Ideologías 8 Marx. Ideología del Totalitarismo

CARLOS MARX  (1818-1883).

Nacido en Tréveris, este hijo de un abogado judío estudió en las Universidades de Bonn y Berlín, siendo primero un hegeliano de izquierda. Se pasa al socialismo durante su estancia en París (1843-5), residiendo posteriormente en Bruselas, Colonia y nuevamente París donde publica con Engels el Manifiesto comunista (1848) que significa el paso del socialismo utópico al de realización histórica. Antes, en 1845 (Tesis sobre Feuerbach; La Sagrada Familia) formula los principios del materialismo filosófico señalando la misión de la filosofía de convertirse en el alma de la praxis revolucionaria y no solo de la interpretación de la historia.
En 1848 (Miseria de la filosofía) refuta a Proudhon y rechaza todo socialismo no científico.
En 1849 se establece en Londres desde donde inspira al movimiento obrero internacional y donde muere. En 1862 rompe con Lasalle y su socialismo nacionalista y estatista, y lucha contra la influencia del partido socialdemócrata de Alemania.
Desde 1864 contribuye a formar la Primera Internacional, combatiendo las tendencias de Proudhon y especialmente a Bakunin, al que considera “una nulidad como teórico”.

Para Marx y Engels, el anarquismo es un puro voluntarismo no científico, incapaz de comprender el proceso dialéctico de la historia y la praxis de la revolución.
La principal obra de Marx, El Capital, la publica en 1867 (primer volumen) Los volúmenes II y III los publica Engels entre 1885 y 1895.
Marx, uno de los últimos representantes del humanismo, que leía todos los años a los clásicos griegos y a Shakespeare en sus idiomas originales, conocedor del Quijote y de la literatura árabe, fue un apasionado por la libertad, la verdad y por su familia. Será el hombre más odiado y calumniado de su tiempo y de los siguientes, pero también el más amado.

El marxismo se presenta como una interpretación completa de la vida humana y de la naturaleza, ofreciendo una versión sobre el presente, pasado y futuro del hombre.El presente lo explica Marx desde el análisis de la economía, en la crítica del capitalismo (teoría del valor-trabajo). El pasado y el futuro desde los escritos sobre el sentido de la historia (materialismo dialéctico)
Para Marx la economía es el meollo de la sociedad, de modo que el hombre, entendiendo la economía, es capaz de captar la esencia misma de la sociedad y de la vida humana, del presente, pero también del pasado y del futuro.Al hablar de “marxismo”, es importante recordar que, a partir de 1844, Marx tuvo como íntimo colaborador a Friedrich Engels (1820-95), siendo ambos los autores de la doctrina marxista.

a) Marx se concentra en el estudio del hombre “real” y empírico, alejándose de los estudios del hombre de la naturaleza o del hombre conceptual;  ese hombre real que  consume alimentos, ropa, necesita una vivienda, etc. y que se obligado a trabajar y producir.El signo típico de la naturaleza humana es la producción, consciente y planificada; no la racionalidad, ni la vida política o la risa. La racionalidad y la conciencia son elementos secundarios. Marx supone que fue la presión de las necesidades la que elevó al hombre hacia su humanidad y racionalidad, afirmando en consecuencia la primacía de la productividad sobre cualquier otro elemento humano.

Son, pues, las condiciones materiales las que determinan la vida humana y el pensamiento. ¿De qué forma?  En cada época los hombres tienen acceso a ciertas fuerzas productivas y utilizan determinados objetos (animales, herramientas, etc.), de modo que se van adaptando a las exigencias de la tecnología (así los nómades que se van adaptando a la vida sedentaria al tener acceso a las técnicas de la agricultura), de modo que se modifican a sí mismos y deben modificar sus  instituciones (propiedad, comercio, familia, etc.).

Así se van generando distintos modos de producción (el asiático, el greco-romano, el feudal, el capitalista) y cada modo de producción conlleva una tipo de organización social y un sistema de relaciones y obligaciones mutuas (entre señor y siervo, patrón y empleado).“¿Qué es la sociedad, cualquiera sea su forma? El producto de la acción recíproca de los hombres. ¿Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las facultades productivas de los hombres, corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la producción, comercio y consumo, corresponden determinadas formas de constitución social, organización de la familia, de estamentos o clases; o sea, de una determinada sociedad civil, a la que corresponde un determinado orden político…” (Carta de Marx a Annénkov, 1846).

