Partido de Todo el Mundo PTM (“Catch All”) kirchheimer

HACIA  ‘EL PARTIDO DE TODO EL MUNDO’ (PTM)“      Catch All : Agarra todo”

Resumen del artículo de Otto Kirchheimer en “Teoría y sociología de los Partidos Políticos”, de Lenk y Neuman, Anagrama, Barcelona.

1 El Partido de todo el mundo

a) A partir de los últimos decenios, el PP burgués de viejo estilo, se convierte ahora en excepción.Al mismo tiempo, el partido de integración social-clasista-religiosa, nacido en una época de diferencias de clase más profundas y de estructuras confesionales más reconocibles, se transforma en un auténtico P popular, en un P de todo el mundo (catch-all-party) que abreviamos PTM.El PTM renuncia a los intentos de incorporar moral y espiritualmente a las masas y dirige su atención, ante todo, hacia el electorado; sacrifica, por lo tanto, una penetración ideológica profunda a una irradiación más amplia y a un éxito electoral más rápido.

La perspectiva de una tarea política más limitada y de un éxito electoral inmediato se diferencia esencialmente de los antiguos fines más abarcativos y universales. Hoy se considera que los fines de antaño disminuyen el éxito, porque asustan a una parte de la clientela electoral, que es potencialmente de toda la población.

En algunos casos, la satisfacción del ideal del PTM se encuentra decididamente limitada por la tradición de la estructura social, como en grandes sectores de la DC de Alemania.

Aparte de esto, nada impide al P formular un llamamiento al electorado de modo que tenga las mayores posibilidades de ganar para sí más de esas numerosas capas de población que no afectan las vinculaciones ideológicas del P. El elemento firme de su núcleo doctrinal ha sido utilizado con éxito desde hace tiempo para atraerse un electorado socialmente diferenciado.
Lo mismo sucede con otros P tradicionales, sean de corte socialista o conservador.
Por cierto que el P no puede esperar alcanzar todas las capas electorales, pero sí puede esperar racionalmente conseguir más votos en todas aquellas cuyos intereses no entren en una colisión tan fuerte que todo intento de ganárselas,esté al mismo tiempo condenado de antemano al fracaso, o encierre el peligro de autodestrucción.

Pequeñas diferencias entre distintos sectores (por ej. obreros y patrones) pueden ser salvadas si se pone el acento en aquellos puntos del programa que favorecen a ambos, por ejemplo en el aseguramiento frente a los efectos perjudiciales de la automatización.
Más posibilidades de éxito hay si se pone el acento en cuestiones no conflictivas, por ejemplo de educación o salud.
El electorado atenderá a aquellos PP que logren resolver el problema con mayor rapidez, intensidad y habilidad para satisfacer las necesidades de las familias.En este sentido, el electorado potencial es casi ilimitado.Este proceso se facilita en los países desarrollados y en amplios sectores sociales conscientes de la complejidad y multiplicidad de los factores de los que depende su futuro bienestar.
Esto lleva a valorar mucho más la capacidad de los dirigentes del momento para resolver concretamente los problemas que se van planteando.

Por su parte, los líderes presentan programas suficientemente amplios y vagos como para no generar compromisos demasiado específicos.
Todo esto ha llevado a un proceso de des-ideologización de los PP, lo que ha contribuído a su ascenso y ampliación de base electoral.
O sea, se priva a la ideología de su puesto de centro motor en la fijación de objetivos políticos, y se la limita a ser uno de los elementos posibles en una cadena de motivaciones más amplias (Caso argentino: el menemismo).Por regla general, sólo los grandes PP pueden convertirse con éxito en PTM.

Este éxito está vedado a los P pequeños, o puramente regionales, o los que sólo pretenden dar satisfacción a exigencias ideológicas estrictas y limitadas (religiosas, profesionales, ecológicas, etc.) pues se proponen específicamente un llamamiento limitado a determinado círculo de electores, y se excluye una influencia amplia.
La conversión en PTM es un fenómeno de la competencia. Un P tiende a acomodarse al estilo exitoso de sus oponentes porque espera obtener buenos resultados en las elecciones, o porque teme perder electores. En caso contrario, puede atenerse a su propio electorado sin ampliar el espectro electoral.

