Ideologías 7 Rousseau. Kant. El Liberalismo.Nuevas corrientes: Positivismo, Existecialismo, Utilitarismo (Bentham, S Mill)

1.JEAN-JACQUES  ROUSSEAU (1712-1778)

Santiago Rousseau, natural de Ginebra, de carácter inquieto y suspicaz, llevó una vida vagabunda y agitada. Instalado en Francia, desarrolló su pensamiento político, lo que le ocasionó persecuciones por parte de la autoridad civil y religiosa. Obligado a emigrar, buscó refugio en Inglaterra con la hospitalidad de Hume. Regresa a Francia y muere tras escribir sus Confesiones.

De sus obras nos interesa sobre todo El Contrato Social, que comienza con estas palabras:
“El hombre nació libre y por doquier está en cadenas,,, ¿Cómo sucedió este cambio? No lo sé. ¿Qué puede legitimarlo? Creo que puedo resolver este problema”.
Así Santiago Rousseau plantea el problema político y sugiere desde un comienzo el carácter ilegítimo de casi todos los gobiernos. La sociedad civil encadena al hombre y lo hace esclavo de la ley o de otros hombres.
Rousseau apunta en dos direcciones: un hombre que fue libre y ahora es esclavo; por tanto, un hombre con tensión revolucionaria hacia su libertad.Como filósofo, él debe plantear la verdadera condición humana y las condiciones para un orden político justo. Aclarando el sentido de la teoría y de la práctica políticas, sacó inéditas conclusiones para la conciencia de la modernidad.

a)         El Estado moderno, el Leviatán, se basa en una comprensión parcial del hombre y está más preocupado por su propia conservación que por la de sus súbditos. Fundamentado en su propia conservación, constituye un modo de vida totalmente opuesto a la felicidad de los ciudadanos.
 Las grandes naciones se caracterizan por el comercio, y por tanto, por la distinción de ricos y pobres. Ahora el dinero es la medida del hombre y la virtud es olvidada. El permanente cálculo de la propia ventaja, base  moderna de las relaciones humanas, destruye la confianza y la armonía social, y conduce al egoísmo y a una mala ciudadanía.

El resultado, por la escasez de seguridad, es que los menos, los ricos, se encuentran protegidos, y los pobres, oprimidos y obligados a trabajar para satisfacción de los menos. Son los menos que imponen las leyes a los muchos que ingresaron supuestamente a la sociedad para tener protección.
El resultado final es la destrucción de la vida buena, propósito único de la conservación. Con estos argumentos, Rousseau ataca a la Ilustración y su mito de que con el progreso de las ciencias y las artes, progresaría la sociedad civil y se llegaría a la felicidad humana.

Rousseau no sólo ataca ese mito, sino que afirma que la Ilustración lleva a la corrupción moral, pues necesitada de ocio y de lujo,  fomenta los vicios y la vida del derroche.Es cierto que la sociedad hace crecer las artes, las ciencias y sus productos, pero a costa de los trabajadores y de una vida llena de vanagloria e injusticia (Discursos sobre Economía política, sobre Ciencia y artes).

b)         En cambio, en las sociedades del pasado, como la polis griega, hay mejores modelos de sociedad civil, con más libertad y autonomía, porque no se basaban en la comodidad sino en la virtud (buena ciudadanía, valor, sacrificio abnegado, moderación).

Rousseau es republicano porque cree que los hombres son libres e iguales, y la sociedad debe reflejar esos valores para hacer felices a los hombres. Las repúblicas antiguas (en menor medida la Roma republicana) eran pequeñas, con intereses y objetivos comunes, y un gran conocimiento entre todos. Al ser gobernadas por el pueblo, no había diferencias entre los intereses del gobernante y los del pueblo. Al mismo tiempo, las leyes, antiguas y asumidas, eran aceptadas por todos, dentro de un orden moral y vigilancia.Lo importante, pues, es que los ciudadanos antepongan el interés común a los intereses privados, para no caer en manos de pequeños grupos de poder.Por tanto, el requisito de una sociedad sana no es la ilustración. sino una severa educación moral.

c)         Pero Rousseau va más allá de una admiración por las antiguas repúblicas, y se hace la pregunta: ¿Qué es la justicia?, y por ende, ¿qué es natural? O sea, qué corresponde a la naturaleza humana.
Separándose de Aristóteles, niega que el hombre sea un animal político-social por naturaleza, o que la política sea el objeto de las tendencias humanas.
La sociedad civil y el Estado son una obra puramente convencional que se originó por el solo deseo instintivo de conservación. En cambio, el hombre como tal, como natural, debe ser pensado como alguien sin sociedad política.
La justicia que se da en las naciones consiste en mantener los privilegios de los que tienen el poder (privilegios de cuna, honor y riquezas), defendidos por las leyes, unas leyes que no pueden ser moralmente obligatorias para los oprimidos.

Por tanto, si la sociedad civil no es natural, hay que encontrar un momento en que el hombre vivía en estado natural, y ver si la sociedad civil está de acuerdo con esa naturaleza humana. Aunque otros intentaron describir a ese hombre en estado de naturaleza, en realidad describieron casi una forma actual de sus sociedades (con envidia, guerras, salvajismo, etc.) sin hacer la diferencia radical entre el estado civil y el estado natural.
 Para eso hay que recurrir a la historia de la especie humana, especialmente a la antropología, pero también a la introspección para poder descubrir los más sencillos y primeros sentimientos del alma humana.

d)         En primer lugar, debemos pensar al hombre natural como un ser sin habla, y por tanto, sin el uso de la razón; como un animal, acosado por las necesidades de subsistencia.
Pero no agresivo (como mal pensaba Hobbes que atribuía a los primitivos las ambiciones de los ingleses ricos), sí preocupado por evitar el dolor y procurarse alimento. Sólo atacaba en caso de extrema carencia de alimentos.Por tanto, más bien ocioso (contra Locke, cuyo hombre primitivo refleja las ambiciones de la sociedad inglesa).
Un animal que siente la dulzura de su propia naturaleza, con dos grandes sentimientos: de autoconservarse y de compasión o comprensión hacia los sufrimientos de otros de su especie.
No se puede decir que tenía moral o virtud, porque no había ley ni sociedad. Hacía lo que le gustaba y necesitaba. Es, pues, fundamentalmente bueno, y todos son iguales y autónomos entre sí, sin relaciones de sometimiento.

Esta idea de la bondad natural, base educativa de su libro Emilio, será muy criticada por la Iglesia Católica, pues veía en ello un rechazo del pecado orginal, y por los protestantes que insistían en la radical maldad del ser humano, como decía Lutero.
T
ampoco en el estado natural hay familia propiamente dicha, sino sólo relaciones sexuales casuales, y un instinto materno de cuidado de los hijos.
 Pero este hombre es un animal superior a los otros: primero, por su libertad (puede elegir, aceptar y rechazar, sin ser dominado por los instintos), lo que le da conciencia de su poder y lento dominio sobre la naturaleza. Esta libertad sugiere su racionalidad y alma espiritual.
Y segundo (tema menos discutible que el anterior), su perfectibilidad: es el único ser que puede mejor gradualmente y mejorar su especie. El hombre natural es pura potencialidad, sin fines pero con posibilidades, y así se va orientando hacia el dominio de la naturaleza y la vida civilizada.

e)         Lo que lo hizo pasar a la miseria de la vida civil fueron circunstancias fortuitas, como catástrofes naturales y grandes carencias que lo llevaron a mayores contactos con otros hombres, a desarrollar el lenguaje y una vida familiar más estable.
Pero todavía no hay Estado ni desigualdades, aunque existen necesidades mayores. Hay sí más dependencia mutua y las primeras experiencias de cooperación y cumplimiento de objetivos comunes, lo que va generando la conciencia y obligación moral. Pero todavía goza de gran independencia que no sacrifica por obligaciones innecesarias.En esta etapa también comienza a practicar la venganza como forma de justicia personal.

f)         Lo que finalmente funda la sociedad civil y el Estado es la propiedad privada y quien por primera vez dijo: “Esta tierra me pertenece”. Allí comenzaron todos los males de la humanidad.
Y con la propiedad privada, surge la previsión, con deseo de aumentar el poder económico.
Y todo esto, más el ansia de mayores utilidades, genera el ansia de poder y la desigualdad. Aparecen las tierras cercadas, pocos con mucho y muchos con poco.
Es una nueva situación, no natural, que termina por ser aceptada, como también la violencia y la guerra entre ricos y pobres. Ahora tenemos un hombre más desarrollado, pero más miserable y competitivo, opresor o dependiente.
Deja sus profundos deseos para buscar poder, honores, dinero y vanagloria (vanidad, amor propio). Este “amor propio” sustituye al “amor a sí mismo”, que era un amor sano.


Así llega un momento en que uno más rico y poderoso, consciente de los riesgos de sus propiedades y del desamparo de los pobres, sugiere un contrato que le permitiría mantener legítimamente sus propiedades a cambio de seguridad a los débiles.
Su astucia termina con los deseos naturales de la piedad y en su lugar se establece ahora la moral que define las nuevas obligaciones con apoyo de la coerción de la autoridad.Los pobres, ante el temor de ser arrasados por la guerra, aceptan el contrato o pacto.
Pero este pacto es un gran engaño que da una apariencia de legalidad a una posesión de facto, y una paz ficticia sostenida con la fuerza pública.