O dicho brevemente: “El molino movido a mano nos da la sociedad de los señores feudales; el molino movido a vapor, la sociedad de los capitalistas industriales” (La miseria de la filosofía). Las condiciones de producción determinan quién tiene acceso a la propiedad, o no. Así, en el capitalismo, los patrones poseen y acumulan, mientras que los trabajadores luchan al borde de la inanición, sin poseer nada y separados de los medios de producción. De modo que las condiciones de la producción determinan la distribución de ingresos, el consumo y el comercio, con dinero o por intercambio de productos.

Por lo tanto, Marx considera que estos elementos (ingresos, consumo, dinero, etc.) no son categorías eternas o estables de la sociedad, provenientes de algún derecho natural y esencial (como enseña el capitalismo y el liberalismo) sino que son productos históricos y transitorios. Es absurdo pensar que “las leyes del comercio…  son las leyes de la naturaleza, y por tanto, las leyes de Dios” (cita de Burke en El Capital). De allí la falacia de la ciencia económica capitalista que no atiende a las condiciones históricas que provocan el salario, el  dinero, el interés, etc.

Pero Marx extiende este principio de que todo depende de las condiciones históricas de la producción (materialismo), también a la moral, la filosofía, la religión y la política. Y rechaza como “ideología” la opinión opuesta de que el hombre tiene una inteligencia independiente, a cuya luz forja sus instituciones y sus convicciones. (Ideología: doctrina que nace de la mente y no de la realidad concreta).

b) Ahora bien, la característica común de todos los modos de producción históricos es que el dominio de los medios de producción no ha sido compartido por todos, sino por algunos propietarios; mientras que la mayoría ha tenido que trabajar para ganarse la vida. O sea, un sistema donde muchos dependen de pocos.
De esta forma, las masas han sido privadas de la oportunidad de ser hombres libres y valiosos en sí mismos, pues han terminado en la dependencia (de esclavos, siervos o proletarios) y sometimiento de otros hombres, que aunque iguales a ellos, los han privado en forma arbitraria de sus medios de vida y de los medios de producción.Así la dependencia ha generado deshumanización y pobreza impuestas por los explotadores.

Las diferencias de cualidades naturales y de características sexuales fueron engendrando “naturalmente” esta situación, expresada en la división de tareas y roles. A medida que los hombres fueron constreñidos a ser pastores o trabajadores fabriles, fueron perdiendo su posibilidad de desarrollar las otras capacidades humanas. Así se van fragmentando como hombres y embruteciendo en un trabajo, que no es fuente de satisfacción, sino de esfuerzo por sobrevivir.

Se fragmenta cada hombre, pero también cada comunidad en compartimientos de tejedores, panaderos, granjeros, intelectuales, rurales o urbanos, enfrentados entre sí, en una guerra de todos contra todos, de intereses particulares contrapuestos.Finalmente, la fragmentación se vuelve social con la división de dos clases sociales: los pocos que controlan los medios de producción, y los muchos desposeídos que trabajan en los medios de producción.
Una fragmentación que se expresa en la división de la sociedad burguesa (civil) entre lo político y lo económico-social:“Allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadero desarrollo, el hombre lleva… en la realidad, en la vida misma, una doble vida, una celestial y otra terrenal: la vida de la comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida de la sociedad civil, en la que obra como un particular. Ve en los otros hombres instrumentos suyos, se degrada a sí mismo como instrumento de los otros y se convierte en juguete de poderes extraños” (La cuestión judía en Ensayos selectos de K. Marx, 1926).

