Historia Cultural 6 – Segunda mitad siglo 20. Alineamientos. Guerra fría y Coexistencia. Liberación, guerrillas y dictaduras. Globalización. Posmodernidad. Neoliberalismo. Conclusión

MÓDULO  7 

LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

De la Guerra Fría a la hegemonía neoliberal
El final de las utopías. La posmodernidad
Ejes  centrales

Ya prácticamente en nuestros días y seguramente con la memoria fresca de una etapa que coincide con nuestra existencia, y sin la suficiente distancia como para valorar tantos acontecimientos en tan breve tiempo, sinteticemos las grandes líneas rectoras de esta etapa, netamente posmoderna: sea porque vivimos la decadencia final de la modernidad, sea porque hemos iniciado una nueva etapa histórica, cultural y política.
1. De la ideología de la Coexistencia Pacífica a la hegemonía democrática liberal
Los alineamientos y la Doctrina de la Seguridad Nacional. Globalización.
Desarrollo Humano

a) Tras el reparto del mundo como efecto de las conferencias de Yalta y Postdam (febrero y agosto de 1945 respectivamente), lo que define políticamente los cuarenta años siguientes a la terminación de la segunda guerra mundial es la guerra fría entre el bloque liderado por los EE.UU. (occidente capitalista, Oeste) y el bloque liderado por la Unión Soviética (comunismo, Este), separados por la “cortina de hierro”.
Es la nueva característica de posguerra: los Estados-Nación de la época anterior pierden gran parte de su autonomía y se alinean a la sombra de dos superestados o imperios que pujan por imponer su unidad imperial.
Mientras la URSS (al principio en alianza con China) se expande continentalmente en forma monolítica, la USA y sus aliados (OTAN) estrechan alianzas con otros países del mundo mediante diversos tratados (SEATO, Pacto de Bagdad, OEA) buscando siempre la multiplicación de sus bases militares, necesarias especialmente para el despegue de aviones, pero también para puertos de sus  buques, sea como defensa de su bloque, sea como ataque.

Junto a los “alineamientos” de las naciones en uno u otro bloque, van tomando importancia los llamados países No Alineados o del Tercer Mundo que intentarán con escaso resultado formar un bloque aparte (China, India, Yugoeslavia, algunos países africanos y latinoamericanos, y otros asiáticos), ya desde la Conferencia de Bandung en abril de 1955.
En los inicios de la guerra fría tiene lugar la guerra entre Corea del Norte, apoyada por la URSS y China, y Corea del Sur, por Occidente, que significó su partición en dos Coreas.

Bajo la presidencia de Truman y desde entonces, la política norteamericana se vuelve abiertamente anticomunista, tanto hacia dentro de USA (Maccarthismo, especialmente desde la guerra de Corea) como en su política exterior, lo que supondrá constantes intervenciones y guerras anticomunistas.
“La doctrina Truman” para la “contención soviética” es expresada por el mismo presidente en 1947 como el enfrentamiento de dos sistemas de vida: “uno de ellos se basa en la voluntad de la mayoría y se distingue por las instituciones libres, el gobierno representativo, las elecciones libres, las garantías de libertad individual, la libertad de palabra y de religión, y la inmunidad ante la represión política.
El segundo sistema de vida se basa en la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y la opresión, radio y prensa controlados, elecciones con resultados previstos de antemano y la supresión de las libertades personales”.

Fruto de esta doctrina es la creación de la OEA (1947-8), para que toda América pueda responder unida ante un posible ataque o intervención soviética, o infiltración comunista. América Latina queda firmemente atada a la política de USA.


b) En el contexto de la guerra fría, también se producen importantes movimientos nacionalistas populistas antiimperialistas, entre los que cabe destacar el de Sukarno en Indonesia, El Partido del Congreso en India, el de Mossadeg en Irán y el de Nasser en Egipto. En nuestro continente, tenemos los casos del triunfo del peronismo, el segundo gobierno de Vargas en Brasil, el auge del socialismo en Chile y diversos movimientos más en Bolivia (Villarroel), Ecuador (Velasco Ibarra), etc. 


Pero el más importante de todos, por su éxito y repercusión internacional, fue la revolución de Castro que puso fin a la dictadura de Batista en Cuba (1958) y transformó años después a la isla en el primer estado marxista-comunista de América, aliado y dependiente de la URSS, pero también integrado a la Conferencia de Bandung.

Otros movimientos de “liberación” marxista leninista se producirán en África y Asia, con el nacimiento posterior de guerrillas también en Latinoamérica.

El triunfo castrista
dio un inusitado vigor durante la década del 60 a la izquierda latinoamericana, que releyó todos sus postulados marxistas a la luz de la experiencia cubana y se preguntó si se trataba de un caso particular de la isla o de una estrategia aplicable a otros países, primando la tendencia general de la lucha radicalizada y armada contra los respectivos gobiernos, lo que conseguiría el apoyo de la base rural y urbana. Por tanto, más que lucha de clases se trata de lucha contra el Estado capitalista y “el imperialismo yanqui”.

En cambio, los tradicionales partidos comunistas, aferrados a un ideologismo ortodoxo, se opusieron por lo general a esa tesis. Al mismo tiempo los diversos movimientos de izquierda se vieron envueltos en la polémica ideológica entre la URSS y China, país que intentó neutralizar la influencia soviética, consiguiendo el claro apoyo de la izquierda y posterior guerrilla peruana, Sendero Luminoso, que comenzaría a organizarse en la década del 70 para actuar en la del 80. 

El surgir de diversos grupos guerrilleros en Centro América, Colombia (Ejército de Liberación Nacional, Ejército Popular de Liberación y M-19), Venezuela, Perú (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Ejército de Liberación Nacional), Bolivia, Argentina (Montoneros, FAR y Ejército Revolucionario del Pueblo), Uruguay (Tupamaros) urgió a los Estados Unidos a implementar una estrategia de lucha antiguerrillera con apoyo de gobiernos democráticos y dictaduras dentro de la Doctrina de Seguridad Nacional.

En algunos casos fue la propia guerrilla (en Argentina y Uruguay, básicamente urbana) la que forzó la implantación de las dictaduras.Todos estos movimientos revolucionarios sudamericanos tuvieron una mezcla bastante ecléctica en lo ideológico, con ideas o metodología marxista, aportes de cristianos sociales radicales inspirados en la Teología de la Liberación, y aún conceptos nacionalistas como en los Montoneros, que en vano intentaron utilizar a Perón como supuesto líder revolucionario.

Todos estos ejércitos revolucionarios terminarán en la derrota a manos de los militares profesionales, mientras que Chile logrará imponer el socialismo pero por vía democrática en 1970-73, en tanto que el Sandinismo, con gran apoyo de la Iglesia y de sectores populares, se instalará en el poder de Nicaragua desde el 79 hasta el 90.
El gran problema de la izquierda fue su escaso entendimiento de la nueva situación social de América Latina, necesitada de propuestas concretas para resolver el problema de la pobreza; su aislamiento de los sectores populares dentro de cierto intelectualismo y elitismo, y su oposición al mismo tiempo al sistema democrático, partidos políticos y sindicatos tradicionales.
A lo que se agregó la incorrecta subvaloración del poder militar de sus respectivos países, más la suposición de que habría amplio apoyo rural y urbano, algo que ni siquiera sucedió cuando El Che inició la guerrilla en Bolivia. (Ver también el punto 3)


c) Con Nikita Kruschev (1958-64) se produce un importante cambio dentro de la URSS y en sus relaciones con el Oeste.
Ya desde el XX Congreso del partido comunista en febrero de 1956 se inicia el proceso de “desetalinización” que se inicia con el ataque al culto a la personalidad y se extiende a una revisión de todo el marxismo-leninismo.
Los temas esenciales fueron: el respeto a la independencia nacional de las naciones y partidos dependientes de la URSS; la flexibilización del centralismo estatalista; mayor libertad en la vida cultural y religiosa; mayor respeto a las garantías jurídicas y judiciales contra la omnipotencia de la policía; crítica al sistema superburocratizado del Estado y a su rígida planificación económica y administrativa, sin participación real de los soviets de obreros.

Aunque los resultados de este revisionismo fueron menores que los esperados, al menos desde Occidente, Kruschev imprimió a su política un tono más “simpático”, pero manteniendo una firme política frente a USA debido a la paridad militar alcanzada y a la evidente ventaja de la URSS en la carrera espacial ante la admiración del mundo entero.

En este clima se impuso la doctrina de la Coexistencia Pacífica, según la cual el siglo XX produjo “naturalmente” dos Estados hegemónicos, a cuya sombra deben convivir las demás naciones, con la firme resistencia de China que no aceptó el revisionismo soviético ni el sometimiento a las dos grandes “superpotencias”.El objetivo de la cohexistencia fue lograr un estado de paz que evitara un cataclismo atómico, dirimiéndose las cuestiones en guerras locales, alejadas de la geografía superpotencias.

El optimismo inicial fue desmentido por una sucesión de masacres, guerras, golpes de Estado y dictaduras (en América del Sur, África y Asia) que prolongaron el estado de incivilización de la etapa anterior.
 En realidad se trató de una cortina de humo y de una hipócrita postura pacífica, tras la cual seguía ocultándose el afán hegemónico de ambos contendientes, utilizando conflictos locales para medir sus fuerzas, aumentar prestigio y conseguir nuevos aliados.

Cada superpotencia sigue la estrategia de elogiar sus buenas intenciones de paz y denigrar las malas intenciones del adversario, mientras continúa la carrera armamentista con el pretexto de que el otro bloque se está rearmando o ha inventado una nueva arma letal.
El dilema era cómo convivir pacíficamente con alguien que es declarado enemigo irreconciliable; y cómo confiar si la hipótesis inicial es la desconfianza total hacia el enemigo.

En suma, se puso en marcha el viejo lema de la Roma imperial: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra” (Si vis pacem, para bellum).
 Todo lo cual implicó un nuevo lenguaje de diplomacia o hipocresía política: el país que invade lo hace para “pacificar”, las revoluciones a favor de uno u otro bloque son “liberaciones”; la exigencia de apoyar a una u otra superpotencia es un “alineamiento”; el aplastamiento de las libertades y el cercenamiento de los derechos humanos, como sucedió en América Latina y en los países satélites de la URSS, son imperativos para la “seguridad mundial”, “defensa del equilibrio” contra el terrorismo o “doctrina de Seguridad Nacional”.

La Doctrina
de la Seguridad Nacional
fue creada por USA y sus aliados para ser aplicada en los países del Tercer Mundo, en estrecha relación con sus ejércitos nacionales. Su objetivo era impedir el avance de las guerrillas y del comunismo , identificado como “la subversión”, término que se extendía a cualquier idea o persona distinta u opuesta al régimen y a quien propiciara una mejora social o la defensa de libertades y derechos humanos. Con tal doctrina, y con la obsesión de no tener “otra Cuba”, la democracia de occidente tendrá como aliados y defensores a los más despóticos regímenes de América,  África y Asia.

Nuestro país fue uno de sus típicos ejemplos, especialmente con la larga dictadura del “Proceso de Reorganización Nacional” instalado en 1976, pero prácticamente con esta doctrina ya vigente desde  el golpe de 1966 (Onganía) y con un poder político de los militares que anularon todo protagonismo de la sociedad civil.
El argumento extremo, argumento que justificó tantos crímenes, masacres y violaciones de los derechos humanos de este período, fue la posibilidad de un holocausto nuclear, de modo que todos los países del mundo quedaron como “rehenes” para evitar el mal mayor.

De allí que la coexistencia pacífica se transformó en realidad en una coexistencia disuasoria (o estrategia de disuasión) que consiste en mostrar el propio poderío para que el enemigo se repliegue y acceda a determinadas demandas. Para eso basta un desfile con cohetes intercontinentales o una mini guerra relámpago que aterrorice al enemigo. Como el adversario hace otro tanto, entonces se produce la llamada “escalada agresiva”, en la que cada contendiente afirma armarse para defenderse de la postura agresiva del enemigo.
La disuasión fue la táctica empleada por los japoneses en 1941 al atacar de improviso la base naval estadounidense de  Pearl Harbour (lo que provocó la reacción contraria a la deseada, pues decidió el ingreso de USA a la guerra) y fue la táctica del presidente norteamericano Truman al destruir en 1945 dos ciudades japonesas con sendas bombas atómicas, forzando de esa manera la rendición incondicional de Japón.

El monopolio atómico por parte de USA y de la URSS (sólo roto después por China y Francia, dos países con clara vocación hegemónica y de no integración), acrecentado por la bomba de hidrógeno y los misiles intercontinentales,  logró, en definitiva, el engrandecimiento de sus respectivos Imperios a costa del miedo universal y del sometimiento de todos los pueblos a sus directivas.
Pero el miedo también invadió a las dos superpotencias, nunca tranquilas de que sus misiles fuesen tan eficaces o de que sus armas defensivas respondiesen con la rapidez de las computadoras a un ataque relámpago.Resumiendo: etapa con división del mundo bajo el poder de las dos superpotencias, manipulando al resto del mundo con el miedo al holocausto nuclear.

Pero la coexistencia fue desbordada, ya desde el largo conflicto de Viet Nam (prácticamente desde 1945 a 1975, en la guerra de Ho Chi Minh contra Francia, primero, y USA, después), por los constantes conflictos entre los árabes y los israelíes, la guerra de Francia contra Argelia, las guerras de descolonización africana, los golpes de estado y guerras civiles en América Latina y la invasión de Afganistán por parte de la URSS en 1979, sin olvidar el intento fallido de invasión norteamericana a la isla de Cuba en 1961 bajo el gobierno de Kennedy, la crisis de los misiles soviéticos en Cuba que puso al mundo al borde del enfrentamiento,  y las rebeliones en Hungría y Checoeslovaquia contra la URSS, aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia (1956 y 1968).


d) Por su parte China (lograda la unificación bajo el mando de Mao, hacia 1948) toma distancia de la URSS, oponiéndose a la liberalización de Kruschev, y adopta su via propia de ortodoxia marxista leninista (como ya lo habían hecho antes Yugoeslavia) de revolución permanente con el slogan del “gran salto hacia delante” y de “reformas incesantes”.
De allí que China extiende su influencia por el sudeste asiático primero, y después por Africa y América del Sur.

El marxismo maoísta-leninista compite por áreas de influencia, apoya las guerras de Corea e Indochina, y lidera con India (de la que pronto toma distancia por problemas limítrofes), Egipto y Yugoeslavia (reconciliada con Kruschev) la Conferencia de Bandung para la liberación de los imperialismos (especialmente el norteamericano) y la superación de la dependencia, el atraso y el subdesarrollo de los países que serán llamados del Tercer Mundo, procurando establecer un bloque o área liberada de los compromisos con USA y URSS (Primer y Segundo Mundo).

A partir de entonces, los problemas políticos, económicos y sociales del Tercer Mundo constituirán un problema clave del nuevo escenario mundial.
Como fruto de esta situación, los países de África fueron consiguiendo a partir de 1950 su independencia política, una forma de decir que significó en la práctica su dependencia económica del área capitalista o comunista (ver la Guía histórica con los detalles). Lo mismo vale para los países asiáticos de extremo y cercano Oriente.

e) En la década del sesenta (mientras en América Latina se inicia el accionar de las guerrillas en pro de la Liberación del continente) se producen grandes movimientos de flexibilización política y aún de liberación en Europa (protestas juveniles y obreras en el mayo del 68, primavera de Praga), y de lucha por los derechos civiles de los negros en USA; se destaca al mismo tiempo el importante movimiento feminista que cambiará en pocos años la relación varón-mujer y el enfoque de la familia patriarcal.
En tanto China, revitalizada con su “revolución cultural”,  recrudece en sus enfrentamientos (aún armados en la frontera) con la URSS, mientras la gestión exterior norteamericana, guiada por Kissinger, adopta una política realista, con un acercamiento a China y un reforzamiento de la estrategia de dominación de USA, aún apoyando regímenes antidemocráticos en Asia, Africa y especialmente en América Latina.

La década del 60
vio un renacer primaveral que se expresó desde una renovada Iglesia Católica (Concilio Vaticano II y Populorum Progressio, Conferencia de obispos de Medellín en América Latina) hasta la nueva cultura hippy y el extraordinario éxito del rock de los Beatles y otros grupos. En América Latina se dio también el boom de una literatura con reconocimiento mundial. Pero la ilusión de un mundo nuevo para un hombre que había llegado a la Luna, resultó pasajera, a pesar de los auspiciosos comienzos de la siguiente década.
Fue una pura “imaginación”, bien descrita por los Beatles: “Imagínate si no existiese el paraíso, es fácil si pruebas, que no tuviéramos un infierno abajo, y por arriba, nada más que cielo. Imagínate si todas las personas vivieran el presente… Imagínate si no hubiera países, no es difícil de hacer, no habría motivos para matar o morir, ni tampoco religión. Imagínate a todo el mundo viviendo la vida en paz. Imagínate si no hubiera posesiones. Me pregunto si podrás hacerlo. Que no hicieran falta ni la codicia ni el hambre, que todos los hombres fueran hermanos. Imagínate que todos compartiéramos el mundo… A lo mejor te parezco un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te sumes a nosotros y que el mundo sea como uno” (Imagine)


En la década del setenta, (mientras casi toda América Latina cae bajo crueles dictaduras) los dos superimperios comienzan conversaciones por la reducción de armamentos (los acuerdos SALT I y II), preocupados por el alcance apocalíptico de una hipotética guerra nuclear que llevaría al mundo (y a los dos superimperios) a una destrucción total.

Al mismo tiempo, en la Conferencia de Helsinki de 1975, al menos se logró un consenso teórico sobre la validez de los derechos humanos, cuya carta magna fue firmada aún por Moscú. Fueron éstos, importantes síntomas de un “deshielo”, ya adelantado por la política de apertura del gobierno socialdemócrata (Willy Brandt, desde 1966) de Alemania Federal con convenios con la URSS, Polonia y aún con Alemania Oriental.

f) Pero para la década del ochenta, mientras Europa occidental ya había consolidado su proceso de unidad con la Comunidad Económica Europea y el Parlamento Europeo, la guerra fría y la carrera armamentista sufrieron un fuerte recrudecimiento, sobre todo por la cuestión de la instalación de los misiles Pershing 2 y Cruisse en Europa, que se sentía débil frente al poderío del bloque soviético, acrecentado por sus temibles misiles SS20, cada uno de ellos con tres cabezas atómicas.
La decisión de Alemania y de los demás países europeos de instalar los Pershing 2 y Cruisse, con capacidad de atacar atómicamente en segundos a Moscú, más el proyecto norteamericano (Reagan) de la Guerra de las Galaxias o Escudo Espacial, y su notable poder económico con vistas a una superación militar sobre URSS (ya superada en la carrera espacial), produjeron un punto crítico de extrema gravedad, que se alivió brucamente cuando
Gorbachov fue elegido para gobernar la URSS, decidido a poner fin al estado decadente y estancado de un país, que no solo no reflejaba el espíritu revolucionario de Marx y Lenin, sino que había pagado un altísimo costo político (falta de derechos civiles, de libertad, dogmatismo excesivo) y económico (bajo índice de crecimiento y desarrollo) por la guerra fría y por la carrera espacial.


