Ideologías 2 Platón. Aristóteles. Sobre la esclavitud

1. PLATÓN (427-347 a.C.)

Su enseñanza política, que en gran medida es la de Sócrates, nos llega por medio de La República, El Político y Las Leyes.


a) “La República”  (Politeia)
 El diálogo de Sócrates con otros personajes, trama del libro, refleja una situación de decadencia de Atenas y la necesidad de reformas. El libro se centra sobre el concepto de justicia. El punto de partida es la fundación de una ciudad-estado en la que se puedan aplicar todos los elementos desde un comienzo.La fundación de la ciudad se realiza en tres etapas: la ciudad saludable o de los cerdos; la ciudad purificada, sana o del campamento armado, y la ciudad de la belleza gobernada por los filósofos.

Se parte de la idea de que la polis (ciudad-Estado) tiene sus orígenes en la necesidad humana: cada ser humano necesita muchas cosas y para eso se requiere la colaboración de otros seres humanos.
En la ciudad saludable que satisface las necesidades primarias y del cuerpo,  cada ciudadano hace un solo oficio (según sus cualidades naturales), de modo que cada uno aporta a los demás y recibe de ellos mediante el intercambio de productos, lo que supone la propiedad privada. Al trabajar para beneficio de los demás, cada uno trabaja también para beneficio propio. La ciudad saludable es una ciudad feliz, sin pobreza, sin coerción ni gobierno, porque hay armonía y justicia entre todos, cada uno cumple con su oficio y no se mete con nadie; tampoco necesita de guerras pues es feliz con lo que tiene y hace. Es una sociedad que aún no conoce el mal, por eso tampoco hay virtud, ya que todo se hace por impulso de la naturaleza.

La ciudad saludable comienza a decaer cuando se buscan cosas innecesarias, y así surge la ciudad febril o lujosa desde la codicia, lo que va imponiendo la necesidad de un gobierno y de una educación en la justicia.
También comienzan las guerras de anexión para ampliar las riquezas y el comercio.
Surge así el oficio de los guerreros, el más noble, porque necesitan de la bravura con los enemigos y de mansedumbre y desinterés con los compatriotas. Como ellos detentan el poder, se les da una educación cívica especial, sobre todo en la poesía y en la música para desarrollar la moderación y el amor a lo bello. Ellos son los guardianes de la polis y de entre esa élite deben salir los gobernantes. Por eso deben preocuparse por la polis  y amarla.

Una vez que la ciudad buena o sana está casi completa, hace falta definir qué es la justicia y la injusticia, y ver la relación entre justicia y felicidad.
Se establecen tres virtudes básicas, además de la justicia: sabiduría (filosofía), valor y moderación.
La sabiduría reside en los filósofos gobernantes, una pequeña minoría.El valor en los guerreros.
La moderación en todos los ciudadanos, pues es el acuerdo armónico para elegir a los gobernantes.
La justicia, por su parte, consiste en que cada uno haga lo que le corresponde. O sea, una ciudad es justa si sus tres componentes principales (los ricos, los guerreros y los filósofos gobernantes) hacen de la mejor manera su trabajo y sólo ese trabajo.
Pero la perfección de la justicia sólo puede hallarse en los filósofos que en total libertad se dedican íntegramente al servicio de la polis.
La polis justa exige que todo amor (a los padres, hijos, amigos, etc.) sea sacrificado al amor de lo común, de la polis, o sea, al patriotismo. Por eso se exige, al menos a las clases superiores, el más absoluto comunismo de bienes, mujeres e hijos, para que en todo prime el interés común de la polis.

Otro asunto es analizar cuál es el mejor régimen (politeia) para la Polis.
Platón llama a su libro Politeia (en latín, Respública), que indica la forma de gobierno para la ciudad-estado, lo que hace que una sociedad sea “esa polis”.Sócrates (en los diálogos platónicos) establece 5 tipos de régimen:
1.    Reinado o Aristocracia, gobierno del mejor o de los mejores, orientados por la bondad o la virtud. Es el régimen de la ciudad justa (corresponde a la raza de oro de la humanidad, según Hesíodo)
2.    Timocracia, gobierno de los guerreros, amantes del honor y del valor (raza de plata)
3.    Oligarquía, gobierno de los ricos, fundado en el valor de la riqueza (raza de bronce)
4.    Democracia, gobierno de los que aprecian por sobre todo la libertad (raza  divina de los héroes)5.    Tiranía, gobierno del hombre dominado por la injusticia (raza de hierro)

La Democracia
surge de una confrontación con los oligarcas, preocupados sólo por el dinero y por el uso indiscrimando de sus propiedades privadas. Su decadencia (derroche, bancarrotas, falta de virtud) trae el desprecio de los pobres y rudos. Estos, al tomar conciencia de su superioridad, se apoderan del gobierno y derrotan a los ricos, otorgando los derechos de la ciudadanía a todos.
La esencia de la democracia es la libertad, que incluye el derecho de decir y hacer lo que se quiere, siguiendo el modo de vida deseado y fomentando así la mayor variedad.
Pero, por la tendencia de la libertad al libertinaje y falta de controles, Sócrates (Platón) no le concede a la democracia el primer lugar sino el último, antes de la tiranía que es el desenfreno total en manos de uno solo. Esta subordinación de la democracia es el síntoma de un desacuerdo entre filosofía y pueblo.


