Ideologías 9 Pensamiento alemán: Hegel, Nietsche, Heidegger. Democracia americana. Madison. Hamilton. Tocqueville. Dewey

EL PENSAMIENTO ALEMÁN 
1 GEORGE  HEGEL (1770-1831)

Nacido en Stutgart, Hegel estudió en Tubinga, siendo después profesor en Jena, Nüremberg y Heidelberg. Desde 1818 hasta su muerte, ocasionada por el cólera, enseñó en Berlín con gran éxito.
Hombre de una mente privilegiada y gran cultura general, publicó numerosos libros desde inicios del siglo XIX, especialmente Fenomenología del espíritu (1807), su obra maestra La lógica (1812), enciclopediafilosófica (1817), Filosofía del derecho (1821), además de las lecciones sobre Filosofia de la historia, dei arte, etc. publicadas por sus discípulos. Su obra creadora coincide, como puede verse, con el período de Napoleón, del que era profundo admirador.
Hegel también influye en la formación política de Marx.

a) La filosofia política de Hegel es, en realidad, una filosofía del Estado, obra de la razón eterna y de la historia, pues la razón y la historia corren inseparables, de modo que el proceso histórico es fundamentalmente racional. Hegel rehabilita al Estado real, mostrando que es racional.

Según el gran pensador alemán

, sólo en el Estado y por el Estado el individuo alcanza su auténtica realidad, pues sólo en él y por él llega a la universalidad.
y como sólo el Estado puede alcanzar universalidad instituyendo leyes, la moral sólo puede realizarse encarnada en instituciones y costumbres que son “la vida del Estado en los individuos” (Lecciones sobre filosofia de la historia).

El Estado es el verdadero educador del individuo. Por tanto, el Estado es el último fin del individuo que en él encuentra la verdad de su existencia, su deber y su satisfacción, siendo la realización o apariencia de lo divino en el mundo. Es el lugar donde el sujeto deja atrás sus pensamientos y deseos privados (“espíritu sujetivo”) para universalizar sus deseos convertidos en leyes para vivir de acuerdo a ellas. Es la etapa del “espíritu objetivo”.

Pero lo absoluto (o divino) no se agota en el Estado, sino que éste introduce a su esfera mediante el arte la religión y la filosofia que terminan trascendiendo al Estado mismo. El Estado introduce al hombre al “espíritu absoluto”.
Por eso Hegel defiende al Estado real y concreto contra los romántico; que se apartan de él, y contra los utopistas y reformadores que buscan un Estado ideal.

La función de la filosofia no es enseñar al Estado cómo debe ser, sino enseñar a los hombres a interpretar al Estado. No se trata de inventar o de criticar, sino sacar a luz la verdad positiva de la realidad. Aún lo que parece irracional en el Estado, inconscientemente camina hacia lo racional y armónico, pues todo tiende hacia un orden político universalmente justo y desarrollado.

En este juego dialéctico, el mal tiende al bien, las pasiones a la razón, y el conflicto a la síntesis y la paz.

Para explicar esto

, Hegel recurre a la vieja metáfora del organismo humano (ya desde los gnósticos y san Pablo) en que cada órgano sólo tiene sentido dentro de la totalidad del cuerpo, y también a la imagen de la arquitectura de una catedral gótica. Las aparentes contradicciones se explican por el juego de las fuerzas inconscientes en las que se revela “la astucia de la razón”. Si el Estado es fruto de acciones individuales, una vez constituído, queda como fuente primaria en sí misma
b) Tal el esquema básico de la filosofia de la historia,en la que todos los acontecimientos han transcurrido racionalmente, y por lo tanto, necesariamente, pues no son simples: contingencias sino el fruto de ”un gobierno divino del universo”. Por lo tanto, “hay que tener una visión general de conjunto, antes de poder entrar en el detalle … La historia sólo es a primera vista una sucesión de acontecimientos fortuitos … sin más nexo de unión entre ellos que el tiempo. Pero al menos intuimos … un entronque necesario entre los diversos acontecimientos que hace que éstos ocupen un lugar especial en relación con una meta o con un fin, adquiriendo así su verdadera significación. .. ”
En consecuencia, la verdad absoluta hay que concebida como algo en movimiento o evolución, de modo que cada etapa contiene a la anterior y la supera.

Sólo interpretando así los acontecimientos, podemos hablar de ciencia y de racionalidad.

En definitiva, el verdadero sujeto de la evolución es la Idea absoluta o Espíritu Absoluto, Espíritu inacabado y móvil, que utiliza a los hombres y a los pueblos para alcanzar su fin. Un Espíritu que no tiene prisa pero que tiene todos los medios para llegar a su meta, aunque los hombres la ignoren.

Dentro del Estado los-hombres entran en constantes conflictos, buscando siempre ser reconocidos en una lucha de vida o muerte; lucha que inevitablemente termina en la desigualdad, constituyéndose en amo o esclavo, de modo que “la lucha por el reconocimiento y la sumisión al dominio de otros es el fenómeno del que surgió la vida social de los hombres y es el comienzo de los Estados” (Enciclopedia de Ciencias Filosóficas).
c) El conflicto entre amo y esclavo es anterior al Estado (similar al estado de naturaleza de Hobbes), caracterizado por la violencia con dos pasiones fundamentales: vanidad y miedo a la muerte violenta.

Pero esta relación amo-esclavo no finaliza con la victoria del amo sino que engendra una dialéctica que es el resorte impulsor de la historia El amo se dedica a la guerra y somete al esclavo al trabajo, que de esta manera es el que transforma la naturaleza y a sí mismo, por medio del trabajo y del acceso al pensamiento y al lenguaje. Así, por medio del trabajo del esclavo se constituye el mundo de la técnica y de la sociedad en cuanto tal, pero también el mundo del pensamiento, del arte y de la religión, en oposición al ocio y a la belicosidad del amo. Pero amo y esclavo no se reconocen, y así entra en función el Estado que funda la reciprocidad en que los hombres se reconocen unos a otros, y une la necesidad del trabajo y de la guerra.

Esta constante tensión aparece en forma de oposición entre “sociedad civil” y “Estado”, entre “el burgués” y “el ciudadano” .
Al Estado moderno le corres~onde la tarea de reconciliar los dos momentos en una síntesis del punto de vista anstocratico y del punto de vista burgués; o sea, en última instancia, del amo y del esclavo. Todos los conflictos implícitos en las relaciones individuales, familiares o de la sociedad, se refieren en última instancia a la voluntad del sujeto de encontrar su lugar o status en el Estado (así conflicto entre lo individual y lo universal, la voluntad particular y la general, el interés privado y el público, la satisfacción de los deseos y el sacrificio, los derechos y los deberes, la pasión y la razón, etc.).

O sea, entre lo que Hegel llama “libertad sujetiva” y “libertad objetiva”. El Estado reconcilia ambas libertades, pues se “tienen deberes para con el Estado en la proporción a los derechos que se tienen contra él” (Filosofia del derecho). Esta reciprocidad de derechos y deberes le permite al Estado lograr una “serena totalidad”. El individuo es reconocido en su derecho a satisfacer sus necesidades y a no aceptar nada que no fuera racional, pero debe adaptarse a lo universal y a la vida colectiva, de modo que su conciencia critica no ponga en peligro la existencia de la autoridad, del gobierno y del Estado organizado.
d) Todo esto solo  puede lograrse en el Estado moderno y racional, pues en los Estados antiguos: o se privilegió la individualidad en detrimento de lo social o viceversa. El mismo reproche hace Hegel a la revolución francesa que privilegió la libertad sujetiva (derechos individuales) pero sin suficiente organización del Estado y del gobierno, lo que no sucedió con Napoleón. Si el pueblo no se organiza en el Estado, “no sabe lo que desea” y sólo será una suma de voluntades individuales en constante conflicto o en conflicto con el gobierno.
Por tanto, Hegel niega que el simple reconocimiento de las libertades y de los derechos individuales, y la igualdad jurídica, conduzcan de por sí a la democracia (“que todos deban tomar parte en las discusiones y solución de los asuntos generales del Estado … semejante concepción que intenta poner el elemento democrático sin ninguna forma racional en el organismo del Estado … “) El individuo, desde el punto de vista político, sólo puede ser tenido en cuenta si ocupa un lugar definido en el organismo estatal. Ni la igualdad jurídica ni la libertad de opinión deben dañar la autoridad del Estado y de SUS representantes competentes.
Hegel desea lograr una síntesis entre “liberación y respeto”, pasión y moral, principios revolucionarios y orden público, conciliándose la comunidad de la polis con los intereses particulares de la sociedad liberal. Es la síntesis entre la moral clásica (substancial y concreta) con la moral cristiana-kantiana (interna y abstracta), de la razón y virtud de Platón con la política de Maquiavelo y seguidores ingleses (Hobbes, Locke).

e) El medio para lograr esta síntesis es la historia que revela progresivamente la libertad, o sea, la conciencia que el espíritu gana de ‘Sí mismo; libertad (sujetiva y objetiva) que sólo se consigue en el Estado moderno en el que todos pueden ser libres.

