Ideologías 10 Posmodernidad. Democracia Liberal Economicista.

1.LA POSMODERNIDAD

Si en los siglos anteriores y casi hasta nuestros días, la lucha por la libertad y la igualdad se desarrollaba contra el poder absoluto del clero, contra reyes y déspotas, contra los totalitarismos y dictaduras de todo tipo, en medio de revoluciones, guerras, lucha de clases y guerrillas de liberación, a partir de mediados de la década del 80 y significativamente desde la del 90 de nuestro siglo el escenario político ha cambiado de forma substancial, obligando a todos los actores políticos a una redefinición de sus principios y estrategias, aunque a menudo se siga utilizando un viejo lenguaje simbólico cada día más carente de significado.

A)  Aunque existe abundante bibliografía sobre el tema, podemos resumir este nuevo escenario en los siguientes puntos:

1.    Fin de la guerra fría y del enfrentamiento de USA y URSS. Colapso de la URSS y supremacía de USA que impone la democratización general y la economía de mercado a sus aliados y al mundo entero.
2.    Implantación del Estado de derecho en la casi totalidad del mundo occidental. Por tanto, fin de gobiernos de facto, dictaduras o gobiernos revolucionarios, como también fin de la guerrilla en América Latina (salvo en Colombia).  Este Estado de derecho, significa al menos, que los gobiernos surgen conforme a una constitución aceptada por la sociedad, y que gobiernan conforme a ella y a la ley.
3.    Proceso de globalización económica y cultural dependiente de los Estados Unidos y principales países capitalistas, desde la arremetida liberal conservadora de Reagan y Thatcher.
4.    Internacionalización de la economía, dirigida desde los grandes centros del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial de Desarrollo.

5.   
Pérdida de soberanía de los países menos desarrollados, cuyo control económico-político es ejercido desde dichos centros mundiales y desde otros “poderes ocultos”.
6.    Aumento de poder político y cultural de los grandes Medios de Comunicación Social, en manos de los partidos políticos y/o de los centros de poder económico. Control y manipulación de la opinión pública.
7.    Grupos de poder económico dentro de cada país, relacionados con la banca internacional y las compañías oligopólicas internacionales.
8.    Estado mínimo nacional (en la ayuda social y planificación de la economía) y, por tanto, fin del Estado de Bienestar, pero con una gran burocracia, constantes ajustes y regulación laboral. Pero en lo político, omnipresencia del poder ejecutivo y depreciación del parlamento como órgano representativo de la sociedad. Anulación de la acción sindical.
9.    Fractura en la relación entre el Estado y los grupos de poder (gobierno, partidos, grupos empresarios), por un lado, con la ciudadanía civil, por otro, que desarrolla sus tareas preferentemente en la actividad privada, en organizaciones no gubernamentales (ONG) y en los Nuevos Movimientos Sociales.

10.
Apatía política de los ciudadanos y mínima participación en la gestión pública y en el control de sus hipotéticos representantes (gobierno, parlamento). Desencanto con la democracia.
11. Ausencia de grandes organizaciones sociales populares. Desactivación del pueblo como sujeto histórico. Fragmentación social.
12. Corrupción generalizada, especialmente en las mismas instituciones políticas, jurídicas y de control social. A lo que corresponde una falta de paradigmas éticos de carácter general, con disociación completa de la política y economía  de la ética.
13. Cultura ciudadana individualista y consumista. Cultura de la estética corporal y del placer.
14. Valoración de la ética autónoma y de la libertad de conciencia. Desvalorización de los criterios de autoridad y de la moral tradicional.
15. Profesionalización de la política y alta capacitación competitiva, con implementación de las nuevas tecnologías del conocimiento.
16. División de la humanidad entre los incluidos (un 20 % que posee el 80% de las riquezas) y los excluidos, el 80 por ciento restante de la gran mayoría que apenas controla el 20% de las riquezas mundiales. Por tanto, alarmante situación social, con altos índices de desocupación, pobreza y hambre. 

B) Todo este significativo cambio se enmarca en el fenómeno más gobal llamado de la posmodernidad, concepto difícil de definir e impreciso por sí mismo, ya que alude a una etapa intermedia y transitoria entre la modernidad que muere y una nueva era que está por nacer. En forma concisa, la relación entre modernidad y posmodernidad la podemos ver en la siguiente síntesis:


a) La Era de la modernidad
: comenzó con el Renacimiento (Ver sus características en el Módulo 4), y se desarrolló por influencia de los modernos pensadores franceses e ingleses de los siglos  XVII y XVIII (Descartes, Rousseau, Montesquieu, Hobbes, Locke, etc. Módulo 5, puntos 3 y 4)·       Su postulado principal es la primacía de la razón (no la fe religiosa) y de la ciencia que nace de ella. Por eso se habla de iluminismo de la razón y cientificismo. Por tanto, importancia del sujeto pensante y de sus métodos más que de la realidad objetiva en sí misma, que se vuelve relativa al modo de percibir y pensar.
·       El hombre moderno cree en un sentido positivo y unitario de la historia (fin de la historia, visión escatológica) hacia una nueva era, y así surge el mito del Progreso ilimitado de la humanidad y de una felicidad fruto de la ciencia y de la industrialización. En los siglos XIX y XX, los mitos del paraíso socialista y de la liberación de los pueblos. A estos mitos históricos hoy se los llama “Grandes Relatos”, siguiendo a Lyotard. Pero siempre esta historia única es vista desde el ángulo de Europa occidental (colonialista e imperialista).
·       Su otro postulado es la libertad individual , base de los derechos del ciudadano, entre otros y muy importante el de propiedad privada. Otros derechos: igualdad, fraternidad, y más adelante, a un trabajo digno, a la educación, etc. Derechos que finalmente serán recogidos y ampliados como Derechos Humanos. (Esta libertad dio origen en nuestros países coloniales a la Independencia o Emancipación, y en las décadas últimas a la Liberación del nuevo imperialismo norteamericano). ·       En cuanto Libertad negativa (típica de la democracia inglesa), se afirma la libertad “de” los poderes absolutistas, restringiendo lo más que se pueda el poder de los gobernantes y el rol del Estado; y en cuanto Libertad positiva (democracia a la francesa), es la libertad “ para”  actuar como personas dignas con los derechos ciudadanos y humanos ya conocidos, participando activamente en la gestión pública y en su control, eligiendo representantes, etc.
Recordar que esta democracia se desdobla después en una democracia social comunista que se extendió en los países europeos del Este, hoy fracasada, con base en el partido comunista. En Europa occidental es la social democracia con base en partidos socialistas. Después surge como nueva postura, la democracia cristiana.
·       La ciudadanía de la modernidad se constituyó diferenciada  de lo público, en un Estado secularizado (opuesto al Estado confesional típico de la Edad Media e inicios de la modernidad)  y con el desarrollo de formas universalistas de participación. (Votaciones, primero de los varones propietarios, después de todos los varones, y finalmente también de las mujeres; luego, partidos, sindicatos y grandes movimientos políticos). Se pone el acento, por tanto, en la cohesión social (solidaridad entre todos los componentes sociales) en orden a formar un Estado nacional fuerte (cohesión nacional).
·       La ciudadanía política fue creciendo mediante la adquisición de derechos:  primero, civiles (libertad,  justicia), luego políticos, (el parlamento, la representación) y por último, sociales (derecho de los trabajadores, de los ancianos, etc., típicos del Estado de Bienestar).

