Ideologias 1 Pensadores antiguos: Déutero Isaías. Zarathustra, Confucio, Buda, Pitágoras, Parménides, Heráclito. Gnosis, Estoicismo, Ideología de la Polis griega

ES MUY CONVENIENTE QUE EL LECTOR  lea primero la INTRODUCCIÓN GENERAL  de nuestro libro “Ideologías, Historia y Cultura de Occidente” tal como aparece en Historia Cultural 1.

Este apartado desarrolla  en forma breve la ideología de los pensadores de esa época antigua, para detenerse después especialmente en el pensamiento griego.

PENSADORES ANTIGUOS

1. El déutero Isaías (y su discípulo el tercer Isaías) renueva el pensamiento judío abriéndolo a un monoteísmo absoluto de tipo universalista que tendrá gran incidencia en los evangelios sinópticos y en la iglesia cristiana. Este universalismo también se manifiesta en los nueve primeros capítulos del Génesis, redactados en esta época.
Al mismo tiempo el déutero Isaías valoriza los sufrimientos del pueblo como forma de liberación interior y salvación, creando la figura del “siervo sufriente” (el pueblo oprimido) de Yavé, que será personalizado siglos después por los escritores del Nuevo Testamento en Jesús, cuyos tormentos y muerte liberan a la humanidad de sus pecados.

Bajo el seudónimo de Isaías -el gran profeta cortesano del reino de Judá- se pronostica una nueva era mesiánica de paz universal bajo el dominio de Dios Liberador en un nuevo reino, ya presagiado por Ciro, a quien se considera como el enviado o ungido del Señor (“ungido”, o sea, mesías).


2. Zarathustra (o Zoroastro), profeta iranio, influye en los reyes y cultura persas, y después en los judíos que están bajo su dominio, con una doctrina espiritualista que concibe el mundo como un campo de batalla entre el bien (la luz) y el mal (las tinieblas) en una esquema dualista que acentúa el valor del espíritu y obliga al ser humano a luchar a favor del bien o Dios bueno.
Con su doctrina de la inmortalidad del alma y división del mundo en espíritus buenos y malos, se crea una nueva concepción del universo donde los espíritus buenos (ángeles) luchan contra los malos (demonios) hasta un desenlace final que hará merecedores a los hombres aliados con la luz de la inmortalidad o de la resurrección del cuerpo, como pensarán los hebreos, más inclinados a ver al ser humano como una unidad sicosomática. Nace, pues, la angelología y demonología, tan importantes en el judaísmo tardío y en el posterior cristianismo hasta nuestros días, con sus correlatos de cielo e infierno.

La doctrina de Zarathustra se prolonga en la religión del Mazdeísmo, cuyos sacerdotes adoradores del fuego eran también astrólogos. Su libro fundamental atribuído por todos los expertos a Zarathustra era el Gatha. Un elemento importante de esta religión es la promesa de varios salvadores hasta el último que traerá el juicio final y la resurrección de los cuerpos.
Estos elementos, más la firme creencia en Satán, tendrán gran influencia en el judaísmo y en el cristianismo.
Grupos mazdeos aún persisten en Irán, mientras Zarathustra se hizo famoso en Occidente por el libro omónimo de Nietsche.

3. Sobre esta base, el movimiento apocalíptico (desde el siglo III) se extiende ampliamente entre los judíos y se agudiza en las futuras persecuciones de los Antíocos helenistas, desarrollándose la particular doctrina de un fin del mundo cercano por una intervención de Dios que destruiría a los imperios opresores e instalaría su soberanía o Reino en una era de paz y felicidad para los hombres justos (con descripciones simbólicas de no fácil interpretación).
Representantes de este pensamiento son el libro canónico de  Daniel y numerosos libros extracanónicos, continuándose después en los apocalípticos cristianos (Apocalipsis de Juan y otros no canónicos).
Este pensamiento apocalíptico y también mesiánico (Dios intevendría por medio de un descendiente de David “ungido” como rey) se prolongará hasta muy avanzada la predicación cristiana de los primeros siglos, pues en este contexto nace Jesús y desarrolla su actividad (ver el módulo 2).