Por eso, es fundamental que todos los hombres sean reconocidos libres, y que la libertad sujetiva interna (valor infinito del individuo) y sus deseos particulares se integren en la religión y en la moral y costumbres sociales. Lo cual sólo será completo al fin de la historia. Entre tanto, tenemos aspectos parciales que constituyen el espíritu de los pueblos (religión, costumbres, arte, economía, política, etc.). Resultado de ese espíritu debe ser la Constitución, que, por lo tanto, no puede imponerse a priori, pues tiene que ser el resultado de la conciencia de libertad que en ese momento tenga el pueblo.
La historia universal muestra tres grados de conciencia de libertad, según si sólo uno es libre, o algunos o todos.
Los orientales (la infancia de la historia) atribuyeron la libertad a uno solo (el déspota), los griegos y romanos (adolescencia) a algunos, pero no al hombre como tal (eran sociedades esclavistas). Finalmente las naciones germánicas (madurez) llegaron en el cristianismo a la conciencia de que el hombre es libre por ser hombre y de que la libertad del espíritu es su misma esencia.
Tal conciencia surgió por primera vez en la religión, “en la más íntima región del espíritu” y se difunde en la sociedad por medio del arduo camino de la educación (Filosofia de la Historia).
f) Por tanto, el Estado moderno se basa dos elementos: en la religión cristiana protestante y en una sociedad económica y socialmente diferenciada.

Por eso fue necesaria la Reforma como nueva revolución espiritual, que proclama la libertad individual y se reconcilia con el mundo y con el Estado. La Reforma elimina la obediencia ciega y la clase clerical e instituye el sacerdocio universal y la conciencia individual. En el momento en que el individuo decide ser libre, queda constituido el Estado racional, que conduce a la libertad sujetiva hacia la utÍiversalidad.

Pero en el momento en que la religión logra este cometido, prácticamente cesa en su finalidad, pues toda la sociedad se seculariza.
El Estado moderno tiene su fuente en la religión, pero al universalizarse y universalizar la libertad a todos los hombres, deja de ser religioso y es simplemente secular. En contraposición y a pesar de la revolución francesa, los países católicos latinos mantienen la servidumbre política por la dependencia de la religión.
Por otra parte, Hegel opina que en el Estado moderno la diferenciación social y económica,y por tanto, la diferencia de clases, no sólo es inevitable sino también necesaria para la eficiencia de la libertad individual y la actividad del Estado. Donde no hay tensión económica y social (como en los EE.UU.) no hay verdadero Estado.
Hegel establece tres clases sociales en forma dialéctica: la clase campesina (substancial o inmediata), la industrial (reflexiva o formal) y la de los servidores civiles (clase universal). La clase campesina satisface necesidades inmediatas de seguridad, con una moral concreta basada en la familia y en la buena fe.
Los servidores civiles (clase universal, burocracia) están orientados hacia el Estado y su servicio.
Por tanto, sólo la clase industrial está orientada esencialmente hacia lo particular, y esclavizada a las privaciones, inseguridad y división del trabajo, en la contradicción entre la pobreza y la riqueza. Pero también es la que, por la reflexión, da cultura y refinamiento intelectual al individuo. Se desarrolla en las ciudades donde hay mayor libertad, en contraposición al campesinado más tradicional y pasivo.
g) El Estado moderno se caracteriza por leyes racionales, que en un principio son dependientes del contexto histórico y social, y por lo tanto, relativas a cada país, pasándose gradualmente a un mayor grado de racionalidad universal.

Este es el rol del poder gubernativo que debe tener, para esto, una poderosa autoridad, como sucedió en el Estado prusiano que llegó a la racionalidad sin pasar por las convulsiones de la revolución.  En consecuencia, el Estado prusiano es el modelo más afín al Estado racional, síntesis de la religión protestante y de la monarquía, de ideas revolucionarias y de exigencias tradicionales de organización.

El Estado moderno requiere de tres componentes: leyes racionales, gobierno y sentimiento o moral. Tres aspectos que aún no lograron conciliar Francia ni Inglaterra, ni los países católicos (sea por falta de un gobierno con poder real, sea por falta de racionalidad).
El Estado es preparado dialécticamente por la familia (comunidad integrada) y por la sociedad civil (intereses particulares), logrando la integración y síntesis de las particularidades en el universal racional de una manera concreta y no sólo abstracta, de modo que todos son iguales y libres por el hecho de ser hombres, no por su religión o clase social.
El Estado asegura las libertades individuales, aunque “la situación social pública se debe considerar tanto más perfecta cuanto menos quede por hacer al individuo para sí, según su opinión particular, frente a lo que se dispone de un modo general” (Filosofia del derecho).
Es evidente el sentido antiliberal de la postura hegeliana.
h) El Estado, según Hegel, es una organización racional y necesaria, de modo que “el sentimiento cívico recibe su contenido particular de los diversos aspectos del organismo del Estado … Este organismo es la constitución política”, siendo el patriotismo “la disposición a sacrificarse… pero es esencialmente la disposición de conciencia que en situaciones y circunstancias ordinarias nos lleva a considerar la vida colectiva como base y objetivo” (todas citas de Fil. del Der.).
El Estado debe tener una diferenciación de poderes, pero en forma orgánica, de modo que ningún poder es independiente ni limitativo el uno del otro, sino aspectos de un conjunto.

El todo del Estado forma una monarquía constitucional fundada en un cuerpo de servidores civiles profesionales, que ha recibido ciertas instituciones representativas. “Lo completo del Estado en una monarquía constitucional es obra del mundo moderno”, objeto final de la historia e “íntima profundización del espíritu del mundo”. .
La soberanía del Estado requiere estar encarnada en un individuo, el monarca, determinado de forma natural, o sea, por nacimiento y vía hereditaria, símbolo de la unidad y de la continuidad del Estado.

Pero su tarea es relativamente pequeña, dada la racionalidad y fuerza de las leyes.
El gobierno es el que representa la razón y la ley, encarnado en los servidores civiles (burocracia), ejecutores también de las decisiones del soberano. Todos los ciudadanos pueden acceder a la clase gobernante (carácter democrático del Estado), siempre que pasen un examen de aptitud y capacidad moral e intelectual.
Este es el Estado hegeliano,  profundamente frío, racional y burocrático, alejado de la aristocracia de la nobleza o del dinero, y de la democracia de los números, la opinión pública y los intereses particulares. Por su parte, el poder legislativo está constituido por las asambleas que, más que legislar, son mediadoras entre el soberano, el gobierno y el pueblo.
Todo este sistema ordenado a que el pueblo como tal, como masa indiferenciada, no participe en el poder, pero que tampoco sea aislado del Estado. Se excluye también, y por el mismo motivo, el voto directo individual, pues sólo se reconoce el voto por estamentos, sean clases sociales, grupos económicos y sociales; etc. (corporativismo).

De esta forma quedan favorecidos los ricos terratenientes que tienen su lugar propio en la asamblea; mientras que la clase de los industriales queda representada por medio de sus corporaciones.
Como puede observarse, se trata de una democracia sumamente restringída, como también es restringida la libertad de opinión pública que corresponde “a la ignorante barbarie y superficialidad de representación”, pues corresponde hablar a “los que saben”; como también es restringida la igualdad, siempre en beneficio de la minoría ilustrada que debe triunfar sobre el pueblo que no sabe lo que desea.
i) Hegel afirma también con fuerza que la soberanía del Estado exige hacerse respetar por los otros Estados, y que la tensión con otros Estados favorece la unidad nacional, acallando divisiones internas. Por lo tanto, es en la guerra donde el Estado mejor se revela a sí mismo y mejor desempeña su misión, y donde emerge el verdadero patriotismo que exige al individuo el máximo sacrificio, de su familia, propiedades o vida. El estado de guerra demuestra, según Hegel, el error de los liberales que proclaman la supremacía de la sociedad civil y sus teorías contractuales.

Por tanto, critica también la idea de Kant de una paz universal, pues la auténtica política es la exterior y ésta es guiada por la posibilidad de la guerra.
El derecho internacional siempre es precario, pues no hay ley superior al Estado mismo, y sólo la guerra puede dirimir las cuestiones cuando no hay acuerdo.

Para el Estado no hay ley suprema más que su propio interés, lo que le permite violar cualquier tratado si así fuese necesario para ese interés.
Todo esto lo justifica Hegel por su doctrina de la filosofia de la historia, según la cual guerras y revoluciones son los instrumentos del espíritu universal para cumplir su supremo objetivo.

Lo que se contradice con su doctrina de que estamos en el final de la historia, siendo el mundo virtualmente europeo y occidental, así como también, cristiano y protestante.
En la medida en que el resto de los países se europeícen y acepten la libertad protestante, también ellos ocuparán el centro del escenario histórico. En este sentido, Hegel considera legítimas las guerras de civilización, o sea, la conquista por parte de las naciones civilizadas de aquellas que no han alcanzado el mismo nivel de desarrollo del Estado, lo que implica la conquista por parte de las naciones europeas de los países asiáticos.
En cambio, entre los países civilizados (según su concepto) se establecerá prácticamente una afinidad de naciones que harán imposible la guerra.
En síntesis, el Estado hegeliano racional y moderno, no deja de ser una justificación del reino de Prusia monárquico y protestante, nacionalista, belicoso y germánico, con una ideología suficiente para gestar el futuro totalitansmo nazi.

2 FRIEDRICH  NIETSCHE (1844-1900)

Después de estudiar filosofía en Bonn y Leipzig, Nietzsche fue nombrado en 1869, a los 25 años, profesor en Basilea. En 1879 abandona la cátedra por su enfermedad, perdiendo la razón en 1889 y muriendo enajenado.
De sus obras nos interesa en especial Así habla Zaratustra, Más allá del bien y del mal y La voluntad de poder (1883-5)
a) Para Nietzsche, el hombre es un creador de horizontes; por eso critica a la filosofía tradicional por su falta de sentido histórico y pretende crear el horizonte de futuro para el nuevo hombre, más allá de todas las visiones anteriores, en especial la cristiana. Él admira la cultura griega presocrática (el movimiento constante de Heráclito) que hizo del combate y de la competencia una virtud, y desprecia desde allí a Sócrates y Platón que anticiparon la mayor calamidad de la historia, el cristianismo, al que llama “platonismo para el pueblo”.
El triunfo del cristianismo sobre Roma es el triunfo de la moral de los esclavos sobre la moral de los amos.