Para Marx, la “sociedad civil” es un enclave individualista, esfera privada contra la comunidad, parte inevitable del orden capitalista. Por tanto, no es sinónimo de sociedad política. Es el equivalente de la economía capitalista y del “mercado”, medio donde se expresa la agresividad humana y la lucha de intereses, sobre supuestos derechos naturales e inalienables, tal como enseñaran  Locke y seguidores.
De este modo, es la propiedad privada de los medios de producción la que impide toda comunidad de intereses, toda producción como acto social por todos y para todos. Por tanto, los modos de producción y las instituciones de la propiedad privada han generado la fragmentación y el conflicto entre los hombres. Y lo que ha impedido que los muchos se liberaran de sus pocos opresores ha sido el poder del Estado, inventado por los pocos opresores para mantener su orden.
El Estado es el órgano de coacción sobre las clases proletarias, que por falta de conciencia terminan obedeciéndolo y apoyando a sus tiranos.La humanidad necesita una total emancipación de todas sus cadenas, para lo cual los hombres deben superar su estado de limitación y de sujeción en el proceso de producción. De esta forma, el estado de necesidad y el estado de sociedad política coexisten como el estado de la servidumbre humana, o “alienación” del hombre.

c) El hombre es, pues, un ser necesitado, dependiente de cosas externas y de otros hombres para satisfacer sus necesidades.Pero además de ser necesitado, es un ser esencialmente “social”, llamado a vivir en comunidad y necesitado de la comunidad para desarrollarse plenamente. Es parte de un todo, a pesar de que los medios históricos de producción lo obligan a fragmentarse y a considerar a los otros más como objetos que como personas iguales a él, más como instrumentos para satisfacer sus necesidades que como sujetos. Por eso no puede ser plenamente humano ni lograr la armonía consigo mismo, “enajenado” de la naturaleza, de sí mismo y de los frutos de su trabajo.

Y hasta tanto el hombre no logre trabajar para desarrollarse, y no sólo para tener que subsistir desde la explotación de los otros, nunca podrá ser perfectamente libre ni podrá lograr la perfecta articulación armónica de la sociedad y de la naturaleza.Hasta ese entonces, los hombres se tratarán como enemigos e instrumentos, y tratarán a la naturaleza como simple fuente de lucro, y no como goce y belleza. Esta es la situación de la sociedad civil (burguesa) que ha propuesto el propio interés como principio de la vida y de la producción.

La propuesta de Marx es superar esta etapa utilitarista individualista y capitalista para reemplazarla por la especie humana como fraternidad universal. Una propuesta, que no solamente abandona su método empírico, sino que revela un sentido escatológico de la historia, con ciertas influencias del profetismo bíblico que Marx conocía.

d) Marx, no sólo niega que las categorías del capitalismo (capital, utilidad, dinero, interés, propiedad privada) fuesen parte de una esencia humana, sino que niega que cualquier cosa tenga esencia eterna y universal, pues todo es cambio y relación, de modo que las diversas especies están siempre evolucionando, y cada situación humana es determinada por el tipo de relación que se establece, pues nadie puede ser esclavo si no hay un amo que lo oprime.Por tanto, todo fluye (teoría del griego Heráclito) y todo fluir es movimiento.
De allí la necesidad de captar la ley universal del movimiento, ley que gobierna a la naturaleza, pero también a la historia humana y al pensamiento en un proceso esencialmente contradictorio de vida y muerte, de ser y de dejar de ser.

El cambio resulta de la mutua oposición dialéctica de dos elementos contradictorios  (tesis y antítesis), como el grano (tesis) que muere para dar lugar a la planta (antítesis) que muere a su vez para producir nuevos granos (síntesis), según el ejemplo dado por Engels. De la misma forma, toda la historia humana y todo el pensamiento humano se halla en un proceso dialéctico. La causa que provoca este movimiento es el modo de  producción con todas sus mutaciones.Por eso la doctrina marxista es llamada “materialismo dialéctico” para distinguirla del “idealismo dialéctico” de Hegel, para quien es la razón la fuente primaria de todo el proceso.

Para el marxismo, pues, la base de todo desarrollo de la sociedad es la contradicción en el orden de la producción, siendo la mayor contradicción el conflicto de clases, conflicto que no puede resolverse con componendas o reformas del capitalismo sino con la revolución que aniquila las clases existentes y las reemplaza por la síntesis de “un nivel superior” (o sea: proletarios: tesis; amos: antítesis; nueva situación por la revolución que niega la antítesis: síntesis).