Gorbachov (después Premio Nobel de la Paz en 1990), a poco de asumir en 1985, sorprende a Occidente con una serie de medidas unilaterales a favor de la paz mundial, tan espectaculares que generaron en un primer momento gran desconfianza en su sinceridad. Concretamente, decide la no instalación de los SS20 y lanza una serie de propuestas de desarme, entre ellas la total eliminación de las armas nucleares antes del año 2000.
El encuentro con Reagan en 1987 significó un definitivo desbloqueo en las relaciones y la instauración de la mutua confianza, que se acrecentaron con nuevos tratados para eliminar los euromisiles y desacelerar la carrera armamentista, pero también con las medidas internas tomadas por Gorbachov, tendientes a la transformación democrática de la URSS y el paso a una economía de mercado, abandonando el tradicional comunismo de economía estatalista.


Pero la política de reforma y transparencia (perestroika y glasnot) del líder soviético significó un incontenido movimiento de autonomía de los países de Europa Oriental y el peligro inminente de desmembramiento de la URSS, lo que provocó la reacción de un grupo de militares comunistas conservadores que intentaron un golpe militar, arrestando a Gorbachov en Crimea, mientras Yeltsin (presidente de la república rusa) resistía en Moscú, apoyado por el pueblo, ante la presión de los tanques.
Finalmente Gorbachov fue liberado, pero tuvo que dimitir, siendo sustituido por Yeltsin, un decidido anticomunista, que disolvió al otrora poderoso Partido Comunista, confiscando todos sus bienes.

El 21 de diciembre de 1991 la URSS deja de existir y en su lugar se crea una endeble y conflictiva Comunidad de Estados Independientes, que pronto serían definitivamente autónomos.Así se produjo uno de los fenómenos más singulares de la historia, cuando un poderoso imperio implosionó y viró hacia un cambio radical de gobierno, sin ataques externos ni guerra civil ni revolución, cuando ya lo había hecho Alemania Democrática en 1989, cayendo el “muro de Berlín”, para reunificarse con Alemania Federal en 1990.

Simultáneamente se independizan Estonia, Letonia y Lituania, luego Polonia, Rumania, Checoeslavaquia (que se dividirá en Eslovaquia y República Checa), Hungría y Bulgaria, como también Ucrania, Bielorusia y varios países del Cáucaso. 
Yugoeslavia también se desintegra en 1991 (se independizan Eslovenia y Croacia) y entra en una etapa de guerra civil que aún no ha terminado, dada la oposición de Serbia a las diversas autonomías.

g) Por su parte América Latina recobra en su totalidad el sistema democrático (salvo Cuba); así Perú en 1980, Argentina en 1983, Brasil y Uruguay en 1985 y Chile en 1990.

Durante las décadas 70-80 la izquierda,
tanto en América Latina como en Europa, tras el fracaso del socialismo chileno a manos de los militares (Pinochet, 1973), entró en un profundo debate sobre si reforzar la vía revolucionaria por medio de la lucha armada o abrirse al diálogo con otros sectores (frentes populares) afirmando los valores de la democracia.

Este debate, intenso en Italia y Francia (Eurocomunismo), más la derrota de los movimientos guerrilleros y el posterior colapso del comunismo y de su modelo soviético, sumieron a la izquierda más radicalizada en una profunda confusión con el advenimiento generalizado de la democracia, mientras que la mayoría de los movimientos y partidos socialistas adoptaron el camino democrático y aún ciertos elementos del liberalismo económico, especialmente en Europa.

El espíritu de una democracia participativa y pluralista, pero con hondo contenido social, significó el triunfo sandinista en Nicaragua y su traspase posterior de poder a la opositora Violeta Chamorro, así como el fortalecimiento del socialismo chileno (Unidad Popular) y su vía de colaboración con la Democracia Cristiana, la formación del Frente Amplio en Uruguay y su éxito en el Municipio de Montevideo en el 89, y especialmente la conformación del movimiento y partido socialista más importante de América Latina, el Partido dos Trabalhadores (PT) de Brasil, con un fuerte sentido de democracia participativa, con gran base obrera y rural, y claro apoyo de la Iglesia progresista y de las comunidades eclesiales de base. Aunque su líder Tula perdió las elecciones frente a Collor de Mello en 1989 (y en las elecciones siguientes), recogió un 37,86 % de los votos frente al 43,75 del triunfador.

Por tanto, el gran desafío de las organizaciones populares de inspiración social (vulgarmente, de izquierda) es aprender ahora a vivir en democracia, sin caer en posturas autoritarias, y elaborar un plan político y económico acorde con el nuevo escenario de democracia y de globalización, ya que no bastan las utopías ni la importación de modelos foráneos, como tampoco los discursos “de izquierda”, mientras la sociedad considera indeseable todo recurso a la violencia institucional (Ver para complementar el punto 3.b)


h) Los Estados Unidos y sus estrechos aliados, sin la presión de la guerra fría y tras el colapso del comunismo, imponen en el mundo la política de democratización liberal, que llega también a todos los países de Latinoamérica, excepto Cuba, condición necesaria para recibir ayuda económica y nuevos capitales, y no quedar “excluidos” del nuevo escenario de poder.
La nueva corriente, ya impulsada firmemente por los conservadores Reagan y Thatcher, plantea el fin del Estado Benefactor  y de las políticas sociales, y la implantación de un liberalismo conservador en defensa de las leyes del mercado. La oleada conservadora pronto invadió Europa con el triunfo de Kohl sobre Schmidt (1982) en Alemania, llevando a la democracia cristiana hacia posturas neoliberales, mientras el socialista francés Mitterand se vio obligado a compartir el gobierno con el derechista Chirac (1986).
Cambiadas las reglas de juego por el colapso soviético, ahora se supone que lo mejor es la democracia occidental liberal como prerrequisito para progresar desde la globalización de la economía y la hegemonía del modelo neoliberal o liberal a secas, tal como enseñaron sus maestros del siglo XVII y XVIII, con las actualizaciones del caso.

En un sentido amplio, la globalización se refiere a los procesos de creciente interacción e interdependencia que se generan entre las distintas unidades constitutivas del actual sistema mundial, sean naciones, como culturas, empresas, comunicaciones, organizaciones internacionales, movimientos sociales, etc; aunque generalmente este término sólo se lo aplica al campo económico, lo cual es un grave error.Todo indica que hoy el mundo se encamina hacia una etapa de mayor unificación (“aldea global”) y de constantes inter-relaciones en todos los niveles en tiempos simultáneos, tanto políticas, como culturales y económicas. Una interacción ya comenzada en el siglo XV con los descubrimientos geográficos y la posterior comercialización a escala mundial.Distinguimos, en consecuencia, varios aspectos de la globalización:

1.   
La globalización económica que se orienta hacia economías globales, gracias al impacto de las nuevas tecnologías, progreso en las comunicaciones, establecimiento de un nuevo sistema financiero global y muy interdependiente, liderazgo de grandes empresas transnacionales en la producción, inversión y comercialización.

Hay, por tanto, mayores relaciones de las empresas con los Estados y entre ellas, pero también mayores conflictos o conflictos en cadena (si hay crisis en Japón, casi automáticamente esa crisis llega a Argentina y otros países muy distantes).Surgen así problemas vinculados al control fiscal, fuga de capitales, desempleo, baja de los salarios reales, sistemas de inversión extranjera, protección del medio ambiente y orientación de las estrategias de las economías nacionales muy dependientes de lo que pasa en el resto del mundo.Los países más dependientes tienen la real sensación de que no son dueños del rumbo de su economía sino que están sometidos al rumbo mundial de los mercados.
Se globaliza la economía y con ello el conjunto de productos, servicios, dinero, ideas y personas entre dos o más Estados. El capital y la mano de obra, especialmente especializada, se transfieren fácilmente de una economía nacional a otra, o de una multinacional a otra.Por tanto, la economía nacional ya no está en el centro de la escena.

Los tres motores de la globalización económica
(que los argentinos conocemos muy bien) son: la liberalización del mercado, la privatización y la desregulación. O sea, libre comercio y libre circulación de capitales, bienes y servicios; paso de la economía estatal a la privada, y mínima intervención del Estado en la economía y en el mercado (contratos de trabajo, salarios, etc.), pues todo debe quedar librado a las fuerzas del mercado.Lo cual significa el desmantelamiento total del Estado de Bienestar o Estado social.

2. Globalización financiera que coincide con el aumento de los desequilibrios de las corrientes internacionales del capital. El rápido crecimiento de los flujos de capital monetario internacional erosiona la estabilidad del sistema y genera situaciones de difícil control y fomenta el desarrollo de una economía especulativa (prácticamente el 90%) sobre la productiva.


3. La globalización política genera políticas similares en los países interdependientes con hegemonía del nuevo modelo neoliberal que se impone en todo el mundo. Al mismo tiempo crece la importancia de la ONU y de otros organismos internacionales, arrollando las autonomías de los Estados, Naciones y culturas regionales.


4. La globalización de las comunicaciones que se hallan concentradas en monopólicas empresas que expanden en todo el mundo sus noticias y una cultura predominante arrasando con los modelos locales de comunicación.

5. La globalización cultural que, por el sistema universal de comunicaciones, produce una cultura dependiente de los países hegemónicos . Se producen mensajes y esquemas culturales a menudo contrarios a las tradiciones y a la cultura de cada país o región, siempre sobre la base fundamental de la cultura del consumo y de la pasividad política y cultural de los ciudadanos que se transforman en meros receptores y espectadores. (Sobre ideas de Carlos J. Moneta, Las reglas del Juego. Capítulo, El proceso de globalización) Todo lo cual significó el final del Estado Benefactor (sobre ideas Keynesianas y por éxito del New Deal), propio de las democracias occidentales de posguerra, necesitadas de compensar los males del sistema capitalista con beneficios sociales y cierta planificación estatal de la economía,  para poder competir con el avance comunista.

John Keynes (1883-1946) fue un economista inglés que, sin abandonar el liberalismo, declaró que el liberalismo del siglo XIX ya no era admisible, por lo que se necesitaban cambios tendientes a la “estabilidad social y justicia social”.
Pensando en la crisis de Inglaterra escribió en 1936 “Teoría general del empleo, del interés y del dinero”, proponiendo en síntesis: un aumento de la masa de dinero en circulación; una política de grandes inversiones y obras públicas, como forma de atacar el subempleo; un retorno al proteccionismo estatal y una mejor redistribución social de los ingresos. Buscó, pues, una política económica contraria a la especulación y que favoreciera, en cambio, a los empresarios que invierten en obras y que sea favorable a los asalariados.
Keynes propone así una via intermedia entre el individuo y el Estado, entre el socialismo y el capitalismo liberal decimonónico, entre el estatalismo totalitario y la total libertad del mercado. En forma simultanea, los EEUU desarrollaron con Rooselvet y Truman el plan del New Deal de características similares. El nuevo modelo apadrinado como Estado de Bienestar o Estado Providencialista pronto se extendió al resto de países del area occidental.

El nuevo modelo neoliberal impone, por el contrario, la limitación o liquidación de programas sociales, incentivando una economía libre para el mejor beneficio de los empresarios.
Los neoliberales, contra Keynes, afirman que el liberalismo sigue siendo válido, pero que nunca se aplicaron bien sus enseñanzas. En consecuencia, se necesita “más liberalismo”, retornando al individualismo y al libre mercado. Los males vienen cuando se entromete el Estado y subordina la economía a la política.

Se considera como principal fundador de esta corriente al ultraliberal Friedrich Hayek con su libro “Camino de servidumbre” (de 1944, en castellano en 1950), quien identifica sin más al socialismo con las formas totalitarias. Su conclusión es categórica: “El principio de que no existe ninguna política progresiva que no sea la fundada en la libertad del individuo, sigue siendo hoy tan válida como lo fue en el siglo XIX”. En 1947 el mismo Hayek funda la “Sociedad de Mont Pèlerin” en Suiza, junto a Milton Friedman y Karl Popper, quienes se encargaron de elaborar todo el cuerpo dogmático de la ortodoxia neoliberal.

La tesis central es que el mercado es el mejor instrumento y el más eficaz para satisfacer las necesidades de la gente. Por lo tanto: máximo crecimiento económico y del lucro del capital privado con libre mercado; reducir al máximo los costos y salarios laborales, como también el gasto público en general y el social en particular. La caída del comunismo histórico, la inflación  y el déficit ocasionado por los beneficios de las políticas sociales del Estado Benefactor y de gobiernos populistas, dejaron el campo libre al liberalismo económico que, por el momento, no tiene competidor alguno, ya que los mismos partidos socialistas europeos han dejado atrás el radicalismo de otras épocas y aceptan con restricciones los nuevos lineamientos de economía liberal, al igual que partidos populares de raigambre antiliberal, como el caso del peronismo, que adoptaron entusiastamente el nuevo esquema antipopular.

Por su parte, los partidos y movimientos latinoamericanos llamados “de izquierda”, acostumbrados a ser la oposición de regímenes dictatoriales, carecen por el momento de una propuesta económica aplicable a países que han alcanzado la democracia.

Las nuevas reglas están claras: libertad casi absoluta de mercado, libertad casi absoluta para el empresario y consiguiente flexibilización laboral, neutralización de los sindicatos, reducción máxima de los roles sociales del Estado (Estado Mínimo), democracia formalista de tipo constitucionalista sin participación popular, pragmatismo político y económico (triunfo definitivo de Maquiavelo) y consumismo generalizado en el contexto de la globalización económica y del individualismo.Se proclama el fin de las ideologías, lo que no significa otra cosa que sólo reina la ideología individualista del liberalismo político y económico, declarado sin más como “pensamiento único”.

i) Pero si el panorama político – tanto a nivel internacional como en cada nación- entró en un franco proceso de mejoría durante las décadas 80 y 90, el problema social siguió sin resolverse, atenuándose en algunos casos, y agudízanse en general, de tal manera que si, según cálculos de las Naciones Unidas, para 1960, el 20% más rico de la población mundial tenía una renta treinta veces superior al 20% más pobre, para 1990 la diferencia se duplicó, o sea, que su relación fue de 60 a 1.
El monopolio de la economía mundial queda en manos de los “siete” países màs ricos (G7 o Siete Grandes): Estados Unidos, Japón, Alemania Federal, Canadá, Francia, Italia y Gran Bretaña. Los siete (con una renta anual per cápita entre 27 y 15 mil dólares, al igual que Suiza, Suecia, Noruega, Finlandia, Holanda y otros) contrastan con los países más pobres cuya renta anual per capita no llega a mil dólares (al menos 60 países con 3000 millones de habitantes), de los que cuarenta (2000 millones de hs.) no llegan ni a la mitad, algunos con ingresos de escasos 150 dólares anuales.

Los datos estadísticos de los mismos organismos mundiales (BM, FMI) confirman que la pobreza crece a medida que se aplica la nueva política neoliberal. A esto debe agregarse el impresionante crecimiento demográfico, precisamente más alto en los continentes y países más pobres. Si comparamos la población de 1900 con la de 1991, resulta que, mientras Europa apenas creció (pasó de 423 millones de hs. a 502), Norteamérica pasó de 81 millones a 280 (algo más de 3 veces), mientras que América Latina pasó de 63 millones a 450 (7 veces), Asia de 857 a 3155 millones (4 veces) y Africa de 141 millones a casi 700 millones (5 veces).

El aumento de población (por la baja tasa de mortalidad infantil y alta de nacimientos en los países del Tercer Mundo) se vio acompañado al mismo tiempo por un progresivo proceso de urbanización de la población y simultanea baja en el desarrollo de la agricultura. Los resultados de la ausencia del proceso de industrialización en los países del Tercer Mundo más la globalización de la economía desde los países ultra desarrollados, con su impresionante proceso de industrialización y comercialización, ha generado un abismo no sólo entre países ricos y pobres, sino entre los sectores ricos (incluidos) y los sectores excluidos que componen inmensos bolsones de pobreza y desocupación.El problema social, por tanto, significa el gran desafío del nuevo siglo que está ya a las puertas, al que debe agregarse el no menos preocupante problema del desarrollo sustentable que tenga en cuentas las necesidad de conservación del medio ambiente para las generaciones futuras.

Una respuesta global a todo este conjunto de problemas es el Desarrollo Humano integral.
Un desarrollo hoy asumido por las Naciones Unidas (PNUD, programa de las NU para el desarrollo) y que fuera formalmente enunciado por la Primera Cumbre Mundial de Desarrollo Social realizada en Copenhague, por iniciativa de la ONU, en marzo de 1995, con la presencia de más de 100 jefes de estado, parlamentarios, sindicalistas, eclesiásticos y unas dos mil ONGs. La Cumbre examinó la agenda de fin de siglo centrada en el abismo entre países ricos y pobres; en las enormes diferencias al interior de cada país y en la incapacidad del mercado para proporcionar un contrapeso significativo al avance de la exclusión, la marginación, la pobreza y la explosión de mercados ilegales.

Como el ser humano se ha transformado en mercancía (mercado de niños, prostitución, comercio de órganos, narcotráfico, venta de armas),  ahora se trata de recuperar el humanismo del desarrollo para impedir que la obra del hombre se vuelva contra sí mismo, en orden a conquistar nuevos espacios para rescatar la plenitud trascendente de lo humano.
El paradigma del Desarrollo Humano (DH) es una respuesta a las nuevas demandas de los ciudadanos de un mundo radicalmente distinto. El DH es una ética de participación, de consenso y de acción a partir de la cotidianeidad. Según la Conferencia, se trata de

poner al ser humano en el centro del desarrollo y de orientar la economía para satisfacer más eficazmente las necesidades humanas.. El objetivo primordial del desarrollo humano  es mejorar la calidad de vida de la gente… lo que no se logrará simplemente con la libre interacción de las fuerzas del mercado. Es necesario que existan políticas oficiales que corrijan las fallas del mercado, complementen los mecanismos comerciales, mantengan la estabilidad social y creen un entorno económico nacional e internacional que favorezca el crecimiento sostenible a escala mundial. Ese crecimiento deberá promover la equidad y la justicia social, la tolerancia, la responsabilidad y la participación”.

Son objetivos mínimos del desarrollo: la superación de la pobreza, el pleno empleo, el acceso de todos a la salud y a la educación, la eliminación de las discriminaciones, la integración social y el pleno respeto a la dignidad humana..
Pero este DH no baja desde un Estado superactivo (como en el Estado de Bienestar) sino que tiene como sujeto privilegiado a la propia comunidad-sociedad, que es simultaneamente sujeto de su desarrollo y beneficiaria del mismo. Por tanto, es un desarrollo para todos (no sólo para unos pocos) y realizado por todos (participación activa de toda la sociedad). Al Estado le corresponde promocionar esta participación y velar por una real igualdad de oportunidades para toda la ciudadanía.

j) Durante este largo y complejo período de posguerra, la Argentina vive primero bajo el gobierno peronista (Módulo 6, 1d) que intenta ser una “tercera posición” entre capitalismo y comunismo, para ser derrocado en 1955 por la “Revolución libertadora” (Lonardi, Aramburu, Rojas) que impone, tanto una democracia restrictiva con proscripción del peronismo y del sindicalismo, como el modelo de Estado desarrollista cuyo punto culminante será el gobierno de Frondizi (que triunfa con apoyo peronista), plagado de planteos militares, entre crisis sociales, represión (Plan Conintes) y primer surgimiento de la guerrilla.

A partir del 1966 (“Revolución Argentina” con Onganía, Levingston, Lanusse) se inicia la fase del Estado burocrático-autoritario, corporativista (ejército, iglesia, empresarios) y altamente ideologizado por la lucha anticomunista (Doctrina de Seguridad Nacional), auge de la guerrilla y por la suposición de que la democracia es incapaz de resolver los problemas del país.
La ilegitimidad del régimen, los conflictos sociales y gremiales (Rosariazo, Cordobazo), más las presiones de diversos grupos (entre ellos El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo), partidos políticos (La Hora del Pueblo) y sindicatos mayoritariamente peronistas, determinaron el plan de Lanusse (Gran Acuerdo Nacional) para  el regreso de Perón.