Lentamente a partir del final de la segunda guerra mundial, y con gran fuerza desde la década del 80, se configura un nuevo esquema cultural, político y ciudadano que llamamos “posmodernidad”, cuyos enunciados filosóficos ya fueron expresados por Nietzsche y Heidegger (Módulo 6, 3.4), y ampliados posteriormente por Vattimo y Lyotard, entre otros. Mientras se consolida la democracia y la hegemonía neoliberal, se producen otros importantes cambios culturales que hoy son nuestra manera de ser y vivir, dentro de ese marco general que llamamos “globalización”.
En líneas generales, esta posmodernidad, según sus teóricos:

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No tiene una visión unitaria y finalista de la historia, y se desarrolla sin grandes mitos ni proyectos de largo alcance (algo notorio en la falta de grandes planes de los gobiernos y partidos políticos). El hombre y el pueblo pierden el sentido de gestor (sujeto-actor) de la historia. En consecuencia, muerte de “los grandes relatos”, especialmente del mito de la revolución como factor permanente de cambio.

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Carece de esquemas teóricos o paradigmas ideológicos universales y fuertes desde donde interpretar la vida humana, la política, la cultura, la moral, etc. Hay en cambio un gran pluralismo de ideas y concepciones de vida, dentro de una cierta homogeneización ideológica dada por la globalización cultural e informativa. En algunos casos, nihilismo teórico o práctico (Nietzsche y Heidegger) y en general, relativismo total y pragmatismo. Giovanni Vattimo habla de “pensamiento débil”. Por lo tanto, desonfianza de la razón y del sujeto pensante. Todo lo cual implica la muerte de la metafísica y del sentido de la vida como un valor.

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Al carecerse de visión de futuro, se vive con intensidad el presente, lo instantáneo, como también lo exitista, lo lúdico (deportes, cuidado del cuerpo, el placer) y el consumo de novedades. Los grandes símbolos o “catedrales” de la posmodernidad son el estadio deportivo y los shoppings; para los jóvenes, también los video games, los festivales musicales y los centros nocturnos de diversión. El altar, la televisión. La publicidad y la propaganda mediáticas (no los comités ni la escuela) moldean la opinión pública. El ciudadano, un espectador que consume instantaneidades, imágenes superpuestas y productos artificiales.

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Hay una visión globalizada del mundo, impulsada por los medios masivos de comunicación, verdaderos creadores y potenciadores de la cultura posmoderna, siendo al mismo tiempo los lanzadores de los políticos y de las estrategias políticas. El poder político se ha mediatizado y depende de los Medios (con la obvia casi desaparición de la militancia política) Por otra parte y como consecuencia, tiene menos importancia lo nacional y lo nacionalista, pero al mismo tiempo – como defensa ante la globalización- crece el valor de lo local y municipal, mientras se abren paso nuevas culturas o subculturas, agrupaciones sociales y tendencias de todo tipo que encuentran en los medios de comunicación su propio foro.

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La ciudadanía se privatiza, pierde interés por la política y busca refugio en actividades privadas, en el consumo, en la capacitación personal y en nuevas organizaciones sociales con fines específicos, como feminismo, defensa del medio ambiente, defensa de grupos étnicos, conflictos sociales puntuales, etc. En general, se pierde el sentido clasista y de solidaridad social, y la clásica cohesión social da paso a la atomización y competitividad social.

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Mientras que las grandes ciudades se transforman en el hábitat normal del hombre posmoderno, con su cuota de anonimato y movilidad permanente, los jóvenes crecen en un medio determinado por el ritmo, el movimiento constante y la sucesión de imágenes y experiencias aparentemente sin consistencia alguna. Es la sensación pura de vivir y sentir.

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A estas características, debemos agregar el aumento de la competitividad, no solo entre empresas y países, sino entre los ciudadanos, tendiente al éxito en una  carrera sin fin. Una competitividad que, a falta de ideologías y paradigmas universales, se ha transformado en el nuevo paradigma de la cultura posmoderna. No se trata ya de la competitividad “sana”, o sea, la emulación normal para conseguir mejores resultados, sino de una competividad excluyente, que busca la liquidación del competidor, sobre todo en el campo económico, pero también en el político y cultural. Se impone así la cultura del individualismo total, como forma de “supervivencia” y como nueva modalidad de la “guerra” cuyos instrumentos son el dinero, el comercio, el mercado y la comunicación.

Es una competitividad que se expande a todos los campos, aumentándose así las posibilidades de dominación mundial. Competitividad que hoy es el primer objetivo de empresarios, comerciantes, banqueros, responsables políticos y dueños de los medios de comunicación. Se supone la verdad de la ley según la cual la economía de mercado competitivo es el único remedio efectivo para los problemas de la sociedad, aún los sociales, y la única estrategia para todas las actividades humanas. Una competitividad que ya no es simple medio para motorizarse tras metas superiores, sino un fin en sí mismo. No se trata sólo de progresar, sino de ganar y liquidar al adversario, para lo cual se establecen estrategias (especialmente las manipulatorias) que generalmente traspasan el límite de lo ético.

Una competitividad feroz que tiene como profetas y maestros a miles de economistas y expertos de USA, Europa Occidental, Japón, Taiwán. Singapur y Corea del Sur, pero que obliga al resto de los países a entrar en esa variable para no quedar excluídos. Pero, al fin, una competitividad que se levanta sobre millones de excluídos, desocupados y habitantes incapaces de llegar al límite mínimo de una vida de calidad o de necesidades básicas satisfechas; que se edifica sobre una antropología reduccionista del hombre económico-competitivo, pero que olvida o niega otros aspectos fundamentales de la historia y del ser humano, y que salta sobre la variable de la cooperación y de la solidaridad.