4. El apocaliptismo coincide con el Gnosticismo, que con ideas de Zarathustra y el platonismo, influye en el mundo oriental, judaísmo y posterior cristianismo con una doctrina salvacionista anunciada por un revelador divino, con claro dualismo entre el espíritu y la materia, proclamando la maldad radical del cuerpo humano y la supremacía del alma que debe escapar de este mundo para acceder a la revelación de la luz (En el gnosticismo cristiano, el revelador será Jesucristo, cuya corporalidad generalmente se niega).

El gnosticismo, renovado por el maniqueísmo del siglo III d.C. tendrá gran influencia en la ascética y en la moral cristiana hasta nuestros días, con la oposición al cuerpo y a la vida sexual, y una clara supremacía del alma y de los valores del espíritu, y en consecuencia, del reino espiritual sobre el reino temporal o político. En consecuencia, todas las realidades “humanas” (poder político, poder eclesiástico y aspectos visibles de la Iglesia, vida matrimonial y sexual) quedan disminuidas y casi anuladas en su valor y subordinadas al espíritu o verdad (gnosis) y a quienes crean poseerlos (Ver también Gnosis y Maniqueísmo en el Módulo 2, 2.c)


5. Confucio (Kong Fou Tseu, 551-479) realiza una tarea de reforma ética y política en China (desentendiéndose de los aspectos religiosos), estableciendo bases sólidas de vida para el Estado y la sociedad, prácticamente hasta el advenimiento del comunismo de Mao hacia fines de la segunda guerra mundial. En Japón adoptó formas especiales, al igual que en Indochina.

Los principios esenciales de su doctrina son:
Primero: la sociedad se ordena a partir de la familia, y ésta se organiza alrededor del padre. El príncipe debe ser modelo de amor paternal hacia todos sus súbditos.
Segundo: lo esencial en el hombre es su capacidad moral y el cultivo y dominio de sí mismo en la integridad y en el amor.Tercero: El buen gobierno no se hace por la fuerza, sino desde la virtud y por la fuerza de la ley y de las buenas costumbres que nacen del corazón.

6.   
Siddarta Gautama, por su parte, es reconocido en la India como el iluminado que se “despertó” a la verdadera vida, o sea, como Buda, el despierto. Su doctrina-religión de la eliminación del sufrimiento mediante la búsqueda de la “iluminación” interior y de la anulación del deseo es un camino intermedio entre la dura ascesis y el apego a los sentidos. Como todo es dolor en la vida, producto del deseo insaciable del hombre, dominar el deseo es el principio de la felicidad y de la iluminación. Por tanto, toda la vida consiste en una “liberación” del dolor.

Buda expresó su doctrina en las cuatro verdades; primera, la universalidad del sufrimiento; segunda, el origen del sufrimiento que es el deseo ávido y apasionado; tercera, la victoria sobre el sufrimiento suprimiéndose el deseo para liberarse del “karma” (la condición humana con sus deseos). Cuarta, los medios para suprimir el deseo y llegar finalmente al Nirvana, medios que constituyen los ocho caminos, sintetizados en sabiduría, conducta moral y disciplina mental que han de practicarse simultáneamente.
Al igual que Pitágoras, cree que la muerte no es un final sino el comienzo de una transformación y de constantes renacimientos hasta lograrse la total purificación del hombre y su divinización.

El budismo que nace en la India, se extiende sobre todo por China, Japón, Birmania y países vecinos, llegando vigoroso hasta nuestros días con su mensaje de tolerancia, ecuanimidad y vida interior. Algunas de sus variables, como el Zen (meditación profunda que lleva al despertar, con el “kendo” o artes marciales y el “sado” o ceremonia del te) ejercen hoy atracción aún en Occidente, debido a su doctrina de la integración de los opuestos (yan y yin) y búsqueda de la armonía, al igual que el Taoísmo de Lao Tse (anterior a Buda).

El Taoísmo exhora a la unidad espiritual, a la armonía de lo visible (dominio del cuerpo, respiración) e invisible y a una óptima relación con la naturaleza. 