Tras su tercer y breve mandato en medio de tensos conflictos internos del peronismo (Sindicatos contra Montoneros, derecha versus izquierda) y auge de la guerrilla urbana, siguió la derechización del gobierno de Isabel Perón  (violencia represiva ilegal realizada por la Triple A y López Rega; Rodrigazo económico) que llevó al país a una situación casi caótica.

Esto fue aprovechado por los militares, con apoyo de muchos civiles y aún eclesiásticos, para implantar el “Proceso de Reorganización Nacional” (24 de marzo de 1976) con el terrorismo de Estado y el régimen más degradante de la historia nacional. El Proceso liquida a las guerrillas, mientras reprime y censura a la ciudadanía con miles de muertos, desaparecidos y exilados. Una de las primeras víctimas fue el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, que denunció sistemáticamente, casi en total soledad, los atropellos militares, siendo asesinado el 4 de agosto.

Al mismo tiempo El Proceso impone una apertura económica irrestricta, con liberalización y especulación económica (Martínez de Hoz, “plata dulce”) que destruye la industria nacional y genera el fenómeno de una deuda externa que se instala como cáncer de la economía hasta el día de hoy, hipotecando el futuro de la nación (de 7800 millones a fines del 76, la deuda externa pasa a 45 mil millones en 1982. Hoy asciende a 100 mil millones de dólares). 

El agotamiento del Proceso, su ilegitimidad y desprestigio internacional, agudizado por el desastre de la guerra de las Malvinas, llevan al país  en 1983-4 al retorno de  la democracia, con el triunfo de la Unión Cívica Radical (Alfonsín) que termina fracasando por el peso de la deuda externa, conflictos sociales (13 paros nacionales) e hiperinflación (Plan Austral y Primavera), pese a sus éxitos en pro de los Derechos Humanos y Cívicos y del juicio histórico a los responsables del Proceso.
El gobierno peronista de Menem impone el modelo anglonorteamericano (Reagan-Thatcher-Clinton) de democracia consevadora liberal y economía de mercado, liquidando lo que quedaba del Estado Benefactor, fundado en nuestro país precisamente por el peronismo histórico, y desarticulando los movimientos populares (partidarios y sindicales).

Las nuevas pautas son: descentralización, desrregulación, convertibilidad, privatización, control fiscal y reforma administrativa del Estado. Se logra eliminar la inflación pero aumenta peligrosamente la desocupación y la pobreza de los sectores populares y medios, creciendo al mismo tiempo en forma desmedida la deuda externa, mientras desaparece el patrimonio nacional que pasa a manos privadas extranjeras. En tanto, la corrupción en todos los niveles, aún en el Poder Judicial, adquiere formas insólitas que generan un máximo nivel de descreimiento ciudadano, acuciado por la tendencia maquiavélica de la política.El menemismo marca un corte definitivo entre la antigua democracia participativa y movimientista (con tendencia al proteccionismo del Estado y a la igualdad social), y la nueva democracia neoliberal, puramente formal, elitista, tecnocrática y con un Estado que abandona sus roles sociales.

2. Social Democracia y Democracia Cristiana


2.1 Social Democracia


Como ya expresamos en otros apartados del Módulo 6, tras la Primera y Segunda Internacional, el movimiento socialista se dividió en dos posturas: la revolucionaria comunista y la reformista socialista de Europa occidental.
El socialismo democrático o Social-Democracia acepta la estructura democrática del Estado y postula  la realización de cambios sociales por medio de reformas, evitando la lucha de clases y el camino revolucionario.
Son antecesores del partido social democrático Jean Jaurés en Francia, Lasalle, Bernstein y Rosa Luxemburgo en Alemania, país que en realidad crea el modelo de la moderna Social Democracia; al mismo tiempo se aceptan en general los postulados de Marx con mayor o menor intensidad. En 1951 la Internacional Socialista que nuclea a los partidos socialdemocráticos del mundo declara que “los socialistas luchan por construir una nueva sociedad en libertad y por medios democráticos. Sin libertad no puede haber socialismo”. No se propone un sistema económico rígido sino adaptado a cada país y a sus circunstancias.

Sus objetivos son la libertad, el bienestar y la felicidad del pueblo.
En América adoptan posturas demosocialistas el Partido Aprista de Perú, Acción Democrática de Venezuela, Febrerista de Paraguay, y numerosos partidos socialistas, siendo importantes el de Brasil y Chile, país donde en 1970 triunfa Allende.Sus postulados, en la práctica, hoy han perdido radicalidad y se aproximan a  cierto liberalismo moderado y a los de la Democracia Cristiana, pero con clara autonomía y postulación de la separación de Iglesia y Estado.

Aceptando todos los elementos característicos de la democracia occidental, insisten en la igualdad social, combinando la libertad con la justicia, la planificación estatal de la economía con la iniciativa individual, la autoridad y eficiencia del Estado con el pluralismo ideológico y el desarrollo de las instituciones intermedias, especialmente sindicatos.
Se parte de la base de que no puede haber democracia política sin democracia social y económica; o sea, libertades y derechos individuales con igualdad social.
Por tanto, es deber del Estado asegurar el mayor grado posible de igualdad económica en la distribución de los ingresos y de la propiedad, de modo que el bienestar, la cultura, la educación y la salud sean bienes de toda la comunidad y de todos los individuos.Se insiste en los postulados sociales a favor de servicios elementales que el Estado debe garantizar y/o proporcionar, incluso en forma gratuita, especialmente la salud, la educación y la capacitación adaptada a los tiempos. También se defiende el derecho a la vivienda a bajos costos, al trabajo y a un salario justo, como a los servicios públicos esenciales.

Por tanto, la Social Democracia propicia una economía mixta con participación del Estado y del capital privado, manteniendo el Estado el rol de fiscalizar la economía para que esté al servicio de la sociedad, promocionando y aún subsidiando productos de bienes y servicios de consumo masivo, especialmente a los sectores más desprotegidos. Por tanto, tendencia al Estado de Bienestar.


Tras la segunda guerra mundial, la Social Democracia ha jugado un papel preponderante, especialmente en Alemania, Suecia, Francia, Inglaterra (Partido Laborista) y, tras la muerte de Franco, en España con Felipe González, aglutinando a las clases trabajadoras, generalmente con el apoyo de sindicatos de orientación socialista.


2.2  Democracia Cristiana


Tal como vimos en el punto 3.5 al final del módulo anterior, a partir de la última parte del siglo XIX se desarrolló en la Iglesia un amplio movimiento en favor de las reivindicaciones sociales, que finalmente sería orientado desde el Vaticano por las Encíclicas sociales de los Papas.
Se trataba de oponerse a la postura liberal, por un lado, y de contener el avance del socialismo, por otro; un socialismo que se presentaba como movimiento ateo y antirreligioso, aspecto éste que le restaba posibilidad de apoyo de muchos cristianos que compartían globalmente la crítica de los socialistas al liberalismo económico.

Entre estas dos democracias, la liberal y la socialista, comienza a irrumpir la denominación de democracia “cristiana”, expresión que ya había aparecido por primera vez en 1848 en el periódico Ere nouvelle, creado por Lacordaire y Ozanam (fundador de la JOC), entre otros. A partir de la Rerum novarum de León XIII, el movimiento social cristiano adquiere inusitado vigor, con la creación de centros de estudios sociales, encuentros internacionales de obreros católicos, cooperativas, sindicatos y otras iniciativas, especialmente en Alemania, Bélgica, Francia, Austria e Italia.

Para antes de la segunda guerra mundial, en varios países nacen partidos políticos de inspiración cristiana, como el Partido Popular Italiano (1919), fundado por Don Sturzo, principal teórico de la DC, partidario de la representatividad proporcional y del pluralismo democrático;  y el Partido Demócrata Popular (1924) de Francia, país donde tiene un inusitado auge la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos.

Todo lo cual va conformando la fisonomía del futuro partido demócrata cristiano inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial.Tras el rotundo fracaso del liberalismo capitalista, cuyas contradicciones habían llevado a Europa al borde de la destrucción total  y a la lucha de clases, la democracia cristiana aparece , en una verdadera paradoja de la historia, como la única fuerza capaz de enfrentar el arrollador avance del socialismo y del comunismo, finalizada la segunda guerra mundial.

La democracia cristiana triunfa en dramáticas elecciones en Italia (con gran apoyo del Vaticano, ante la inminencia del triunfo comunista) imponiendo a De Gásperi (1946), mientras que en Alemania gana Adenauer (1949), inspiradores ambos de la unidad de la Europa occidental, junto al democristiano francés Schuman, cuyos gobiernos tuvieron el ambicioso proyecto de reconstruir sus respectivos países (conocido es el “milagro alemán”). Otros países que contaron con gobiernos democristianos fueron Bélgica, Holanda, Austria, Irlanda y Luxemburgo.


En tanto, la nueva corriente toma vigor también en América, especialmente en Chile (con Frei presidente en 1964, Alwin, después de Pinochet en 1990, y Frei, hijo, en 1996) formalizado en 1957 sobre la base de Falange Nacional; en Venezuela, fundado en 1947,  con el nombre de COPEI (Caldera en 1969; Herrera Campins, en 1978), y también en Costa Rica como PUSC (Partido Unidad Social Cristiana), en 1984, que conquistó la presidencia con Calderón en 1990, y  en El Salvador (Napoleón Duarte, presidente en 1984). En 1998 la DC triunfa en Ecuador con Mahuat.
En Argentina se funda la DC en 1954 durante el último período crítico del gobierno de Perón, quien también introdujo elementos de la doctrina social cristiana en el Justicialismo, partido hoy miembro de la Internacional Democristiana (Ver antecedentes en Módulo 6, punto 3.5.3).

Aunque la designación de democracia “cristiana” fue resistida aún por las autoridades eclesiásticas, terminó imponiéndose para reflejar el proyecto político del socialcristianismo, heredero de la concepción política de Aristóteles, del tomismo (vigorizado por el neotomismo) y de la orientación social de la fe cristiana desde el evangelio, los Padres de la Iglesia y especialmente la doctrina social papal, más los posteriores aportes del Concilio Vaticano II y de los teólogos renovadores (Congar, De Lubac) que propiciaban un laicado protagónico e independiente.


Desde el punto de vista filosófico, el social cristianismo o democracia cristiana se fundamenta en el Humanismo Cristiano, desarrollado entre otros por el neotomista Jacques Maritain (1882-1973) de gran influencia en los sectores progresistas de Argentina, pero muy resistido y criticado por el catolicismo de derecha, especialmente tras su visita a nuestro país en agosto de 1936, cuando se opuso a la rebelión franquista y a toda metodología fascista. Su principal obra es Humanismo integral (1936), destacándose también  “Cristianismo y Democracia”.

Para Maritain, la verdadera democracia reconoce “los derechos inalienables de la persona. y derechos políticos del pueblo, puesto que el régimen político supone el consentimiento de aquel, y los mandatarios gobiernan como vicarios suyos; primado absoluto de las relaciones de justicia y de derecho en la base de la sociedad, ideal, no de guerra, prestigio o poder, sino de mejoramiento y emancipación de la vida humana, y de fraternidad…
La obra política es, por excelencia, una obra de civilización y cultura; que tiende ante todo a procurar el bien común, de tal suerte que la persona concreta, no sólo en una categoría de privilegiados sino en la masa entera, llegue realmente a la medida de independencia que conviene a la vida civilizada, y que asegure a la vez, las garantías económicas del trabajo y de la propiedad, los derechos políticos, las virtudes cívicas y la cultura del espíritu” (Cristianismo y democracia).

Para conseguir este nuevo orden, Maritain propone un trabajo de largo alcance, “como algo en movimiento, como una cosa en vias de realización y siempre por realizar”, para lo cual invita a participar no sólo a los cristianos, sino a quienes comulguen con los valores de respeto a la persona, libertad, igualdad y solidaridad ( Humanismo).


El democristianismo también recibe aportes del Personalismo de Mounier (1905-50), fundador de la revista Esprit , consciente del “sufrimiento cada vez mayor de ver a nuestro cristianismo solidarizarse con… el desorden establecido”.
Por lo tanto, hay que terminar con esa asociación entre cristianismo y espíritu reaccionario. Mounier se opone a un partido confesional y preconiza la total autonomía del partido. Adversario del individualismo capitalista, reclama una auténtica revolución: “Una revolución es nuestra profunda herencia espiritual… Revolución a la vcz espiritual y de las estructuras, porque una revolución que no sea acompañada por una transformación, morirá de muerte natural”.

Su objetivo es “la abolición de la condición proletaria; la sustitución de la economía anárquica basada en la ganancia, por una economía organizada sobre las perspectivas totales de la persona; la socialización sin estatalización de los sectores de la producción que mantienen la alienación económica…”

Hay también aportes de otros ilustres pensadores humanistas, entre ellos Max Scheller, Martin Buber, Emmanuelle Levinas, Teillard de Chardin y Paul Ricoeur. 
Como puede observarse, la DC se nutre no sólo del catolicismo, sino también del pensamiento humanista protestante y judío, conformándose un amplio movimiento conocido como Humanismo cristiano, aunque mejor sería llamarlo “humanismo integral”.

Todo este conjunto de pensamiento bíblico-greco-tomista, social cristianismo y humanismo, lleva a poner como fundamento de la política una visión integral de la persona humana con sentido trascendente, cuya última finalidad es el desarrollo humano integral y el bien común de la sociedad.Mientras que se defienden los valores tradicionales de la familia, la vida y la propiedad privada, se busca una orientación social de esta última, colocándose a la economía al servicio del desarrollo social del ciudadano y de los pueblos. Por tanto, una economía sometida a la política y a la ética social.
Al mismo tiempo, la DC se opone a toda forma de totalitarismo y combate al comunismo, propiciando el sistema democrático, la libertad, el pluralismo, la tolerancia, y especialmente la participación ciudadana en la construcción de la comunidad (comunitarismo) con un sentido de solidaridad.Se incentiva el desarrollo de las iniciativas privadas, pero con un Estado que cubre las necesidades de los sujetos más débiles, de acuerdo al principio de “subsidiaridad”. Todas ideas ya elaboradas por la Doctrina Social de la Iglesia, no sin olvidar los aportes del Consejo Mundial de las Iglesias.

En síntesis
: respeto a la persona humana y a su dignidad, como ser inteligente y libre, creador de su destino y con derechos inalienables, que reconoce su origen y su destino final en Dios.Pero, al mismo tiempo, persona orientada hacia la comunidad y lo social, comprometida con los otros hombres en la construcción de un proyecto común que está por encima de los intereses particulares.Por tanto, la sociedad no es la suma de individualidades o de propietarios, sino la integración armónica de personas con vistas al bien común y al servicio de toda la humanidad. O sea, antropología del ser, ser-con y ser-para, en contraposición a la antropología del tener del capitalismo. Es la relación positiva con los otros y el sentido de servicio y solidaridad lo que define la verdadera esencia del ser-hombre. Corresponde a toda la sociedad, y al Estado en forma particular, la creación de condiciones óptimas para el desarrollo integral de cada persona, de las familias, de las asociaciones intermedias y de toda la comunidad en general.

Se trata, por lo tanto, desde la óptica socialcristiana, de crear una sociedad armónica sobre estas bases:
·       el derecho a que cada uno y cada pueblo desarrolle su proyecto:  libertad;
·       respetar el mismo derecho en los otros, como también el libre pensamiento y la libertad de opinión y expresión : pluralismo y tolerancia;
·       el derecho y la obligación moral y cívica de participar en la construcción del bien común, del desarrollo y de la vida política: participación;
·       la obligación moral de atender, no sólo a las propias necesidades, sino también las de otros que se hallan en inferioridad de condiciones, de tal modo que los propios bienes, la propiedad privada y el ejercicio de la libertad adquieren un sentido social: solidaridad.

Al mismo tiempo, la democracia cristiana propicia el diálogo y la negociación como forma de resolución de los conflictos internacionales y de los conflictos sociales, oponiéndose a la lucha de clases y a la lucha violenta contra las formas opresivas.
Por este motivo, núcleos de social cristianos de América Latina, como por ejemplo en Chile, se pasarán en las décadas del 60-70 a una postura más radicalizada y de izquierda, adoptando tanto la metodología marxista de análisis como su estrategia de cambio revolucionario.
Al mismo tiempo, la ideología cristiana de liberación se colocará a la izquierda del social cristianismo, desestimándolo como movimiento conservador y reformista. Hoy la democracia cristiana, nacida en estrecha relación con la Iglesia Católica, ante el fracaso liberal y por la necesidad de luchar contra el comunismo, se encuentra en un momento crítico debido al derrumbe del comunismo y al auge del neoliberalismo capitalista y conservador, en un contexto general de democratización liberal y de laicización de los partidos.Mientras algunos partidos democristianos adoptan elementos del liberalismo económico y sus posturas conservadoras, otros buscan la forma de aplicar la fórmula social cristiana en un mundo cada día más individualista y consumista.
Pero todavía no ha aparecido un modelo económico-social cristiano que, como tal, sea aplicado políticamente en algún país. En Argentina, la DC está integrada en el Frepaso y en la Alianza, y propicia la formación de un polo social cristiano junto a las comunidades evangélicas reformadas.

3. Ideologías de la Liberación

3.1 La Liberación en el marco de la guerra fría

Dentro del marco general de guerra fria y coexistencia pacífica, esta segunda mitad del siglo fue testigo, como ya lo hemos comentado, especialmente en América Latina, África y Extremo Oriente de la nueva ideología cuyo nombre tiene raíz filológica común con libertad y con liberalismo: liberación.
La Liberación es un gigantesco proceso que engloba a los oprimidos de la tierra del llamado Tercer Mundo, diferente del primer mundo capitalista y del segundo, comunista-soviético. Son los países subdesarrollados o en vias de desarrollo.Un gigantesco proceso hoy abortado, teñido en su generalidad por el socialismo marxista leninista en China, Viet Nam, Argelia, Cuba y otros países de América del Sur y África (Angola y Mozambique). En América también se desarrolló una línea de liberación cristiana desde la nueva lectura liberadora de la Biblia  y Teología de la Liberación (ver punto 4).
Mitos de este proceso son Mao en China, Ho Chi Minh en Viet Nam y especialmente “El Che” Guevara (médico argentino radicado en Cuba).

Lo significativo es que se habla de “liberación” en países por lo general políticamente independientes, de modo que la palabra distingue entre la mera libertad o independencia jurídica y la real libertad social y económica. Países que habían surgido independientes por sus respectivas “revoluciones” contra los países colonialistas, pero que cayeron en una burocracia burguesa dependiente económicamente de esas mismas o de otras potencias colonialistas. Independencia política para el mejor libre comercio con Inglaterra o Francia, primero, y con Estados Unidos después.La doctrina económica de A. Smith, y el evolucionismo de Darwin según el cual las razas superiores tienen que dominar a las inferiores o débiles, fueron el sustento de esa situación .

A partir de Lenin (ver módulo 6, 3.2) el marxismo impone la lucha anti-imperialista de liberación nacional: “El imperialismo mundial no podrá sino derrumbarse cuando la ofensiva revolucionaria de los obreros explotados y oprimidos en el seno de cada país se una a la ofensiva de cientos de millones de hombres que hasta el presente estaban fuera de la historia” (escrito de 1920).
La idea es rebelar a los “esclavos coloniales de África y Asia”.