b) Para comprender correctamente los efectos de estos cambios, puede resultar útil establecer una lista de funciones que los PP occidentales cumplieron desde finales del siglo XIX y compararlas con las propias de la situación actual1.Los PP han servido como medio para incorporar al orden existente a individuos o grupos, o para cambiar o destruir por completo ese orden (integración-disolución; conservación-revolución).
2.Los PP han intentado determinar preferencias de acción política y mover a otras fuerzas del juego político a su aceptación.
3.Los PP han designado titulares de los cargos públicos y los han presentado ante todo el público para su confirmación.
4.La llamada función de expresión (representación) de los PP, aún cuando no pertenece a una categoría especial, merece examen más detenido.
Su época de oro fue a fines del siglo pasado cuando los PP expresaban la opinión de vastos sectores sociales de la población que se traducían en la formación del Parlamento. Pero hoy,esta función de los PP está muy limitada, y las demandas de la población son recogidas en otros puntos del ámbito político e institucional (administración, movimientos sociales, etc.).

El PTM tiene que atender tanto a las demandas de la población como a las exigencias administrativas y a las del mercado internacional, sin descuidar su respeto al Estado de derecho. Ahora el PP tiene que abocarse a cumplir eficientemente las otras tres funciones e influye en la población en la medida que que ésta se halle dispuesta a dejarse guiar por él. La posibilidad de un PP de acceder al poder o a cargos importantes, provoca una reacción positiva de la población o de grandes sectores del electorado. Si el PP consigue la confianza de los electores, podrá realizar eficazmente sus funciones y programas.

El problema consiste en examinar en qué medida nuestros PP cumplen con las funciones señaladas. La sociedad de consumo, la secularización y la desvalorización de la lucha de clases, tiende por cierto a la transformación de los partidos populares en PTM. Lo mismo sucede con los antiguos P burgueses liberales y conservadores.

Este cambio significa:

1.Posponer de forma radical los componentes ideológicos del P.
2.Mayor fortalecimiento de los políticos situados en la cumbre de los PP. Lo que hagan o dejen de hacer es considerado desde el punto de vista de su aportación a la eficacia de todo el sistema social, y no a partir de la coincidencia o no con los fines del P.
3.Desvalorización del papel del miembro individual, que queda como un residuo histórico que puede falsear la imagen del P de nueva construcción.
4.Rechazo de un electorado de base clasista o confesional, que se substituye por una propaganda dirigida a todo el electorado.
5.Esfuerzo por establecer lazos con los mayores grupos de interés (empresarios, agro, profesionales…). Las consideraciones financieras como también los MCS desempeñan otro papel importante. Como lo esencial es conseguir votos, los grupos de interés y de presión sirven como mediadores.De este proceso quedan excluídos los P que aún hoy son clasistas o confesionales, como los de tipo revolucionario. Estos deben seguir con su estrategia doctrinaria y de reclutamiento de militantes , sin poder acomodarse completamente al nuevo estilo, pero conservando la confianza de su clientela electoral.
Lo cierto es que los PTM tienden a bajar a los mínimos niveles la participación del pueblo en la gestión pública.Los electores decidirán entre la lealtad a sus principios o la adaptación a las nuevas circunstancias realizando el “voto útil”(principio de la eficacia), o bien, absteniéndose completamente de la política (especialmente en los países donde el voto no es obligatorio, como sucede en Europa, con grandes porcentajes de abstencionismo).

2 El Partido de todo el mundo, el grupo de interés y el elector: una integración limitada

El potencial del PTM consiste en una combinación de factores, cuyo resultado final visible radica en obtener para sí el día de la elección el mayor número posible de electores. Para ello es necesario que la imagen del P penetre en la mente de millones de electores como una imagen en la que se confía.
Y su papel en el terreno político tiene que ser el mismo que tiene, en el sector económico, un artículo de uso general, standarizado y ampliamente conocido (tipo Coca Cola).Sean cuales fueren las corrientes internas del P a las que el dirigente debe su éxito, es necesario que, una vez llegado a su posición directora, acomode su conducta rápidamente a las exigencias generales standarizadas.
Naturalmente que las notas preferenciales tienen que ser tales que “el artículo”sea reconocible a primera vista, pero el grado de diferenciación nunca debe ser tan grande que el posible comprador pueda temer aparecer como un elemento completamente marginal ( O sea, se utiliza la misma estrategia de la propaganda comercial…)

