Historia Cultural 4 – Absolutismo. Pensamiento moderno Iluminismo. Locke. Smith. Spinoza. Rousseau. Kant. Rev francesa. Liberalismo. Otras corrientes, Idealismo, Romanticismo, Positivismo, Evolucionismo, Utilitarismo

MÓDULO   5

EDAD MODERNA – Siglos XVII y XVIII
Las grandes filosofías de la modernidad
Monarquías absolutistas  y  despotismo ilustrado. 
El camino hacia la democracia

1.         Marco político general. El  absolutismo

a) En el siglo XVII finaliza la hegemonía española (ya herida desde la derrota de la armada invencible y desangrada por las guerras de los Países Bajos) y asciende la francesa. En tanto Holanda se transforma en la primera potencia comercial del mundo. El absolutismo se afirma en todos los países europeos, teniendo modalidades propias en cada uno de ellos (sobre el origen y elementos del absolutismo, ver el módulo 4, punto 3).

Francia
instala una política firme con Richelieu (desde 1624), crea un ejército permanente y combate simultaneamente a sus dos contendientes; el imperio austríaco y España. Es la guerra victoriosa de los Treinta Años, en la que Francia hace alianza con Suecia  para obtener el predominio político, aunque al principio la guerra tuvo un tinte religioso de lucha entre católicos y protestantes.
Por la paz de Westfalia (1648) es anulado y fraccionado el imperio: los Países Bajos y los cantones suizos se independizan y Austria se separa. España queda debilitada y Francia inicia un período de hegemonía. Las constantes guerras de Richelieu obligarán a triplicar los impuestos a la clase pobre, lo que producirá una oleada de sublevaciones desesperadas entre 1630 y 1640.

El ideario de Richelieu está expresado en su Testament, “un breviario del hombre de Estado” (según Saint-Beuve), “obra maestra de la razón, de la experiencia y del realismo: la cumbre, y en cierto modo, la suma del arte político francés” (según León Noel).
En su Testament el ilustre cardenal proclama la soberanía de la razón y la primacía absoluta del interés del Estado: ése es su criterio fundamental. Por otra parte, el poder del soberano se debe, antes que nada, a su fuerza militar y económica, amén de sus  virtudes y reputación social. El clero constituye el primer orden del reino, pero al servicio del rey (galicanismo), mientras la nobleza se alza por encima del “pueblo”, palabra que engloba a los comerciantes, armadores de barcos, negociantes, banqueros, etc. En definitiva: política pragmática.

El absolutismo
sobredimensionado de Richelieu y su sucesor Mazarino  llega a su mayor culminación con el largo reinado de Luis XIV (1661-1715) “el rey sol”, quien encarna al máximo la convicción del origen divino del mandato monárquico y se identifica con el Estado (se le atribuye la frase “El Estado soy yo”). Gobierna por decretos, ayudado por un Consejo secreto y por sus ministros, con derecho a intervenir en la Justicia y arrestar irrestrictamente a cualquier sospechoso. La administración es fuertemente centralizada con los intendentes reales, mientras que  se mantiene una rígida división de clases sociales, con privilegios para la nobleza y el alto clero. En tanto, los Estados Generales (parlamento) son silenciados y los demás tribunales reducidos a estricta obediencia, borrándose las autonomías provinciales y municipales. Se crea, al mismo tiempo, una policía especial para reprimir tumultos y evitar sublevaciones.

Todo un aparato para lograr la supremacía europea de Francia, aunque las guerras de Luis XIV no conseguirán victorias definitivas ni nuevos territorios, fracasando en su intento de anexionar los Países Bajos.Su ministro Colbert planifica la economía, orientada a la riqueza de la nación y su expansión comercial, creándose la Compañía de Indias Occidentales, nuevos astilleros y fábricas de manufacturas, todo dentro del más estricto Mercantilismo.
Pero todo este esfuerzo no pudo superar, sin embargo, la hegemonía colonial y financiera de Inglaterra. 
(El ideólogo y panegirista de Luis XIV es el obispo Bossuet, ver 2.b)
A fin de siglo y principio del siguiente, por la guerra de sucesión de España, Francia por el tratado de Utrecht de 1713 impone un borbón en la corona española (Felipe V). El más importante de ellos, será Carlos III. Por su parte, Inglaterra se queda con Gibraltar y adquiere el monopolio del comercio de esclavos negros.

Para el siglo XVIII, los gastos de la monarquía francesa aumentarán en proporción abismal al punto que el pago de los intereses representaba casi un 50% de los ingresos; situación que se agravará por la ayuda militar a los Estados Unidos para su independencia. Todo lo cual culminará en la convocatoria de los Estados Generales, prolegómeno de la revolución francesa de 1789. Previamente, Inglaterra le arrebataba a Francia las colonias de Canadá, Africa e India (1756, guerra de los siete años).


b) Inglaterra, en el siglo XVII, pasa por un período de inestabilidad política, debido al enfrentamiento entre anglicanos, calvinistas, puritanos (cuyo líder era Cromwell) partidarios de la total independencia de Iglesia y Estado, y católicos, y a la oposición entre conservadores (tories) y liberales (whiggs).
Se desemboca así en la “revolución gloriosa” de 1688 que señala el fin del absolutismo inglés de los católicos Estuardos, provenientes de la feudalista Escocia con fuerte tradición absolutista, y se da comienzo a la monarquía constitucional con el advenimiento de Guillermo de Orange.

En forma breve, estos fueron los acontecimientos principales:El carácter absolutista de Jacobo I, con el reforzamiento del anglicanismo por un sínodo de obispos, provoca en 1605 la “revolución de la pólvora”: oposición de los católicos, del parlamento, de la nobleza y de la burguesía. En 1614 el rey disuelve el parlamento.Los nuevos impuestos de su hijo Carlos I (1625-49) profundizan el conflicto. En 1628 el parlamento exige los derechos y garantías (bill of rights) frente a detenciones arbitrarias.El rey responde disolviendo el parlamento y persiguiendo a sus opositores. Entre 1642-48 estalla la guerra civil entre la corona y el parlamento. Los católicos irlandeses también se sublevan y Escocia interviene a favor del rey, mientras el parlamento crea un nuevo ejército propio a las órdenes del puritano Cromwell que derrota a los escoceses.
El rey es ejecutado en 1649, declarado reo de traición. Se instaura la república bajo la dictadura puritana de Cromwell que persigue a muerte a los católicos irlandeses y expropia sus bienes; también entabla guerra contra los holandeses y españoles.

Pero para 1660 Carlos II instaura el absolutismo y el anglicanismo, con un edicto de tolerancia a los católicos, lo que provoca el rechazo del parlamento con el bill of test que excluye a los católicos de toda posibilidad de acceder al gobierno y ocupar cargos públicos, y con el habeas corpus contra toda detención ilegal.
Los parlamentarios se agrupan en dos partidos: los conservadores tories , fieles a la monarquía de origen divino y al anglicanismo exclusivo, y los wighs, liberales, tolerantes y partidarios de una corona parlamentarista.

Jacobo II (1685-88) intenta restaurar el catolicismo y produce una violenta reacción wighs. Finalmente el parlamento llama al protestante Guillermo III de Orange, estatúder de Holanda, y le ofrece la corona invocando “la religión protestante y el parlamento libre”.Es la “revolución gloriosa”  de 1688, cien años antes de la revolución francesa. El rey huye a Francia y los católicos son nuevamente perseguidos.
En 1689 se instaura el nuevo régimen con una monarquía constitucional, controlada por el parlamento, con división de poderes y garantía de la libertad individual y de la propiedad privada. Más tarde se crea el rol de Primer Ministro que desplaza al rey del ejecutivo.La nueva constitución, que dará solidez y estabilidad al sistema inglés hasta nuestros días, declara los derechos cívicos que se irán ampliando en forma sucesiva, hasta llegarse al voto universal y secreto a fines del siglo XIX;  impone la tolerancia (al principio restrictiva hacia los católicos) y lanza a Inglaterra hacia un período de constante crecimiento naval, comercial y económico desde una política liberal capitalista e industrial.
El filósofo que acompaña la revolución inglesa es Locke (Recordemos que Hobbes fue el filósofo del absolutismo).

Inglaterra, por la unión con la corona holandesa, comienza un gran período de expansión marítima y se transforma en la principal enemiga de la hegemonía francesa.

c) En el siglo XVIII entran en la escena europea dos nuevos estados que desempeñarán un rol prioritario más adelante: Prusia y Rusia, dos naciones con clara vocación absolutista e imperialista. 
Prusia , base de la futura unidad alemana, se moderniza rápidamente  de la mano de Federico Guillermo I (1640-88) el “rey sargento” siempre de uniforme militar, con importantes obras públicas, economía mercantilista y administración centralizada. En este período se inicia la tradición militarista prusiana (el ejército permanente pasa de 40 a 80 mil hombres) y Berlín queda como capital, adornada con grandes monumentos.
Bajo Federico II, Prusia se transforma en una gran potencia europea y anexiona nuevos territorios en exitosas guerras, aumentando al mismo tiempo su población que prácticamente se duplica. El ejército se  eleva a 200 mil hombres. Federico II amplía la agricultura e industria, coloniza nuevas tierras, mejora los transportes, desarrolla la minería, mientras crea una importante flota de guerra. Y por primera vez en Europa, implanta la enseñanza primaria obligatoria para varones, lo que será imitado por las otras naciones. El control fiscal y económico hace triplicar los ingresos de la monarquía, en su gran parte destinado al mantenimiento del ejército.
La única gran derrota de Prusia ocurrirá en las guerras napoleónicas, pero resucitará con gran fuerza integrada a la Santa Alianza y así conseguirá la unidad alemana en forma definitiva en 1866. Alemania pronto se transformará en la mayor potencia industrial de Europa, incluso sobre Inglaterra, desde mitad del siglo XIX.

Rusia
se europeíza de manos del  romanov Pedro I  el Grande (desde 1721), dispuesto a sacar a su país del atraso. Con la ayuda de especialistas europeos se moderniza la administración y se  reorganiza el ejército con su marina de guerra correspondiente, que insumían dos tercios del presupuesto, mientras se quintuplican los impuestos a los campesinos. Se funda San Petersburgo, con puerto al Báltico, y la tradicional sociedad rusa es obligada a europeizarse en sus costumbres. Se impone la economía mercantilista, pero no se logra detener la endémica corrupción y soborno sistematizado en la administración estatal.La política de grandeza con régimen absolutista se acrecienta con Catalina y Ana, inclinadas hacia el sistema alemán, bajo cuyos mandatos los gastos de la corte absorben el 50 por ciento del presupuesto estatal. 

Catalina II la Grande
(1762-96), asesorada por el Soviet o Consejo Imperial, difunde la Ilustración y suprime la tortura, mientras funda la Universidad de Moscú y elabora un proyecto de escuela primaria y secundaria que no llega a realizarse.La emperatriz redacta la Carta de la Nobleza que garantiza a la aristocracia todos sus privilegios, mientras reduce al campesinado a la total servidumbre.La expansión rusa se concreta con varias anexiones, entre ellas gran parte de Polonia que es repartida con Prusia y Austria (de 1772 a 1795), constituyéndose un serio foco de tensión europea. Tras derrotarse a los turcos, se anexiona Crimea y se consigue acceso naval al Mediterráneo, mientras se fundan las ciudades de Sebastopol y Odesa. 

En medio del conflicto napoléonico, Rusia conquista Finlandia y Besarabia, transformándose con la Santa Alianza en la gran defensora del absolutismo y ejerciendo estricto control sobre la Iglesia Ortodoxa. En tanto prosigue su expansionismo durante todo el siglo XIX, anexionando Azerbaiján y Armenia, y aplastando rebeliones de Polonia y Hungría.
Al mismo tiempo extiende la Siberia hasta Manchuria y absorbe toda el Asia Central.
Tras la pérdida de Sebastopol en la desastrosa guerra de Crimea (1854-6), el zar Alejandro II decide liberalizar el régimen y abolir la servidumbre (1861), pero en forma muy relativa, ya que treinta mil nobles poseían tantas tierras como las 10 millones y medio de familias rusas restantes.Así el absotuismo ruso, último en el tiempo, será el más duradero de Europa, llegando con la misma dinastía de los Romanov (desde 1613) hasta la revolución bolchevique de 1917, realizada no contra un capitalismo industrial sino contra un sistema feudal.

Por su parte, Austria se revitaliza de manos del príncipe Eugenio de Saboya y se crea desde 1700 el imperio austrohúngaro, teniendo a Viena como capital  Se destacan la emperatriz María Teresa (1740-80) y el emperador José II (1765-90) con su típico centralismo y una política césaropapista (josefinismo) con total sometimiento de la Iglesia. Política y militarmente, Austria será neutralizada por Prusia.


d) Para la segunda parte del siglo XVIII, también la península ibérica conoce la modernización iluminista con régimen despótico o despotismo ilustrado.

Portugal
recibe el iluminismo ilustrado especialmente por medio del ministro Pombal (1756-77) que reorganiza la flota y el comercio (para competir con los ingleses) y crea el Banco Real, concede libertad a los indios y liquida las misiones jesuíticas en 1757  (película “La Misión”), desterrándose a los miembros de la Compañía de Jesús dos años después. Se produce una ruptura de relaciones con la Santa Sede y en 1761 el ministro decide abolir la esclavitud, lo que provoca serios desórdenes económicos, mientras el tráfico de esclavos queda en manos exclusivas de ingleses y holandeses.

España inicia su  apertura liberal absolutista con el borbón Carlos III, quien realiza un fuerte proceso de modernización, reduce prerrogativas del clero y expulsa a los jesuitas del reino y colonias, poniéndose fin a las reducciones de los indígenas en Paraguay y nordeste de Argentina (1767). La borbónica España con los imponentes edificios y palacios de Madrid adquiere una hipercentralizada administración, mientras las regiones autónomas pierden sus fueros y  privilegios.

Por el tratado de S. Ildefonso y El Pardo (1778), España cede a Portugal las provincias de Santa Catalina y Río Grande  que son incorporadas a Brasil, recibiendo a cambio la Colonia del Sacramento y otras posesiones.
Por otra parte, en España se mantiene una rígida división de clases sociales casi medioeval, con predominancia política y económica de la corona, de la nobleza y del alto clero. Es lento el proceso de industrialización y poco relevante la burguesía de comerciantes. De sus 10 millones de habitantes, sólo un 25 por ciento es población activa, mientras existen 400 mil nobles, 170 mil eclesiásticos y 110 mil funcionarios.

e) Pero el centro de atención  del siglo XVIII se concentrará en Francia, movilizada por el enciclopedismo y la ilustración (Diderot, D´ Alambert, Voltaire, Rousseau, Montesquieu), para protagonizar las jornadas de la “revolución francesa”, el fin trágico de la monarquía, el advenimiento de Napoleón, la difusión de las ideas revolucionarias en toda Europa por sus ejércitos, las grandes coaliciones contra Francia y la derrota final del emperador francés, lo que implicará la restauración del absolutismo  en la europa continental y la hegemonía mundial de Inglaterra (todos temas que analizaremos luego con detalle).


En tanto, el final de este siglo marca el comienzo de las independencias de los países americanos, primero los Estados Unidos de Norteamérica (1776) y para el siglo XIX, los de Latinoamérica. 
Estados Unidos es la primera república democrática de la modernidad, con libertad e igualdad para todos los ciudadanos, amplia tolerancia religiosa para todos los cultos, y separación de la Iglesia y el Estado sin fricciones (ver Módulo 6, 3.1)

Desde el punto de vista de nuestro estudio, nos importa ahora conocer el pensamiento político de los principales pensadores de estos dos siglos. Es la gran etapa del racionalismo y del empirismo, coincidentes con el avance  científico, la progresiva industrialización y la idea del progreso ilimitado que lleva al fin de la historia. Son los siglos también llamados del “iluminismo” de la humanidad por la luz de la razón.

2. Las modernas corrientes de pensamiento

a) En el siglo XVII la filosofía y la ciencia dan un viraje fundamental, creándose la modernidad propiamente dicha.Lo fundamental ya no es el estudio del ser (metafísica) ni las cuestiones abstractas, sino el método del conocimiento racional y su aplicación a la ciencia y la técnica, cuyos precursores fueron Leonardo da Vinci y Roger Bacon.

Pero es Galileo Galilei (1564-1642) el primer teórico del llamado método experimental que afirma la necesidad del experimento para la investigación científica (abandonando el método deductivo por silogismos de la Escolástica). Según Galileo, no hay que leer libros de los antiguos sino interrogar al gran libro de la naturaleza cuyos signos son “triángulos, cuadrados, círculos, esferas, conos y otras figuras matemáticas, muy aptas para la lectura”.
Para ello se necesita aplicar los sentidos, primero, y después ordenar los datos para encontrar relaciones y constantes que conforman una “hipótesis” o causa de un fenómeno. Nuevos experimentos confirman la hipótesis que así es “verificada”.

Contemporáneo de Galileo es el londinense Francis Bacon (1561-1626), muy relacionado con la monarquía y hombre de pocos escrúpulos. Su principal obra es el Nuevo Órgano (1621).
Su método de inducción experimental se relaciona con la corriente inglesa de Roger Bacon y la escuela de Oxford: hay que observar e interrogar a la naturaleza, y después obedecerla. El saber debe ser práctico y guía de la acción. Suyo es el lema: Saber es poder.

Bacon hace importantes observaciones sobre los obstáculos o prejuicios que impiden el sano conocimiento, pues éstos prescinden de  la fase experimental para imponer criterios apriorísticos. Estos prejuicios o idolos, provienen del propio medio cultural, de la formación mental de cada uno, de la vida social y sus convencionalismos y de las teorías tradicionales que son puras construcciones fantásticas.

En síntesis, con agudos detalles psicológicos, Bacon expone una teoría sobre el error humano y sobre el método inductivo, similar al de Galileo, pero más escéptico en cuanto a la posibilidad de encontrar leyes de la naturaleza, pues todo depende de la experiencia sensible que, como tal, nunca puede establecer una ley necesaria y universal.
Esto es la base del empirismo inglés, cuyo máximo exponente es el filósofo Hume, y que desemboca necesariamente en el utilitarismo, en el sujetivismo y en el escepticismo. Todo es relativo y depende del punto de vista del sujeto; y todo debe hacerse para la mejor utilidad de cada uno.

b) Frente al empirismo inglés y en forma simultánea se erige la corriente del racionalismo continental (Francia y Alemania), siendo su representante fundador René Descartes (1596-1650)  seguido por importantes figuras como Spinoza (lo veremos en detalle) y Leibniz
Descartes, exalumno jesuita, inicia el racionalismo moderno en su Discurso del Método, donde formula las cuatro reglas del método científico, similares a las de Galileo, “para llegar al conocimiento de todas las cosas que mi espíritu fuera capaz”.
Las reglas consisten , “primero, en no admitir jamás nada por verdadero que yo no conociera que evidentemente era tal; es decir, evitar minuciosamente la precipitación y la prevención, y no abarcar en mis juicios nada más que lo que se presentara tan clara y distintamente en mi espíritu que no tuviera ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una de las  dificultades en tantas partes como fuera posible y necesario para poder resolverlas.
Tercero, conducir por orden mis pensamientos comenzando por los objetos más simples y fáciles, para subir poco a poco hasta el conocimiento de los más perfectos…
Cuarto, hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que tuviese la seguridad de no omitir nada”.


Pero para Descartes, lo fundamental no es tanto la interpretación de la naturaleza, al estilo empirista, sino plantear el problema de la validez del conocer en cuanto tal, para lo cual propone el método matemático como único  válido y seguro.
Su punto de partida es la duda metódica como camino para llegar a la certeza, y no como fin de si misma (como en los escépticos ingleses). Como resultado de poner en duda los conocimientos y sensaciones, surge que hay algo verdadero y cierto, alguien que duda: si pienso, está claro que existo (cogito, ergo sum).
Por lo tanto, será cierto todo lo que tenga la misma evidencia que tengo sobre mi.

En definitiva: lo fundamental es la razón por medio de la cual pienso la realidad. La realidad es tal como se la piensa. Por tanto, el ser (la realidad) depende del pensamiento racional. Esto es el racionalismo.

El pensamiento de Descartes penetra profundamente en Europa (aún en Inglaterra) y genera, no sólo polémicas, sino también un resurgir religioso en Francia, especialmente en los Padres del Oratorio (educadores) y en los Jansenistas fundados por el obispo holandés Jansenio (1585-1638).

Los jansenistas seguían la doctrina de san Agustín y propiciaban una vida muy rigorista, ascética e interior de corte espiritualista y gran cultura científica. Famoso centro jansenista fue el monasterio de monjas cistercienses de Port Royal. Serán enemigos declarados de los jesuitas, cuyas ideas moralistas un tanto laxas, criticaban.Políticamente, el jansenismo desmitifica la grandeza de la nobleza, se opone al absolutismo y a la estrecha alianza entre Iglesia y Estado. De allí su influencia en la burguesía y persecución a que se verán sometidos por Luis XIV.

Uno de los influenciados por Descartes y por el jansenismo es Blas Pascal (+1662), matemático y físico insigne, pero también un alma profundamente religiosa que se abre al Dios del amor, único que puede satisfacer las aspiraciones del corazón humano contra la vanidad de la política, tal como era vivida en su época. Suya es la conocida frase: “El corazón tiene razones que la razón no comprende” y “El secreto de vivir alegre y contento consiste en no estar en guerra con Dios ni con la naturaleza”.
Su libro Pensamientos ejercerá una gran influencia hasta el siglo XX, pues trata de conciliar las ideas de la modernidad con las exigencias de la fe cristiana. Pascal desmitifica el poder y la política, ya que “el hombre no podrá encontrar su lugar en parte alguna sino en el orden del amor que trasciende todos los órdenes transitorios, y en la comunidad de la Iglesia que sobrevive a todas las ciudades de ilusión”. Digamos, finalmente, que en sus Cartas Provinciales ataca duramente a los jesuitas.

Leibniz (matemático, filósofo y teólogo, muerto en 1716) es un espíritu universal de gran influencia en las cortes europeas. Con mezcla de misticismo y racionalismo, intenta conciliar la fe con la ciencia dentro de cierto panteísmo. Políticamente, mientras propone en 1670 una federación de los estados alemanes, busca ante todo la unidad humana-cultural y especialmente la religiosa (ecumenismo), todo ello orientado a una organización internacional que pueda garantizar la paz (tesis que será retomada por otro alemán, Kant). La aspiración más profunda de Leibniz es la unidad, entendiendo que el sentimiento nacional es sólo un medio para alcanzar lo universal.