Rousseau, por tanto, es el primer gran  crítico de  Hobbes y Locke, y antecesor de Marx, negando el estado natural de guerra y de la propiedad privada (aunque aceptando la existencia de un estado natural del hombre, verdadera obsesión de aquella época y causa de tantas polémicas e investigaciones).
Ahora en la sociedad civil, el hombre queda privado de su libertad y sometido a una ley que se hace por los ricos y a favor de los ricos y de sus pasiones egoístas. El único remedio que queda es una severa educación moral, desde la búsqueda del bien común, lo que casi nunca se logrará por la primacía de los intereses particulares sobre los generales.Pero ¿con qué derecho un hombre egoísta puede exigir a otros que se sacrifiquen por el Estado y obedezcan?
Ningún contrato puede obligar a ello, pues nadie prescinde voluntariamente de su libertad. Ese es el meollo de la cuestión política.

Como ahora no basta la ley de la naturaleza, hace falta la moral obligatoria , porque la sociedad, basada en el cálculo interesado, engendra constantes deseos de revuelta y pasiones incontroladas que desembocan necesariamente en la anarquía o en la tiranía. La moral, que no es natural, tiene que ser ahora creada por los hombres, para resolver el conflicto entre el individuo y el Estado, entre el interés egoísta y el deber.

La ley emerge necesariamente como una pura convención humana, nunca desde la naturaleza, y tiene en sí misma una contradicción: cómo ser libres en un orden obligatorio.
Contradicción que se resuelve si la ley es  realizada por los propios hombres, siendo así digna de respeto y obediencia (auto-obediencia). Es un concepto clave, pues, para la ley autonómica y democrática.

g)         El gran problema, pues, consiste en “defender y proteger con toda la fuerza la persona y los bienes de cada uno de los asociados”, de modo que “cada uno, uniéndose a todos, sólo se obedezca a sí mismo y siga siendo tan libre como antes” .
 La solución del problema consiste en que cada uno se dé por entero a la comunidad con todos sus derechos y propiedades.
Se deposita todo en la comunidad, no en una persona especial de la misma, sin que nadie pueda erigirse como juez, pues ahora todos se someten a la ley como norma absoluta de los actos.
Esta comunidad organizada es una persona ficticia o jurídica, el Estado, que asume en sí los deseos y necesidades de todos. La ley nace como producto de la voluntad general, siendo el pueblo quien la elabora para todos y para cada uno de ahí en más.

Como ciudadano, cada uno obedecer a la ley que realizó como legislador. La ley es fruto de los deseos de cada legislador que piensa por todos y para todos.
Por tanto, la función del contrato social es constituir un régimen que pueda expresar libremente la voluntad general. La libertad del ciudadano civil ya no es como la libertad casi absoluta del hombre natural, pero es verdadera libertad, pues cada uno hace lo que desea. De allí que la ley expresa en forma general ese deseo, sin ir a detalles particulares con ciertas limitaciones más de tipo formal (lo que constituye la moral o decencia).Rousseau cree así haber descubierto el verdadero origen y fundamento de la moral, que no proviene de la naturaleza (ley natural) ni de la religión o revelación. Sólo la libertad humana es la fuente de toda moral.

Por tanto, Rousseau rompe la última ligazón de la modernidad con la antigüedad clásica y cristiana, completando el ciclo iniciado por Maquiavelo y Hobbes, y antes, por Marsilio de Padua. h) El paso de la sociedad natural a la civil, produce, como es obvio, enormes cambios.
1) El hombre, de bestia amable pasa a ser un honesto ciudadano. Ahora se dejará guiar por el bien común de toda la sociedad, ennobleciendo su instinto de autoconservación. Ahora, elegir y ser libre, adquieren verdadero sentido moral. Y está obligado a actuar con una libertad responsable. Para ello la sociedad cuenta con la educación y la coacción.Su grande y nueva dignidad consiste en la nueva elección que ha hecho a favor de la voluntad general.
2)         Y el contrato social instituye al  soberano, que no es otro que el pueblo mismo, fuente de toda legitimidad. No el rey ni la aristocracia. Poco importa que el gobierno sea monárquico, de pocos o formado por una asamblea democrática: lo fundamental es que su derecho a gobernar (legitimidad) emana del pueblo y sólo es ejercido mientras el pueblo así lo juzgue. Esto es importante para diferenciar el pensamiento de Rousseau de liberales y neoliberales: es poder delegativo “con mandato” y controlado directamente por el pueblo. Así lo entenderán los socialistas que lo aplicarán en la constitución soviética.La única ley es la voluntad del pueblo (no la religión, ni Dios ni el gobierno civil).
Y cada ciudadano se encuentra ante el Estado en una doble relación: por encima, en cuanto soberano y legislador; como súbdito, en cuanto obediente a esa misma ley que él ha emanado y que el Estado se encarga de hacer cumplir.

Por tanto: la soberanía del pueblo es inalienable, pues a nadie se puede ceder el derecho de soberanía y legislación. Aún el gobierno representativo es una mala forma de gobierno, pues termina restando libertad y responsabilidad a los ciudadanos. La verdadera soberanía sólo puede darse en una democracia directa y en pequeños estados.
En el caso de los grandes países: hay que salvar la representatividad directa y la legitimidad, haciendo asambleas locales, cuyos representantes irán a la asamblea general con instrucciones precisas y completas, o sea “con mandato” (no la delegación fiduciaria sin mandato, que es la tesis liberal), sin tener un juicio independiente, pues para cada cuestión deben recurrir a su asamblea local.
No hay voluntad general sin una consulta constante que se define por mayoría si no hay consenso. Por tanto, una democracia ampliamente plebis-citaria (“con decisión del pueblo”).

Todo lo cual supone bases severas de una moral ciudadana y de una virtud cívica, consideradas como medios para obtener la libertad y el bien común (siguiendo los ejemplos de la antigua Esparta).
Esa virtud ciudadana debe luchar hasta eliminar, tanto las facciones como los  partidos políticos, como también todo tipo de desigualdad entre ricos y pobres. Todo lo cual sólo se consigue con educación y respeto a la ley producida por la voluntad general.
Esta soberanía del pueblo también es indivisible, unidad de poder que no puede dividirse sin destruirse. La “división de poderes” es sólo una forma de lograr mejor delegación del ejercicio de sus respectivas funciones. Sintetizando: el contrato social no fija leyes, sino que determina quién es el soberano legítimo que hará las leyes, variables según cada sociedad, y siempre lo suficientemente generales como para referirse a todos los ciudadanos por igual.

3)         Otro cambio importante es la necesidad de  sanciones para el cumplimiento de las leyes, para que los viciosos e injustos no saquen ventajas sobre los virtuosos y justos.
No deben existir derechos reservados ni privilegio alguno, y la ley puede referirse tanto a las instituciones como a las costumbres sociales, tanto o más importantes porque son la fuerza de las instituciones.Todo lo que la ley no toque, queda a libre criterio de cada ciudadano.

i)          Para lograr esta sabia legislación, no hay que repentizar ni improvisar, sino que lo conveniente es legislar aquellos elementos que la sana costumbre va induciendo como mejores formas de actuar. Generalmente, al principio surge algún legislador que cumple ese rol (casos de Moisés entre los hebreos o Licurgo en Esparta), siendo fundadores del pueblo y de un ideal de justicia.En ese sentido, la religión puede colaborar si contribuye a una sana legislación con sentido político, pero siempre queda subordinada al  poder político surgido del pueblo, no pudiendo enseñar nada que atente contra la ley nacida de la voluntad del pueblo soberano.

j)          Si en los comienzos de un pueblo suele ser necesario un legislador, siempre es fundamental el rol del estadista, pues la política es una ciencia concreta y práctica que debe tener la flexibilidad para combinar los enunciados abstractos y generales con la realidad.
De allí la necesidad de una legislación que se haga en el momento oportuno, teniéndose en cuenta el tipo de territorio, el clima, las tradiciones,  costumbres y demás circunstancias. Esta es la ventaja de la ley emanada por el pueblo soberano que no conoce leyes previas y universales de derecho natural o divino. Lo que es  bueno para un país, políticamente hablando, puede no serlo para otro.

Y como la ley tiene que ser cumplida, se necesita la fuerza del poder ejecutivo, en conjunción con el poder soberano legislativo del pueblo (o su asamblea general).
El poder ejecutivo cumple lo ordenado por la voluntad general del pueblo, y es el intermediario entre el soberano-pueblo y cada individuo particular. Así Rousseau pone bases suficientes para que distingamos entre Estado y sociedad , un tema clave en nuestros días. En esto, el ilustre pensador de Ginebra avanza sobre las ideas clásicas que anteponían el problema “del mejor sistema de gobierno” a la que la sociedad debía supeditarse e incluirse.Para Rousseau, el gobierno es un fenómeno secundario. Puede cambiar, pero el contrato permanece estable.