Aunque las morales son creaciones de individuos, antes que de rebaños, de la moral de los rebaños se deriva la moral de los esclavos y la del amo.

Desde siempre existen rebaños fuertes que imponen su voluntad a los rebaños débiles y los esclavizan.

La moral del amo es la afirmación de la fuerza del fuerte, celebración de la vida vigorosa y activa, de quien no reprime sus instintos sino que los glorifica. En esta moral del amo, lo bueno es lo fuerte, mientras que lo malo es lo débil. La moral del esclavo, a la inversa, es el rechazo de la fuerza por el débil, en una postura totalmente opuesta a la anterior. Es una moral esencialmente negativa, de reacción contra los amos y sus valores. Su principal característica es la debilidad, la humildad y la pasividad. Es la oposición de los corderos a las águilas.
Nietzsche suele identificar la moral de los esclavos a la moral de los sacerdotes, que son los que la formulan, miembros del rebaño gobernante, débiles y decadentes. Son enfermos que cuidan a los enfermos. Estos sacerdotes son, en primer lugar, los judios, antecesores e inventores de los cristianos. Ellos cambian todos los valores, haciendo de la humildad una virtud, y del orgullo un vicio, invirtiendo la moral de los amos.
Así el cristianismo ablanda la vida, quitándole todo su valor y la fuerza de los instintos (En gran medida esta crítica, como la de Freúd, está justificada por el estilo decadente del cristianismo del siglo XIX, tanto católico como protestante, replegado en un pietismo y moralismo sin fuerza social).

Es un cristianismo que gesta un “sublime aborto”, “formas de vida defectuosas, enfermas y degeneradas”, un hombre demasiado manso para su propio bien.

b) Nietzsche quiso superar este trastoque de valores griegos por cristianos, pero sin dejar de considerar que el cristianismo ha hecho más profundo al hombre, con una moral que sublima los instintos y espiritualiza la vida; espiritualización que también se ha transformado en ciencia racional y en filosofia, universalizando al hombre y superando a los griegos.

Pero Nietzsche desea superar este universalismo por otro auténticamente universal para toda la humanidad. No sólo quiere destruir al cristianismo, sino superarlo.
Al mismo tiempo, considera que la democracia expresa una forma baja de vida, sinónimo de mediocridad, tanto la liberal como la socialista, pues ambas predican la igualdad y son herederas del cristianismo (que predica la igualdad de todos en cuanto hijos del mismo Padre) y de su moral de esclavos.

De allí su desprecio por todos los gobiernos de su época y por la opinión pública, a la que considera gobierno de la pereza. Y desprecia a todas las sociedades que son de masas, moldeando uniformemente a todos los hombres desde una forma degradada. Es una sociedad que reemplaza a la oración matutina por la lectura del periódico, y que ya no cree en nada por qué luchar, desde su pacifismo.

Y de allí su condena al Estado y a la sociedad modernos. El Estado es un ídolo hueco, con un universalismo hecho de ideas y de derechos; hueco universalismo que destruye el genio de cada pueblo y lo despersonaliza con su maquinaria burocrática.
Por su parte la sociedad sólo se apoya en el mercado y es incapaz de generar hombres auténticos. Mientras que la educación, con su bajo nivel, adapta a la gente al modelo social, las filosofías sólo merecen el descrédito, todas dogmáticas y sin ofrecer solución al problema del hombre y a la crisis de la época. Similar crítica merece la ciencia moderna, vuelta contra la vida y a favor de una verdad dogmática.
c) Toda esta tremenda crisis a la que ha llegado el cristianismo y la modernidad, Nietzsche la expresa con la frase: “Dios ha muerto”, verdadero meollo de su concepción filosófica. Este es el punto de partida de su Zaratustra, un remedo de la Biblia y encarnación del mismo Nietzsche. La fe en Dios se ha vuelto una indecencia para los hombres, excepto para quienes no se han enterado de su muerte.
Aunque Nietzsche no es el inventor del ateísmo moderno, el suyo tiene características especiales y únicas. Proclama abiertamente su ateísmo sin reticencia alguna (no habla de deísmo, como otros filósofos y científicos) y transforma al ateísmo en una cuestión de la derecha, no sólo de la izquierda como ya era tradicional desde el marxismo. Se trata de un ateísmo histórico, pues indica que ahora se ha dejado de creer en Dios, y esta falta de fe es la muerte de Dios, pues Dios existía mientras los hombres creían en él y se proyectaban en él.

Aunque se refiere también al budismo, la crítica religiosa de Nietzsche afecta principalmente al Dios cristiano, típico de su época .
Al morir Dios, el hombre europeo queda sin una meta universal, y al mismo tiempo en un universalismo que va más allá de todo objetivo nacional o étnico. Con la muerte de Dios, el cristianismo llega a su final, y con él mueren todos los demás dioses o ídolos. Ya no es posible ninguna fe en verdades y seres eternos, de modo que mueren las ideas y la metafísica griega, muere la religión y la filosofía, y ahora sólo queda el mundo aparente como el único mundo verdadero (tema esencial en toda la filosofía posmoderna siguiente).
La muerte de Dios ocurre cuando los hombres se dan cuenta de que Dios es su propia creación, de que el hombre ha creado a Dios a su imagen y semejanza.
Los descendientes de los creadores de Dios, ahora lo asesinan (tema también del freudismo). Y con su muerte, mueren los valores cristianos, la moral y la virtud, la devoción a Dios, la humildad y la mansedumbre. El cristianismo hizo evolucionar al hombre, y ese hombre evolucionado se vuelve ahora contra Dios.
Con la muerte de Dios, muere toda moral tradicional, no sólo la moral cristiana. El cristiano europeo es como un camello cargado con la moral burguesa de la humildad, del deber, de la búsqueda de la verdad, y en el desierto se transforma en un león que se rebela contra sus cargas, y en lugar de decir ”yo debo”, ahora dice “yo quiero”.
El hombre es un león que ahora está en el desierto, en la crisis más total, sin valores tradicionales y sin poder crear nuevos valores. Algunos podrán seguir creyendo en la moral tradicional por un cierto tiempo, pero toda la sociedad se vuelve menos capaz de creer en algo. Ya no tiene horizonte alguno para darle un sentido a su vida. La crisis es total.

d) Al mismo tiempo, Nietzsche declara que ni el socialismo ni la derecha liberal o la derecha germana (Bismark) pueden dar solución alguna a la crisis desatada. Todas las concesiones que los gobiernos han hecho a la democracia y al nacionalismo, conspiran contra cualquier intento de solución, y ya no se pueden tolerar los conflictos europeos, aún con la excusa del posible poderío del gigante dormido que es Rusia. Sólo Napoleón y Goethe se salvan de su crítica demoledora. A la nobleza europea la desprecia por su decrepitud y su apego al cristianismo. Europa marcha inevitablemente hacia su degeneración y decadencia, imposible ya de detenerla.
Nietzsche, rechazando la política de la derecha (por los motivos dados) y la de la izquierda, por mezquina, propone una política grande, que es la política del futuro. Hay que trastocar todos los valores para cambiar también a la política. Con la muerte de Dios, el hombre abandona todo anhelo, aspiración e ideal, sólo motivado por la autoconservación. Es el último hombre, que no desea gobernar ni ser gobernado, que no quiere ser rico ni pobre, y que se consuela diciendo: “Hemos inventado la felicidad”.

La respuesta que queda es el “nihilismo”, de modo que nada es verdad y todo es permitido.
Como ya no se puede aspirar a nada, sólo queda el refugio del nihilismo. Un nihilismo que hace suyo el propio Nitzsche en algunos casos, y que atribuye al ya futuro próximo hombre europeo.
e) Pero si la muerte de Dios trae la peor crisis de la historia, también es la gran posibilidad del hombre, pues hace posible la creación suprema de los valores del futuro.

Muerto Dios, el hombre se libera de Dios y puede andar a sus anchas en este mundo, que es su único mundo, libre de culpas y de infiernos.

Muerto Dios, el hombre descubre su creatividad, sabiendo que los horizontes son obra suya. Si nada es verdad, todo es posible en una constante proyección de nuevos horizontes en los que el hombre puede ser más que hombre.
Abandonadas las viejas teorías sobre el hombre (cristianas y modernas), Nietzsche descubre que la filosofia nueva del hombre se traduce en la voluntad de poder, ese deseo de superar y de dominarlo todo. Nada de ideas previas sobre el hombre que no son más que proyecciones que el filósofo hace del hombre de su tiempo.

El afán de superar, de mandar, de dominar, no es una característica de la vida , sino su esencia misma. La vida es voluntad de poder, de descargar su fuerza.
Pero el hombre no descarga su energía por un fin determinado o por el famoso instinto de conservación, que en todo caso, es fruto de la voluntad de poder, nunca causa o propósito de la vida.

Una voluntad de poder presente en el hombre, pero también en los animales y en toda la naturaleza, rechazando así con su doctrina todas las filosofias anteriores, sean idealistas o materialistas.
Por cierto que donde más se expresa la voluntad de poder es en el hombre, el animal que puede crear su propio horizonte, pues nace sin ningún fin determinado previamente (ni por Dios ni por la naturaleza). Todo lo que el hombre piensa y hace se explica por esta voluntad de poder que lo hace ser más hombre de lo que era antes. La filosofia sería la forma más alta y espiritualizada de esa voluntad de poder.