De este mismo período son el obispo y gran orador Bossuet (+1704) y el arzobispo Fenelón (+1714), preceptores de la nobleza parisina.
Bossuet es el gran defensor del absolutismo de Luis XIV (incluso con sometimiento de la Iglesia al rey, quien nombraba a los obispos)  dentro de un esquema providencialista de la historia (Discurso sobre la historia universal), entendida como el desarrollo del drama y del pensamiento de Dios sobre la tierra (influencias de Polibio y de S. Agustín).
Para él, la autoridad real tiene cuatro características: es sagrada (gobierno en nombre de Dios), paternal, absoluta (no tiránica), sometida a la razón. Tal el orden que Dios quiere para la sociedad. También defiende con argumentos de la Biblia el Mercantilismo, pues “un Estado floreciente es rico en oro y plata” y “la primera fuente de toda riqueza es el comercio y la navegación” (Politique).

Bossuet es el autor de los famosos cuatro artículos aprobados por la Asamblea Nacional del Clero (1682) que limitaban la autoridad del Papa, proclamaban la supremacía del Concilio, y declaraban que los decretos del Pontífice en cuestiones de fe necesitaban la aprobación de toda la Iglesia. Su lema era: “Un rey, una ley, una fe”. Luis XIV dio fuerza de ley a estos artículos. En síntesis: para Bossuet, lo esencial es el sometimiento al poder por fidelidad a la tradición y a la divina Providencia.

En cambio, el obispo Fenelon, adversario de Bossuet, sostiene la primacía de la nobleza y de la sociedad aristocrática, defiende la necesidad de los Consejos y de los Estados Generales, y ataca al mercantilismo, sosteniendo la importancia de la agricultura (fisiocratismo). Su visión política es más universal (importancia de la humanidad) y un tanto utopista en la búsqueda de la felicidad general (la ciudad utópica es Salento), con acento en la ética y en la sabiduría de la vida.

Fenelón también es partícipe de un movimiento religioso de la época, llamado Pietismo, que es una actitud de completa pasividad frente a Dios, y en contra de todo esfuerzo de la voluntad humana para salvarse. El Pietismo también se desarrolló ampliamente dentro de la Iglesia Protestante. Por otro lado, se opone al galicanismo y sostiene la independencia del poder espiritual y del temporal.En síntesis, está surgiendo toda una nueva generación inspirada en Descartes, cuyos principales escritos, como también los de Jansenio, terminarán por ser condenados por la Iglesia e incluidos en el Indice (Index) de libros prohibidos.

c) El siglo XVIII no solamente es conocido como el siglo del ascenso de la burguesía sino del Iluminismo.
La burguesía, todavía embrionaria en algunos países pero altamente desarrollada en otros, es un conjunto formado por elementos muy diversos, como funcionarios, financistas, comerciantes, especuladores, armadores, técnicos, fabricantes e intelectuales, unificados en torno a una filosofía burguesa, el Iluminismo, que implanta el primado absoluto de la razón y desestima totalmente los criterios de la revelación religiosa.
Las “luces de la razón” rescatarán a la humanidad de las supersticiones medioevales, del autoritarismo clerical y de todo pesimismo humano.
El iluminismo sostiene su convicción en un estado natural (los salvajes) del que surge, por medio de un contrato social, el estado de la sociedad civil y política (teoría llamada “jusnaturalismo”).
También afirma el teísmo o religión natural, que en muchos casos desembocará en franco ateísmo, asimilando al mismo tiempo las ideas del empirismo inglés.
Se condena y ataca al cristianismo, al igual que a la metafísica, mientras se afirma el primado de la ciencia y el nuevo mito del progreso ilimitado de la humanidad.
El iluminismo impone en la sociedad la sacralidad de nuevas palabras con mayúsculas: Hombre, Libertad, Progreso, Razón.

Lentamente irán surgiendo otras palabras claves en la segunda parte del siglo XVIII y del XIX: utilidad, clase media, pueblo y socialismo. Los principales exponentes del iluminismo son los enciclopedistas Voltaire, D´ Alambert y Diderot -pensadores críticos y cáusticos contra todo el tradicionalismo religioso-, como también Condillac, Montesquieu y Rousseau.
Se destacan también Helvetius (+ 1771) y el alemán residente en París, Holbach (+1789), artífices de un materialismo conservador y ateo, dentro del esquema utilitarista propio de los ingleses.
En todos los iluministas, pues, hay una clara subordinación de la política a la economía.

Voltaire es sobre todo conocido por su anticlericalismo apasionado y su ataque frontal al cristianismo y a la religión (identificada como superstición y fanatismo), aunque reconoce la utilidad de la religión para conservar el orden moral. Políticamente es un liberal conservador y burgués, que no cree en la igualdad, defensor de la riqueza y del lujo, y muy pragmático y reformista en cuestiones políticas. Ataca la corrupción, las arbitrariedades del poder, la tortura y la pena de muerte, mientras sostiene la libertad de pensamiento y una legislación de validez universal, pago de impuestos y supresión de aduanas interiores.

Didertot
es el principal gestor de la Enciclopedia, caracterizado por un humanismo materialista y anticristiano, que cree en la evolución, el progreso y en la posibilidad y deber de contribuir a la felicidad. Concibe al universo como una gran máquina perfectamente articulada. Sus grandes preocupaciones son la agricultura, la demografía, el bienestar y la riqueza.
Las ideas iluministas francesas se extienden a toda la nación y pasan inmediatamente a Alemania e Italia debido especialmente a su obra máxima de difusión, la Enciclopedia, una suma de todo el saber científico y filosófico; destacándose importantes obras históricas y científicas de todo tipo. La Enciclopedia proclama la supremacía del progreso técnico, el utilitarismo y la libertad económica. Pero también  cierto fisiocratismo, ya que el cultivo de la tierra es considerado como riqueza principal junto al hombre, riqueza suprema. Un hombre organizado en sociedad, cuyo poder es el número, el espíritu laborioso, la libertad y las buenas costumbres.

En suma, un ideal burgués liberal, todavía muy alejado de lo que podemos considerar como democracia, y muy poco revolucionario. Basta leer su definición de Estado: “Sociedad civil por la que una multitud de hombres están unidos bajo la dependencia de un soberano, para gozar, mediante su protección y cuidados, de la seguridad y felicidad que faltan en el estado de naturaleza”. Es la base filosófica del llamado “despotismo ilustrado” que, si bien rompe con el absolutismo total del rey, propone un limitado ideal burgués, en estrecha alianza con el Estado. Pero el “pueblo” sigue siendo un gran ausente.

El fisiocratismo
es una mezcla de liberalismo económico con despotismo ilustrado y “legal”. Su teórico más conocido es Quesnay. Las bases del fisiocratismo (fysis = naturaleza)  son la naturaleza, la tierra, la libertad y el despotismo legal. La naturaleza y sus leyes naturales condicionan la vida humana y la economía, especialmente por el derecho natural de propiedad. Este derecho se ejerce sobre todo por la tenencia de tierras, siendo pues la agricultura la base de la riqueza de la nación (contra el mercantilismo). Por lo tanto, el Estado debe ser gobernado por grandes terratenientes, ya que patria y patri-monio de tierras forman una unidad indisoluble. Los fisiócratas proponen, pues, un cultivo mecanizado de alto rendimiento. En consecuencia, el legislador tiene que aplicar a la sociedad las leyes de la naturaleza, “dejando hacer” (laissez faire, laissez passer). Para ello, nada mejor que una monarquía en un Estado absoluto que haga respetar la ley natural y las leyes de ella emanadas.

Contrariamente al absolutismo del rey, el despotismo ilustrado (de difícil definición) proclama el valor absoluto del Estado, siendo el rey su máximo servidor, al menos en teoría. Su lema es “todo para el pueblo, pero nada por el pueblo”. Los déspotas ilustrados son soberanos que aplican la teoría del iluminismo aliados con los filósofos, niegan el origen divino del poder y sostienen que éste nace de un contrato de los ciudadanos, debiendo el rey gobernar como una especie de padre para el bien de todos.
Típico representante de esta postura es Federico II (1712-1786)  que organiza el estado prusiano sobre la base de la ley, el orden, la religión (contra Holbach), la tolerancia, el trabajo, el comercio y el ejército. Con otro estilo lo es el emperador José II (1741-1790) de Austria que trata de imponer el iluminismo haciendo una Iglesia nacional, liberada de la tutela del Papa, obispos y órdenes religiosas (josefinismo césaropapista).
Otros ejemplos son Catalina II de Rusia,  Gustavo III de Suecia y Carlos III de España.
 Los temas centrales del iluminismo (Lumières, Aufklarung, Enlightenment) pueden resumirse como: primado de la razón y de la naturaleza, desarrollo de las ciencias, la felicidad, virtud y moral (laicas), utilitarismo.

Los iluministas “inventan” la propaganda política para la difusión de sus ideas con diferentes medios: gacetas, enciclopedia, cafés y salones, y sociedades secretas, especialmente la masonería.

La masonería
fundada en Inglaterra y de gran vigor en Francia (630 logias en 1789 con unos 30 mil “hermanos”) y cuyo origen histórico se remonta a la hermandad de los albañiles (“masones”) medioevales, proclama el culto de la humanidad sobre la base de la razón, el pensamiento ilustrado, buenas costumbres, una religión teísta, tolerancia religiosa y la masculinidad de sus adeptos.
Fundada en Londres en 1717, adopta en 1723 un código, las “Constituciones” de Anderson, se extiende rápidamente y se divide en dos grandes logias rivales. La mayoría de los pensadores y prohombres de esta época y la siguiente son masones, como el mismo Washington, Franklin y muchos “próceres” latinoamericanos (Tema siempre discutido es el sentido de la masonería de estos políticos, entre ellos San Martín y Bolívar, y muchísimos mandatarios europeos y americanos, y sobre todo su posible carácter anti-católico o anti-religioso, mientras crecía la creencia en un poder hegemónico y casi mítico de las logias desde fines del siglo XIX).
En realidad, hubo logias masónicas teístas y muy tolerantes hacia la religión (las tradicionales, especialmente inglesas) y otras, desde el siglo XIX, fuertemente antireligiosas y anticatólicas, de carácter republicano y aún socialista (italiana y francesa). Las logias americanas buscaban, por su parte, el establecimiento de la libertad y autonomía en las colonias, con apoyo de Inglaterra.
Mientras la Iglesia Católica condenó repetidamente a la masonería (1738, 1751, 1821, 1884 y en el Código Canónico) las iglesias protestantes y anglicana, por lo general, mantuvieron siempre una actitud positiva o prescindente.


El Ilumnismo coincide con la gran revolución industrial de Inglaterra, a partir del invento de las máquinas a vapor que transforman radicalmente el proceso de la industria con las grandes fábricas que generan, a su vez, una conflictiva relación entre patronos y obreros (tema que desarrollaremos en el próximo módulo).


También pertenece al siglo XVIII el gran pensador italiano Giovanni Vico (1668-1744), que tendrá influencia recién en el siglo siguiente. Su principal libro es Ciencia Nueva en torno a la naturaleza común de las naciones (1725). Vico es un cristiano platónico convencido de que la Providencia dirige el mundo con un gran sentido de unidad, y opuesto a todo individualismo y utilitarismo. Tiene, por lo tanto, un gran sentido de la historia a la que presenta como en evolución continua. Cada pueblo pasa por tres edades: de los dioses, de los héroes y de los hombres, a las que corresponden tres tipos de gobierno: teocracia, aristocracia y gobierno humano. El progreso, es por tanto, la gran ley de la historia humana, pero no en un progreso lineal sino mediante círculos que se repiten pero que evolucionan constantemente (democracia, aristocracia, etc.) hacia un mayor grado de plenitud.


d) Veamos ahora el desarrollo del pensamiento político, primero de los ingleses en la corriente empirista, teniéndose en cuenta que ya vimos en el módulo anterior a Hobbes.
Después, el pensamiento político del continente que desemboca en la revolución francesa.
Finalmente, a Kant, que recibe las influencias del empirismo y del racionalismo, y elabora su propia crítica. Con Kant, Alemania inicia un período de gran florecer filosófico, especialmente con el Idealismo de Fichte, Schelling y Hegel.
Después profundizaremos en la Revolución Francesa y en el Liberalismo.

3.         Los pensadores ingleses

3.1  JOHN  LOCKE  (1632-1704)

Nacido en Inglaterra (Wrington), Locke supo ejercer varios cargos políticos, viviendo también temporalmente en Francia y Holanda (desterrado durante el conflicto con el absolutismo). Vuelve a Inglaterra antes de la subida al trono de Guillermo de Orange, siendo testigo y defensor de la revolución inglesa de 1689.
Su principal obra política es  Dos tratados sobre el gobierno (1690)

La doctrina de Locke puede enunciarse así: Todo gobierno está limitado en sus poderes y existe sólo por el consentimiento de los gobernados, porque todos los hombres son libres.El tema de la libertad humana caracteriza sus numerosas obras, tanto la libertad religiosa (tolerancia), como la política y la económica.
a) Su investigación comienza por esta pregunta: ¿Qué es el poder político?.
“Por poder político entiendo, pues, el derecho a crear leyes, que estén sancionadas con la pena de muerte y, en consecuencia, con todas las penas menores para la regulación y conservación de la propiedad, y del empleo de la fuerza de la comunidad en la ejecución de estas leyes y para la defensa del Estado de peligros externos, y todo ello para el bien público” (Todas las citas son de “Dos tratados”).
Para comprender esa definición, dice Locke que hay que comprender antes en  qué estado se encuentran naturalmente todos los hombres, qué es  la libertad y qué es la igualdad, “no habiendo nada más evidente que el hecho de que en las criaturas de la misma especie y condición… debe haber también igualdad entre ellas, sin subordinación ni sometimiento”. Por su parte, la libertad no debe confundirse con la licencia, sin limitación alguna, pues “si no existe ley, tampoco existe libertad”.

b)         Locke  concibe “el estado de naturaleza”  como si fuese una etapa pre-política. Para él, “los hombres que viven juntos conforme a la razón, sin un jefe común sobre la tierra con autoridad para ser juez entre ellos, se encuentran propiamente en el estado de naturaleza”Es decir, es una relación amigable que no tiene un gobierno ni un árbitro común, pero con la dificultad de que, en caso de litigio, cada uno “es juez en su propia causa”.
 La ley esencial del estado natural es la de conservar la propia vida y conservar la humanidad entera, por tanto (salvo que esté en peligro la propia vida) obliga a  “no quitar la vida a otro, dañarla o causar daño a todo lo que contribuya a la conservación de la vida, libertad, salud, miembros y bienes del otro, a menos que sea para hacer justicia a un culpable
”Lo opuesto es la sociedad civil: “Los hombres que viven unidos formando un mismo cuerpo, y que cuentan con una ley común y con un tribunal al cual recurrir, con autoridad para decidir disputas… y castigar a los culpables…”
A su vez, la guerra es “el uso de la fuerza sin derecho, sin justicia y sin autoridad”, guerra que puede darse tanto en el estado natural como en el civil.Y como la ley de la naturaleza es la de la propia conservación (“Dios y la naturaleza no permiten nunca que el hombre se abandone al punto de descuidar su propia conservación”), entonces las leyes civilessólo son  justas si están fundadas en la ley natural, por la que han de regularse”.

En efecto:“Las obligaciones derivadas de la ley de la naturaleza no cesan al entrar en sociedad, sino simplemente en muchos casos se hacen más estrictas y tienen, por las leyes humanas, sanciones… De este modo, la ley de naturaleza se mantiene como norma eterna para todos los hombres, tanto para los legisladores, como para los demás. Las reglas que ellos dictan… deben conformarse a la ley de la naturaleza, esto es, la voluntad de Dios, del cual esta ley es una manifestación; y siendo la conservación de la humanidad el contenido de la ley fundamental de la naturaleza, ningún decreto humano puede tener validez en su contra”.

c)         Hay, pues, importantes diferencias con el estado de naturaleza descrito por Hobbes, y también con la dificultad principal en ese estado: si para Hobbes era la guerra, para Locke es la pobreza.
De allí la enorme importancia que Locke concede a la propiedad, derivada de la voluntad de Dios de darle la tierra a todos los hombres: “Es del todo claro que Dios… entregó la tierra a los hombres y se la dio en común a todo el género humano. Pero, después de dar esto por sentado, a muchos les parece una gran dificultad entender cómo puede alguien conseguir en propiedad privada una cosa cualquiera… Trataré de explicarlo…”Al principio, pues, no había propiedad privada sino un uso compartido de toda la tierra. Sin embargo “cada hombre tiene la propiedad de su propia persona. Nadie, salvo él mismo, tiene derecho sobre ella”.

A este primer gesto de propiedad privada, se agrega la propiedad de su trabajo, extensión inmediata de su persona. Estas dos propiedades (persona y esfuerzo personal) son la propiedad original y natural. Ese es el fundamento de cualquier otra propiedad y todas se derivan de ella. Así, pues, en el estado natural cada cual se apropiaba de aquellos frutos que conseguía con su esfuerzo y sin mayores dificultades, especialmente cuando había abundancia.La propiedad de la tierra se va adquiriendo de la misma forma, trabajando cierta parcela, lo que no implicaba daño a otros, dada la gran extensión de tierra disponible.Así, la propiedad privada de la tierra es una combinación de algo que es privado, el trabajo, y de algo que es común, la tierra.

Y “es el trabajo el que establece en todas las cosas la diferencia de valor”, pues la tierra sin trabajo “apenas si valdría algo”.Hay dos razones por las que las provisiones naturales en sí mismas casi no tienen valor: que necesitan ser recogidas (o cazadas, etc.), y por su gran abundancia.
Y hay dos cosas que determinan el valor: la cantidad y el mercado (demanda y oferta), calculando “la cantidad en relación con el mercado, pues sólo esto rige su precio. El valor de una cosa… es mucho mayor cuando su cantidad es menor en proporción con el mercado… no el hecho de que una mercancía sea de buena calidad…”En esta situación primitiva, sólo el trabajo podría dar valor a las cosas.
Dice Locke que era una situación comparable a la de los “pobres y miserables habitantes” de América, los indios, “que son ricos en tierras pero pobres en todas las  comodidades de la vida; a quienes la naturaleza ha provisto con tanta liberalidad como a cualquier otro pueblo de los materiales suficientes… pero que, por falta de aprovechamiento de la tierra mediante el trabajo, no tienen sin embargo ni una centésima parte de las comodidades de que nosotros disfrutamos”.

Otro problema del hombre natural era la corta duración de los productos alimenticios (su carácter perecedero), de modo que cada uno recogía sólo lo necesario.Era, pues, una posesión de la tierra muy limitada: “el hombre tenía un derecho especial a las tierras que él cultivaba y cosechaba, a lo que recogía y aprovechaba antes de que se descompusiera, así como a todos los productos de la tierra por él cercada y al ganado que pudiera cuidar y aprovechar. Pero si la pastura de su cerco se echaba a perder sobre el terreno, o perecían los frutos sin ser recogidos, esta parcela, a pesar de su cerco, debía no obstante ser considerada baldía y podía pasar a ser propiedad de cualquier otro”. Una regla que da Locke y de dudosa necesidad y eficacia.
Pero cuando surja la escasez de productos alimenticios perecederos, entonces comenzaría a primar la ley del más fuerte. Hay una situación paradojal: grandes extensiones sin cultivar, y lucha por las pocas provisiones a mano y por los escasos campos cultivados.Por lo tanto, la agricultura extensiva es un paso fundamental para el alivio de las penurias del hombre original, aunque limitada por la descomposición de los productos, pues nadie va a cultivar más de lo que puede conservar.

d)         Entonces llega el invento del dinero, que fue apareciendo en progresión natural. Primeros se trocaban alimentos perecederos por otros más durables (como las nueces); después por un trozo de metal, “movidos por la belleza de su color”, y finalmente por objetos escasos y durables, como el oro y la plata.“Y así fue como se produjo el empleo del dinero, de algo duradero que el hombre podía conservar sin que se echara a perder y que, por mutuo acuerdo, los hombres aceptarían a cambio de artículos verdaderamente útiles para la vida, pero perecederos”.

Por lo tanto, según Locke siempre, el uso del dinero fue anterior al surgimiento de la sociedad civil, a pesar de que  el dinero surge de un mutuo acuerdo, “acuerdo tácito y voluntario”. Pues para formar una sociedad civil, se necesitaba “el pacto único de ponerse todos de acuerdo para entrar a formar una sola comunidad y constituir un solo cuerpo político. Los hombres pueden hacer entre sí otros convenios y promesas, y seguir en el estado de naturaleza”.

La llegada del dinero
introdujo un fundamental cambio, pues los hombres necesitaron cada vez más protección de sus productos acumulados para la venta. El dinero les daba un incentivo especial para la acumulación.De esta forma, la introducción del dinero completa el cambio radical de las condiciones económicas originales.Se amplían las tierras cercadas y escasean las tierras sin dueño, mientras aumenta la población ya mejor alimentada.

e) Así se va produciendo la desigualdad económica, por la desigual laboriosidad de los hombres y por la posibilidad de adquirir dinero.Hubo un acuerdo tácito “en que la tierra se repartiese en forma desproporcionada y desigual”, de modo que alguien poseyese con justicia más tierra de la que puede usar para su propio beneficio, a cambio de oro y plata, metales imperecederos. ¿Qué hace que esa desigualdad sea justa?  Es el incremento.
Cuando alguien tomaba más de lo necesario, “tomaba más de lo que le correspondía y robaba a los demás”; pero cuando alguien puede acumular mucho y lo puede poner a disposición de los otros, a cambio de dinero, cambia la situación, y es una situación justa a pesar de que ello implicaba la desigualdad, debido a la mayor laboriosidad o ingenio de algunos.Aunque los pobres de ahora tienen menos que los ricos , son más ricos que los pobres de antes que sólo podían juntar lo inmediatamente necesario y perecedero.

Locke pone el ejemplo de un jefe indio que se alimenta y viste peor que un jornalero de Inglaterra. Por tanto, es fundamental la importancia de la relación entre agricultura y dinero.
Lo que la naturaleza da a los hombres es siempre lo mismo y en la misma cantidad, porque el mundo no puede crecer, en todo caso bajan sus reservas.Pero lo que la naturaleza no puede, lo puede el agricultor “quien se apropia de un pedazo de tierra mediante su trabajo; de modo que no reduce sino incrementa el caudal común del género humano.

