Afectos y estructura educativa. Benetti

UNA ESTRUCTURA AFECTIVA

Yo a mis hijos nunca les digo que los quiero ... ¿Y qué le parece? ¿Acaso ya no es suficiente todo lo que hago por ellos? El amor se manifiesta por hechos, ¿no? Entonces, para qué sirven las palabras ...

A mí nunca mis padres me dijeron, así con palabras, que me querían. Y bueno … , yo supongo que me querían. Y además, si me lo decían ¿cómo podía estar segura de que me querían de verdad, ¿eh?

Yo no sé cómo hacer para expresar que quiero ... Lo siento, sí, pero nunca me enseñaron a decirlo, qué sé yo, me da vergüenza, ¿vio?

y somos muchos los que nos preguntamos si hay que expresar con palabras o gestos los afectos, o basta sentirlos. Aun con los hijos, con los amigos, con los alumnos.

Si hasta hay esposos que de tanto en tanto se dicen que se quieren, porque al fin y al cabo ya lo dijeron una vez y basta, ¿no? Tampoco hay que exagerar en eso de andar expresando el cariño que uno tiene.

Lo cierto es, créase o no, que toda nuestra generación fue educada para decir muchas cosas, pero eso de decir lo que se siente, bueno, eso es otra cosa. Al fin y al cabo los sentimientos son algo íntimo ¿y por qué habrá que expresarlos?

Claro que nos podemos preguntar: ¿Y por qué no? Si son algo lindo y hermoso, por qué no sacarlos afuera con palabras. ¿Acaso no expresamos la rabia, que también es un sentimiento? Y en ese caso no decimos: “Es un sentimiento interno, ya el otro sedará cuenta de que me siento mal con él.

Intentemos ver las cosas desde otro ángulo: cómo nos sentimos cuando alguien, sea un padre, amigo o un hijo nos dice: te quiero mucho, cuánto te quiero” ¿Qué sentimos en ese momento? ¿Acaso no nos sentimos s amados, más protegidos, más mimados, más seguros del amor del otro y más fortalecidos en nuestra propia valoración?

Me parece que eso vale para la familia o entre amigos, pero no lo veo bien en la escuela. ¿ Usted se imagina una escuela con afecto, con ternura y donde uno pueda expresar sus sentimientos? No lo veo ...

Es que nunca lo hemos visto, salvo quizás en el Preescolar o en el Jardín, por aquello de que el cariño es cosa para niños pequeños. Hasta ahí está bien, pero después por arte de magia nuestros educandosse vuelven seres vacíos de sentimientos y maquinitas para hablar, pensar y escribir.

– Pensemos con atrevimiento al revés: un grupo de niños o adolescentes donde el afecto fuera la forma espontánea de comunicarse ...

¿Pero no sería peligroso? No sé, ¡pasa cada cosa!

Expresar los sentimientos es peligroso, pero vaciarse de los mismos, reprimirlos, anularlos, deshumanizar a educadores y educando s ¿no entraña ningún peligro para la salud? De todos modos, el grupo se va a manejar siempre con sentimientos, por ejemplo, con el sentimiento de la indiferencia, o del aburrimiento, o de la bronca, o de la insatisfacción. ¿Porqué no elegir el camino de los sentimientos positivos, de la salud?

– Pero usted se imagina a todo el grupo besándose y todo eso, sería un desastre... Usted dice cada cosa, afecto, ternura. A mí nunca me hablaron de eso

¿ Ternura? ¿Dijo ternura? Ah, ya sé, esa cosa que es para los bebés.

A mí me inspira mucha ternura el gatito que tengo en casa. Lo mimo todo el día. Pero con la gente, no pega, ¿no?


– S
i estas frases yo las hubiera inventado en algún delirio, usted tendría derecho a protestar. Pero doy fe de que las he escuchado en más de una oportunidad hasta el punto que yo mismo comienzo a dudar: ¿seré alguien de otro planeta? Lo cierto es que basta pronunciar esas palabras (todas ellas están en el diccionario de la Real Academia y tienen hermosas defmiciones) para que se desencadene un sinn de asociaciones que no terminan hasta llegar al instinto, al sexo, a la depravación y al pecado.
Entonces, a defenderse como sea, aislándonos, reprimiendo, levantando barreras, formulando increíbles argumentaciones, confundiendo los conceptos hasta límites absurdos, todo para evitar el contagio maligno de una comunicación afectuosa y afectiva.
Y
desarrollar el intelecto al máximo, rellenarlo de conceptos, teorías, raciocinios y racionalizaciones, hasta que los alumnos se cansen de memorizar, pensar, aprender y tomar notas. Repitiendo una y otra vez que nuestra educación es “integral y plena“, y que los grandes valores éticos ... y que los principios fundamentales y que ... cualquier cosa menos sentir y expresar lo que sentimos.