En consecuencia, no se trata de oponerse simplistamente a la competividad como tal, sino de reconocer sus límites en orden a la integración de los mayoritarios grupos humanos excluidos, a la defensa del sistema ecológico (que la pura competitividad destruye) y a colocar los grandes centros de concentración de capitales al servicio de toda la humanidad para ser regidos por un criterio auténticamente “político”, o sea, con función social. Es, al fin y al cabo, poner a salvo la democracia que será una pura ficción si los excluidos y hambrientos miran como un espectáculo desenfrenado el opíparo banquete de unos pocos. Si los excluidos y débiles -un 80% de la humanidad- no son tenidos en cuenta, entonces la democracia ha muerto definitivamente.

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Finalmente, ligado a la competitividad, pero en un marco superador, debemos al menos recordar el concepto de calidad total  y la nueva dimensión de las organizaciones económicas (pero extensivas a otros ámbitos) caractrerizadas por el alto rendimiento. Se trata del surgimiento de las llamadas organizaciones “inteligentes” (todos los miembros comprenden de qué se trata en una dimensión más horizontal y menos verticalista) tendientes a la conformación de redes organizacionales.

Son las nuevas organizaciones que buscan superar la expectativa del cliente externo a quien se ofrece un producto o servicio, dando al mismo tiempo satisfacción plena a los miembros de la organización (cliente interno). En definitiva, se trata de compaginar la eficacia y la eficiencia con la calidad en las relaciones humanas y con otros valores de cualquier grupo humano u organización (participación, capacitación, trabajo en equipo, etc.) Este nuevo concepto de calidad total (no sólo de calidad del producto para obtener mayores beneficios empresariales como en general sucede) puede significar un vuelco significativo y superador del concepto reduccionista de competitividad como valor absoluto. La calidad total sería un nuevo paradigma.
Al ser “total” tiene en cuenta las necesidades totales, tanto de la organización en sí como del sector de la sociedad al cual se dirige.

Sintetizando: la posmodernidad, aunque aparentemente no tiene paradigmas ni ideologías universales, en realidad se rige por lo que algunos autores llaman el pensamiento único (o sea, ideología única y hegemónica) caracterizado por dos elementos esenciales: la comunicación (que sustituye el paradigma del progreso y de la cohesión social) y el mercado competitivo que no dejan actividad alguna fuera de su ámbito (baste pensar en los Juegos Olímpicos o el fútbol, tan pendientes de la comunicación global y de su comercialización, más importantes que el deporte por sí mismo).

Por lo tanto: comunicación y mercado son los grandes poderes de la historia posmoderna (apoyados en el desarrollo tecnológico), dejando postergado al poder político (especialmente el nacional) que depende casi totalmente de los dictámenes del poder económico y de las estrategias del poder comunicacional (que ha dejado de ser el cuarto poder de la modernidad para ser el segundo).
Dos poderes que ocupan el rol de las nuevas divinidades de la posmodernidad con las características propias de Dios: permanentes (funcionan en todo momento), planetarios (en todas partes), inmediatos (con presencia instantánea) e inmateriales (presentes en redes electrónicas y entes anónimos).
Y como el pueblo ciudadano ya no tiene poder sobre el mercado ni sobre la comunicación (sólo vota para elegir funcionarios políticos), es más que evidente que la democracia resultante de este sistema es apenas una sombra y más una sensación real de impotencia que no de poder del pueblo (“demos” “cratos”).
Y como los Estados Unidos tienen la hegemonía del poder económico y del comunicacional (también del tecnológico y del militar) es obvia su total hegemonía sobre todo el mundo, tanto a nivel económico, como político y cultural.La pregunta pendiente que nos queda es si esta posmodernidad es la simple disolución natural de una modernidad hace tiempo herida de muerte (Módulo 6, 1.5), o es una nueva etapa cultural de la humanidad o más bien una transición hacia una nueva era futura, cuyos alcances aún no vislumbramos (ver el punto final de este capítulo, “A dónde vamos”).

A modo de reflexión , concluyamos con algunas ideas sobre el sentido de la posmodernidad según el filósofo Giovanni Vattimo:

“La condición para concebir la historia como realización progresiva de la humanidad auténtica estriba en que pueda ser vista como un proceso unitario. Sólo si existe la historia se puede hablar de progreso. Pues bien, en la posmodernidad … deja de ser posible hablar de la historia como de algo unitario. En efecto, tal visión de la historia implicaba un centro alrededor del cual se reunieran y ordenaran los acontecimientos. Nosotros pensamos la historia ordenándola en torno al año cero del nacimiento de Cristo, y más concretamente, como el concatenarse de las vicisitudes protagonizadas por los pueblos de la zona”central”: el Occidente, que representa el lugar de la civilización, fuera del cual quedan los “primitivos”, los pueblos “en vias de desarrollo”.

En cambio ahora, sigue diciendo el filósofo italiano, “no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un solo punto de vista supremo, comprensivo,  capaz de unificar todos los puntos restantes… La crisis de la idea de historia entraña la de la idea de progreso: si no hay un curso unitario de las vicisitudes humanas no podría sostenerse tampoco que éstas avancen hacia un fin, que efectúen un plan racional de mejoras, educación y emancipación.

Por otra parte, el fin que según la modernidad regía el curso de los acontecimientos, era representado también él a partir del punto de vista de un determinado ideal de hombre… la figura del hombre europeo moderno… Pero el ideal europeo de humanidad se ha ido desvelando como un ideal más entre otros, que no puede, sin violencia, pretender erigirse en la verdadera esencia del hombre, de todo hombre.Junto con el fin del colonialismo y del imperialismo, otro factor ha resultado determinante para la disolución de la idea de historia y para el fin de la modernidad: se trata del advenimiento de la sociedad de la comunicación. Así se desemboca en el segundo punto, el que se refiere a la sociedad transparente… Lo que intento sostener es que
a) en el nacimiento de una sociedad posmoderna los mass media desempeñan un papel determinante, y
b) que éstos caracterizan tal sociedad no como una sociedad más transparente, más consciente de sí misma, más “iluminada”, sino como una sociedad más compleja, incluso caótica; y finalmente
c) que precisamente en este caos relativo residen nuestras esperanzas de emancipación…