Por lo tanto, lo importante para el estudio y para la praxis de la política es la sociedad, a la que se debe la lealtad en primer lugar, no al gobierno.
Al fin y al cabo, el gobierno es un mal necesario porque los hombres necesitan dirección en el ejercicio de la libertad, sobre todo en las grandes colectividades humanas. Cuanto menos gobierno haya y màs limitado sea en la esfera de su poder, mejor.Los ciudadanos deben aprender a desconfiar de sus gobernantes, siempre inclinados a restar libertad al pueblo y a crear rangos y privilegios, y por tanto, diferencias, olvidándose de que todos los ciudadanos son iguales.

Sobre esta base “rusoniana”, otros pensadores (utópicos, socialistas, anarquistas) desarrollarán la idea de la desaparición del Estado, creyendo que se puede mantener una sociedad sin Estado o sin gobierno (como lo veremos  en el siguiente módulo).
Para Rousseau, el gobierno debe ser tan poderoso como para doblegar los intereses particulares, pero no tan poderoso como para dominar la voluntad general o la ley que de ella surge. Y cuanto más populoso o extenso es un Estado, más poder deberá tener el gobierno, ya que hay màs voluntades particulares en pugna.

k)         De allí que Rousseau sostiene que la democracia es muy apta para países pequeños, mientras que la aristocracia es mejor para los grandes países, si surge como un medio para evitar la excesiva concentración del poder del rey monárquico (El tema de la democracia en los grandes países será una interesante discusión política en los EEUU, como veremos en el módulo siguiente)

Hay tres clases de aristocracia:
·       la peor es la hereditaria (de cuna) apoyada en las riquezas y en el supuesto de que los nacidos de origen noble son mejores que los otros;
·       la natural, surge de mejores cualidades naturales (ideal de los griegos Platón y Aristóteles).
·       Pero la preferible es la electiva, cuando el pueblo elige a un número limitado de gobernantes y los controla. 
En realidad, esta manera de Rousseau de entender a la aristocracia electiva es prácticamente nuestro modo actual de entender a la democracia representativa.
Obviamente, el pueblo eligirá a los mejores y más capacitados ciudadanos, evitándose así los males de la demagogia (Recordar que “aristos” en griego significa el mejor). No hay, por tanto, privilegios para una clase social  El pueblo tiene que elegir teniendo el cuenta el mejor talento político, no desde consideraciones de tipo social de cualquier especie (como en la oligarquía liberal y en el  popular socialismo).

Cuando las voluntades particulares sustituyen a la voluntad general, entonces el gobierno muere:
·       sea por anarquía (cada interés particular tira por su lado)
·       sea por tiranía  (una voluntad particular se impone a las otras). Rousseau creyó que las revoluciones podían establecer una democracia o aristocracia al estilo antiguo, pero sobre un terreno bien conscientizado, tratándose de unir el progresismo radical y revolucionario de la modernidad con la moderación de la antigüedad.

l)          Pero el ideal “rusoniano” tropieza con dos grandes dificultades: 

1.         Primero, la propiedad privada, pues él nunca consideró factible el poder eliminarla para establecer un comunismo de los frutos de la tierra (esta tarea la hará el marxismo, llevando hasta el final el ideario de Rousseau). Esta propiedad privada, enraizada en la sociedad civil, conspira contra la búsqueda del bien común y favorece los egoísmos y la desigualdad. Como raíz concreta de poder en la sociedad, influye en el establecimiento de las leyes y distorsiona la igualdad, pues nunca es lo mismo nacer rico que pobre.  Los pobres, a su vez, “perdido por perdido”, como solemos decir, pueden inclinarse a desestabilizar la sociedad y crear la anarquía. La propiedad privada queda así como un perpetuo interrogante sobre el concepto liberal de “sociedad civil legítima”.

2.         La segunda dificultad para el ideal rusoniano es su concepto sobre el hombre primitivo o natural. Si el hombre natural era perezoso por naturaleza, ahora la sociedad civil exige esfuerzo, trabajo y sacrificio, o sea, una virtud ciudadana muy difícil de practicar, ya que las tendencias primitivas o naturales afloran a cada momento.
Y si el hombre natural era bueno y compasivo, qué difícil se le hace ahora al hombre vivir en una sociedad competitiva.
El mismo Rousseau se confiesa partícipe del ideal natural o naturista, y lo llevó a la realidad viviendo en forma solitaria en el campo y en forma casi antisocial. Pareciera, pues, que del estado de naturaleza surgen dos caminos posibles: entrar a la sociedad civil o apartarse de ella, como hace el propio Rousseau. Un camino mira hacia el futuro y la transformación de la naturaleza. El otro significa un retorno a la naturaleza. Pareciera que la síntesis armónica es imposible, como querer conciliar al estadista con el poeta.

Al menos Rousseau no pudo hacer esa síntesis.
 Por eso nos dejó cierta desconfianza hacia un progresismo modernista que prometía llevar a la humanidad a la total felicidad. Y sin despreciar el rol de la política y del estadista, nunca creyó que el hombre se volviera completamente social en una pacífica armonía.Sin dudas, se anticipó a un problema que hoy nos resulta más que agudo cuando el ideal de la modernidad se corrompe en la posmodernidad, o exige el cambio de la posmodernidad, según como se la mire. A Rousseau le debemos el ideal de una democracia libre, igualitaria  y participativa, con soberanía popular real y con ejercicio del control del poder, algo que hoy en pleno auge de la democracia neoliberal, con soberanía jurídica y sin mandato, parece un imposible. 

2.IMMANUEL  KANT (1724-1804)

Nacido en Konigsberg (Prusia), Manuel Kant fue profesor de filosofía en su ciudad natal, de la cual prácticamente nunca salió, publicando allí sus libros.
Es considerado como el más grande filósofo de la modernidad, siendo sus tres obras principales Crítica de la Razón pura, Crítica de la Razón práctica, Crítica del Juicio  (1781,1788,1790). Sus obras cierran la llamada Edad Moderna, cuyo final simbólico es la Revolución Francesa de 1789. En ellas rara vez habla explícitamente de política, lo que hace en obras menores como La paz perpetua. 

Ante todo, demos una breve síntesis de su filosofía. Para Kant, como para la mayoría de los autores modernos de importancia, el punto de partida de la filosofía es la Gnoseología. Esto significa: la razón, antes de abocarse a la consideración de los diferentes objetos que se le presentan, debe realizar una crítica de sí misma para saber si posee autoridad para pronunciarse sobre cada uno de aquellos objetos en cuestión. Lanzarse a la consideración de los objetos de conocimiento que se presentan sin una crítica previa es “dogmatismo”, postura causante de que la Filosofía, y sobre todo su parte principal, la Metafísica, no hayan encontrado aún “el seguro camino de una ciencia” (“Crítica de la Razón Pura”, prefacio a la 2da. Edición).

De allí que, para localizar el culmen del pensamiento kantiano, debamos dirigirnos a sus obras “críticas”.Todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo conocimiento proviene de ella pues nos hallamos también en presencia de conocimientos “a priori”.
El conocimiento “a priori” es completamente independiente de la experiencia. La experiencia nos muestra que una cosa es de tal o cual manera, pero no nos dice que no pueda ser de otro modo; su juicio es siempre particular y contingente.
En consecuencia, si nos hallamos en posesión de proposiciones universales y necesarias – y efectivamente las poseemos, como lo demuestran la Matemática o la Física –, ellas no provienen enteramente de la experiencia, sino sólo son posibles por la función universalizadora de nuestra propia razón, por medio de sus “categorías”.

En definitiva, tanto la experiencia como la razón son indispensables para el conocimiento teórico  -Kant separa el conocimiento teórico del práctico y del estético –, pero cuanto de universal y necesario hay en él es aportado por las categorías del sujeto. Más aún: ya en la misma experiencia hay un primer aporte subjetivo pues, siendo toda experiencia temporal y espacial, “tiempo” y “espacio” no son propiedades de las cosas, sino categorías subjetivas.  
El conocimiento teórico es así, para Kant, una construcción del sujeto. Su resultado es el “fenómeno”. El sujeto, a partir del dato proporcionado por la experiencia, pone en él cuanto hay de universal y necesario. Recordemos que, según es tradicional en la historia de la filosofía, sólo podemos llamar “conocimiento”, en el sentido de “episteme”, a lo universal y necesario. Sólo conocemos los fenómenos, y de ninguna manera – al  menos por la razón teórica – la cosa en sí misma, a la que Kant llama “noúmeno”.

Kant es presentado así como un intento de superar las posiciones extremas del racionalismo y del empirismo. Tanto la razón como la experiencia son necesarias para el conocimiento teórico. Si no hay razón universal, no hay conocimiento. Si no hay dato empírico, tampoco, al punto que aquellos objetos que de ninguna manera pueden ser objeto de experiencia – el mundo como totalidad, el alma como sustancia y Dios – quedan fuera del campo del conocimiento teórico.