Pues las provisiones que sirven de sustento a la vida humana, producidas por un metro de tierra cercada y cultivada son -hablando con moderación- diez veces más que las producidas por un metro de tierra comunal de igual riqueza pero sin cultivar”. En consecuencia, ese agricultor da a la humanidad una gran riqueza, tanta como la tierra que ha cultivado, que equivale a diez veces más de la sin cultivar…Pues los hombres por medio de su iniciativa y trabajo, hacen posible el incremento de riqueza, y resuelven así el problema económico.

f)         Y, al mismo tiempo, hacen ya imposible continuar en el estado de naturaleza, pues las propiedades demasiado grandes necesitan ser protegidas con medios superiores a los dados por la ley de la naturaleza. Entonces los hombres se ven en la necesidad de crear una forma de gobierno, instituida por ellos mismos y para la protección de la propiedad privada del “capricho de la avaricia de los pendencieros y disputadores”.
Así surge el gobierno civil, cuya finalidad es “el aumento de las tierras y el derecho a hacer uso de ellas”, y surge el gobernante, que es “divino” porque “mediante leyes de libertad establecidas, asegura la protección y el fomento de la honrada industria del género humano”.

g)         De todo lo cual, se derivan importantes consecuencias políticas que giran sobre el concepto de poder políticoHay un principio fundamental: “la finalidad máxima y principal… de los hombres al unirse en comunidades y someterse a un Estado, es la conservación de la propiedad”, que incluye vida, libertad y bienes.En el estado natural, la propiedad es muy insegura por falta de leyes establecidas y aceptadas, falta de un juez que dirima las disputas, y falta de poder suficiente para respaldar las sentencias del juez. Y la sociedad política remedia esas tres carencias.

Quienes hacen el pacto
para establecer un gobierno, ley y jueces, esos forman una sociedad civil.
Por medio de ese pacto, se transfieren los poderes que cada uno tenía en el estado natural “a manos de la comunidad”. Esos poderes eran fundamentalmente dos: de asegurar la propia conservación, y de castigar a quienes violaban esa ley.Esos dos poderes naturales son “el origen del poder legislativo y del poder ejecutivo de la sociedad civil” (el poder judicial depende del legislativo).La renuncia al primer poder (de conservación) se hace sólo “en la medida en que su propia conservación y la de los demás miembros de la sociedad lo requiera”.

Quedan, pues, pendientes estas preguntas:
·       en qué medida es necesario transferir esa autoridad al poder civil,
·       por qué no se lo hace en forma íntegra (como propicia Hobbes) y
·       qué derechos y obligaciones tiene el miembro de la sociedad si su propia salvaguarda entra en conflicto con la del resto de la sociedad o con el gobierno.

h)         Lo que surge es un gobierno civil con poder limitado, tesis fundamental de Locke, pues:“El poder absoluto arbitrario o de un gobierno sin leyes fijas establecidas, no puede ser compatible con los fines de la sociedad y del gobierno”, pues los hombres desean entrar a la sociedad civil sólo “para salvaguardar sus vidas, libertades y bienes, y para asegurarse la paz y la tranquilidad, por medio de normas establecidas de derecho y de propiedad.
Es impensable que se propongan, aún si hubiere poder para hacerlo, poner en manos de una persona o de varias, un poder absoluto arbitrario sobre sus personas y bienes… Sería tanto como ponerse en una situación peor que en el estado de naturaleza…” Y no puede pensarse que “una criatura racional cambie deliberadamente su estado para empeorar”.

Por lo tanto, la monarquía absoluta “no es una forma de gobierno civil”, tesis absolutamente contraria a la de Hobbes. Consecuencia de lo anterior: todas las leyes de la sociedad civil tienen que ser coherentes con el principio de conservar la propiedad y por ella, la sociedad.Lo que supone el compromiso permanente de todos los miembros de la sociedad, pues una vez que alguien se hace miembro de un Estado, “se encuentra en la obligación perpetua e indispensable de permanecer como súbdito, y ya no puede volver nunca a la libertad del estado de naturaleza”, en tanto que el gobierno subsista.
El poder de la sociedad civil debe abarcarlo todo, alcanzando a todos los miembros y a todas sus cuestiones en disputa. Ahora es “la comunidad la que se convierte en árbitro”, quedando excluido todo juicio particular de cada uno de los miembros. Siempre de acuerdo a las leyes establecidas, que son las mismas para todos y en todas partes, para resolver todas las diferencias de todos y de cada uno de sus miembros.Esta “totalidad” del poder (sobre todos, para todos, etc) cuestiona esa limitación de poder que el mismo Locke propicia, y puede degenerar en  posibles abusos.

i)          Otro elemento importante de su doctrina política es lo que puede llamarse la ley de la fuerza mayor, fundamento de la doctrina sobre la decisión de la mayoría. Cuando no hay unanimidad, decide la mayoría, y “el cuerpo se mueve hacia donde lo impulsa la fuerza mayor, y esa fuerza es el consentimiento de la mayoría; por esta razón, todos quedan obligados por la resolución a que llegue la mayoría”. De otro modo, es imposible formar una comunidad o cuerpo social.
El problema es que no siempre la mayoría es “la fuerza mayor”, pues una mayoría pobre puede tener menos fuerza que una minoría rica. Pero se supone que se trata de una fuerza mayor desde la igualdad jurídica que todos tienen para el voto, como sucede cuando “los hombres se reúnen por primera vez en sociedad, y la totalidad del poder radica naturalmente en la mayoría”.Lo mismo sucede cuando la sociedad se encuentra sin gobierno.Es decir, hay igualdad cuando los hombres se acercan a la posición del estado de naturaleza.

j)          Todo lo cual lleva al problema de la forma de gobierno, que supone una decisión profunda de la sociedad, como el hecho mismo de elegir un gobernante.La primera tarea de la sociedad es establecer una ley fundamental o constitución. determinada por la mayoría. Es un primer acto legislativo.Después, la mayoría puede retener el poder legislativo, y tenemos un gobierno democrático; o puede confiarlo a unos cuantos, oligarquía;  o a uno solo, la monarquía.

Pero en todos los casos, sólo el consentimiento de la mayoría puede establecer el gobierno.

Todas las formas de gobierno (no lo es la monarquía absoluta para Locke), desde “la democracia perfecta” hasta la “monarquía hereditaria” (diríamos, desde el sistema norteamericano al inglés) se encuentran igualmente fundadas en el consenso mayoritario.La doctrina de Locke no termina forzosamente por la preferencia republicana democrática, pero sí por la negativa a la monarquía absoluta.

k)         El pacto social se hace entre los ciudadanos, no entre estos y el gobernante, quien emerge del consenso con un poder que se le confía, pero al que no se renuncia. Los gobernantes son funcionarios de los ciudadanos, con un poder fiduciario (se le confía un poder suponiendo que lo utilizarán bien).
El poder supremo de conservar a la sociedad toda, queda siempre en las personas de la sociedad civil. No se delega.
El poder supremo delegado es, en realidad, el poder legislativo: “no sólo es el poder supremo, sino sagrado e inalterable en las manos en que la comunidad lo ha colocado”. Sin embargo y en forma contradictoria, Locke dice que ese poder supremo legislativo del pueblo sólo continúa en tanto el gobierno continúa existiendo y funcionando.El pueblo ejerce su poder supremo en forma activa sólo cuando està sin gobierno. Entonces, lo delega en el legislativo. Pueblo y poder legislativo tienen la supremacía, pero no al mismo tiempo. Mientras exista gobierno, el poder del pueblo queda como latente, y se activa cada vez que falte.

l) Locke afirma claramente la separación de poderes en “las comunidades bien ordenadas”, pues “sería una tentación muy fuerte para la debilidad humana, inclinada a aferrarse al poder, que las mismas personas que tienen el poder de hacer leyes, también tengan en sus manos el poder de aplicarlas”. Para Locke, el poder judicial forma parte del legislativo.El poder legislativo es superior al ejecutivo, “pues el que puede imponer leyes a otro, forzosamente es superior”.

m) Pero en algunas circunstancias el poder ejecutivo puede actuar sin la subordinación al legislativo, quedando a su buen juicio y criterio, ya que el poder legislativo no puede atender a tantos casos particulares; o bien el bien público requiere del ejecutivo una conducta no contemplada o aún contraria a las leyes.
A esto llama Locke las “prerrogativas” del poder ejecutivo, con todos los peligros del caso, utilizando prerrogativas en favor de sus propios intereses, y arriesgando la propiedad y la seguridad del pueblo.Si el gobierno hace buen o mal uso de las prerrogativas, “el pueblo lo juzgará”, lo que implica el derecho del pueblo de resistir a la tiranía y a declarar la nulidad de su mandato.

En este sentido, Locke tiene una postura muy interesante, pues considera que los verdaderos rebeldes a la ley son los gobernantes que no se ajustan a ella, “son verdadera y auténticamente rebeldes”, pues fueron constituidos para actuar desde la constitución y el orden jurídico (para eso se funda la sociedad), y lo que hacen al violarlos es introducir el estado de guerra.Al volver el gobierno al estado de guerra, queda disuelto y el pueblo elige otro.De allí que Locke no habla de revoluciones, sino de rebeldía del pueblo ante un gobierno sin legitimidad.Pero si el gobierno es legítimo, los que se rebelan “son culpables del mayor crimen que a mi parecer puede cometer un hombre”.

Cómo hace el pueblo para juzgar a un gobierno como tiránico, ciertamente que es un asunto complicado. Pero Locke, en líneas generales, dice que lo hace razonando y sintiendo, pues hablar no hace que los hombres dejen de sentir. Todo, pues, depende de lo que el pueblo ve y siente.Esta posibilidad de resistencia del pueblo a la tiranía, es el único límite eficaz y justo a todo gobierno, lo que implica agotar todas las instancias legales previas.De modo que la empresa política de la humanidad es una lucha interminable por salir del estado de naturaleza, con todas sus inseguridades y temidos males, y volver a caer en él.

En síntesis: Tales los grandes lineamientos de la filosofía política de Locke, considerado como el filósofo de los Estados Unidos, y también como el padre del capitalismo. Locke dedica casi toda su doctrina a la fundación de la sociedad, dejando en suspenso muchos temas relacionados con el seguimiento posterior de la sociedad civil, vínculos entre los ciudadanos, deberes, etc.
Efectivamente, su gran preocupación es el tema de la libertad, y su tesis es que no existe libertad sin ley. De allí la primacía del poder legislativo.

Y todo se fundamenta sobre la ley básica de la conservación de la propiedad (persona, bienes, libertad), ley que engendra todos los conflictos humanos.Si esta ley es correctamente aplicada, produce abundancia en la seguridad.De lo contrario, habrá violencia, anarquía y destrucción de la vida y de la propiedad.
La gran tarea de la razón, y por tanto de la política, es conducir razonablemente esta tendencia o pasión de la conservación, en forma constructiva.Y como esta pasión es extremadamente poderosa, es también motivo para la difícil gobernabilidad de los seres humanos, cuyos sistemas de gobiernos serán siempre imperfectos.El gobierno sabio conoce esa pasión, la comprende y canaliza, haciendo de ella el fundamento mismo de la ley, la libertad, la seguridad y la riqueza de su pueblo.

Como un puente entre Locke y los sucesivos filósofos economicistas ingleses se encuentra David Hume (1711-1776), empirista y conservador al mismo tiempo. Pone como fundamento del gobierno el hábito de la gente y su interés, no el derecho natural ni el divino. Todo se centra en el interés, la utilidad, la seguridad y la estabilidad.

 3.2  ADAM  SMITH  (1723-1790)

Nacido en Escocia, Smith fue profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glascow. Sus dos obras principales son Teoría de los sentimientos morales e Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (1759 y 1776 respectivamente).

La fama de Smith se debe a que sentó las bases de la ciencia de la Economía, haciendo un alegato en favor del hoy llamado capitalismo liberal, y acercando estrechamente la política con la economía, con predominancia de esta última. Todo lo cual nos indica la importancia del pensamiento de Smith para el futuro.Con él, la filosofía política hace un viraje hacia la economía, sobre la base de la libre empresa o liberalismo económico, siguiendo a Locke y dándole una formulación más completa, pero estrechamente ligado también a la filosofía de Hume.

a) Smith se pregunta qué es la virtud y qué la hace deseable, y responde que es aquello que merece aprobación, aprobación que se concede a partir de acciones concretas. Algo es viertuoso, si la sociedad lo aprueba.A su vez, el móvil de los actos es el sentimiento (emoción o pasión), similar al concepto de “agradable y útil” de Hume.Es “el sentimiento del corazón donde se originan todas las acciones, y del cual depende en última instancia toda su virtud o vicio… En la conveniencia o inconveniencia que el afecto guarda con la causa u objeto que lo excita, reside la propiedad (o impropiedad), la decencia (o torpeza) de la acción”.
Si ese sentimiento causa efectos benéficos, entonces recibe aprobación; de lo contrario, castigo. Así se mide el grado de virtud de un acto, por una especie de “simpatía” de alguien hacia el acto realizado por otro. Si simpatiza, y el efecto es beneficioso, entonces aprueba.Por tanto, según Smith, lo que impulsa a los hombres a la virtud es la aprobación y el amor de sus semejantes.A esta doctrina la llama “los principios morales de lo justo e injusto”, que son tan naturales como lo es el sentimiento.
De esto desprende Smith el principio de que “el mayor precepto de la naturaleza es amarnos a nosotros mismos sólo como amamos a nuestro prójimo, o lo que es lo mismo, como nuestro prójimo es capaz de amarnos”.Este sentimiento inclina al hombre a socializarse con otros en una especie de sentimiento gregario, común también a los animales; o sea, es un animal social pero que no lo suficiente para que sea un animal político, como decía Aristóteles. De todo ello surge una moralidad universal, compartida por todos los seres humanos, cuya perfección consiste en “sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos… restringiendo nuestro egoísmo y fomentando afectos benevolentes…” (Una doctrina opuesta a la de Hobbes y cercana a la de Rousseau).

b) En cambio, lo que hace político al hombre y lo ata a la sociedad civil es el cálculo que se deriva de la utilidad (racionalidad utilitaria).Y la justicia de la sociedad civil se orienta a que nadie hiera la persona, reputación o propiedad de otro, sobre la base de la ley social antes enunciada que “debe constituir el fundamento de las leyes de todas las naciones”.Por tanto, su concepto de justicia es muy negativo y coercitivo, no siendo digno de gratitud y casi de ningún mérito, pues también la sociedad civil y el Estado son como males menores, a menudo más orientados a la envidia, a los celos y al engrandecimiento propio a costa de los países vecinos.De esta forma., el amor a la patria casi es lo opuesto al amor a la humanidad y es un sentimiento más egocéntrico (patriotismo).

c) Por lo tanto, entre la moral natural y la social hay una situación de permanente conflicto, pues aunque cada uno busca la aprobación de los otros, sabe que será más aprobado si es próspero y rico. De modo que poco a poco la ambición pasa a ser el móvil de los actos (no la benevolencia).
Y así sucede que “esta tendencia a admirar y casi adorar a los ricos y poderosos, y a despreciar a las personas de condición humilde, aunque necesaria para establecer y mantener la distinción de rangos y el orden de la sociedad, es la mismo tiempo la causa más grande y universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales”.Por ende, la gente va mirando más los resultados de los actos ajenos que no sus intenciones, lo que es inevitable y hasta necesario, pues nadie puede juzgar la rectitud de intenciones del otro, y a fin de cuentas, lo importante son los actos concretos que favorecen la felicidad de los demás. Con buenos deseos no se construye la prosperidad del mundo.

Por tanto, la naturaleza de lo moral es muy paradójica, pues

  • una cosa es “el curso natural de las cosas” en que prosperan los hombres laboriosos, aunque fueran de humilde condición (y viceversa), como también los violentos y falsos, y
    · otra cosa son “los sentimientos naturales de la humanidad”, que tienden a que nos compadezcamos de los pobres y oprimidos, y nos rebelemos ante el éxito de los malvados.
    Al fin, “el curso natural de las cosas” termina por imponerse, pues recompensa desde la regla de la utilidad que estimula la laboriosidad. Hay que esforzarse para que la humanidad sobreviva, y quien no lo haga merece el castigo correspondiente (o la recompensa, si lo hace).Aunque Smith no acepta que la utilidad sea el fundamento de la virtud, reconoce que en la práctica así va sucediendo, y esto por un motivo psicológico, pues toda la gente va imaginando las ventajas de la prosperidad y de las riquezas, lo que aumenta su deseo de buscar los medios que le reporten el mejor beneficio.Si bien al final, el hombre se da cuenta que la riqueza no es sinónimo de felicidad, pues “esas enormes y laboriosas máquinas inventadas para producir una cuantas comodidades superficiales al cuerpo, que constan de los más bellos y delicados resortes, que deben mantenerse en orden con la mayor atención, a pesar de todos nuestros cuidados están a punto de romperse en pedazos a cada momento, dejando en la ruina al infortunado poseedor”.
    De modo que “en aquello que constituye la verdadera felicidad humana, los pobres no son inferiores de ningún modo a aquellos que parecen estar muy por encima de ellos… y el vagabundo que toma sol a un lado de la carretera posee esa seguridad que el rey està buscando”.d)  Por tanto, lo que impulsa a la laboriosidad humana es un engaño de la naturaleza cuya “mano invisible” nos va guiando:“Ese engaño es el que estimula y mueve la laboriosidad de la humanidad. Es lo primero que la llevó a cultivar la tierra… fundar ciudades y comunidades… inventar y mejorar ciencias y artes… Gracias a esa labor de la humanidad, la tierra se vio obligada a duplicar su fertilidad para mantener a una gran multitud de habitantes”
    Y como el rico produce mucho más de lo que puede consumir, pues “la capacidad de su estómago no guarda proporción con la inmensidad de sus deseos”, entonces “está obligado a distribuirlo entre aquellos que preparan del modo más agradable esa porción que utiliza él, entre los que arreglan su palacio… todos ellos obtienen así del lujo y del capricho, esa parte de los bienes necesarios que en vano habrían esperado de su humanidad o de su justicia… Los ricos sólo toman del montón lo más selecto y agradable y consumen muy poco màs que los pobres… y a pesar de su natural egoísmo y rapacidad, y aunque sólo les interesa su conveniencia… dividen con el pobre el producto de las mejoras que han hecho. Se ven guiados por una mano invisible a hacer casi la misma distribución de los bienes necesarios que habría resultado si la tierra se hubiera dividido en partes iguales entre todos, y así, sin buscarlo y sin saberlo, ayudan al avance de la sociedad y brindan los medios para la multiplicación de la especie”.

    Se trata, pues, de un importante argumento que será esgimido de ahí en más por el capitalismo posterior hasta el día de hoy.La naturaleza va guiando al hombre, más que por la razón, por las pasiones y por un gran apetito ordenados a la supervivencia. Es cierto que la moral así es más imperfecta, pero son concesiones que hay que hacer para lograr la conservación de la especie.
    La aprobación humana, fundamento de la virtud, se halla como dividida entre lo que debe ser y lo que es, lo que pide la moral y lo que exige la conservación.

    Al mismo tiempo, en oposición a la doctrina griega de la división de rangos sociales con actividades específicas (Módulo 1), Smith entiende que sólo la democracia logra una democratización de la moral, pues resta importancia a la diferencia entre gobernantes y gobernados.
    Y esta es la democracia a secas o democracia liberal, cuya tendencia es sustituir la vida política por la vida social entendida como vidas privadas que están juntas, con una fuerte organización económica, que la autoridad política protege, castigando a revoltosos y delincuentes, legitimándose las desigualdades sociales en función del orden, etc. Y para mantener ese orden, se necesitan esas concesiones o irregularidades de la moral, como ya se dijo.Se instala, por tanto, lo que podemos llamar el maquiavelismo moral de la democracia liberal, consistente en estrategias, disimulos y engaños para lograr los supuestos fines de la conservación y supervivencia.

Tras estos principios elaborados en su Teoría de los sentimientos morales, Smith se dedica en su segundo libro sobre La riqueza de las naciones. a establecer la economía como base de todo este sistema para que funcione correctamente.

e)         El pensamiento económico de Smith defiende la libre empresa en sentido amplio, pues el bienestar de la nación no puede separarse de su riqueza o producto nacional anual, que es la suma de los productos anuales de todos los habitantes.Cada habitante hará el mayor esfuerzo para que su propio producto anual sea el mayor posible, y sólo lo podrá hacer si se le deja la mayor libertad posible.
Por tanto, la máxima libertad de mercado y la ley de la competencia son las bases de la nueva economía. Lo que hay que hacer es que el interés de cada uno se convierta automáticamente en interés que redunda en bien de todos:si cada uno pone el mayor empeño en su propia industria. “resulta que cada uno colabora de manera necesaria en la consecución del ingreso anual máximo para la sociedad.
Nadie se propone, por lo general, promover el bien público ni sabe hasta qué punto lo hace… sólo piensa en su ganancia propia; pero en este como en otros casos, es conducido por “la mano invisible” a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Pero el hecho de que tal fin no entre en sus intenciones,  no significa mal alguno para la sociedad, pues al buscar su propio interés, cada uno también promueve el de la sociedad y de una manera más efectiva que si actuara en forma intencional.No son muchas las cosas buenas que vemos realizadas por quienes dicen servir sólo al interés público”.

Pocas, pues, y simples reglas:

  • La prosperidad de todos y de cada uno sólo se consigue con productividad.
    · La productividad descansa sobre la división del trabajo y la capacidad de cada uno.
    ·       Para evitar los abusos de comerciantes y fabricantes, se necesita la acción sabia del gobierno que pone freno a las irregularidades y fomenta sólo la libertad para lo que es útil, o sea, productivo (Smith está lejos de un Estado de “dejar hacer”, laissez faire, que se propondrá después).
    ·       El trabajo produce un valor agregado que se traduce en salarios, renta y beneficios.
    Así los terratenientes y patrones también participan en el producto del trabajo con el aporte de sus capitales y tierras. Y a mayor acumulación de capital, mayor posibilidad de productividad. Smith trata de mantener una cierta moderación en su propuesta capitalista, aceptando las necesarias “irregularidades y concesiones” morales, pero abominando a los hombres del “sistema” que no comprendieron su punto de vista y propiciaron lo que hoy llamamos un capitalismo salvaje.f)         A su sistema, Smith no lo llamó “capitalismo” sino “el sistema de la libertad natural”, o sea, la condición en la cual “las cosas se dejan discurrir por su curso natural, y en la que hay libertad perfecta”.
    Curso natural, significa para él, dejar que los hombres hagan lo que instintivamente se sienten impulsados a hacer, en la medida en que eso sea “compatible con la seguridad de toda la sociedad”.
    Smith contrapone la tendencia natural, a las leyes establecidas artificialmente por la razón política. Por tanto, la naturaleza apoya la libertad, mientras que la razón, afirma las limitaciones a la libertad.Y resuelve esta contradicción diciendo que él se declara en favor de la libertad de la razón que es utilizada en beneficio de la libertad de la naturaleza.Así, pues, tanto en Smith como en el capitalismo liberal, la libertad no es importante por ser la condición de la existencia moral de todo individuo, y la condición para que se legisle a sí mismo (teoría más tradicional y típica del pensamiento de Rousseau y Kant), sino la condición de los hombres que aceptan vivir bajo el mando de gobernantes que defienden sus propiedades y sus personas (Locke).
    El proyecto capitalista no està movido por el deseo de liberación interna de los hombres en función de la voluntad general o del bien común. Lo mueve la búsqueda de métodos para que los intereses particulares no sean solamente instintivos, sino que colaboren en la prosperidad de la humanidad, siendo, pues, una libertad puramente externa, jurídica y política. Smith sabe que esta libertad y este orden económico están plagados de irregularidades y de males indudables, pero pensaba que había un beneficio general para la humanidad, por aquello de “la mano invisible” de la naturaleza que sabría sacar bienes de los males. Actitud de resignación que hoy tanto predican los neoliberales, ante los “males necesarios” que hacen avanzar la prosperidad, o sea, el producto nacional bruto.

