Comunicación y Democracia. El poder de los MCS. Zolo

EL PODER DE LA COMUNICACIÓN EN LAS DEMOCRACIAS

Lic. Santos Benetti según el pensamiento y la lógica de Danilo Zolo

1.Soberanía del consumidor político

 

La soberanía del consumidor político es otro de los postulados de las nuevas corrientes y teorías políticas, una teoría muy practicada por nuestros gobiernos “democráticos” especializados en gobernar a dedo manipulando permanentemente a la opinión pública.Si hay “libre competencia por un voto libre”, hay democracia, dicen sus popes.
Basta con que todos los ciudadanos sean libres para votar y para ser elegidos en un clima de competencia pluralista.
El fundamento de todo el sistema, es por lo tanto, la libertad de la opinión pública, libertad que, como bien sabemos, se transforma en libertad de la prensa y de los otros medios de comunicación, cuyos dueños son los grupos del poder oficial o privado.


Por su parte, la libertad del consumidor se ve seriamente comprometida por la capacidad de los grupos de poder para utilizar métodos de persuasión manipuladora a fin de forzar la voluntad política ciudadana, coartando incluso la libertad de expresión de los grupos opositores e identificando sin más las ideas y propuestas del gobierno como “pensamiento único”.

Schumpeter (y otros) afirma, no sin cinismo, que los consumidores-ciudadanos “son tan susceptibles a la influencia de la publicidad y otros métodos de persuasión, que los productores parecen mandarlos en vez de ser dirigidos por ellos”.

Por lo tanto, los productos políticos (ideas, propuestas…) son equiparados a productos comerciales que se publicitan hasta en los partidos de fútbol y en cuanta ocasión sea propicia.
Ya no se presentan plataformas políticas ni proyectos sino personas mediáticas a las que el público eligirá según la “simpatía” y la imagen que proyecten.

En consecuencia: no se apela a la razón sino a la emoción; no a la realidad y la responsabilidad, sino a la ilusión y el encandilamiento.Que todo quede en propuestas genéricas y vaporosas; nada de proyectos concretos.

Las “informaciones” políticas son dadas con fuertes dosis de “inclinaciones políticas”, seleccionándose cuidadosamente qué decir y cómo decirlo, parcializándose y adulterándose los contenidos de la información.
Se mantiene el “secreto” de la información, no se hacen conferencias de prensa, no se mantiene diálogo con el periodismo. Sólo se dan comunicados e informaciones de hechos consumados o se evitan los temas candentes (la inseguridad y la corrupción, por ejemplo) con un silencio cómplice.

Entonces, ¿dónde queda la libre competencia por un voto libre y la libertad de expresión “para todos”, si los dueños del poder y de los MCS,están en condiciones de “crear la voluntad del pueblo”.
Los argumentos llegan a un claro cinismo y a tal ambigüedad como para afirmar que el voto tiene que ser libre, pero no importa cómo se influya en el votante; que se puede ser libre en el momento de emitir el voto (libertad puramente negativa: ausencia de coacción física) aunque se haya presionado al votante de todas formas para restarle autonomía interior o se compre el voto de la gente con dádivas o dinero o “planes populares”.

Y los ciudadanos siguen siendo “soberanos” si, gracias a la compra del mejor producto político, contribuyen al éxito o al fracaso de tal o cual productor político; pues son una especie de jueces de un certamen deportivo, que actúan según reglas establecidas por quienes compiten, y sin poder elegir más que entre las opciones que los competidores decidieron…

Porque, para esta buena gente, la tarea de los ciudadanos (“dada su incompetencia y falta de especialización”…) no es el delicado asunto de decidir sobre las cuestiones sino, simplemente, decidir sobre quién deberá decidir.
Poco importa que estén bien o mal informados; basta que voten “en libertad”.

Si en el esquema clásico de democracia, la opinión pública expresaba el interés general de los ciudadanos porque surgía de los centros de la sociedad (asociaciones populares, revistas, diarios, salones, reuniones…), siendo una intermediaria entre el electorado y el parlamento,
hoy podemos decir que la opinión pública simplemente ha desaparecido o sólo existe manipulada.

Porque no basta que no haya censura; debe haber transparencia.
Hoy se trata de una opinión pública difusa, poco racional y elaborada, en un público indiferenciado y atomizado (cada uno frente a su televisor), bombardeados por criterios codiciosos y oportunistas (qué me conviene ahora…) sin el contexto de valores políticos, humanos y morales.

Explícitamente,se reconoce que los actores efectivos del juego democrático son los grupos políticos, económicos, profesionales, ideológicos o sindicales, que son capaces de hacer prosperar sus propias expectativas para presentarlas como “bien común e interés general”.

Lo importante, pues, es que “estos grupos”tengan libertad positiva (de obrar), acompañada de la libertad-negativa (sin coacciones físicas) de los ciudadanos.

Todo lo demás, incluso las elecciones, son un ritual para legitimar el poder de las varias oligarquías que se van turnando en el ejercicio del poder o de la única oligarquía dominante…

En consecuencia, ‘la democracia es poco más que un nombre para las buenas relaciones entre los grupos dirigentes’.

2.Efectos de la propaganda política a largo plazo.