Estos medios -periódicos, radio. televisión, y en general todo lo denominado telemática- han sido determinantes para que se diera la disolución de los puntos de vista centrales, de aquellos que Jean F. Lyotard llama los grandes relatos… Estos medios se han convertido en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de visiones de conjunto o weltanschaungen”Después de comentar que los grupos minoritarios también acceden a los medios y se valen de ellos para decir su palabra, continúa:
“Esta multiplicación vertiginosa, este tomar la palabra por parte de un creciente número de subculturas, constituye el efecto más evidente de los mass media, siendo a la vez, el hecho que determina… el tránsito de nuestra sociedad a la posmodernidad… Si hoy nos hacemos una idea de la realidad, ésta ya no puede ser entendida como el dato objetivo que está por debajo, o más allá de las imágenes que los mass media nos proporcionan ¿Cómo y dónde podríamos acceder a una tal realidad “en sí”? Realidad, para nosotros, es más bien el resultado del entrecruzarse, del contaminarse de las múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí, o que, de cualquier manera, sin coordinación “central” alguna, distribuyen los mass media…

De modo que si, por el multiplicarse de las imágenes del mundo, perdemos, como suele decirse, el sentido de la realidad, quizás no sea, después de todo, una gran pérdida. Por una especie de perversa lógica interna, el mundo de los objetos medidos y manipulados por la ciencia técnica (el mundo de lo real según la metafísica) se ha convertido en el mundo de las mercancías, de las imágenes, en el mundo fantasmagórico de los mass media. ¿Deberíamos contraponer a ese mundo la nostalgia de una realidad sólida, unitaria, estable y “con autoridad?”…“En la sociedad de la comunicación generalizada y de la pluralidad de las culturas, el encuentro con otros mundos y formas de vida es quizás menos imaginario de lo que Dilthey supusiera: las “otras” posibilidades de existencia están a la vista, vienen representadas por múltiples “dialectos”, o incluso por universos culturales que la antropología y etnología nos hacen accesibles.

Vivir en este mundo múltiple significa experimentar la libertad como oscilación continua entre la pertenencia y el extrañamiento… y a nosotros todavía nos fatiga concebir esta oscilación como libertad: la nostalgia de los horizontes cerrados, intimidantes y sosegantes a la vez, sigue aún afincada en nosotros, como individuos y como sociedad. Filósofos nihilista como Nietzsche y Heidegger, pero también otros pragmáticos como Dewey, al mostrarnos que el ser no coincide necesariamente con lo que es sensible, fijo y permanente, sino que tiene que ver más bien con el evento, el consenso, el diálogo y la interpretación, se esfuerzan por hacernos capaces de recibir esta experiencia de oscilación del mundo posmoderno como chance de un nuevo modo de ser (quizás, al fin) humano” (Posmoderno, la sociedad transparente, Barcelona 1990).

2.LA DEMOCRACIA NEOLIBERAL


Este nuevo escenario condiciona un estilo de democracia para grandes y complejas sociedades de masas (“poliarquías”) que casi nada tienen que ver con el ideario del “mito democrático” de Rousseau, con las grandes revoluciones populares (grandes relatos) y ni siquiera con la letra de las Constituciones, como es el caso argentino.
En líneas generales, se trata de una democracia más bien nominal y legal, con mínima participación y control del pueblo, en manos de partidos y élites que pujan por el poder para el beneficio propio, en primer lugar, y de la ciudadanía después. Su ley y estrategia básica: la pura competitividad.Y una ciudadanía reducida también al mínimo con sus ya clásicos derechos y deberes: votar en forma regular, delegar el poder “sin mandato”, pagar los impuestos y consumir.

Esta democracia no hace más que adaptar la filosofía democrática liberal que ya conocemos a los grandes y complejos Estados modernos, con aportes teóricos de numerosos autores, entre otros Schumpeter (fue de los primeros), Friedman, Dahl y Downs.
Quien mejor explica este nuevo modelo democrático es Anthony Downs en “Teoría económica de la acción política en una democracia”, de 1957. (Presentamos su fiel síntesis, según la versión castellana en “Diez textos básicos de Ciencia Política”, de  Almond y otros. Ariel, Barcelona)

Pero antes, no está demás repasar los principios de la economía neo-liberal, simple reedición de los postulados ingleses de los siglos XVII y XVIII (especialmente Locke y Smith), tal como los presenta Milton Friedman en Capitalismo y Libertad  (Cap. 1, “La relación entre libertad económica y libertad política”. Los subrrayados nos nuestros, las cursivas del autor)

“Las organizaciones económicas tienen una doble función en la promoción de una sociedad libre. Por una parte, la libertad en las organizaciones económicas es en sí una parte de la libertad en términos generales; así que la libertad económica es un fin en sí misma”.
Este axioma de ninguna manera queda demostrado. Por otra parte, esta total libertad económica significa la total competitividad.

“En segundo lugar, es también un medio indispensable para la consecución de la libertad política…. La evidencia histórica muestra decididamente una relación entre la libertad política y el mercado libre. No sé de ningún ejemplo de una sociedad que en algún momento haya mantenido la libertad política y que no haya usado también para organizar el grueso de la actividad económica, algo comparable a un mercado libre…
Está claro que la libertad política llegó con el mercado libre y el desarrollo de las instituciones capitalistas. Lo mismo ocurrió con la libertad política en la edad de oro de Grecia y en los primeros días de la era romana…”
Se trata de apreciaciones apresuradas que de ninguna manera están acordes con los datos de la historia. Parece, por otra parte, muy sugestivo, comparar el mercado libre con el sistema esclavista de Grecia y Roma…

“La historia sugiere solamente que el capitalismo es una condición necesaria para la libertad política. Pero no es una condición suficiente… (El autor trae ejemplos de países totalitarios con sistema capitalista) Por tanto, está claro que no se pueden tener organizaciones económicas fundamentalmente capitalistas, y organizaciones políticas que no sean libres, en una misma sociedad… “
Hay una evidente confusión entre propiedad privada y capitalismo. Al mismo tiempo se desconocen otros sistemas de economía, como en pueblos indígenas o de economía de bienestar, que se compadecen al mismo tiempo con la libertad. “Como liberales, consideramos la libertad del individuo o de la familia, al juzgar las organizaciones sociales, como fin último.”

Otra apreciación que de ninguna manera se demuestra. La libertad es parte de un conjunto de bienes y valores que constituyen el verdadero fin último de toda sociedad. La libertad no es un fin sino un medio para la consecución del desarrollo pleno del individuo y de la sociedad. Si no es una libertad dispuesta a compartir solidariamente con otras libertades, entonces termina en un individualismo competitivo que niega los mejores valores humanos. Nadie es libre para ser libre sino para cumplir un proyecto.