7. Pitágoras (entre el 580 y el 500), por su parte, busca el conocimiento de la armonía y del orden del mundo sirviéndose de las matemáticas y ciencias afines, del simbolismo numérico y de la doctrina de la transmigración de las almas.
Se supone que pudo haber conocido a Zarathustra.

Pitágoras forma parte de la llamada filosofía presocrática, fundada por la escuela de Mileto (Asia Menor) desde fines del siglo VII antes de Cristo, preocupada por la naturaleza de la cosa física o naturaleza.
El fundador de esta escuela es Tales, seguido por sus discípulos Anaximandro y Anaxímenes, todos de Mileto, quienes buscan el último fundamento del cosmos y de la vida, sea el agua, el aire, la tierra o el fuego.

Los pitagóricos, que después se extendieron a Grecia, constituían una secta sometidos a una gran cantidad de ritos y normas (no comer carne, por ejemplo), dedicados a una vida contemplativa con el objetivo de liberarse del cuerpo y de sus ataduras (dualismo).
Para ello apelaban al endiosamiento (“entusiasmo”) del alma, en conexión con los ritos iniciáticos órficos. El hombre así va superando las necesidades del cuerpo y llega a la perfecta sabiduría (“filosofía”) que también es la perfecta forma de ser ciudadano. Los pitagóricos también crearon una complicada teoría matemática, relacionada con los símbolos de los números, la música y los sistemas planetarios.

El pitagorismo es el primer ejemplo de una filosofía occidental entendida como un modo de vida, con sus elementos de ascesis y contemplación, cuyo fin es la liberación del hombre, un hombre autosuficiente que se basta a sí mismo y que se trasciende en la transmigración de las almas (“metempsicosis”) y en la inmortalidad.
El neopitagorismo influirá en el cristianismo hacia el siglo III.


8. Por el mismo período aparecen dos escuelas de gran importancia para la filosofía “del ser” o metafísica, la escuela eleática (en Eleas) de Parménides y la de Heráclito de Efeso.
Con Parménides (y su discípulo Zenón) nace la metafísica o filosofía del ser, ente o existente, pero acentuando el carácter estático e inmóvil del mismo. El ser existe y consiste en algo. Es único y carece de todo movimiento, pues el que existe ante los sentidos, es solo aparente. Se trata, pues, de una filosofía conservadora.

En cambio Heráclito afirma que el ser está constantemente en movimiento y devenir, pues en efecto todo fluye, ya que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Por tanto, la realidad es cambiante y mutable. De allí que Heráclito considera que el elemento fundamental del ser es el fuego; y a nivel histórico, la guerra y el conflicto. El mundo sería un eterno fuego que se va transformando.

De esta forma, Parménides y Heráclito plantean dos modos de concebir el ser y la historia, con gran influencia en toda la posterior filosofía: el fijismo conservador o el cambio constante.
Heráclito tendrá gran influencia en Bergson y en los filósofos de la posmodernidad, especialmente Nietsche.


El último gran discípulo de Parménides fue Demócrito, quien consideraba que todo, incluso el alma, era una substancia material compuesta de mínimos elementos llamados átomos. En tanto, toda la materia atomizada existe en un lugar vacío que es el espacio.
Con Demócrito nace, pues, lo que podemos llamar el primer sistema de materialismo filosófico, ya que incluso las ideas y sensaciones son emanaciones físicas de los átomos.

9. Estoicismo de Zenón, jefe de esta escuela entre el 322 y el 264 le sucede Cleantes, del 264 al 232, y Crisipo, del 232 al 204).
Su doctrina de moral severa y búsqueda de la virtud en lucha contra las pasiones, influirá posteriormente en Roma (Séneca y varios emperadores, como Marco Aurelio) y en el cristianismo que hará una síntesis de la ética bíblica con la estoica.