b) “El Político”
 Este libro complementa al anterior en cuanto muestra que la polis ideal es imposible, pues ya no estamos en la edad del dios Cronos en que la providencia de los dioses se ocupaba de todo. Ahora, en la edad de Zeus, el mundo se mueve por sí mismo y los hombres deben cuidarse de sí mismos. Por eso, sin el apoyo divino, el mundo abunda en desorden e injusticia, por lo que lo fundamental es restablecer la justicia, pues el mejor régimen presentado en La República es imposible.
La dificultad radica en que quedan pocos sabios-filósofos y en que las leyes son harto imperfectas; pero, aunque imperfectas, son necesarias para el gobierno.
 De esta manera los actuales regímenes, imperfectos de por sí y con tendencia a excesos (monarquía en tiranía; aristocracia en oligarquía; democracia, de por sí muy imperfecta, en caos) necesitan de las leyes.
Por eso la democracia con leyes es inferior a la aristocracia con leyes y a la monarquía con ley; pero una democracia sin ley es preferible a una aristocracia  sin ley (oligarquía) y a una monarquía sin ley (tiranía). Por tanto, ambos libros nos revelan la limitación del ideal de la polis y la necesidad del imperio de la ley.Teniendo en cuenta la naturaleza humana, ahora hay que plantear la pregunta sobre el mejor sistema posible, tema que es abordado por “Las Leyes”.

c)  “Las Leyes “
 La obra de Platón más esencialmente política y en la que no interviene Sócrates, está también escrita en forma de diálogos (supuestamente realizados en Creta) con varios personajes (un ateniense, un espartano y un cretense, representantes de los típicos estilos de polis). En La República los regímenes espartano y cretense aparecen como modelo de Timocracia o gobierno de los guerreros, inferior al gobierno de los sabios pero superior a la democracia típica de la Atenas de Sócrates y Platón.
En Las Leyes, el ateniense intenta corregir la timocracia, acercándola al ideal (gobierno de los sabios).
 El sistema espartano y cretense es criticado porque no permite el suficiente placer (música y poesía) a los ciudadanos y transforma a la polis en un rebaño sólo preparado para la guerra. Hay que educar al ciudadano en la virtud, o sea, el dominio adecuado de los placeres y los dolores, la verdadera ley cívica. Por eso tampoco basta la sola sabiduría filosófica para gobernar, pues se necesita un sistema mixto que combine la sabiduría de la monarquía con la libertad de la democracia (o sea, Persia con Atenas).

La mezcla apropiada es, pues, sabiduría con libertad, sabiduría y consentimiento, el imperio de leyes justas decretadas por un legislador sabio y aplicadas por los mejores miembros de la polis y por el gobierno de la gente común. Si hacen falta leyes creadas por un legislador sabio, las leyes tienen que ser aplicadas por algún régimen concreto (monarquía, etc.).Las leyes no pueden ser aplicadas a base de castigos, como a esclavos, sino que tienen que ser explicadas con las debidas razones a cada grupo de ciudadanos para lograr la obediencia.

Este es el arte del legislador.La política sabia es una mezcla apropiada de coacción y persuasión, de autoridad y democracia, de sabiduría y consentimiento.La ley sabia supone honrar a los dioses, antepasados y padres, mostrando al mismo tiempo que la vida virtuosa es más agradable que la viciosa.
El comunismo queda descartado y se implanta la propiedad privada, pero no en forma absoluta, pues la tierra tiene por dueña sólo a la polis como tal, y es entregada en lotes a un propietario que la deja en herencia a sus hijos (un concepto similar tenían los hebreos).
Como la propiedad trae aparejada la desigualdad económica, se impone como ley que los ricos no puedan tener una renta mayor de cuatro veces que la de los pobres (en nuestros países los ricos tienen entre 40 y 60 veces mayor riqueza que los pobres).
Las tierras asignadas a cada ciudadano deben ser suficientes para que uno pueda servir a la polis en caso de guerra como caballero o como hoplita.

La Asamblea
es la parte ejecutiva del gobierno: cada duodécima parte de la asamblea gobernará durante un mes; está dividida en cuatro grupos de igual número, representantes de las cuatro clases propietarias.Todos los ciudadanos tienen el mismo derecho al voto, aunque el sistema tiende a favorecer a los ricos, buscando un punto medio entre monarquía y democracia, con privilegios hacia los ricos en el poder de la asamblea y en los cargos.
Pero no se favorece la riqueza en sí misma, ya que ningún mercader o artesano, por más rico que fuera, puede ser ciudadano, sino solamente quienes tengan tiempo libre para dedicarse a la práctica de la virtud cívica. Finalmente, Las Leyes se ocupa muy especialmente de la impiedad, cuya peor forma es la negación de la existencia de los dioses

Todo este conjunto de leyes es considerado perfectible, pudiéndose modificar con cautela y desde el consenso universal. La creación de un Consejo Nocturno, compuesto por los ciudadanos ancianos y jóvenes más selectos, tiene la finalidad justamente de preservar el fin último de toda acción política: la virtud, virtud en su sentido pleno (sabiduría, valor, goce, etc.). 

