Educación en los Derechos Humanos. Propuesta 1. Jares

EDUCACION EN LOS DERECHOS HUMANOS

EDUCACIÓN Y DERECHOS HUMANOS.

CONCEPTO Y PRINCIPIOS DIDÁCTICOS.

Xesús R. Jares, La Coruña, España. “Educación y Derechos Humanos”

a) Definición


Concebimos la educación para los derechos humanos
como un proceso educativo continuo y permanente, asentado en el concepto amplio y procesual de derechos humanos –como tal ligada al desarrollo, la paz y la democracia–, y en la perspectiva positiva del conflicto, que pretende desarrollar la noción de una cultura de los derechos que tiene como finalidad la defensa de la dignidad humana, de la libertad, de la igualdad, de la solidaridad, de la justicia, de la democracia y de la paz. Como componente de la educación para la paz, la educación para los derechos humanos es una forma particular de educación en valores. En efecto, toda educación lleva consigo, consciente o inconscientemente, la transmisión. de un determinado código de valores. Al mismo tiempo se cuestionan aquéllos que les son antitéticos, como son la discriminación, la intolerancia, el etnocentrismo, la violencia ciega, la indiferencia e insolidaridad, el conformismo, etc.

b) Objetivos cognoscitivos:


– Comprender la noción de derechos humanos como un proceso histórico, expansivo e inacabado, identificando sus diferentes generaciones. Conocer la historia por la lucha por los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

– Reconocer el articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de otras declaraciones internacionales con ella relacionada.

– Analizar los derechos humanos y las necesidades humanas
básicas.

– Entender la noción de derechos humanos relacionada con la de desarrollo, democracia y paz.

– Identificar las violaciones de los Derechos Humanos en nuestro país y en el mundo e indagar en sus causas y sus posibles alternativas.

– Comprender la dinámica y estructura del conflicto y la visión conflictiva de la sociedad, así como ejercitarse en las alternativas de resolución.

– Comprender el significado no sólo de los derechos sino de los deberes que tienen las personas, los grupos sociales y las naciones para con los demás (Recomendación de 1974).

c) Objetivos actitudinales:


– Apreciar los derechos humanos como uno de los avances sociales más importantes de la humanidad.
– Valorar positivamente las organizaciones, individuos y estrategias de lucha tendentes a hacer desaparecer de la faz del planeta todo tipo de violencia.

– Sensibilizar sobre la violación de los derechos humanos y suscitar compromisos de acción, individuales y colectivos, para su erradicación. Ser conscientes de la doble moral en torno a los derechos humanos: lo que se proclama o legisla y lo que se practica.

– Favorecer una actitud positiva y de colaboración con las organizaciones de defensa de los derechos humanos.

– Sensibilizar sobre la necesidad de unas relaciones interpersonales y de una convivencia asentadas en los principios consagrados en los derechos humanos.

d) Principios didácticos


1. Vivir los derechos humanos.

Podemos decir que éste es el principio didáctico que más se resalta en la historia de esta dimensión educativa. La idea es tan clara como compleja: Más que reflexionar sobre los derechos humanos se trata de vivirlos en el centro. Vivencia que extendemos a todos los ámbitos de la acción educativa: metodología, organización, contenidos, etc.

“La base de la educación se encuentra en la vida diaria de la escuela, donde los alumnos convenientemente dirigidos pueden aprender a pensar con sinceridad y fundamento, a enjuiciar las normas de la sociedad en la que vive y asumir deberes y responsabilidades hacia sus compañeros de estudio, sus familias, la comunidad en la que viven y más adelante, en la sociedad mundial” (Unesco).