El instrumento preconizado por los Movimientos o Ejércitos de Liberación Nacional fue la guerrilla con apoyo popular, verdadera arma del débil contra el fuerte, apoyada en dos factores positivos: el gran espacio del territorio a liberar con sus condiciones geográficas particulares (montaña, bosque, ríos) y el tiempo largo de lucha.Mao Tse Tung (maoísmo marxista leninista) define la nueva estrategia para la liberación de China: llevar la guerra al máximo de la geografía, llevarla hacia el interior del país, no desalentarse por alguna derrota y adaptarse a cada pueblo y a las características de su geografía. Entre tanto, confiar en el tiempo, desgastando poco a poco al enemigo.Mao demuestra que puede hacerse una revolución apoyándose en el campesinado pobre aún en países no industrializados.

La Larga Marcha de los campesinos revolucionarios chinos hacia la toma del poder es su confirmación.La famosa “larga marcha” fue la increíble retirada del Ejército Rojo chino, entre 1934 y 1935, en un extenso trayecto de 12 mil kilómetros. De allí que quede como un símbolo mítico de resistencia popular. A medida que el ejército libera zonas ocupadas por los nacionalistas prooccidentales, se hace inmediatamente la reforma agraria, mientras se lanzan planes contra el analfabetismo y en pro de la liberación de la mujer, explotada en una estructura familiar tradicional. Mao demuestra de esta forma que es posible la revolución apoyándose precisamente en los campesinos pobres.

Quien lidera esta teoría y praxis en nuestro Continente es El Che, tanto en Sierra Maestra de Cuba, junto a Castro, como después en Angola y  en El Congo y en su intento final de Bolivia, donde es muerto en Higueras en 1967 por el ejército regular boliviano.Como ya se ha dicho, salvo el caso de Cuba, todos los esfuerzos de liberación revolucionaria marxista fracasan en América, donde finalmente triunfa la política norteamericana de la Seguridad Nacional, aliada a las oligarquías y ejércitos nacionales, en el contexto de guerra fría y lucha anticomunista.

El resultado fue una “dictadurización” general del Continente, aún en Chile (con Pinochet) donde el marxismo socialista había triunfado en elecciones democráticas con Allende (presidente entre 1970-3). En Argentina la ideología de liberación estuvo encarnada en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de línea claramente marxista leninista, y en los Montoneros, ala radicalizada desprendida del peronismo histórico y de grupos socialcristianos.
Por otra parte, estos movimientos revolucionarios, o terminaron en Estados cercanos al totalitarismo (Cuba, África y Asia) o se difuminaron en vagas teorías político-económicas-revolucionarias sin demasiada coherencia y sentido práctico de la política.

3.2  La liberación en el marco de la lucha campesina en América Latina

A los efectos de comprender mejor el proceso de “liberación” en nuestro Continente, es importante tener en cuenta su raíz en la problemática campesina, tema particularmente importante para los países andinos, región norte de Sudamérica y Centro América. Y tema muy relacionado con la problemática indígena y mestiza, ampliamente mayoritaria en esos países con escasa inmigración europea.

-Los comienzos, de 1920 a 1930
Durante este período, el sistema de tenencia y producción de tierras, por lo general, sigue dependiendo de los mecanismos tradicionales de dominación anterior, con una elite hacendada que controlaba todo el aparato productor, y con el fenómeno de caciquismos y caudillismos locales.Las movilizaciones y rebeliones, ya frecuentes desde fines del siglo XIX, tenían su causa en el constante agravio a esa población rural, generalmente no blanca, o sea mestiza, negra y muy a menudo totalmente india, como en los países de Centro América y Andinos; donde la población indígena había sido privada de su propiedad comunal y siempre tratada como ciudadanía de segunda clase o barbarie.El objetivo de los levantamientos y organizaciones campesinas fue la mejora de las condiciones de vida en el campo, el fin del poder político y represivo de los hacendados-caudillos y la devolución de la tierra comunal a los indígenas.
Así fue en Méjico, donde surgen varias organizaciones campesinas, algunas patrocinadas por la Iglesia, otras de signo izquierdista o promocionadas por políticos populistas, y muy a menudo con invasiones de tierras y la consiguiente represión del ejército.

América Central, regida por una política liberal, se apoyaba en la producción de café, en manos de empresarios nacionales, y de plátano, en manos de empresas extranjeras, siendo la más importante la United Fruit Company (UFC). En ambos casos los trabajadores eran mestizos, negros e indios con sueldos más que ínfimos y una vida de miseria, ya que aún los pequeños propietarios habían sido despojados de sus tierras en beneficio de las grandes empresas insertas en el mercado internacional.Durante la crisis de 1929 cayeron los precios y aumentó la desocupación hasta un 40%.

Fue la época en que hace su prédica marxista José Agustín Farabundo Martí, fundador del Partido Comunista de El Salvador.En 1932 estalla en ese país la gran revuelta campesina indígena con el objetivo de recuperar las tierras. El ejército reprimió violentamente contra hombres, mujeres y niños (“todos indios”) matando a unas 30 mil o más personas.
Rebeliones similares sucedieron en esta época en Bolivia, generalmente con ataques a las haciendas y ocupación violenta de las tierras. La mayor insurrección (promovida por la naciente Liga de Defensa Pro India, de tinte socialista), de unos 12 mil aymaras y quechuas se produjo en 1927, siendo aplastada por el ejército.

En Perú se entabló un intenso debate sobre la problemática campesina y su relación con la cuestión indígena (“el indio como problema”), en especial desde 1928 por obra de José Mariátegui, fundador del Partido Comunista, quien enfatizó el hecho de que la población indígena constituía las cuatro quintas partes de la población total peruana. El debate permitió al menos que el gobierno aboliera el yaconazgo y el trabajo servil indígena, creándose una Oficina de Asuntos Indígenas y un Patronato de la Raza Indígena, mientras la Constitución reconocía la existencia de la comunidad india como institución jurídica. No obstante entre 1921 y 1925 estallaron varias rebeliones con ocupaciones de tierras y subsiguiente represión.

En tanto en Chile, entre 1927 y 1935, un grupo de católicos (Leighton, Garretón, Tomic, Frei, etc.) fundan La Falange Nacional, que después en 1957 se transformaría en la Democracia Cristiana y propiciaría una importante reforma agraria.

-Desde 1930 a 1960

Los cambios económicos de este período, con “industrialización de sustitución de importaciones”, provocó proyectos para la reforma de la agricultura, alentada por la CEPAL (Comisión Económica para A. Latina) y después por la Alianza para el Progreso, en orden a frenar el avance comunista.Pero la presión de USA y de las empresas privadas impedía, al mismo tiempo, una reforma radical del sistema de tierras, buscando los políticos posturas reformistas pero que no se acercaran al modelo marxista.En los años 40 y 50 surgen infinidad de organizaciones campesinas y obreras, con numerosas alianzas y relaciones con los gobiernos populistas con resultados muy dispares.

La reforma más importante se realizó en Méjico bajo el gobierno de Cárdenas (1934-38) con su Partido Nacional Revolucionario (PNR), quien nacionaliza los ferrocarriles y empresas petrolíferas, fomenta organizaciones sindicales y campesinas y reparte tierras a más de un millón de familias. Por su parte los católicos crean la Unión Nacional Sinarquista (en oposición al anarquismo)  mientras surge la Unión General de Obreros y Campesinos de Méjico y la Central Campesina Independiente (fundada en 1959), opuestas todas al gobierno.

También en Méjico se celebró en 1940 el primer Congreso Indigenista Interamericano con la presencia de delegados científicos, políticos y sociales de todo el continente, pero sin participación de ningún grupo indígena. De todos modos, el Congreso recomienda la reforma agraria y crea el Instituto Indigenista Latinoamericano que fomentó el estudio de la problemática indígena.

En Colombia el Partido Socialista Revolucionario (1927), luego Partido Comunista, compite con el Partido Liberal en pro de reformas, pero el triunfo conservador ahogó toda expectativa. En 1948 se produce el “Bogotazo” y sigue un período de violencia que le costó la vida a unas 200 mil personas, especialmente campesinas, sea a manos de los hacendados, sea del ejército, cada vez más perfeccionado y asesorado por los Estados Unidos.

En Guatemala, en 1945, 22 familias poseían la mitad de la tierra cultivable. La otra mitad estaba en manos de 300 mil campesinos, pequeños agricultores e indígenas. Hacia 1950 el presidente Arbenz lanza un plan de reforma agraria que fue aprobado por el Congreso, expropiándose unas 700 mil has., de las que 300 mil eran de U. Fruit Company. Pero la revuelta militar de 1954, instigada por la CIA y financiada por la UFC puso fin al experimento y al gobierno de Arbenz.
Siguió inmediatamente una violenta represión de los campesinos y sus organizaciones sindicales, matándose a unas 9 mil personas. Desaparecen las ligas campesinas y se dictamina que los sindicatos deben “probar” que no son comunistas ni participan de actividades políticas. En 1960 se inician las primeras actividades guerrilleras de tendencia castrista.

En Bolivia, desde el 40 abundan los conflictos que son capitalizados por el presidente Villarroel (desde 1943), quien convoca un Congreso Nacional Indígena y genera algunas iniciativas. Pero el presidente fue linchado por sus opositores en 1946 y vino una dura represión aún con trabajos forzados, lo que provocó un importante levantamiento campesino de miles de indígenas (con apoyo de los sindicatos mineros) que incluso fueron bombardeados desde el aire sin compasión. Pero en 1953 el presidente Paz Estensoro del MNR, firmó un decreto de reforma agraria ante una asamblea de 100 mil campesinos de toda Bolivia. Unas 200 mil familias recibieron tierras por un total de 10 millones de hectáreas, mientras se fomentaba la educación general. Los Estados Unidos aprueban las medidas y dan ayuda para créditos, dado el carácter moderado de la reforma.

En Perú los latifundistas eran dueños del 70% de las tierras, pero ni el APRA ni los comunistas provocaron iniciativas de cambios profundos, mientras las organizaciones campesinas se debatían en búsqueda de soluciones que nunca se produjeron.

En Paraguay, la revolución “febrerista” de Franco (1936) traza un plan de reforma agraria (apenas el 1 % de la tierra cultivable estaba explotada, y esto a manos de latifundistas), pero sólo puede repartir tierras a unas diez mil familias, pues una nueva revolución pro imperialista en 1937 aborta el proceso de reformas.

También en las décadas del 50 y 60 se producen movimientos y ligas de reivindicación campesinas en el NE de Brasil, especialmente en Pernambuco y Recife, mientras que la prensa se hace eco de las “marchas del hambre”. La Iglesia Católica trabaja activamente, destacándose la conocida figura de Mons. Helder Cámera (arzobispo de Olinda y Recife en 1964); pero también actúan organizaciones comunistas. El golpe militar de 1964 inicia el proceso de represión, muerte y cárcel, aún de sacerdotes que estaban al frente de las ligas rurales.
En Chile, en la década del 50, se observa un gran ascenso de los partidos progresistas de masas: Partido Socialista, Partido Comunista y Partido Demócrata Cristiano.

-Desde la década del 60

En el contexto general del triunfo de Castro en Cuba y de la ola de dictaduras y de lucha anticomunista y anticastrista, los procesos de reformas agrarias cesan casi por completo, mientras surgen organizaciones guerrilleras de lucha, no contra los hacendados, sino contra los respectivos gobiernos.Desde los 80 emergerán los Nuevos Movimientos Sociales con objetivos muy precisos y concretos, en términos de derechos humanos, valores humanos y religiosos, igualdad de sexos, conciencia ecológica, valoración étnica, etc.

Los intentos de reforma agraria fueron protagonizados por el régimen militar peruano (1968-80) y por las administraciones de Frei y Allende en Chile (1964-73), mientras la Iglesia alentaba los cambios desde la Conferencia de Obispos de Medellín (1968).  Bajo la presidencia del democristiano Frei (64-70) la reforma agraria traspasa al campesinado 1300 fundos con una superficie de unas 3 millones y medio de hectáreas: lo que benefició a unas 30 mil familias. También se efectivizó la sindicalización campesina, creándose 500 sindicatos con 105 mil afiliados en todo el país. Se crearon además 30 mil cooperativas campesinas. Al mismo tiempo se crearon 20 mil centros comunitarios de carácter vecinal. Pero un ala izquierdista se retiró de la DC en 1969 y formó el Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU) que apoyó posteriormente al socialista Salvador Allende. En 1971 se fundó La Izquierda Cristiana. Las ideas reformistas continúan bajo mandato de Allende (1970), pero en 1973 se impone la dictadura de Pinochet.

Los grupos que en América Latina optaron por la lucha guerrillera se inspiraron en la doctrina del Che Guevara que propiciaba abandonar la doctrina ortodoxa de Marx de lucha de clases en la espera del colapso capitalista, para crear en cambio focos insurreccionales que después lograrían apoyo popular y campesino.
Pero su teoría sufrió un golpe decisivo cuando el propio Guevara decidió instalarse a principios de 1967 en una zona montañosa y aislada del Sur de Santa Cruz de Bolivia con unos 50 guerrilleros. El 8 de octubre de ese mismo año el Che fue herido, capturado y muerto, ante la indiferencia de los campesinos, recibiendo solamente una tibia simpatía de algunas organizaciones sindicales.

En Venezuela, el gobierno de Betancourt (1958), aliado con los democristianos, propicia un programa de reforma agraria de tipo moderado que favoreció a unas 100 mil familias. En tanto las izquierdas se lanzaron a la lucha guerrillera armada; pero, sin ningún apoyo campesino, pronto fueron liquidadas por el ejército.

En Colombia, en cambio, se produjo un importante surgir de organizaciones guerrilleras, con gran potencia combativa y líderes preparados. Uno de ellos, mundialmente famoso, fue el sacerdote Camilo Torres, profesor universitario educado en Bruselas, quien después fue despojado por la Iglesia de sus funciones sacerdotales. Tras fracasar en su intento de formar un Frente Unido, se unió al Ejército de Liberación Nacional, pero fue muerto en una emboscada del ejército en 1966.

Su actitud y muerte generaron un profundo debate en las comunidades cristianas orientadas por la teología de la liberación sobre la licitud y conveniencia del empleo de la violencia en la lucha por un orden justo.El ejército colombiano, que en esta época consumía el 30% del presupuesto nacional, terminó con los varios movimientos guerrilleros de tinte marxista y maoísta que nunca tuvieron apoyo de un campesinado atemorizado.A partir de 1966 se crea en Colombia la más importante organización campesina de América, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), al principio apoyada por el gobierno.
Pero al dividirse (1970) entre los reformistas (liberales y democristianos) y revolucionarios (marxistas trotskistas y pro chinos) se produjo una profunda crisis con situaciones de violencia que significaron la pérdida total de fuerza de la organización para fines del 76.
En tanto surgen nuevos grupos guerrilleros, entre ellos el Movimiento 19 de Abril (M-19), a veces aliados con los Carteles de la droga, que continuaron con la lucha, rechazando toda conciliación con el gobierno.Todavía hoy Colombia (1998) sufre el azote de la guerrilla y de los narcotraficantes que generan permanente inestabilidad política y olas de asesinatos.

En Guatemala surgieron varios movimientos guerrilleros (especialmente la Unión Nacional Revolucionaria Guatemalteca), con bastante apoyo del campesinado indígena más pobre, pero fueron combatidos tanto por organizaciones de derecha (escuadrones de la muerte) como por el ejército. En la gran ofensiva del 78-83 (dirigida por el general Ríos Montt) se produjo un verdadero genocidio indígena de unos 150 mil pobladores, mientras que unos 200 mil se refugiaron en la vecina Chiapas (Méjico), una región que hoy concita la atención por la lucha campesina e indígena contra el gobierno.
Recién a partir de 1990 fueron aminorando las tensiones, con la oferta gubernamental de amnistía, mientras en 1992 Rigoberta Menchú, una indígena activista de los derechos humanos, recibía el Nobel de la Paz. En 1996 se selló una paz inestable, tras 36 años de lucha, más de 50 mil muertos, 40 mil desaparecidos, 250 mil huérfanos y un millón y medio de desplazados y exilados. El 26 de abril de 1998 fue asesinado el arzobispo Juan Gerardi, tras presentar un informe  sobre las atrocidades del régimen militar.

En El Salvador, con una población campesina muy pauperizada, gran desempleo y un 40% de familias sin tierra propia, las reivindicaciones campesinas fueron lideradas por la Iglesia y las comunidades eclesiales de base, apoyadas por la Democracia Cristiana, que fundaron la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), formándose después un amplio frente con otras organizaciones. También se funda la Confederación General de Trabajadores, en tanto un grupo de militares y civiles de derecha crea una agrupación paramilitar, la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN).

Para 1976 comienza una escalada terrorista de esta organización y del gobierno fraudulento del general Carlos Romero, con matanza y amedrentamiento de sacerdotes y laicos. El nuevo arzobispo Mons. Oscar Arnulfo Romero protesta contra estos atropellos, mientras surgen grupos guerrilleros de socialcristianos y marxistas, entre ellos las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí. El resultado fue una virtual guerra civil que llevó al presidente Carter a promover un golpe de estado que puso en el poder a una Junta Militar en 1978. Pero continuaron sus actividades los escuadrones de la muerte que sólo en 1980 mataron a unos 3 mil campesinos y asesinaron al arzobispo Romero en marzo de ese año durante la misa en la Catedral. En tanto, continuó la guerra civil que prácticamente dividió al país en dos zonas, una controlada por los guerrilleros y otra por el gobierno, mientras que diversos países ayudaban a uno y otro bando, contando los militares con el apoyo indiscrecional de USA.En 1989, las presiones de la ONU sobre el nuevo Presidente, Alfredo Cristiani, llevaron a una ronda de negociaciones con los guerrilleros, firmándose la paz en 1991, ante delegados de la ONU y representantes de países latinoamericanos.

En Nicaragua el movimiento de reforma contó con gran apoyo de las comunidades eclesiales, siendo su figura simbólica el sacerdote poeta Ernesto Cardenal. Para 1962 se crea el Frente Sandinista de Liberación Nacional con ideología ecléctica (cristiana, marxista, nacionalista antiimperialista) que tuvo gran apoyo de las organizaciones campesinas que comenzaron a ocupar tierras. Su líder y futuro presidente era el sacerdote Daniel Ortega. Para 1978 se inicia un amplio frente de oposición a Somoza con oleadas de huelgas e insurrecciones armadas que fueron liberando diversas regiones. En 1979 cae Somoza y la Guardia Nacional depone las armas.
El sandinismo emprende un amplio proyecto de reforma rural de tipo moderado, expropiando solamente las propiedades de Somoza y sus allegados (un total de un millón de hectáreas), repartiendo también tierras abandonadas y latifundios improductivos. Cuatro años más tarde unas 100 mil familias habían recibido un total de 2 millones de hectáreas.Entre tanto continuó la lucha de la oposición (“los contras”) financiada por los Estados Unidos. Con el triunfo democrático de la opositora Violeta Chamorro sobre Ortega en 1990, el país se normalizó políticamente y se afirmó en la democracia.