2.  ARISRÓTELES
 (384-322 a.C.)

Natural de Estagira, al norte de Grecia, relacionado por su familia con la casa real de Macedonia, estudió en Atenas como discípulo de Platón en la Academia. Después fundó su propia escuela, el Liceo, habiendo sido también posiblemente preceptor de Alejandro Magno.
Su pensamiento político, de gran gravitación posterior en Occidente, lo tenemos sobre todo en la Ética nicomaquea y en Política, su libro póstumo. Aristóteles plantea claramente que la política es la ciencia práctica por excelencia, que se elabora desde la opinión de la gente y no de principios teóricos inmutables, e íntimamente relacionada con la ética o ciencia del carácter y con la economía o administración, subordinadas a la ciencia política que es la ciencia organizadora (Ética a Nicómaco, I,1).

a)  Felicidad, virtud y caballerosidad

La Ética plantea claramente que “todo arte e investigación y, asimismo, toda acción y elección intencional tiende a algún fin” y ese fin supremo o ciencia maestra es la politiké o ciencia política, pues “dado que emplea las otras ciencias y dado que legisla sobre qué se debe hacer y evitar, su fin abarca todos los de las otras, y éste sería el bien humano”.
El bien de la polis o bien común es el fin más grande de todos.
El bien humano en general se identifica con la felicidad (eudaimonía) o bienestar, que tiene características propias en cada grupo humano.
Hay tres modos de vida al alcance de todos los hombres: la vida del placer (para la mayoría), la vida política (para una minoría selecta) y la vida filosófica (para los menos), modos de vida que no son excluyentes sino que deben tender a complementarse desde la filosofía.

La felicidad (o bien humano) sería la actividad del alma de acuerdo a la excelencia o virtud (areté), negando en principio que exista contradicción entre la virtud y el placer, pues la virtud produce naturalmente placer.
La felicidad supone ciertos dones materiales, amigos y poder político. familia e hijos, siendo más importante para la felicidad las relaciones humanas que las riquezas, pues el hombre es un animal esencialmente social o político. A la parte racional del alma corresponden las virtudes intelectuales, adquiridas por el habla o la enseñanza. A la parte no-racional (emociones y pasiones) corresponden las virtudes éticas, o sea, asociadas al carácter (ethos), y se consiguen por la práctica y la educación.Hace a la esencia de la ética que las acciones virtuosas sean realizadas por sí mismas y no por sus consecuencias o ventajas.

Por eso Aristóteles distingue entre el hombre simplemente bueno (agathós), virtuoso por los beneficios de los honores y riquezas, y el hombre “noble y bueno” (concepto similar a “caballerosidad”) que busca la virtud por sì misma.
Por eso afirma que “el político es el que elige realizar buenas acciones por sí mismas, aunque en su mayoría adoptan esta clase de vida por motivos de lucro y engrandecimiento personal”.Toda virtud se sintetiza en la “grandeza de alma” que es “la corona de las virtudes, las engrandece a todas y no puede existir sin ellas”.

b)  La justicia 

Si la grandeza de alma es la cima de la virtud del individuo, la justicia lo es de la polis. En su sentido más general, justicia es lo que produce y conserva la felicidad de la comunidad política, siendo similar al respeto a la ley, ordenada a conseguir el bien común y ejercida en la relación con otros hombres, de allí su perfección. En su sentido más preciso, la justicia es la disposición de dar o tomar sólo la parte equitativa o igual de las cosas buenas.
Por eso Aristóteles distingue entre varios tipos de justicia:
·       La distributiva de riquezas, honores y todo bien que pueda ser dividido entre los miembros de la comunidad. Justicia es dar parte igual a personas iguales, y parte desigual a personas desiguales. Depende de cada régimen político el criterio de desigualdad (por riqueza, por virtud, por linaje, etc.).
·       La correctiva que se aplica en forma igualitaria en los contratos y transacciones voluntarias, y en el castigo de los delitos.
·       La recíproca, una forma más primitiva de justicia, como se da en la venganza por daños recibidos y en el intercambio de bienes y favores. La justicia en su sentido más pleno sólo puede darse en una comunidad de hombres relativamente libres e iguales, cuyas acciones están reguladas por la ley. Es típica, pues, de la ciudad-estado o comunidad organizada.