Por tanto, no es la razón la esencia del hombre (tesis de toda la modernidad) ni el hombre es un ser esencialmente pensante (Descartes y seguidores). Razón y conciencia son fenómenos superficiales.
Debajo de la razón está el Ego, que emerge del Yo mismo, sede de la voluntad de poder y fuente de todo posible significado (Un Yo mismo similar al Ello de Freud). Ya no hay cuerpo y alma, sino un Yo mismo que todo lo unifica.
Esta doctrina recrea también el concepto de virtud, entendida ahora como creatividad. La sabiduría es la creación consciente del hombre. Pero como cada Sí mismo es único y se va creando a sí mismo, no hay virtudes universales, pues lo que es virtud.para un hombre, puede ser vicio para otro, siempre sobre la base de la fuerza, la sinceridad y la integridad.

Por cierto que, según Nietzsche, la primera y gran expresión de esta creatividad es su doctrina y filosofia. Pero Nietzsche (Zaratustra) no quiere imponer su doctrina ni tener discípulos; simplemente propone a los hombres el llamado a la creatividad, y sólo hombres creativos pueden comprenderlo.

En esto él trata de ser coherente con su crítica al dogmatismo de las otras filosofias.

f) La pregunta que surge espontánea es ésta: ¿Qué límites tiene esta voluntad de poder? ¿Seguirá creciendo hasta el infinito? Si así fuera, en algún momento dejará de ser voluntad creadora y ya no habrá nada que superar.
Nietzsche cree en la jerarquía de la sociedad y en la superioridad de los varones sobre las mujeres, como también en la necesidad del sufrimiento y en su doctrina del “eterno retorno”, de modo que todo ya ha ocurrido antes en un número infinito de veces, y volverá a ocurrir en el futuro en otra infinidad de veces.

Así en ese ciclo constante de retornos, el hombre se transforma al fin en un “superhombre”, verdadero proyecto del futuro hombre de Nietzsche, realización y trascendencia de los más altos ideales del hombre. Un superhombre que es poeta creador, filósofo consciente de su creatividad, y santo porque su alma contendrá toda la profundidad que el cristianismo ha dado al hombre. El superhombre será “César con el alma de Cristo”.

De esta forma, ese cristianismo del que Nietzsche reniega y desprecia, se transforma en el noble futuro del hombre, más importante que el ideal griego que tanto aprecia. Una contradicción que nace de la misma personalidad de Nietzsche, tan ateo como profundo religioso, el primero que descubrió la invalidez de un Dios hecho a semejanza de los hombres y tan lejos de la hondura del alma humana.
El superhombre es el libre proyecto para el futuro del hombre, enraizado en los proyectos anteriores de la historia. El león nihilista del desierto que sólo puede decir ”yo quiero”, es reemplazado por el niño que dice “.YQ W”, que 10 afirma todo y cuyo poder creador se asemeja a la inocencia de un niño que juega. Es la bestia rubia que trasciende el ideal cristiano.

Cada superhombre será único y se dará su propia ley a sí mismo, de infinito orgullo y delicadeza, gran creador y gran sufriente, que no ofrecerá su mejilla al enemigo para no avergonzarlo.
Un concepto de superhombre vago y ambiguo, creador de una nueva nobleza, pero que existe junto a simples hombres que viven como hormigueros, pero a los cuales no querrá gobernar y con los cuales no querrá tener relaciones.
De donde emerge un sentido político individualista en Nietzsche, pues aconseja a los hombres ser egos auténticos, buscando la soledad y huyendo de la vida pública, rechazando normas establecidas de conducta y pensamiento.
La suya es una postura antipolítica, enseñando a renunciar a la responsabilidad pública, a despreciar la mezquindad de la política cotidiana y a abstenerse de los deberes ciudadanos. De modo que, aún cuando sus consejos sean seguidos por los mejores hombres, la arena política perdería a sus mejores hombres.
g) Nietzsche prevé un periodo de política apocalítpica, afirmando la necesidad de grandes guerras y de un programa de eugenesia que purifique la raza humana; y con experimentos humanos sobre el propio hombre. Todo ello encaminado a extinguir a los pueblos y razas inferiores.
De esta forma, si Rousseau antecede con su pensamiento a la revolución francesa, y si Marx antecede al comunismo, Nietzsche antecede al surgimiento del nazismo y del fascismo.
No porque Nietzche fuera nazi y propiciara explícitamente el nacionalismo germano o el antisemitismo, sino porque efectivamente influyó sobre el nazismo en variadas formas. El fue un extremista y a los nazis y fascistas les fue fácil utilizar o abusar de sus expresiones.
Un hombre que enseña a vivir peligrosamente, genera hombres que vivirán peligrosamente como Hitler y Mussolini; un hombre que enseña que una buena guerra todo lo justifica, debe esperar que alguien lo haga; un hombre que elogia la crueldad y el valor sobre cualquier otro valor, debe suponer que eso puede desencadenar la locura de las guerras del siglo XX.

Aunque no fuera racista, abunda en el tema racista y sugiere el rejuvenecimiento biológico del hombre; de la misma forma que reniega de toda prudencia política, mientras predica la sin razón de cualquier norma universal. Lo cierto es que su doctrina ambigua y contradictoria, pero siempre radical y extremista, encontró un increíble eco en un mundo moderno que ya estaba muriendo, y preparó el advenimiento de una nueva era sin horizontes y sin perspectivas, sin ideales y sin paradigmas, que fue sepultada bajo las bombas de dos guerras mundiales. Entre tanto, el superhombre sigue sin aparecer.
Pero es justo reconocer que fue el gran profeta de una modernidad en ruinas y de un cristianismo decadente, cuyo Dios hacía mucho tiempo que había muerto, no porque no se creyera todavía en él, sino porque esa creencia no tenía significado alguno para el curso de la historia y para las grandes transformaciones que se estaban produciendo.

3 MARTIN HEIDEGGER ( 1889-1976)

Heidegger fue discípulo de Husserl y profesor en la Univ. de Friburgo, de donde se alejó por motivos políticos con el nazismo.
Su obra fundamental es Ser y tiempo de 1927. Por su serio tratamiento a la cuestión del Ser, Heidegger es considerado como el más grande filósofo del siglo XX, opinión oscurecida por su paso por el nazismo entre 1933 y 1934.
En realidad, es el filósofo del Nihilismo y, con Nietzsche, el padre del posmodernismo.

a) Nihilismo significa, en el plano filosófico, que nada es, o sea, nada tiene valor absoluto e inmutable. En realidad, todo “parece ser” y todo está en constante devenir hacia otra cosa.

Pero, ya en el plano moral, si nada es absoluto, si Dios ha muerto, como decía Nietsche, entonces tampoco nada tiene valor moral absoluto, y ”todo se permite”. De modo que el nihilismo metafisico o filosófico lleva al nihilismo moral.
Negar un Dios o un ser o una idea inmutable, es destruir toda norma social fija con valor universal. En consecuencia, toda norma moral es relativa, elaboración de la historia o de pre-conceptos ideológicos.
Esto trae dos consecuencias: el abandono de toda aspiración superior (nada es superior a otra cosa, todo es relativo) y el nuevo camino del hedonismo y de lo menos riesgoso.

A este nihilismo “amable” se le junta un nihilismo ”brutal” que trata de destruir todas las normas para constituirse en último fin de la existencia humana.

Es el nihilismo como voluntad de poder, que en forma de ciencia y de tecnología intenta conquistar a la naturaleza cósmica y subyugar políticamente a la humanidad.

b) La modernidad había crecido, ya desde el siglo XVI y xvn en la fe absoluta de la razón y de la ciencia, del progreso y de la felicidad humana. Pero las guerras del siglo XIX y especialmente las del XX quebrantaron esa fe y obligaron a los filósofos a pensar en las causas de semejante desastre.
Y mientras unos lo atribuían a las deficiencias del capitalismo o del socialismo, otros pensaron que la misma modernidad y su concepto de hombre y de sociedad tenían bases deficientes y llevaban en sí mismas la semilla de su propia destrucción.
Heidegger asume esta segunda postura y entiende que Occidente tiene un concepto fundamentalmente erróneo del Ser, ”un olvido del Ser”:
Esto no significa que un concepto abstracto pueda tener tanta importancia histórica, sino que los pensadores, legisladores y gobernantes se han olvidado de lo más importante, de lo que es fundamental, y así han llevado a la humanidad a un callejón sin salida.
El resultado es una existencia sin sentido ético y político, lo que lleva necesariamente al nihilismo.
El origen de esta faIsa concepción,según Heidegger, está en la concepción de ser inmutable de Platón, que al ser aceptada sin más, hizo olvidar a los hombres la cuestión del Ser en sí misma (Ser: lo verdadero, lo real, lo substancial).
Los hombres se acostumbraron a tener las respuestas dadas por otros, sin hacerse preguntas. Sin pensar en los fundamentos, los hombres buscaron el camino fácil de la vulgaridad y de la brutalidad, perdiendo el sentido del asombro ante la existencia y su misterio.
De allí que el actual nihilismo, si bien un tremendo desastre, es la posibilidad para recordar lo que se había olvidado y para que los hombres salven su historia y cultura. El actual nihilismo que está en las raíces de la cultura de Occidente y que ahora emerge con fuerza, debe ser la oportunidad para repensar desde el comienzo la cuestión del ser y de la existencia humana.
c) Buscando respuesta a este planteo, primero Heidegger aborda en El Ser y el tiempo (1927), el problema de la historicidad del hombre, dentro del marco de la fenomenología de Husserl. Sin esta conciencia histórica, el hombre es una simple bestia preocupada por su autoconservación y su placer personal, ocupado en su.interés personal y que declara como simples palabras la belleza, la sabiduría y la grandeza del espíritu. Se trata de un nihilismo trivial.
Pero el problema de fondo radica en que todos creen saber todo sobre el Ser, de modo que dejan de pensar en él, pues es un dato como ya dado y vacío.