    Smith recuerda que fueron los comerciantes y productores los que terminaron con el atraso de Europa medioeval y sus formas de feudalismo, como también con el poder económico del clero.También colaboraron a ese nuevo progreso los grandes descubrimientos geográficos de América y lejano Oriente. Surgió así un comercio internacional que permitió “aliviar las necesidades de los demás, aumentando los goces de todos, y alentando el ingenio de todos”
    Por tanto, la naturaleza nos guía hacia la economía como camino de prosperidad y felicidad universal.Esto, naturalmente, tiene un precio, que Smith intentó paliar con escuelas primarias gratuitas y con el estímulo de sectas religiosas para la vigilancia moral de la sociedad. Smith, pues, reconoce los males que engendra el capitalismo, pero no los censura ni censura a todo el sistema, como hará después Marx. Pero es él mismo quien dio el mejor argumento al marxismo que afirmará que “el capitalismo contiene la semilla de su propia negación”.

    El lector puede observar, pues, la diferencia entre la teoría de la mano invisible de la naturaleza y la filosofía de la historia, tal como la enseñará Kant (punto 3,d) y como la enseñará Marx.Smith vio la contradicción de su esquema, pero no supo resolverlo. Y como profesor de moral, sólo atinó a resignarse a un modelo cuyos malos resultados , tanto morales como económicos, para la mayoría de la población estaban a la vista, sea porque unos se transformaban en ricos opresores, sean porque otros eran pobres y oprimidos.Smith puso su esperanza en esa “mano invisible” de la naturaleza que iría solucionando los desarreglos provocados por el capitalismo.

    Aunque muy brevemente, no podemos dejar de citar, por su gran influencia en el liberalismo inglés y francés, a Thomas Malthus (1776-1834), autor del Ensayo sobre el principio de la población. Según el “maltusianismo” la población tiende a crecer en forma geométrica, mientras que los alimentos sólo aumentan en forma aritmética. El problema del progreso y de la pobreza radica en que “los obreros se casan con una ligereza imperdonable y sin preocuparse por el porvenir de los hijos, dice en su Manual de moral y economía política para las clases obreras.
    Por lo tanto, “los pobres no tienen derecho alguno a ser mantenidos… No corresponde a los ricos el proporcionar a los pobres ocupación y pan; y en consecuencia, los pobres, por la naturaleza misma de las cosas, no tienen ningún derecho a pedírselo”. La solución de este pastor inglés, es por lo tanto, el celibato de los pobres hasta que puedan ser capaces de mantener a sus hijos. En síntesis, todo pasa por la limitación de los nacimientos para que los ricos puedan dormir con la conciencia tranquila y los pobres no obstaculicen el progreso de la sociedad..

4.         Los grandes pensadores políticos del Continente

 4.1  BARUCH  DE  SPINOZA (1632-1677)

Spinoza Baruch (Benito), holandés de Amsterdam, de padres hebreos. Conocedor profundo de la Biblia, fue expulsado de la comunidad judía por sus interpretaciones del texto sagrado. Vivió en la pobreza con una gran vida interior. Spinoza es el primer filósofo que escribió una defensa sistemática de la democracia.
Lo hizo en su Tratado teológico político en 1670, rechazando la filosofía política tradicional, aunque conserva el concepto de orden eterno que subyace y regula al orden humano.
Pero analiza el orden político como cualquier otra ciencia humana con el método analítico, buscando que el político sea un político científico. La razón, liberada de la pasión, es ciencia; ciencia que lleva al dominio de la naturaleza, libre de la resignación religiosa tradicional.
En este sentido Spinoza sigue la línea de Maquiavelo y Hobbes. En lugar de falsas utopías, ahora se necesita un análisis científico con el método exacto de las matemáticas (iniciado por Descartes).Por tanto, también sigue a Maquiavelo en la búsqueda de una política realista, partiendo de lo que el hombre sólo es en la realidad.

a)         Spinoza supone que en el estado natural hay una multiplicidad de individuos, y cada uno procura vivir hasta donde puede. La sociedad comienza cuando el individuo inteligente descubre las ventajas de la unión en el compromiso, y reconoce que eso le representa un aumento de su potencialidad.
Pero, mientras Hobbes entiende que el deseo de conservación es más primitivo que la constitución de la sociedad, la filosofía y la religión (el orden), para Spinoza (por influencia de la filosofía estoica) el orden eterno es anterior e independiente del individuo y de sus decisiones. El paso del estado natural al social no crea condiciones para el orden o al orden mismo, sino que la sociedad es la condición para descubrirlo por medio de la filosofía.Por tanto, lo que salvaguarda la conservación no es la pasión sino la filosofía.

b)         Y mientras Hobbes es monárquico, exigiendo un poder fuerte que garantice el orden, Spinoza concibe a los individuos como representantes de la articulación de un orden eterno en una jerarquía de partes y del todo, y acepta las diferencias naturales de los hombres como políticamente fundamentales.Si los hombres son diferentes, tendrán distintas opiniones que no pueden ser igualadas o destruidas por el poder político.
Por lo tanto, siempre la democracia es lo mejor porque salvaguarda los intereses de todos, permitiendo la libertad de expresión que refleja las naturales diferencias que hay entre los hombres.Cuando la democracia es la encarnación de la enseñanza filosófica adecuada, regula las opiniones humanas por medio de instituciones políticas, sociales y religiosas, sin insistir en la uniformidad de opinión.
Cuando la opinión es tiranizada, entonces  la filosofía es destruida por el dogma o la superstición.
A la inversa, si se apoya a la libertad de la filosofía (libertad para pensar en forma razonable), la democracia es conservada, pues los intereses de la filosofía y de la democracia coinciden cuando están bien definidos.

En la democracia, cada individuo cede al Estado todos sus poderes, de modo que la democracia es “una colectiva asamblea de hombres que tienen colectivamente el más alto derecho a todas las cosas que estén en su poder”.Si todos aceptan transferir todo su poder a un gobierno que expresa la voluntad de todos, entonces todos participan en el autogobierno. Y esto es velar por la propia conservación.Por lo demás, Spinoza defiende la libertad de expresión de todos los ciudadanos, sea de ideas políticas como religiosas. Esta libertad es condición para el progreso de la filosofía, artes y ciencias.

c)         En la ciencia política hay dos cuestiones fundamentales:
1.    Cuál es la forma del mejor Estado, desde el entendimiento científico de la naturaleza humana.
2.    Cómo persuadir a los hombres para que modifiquen sus actuales leyes y costumbres, a fin de que la sociedad se corresponda con el modelo de mejor Estado.

Spinoza entiende que la filosofía política tiene que ser útil, ayudando a los hombres a la mejor conducta.

Y dado que los hombres ahora son religiosos, no se puede hacer una ciencia política sin considerar esa situación ni malquistarse a aquellos que creen en las Escrituras. El correcto análisis de la actual sociedad y actual religión, supone también un análisis correcto de la sociedad y de la religión como tales. Por eso Spinoza escribe un tratado “teológico político”, y reconoce que la relación entre política y religión no es un accidente de la historia, sino que efectivamente es una relación que brota de la naturaleza humana.
El estudio científico de la naturaleza humana y de los fenómenos políticos (“como si fuesen cuestión de líneas, planos y sólidos”) exige un estudio minucioso de la religión, que es el modo más decisivo en que es condicionada la conducta política en las sociedades no científicas.

Aunque su postura personal no es muy clara (Dios existe en el mundo y se confunde con sus leyes), Spinoza parece tender a una religión propia de un hombre culto e ilustrado, más bien privada, dentro de una religión nacional con determinados rituales, porque las sectas religiosas y diferencias cultuales pueden poner en peligro la estabilidad pública.

d)         Los hombres son siempre movidos a actuar más por pasión que por la razón, en el estado natural, pero también después en la sociedad civil. Las pasiones, miedo al dolor, deseo de placer, instinto de conservación, temor, esperanza, odio, no modifican su naturaleza por el hecho de que los individuos se unan para formar una sociedad.
De allí la función del Estado de mantener la unidad y de ayudar para contener la fuerza de las pasiones. Para ello, nada mejor que sostener la supremacía del temor y de la esperanza.El principio del Estado es el deseo de la propia conservación, y por ese deseo se conduce a la gente a la obediencia. El hecho de que la pasión tenga fuerza, no impide que la razón legisle. Y cuando los hombres obedecen más por la razón que por el temor, sólo entonces  son libres. La libertad es la vida de acuerdo con la razón.

Por su parte, el Estado tiene que expresar la armonía y el orden del universo.Cuando esto sucede, se puede obedecer en forma razonable a la ley de la sociedad.

e)         La sociedad surge por un acuerdo común de individuos que entregan su poder (poder que es igual a derecho) a una autoridad soberana; lo cual mejora el poder de cada uno para su propia conservación.La autoridad soberana es un poder de un individuo razonable. Y una sociedad razonable se expresa en leyes razonables.Una vez que las leyes son emanadas, todos han de obedecerlas, aunque algunos no estén de acuerdo. De lo contrario, la sociedad se disuelve.La razón nos enseña a conservar nuestra libertad aún en la sumisión a una autoridad soberana.

Un Estado es poderoso e independiente
cuando, de acuerdo a los principios de la recta razón, promueve su fin en provecho de todos.Así como la ciudadanía comprende que su libertad depende de una república unida y fuerte, y que tal fuerza y unidad no impiden su libertad de pensamiento, así también la autoridad soberana del Estado comprende que hace mal cuando actúa contra los dictados de la razón. Debe actuar de tal modo de conservar la reverencia del pueblo, porque “El mejor Estado es aquel en que los hombres pasan la vida en armonía y en que las leyes se mantienen invioladas”.La política razonable consiste en que “los hombres sean guiados de modo que no consideren ser guiados, sino que vivan según su propio espíritu y por su propia opinión libre”

f) Concluyendo: La filosofía política de Spinoza es de especial interés actual porque combina la aceptación de la ciencia moderna con la concepción tradicional de la función normativa de la filosofía (ética);  y combina la política con las tradiciones y la religión en armonía y mutua autonomía.También es importante por ser el primer filósofo moderno de la democracia, y porque nos recuerda las dificultades a las que deben enfrentarse quienes aman la libertad.

Finalmente, Spinoza es un precursor del actual método científico de interpretación de la Biblia (análisis crítico histórico), pues postula estudiarla con la misma rigurosidad que cualquier otro libro o que la naturaleza, acercándonos a ella sin tendencias previas, encontrando las múltiples opiniones de los profetas y sus contradicciones.
Este análisis supone tener en cuenta los datos aportados por la historia, la lingüística, la forma en que fueron compilados los libros, etc. Algo que muchos recién hoy descubren o que aún resisten, ya lo expresó el ilustre filósofo hace más de trescientos años; un filósofo que nos sorprende por su moderación y equilibrio, como por su sugestivo misticismo panteísta.

4.2  MONTESQUIEU (1689-1755)

Carlos Secondat, barón de Montesquieu, profundo admirador del sistema político inglés, nos dejó su doctrina política  especialmente en la sátira Cartas persas (1721, donde muestra el estupor de los persas al contemplar lo absurdo de la corte de Luis XIV) y en su obra madura El Espíritu de las leyes (1748).

a) Montesquieu define las leyes, en su sentido amplio, como las relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas. Son relaciones que gobiernan la acción de todas las cosas: de Dios sobre el mundo, de los cuerpos entre sí, etc. Pero estas relaciones generales entran en conflicto con las leyes humanas, que implican un hacedor de la ley, su promulgación y la coacción necesaria para hacerla cumplir.
Como las leyes surgen de los hombres y sociedades concretas, es fundamental el estudio de la historia, que nos da el nexo entre teoría y práctica. La praxis política y el arte de gobernar exigen que cada sociedad sea concebida en su peculiaridad, o sea, a la luz de la historia, buscando las causas (filosóficas) que están por debajo de sus detalles y circunstancias.
Por tanto, política e historia necesitan, a su vez, de la filosofía. De esta forma, la ley en tanto “legislación” y la ley en tanto “relaciones necesarias entre las cosas”, quedan conectadas.

b) ¿Cómo eran los hombres antes de que hubieran leyes, y por qué surgieron las leyes? Al principio, los hombres apenas se distinguían de las bestias, guiados por deseos e instintos ordenados a su propia supervivencia y con una mínima relación social.
Montesquieu supone que el hombre primitivo era promiscuo, con la sola prohibición del incesto. La familia primitiva estaba sujeta al macho con  hembras sumisas, con una poligamia muy extendida especialmente en los climas cálidos.Dentro de su natural salvajismo, las hordas gozaban de gran libertad, sometidas al guerrero más fuerte, con influencia de los sacerdotes. El trato a los esclavos y a los criminales era brutal y cruel. Había una relativa igualdad económica por el desconocimiento del dinero.En esa sociedad, el derecho natural era simple: la autoconservación y ciertas normas que regulaban las relaciones, especialmente familiares. Pero hay grupos que quieren sacar ventajas, lo que provoca un estado de guerra (similar a la teoría de Hobbes).

Y de la guerra surge la ley y el derecho, como un medio para suprimirla, sea la interna, sea con otros grupos o pueblos.El sentido de la justicia, la conciencia o el sentido del deber, nacen de la experiencia de la ley; no es un elemento previo por naturaleza.Aunque sí existen ciertas actitudes mínimas, como amar a los familiares, vengar el mal, atenerse a ciertas reglas de convivencia.
Montesquieu tiene, por tanto, un concepto positivo de la ley, que “es la razón humana en cuanto gobierna a todas las personas de la tierra; y las leyes políticas y civiles de cada nación tienen que ser simplemente los casos particulares en los que se aplica la razón humana”.

Estas leyes de cada nación tienen que estar relacionadas con su forma de gobierno, circunstancias físicas (geografía y clima, a los que da mucha importancia) y sociales (costumbres, religión, comercio, libertad, etc.).Y todas las relaciones que las leyes tienen o deben tener, consideradas en su conjunto, constituyen su espíritu.
Por tanto, Montesquieu se separa del análisis político clásico del derecho natural, tanto como lo explica Sto. Tomás o Locke, y adopta una postura historicista que lo lleva al relativismo, pues la validez de las leyes depende de las circunstancias de cada pueblo, fundamentalmente de su historia.

c) Por eso Montesquieu comienza analizando las formas de gobierno como históricamente se han dado y dan. El tipo de gobierno nos aproxima al conocimiento de sus leyes, y de las pasiones que lo movilizan. Cada gobierno se perfecciona con un tipo determinado de leyes e instituciones, y es interesante comparar un sistema de gobierno con otro, viendo ventajas y desventajas.
1.         República democrática: el pueblo sólo puede confiar en su gobierno, si lo elige. Por eso, como pueblo soberano delega la autoridad para que el delegado haga lo que él mismo no puede hacer. Para asuntos externos y para la legislación necesita de un senado o consejo. Pero la legislación básica y general es objeto directo de la acción del pueblo.
La democracia es un sistema mixto, ya que los altos magistrados son elegidos por todos los ciudadanos, y entre las personas ricas (pues no son cargos rentados). Los cargos inferiores, por sorteo, entre ricos y pobres.
Combina también el mérito de cada uno con su disponibilidad económica y de tiempo para dedicarse a la política. El principio de la democracia es la virtud entendida como patriotismo, amor a la república y a sus leyes. De esa virtud nacen otras virtudes ciudadanas: probidad, templanza, ambición política. La virtud ciudadana exige cierta igualdad económica-social, eliminando los extremos de riqueza y de pobreza, y debe ser estimulada con mecanismos especiales,  como un consejo de ancianos, fuerte autoridad paterna en la familia, mutua vigilancia entre todos, etc.

La democracia sólo puede subsistir en estados pequeños
, cuya gran cohesión favorezca la búsqueda del bien común, y no tolera formas corporativistas (influencia especial de ciertas agrupaciones) ni un clero independiente.
Montesquieu sólo entiende como repúblicas democráticas a las paganas de Atenas, Cartago, Roma, etc. pero ninguna cristiana.La característica más atractiva de la democracia es la grandeza moral de sus ciudadanos, la libertad y la seguridad bajo la ley.Pero su necesaria pequeñez geográfica y su carácter popular la vuelven mediocre y poco apta para el desarrollo de los grandes talentos.

2. República aristocrática : sólo una parte del pueblo es soberano (antigua república romana, la Venecia actual). Necesita la moderación de los nobles para no acentuar las diferencias con el pueblo, privado de la participación. Y funciona mejor cuando hay gran número de nobles y poco pueblo. Montesquieu comparte la idea general de que la república, tanto democrática como aristocrática, sólo es posible en estados pequeños, pues resultaba inimaginable una democracia extensiva como la que hoy tenemos.Supone que cuando la república se amplía en territorio y riquezas, cae en el resquebrajamiento de su espíritu e instituciones.Para la defensa exterior (desventaja de un estado pequeño) lo mejor es la alianza en forma de confederaciones, como la holandesa de su tiempo.

3. Monarquía: gobierna una persona de acuerdo a leyes fijas y establecidas. Entre el monarca y el pueblo hay poderes intermedios: nobleza, concejos, e iglesia. El parlamento o un órgano similar queda como depositario de las leyes. Estos grandes cuerpos, de gran autonomía y privilegios, son las encargados de poner freno al poder del monarca. Pero, cuando la monarquía une en la persona del monarca el poder ejecutivo y el legislativo (como en la Francia absolutista de su época) entonces se inclina al despotismo y corre peligro de inestabilidad.La verdadera monarquía, que surge en la Edad Media, tiene dos componentes: el rey y una importante clase noble.

El principio de la monarquía es el honor (la “nobleza”), o sea, la superioridad moral y de cualidades; no la virtud (patriotismo). De allí la severidad con que Montesquieu critica a las cortes, nobles y monarcas, aludiendo a su carácter miserable, adulación y engaños.El código del honor establece límite a los excesos, y la sana ambición termina favoreciendo a la sociedad, pues se hacen cosas que satisfacen las necesidades del pueblo.Las leyes que favorecen el honor, tienen que garantizar privilegios hereditarios a las personas y propiedades de la nobleza.El lujo debe permitirse como medio de sustentar al pobre, y favorecer al comercio.

La monarquía está de por sí más inclinada a la guerra y a la conquista, y necesita de un territorio más grande que la república. Pero su grandeza inmoderada, favorece el despotismo y debilita el sentido del honor.En general, la monarquía es menos justa, moral y estable que la democracia, y supone siempre una gran desigualdad. Pero es compatible con una ley escrita o consuetudinaria que protega al súbdito aún en la desigualdad. Montequieu (francés), aunque critica el absolutismo real y la corrupción de la nobleza y de la rica burguesía, no aconseja el paso al estilo monárquico constitucional inglés (que mucho admira) ni a la república (muere 34 años antes de la revolución francesa).

4. El despotismo: se da cuando un hombre gobierna sin ley alguna. Los ejemplos los toma Montesquieu del Cercano Oriente y del sur de Asia, y de algunos casos europeos, civiles y eclesiásticos. El déspota generalmente necesita un visir o lugarteniente que administre.
El principio del despotismo es el temor, apoyado en la fuerza bruta. También depende del servilismo, la ignorancia y la carencia de virtud de la gente.Aunque es el gobierno más inhumano, corrupto y estúpido, sin embargo prevalece entre los hombres. Montesquieu supone que el clima y la geografía de Asia predisponen para el despotismo, y que prospera entre las masas, sobre todo ignorantes y que ocupan grandes territorios.

De estas cuatro formas de gobierno (concretas e históricas), el pensador francés considera que la democracia es la mejor, dado que el patriotismo, virtud fundamentalmente emocional, contribuye al bien común, en forma similar a lo que sucede en una familia.Como vemos, su concepto de virtud es esencialmente funcional, en cuanto es vehículo para satisfacer las necesidades de la sociedad, sin tener un valor ético propio (como sucede en la teoría clásica greco-cristiana).

d) Podemos observar que en los cuatro sistemas descritos, ningún sistema se apoya en la primacía de la libertad. Esto lo remediará Montesquieu  presentando a Inglaterra como único país cuyas leyes tienen a la libertad como su virtud fundamental. Libertad entendida como derecho de hacer cualquier cosa dentro de la ley. Lo que caracteriza a Inglaterra es una constitución equilibrada, y el sentido de seguridad legal que tiene el ciudadano (ambos aspectos muy relacionados).
También la división de los tres poderes, que están constituidos de una cierta manera. Así, el poder judicial, con sus tribunales y una legislación escrita estricta. El legislativo, con sus dos cámaras, una que representa a los nobles (lores) y otra al pueblo de condición inferior (comunes). El ejecutivo, con un rey que tiene derecho al veto de las Cámaras, y ministros que pueden ser controlados por el legislativo, aunque el rey no pueda ser destituido.