Esta justicia política puede dividirse en lo que es justo por naturaleza (justicia natural o derecho natural) y lo que es justo por ley o convención humana, aunque Aristóteles no profundiza ni da ejemplos de actos de justicia por derecho natural.
Esta teoría será desarrollada por Santo Tomás de Aquino y tendrá gran influencia en la doctrina de la Iglesia y del pensamiento moderno. Para Aristóteles la justicia o ley natural habría que buscarla en los requerimientos más elementales de la polis, su régimen y observancia de leyes, aunque siempre relativos a cada comunidad.
La justicia, de principios generales, necesita por su parte de la equidad, que aplica la ley a cada caso particular, siendo similar a la prudencia.

c)  La “amistad”

Otro concepto fundamental es el de amistad (filía), concepto más amplio que el nuestro. Abarca no sólo la buena relación con los amigos sino el amor entre los esposos, el afecto de padres e hijos, y los sentimientos afines entre los ciudadanos de la misma ciudad y aún con extranjeros.Es lo que “mantiene unidas ciudades enteras… pues cuando los hombres son amigos no necesitan de la justicia; pero cuando son justos, necesitan de la amistad”.
En la política la filía mitiga el apego de los hombres a sus intereses particulares y subraya la necesidad de compartir con otros los bienes externos, según un proverbio griego: “las cosas de los amigos son comunes”. La amistad es el fundamento de toda comunidad de intereses y de toda asociación humana.Su forma más perfecta es la relación de hombres buenos basada en la virtud, cuando el propio bien e interés se identifica con el de los amigos.

d) La prudencia  y   la ciencia política del estadista

La prudencia o sabiduría práctica (frónesis) es la virtud propia de la porción calculadora de la parte racional del alma, lo que no debe confundirse con la simple astucia o viveza. Su objetivo no es conseguir el propio interés, sino buscar medios apropiados para alcanzar los fines de las virtudes morales o éticas, adaptando los principios generales a cada caso particular. Es fundamental, por tanto, la relación entre prudencia y praxis política del estadista, pues la experiencia política es una forma de prudencia.
Por tanto, el estadista combina la virtud ética con la inteligencia práctica, la experiencia con el conocimiento de las características de su ciudad o pueblo.

La prudencia política tiene dos variables: la legislativa y la práctica, que puede ser deliberativa o judicial.
De las leyes y del mejor régimen de gobierno depende la conservación de la polis.En el campo de la deliberación política, se incluyen ingresos y egresos, guerra y paz, defensa del territorio, importación y exportación.Este sentido práctico del estadista, aleja a Aristóteles del punto de vista ideal de su maestro Platón.

e) La Polis y el hombre

El libro de la Politica comienza con este significativo párrafo:“Dado que vemos que cada polis es una especie de asociación, y que toda asociación está constituida para obtener algún bien (pues cada uno hace cualquier cosa por lo que considera bueno), es claro que todas las asociaciones tienden a algún bien; y que la asociación más autorizada de todas y que abarca a todas las demás, lo hace particularmente y tiende al bien más autorizado de todos.Esto es lo que se llama la polis o la asociación política”.
La polis es una especie de comunidad (koinonía) , o sea, grupo de personas que comparten cosas en común. La polis (el Estado) es la óptima asociación, y no el simple instrumento de los intereses particulares de los individuos o grupos. No hay distinción entre sociedad y estado, sino que el estado es la mejor forma de sociedad, pues la polis está interesada en el bien común humano.

En esto Aristóteles se diferencia de la concepción moderna que distingue claramente entre sociedad civil y estado. El estado (la polis) difiere esencialmente de todo otro tipo inferior de sociedad (familia, relación de amos y esclavos, tribu).La polis también se distingue de los reinos comunes (como el de Persia) pues es o tiende a ser una asociación de seres humanos libres e iguales, caracterizados por un alto grado de especialización económica, elemento este de diferenciación. Es la combinación de la libertad política y las artes.
Por eso también Aristóteles critica el comunismo de Sócrates y Platón, que no es propio de una polis. Abolir el matrimonio y la propiedad es algo tan imposible como indeseable. Abolir la familia es destruir los vínculos básicos de la amistad, y abolir la propiedad privada es destruir el lícito placer de poseer y de compartir lo propio con otros (generosidad).
La unidad de la polis no se logra por el comunismo sino por la educación, combinando hábitos, filosofía y leyes.

Pero, al mismo tiempo, Aristóteles conserva e insiste en la idea de que el bien común de la polis es más importante que el bien de los individuos, aunque, en sentido estricto, no hay distinción entre sociedad civil y Estado. Por lo tanto, el bien del Estado es, al mismo tiempo, bien del sujeto individual; una idea bastante común en la antigüedad y extraña para la mentalidad moderna.
 Mientras que la familia atiende a la vida cotidiana, la unión de varias familias forma la aldea, que busca otras necesidades no cotidianas.

La polis (unión de varias aldeas), finalmente, es la asociación perfecta y completa porque consigue la autosuficiencia y logra el objetivo, no sólo de vivir sino de “vivir bien”:
“ La comunidad compuesta por varios pueblos o aldeas es la Polis (ciudad-estado). Ella ha conseguido al fin el límite de la autosuficiencia virtualmente completa, pues habiendo comenzado a existir simplemente para proveer la vida, existe actualmente para atender a una vida buena…
Es, pues, al igual que la familia, una asociación natural, pues el hombre es por esencia un animal político o social (zoon politikón), aunque la familia es “anterior y más necesaria que la ciudad, y la cría de hijos más común entre los animales”.