Y 
se hacen reuniones de maestros y profesores, y se habla de cualquier cosa menos de lo que cada uno siente, con esos planteos racionalistas y estratosféricos, cuando no voluntaristas: “Tenemos que amarnos, tenemos que respetarnos, tenemos que comprendernos“.

y hasta damos clases especiales para inculcar que el amor es lo fundamental en la vida”, “lo importante es ser y abrirse al tú, tenemos que entrar en la dinámica profunda de la comunicación interpersonal, para que el día que encontremos al amor de nuestra vida, podamos mirarnos a los ojos y expresar en ellos la hondura de nuestros sentimientos”. Pero sería horrible que todo eso pudiera ser practicado (naturalmente dentro del encuadre que le corresponde) aquí y ahora en la escuela, porque aquí se viene a aprender para el futuro, o sea: no expresando ahora nuestros sentimientos vamos a aprender cómo expresarlos dentro de cinco o diez años.

Y así me encuentro con maestros y profesores en mis cursos y talleres, que cuando les pregunto ” qué sienten”, me responden impertérritos: “yo pienso que ... .

No, insisto, te pregunto qué sientes, qué sientes, qué sentimientos tienes … y se quedan mirándome ¿Que qué siento?... Para terminar confesando: “Lo que pasa es que es la primera vez que me preguntan así en público qué siento. Siempre se nos preguntó qué pensábamos .. .

Y después aprendemos a hacerlo y nos damos cuenta de que no nos vienen malos pensamientos ni surgen en nuestro interior instintos perversos ni terminamos en una orgía. Simplemente nos sentimos bien y nos damos cuenta de que ahora sí estamos aprendiendo a abrimos al .

Pero, disculpe que insista, ¿todo esto no sea peligroso para la escuela?

Por supuesto. Y muy peligroso. Correamos el peligro de que nos tratáramos más cordialmente, que actuáramos con espontaneidad, que habláramos con sinceridad, que aprendiéramos a resolver los problemas en un clima de serenidad y confianza. y lo peor, el gravísimo peligro de que termináramos queriéndonos, y Dios no lo permita, hasta pudiéramos darnos un abrazo, o felicitarnos el día del cumpleaños, o apoyar nuestra mano sobre la cabeza de alguien que llora.

Si
pudiéramos evitar todos estos peligros, nuestra escuela sería perfecta.

Se aprende lo que se vive, no lo que se escucha. ¿Queremos una sociedad agradable, comprensiva, en la que el coran prime sobre las frías palabras y las agresiones?

¿Queremos hombres y mujeres que sepan comunicarse con amor, con ternura, con confianza? Pues hagamos una escuela donde todo esto se viva. Que la escuela tenga una estructura afectiva, que sea un lugar donde se aprenda a vivir como gente. Pocas palabras y muchos hechos.
El mensaje tiene que llegar por los buenos vínculos entre educadores y educandos, entre educadores entre y educandos entre si.

En mi colegio hablamos mucho de esto e inculcamos estos valores.

– Cuando necesitamos hablar mucho de algo es porque ese algo no existe. En un almuerzo bien servido no hace falta hablar de la comida. No se trata de que hablemos sobre el amor y los afectos, sino que establezcamos relaciones y vínculos afectuosos.

Los padres no hacemos discursos a nuestros hijos sobre el afecto: los abrazamos, los besamos, reímos juntos, nos consolamos ... y jamás se nos ocurriría preguntarles: ¿Qué es el amor? ¿Cómo se expresa el cariño? ¿ Cuántas clases de abrazos hay?

– Pero la escuela no es una familia.

Desde ya que no es una familia y por lo tanto las manifestaciones afectivas tienen otro encuadre. Pero no por eso deja de ser una comunidad de personas que quieren aprender justamente a vivir como seres humanos completos o, al menos, medianamente civilizados, lo cual ya es bastante.


I
nsisto: el problema no es que declamemos sobre el amor y los buenos sentimientos, sino que hagamos una escuela donde al amor y los buenos sentimientos se los viva, se los sienta, se los palpe. No que hagamos debates sobre el respeto y la comprensión, sino que hagamos un lugar donde nuestros vínculos sean respetuosos y comprensivos. Y así sucesivamente.

– Lo que usted propone es más difícil. Nosotros fuimos preparados para dar clases sobre esos valores, para que hablemos. Pero no tenemos una metodología para crear esas estructuras de las que usted habla. Claro que, pensándolo bien, usted tiene razón: sólo lo que se vive, se aprende.

- Y en eso estamos. Lo que no nos enseñaron, tenemos que aprenderlo. Y es más fácil de lo que muchos creen, siempre y cuando nosotros tengamos resueltos nuestros problemas afectivos. Porque si somos unos amargados, resentidos, reprimidos y aguafiestas, quienes tenemos que ir a la escuela somos nosotros, pero no para enseñar, sino para aprender. Quien no sabe de una relación suya, personal, de amor, de afecto, de ternura, pregunto: ¿puede educar a alguien sobre esos valores”?

La respuesta es obvia, y usted nos ha puesto el dedo en la llaga. Ahora comprendo mejor eso de que también nosotros tenemos conflictos y preguntas y tenemos mucho que aprender con los alumnos. ¿ Y quiere que le diga una cosa? En este tema, los chicos y chicas de hoy tienen mucho para enseñar. Si los pudiéramos escuchar ...

 

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