Diferente es el conocimiento práctico, es decir, no ya conocimiento acerca de cómo “son” las cosas, sino acerca de cómo “deben ser”. Este es completamente a priori e independiente de la experiencia, pues cómo “debe ser” algo no es una cuestión que se pueda hallar en el mundo, sino sólo en la razón en su dimensión práctica. El mundo no puede prescribirme ley moral alguna, de donde resulta que la moral kantiana posea tres características típicas:
a) es a priori de toda experiencia;
b) es autónoma, pues depende enteramente de algo que hallo en el sujeto – la ley moral universal – ; y,
c) es formal, es decir, la bondad o maldad de los actos no proviene del objeto, sino de la intención o voluntad con que se haga algo. 


a) Profundo admirador de Rousseau, seguidor de Descartes y conocedor de Hobbes y Locke, su doctrina política puede resumirse en esto: gobierno republicano y organización internacional.
La suya es una doctrina del Estado basada en el derecho y en una paz eterna, consciente además del sentido universal que tiene la historia. Hay que pasar del estado de guerra (estado de naturaleza) al estado de derecho, estado legal que fundamenta la paz.
En síntesis: la paz depende del derecho, el derecho de la razón, y el impulso de todas las cosas está orientado hacia un Estado libre, racional y, por ello, pacífico.Su preocupación, en la línea de Rousseau, es lograr una armónica relación entre ciencia moderna y moral.Mientras que la felicidad es la satisfacción de nuestras inclinaciones naturales, la virtud es obediencia a la ley moral. Ambos órdenes quedan relacionados desde el postulado de la razón práctica de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma.

b)         La cuestión de la relación entre política y moral (tan ausente o confusa en Hobbes y Locke) es considerada fundamental en Kant al postular la dignidad del hombre, sobre la base de la condición moral y filosófica de los derechos del hombre.
 Con los derechos del hombre, Kant desea establecer un fundamento moral a la libertad política y a la igualdad, revelando a los hombres al mismo tiempo que la única base legítima para la obediencia del súbdito es su libertad de legislar. O sea, sigue y profundiza el esquema de Rousseau.
Al mismo tiempo, mientras acepta al antidogmatismo de Hume, rechaza su empirismo, volviendo a la primacía de la razón y de la causalidad de los hechos, afirmando al mismo tiempo la libertad del hombre moral.
Por el imperativo de la razón práctica, todos los hombres pueden acceder al orden moral o del “debe ser”. Los derechos del hombre, como la ética, deben ser considerados como un “a priori”, válidos y exigibles universalmente, y elementos esenciales del ser humano racional y de su libertad, no dependiente de fines o circunstancias. La moral es una “buena voluntad” radical que exige libertad y obediencia al mismo tiempo, actuando no sólo porque la ley lo manda, sino por respeto a la ley, ley emanada del mismo sujeto.

c)         De todo ello emerge su convicción de la igualdad humana, pues en todo caso la única desigualdad a tener en cuenta es la desigualdad moral. Esta igualdad es base del respeto hacia los otros y de los otros hacia uno. Toda humillación que se hace a otro, es una falta contra la igualdad. Aún un hombre depravado, en cuanto hombre, es digno de respeto y es capaz de mejorarse a sí mismo.
 P
or tanto, el hombre nunca puede ser un medio o instrumento, sino que siempre es un fin en sí mismo.
De allí la norma del imperativo categórico : “Actúa de modo que trates a la humanidad en tu propia persona así como en la de los demás, siempre como un fin y nunca como un simple medio”.Es el imperativo que da base moral a los derechos del hombre.Cuando se priva al hombre de su libertad o de su propiedad, entonces se lo está tratando como un medio o instrumento.

d)         Donde mejor aparece la aplicación de la moral a la política es en La paz perpetua.
La política parece atenerse al axioma de Jesús: “sean sabios como serpientes”, mientras que la moral se refiere a ser “inocentes como palomas”. El conflicto siempre tiene que resolverse subordinando el primer aspecto al segundo, pues “la honradez es la mejor política” y “mejor que ninguna política”.
 Hay, pues, un claro rechazo de todo maquiavelismo político (“actúa y después discúlpate”, “divide y vencerás”, “niega todo”, etc.) para afirmar “que prevalezca la justicia aunque por ello perezca el mundo”.
Por lo mismo, postula en la diplomacia “tratos abiertos, a los que se llega abiertamente”, algo que parece totalmente contrario a los intereses de la política.Y propone tal imperio de la ley entre las naciones que hagan prácticamente imposible toda guerra, abjurando los Estados mediante un pacto de todo recurso a la guerra. Una federación de Estados es la única forma práctica de lograr la paz.

e)         Para superar la tensión conflictiva entre política y moral (en la práctica, los principios anteriores no se pueden lograr por inaplicables) está la filosofía de la historia que señala la dirección del progreso y da esperanzas de lograr un orden legal tendiente a la unión y paz definitivas.
Hay que aceptar el determinismo físico de Newton (todo tiende a un fin) también en la historia, buscando con libertad el fin del progreso humano que expresa el orden de la Providencia.
La filosofía de la historia debe interpretar el pasado, dar esperanzas para el futuro, y de esta manera apoyar la acción moral, tanto en los individuos como en la especie humana. La fe en un progreso moral transmisible de generación en generación y la fe en el avance intelectual y político, deben ayudarse entre sí. Este avance y progreso de la historia es como otro postulado práctico que alienta al hombre para actuar moralmente, aunque ya debe hacerlo desde el postulado del “debe ser” de una buena voluntad.La naturaleza o la Providencia busca un fin bueno, aún con elementos llenos de vicios, violencias, guerras y todo tipo de imperfecciones.

De esta manera, Kant es el primer gran filósofo en cuya obra la filosofía política se transforma en filosofía de la historia.
Todos los hombres van construyendo un edificio ordenado al progreso y a una felicidad de la que ellos mismos no podrán participar, pero sí las generaciones futuras. Así los hombres, aunque mortales individualmente, son inmortales en la especie humana. Por tanto, toda acción humana y toda moral se apoyan en la esperanza.Sólo hay historia humana en la medida en que hay algo más allá de la libertad y en que las acciones humanas toman una dirección involuntaria o inconsciente, sólo conocida por la Providencia o la naturaleza, cuya mano invisible conduce a los hombres. 
Así “el fin de la naturaleza” (versión más laica de Providencia) es la guía de la historia, y esta naturaleza “desea irresistiblemente que por último prevalezca la ley. Lo que los hombres descuidan con ese fin llegará de todos modos, aunque no sin esfuerzo” (citas de La paz perpetua).
De esta forma, Kant es más optimista que Rousseau sobre el destino final de este proceso de historia progresista e iluminista, porque aún los males de la cultura terminan orientándose hacia la concreción del fin de la naturaleza.  Hoy la posmodernidad se aparta decididamente de la idea kantiana de una finalidad de la historia, entrando así la humanidad  y su historia en una crisis profunda de sentido.

En breves palabras, este es el ideario kantiano, racionalista e iluminista:
 “… Las acciones humanas se hallan determinadas, lo mismo que los demás fenómenos naturales, por las leyes generales de la Naturaleza. La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace concebir la esperanza, a pesar de que las causas de los mismos pueden yacer profundamente ocultas, de que, si ella contempla el juego de la libertad humana en grande, podrá descubrir en él un curso regular… No se imaginan los hombres en particular como tampoco los pueblos que, al perseguir cada cual su propósito, según su talante y a menudo en mutua oposición, siguen insensiblemente, como hilo conductor, la intención de la Naturaleza, que ellos ignoran…
El problema mayor del género humano, a cuya solución constriñe la Naturaleza, consiste en llegar a una Sociedad Civil, que administre el derecho en general… por esta razón, una sociedad en la que se encuentre unida la máxima libertad bajo leyes exteriores con el poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa, constituye la tarea suprema que la Naturaleza ha asignado a la especie humana… El problema de la institución de una constitución civil perfecta depende, a su vez, del problema de una legal relación exterior entre los Estados, y no puede ser resuelto sin este último… de modo que aún el Estado más pequeño pueda esperar su seguridad y su derecho, no de su propio poderío o de su propia decisión jurídica, sino únicamente de esa gran federación de naciones, de una potencia unida y de la decisión según leyes de la voluntad unida…” (Ideas de una Historia Universal en sentido cosmopolita, 1784)

f)         Dentro de este marco encontramos la teoría política más original de Kant sobre la paz perpetua entre las naciones, pues sus alusiones al Estado legal y al principio de la libertad del pueblo, etc. son comunes a los otros filósofos, especialmente a Rousseau.
Su originalidad está en completar el paso del estado de naturaleza a la sociedad civil y Estado, con un nuevo paso hacia la paz universal, dentro de esta finalidad general de la historia.
Porque la libertad de los individuos y de los pueblos queda en la nada si no se cumple el postulado de la razón práctica: “No habrá guerra”, y el plan de la naturaleza providencialista: “completa unificación civil de la humanidad”. Para eso propone una alianza o federación de naciones (sin un soberano que centralice el poder) que debe renovarse constantemente.

Todo lo cual trae tremendas dificultades teóricas, jurídicas y prácticas, sobre todo por cierta ambigüedad de esta doctrina de Kant. ¿Sería sólo una federación o se llegaría a un Estado universal con todos los riesgos del Leviatanismo? ¿Cuáles serían sus atribuciones y obligatoriedad? ¿Tendría una constitución básica y obligatoria para todos los Estados? ¿Tendría poder de coacción?