El hombre es un animal político porque los seres humanos (como los animales) “se esfuerzan por vivir juntos aún cuando no tengan necesidad de ayuda mutua”, pero superior a los animales porque posee razón o discurso (logos) que le permite distinguir entre lo justo e injusto, lo ventajoso y lo nocivo.
Por tanto, en la polis no sólo se comparten bienes externos, sino también un modo de vida bueno y justo, racional y ético. Aristóteles se opone al concepto, que será retomado por la modernidad, del origen social por medio de una alianza, pacto o contrato, que él considera propio de sofistas.
Por tanto, sólo en la polis el hombre logra su plena felicidad, interpretada como vida de acuerdo con la virtud, y allí potencia totalmente su máximo desarrollo; por eso es una sociedad natural. Esto no impide que la polis sea fundada por individuos particulares aún con resistencia de otros seres humanos que se oponen a la polis y a sus propósitos.

El hombre, que puede ser el peor animal si se separa de la ley, es el mejor cuando vive de acuerdo a la ley en la polis, y sólo en la polis puede hacerlo. Aristóteles, alejado de todo idealismo y visión ingenua de la vida humana, tiene plena conciencia del mal y de la capacidad humana para transgredir la ley, por lo que exige la necesidad de una fuerza legal en contra de los transgresores.Por eso se opone a una opinión de los sofistas de la época que consideraban a la polis como contraria a la naturaleza y apoyada en la pura fuerza, debido a la existencia de la esclavitud (sobre el problema de la esclavitud, ver el punto 5)

f)  La ciudadanía  y  el régimen  político

Aristóteles establece la cuestión de la ciudadanía como medio de entender la relación entre la polis y el régimen. La identidad de la polis se deriva de los “ciudadanos”, pero no queda muy claro lo que define a un ciudadano (polites).En forma genérica es quien comparte la toma de decisiones o el gobierno, sea porque puede votar en la asamblea (ekklesía) y en los jurados o es elegido para ocupar un cargo. Será el tipo de régimen el que determine quién en concreto tiene ese derecho. Lo típico de la ciudadanía es que puede gobernar y es gobernada a su vez.En cambio la prudencia es la “virtud peculiar del gobernante”, lo que supone cierta preparación.

Por su parte, “el régimen es una disposición de una polis con respecto a sus cargos, particularmente el que tiene autoridad sobre todas las cosas. Pues, lo que tiene autoridad en la polis es, en todas partes, el cuerpo gobernante (politeuma), y el cuerpo gobernante es el régimen”.
El régimen (en cuanto institución) refleja las relaciones de autoridad y subordinación entre los diversos grupos de la polis. Todo régimen puede reducirse: a una persona, a pocas o a muchas. Su objetivo puede ser el bien común o el interés privado del gobernante (forma impura o corrupta).

Así surgen 6 tipos:
·       La monarquía que se corrompe en la tiranía.
·       La aristocracia (gobierno de los mejores y de los que buscan lo mejor para la polis) que se corrompe en oligarquía.
·       La democracia (gobierno de los ciudadanos) que se corrompe en la demagogia.

Pero hay una diferencia esencial más importante que los números (uno, pocos, muchos). Es la situación económico-social de los ciudadanos.
La diferencia fundamental entre oligarquía y democracia es la riqueza o su ausencia. La oligarquía es el gobierno de los ricos, que suelen ser pocos, y la democracia es el de los pobres, que suelen ser la mayoría.
Oligarcas y demócratas están de acuerdo en la justicia distributiva (dar partes iguales a los que son iguales) pero difieren en lo que constituye la igualdad de las personas.
Los oligarcas creen que la desigualdad en riqueza justifica una desigualdad de derechos (trato desigual), mientras que los demócratas sostienen que la igualdad en la libertad requiere trato igual en todos los otros aspectos.
La igualdad de los ciudadanos no estriba sólo en la libertad sino también en la responsabilidad por defender a la polis de los enemigos, con todos los riesgos que ello implica. Por lo tanto, implica el derecho de llevar armas.

La mejor forma de juzgar las pretensiones de ciudadanía es la contribución de cada uno al objetivo de la polis. La dificultad está en que los ricos consideran que su contribución es mayor que la de los otros grupos. Es difícil decir si lo que más contribuye a la felicidad de la polis es la virtud, la riqueza o el valor militar, pero pareciera que en igualdad de condiciones la democracia tiene la ventaja de sumar mayor virtud, riqueza y valor que si se da sólo en unos pocos.
En todo caso, cualquier régimen supone una cuota de moderación.
Por eso, paradojalmente, Aristóteles promueve la idea del ostracismo de quien se destaque excesivamente sobre los demás, pues debería ser un “rey permanente”.

Esto lleva al tema fundamental de la monarquía. La gran pregunta es si es más ventajoso ser gobernados por el hombre mejor o por las leyes mejores. Aunque las leyes sean imperfectas, es preferible su imperio porque está libre de pasiones. El hombre mejor, aunque virtuoso y libre de pasión, puede ser pervertido, pues “la pasión (thymos) pervierte a los gobernantes y a los hombres mejores”.Por eso la aristocracia, o gobierno de los mejores o virtuosos, pareciera el mejor régimen, aunque la monarquía se adapta mejor a los primeros tiempos de la polis.

g)  Las variedades de los regímenes

Según Aristóteles, se debe buscar no sólo el mejor régimen, sino el que mejor se adapta para cada tipo de polis, de modo que sea un régimen alcanzable, y no solamente el mejor dentro de una utopía.También nos recuerda que dentro de cada polis existen diversas partes (clases sociales) que pujan por la hegemonía, especialmente los muchos del pueblo y los pocos ricos, o sea, democracia y oligarquía. En algunas polis también hay un elemento medio (clase media).Por otra parte, pobres o ricos no conforman un grupo homogéneo de por sí, pues dentro del pueblo se puede diferenciar a los granjeros, artesanos y operarios, sucediendo el mismo fenómeno entre los ricos y caballeros.

