuestionadas como inútiles y fuera de época.

Todavía hoy, a pesar de tantos malos pronósticos, millones de seres humanos de todas las culturas y latitudes se aferran a su comunidad religiosa. Y la propuesta de ciertos pensadores europeos de vivir la espiritualidad sin Dios, ni religión ni nada que se le parezca, es un reto casi imposible y hasta inhumano, al menos para millones de gentes humildes, simples, pobres y angustiadas que encuentran en sus comunidades religiosas, no sólo alivio y consuelo, sino en muchos casos un ancla de vida y protección, especialmente en los llamados países del tercer mundo.

Nadie puede predecir cuál será el futuro de las religiones, que tienden a mermar su influencia a medida que las sociedades avanzan hacia el mundo de los conocimientos, de la industrialización, de las modernas tecnologías y de un standard de vida que resuelve con holgura sus necesidades básicas y otras no tan básicas, e incluso superfluas.

Pero creo que la humanidad siempre necesitará de movimientos u organizaciones, cualesquiera sean sus creencias, que cubran un espacio vacío que cada día se agranda más y que tiene que ver con necesidades humanas que van mucho más allá de las satisfacciones que brinda la cultura posmoderna… a las que llamamos genéricamente “espiritualidad” o necesidades del espíritu humano.

No es un misterio que hoy existe una sed existencial de viejos y nuevos valores que las nuevas generaciones buscan ansiosamente y casi individualmente donde pueden y cómo pueden: me refiero a los llamados valores del espíritu, que tienen que ver con la armonía con uno mismo y con esa paz interior desbordada por una ansiedad que se respira en el aire.

Ansiedad promovida por el mismo Estado que controla hasta las más personales intimidades y que exige, exige y exige en una carrera que no tiene respiro, trabajar, ganar, comprar, pagar, para volver a trabajar para ganar y poder comprar y pagar, siempre pagar desde el aire y el agua hasta los más complicados impuestos. Ansiedad asfixiante promovida por un sistema social y político que, lejos de proteger y promover a los ciudadanos, los oprime, agobia y enferma.

Los síntomas están a la vista: no se duerme, salvo con pastillas; no se descansa (no hay tiempo), no se disfruta (las obligaciones abruman), se come a la rápida, se digiere mal, baja el deseo sexual, aparecen decenas de enfermedades psicosomáticas… La vida biológica en sus funciones elementales (dormir, descansar, alimentarse, cuidar el cuerpo, hacer el amor) se ha deteriorado abarcando a toda la escala etaria, desde niños a ancianos.

Si de lo biológico pasamos al nivel social, el panorama es desalentador: caídos los sistemas de control social (Estado, padres, iglesias, escuelas) las casas se van transformando en fortalezas contra la delincuencia, de día y de noche; una ola de conductas psicopáticas de crueldad inusual ha creado un clima de miedo y terror; más las organizaciones delictivas, tráfico y esclavitud de niños, niñas y mujeres, y tantos etcéteras que cubren diariamente los medios de comunicación… ¿Hace falta decir que esta sociedad va camino de perder el rumbo de la convivencia humana por falta de valores éticos y espirituales? No deseo extenderme más sobre las nubes negras de la sociedad posmoderna; sólo quise poner algunos ejemplos, la mayoría surgidos de mi actividad profesional.

Pero no podemos olvidar que aún hoy la mayoría de la población mundial vive en el desamparo y la indigencia, si tenemos en cuenta los datos estadísticos de los informes de Naciones Unidas que nos dicen que :

  • 2.800 millones de personas, casi la mitad de la población mundial (6.800 millones), viven en pobreza
  • Más de 1.000 millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día
  • El 20% de la población mundial, los más ricos, acapara el 90% de las riquezas
  • 840 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos; más que la población de EEUU y la UE juntas.
  • 98% de las personas con subnutrición viven en países en desarrollo.
  • el 60% de las personas con hambre son mujeres.
  • Cada 8 segundos muere una niña o un niño por causas relacionadas con la desnutrición.
  • Un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria.
  • el 80% de los refugiados son mujeres y niños
  • En educación: 876 millones de adultos son analfabetos, de los cuales dos tercios son mujeres
  • Cada día, 30.000 niños de menos de 5 años mueren de enfermedades que hubieran podido ser evitadas
  • En los países en desarrollo, más de un niño de cada diez no llegará a cumplir los 5 años. Más de 500.000 mujeres mueren cada año durante el embarazo o en el parto
  • Hoy en día, 42 millones de personas viven con el virus del SIDA, de las cuales 39 millones viven en países en desarrollo. Al horizonte del 2020, algunos países africanos podrían perder más de una cuarta parte de su población activa por causa del SIDA
  • Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable  y 2.400 millones de personas se ven privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.
  • En 2013, en América Latina el número de personas en situación de pobreza ascendió a unos 164 millones, cifra que equivale a un 27.9% de la población.
  • De ellos, 68 millones se encuentran en la extrema pobreza o indigencia, un 11.5% de los habitantes de la región, según proyecciones de la Cepal .

Desde estos datos y muchos más de cada continente y país, hago esta reflexión final:

¿Acaso las religiones no nacieron como respuesta a tantos interrogantes similares, y por qué hoy las religiones, cualquiera sea su sistema de creencias, no pueden cumplir un gran objetivo de ayudar a generar (nacer, resucitar…) una humanidad donde sea realidad que todos los seres humanos seamos iguales en dignidad y derechos, y además, seamos y vivamos como hijos del mismo Padre?

¿Y cómo encontrar un mínimo sentido de la vida, objetivo original de las religiones, desde una realidad agobiante para “la mayoría” de la humanidad?

Y a nadie le parecerá inoportuno preguntarnos por qué no unir el esfuerzo de tantas religiones que, curiosamente, todas se afirman al menos en teoría en el mismo fundamento del amor, de la solidaridad, de buscar lo más hondo del espíritu humano; unirse, saliendo del cascarón que las tiene encerradas en sí mismas, para abrirse a un grande y maravilloso proyecto que puede tener nombres distintos, desde Salvación universal, Reino de Dios, Armonía cósmica, Unidad de la familia humana, Desarrollo Integral universal, Derechos Humanos integrales… pero que todos, en definitiva, urgen, requieren, demandan un gran esfuerzo de COHERENCIA…

Poner en práctica lo que desde los antiquísimos libros sagrados hasta las últimas Declaraciones de Naciones Unidas demandan… Comenzar a hacer con amor gratuito lo que nuestras palabras han dicho y escrito…

 

 

 

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