Kant tiene muchas dudas sobre estos asuntos prácticos y está lejos de dar una solución viable.

También utiliza un argumento ya conocido por los ingleses, de que una gran relación comercial e intereses financieros comunes convencerán de que las guerras son desastrosas para todos y con un costo muy alto. En otras palabras, la conquista de la guerra es mejor sustituirla por la conquista de los mercados.Donde la guerra y la moral fracasan para lograr la armonía universal, puede triunfar el dinero y el comercio.Pero también es cierta la otra verdad: que el mayor afán de dinero y riquezas puede llevar a los pueblos a guerras despiadadas, lo que efectivamente sucederá.

De todos modos, allí queda el ideal kantiano planteado de esta forma:
“Si es un deber, y al mismo tiempo una esperanza, el que contribuyamos todos a realizar un estado de derecho público universal, aunque sólo sea en aproximación progresiva, la idea de la “paz perpetua” … no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco, acercándonos con la mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en lo futuro, más rápido y eficaz que en el pasado”.
Tendrán que pasar muchas guerras del siglo XIX y las tremendamente desastrosas del siglo XX (primera y segunda guerra mundial) para que, finalmente, las naciones decidan llevar a la práctica el ideal del muy racional y metódico filósofo alemán, de tanta influencia en el pensamiento moderno, y tan atento a los acontecimientos de la revolución francesa, de la que fue contemporáneo. 

3.El LIBERALISMO

Los Estados Unidos aparecen en todo este proceso como la tierra mítica del liberalismo y de la democracia.Sin embargo, el liberalismo no es una ideología unívoca ni significa lo mismo en cada circunstancia o país.

Un caso interesante es el de Mazzini (1801-52), un liberal nacionalista y romántico, patriota ardiente y promotor de la unidad italiana, idealista y religioso que afirma: “Religión y política son inseparables. Sin religión, la ciencia política no puede crear más que despotismo o anarquía”. Por ello combate el maquiavelismo de Cavour y permanece fiel a sus ideas republicanas y democráticas con arraigo en el pueblo, para instaurar la justicia y la paz. Se opone tanto al utilitarismo inglés, como a la supremacía de la economía sobre la política, a la lucha de clases y a los enfrentamientos bélicos entre los pueblos.


La democracia típicamente liberal o “a la inglesa” tiene notables diferencias con la democracia de la filosofía y revolución francesas, tal como la hemos considerado. Es evidente que democracia liberal o liberalismo no es un término unívoco.
La concepción de los filósofos liberales ingleses (que influirá en los franceses antes y más aún después de la revolución de 1789) reposa sobre una distinción entre el Estado y la Sociedad Civil, considerada como sinónimo de vida privada. El Estado, ocupado del bien público, no debe inmiscuirse en la vida privada, típica de la “vida civil”.
Al separarse cuidadosamente los dos campos, el liberalismo procura salvaguardar la libertad de los individuos, pero de los individuos en cuanto propietarios, de modo que hay un desplazamiento de sentido de la “libertad” al “liberalismo” propietario. Al Estado le corresponde exclusivamente (al menos desde la teoría liberal, pero no siempre desde su praxis) preservar y garantizar  la libertad de los propietarios. Por tanto, un Estado “garante”.

El Estado defiende la libertad, y la defiende cuando la propiedad está en peligro.
En consecuencia, la democracia liberal se estructura sobre la relación Estado-propiedad, siendo el Estado el aliado y el defensor de los propietarios, que son los hombres libres dentro de la secuencia Estado-propiedad-libertad.Por eso el Estado es “liberal”, porque deja jugar libremente los mecanismos que surgen de la propiedad.
Así, pues, la propiedad fundamenta la capacidad política, de modo que a través de la propiedad el hombre pasa al estado de ciudadano y hombre políticamente libre.
Como dice Benjamín Constant en 1817: “Unicamente la propiedad… hace a los hombres capaces de derechos políticos” (Constant, 1767-1830, es el principal teórico del liberalismo francés bajo la Restauración. Define a la libertad como “el pacífico goce de la independencia privada”).
En consecuencia, “el pueblo” (clase popular, social y económicamente baja) no es el soberano ni constituye al Estado democrático, desde el momento en que no es un pueblo compuesto de propietarios, situación casi universal en esos y estos siglos. Sólo el pueblo burgués es el dueño del poder del Estado, siendo la democracia liberal una república de propietarios.

Todo esto apunta a la clara distinción que hace el liberalismo entre lo público y lo privado, como surge de los conceptos de Smith que ya hemos analizado.
El Estado se ocupa del interés general (lo público) y su finalidad no es otra que la de velar por el desarrollo de la actividad económica privada. Es un Estado sometido a las contingencias de la economía y del mercado, y por lo tanto, la política queda subordinada a la economía, y por ende, a la esfera privada de la que depende dicha economía.

En consecuencia, la sociedad liberal es una sociedad de propietarios, o sea, la suma de los individuos mercaderes, empresarios y terratenientes.
Mientras esa sociedad se entregue a la búsqueda de la riqueza, de los negocios, de la producción y del dinero, será inmensamente feliz y seguramente también se ganará el cielo.
Como dice el estadista e historiador Thiers (presidente conservador de Francia en 1871-3) en De la propiedad: “Dios civilizó al mundo a través de la propiedad, y condujo así al hombre del desierto a la ciudad, de la crueldad a la dulzura, de la ignorancia al saber, de la barbarie a la civilización” (que esto “es cierto”, basta preguntarle a los proletarios del siglo pasado o a los millones de pobres y excluidos del nuestro…) Todas estas ideas liberales serán la base de los estados modernos anglosajones, pero gravitarán también en el resto de Europa y en numerosos partidos políticos de América Latina (liberales y conservadores) para ser hoy el consumo ideológico principal del Neoliberalismo.

Sintetizando: el liberalismo aparece asociado a varios elementos:
– Liberalismo y progreso: sobre todo al principio, el progreso en las ideas y en el bienestar fue un insumo básico de la teoría liberal. Pero hacia fines del siglo XIX, hay liberales progresistas y liberales conservadores, no dispuestos a seguir avanzando en el curso de las ideas. Hoy mismo en el final del siglo XX el liberalismo es más un pensamiento conservador política y económicamente que progresista en cuanto motor de cambios.
Para estos liberales, la historia ha alcanzado su culmen (“final de la historia”) y lo único que resta es aplicar disciplinadamente sus esquemas. Los revolucionarios de ayer, hoy apagan incendios y decretan el sentido subversivo de cualquier cambio.


– Liberalismo y libertad: el liberalismo apareció como la garantía de la libertad y de las libertades, pero después se entra en un período de gran confusión. Mientras que en sus comienzos (siglo XVIII) “libertad” es un concepto abarcativo de todas las libertades: religiosa, de pensamiento, política, económica (frente a todos los tipos de ataduras), para el siglo XIX el liberalismo se fragmenta en:
·       liberalismo económico con sus dos elementos claves de propiedad y riqueza; por tanto: libertad económica o de mercado frente al dirigismo estatal;
·       liberalismo político opuesto al despotismo y fundante del gobierno representativo y parlamentario (tanto en monarquías como en repúblicas);
·       liberalismo intelectual caracterizado por la tolerancia (de ideas, de religión), la conciliación y el pluralismo, aunque los liberales no siempre fueron ejemplo de tolerancia de otras ideas.De esta forma, podemos ver que mientras para los liberales políticos el liberalismo económico es algo necesariamente complementario (situación desde la década del 80 en nuestro siglo), en muchos sistemas antiliberales y dictatoriales se practicará el liberalismo económico (caso típico el de Pinochet).

O bien se practica el liberalismo contra el rey, los nobles y el clero, pero se niega la libertad al pueblo al que se excluye sin ningún miramiento, sea porque no se le reconoce el acceso al poder, sea porque se lo oprime desde un liberalismo de mercado o capitalismo salvaje. En definitiva: pareciera que el liberalismo que nació como una lucha contra déspotas y oligarcas, termina siendo la filosofía de una nueva oligarquía, tanto política como económica.

Un liberalismo absolutamente pragmático que puede predicar el pacifismo mientras sostiene una política bélica e imperialista; que proclama los derechos universales del hombre mientras apoya el colonialismo, la esclavitud y la pobreza del proletariado; que afirma el “dejar hacer” del Estado mínimo y el libre juego del mercado, siempre que no se lesionen los grandes intereses de la economía nacional o de los empresarios; que declama el derecho al voto, siempre que el votante sea propietario, o aún no siéndolo, que no intervenga en el control del gobierno; que también declama la igualdad jurídica por naturaleza, pero rechaza todo intento por una igualdad social y una igualdad de oportunidades ante la distribución de las riquezas.

En suma, nos queda en pie la pregunta: ¿qué es el liberalismo?, o a qué liberalismo nos referimos cuando hablamos de “liberalismo”.  