Todo lo cual conforma subtipos especiales de regímenes, como el “gobierno de los poderosos” (dynasteia) con un número pequeño de familias ricas, o la diferenciación entre el pueblo de campesinos y operarios urbanos. Por eso una democracia moderada puede asemejarse más a una oligarquía moderada que a una democracia radical.
Cuando se toman en cuenta los subtipos, vemos toda la gama de regímenes posibles en un continuum, de modo que no hay diferencias tan fuertes entre un sistema y otro sino fronteras de aproximación.

Aristóteles es, por tanto,  el verdadero originador del sistema mixto que tendrá muchos seguidores a lo largo de la historia.
El régimen mixto más que un tipo de régimen es una estrategia política que busca paliar el conflicto entre ricos y pobres. Esta “constitución política” que es una mezcla de democracia y oligarquía tiene ese objetivo, como también el reforzamiento de la virtud cívica, de modo que el poder sea compartido por los caballeros con los ricos y el pueblo.Por su parte, la oligarquía debe tender a asemejarse a una aristocracia o gobierno de los caballeros.Gracias a esta mezcla, el gobierno adquiere el consenso de la mayoría de la población y de cada grupo de la polis.

Desde el punto de vista moderno, es interesante el papel que Aristóteles le otorga a la clase media (elemento mediano), como mediador entre ricos y pobres. Este grupo medio es como un puente social entre los grupos antagónicos y ejerce mayor influencia que el propio sistema constitucional de cara a la unidad de la polis.
De allí el elogio que Aristóteles hace del elemento medio y de su potencial papel político.
La gente de clase media tiende también a una moderación política entre los extremismos, pues “los ricos tienden a volverse arrogantes y bajos en gran escala, y los pobres, maliciosos y bajos en forma mezquina; y unos y otros cometen actos de injusticia, por arrogancia o malicia”.
Mientras que la gente media tiene una inclinación armónica para ser gobierno o ser gobernados, los ricos nunca se acostumbran a ser gobernados, en tanto que los pobres tienden a ser demasiado humildes y sumisos.
Por tanto, “lo que surge, entonces, no es una ciudad de personas libres sino de amos y esclavos, consumidos los unos por el desprecio y los otros por la envidia. Nada más lejos de la amistad y de la asociación política”.El elemento medio evita los excesos oligárquicos y la tendencia popular a la tiranía, y permite un régimen más estable y duradero.

Aristóteles admite, sin embargo, que la clase media es aún poco numerosa y no pudo evitar los gravcs conflictos entre ricos y pobres.

Otro tema importante es averiguar las causas del conflicto de clases (stasis) y el cambio político o revolución (metabolé).Con su marcado realismo, Aristóteles aconseja conservar el régimen existente, ser flexibles y buscar el camino de la reforma. En caso de tiranía. aconseja primero el camino del convencimiento al tirano para evitar los males de un cambio revolucionario.
Curiosamente, también el filósofo alude a la importancia de los factores posicológicos en los estadistas y en la élite aristocrática, como la ira, la arrogancia, el miedo, el desprecio y la pasión del honor.

Sintetizando y teniendo en cuenta otros aportes de la Política, cuando Aristóteles se inclina por cierta forma de aristocracia, entiende un cuerpo gubernamental dedicado públicamente a buscar la virtud, de allí la importancia de la educación en ella.
En este sentido, su libro pretende ser una guía educativa para los aristócratas con tiempo libre. Aunque tiene a la vista el mejor ejemplo de polis de Esparta y Cartago, Aristóteles se preocupa por el afán de riquezas de sus clases gobernantes. En Esparta las riquezas son codiciadas en secreto (dado el estilo austero de los espartanos), mientras que en Cartago, ciudad netamente comercial, la riqueza es vista como un valor casi supremo y condición necesaria para ocupar un cargo.
Por eso insiste que “donde la virtud no es honrada por encima de todas las cosas, no puede haber un régimen ciertamente aristocrático”. Aristóteles propicia un estilo de vida intermedio entre la austeridad espartana y la codicia cartaginesa, pues no es mérito la pobreza, y es recomendable el dinero y el comercio.Por eso lo deseable es una riqueza moderada , el fomento de la generosidad y cierto uso común de bienes.

Respecto al tamaño de las ciudades, se inclina por la ciudad pequeña porque es más fácil de ser gobernada y porque la gente se conoce mejor entre sí y puede elegir a los más aptos para un cargo. La polis tiene que tener aquella dimensión que le permita la autosuficiencia y un sistema cómodo de supervisión.
La ciudad pequeña puede igualmente defenderse bien en caso de guerra mediante cuatro estrategias: mejor preparación de las tropas en valor y habilidad, fortificaciones, potencia naval ofensiva y alianzas.