Se supone que el Ser es algo eterno e inmutable, alejado de la cotidianidad de lo que transcurre y es histórico. Por eso ahora hay que recuperar el sentido histórico, o lo que Heidegger llama “la facticidad de la existencia humana”.

Se debe comprender el ser del hombre desde su historicidad en el tiempo, no como lo opuesto al Ser inmutable y eterno.

El hombre tiene el Ser como una pregunta, como un futuro lleno de posibilidades de ser. Su fin siempre es una pregunta a responder, no algo dado desde el comienzo. Por eso, es el único ser que piensa en su futuro y que tiene sentido histórico. Más aún, que puede forjar su historia.

Heidegger entiende que examinando esta relación entre el ser humano y el tiempo, puede llegar a comprender el sentido del Ser en cuanto tal, del Ser absoluto

Entonces descubre que el hombre es un ser-en-el-mundo, condicionado por cosas y por otros hombres con los que se relaciona. Muchos hombres viven esta situación aceptándola sin más, “son” simplemente, pero sin cuestionar nada.
Pero lo que hace auténtica a la existencia humana es el hecho de ser cuestionada confrontándola con la muerte. Lanzado hacia el futuro, se encuentra con la “cura” de la muerte, que trata de ver como un fenómeno externo que le sucede a otros. Pero cuando recapacita, se encuentra con su propia “angustia”.

Así reconoce que es un ser finito y limitado, Y esto lo abre a la gran pregunta sobre el sentido del Ser.

Ahora el hombre sabe que está arrojado en un mundo que debe abandonar. Entonces el destino de cada uno se relaciona con el destino de los otros, de la comunidad o pueblo de pertenencia, de su pasado y de su futuro.
d) En obras ulteriores Heidegger llega a la conclusión de que todas las concepciones filosóficas del hombre y el concepto mismo de Ser dependen de los conceptos que los filósofos encuentran en su cultura. Esto hace que todos olviden en realidad preguntarse por el Ser, y este olvido conduce al nihilismo.
Su paso por el nazismo colaboró en esta dirección. Al ingresar en él, creyó que el nazismo significaría una experiencia más profunda de la existencia y que le serviría de base ética y política. Por eso acepta ser Rector de la Universidad de Friburgo, creyendo “en la verdad y grandeza internas del Movimiento”, y sin prever la ideología genocida del nazismo. Pero al poco se desilusionó, cuando se lo quiso obligar a nazificar la universidad y a expulsar a los profesores judíos.

Al año renuncia y desde entonces será celosamente vigilado y condenado aún a trabajos forzados en fortificaciones militares.

Esta experiencia le significó descubrir el ”nihilismo brutal” y buscar el origen de dicho nihilismo que se expresaba en el nazismo. Lo que implicaba, desde ya, un análisis de la modernidad.

Según Heidegger, la modernidad se caracteriza por la subjetividad, de modo que el hombre mismo es la medida y fundamento de toda verdad. Una subjetividad que lleva a la libertad, liberado el hombre de Dios y de la estructura teocéntrica de la sociedad cristiana. El hombre ahora se lanza a someter a la naturaleza para buscar su propia seguridad.
Ahora la naturaleza ya no es el modelo de un orden, sino un objeto peligroso que hay que dominar. Lo hace mediante la ciencia regida por las matemáticas (proceso llamado de Objetivación: todo es cosa ante la conciencia del hombre).
Pero este proceso fracasa cuando los hombres entran en conflicto entre sí para subyugarse unos a otros. Los Estados se organizan en función de la guerra y por medio de la tecnología mundial.

De modo que, para Heidegger, el conflicto de la sociedad moderna no es fruto de la voluntad de poder, de la lucha de clases, etc. sino resultado de los intentos por lograr la libertad humana en el mundo natural por medio de la tecnología. Así la historia de la tecnología desde Descartes hasta hoyes la historia del nihilismo, como también la historia de la degradación del hombre que pasa de amo de la creación a obrero y hombre-masa.
Es el hombre deshllmanizado, un simple objeto al servicio de la tecnología mundial, aislado de su anterior tradición, y sin elementos o normas de verdad y de realidad.

De esta forma, el hombre queda preso del historicismo y del relativismo, de los que se escapa entregándose a la ideología, y adoptando una cosmovisión arbitraria e irracional que le dé una explicación simplista y totalitaria de la vida, de modo que todos sus problemas queden resueltos en la seguridad.
Pero no hay una sola ideología, y pronto las ideologías entran en conflicto entre sí, y su resultado es la segunda guerra mundial, medio para la movilización total y para el control de la humanidad. Así, la subjetividad y la libertad terminan en una falta de hogar, en la enajenación y en el totalitarismo ideológico que explota al hombre y a la naturaleza.

e) Heidegger entiende que hay tres formas de vida política en este fin de la modernidad: el norteamericanismo, el marxismo y el nazismo. Las tres, como formas de subjetividad-y de nihilismo, y como expresión del dominio de lo público sobre lo privado, y con predominio de la ciencia natural, la economía, la tecnología y la política.
El norteamericanismo  no debe confundirse con la democracia ni con el liberalismo, sino que es el positivismo de la ciencia y de la tecnología, que extiende su dominio universal por medio del mercado y de la planificación económica y tecnológica.
El marxismo, partido y cosmovisión, proclama la supremacía del proceso de producción y reduce al hombre a ente socialmente producido.

El nazismo, la peor forma, cambia la razón por el instinto. El hombre es reducido a una bestia.

Son tres formas que institucionalizan el nihilismo, fruto final de una historia humana que comenzó haciendo preguntas (los griegos presocráticos) y que después se quedó con las respuestas (griegas, cristianas, modernas) olvidándose del ser mismo y de su fundamento.
f) Tras este sombrío diagnóstico de la modernidad, Heidegger entiende que ahora es la oportunidad para planteamos las preguntas y dar una nueva luz al Ser, volviendo a la pregunta, al asombro ante el misterio del ser.

Con el nihilismo la cultura occidental toca a su fin, carente ya de todo fundamento y sentido, y se abre la posibilidad de algo nuevo, quizás un acercamiento de Occidente con Oriente. El “destino” del hombre es su propia historia. Y esto es el Ser, historia o destino.
O mejor dicho, la historia es la revelación del Ser. El Ser se va revelando en la historia y cada época interpreta el Ser a su manera y así cree tener la verdad.

Se anulan entonces las anteriores categorías de inmortalidad y demás concepciones falsas de la vida humana, cuya única posibilidad cierta es la muerte.

No se trata de renegar de la tecnología y del progreso de la modernidad, sino de darle un nuevo sentido desde un nuevo sentido de la vida humana

Sabemos que marchamos como humanidad hacia el futuro, pero no sabemos cómo se hará. Ese cómo es la revelación del Ser en la misma historia.

Lo que le queda al hombre moderno  es rechazar la metafísica tradicional y sus esquemas, confrontarse con la muerte y el absurdo, y aceptar el destino individual hacia la muerte dentro del destino de la humanidad donde se da toda la revelación del Ser.
Pero, pensamos nosotros, el problema es cómo interpretar al ser verdadero, si están destruidas todas las categorías de interpretación y todos los paradigmas, o cómo diferenciar una auténtica política de sus deformaciones, el liberalismo del norteamericanismo y del nazismo, si no tenemos un “desde donde” interpretar la realidad pues todo es un epifenómeno relativo.
El hecho de que el propio Heidegger no distinguiera en un momento la maldad del nazismo, es como un símbolo . de que desde tanta relatividad y nihilismo subjetivo, podemos desembocar en cualquier parte, y terminar siendo la bestia de la que queríamos huir.

Si todos los filósofos respiran con su propio aire y conciben el Ser como les viene por su cultura, cómo estar seguros de que a Heidegger no le pasó lo mismo.
Y esta es la duda que nos queda siempre que queremos interpretar la historia y darle algún significado valedero, que sea algo más que la proyección de nuestros prejuicios y circunstancias personales.

4.LA DEMOCRACIA  AMERICANA

Como es sabido, la primera revolución democrática triunfante en el mundo es la americana que desembocaría en la independencia de los Estados Unidos. No fue precedida, como la francesa, por una campaña de teorías filosóficas contra el régimen, sino que surgió mas bien por motivos económicos, pues las colonias americanas se oponían al monopolio inglés en las Antillas y sobre todo a los nuevos impuestos que el Parlamento inglés intenta imponer a los colonos, tras la guerra de los Siete Años contra Francia.
Por lo demás, los patriotas americanos asumen las ideas del liberalismo inglés, tanto en lo político como en lo económico, de modo que Locke aparece como el verdadero padre de la democracia norteamericana (libertad individual, constitucionalismo, escaso poder central, utilitarismo, capitalismo).