Marx reconstruye toda la historia humana y la interpreta desde esta dialéctica materialista. De modo que cada etapa hereda un modo de producción y un sistema de relaciones humanas adecuado a ese modo de producción; después ocurren cambios en el modo de producción (por nuevas necesidades, descubrimientos, etc.). Esto provoca un choque entre el antiguo modo de producción (tesis, ejemplo, el feudalismo) y el nuevo (antítesis, el capitalismo), por tanto, entre las antiguas clases dominantes y las nacientes. Así se explican “todas las colisiones de la historia”.
En el ejemplo del paso del feudalismo al capitalismo, fueron las máquinas las que produjeron el cambio de producción. El maquinismo liquidó los gremios medioevales con sus maestros y aprendices, y trajo la nueva relación de patronos burgueses y trabajadores asalariados, sin más nexo que el salario.De modo que los más capacitados y afortunados siervos del feudalismo ahora se apropiaron de los medios de producción y constituyen la burguesía.

Estos nuevos dueños de los medios productivos necesitan de los asalariados, y los asalariados de los patrones para poder subsistir. Rápidamente se fue produciendo un choque entre los intereses de ambos grupos, sobre todo por la expansión de la industria y del comercio que exigió una mayor escala de producción.El choque se acrecentó también por las propias contradicciones del capitalismo (que luego analizaremos).
Por tanto, el pleno desarrollo del capitalismo individualista y maquinista exige la absoluta pauperización y deshumanización de los asalariados por las presiones de la competencia capitalista.Finalmente, llega una etapa en que la miseria de los proletarios asalariados estalla y se provoca el choque de clases en un combate decisivo, porque la victoria proletaria introduce a una nueva época del hombre.

En esta nueva etapa, los proletarios no tienen riquezas propias ni deseo de volverse propietarios de los medios de producción en cuanto clase social. Su propósito no es ocupar el lugar de los antiguos explotadores, sino poner fin a toda explotación.
El medio para ello es suprimir la propiedad privada, suprimiendo así la distinción entre propietarios y no-propietarios, y por tanto, la distinción de clases sociales.Finaliza así la lucha y comienza una historia verdaderamente humana. Es la última etapa del gran desarrollo del modo de producción.Desaparecida la causa de la opresión y la necesidad de la coacción del Estado (instrumento de los opresores), también el Estado desaparece, para ser reemplazado por la fraternidad universal del hombre.Tal la llamada “utopía marxista”.

e) Marx sabía que su pronóstico de esta humanidad fraterna dependía de su diagnóstico de las actuales condiciones económicas implantadas por el capitalismo liberal, esencialmente malo y generador del conflicto social.De allí que la teoría económica de Marx es básicamente una crítica del capitalismo, mostrando sus contradicciones y su transitoriedad histórica, como también de todas las instituciones capitalistas.Tal el origen de su principal libro El Capital: crítica de la economía política.Un libro que se centra en criticar al capitalismo (esencialmente inglés), pero que no produce una doctrina económica propia de la nueva etapa o economía socialista.

Para Marx, el capital es riqueza productiva que genera ganancias. Y se habla de “capitalismo” porque los medios de producción y de propiedad privada son fuentes de ganancia para los propietarios, o sea, para los capitalistas.Aquí el concepto clave es el de “ganancia”: no es tan sólo un excedente económico (como el de las economías primitivas o feudales), como “capital” no es un mero elemento productivo de riqueza.
En Marx, capital y ganancia son dos conceptos complementarios entre sí. La ganancia aparece en forma directa como parte del precio de un producto que el capitalista reclama. Pero, ¿con qué derecho?La economía clásica (inglesa) respondía que el trabajo es la fuente de valor, de modo que la cantidad de trabajo empleada en un producto se relaciona con el valor del producto. La conclusión sería que quien puso el trabajo, tiene el derecho a ser el propietario del producto. Esto tiene vigencia cuando alguien produce para sí y con sus propios medios de producción.