“La libertad, como valor en este sentido, se refiere a las relaciones entre la gente… En realidad, uno de los objetivos principales del liberal es dejar los problemas éticos al individuo para que él se las entienda con ellos. Los problemas éticos realmente importantes son los que se le presentan al individuo en una sociedad libre, o sea, qué debe hacer con su libertad. Así es que hay dos grupos de valores a los que el liberal da importancia: los valores que se refieren a las relaciones entre la gente, y los valores que se refieren al individuo en el ejercicio de su libertad, que es el dominio de la ética y filosofía individuales. El liberal considera al hombre como ser imperfecto. Y considera el problema de la organización social tanto un problema negativo de impedir que la gente “mala” haga el mal como de permitir que la gente “buena” haga el bien. Y claro, la gente buena y mala puede ser la misma gente segùn quien sea el que juzgue.”

Se habla de valores en la relación entre las personas: ¿cuáles son esos valores y quién los determina como tales? Por otra parte, hay un concepto excesivamente negativo de la ética y de la libertad (impedir que los malos hagan el mal).

“El problema básico de la organización social es cómo coordinar las actividades económicas de gran número de gentes (según el autor, tanto en las sociedades relativamente atrasadas como en las modernas)… La tarea del creyente en la libertad es saber reconciliar esta amplia interdependencia con la libertad individual…
Esencialmente, sólo hay dos maneras de coordinar las actividades de millones de personas. Una es la dirección central, que implica el uso de la fuerza (la técnica del ejército y estado totalitario). La otra es la cooperación voluntaria de los individuos (la técnica del mercado)”.
Se vuelve a confundir sin más cooperación voluntaria con técnica de mercado. Por otra parte, en la historia hubo muchas otras formas de coordinar actividades de millones de personas, y seguramente surgirán otras. Hay un enfoque simplista de la historia y de la sociedad, y reconocida mala intención al declarar totalitaria cualquier otra teoría político-económica que no sea liberal (ya lo hizo Hayeck en 1946).

“La posibilidad de coordinación mediante cooperación voluntaria se basa en la proposición elemental -que ha sido negada muchas veces- de que en una transacción económica ambas partes se benefician, con tal de que la transacción sea voluntaria e informada bilateralmente. Por tanto, el intercambio puede producir coordinación sin usar la fuerza. El modelo que funciona en una sociedad organizada sobre la base del intercambio voluntario, es una economía de intercambio con libre empresa privada -lo que llamamos capitalismo competitivo-…”
El autor confunde el plano ideal (todos son libres en igualdad de condiciones) con el plano real. En la realidad, una gran mayoría de intercambios de mercado no respetan la libertad de la gente, ni se les pide opinión o simplemente se mal informa o manipula de manera intencional. Para el autor, sólo el uso de la fuerza viola la ley de la libertad. Pero, ¿no existen otras formas de violencia sobre la gente y sus derechos? Basta pensar en los contratos de hambre, tan de moda hoy en día, o en la falta de libertad de quien se ve obligado a comprar el peor producto alimenticio por falta de medios, o no poder comprar ninguno. Y esta realidad llega a la inmensa mayoría de la raza humana.

“En la compleja economía de empresas y cambio monetario, la cooperación es exclusivamente individual y voluntaria con tal que a) las empresas sean privadas, para que las partes contratantes últimas sean individuos, y b) que los individuos sean efectivamente libres de participar o no participar en cada intercambio concreto para que cada transacción sea completamente voluntaria…”
Ver las críticas anteriores.

“El requisito básico es el mantenimiento de la ley y del orden, para impedir que un individuo use la fuerza física sobre otro, y para hacer cumplir las obligaciones contraídas voluntariamente, dando sentido de esta manera a la palabra “privado”.
El problema que no se explica es cómo se llega a esa ley y a ese orden. ¿Se llega por el consentimiento y debate libre de todos los implicados o es impuesto por una pequeña minoría que tiene el poder político y/o económico?

“Aparte de esto, los problemas más difíciles son los que surgen con el monopolio -que coarta la libertad efectiva, al negar al individuo toda alternativa a un intercambio concreto- y, con los “efectos de vecindad” con efectos sobre terceras partes…”
El autor niega un sinnúmero de problemas sociales que para la mayoría de la gente son más importantes que los monopolios o los puros problemas legales de vecindad (cuando la acción de alguien puede perjudicar a un tercero). Por otra parte, es más que evidente que el neoliberalismo ha llevado al mundo hoy a una impresionante concentración oligopólica.

“Mientras se mantenga la libertad efectiva de intercambio, la característica central de la actividad económica con la organización de mercado, es que impide que las personas interfieran unas con otras (ejemplos del autor: el consumidor está protegido por la variada demanda, y los vendedores por un variado consumidor, etc.) También el empleado está protegido contra la fuerza del patrón, porque puede trabajar para otros patrones.”
La realidad desmiente estas afirmaciones. La creciente desocupación le resta a los empleados y obreros toda posibilidad de negociación cuando el hambre los apremia.

“Y el mercado hace esta labor sin necesidad de tener una autoridad centralizada. En realidad, la causa principal de las objeciones a la economía libre es precisamente el hecho de que realiza tan bien sus funciones. Da a la gente lo que realmente la gente quiere, y no lo que un grupo determinado piensa que debiera querer. En el fondo de todas las objeciones contra el mercado libre hay una falta de fe en la libertad misma”.
El cinismo de estas afirmaciones, evita cualquier tipo de comentarios.

“Claro que la existencia de un mercado libre no elimina la necesidad de tener un gobierno. Al contrario, el gobierno es necesario tanto en su función de foro para determinar “las reglas de juego”, como en su función de árbitro para interpretar y hacer cumplir las reglas establecidas. Lo que hace el mercado es reducir muchísimo el número de cuestiones que hay de decidir, y por tanto, minimizar la medida en que el gobierno necesita participar directamente en el juego…
La libertad política significa que ningún hombre ejerce la fuerza sobre el resto de los otros hombres. La principal amenaza contra la libertad es el poder de usar la fuerza, sea por parte de un monarca, dictador, oligarquía o una mayoría momentánea. La defensa de la libertad requiere la eliminación, en la medida de lo posible, de esas concentraciones de poder, y la dispersión y distribución de poder que sea imposible eliminar (un sistema de contención y equilibrio). Al hacer que la autoridad política pierda el control de la actividad económica, el mercado elimina esa fuente de poder coercitivo. Hace que la fuerza económica actúe de contención del poder político, y no de refuerzo… Si el poder político se une con el económico, la concentración de poder parece casi inevitable. Pero si mantenemos el poder económico en otras manos, separadas del poder político, puede servir para contener y contrarrestar el poder político…”

Ya apuntamos el concepto puramente negativo de libertad. Por otra parte, la realidad muestra todo lo contrario a lo afirmado por el autor: nunca como hoy ha habido tanta concentración de poder en unos pocos, poder económico que no solo restringe la soberanía de los Estados ( y de sus respectivos poderes políticos) sino que se ha tornado absolutamente ingobernable, oprimiendo despiadadamente a millones de seres humanos.