4.NUEVAS CORRIENTES DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XIX

En este período nos encontramos con un impresionante mosaico de movimientos filosóficos de todos los tonos y colores, cuya sola enumeración ya resulta complicada. Un mosaico que muestra la desintegración de toda unidad de pensamiento en Occidente y los intentos frustrados por encontrar un rumbo a una sociedad desconcertada.

a) La historia del pensamiento europeo aparece como en movimientos pendulares, de modo que al ilumnismo y racionalismo que transforman al hombre en un observador científico y racional de la realidad, siguió necesariamente la propuesta del Romanticismo, desde principios del siglo XIX, que comienza a admirar a la Edad Media y los valores religiosos, con un retorno a la historia, el sentimiento de la belleza y los valores del espíritu, tan desatendidos por el racionalismo intelectualista.

Es la exaltación de lo irracional y espontáneo del ser humano, de una creatividad ajena a tantas leyes universales, y de la fuerza del sentimiento y de la libertad, engendradora ésta de las autonomías de los nuevos países.

Contra la filosofía de la razón, el romanticismo levanta los ideales de la filosofía de la vida, más concreta, más individual y más loealista; el renacimiento de la belleza y de los sueños utópicos, del heroísmo y de una vida que quiere salir de la rutina y de la formalidad de la ley y del deber kantiano. Con la belleza artística (tan singular en los poetas y músicos románticos, ver Guía histórica), aparece también una religión más emocional que dogmática, con un Dios tan cercano a la realidad que el cosmos termina identificándose con él (panteísmo).

El romanticismo (cuyo antecesor fue Rousseau) nace en Alemania y desde allí se propaga por toda Europa. Al romanticismo filosófico corresponden las figuras de Herder, Schiller y Novalis, entre otros, todos al comienzo del siglo XIX.

b) En forma simultánea se desarrolla en Alemania (que lidera el pensamiento filosófico) el Idealismo, tanto el idealismo ético de Fichte (+ 1814), redactor de los famosos Discursos a la nación alemana (1807) para incitar a la lucha contra Napoleón y propiciador de un Estado socialista; como el idealismo estético de Schelling (+1854), compañero de Hegel (1770-1831), quien lleva a su culminación el pensamiento idealista y cuyas ideas políticas estudiaremos con mayor profundidad.

Para el Idealismo, el punto de partida del pensamiento es la autoconciencia del yo, que se pone y se afirma a sí misma solamente. El contenido de experiencia es, en definitiva, posición del yo: carece de un ser diferente al del propio pensamiento. A la filosofía corresponde indicar el fundamento de toda experiencia y, por lo tanto, justificarla. Es decir, una vez más, la razón filosofando justifica y determina la experiencia, que pierde su propia autonomía. Esto es así, aunque el proceso según el cual se pasa de la experiencia a la única realidad se haya dado a lo largo de la historia, avanzando hacia la plena autoconciencia del yo como productor del mundo.
¿Por qué el yo sale de sí y pone el mundo? La respuesta de los idealistas no es unívoca. En el caso de Fitche, por pura libertad. Toda oposición que el yo se crea tiene por único sentido el ser superada por el yo. El yo conoce, es decir, pone la experiencia sensible – sólo para superar su conocimiento. En el caso de Schelling, por placer estético, pues el arte es el único verdadero y eterno órgano y documento a la vez de la filosofía.
La cúspide del pensamiento idealista se alcanza con Hegel, para quien el yo autoconsciente y absoluto es definido como Espíritu. Este Espíritu no está

, desde un principio, adecuado consigo mismo, por lo que la historia es la historia del Espíritu que va pasando de la conciencia sensible, a la conciencia de lo universal, y finalmente a la autoconciencia.
El movimiento del pensamiento, .en todos los autores idealistas, es dialéctico.
Esto quiere decir: a un hecho o proposición cualquiera, denominada tesis, se le opone su contrario, la antítesis; resulta de ambos una síntesis que supera y conserva los dos momentos anteriores.
Este movimiento se encuentra tipificado por Hegel en su ”Fenomenología del Espíritu”, donde posiciones espirituales y posiciones históricas concretas son interpretadas bajo la ley de la dialéctica. La historia de la humanidad es la historia del Espíritu que busca coincidir perfectamente consigo mismo.
El Espíritu rige la marcha de los acontecimientos que son, por lo tanto, perfectamente racionales; por otra parte, sólo lo racional merece el título de real. Hegel pensaba, además, que su filosofía era el punto de llegada de toda la filosofía occidental, y su estado definitivo y pleno. .
El idealismo tiene una variable religiosa en Schelermacher (+ 1834) con su doctrina del sentimiento de lo infinito y una mística que permite al hombre ser una sola cosa con él.
El Idealismo también provoca la reacción de Schopenhauer (+ 1861) que propicia a la Voluntad ciega e irracional como esencia de la realidad, con pesimismo sobre el sentido de la vida que debe orientarse hacia el arte, la justicia, la compasión y la ascesis que conduce al estado de ”Nirvana”.

Las ideas de Hegel, confusas y contradicotrias en muchos puntos, provocan una fuerte polémica entre la derecha hegeliana (conservadora) y la izquierda, liberal y crítica hacia “el maestro”, teniendo esta última por representantes principales a David Strauss, los hermanos Bruno y especialmente a Feuerbach (+ 1872), primer teórico del humanismo absoluto o ateo, quien proclama la muerte de Dios, el nacimiento de la religión del hombre y el materialsimo dialéctico; y a Marx (+1883), que absorbe las ideas de Feuerbach y cuya doctrina observaremos con más detalle (aunque la estudiaremos antes que las de Hegel por motivos didácticos, dada su crítica al.capitalismo inglés).
Feuerbach publica entre 1841 y 1845: “La esencia del cristianismo”, “Principios de la filosofia del futuro “y “La esencia de la religión”.
Dios es un simple ídolo fabricado por el hombre que se aliena en su culto. ”El ser divino no es otra cosa … que el hombre real objetivo … al que contempla y adora como un ser aparte”. Es objetivo de la filosofía criticar esta alienación humana para que el hombre recupere su plena humanidad.
En el plano específicamente cristiano se destaca David Strauss, autor de la Vida de Jesús que interpreta desde los mitos, sosteniendo que todas las religiones son un largo camino de la humanidad hacia el desarrollo del Espíritu Universal.

e) Capítulo aparte merece el danés Kierkegaard (1813-1855) que postula el retorno a la fe cristiana como única solución al problema del hombre. Sólo frente a Dios el individuo resuelve su singularidad y su crisis existencial, Kierkegaard será redescubierto después de la primera guerra mundial y considerado como padre del existencialismo.

En Italia también se da un importante renacimiento filosófico, especialmente con la corriente espirtualista de Mazzini (+1872) con el ideal de una época social centrada en la Humanidad y en Dios, cuya encarnación es el pueblo, y de Rosmini (+1855) que postula una reforma de la conciencia cristiana y del clero sobre el fundamento de la persona, su Iibertad y el conocimiento. Con ideas similares se destaca Gioberti (+ 1852); todos ellos propulsores de una nueva pedagogía coincidente con el surgimiento de numerosas congregaciones dedicadas a la enseñanza.

d) En Francia, tras el periodo de restauración de la monarquía y de una corriente tradicionalista católica, se inicia en la segunda parte del siglo XIX el importante pensamiento del Positivismo, como reacción a tanto criticismo kantiano, idealismo y romanticismo.
Se postula, en consecuencia, la validez de las ciencias positivas en un amplio proceso cultural que tendrá variada repercusión en la Europa industrializada y fuera de Europa, como en Brasil que adopta sus principios y el lema: “Orden y progreso”.
El positivismo es básicamente un método que consiste en estimar la experiencia como único criterio de verdad, cualquiera sea ~l objeto de la investigación (lo natural, lo religioso, lo psicológico o lo social).
Como consecuencia de esta postura, hay rechazo de la metafísica y actitud agnóstica (de duda y de un no poder conocer) ante lo que no cae bajo la observación sensorial; concepción mecanicista de la naturaleza, y -determinismo de los hechos naturales y humanos; explicación de la vida y de los fenómenos humanos desde el evolucionismo y la psicología empírica, e importancia del análisis crítico de los hechos sociales, morales, psíquicos, económicos, religiosos, etc.
El positivismo religioso fue desarrollado por Strauss (+1874), famoso por su “Vida de Jesús”, en la que explica míticamente los evangelios, y por el teólogo Bauer (+ 1882) que pone en dudas la existencia histórica de Jesús.
De esta manera la ciencia se transforma en la gran religión de la humanidad y único conocimiento verdadero. Nace, pues, un nuevo optimismo y una nueva utopía, que tiene dos direcciones, la social y la evolucionista.
El representante más importante del positivismo es el francés Augusto Comte (1798-1857, Curso de filosofia positiva; Sistema de política positiva), un hombre de grandes inquietudes sociales y religiosas, y considerado como fundador de la moderna Sociología . Describe el proceso histórico de la humanidad en tres estadios: el teológico o religioso (ingenuidad, fantasía mágica, autoritarismo sacerdotal y militarismo), el metafísico filosófico (soberanía de la razón y del pueblo) y el positivo, que es el más avanzado, pues busca la relación entre los fenómenos. Su finalidad es. someter toda la naturaleza al hombre conforme al lema: “Saber para prever, prever para poder”.
Comte considera a la sociología positiva como la ciencia suprema y propone una nueva religión positiva de la Humanidad o del Gran Ser (los nuevos santos son los inventores y revolucionarios, hay un nuevo catecismo positivista, etc.) fundamentada en el amor que unificará a toda la humanidad.
El positivismo evolucionista (todo surge por un proceso evolutivo, aún el hombre que desciende de homínidos y simios) tiene como representantes importantes a Lamarck (+1829), y Darwin (+1882) con su obra “Sobre el origen de las especies”, tras un extenso viaje científico en el que visitó nuestra Patagonia.
Todo lo cual provoca drásticas reacciones de la Iglesia que apela a los relatos bíblicos para oponerse al evolucionismo, teoria que será dmitida oficialmente por el Papa Juan Pablo II.
Dentro de la corriente positivista podemos citar también a los utilitaristas Bentham y Stuart Mill (los veremos con cierto detalle), y al positivismo evolucionista del liberal inglés Spencer (+1903) Renán (+1892) y Ardigó (+1920), como otros numerosos científicos de Italia y Alemania.
En tanto, el positivismo social se introduce con Saint Simon y los socialistas utópicos