En Perú, los militares que realizaron el golpe de 1968 y llevaron al poder a Velasco Alvarado, organizaron una amplia reforma agraria de acuerdo a su discurso nacionalista y populista. En diez años unas 300 mil familias fueron favorecidas con reparto de tierras, por lo general en forma de cooperativas de producción, mientras los desocupados y sin tierras se fueron agolpando en las ciudades, especialmente en Lima. Pero desde 1974 las cooperativas comenzaron a fracasar, sea por la inflación, sea por la caída de los precios internacionales.
Mientras Belaúnde Terry (1980) y Alan García (1985) se mostraban impotentes para resolver la crisis, se produce una masiva insurrección popular y el accionar de la guerrilla, especialmente de Sendero Luminoso, de inspiración marxista leninista maoísta, creado hacia fines del 60 por un grupo de profesores universitarios, cuyo líder era Manuel Guzmán Reynoso (“camarada Gonzalo”). Sendero consideraba que la anterior reforma agraria era una simple fachada fascista, y que sólo cabía la liquidación del sistema feudal en sus mismas raíces.Desde el 80 los senderistas desarrollaron una intensa actividad, con actos de terrorismo y variadas matanzas de funcionarios y opositores, y aún de campesinos. Su metodología fuertemente autoritaria y verticalista sobre el eje del partido atrajo la resistencia de la población. La administración de Fujimori (1990) que dio mas poderes a los militares ha logrado neutralizarlos en gran medida, consiguiendo capturar a su líder Gonzalo.

Un caso interesante es lo sucedido en la Amazonia de Brasil que desde 1960 comenzó a ser desmontada en forma indiscriminada por ricos terratenientes, convirtiendo a la selva en tierra de labranza y ganadería, con enfrentamiento con los caucheros y matanza de indios, cuya subsistencia se veía seriamente afectada por la política de tala de bosques.
La protesta principal provino de la Iglesia que creó la Comisión Pastoral para la Tierra, defendió a los indígenas y generó varias iniciativas en defensa del bosque y sus habitantes. Mundialmente famoso fue también el líder campesino, Chico Mendes, que organizó a los caucheros y forzó alianzas de sindicatos e indios. En 1987 viajó a los Estados Unidos y se reunió con miembros del BM y del BID para alertarlos sobre lo que estaba pasando en la Amazonia y solicitarles que no financien el proyecto oficial. Al volver a Brasil, fue asesinado por hacendados derechistas, pero su sindicato continuó la lucha para proteger el sistema ecológico y los derechos humanos de los habitantes de la Amazonia.
El problema de la tierra ha hecho que en Brasil surgiera uno de los nuevos movimientos sociales más importantes del Continente, los llamados precisamente “Sin Tierra”, cuyas actividades han acaparado la atención de la prensa mundial. Aunque en Argentina no hubo movimientos campesinos similares a los anteriores y conectados con la guerrilla, es bueno destacar la tarea de las numerosas ligas y agrupaciones agrarias que desarrollaron su actividad especialmente en el Nordeste del país (INCUPO y otros grupos).

4. Concilio Vaticano II,  Doctrina Social y Teología de la Liberación

Como ya lo hemos señalado, en todo este complicado período, especialmente en Latinoamérica pero también en algunas regiones de África y Asia, se desarrolla un movimiento cristiano de liberación, por lo general opuesto a la lucha violenta, aunque no siempre como fue el caso de Camilo Torres.

Esta nueva perspectiva, inédita en la historia de la Iglesia y aporte original de América Latina, significa asumir la fe cristiana como una praxis liberadora, cuyo criterio de discernimiento es la opción por los pobres y oprimidos. No basta predicar una doctrina social o principios evangélicos de amor al prójimo: hace falta la praxis de los cristianos para colaborar en la construcción de naciones con real libertad e igualdad social para todos, especialmente para los más débiles y oprimidos.Este proceso tiene que ver con la apertura hacia el mundo del Concilio Vaticano II y con la doctrina social de las encíclicas de Juan XXIII y Paulo VI.

4.1  El Concilio Vaticano II (1962-5)

El Concilio Vaticano II es ciertamente el acontecimiento más significativo de la Iglesia Católica desde los tiempos de la Reforma protestante y del nacimiento de la modernidad, cuyos principios siempre fueron condenados especialmente en el Syllabus de Pio IX , documento  que nunca había sido revocado.La Iglesia renuncia ahora a definir dogmas o condenar doctrinas y busca un acercamiento al “mundo”, cuya autonomía  reconoce  como “absolutamente legítima” (aunque no la autonomía que postule una total independencia de Dios).
Al mismo tiempo, quiere presentarse no como el amo, gendarme o doctora del mundo, o sea como factor de poder, sino como portadora de un mensaje de salvación desde la libertad de conciencia y desde el amor, en el respeto de las autonomías culturales y valoración de otros cultos y religiones. Pero también aprendiendo del mundo y de su cultura; más aún, “la Iglesia confiesa que le han sido de mucho provecho y le pueden ser todavía de provecho la oposición y aún la persecución de sus contrarios” (Lumen Gentium, 44)

Su “aggiornamento” (puesta al día, actualización) consistió en el reconocimiento de los valores de la modernidad  (libertad, democracia, derechos humanos y cívicos, conciencia autónoma, autonomía del Estado, ciencia crítica, etc.), abandonando, al menos momentáneamente, su postura defensiva y el miedo a la novedad del futuro. Los nuevos cambios ahora son reconocidos como “signos de los tiempos”, o sea, formas nuevas que Dios tiene de hablar a los hombres.

El documento fundamental del Concilio es la Constitución Gaudium et Spes (Gozo y esperanza) de 1965, que comienza afirmando que “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón… La Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de la historia”.
El documento describe a la Iglesia, no ya como una mera institución jurídica de origen divino, sino como “la comunidad cristiana integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre, y que han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos”.

El Concilio reconoce los grandes cambios del mundo moderno, como también el progreso científico y económico, para plantear las bases de una antropología verdaderamente humanista.En función de lo cual “se afianza la convicción de que el género humano puede y debe, no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde además establecer un orden político, económico y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad”. Por su parte, la Iglesia “no puede dar mayor prueba de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana que la de dialogar con ella acerca de todos sus problemas”, aclarándolos desde el evangelio y poniendo a su disposición la salvación de Jesucristo.“Para cumplir esta misión, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio, de forma que, adaptada a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura…”

A la Iglesia le corresponde, pues,  la proclamación de los valores evangélicos, valores  que no se contradicen sino que afirman los valores humanos, colaborando al mismo tiempo “para establecer y consolidar la comunidad humana”. En definitiva, se recogen los postulados de las encíclicas papales y se les da un nuevo impulso en orden a que los cristianos ejerzan su vocación cristiana dentro de la praxis social y política, pero en solidaridad con la realización histórica de la raza humana y en un contexto afirmativo de los valores de la modernidad.La base de dicha acción es el reconocimiento de la dignidad humana, del hombre como tal, y el respeto a su libertad, para que cada uno “actúe según su conciencia y libre elección, o sea, movido por su convicción interna personal, y no bajo la presión de un ciego impulso interior o por coacción externa”. Se postula el principio del bien común, desde una ética de solidaridad, responsabilidad y participación.

4.2  Encíclicas sociales. Mater et Magistra, Pacem in terris y Populorum Progressio

Los Papas del Concilio amplían la doctrina social de la Iglesia que llega a su culminación con Juan XXIII (1958-63) que escribe dos encíclicas de gran repercusión: Mater et Magistra (Madre y maestra, 1959) y Pacem in terris (Paz en la tierra, 1963), y con Paulo VI (1963-78), autor de Populorum Progressio (El Progreso de los pueblos, 1967)

1. Mater et magistra subraya la importancia que tiene para la Iglesia su Doctrina Social sobre un concepto integral de hombre, cuya dignidad es sagrada.
De allí la importancia de que sea practicada por los cristianos y estudiada en seminarios y colegios.Se reafirma la doctrina de la subsidiaridad del Estado y se profundiza en la problemática del trabajo y del salario justo. Se apela a la corresponsabilidad de los trabajadores con los poderes públicos y aún con los empresarios.

La economía debe estar al servicio del hombre, pues “el progreso social y el desarrollo económico deben ir juntos, de forma tal que las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación”.Como en las Cartas anteriores, se defiende siempre el principio de la propiedad privada, pero dentro del nuevo escenario de socialización de la vida, con “incremento de relaciones sociales… y muchas formas de vida y de actividad asociada”.

Como novedad, aparece la preocupación papal por el subdesarrollo agrícola, un factor de desequilibrio social con carencia de elementales servicios públicos, y por las zonas o regiones subdesarrolladas dentro de cada país, por lo que se demanda una eficaz acción estatal que beneficie a todos.Se llama la atención sobre el sentido de solidaridad frente a la tierra y su cultivo y al drama del hambre, mientras existen grandes desigualdades entre países “de abundante riqueza económica” y otros que “se ven extenuados por la miseria y el hambre”. En este sentido, la encíclica es un vigoroso llamado a la solidaridad internacional sin generar dependencia en los países necesitados.

2. Pacem in terris es la gran preocupación por la paz mundial, puesta en peligro en la crisis de los misiles soviéticos instalados en Cuba (1962), por lo que resulta un documento original, pues su destinatario es toda la humanidad “de buena voluntad” y su estilo se acerca al de la cultura moderna.El fundamento de la política ordenada a la paz es la persona humana, con sus inalienables derechos de libertad individual y otros derechos humanos, como una existencia decente y digna.

Tras un estudio del Estado y su finalidad orientada al bien común, regulado por “normas de verdad, justicia, activa solidaridad y libertad”, se hace un llamamiento a luchar contra toda forma de racismo y sometimiento de un Estado por otro, propiciándose el fin de la carrera armamentista, prohibición de armas atómicas y abandono de la guerra como método para dirimir cuestiones.Se reclama mayor eficiencia a las Naciones Unidas para “asegurar y consolidar la paz internacional, favorecer y desarrollar las relaciones de amistad entre los pueblos, basadas en los principios de igualdad, mutuo respeto y múltiple colaboración en todos los sectores de la actividad humana”.

3. Populorum progressio  de Paulo VI, continuador del Concilio, lleva a la Doctrina Social de la Iglesia a su mayor brillo e interés mundial, tanto en los ambientes cristianos de distintas confesiones, como países en general, aún en los socialistas. Los ultraliberales la acusarán de pro-marxista.

El objetivo de toda obra social y política es el desarrollo integral del hombre, no bastando la sola libertad política, pues se necesita “un crecimiento autónomo y digno, social no menos que económico, a fin de asegurar a los ciudadanos su pleno desarrollo humano y ocupar el puesto que les corresponde en el concierto de las naciones”.Tras hacer un análisis crítico del colonialismo, señala que “los pueblos ricos gozan de un rápido crecimiento, mientras que los pobres se desarrollan lentamente”, teniendo todavía dentro de sì “una oligarquía de civilización refinada” que contrasta con “las condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana” de la mayoría pobre.Por tanto, no hay que extrañarse de “reacciones populares violentas, de agitaciones insurreccionales y de deslizamiento hacia las ideologías totalitarias”.

El Papa se define por el camino de la reforma y no de la revolución, pero señala que “el desarrollo exige transformaciones audaces, profundamente innovadoras… y urgentes”.La condena al liberalismo económico es dura, pues “la sola iniciativa privada individual y el simple juego de la competencia no son suficientes para asegurar el éxito del desarrollo”. Lo fundamental es que todo esté al servicio de la persona humana, de “un humanismo pleno” que no es sino “el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres”.
La Carta termina con un llamado a la solidaridad universal pues “el mundo está enfermo. Su mal está, no en la falta de recursos, sino en su acaparamiento por parte de unos pocos y en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”. En suma: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.

Esta encíclica, como lo veremos en el próximo punto, a un año de la Conferencia Episcopal de Medellín, tiene gran incidencia en los orígenes de la teología de la liberación y de los movimientos cristianos de liberación, especialmente en América Latina

4.3  Documentos del Episcopado Latinoamericano y Teología de Liberación

1. El Episcopado Latinoamericano reunido en 1968 en Medellín (Colombia) adapta los principios renovadores del Concilio y de las Encíclicas papales, especialmente la Populorum Progressio, y los resitúa en la praxis liberadora que necesita nuestro Continente.
Utilizando la metodología de Ver (percibir la realidad), Juzgar (analizar e interpretar) y Obrar (aplicar soluciones), el documento final de Medellín convoca al renacimiento espiritual y político de los cristianos latinoamericanos, aún con la oposición de sectores católicos conservadores, como la mayoría del episcopado argentino, ligado a la “revolución argentina” del católico conservador Onganía.
Notable excepción será el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, asesinado en 1976.
Los episcopados de Chile y Brasil, en cambio, darán amplio apoyo al planteo de Medellín, como también el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (fundado en Argentina) y numerosas “comunidades de base” de todo el continente.

El eje de todos los textos de Medellín es el concepto de liberación como liberación integral, tanto de las opresiones espirituales como de las temporales. Es un proceso constante que lucha contra los agentes opresores y estructuras opresivas para adquirir la plena libertad interior, política y social.

Los teólogos de la liberación (Gutiérrez, Boff, Sobrino) desarrollan estos conceptos que suponen una relectura de la Biblia desde una perspectiva liberadora amplia, no sólo espiritual, sino esencialmente política y social, como fue la liberación de los esclavos de Egipto por Moisés, la liberación contra la opresión de las monarquías (mensaje de los profetas) y la anunciada por Jesús de Nazaret a los pobres, lo que le costó la vida bajo el poder romano (Ver Módulo 2, punto 1).

En resumen, Medellín profundiza la Populorum Progressio, denuncia los males del capitalismo y la imperfección del modelo comunista, proclamando:
“América Latina parece que aún vive bajo el signo trágico del subdesarrollo, que no sólo aparta a nuestros hermanos del goce de los bienes materiales, sino de su misma realización humana. Pese a los esfuerzos que se realizan, se conjugan el hambre y la miseria, las enfermedades de tipo masivo y la mortalidad infantil, el analfabetismo y la marginalidad, profundas desigualdades en los ingresos y tensiones entre las clases sociales, brotes de violencia y escasa participación del pueblo en la gestión del bien común.
Como cristianos, creemos que esta etapa histórica de América Latina está vinculada íntimamente con la Historia de Salvación.Como pastores, con una responsabilidad común, queremos comprometernos con la vida de todos nuestros pueblos en la búsqueda angustiosa de soluciones adecuadas para sus múltiples problemas. Nuestra misión es contribuir a la promoción integral del hombre y de las comunidades del continente.Creemos que estamos en una nueva era histórica. Ella exige claridad para ver, lucidez para diagnosticar y solidaridad para actuar”.

2. Esta nueva línea cristiano-política se profundiza en la Conferencia Episcopal de Puebla (Méjico) de 1979, en el contexto de dictaduras generalizadas en el Continente y de cierta ambigüedad del Vaticano con respecto a la teología de la liberación (que finalmente será prácticamente condenada, sospechada de marxismo, o, al menos, anulada desde una vuelta hacia una teología conservadora de Juan Pablo II).
Puebla postula muy claramente la dimensión política y social de la praxis cristiana y proclama oficialmente la opción preferencial por los pobres, desde un pueblo convenientemente organizado y desde la praxis de fe de  comunidades de base.Sólo de esta forma puede afirmarse que la fe es seguimiento de Jesús, cuyo compromiso “fue con los más humildes”.
Al mismo tiempo se rechaza al liberalismo capitalista, al colectivismo marxista y a la Doctrina de la Seguridad Nacional, ficción jurídica tras la cual se escuda la escalada del terrorismo de Estado, aliado con la política anticomunista de los gobiernos norteamericanos.Se denuncia con firmeza que la pobreza que ampliamente cubre el suelo del Continente es fruto “de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas” cuyo final es una situación donde hay “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”.

3. La Conferencia Episcopal de Santo Domingo,  (1992) coincidente con el quinto centenario del descubrimiento de América, entre agudas polémicas sobre el sentido positivo o negativo de la colonización y evangelización americana, en el marco del fracaso del socialismo histórico y del triunfo del liberalismo y la democratización de las naciones, significó de una manera oficial el fin de la teología de la liberación por la presión del Vaticano, firmemente orientado hacia una teología conservadora y apoyo al movimiento conservador y elitista del Opus Dei, aunque sin renunciar a un reformismo social. Las optimistas perspectivas de una reevangelización de América significaron un desencantador fracaso, a pesar de la preocupación de la Iglesia por el auge de las sectas y del materialismo práctico.

Cerrando este tema: las ideologías de liberación, tanto marxista como cristiana, con su fondo común mesiánico de base profética y su utopía de pueblos liberados y gestores de su propio destino, está hoy fuera de combate a los efectos prácticos desde el punto de vista político.Tampoco se ha hecho todavía un análisis evaluativo del por qué de su fracaso. El tiempo dirá si tiene capacidad de resurrección y en qué sentido.

Lo que sí queda en claro es que las Iglesias que no se comprometan con el proyecto de desarrollo en libertad de los pobres y oprimidos, se alejarán definitivamente de su punto de partida: Jesús de Nazaret.
El problema, en el orden práctico, es cómo conciliar un cristianismo liberador dentro del contexto de la democracia, lo que también vale para toda la izquierda. Cómo afirmar la liberación sin desestabilizar el sistema democrático. O sea, qué significa “liberación” dentro de un orden democrático, cuya base es el apoyo del pueblo y el Estado de derecho. En efecto, ya no se lucha contra dictaduras violatorias de los derechos del pueblo, sino que se vive en sociedades cuyos pueblos eligen a sus gobernantes conforme a una ley constitucional.
En el orden teórico, la respuesta se resuelve desde la interpretación de la Biblia por el método de análisis crítico histórico, iniciado por Spinoza trescientos años atrás, desarrollado por Bultman desde fines del siglo XIX y aplicado por numerosos pensadores y pastores del Continente.  La Iglesia Católica lo reconoció como válido en 1993.

4.4  Dónde estamos a los cien años de la Rerum novarum. La Centessimus annus

Entre tanto, la cuestión de la relación entre la iglesia cristiana y la problemática sociopolítica queda abierta. Así lo entiende el actual papa, que tiene dos documentos específicamente dedicados al tema: la encíclica Laborem exercens (1981) sobre la dignidad del trabajo y los derechos del trabajador, con ideas que serán integradas en la polémica Centessimus annus (1º de mayo de 1991) con motivo de los cien años de la Rerum Novarum de León XIII, curiosamente coincidente con la caída del comunismo y la libertad y democratización de los países eslavos, de donde es oriundo el Papa.

Desaparecida la propuesta histórica del socialismo comunista, tema al cual se dedica un extenso y exultante comentario, el pontífice se pregunta si el sistema del capitalismo liberal o de libre empresa debe quedar como único modelo económico válido, dado el fracaso del socialismo.La respuesta dada generó una intensa polémica, ya que fue vista por los neoliberales como una bendición apostólica al neocapitalismo, mientras los antiliberales defienden la postura contraria, aludiendo al contexto general de la encíclica, en la línea de la tradicional doctrina social de la Iglesia.