A esta Inglaterra así descrita, Montesquieu considera como más justa y libre, no sólo que las monarquías, sino también que las democracias, pues ha logrado controlar también al pueblo evitando la demagogia.Otras ventajas de Inglaterra son el individualismo (libertad individualista), la separación de la religión de la política, la libertad para filósofos y científicos, su espíritu comercial capitalista, su poderío naval, su frugalidad, pago de impuestos generalizado, y gran ambición y avaricia (búsqueda de intereses individuales): todo lo cual favorece la libertad y el patriotismo. Inglaterra es una sociedad secularizada e interesada en los bienes materiales, pudiendo permitir más libertad que la antigua Atenas y sin necesidad de las tradicionales virtudes.Y debido a su constitución, puede gozar de larga estabilidad sin peligros de disolución interna.Montesquieu considera que el sistema inglés es impracticable en Asia, cuyo clima inclina al despotismo, e improbable en ciertos países europeos. Pero no aconseja la revolución para pasar al modelo inglés.

e) Respecto a la esclavitud, se opone a la tesis de Aristóteles y de los romanos (módulo 1), y sostiene que la guerra no da derechos a esclavizar a los vencidos, y que nadie nace esclavo por tendencia natural. Pero admite que los hombres tienen una tendencia natural a sojuzgar a sus semejantes. Montesquieu es optimista con respecto al tema de liquidar la esclavitud (con la ayuda del cristianismo y de la ilustración), pero es pesimista respecto a la posibilidad de eliminar las guerras entre naciones, aún en Europa.
Sólo considera justa la guerra que se hace en defensa propia, sin que la victoria dé derechos sobre las personas de los vencidos, pero sí sobre el territorio en disputa.Pero es pesimista sobre el respeto de las naciones al derecho internacional, pues se guían más por intereses egoístas y por la fuerza que por la razón.

f) Otro elemento novedoso de la concepción política de Montesquieu es la importancia que le asigna al tema del comercio, algo muy infrecuente en la filosofía política (comercio y mercantilismo muy acentuado en Francia desde el ministro Colbert con Luis XIV y la creación de la Compañía francesa de Indias)
Como Locke, considera que la agricultura condujo al uso del dinero, lo que produjo una gran desigualdad.Pero lo realmente importante, desde el punto de vista político, es el comercio internacional, que aumenta las riquezas, las que llevan al lujo y a las artes, como sucedió en la antigua Grecia.
Montesquieu dice que el comercio internacional es la comunicación de los pueblos, comunicación relacionada con la civilización en dos sentidos: por medio de las riquezas y del arte, y por medio de la filosofía. Cuando no hay comercio, la sociedad es cerrada, y dominada por los prejuicios y la superstición (religión decadente) y por la barbarie.El comercio hace salir del localismo, hace conocer nuevas formas de vida y cuestionar las propias costumbres tradicionales, mientras eleva el nivel de vida y permite al hombre descubrir más sobre la naturaleza. Todo lo cual hace posible la filosofía, o sea, el mayor y más profundo conocimiento de la naturaleza y del hombre. Comercio y filosofía (empirista) hicieron sucumbir el espíritu medioeval y provocaron el renacimiento de la modernidad.

Así Montesquieu, siguiendo a Maquiavelo, hace ver que los llamados vicios son las virtudes actuales que fomentan el mejor orden político: como la ambición, el amor al dinero, a las riquezas y al comercio en general (todo lo cual era condenado por la moral tradicional, como vimos en el último punto del módulo 3, que más bien favorecía la agricultura).Montesquieu es un entusiasta propulsor del comercio y del cosmopolitismo (hoy hablamos de  “globalización”), indispensables para la nueva filosofía y para liquidar los restos del pensamiento medioeval.

g) Hay, pues, una menor relación entre ética y política. En realidad, la vida política no puede ser guiada por la ética, pues las virtudes políticas, al igual que sus vicios, son pasiones. El hombre, más que un ser racional, es a lo sumo un ser filantrópico; su preocupación no es la virtud (en sentido tradicional) sino su libertad y bienestar.
Esto lleva a Montesquieu a una ambigua valoración del cristianismo (se cuida bastante de criticarlo por temor a la censura política y religiosa), pues mientras afirma que es el mayor bien de la humanidad y con las mejores virtudes, dice que con tales virtudes no se puede hacer política, pues quien es muy santo es mal ciudadano. La mejor religión es la que más ayuda a los hombres a ser buenos ciudadanos.
Aún reconociendo los beneficios que aportó el cristianismo (contra la esclavitud, contra el despotismo de los monarcas, contra la guerra) señala como deficiencias: su oposición al comercio y al préstamo, su apoyo a la castidad conventual que desalentó el matrimonio, su oposición al divorcio, su fomento de la desobediencia civil y las luchas internas entre cristianos.
Pero no apoya la absoluta libertad de conciencia y la diversidad religiosa dentro de cada nación. Donde hay religión , hay que tolerarla, pero sin traer otras nuevas.

En definitiva: a pesar del desorden de su libro y de cierta confusión de conceptos, el aporte de Montesquieu se concentra en el análisis histórico que hace de la política, desde una percepción de la realidad y no desde principios generales (de allí que no propicie la expansión universal de la libertad inglesa y de la revolución). Al mismo tiempo, al intentar separar la política de la ética, favoreció la autonomía de la política como ciencia y como arte de gobernar, continuando con la línea moderna ya iniciada por Maquiavelo.
El pensamiento político de Montesquieu, anterior al de Rousseau,  representó una gran novedad en la Francia absolutista, acrecentó el odio popular contra la nobleza y encendió la mecha democrática y participativa de la ciudadanía.Pero ni la monarquía supo aprender de sus lecciones, ni la futura revolución supo captar su espíritu moderado.

4.3  JEAN-JACQUES  ROUSSEAU (1712-1778)

Santiago Rousseau, natural de Ginebra, de carácter inquieto y suspicaz, llevó una vida vagabunda y agitada. Instalado en Francia, desarrolló su pensamiento político, lo que le ocasionó persecuciones por parte de la autoridad civil y religiosa. Obligado a emigrar, buscó refugio en Inglaterra con la hospitalidad de Hume. Regresa a Francia y muere tras escribir sus Confesiones.

De sus obras nos interesa sobre todo El Contrato Social, que comienza con estas palabras:
El hombre nació libre y por doquier está en cadenas,,, ¿Cómo sucedió este cambio? No lo sé. ¿Qué puede legitimarlo? Creo que puedo resolver este problema”.
Así Santiago Rousseau plantea el problema político y sugiere desde un comienzo el carácter ilegítimo de casi todos los gobiernos. La sociedad civil encadena al hombre y lo hace esclavo de la ley o de otros hombres.
Rousseau apunta en dos direcciones: un hombre que fue libre y ahora es esclavo; por tanto, un hombre con tensión revolucionaria hacia su libertad.Como filósofo, él debe plantear la verdadera condición humana y las condiciones para un orden político justo. Aclarando el sentido de la teoría y de la práctica políticas, sacó inéditas conclusiones para la conciencia de la modernidad.

a)         El Estado moderno, el Leviatán, se basa en una comprensión parcial del hombre y está más preocupado por su propia conservación que por la de sus súbditos. Fundamentado en su propia conservación, constituye un modo de vida totalmente opuesto a la felicidad de los ciudadanos. Las grandes naciones se caracterizan por el comercio, y por tanto, por la distinción de ricos y pobres. Ahora el dinero es la medida del hombre y la virtud es olvidada. El permanente cálculo de la propia ventaja, base  moderna de las relaciones humanas, destruye la confianza y la armonía social, y conduce al egoísmo y a una mala ciudadanía.

El resultado, por la escasez de seguridad, es que los menos, los ricos, se encuentran protegidos, y los pobres, oprimidos y obligados a trabajar para satisfacción de los menos. Son los menos que imponen las leyes a los muchos que ingresaron supuestamente a la sociedad para tener protección.El resultado final es la destrucción de la vida buena, propósito único de la conservación. Con estos argumentos, Rousseau ataca a la Ilustración y su mito de que con el progreso de las ciencias y las artes, progresaría la sociedad civil y se llegaría a la felicidad humana.

Rousseau no sólo ataca ese mito, sino que afirma que la Ilustración lleva a la corrupción moral, pues necesitada de ocio y de lujo,  fomenta los vicios y la vida del derroche.Es cierto que la sociedad hace crecer las artes, las ciencias y sus productos, pero a costa de los trabajadores y de una vida llena de vanagloria e injusticia (Discursos sobre Economía política, sobre Ciencia y artes).

b)         En cambio, en las sociedades del pasado, como la polis griega, hay mejores modelos de sociedad civil, con más libertad y autonomía, porque no se basaban en la comodidad sino en la virtud (buena ciudadanía, valor, sacrificio abnegado, moderación).
Rousseau es republicano porque cree que los hombres son libres e iguales, y la sociedad debe reflejar esos valores para hacer felices a los hombres. Las repúblicas antiguas (en menor medida la Roma republicana) eran pequeñas, con intereses y objetivos comunes, y un gran conocimiento entre todos. Al ser gobernadas por el pueblo, no había diferencias entre los intereses del gobernante y los del pueblo. Al mismo tiempo, las leyes, antiguas y asumidas, eran aceptadas por todos, dentro de un orden moral y vigilancia.Lo importante, pues, es que los ciudadanos antepongan el interés común a los intereses privados, para no caer en manos de pequeños grupos de poder.Por tanto, el requisito de una sociedad sana no es la ilustración. sino una severa educación moral.

c)         Pero Rousseau va más allá de una admiración por las antiguas repúblicas, y se hace la pregunta: ¿Qué es la justicia?, y por ende, ¿qué es natural? O sea, qué corresponde a la naturaleza humana.
Separándose de Aristóteles, niega que el hombre sea un animal político-social por naturaleza, o que la política sea el objeto de las tendencias humanas.
La sociedad civil y el Estado son una obra puramente convencional que se originó por el solo deseo instintivo de conservación. En cambio, el hombre como tal, como natural, debe ser pensado como alguien sin sociedad política.
La justicia que se da en las naciones consiste en mantener los privilegios de los que tienen el poder (privilegios de cuna, honor y riquezas), defendidos por las leyes, unas leyes que no pueden ser moralmente obligatorias para los oprimidos.

Por tanto, si la sociedad civil no es natural, hay que encontrar un momento en que el hombre vivía en estado natural, y ver si la sociedad civil está de acuerdo con esa naturaleza humana. Aunque otros intentaron describir a ese hombre en estado de naturaleza, en realidad describieron casi una forma actual de sus sociedades (con envidia, guerras, salvajismo, etc.) sin hacer la diferencia radical entre el estado civil y el estado natural. Para eso hay que recurrir a la historia de la especie humana, especialmente a la antropología, pero también a la introspección para poder descubrir los más sencillos y primeros sentimientos del alma humana.

d)         En primer lugar, debemos pensar al hombre natural como un ser sin habla, y por tanto, sin el uso de la razón; como un animal, acosado por las necesidades de subsistencia. Pero no agresivo (como mal pensaba Hobbes que atribuía a los primitivos las ambiciones de los ingleses ricos), sí preocupado por evitar el dolor y procurarse alimento. Sólo atacaba en caso de extrema carencia de alimentos.Por tanto, más bien ocioso (contra Locke, cuyo hombre primitivo refleja las ambiciones de la sociedad inglesa).
Un animal que siente la dulzura de su propia naturaleza, con dos grandes sentimientos: de autoconservarse y de compasión o comprensión hacia los sufrimientos de otros de su especie.No se puede decir que tenía moral o virtud, porque no había ley ni sociedad. Hacía lo que le gustaba y necesitaba. Es, pues, fundamentalmente bueno, y todos son iguales y autónomos entre sí, sin relaciones de sometimiento.

Esta idea de la bondad natural, base educativa de su libro Emilio, será muy criticada por la Iglesia Católica, pues veía en ello un rechazo del pecado orginal, y por los protestantes que insistían en la radical maldad del ser humano, como decía Lutero. Tampoco en el estado natural hay familia propiamente dicha, sino sólo relaciones sexuales casuales, y un instinto materno de cuidado de los hijos. Pero este hombre es un animal superior a los otros: primero, por su libertad (puede elegir, aceptar y rechazar, sin ser dominado por los instintos), lo que le da conciencia de su poder y lento dominio sobre la naturaleza. Esta libertad sugiere su racionalidad y alma espiritual.
Y segundo (tema menos discutible que el anterior), su perfectibilidad: es el único ser que puede mejor gradualmente y mejorar su especie. El hombre natural es pura potencialidad, sin fines pero con posibilidades, y así se va orientando hacia el dominio de la naturaleza y la vida civilizada.

e)         Lo que lo hizo pasar a la miseria de la vida civil fueron circunstancias fortuitas, como catástrofes naturales y grandes carencias que lo llevaron a mayores contactos con otros hombres, a desarrollar el lenguaje y una vida familiar más estable.
Pero todavía no hay Estado ni desigualdades, aunque existen necesidades mayores. Hay sí más dependencia mutua y las primeras experiencias de cooperación y cumplimiento de objetivos comunes, lo que va generando la conciencia y obligación moral. Pero todavía goza de gran independencia que no sacrifica por obligaciones innecesarias.En esta etapa también comienza a practicar la venganza como forma de justicia personal.

f)         Lo que finalmente funda la sociedad civil y el Estado es la propiedad privada y quien por primera vez dijo: “Esta tierra me pertenece”. Allí comenzaron todos los males de la humanidad. Y con la propiedad privada, surge la previsión, con deseo de aumentar el poder económico.
Y todo esto, más el ansia de mayores utilidades, genera el ansia de poder y la desigualdad. Aparecen las tierras cercadas, pocos con mucho y muchos con poco.Es una nueva situación, no natural, que termina por ser aceptada, como también la violencia y la guerra entre ricos y pobres. Ahora tenemos un hombre más desarrollado, pero más miserable y competitivo, opresor o dependiente.
Deja sus profundos deseos para buscar poder, honores, dinero y vanagloria (vanidad, amor propio). Este “amor propio” sustituye al “amor a sí mismo”, que era un amor sano.

Así llega un momento en que uno más rico y poderoso, consciente de los riesgos de sus propiedades y del desamparo de los pobres, sugiere un contrato que le permitiría mantener legítimamente sus propiedades a cambio de seguridad a los débiles. Su astucia termina con los deseos naturales de la piedad y en su lugar se establece ahora la moral que define las nuevas obligaciones con apoyo de la coerción de la autoridad.Los pobres, ante el temor de ser arrasados por la guerra, aceptan el contrato o pacto.
Pero este pacto es un gran engaño que da una apariencia de legalidad a una posesión de facto, y una paz ficticia sostenida con la fuerza pública.

Rousseau, por tanto, es el primer gran  crítico de  Hobbes y Locke, y antecesor de Marx, negando el estado natural de guerra y de la propiedad privada (aunque aceptando la existencia de un estado natural del hombre, verdadera obsesión de aquella época y causa de tantas polémicas e investigaciones).
Ahora en la sociedad civil, el hombre queda privado de su libertad y sometido a una ley que se hace por los ricos y a favor de los ricos y de sus pasiones egoístas. El único remedio que queda es una severa educación moral, desde la búsqueda del bien común, lo que casi nunca se logrará por la primacía de los intereses particulares sobre los generales.Pero ¿con qué derecho un hombre egoísta puede exigir a otros que se sacrifiquen por el Estado y obedezcan?
Ningún contrato puede obligar a ello, pues nadie prescinde voluntariamente de su libertad. Ese es el meollo de la cuestión política.
Como ahora no basta la ley de la naturaleza, hace falta la moral obligatoria , porque la sociedad, basada en el cálculo interesado, engendra constantes deseos de revuelta y pasiones incontroladas que desembocan necesariamente en la anarquía o en la tiranía. La moral, que no es natural, tiene que ser ahora creada por los hombres, para resolver el conflicto entre el individuo y el Estado, entre el interés egoísta y el deber.

La ley emerge necesariamente como una pura convención humana, nunca desde la naturaleza, y tiene en sí misma una contradicción: cómo ser libres en un orden obligatorio. Contradicción que se resuelve si la ley es  realizada por los propios hombres, siendo así digna de respeto y obediencia (auto-obediencia). Es un concepto clave, pues, para la ley autonómica y democrática.

g)         El gran problema, pues, consiste en “defender y proteger con toda la fuerza la persona y los bienes de cada uno de los asociados”, de modo que “cada uno, uniéndose a todos, sólo se obedezca a sí mismo y siga siendo tan libre como antes” . La solución del problema consiste en que cada uno se dé por entero a la comunidad con todos sus derechos y propiedades.
Se deposita todo en la comunidad, no en una persona especial de la misma, sin que nadie pueda erigirse como juez, pues ahora todos se someten a la ley como norma absoluta de los actos.Esta comunidad organizada es una persona ficticia o jurídica, el Estado, que asume en sí los deseos y necesidades de todos. La ley nace como producto de la voluntad general, siendo el pueblo quien la elabora para todos y para cada uno de ahí en más.

Como ciudadano, cada uno obedecer a la ley que realizó como legislador. La ley es fruto de los deseos de cada legislador que piensa por todos y para todos.Por tanto, la función del contrato social es constituir un régimen que pueda expresar libremente la voluntad general. La libertad del ciudadano civil ya no es como la libertad casi absoluta del hombre natural, pero es verdadera libertad, pues cada uno hace lo que desea. De allí que la ley expresa en forma general ese deseo, sin ir a detalles particulares con ciertas limitaciones más de tipo formal (lo que constituye la moral o decencia).Rousseau cree así haber descubierto el verdadero origen y fundamento de la moral, que no proviene de la naturaleza (ley natural) ni de la religión o revelación.  Sólo la libertad humana es la fuente de toda moral.

Por tanto, Rousseau rompe la última ligazón de la modernidad con la antigüedad clásica y cristiana, completando el ciclo iniciado por Maquiavelo y Hobbes, y antes, por Marsilio de Padua. h) El paso de la sociedad natural a la civil, produce, como es obvio, enormes cambios.
1) El hombre, de bestia amable pasa a ser un honesto ciudadano. Ahora se dejará guiar por el bien común de toda la sociedad, ennobleciendo su instinto de autoconservación. Ahora, elegir y ser libre, adquieren verdadero sentido moral. Y está obligado a actuar con una libertad responsable. Para ello la sociedad cuenta con la educación y la coacción.Su grande y nueva dignidad consiste en la nueva elección que ha hecho a favor de la voluntad general.
2)         Y el contrato social instituye al  soberano, que no es otro que el pueblo mismo, fuente de toda legitimidad. No el rey ni la aristocracia. Poco importa que el gobierno sea monárquico, de pocos o formado por una asamblea democrática: lo fundamental es que su derecho a gobernar (legitimidad) emana del pueblo y sólo es ejercido mientras el pueblo así lo juzgue. Esto es importante para diferenciar el pensamiento de Rousseau de liberales y neoliberales: es poder delegativo “con mandato” y controlado directamente por el pueblo. Así lo entenderán los socialistas que lo aplicarán en la constitución soviética.La única ley es la voluntad del pueblo (no la religión, ni Dios ni el gobierno civil).
Y cada ciudadano se encuentra ante el Estado en una doble relación: por encima, en cuanto soberano y legislador; como súbdito, en cuanto obediente a esa misma ley que él ha emanado y que el Estado se encarga de hacer cumplir.

Por tanto: la soberanía del pueblo es inalienable, pues a nadie se puede ceder el derecho de soberanía y legislación. Aún el gobierno representativo es una mala forma de gobierno, pues termina restando libertad y responsabilidad a los ciudadanos. La verdadera soberanía sólo puede darse en una democracia directa y en pequeños estados.
En el caso de los grandes países: hay que salvar la representatividad directa y la legitimidad, haciendo asambleas locales, cuyos representantes irán a la asamblea general con instrucciones precisas y completas, o sea “con mandato” (no la delegación fiduciaria sin mandato, que es la tesis liberal), sin tener un juicio independiente, pues para cada cuestión deben recurrir a su asamblea local.
No hay voluntad general sin una consulta constante que se define por mayoría si no hay consenso. Por tanto, una democracia ampliamente plebis-citaria (“con decisión del pueblo”).

Todo lo cual supone bases severas de una moral ciudadana y de una virtud cívica, consideradas como medios para obtener la libertad y el bien común (siguiendo los ejemplos de la antigua Esparta).Esa virtud ciudadana debe luchar hasta eliminar, tanto las facciones como los  partidos políticos, como también todo tipo de desigualdad entre ricos y pobres. Todo lo cual sólo se consigue con educación y respeto a la ley producida por la voluntad general.
Esta soberanía del pueblo también es indivisible, unidad de poder que no puede dividirse sin destruirse. La “división de poderes” es sólo una forma de lograr mejor delegación del ejercicio de sus respectivas funciones. Sintetizando: el contrato social no fija leyes, sino que determina quién es el soberano legítimo que hará las leyes, variables según cada sociedad, y siempre lo suficientemente generales como para referirse a todos los ciudadanos por igual.

3)         Otro cambio importante es la necesidad de  sanciones para el cumplimiento de las leyes, para que los viciosos e injustos no saquen ventajas sobre los virtuosos y justos.No deben existir derechos reservados ni privilegio alguno, y la ley puede referirse tanto a las instituciones como a las costumbres sociales, tanto o más importantes porque son la fuerza de las instituciones.Todo lo que la ley no toque, queda a libre criterio de cada ciudadano.

i)          Para lograr esta sabia legislación, no hay que repentizar ni improvisar, sino que lo conveniente es legislar aquellos elementos que la sana costumbre va induciendo como mejores formas de actuar. Generalmente, al principio surge algún legislador que cumple ese rol (casos de Moisés entre los hebreos o Licurgo en Esparta), siendo fundadores del pueblo y de un ideal de justicia.En ese sentido, la religión puede colaborar si contribuye a una sana legislación con sentido político, pero siempre queda subordinada al  poder político surgido del pueblo, no pudiendo enseñar nada que atente contra la ley nacida de la voluntad del pueblo soberano.

j)          Si en los comienzos de un pueblo suele ser necesario un legislador, siempre es fundamental el rol del estadista, pues la política es una ciencia concreta y práctica que debe tener la flexibilidad para combinar los enunciados abstractos y generales con la realidad.De allí la necesidad de una legislación que se haga en el momento oportuno, teniéndose en cuenta el tipo de territorio, el clima, las tradiciones,  costumbres y demás circunstancias. Esta es la ventaja de la ley emanada por el pueblo soberano que no conoce leyes previas y universales de derecho natural o divino. Lo que es  bueno para un país, políticamente hablando, puede no serlo para otro.

Y como la ley tiene que ser cumplida, se necesita la fuerza del poder ejecutivo, en conjunción con el poder soberano legislativo del pueblo (o su asamblea general).El poder ejecutivo cumple lo ordenado por la voluntad general del pueblo, y es el intermediario entre el soberano-pueblo y cada individuo particular. Así Rousseau pone bases suficientes para que distingamos entre Estado y sociedad , un tema clave en nuestros días. En esto, el ilustre pensador de Ginebra avanza sobre las ideas clásicas que anteponían el problema “del mejor sistema de gobierno” a la que la sociedad debía supeditarse e incluirse.Para Rousseau, el gobierno es un fenómeno secundario. Puede cambiar, pero el contrato permanece estable.