2. Conexión con la vida real del centro y del entorno.
No cabe duda de que el primer principio lleva implícito este segundo. En efecto, vivir los derechos humanos significa, entre otras cosas, dar preferencia a los hechos cotidianos que se producen en el centro educativo como elementos didácticos de primera magnitud, tanto en su doble acepción de medio y objeto de aprendizaje. Es más, para que éste sea significativo consideramos necesaria esta relación continua entre la multiplicidad de significados de los derechos humanos y la vida real. Así,

“los niños de todas las edades necesitan que la instrucción a recibir acerca de los derechos humanos se refiera continuamente a su vida y experiencia cotidianas. Para los más jóvenes, el espíritu de la escuela o de la clase y las relaciones entre alumnos y entre cada alumno con el profesor resulta más importantes que la adquisición de conocimientos” (Unesco).

3. Importancia del ambiente y organización de la escuela:
la organización democrática del centro. Sin duda es la educación para los derechos humanos el componente de la educación para la paz (EP) que más resalta este principio.

“Al igual que en la enseñanza primaria, la organización, espíritu y ambiente del colegio son, en la enseñanza secundaria, componentes fundamentales de la educación en materia de derechos humanos. Los principios de los derechos humanos deben reflejarse igualmente, en todas las actividades de la vida cotidiana del colegio así como en las relaciones entre los profesores, alumnos y miembros de ambos grupos” (Unesco).

4. Educar para los derechos humanos es una educación desde y para la acción.

Tal como se recoge en la Recomendación de 1974, la educación para los derechos humanos como parte de la educación para la paz es una educación desde y para la acción. Dicho en negativo, no hay educación para la paz y los derechos humanos si no hay acción práctica. Y ello en tanto en lo que se refiere a nuestro papel como educadores/as-ciudadanos/as, como en lo relacionado a nuestro trabajo con el alumnado. Para lo primero, presupone una invitación para reflexionar sobre nuestros comportamientos, actitudes y compromisos, sabiendo que cuanto más corta es la distancia entre lo que decimos y lo que hacemos, entre el currículum explícito y el oculto, más eficaz será nuestra labor. Para lo segundo, lejos de buscar la pasividad, tranquilidad, la no acción, etc, debemos dirigir nuestra acción hacia la formación de personas activas y combativas.

5. Participación del alumnado en el “qué” y en el “cómo” del proceso de enseñanza-aprendizaje.

La participación es, simultáneamente, un requisito y un valor en el proceso de enseñanza-aprendizaje desde la perspectiva democrática en la que se asienta la educación para los derechos humanos. Las estrategias didácticas fomentarán y se apoyarán en el trabajo en equipo, en la toma de decisiones consensuada siempre que sea posible, en la cooperación, etc. El alumnado debe ser “incitado a participar y a definir las condiciones del propio proceso de aprendizaje; la determinación de los fines; la elección de los métodos y la evaluación de los resultados” (Jares).

6. Educar para los derechos humanos presupone presentar una visión de la realidad cambiante y susceptible de transformación.
Vinculada al principio de acción que vimos anteriormente, tenemos que incidir en la idea de que la realidad no es estable ni definitiva, sino cambiante y provisoria. De este modo podemos construir otro tipo de relaciones sociales.

7. Preferencia por los enfoques globalizadores e interdisciplinares.

Tanto desde el punto de vista conceptual en el que se fundamentan los derechos humanos como desde el punto de vista didáctico, la educación para los derechos humanos exige enfoques globales e interdisciplinares, a través de los cuales se pueda aprehender la complejidad de la temática que nos ocupa. Este principio forma parte también de las propuestas didácticas de la educación para los derechos humanos desde su inicio.

8. Combinación de enfoques cognoscitivos y afectivos.

Es uno de los principios didácticos que más se ha resaltado en esta tradición educativa desde los años setenta. En efecto, desde esa década se ha comprobado que la vertiente intelectual del proceso de enseñanza aprendizaje no se puede separar de su componente afectivo y experiencial; ambos procesos van unidos y ambos procesos son necesarios para interiorizar los valores de una educación para la paz y los derechos humanos. Por eso debemos ser críticos con las formulaciones que sólo mencionan la información: “La información es esencial, pero es sólo un primer paso” (Classen-Bauer).
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