Nada mejor que atenernos a los textos más conflictivos, dejando al lector interesado la lectura completa del documento. “En la Rerum novarum, León XIII afirmaba enérgicamente y con varios argumentos el carácter natural del derecho a la propiedad privada, en contra del socialismo de su tiempo. Este derecho fundamental en toda persona para su autonomía y desarrollo, ha sido defendido siempre por la Iglesia hasta nuestros días.Asimismo la Iglesia enseña que la propiedad de los bienes no es un derecho absoluto, ya que en su naturaleza de derecho humano lleva inscrita la propia limitación”… pues “ el uso de los bienes, confiados a la propia libertad, está subordinado al destino primigenio y común de los bienes creados…” “La moderna economía de empresa comporta aspectos positivos, cuya raíz es la libertad de la persona, que se expresa en el campo económico y en otros campos. En efecto, la economía es un sector de la múltiple actividad humana y en ella, como en todos los demás campos, es tan válido el derecho a la libertad como el deber de hacer uso responsable del mismo…”

Tras dedicar extensos párrafos a la desigualdad de oportunidades sociales, económicas y de capacitación que lleva a muchos seres humanos a vivir en “la explotación humana”, especialmente en los países del Tercer Mundo, el texto continúa diciendo que “da la impresión de que, tanto a nivel de naciones como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades. Sin embargo, esto vale sólo para aquellas necesidades que son solventables, con poder adquisitivo, y para aquellos recursos que son vendibles, esto es, capaces de alcanzar un precio conveniente. Pero existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado…”.

La carta se refiere a que “existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad. Este algo debido conlleva inseparablemente la posibilidad de sobrevivir y de participar activamente en el bien común de la humanidad…” (Los subrayados son del texto original). Por todo lo cual, “se abre aquí un vasto  y fecundo campo de acción y de lucha, en nombre de la justicia, para los sindicatos y demás organizaciones de los trabajadores, que defienden sus derechos y tutelan su persona… En este sentido se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predominio absoluto del capital, la posesión de los medios de producción y la tierra, respecto a la libre sujetividad del trabajo del hombre…  La Iglesia reconoce la justa función de los beneficios, como índice de la buena marcha de la empresa. Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente”.

Tras este concepto tan similar al capitalismo tayloriano (si la empresa produce resultados, todos se benefician), la carta continúa:  “Sin embargo, los beneficios no son el único índice de las condiciones de la empresa. Es posible que los balances económicos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres que constituyen el patrimonio más valioso de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad…”

Tras reafirmarse el valor de comunidad humana que debe tener toda empresa, y tras afirmar que la deuda externa de los países subdesarrollados no deben ser pagadas si “llevaran al hambre y a la desesperación de poblaciones enteras” y “con sacrificios insoportables”, la carta se extiende sobre el tema de la calidad y del ambiente ecológico que debe ser protegido de los riesgos de una economía irresponsable. Después se vuelve a la cuestión clave: “Volviendo ahora a la pregunta inicial, ¿se puede decir quizás que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él están dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad?…

La respuesta es ciertamente compleja.  Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva, aunque quizá sea mejor hablar de economía de empresa, economía de mercado o simplemente economía libre.
Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa”.
A tales efectos, “la Iglesia ofrece, como orientación indispensable e ideal, su doctrina social, la cual, como queda dicho, reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados al bien común”.

5. El Nuevo escenario político. La posmodernidad

Si en los siglos anteriores y casi hasta nuestros días, la lucha por la libertad y la igualdad se desarrollaba contra el poder absoluto del clero, contra reyes y déspotas, contra los totalitarismos y dictaduras de todo tipo, en medio de revoluciones, guerras, lucha de clases y guerrillas de liberación, a partir de mediados de la década del 80 y significativamente desde la del 90 de nuestro siglo el escenario político ha cambiado de forma substancial, obligando a todos los actores políticos a una redefinición de sus principios y estrategias, aunque a menudo se siga utilizando un viejo lenguaje simbólico cada día más carente de significado.

A)  Aunque existe abundante bibliografía sobre el tema, podemos resumir este nuevo escenario en los siguientes puntos:
1.    Fin de la guerra fría y del enfrentamiento de USA y URSS. Colapso de la URSS y supremacía de USA que impone la democratización general y la economía de mercado a sus aliados y al mundo entero.
2.    Implantación del Estado de derecho en la casi totalidad del mundo occidental. Por tanto, fin de gobiernos de facto, dictaduras o gobiernos revolucionarios, como también fin de la guerrilla en América Latina (salvo en Colombia).  Este Estado de derecho, significa al menos, que los gobiernos surgen conforme a una constitución aceptada por la sociedad, y que gobiernan conforme a ella y a la ley.
3.    Proceso de globalización económica y cultural dependiente de los Estados Unidos y principales países capitalistas, desde la arremetida liberal conservadora de Reagan y Thatcher.
4.    Internacionalización de la economía, dirigida desde los grandes centros del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial de Desarrollo.

5.    Pérdida de soberanía de los países menos desarrollados, cuyo control económico-político es ejercido desde dichos centros mundiales y desde otros “poderes ocultos”.
6.    Aumento de poder político y cultural de los grandes Medios de Comunicación Social, en manos de los partidos políticos y/o de los centros de poder económico. Control y manipulación de la opinión pública.
7.    Grupos de poder económico dentro de cada país, relacionados con la banca internacional y las compañías oligopólicas internacionales.
8.    Estado mínimo nacional (en la ayuda social y planificación de la economía) y, por tanto, fin del Estado de Bienestar, pero con una gran burocracia, constantes ajustes y regulación laboral. Pero en lo político, omnipresencia del poder ejecutivo y depreciación del parlamento como órgano representativo de la sociedad. Anulación de la acción sindical.
9.    Fractura en la relación entre el Estado y los grupos de poder (gobierno, partidos, grupos empresarios), por un lado, con la ciudadanía civil, por otro, que desarrolla sus tareas preferentemente en la actividad privada, en organizaciones no gubernamentales (ONG) y en los Nuevos Movimientos Sociales.

10. Apatía política de los ciudadanos y mínima participación en la gestión pública y en el control de sus hipotéticos representantes (gobierno, parlamento). Desencanto con la democracia.
11. Ausencia de grandes organizaciones sociales populares. Desactivación del pueblo como sujeto histórico. Fragmentación social.
12. Corrupción generalizada, especialmente en las mismas instituciones políticas, jurídicas y de control social. A lo que corresponde una falta de paradigmas éticos de carácter general, con disociación completa de la política y economía  de la ética.
13. Cultura ciudadana individualista y consumista. Cultura de la estética corporal y del placer.
14. Valoración de la ética autónoma y de la libertad de conciencia. Desvalorización de los criterios de autoridad y de la moral tradicional.
15. Profesionalización de la política y alta capacitación competitiva, con implementación de las nuevas tecnologías del conocimiento.
16. División de la humanidad entre los incluidos (un 20 % que posee el 80% de las riquezas) y los excluidos, el 80 por ciento restante de la gran mayoría que apenas controla el 20% de las riquezas mundiales. Por tanto, alarmante situación social, con altos índices de desocupación, pobreza y hambre.

B) Todo este significativo cambio se enmarca en el fenómeno más gobal llamado de la posmodernidad, concepto difícil de definir e impreciso por sí mismo, ya que alude a una etapa intermedia y transitoria entre la modernidad que muere y una nueva era que está por nacer. En forma concisa, la relación entre modernidad y posmodernidad la podemos ver en la siguiente síntesis:

a) La Era de la modernidad: comenzó con el Renacimiento (Ver sus características en el Módulo 4), y se desarrolló por influencia de los modernos pensadores franceses e ingleses de los siglos  XVII y XVIII (Descartes, Rousseau, Montesquieu, Hobbes, Locke, etc. Módulo 5, puntos 3 y 4)·       Su postulado principal es la primacía de la razón (no la fe religiosa) y de la ciencia que nace de ella. Por eso se habla de iluminismo de la razón y cientificismo. Por tanto, importancia del sujeto pensante y de sus métodos más que de la realidad objetiva en sí misma, que se vuelve relativa al modo de percibir y pensar.
·       El hombre moderno cree en un sentido positivo y unitario de la historia (fin de la historia, visión escatológica) hacia una nueva era, y así surge el mito del Progreso ilimitado de la humanidad y de una felicidad fruto de la ciencia y de la industrialización. En los siglos XIX y XX, los mitos del paraíso socialista y de la liberación de los pueblos. A estos mitos históricos hoy se los llama “Grandes Relatos”, siguiendo a Lyotard. Pero siempre esta historia única es vista desde el ángulo de Europa occidental (colonialista e imperialista).
·       Su otro postulado es la libertad individual , base de los derechos del ciudadano, entre otros y muy importante el de propiedad privada. Otros derechos: igualdad, fraternidad, y más adelante, a un trabajo digno, a la educación, etc. Derechos que finalmente serán recogidos y ampliados como Derechos Humanos. (Esta libertad dio origen en nuestros países coloniales a la Independencia o Emancipación, y en las décadas últimas a la Liberación del nuevo imperialismo norteamericano). ·       En cuanto Libertad negativa (típica de la democracia inglesa), se afirma la libertad “de” los poderes absolutistas, restringiendo lo más que se pueda el poder de los gobernantes y el rol del Estado; y en cuanto Libertad positiva (democracia a la francesa), es la libertad “ para”  actuar como personas dignas con los derechos ciudadanos y humanos ya conocidos, participando activamente en la gestión pública y en su control, eligiendo representantes, etc.
Recordar que esta democracia se desdobla después en una democracia social comunista que se extendió en los países europeos del Este, hoy fracasada, con base en el partido comunista. En Europa occidental es la social democracia con base en partidos socialistas. Después surge como nueva postura, la democracia cristiana.
·       La ciudadanía de la modernidad se constituyó diferenciada  de lo público, en un Estado secularizado (opuesto al Estado confesional típico de la Edad Media e inicios de la modernidad)  y con el desarrollo de formas universalistas de participación. (Votaciones, primero de los varones propietarios, después de todos los varones, y finalmente también de las mujeres; luego, partidos, sindicatos y grandes movimientos políticos). Se pone el acento, por tanto, en la cohesión social (solidaridad entre todos los componentes sociales) en orden a formar un Estado nacional fuerte (cohesión nacional).
·       La ciudadanía política fue creciendo mediante la adquisición de derechos:  primero, civiles (libertad,  justicia), luego políticos, (el parlamento, la representación) y por último, sociales (derecho de los trabajadores, de los ancianos, etc., típicos del Estado de Bienestar).

b) La Posmodernidad

Lentamente a partir del final de la segunda guerra mundial, y con gran fuerza desde la década del 80, se configura un nuevo esquema cultural, político y ciudadano que llamamos “posmodernidad”, cuyos enunciados filosóficos ya fueron expresados por Nietzsche y Heidegger (Módulo 6, 3.4), y ampliados posteriormente por Vattimo y Lyotard, entre otros. Mientras se consolida la democracia y la hegemonía neoliberal, se producen otros importantes cambios culturales que hoy son nuestra manera de ser y vivir, dentro de ese marco general que llamamos “globalización”.
En líneas generales, esta posmodernidad, según sus teóricos:

·       No tiene una visión unitaria y finalista de la historia, y se desarrolla sin grandes mitos ni proyectos de largo alcance (algo notorio en la falta de grandes planes de los gobiernos y partidos políticos). El hombre y el pueblo pierden el sentido de gestor (sujeto-actor) de la historia. En consecuencia, muerte de “los grandes relatos”, especialmente del mito de la revolución como factor permanente de cambio.

·       Carece de esquemas teóricos o paradigmas ideológicos universales y fuertes desde donde interpretar la vida humana, la política, la cultura, la moral, etc. Hay en cambio un gran pluralismo de ideas y concepciones de vida, dentro de una cierta homogeneización ideológica dada por la globalización cultural e informativa. En algunos casos, nihilismo teórico o práctico (Nietzsche y Heidegger) y en general, relativismo total y pragmatismo. Giovanni Vattimo habla de “pensamiento débil”. Por lo tanto, desonfianza de la razón y del sujeto pensante. Todo lo cual implica la muerte de la metafísica y del sentido de la vida como un valor.

·       Al carecerse de visión de futuro, se vive con intensidad el presente, lo instantáneo, como también lo exitista, lo lúdico (deportes, cuidado del cuerpo, el placer) y el consumo de novedades. Los grandes símbolos o “catedrales” de la posmodernidad son el estadio deportivo y los shoppings; para los jóvenes, también los video games, los festivales musicales y los centros nocturnos de diversión. El altar, la televisión. La publicidad y la propaganda mediáticas (no los comités ni la escuela) moldean la opinión pública. El ciudadano, un espectador que consume instantaneidades, imágenes superpuestas y productos artificiales.

·       Hay una visión globalizada del mundo, impulsada por los medios masivos de comunicación, verdaderos creadores y potenciadores de la cultura posmoderna, siendo al mismo tiempo los lanzadores de los políticos y de las estrategias políticas. El poder político se ha mediatizado y depende de los Medios (con la obvia casi desaparición de la militancia política) Por otra parte y como consecuencia, tiene menos importancia lo nacional y lo nacionalista, pero al mismo tiempo – como defensa ante la globalización- crece el valor de lo local y municipal, mientras se abren paso nuevas culturas o subculturas, agrupaciones sociales y tendencias de todo tipo que encuentran en los medios de comunicación su propio foro.

·       La ciudadanía se privatiza, pierde interés por la política y busca refugio en actividades privadas, en el consumo, en la capacitación personal y en nuevas organizaciones sociales con fines específicos, como feminismo, defensa del medio ambiente, defensa de grupos étnicos, conflictos sociales puntuales, etc. En general, se pierde el sentido clasista y de solidaridad social, y la clásica cohesión social da paso a la atomización y competitividad social.

·       Mientras que las grandes ciudades se transforman en el hábitat normal del hombre posmoderno, con su cuota de anonimato y movilidad permanente, los jóvenes crecen en un medio determinado por el ritmo, el movimiento constante y la sucesión de imágenes y experiencias aparentemente sin consistencia alguna. Es la sensación pura de vivir y sentir.

·       A estas características, debemos agregar el aumento de la competitividad, no solo entre empresas y países, sino entre los ciudadanos, tendiente al éxito en una  carrera sin fin. Una competitividad que, a falta de ideologías y paradigmas universales, se ha transformado en el nuevo paradigma de la cultura posmoderna. No se trata ya de la competitividad “sana”, o sea, la emulación normal para conseguir mejores resultados, sino de una competividad excluyente, que busca la liquidación del competidor, sobre todo en el campo económico, pero también en el político y cultural. Se impone así la cultura del individualismo total, como forma de “supervivencia” y como nueva modalidad de la “guerra” cuyos instrumentos son el dinero, el comercio, el mercado y la comunicación.

Es una competitividad que se expande a todos los campos, aumentándose así las posibilidades de dominación mundial. Competitividad que hoy es el primer objetivo de empresarios, comerciantes, banqueros, responsables políticos y dueños de los medios de comunicación. Se supone la verdad de la ley según la cual la economía de mercado competitivo es el único remedio efectivo para los problemas de la sociedad, aún los sociales, y la única estrategia para todas las actividades humanas. Una competitividad que ya no es simple medio para motorizarse tras metas superiores, sino un fin en sí mismo. No se trata sólo de progresar, sino de ganar y liquidar al adversario, para lo cual se establecen estrategias (especialmente las manipulatorias) que generalmente traspasan el límite de lo ético.

Una competitividad feroz que tiene como profetas y maestros a miles de economistas y expertos de USA, Europa Occidental, Japón, Taiwán. Singapur y Corea del Sur, pero que obliga al resto de los países a entrar en esa variable para no quedar excluídos. Pero, al fin, una competitividad que se levanta sobre millones de excluídos, desocupados y habitantes incapaces de llegar al límite mínimo de una vida de calidad o de necesidades básicas satisfechas; que se edifica sobre una antropología reduccionista del hombre económico-competitivo, pero que olvida o niega otros aspectos fundamentales de la historia y del ser humano, y que salta sobre la variable de la cooperación y de la solidaridad.

En consecuencia, no se trata de oponerse simplistamente a la competividad como tal, sino de reconocer sus límites en orden a la integración de los mayoritarios grupos humanos excluidos, a la defensa del sistema ecológico (que la pura competitividad destruye) y a colocar los grandes centros de concentración de capitales al servicio de toda la humanidad para ser regidos por un criterio auténticamente “político”, o sea, con función social. Es, al fin y al cabo, poner a salvo la democracia que será una pura ficción si los excluidos y hambrientos miran como un espectáculo desenfrenado el opíparo banquete de unos pocos. Si los excluidos y débiles -un 80% de la humanidad- no son tenidos en cuenta, entonces la democracia ha muerto definitivamente.

·       Finalmente, ligado a la competitividad, pero en un marco superador, debemos al menos recordar el concepto de calidad total  y la nueva dimensión de las organizaciones económicas (pero extensivas a otros ámbitos) caractrerizadas por el alto rendimiento. Se trata del surgimiento de las llamadas organizaciones “inteligentes” (todos los miembros comprenden de qué se trata en una dimensión más horizontal y menos verticalista) tendientes a la conformación de redes organizacionales.

Son las nuevas organizaciones que buscan superar la expectativa del cliente externo a quien se ofrece un producto o servicio, dando al mismo tiempo satisfacción plena a los miembros de la organización (cliente interno). En definitiva, se trata de compaginar la eficacia y la eficiencia con la calidad en las relaciones humanas y con otros valores de cualquier grupo humano u organización (participación, capacitación, trabajo en equipo, etc.) Este nuevo concepto de calidad total (no sólo de calidad del producto para obtener mayores beneficios empresariales como en general sucede) puede significar un vuelco significativo y superador del concepto reduccionista de competitividad como valor absoluto. La calidad total sería un nuevo paradigma.
Al ser “total” tiene en cuenta las necesidades totales, tanto de la organización en sí como del sector de la sociedad al cual se dirige.

Sintetizando: la posmodernidad, aunque aparentemente no tiene paradigmas ni ideologías universales, en realidad se rige por lo que algunos autores llaman el pensamiento único (o sea, ideología única y hegemónica) caracterizado por dos elementos esenciales: la comunicación (que sustituye el paradigma del progreso y de la cohesión social) y el mercado competitivo que no dejan actividad alguna fuera de su ámbito (baste pensar en los Juegos Olímpicos o el fútbol, tan pendientes de la comunicación global y de su comercialización, más importantes que el deporte por sí mismo).

Por lo tanto: comunicación y mercado son los grandes poderes de la historia posmoderna (apoyados en el desarrollo tecnológico), dejando postergado al poder político (especialmente el nacional) que depende casi totalmente de los dictámenes del poder económico y de las estrategias del poder comunicacional (que ha dejado de ser el cuarto poder de la modernidad para ser el segundo). Dos poderes que ocupan el rol de las nuevas divinidades de la posmodernidad con las características propias de Dios: permanentes (funcionan en todo momento), planetarios (en todas partes), inmediatos (con presencia instantánea) e inmateriales (presentes en redes electrónicas y entes anónimos).
Y como el pueblo ciudadano ya no tiene poder sobre el mercado ni sobre la comunicación (sólo vota para elegir funcionarios políticos), es más que evidente que la democracia resultante de este sistema es apenas una sombra y más una sensación real de impotencia que no de poder del pueblo (“demos” “cratos”).
Y como los Estados Unidos tienen la hegemonía del poder económico y del comunicacional (también del tecnológico y del militar) es obvia su total hegemonía sobre todo el mundo, tanto a nivel económico, como político y cultural.La pregunta pendiente que nos queda es si esta posmodernidad es la simple disolución natural de una modernidad hace tiempo herida de muerte (Módulo 6, 1.5), o es una nueva etapa cultural de la humanidad o más bien una transición hacia una nueva era futura, cuyos alcances aún no vislumbramos (ver el punto final de este capítulo, “A dónde vamos”).