3.  Ideología de la esclavitud 

Aunque la esclavitud existió en toda la sociedad antigua, aún en la hebrea, es en Grecia donde ocupa un lugar específico dentro de la filosofía política, particularmente en Aristóteles, cuyo realismo y conservadurismo se expresa también en la aceptación de una drástica división de clases: libres y esclavos.

Para Aristóteles, tanto la relación varón-mujer, padre-hijo como amo-esclavo están definidas por la naturaleza y no por simple convención social, siendo siempre el primer elemento el superior.
Contra varios sofistas, sostiene que la esclavitud es indispensable para realizar los trabajos necesarios que permitan al hombre libre ocupar su tiempo en funciones superiores (filosofía y política)

Por tanto, defiende la división del trabajo de su época y el modo de producción esclavista, como medios para que el ciudadano libre se dedique a las actividades políticas e intelectuales, teniendo cubiertas sus necesidades primarias por los esclavos.
Aristóteles sostiene, no sólo la existencia de esclavos como frutos de las conquistas ocasionales, sino una desigualdad natural entre hombres libres y hombres esclavos, incapaces éstos de alcanzar la vida superior. El esclavo es un “instrumento animado” al servicio del hombre libre. Entre ambos hay una diferencia radical, lo que no impide que pueda existir una relación de amistad y un trato filantrópico.

El tema de la esclavitud es tratado especialmente en la Política. Así afirma, por ejemplo:
“ El que siendo hombre no se pertenece a sí mismo, sino que es un hombre de otro, ése es, por naturaleza, un esclavo. Y es hombre de otro, el que siendo hombre, es una posesión, y una posesión como instrumento activo y distinto” ( I, 3)“Al referirnos al hombre y los demás animales sucede lo mismo (se alude a la superioridad del alma sobre el cuerpo): los animales domesticables son mejores que los salvajes… También en la relación varón-mujer, por naturaleza el uno es superior y la otra, inferior. Por tanto, uno domina y la otra es dominada. Del mismo modo es necesario que suceda entre los humanos… Aquellos cuyo trabajo consiste en el uso de su cuerpo -y esto es lo mejor para ellos- ésos son, por naturaleza, esclavos, para los que es mejor estar sometidos al poder de otros.
Así que es esclavo por naturaleza el que puede depender de otro, y por eso es de otro, y él participa de la razón en tal grado como para reconocerla, pero no para poseerla… Está claro que, por naturaleza, unos son libres y otros esclavos. Y que a éstos les conviene la esclavitud, y es justa”  (I, 3).

Por tanto, el esclavo es un ser “racional no pleno”, pues puede reconocer la racionalidad pero no poseerla ni ejercerla.
 Por tanto, lo que caracteriza a la civilización griega, como a la romana, es una gran cultura de tipo urbano realizada por hombres libres, acompañada por una producción de tipo rural fundamentalmente (cereales, aceite, vino) en manos de esclavos, mientras que las manufacturas podían ser realizadas por artesanos más o menos libres o directamente también por esclavos, como en Roma.

El modo de producción esclavista
fue el gran invento grecorromano, no en su existencia como tal, sino en su justificación jurídica y filosófica. Los esclavos no fueron empleados sólo ocasionalmente para trabajos forzados (como en los grandes imperios de Mesopotamia y Egipto) sino como productores permanentes y esenciales de la economía, ocupados masivamente en la producción agraria (minifundios en Grecia y latifundios en Roma), constituyendo una verdadera clase social que se prolongaba en los hijos de los esclavos y en los nuevos esclavos, frutos de las constantes conquistas.
De esta forma, con el tiempo toda la economía fue pasando a sus manos, aún la artesanal y propiamente doméstica, de modo que el número de esclavos llegó a ser superior al de los libres (en Grecia en una proporción de 3 esclavos por dos hombres libres, de 80 a 100 mil esclavos por 30 o 40  mil habitantes; en Roma la proporción fue inmensamente mayor debido a los grandes latifundios de hasta 50 o 100 mil hectáreas, en los que trabajaban hasta 25 o 30 mil esclavos de un terrateniente rico). Este sistema es lo que caracteriza a la polis griega y a la república romana: la necesidad de esclavos para que sobresalgan los hombres libres, una pequeña minoría dominada a su vez por la clase dirigente rica y noble, dedicados a la guerra, la política, al comercio y al arte.

Libertad y esclavitud se oponen y complementan al mismo tiempo, siendo la una necesaria para la otra.De esta forma, el milagro del gran desarrollo cultural y económico de Grecia y Roma fue, en definitiva, el fruto del trabajo de los esclavos.En el caso romano, llegó un momento en que aun la dirección de los latifundios quedó en manos de esclavos de mayor capacidad, como también la dirección de la vida doméstica y la administrativa del comercio.

Así la esclavitud entra por largos siglos en la vida de Occidente, continuada por esclavos y siervos en la Edad Media, y retomada por los países colonialistas con indígenas americanos y los esclavos negros en la Edad Moderna, llegando hasta fines del siglo pasado.
La Iglesia aceptó esta situación, ya desde los escritos de Pablo, y apeló a ellos incluso en sus fincas y latifundios episcopales o abaciales del medioevo.