Por varios siglos, el estoicismo nutre la ideología política y la ética del helenismo y del imperio romano, siendo sus filósofos consejeros y asesores de reyes y emperadores.El estoicismo predica un monoteísmo panteísta, de modo que toda la naturaleza está gobernada por una ley o razón universal que hace que todo se rija por un destino o hado que no inhibe totalmente a la libertad humana. Todo se realiza conforme a cierta Providencia divina que orienta todas las cosas y sucesos hacia la perfección de la totalidad.
Al mismo tiempo, el estoicismo considera que el bien supremo del hombre es la felicidad, la que sólo se realiza por medio de la virtud, que consiste en vivir de acuerdo a la ley de la naturaleza racional del hombre. La verdadera libertad consiste en obedecer a Dios y a su ley. El auténtico sabio debe saber soportarlo todo con tal de permanecer en la virtud, controlando sus apetitos desordenados (“moral estoica”). Así consigue la imperturbabilidad del espíritu (apatía o ataraxia) que es el dominio total de uno mismo.

Políticamente, el estoicismo se opone a ciudades-estado con leyes propias, y postula que todos los hombres son conciudadanos  que deben regirse por una ley común, considerando a la tierra como su patria, mancomunados con los extranjeros. Sólo hay dos categorías de personas: las gentes de bien que practican la virtud y la sabiduría, y los malvados, por lo que tiende a desaparecer la neta división entre griegos y extranjeros (“bárbaros”).
Tal el ideal estoico que puso en práctica Alejandro y después el imperio romano.
La ciudad griega ahora se transforma en una “cosmo-polis”, o sea, una sociedad universal o ecuménica. Y la política consiste en obedecer a las leyes del universo y acatar el orden. El auténtico sabio toma conciencia de ese orden del universo y de la sociedad y se somete a él con libertad interior, no importando su estado social, amo o esclavo, ni la existencia de libertades sociales o políticas (doctrina de clara influencai en san Pablo). El rey sabio es reflejo del orden de la Providencia sobre todo el mundo.

Por eso el estoicismo es, en definitiva, una ideología conservadora del orden y de la ley, como lo será san Pablo y el cristianismo de la era romana, influenciados por la mística estoica.

10. LA  IDEOLOGÍA  DE  LA  POLIS  GRIEGA

a) La Grecia clásica, la de los siglos V y IV a.C., especialmente el siglo de Pericles, tiene una importancia fundamental para el pensamiento y la praxis política de Occidente.
Tanto Platón como Aristóteles, a pesar de sus notables diferencias, nos enseñan que el pensamiento griego presupone una correspondencia o similitud entre la organización del cosmos y la sociedad, al punto que para Platón hay una correlación entre las edades (de oro, plata, bronce, hierro, de Hesíodo) y los regímenes de gobierno.
La polis (ciudad-estado) es una sociedad muy diferente del imperio persa (con el que se enfrentó Grecia entre el 490 y 480 ), pues está compuesta por ciudadanos libres que aceptan el solo imperio de la ley (nomos). La libertad es lo que distingue al griego del bárbaro, y lo opuesto a toda forma de esclavitud, cualquiera sea su forma. Una libertad protegida por las leyes, elaboradas por los ciudadanos y necesitadas de ser obedecidas dentro de la igualdad. Por lo demás, como dirá Aristóteles, “la libertad consiste en el hecho de que cada uno es libre de vivir a su gusto”.

b) Dracón y Solón (en Atenas, en los siglos VII-VI), los sabios legisladores, son los fundadores de la polis para superar las luchas entre las familias y aldeas que querían imponer su hegemonía.
En Esparta, el legislador es Licurgo, que impone un estatuto oligárquico.
Así, pues, al fundarse la polis, emergen las “constituciones” que fundan un orden “de derecho”.
Atenas establece el principio de la libertad, de modo que ningún hombre libre puede convertirse en esclavo, y por fines administrativos y militares se establece una jerarquía de ciudadanos fundada en sus ingresos (lo que implica contribuciones para el sostenimiento de la polis): el más rico, más aporta, y puede ser guerrero y ocupar cargos de magistratura.


c) Con Clístenes se instaura la democracia, consolidada bajo Pericles, y el partido popular introduce notables reformas que constituyen la democracia clásica. La asamblea o “ekklesía” tiene la función soberana. Las familias, con patrimonio o sin él, ya no pueden interponerse entre la ciudadanía y el Estado (polis), pues la polis engloba a todos los individuos ciudadanos.