A modo de reflexión , concluyamos con algunas ideas sobre el sentido de la posmodernidad según el filósofo Giovanni Vattimo:

“La condición para concebir la historia como realización progresiva de la humanidad auténtica estriba en que pueda ser vista como un proceso unitario. Sólo si existe la historia se puede hablar de progreso. Pues bien, en la posmodernidad … deja de ser posible hablar de la historia como de algo unitario. En efecto, tal visión de la historia implicaba un centro alrededor del cual se reunieran y ordenaran los acontecimientos. Nosotros pensamos la historia ordenándola en torno al año cero del nacimiento de Cristo, y más concretamente, como el concatenarse de las vicisitudes protagonizadas por los pueblos de la zona”central”: el Occidente, que representa el lugar de la civilización, fuera del cual quedan los “primitivos”, los pueblos “en vias de desarrollo” (Recordar el tema del mito de Occidente, módulo 3, 5)

En cambio ahora, sigue diciendo el filósofo italiano, “no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un solo punto de vista supremo, comprensivo,  capaz de unificar todos los puntos restantes… La crisis de la idea de historia entraña la de la idea de progreso: si no hay un curso unitario de las vicisitudes humanas no podría sostenerse tampoco que éstas avancen hacia un fin, que efectúen un plan racional de mejoras, educación y emancipación.

Por otra parte, el fin que según la modernidad regía el curso de los acontecimientos, era representado también él a partir del punto de vista de un determinado ideal de hombre… la figura del hombre europeo moderno… Pero el ideal europeo de humanidad se ha ido desvelando como un ideal más entre otros, que no puede, sin violencia, pretender erigirse en la verdadera esencia del hombre, de todo hombre.Junto con el fin del colonialismo y del imperialismo, otro factor ha resultado determinante para la disolución de la idea de historia y para el fin de la modernidad: se trata del advenimiento de la sociedad de la comunicación. Así se desemboca en el segundo punto, el que se refiere a la sociedad transparente… Lo que intento sostener es que
a) en el nacimiento de una sociedad posmoderna los mass media desempeñan un papel determinante, y
b) que éstos caracterizan tal sociedad no como una sociedad más transparente, más consciente de sí misma, más “iluminada”, sino como una sociedad más compleja, incluso caótica; y finalmente
c) que precisamente en este caos relativo residen nuestras esperanzas de emancipación…

Estos medios -periódicos, radio. televisión, y en general todo lo denominado telemática- han sido determinantes para que se diera la disolución de los puntos de vista centrales, de aquellos que Jean F. Lyotard llama los grandes relatos… Estos medios se han convertido en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de visiones de conjunto o weltanschaungen”Después de comentar que los grupos minoritarios también acceden a los medios y se valen de ellos para decir su palabra, continúa:
“Esta multiplicación vertiginosa, este tomar la palabra por parte de un creciente número de subculturas, constituye el efecto más evidente de los mass media, siendo a la vez, el hecho que determina… el tránsito de nuestra sociedad a la posmodernidad… Si hoy nos hacemos una idea de la realidad, ésta ya no puede ser entendida como el dato objetivo que está por debajo, o más allá de las imágenes que los mass media nos proporcionan ¿Cómo y dónde podríamos acceder a una tal realidad “en sí”? Realidad, para nosotros, es más bien el resultado del entrecruzarse, del contaminarse de las múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí, o que, de cualquier manera, sin coordinación “central” alguna, distribuyen los mass media…

De modo que si, por el multiplicarse de las imágenes del mundo, perdemos, como suele decirse, el sentido de la realidad, quizás no sea, después de todo, una gran pérdida. Por una especie de perversa lógica interna, el mundo de los objetos medidos y manipulados por la ciencia técnica (el mundo de lo real según la metafísica) se ha convertido en el mundo de las mercancías, de las imágenes, en el mundo fantasmagórico de los mass media. ¿Deberíamos contraponer a ese mundo la nostalgia de una realidad sólida, unitaria, estable y “con autoridad?”…“En la sociedad de la comunicación generalizada y de la pluralidad de las culturas, el encuentro con otros mundos y formas de vida es quizás menos imaginario de lo que Dilthey supusiera: las “otras” posibilidades de existencia están a la vista, vienen representadas por múltiples “dialectos”, o incluso por universos culturales que la antropología y etnología nos hacen accesibles.

Vivir en este mundo múltiple significa experimentar la libertad como oscilación continua entre la pertenencia y el extrañamiento… y a nosotros todavía nos fatiga concebir esta oscilación como libertad: la nostalgia de los horizontes cerrados, intimidantes y sosegantes a la vez, sigue aún afincada en nosotros, como individuos y como sociedad. Filósofos nihilista como Nietzsche y Heidegger, pero también otros pragmáticos como Dewey, al mostrarnos que el ser no coincide necesariamente con lo que es sensible, fijo y permanente, sino que tiene que ver más bien con el evento, el consenso, el diálogo y la interpretación, se esfuerzan por hacernos capaces de recibir esta experiencia de oscilación del mundo posmoderno como chance de un nuevo modo de ser (quizás, al fin) humano” (Posmoderno, la sociedad transparente, Barcelona 1990).

5.2  La democracia liberal economicista

Este nuevo escenario condiciona un estilo de democracia para grandes y complejas sociedades de masas (“poliarquías”) que casi nada tienen que ver con el ideario del “mito democrático” de Rousseau, con las grandes revoluciones populares (grandes relatos) y ni siquiera con la letra de las Constituciones, como es el caso argentino.En líneas generales, se trata de una democracia más bien nominal y legal, con mínima participación y control del pueblo, en manos de partidos y élites que pujan por el poder para el beneficio propio, en primer lugar, y de la ciudadanía después. Su ley y estrategia básica: la pura competitividad.Y una ciudadanía reducida también al mínimo con sus ya clásicos derechos y deberes: votar en forma regular, delegar el poder “sin mandato”, pagar los impuestos y consumir.

Esta democracia no hace más que adaptar la filosofía democrática liberal que ya conocemos a los grandes y complejos Estados modernos, con aportes teóricos de numerosos autores, entre otros Schumpeter (fue de los primeros), Friedman, Dahl y Downs.Quien mejor explica este nuevo modelo democrático es Anthony Downs en “Teoría económica de la acción política en una democracia”, de 1957. (Presentamos su fiel síntesis, según la versión castellana en “Diez textos básicos de Ciencia Política”, de  Almond y otros. Ariel, Barcelona)

Pero antes, no está demás repasar los principios de la economía neo-liberal, simple reedición de los postulados ingleses de los siglos XVII y XVIII (especialmente Locke y Smith), tal como los presenta Milton Friedman en Capitalismo y Libertad  (Cap. 1, “La relación entre libertad económica y libertad política”. Los subrrayados nos nuestros, las cursivas del autor)

“Las organizaciones económicas tienen una doble función en la promoción de una sociedad libre. Por una parte, la libertad en las organizaciones económicas es en sí una parte de la libertad en términos generales; así que la libertad económica es un fin en sí misma”.
Este axioma de ninguna manera queda demostrado. Por otra parte, esta total libertad económica significa la total competitividad.

“En segundo lugar, es también un medio indispensable para la consecución de la libertad política…. La evidencia histórica muestra decididamente una relación entre la libertad política y el mercado libre. No sé de ningún ejemplo de una sociedad que en algún momento haya mantenido la libertad política y que no haya usado también para organizar el grueso de la actividad económica, algo comparable a un mercado libre…Está claro que la libertad política llegó con el mercado libre y el desarrollo de las instituciones capitalistas. Lo mismo ocurrió con la libertad política en la edad de oro de Grecia y en los primeros días de la era romana…”
Se trata de apreciaciones apresuradas que de ninguna manera están acordes con los datos de la historia. Parece, por otra parte, muy sugestivo, comparar el mercado libre con el sistema esclavista de Grecia y Roma…

“La historia sugiere solamente que el capitalismo es una condición necesaria para la libertad política. Pero no es una condición suficiente… (El autor trae ejemplos de países totalitarios con sistema capitalista) Por tanto, está claro que no se pueden tener organizaciones económicas fundamentalmente capitalistas, y organizaciones políticas que no sean libres, en una misma sociedad… “Hay una evidente confusión entre propiedad privada y capitalismo. Al mismo tiempo se desconocen otros sistemas de economía, como en pueblos indígenas o de economía de bienestar, que se compadecen al mismo tiempo con la libertad. “Como liberales, consideramos la libertad del individuo o de la familia, al juzgar las organizaciones sociales, como fin último.”

Otra apreciación que de ninguna manera se demuestra. La libertad es parte de un conjunto de bienes y valores que constituyen el verdadero fin último de toda sociedad. La libertad no es un fin sino un medio para la consecución del desarrollo pleno del individuo y de la sociedad. Si no es una libertad dispuesta a compartir solidariamente con otras libertades, entonces termina en un individualismo competitivo que niega los mejores valores humanos. Nadie es libre para ser libre sino para cumplir un proyecto.

“La libertad, como valor en este sentido, se refiere a las relaciones entre la gente… En realidad, uno de los objetivos principales del liberal es dejar los problemas éticos al individuo para que él se las entienda con ellos. Los problemas éticos realmente importantes son los que se le presentan al individuo en una sociedad libre, o sea, qué debe hacer con su libertad. Así es que hay dos grupos de valores a los que el liberal da importancia: los valores que se refieren a las relaciones entre la gente, y los valores que se refieren al individuo en el ejercicio de su libertad, que es el dominio de la ética y filosofía individuales. El liberal considera al hombre como ser imperfecto. Y considera el problema de la organización social tanto un problema negativo de impedir que la gente “mala” haga el mal como de permitir que la gente “buena” haga el bien. Y claro, la gente buena y mala puede ser la misma gente segùn quien sea el que juzgue.”

Se habla de valores en la relación entre las personas: ¿cuáles son esos valores y quién los determina como tales? Por otra parte, hay un concepto excesivamente negativo de la ética y de la libertad (impedir que los malos hagan el mal).

“El problema básico de la organización social es cómo coordinar las actividades económicas de gran número de gentes (según el autor, tanto en las sociedades relativamente atrasadas como en las modernas)… La tarea del creyente en la libertad es saber reconciliar esta amplia interdependencia con la libertad individual…Esencialmente, sólo hay dos maneras de coordinar las actividades de millones de personas. Una es la dirección central, que implica el uso de la fuerza (la técnica del ejército y estado totalitario). La otra es la cooperación voluntaria de los individuos (la técnica del mercado)”.
Se vuelve a confundir sin más cooperación voluntaria con técnica de mercado. Por otra parte, en la historia hubo muchas otras formas de coordinar actividades de millones de personas, y seguramente surgirán otras. Hay un enfoque simplista de la historia y de la sociedad, y reconocida mala intención al declarar totalitaria cualquier otra teoría político-económica que no sea liberal (ya lo hizo Hayeck en 1946).

“La posibilidad de coordinación mediante cooperación voluntaria se basa en la proposición elemental -que ha sido negada muchas veces- de que en una transacción económica ambas partes se benefician, con tal de que la transacción sea voluntaria e informada bilateralmente. Por tanto, el intercambio puede producir coordinación sin usar la fuerza. El modelo que funciona en una sociedad organizada sobre la base del intercambio voluntario, es una economía de intercambio con libre empresa privada -lo que llamamos capitalismo competitivo-…”
El autor confunde el plano ideal (todos son libres en igualdad de condiciones) con el plano real. En la realidad, una gran mayoría de intercambios de mercado no respetan la libertad de la gente, ni se les pide opinión o simplemente se mal informa o manipula de manera intencional. Para el autor, sólo el uso de la fuerza viola la ley de la libertad. Pero, ¿no existen otras formas de violencia sobre la gente y sus derechos? Basta pensar en los contratos de hambre, tan de moda hoy en día, o en la falta de libertad de quien se ve obligado a comprar el peor producto alimenticio por falta de medios, o no poder comprar ninguno. Y esta realidad llega a la inmensa mayoría de la raza humana.

“En la compleja economía de empresas y cambio monetario, la cooperación es exclusivamente individual y voluntaria con tal que a) las empresas sean privadas, para que las partes contratantes últimas sean individuos, y b) que los individuos sean efectivamente libres de participar o no participar en cada intercambio concreto para que cada transacción sea completamente voluntaria…”
Ver las críticas anteriores.

“El requisito básico es el mantenimiento de la ley y del orden, para impedir que un individuo use la fuerza física sobre otro, y para hacer cumplir las obligaciones contraídas voluntariamente, dando sentido de esta manera a la palabra “privado”.
El problema que no se explica es cómo se llega a esa ley y a ese orden. ¿Se llega por el consentimiento y debate libre de todos los implicados o es impuesto por una pequeña minoría que tiene el poder político y/o económico?

“Aparte de esto, los problemas más difíciles son los que surgen con el monopolio -que coarta la libertad efectiva, al negar al individuo toda alternativa a un intercambio concreto- y, con los “efectos de vecindad” con efectos sobre terceras partes…”
El autor niega un sinnúmero de problemas sociales que para la mayoría de la gente son más importantes que los monopolios o los puros problemas legales de vecindad (cuando la acción de alguien puede perjudicar a un tercero). Por otra parte, es más que evidente que el neoliberalismo ha llevado al mundo hoy a una impresionante concentración oligopólica.

“Mientras se mantenga la libertad efectiva de intercambio, la característica central de la actividad económica con la organización de mercado, es que impide que las personas interfieran unas con otras (ejemplos del autor: el consumidor está protegido por la variada demanda, y los vendedores por un variado consumidor, etc.) También el empleado está protegido contra la fuerza del patrón, porque puede trabajar para otros patrones.”
La realidad desmiente estas afirmaciones. La creciente desocupación le resta a los empleados y obreros toda posibilidad de negociación cuando el hambre los apremia.

“Y el mercado hace esta labor sin necesidad de tener una autoridad centralizada. En realidad, la causa principal de las objeciones a la economía libre es precisamente el hecho de que realiza tan bien sus funciones. Da a la gente lo que realmente la gente quiere, y no lo que un grupo determinado piensa que debiera querer. En el fondo de todas las objeciones contra el mercado libre hay una falta de fe en la libertad misma”.
El cinismo de estas afirmaciones, evita cualquier tipo de comentarios.

“Claro que la existencia de un mercado libre no elimina la necesidad de tener un gobierno. Al contrario, el gobierno es necesario tanto en su función de foro para determinar “las reglas de juego”, como en su función de árbitro para interpretar y hacer cumplir las reglas establecidas. Lo que hace el mercado es reducir muchísimo el número de cuestiones que hay de decidir, y por tanto, minimizar la medida en que el gobierno necesita participar directamente en el juego…La libertad política significa que ningún hombre ejerce la fuerza sobre el resto de los otros hombres. La principal amenaza contra la libertad es el poder de usar la fuerza, sea por parte de un monarca, dictador, oligarquía o una mayoría momentánea. La defensa de la libertad requiere la eliminación, en la medida de lo posible, de esas concentraciones de poder, y la dispersión y distribución de poder que sea imposible eliminar (un sistema de contención y equilibrio). Al hacer que la autoridad política pierda el control de la actividad económica, el mercado elimina esa fuente de poder coercitivo. Hace que la fuerza económica actúe de contención del poder político, y no de refuerzo… Si el poder político se une con el económico, la concentración de poder parece casi inevitable. Pero si mantenemos el poder económico en otras manos, separadas del poder político, puede servir para contener y contrarrestar el poder político…”

Ya apuntamos el concepto puramente negativo de libertad. Por otra parte, la realidad muestra todo lo contrario a lo afirmado por el autor: nunca como hoy ha habido tanta concentración de poder en unos pocos, poder económico que no solo restringe la soberanía de los Estados ( y de sus respectivos poderes políticos) sino que se ha tornado absolutamente ingobernable, oprimiendo despiadadamente a millones de seres humanos.

“En la sociedad capitalista, lo único que hace falta es convencer a unas cuantas personas adineradas para que den fondos para lanzar una idea, por extraña que sea, siempre hay personas así… De lo único que hay que convencerles es que la propagación de esas ideas puede financiarse con éxito, o de que tal periódico o revista o cualquier otro proyecto va a dejar un beneficio…”
Un nuevo caso de cinismo: son las personas adineradas las que pueden digitar la opinión pública, sin importar la bondad de las ideas, proyectos o los valores subyacentes. Basta el beneficio económico. ¿Y cómo harán las personas no adineradas para propagar sus ideas en un sistema democrático?Respecto a la función del Estado, a la que ya se ha referido, el autor concluye:

“Para un liberal, los medios apropiados son la libre discusión y la cooperación voluntaria, lo cual implica que toda forma de coerción es inapropiada. Lo ideal es que entre los individuos responsables haya unanimidad, conseguida a base de discusión libre y competitiva…Igual que en un partido deportivo los participantes aceptan tanto las reglas de juego como los árbitros que las imponen, de la misma forma en una buena sociedad hace falta que sus miembros estén de acuerdo en las condiciones generales que van a regir las relaciones entre ellos, en los medios que van a juzgar las diferentes inerpretaciones de esas condiciones, y en algún instrumento para imponer el cumplimiento de las reglas generales aceptadas… Así es que las funciones básicas del Estado en sociedad libre son: ofrecer un medio por el que se puedan modificar las reglas, mediar en las diferencias que surjan en cuanto al significado de las reglas e imponer el cumplimiento de las reglas sobre aquellos que decidieran romperlas…En resumen: la organización de la actividad económica mediante el intercambio voluntario, presupone que, a través del Estado, el mantenimiento de la ley y el orden para impedir el uso de la fuerza de un individuo sobre otro, para hacer cumplir los contratos contraídos voluntariamente, para definir el significado de los derechos de propiedad, interpretar y hacer cumplir esos derechos, y mantener la estructura monetaria…Un Estado que mantiene el orden y la ley, que definiera los derechos de propiedad, sirviera como medio por el que se pudieran modificar los derechos de propiedad y otras reglas de la vida económica, hiciera cumplir los contratos, fomentara la competencia, proveyera un sistema monetario, se ocupara en actividades para contrarrestar los monopolios técnicos y los efectos de vecindad que se consideran generalmente como de importancia suficiente para justificar la intervención estatal y que suplementara la caridad privada y la familia en la protección de los irresponsables (niños y locos), semejante gobierno estaría realizando funciones importantes”.

Para el autor, un creyente liberal, la sociedad se divide entre los ricos propietarios y los locos y niños. Los pobres no existen, aunque constituyen el 80% de la población mundial (en varias de nuestras provincias, más de la mitad de la población; y en Latinoamérica, según datos del PNUD de 1990, un 61,8%), , y para ellos el Estado y el mercado no tienen respuesta alguna.
Como ha podido comprobar el lector, tampoco existe el concepto de justicia o equidad, o desarrollo humano integral, ni se habla de igualdad de oportunidades o de una equilibrada repartición de bienes y servicios. Se parte de la antropología restrictiva del “hombre económico” que, como tal, no existe en ninguna sociedad mínimamente humana, un hombre sin lazos afectivos, sin solidaridad y sin valores sociales.

El mundo actual es testigo de las consecuencias de esta postura, una ideología creada por unos pocos y para beneficio de muy pocos, como los siglos XVIII y XIX fueron testigos de sus contradicciones y la tremenda crisis humana y social que provocó. Todo lo cual no significa tampoco negar simplista y maniqueamente el valor del mercado, de la propiedad privada y de la sana competitividad. Pero una cosa es no negar su valor, y otra es poner al mercado libre como la panacea de todos los problemas humanos.