Cuando la revolución triunfa sobre los ingleses, se declara la independencia el 4 de julio de 1776, y se la justifica ante el resto de las naciones por el derecho inalienable de los pueblos a la vida, la libertad, la igualdad y al progreso yla felicidad. Es obligación de los gobiernos preservar esos derechos; en caso contrario, los gobernados tienen derecho a la sublevación.
Todas estas ideas se irán plasmando en la Constitución de 1787, redactada finalmente por JefIerson, y que trata de conciliar varias tendencias diversas:
la admiración por el sistema inglés, principio de gobierno mixto y separación de poderes; democracia, pero cierta desconfianza hacia “las masas” con el peligro de un populismo tiránico, con el derecho al sufragio bien reglamentado y la institución del Senado como órgano controlador; necesidad de un gobierno central, pero desconfianza hacia un centralismo federal.
Por lo tanto, esta Constitución (modelo para los revolucionarios franceses y para las naciones de América Latina) con sus diez primeras enmiendas sobre los derechos del hombre, es un compromiso entre el Estado federal y los Estados de la federación; entre partidarios de un poder central fuerte y los que hacían hincapie en las libertades cívicas y locales; entre los partidarios de la industrialización y el comercio, y los defensores de la agricultura (mercantilismo y fisiocratismo).

En general, hay una oposición entre la democracia liberal jefersoniana (Locke) y la democracia de poder central fuerte de los federalistas, más nacionalista, industrial y de economía más planificada.
En este contexto surgen los artículos de El Federalista, entre el otoño de 1787 y el verano del 88, para sostener la segunda posición.

1. “El Federalista” (1787-88). Las ideas de Madison y Hamilton
fue una publicación que, mediante ensayos cortos bajo el seudónimo de Publio (Hamilton y especialmente Madison), intentó que la ciudadanía del Estado de Nueva York, y sus delegados convencionales, apreciaran las virtudes de la Constitución de 1787 y la ratificaran.
a) Pero sus objetivos fueron más lejos al defender (contra toda la tradición anterior, de Montesquieu y Rousseau) que era posible tener democracia aún en un país extenso y muy poblado, sin caer en una federación de pequeños Estados, sino a través de la Uníón en· un solo Estado. Lo bueno es la Unión, y lo malo es la Confederación, sistema que imperaba en ese momento en los Estados Unidos.

Su gran mérito es, pues, el de afirmar la posibilidad de la democracia moderna en países que se suponía como no aptos para la democracia.
Esto implica un gobierno enérgico, lo que no es obstáculo para que sea hable igualmente de República democrática, sin caer en la tiranía o en la demagogia, como suponían los partidarios de la Confederación.

Sólo “en la magnitud y en la organización adecuada de la Unión encontraremos el remedio republicano para las enfermedades más comunes de ese régimen”.’
El Federalista (Publio) reconoce que los grandes países se vuelven autoritarios y caen en el despotismo y guerras de conquista, y que sus ciudadanos se desinteresan de la política, preocupados por sus asuntos cotidianos.
Y aunque deleguen en otros la responsabilidad política, esta acaba en manos de quienes la usan para su propio beneficio. De allí que sus adversarios atacaran la nueva Constitución como antirrepublicana.

El Federalista acepta que hacer de un gran país una sola república democrática (y no una federación) eran una novedad, pero esa es precisamente “la gloria del pueblo norteamericano”, pues se trata de una revolución que no tiene paralelo en la historia humana, pero que ahora tiene que perfeccionarse, superando los defectos de la confederación. Para ese efecto está la Constitución que funda el nuevo y verdadero republicanismo.
b) Pero, ¿qué tipo de república es éste y cómo encaja en la división tradicional de gobierno de uno, de pocos y de muchos?

La respuesta es que se trata de una república democrática, gobernada mediante la mayoría “que proceda del gran conjunto de la sociedad, no de una parte inapreciable o privilegiada”.
Sabemos que antes se consideraba también como República a las gobernadas por la aristocracia (como Venecia), sin que fuera necesario el voto universal.
Publio niega el concepto republicano de la aristocracia y afirma que sólo hay República donde hay democracia (dos conceptos que aún hoy tienden a confundirse y verse como sinónimos), aunque no fuera democracia directa o ”pura”, propia de una ciudad pequeña. Y niega que el nuevo sistema signifique un giro hacia la monarquía por un fuerte presidencialismo.

Por tanto, la única diferencia con la democracia pura es el régimen de representatividad (o representación). Para Publio, pues, república es sinónimo de democracia representativa.

Al mismo tiempo, tanto la democracia pura como la republicana afirman la soberanía del pueblo,y tienen, por tanto, un gobierno popular, o sea, de la mayoría (no de unos cuantos o de uno solo).

Este sistema democrático republicano representativo es el remedio contra la demagogia y contra la tiranía.
El Federalista reconoce que no hubo en la antigüedad ni hay en Europa un solo ejemplo de república democrática para grandes países, pero ahora “América puede reclamar como suyo el mérito de haber hecho de ese descubrimiento la base de varias extensas y puras repúblicas”.

Ahora en América puede haber gobiernos totalmente populares y totalmente representativos.

Publio alaba los gobiernos de cada estado de la federación, pero hace ver que hace falta un gobierno central que exprese la unión de todos como una sola república. Sin esto, la confederación desemboca en sectarismos regionales.
(El lector argentino puede apreciar la importancia de estos temas para nuestro país, también él pensado como una sola república presidencialista, aunque con muchos estados provinciales).
e) Frente a los nuevos problemas planteados, Publio ve tres posibilidades:

.Primero, de que el pueblo pierda el control del gobierno .

.Segundo, de gobiernos mayoritarios débiles que no den estabilidad y eficacia a! sistema

.Tercero, de que las mayorías populares, con apoyo de representantes sumisos, gobiernen en forma opresiva sin respeto hacia las minorías.

1. Para proteger los derechos y el control del pueblo,
está la acción de los representantes “del pueblo”, objetos de elección popular. Sólo una efectiva representatividad puede ser garantía de “la seguridad esencia! y … la única eficaz de los derechos y privilegios del pueblo”. y para reforzar al sistema, se necesita la división de poderes que puede controlar el hipotético absolutismo del ejecutivo presidencial.

2. Cómo resolver la posible debilidad e inoperancia del ejecutivo, sobre todo si la mayoría elige a alguien incapaz: la solución es pedir y alentar a! pueblo para que elija a los ciudadanos más capaces para ocupar los cargos. Todo pueblo debe “conseguir como gobernantes a los hombres que posean mayor sabiduría para discernir, y más virtud para procurar el bien público”.

Para ello, es bueno establecer ciertas cualidades que tienen que tener los candidatos, de modo que el pueblo americano, con su sentido comercial, elija el mejor producto.

Por cierto que Publio reconoce y sabe que todos estos resguardos, como los anteriores, no son necesariamente un remedio infalible, pues quien quiere oprimir sabrá encontrar los medios legales para hacerlo, aún reformando la Constitución.

3. También hay que proteger a la sociedad del populismo, o sea, de la opresión de la mayoría autoritaria, que puede ”poner en práctica su violencia y enmascararla bajo las formas de la Constitución”. Para El Federalista, este es el problema más agudo e importante.

Como remedio, propone “la multiplicidad de facciones o partidos” y, nuevamente, la separación de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial. Comencemos por este remedio.

Como generalmente las mayorías populistas y opresivas intentarán ejercer su opresión por medio del poder legislativo (donde están sus representantes), la solución es que el legislativo sea controlado por el ejecutivo y el judicial, para lo cual hay que dotarlos de los medios legales necesarios. Por ejemplo, mediante el veto, con iniciativas legislativas que nacen del ejecutivo, con discreción en aplicar las leyes, por medio de la revisión judicial y la discreción de los jueces en cada caso particular, etc.

Por otra parte, el ejecutivo y el judicial no querrán verse sometidos al legislativo ni socavados en su poder, y esto será un buen aliciente para no ceder porque sí nomás ante él legislativo o la presión mayoritaria.
Así, pues, sea por orgullo personal, sea por ética profesional, presidentes y jueces sabrán poner coto a las demandas excesivas del poder legislativo. (Por supuesto, el mismo argumento vale para que el Senado controle al ejecutivo y al judicial, etc.)

Para Publio, el verdadero problema de la república representativa es este asunto del poder de la mayoría, especialmente cuando viene agudizado por la lucha entre ricos y pobres. Como ya no podemos fiamos en la moderación desde motivos morales o religiosos, la mejor defensa es el cada vez mayor número de ciudadanos y la mayor extensión posible del territorio bajo el control central.
En un Estado pequeño es más fácil que la misma mayoria controle indefinidamente el poder, pero en los Estados grandes, habrá mayor cantidad de partidos y de intereses, personales, regionales, sociales, etc. Si en un país pequeño es más fácil que ricos y pobres se aglutinen en forma compacta, esto sucede con menos frecuencia en los grandes países, con más variados intereses comerciales y económicos, o de sectas y confesiones religiosas, pero especialmente de “distintos grados y clases de propiedad” y de tipos de propietarios (industriales, comerciales, agrícolas, etc.).
Así, la lucha de clases se sustituye por la lucha de intereses comerciales y de tipos de propiedad, amén de los religiosos, regionales, etc. De este modo, opina siempre El Federalista, ”rara vez podrá formarse una coalición integrada por la mayoría de toda la sociedad, sobre la base de principios que no fueran la justicia y el bien general”. De allí la solución que propone: “multiplicidad de facciones”
d) La propuesta, pues, es hacer una gran república comercial.
Esto supone una gran libertad, dentro de un gran país, donde especialmente los humildes no se vean relegados y desesperanzados, porque son los más temibles a la hora de unirse. Por lo tanto, todos deben sentir que tienen ganancias reales, que sus propiedades, negocios y trabajo están bien protegidos, sean grandes o pequeños.

Todo depende, pues, de que haya ganancias concretas e inmediatas; para ello, la vida comercial debe volverse honorable y universal.
También todo depende de este nuevo patriotismo, que no excluye que los gobernantes, para ser más eficaces, también satisfagan sus intereses particulares, y no sólo de honor y prestigio.