“En la sociedad capitalista, lo único que hace falta es convencer a unas cuantas personas adineradas para que den fondos para lanzar una idea, por extraña que sea, siempre hay personas así… De lo único que hay que convencerles es que la propagación de esas ideas puede financiarse con éxito, o de que tal periódico o revista o cualquier otro proyecto va a dejar un beneficio…”
Un nuevo caso de cinismo: son las personas adineradas las que pueden digitar la opinión pública, sin importar la bondad de las ideas, proyectos o los valores subyacentes. Basta el beneficio económico. ¿Y cómo harán las personas no adineradas para propagar sus ideas en un sistema democrático?Respecto a la función del Estado, a la que ya se ha referido, el autor concluye:

“Para un liberal, los medios apropiados son la libre discusión y la cooperación voluntaria, lo cual implica que toda forma de coerción es inapropiada. Lo ideal es que entre los individuos responsables haya unanimidad, conseguida a base de discusión libre y competitiva…
Igual que en un partido deportivo los participantes aceptan tanto las reglas de juego como los árbitros que las imponen, de la misma forma en una buena sociedad hace falta que sus miembros estén de acuerdo en las condiciones generales que van a regir las relaciones entre ellos, en los medios que van a juzgar las diferentes inerpretaciones de esas condiciones, y en algún instrumento para imponer el cumplimiento de las reglas generales aceptadas… Así es que las funciones básicas del Estado en sociedad libre son: ofrecer un medio por el que se puedan modificar las reglas, mediar en las diferencias que surjan en cuanto al significado de las reglas e imponer el cumplimiento de las reglas sobre aquellos que decidieran romperlas…En resumen: la organización de la actividad económica mediante el intercambio voluntario, presupone que, a través del Estado, el mantenimiento de la ley y el orden para impedir el uso de la fuerza de un individuo sobre otro, para hacer cumplir los contratos contraídos voluntariamente, para definir el significado de los derechos de propiedad, interpretar y hacer cumplir esos derechos, y mantener la estructura monetaria…Un Estado que mantiene el orden y la ley, que definiera los derechos de propiedad, sirviera como medio por el que se pudieran modificar los derechos de propiedad y otras reglas de la vida económica, hiciera cumplir los contratos, fomentara la competencia, proveyera un sistema monetario, se ocupara en actividades para contrarrestar los monopolios técnicos y los efectos de vecindad que se consideran generalmente como de importancia suficiente para justificar la intervención estatal y que suplementara la caridad privada y la familia en la protección de los irresponsables (niños y locos), semejante gobierno estaría realizando funciones importantes”.

Para el autor, un creyente liberal, la sociedad se divide entre los ricos propietarios y los locos y niños. Los pobres no existen, aunque constituyen el 80% de la población mundial (en varias de nuestras provincias, más de la mitad de la población; y en Latinoamérica, según datos del PNUD de 1990, un 61,8%), , y para ellos el Estado y el mercado no tienen respuesta alguna.
Como ha podido comprobar el lector, tampoco existe el concepto de justicia o equidad, o desarrollo humano integral, ni se habla de igualdad de oportunidades o de una equilibrada repartición de bienes y servicios. Se parte de la antropología restrictiva del “hombre económico” que, como tal, no existe en ninguna sociedad mínimamente humana, un hombre sin lazos afectivos, sin solidaridad y sin valores sociales.

El mundo actual es testigo de las consecuencias de esta postura, una ideología creada por unos pocos y para beneficio de muy pocos, como los siglos XVIII y XIX fueron testigos de sus contradicciones y la tremenda crisis humana y social que provocó. Todo lo cual no significa tampoco negar simplista y maniqueamente el valor del mercado, de la propiedad privada y de la sana competitividad. Pero una cosa es no negar su valor, y otra es poner al mercado libre como la panacea de todos los problemas humanos.

Recordados estos presupuestos de economía liberal, veamos ahora el sentido de la democracia neoliberal economicista, según uno de sus principales popes, Downs.
 I)
“A pesar de la enorme importancia de las decisiones gubernamentales en cada fase de la vida económica, los economistas teóricos nunca han conseguido integrar adecuadamente el gobierno con los agentes económicos privados en una teoría única del equilibrio general. En cambio, han tratado la acción gubernamental como una variable exógena, determinada por consideraciones políticas que son ajenas al campo de la economía.
Este punto de vista es, en realidad, una secuela del supuesto clásico de que el sector privado es un mecanismo autorregulado, y que cualquier acción gubernamental que avance más allá del mantenimiento de la ley y el orden es una “interferencia” sobre aquél más que una parte intrínseca del mismo” 

Esta regla tiene excepciones, como en el campo del gasto público, por ejemplo, en las que los economistas plantean principios para guiar la acción gubernamental. O en los economistas del Estado de Bienestar que propician guiar la acción del gobierno hacia la maximización de la satisfacción total de la sociedad.
Estos economistas suponen que la función propia del gobierno es maximizar el bienestar social. Pero en estos casos, no está claro en qué consiste el bienestar social y cómo se lo podría maximizar.
Pero aún suponiendo que hubiera acuerdo en esos puntos, “¿cuál es la razón para creer que los hombres que dirigen el gobierno tendrían motivaciones suficientes para intentar maximizarlo? Afirmar que deberían hacerlo, no significa que lo harán”.

O sea, los políticos realizan sus funciones y tareas, no por el bienestar de la sociedad, sino por sus intereses particulares, sea en dinero, prestigio o poder.
Por lo tanto, necesitamos una teoría que explique cómo los gobernantes actúan de acuerdo a sus propios motivos egoístas.Y este es el estudio que abordamos: un modelo de toma de decisiones gubernamentales basado en este enfoque. II)  “Para construir este modelo utilizaré las siguientes definiciones¨
1. En la división de trabajo, el Gobierno es el agente que tiene el poder de coerción sobre todos los otros agentes de la sociedad; es el punto en que se concentra el poder “último” en un área determinada.
Una Democracia es un sistema político que tiene las siguientes características:
a)    Dos o más partidos compiten por el control del aparato gubernamental en elecciones periódicas.
b)     El partido o coalición que obtiene la mayoría de los votos , gana el control del aparato gubernamental hasta la siguiente elección.
c)     Los partidos perdedores nunca intentan impedir que los ganadores tomen el poder, ni los ganadores utilizan el poder adquirido para impedir que los perdedores compitan en la elección siguiente.
d)     Son ciudadanos todos los adultos sanos y cumplidores de la ley que son gobernados, y cada ciudadano tiene un voto, y sólo uno, en cada elección.