Recordados estos presupuestos de economía liberal, veamos ahora el sentido de la democracia neoliberal economicista, según uno de sus principales popes, Downs. I)
“A pesar de la enorme importancia de las decisiones gubernamentales en cada fase de la vida económica, los economistas teóricos nunca han conseguido integrar adecuadamente el gobierno con los agentes económicos privados en una teoría única del equilibrio general. En cambio, han tratado la acción gubernamental como una variable exógena, determinada por consideraciones políticas que son ajenas al campo de la economía. Este punto de vista es, en realidad, una secuela del supuesto clásico de que el sector privado es un mecanismo autorregulado, y que cualquier acción gubernamental que avance más allá del mantenimiento de la ley y el orden es una “interferencia” sobre aquél más que una parte intrínseca del mismo”

Esta regla tiene excepciones, como en el campo del gasto público, por ejemplo, en las que los economistas plantean principios para guiar la acción gubernamental. O en los economistas del Estado de Bienestar que propician guiar la acción del gobierno hacia la maximización de la satisfacción total de la sociedad.Estos economistas suponen que la función propia del gobierno es maximizar el bienestar social. Pero en estos casos, no está claro en qué consiste el bienestar social y cómo se lo podría maximizar.
Pero aún suponiendo que hubiera acuerdo en esos puntos, “¿cuál es la razón para creer que los hombres que dirigen el gobierno tendrían motivaciones suficientes para intentar maximizarlo? Afirmar que deberían hacerlo, no significa que lo harán”.

O sea, los políticos realizan sus funciones y tareas, no por el bienestar de la sociedad, sino por sus intereses particulares, sea en dinero, prestigio o poder.Por lo tanto, necesitamos una teoría que explique cómo los gobernantes actúan de acuerdo a sus propios motivos egoístas.Y este es el estudio que abordamos: un modelo de toma de decisiones gubernamentales basado en este enfoque. II)  “Para construir este modelo utilizaré las siguientes definiciones¨
1. En la división de trabajo, el Gobierno es el agente que tiene el poder de coerción sobre todos los otros agentes de la sociedad; es el punto en que se concentra el poder “último” en un área determinada.
Una Democracia es un sistema político que tiene las siguientes características:
a)    Dos o más partidos compiten por el control del aparato gubernamental en elecciones periódicas.
b)     El partido o coalición que obtiene la mayoría de los votos , gana el control del aparato gubernamental hasta la siguiente elección.
c)     Los partidos perdedores nunca intentan impedir que los ganadores tomen el poder, ni los ganadores utilizan el poder adquirido para impedir que los perdedores compitan en la elección siguiente.
d)     Son ciudadanos todos los adultos sanos y cumplidores de la ley que son gobernados, y cada ciudadano tiene un voto, y sólo uno, en cada elección.

Aunque estas definiciones son algo ambiguas, bastarán para nuestros propósitos actuales.Estableceré, a continuación, los siguientes axiomas:
1)    Cada partido político es un equipo de hombres que sólo desean sus cargos para gozar de la renta, prestigio y el poder que supone la dirección del aparato gubernamental.
2)    El partido o coalición ganador tiene el control total de la acción gubernamental hasta la elección siguiente. No existen votos de confianza entre elecciones, ni por parte de la legislatura ni por parte del electorado, por lo que el partido gobernante no puede ser sustituido antes de la elección siguiente. Tampoco es desobedecida ninguna de sus órdenes, ni es saboteada por una burocracia intransigente.
3)    El poder económico de los gobiernos es ilimitado. Pueden racionalizar cualquier cosa, pasar cualquier cosa a manos privadas, o adoptar cualquier medida intermedia entre estos dos extremos.
4)    El único límite al poder gubernamental es que el partido que lo ejerce no puede restringir de ningún modo la libertad política de los partidos de la oposición o de cada uno de los ciudadanos, a menos que busque ser derrocado por la fuerza.
5)    En el modelo, cada agente (sea individuo, partido o coalición) se comporta racionalmente en todo momento. Es decir, persigue sus fines con el mínimo empleo de recursos escasos y sólo emprende acciones en las que el ingreso marginal excede al coste marginal (o sea, aquí “racional” equivale a eficiente).

A partir de estas definiciones y axiomas puede obtenerse una hipótesis central:en una democracia los partidos políticos formulan su política estrictamente como medio para obtener votos.Son los llamados partidos catch all (“agarra todo”) o de todo el mundo, cuyo único objetivo es acaparar la mayor cantidad de votos, prescindiendo de ideologías, valores y propuestas.No pretenden sus cargos para realizar determinadas políticas preconcebidas o para servir a los intereses de cualquier grupo particular, sino que ejecutan políticas y sirven a grupos de intereses para conservar sus puestos.
Por lo tanto, su función social, que consiste en elaborar y realizar políticas mientras se encuentren en el poder, es un subproducto de sus motivaciones privadas (que buscan obtener la renta, el poder y el prestigio que supone gobernar).

En una democracia, esta hipótesis supone que el gobierno siempre actúa para maximizar su caudal de votos; es un empresario que vende política a cambio de votos, en lugar de productos a cambio de dinero.Además, debe competir con otros partidos para obtener esos votos, igual que dos o más oligopolios que compiten para vender en un mercado.Que el gobierno maximice o no el bienestar social depende de cómo la competencia influye sobre su comportamiento. No podemos suponer a priori que este comportamiento es socialmente óptimo, ni que una empresa determinada producirá bienes socialmente óptimos. Ahora examinaré la naturaleza de las decisiones del gobierno en dos contextos:1)     en un mundo en que existe el conocimiento perfecto y la información no es costosa, y2)     en un mundo de conocimiento imperfecto e información escasa.

”Nos abocamos al primer aspecto. III) En un mundo con información perfecta, las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos puede resumirse en las siguientes proposiciones:
1.    Las acciones de gobierno son una función de la forma en que espera que voten los ciudadanos y de las estrategias de sus opiniones.
2.    El gobierno confía en que los ciudadanos voten de acuerdo con: a) las variaciones que la actividad gubernamental provoque en su utilidad o renta, y b) las estrategias de los partidos de oposición.
3.    Los ciudadanos votan de acuerdo con: a) las variaciones que cause la actividad gubernamental en su utilidad o renta, y b) las alternativas ofrecidas por la oposición.
4.    La utilidad o renta que los votantes reciben de la actividad gubernamental depende de las acciones tomadas por el gobierno durante su mandato.
5.    Las estrategias de los partidos de la oposición dependen de su punto de vista sobre la utilidad o renta que los votantes obtienen de la actividad gubernamental y de las acciones realizadas por el partido en el poder.

Estas proposiciones forman un conjunto de cinco ecuaciones con cinco incógnitas: los votos esperados, los votos reales, las estrategias de la oposición, la acción gubernamental, y las utilidades o rentas individuales que produce.En consecuencia: la estructura política de la democracia puede ser considerada como si fuera un conjunto de ecuaciones simultáneas similar a las utilizadas para analizar la estructura económica.
Puesto que los ciudadanos de nuestro modelo de democracia son racionales, cada uno de ellos considera las elecciones estrictamente como medio para seleccionar el gobierno que más los beneficia.Cada ciudadano estima la utilidad o renta que obtendría de las acciones que espera de cada partido si estuviera en el poder en el siguiente período electivo, es decir, primero evalúa la utilidad-renta que le proporcionaría el partido A, después el B y así sucesivamente.Tal, en resumidas cuentas, el ideario de la democracia neoliberal.

5.3  Voces críticas y debate abierto

Este “modelo” de democracia neoliberal o democracia “mínima” como la llama Bobbio, con torneos electorales y escasísima participación del pueblo “soberano”, ha despertado una infinidad de críticas sintetizadas por el mismo Bobbio en las “promesas incumplidas de la democracia”,
1.    Ante todo, la soberanía del pueblo, arrasada hoy por la burocracia pública, por las elites de los partidos de masas ( partidos de todos el mundo o catch all), por los grupos económicos de poder y por la manipulación de la opinión pública.
2.    Los individuos ya no son agentes-actores principales de la vida política, sino los grupos, partidos, sindicatos, profesiones y especialmente las grandes organizaciones privadas y públicas. La autonomía hoy está en esos grupos de poder, no en los ciudadanos. Las condiciones modernas son cada vez menos favorables al desarrollo democrático.
3.    Falta de competencia del individuo frente a problemas cada vez más complejos y ante la necesidad de soluciones técnicas sólo accesibles a especialistas. Estos son los nuevos actores políticos, asesores de las grandes organizaciones y élites del poder. Por lo tanto, el ciudadano común, el militante de base, el sujeto interesado en la política, es desplazado sin más. Y ¿cómo puede ser democrática una sociedad modelada por la tecnología y la especialización?
4.    La participación ciudadana, el clásico motor de la democracia, es hoy sustituido por el conformismo de las masas y la apatía política de los votantes. Los medios de comunicación y la propaganda masiva, lejos de alentar la participación, la marginan más al transformar la política en un gran espectáculo para ser visto desde afuera del televisor, y al utilizar sofisticadas técnicas de manipulación de la opinión pública.
5.    Nunca fue más violado que hoy el principio de la representatividad popular cuando surgen grupos privados que imponen sus intereses por sobre los intereses del pueblo. Se trata de un nuevo corporativismo, esta vez de élites y grupos de poder. La oligarquía está más triunfante que nunca. Los electos (gobernantes y parlamentarios) no se sienten representantes ni necesitados de rendir cuentas, sino la clase dirigente por sobre la masa del pueblo.
6.    La igualad, otra bandera de la democracia, se hace trizas ante “los grandes bloques de poder descendente y jerárquico”, ante la burocracia y la gran empresa que maneja en forma antidemocrática la vida privada de los ciudadanos, como también la familia, la educación y la salud.
7.    Y la más grave promesa no cumplida es el fracaso en eliminar “el poder invisible”, para hacerlo visible y patente ante la opinión pública. Nada puede ser “secreto” ante el soberano que es el pueblo… Sin embargo, nunca como hoy existe un “doble Estado” o “Estado invisible” que coexiste con el Estado formal. Este super-poder o zona invisible se extiende tanto al gobierno público de la economía como al sistema de comunicación de masas. En ambos sectores los partidos políticos operan encubiertamente y aún ilegalmente, con el objeto de financiar sus campañas e incrementar su poder.
Con el gran poder de manipular la información pública, las instituciones democráticas se parecen a una cárcel de cristal que permite ver desde un lado, donde están los carceleros-el poder, y no ver nada desde el otro, donde están los ciudadanos privados de toda perspectiva de lo que está realmente pasando.

Es decir, la falla fundamental de esta nueva democracia es la falta de representatividad del pueblo, que elige el gobierno (que incluye a los parlamentarios) pero no decide ni tiene poder para darle mandatos, exigir planes y proyectos o controlarlo durante su ejercicio. Al respecto comenta Danilo Zolo en una dura crítica al actual sistema mínimo democrático:
“En el funcionamiento efectivo de los sistemas que llamamos democráticos, no hay prácticamente nada que parezca corresponder a los que los teóricos políticos -y, en general, el lenguaje de los políticos, periodistas y medios- dan a entender con términos como “soberanía popular, participación, representación, opinión pública, consenso, igualdad”.

“Este último, en particular -la idea de igualdad entendida en un sentido que no sea el puramente formal- no parece tener un vínculo significativo con las instituciones políticas modernas, se llamen liberal-democráticas, social-democráticas o socialistas. Esta es una de las “promesas rotas” de la democracia, que ningún sistema político moderno parece estar en condiciones de cumplir”Por tanto, hoy estamos viviendo un rápido proceso de transformación de la democracia, de modo que “grandes sectores del vocabulario de la teoría política parecen haber sido vaciados  de contenido. Términos como soberanía del pueblo, bien común, consenso, control, participación, pluralismo, competencia entre partidos, opinión pública han sido desvinculados, desde hace tiempo, de los valores que implicaban originalmente”  (Democracia y complejidad, un enfoque realista, 1994; 1992 en inglés).

En definitiva, al acercarnos al final del segundo milenio, el gran debate político consiste, no en preguntarnos sobre cuál es el mejor sistema de gobierno (pregunta de los griegos) o cómo conquistar la democracia (cuestión de la revolución ante la tiranía), sino qué significa la democracia ahora que vivimos en democracia.Lo que está en crisis es la democracia como tal, una palabra o concepto tan diluido que parece haber perdido su sentido más fundante: la soberanía del pueblo.Y si hoy se puede hablar de una “democracia de liberación”, como hace Alaine Touraine (Qué es la Democracia, FCE, 1994), es porque hay muchas formas de opresión y muchas maneras sutiles de quitarle o restarle al pueblo sus legítimos derechos, sea por la manipulación informativa, sea por un sistema legal y burocrático que reduce casi a nada la representatividad y la libertad-positiva-creadora, sea por un sistema económico que multiplica la desigualdad social allí mismo donde proclama la igualdad de derechos.

Por tanto, y en especial en los países de Latinoamérica, se constata que se ha pasado de regímenes autoritarios a otros democráticos “sin que se hayan completado los procesos de democratización política, resolver la cuestión de los derechos humanos, y, por otro lado, a hacer regímenes realmente efectivos y no irrelevantes, extendiendo o generando los cauces de participación masiva, en especial para sectores postergados como las masas marginales, los grupos étnicos, las mujeres y los jóvenes.
Completar la democratización política en estos países y asegurar la consolidación de estas democracias políticas es la primera tarea planteada”

Por otra parte, “esta consolidación democrática… no puede hacerse sin una reconstrucción del Estado y de su papel dirigente en el desarrollo, contra todos los mitos que buscan hoy su desarticulación, privatización o desaparición.  Pero reconstruir y fortalecer el Estado exige, al mismo tiempo, reforzar la sociedad civil, la autonomía y capacidad de expresión y participación de los actores sociales y su articulación con un sistema fuerte de partidos que cumplan su papel insustituible de representación.  Pero ni la reconstrucción del Estado, ni el fortalecimiento de la sociedad civil ni la construcción o reconstrucción de un sistema partidario fuerte, pueden asegurarse en términos democráticos en países que mantienen indefinidamente en niveles de subsistencia o inferiores a ellos a la mitad o más de su población. La democratización política… puede mantenerse si hay deseabilidad democrática, incluso en condiciones materiales negativas, pero es indudable que la deseabilidad democrática desaparece para muchos, transformándose en irrelevancia o en indeseabilidad, si no hay democratización social”.

Por lo tanto, nuestros países no se pueden democratizar “recurriendo a los modelos de desarrollo que hemos conocido hasta ahora ni imitando otras sociedades, ni tampoco con la ilusión de la expansión del mercado por sí sola… Se trata de definir un modelo de desarrollo y hacerlo en conjunto y unificadamente para la región”.O sea, es necesario que América Latina “defina su modelo de inserción autónoma en este mundo transformado” ( Manuel Antonio Garretón, Hacia una nueva era política, 1995. Para un análisis de la situación argentina, ver Estado y Sociedad de Daniel García Delgado, 1994).

De dónde venimos y a dónde vamos

Al finalizar este extenso recorrido de 2500 años de historia occidental, seguramente muchas preguntas y sensaciones embargan al lector. ¡Qué complicado proceso que permitió a la humanidad llegar hasta el día de hoy!
Y uno se pregunta: ¿hay alguna ley que explique este largo proceso?

Todas las épocas y muchos filósofos y pensadores intentaron dar la respuesta y lanzaron al mundo sendas profecías sobre el sentido de la historia. Pero, hoy, al fin de este proceso, nos queda la sensación de que la historia humana es mucho más compleja y sorprendente que las simplistas teorías e ideologías que se elaboraron a lo largo de los siglos.

Todas las profecías que ilustres pensadores hicieron sobre el futuro de la humanidad cayeron hechas pedazos ante esa variable inédita que es la libertad del hombre y su capacidad para recrear y modificar su historia tantas veces como se proponga.Por otra parte, es más que evidente que la mayoría de los pensadores políticos e ideólogos, desde los griegos hasta los de nuestro siglo, no hicieron más que justificar la realidad sociopolítica y cultural que estaban viviendo, proyectándola al futuro como un final estático e inmodificable. Y qué pequeños y miopes nos parecen hoy en ese vano intento de encerrar el misterio humano en la burbuja de un pensamiento que no fue mas allá de ciertas premisas culturales del momento.

Y esta es la lección que, personalmente, rescato cuando miro hacia el futuro que nos espera. No hay ley alguna que nos permita afirmar que el neoliberalismo perdurará muchos años más o caerá como un castillo de naipes, como cayó el invencible comunismo después de 70 años; ni hay ley que nos impida pensar en una revolución de los excluidos como nunca se dio en la historia por su magnitud, o en un largo dominio de los pueblos a manos de grupos económicos que hoy tienen un poder como nunca existió jamás…

¿Hacia dónde vamos? ¿Qué mundo nos espera cuando ya estamos a las puertas del tercer milenio de la era cristiana? ¿Qué nuevos y dramáticos problemas deberemos enfrentar? ¿Cuáles son los hipotéticos escenarios en los que se desarrollará la historia humana? ¿La irrupción del terrorismo internacional o del integrismo islámico? ¿Un período de cansancio o el surgimiento de algún nuevo movimiento social de alcance planetario? ¿Es posible pensar en un choque de la civilización occidental con las otras civilizaciones?¿Estamos a las puertas de una época de grandes regionalizaciones capaces de contener y limitar el avance de la globalización? ¿O quizás el paradigma del desarrollo humano, tal como lo concibe el PNUD, será el nuevo esquema desde donde gobiernos y pueblos organicen la nueva civilización?

Sólo sé que, en gran medida, eso depende de cada uno de nosotros y de los muchos otros que son protagonistas de esta historia, hoy más globalizada que nunca. Y sólo sé que hoy los seres humanos hemos podido recuperar nuestra libertad creadora y que podemos superar todas las teorías historicistas e ideológicas, pero en un juego realista entre fuertes y débiles, y entre fuertes que se pueden transformar en débiles, y débiles que pueden hacerse fuertes.

Personalmente, uno mis esfuerzos para construir un mundo en armonía, algo que jamás Occidente pudo lograr, un Occidente siempre tensionado por opuestos antagónicos y maniqueos, donde todo se redujo a una lucha entre buenos y malos, o entre el bien y el mal, lo que significó entre razas,  civilizaciones y grupos superiores frente a los considerados inferiores.

Construir un mundo que sepa armonizar el cuerpo con el espíritu, el varón con la mujer, los pueblos del norte con los del sur, los ricos con los pobres, la libertad con la igualdad, la humanidad con la naturaleza… ¿No es ésa la lección que Occidente nunca supo aprender? ¿Y no es ésa la asignatura pendiente para el nuevo milenio?Armonía entre la razón y el sentimiento, entre los valores del espíritu y la utilidad competitiva, entre la religión, la vida y la política, entre el Estado y la sociedad, entre una raza y otra…

Porque ninguna ideología es totalmente buena como para no tener gérmenes patológicos, y ninguna es tan mala como para que no encontremos en ella algún aspecto positivo.
En vano se ha intentado construir el espíritu anulando el cuerpo, o imponer la razón olvidando el corazón, o levantar las banderas del trabajador destruyendo el capital y viceversa, o buscar la grandeza de la nación conculcando la libertad de otros pueblos. Triste síntesis de la historia occidental: su incapacidad para integrar los opuestos, que, al fin y al cabo, sólo son aparentemente opuestos. Esa es la paradoja. Aceptar el conflicto y la oposición de intereses como una constante del fenómeno social humano.

Quiero un mundo en armonía. Esta es la pequeña y gran utopía por la cual, al menos, tengo el derecho de luchar hasta el último aliento de mi vida.Tal el ingenuo objetivo de este libro.

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