Se trata de “esta norma de acción que consiste en suplir. por medio de intereses rivales y opuestos. la ausencia de móviles más altos, ausencia que se encuentra en todo el sistema de los asuntos humanos, tanto privados como públicos” . Por tanto, donde no hay nobles intereses, y donde no debe haber lucha social, que haya mucho comercio, mucho libre mercado y mucha competitividad. –

Esta es la base de la “nueva ciencia política” que propone El Federalista y que la nueva república norteamericana tan bien sabrá poner en práctica.

2. Alexis de Tocqueville (1805-1859)

La publicación de La Democracia en América (1835) situó al escritor y político francés Tocqueville como un analista sobresaliente de la democracia, especialmente con respecto a la igualdad.
Al visitar los EE.UU. durante un año (gobierno liberal de Jeferson), quedó sorprendido porque no sólo se predicaba la igualdad, sino que era practicada en iguales oportunidades, educación y nivel económico, aún con sus imperfecciones.

a) Tocqueville abandona la metodología de plantear primero el estudio del hombre y su famoso estado de naturaleza, y empieza desde las condiciones sociales o estado social que producen el nacimiento de una sociedad y de un Estado.
La condición social es la causa de que un régimen tenga determinadas características, pues forma opiniones; modifica pasiones y sentimientos, determina las metas a lograr, el tipo de hombre que se admira, el lenguaje que se emplea, o sea, el carácter de los hombres a los que reúne.

Así, la condición de igualdad en el estado social moviliza hacia la democracia.
Para Tocqueville, el constante desarrollo de la sociedad hacia la igualdad en estos últimos siglos, es un hecho providencial; por lo tanto “querer detener la democracia parecerá entonces luchar contra Dios mismo. Entonces no les queda a las naciones más solución que acomodarse al estado social que les impone la Providencia”.
Una Providencia que no determina, pues deja al hombre como “poderoso y libre”.

El hombre debe aprovechar esta circunstancia providencial, para lo cual necesita una “nueva ciencia politica” adecuada a este triunfo de la igualdad.
Ya la Declaración de la Independencia de los EE.UU. alude a que ”todos los hombres fueron creados iguales”, y de este principio se derivan todos los otros derechos (a la vida, a la felicidad, a la libertad). Y aunque esta igualdad no se aplica a las cualidades intelectuales, eso no significa que los sabios tengan que gobernar, pues la democracia no admite privilegio alguno.
b) Tocqueville quiere demostrar que en democracia, los hombres pueden ser simultáneamente iguales y libres, pues es muy consciente de que puede haber igualdad dentro de un sistema tiránico y autoritario. En la democracia, los hombres se enfrentan entre sí como iguales, como independientes unos de los otros, sin lazos sociales fuertes como los medioevales (corporaciones, iglesia, etc.), de modo que ahora hay que construir vínculos artificiales.
La clave democrática es el “individualismo” o atomismo social,de modo que todo debe ser sometido al juicio personal, siendo cada uno el centro de su universo. Pero esto le impide al sujeto ver ese universo mayor que es la sociedad en general, de modo que su tendencia primaria es preocuparse por sus propios intereses y bienestar, sin atender a los asuntos públicos, y con una tendencia inevitable a la mediocridad (en oposición al carácter más elevado de la aristocracia) y a aceptar cierto blando despotismo si eso favorece su seguridad.

En todo esto consiste el problema democrático. De allí la necesidad de resolver ese problema democrático encontrando un espacio para la libertad, la excelencia humana, la virtud cívica y la posibilidad de grandeza.

La democracia tiene que satisfacer el deseo de bienestar de todos, no de algunos, y lograr que .la gente también se interese por los problemas generales de la nación. Lo cual sólo puede lograrse si se educa a la ciudadanía en la moderación, la moral y el orden público, sin desdeñarse la religión. Todo tendiente a lograr un modesto bienestar para la mayoría. Esta es la gran virtud de la democracia.

e) Otro problema serio de la democracia igualitaria es la competencia, que ahora es abrumadora, acuciada por un constante deseo de tener más, estimulada por el comercio que aparta a la gente de los intereses públicos y de toda aspiración superior.

El peligro es que los comerciantes constituyan una nueva aristocracia: esa es la puerta por donde puede entrar la desigualdad

. Esta tensión excesivamente materialista e individualista, puede ser matizada en la democracia por el sentimiento de la mutua simpatía, típica de una relación igualitaria, pues el hombre es naturalmente bueno y no hará un daño innecesario.

Por otra parte, la misma competencia y el hecho de que cada uno tiene que arreglárselas como pueda, hace que surja la necesidad de buscar la ayuda de quienes están en su misma situación, y de ayudarlos. A mayor igualdad social, más necesidad de mutua cooperación y compasión.

Claro que esta compasión, natural en el hombre, choca con el cálculo utilitario, sobre todo cuando hay escasez. Por eso la democracia debe crear condiciones para la abundancia.

Finalmente, Tocqueville piensa que otra dificultad de la democracia es que favorece el espíritu familiar y doméstico en desmedro de los vínculos políticos con otros ciudadanos.
d) Estas características: materialismo. aislamiento. compasión y domesticidad, constituyen el núcleo de las enseñanzas de Tocqueville sobre la democracia.

No son aspectos como para ilusionarse con la democracia ni con la bondad de la Providencia, por cierto.

La gran paradoia de la democracia es que la igualdad puede ser también compatible con la tiranía, en desmedro de la libertad.
Dice Tocqueville que, mientras que la libertad es algo dificil de conquistar y conservar, la pasión por la igualdad es “ardiente, insaciable, eterna e invencible”, de tal modo que el hombre está dispuesto a tener igualdad aún a riesgo de perder libertad, pues “la quiere aún en la esclavitud”.
Ese amor a la igualdad puede expresarse en dos formas:

en forma ”viril y legal” (elevando a todos al nivel de los grandes), o

en un “depravado gusto por la igualdad” (rebajando a todos a un nivel mediocre o malo).

Desgraciadamente, como la competencia es muy grande, pocos y con mejores habilidades, llegan alto, y la mayoría se queda abajo

. De modo que la democracia, por un lado despierta la conciencia para una igualdad desde lo superior, y por otro. frustra a la mayoría de la gente. Esta frustración engendra, por supuesto, envidia y resentimiento.

Esta situación prepara a la gente para prescindir de su libertad con tal de conseguir la igualdad económicasocial, entregándose al déspota que no puede ser otro que el Estado, que iguala a todos pero los vuelve impotentes.
Es el Estado cada: vez más centralizado, sobreprotector, de un despotismo ”blando”, que “provee a la seguridad y necesidades, facilita placeres, conduce los principales negocios, dirige la industria … y se lamenta de no poder ahorrarle al ciudadano el trabajo de pensar y la pena de vivir”.
Tocqueville se da cuenta de que semejante gobierno es compatible con la soberanía popular, pues es el pueblo quien elige a esos amos. Así la democracia genera un nuevo despotismo: la sociedad se tiraniza a sí misma.

Es la tiranía de los grandes números, de los muchos sobre los pocos, del proteccionismo.

Y es el reconocimiento de que democracia no significa homogeneidad, pues siempre habrá diferencias por la inteligencia y cualidades. y por las riquezas.

e) No sólo hay distintas capacidades intelectuales, sino que en la democracia también se nota poco interés en conocer y en educarse, suponiéndose que la cantidad (la mayoría) siempre supera a la calidad, el número de legisladores a su selección. . Así la democracia tiende a la tiranía de la mayoría y a la mediocridad,y’ son pocos los que se animan a pensar distinto del camino trazado.

En cambio, no es tan claro que la mayoría de los pobres pueda tiranizar a la minoría rica, pues. en la democracia se respeta el derecho de propiedad de todos. Por otra parte, la distinción de clases (ricos, medios y pobres) es característica de cualquier sociedad y no puede ser suprimida por la democracia. En consecuencia, “el voto universal da, realmente, el gobierno de la sociedad a los pobres”, y como siempre la clase gobernante es opresora, “es seguro que la democracia irrita a una parte de la comunidad, así como la aristocracia oprime a la otra”.
En base a estos razonamientos, Tocqueville piensa que hay razones para temer el conflicto social en la democracia, pero que el ascenso de la clase media lo impide.

De allí su tesis de que la solución del conflicto, no es un retorno a la aristocracia o la monarquía, sino fortalecer el principio de la igualdad,depositando en la autoridad la responsabilidad de la protección ciudadana, algo que Tocqueville admira en los EEUU.
d) La experiencia norteamericana sugiere varios ”recursos democráticos”, como los autogobiernos locales, la separación de Iglesia y Estado, la libertad de prensa, elecciones indirectas, poder judicial independiente (jurados) y el fomento de toda clase de asociaciones.
l. El peligro del centralismo se contrarresta con el valor de la libertad local, comunal y regional; es allí donde los ciudadanos aprenden el sentido cívico y la participación en el bien común. Aunque cuanto más compleja y civilizada es la sociedad, probablemente tolerará menos libertad local.
2. Pero el principal recurso democrático es la libertad de asociaciones, que pueden proteger los derechos de la minoría contra la tiranía mayoritaria. El individuo sólo puede defenderse asociándose para variados propósitos, no sólo políticos, sino educativos, científicos o comerciales. Es tal la importancia de las asociaciones en la democracia que “un pueblo en que los particulares perdiesen el poder de hacer asiladamente grandes cosas sin adquirir la facultad de producirlas en común, volvería pronto a la barbarie” .