Aunque estas definiciones son algo ambiguas, bastarán para nuestros propósitos actuales.
Estableceré, a continuación, los siguientes axiomas:
1)    Cada partido político es un equipo de hombres que sólo desean sus cargos para gozar de la renta, prestigio y el poder que supone la dirección del aparato gubernamental.
2)    El partido o coalición ganador tiene el control total de la acción gubernamental hasta la elección siguiente. No existen votos de confianza entre elecciones, ni por parte de la legislatura ni por parte del electorado, por lo que el partido gobernante no puede ser sustituido antes de la elección siguiente. Tampoco es desobedecida ninguna de sus órdenes, ni es saboteada por una burocracia intransigente.
3)    El poder económico de los gobiernos es ilimitado. Pueden racionalizar cualquier cosa, pasar cualquier cosa a manos privadas, o adoptar cualquier medida intermedia entre estos dos extremos.
4)    El único límite al poder gubernamental es que el partido que lo ejerce no puede restringir de ningún modo la libertad política de los partidos de la oposición o de cada uno de los ciudadanos, a menos que busque ser derrocado por la fuerza.
5)    En el modelo, cada agente (sea individuo, partido o coalición) se comporta racionalmente en todo momento. Es decir, persigue sus fines con el mínimo empleo de recursos escasos y sólo emprende acciones en las que el ingreso marginal excede al coste marginal (o sea, aquí “racional” equivale a eficiente).

A partir de estas definiciones y axiomas puede obtenerse una hipótesis central:
en una democracia los partidos políticos formulan su política estrictamente como medio para obtener votos.Son los llamados partidos catch all (“agarra todo”) o de todo el mundo, cuyo único objetivo es acaparar la mayor cantidad de votos, prescindiendo de ideologías, valores y propuestas.No pretenden sus cargos para realizar determinadas políticas preconcebidas o para servir a los intereses de cualquier grupo particular, sino que ejecutan políticas y sirven a grupos de intereses para conservar sus puestos.
Por lo tanto, su función social, que consiste en elaborar y realizar políticas mientras se encuentren en el poder, es un subproducto de sus motivaciones privadas (que buscan obtener la renta, el poder y el prestigio que supone gobernar).

En una democracia, esta hipótesis supone que el gobierno siempre actúa para maximizar su caudal de votos; es un empresario que vende política a cambio de votos, en lugar de productos a cambio de dinero.
Además, debe competir con otros partidos para obtener esos votos, igual que dos o más oligopolios que compiten para vender en un mercado.Que el gobierno maximice o no el bienestar social depende de cómo la competencia influye sobre su comportamiento. No podemos suponer a priori que este comportamiento es socialmente óptimo, ni que una empresa determinada producirá bienes socialmente óptimos. Ahora examinaré la naturaleza de las decisiones del gobierno en dos contextos:1)     en un mundo en que existe el conocimiento perfecto y la información no es costosa, y2)     en un mundo de conocimiento imperfecto e información escasa.

Nos abocamos al primer aspecto. III) En un mundo con información perfecta, las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos puede resumirse en las siguientes proposiciones:
1.    Las acciones de gobierno son una función de la forma en que espera que voten los ciudadanos y de las estrategias de sus opiniones.
2.    El gobierno confía en que los ciudadanos voten de acuerdo con: a) las variaciones que la actividad gubernamental provoque en su utilidad o renta, y b) las estrategias de los partidos de oposición.
3.    Los ciudadanos votan de acuerdo con: a) las variaciones que cause la actividad gubernamental en su utilidad o renta, y b) las alternativas ofrecidas por la oposición.
4.    La utilidad o renta que los votantes reciben de la actividad gubernamental depende de las acciones tomadas por el gobierno durante su mandato.
5.    Las estrategias de los partidos de la oposición dependen de su punto de vista sobre la utilidad o renta que los votantes obtienen de la actividad gubernamental y de las acciones realizadas por el partido en el poder.

Estas proposiciones forman un conjunto de cinco ecuaciones con cinco incógnitas: los votos esperados, los votos reales, las estrategias de la oposición, la acción gubernamental, y las utilidades o rentas individuales que produce.
En consecuencia: la estructura política de la democracia puede ser considerada como si fuera un conjunto de ecuaciones simultáneas similar a las utilizadas para analizar la estructura económica.
Puesto que los ciudadanos de nuestro modelo de democracia son racionales, cada uno de ellos considera las elecciones estrictamente como medio para seleccionar el gobierno que más los beneficia.Cada ciudadano estima la utilidad o renta que obtendría de las acciones que espera de cada partido si estuviera en el poder en el siguiente período electivo, es decir, primero evalúa la utilidad-renta que le proporcionaría el partido A, después el B y así sucesivamente.Tal, en resumidas cuentas, el ideario de la democracia neoliberal.

5.3  Voces críticas y debate abierto


Este “modelo” de democracia neoliberal o democracia “mínima” como la llama Bobbio, con torneos electorales y escasísima participación del pueblo “soberano”, ha despertado una infinidad de críticas sintetizadas por el mismo Bobbio en las “promesas incumplidas de la democracia”, 