Pero no es lo mismo cuando quien trabaja necesita de los medios de producción de otro, el cual tiene derecho a una parte del valor del producto. Por tanto, hay una ganancia relacionada a la propiedad (de tierra o bienes de producción). De modo que ahora la ganancia es compartida por los propietarios y los trabajadores.
En el esquema de Hobbes, Locke, etc., en el estado de naturaleza no había propiedad privada como tal, y es la propiedad privada la que engendra el orden social y político sobre la base de la desigualdad de cualidades naturales. Por su parte, el Estado, vigila sobre los derechos de los propietarios para que no sean conculcados.
Rousseau, con su teoría de la bondad del estado natural del hombre, plantea que los males llegan por la sociedad civil y el Estado, allanando así el camino a la teoría de Marx, quien niega que la propiedad privada sea condición para una existencia humana social y política decente, próspera y estable.En consecuencia, niega validez a todo el sistema liberal capitalista de Hobbes y Locke en adelante, tanto en su aspecto económico, como político y social.

f) Marx comienza con la distinción tradicional liberal entre valor de uso (ejemplo, entre el uso de zapatos o de camisas) y valor de cambio (intercambio de camisas por zapatos). Mientras que el uso de ambos objetos es distinto y también ambos requieren distintas capacidades para producirlos, en cambio ambos objetos necesitan una determinada cantidad de energía humana para ser producidos. El esfuerzo humano de trabajo es el mismo, sea para producir camisas o zapatos. Y de este esfuerzo depende el valor del producto, algo que Marx no demuestra, pues da como algo sobreentendido. Ahora bien, la suma de todos los esfuerzos de trabajo individual es la capacidad que una sociedad tiene para satisfacer sus necesidades.

Pero como los bienes de producción están en pocas manos de los propietarios capitalistas, éstos necesitan producir más de lo necesario para aumentar sus ventajas e intereses. De este modo, lo que el capitalismo (como A. Smith) considera una virtud, o sea, aumentar la producción desde el incentivo del lucro e interés personal, Marx lo considera como una deformación y el verdadero motivo de la iniquidad y desigualdad social, pues ya no se produce para las necesidades de la comunidad, sino para el lucro de unos pocos.

En el capitalismo (con sus dos clases de propietarios y de asalariados), los desposeídos deben vender a los propietarios un bien llamado “fuerza de trabajo” (no, trabajo), o sea, la capacidad de trabajar durante un tiempo determinado para satisfacer sus necesidades, mientras que “trabajo” es la duración real de la actividad. Para Marx, esta distinción es fundamental, pues el valor de un día de fuerza de trabajo es la cantidad de trabajo necesario para la subsistencia del trabajador y de su familia.
Pero si un trabajador sólo necesita seis horas de fuerza de trabajo para sus subsistencia, y trabaja ocho, quedan dos horas que se llaman “plusvalía” y esa es la base de la ganancia. Pues por esa plusvalía el obrero no recibe paga, aunque él lo sabe y acepta. Por tanto, es una situación no-engañosa, por un lado, pues el contrato así lo estipula; pero engañosa, en cuanto que el sistema capitalista es perverso al plantear esa situación.

Con esta teoría y esta distinción entre fuerza de trabajo y trabajo (al obrero se le paga por la fuerza de trabajo y no por el trabajo), Marx entendió que había descubierto la contradicción del capitalismo y el meollo de la cuestión social.
Esta contradicción es base para otras: por ejemplo, la introducción de la maquinaria para una mayor producción hará que se prolonguen las horas de trabajo para unos, y otros queden sin trabajo.Al mismo tiempo, las leyes del mercado exigen abaratar los precios, lo que se consigue con mejores máquinas que restan trabajo a los obreros que van entrando en la desocupación y cada vez más profunda pauperización.
Marx continúa con otros tópicos, siempre preocupado por demostrar que el capitalismo es intrínsecamente contradictorio, y que la única solución, no es su reforma, sino su eliminación. Cuanto más crece el capitalismo, más se acerca a su disolución y caída.

g) En efecto, “todos los métodos encaminados a intensificar la fuerza productiva social del trabajo se realizan a expensas del obrero individual… se truecan en medios de explotación y esclavizamiento… mutilan al obrero convirtiéndolo en un hombre fragmentario, lo rebajan a la categoría de apéndice de la máquina… le enajenan las potencias espirituales del proceso del trabajo… corrompen las condiciones bajo las cuales trabaja; le someten… al despotismo más odioso y mezquino; lanzan a sus mujeres e hijos bajo la rueda trituradora del capital. Todos los métodos de producción de plusvalía son métodos de acumulación… De donde se sigue que, a medida que se acumula el capital, tiene necesariamente que empeorar la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, sea alta o baja… Esta ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital… acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo, de ignorancia y degradación moral” (El Capital).