El Estado queda bajo la soberanía de la asamblea que se reúne al menos 10 veces al año (en sesiones de varios días) con los ciudadanos inscriptos en el registro (en su mejor época Atenas tenía unos 25 mil habitantes, de modo que los ciudadanos, sólo varones nativos, conformaban una elite entre 3 y 5 mil, quedando excluidas las mujeres, los menores, los esclavos y los extranjeros). Cada uno era libre de presentar mociones, intervenir y votar las decisiones
A la igualdad ante la ley (isonomía) se añade, pues, el igual derecho a la palabra (isegoría).
En el intervalo de las reuniones, detenta el poder el Consejo (Bulé) formado por los representantes de los distritos de la Ática. Los magistrados (buleutes), designados por un sistema mixto de sorteo y elección, ocupan su escaño todos los días y se encargan de la gestión pública, ejerciendo sus cargos durante un año y no pudiendo ser reelegidos más que otra vez.
Todo en orden a evitar cualquier forma de tiranía.
Por eso, cualquier magistrado, cualquiera sea su fama, podía ser llevado ante la justicia al dejar su cargo si un ciudadano lo acusaba de incompetencia o malversación, como le sucedió dos veces al propio Pericles.

Por tanto, en esta democracia directa, el control es ejercido directamente por el pueblo (demos: clanes y barrios), antes, durante y después de las elecciones y del mandato. Todos los cargos de cualquier tipo son temporales, y para los puestos que no exigen una preparación especial se utiliza el sorteo. Nadie puede durar en su cargo más de dos años, a excepción del general en jefe (strategós autocrator) y todo el sistema gira sobre el número diez: diez estrategas, diez ingenieros navales, etc. No hay ciudadano que, al menos una vez en su vida, no haya ocupado algún puesto importante.


Pero también fue una democracia con sombras. Además de la esclavitud, normal en todos los pueblos por ese entonces (aunque con mejor trato en Grecia) siempre existió el riesgo de convertir a la democracia en demagogia, en tiranía o en una aristocracia elitista, y a la oligarquía militar (típica de Esparta) en plutocracia (el tema de la esclavitud lo ampliaremos luego).
Por otra parte nunca pudo superarse la rivalidad entre las diversas ciudades-estado, con las conocidas guerras entre Atenas, Esparta y Tebas (guerras del Peloponeso, desde el 431 a.C.) que llevaron a Atenas a la derrota, al declive también de la democracia y al fracaso de una Grecia unida y confederada.No es de extrañar, por tanto, que la democracia tuviese sus críticos y no solamente entre oligarcas y terratenientes.

Entre ellos se destaca el historiador Jenofonte (hacia 425.355, célebre autor de la Anábasis), discípulo de Sócrates, que realiza una dura crítica a la democracia ateniense, generadora según él, de divisiones, indisciplina e incompetencia. En cambio propicia el modelo persa y espartano. Jenofonte exalta la importancia del jefe comptente y dotado de autoridad al mismo tiempo. En su Ciropedia expone el ideal persa de monaquía centralizada.

Los filósofos griegos, a la luz de la experiencia real de las polis de Grecia y del fracaso de la democracia (con los excesos de la demagogia), intentan establecer pautas estables para un gobierno ideal o lo más ideal posible, y para la estabilidad, legitimidad y transparencia del régimen político.
Emergen dos esquemas:
primero, el idealista de Platón, que supone que los filósofos (sabios que saben y conocen la verdad, conocedores de la esencia e idea sustancial de las cosas,) deben ser los reyes y gobernar racionalmente a todos, dentro de un idílico comunismo de bienes, mujeres e hijos, y con una división estricta de tareas según la capacidad de cada uno, sin vicios ni maldad.


A este esquema se opone Aristóteles que realiza su análisis político desde la contingencia real y desde la percepción de las cosas, y sostiene que sólo en la polis el hombre puede alcanzar el culmen de su dignidad y perfección, y que los regímenes dependen de la historia y geografía de cada pueblo, siempre desde la mesura y moderación. El comunismo es utópìco y no aconsejable. Su sistema es más realista y conservador.

Pero ambos filósofos sostienen que, para que la polis perdure y sea instrumento del bien común, de la virtud y de la felicidad, se necesita la educación de los ciudadanos, educación política para la cual escriben, al fin y al cabo, sus libros.
 

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