Nos preguntamos sobre los efectos de la propaganda política en la gente.
Ya sabemos que no hay omnipotencia en los MCS para torcer la voluntad a gusto; en todo caso, cada propaganda refuerza las actitudes que ya tienen los espectadores.
Los grupos del público seleccionan las informaciones de su interés y las que ya creen más plausibles, siendo muy difíciles los casos de “conversión” desde una propaganda directa.

Como la mayoría de las investigaciones sobre este asunto se hicieron después de campañas propagandísticas, se sacó apresuradamente la conclusión de que el público resiste fácilmente la presión de la propaganda. Esto les sirvió a los promotores de la nueva democracia para afirmar la verdad de su supuesta libertad del consumidor-ciudadano.

Si, en cambio, analizamos la influencia de los MCS,a lo largo de un plazo extenso de tiempo, vemos que, mientras fracasa la propaganda ideológica directa, el efecto principal de los MCS es que seleccionan y distribuyen los conocimientos a su gusto, y en esto radica su mayor influencia, de la cual es casi imposible escapar.

Es decir, hay que investigar, qué parte de la realidad hacen conocer,
y qué gran parte de la realidad ocultan y callan;
y con qué criterios interpretan la realidad social,
hasta que finalmente transforman “su realidad” (la de los medios de CS) en“la realidad”.

En otras palabras:es real sólo lo que los dirigentes hacen aparecer en la prensa y en la TV.

Nada podemos saber sobre la forma y los criterios con que los Medios seleccionan las noticias, ni sobre el valor que le asignan o que pretenden que le asignemos por esa falta de reflexión inherente a los medios (bombardeo de noticias).

Es evidente que la selección y valoración de las informaciones depende de los grupos de interés y no de la población, siendo el gobierno el principal centro de interés y de presión.

Por lo tanto, su efecto principal:está en la forma cómo obligan al público a ver la realidad, o a no verla…
Sus criterios
son, generalmente, lo espectacular y llamativo:
lo que “vale como noticia”, pues no todo lo que ocurre, aunque sea importante, tiene el impacto de ser noticia.
Importan los sucesos novedosos, súbitos, inesperados y espectaculares, con el estilo de fogonazos narrativos sobre lo novedoso de lo que pasó, pero no sobre sus causas…

Importan los grandes anuncios del gobierno en actos populares y con la mayor espectacularidad y publicidad posible, en los que solo se escucha una voz omnipotente.Esta permanente selección de la realidad, termina por crear la conciencia de que sólo eso es real, y por lo tanto, valioso; de esa forma, se impone sutilmente un criterio de valores sobre la realidad (por ejemplo,”repartiendo computadoras aumenta la calidad educativa”…).

Basta comparar el listado de los ítems dominantes en la TV y prensa, y la jerarquización de los mismos; lo cual implica la desvalorización de los ítems ausentes.

Los asuntos que no son tocados, son abandonados o simplemente no existen (si no se habla de la desocupación, de la pobreza, del hambre… es que estamos muy bien).

Tienen la viveza de concentrar la atención de la gente en ciertos temas (inclusión) y reducen la importancia de otros (exclusión) al punto tal de hacerlos desaparecer del horizonte del conocimiento.
De esta manera, y con constantes repeticiones, el saber de la TV pasa a significar lisa y llanamente el “saber público”, el único legítimo como opinión pública y esfera pública.

Son importantes, pues, las noticias que aparecen como “cortinas de humo” para distraer sobre los verdaderos conflictos que afligen a la sociedad. Basta ver qué poco o nada se habla de la pobreza, de la desocupación y del hambre de grandes sectores de nuestro pueblo. “Si no se habla, es porque no existe..”.

Lo esencial, pues, es descubrir los efectos ocultos, indirectos y de largo plazo de los MCS. y qué efectos tiene en el mismo concepto de la democracia.

Lejos de pensar que hoy el público está mejor y más informado; en realidad sólo recibe la información filtrada que se le quiere dar, información parcializada y cargada de intenciones específicas.
Salvo alguna parte selecta del público que puede valorar la veracidad y validez de las informaciones recibidas (por su capacidad reflexiva y formación), los demás se encuentran imposibilitados de interpretar los datos y extraer alguna utilidad de los mismos.

Mucho más importante que la capacidad de los Medios de imponer explícitamente ideas y propuestas (aquí la resistencia del público es mayor)es su capacidad para silenciar la realidad que no aparece, creando una general apatía y conformismo justamente sobre los problemas de fondo.

En consecuencia, la línea de demarcación entre democracia y totalitarismo se torna muy vulnerable, ya que hay un intento expreso por cercenar la autonomía del sujeto y su capacidad de reflexión, y por lo tanto, de libertad.

Qué queda de la democracia y de la libertad cuando disminuye el sentido de la realidad y cuando se transforma la imagen impuesta en criterio único de realidad política…

Qué queda de la democracia cuando no hay información política,y la que hay es manipulada en beneficio de los grupos del poder, cuyos intereses ciertamente no coinciden con la mayoría del pueblo.

En conclusión, pareciera que la famosa soberanía del ciudadano consumidor,  y su supuesta racionalidad, autonomía y responsabilidad,
apenas equivale a algo más que un palabrerío vacío
en el contexto de la espectacularización masiva de la teledemocracia;
una soberanía con cada vez menos substancia
frente a la narcosis, la dependencia,y al “silencio político”
que imponen los medios a largo plazo.


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