e) El último periodo del siglo XIX y principios del xx está marcado por una gran diversidad de corrientes neokantianas algunas, voluntaristas otras (Hartman, +1906, Y Wundt, +1920), historicistas relativistas (Dilthey, + 1911), humanismo absoluto de Nietzsche (lo veremos con detalle), humanismo existencialista español. (Unamuno, +1937, Ortega y Gasset, +1955), pragmatismo angloamericano (Pierce, +1914, W. James, +1910, Dewey, +1952), neohegelismo italiano (Gentile, +1944, y Croce , +1952) Y seguidores de las corrientes ya vistas.
También se destaca el pensamiento de Bergson (+1941) que, contra el racionalismo y el positivismo, afirma la intuición y la evolución constante de una fuerza vital (élan vital); y la Fenomenología de Husserl (+1938) y de Hartman (+1950) que postulan el análisis fenomenológico.
Tienen también su importancia más tarde el dinamismo espiritual de Blondel (+1949), y el renacimiento de la escolástica en el neotomismoy del cristianismo social.

f) Finalmente ya en pleno siglo XX debemos destacar el importante movimiento del Existencialismo, con su sentido trágico de la vida, que nace en Kierkegaard y en Heidegger (lo veremos en detalle) y tiene un amplio desarrollo especialmente en Francia con Jaspers (+1969) que afirma la existencia humana como pura posibilidad y absoluta libertad; Sartre (+ 1980) que niega todo sentido a la vida del hombre, pues éste vive en la angustia de la náusea. Sartre desarrolla sus ideas en textos filosóficos, pero también en novelas y obras dramáticas como La náusea (1938) en los que el hombre busca ser Dios pero fracasa en su intento, de modo que la vida se transforma en un tormento.
Su obra filosófica más conocida es El ser y la nada.

Por su parte Gabriel Marcel (+ 1973) propicia un existencialismo cristiano que no renuncia al sentido dramático de la existencia, pero la abre a la esperanza, al amor y a la fe en un principio trascendente.

En Rusia se destaca el existencialismo de Chestov (+1938) de fuerte acento religioso y opuesto a todo iluminismo científico o filosófico, y de Berdiaev (+1949) que busca regenerar a la humanidad, no desde la ciencia, sino desde una doctrina integral del hombre y desde la libertad del espíritu.

5. El pensamiento utilitarista inglés. 
Jeremy Bentham (1748-1832) y James MilI (1773-1836)

Los escritos más importantes de Bentahm fueron realizados a fines del siglo. XVllI: Fragmento sobre el gobierno (1776) y Principios de moral y de legislación (1789), coincidente con la revolución francesa. Bentham, político y filósofo, es el fundador del utilitarismo., según el cual, un acto. es justo. o. injusto. si sus consecuencias son placenteras o. desagradables; porque lo. bueno. o. lo. malo. se relaciona con el placer o. el dolor que produce un acto, Por otra parte, el progreso sólo depende del conocimiento enciclopédico, pues todo lo relacionado con la tradición es ignorancia, incluso la tradición y la legislación inglesa.
a) Bentham pretendió establecer un marco general de condiciones sociales que, según creía, harían avanzar el bienestar público, no. solo en Inglaterra sino en el mundo entero.
Su objetivo era lograr la mayor felicidad posible y para el mayor número de personas. Propone una ciencia jurídica universal pero. adaptada a las condiciones históricas del lugar donde se aplica, pero sin que las costumbres (prejuicios) impongan su criterio sobre la ley científica.

Todo conflicto entre conservadores y progresistas debe resolverse en favor del progreso, un progreso cuyas verdaderas bases recién ahora se está poniendo. y estas bases son simples:
mejor alimento, mejores condiciones sanitarias, mayor igualdad de oportunidades, mejor educación. Con ellas, la felicidad humana está asegurada.

Por tanto, un método sencillo, fácilmente captable y realizable, y muy optimista. y por su puesto, el progreso material produce las condiciones para el progreso en la esfera espiritual.

La felicidad humana no depende de un bien objetivo o de derechos naturales, como los proclamados en Estados Unidos o.en Francia, sino sólo de condiciones de las que cada ser humano sacará mayor o menor ventaja.
Por otra parte, todo depende de la mayor o menor injerencia del Estado en la regulación de la vida de los ciudadanos. Como siempre habrá conflicto entre deberes y deseos, cada uno debe aprender a manejarse desde el cálculo. y la utilidad, dejando el Estado toda la libertad necesaria y justa.
Bentham, optimista, creyó que el hombre no era tan rebelde como para necesitar muchas restricciones del Estado, y que siempre es mejor aplicar incentivos que castigos, lo. que influyó en Inglaterra en la reforma del derecho penal (aplicar menos penas de muerte) y en la extensión cada vez mayor del derecho. al voto, pues no. hay una clase de personas aptas por naturaleza para gobernar.
b) Estas ideas se fundieron con las de liberalismo económico, libertad intelectual y tolerancia religiosa. Era necesario levantar toda barrera al libre comercio, a la expresión y crítica ciudadana y a la tolerancia religiosa, admitiendo en igualdad a católicos, judíos y ateos. Su ideal era una sociedad de individualistas dispuestos a cooperar. Nadie debe considerarse infalible al percibir e interpretar la realidad.

Su lema para el buen ciudadano era: “Obedecer puntualmente y criticar libremente”. Con esto se lograba una perfecta armonía entre libertad y autoridad.

Su pasión fue descubrir “ese sistema cuyo. objeto es crear la urdimbre de la felicidad, por medio de la razón y de la ley”. Todo ello. apoyado en el principio de utilidad: “es el principio que aprueba o desaprueba toda acción, según la tendencia que parezca tener para aumentar o disminuir la felicidad de aquel cuyo interés está en juego, y de cualquier acción, tanto de cada individuo en particular como de cada medida del gobierno … ”

Este principio de utilidad ha sido sancionado por la naturaleza, pues “la naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Sólo ellos pueden indicar lo que debemos hacer y -determinar lo que haremos” (Principios de Moral y Legislación)

Por tanto, toda acción racional es una acción que está en conformidad con el principio de utilidad.

e) Y como hay tantos criterios individuales sobre qué es lo útil y lo placentero, no queda más remedio que acudir al debate y a la deliberación cooperativa, único remedio contra la anarquía moral; sobre la base consensual de aceptar el criterio de utilidad como norma fundamental (no la ley natural).

Lo justo es simplemente lo útil.
Por todas estas consideraciones que apuntan a decir que el bien supremo es un “absurdo consumado”, Bentham consideró a Platón como “el gran fabricante de absurdos”, y también rechaza la ”voluntad general” de Rousseau, pues sería una forma de imponer la virtud a los ciudadanos.

Bentham, como Hume, vio que la teoría del contrato social presupone un compromiso anterior de cumplir las propias promesas, y entendió que ese compromiso deriva del principio de utilidad, como también el aceptar o rechazar tal o cual gobierno.
Por lo mismo, “el objetivo general de todas las leyes … es aumentar la felicidad total de la comunidad. .. y excluir todo lo que tienda a restar esa felicidad”.
En consecuencia, el único fin de los legisladores es garantizar los placeres y la felicidad del pueblo, pues toda política y toda legislación debe ser explicable por el, principio de utilidad.

d) James MilI fue el principal discípulo de Bentham, e inventó un programa educativo para criar a su propio hijo Stuart, quien sería la encarnación del ideal utilitario. Al mismo tiempo, pretendió poner en práctica sus ideas, pensando que, sin violencia, podrían hacerse las drásticas reformas parlamentarias que Inglaterra necesitaba y convencer a la opinión pública mediante razonamientos.
En su Ensayo sobre el Gobierno (1820) propicia un gobierno representativo, democráticamente elegido, ampliamente popular, con el fin de terminar con la modalidad aristocrática inglesa.