El Antiguo Testamento
distingue entre los esclavos hebreos que al séptimo año deben quedar libres (Deut. 15,12-18) y los esclavos de las otras naciones que son “propiedad de ustedes y los podrán dejar en herencia a sus hijos para siempre” (Lev. 25,44-55), aceptando por tanto como normal la esclavitud sobre pueblos sometidos.
Jesús no alude explícitamente a los esclavos (casi inexistentes en la Palestina de su época) pero implícitamente se refiere a ellos en las bienaventuranzas, incluidos entre los pobres, los que lloran y sufren, y destinatarios de la liberación del Reino de Dios.

El Nuevo Testamento
no hace innovaciones a favor de la libertad de los esclavos. Así Pablo en su primera carta a los Corintios (7,21-23) sostiene que “cada uno permanezca ante Dios en el estado en que ha sido llamado”, introduciendo una peligrosa teoría que tan bien será utilizada por los esclavistas cristianos de los siglos sucesivos. Pablo alude a que Dios coloca a cada uno en una posición, de libre o de esclavo, pero que lo importante es ser libres en el Señor mediante la fe y el bautismo, “pues el que recibió la llamada del Señor siendo esclavo, es un liberto del Señor” (Los esclavistas cristianos de los siglos XVI y siguientes tranquilizarán sus conciencias bautizando a negros e indios y enseñándoles el catecismo).

Los discípulos de Pablo de comienzos y mediados del siglo II mantienen el statu quo de la esclavitud, exigiendo en consecuencia que “los esclavos obedezcan a sus amos con respeto y temor, con sencillez de corazón, no solo cuando son vistos… sino de buena gana, obedeciendo como a Cristo… para cumplir la voluntad de Dios”. Así lo afirma la  Carta a los Efesios 6,5-8.
Similares conceptos pueden verse en Colosenses 3,22-23, que apela a la herencia celestial de los esclavos obedientes, pues “para Dios no hay acepción de personas” y juzga a todos por igual. La misma obediencia completa se exige en Tito 2,9-10, 1Timoteo 6,1-2 y en la primera Carta de Pedro 2,18-21 que pone como ejemplo de los sufrimientos de los esclavos los sufrimientos que injustamente padeció Jesús.
Pero estos mismos escritos intentan paliar la dureza de la esclavitud con un trato más suave: “Amos, obren sin hacer amenazas, teniendo presente que está en los cielos el amo de ustedes y de ellos, y que en él no hay acepción de personas” (Efesios 6,9); “Amos, den a sus esclavos lo que es justo y equitativo, pues también ustedes tienen un amo en los cielos” (Colosenses 4,1).

Todos estos textos aluden, pues, a la ideología dominante de que el orden político y social existente   responde a un orden que Dios impuso en el mundo. Una doctrina que perdurará hasta finales de la Edad Media y que también intentará justificar el absolutismo monárquico de los siglos de la modernidad y la estricta división entre reyes, clero y nobleza que exigen obediencia al resto de la sociedad, pues “así Dios quiere las cosas”.
Se trata de una teología acomodaticia y conservadora que será definida por Marx como opio de los pueblos.Lo cierto es que la esclavitud era una situación social tan internalizada en la sociedad antigua que aún  los mejores pensadores y hombres de espíritu no lograron medir ni denunciar su intrínseca perversidad, pese a sostener que “para Dios no hay acepción ni diferencias de personas”. Todo un monumento a la incoherencia, pues si para Dios todos los hombres son iguales, no se ve por qué en su nombre se deban hacer diferencias.

Para los romanos
, el esclavo era un instrumentum vocale, o sea, un instrumento o herramienta que habla, algo superior al animal, instrumentum semivocale y muy por encima de los aperos, instrumentum mutum. Como tal, era vendido y comprado dentro de las leyes del mercado, más caros o más baratos según la cantidad disponible y la demanda.

El método esclavista
, en su mejor momento, significó un gran aumento de la producción, pero al mismo tiempo un general estancamiento de las técnicas o inventos para mejorarla, y la incapacidad de los hombres libres para cultivar la tierra o producir diversos artículos. Cuando vino la crisis de esclavos en el bajo imperio romano, esto traería tremendas consecuencias para la producción.

Todo lo cual implicó una depreciación del valor del trabajo en sí, el trabajo manual artesanal o agrícola, considerado como algo inferior, propio de animales y esclavos. Por eso el mismo Platón pensaba que  “el trabajo es algo ajeno a los valores humanos y en algunos aspectos incluso parece ser la antítesis de lo que es esencial al hombre” (Vernant, Mito y pensamiento de los griegos, 1965).

Y si todo descansaba sobre el trabajo de los esclavos, entonces la guerra de conquista era el instrumento para conseguirlos: primero, desde los pequeños imperios de Esparta (los esclavos eran los ilotas) y Atenas (con su imperio naval y colonial), después desde Alejandro y finalmente, desde el imperio romano que llevó la producción esclavista hasta sus últimas consecuencias, especialmente en Occidente (Italia, Galia y España). 

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