Con las asociaciones se contrarresta la posible tiranía mayoritaria y se levanta el nivel de la mediocridad.
e) Pero la doctrina principal de Tocqueville es la del “interés proopio” (individualismo) “debidamente comprendido”, que “de todas las teorías filosóficas, es la más apropiada a las necesidades de los hombres de nuestro tiempo”, y que debe ser inculcada por educadores y moralistas.

Las multitudes no pueden motivarse desde la virtud o el sacrificio, sino desde el interés particular, principal y casi único resorte de la acción humana, ”único punto inmutable del corazón humano”.
Este interés propio tiene que ser moderado, enseñándose a los hombres que ese mismo interés necesitará de la ayuda mutua, sabiendo incluso sacrificar algo de tiempo y riquezas para el bienestar del Estado o de la comunidad. Que vean lo importante del futuro bienestar que hoy exige alguna renuncia. Se trata de un egoísmo ilustrado en el que se acepta la idea de que “al servir el hombre a sus semejantes se sirve a sí mismo, y que su interés particular es el de hacer el bien”.

Sobre la base de la igualdad y del instinto de conservación, se levanta esta bandera de moral pública y patriotismo que consiste en considerar que lo justo también es útil.
”Es una doctrina poco elevada, pero clara y segura. No pretende alcanzar grandes cosas, pero obtiene sin mucho esfuerzo todas las que se propone, y como se encuentra al alcance de todas las inteligencias, cada individuo la comprende fácilmente … Adaptándose maravillosamente a las debilidades de los hombres … vuelve el interés personal contra sí mismo y utiliza, para dirigir las pasiones, el aguijón que las excita”.

En definitiva, se sigue la línea marcada por Maquiavelo y Hobbes: el problema político se resuelve, no desde ideales sublimes, sino desde el realismo de la mediocridad: “Si la doctrina del interés bien entendido llegase a dominar enteramente el mundo moral, las virtudes extraordinarias serían, sin duda, más raras; pero también creo que las groseras depravaciones serían menos comunes.

La doctrina del interés bien entendido impide, quizás, a algunos hombres elevarse demasiado sobre el nivel ordinario de la humanidad; pero otros muchos, que caían más abajo de ese mismo nivel, lo encuentran y se detienen en él. Considerando sólo a algunos individuos, los rebaja; pero examinada la especie, la eleva”.
La solución de la democracia, por tanto, es recrear el sentido de la moral pública desde el individualismo y desde la igualdad. El problema es que el interés propio sea ”bien entendido”-

Tocqueville considera que las mismas religiones utilizan su argumento del propio interés al prometer recompensas en la otra vida, aunque “el objetivo es más remoto”. Por eso la religión ayuda a construir este interés propio moderado o bien entendido, suprimiendo en los hombres la exclusiva preocupación por ellos mismos.
Para Tocqueville, la libertad es imposible sin moral, y la moral es imposible sin religión. Las ideas sobre Dios, el alma y el más allá sirven para conservar la libertad y para el bien de la sociedad, que necesita algún núcleo común de creencias.

Pero esto no significa de ningún modo que el Estado tenga alguna religión oficial, pues Tocqueville postula la separación de Estado e Iglesia. La sociedad democrática necesita de esta religión moralista, pero la religión debe respetar los intereses del pueblo y de la sociedad, como el principio de la igualdad.
Finalizando su libro La Democracia en América, Tocqueville, que procuró ser objetivo en su análisis de la democracia haciendo ver sus virtudes pero también sus limitaciones, termina diciendo que
“es natural creer que lo que más satisface las miradas del Creador y Conservador de los hombres, no es la prosperidad singular de alguno, sino el mayor bienestar de todos; lo que parece una decadencia, es a sus ojos, un progreso … La igualdad es, quizás, menos elevada, pero más justa y su justicia hace su grandeza y su belleza”,

En definitiva, contra los excesos de la aristocracia y de la tiranía popular, lo mejor es la democracia moderada, remediando sus excesos con medios democráticos.

3. John Dewey (1859-1952)
a) El pensador y pedagogo Dewey es reconocido como el principal filósofo norteamericano de la democracia en el siglo XX. Su intento fue aplicar la democracia a todas las esferas de la vida, para lo cual buscó una concepción de la democracia que todo lo abarcara, no sólo la política, sino también la educación, la ética, la estética, etc.
A Dewey le importa que la filosofía sirva para la solución de los problemas sociales contemporáneos, para lo cual crea su “método de inteligencia” y construye una teoría política desde una interpretación evolucionista del hombre y de la sociedad.
En la raíz de los males sociales coloca la división de clases, de modo que ”una clase asegura su futuro a expensas de la otra”, pues “quienes fijan los fines de la producción son los que mandan, en cambio los que se dedican a la aislada actividad productiva son la clase sometida. De modo que si la última es oprimida, la primera no es auténticamente libre” (Naturaleza humana y conducta). De allí su simpatía hacia el socialismo, pues “estamos en pro de algún tipo de socialismo, llámesele como se quiera”, aunque no comparte la solución marxista, especialmente la lucha de clases.
b) El método que propone para la solución de los problemas de la sociedad es el “de la inteligencia” o “método científico”, basado en tres elementos: observación de los hechos, formación de hipótesis y sometimiento de sus consecuencias a prueba, siguiendo los lineamientos de Francis Bacon.

El método científico ha permitido el desarrollo de la ciencia y técnica actuales, pero, sin embargo, no llegan sus resultados a todos y ha provocado la esclavitud de millones de seres humanos en fábricas y barriadas con extrema pobreza.

Dewey atribuye el fracaso a los defectos en la práctica de la política, y a instituciones políticas anticuadas, de modo que “el nuevo industrialismo es en gran parte el antiguo feudalismo, viviendo en un banco y no en un castillo, y blandiendo la carta de crédito en lugar de la espada”.
Son culpables los gobiernos que actúan para ”fines pecuniarios en provecho de unos pocos”, de modo que -los beneficios de la ciencia sirven para los intereses de la “clase poseedora y adquisitiva”.
Por lo tanto, se necesita un auténtico orden democrático que permita una justa distribución de los beneficios de la ciencia entre todos. Y para ello, hay que aplicar el método de la inteligencia a todas las actividades humanas, no sólo a las técnicas, sino también a las ciencias sociales. Dewey está convencido de que esto será la solución, aunque reconoce lo dificil que es aplicar su metodología a problemas políticos, económicos y morales, porque el consenso para juzgar las consecuencias brilla por su ausencia en esas esferas.

c) Basado en la teoría evolucionista de Darwin, se vuelve optimista sobre los futuros cambios “asociados al progreso”. El objetivo de esta constante evolución es el “desarrollo”, interpretado como la realización progresiva de las posibilidades humanas. De este modo, el desarrollo mismo es el único fin moral.
En efecto, “el gobierno, los negocios, el arte, la religión y todas las instituciones sociales tienen un propósito. Tal propósito es liberar y desarrollar las capacidades de los individuos humanos sin consideración de razas, sexo, clase social o posición económica … La democracia tiene muchos significados, pero si tiene un significado. moral, este se encuentra en resolver que la prueba suprema de todas las instituciones políticas y las disposiciones industriales será la contribución que hagan al desarrollo general de cada miembro de la comunidad” (Reconstruction in Philosophy)
Este desarrollo humano se efectúa especialmente dentro de las asociaciones, señalando especialmente a la familia, el clan y el vecindario, así como las escuelas, sindicatos, empresas económicas, y clubes de todo tipo. Las primarias (familia, clan, vecindario) se caracterizan por la relación cara a cara y son las fundamentales. Las otras asociaciones necesitan una regulación política, sea por la diversidad de intereses, sea por la necesidad de supervisión.

d) El control supremo es ejercido por el Estado, algo así como un director de orquesta, “para fijar las condiciones en que opera cualquier forma de asociación”, impidiéndose así la tendencia al totalitarismo y ampliación de su poder: Por tanto, el desarrollo depende básicamente de las asociaciones, no del Estado.

Pero el Estado, cuyo fin principal es el desarrollo, no sólo fija condiciones para la acción de las asociaciones, sino que debe controlar a ciertas asociaciones económicas que tratan de adueñarse de los medios del gobierno y de la administración y que ejercen un poder particular desmedido. Son asociaciones que sólo buscan su propio interés y no el bien común de la sociedad.
Preocupado siempre Dewey por el conjunto de ciudadanos que vive con desventajas económicas, considera que el Estado también tiene que’ hacerse cargo de la educación, como de otros sectores desprotegidos. Por lo tanto, las funciones del Estado no pueden ser descritas a priori, sino desde las reales circunstancias y contexto particular. El Estado debe intervenir para que el desarrollo llegue a todos, pero evitando siempre el riesgo del totalitarismo; para lo cual se necesita el control de una ciudadanía ilustrada, activa y con espíritu público.
Esta ciudadanía es la única protección contra los malos gobiernos. De allí la importancia que Dewey otorga, como es sabido, a la educación escolar, de modo que los. niños aprendan a vivir democráticamente desde la escuela, aprendiendo a competir en grupos y a colaborar unos con otros.
Confiando en las disposiciones psicológicas y en el impulso hacia un desarrollo constante, mantuvo siempre una visión optimista:

“tenemos toda la razón para creer que cualquier cambio que pueda ocurrir en la maquinaria democrática, será tal que haga del interés público una guía más suprema y una norma de la actividad gubernamental, y que capacite al publico para formar y manifestar sus propósitos con mayor autoridad aún.
En este sentido, la cura de los males de la democracias es más democracia” (El público y sus problemas).

 

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