El final de esta situación ocurrirá con el levantamiento revolucionario que abre a la humanidad al umbral de la historia. h) Así Marx (con su amigo y colaborador Engels) planteó una situación que todavía hoy sigue abierta, sea que se acepte su diagnóstico y pronóstico del capitalismo o se lo niegue.Por eso, en Marx hay que distinguir su válido intento de denunciar los males provocados por el capitalismo (algo que todavía hoy constatamos) de los argumentos empleados, como también de sus pronósticos sobre el fin del capitalismo y el éxito del socialismo.

Es evidente que Marx se equivocó en sus predicciones sobre el destino del capitalismo, algo que ahora lo sabemos cuando está en plena hegemonía mundial y cuando el socialismo histórico ha colapsado tras menos de un siglo de vigencia. También se equivocó sobre ciertas predicciones catastróficas por la introducción de la maquinaria industrial.
Su error fue cierto dogmatismo que lo llevó a plantear la historia como un silogismo que, de determinadas premisas, lleva a determinadas conclusiones.
Convencido de su diagnóstico y de que los problemas humanos sólo se resuelven desde los medios de producción, se olvidó de hacer un análisis político, considerando las muchas variables económicas y sociales que pueden surgir de un buen o mal gobierno, de buenas o malas leyes, y de políticas determinadas para racionalizar la producción, el maquinismo, la protección de la infancia, de la vejez, etc.

También se equivocó (al menos, hasta el momento) en su predicción de lo que sería la humanidad socialista bajo el lema: “De cada quien según su capacidad, a cada quien según sus necesidades”, humanidad sin intereses particulares, de millones de amigos cálidamente unidos, que pueden prescindir del Estado, o en todo caso, como pensaba Lenin, con un Estado que podría ser gobernado por cualquier cocinero, tanta sería la fraternidad entre todos. Marx soñó con una condición humana en que los hombres buenos buscarían fines buenos, utilizando medios buenos (a la inversa de Maquiavelo).
Confió en el nacimiento de un hombre nuevo, en una economía racional rectamente interpretada. Supuso, llevando al extremo las ideas de Rousseau, que se podría vivir en una sociedad comunitaria sin instituciones políticas ni gubernamentales, sólo con la ley de la capacidad propia y de la satisfacción de las necesidades, en una economía comunista en que todos son propietarios de todo, sin necesidad de leyes coercitivas ni de religión alguna, pues basta la bondadosa racionalidad humana.

 

2. IDEOLOGÍA DEL TOTALITARISMO

Raymond Aron identifica cinco elementos fundamentales de un sistema totalitario:

1.    El monopolio de la actividad política reservada a un solo partido, con supresión y eliminación de los otros. Partidos, rígida y militarmente organizados y dotados de alta fidelidad al sistema.
2.    Una ideología nacional que se proclama como verdad oficial del Estado y se impone a toda la sociedad mediante el partido, la propaganda y la educación. Lo que implica, encierro en la propia verdad, e intransigencia y censura hacia cualquier idea que se le diferencie u oponga.
3.    Todos los medios de comunicación, persuasión y cultura-educación quedan en manos del Estado-partido. La propaganda política minuciosamente planificada, tanto hacia dentro como hacia el exterior, es el gran instrumento de dominio de las masas, sin excluirse oficinas de infundios, conforme al slogan de Goebbels: “La mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”
4.    El Estado absorbe la actividad cultural y económica, rigurosamente planificada.
5.    Cualquier idea contra el sistema cultural, económico o profesional es vista como atentado ideológico contra el Estado, por lo que supone castigo mediante el terror ideológico y policial.