Por lo tanto, lo importante para el estudio y para la praxis de la política es la sociedad, a la que se debe la lealtad en primer lugar, no al gobierno.Al fin y al cabo, el gobierno es un mal necesario porque los hombres necesitan dirección en el ejercicio de la libertad, sobre todo en las grandes colectividades humanas. Cuanto menos gobierno haya y màs limitado sea en la esfera de su poder, mejor.Los ciudadanos deben aprender a desconfiar de sus gobernantes, siempre inclinados a restar libertad al pueblo y a crear rangos y privilegios, y por tanto, diferencias, olvidándose de que todos los ciudadanos son iguales.

Sobre esta base “rusoniana”, otros pensadores (utópicos, socialistas, anarquistas) desarrollarán la idea de la desaparición del Estado, creyendo que se puede mantener una sociedad sin Estado o sin gobierno (como lo veremos  en el siguiente módulo). Para Rousseau, el gobierno debe ser tan poderoso como para doblegar los intereses particulares, pero no tan poderoso como para dominar la voluntad general o la ley que de ella surge. Y cuanto más populoso o extenso es un Estado, más poder deberá tener el gobierno, ya que hay màs voluntades particulares en pugna.

k)         De allí que Rousseau sostiene que la democracia es muy apta para países pequeños, mientras que la aristocracia es mejor para los grandes países, si surge como un medio para evitar la excesiva concentración del poder del rey monárquico (El tema de la democracia en los grandes países será una interesante discusión política en los EEUU, como veremos en el módulo siguiente)
Hay tres clases de aristocracia:
·       la peor es la hereditaria (de cuna) apoyada en las riquezas y en el supuesto de que los nacidos de origen noble son mejores que los otros;
·       la natural, surge de mejores cualidades naturales (ideal de los griegos Platón y Aristóteles).
·       Pero la preferible es la electiva, cuando el pueblo elige a un número limitado de gobernantes y los controla.
En realidad, esta manera de Rousseau de entender a la aristocracia electiva es prácticamente nuestro modo actual de entender a la democracia representativa.
Obviamente, el pueblo eligirá a los mejores y más capacitados ciudadanos, evitándose así los males de la demagogia (Recordar que “aristos” en griego significa el mejor). No hay, por tanto, privilegios para una clase social  El pueblo tiene que elegir teniendo el cuenta el mejor talento político, no desde consideraciones de tipo social de cualquier especie (como en la oligarquía liberal y en el  popular socialismo).

Cuando las voluntades particulares sustituyen a la voluntad general, entonces el gobierno muere:
·       sea por anarquía (cada interés particular tira por su lado)
·       sea por tiranía  (una voluntad particular se impone a las otras). Rousseau creyó que las revoluciones podían establecer una democracia o aristocracia al estilo antiguo, pero sobre un terreno bien conscientizado, tratándose de unir el progresismo radical y revolucionario de la modernidad con la moderación de la antigüedad.

l)          Pero el ideal “rusoniano” tropieza con dos grandes dificultades:
1.         Primero, la propiedad privada, pues él nunca consideró factible el poder eliminarla para establecer un comunismo de los frutos de la tierra (esta tarea la hará el marxismo, llevando hasta el final el ideario de Rousseau). Esta propiedad privada, enraizada en la sociedad civil, conspira contra la búsqueda del bien común y favorece los egoísmos y la desigualdad. Como raíz concreta de poder en la sociedad, influye en el establecimiento de las leyes y distorsiona la igualdad, pues nunca es lo mismo nacer rico que pobre.  Los pobres, a su vez, “perdido por perdido”, como solemos decir, pueden inclinarse a desestabilizar la sociedad y crear la anarquía. La propiedad privada queda así como un perpetuo interrogante sobre el concepto liberal de “sociedad civil legítima”.

2.         La segunda dificultad para el ideal rusoniano es su concepto sobre el hombre primitivo o natural. Si el hombre natural era perezoso por naturaleza, ahora la sociedad civil exige esfuerzo, trabajo y sacrificio, o sea, una virtud ciudadana muy difícil de practicar, ya que las tendencias primitivas o naturales afloran a cada momento. Y si el hombre natural era bueno y compasivo, qué difícil se le hace ahora al hombre vivir en una sociedad competitiva.
El mismo Rousseau se confiesa partícipe del ideal natural o naturista, y lo llevó a la realidad viviendo en forma solitaria en el campo y en forma casi antisocial. Pareciera, pues, que del estado de naturaleza surgen dos caminos posibles: entrar a la sociedad civil o apartarse de ella, como hace el propio Rousseau. Un camino mira hacia el futuro y la transformación de la naturaleza. El otro significa un retorno a la naturaleza. Pareciera que la síntesis armónica es imposible, como querer conciliar al estadista con el poeta.

Al menos Rousseau no pudo hacer esa síntesis. Por eso nos dejó cierta desconfianza hacia un progresismo modernista que prometía llevar a la humanidad a la total felicidad. Y sin despreciar el rol de la política y del estadista, nunca creyó que el hombre se volviera completamente social en una pacífica armonía.Sin dudas, se anticipó a un problema que hoy nos resulta más que agudo cuando el ideal de la modernidad se corrompe en la posmodernidad, o exige el cambio de la posmodernidad, según como se la mire. A Rousseau le debemos el ideal de una democracia libre, igualitaria  y participativa, con soberanía popular real y con ejercicio del control del poder, algo que hoy en pleno auge de la democracia neoliberal, con soberanía jurídica y sin mandato, parece un imposible.

4.4  IMMANUEL  KANT (1724-1804)

Nacido en Konigsberg (Prusia), Manuel Kant fue profesor de filosofía en su ciudad natal, de la cual prácticamente nunca salió, publicando allí sus libros.
Es considerado como el más grande filósofo de la modernidad, siendo sus tres obras principales Crítica de la Razón pura, Crítica de la Razón práctica, Crítica del Juicio  (1781,1788,1790). Sus obras cierran la llamada Edad Moderna, cuyo final simbólico es la Revolución Francesa de 1789. En ellas rara vez habla explícitamente de política, lo que hace en obras menores como La paz perpetua.

Ante todo, demos una breve síntesis de su filosofía. Para Kant, como para la mayoría de los autores modernos de importancia, el punto de partida de la filosofía es la Gnoseología. Esto significa: la razón, antes de abocarse a la consideración de los diferentes objetos que se le presentan, debe realizar una crítica de sí misma para saber si posee autoridad para pronunciarse sobre cada uno de aquellos objetos en cuestión. Lanzarse a la consideración de los objetos de conocimiento que se presentan sin una crítica previa es “dogmatismo”, postura causante de que la Filosofía, y sobre todo su parte principal, la Metafísica, no hayan encontrado aún “el seguro camino de una ciencia” (“Crítica de la Razón Pura”, prefacio a la 2da. Edición).

De allí que, para localizar el culmen del pensamiento kantiano, debamos dirigirnos a sus obras “críticas”.Todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo conocimiento proviene de ella pues nos hallamos también en presencia de conocimientos “a priori”.
El conocimiento “a priori” es completamente independiente de la experiencia. La experiencia nos muestra que una cosa es de tal o cual manera, pero no nos dice que no pueda ser de otro modo; su juicio es siempre particular y contingente.
En consecuencia, si nos hallamos en posesión de proposiciones universales y necesarias – y efectivamente las poseemos, como lo demuestran la Matemática o la Física –, ellas no provienen enteramente de la experiencia, sino sólo son posibles por la función universalizadora de nuestra propia razón, por medio de sus “categorías”.

En definitiva, tanto la experiencia como la razón son indispensables para el conocimiento teórico  -Kant separa el conocimiento teórico del práctico y del estético –, pero cuanto de universal y necesario hay en él es aportado por las categorías del sujeto. Más aún: ya en la misma experiencia hay un primer aporte subjetivo pues, siendo toda experiencia temporal y espacial, “tiempo” y “espacio” no son propiedades de las cosas, sino categorías subjetivas.
El conocimiento teórico es así, para Kant, una construcción del sujeto. Su resultado es el “fenómeno”. El sujeto, a partir del dato proporcionado por la experiencia, pone en él cuanto hay de universal y necesario. Recordemos que, según es tradicional en la historia de la filosofía, sólo podemos llamar “conocimiento”, en el sentido de “episteme”, a lo universal y necesario. Sólo conocemos los fenómenos, y de ninguna manera – al  menos por la razón teórica – la cosa en sí misma, a la que Kant llama “noúmeno”.

Kant es presentado así como un intento de superar las posiciones extremas del racionalismo y del empirismo. Tanto la razón como la experiencia son necesarias para el conocimiento teórico. Si no hay razón universal, no hay conocimiento. Si no hay dato empírico, tampoco, al punto que aquellos objetos que de ninguna manera pueden ser objeto de experiencia – el mundo como totalidad, el alma como sustancia y Dios – quedan fuera del campo del conocimiento teórico.

Diferente es el conocimiento práctico, es decir, no ya conocimiento acerca de cómo “son” las cosas, sino acerca de cómo “deben ser”. Este es completamente a priori e independiente de la experiencia, pues cómo “debe ser” algo no es una cuestión que se pueda hallar en el mundo, sino sólo en la razón en su dimensión práctica. El mundo no puede prescribirme ley moral alguna, de donde resulta que la moral kantiana posea tres características típicas:
a) es a priori de toda experiencia;
b) es autónoma, pues depende enteramente de algo que hallo en el sujeto – la ley moral universal – ; y,
c) es formal, es decir, la bondad o maldad de los actos no proviene del objeto, sino de la intención o voluntad con que se haga algo.

a) Profundo admirador de Rousseau, seguidor de Descartes y conocedor de Hobbes y Locke, su doctrina política puede resumirse en esto: gobierno republicano y organización internacional.
La suya es una doctrina del Estado basada en el derecho y en una paz eterna, consciente además del sentido universal que tiene la historia. Hay que pasar del estado de guerra (estado de naturaleza) al estado de derecho, estado legal que fundamenta la paz.
En síntesis: la paz depende del derecho, el derecho de la razón, y el impulso de todas las cosas está orientado hacia un Estado libre, racional y, por ello, pacífico.Su preocupación, en la línea de Rousseau, es lograr una armónica relación entre ciencia moderna y moral.Mientras que la felicidad es la satisfacción de nuestras inclinaciones naturales, la virtud es obediencia a la ley moral. Ambos órdenes quedan relacionados desde el postulado de la razón práctica de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma.

b)         La cuestión de la relación entre política y moral (tan ausente o confusa en Hobbes y Locke) es considerada fundamental en Kant al postular la dignidad del hombre, sobre la base de la condición moral y filosófica de los derechos del hombre. Con los derechos del hombre, Kant desea establecer un fundamento moral a la libertad política y a la igualdad, revelando a los hombres al mismo tiempo que la única base legítima para la obediencia del súbdito es su libertad de legislar. O sea, sigue y profundiza el esquema de Rousseau.
Al mismo tiempo, mientras acepta al antidogmatismo de Hume, rechaza su empirismo, volviendo a la primacía de la razón y de la causalidad de los hechos, afirmando al mismo tiempo la libertad del hombre moral.
Por el imperativo de la razón práctica, todos los hombres pueden acceder al orden moral o del “debe ser”. Los derechos del hombre, como la ética, deben ser considerados como un “a priori”, válidos y exigibles universalmente, y elementos esenciales del ser humano racional y de su libertad, no dependiente de fines o circunstancias. La moral es una “buena voluntad” radical que exige libertad y obediencia al mismo tiempo, actuando no sólo porque la ley lo manda, sino por respeto a la ley, ley emanada del mismo sujeto.

c)         De todo ello emerge su convicción de la igualdad humana, pues en todo caso la única desigualdad a tener en cuenta es la desigualdad moral. Esta igualdad es base del respeto hacia los otros y de los otros hacia uno. Toda humillación que se hace a otro, es una falta contra la igualdad. Aún un hombre depravado, en cuanto hombre, es digno de respeto y es capaz de mejorarse a sí mismo. P
or tanto, el hombre nunca puede ser un medio o instrumento, sino que siempre es un fin en sí mismo. De allí la norma del imperativo categórico : “Actúa de modo que trates a la humanidad en tu propia persona así como en la de los demás, siempre como un fin y nunca como un simple medio”.Es el imperativo que da base moral a los derechos del hombre.Cuando se priva al hombre de su libertad o de su propiedad, entonces se lo está tratando como un medio o instrumento.

d)         Donde mejor aparece la aplicación de la moral a la política es en La paz perpetua.
La política parece atenerse al axioma de Jesús: “sean sabios como serpientes”, mientras que la moral se refiere a ser “inocentes como palomas”. El conflicto siempre tiene que resolverse subordinando el primer aspecto al segundo, pues “la honradez es la mejor política” y “mejor que ninguna política”. Hay, pues, un claro rechazo de todo maquiavelismo político (“actúa y después discúlpate”, “divide y vencerás”, “niega todo”, etc.) para afirmar “que prevalezca la justicia aunque por ello perezca el mundo”.
Por lo mismo, postula en la diplomacia “tratos abiertos, a los que se llega abiertamente”, algo que parece totalmente contrario a los intereses de la política.Y propone tal imperio de la ley entre las naciones que hagan prácticamente imposible toda guerra, abjurando los Estados mediante un pacto de todo recurso a la guerra. Una federación de Estados es la única forma práctica de lograr la paz.

e)         Para superar la tensión conflictiva entre política y moral (en la práctica, los principios anteriores no se pueden lograr por inaplicables) está la filosofía de la historia que señala la dirección del progreso y da esperanzas de lograr un orden legal tendiente a la unión y paz definitivas. Hay que aceptar el determinismo físico de Newton (todo tiende a un fin) también en la historia, buscando con libertad el fin del progreso humano que expresa el orden de la Providencia.
La filosofía de la historia debe interpretar el pasado, dar esperanzas para el futuro, y de esta manera apoyar la acción moral, tanto en los individuos como en la especie humana. La fe en un progreso moral transmisible de generación en generación y la fe en el avance intelectual y político, deben ayudarse entre sí. Este avance y progreso de la historia es como otro postulado práctico que alienta al hombre para actuar moralmente, aunque ya debe hacerlo desde el postulado del “debe ser” de una buena voluntad.La naturaleza o la Providencia busca un fin bueno, aún con elementos llenos de vicios, violencias, guerras y todo tipo de imperfecciones.

De esta manera, Kant es el primer gran filósofo en cuya obra la filosofía política se transforma en filosofía de la historia. Todos los hombres van construyendo un edificio ordenado al progreso y a una felicidad de la que ellos mismos no podrán participar, pero sí las generaciones futuras. Así los hombres, aunque mortales individualmente, son inmortales en la especie humana. Por tanto, toda acción humana y toda moral se apoyan en la esperanza.Sólo hay historia humana en la medida en que hay algo más allá de la libertad y en que las acciones humanas toman una dirección involuntaria o inconsciente, sólo conocida por la Providencia o la naturaleza, cuya mano invisible conduce a los hombres.
Así “el fin de la naturaleza” (versión más laica de Providencia) es la guía de la historia, y esta naturaleza “desea irresistiblemente que por último prevalezca la ley. Lo que los hombres descuidan con ese fin llegará de todos modos, aunque no sin esfuerzo” (citas de La paz perpetua).
De esta forma, Kant es más optimista que Rousseau sobre el destino final de este proceso de historia progresista e iluminista, porque aún los males de la cultura terminan orientándose hacia la concreción del fin de la naturaleza.  Hoy la posmodernidad se aparta decididamente de la idea kantiana de una finalidad de la historia, entrando así la humanidad  y su historia en una crisis profunda de sentido.

En breves palabras, este es el ideario kantiano, racionalista e iluminista: “… Las acciones humanas se hallan determinadas, lo mismo que los demás fenómenos naturales, por las leyes generales de la Naturaleza. La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace concebir la esperanza, a pesar de que las causas de los mismos pueden yacer profundamente ocultas, de que, si ella contempla el juego de la libertad humana en grande, podrá descubrir en él un curso regular… No se imaginan los hombres en particular como tampoco los pueblos que, al perseguir cada cual su propósito, según su talante y a menudo en mutua oposición, siguen insensiblemente, como hilo conductor, la intención de la Naturaleza, que ellos ignoran
El problema mayor del género humano, a cuya solución constriñe la Naturaleza, consiste en llegar a una Sociedad Civil, que administre el derecho en general… por esta razón, una sociedad en la que se encuentre unida la máxima libertad bajo leyes exteriores con el poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa, constituye la tarea suprema que la Naturaleza ha asignado a la especie humana… El problema de la institución de una constitución civil perfecta depende, a su vez, del problema de una legal relación exterior entre los Estados, y no puede ser resuelto sin este último… de modo que aún el Estado más pequeño pueda esperar su seguridad y su derecho, no de su propio poderío o de su propia decisión jurídica, sino únicamente de esa gran federación de naciones, de una potencia unida y de la decisión según leyes de la voluntad unida…” (Ideas de una Historia Universal en sentido cosmopolita, 1784)

f)         Dentro de este marco encontramos la teoría política más original de Kant sobre la paz perpetua entre las naciones, pues sus alusiones al Estado legal y al principio de la libertad del pueblo, etc. son comunes a los otros filósofos, especialmente a Rousseau.
Su originalidad está en completar el paso del estado de naturaleza a la sociedad civil y Estado, con un nuevo paso hacia la paz universal, dentro de esta finalidad general de la historia.
Porque la libertad de los individuos y de los pueblos queda en la nada si no se cumple el postulado de la razón práctica: “No habrá guerra”, y el plan de la naturaleza providencialista: “completa unificación civil de la humanidad”. Para eso propone una alianza o federación de naciones (sin un soberano que centralice el poder) que debe renovarse constantemente.

Todo lo cual trae tremendas dificultades teóricas, jurídicas y prácticas, sobre todo por cierta ambigüedad de esta doctrina de Kant. ¿Sería sólo una federación o se llegaría a un Estado universal con todos los riesgos del Leviatanismo? ¿Cuáles serían sus atribuciones y obligatoriedad? ¿Tendría una constitución básica y obligatoria para todos los Estados? ¿Tendría poder de coacción?
Kant tiene muchas dudas sobre estos asuntos prácticos y está lejos de dar una solución viable.

También utiliza un argumento ya conocido por los ingleses, de que una gran relación comercial e intereses financieros comunes convencerán de que las guerras son desastrosas para todos y con un costo muy alto. En otras palabras, la conquista de la guerra es mejor sustituirla por la conquista de los mercados.Donde la guerra y la moral fracasan para lograr la armonía universal, puede triunfar el dinero y el comercio.Pero también es cierta la otra verdad: que el mayor afán de dinero y riquezas puede llevar a los pueblos a guerras despiadadas, lo que efectivamente sucederá.

De todos modos, allí queda el ideal kantiano planteado de esta forma:“Si es un deber, y al mismo tiempo una esperanza, el que contribuyamos todos a realizar un estado de derecho público universal, aunque sólo sea en aproximación progresiva, la idea de la “paz perpetua” … no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco, acercándonos con la mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en lo futuro, más rápido y eficaz que en el pasado”.
Tendrán que pasar muchas guerras del siglo XIX y las tremendamente desastrosas del siglo XX (primera y segunda guerra mundial) para que, finalmente, las naciones decidan llevar a la práctica el ideal del muy racional y metódico filósofo alemán, de tanta influencia en el pensamiento moderno, y tan atento a los acontecimientos de la revolución francesa, de la que fue contemporáneo.

5.         La Revolución Francesa

a)         Cuando hablamos de “la revolución francesa”, nadie necesita precisar que se trata de la de 1789, tal es la fuerza mítica de aquella revolución que, como ninguna otra, es símbolo de libertad y de lucha contra el despotismo.
Si la economía del mundo del siglo XIX y XX se forma bajo la influencia de la revolución industrial inglesa y de sus filósofos y economistas, la política e ideologías se gestan bajo la influencia de la Revolución francesa.Una revolución que, simbólicamente, marca el fin de una etapa histórica y el comienzo de un proceso revolucionario que invadió al mundo europeo y al americano en una larga secuencia de independencias y fin de tiranías, y cuyo final simbólico también lo podemos poner en 1917 con la revolución rusa.
La Revolución proporcionó la ideología (anticipada por filósofos y enciclopedistas), el programa, los símbolos (baste pensar en el gorro frigio de nuestro escudo nacional) y los programas de los partidos y movimientos radicales, liberales y democráticos.Como también los códigos legales, el modelo de organización científica, técnica y política, no sin olvidar el sistema métrico decimal y la escolaridad primaria y secundaria. Aunque la revolución inglesa de 1689 (exactamente un siglo antes) y la norteamericana (1776) fueron anteriores y gestaron dos regímenes democráticos de indiscutido valor histórico, no tuvieron la fuerza expansiva de la Revolución francesa ni su carácter mítico, prácticamente para el mundo entero, aún el musulmán.

b) Fue una Revolución con características especiales:
·       Tuvo lugar en el país más importante de la Europa de ese entonces, y en el más populoso, unos 23 millones de habitantes, (sólo superado por Rusia), constituyendo casi un quinto de la población europea.
·       Fue una revolución de masas, la primera en su género, e inmensamente más radicalizada que cualquier otra, con un amplio carácter nacional y profundas implicaciones internacionales.
·       Fue la única revolución ecuménica, y con vocación universalista (sólo el movimiento marxista se le puede comparar). Sus ejércitos se pusieron en marcha para llevar por el mundo la revolución y la lucha contra el despotismo , y sus ideas lograron penetrar hasta el día de hoy en la conciencia mundial, en particular en nuestro Continente.
Sus ideas y su estilo proporcionaron insumos a todas las revoluciones posteriores, con todas las adaptaciones del caso, aún idealizándola como una revolución popular en el sentido moderno, algo que no fue ciertamente.

c) Las causas de la revolución tienen que ver con la particular situación de Francia: su fuerte rivalidad con Inglaterra que la llevó a apoyar a los revolucionarios norteamericanos, con el consiguiente éxito pero con la bancarrota económica, acuciada por los últimos años malos de cosecha, y por las fracasadas reformas económicas de Turgot (primer ministro de Luis XVI).
Turgot propiciaba una política económica liberal a la inglesa (libertad de comercio y empresa, racional administración del Estado, abolición de desigualdades y restricciones sociales) inaplicables en una Francia absolutista, con una aristocracia resistente a todo cambio que tocara sus intereses particulares y con fuertes focos de economía feudal.
El bienestar de la clase alta (nobleza, 2.5% de la población, y alto clero, 2%), con importantes privilegios y exenciones de impuestos (aunque sólo eran unas 400 mil personas sobre 23 millones de habitantes), pero no productiva, contrastaba con la burguesía en ascenso y mucho más con cierto incipiente proletariado y especialmente con el campesinado (el 80% de la población) que vivía en una situación extrema, y al que se impusieron nuevos impuestos, sin contar la aguda inflación del momento.
Las exacciones fiscales representaban hasta un 70% de los ingresos campesinos.