Como en la propaganda comercial, el partido o líder necesita ser conocido por todo el mundo y estar el mayor tiempo posible en las pantallas de la TV para ganar en popularidad y rating.Claro que esto basta sólo hasta cierto punto.
Hay circunstancias ocasionales, como un escándalo o una crisis económica o social, que pueden tener como consecuencia que la responsabilidad caiga sobre el gobierno, P o líder con consecuencias negativas. El electorado, entonces, se pasa a otro partido y compra su producto como más fiable.
Las reglas de competencia entre partidos de masas son muy complejas.
Cuanto más masificada esté la población y cuanto menos integración y conciencia política exista, los resultados serán más imprevistos, sin mayor relación con la eficacia del P o sus buenas propuestas.
El estilo y la apariencia del dirigente, la influencia de un acontecimiento que no guarda ninguna relación con la política (un acontecimiento deportivo, por ej.), el calendario de los días festivos, la influencia del tiempo sobre la cosecha, y otros similares, pueden ser determinantes para el resultado electoral (caso Fujimori: poder vencer a los subversivos de la embajada japonesa tomada; caso Dualde: esclarecer el crimen de Cabezas)Sin duda que el carácter específico del PTM contribuye menos a la formación de un conjunto de miembros leales, y sus fuerzas no bastan para introducir un cambio en las elecciones.
Aún un debate de TV puede pasar como un elemento más sin vencedores ni vencidos.Por todo ello el PTM necesita tener un electorado más estable.

Y suelen ser los grupos de interés, de factura ideológica o económica, o de ambas al mismo tiempo (liberalismo-conservador, por ejemplo) los que están dispuestos a dar su apoyo , comprometiendo a todos sus adherentes o simpatizantes.
A pesar de todo lo dicho, actualmente los PTM y los grupos de interés tienden a manejarse lo más autonómicamente posible. Estos no se comprometen de lleno sino caso por caso según sus propios intereses, pero sin comprometerse plenamente para dejar en libertad a algunos miembros de otras tendencias.

Por otra parte, si el PTM realiza una alianza con cierto grupo de interés (empresarios, por ejemplo) debe medir las consecuencias en relación con otros grupos de interés que pueden verse implicados tanto el PTM como el grupo de interés hacen sus cálculos desde el supuesto de estar en el gobierno con todo lo que ello implica como poder ( y poder resolver los compromisos asumidos)y como distancia del gobernante en la toma de decisiones.

En este punto el dilema es éste:
¿Qué papel debe desempeñar el PTM si ha de resolver conflictos de intereses?
¿No intenta todo gobierno tácitamente situarse en la posición más favorable para resolver de modo eficaz intereses en conflicto?
¿Es necesario, por lo tanto, el PTM?
¿Le conviene a la sociedad renunciar a los partidos tradicionales?Un PP es mucho más que un punto de encuentro de grupos de intereses en conflictos.
¿No debe atender acaso a toda la población no representada y ser receptor de las demandas de toda la población?Esta tarea de trascender los grupos de intereses y de alcanzar una posición de confianza de toda la nación, supone ventajas para el PTM, pero, al mismo tiempo, pone al descubierto una debilidad.

Si el P se mantiene apartado de intereses especiales, aumenta sus posibilidades de éxito en el electorado, pero con ello aumenta la inestabilidad del electorado.Si el P no protege determinada posición social, si no ofrece un punto de apoyo para aspiraciones intelectuales, si no posee una imagen de configuración del futuro, si sólo aparece como una máquina de alternativas políticas a corto plazo, se expone a los mismos riesgos a los que se enfrentan todos los productores de bienes de consumo: la competencia produce casi el mismo artículo, pero mejor empaquetado…

3 Participación limitada en la determinación de las preferencias de acción
En el modelo neoliberal (de Downs y otros) la preferencia de acción se deduce simplemente del interés del P en su objetivo más inmediato: la victoria en la próxima elección. Por lo tanto, el P determina su política de tal modo que el número de electores que se gane sea mayor que el que se pierda (Se supone que la política funciona como un mercado con ley de oferta y demanda).Pero no todos los electores son puramente consumistas del éxito de las elecciones, y todavía priman otros intereses de tipo clasista o ideológico; y no bastan los puros intereses económicos para responder a otras cuestiones importanes, de relaciones internacionales, de educación, etc., por ejemplo.
Lo común hoy en la mayoría de los países es la existencia de partidos “no suficientemente convertidos” al PTM, y por lo tanto, abiertos a cuestiones más amplias como política internacional, cuestión social, etc.