Sostiene que mientras no haya un gobierno comprometido en la equitativa distribución de los “escasos materiales de felicidad”, el poder defenderá siempre a los ricos contra los pobres y trabajadores, cuya principal fuente de riqueza es el trabajo.
Pero después, Mill llega a la conclusión de que es imposible un gobierno democrático, y que lo mejor es combinar la monarquía con la aristocracia, pero sin arrollar al pueblo (sí controlarlo), para lo cual era necesario reforzar la Cámara de los Comunes, a fin de que sea un órgano verdaderamente representativo del pueblo (por cierto, pueblo sólo de varones y de propietarios, aunque fueran pequeños).

John Stuart Mil (1806-1873) Educado en el utilitarsimo de su padre y de Bentham , J. S. Mill desempeñó altos cargos en la administración de las Indias y fue miembro del Parlamento.
Sus escritos más importantes son: Principios de economía política (1848) y Utilitarismo (1863).
a) El hijo de James Mill tuvo que enfrentar las críticas a la teoría utilitarista de su padre y al hecho de deducir toda la teoría política del supuesto principio del placer, sin tener en cuenta las consideraciones históricas. La suya, por tanto, será una propuesta de utilitarismo moderado y condicionado.

Influenciado por el pensamiento francés, propone en su filosofía de la historia al progreso como un ideal posible y deseable, pero no inevitable. La historia muestra el avance desde la barbarie a la civilización y marca las leyes para avanzar de etapa en etapa.
Así, la filosofia de la historia, interpretada como la filosofia del progreso, es considerada fundamental para la ciencia política, a la que le da una nueva dimensión, El gobierno debe saber qué hacer para alcanzar sus fines, pero también para avanzar a la siguiente etapa superior de civilización; difícil tarea pues no hay modelo posible por delante que imitar.

Pero S. Mill no tiene respuesta clara para determinar cuál es la causa eficiente del progreso social, aunque señala algunas condiciones, como la jefatura de los individuos superiores y más aptos, la obediencia, la libertad, las ideas nuevas, y la superación del conflicto entre demandas de estabilidad y demandas de reformas.

S. Mill considera como señales de civilización la existencia de un gobierno responsable y la aparición del conocimiento científico. De este conocimiento, especialmente en el campo social (sigue en esto a Comte, fundador de la moderna sociología), depende el futuro progreso de la humanidad. También comparte las tesis de Tocqueville sobre el constante avance de una democracia moderada, y el equilibrio necesario entre igualdad y  libertad.

b) La adopción de esta filosofía de la historia exigió una revisión de la teoría ética del utilitarismo (principio del placer).
A S. Mill no le pareció adecuado que el fin del Estado fuera promover el placer e impedir el dolor.
Para ello distingue entre placeres superiores, mentales y espirituales, y placeres del cuerpo. Por tanto, la felicidad depende no sólo de estos últimos, sino del logro de los placeres espirituales, aún a costa de dolor y de sacrificio. La obtención de los placeres superiores, no solamente indica un mayor grado de civilización y la posibilidad de vivir en unidad y mayor justicia, sino que requiere la vivencia de la libertad social.

Obviamente, estos placeres superiores son una finalidad del Estado y objetivo de su tarea educativa.
Por tanto, la educación moral de los ciudadanos, tanto por el Estado como por particulares, es principal responsabilidad de la sociedad buena, procurando lograr de cada hombre un “ser progresista’ que desarrolle todos sus talentos y que participe activamente en la vida política, no sólo desde la obediencia pasiva.
e) La teoría sobre el Estado, la desarrolla S. Mill en Consideraciones sobre el Gobierno Representativo (1861).
Se aparta de la discusión de si el gobierno depende de la naturaleza o de un contrato convencional, y señala tres condiciones en el pueblo para un gobierno posible: aceptación del nuevo gobierno, disposición para sostenerlo, colaboración para que cumpla sus propósitos. Estos propósitos o fines generales son el orden y el progreso social, ambos aspectos intimamente relacionados. En definitiva, es el progreso el único fin del gobierno, que debe conciliar la cautela (orden) con la audacia (progreso) en un sano equilibrio.

Índice de un buen gobierno es la promoción de la virtud y de la inteligencia del pueblo mismo, y el buen uso que sabe hacer de la cualidades de la población. Mili subraya la importancia de desarrollar al pueblo yeducarlo.
La vida civilizada tiene tres lecciones básicas y sucesivas: obediencia, trabajo y gobierno propio. Son los pasos de la barbarie y la esclavitud al gobierno propio, cuya principal virtud debe consistir en ayudar al pueblo a pasar a la etapa siguiente de progreso.
d) El mejor sistema de gobierno que responde a los principios anteriores es el representativo, que rivaliza con el despotismo benévolo. Aunque un. despotismo moderado tenga algunas ventajas, la historia demuestra que los pueblos libres prosperan más que los sometidos al despotismo.
Y más importante aún, el despotismo exige al pueblo una actitud pasiva de obediencia, y no puede desarrollar las capacidades más nobles y creativas de todos los ciudadanos.

Por lo tanto, aunque el despotismo pueda ser una etapa necesaria para que el pueblo aprenda a obedecer . (gobiernos de caudillos militares o reyes), aprendida esta lección hay que avanzar hacia la participación que sólo es posible en un gobierno popular. . La democracia es el gobierno ideal por dos motivos: protege los derechos de los individuos y promueve su desarrollo moral e intelectual. Y en los Estados grandes, esta democracia sólo puede ser representativa, suponiendo siempre la madurez del pueblo que permita el autogobierno.
e) Más arduo es el tema de la representatividad en sí misma. Para Mill, el error habitual es considerar que los representantes del pueblo tienen que ser los que gobiernen el país (democracia clásica), pues no se comprende que la tarea ejecutiva, legislativa y judicial requiere personas especializadas y de experiencia, y no puede estar en manos del pueblo. Por eso, Mill propone el gobierno de los expertos.

En tanto, “el poder controlador último” queda en manos del pueblo, según fije la Constitución. El pueblo supervisa al gobierno por medio de sus diputados. Por tanto, los representantes no son gobierno, sino órganos de control popular y receptores de las quejas y demandas ciudadanas.

Como puede verse, se trata de una democracia muy limitada y siempre temerosa de los excesos populares, buscando un constante equilibrio entre el cuerpo representativo del pueblo y el cuerpo gobernante.
En síntesis: los expertos gobiernan y los representantes del pueblo supervisan. Mill insistió en la necesidad de capacitación para los problemas cada vez más complejos de las modernas sociedades libres.
Al mismo tiempo fue receloso de las democracias de las mayorías que pueden provocar crisis sociales (pobres contra ricos), anular a las minorías y provocar cierta mediocridad mental (temas similares en Tocqueville) en desmedro de los intelectuales y hombres cultos
Por eso propuso un voto especializado para los profesionales y otros grupos de preponderancia social (neo corporativismo). La idea de Mill era lograr equilibrio representativo entre pobres (la mayoría) y ricos (la minoría), para lo cual no le servía el voto igualitario de “un hombre-un voto”.
f) Mili consideró como su libro más maduro su ensayo Sobre la Libertad,sobre el punto central de que la etapa más plena de progreso civilizado era la democracia representativa, con las características limitadas que ya vimos.
Pero estuvo lejos de toda concepción utópica de la democracia, consciente de las tendencias retrógradas, de los peligros de reformismos radicalizados e idealistas y del dogmatismo político.
Si en las etapas anteriores eran básicas la obediencia y el trabajo, ahora lo es la libertad, una libertad que sólo es viable cuando la sociedad llega a ser más importante que el Estado.
Una libertad amenazada, sea por el Estado, sea por las mayorías, de modo que ahora lo fundamental es una libertad individual,que al mismo tiempo no impida al gobierno cumplir su objetivo de promover el progreso de la sociedad.
Para Mili, el único valor último es la felicidad de los individuos, sólo posible en una sociedad que promueva la libertad de los intereses individuales y del desarrollo de los talentos personales. La base, es por tanto, el individualismo o desarrollo individual, del que depende el progreso constante de la civilización.

La condición social para ello es la moderación,de tal modo que gobierno, grupos, cada individuo y pueblo se contengan de inmiscuirse en el pensamiento, expresión y acción de los otros. Este seria el principio básico de la libertad (después llamada libertad “negativa”),
Por cierto que no se trata de una “no intervención absoluta”, pues eso llevaría a la anarquía; se necesita cierto control social para impedir que cada uno haga daño a los demás.

Por lo demás, cada cual es soberano sobre sí mismo y sobre sus ideas (siempre en el contexto de una democracia madura, por lo que excluye Mill a niños y salvajes). La misma libertad se aplica a la expresión de las ideas, pues nadie es infalible para censurar a los otros.
Con la libertad absoluta de expresión, la sociedad tiene todo para ganar y nada que perder. Aún las. ideas consideradas por la mayoría como erróneas, deben ser permitidas en su expresión, provocándose así una discusión abierta y madura, 10 que supone evidentemente un público tolerante y maduro. Estas son las reglas del juego y la sociedad debe contener a los que no quieren aceptarlas o que pretenden dañar a otros con sus acciones.

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