Así, pues, la guerra americana (un 25% del presupuesto) y la deuda creciente (un 50%), más los gastos de la Corte (un 6%) provocaron una crisis insostenible que terminó en bancarrota del Estado en 1788 y abrió paso a la revolución, previa convocación de los antiguos Estados Generales que no se reunían desde 1614 (compuestos por representantes de la nobleza, el clero y el pueblo, o sea, los que no eran ni nobles ni clero; pero con voto unitario por corporación, no por representantes personales, de modo que el “tercer estado” del pueblo siempre quedaba en minoría frente a nobles y clero).

d) La revolución no fue preparada por líderes populares ni por un programa especial, sino que se dio como una reacción de la burguesía ante el intento del “primer estado” de controlar la situación a su favor desde los Estados Generales.Con la burguesía, triunfan las ideas propagadas por la francmasonería y otras entidades, ideas enciclopedistas y liberales que ya conocemos.

Fueron condensadas en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789) y sintetizadas en tres palabras mágicas: libertad, igualdad, fraternidad.Es el manifiesto contra la sociedad jerárquica y de privilegios, pero no en favor de una sociedad democrática como se la entenderá después: “Todos los hombres nacen y viven libres e iguales bajo las leyes”, siendo la propiedad privada un derecho natural sagrado, inalienable e inviolable, con lo cual la mayoría de la población desde el comienzo de la carrera quedaba en desigualdad de condiciones.Pero no se habla de república democrática sino de una monarquía constitucional, basada en una oligarquía de propietarios que se expresaban a través de una Asamblea representativa (sin sufragio universal), garantizándose la iniciativa privada y con el gobierno de propietarios y contribuyentes importantes.La soberanía, por su parte, residía en la “nación”, identificada sin más con el pueblo de una manera confusa.

En definitiva, la revolución de 1789 fue el triunfo de la burguesía apoyada por la masa popular, campesina y parisina, casi desesperada por el hambre y la miseria, que se inicia con el protagonismo popular en la toma de la Bastilla el 14 de julio, la declaración de los derechos ciudadanos (agosto), la confiscación de los bienes de la Corona, nobleza e Iglesia, la constitución civil del clero y supresión de órdenes religiosas y conventos (julio 90).
Después se proclama la nueva Constitución de septiembre del 91 de Monarquía constitucional y régimen de tipo burgués que ciudadaniza solo a los propietarios, libera el comercio, mientras prohíbe huelgas y asociaciones obreras, por lo que desilusiona a las masas, movilizadas por los “sansculotes” o proletariado parisino.Se trata de un modelo que conocerán otros países, también el nuestro, de un grupo burgués y moderadamente reformista que moviliza a los sectores populares contra la tiranía, pero que no està dispuesto a ceder espacios de poder al pueblo, siempre considerado como “la chusma”.

e) Surgen así, dentro de los revolucionarios, las dos facciones conocidas: moderados y radicales, girondinos y jacobinos (también llamados “montañeses” porque ocupaban los escaños altos), conservadores y revolucionarios, unos a la derecha y otros a la izquierda.El resultado final puede ser el triunfo del ala radical o un simple cambio de nombres y estructuras formales, pero sin profundidad, y dejando al pueblo más o menos como antes (tal como sucedió en general en las revoluciones americanas).
En el caso de la Revolución francesa el triunfo del ala radical (jacobinos) provino de los apremios de la guerra que las monarquías extranjeras (Austria y Prusia) hacían contra Francia para no correr riesgos propios y defender a la monarquía francesa.

Las primeras derrotas francesas provocaron la segunda revolución de 1792 y el advenimiento de la etapa más conocida de la Revolución con las figuras de  Marat, Danton  y Robespierre, apoyados por los sansculotes, y finalmente Napoleón. Los cambios ahora fueron profundos: establecimiento de la República, proclamación de la nueva era histórica (año 1 del calendario revolucionario), prisión y posterior ejecución del rey y de la reina que habían intentado huir, ejecución de oponentes con la guillotina y, sobre todo, la convocatoria a la Convención Nacional que proclamó la más democrática de las constituciones francesas, con fuerte influencia de Rousseau, y de cualquier otro Estado moderno hasta ese entones, la de 1793: con sufragio universal del pueblo, derecho de insurrección, trabajo y alimento, y la declaración de que el bien común era la finalidad del gobierno y de que los derechos del pueblo serían efectivos, no sólo jurídicos. Poco después quedaría abolida la esclavitud en las colonias francesas.

Aquel fue el período de la gran guerra revolucionaria, con una movilización total de la nación (primer caso de la historia) y de todos sus habitantes y recursos, y la mística de llevar la revolución a todos los países europeos. Con la guerra, la revolución se universalizaba y se transformaba en mito.
Desbordados los girondinos por la presión popular, todo el poder revolucionario quedó en manos de los  jacobinos, instalándose el “Terror” con sus clásicos instrumentos: el Comité de Salvación Pública y el Tribunal Revolucionario. La guillotina fue el instrumento para decapitar oponentes, pero también para dirimir la enconada lucha interna que fue devorando a los mismos líderes revolucionarios.

f) El resto es muy conocido: caída de Robespierre (julio del 94), Directorio (95-99), Consulado de Napoleón (1799-1804) y finalmente, Imperio.
Con Napoleón la Revolución llega a todos los confines de Europa y se levanta el patriotismo y el nacionalismo revolucionario hasta transformarse en un mito, mucho más allá de las circunstancias concretas, y del evidente cambio de giro que Napoleón dio a la revolución: sistematizando el Estado, creando sus códigos jurídicos (Código Civil de 1804) e instituciones políticas, proporcionando estabilidad económica y prosperidad, y reestableciendo las relaciones con la Iglesia por un Concordato (1801) y con la coronación del emperador por el Papa.

Las relaciones con la Iglesia estaban desquiciadas desde fines del 89 cuando se nacionalizaron los bienes de la Iglesia (se pudo así salvar en gran parte el problema económico de la revolución), llegándose en el 90 a una ruptura total con Roma cuando se dictó la Constitución civil del clero que nacionalizaba a la iglesia francesa y la separaba de la autoridad papal, prohibiéndose al mismo tiempo las órdenes religiosas.
Después siguió la campaña de descristianización y el culto de la Diosa Razón.El Concordato reestableció las relaciones, pero la Iglesia quedó subordinada al Estado.Y aunque Napoleón destruyó la revolución jacobina y sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad, el mito revolucionario perduró durante su gobierno y tras su derrota final en 1815.Y fue ese mito, el más grande de la era moderna, el que gestó un siglo plenamente revolucionario: el siglo XIX.

g)         Libertad e igualdad son las dos palabras claves de la Revolución francesa, y en su nombre se llevan a cabo las acciones y se asegura la victoria.
De allí que constituyan la esencia de los derechos del hombre, como también de la revolución americana, trece años antes, que considera “como verdades evidentes por sí mismas que los hombres nacen iguales; que el Creador les ha dotado de determinados derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la vida, la libertad, la búsqueda de la felicidad; que los gobiernos humanos se instituyan para garantizar esos derechos”.

Por su parte, la Constitución francesa del 89 estipula: “Los hombres nacen y siguen siendo libres e iguales de derecho. Las distinciones sociales sólo pueden basarse en la utilidad común (art. 1) El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescindibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la seguridad y la resistencia a la opresión (art. 2)”.

Más allá de la diferencia de origen (por voluntad del Creador o por nacimiento), libertad e igualdad son consideradas desde ahora como “derechos” del hombre como tal, y por tanto, derechos del ciudadano. Es una nueva antropología, no sólo jurídica, sino también política. La libertad y la igualdad, implícitas en la naturaleza del hombre, son ahora garantizadas y protegidas por el Estado. El hombre se hace hombre pleno al constituirse como ciudadano.
Y por ser “derechos del hombre”, nunca pueden caducar, aún cuando históricamente los hombres caigan bajo la tiranía. La revolución es precisamente la que se alza para restablecer, no el derecho de la libertad y la igualdad (de derecho natural), sino su ejercicio.

Y por ser un derecho de su naturaleza humana, el hombre adquiere el derecho correlativo de “resistir a la opresión” para liberarse de la tiranía: por tanto, derecho a la revolución. Por ser ciudadano y no “súb-dito” (un “sometido” al rey o a quien fuera), goza de voluntad libre y está exento de toda servidumbre.Es el derecho y deber de cada hombre de conservar o recuperar su condición de hombre libre. Por tanto, una libertad que, aunque don de Dios o de la naturaleza, siempre es algo a conquistar, pues no suele ser un objeto que se tienda a regalar. Al contrario.Y esto sólo puede hacerse dentro de la sociedad, o sea, dentro del marco de la ley democrática.

En una palabra, la Revolución no hace sino efectivizar doctrinas ya conocidas, como en Spinoza y en Rousseau.Y en contraposición, como afirma Robespierre en su proyecto de Constitución: “Los reyes, los aristócratas, los tiranos, sean quienes fueran, son esclavos rebelados contra el soberano de la tierra, que es el género humano, y contra el legislador del universo, la naturaleza”.Cualquier gobierno que oprima a los hombres, es un rebelde y debe ser tratado como tal por hacer violencia contra “el soberano”, la humanidad o el pueblo.

En consecuencia: un hombre vale igual que otro hombre. Ser hombre es un “valor”, y por tanto, un derecho que debe ser respetado. Y cada hombre es libre, a condición de que los otros hombres también lo sean. Es decir, todos son iguales e igualmente libres ante la ley. El gran problema que se planteará inmediatamente en el siglo XIX y XX es que los Estados, aún reconociendo este derecho en términos jurídicos, en la práctica tenderán a cercenarlo, “haciendo del Estado” el sujeto de todos los derechos, cambiando los términos de la revolución y traicionándola.Lo inaudito de la revolución francesa, es que en el corazón mismo de la historia absolutista y después totalitaria, plantea una revolución “para” el Estado. Es el Estado el que debe cambiar, reconociendo y afirmando el derecho natural que todos los ciudadanos tienen a ser libres e iguales.Por eso fue una revolución y no un simple golpe de Estado o un reformismo.
Tal, pues, la base de la democracia: reconocimiento de la igualdad humana que reposa sobre la libertad.

6.         El liberalismo o “la democracia liberal”

La segunda mitad de siglo XVIII y especialmente el siglo XIX están marcados por el constante progreso del liberalismo. Desde Inglaterra y Francia se propaga por toda Europa occidental, se liga en Alemania e Italia con los movimientos nacionales de autonomía, penetra en Europa oriental y llega a importantes países del Oriente asiàtico especialmente por medio del comercio, teniendo una importancia especial en los nuevos países de América Latina, cuyas Constituciones se inspiran en la de Estados Unidos y en los principios de liberalismo francés; países que después caen bajo la órbita económica y mercantil de Inglaterra.
Los Estados Unidos aparecen en todo este proceso como la tierra mítica del liberalismo y de la democracia.Sin embargo, el liberalismo no es una ideología unívoca ni significa lo mismo en cada circunstancia o país.

Un caso interesante es el de Mazzini (1801-52), un liberal nacionalista y romántico, patriota ardiente y promotor de la unidad italiana, idealista y religioso que afirma: “Religión y política son inseparables. Sin religión, la ciencia política no puede crear más que despotismo o anarquía”. Por ello combate el maquiavelismo de Cavour y permanece fiel a sus ideas republicanas y democráticas con arraigo en el pueblo, para instaurar la justicia y la paz. Se opone tanto al utilitarismo inglés, como a la supremacía de la economía sobre la política, a la lucha de clases y a los enfrentamientos bélicos entre los pueblos.

La democracia típicamente liberal o “a la inglesa” tiene notables diferencias con la democracia de la filosofía y revolución francesas, tal como la hemos considerado. Es evidente que democracia liberal o liberalismo no es un término unívoco.
La concepción de los filósofos liberales ingleses (que influirá en los franceses antes y más aún después de la revolución de 1789) reposa sobre una distinción entre el Estado y la Sociedad Civil, considerada como sinónimo de vida privada. El Estado, ocupado del bien público, no debe inmiscuirse en la vida privada, típica de la “vida civil”.
Al separarse cuidadosamente los dos campos, el liberalismo procura salvaguardar la libertad de los individuos, pero de los individuos en cuanto propietarios, de modo que hay un desplazamiento de sentido de la “libertad” al “liberalismo” propietario. Al Estado le corresponde exclusivamente (al menos desde la teoría liberal, pero no siempre desde su praxis) preservar y garantizar  la libertad de los propietarios. Por tanto, un Estado “garante”.

El Estado defiende la libertad, y la defiende cuando la propiedad está en peligro.
En consecuencia, la democracia liberal se estructura sobre la relación Estado-propiedad, siendo el Estado el aliado y el defensor de los propietarios, que son los hombres libres dentro de la secuencia Estado-propiedad-libertad.Por eso el Estado es “liberal”, porque deja jugar libremente los mecanismos que surgen de la propiedad.
Así, pues, la propiedad fundamenta la capacidad política, de modo que a través de la propiedad el hombre pasa al estado de ciudadano y hombre políticamente libre.
Como dice Benjamín Constant en 1817: “Unicamente la propiedad… hace a los hombres capaces de derechos políticos” (Constant, 1767-1830, es el principal teórico del liberalismo francés bajo la Restauración. Define a la libertad como “el pacífico goce de la independencia privada”).
En consecuencia, “el pueblo” (clase popular, social y económicamente baja) no es el soberano ni constituye al Estado democrático, desde el momento en que no es un pueblo compuesto de propietarios, situación casi universal en esos y estos siglos. Sólo el pueblo burgués es el dueño del poder del Estado, siendo la democracia liberal una república de propietarios.

Todo esto apunta a la clara distinción que hace el liberalismo entre lo público y lo privado, como surge de los conceptos de Smith que ya hemos analizado.El Estado se ocupa del interés general (lo público) y su finalidad no es otra que la de velar por el desarrollo de la actividad económica privada. Es un Estado sometido a las contingencias de la economía y del mercado, y por lo tanto, la política queda subordinada a la economía, y por ende, a la esfera privada de la que depende dicha economía.

En consecuencia, la sociedad liberal es una sociedad de propietarios, o sea, la suma de los individuos mercaderes, empresarios y terratenientes. Mientras esa sociedad se entregue a la búsqueda de la riqueza, de los negocios, de la producción y del dinero, será inmensamente feliz y seguramente también se ganará el cielo.
Como dice el estadista e historiador Thiers (presidente conservador de Francia en 1871-3) en De la propiedad: “Dios civilizó al mundo a través de la propiedad, y condujo así al hombre del desierto a la ciudad, de la crueldad a la dulzura, de la ignorancia al saber, de la barbarie a la civilización” (que esto “es cierto”, basta preguntarle a los proletarios del siglo pasado o a los millones de pobres y excluidos del nuestro…) Todas estas ideas liberales serán la base de los estados modernos anglosajones, pero gravitarán también en el resto de Europa y en numerosos partidos políticos de América Latina (liberales y conservadores) para ser hoy el consumo ideológico principal del Neoliberalismo.

Sintetizando: el liberalismo aparece asociado a varios elementos:
Liberalismo y progreso: sobre todo al principio, el progreso en las ideas y en el bienestar fue un insumo básico de la teoría liberal. Pero hacia fines del siglo XIX, hay liberales progresistas y liberales conservadores, no dispuestos a seguir avanzando en el curso de las ideas. Hoy mismo en el final del siglo XX el liberalismo es más un pensamiento conservador política y económicamente que progresista en cuanto motor de cambios.
Para estos liberales, la historia ha alcanzado su culmen (“final de la historia”) y lo único que resta es aplicar disciplinadamente sus esquemas. Los revolucionarios de ayer, hoy apagan incendios y decretan el sentido subversivo de cualquier cambio.

Liberalismo y libertad: el liberalismo apareció como la garantía de la libertad y de las libertades, pero después se entra en un período de gran confusión. Mientras que en sus comienzos (siglo XVIII) “libertad” es un concepto abarcativo de todas las libertades: religiosa, de pensamiento, política, económica (frente a todos los tipos de ataduras), para el siglo XIX el liberalismo se fragmenta en:
·       liberalismo económico con sus dos elementos claves de propiedad y riqueza; por tanto: libertad económica o de mercado frente al dirigismo estatal;
·       liberalismo político opuesto al despotismo y fundante del gobierno representativo y parlamentario (tanto en monarquías como en repúblicas);
·       liberalismo intelectual caracterizado por la tolerancia (de ideas, de religión), la conciliación y el pluralismo, aunque los liberales no siempre fueron ejemplo de tolerancia de otras ideas.De esta forma, podemos ver que mientras para los liberales políticos el liberalismo económico es algo necesariamente complementario (situación desde la década del 80 en nuestro siglo), en muchos sistemas antiliberales y dictatoriales se practicará el liberalismo económico (caso típico el de Pinochet).

O bien se practica el liberalismo contra el rey, los nobles y el clero, pero se niega la libertad al pueblo al que se excluye sin ningún miramiento, sea porque no se le reconoce el acceso al poder, sea porque se lo oprime desde un liberalismo de mercado o capitalismo salvaje. En definitiva: pareciera que el liberalismo que nació como una lucha contra déspotas y oligarcas, termina siendo la filosofía de una nueva oligarquía, tanto política como económica.

Un liberalismo absolutamente pragmático que puede predicar el pacifismo mientras sostiene una política bélica e imperialista; que proclama los derechos universales del hombre mientras apoya el colonialismo, la esclavitud y la pobreza del proletariado; que afirma el “dejar hacer” del Estado mínimo y el libre juego del mercado, siempre que no se lesionen los grandes intereses de la economía nacional o de los empresarios; que declama el derecho al voto, siempre que el votante sea propietario, o aún no siéndolo, que no intervenga en el control del gobierno; que también declama la igualdad jurídica por naturaleza, pero rechaza todo intento por una igualdad social y una igualdad de oportunidades ante la distribución de las riquezas.

NUEVAS CORRIENTES DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XIX

En este período nos encontramos con un impresionante mosaico de movimientos filosóficos de todos los tonos y colores, cuya sola enumeración ya resulta complicada. Un mosaico que muestra la desintegración de toda unidad de pensamiento en Occidente y los intentos frustrados por encontrar un rumbo a una sociedad desconcertada.

a) La historia del pensamiento europeo aparece como en movimientos pendulares, de modo que al ilumnismo y racionalismo que transforman al hombre en un observador científico y racional de la realidad, siguió necesariamente la propuesta del Romanticismo, desde principios del siglo XIX, que comienza a admirar a la Edad Media y los valores religiosos, con un retorno a la historia, el sentimiento de la belleza y los valores del espíritu, tan desatendidos por el racionalismo intelectualista.

Es la exaltación de lo irracional y espontáneo del ser humano, de una creatividad ajena a tantas leyes universales, y de la fuerza del sentimiento y de la libertad, engendradora ésta de las autonomías de los nuevos países.

Contra la filosofía de la razón, el romanticismo levanta los ideales de la filosofía de la vida, más concreta, más individual y más loealista; el renacimiento de la belleza y de los sueños utópicos, del heroísmo y de una vida que quiere salir de la rutina y de la formalidad de la ley y del deber kantiano. Con la belleza artística (tan singular en los poetas y músicos románticos, ver Guía histórica), aparece también una religión más emocional que dogmática, con un Dios tan cercano a la realidad que el cosmos termina identificándose con él (panteísmo).

El romanticismo (cuyo antecesor fue Rousseau) nace en Alemania y desde allí se propaga por toda Europa. Al romanticismo filosófico corresponden las figuras de Herder, Schiller y Novalis, entre otros, todos al comienzo del siglo XIX.

b) En forma simultánea se desarrolla en Alemania (que lidera el pensamiento filosófico) el Idealismo, tanto el idealismo ético de Fichte (+ 1814), redactor de los famosos Discursos a la nación alemana (1807) para incitar a la lucha contra Napoleón y propiciador de un Estado socialista; como el idealismo estético de Schelling (+1854), compañero de Hegel (1770-1831), quien lleva a su culminación el pensamiento idealista y cuyas ideas políticas estudiaremos con mayor profundidad.

Para el Idealismo, el punto de partida del pensamiento es la autoconciencia del yo, que se pone y se afirma a sí misma solamente. El contenido de experiencia es, en definitiva, posición del yo: carece de un ser diferente al del propio pensamiento. A la filosofía corresponde indicar el fundamento de toda experiencia y, por lo tanto, justificarla. Es decir, una vez más, la razón filosofando justifica y determina la experiencia, que pierde su propia autonomía. Esto es así, aunque el proceso según el cual se pasa de la experiencia a la única realidad se haya dado a lo largo de la historia, avanzando hacia la plena autoconciencia del yo como productor del mundo.
¿Por qué el yo sale de sí y pone el mundo? La respuesta de los idealistas no es unívoca. En el caso de Fitche, por pura libertad. Toda oposición que el yo se crea tiene por único sentido el ser superada por el yo. El yo conoce, es decir, pone la experiencia sensible – sólo para superar su conocimiento. En el caso de Schelling, por placer estético, pues el arte es el único verdadero y eterno órgano y documento a la vez de la filosofía.
La cúspide del pensamiento idealista se alcanza con Hegel, para quien el yo autoconsciente y absoluto es definido como Espíritu. Este Espíritu no está

, desde un principio, adecuado consigo mismo, por lo que la historia es la historia del Espíritu que va pasando de la conciencia sensible, a la conciencia de lo universal, y finalmente a la autoconciencia.
El movimiento del pensamiento, .en todos los autores idealistas, es dialéctico.
Esto quiere decir: a un hecho o proposición cualquiera, denominada tesis, se le opone su contrario, la antítesis; resulta de ambos una síntesis que supera y conserva los dos momentos anteriores.
Este movimiento se encuentra tipificado por Hegel en su ”Fenomenología del Espíritu”, donde posiciones espirituales y posiciones históricas concretas son interpretadas bajo la ley de la dialéctica. La historia de la humanidad es la historia del Espíritu que busca coincidir perfectamente consigo mismo.
El Espíritu rige la marcha de los acontecimientos que son, por lo tanto, perfectamente racionales; por otra parte, sólo lo racional merece el título de real. Hegel pensaba, además, que su filosofía era el punto de llegada de toda la filosofía occidental, y su estado definitivo y pleno. .
El idealismo tiene una variable religiosa en Schelermacher (+ 1834) con su doctrina del sentimiento de lo infinito y una mística que permite al hombre ser una sola cosa con él.
El Idealismo también provoca la reacción de Schopenhauer (+ 1861) que propicia a la Voluntad ciega e irracional como esencia de la realidad, con pesimismo sobre el sentido de la vida que debe orientarse hacia el arte, la justicia, la compasión y la ascesis que conduce al estado de ”Nirvana”.