Los PTM necesitan presentar un programa de tipo general, mostrando grandes líneas de pro-gnosis, poniendo el acento en un mundo supuestamente feliz pero sin mayores detalles, para no comprometerse al cumplimiento de ciertas promesas demasiado específicas.
La concreción del plan tiene que ser lo suficientemente genérico como para que no pueda ser trasnformada en arma de la oposición en las próximas elecciones, si tiene resultado negativo.Esta indeterminación permite al PTM funcionar como punto de reunión desde el que se elaboran acciones concretas para una multiplicidad de grupos de interés.

Todo lo que el PTM puede exigir de aquellos que se sirven de él es que intenten, en lo posible, encontrar dentro del P los compromisos a los que aspiran, y que renuncien a colaborar con fuerzas situadas en la oposición.Los compromisos así obtenidos tienen que ser aceptables para los grandes grupos de interés, aún cuando estos grupos, por razones históricas o tradicionales, no están representados en el partido gubernamental.
Las cuestiones polémicas de menor importancia pueden ser sometidas a la decisión del elector o a un plebiscito.Por lo tanto, el PTM busca por todos los medios un acuerdo general, para evitar que los grupos de interés se dispersen.
En cambio, los partidos tradicionales (de integración) pueden contar con que la decisión política mayoritaria les ayude a realizar su programa, suponiendo más bien la oposición de algunos grupos de interés que disponen de poder económico y social. Así pueden tener lugar fugas de capitales, campañas de desconfianza en la economía, huelgas parciales o generales, etc.

4 Integración mediante participación en la selección de dirigentes.El futuro del partido político.El PTM prefiere aquellas acciones que resultan de los datos de hecho y de las oportunidades de una situación histórica concreta. Los fines sociales pasan a un segundo plano.
Buscan el apoyo del electorado para las elecciones.De allí que la atención del P y de todo el público se dirige ante todo al problema de la selección de dirigentes.

El nombramiento como candidato significa la perspectiva de un cargo político. El cargo ofrece la posibilidad de influir en la conformación de la realidad política. La competencia entre quienes aspiran a la influencia política muestra claramente la ventaja política que tienen aquellos que están en situación de actuar antes de que el adversario pueda hacerlo.
El privilegio de actuar primero es aún más valioso en una situación nueva y específica, en la cual el político que actúa primero puede evitar verse atrapado en la red de las líneas de actuación derivadas de las preferencias de acción de su P.En este sentido, el PTM,ofrece un trasfondo ideal para la acción política.

Cuando un P se ocupa exclusivamente de obtener acceso a los cargos públicos, las cuestiones de personal se convierten únicamente en la búsqueda del modo más sencillo y eficaz de presentar un equipo adecuado.
La búsqueda es más eficaz cuando el P sirve como vehículo con cuya ayuda los representantes de minorías, hasta ahora excluídas, se pueden procurar acceso a la élite política existente.De este modo, la función principal de los PTM es el nombramiento de candidatos que el público debe legitimar como titulares del cargo.

El PTM se transforma así en una empresa de servicios, en este caso, de fomar la élite gobernante; con lo cual la ciudadanía inquieta políticamente debe orientarse hacia otras direcciones.
Al mismo tiempo, la ciudadanía mantiene esporádicas relaciones con los PP (sólo en las elecciones) y refuerza sus vínculos con grupos de interés y movimientos sociales.Si el PP de integración le servía para elevar protestas y para darle una visión de futuro, hoy el PTM, directo sucesor de un mundo cambiado, le ofrece una organización lejana, aveces semioficial y extraña.
Pero la sociedad democrática supone que el ciudadano es, en último término, un partícipe pleno y consciente en la comunidad política y en la economía; supone también que, como tal partícipe, utiliza el camino del Partido, pues es una de las muchas organizaciones integradas en la textura de la sociedad, con cuya ayuda puede tomar parte racionalmente en la vida del mundo que le rodea.
La cuestión radica en si la participación limitada que el PTM ofrece a la población, si su llamamiento a una participación racional y desapasionada en la vida política, a través de los pocos canales permitidos, conseguirá cumplir su función.
El PTM, que es el instrumento, no puede ser mucho más racional que su señor y maestro nominal, el elector individual.
Desde que los electores no están sometidos a la disciplina del partido de integración, pueden, mediante sus votos rápidamente cambiantes y mediante su apatía, transformar el sensible instrumento que es el PTM en algo que resulte demasiado vasto para servir de nexo con los titulares funcionales de poder de la sociedad.
En este caso, tendremos que lamentar otra vez que el partido de masas de base clasista o confesional haya desaparecido, aunque esto fuera inevitable, del mismo modo que añoramos otras cosas de la civilización de ayer.

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