Por lo tanto, con el totalitarismo desaparecen los actores sociales y la sociedad civil como autónoma, identificándose Estado con partido y con sociedad civil-nación-pueblo. De allí el poder total del Estado “totalitario”.
Generalmente, y a pesar de las diferencias locales, el totalitarismo se reviste de una ideología populista y apela a la movilización de las masas y de los jóvenes, utilizando insumos sociales, étnicos y aún religiosos, pero siempre desde el manejo de una élite de poder que termina por subyugar a los movimientos populares de apoyo, traicionando los contenidos originales y sus valores (El nazismo se autodenomina socialista, como otros totalitarismos se llaman populares, democráticos, nacionales, etc.).

Así el totalitarismo se apropia de la sociedad, de sus ideas y valores, y se erige como único portavoz social, acallando todas las demás voces y actores. Históricamente, los grandes totalitarismos también han sido militaristas e imperialistas, recreando la doctrina del “espacio vital” de la nación, y alentados por la ideología nitcheana del poder y del heroísmo patriótico, por la doctrina de la superioridad de la raza aria, del alto destino de la nación (a menudo con resabios históricos como el fascismo italiano, supuesto heredero del imperio romano, y por una profunda aversión racial a otros pueblos considerados inferiores, con los conocidos exterminios nazis de judíos y polacos.

El antisemitismo será una de las características principales del nazismo con leyes discriminatorias, humillaciones, guetos, campos de concentración y exterminio masivo de unos 6 millones de judíos. Por supuesto que hay una amplia gama de totalitarismos y movimientos dictatoriales, y merecen en cada caso un estudio particular, así el estado militarista japonés o el régimen chino de Mao.

En América Latina tenemos una larga tradición de gobiernos autoritarios y dictaduras, pero en pocos casos puede hablarse de totalitarismo según la definición dada, aunque algunos de sus elementos aparecen de una forma más o menos profunda.
La misma palabra “dictadura” sufrió un largo proceso de sentidos, desde la antigua dictadura romana (como un superpoder provisional para salvar al país en una situación de emergencia), la dictadura del proletariado de Marx (que indica la lucha de los proletarios por conseguir su libertad y el poder político) hasta el sentido peyorativo que hoy le damos a los gobiernos de facto, anticonstitucionales y violatorios de los derechos cívicos y humanos.
Pero un elemento común de totalitarismos y dictaduras es la concentración del poder en una persona (culto de la personalidad) o grupo de élite, siempre con amplia movilización de masas en el caso del totalitarismo, cosa que generalmente no sucede en las simples dictaduras o “cuartelazos”.

Sintetizando: el totalitarismo más que una ideología es simplemente la ideología del poder absoluto del Estado centralizado a su vez en un líder indiscutible.
Brzezinski en su libro “Dictadura totalitaria y autocracia” da seis criterios del totalitarismo:
1) Una ideología oficial que cubre todos los aspectos de la vida humana.
2) Sistema de partido único dirigido por un dictador.
3) Un sistema de control policíaco total.
4) Concentración de todos los medios de propaganda y educación.
5)Concentración de todos los medios militares.
6) Control central y dirección de toda la economía.

Como decía Mussolini: “Nuestra doctrina es el hecho… Los fascistas tenemos el derecho de rechazar todas las teorías políticas tradicionales: somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas. Nos basta con tener un punto de referencia: la Nación” (textos de 1919 y 1924).

Por tanto: unidad y primacía del Estado-nación omnipotente y subordinación total de los individuos y de la sociedad civil al Estado, con una sola verdad, un solo poder centralizado que elimina distinción de poderes, y eliminación de toda oposición. “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, dirá Mussolini en la Scala de Milán, y Hitler: “El Estado es una organización racial y no una organización económica… La economía es un asunto secundario”.

En el caso del totalitarismo franquista en España, hay un apoyo en el ejército y en la Iglesia Católica con referencia a la primacía de los valores espirituales, mientras se mantiene un orden jerárquico social tradicional y se proclama la “hispanidad” y la apertura al mundo árabe, pero sin belicismo internacional.