Las ideas de Hegel, confusas y contradicotrias en muchos puntos, provocan una fuerte polémica entre la derecha hegeliana (conservadora) y la izquierda, liberal y crítica hacia “el maestro”, teniendo esta última por representantes principales a David Strauss, los hermanos Bruno y especialmente a Feuerbach (+ 1872), primer teórico del humanismo absoluto o ateo, quien proclama la muerte de Dios, el nacimiento de la religión del hombre y el materialsimo dialéctico; y a Marx (+1883), que absorbe las ideas de Feuerbach y cuya doctrina observaremos con más detalle (aunque la estudiaremos antes que las de Hegel por motivos didácticos, dada su crítica al.capitalismo inglés).
Feuerbach publica entre 1841 y 1845: “La esencia del cristianismo”, “Principios de la filosofia del futuro “y “La esencia de la religión”.
Dios es un simple ídolo fabricado por el hombre que se aliena en su culto. ”El ser divino no es otra cosa … que el hombre real objetivo … al que contempla y adora como un ser aparte”. Es objetivo de la filosofía criticar esta alienación humana para que el hombre recupere su plena humanidad.
En el plano específicamente cristiano se destaca David Strauss, autor de la Vida de Jesús que interpreta desde los mitos, sosteniendo que todas las religiones son un largo camino de la humanidad hacia el desarrollo del Espíritu Universal.

e) Capítulo aparte merece el danés Kierkegaard (1813-1855) que postula el retorno a la fe cristiana como única solución al problema del hombre. Sólo frente a Dios el individuo resuelve su singularidad y su crisis existencial, Kierkegaard será redescubierto después de la primera guerra mundial y considerado como padre del existencialismo.

En Italia también se da un importante renacimiento filosófico, especialmente con la corriente espirtualista de Mazzini (+1872) con el ideal de una época social centrada en la Humanidad y en Dios, cuya encarnación es el pueblo, y de Rosmini (+1855) que postula una reforma de la conciencia cristiana y del clero sobre el fundamento de la persona, su Iibertad y el conocimiento. Con ideas similares se destaca Gioberti (+ 1852); todos ellos propulsores de una nueva pedagogía coincidente con el surgimiento de numerosas congregaciones dedicadas a la enseñanza.

d) En Francia, tras el periodo de restauración de la monarquía y de una corriente tradicionalista católica, se inicia en la segunda parte del siglo XIX el importante pensamiento del Positivismo, como reacción a tanto criticismo kantiano, idealismo y romanticismo.
Se postula, en consecuencia, la validez de las ciencias positivas en un amplio proceso cultural que tendrá variada repercusión en la Europa industrializada y fuera de Europa, como en Brasil que adopta sus principios y el lema: “Orden y progreso”.
El positivismo es básicamente un método que consiste en estimar la experiencia como único criterio de verdad, cualquiera sea ~l objeto de la investigación (lo natural, lo religioso, lo psicológico o lo social).
Como consecuencia de esta postura, hay rechazo de la metafísica y actitud agnóstica (de duda y de un no poder conocer) ante lo que no cae bajo la observación sensorial; concepción mecanicista de la naturaleza, y -determinismo de los hechos naturales y humanos; explicación de la vida y de los fenómenos humanos desde el evolucionismo y la psicología empírica, e importancia del análisis crítico de los hechos sociales, morales, psíquicos, económicos, religiosos, etc.
El positivismo religioso fue desarrollado por Strauss (+1874), famoso por su “Vida de Jesús”, en la que explica míticamente los evangelios, y por el teólogo Bauer (+ 1882) que pone en dudas la existencia histórica de Jesús.
De esta manera la ciencia se transforma en la gran religión de la humanidad y único conocimiento verdadero. Nace, pues, un nuevo optimismo y una nueva utopía, que tiene dos direcciones, la social y la evolucionista.
El representante más importante del positivismo es el francés Augusto Comte (1798-1857, Curso de filosofia positiva; Sistema de política positiva), un hombre de grandes inquietudes sociales y religiosas, y considerado como fundador de la moderna Sociología . Describe el proceso histórico de la humanidad en tres estadios: el teológico o religioso (ingenuidad, fantasía mágica, autoritarismo sacerdotal y militarismo), el metafísico filosófico (soberanía de la razón y del pueblo) y el positivo, que es el más avanzado, pues busca la relación entre los fenómenos. Su finalidad es. someter toda la naturaleza al hombre conforme al lema: “Saber para prever, prever para poder”.
Comte considera a la sociología positiva como la ciencia suprema y propone una nueva religión positiva de la Humanidad o del Gran Ser (los nuevos santos son los inventores y revolucionarios, hay un nuevo catecismo positivista, etc.) fundamentada en el amor que unificará a toda la humanidad.
El positivismo evolucionista (todo surge por un proceso evolutivo, aún el hombre que desciende de homínidos y simios) tiene como representantes importantes a Lamarck (+1829), y Darwin (+1882) con su obra “Sobre el origen de las especies”, tras un extenso viaje científico en el que visitó nuestra Patagonia.
Todo lo cual provoca drásticas reacciones de la Iglesia que apela a los relatos bíblicos para oponerse al evolucionismo, teoria que será dmitida oficialmente por el Papa Juan Pablo II.
Dentro de la corriente positivista podemos citar también a los utilitaristas Bentham y Stuart Mill (los veremos con cierto detalle), y al positivismo evolucionista del liberal inglés Spencer (+1903) Renán (+1892) y Ardigó (+1920), como otros numerosos científicos de Italia y Alemania.
En tanto, el positivismo social se introduce con Saint Simon y los socialistas utópicos

e) El último periodo del siglo XIX y principios del xx está marcado por una gran diversidad de corrientes neokantianas algunas, voluntaristas otras (Hartman, +1906, Y Wundt, +1920), historicistas relativistas (Dilthey, + 1911), humanismo absoluto de Nietzsche (lo veremos con detalle), humanismo existencialista español. (Unamuno, +1937, Ortega y Gasset, +1955), pragmatismo angloamericano (Pierce, +1914, W. James, +1910, Dewey, +1952), neohegelismo italiano (Gentile, +1944, y Croce , +1952) Y seguidores de las corrientes ya vistas.
También se destaca el pensamiento de Bergson (+1941) que, contra el racionalismo y el positivismo, afirma la intuición y la evolución constante de una fuerza vital (élan vital); y la Fenomenología de Husserl (+1938) y de Hartman (+1950) que postulan el análisis fenomenológico.
Tienen también su importancia más tarde el dinamismo espiritual de Blondel (+1949), y el renacimiento de la escolástica en el neotomismoy del cristianismo social.

f) Finalmente ya en pleno siglo XX debemos destacar el importante movimiento del Existencialismo, con su sentido trágico de la vida, que nace en Kierkegaard y en Heidegger (lo veremos en detalle) y tiene un amplio desarrollo especialmente en Francia con Jaspers (+1969) que afirma la existencia humana como pura posibilidad y absoluta libertad; Sartre (+ 1980) que niega todo sentido a la vida del hombre, pues éste vive en la angustia de la náusea. Sartre desarrolla sus ideas en textos filosóficos, pero también en novelas y obras dramáticas como La náusea (1938) en los que el hombre busca ser Dios pero fracasa en su intento, de modo que la vida se transforma en un tormento.
Su obra filosófica más conocida es El ser y la nada.

Por su parte Gabriel Marcel (+ 1973) propicia un existencialismo cristiano que no renuncia al sentido dramático de la existencia, pero la abre a la esperanza, al amor y a la fe en un principio trascendente.

En Rusia se destaca el existencialismo de Chestov (+1938) de fuerte acento religioso y opuesto a todo iluminismo científico o filosófico, y de Berdiaev (+1949) que busca regenerar a la humanidad, no desde la ciencia, sino desde una doctrina integral del hombre y desde la libertad del espíritu.

2. El pensamiento utilitarista inglés. 
Jeremy Bentham (1748-1832) y James MilI (1773-1836)

Los escritos más importantes de Bentahm fueron realizados a fines del siglo. XVllI: Fragmento sobre el gobierno (1776) y Principios de moral y de legislación (1789), coincidente con la revolución francesa. Bentham, político y filósofo, es el fundador del utilitarismo., según el cual, un acto. es justo. o. injusto. si sus consecuencias son placenteras o. desagradables; porque lo. bueno. o. lo. malo. se relaciona con el placer o. el dolor que produce un acto, Por otra parte, el progreso sólo depende del conocimiento enciclopédico, pues todo lo relacionado con la tradición es ignorancia, incluso la tradición y la legislación inglesa.
a) Bentham pretendió establecer un marco general de condiciones sociales que, según creía, harían avanzar el bienestar público, no. solo en Inglaterra sino en el mundo entero.
Su objetivo era lograr la mayor felicidad posible y para el mayor número de personas. Propone una ciencia jurídica universal pero. adaptada a las condiciones históricas del lugar donde se aplica, pero sin que las costumbres (prejuicios) impongan su criterio sobre la ley científica.

Todo conflicto entre conservadores y progresistas debe resolverse en favor del progreso, un progreso cuyas verdaderas bases recién ahora se está poniendo. y estas bases son simples:
mejor alimento, mejores condiciones sanitarias, mayor igualdad de oportunidades, mejor educación. Con ellas, la felicidad humana está asegurada.

Por tanto, un método sencillo, fácilmente captable y realizable, y muy optimista. y por su puesto, el progreso material produce las condiciones para el progreso en la esfera espiritual.

La felicidad humana no depende de un bien objetivo o de derechos naturales, como los proclamados en Estados Unidos o.en Francia, sino sólo de condiciones de las que cada ser humano sacará mayor o menor ventaja.
Por otra parte, todo depende de la mayor o menor injerencia del Estado en la regulación de la vida de los ciudadanos. Como siempre habrá conflicto entre deberes y deseos, cada uno debe aprender a manejarse desde el cálculo. y la utilidad, dejando el Estado toda la libertad necesaria y justa.
Bentham, optimista, creyó que el hombre no era tan rebelde como para necesitar muchas restricciones del Estado, y que siempre es mejor aplicar incentivos que castigos, lo. que influyó en Inglaterra en la reforma del derecho penal (aplicar menos penas de muerte) y en la extensión cada vez mayor del derecho. al voto, pues no. hay una clase de personas aptas por naturaleza para gobernar.
b) Estas ideas se fundieron con las de liberalismo económico, libertad intelectual y tolerancia religiosa. Era necesario levantar toda barrera al libre comercio, a la expresión y crítica ciudadana y a la tolerancia religiosa, admitiendo en igualdad a católicos, judíos y ateos. Su ideal era una sociedad de individualistas dispuestos a cooperar. Nadie debe considerarse infalible al percibir e interpretar la realidad.

Su lema para el buen ciudadano era: “Obedecer puntualmente y criticar libremente”. Con esto se lograba una perfecta armonía entre libertad y autoridad.

Su pasión fue descubrir “ese sistema cuyo. objeto es crear la urdimbre de la felicidad, por medio de la razón y de la ley”. Todo ello. apoyado en el principio de utilidad: “es el principio que aprueba o desaprueba toda acción, según la tendencia que parezca tener para aumentar o disminuir la felicidad de aquel cuyo interés está en juego, y de cualquier acción, tanto de cada individuo en particular como de cada medida del gobierno … ”

Este principio de utilidad ha sido sancionado por la naturaleza, pues “la naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Sólo ellos pueden indicar lo que debemos hacer y -determinar lo que haremos” (Principios de Moral y Legislación)

Por tanto, toda acción racional es una acción que está en conformidad con el principio de utilidad.

e) Y como hay tantos criterios individuales sobre qué es lo útil y lo placentero, no queda más remedio que acudir al debate y a la deliberación cooperativa, único remedio contra la anarquía moral; sobre la base consensual de aceptar el criterio de utilidad como norma fundamental (no la ley natural).

Lo justo es simplemente lo útil.
Por todas estas consideraciones que apuntan a decir que el bien supremo es un “absurdo consumado”, Bentham consideró a Platón como “el gran fabricante de absurdos”, y también rechaza la ”voluntad general” de Rousseau, pues sería una forma de imponer la virtud a los ciudadanos.

Bentham, como Hume, vio que la teoría del contrato social presupone un compromiso anterior de cumplir las propias promesas, y entendió que ese compromiso deriva del principio de utilidad, como también el aceptar o rechazar tal o cual gobierno.
Por lo mismo, “el objetivo general de todas las leyes … es aumentar la felicidad total de la comunidad. .. y excluir todo lo que tienda a restar esa felicidad”.
En consecuencia, el único fin de los legisladores es garantizar los placeres y la felicidad del pueblo, pues toda política y toda legislación debe ser explicable por el, principio de utilidad.

d) James MilI fue el principal discípulo de Bentham, e inventó un programa educativo para criar a su propio hijo Stuart, quien sería la encarnación del ideal utilitario. Al mismo tiempo, pretendió poner en práctica sus ideas, pensando que, sin violencia, podrían hacerse las drásticas reformas parlamentarias que Inglaterra necesitaba y convencer a la opinión pública mediante razonamientos.
En su Ensayo sobre el Gobierno (1820) propicia un gobierno representativo, democráticamente elegido, ampliamente popular, con el fin de terminar con la modalidad aristocrática inglesa.

Sostiene que mientras no haya un gobierno comprometido en la equitativa distribución de los “escasos materiales de felicidad”, el poder defenderá siempre a los ricos contra los pobres y trabajadores, cuya principal fuente de riqueza es el trabajo.
Pero después, Mill llega a la conclusión de que es imposible un gobierno democrático, y que lo mejor es combinar la monarquía con la aristocracia, pero sin arrollar al pueblo (sí controlarlo), para lo cual era necesario reforzar la Cámara de los Comunes, a fin de que sea un órgano verdaderamente representativo del pueblo (por cierto, pueblo sólo de varones y de propietarios, aunque fueran pequeños).

John Stuart Mil (1806-1873) Educado en el utilitarsimo de su padre y de Bentham , J. S. Mill desempeñó altos cargos en la administración de las Indias y fue miembro del Parlamento.
Sus escritos más importantes son: Principios de economía política (1848) y Utilitarismo (1863).
a) El hijo de James Mill tuvo que enfrentar las críticas a la teoría utilitarista de su padre y al hecho de deducir toda la teoría política del supuesto principio del placer, sin tener en cuenta las consideraciones históricas. La suya, por tanto, será una propuesta de utilitarismo moderado y condicionado.

Influenciado por el pensamiento francés, propone en su filosofía de la historia al progreso como un ideal posible y deseable, pero no inevitable. La historia muestra el avance desde la barbarie a la civilización y marca las leyes para avanzar de etapa en etapa.
Así, la filosofia de la historia, interpretada como la filosofia del progreso, es considerada fundamental para la ciencia política, a la que le da una nueva dimensión, El gobierno debe saber qué hacer para alcanzar sus fines, pero también para avanzar a la siguiente etapa superior de civilización; difícil tarea pues no hay modelo posible por delante que imitar.

Pero S. Mill no tiene respuesta clara para determinar cuál es la causa eficiente del progreso social, aunque señala algunas condiciones, como la jefatura de los individuos superiores y más aptos, la obediencia, la libertad, las ideas nuevas, y la superación del conflicto entre demandas de estabilidad y demandas de reformas.

S. Mill considera como señales de civilización la existencia de un gobierno responsable y la aparición del conocimiento científico. De este conocimiento, especialmente en el campo social (sigue en esto a Comte, fundador de la moderna sociología), depende el futuro progreso de la humanidad. También comparte las tesis de Tocqueville sobre el constante avance de una democracia moderada, y el equilibrio necesario entre igualdad y  libertad.

b) La adopción de esta filosofía de la historia exigió una revisión de la teoría ética del utilitarismo (principio del placer).
A S. Mill no le pareció adecuado que el fin del Estado fuera promover el placer e impedir el dolor.
Para ello distingue entre placeres superiores, mentales y espirituales, y placeres del cuerpo. Por tanto, la felicidad depende no sólo de estos últimos, sino del logro de los placeres espirituales, aún a costa de dolor y de sacrificio. La obtención de los placeres superiores, no solamente indica un mayor grado de civilización y la posibilidad de vivir en unidad y mayor justicia, sino que requiere la vivencia de la libertad social.

Obviamente, estos placeres superiores son una finalidad del Estado y objetivo de su tarea educativa.
Por tanto, la educación moral de los ciudadanos, tanto por el Estado como por particulares, es principal responsabilidad de la sociedad buena, procurando lograr de cada hombre un “ser progresista’ que desarrolle todos sus talentos y que participe activamente en la vida política, no sólo desde la obediencia pasiva.
e) La teoría sobre el Estado, la desarrolla S. Mill en Consideraciones sobre el Gobierno Representativo (1861).
Se aparta de la discusión de si el gobierno depende de la naturaleza o de un contrato convencional, y señala tres condiciones en el pueblo para un gobierno posible: aceptación del nuevo gobierno, disposición para sostenerlo, colaboración para que cumpla sus propósitos. Estos propósitos o fines generales son el orden y el progreso social, ambos aspectos intimamente relacionados. En definitiva, es el progreso el único fin del gobierno, que debe conciliar la cautela (orden) con la audacia (progreso) en un sano equilibrio.

Índice de un buen gobierno es la promoción de la virtud y de la inteligencia del pueblo mismo, y el buen uso que sabe hacer de la cualidades de la población. Mili subraya la importancia de desarrollar al pueblo yeducarlo.
La vida civilizada tiene tres lecciones básicas y sucesivas: obediencia, trabajo y gobierno propio. Son los pasos de la barbarie y la esclavitud al gobierno propio, cuya principal virtud debe consistir en ayudar al pueblo a pasar a la etapa siguiente de progreso.
d) El mejor sistema de gobierno que responde a los principios anteriores es el representativo, que rivaliza con el despotismo benévolo. Aunque un. despotismo moderado tenga algunas ventajas, la historia demuestra que los pueblos libres prosperan más que los sometidos al despotismo.
Y más importante aún, el despotismo exige al pueblo una actitud pasiva de obediencia, y no puede desarrollar las capacidades más nobles y creativas de todos los ciudadanos.

Por lo tanto, aunque el despotismo pueda ser una etapa necesaria para que el pueblo aprenda a obedecer . (gobiernos de caudillos militares o reyes), aprendida esta lección hay que avanzar hacia la participación que sólo es posible en un gobierno popular. . La democracia es el gobierno ideal por dos motivos: protege los derechos de los individuos y promueve su desarrollo moral e intelectual. Y en los Estados grandes, esta democracia sólo puede ser representativa, suponiendo siempre la madurez del pueblo que permita el autogobierno.
e) Más arduo es el tema de la representatividad en sí misma. Para Mill, el error habitual es considerar que los representantes del pueblo tienen que ser los que gobiernen el país (democracia clásica), pues no se comprende que la tarea ejecutiva, legislativa y judicial requiere personas especializadas y de experiencia, y no puede estar en manos del pueblo. Por eso, Mill propone el gobierno de los expertos.

En tanto, “el poder controlador último” queda en manos del pueblo, según fije la Constitución. El pueblo supervisa al gobierno por medio de sus diputados. Por tanto, los representantes no son gobierno, sino órganos de control popular y receptores de las quejas y demandas ciudadanas.

Como puede verse, se trata de una democracia muy limitada y siempre temerosa de los excesos populares, buscando un constante equilibrio entre el cuerpo representativo del pueblo y el cuerpo gobernante.
En síntesis: los expertos gobiernan y los representantes del pueblo supervisan. Mill insistió en la necesidad de capacitación para los problemas cada vez más complejos de las modernas sociedades libres.
Al mismo tiempo fue receloso de las democracias de las mayorías que pueden provocar crisis sociales (pobres contra ricos), anular a las minorías y provocar cierta mediocridad mental (temas similares en Tocqueville) en desmedro de los intelectuales y hombres cultos
Por eso propuso un voto especializado para los profesionales y otros grupos de preponderancia social (neo corporativismo). La idea de Mill era lograr equilibrio representativo entre pobres (la mayoría) y ricos (la minoría), para lo cual no le servía el voto igualitario de “un hombre-un voto”.
f) Mili consideró como su libro más maduro su ensayo Sobre la Libertad,sobre el punto central de que la etapa más plena de progreso civilizado era la democracia representativa, con las características limitadas que ya vimos.
Pero estuvo lejos de toda concepción utópica de la democracia, consciente de las tendencias retrógradas, de los peligros de reformismos radicalizados e idealistas y del dogmatismo político.
Si en las etapas anteriores eran básicas la obediencia y el trabajo, ahora lo es la libertad, una libertad que sólo es viable cuando la sociedad llega a ser más importante que el Estado.
Una libertad amenazada, sea por el Estado, sea por las mayorías, de modo que ahora lo fundamental es una libertad individual,que al mismo tiempo no impida al gobierno cumplir su objetivo de promover el progreso de la sociedad.
Para Mili, el único valor último es la felicidad de los individuos, sólo posible en una sociedad que promueva la libertad de los intereses individuales y del desarrollo de los talentos personales. La base, es por tanto, el individualismo o desarrollo individual, del que depende el progreso constante de la civilización.

La condición social para ello es la moderación,de tal modo que gobierno, grupos, cada individuo y pueblo se contengan de inmiscuirse en el pensamiento, expresión y acción de los otros. Este seria el principio básico de la libertad (después llamada libertad “negativa”),
Por cierto que no se trata de una “no intervención absoluta”, pues eso llevaría a la anarquía; se necesita cierto control social para impedir que cada uno haga daño a los demás.

Por lo demás, cada cual es soberano sobre sí mismo y sobre sus ideas (siempre en el contexto de una democracia madura, por lo que excluye Mill a niños y salvajes). La misma libertad se aplica a la expresión de las ideas, pues nadie es infalible para censurar a los otros.
Con la libertad absoluta de expresión, la sociedad tiene todo para ganar y nada que perder. Aún las. ideas consideradas por la mayoría como erróneas, deben ser permitidas en su expresión, provocándose así una discusión abierta y madura, 10 que supone evidentemente un público tolerante y maduro. Estas son las reglas del juego y la sociedad debe contener a los que no quieren aceptarlas o que pretenden dañar a otros con sus acciones.

 

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