1.    Ante todo, la soberanía del pueblo, arrasada hoy por la burocracia pública, por las elites de los partidos de masas ( partidos de todos el mundo o catch all), por los grupos económicos de poder y por la manipulación de la opinión pública.
2.    Los individuos ya no son agentes-actores principales de la vida política, sino los grupos, partidos, sindicatos, profesiones y especialmente las grandes organizaciones privadas y públicas. La autonomía hoy está en esos grupos de poder, no en los ciudadanos. Las condiciones modernas son cada vez menos favorables al desarrollo democrático.
3.    Falta de competencia del individuo frente a problemas cada vez más complejos y ante la necesidad de soluciones técnicas sólo accesibles a especialistas. Estos son los nuevos actores políticos, asesores de las grandes organizaciones y élites del poder. Por lo tanto, el ciudadano común, el militante de base, el sujeto interesado en la política, es desplazado sin más. Y ¿cómo puede ser democrática una sociedad modelada por la tecnología y la especialización?
4.    La participación ciudadana, el clásico motor de la democracia, es hoy sustituido por el conformismo de las masas y la apatía política de los votantes. Los medios de comunicación y la propaganda masiva, lejos de alentar la participación, la marginan más al transformar la política en un gran espectáculo para ser visto desde afuera del televisor, y al utilizar sofisticadas técnicas de manipulación de la opinión pública.
5.    Nunca fue más violado que hoy el principio de la representatividad popular cuando surgen grupos privados que imponen sus intereses por sobre los intereses del pueblo. Se trata de un nuevo corporativismo, esta vez de élites y grupos de poder. La oligarquía está más triunfante que nunca. Los electos (gobernantes y parlamentarios) no se sienten representantes ni necesitados de rendir cuentas, sino la clase dirigente por sobre la masa del pueblo.
6.    La igualad, otra bandera de la democracia, se hace trizas ante “los grandes bloques de poder descendente y jerárquico”, ante la burocracia y la gran empresa que maneja en forma antidemocrática la vida privada de los ciudadanos, como también la familia, la educación y la salud.
7.    Y la más grave promesa no cumplida es el fracaso en eliminar “el poder invisible”, para hacerlo visible y patente ante la opinión pública. Nada puede ser “secreto” ante el soberano que es el pueblo… Sin embargo, nunca como hoy existe un “doble Estado” o “Estado invisible” que coexiste con el Estado formal. Este super-poder o zona invisible se extiende tanto al gobierno público de la economía como al sistema de comunicación de masas. En ambos sectores los partidos políticos operan encubiertamente y aún ilegalmente, con el objeto de financiar sus campañas e incrementar su poder.
Con el gran poder de manipular la información pública, las instituciones democráticas se parecen a una cárcel de cristal que permite ver desde un lado, donde están los carceleros-el poder, y no ver nada desde el otro, donde están los ciudadanos privados de toda perspectiva de lo que está realmente pasando.


Es decir, la falla fundamental de esta nueva democracia es la falta de representatividad del pueblo, que elige el gobierno (que incluye a los parlamentarios) pero no decide ni tiene poder para darle mandatos, exigir planes y proyectos o controlarlo durante su ejercicio.
 Al respecto comenta Danilo Zolo en una dura crítica al actual sistema mínimo democrático:
“En el funcionamiento efectivo de los sistemas que llamamos democráticos, no hay prácticamente nada que parezca corresponder a los que los teóricos políticos -y, en general, el lenguaje de los políticos, periodistas y medios- dan a entender con términos como “soberanía popular, participación, representación, opinión pública, consenso, igualdad”.

“Este último, en particular -la idea de igualdad entendida en un sentido que no sea el puramente formal- no parece tener un vínculo significativo con las instituciones políticas modernas, se llamen liberal-democráticas, social-democráticas o socialistas. Esta es una de las “promesas rotas” de la democracia, que ningún sistema político moderno parece estar en condiciones de cumplir”
Por tanto, hoy estamos viviendo un rápido proceso de transformación de la democracia, de modo que “grandes sectores del vocabulario de la teoría política parecen haber sido vaciados  de contenido. Términos como soberanía del pueblo, bien común, consenso, control, participación, pluralismo, competencia entre partidos, opinión pública han sido desvinculados, desde hace tiempo, de los valores que implicaban originalmente”  (Democracia y complejidad, un enfoque realista, 1994; 1992 en inglés).

En definitiva, al acercarnos al final del segundo milenio, el gran debate político consiste, no en preguntarnos sobre cuál es el mejor sistema de gobierno (pregunta de los griegos) o cómo conquistar la democracia (cuestión de la revolución ante la tiranía), sino qué significa la democracia ahora que vivimos en democracia.Lo que está en crisis es la democracia como tal, una palabra o concepto tan diluido que parece haber perdido su sentido más fundante: la soberanía del pueblo.Y si hoy se puede hablar de una “democracia de liberación”, como hace Alaine Touraine (Qué es la Democracia, FCE, 1994), es porque hay muchas formas de opresión y muchas maneras sutiles de quitarle o restarle al pueblo sus legítimos derechos, sea por la manipulación informativa, sea por un sistema legal y burocrático que reduce casi a nada la representatividad y la libertad-positiva-creadora, sea por un sistema económico que multiplica la desigualdad social allí mismo donde proclama la igualdad de derechos.

Por tanto, y en especial en los países de Latinoamérica, se constata que se ha pasado de regímenes autoritarios a otros democráticos “sin que se hayan completado los procesos de democratización política
, resolver la cuestión de los derechos humanos, y, por otro lado, a hacer regímenes realmente efectivos y no irrelevantes, extendiendo o generando los cauces de participación masiva, en especial para sectores postergados como las masas marginales, los grupos étnicos, las mujeres y los jóvenes.
Completar la democratización política en estos países y asegurar la consolidación de estas democracias políticas es la primera tarea planteada” 

Por otra parte, “esta consolidación democrática… no puede hacerse sin una reconstrucción del Estado y de su papel dirigente en el desarrollo, contra todos los mitos que buscan hoy su desarticulación, privatización o desaparición.
 Pero reconstruir y fortalecer el Estado exige, al mismo tiempo, reforzar la sociedad civil, la autonomía y capacidad de expresión y participación de los actores sociales y su articulación con un sistema fuerte de partidos que cumplan su papel insustituible de representación.  Pero ni la reconstrucción del Estado, ni el fortalecimiento de la sociedad civil ni la construcción o reconstrucción de un sistema partidario fuerte, pueden asegurarse en términos democráticos en países que mantienen indefinidamente en niveles de subsistencia o inferiores a ellos a la mitad o más de su población. La democratización política… puede mantenerse si hay deseabilidad democrática, incluso en condiciones materiales negativas, pero es indudable que la deseabilidad democrática desaparece para muchos, transformándose en irrelevancia o en indeseabilidad, si no hay democratización social”.

Por lo tanto, nuestros países no se pueden democratizar “recurriendo a los modelos de desarrollo que hemos conocido hasta ahora ni imitando otras sociedades, ni tampoco con la ilusión de la expansión del mercado por sí sola… Se trata de definir un modelo de desarrollo y hacerlo en conjunto y unificadamente para la región”.
O sea, es necesario que América Latina “defina su modelo de inserción autónoma en este mundo transformado” ( Manuel Antonio Garretón, Hacia una nueva era política, 1995. Para un análisis de la situación argentina, ver Estado y Sociedad de Daniel García Delgado, 1994).

 

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