 

El Totalitarismo 

A ciertos sistemas políticos de Italia, Alemania, España franquista, la Unión Soviética y otros similares, se les da el nombre de Totalitarismos, que, aunque autoritarios y gobernados por dictadores, suponen un concepto nuevo respecto a otros autoritarismos, absolutismos y dictaduras. Raymond Aron identifica cinco elementos fundamentales de un sistema totalitario:

1.    El monopolio de la actividad política reservada a un solo partido, con supresión y eliminación de los otros. Partidos, rígida y militarmente organizados y dotados de alta fidelidad al sistema.
2.    Una ideología nacional que se proclama como verdad oficial del Estado y se impone a toda la sociedad mediante el partido, la propaganda y la educación. Lo que implica, encierro en la propia verdad, e intransigencia y censura hacia cualquier idea que se le diferencie u oponga.
3.    Todos los medios de comunicación, persuasión y cultura-educación quedan en manos del Estado-partido. La propaganda política minuciosamente planificada, tanto hacia dentro como hacia el exterior, es el gran instrumento de dominio de las masas, sin excluirse oficinas de infundios, conforme al slogan de Goebbels: “La mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”
4.    El Estado absorbe la actividad cultural y económica, rigurosamente planificada.
5.    Cualquier idea contra el sistema cultural, económico o profesional es vista como atentado ideológico contra el Estado, por lo que supone castigo mediante el terror ideológico y policial.

Por lo tanto, con el totalitarismo desaparecen los actores sociales y la sociedad civil como autónoma, identificándose Estado con partido y con sociedad civil-nación-pueblo. De allí el poder total del Estado “totalitario”.
Generalmente, y a pesar de las diferencias locales, el totalitarismo se reviste de una ideología populista y apela a la movilización de las masas y de los jóvenes, utilizando insumos sociales, étnicos y aún religiosos, pero siempre desde el manejo de una élite de poder que termina por subyugar a los movimientos populares de apoyo, traicionando los contenidos originales y sus valores (El nazismo se autodenomina socialista, como otros totalitarismos se llaman populares, democráticos, nacionales, etc.).

Así el totalitarismo se apropia de la sociedad, de sus ideas y valores, y se erige como único portavoz social, acallando todas las demás voces y actores. Históricamente, los grandes totalitarismos también han sido militaristas e imperialistas, recreando la doctrina del “espacio vital” de la nación, y alentados por la ideología nitcheana del poder y del heroísmo patriótico, por la doctrina de la superioridad de la raza aria, del alto destino de la nación (a menudo con resabios históricos como el fascismo italiano, supuesto heredero del imperio romano, y por una profunda aversión racial a otros pueblos considerados inferiores, con los conocidos exterminios nazis de judíos y polacos.

El antisemitismo será una de las características principales del nazismo con leyes discriminatorias, humillaciones, guetos, campos de concentración y exterminio masivo de unos 6 millones de judíos. Por supuesto que hay una amplia gama de totalitarismos y movimientos dictatoriales, y merecen en cada caso un estudio particular, así el estado militarista japonés o el régimen chino de Mao.

Sintetizando: el totalitarismo más que una ideología es simplemente la ideología del poder absoluto del Estado centralizado a su vez en un líder indiscutible.
Brzezinski en su libro “Dictadura totalitaria y autocracia” da seis criterios del totalitarismo:
1) Una ideología oficial que cubre todos los aspectos de la vida humana.
2) Sistema de partido único dirigido por un dictador.
3) Un sistema de control policíaco total.
4) Concentración de todos los medios de propaganda y educación.
5)Concentración de todos los medios militares.
6) Control central y dirección de toda la economía.

Como decía Mussolini: “Nuestra doctrina es el hecho… Los fascistas tenemos el derecho de rechazar todas las teorías políticas tradicionales: somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas. Nos basta con tener un punto de referencia: la Nación” (textos de 1919 y 1924).

Por tanto: unidad y primacía del Estado-nación omnipotente y subordinación total de los individuos y de la sociedad civil al Estado, con una sola verdad, un solo poder centralizado que elimina distinción de poderes, y eliminación de toda oposición. “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, dirá Mussolini en la Scala de Milán, y Hitler: “El Estado es una organización racial y no una organización económica… La economía es un asunto secundario”.

 

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